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9 de abril de 2026

Nuestra Señora del Carmen de Puerto de La Cruz


Adaptado del sitio Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife:

Los marinos tinerfeños eligieron una Imagen Sagrada para que les guiase y protegiera a llegar a buen puerto, colocándola en la parte alta de la Isla.

Según Álvarez Rizo (Puerto de La Cruz 1796-1883), desde el siglo XVIII muchos hombres y mujeres acudían a la romería que se celebraba el sábado de Naval en La Esperanza, donde este pueblo campesino le expresaba su advocación a Nuestra Señora del Carmen, cantándole la Salve con un tono semejante al que usaban los marineros cuando levaban anclas.

Sin embargo, Juan Primo de la Guerra (San Cristóbal de La Laguna 1775-1819) ubica a la primera imagen de la Virgen del Carmen en la ermita santacrucera de San Telmo, donde los marineros la veneraban junto a pequeños cuadros que representan tormentas y embarcaciones en peligro, la mayoría de ellos ofrendas de los navegantes.

Por tanto, la devoción a Nuestra Señora del Carmen es propia de los hombres y mujeres de la mar y de tierra adentro, pues todos somos marineros a la hora de capear tempestades, sortear escollos y huir de los enemigos; sin embargo, son los hombres y mujeres de la mar la que la utilizan como abogada suya y la invocan para pedir protección, confianza y seguridad a la hora de capear tempestades, sortear escollos y huir de los enemigos, evocándola como la "Estrella de los Mares”.

La Virgen del Carmen sería proclamada Patrona de la Marina de Guerra española y de todos los Navegantes el 19 de abril de 1901, según una Orden de la Reina regente María Cristina de Habsburgo.

En la actualidad, la Virgen del Carmen es la Patrona de toda la Gente de la Mar; es decir, la perteneciente a la Armada, la Marina Mercante, la Pesquera y la Deportiva.

En nuestra Isla son muchas las ciudades y pueblos de la costa que celebran su festividad con procesiones marítimas y ciudades y pueblos del interior de la Isla que la sacan en procesión por sus calles.

Su nombre se encuentra muy arraigado en la población femenina -Carmen o Carmela, y masculina -Carmelo-.  

En Santa Cruz de Tenerife su devoción data de 1670. La imagen de la Virgen del Carmen se hallaba en la Parroquia Matriz de Nuestra Señora de La Concepción, y pertenecía a doña Margarita de Vera Villavicencio, que la había heredado de su padre, el capitán Cristóbal Perdomo de Vera. Cuando esta señora falleció, se la dejó en herencia a doña María Águeda Van de Unde, madre de don Rodrigo y don Ignacio Logman, vicario y beneficiado de la mencionada parroquia, respectivamente, quienes comenzarían a ofrecerle culto religioso con solemnidad a partir de 1720, construyéndole una capilla, con su correspondiente retablo de madera tallada, altar y sacristía, dotándola de custodia, copón y cáliz de plata.

La primera procesión de la Virgen del Carmen en esta capital tendría lugar el 16 de julio de 1720, y estuvo acompañada de la Cruz Fundacional y de todas las Cofradías de la parroquia.

La Imagen, ataviada con manto de seda y un gran escapulario de plata colgando de su mano, iba en un trono con andas repujadas. Junto a las andas marchaban los Patronos, el Vicario, el Beneficiado de la parroquia y el capellán del Hospital.

En la cabecera de la procesión iban las autoridades civiles y militares, vestidas de gala, y dos filas de monjes con los cirios encendidos.

Detrás, la banda de tambores y clarines retenía la larga cola de vecinos y devotos que habían llegado de todos los rincones de la Isla.

La comitiva recorrió las calles hasta llegar a la plaza de la Pila (actual La Candelaria), bajando luego hasta el castillo San Cristóbal donde tomó la rampa de la caleta de Blas Díaz hasta llegar a la calle Grande (actual Plaza de la Iglesia).

Al pasar por delante de la casa de los hermanos Logman, la venerada imagen descansó sobre una alfombra de flores que le habían confeccionado, mientras sonaban las campanas de todas las iglesias de la capital.

Esta procesión se mantendría con todo su esplendor hasta 1919, año en que el armisticio que ponía fin a la Primera Guerra Mundial vendría a cambiar su forma de celebración; pues, el entonces párroco de Nuestra Señora de la Concepción, para agradecerle a la Virgen del Carmen la llegada de la Paz, el 16 de Julio, decidió llevarla hasta el muelle de Santa Cruz, subirla en una gabarra arrastrada por un remolcador, y realizar con ella un paseo marítimo por la bahía. Este acontecimiento sería acompañado por infinidad de veleros y barquitas, así como por un gran gentío que llenaba los aledaños de las instalaciones portuarias. En la celebración del año 1924, con el fin de que acudieran más embarcaciones, la mejor engalanada fue premiada con 100 pesetas.

A partir de 1931, el Ayuntamiento capitalino aprobó en Pleno que la Onomástica de la Virgen del Carmen fuera declarada fiesta oficial, junto con la de Santiago, la Santa Cruz y el martes de Carnaval.

Desde entonces, Santa Cruz de Tenerife celebra con gran júbilo y devoción esta tradición centenaria y así, cada 16 de julio, después de celebrarse la función religiosa, la Virgen del Carmen sale en procesión desde la Parroquia Matriz, donde el Grupo La Zarzuela del Circulo de Amistad XII de Enero, acompañado de la Banda Sinfónica Municipal, interpretan la Salve, Estrella de los Mares.

Al llegar al muelle la Imagen es entronizada en un remolcador del servicio portuario y navega por el interior de la dársena de Anaga, desde el muelle de Enlace hasta la bocana del muelle Sur, donde se tira una corona de flores al mar, en recuerdo de los marinos fallecidos. Durante el trayecto, la Virgen es acompañada por las autoridades civiles y militares, representantes de la cofradía de la Virgen, etc

Durante el recorrido es escoltada por numerosas embarcaciones procedentes de los puertos pesqueros y deportivos y los remolcadores del Puerto. A su paso, los barcos surtos en el Puerto, engalanados con sus empavesadas, hacen sonar sus sirenas y bocinas, formando un conglomerado multicolor y sonoro.  

Para presenciar el paso de la Estrella de los Mares por la bahía, multitud de personas se agolpan en el paseo de la avenida Francisco La Roche, mientras que otras llenan los muelles de Enlace, Sur y Norte, al igual que las instalaciones del Real Club Náutico de Tenerife y del Club Deportivo Militar de Paso Alto.

Cuando al anochecer, la Virgen del Carmen desembarca por la Marquesina del muelle, la rondalla de la Unión Artística El Cabo, acompañada por la Banda Sinfónica Municipal, interpreta en su honor la Salve Marinera; previamente al desembarco, los citados músicos han ofrecido al público asistente varias habaneras.

Salve Marinera

Salve, estrella de los mares
de los mares iris de eterna ventura
Salve, oh fénix de hermosura
Madre del Divino Amor.
 
De tu pueblo, a los pesares
tu clemencia de consuelo
fervoroso llegue al cielo 
y hasta Ti, hasta Ti, nuestro clamor.
 
Salve, salve, Estrella de los mares

José Manuel Ledesma Alonso

19 de diciembre de 2025

Nuestra Señora del Ejército Azul

 


Traducido del sitio Our Lady's Blue Army:

 En los primeros años de la Guerra Fría, tras descubrir el mensaje de Nuestra Señora de Fátima, Mons. Harold V. Colgan se asoció con John M. Haffert para crear el "Ejército Azul de Nuestra Señora de Fátima".

Los miembros de este "Ejército Azul" eran la fuerza espiritual que se oponía a las políticas ateas de la Unión Soviética y su Ejército Rojo. Se comprometieron a ofrecer sus sufrimientos y dificultades diarios por la conversión de los pecadores, a rezar el rosario todos los días, a llevar el escapulario marrón como signo de consagración al Inmaculado Corazón de María y a practicar la devoción de los cinco primeros sábados.

El compromiso, que la propia sor Lucía ayudó a formular, ganó rápidamente popularidad en todo Estados Unidos y pronto se convirtió en un movimiento mundial, con entre treinta y cuarenta millones de personas que firmaron el Compromiso del Ejército Azul.

A principios de la década de 1950, monseñor Colgan, junto con John Haffert, fundó el Instituto Ave María en la granja de John Haffert en Washington, Nueva Jersey. La granja sirvió como centro administrativo para enviar y recibir nuevas tarjetas de compromiso, gestionar la correspondencia, publicar la revista Soul Magazine y coordinar los viajes de la estatua de la Virgen Peregrina. Por esa misma época, también compraron un terreno en Fátima y construyeron el hotel y centro de conferencias Domus Pacis, que sigue acogiendo a peregrinos y sirviendo como sede del Apostolado Internacional Mundial de Fátima.

Más tarde, John donó su granja al Ejército Azul y construyó un gran santuario con un techo altísimo y una estatua de bronce de María de 7 metros de altura en la propiedad. Hoy en día, este lugar se conoce como el Santuario Nacional del Ejército Azul de Nuestra Señora de Fátima, dedicado al Inmaculado Corazón de María.

El Ejército Azul de Nuestra Señora de Fátima se convirtió oficialmente en el Apostolado Mundial de Fátima y el 7 de octubre de 2010 fue nombrado Asociación Internacional Pública de Fieles. Hoy en día somos la voz oficial de la Iglesia sobre el auténtico mensaje de Fátima.
Ejército Azul de Nuestra Señora.

Respondamos a la llamada de Nuestra Señora de Fátima a la oración y al sacrificio para obtener el triunfo de su Inmaculado Corazón.

16 de julio de 2025

San Juan Pablo II y el escapulario de la Virgen del Carmen

 Del sitio Aleteia:

Descubre por qué san Juan Pablo II llevó el escapulario de la Virgen del Carmen toda su vida y el profundo significado espiritual detrás de este sencillo trozo de tela. Conoce su inspiradora historia y legado

Karol Wojtyla, el futuro san Juan Pablo II, recibió su primer escapulario siendo un niño de escasos 10 años, según narra él mismo en su libro Don y Misterio. En la misma obra describe que, siendo estudiante, entró en contacto con los escritos de san Juan de la Cruz y de Santa Teresa de Ávila, "Esto acrecentó en mí el interés por la espiritualidad carmelitana", escribe.

Siguiendo con el escrito, el querido san Juan Pablo II menciona que, en Cracovia, había un monasterio de Padres Carmelitas Descalzos. "Tenía contactos con ellos y una vez hice allí mis Ejercicios Espirituales, con la ayuda del P. Leonardo de la Dolorosa. Durante un cierto tiempo consideré la posibilidad de entrar en el Carmelo".

¿Cómo fue que se le impuso el escapulario? el Santo Padre detalla que en Wadowice, su ciudad natal, había un monasterio carmelita sobre la colina.

Los habitantes de Wadowice acudían al monasterio, por lo que se notaba la devoción al escapulario de la Virgen del Carmen. "También yo lo recibí, creo que cuando tenía diez años, y aún lo llevo. Se iba a los Carmelitas también para las confesiones. De ese modo, tanto en la iglesia parroquial, como en la del Carmen, se formó mi devoción mariana durante los años de la infancia y de la adolescencia hasta la superación del examen final".

Reiteró su devoción a la santísima Virgen y a portar el escapulario en su mensaje a la Orden del Carmen con motivo de la Dedicación del Año 2001 a María: "Con el signo del escapulario se manifiesta una síntesis eficaz de espiritualidad mariana, que alimenta la devoción de los creyentes, haciéndolos sensibles a la presencia amorosa de la Virgen Madre en su vida. También yo llevo sobre mi corazón, desde hace mucho tiempo, el escapulario del Carmen. Por el amor que siento hacia nuestra Madre celestial común, cuya protección experimento continuamente". no. 5 y 6

El último escapulario usado por san Juan Pablo II se encuentra exhibido en su casa de Wadowice, en un altar dedicado a la Virgen del Carmen.

16 de febrero de 2025

¿El Escapulario de Nuestra Señora del Carmen protege contra el mal?

Del sitio Píldoras de Fe:

Puede ser fácil pasar de una devoción legítima a una superstición. El Escapulario de la Virgen del Carmen te protege del mal, pero hay que tener cuidado

Un día, leyendo sobre el Santo Cura de Ars, leí un testimonio de este Santo sobre la Virgen María que me impresionó mucho. En ella narraba que, una joven se confesó con el Cura de Ars, (San Juan Vianney). Antes de siquiera comenzar su confesión, San Juan María Vianney le interrumpió y le dijo: "¿Recuerdas hace algunos días en el salón de baile a un joven guapo que bailaba con todas las chicas menos contigo? ¿Y se sentía como avergonzado cuando te veía? ¿Y recuerdas que viste algunas chispas saliendo de sus pies cuando se fue? Tienes que saber que ese era el demonio en forma humana, y la única razón por la que no bailó contigo es porque llevabas el escapulario. Agradece a la Virgen por eso".

Uno de los signos en la tradición de la Iglesia, desde hace muchos siglos, es el Escapulario Marrón de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Es un signo aprobado por la Iglesia y aceptado por la Orden del Carmelo como un signo externo de amor a María, de la confianza que sus hijos tienen en Ella y del compromiso de vivir como Ella.

La palabra escapulario indica una forma de ropa que los monjes usaban cuando trabajaban. Con el paso del tiempo, las personas comenzaron a darle un significado simbólico: "la cruz que debe ser llevada cada día como discípulos y seguidores de Cristo".

En algunas órdenes religiosas, como las Carmelitas, el Escapulario se convirtió en un signo de su forma de vida. El Escapulario llegó a simbolizar la especial dedicación de los carmelitas a María, la Madre de Dios, y a expresar la confianza en su protección maternal, así como el deseo de ser como ella en su compromiso con Cristo y con los demás. Así, el Escapulario marrón se convirtió en un signo de María. Pero tengamos cuidado  de no pasar de una hermosa devoción como esta a un signo de superstición. Así nos lo cuenta el Padre Sergio Román en su experiencia:

"El otro día fui a la Basílica de Guadalupe y se me ocurrió pasar entre los puestos que invaden la calle frente a la Basílica. En varios puestos vi en venta escapularios en gran cantidad. Escapularios de la Virgen, de Juan Diego, de san Judas y de san Charbel, que son los más populares; escapularios rojos, verdes, azules, blancos, amarillo y de todos los colores habidos y por haber.

Me llamó la atención un collar hecho con escapularios de varios colores bellamente trenzados formando un cordón multicolor para lucirse en el cuello. No cabe duda: los escapularios están de moda, una moda impuesta por el ingenio y la creatividad de los comerciantes en artículos religiosos para incrementar sus ventas.

Los recuerdos religiosos en los santuarios de todo el mundo son parte importante en el peregrinar. Son recuerdo de una visita al santuario que se lleva a casa para recordarla siempre. Es como llevar al hogar un pedacito de cielo.

Yo veo a muchos fieles de mi comunidad lucir al cuello no uno, sino muchos escapularios que cuelgan allí hasta que se caen de viejos y de sucios. ¿Por qué usas tantos escapularios?: '¡Porque me dan protección, son poderosos!'

¡Qué fácil es pasar de una devoción legítima a la superstición, sustituto de la fe en las personas que no están ilustradas en su religión! Y yo, sacerdote, me sentí culpable por no haber explicado suficientemente a mis fieles el uso de los escapularios, antigua tradición de la Iglesia convertida ahora en práctica de magia y brujería.

Si mis fieles supieran lo que significa un escapulario no usarían tantos y, si aceptaran usar uno solo, lo llevarían con más devoción y respeto".

Literalmente, un Escapulario es una prenda que se lleva sobre los hombros colgando por delante y por detrás. Se usa a través de la historia en diferentes tipos de vestiduras y de uniformes, pero es, sobre todo, un hábito religioso.

Es la ropa que usan los monjes y las monjas. Consiste en una tira de tela que se lleva sobre el hábito y en la que se borda el escudo de la comunidad a la que se pertenece. El que lleva un escapulario es porque quiere pertenecer a esa orden o comunidad religiosa.

Cuando surgieron las órdenes religiosas, a finales de la Edad Antigua y principios de la Edad Media, se fundaron la "primera orden" para varones, la "segunda orden" para mujeres y la "tercera orden" para laicos de ambos sexos que anhelaba pertenecer a la orden religiosa, pero que querían hacerlo desde su estado de vida propio.

Las terceras órdenes agruparon a muchos fieles laicos que se comprometían en un tipo especial de vida, en la pobreza, en la castidad dentro del matrimonio y en la obediencia a Dios y a sus ministros.

Mediante la oración, la mortificación y las obras buenas, aunadas a ciertas prácticas características de la orden, buscaban su santificación en medio del mundo. Se organizaban bajo la dependencia de la orden religiosa e incluso hacían una especie de votos que renovaban año con año.

Estas terceras órdenes, bendecidas y propiciadas por la Iglesia, hicieron y hacen mucho bien entre los fieles laicos, de los cuales muchos han llegado a los altares, como santa Rosa de Lima, que era terciaria dominica.

Estos fieles no podían usar el hábito completo de la orden, pero se les concedía usar un "mini hábito", es decir, el escapulario reducido a su mínima expresión.

Hay escapularios de los dominicos, mercedarios, franciscanos, agustinos, carmelitas y demás órdenes y comunidades religiosas. El más conocido y usado, sin duda, es el escapulario de la Virgen del Carmen.

En las costas de Palestina, hacia el mar Mediterráneo, hay una montaña escarpada que domina sobre el mar. Es el Monte Carmelo. En el Antiguo Testamento vivió allí el profeta Elías y desde allí hacía oración para que lloviera sobre aquella tierra que padecía sequía desde hacía varios años.

Dios le hizo caso y un día vio en el horizonte una nubecita, del tamaño de una mano, que se acercaba hacia la tierra firme. Aquella nubecita trajo la lluvia esperada. Elías, desde entonces, meditó en el Mesías que era esperado como una lluvia salvadora para su pueblo, y en la Madre del Mesías, que sería como aquella nube que trajo la lluvia. Muchos siglos después nació Jesús de María, la Virgen.

Sobre ese monte hubo, después de Elías, una comunidad de profetas que adoraban a Dios y pedían la venida del Mesías. Esa comunidad reconoció en Cristo al esperado y desde entonces en ese monte se veneró a la Madre del Mesías, a María, a la que llamaron cariñosamente "Estrella del mar", Stella Maris.

Un 16 de julio, en el S. XI, la Virgen María se apareció al superior de la Orden Carmelitana, San Simón Stock, y le dio las reglas de su Orden. Según la tradición le entregó al santo un escapulario de color café con el escudo de la Orden y prometió a los que lo llevaran el salir del purgatorio al siguiente sábado de su muerte. A esto se le llama el "privilegio sabatino".

La Virgen pudo prometer esto, porque llevar el escapulario de la Virgen del Carmen es un compromiso de vivir en oración, en mortificación y en obras buenas, medios clásicos que la Iglesia ofrece a sus fieles para hacer penitencia por sus pecados.

El escapulario de la Virgen del Carmen debe ser impuesto por un sacerdote a los que acepten santificarse en el amor e imitación de María y en la recepción frecuente de la Eucaristía. No es tan fácil usar un escapulario. ¿O sí?

Forma corta para dar el Escapulario.

"Recibe este escapulario, signo de tu especial relación con María la Madre de Jesús, a quien te comprometes a imitar. Que te recuerde tu dignidad como cristiano, sirviendo a los demás e imitando a María. Llévalo como un signo de su protección y de pertenecer a la familia del Carmelo, haciendo voluntariamente la voluntad de Dios y dedicándote a construir un mundo fiel a su plan de comunidad, justicia y paz".

Oración a Nuestra Señora del Monte Carmelo.

Con el Escapulario en la mano y, preferiblemente de rodillas, rezar la siguiente oración invocando a María su protección contra el mal.

Oh hermosa Flor del Monte Carmelo, 
vid fecunda, esplendor del Cielo, 
Bendita Madre del Hijo de Dios, 
Virgen Inmaculada, 
ayúdame en esta mi necesidad. 
Oh Estrella del Mar, 
ayúdame y muéstrame aquí que eres mi Madre. 
Oh Santa María, Madre de Dios, 
Reina del Cielo y de la Tierra, 
te suplico humildemente desde el fondo de mi corazón, 
que me ayudes en esta mi necesidad.
 No hay nadie que pueda soportar tu poder. 
Muéstrame aquí que eres mi Madre.
 
"Oh María, concebida sin pecado,
ruega por nosotros que recurrimos a ti". 
(Repite tres veces)
 
"Dulce madre, pongo esta causa en tus manos". 
(Repite tres veces)

Rezar el Padrenuestro, el Avemaría y el Credo.

Confiarse en las manos de María a través del Escapulario de la Virgen del Carmen, puede brindarte una poderosa protección contra el mal haces todo con mucha fe y devoción desde el corazón.

Qriswell Quero
Venezolano,
 esposo y padre de familia,
  Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. 
Quien a Dios tiene nada lo detiene.

 


16 de julio de 2024

Los desconocidos sonetos a Nuestra Señora del Carmen

Del sitio Aleteia:

¿Poesía religiosa en un poeta tan comunista y anticlerical? En el corazón de Rafael Alberti, los versos dedicados a su madre .

Al escuchar el nombre del gran poeta español Rafael Alberti (1902-1999), seguramente los primeros versos que muchos recordarán –incluso recitados por la propia voz del autor– son éstos:

"Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera"

Un poema que forma parte de su primer libro, Marinero en tierra (1924), donde un jovencísimo Alberti reunía sus composiciones más tempranas, marcado por la nostalgia de su tierra natal (El Puerto de Santa María, Cádiz), tras haberla dejado en su adolescencia para ir a Madrid. Además, la temprana muerte de su padre fue lo que lo empujó a escribir.

Es habitual encontrar fragmentos de esta obra –con la que obtuvo el Premio Nacional de Literatura– en antologías del autor o de su época, o incluso de la lírica española de todos los tiempos, tanto en papel como en Internet.

Sin embargo, hay una parte mucho menos conocida del libro. Se trata del titulado "Triduo del alba", una recopilación de sonetos encabezados por una importante dedicatoria: "A mi madre". Tres sonetos dedicados a la Virgen del Carmen, de gran devoción en su lugar de origen.

Efectivamente: este miembro de la llamada "Generación del 27" que destacó en gran medida por su compromiso político con el comunismo, dedicó algunos de sus primeros versos a la Virgen del Carmen, patrona de los marineros.

No es extraño este retazo de fe cristiana y de maternidad en los primeros años de un autor que comenzó a escribir a partir de una experiencia de oscuridad y de exilio interior, desde la finitud de la existencia y el dolor por la muerte. Años después, Alberti iría acentuando una relación conflictiva con la religión en general y con la Iglesia católica en particular, aumentando su anticlericalismo.

En el día de la Virgen del Carmen, los versos del joven Rafael Alberti son un buen ejemplo de la mirada de devoción y cariño que el pueblo ha dedicado, durante siglos, a la que él llama "capitana de los mares, la voz de la mañana y la sirena azul de mi navío". Aquí están los tres sonetos más desconocidos del poeta:

TRIDUO DEL ALBA

A mi madre

  1. Día de coronación

Sobre el mar que le da su brazo al río
de mi país, te nombran capitana
de los mares, la voz de la mañana
y la sirena azul de mi navío.

Los faros verdes pasan su diana
por el quieto arenal del playerío.
Del fondo de la mar, el vocerío
sube, en tu honor -¡tin, tan!-, de una campana.

¡Campanita de iglesia submarina,
quién te tañera y bajo ti ayudara
una misa a la Virgen del Carmelo,

ya generala y sol de la marina!
La cúpula del mar, como tiara,
y como nimbo la ilusión del cielo.

  1. Día de amor y bonanza

Que eres loba de mar y remadora,
Virgen del Carmen, y patrona mía,
escrito está en la frente de la aurora,
cuyo manto es el mar de mi bahía.

Que eres mi timonel, que eres la guía
de mi oculta sirena cantadora,
escrito está en la frente de la proa
de mi navío, al sol del mediodía.

Que tú me salvarás, ¡oh marinera
Virgen del Carmen!, cuando la escollera
parta la frente en dos de mi navío,

loba de espuma azul en los altares,
con agua amarga y dulce de los mares
escrito está en el fiero pecho mío.

  1. Día de tribulación

¡Oh, Virgen remadora, ya clarea
la alba luz sobre el llanto de los mares!
Contra mis casi hundidos tajamares,
arremete el mastín de la marea.

Mi barca, sin timón, caracolea
sobre el tumulto gris de los azares.
Deje tu pie, descalzo, sus altares,
y la mar negra verde pronto sea.

Toquen mis manos el cuadrado anzuelo
—tu escapulario—, Virgen del Carmelo,
y hazme delfín, Señora, tú que puedes…

Sobre mis hombros te llevaré a nado
a las más hondas grutas del pescado,
donde nunca jamás llegan las redes.

12 de junio de 2024

Nuestra Señora de Orada de Albufeira

 Del sitio El Blog de Deiber:

 La ciudad portuguesa de Albufeira honra a Nuestra Señora de Orada desde hace más de 500 años. 

La devoción a Nuestra Señora de Orada es muy antigua y se originó cuando dos pescadores encontraron una bella imagen de María en una roca. Los hombres llevaron la imagen a la iglesia parroquial, pero al día siguiente desapareció, sólo para reaparecer en la misma roca donde había sido encontrada el día anterior.

Esto sucedió una y otra vez hasta que la comunidad se dio cuenta de que debía construirse una capilla en esa roca en honor de Nuestra Señora.

Los eruditos creen que el nombre "Orada" procede del latín "Domus Aurea", que significa "casa dorada".

La fiesta en honor de Nuestra Señora de Orada Albufeira se celebra entre el 11 y el 13 de agosto y reúne siempre a miles de fieles. La imagen de la Virgen de Orada presenta a María portando al Niño Jesús en su brazo izquierdo. Madre e Hijo llevan coronas en la cabeza y escapularios en las manos.

Nuestra Señora de Orada Albufeira es la patrona de los marineros y pescadores.

OREMOS:

Oh Señora de Orada Albufeira, 
vela por tus fieles que buscan en los mares y ríos su sustento diario. 
Bendice a los trabajadores que con su sudor mantienen a sus familias y a su patria. 
Concede a tu pueblo prosperidad, salud y paz.
Nuestra Señora de Orada Albufeira, ruega por nosotros.


Traducción realizada con la versión gratuita del traductor DeepL.com

17 de septiembre de 2023

El Escapulario Negro de Nuestra Señora de los Dolores

Del sitio Los Dolores de María Santísima:

Durante la Edad Media era común para los cristianos devotos unirse a las órdenes religiosas, en forma auxiliar,  algunas de estas asociaciones a veces fueron llamadas Órdenes Terceras o Terciarias porque se basaban en la Tercera Regla de las  mismas Órdenes. Aunque estas personas estaban autorizadas para usar el “hábito terciario”, sin haber hecho los respectivos votos religiosos, su vestimenta tenía variantes en el velo, cruz pectoral y sobre todo en el escapulario. Con el tiempo, este quedó siendo el único distintivo autorizado para los terciarios. 

Convertirse en miembro de una congregación era considerado muy importante, sobre todo a nivel espiritual, porque los terciarios participaban de las obras y méritos espirituales de toda la orden, o sea, de las misas, indulgencias, penitencias y oraciones de los miembros de la Primera (frailes) y Segunda Orden (monjas). Aportaciones económicas, de servicio, caritativas podían ser la aportación de los terciarios a la Orden, aunque sabemos que sus méritos espirituales no serían menos.

En el siglo XI el escapulario monástico se fue transformando paulatinamente y reduciendo visiblemente, y pasó de ser de una prenda del hábito a un pequeño objeto sacramental, para expresar la devoción de individuos que no fueran miembros de cierta orden, pero que deseaban alguna afiliación con ella. Esta transformación se dio sobre todo por comodidad y acercamiento a todo el mundo. Por ejemplo, los nobles, eclesiásticos no podían usar un escapulario enorme sobre las ropas, pero sí un pequeño “scapulae” junto al cuerpo. En 1280 ya existía  la costumbre de imponer escapularios a seglares que no podían pertenecer a la Primera o Segunda Orden, a benefactores o fundadores de monasterios que eran casados.

Ya comienza a existir el escapulario tal y como hoy lo conocemos: dos rectángulos de tela unidos por una cinta o cordón. Así, aunque aún más grande que los modernos.  Estos escapularios grandes son utilizados aún por miembros de la “Tercera Orden” (hoy llamadas Órdenes Seglares) de franciscanos, carmelitas, servitas, trinitarios y dominicos en ocasiones especiales. Para ganar las indulgencias asociadas a cada Orden, los miembros deben usar esta prenda constantemente, pero en 1883, León XIII permitió ganarlas si se usaba una pieza de menor tamaño. Una vez más y por los mismos motivos, el escapulario se reduce. El fin: no ser un objeto obstructivo.

Al extenderse la costumbre se hace necesaria la identificación y diferenciación, así que, al menos, los Mercedarios, los Trinitarios, los Carmelitas y los Servitas añaden el escudo de la Orden al Escapulario y comienzan a vestir a sus  advocaciones marianas propias con el hábito de la Orden y el escapulario.

 Estando históricamente aprobado que el hábito negro y el escapulario de los Siervos de María fue dado por la mismísima Virgen a los siete santos fundadores de la orden. en el monte Senario, Nuestra Señora se volvió a aparecer a los siete fundadores, mostrándoles un hábito negro y recomendando que lo llevasen en memoria de la Pasión de su Hijo. Les dio también las reglas de San Agustín, que debían seguir, fundando así una nueva orden religiosa. En memoria de esa aparición, que tuvo lugar el Viernes Santo del año 1239. 

Hacia la mitad del siglo XV se empezó a reforzar el sentido que tiene el escapulario de ser el hábito negro original de la orden, estando esta idea también en la bula del Papa Inocencio VIII . El escapulario negro también se le conoce el del hábito del dolor pues recuerda el luto y el dolor de la Virgen por la pasión del Señor. María Santísima promete su ayuda en la vida y su protección y asistencia en la muerte para todos los que lleven su escapulario y le tengan devoción a sus dolores.

16 de septiembre de 2023

Un convertido por su devoción a los Dolores de Nuestra Señora

Ejemplo 28 de Las Glorias de María: 

Este ejemplo no está en los libros, sino que me lo ha referido un sacerdote compañero mío como acaecido a él mismo. 

Mientras este sacerdote estaba confesando en una iglesia –no se dice la ciudad por prudencia, aunque el penitente dio licencia para publicar su caso– se colocó al frente de él un joven que parecía titubear entre confesarse y no confesarse. Mirándolo el padre varias veces, al fin lo llamó y le preguntó si deseaba confesarse. Respondió que sí, pero como la confesión parecía que iba a ser larga, el confesor se fue con él a una habitación aislada.

El penitente comenzó por decirle que era un noble forastero y que no comprendía cómo Dios le podía perdonar con la vida que había llevado. Además de los incontables pecados deshonestos, homicidios y demás, le dijo que habiendo desesperado de su salvación se había dedicado a pecar, no tanto por satisfacción cuanto por desprecio a Dios y por el odio que le tenía. 

Dijo que poco antes, esa misma mañana, había ido a comulgar; pero ¿para qué? Para pisotear la hostia consagrada. Y que, en efecto, habiendo comulgado, iba a ejecutar su horrendo pensamiento, pero no pudo hacerlo porque le veía la gente. Y en ese momento entregó al sacerdote la santa hostia envuelta en un papel. 

Le contó después que pasando por delante de aquella iglesia había sentido un impulso muy grande de entrar, y que no pudiendo resistir había entrado. Después le había acometido un gran remordimiento de conciencia con un deseo confuso de confesarse, que por eso se había puesto ante el confesionario; pero estando allí era tanta su confusión y desconfianza que quería marcharse, pero parecía como si alguien le retuviera a la fuerza; hasta que usted, padre, me llamó. Ahora me encuentro aquí para confesarme, pero no sé cómo.

 El padre le preguntó si había tenido alguna devoción a la Virgen María durante ese tiempo, porque tales golpes de conversión no suceden sino por las poderosas manos de María. 

- “¿Qué devoción podía tener? "

- "Nada, padre; yo estaba condenado”. 

Pero metiendo la mano en el pecho, notó que tenía el escapulario de la Virgen Dolorosa. - “Hijo –continuó el confesor–, ¿no ves que la Virgen es la que te ha otorgado esta gracia? Y has de saber que esta iglesia está consagrada a la Virgen”.

 Al oír esto el joven se enterneció, comenzó a compungirse y a llorar. Mientras manifestaba sus pecados creció a tal punto su compunción y llanto, que se desmayó. 

El padre lo reanimó y finalmente acabó la confesión, lo absolvió con gran consuelo, y del todo contrito y resuelto a cambiar de vida se despidió para volver a su patria, dando licencia al confesor para anunciar públicamente la gran misericordia que con él había tenido María.

 

ORACIÓN DE OFRECIMIENTO A DIOS
 
Santa Madre de Dios y Madre mía, María.
¿Tanto te interesaste por mi salvación
que llegaste a ofrecer al sacrificio
lo más querido para tu corazón,
a tu adorado Jesús?
 
Si tanto deseas que me salve,
con razón pongo en ti mi confianza
después de colocarla en Dios.
 
Virgen bendita, en ti confío del todo.
 
Por el mérito del gran sacrificio
que en este día ofreciste a Dios
al entregarle la vida de tu Hijo,
ruégale que tenga piedad de mi alma
por la que este cordero inmaculado
quiso morir en la cruz.
 
Quisiera, Reina mía, en este día,
a semejanza tuya,
ofrecer a Dios mi pobre corazón;
mas temo que lo rechace
al verlo tan enfangado y sucio.
 
Pero si tú se lo ofreces
no lo rehusará, pues las ofrendas
que le llegan en tus manos,
todas las recibe y agradece.
 
Me presento, María, para consagrarme a ti;
ofréceme al eterno Padre,
junto con Jesús,
como algo que te pertenece;
y ruégale que por los méritos de tu Hijo
y en consideración a ti,
me acepte y me tome por suyo.
 
Madre mía dulcísima,
por el amor de tu Hijo sacrificado
ayúdame siempre y no me abandones.
 
No permitas que a mi Redentor
tan amable, y por ti ofrecido,
lo vaya a perder por mis pecados.
Dile que soy tu siervo; dile que en ti
tengo depositada mi esperanza;
dile, en fin, que quieres mi salvación;
que él seguro te habrá de escuchar. 
Amén.

16 de julio de 2023

Nuestra Señora del Carmen y los regalos que trajo al mundo

 Del sitio Gaudium Press: 

Era el 16 de julio de 1251, y el superior de los carmelitas, Simón Stock, pedía a la Virgen auxilio para resolver no pequeños problemas de su comunidad. La confianza del santo no solo consiguió que la Virgen lo atendiera, sino que ella misma quiso traspasar la muralla del cielo, para aparecerse y decirle: “Hijo amadísimo, recibe el Escapulario de tu Orden, señal especial de mi amistad fraterna, privilegio para ti y todos los carmelitas. Aquellos que mueran con este Escapulario no padecerán el fuego del Infierno. Es señal de salvación, amparo y protección en los peligros, y alianza de paz para siempre”. 

Era pues, un mensaje para él, para la orden carmelita, y para todos los que a ella se afilian usando el escapulario. Usar el escapulario con devoción, haciendo que este sea un vínculo que nos une con Nuestra Señora, es el boleto hacia el cielo, aunque antes debamos pasar por las dolorosas y regenerantes llamas del purgatorio. De hecho, decía San Claudio de La Colombière que “no basta decir que el Escapulario es una señal de salvación. Yo sustento que no hay otro que haga nuestra predestinación tan segura”.

Cuántas veces la Virgen del Carmen ha intercedido por sus devotos, por intermedio del escapulario, es algo de lo que ya se perdió la cuenta.

Cuenta Mons. Marcos Barbosa en su obra “El Escapulario de Nuestra Señora del Carmen” que un caballero inglés, bien impío, aún en el trance de la muerte daba todos los signos de condenación gritando: “¡Quiero el infierno y al diablo!”. Locura total.

Fue avisado entonces el fraile Simón Stock que en un exceso de su caridad caminó hasta donde estaba ese insensato bribón, y le extendió el escapulario sobre su cuerpo. Entonces se operó unos de los mayores milagros que pueden ocurrir, que son los de esas conversiones. Al final pidió los sacramentos. Parecería que ese fue un hecho permitido y querido por Dios para demostrar la fuerza de este sacramental por entonces mero retoño, hoy árbol frondoso.

En estos tiempos de descreencia, si hay muchos que no creen en el infierno, pues los hay más que no creen en el purgatorio. No obstante, este sí que existe y le tiene sin cuidado que no crean en él, ni en su fuego purificador terrible que prepara al cielo, pero que es un tormento muy similar al del infierno. Pero para todos los de esta Iglesia purgante, también hay un regalo de la Virgen del Carmen, y es que según una reconocida tradición, la propia Madre de Dios se apareció al Papa Juan XXII, diciendo que liberaría del purgatorio el primer sábado después de su muerte, a todos los que portasen devotamente el Escapulario.

Pero sigamos con Mons. Barbosa, contando signos con los que Dios ha querido resaltar ante los hombres la importancia del escapulario: En Santo André, Brasil, una niña de 5 años cayó dentro de un pozo de 20 metros de profundidad. Una hora después, fue encontrada flotando sobre el agua, con el Escapulario al cuello. La familia, naturalmente, atribuyó el hecho a la protección de la Madre del Carmelo.

Este otro es contado por el fraile carmelita Juan Fernández Martín, en su libro “Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen”: Una niña francesa ve un día morir a su padre, y se va con su madre a París. La chica, para sostener el hogar pues su madre es bien anciana, monta un taller. Pero la madre cae enferma de cáncer, y no solo consume su vida sino también las pocas economías que había en ese hogar. La muchacha se desespera, y un día coge muchos carbones y llena con ellos el brasero para morir asfixiada.

Temprano llega a la casa una amiga que la encuentra como muerta, grita, avisa. Pasaba por ‘casualidad’ un famoso médico, el Dr. Recamier que examina y dice: – No señores, no; no debe estar muerta esta mujer; lleva puesto el santo escapulario, y ningún suicida logra morir, aunque en ello se empeñe, cuando lleva consigo este objeto.

Sin embargo, a pesar de las insistencias médicas de Recamier, el cuerpo estaba yerto, no reaccionaba, por lo que se decidió al uso de medidas extremas que hoy tal vez le hubieran valido un proceso en un comité de ética: Pidió dos palos y comenzó a golpear el cuerpo de la chica, particularmente la región abdominal. Después de unos minutos la vida comenzó a regresar al cuerpo. La joven llegó a ser superiora de las Hermanitas de los Pobres.

Un día en Puerto Rico, por vuelta de 1923, unos jóvenes realizaron una parodia en la que una chica de apellido Domínguez hacía el papel de joven princesa, mientras que el joven Pietri haciendo de cura, insultaba a la princesa porque esta no le daba dinero: “Te vas a condenar, eres mala católica”, decía el actor presbítero.

La ‘princesa’ para garantizar al ‘cura’ su catolicidad, le muestra el escapulario que portaba en su cuello, pero entonces el ‘cura’ Pietri se lo arranca y amenaza con lanzarlo al suelo mientras decía: “Esto es una tontería, una por…”, pero no alcanza a terminar la frase…

El brazo se le había paralizado. Al final, tiene que ser sacado del sitio tieso, paralítico y medio idiota. Varios asistentes atestiguan el hecho.

Lo cierto es que ahí esta Ella, la Virgen del Carmen, casi que suplicante para recibir nuestros pedidos, especialmente el que no nos abandone, que nos auxilie con su gracia, con su afecto materno.

17 de noviembre de 2022

Hasta que punto nos ayuda a salvarnos Nuestra Señora

 Del sitio Aleteia:

"A Jesús por María": María intercede por sus hijos de la tierra y por los del purgatorio.

Se cuenta que en el cielo le llegó a oídos de Jesús que se habían colado algunas almas. Jesús se le acerca a san Pedro y le pregunta: “¿Qué está pasando aquí?”. 

San Pedro le responde: “Según parece han entrado algunos sin tener por escrito tu autorización”.

Jesús le dice: “Pero, ¿qué pasa contigo? ¿Por qué no desempeñas bien tu trabajo?”. San Pedro, en un primer momento, no responde nada, porque ve que Jesús tiene la razón.

Pero en un segundo momento le dice: “Yo cumplo con mi misión. Yo mantengo cerrada la puerta, pero me han dicho que tu Madre coge las llaves, abre la puerta y termina metiéndolos. Señor, comprenderás que yo no puedo con tu Madre”.

Jesús le dice: “Ya me lo temía; pero mi Madre es mi Madre”.

María es pues la puerta del cielo porque el mismo Jesucristo se rinde ante los deseos de su Madre cuando intercede por nosotros. No le puede resistir.

Esto no quiere decir que entre Jesús y su Madre no existan diferencias sustanciales; las hay, por supuesto.

Ninguna creatura puede ser puesta nunca en el mismo orden con el Verbo Encarnado y RedentorLa única mediación del Redentor no excluye, sino que suscita en las creaturas una colaboración diversa que participa de la única fuente”.LG, 62.

Jesucristo es el Redentor, es el camino que nos lleva al Padre y es la puerta del redil.

Y María, la llena de gracia, es la primera de las redimidas y es quien nos lleva a su Divino Hijo. Es la intercesora por excelencia, es nuestra Madre.

Cristo es mediador principal, porque nos ha redimido con sus propios méritos. Y su Madre es mediadora secundaria, subordinada a su Hijo.

Como se dice comúnmente: ‘A Jesús por María’. María es el camino para llegar a Cristo, EL CAMINO.

Así como María es el canal para que la segunda divina persona de la Santísima Trinidad se encarnara, ella también es el canal para entrar al cielo. 

Es decir Ella nos ayuda a pasar la puerta verdadera que es Jesucristo.

Ella coopera en la distribución de la gracia. Y de la misma manera que todas las gracias concedidas a la tierra y distribuidas por María, Ella también lo hace con las almas del purgatorio.

En su oración litúrgica de la misa cotidiana por los difuntos, la Iglesia solicita la clemencia de Dios: la Iglesia pide para los difuntos la entrada en la eterna beatitud.

Y para obtener esta gracia no podría hacer nada mejor que encomendarse a la intercesión de la bienaventurada Virgen María.

María se ocupa de las almas del Purgatorio, pues tiene capacidad para intervenir en su favor.

Y si pide por ellas, serán auxiliadas y salvadas, porque la oración de María es eficaz y obtiene siempre su efecto.

Dios lo quiere así para honrar a su Madre. Recordemos el poder intercesor de María en las bodas de Caná.

Dios libera a las almas del purgatorio como acto de misericordia, acortando las penas. 

Y esto no es por el mérito de las almas que allí purgan sino por la intercesión de la Virgen y los santos y por las oraciones de los que aún estamos aquí y pedimos por esas almas (la comunión de los santos).

Esto es confirmado por la Iglesia cuando dice que la Virgen María, según el proyecto de Dios, está asociada estrechamente a Cristo en toda su obra salvadora.

Y “con su múltiple intercesión, continua obteniéndonos la gracia de la vida eterna” (LG 62).

En la comunión de los santos (la Iglesia triunfante, la purgante y la militante) existe un vínculo de amor y un intercambio de bienes. Estos bienes espirituales son llamados el tesoro de la Iglesia.

Pertenecen igualmente a este tesoro el precio verdaderamente inmenso, inconmensurable y siempre nuevo que tienen ante Dios las oraciones y las buenas obras de la Bienaventurada Virgen María y de todos los santos…”. Catecismo 1477.

Si nosotros podemos beneficiar a las almas purgantes, imaginemos cómo lo podrá hacer María Santísima que siempre es una Madre amorosa.

Sobre esta base teológica se entiende y se acepta la intervención de María en la liberación eficaz de las almas del purgatorio y en la liberación más rápida de algunas más que de otras.

Según la tradición, al papa Juan XXII se le apareció la Virgen María y le prometió que sacaría del purgatorio el sábado siguiente a la muerte a quien muriese con el escapulario del Carmen puesto. El sábado es el día dedicado a la Virgen María.

El Papa puso por escrito tanto la aparición como la promesa de la Virgen María en la bula sabatina en la primera mitad del siglo XIV. Tal es el privilegio sabatino a favor de quien lleve el escapulario y cumpla con las condiciones.

La aparición al papa Juan XXII significó la confirmación de la promesa que la misma Virgen María le hizo a san Simón Stock en el año 1251, de que quien muera con el escapulario no padecerá el «fuego eterno».

Desde hace más de siete siglos, muchas personas llevan el escapulario del Carmen para asegurarse la protección de María en todas las necesidades de la vida.

Y en particular para obtener, mediante su intercesión, la salvación eterna y una solícita liberación del purgatorio.

El privilegio del escapulario es una gracia que María Santísima obtiene de su amado hijo a favor de sus devotos como premio de su dedicación generosa.

Quien tenga la devoción al escapulario y lo use, recibirá de María Santísima a la hora de la muerte, la gracia de la perseverancia en el estado de gracia, sin pecado mortal, o la gracia de la contrición.

Pero el uso de este escapulario se ha de entender bien. Por parte del devoto, el escapulario es una señal de su compromiso a vivir la vida cristiana siguiendo el ejemplo perfecto de la Virgen Santísima.

La Santísima Virgen cumple con su promesa de llevar las almas del purgatorio al cielo el sábado siguiente a la muerte, siempre y cuando en vida hayan sido muy buenos cristianos, hayan vivido en gracia de Dios y al llevar el escapulario cumplan con las condiciones debidas.

Es decir el escapulario no es un amuleto o algo mágico que produzca por sí sólo determinados efectos. El escapulario tampoco se debe entender como una dispensa de las exigencias de la vida cristiana, como tampoco es garantía automática de salvación.

Según las enseñanzas de la Iglesia, la salvación eterna es fruto de la fidelidad del hombre a la palabra de Dios y de su colaboración a la gracia divina.

Sería peligroso y erróneo considerar que, para salvarse, sea suficiente llevar el escapulario, sin ninguna preocupación de vivir la fe y el amor.

Quien lleva el escapulario debe comprometerse a llevar una conducta ejemplar: el fiel cumplimiento de sus responsabilidades y su corresponsabilidad eclesial.

Por tanto el escapulario no garantiza acciones milagrosas por parte de la Virgen María para quien voluntariamente se obstina en el pecado aunque lleve el escapulario.

Lo que asegura es la asistencia continua a cuantos se esfuerzan en la lucha contra el pecado y perseveran en el bien.

Henry Vargas Holguín 

3 de noviembre de 2022

Las falsas devociones a Nuestra Señora

Del Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen:  

San Luis María Grignon de Montfort expone las falsas devociones a la Virgen en su Tratado de la Verdadera Devoción, en los numerales del 90 al 104. Copiamos el texto exacto:

Hoy más que nunca, nos encontramos con falsas devociones que fácilmente podrían tomarse por verdaderas. El demonio, como falso acuñador de moneda y ladrón astuto y experimentado, ha engañado y hecho caer ya a muchas almas por medio de falsas devociones a la Santísima Virgen y cada día utiliza su experiencia diabólica para engañar a muchas otras, entreteniéndolas y adormeciéndolas en el pecado, bajo el pretexto de algunas oraciones mal recitadas y de algunas prácticas exteriores inspiradas por él.

Como un falsificador de moneda no falsifica ordinariamente sino el oro y la plata y muy rara vez los otros metales -porque no valen la pena-, así el espíritu maligno no falsifica las otras devociones tanto, como las de Jesús y María: la devoción a la Sagrada Comunión y la devoción a la Virgen, porque son entre las devociones, lo que el oro y la plata entre los metales. 

Es por ello, importantísimo:

Conocer las falsas devociones para evitarlas y las verdaderas para abrazarlas.

Conocer cuál es, entre las diferentes formas de devoción verdadera a la Santísima Virgen, la más perfecta, la más agradable a María, la más gloriosa para el Señor y la más eficaz para nuestra santificación, a fin de optar por ella.

Hay, a mi parecer, siete clases de falsos devotos y falsas devociones a la Santísima Virgen, a saber:  

1. Los devotos críticos.

2. Los devotos escrupulosos.

3. Los devotos exteriores.

4. Los devotos presuntuosos.

5. Los devotos inconstantes.

6. Los devotos hipócritas.

7. Los devotos interesados.

1. Los devotos críticos

Los devotos críticos son, por lo común, sabios orgullosos, engreídos y pegados de sí mismos, que en el fondo tienen alguna devoción a la Santísima Virgen, pero critican casi todas las formas de piedad, con las que la gente sencilla honran ingenua y santamente a esta buena Madre, sólo porque no se acomodan a sus fantasías. Ponen en duda todos los milagros e historias referidas por autores fidedignos o extraídas de las crónicas de las Órdenes religiosas, que atestiguan la misericordia y poder de la Santísima Virgen. Se irritan al ver a las gentes sencillas y humildes arrodilladas para rogar a Dios ante un altar o imagen de María o en la esquina de una calle... llegan hasta a acusarlas de idolatría, como si adorarán la madera o la piedra. En cuanto a ellos, así dicen, no gustan de tales devociones exteriores ¡ni son tan “ilusos” para creer a tantos cuentos e historietas como corren acerca de la Santísima Vfirgen! Si se les recuerdan las admirables alabanzas que los Santos Padres tributan a María, responden que hablaban como oradores, en forma hiperbólica, o dan una falsa explicación de sus palabras.

Esta clase de falsos devotos y gente orgullosa y mundana es mucho de temer: hace un daño incalculable a la devoción a la Santísima Virgen, alejando de Ella definitivamente a los pueblos, bajo pretexto de desterrar abusos.

  2. Los devotos escrupulosos

Los devotos escrupulosos son personas que temen deshonrar al Hijo al honrar a la Madre, rebajar al Uno al honrar a la Otra. No pueden tolerar que se tributen a la Santísima Virgen las justísimas alabanzas que le prodigaron los Santos Padres. Como si los que oran a la Santísima Virgen, no orasen a Jesucristo por medio de Ella! No quieren que se hable con tanta frecuencia de la Madre de Dios, ni que los fieles acudan a Ella tantas veces.

Oigamos algunas de sus expresiones más frecuentes: «¿De qué sirven tantos Rosarios? ¿Tantas congregaciones y devociones exteriores a la Santísima Virgen? ¡Cuánta ignorancia hay en tales prácticas! ¡Esto es poner en ridículo nuestra religión! ¡Hábleme más bien de los devotos de Jesucristo! -Y, al pronunciar frecuentemente este nombre, (lo digo entre paréntesis), no se descubren-. Hay que recurrir solamente a Jesucristo. Él es nuestro único mediador. Hay que predicar a Jesucristo: ¡esto es lo sólido!»

Y lo que dicen es verdad en cierto sentido. Pero, la aplicación que hacen de ello para combatir la devoción a la Santísima Virgen es muy peligrosa, es un lazo sutil del espíritu maligno, bajo pretexto de un bien mayor.

Porque ¡nunca se honra tanto a Jesucristo como cuando se honra a la Santísima Virgen! Efectivamente, si se la honra, es para honrar más perfectamente a Jesucristo y si vamos a Ella, es para encontrar el camino que nos lleve a la meta, que es Jesucristo. La iglesia, con el Espíritu Santo, bendice primero a la Santísima Virgen y después a Jesucristo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús» (Lc 1,42). Y esto, no porque la Virgen María sea mayor que Jesucristo o igual a Él -lo cual sería intolerable herejía-, sino porque para bendecir más perfectamente a Jesucristo hay que bendecir primero a María.

Digamos pues, con todos los verdaderos devotos de la Santísima Virgen y contra sus falsos devotos escrupulosos: «María, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús».

  3. Los devotos exteriores

Los devotos exteriores son personas que cifran toda su devoción a María en prácticas externas. Solo gustan de lo exterior de esta devoción, porque carecen de espíritu interior. Rezan muchos Rosarios, pero atropelladamente. Participan en muchas Misas, pero sin atención. Se inscriben en todas las Cofradías Marianas, pero sin enmendar su vida, sin vencer sus pasiones ni imitar las virtudes de la Santísima Virgen. Sólo gustan de lo sensible de la devoción, no buscan lo sólido. De suerte que si no experimentan algo sensible en sus prácticas piadosas, creen que no hacen nada, se desalientan y lo abandonan todo o lo hacen por rutina. El mundo está lleno de esta clase de devotos exteriores.

Las personas de oración, por el contrario, se empeñan en lo interior como lo esencial, aunque sin menospreciar la modestia exterior, que acompaña siempre a la devoción verdadera. 

4. Los devotos presuntuosos

Los devotos presuntuosos son pecadores aletargados en sus pasiones o amigos de lo mundano, que creen que se salvarán sin necesidad de convertirse. Bajo el hermoso nombre de cristianos y devotos de la Santísima Virgen, esconden el orgullo, la avaricia, la lujuria, la embriaguez, el perjurio, la maledicencia o la injusticia, etc.; duermen en sus costumbres perversas, sin hacerse mucha violencia para corregirse, confiados en que son devotos de la Santísima Virgen; se prometen a sí mismos que Dios les perdonará, que no morirán sin confesión ni se condenarán, porque rezan el Rosario, ayunan los sábados, pertenecen a la cofradía del Santo Rosario, a la del Escapulario y otras congregaciones, llevan el Hábito o la Cadenilla de la Santísima Virgen, etc.

Cuando se les dice que su devoción no es sino ilusión diabólica y perniciosa presunción, capaz de llevarlos a la ruina, se resisten a creerlo. Responden que Dios es bondad y misericordia; que no nos ha creado para perdición; que no hay hombre que no peque, que basta un buen «¡Señor, pequé!» a la hora de la muerte. Y añaden que son devotos de la Santísima Virgen; que llevan el escapulario, que todos los días rezan puntualmente siete Padrenuestros y Avemarías en su honor y, algunas veces, el Rosario o el Oficio de Nuestra Señora, que ayunan, etc.

Para confirmar sus palabras y cegarse aún más, alegan algunos hechos, verdaderos o falsos -poco importa- que han oído o leído, en los que se asegura que personas muertas en pecado mortal y sin confesión, gracias a que durante su vida habían rezado algunas oraciones o ejercitado algunas prácticas de devoción en honor de la Virgen, resucitaron para confesarse o su alma, permaneció milagrosamente en el cuerpo hasta que lograron confesarse o, a la hora de la muerte, obtuvieron del Señor, por la misericordia de María, el perdón y la salvación. ¡Ellos esperan correr la misma suerte!

Nada en el cristianismo es tan perjudicial a las gentes como esta presunción diabólica. Porque, ¿Cómo puede alguien decir con verdad que ama y honra a la Santísima Virgen, mientras con sus pecados hiere, traspasa, crucifica y ultraja despiadadamente a Jesucristo, su Hijo? Si María se obligara a salvar por su misericordia a esta clase de personas, ¡autorizaría el pecado y ayudaría a crucificar a su Hijo! Y esto, ¿quién osaría siquiera pensarlo?

Protesto que abusar así de la devoción a la Santísima Virgen, devoción que después de la que se tiene al Señor en el Santísimo Sacramento es la más santa y sólida de todas, constituye un horrible sacrilegio, el mayor y menos digno de perdón después de la comunión sacrílega.

Confieso que, para ser verdadero devoto de la Santísima Virgen, no es absolutamente necesario que seas tan santo, que llegues a evitar todo pecado aunque esto sería lo más deseable. Pero es preciso, al menos (¡nota bien lo que digo!):

Mantenerse sinceramente resuelto a evitar, por lo menos, todo pecado mortal, que ultraja tanto a la Madre como al Hijo.

Violentarse para evitar el pecado.

Inscribirse en las cofradías, rezar los cinco o quince misterios del Rosario u otras oraciones, ayunar los sábados, etc.

Todas estas buenas obras son maravillosamente útiles para lograr la conversión de los pecadores, por endurecidos que estén. Y si tú, lector, fueras uno de ellos, aunque ya tuvieras un pie en el abismo... te las aconsejo, a condición de que las realices con la única intención de alcanzar de Dios, por intercesión de la Santísima Virgen, la gracia de la contrición y perdón de tus pecados y vencer tus hábitos malos y no para permanecer tranquilamente en estado de pecado, no obstante los remordimientos de la conciencia, el ejemplo de Jesucristo y de los santos y las máximas del Santo Evangelio.

5. Los devotos inconstantes

Los devotos inconstantes son los que honran a la Santísima Virgen a intervalos y como a saltos. Ahora fervorosos, ahora tibios... En un momento parecen dispuestos a emprenderlo todo por su servicio, poco después ya no son los mismos. Abrazan de momento todas las devociones a la Santísima Virgen y se inscriben en todas sus cofradías, pero luego no cumplen sus normas con fidelidad. Cambian como la luna. Y María los coloca debajo de sus pies junto a la medialuna, porque son volubles e indignos de ser contados entre los servidores de esta Virgen fiel, que se distinguen por la fidelidad y la constancia. Más vale no recargarse con tantas oraciones y prácticas devotas y hacer menos, pero con amor y fidelidad a pesar del mundo, del demonio y de la carne.

6. Los devotos hipócritas

Hay todavía otros falsos devotos de la Santísima Virgen: los devotos hipócritas. Encubren sus pecados y costumbres pecaminosas bajo el manto de esta Virgen fiel, a fin de pasar a los ojos de los demás por lo que no son. Los devotos hipócritas, a diferencia de los presuntuosos, quieren aparecer como santos ante los demás, ocultando sus pecados bajo la devoción a la Virgen. Los presuntuosos, en cambio, llevan una vida abiertamente pecaminosa que no les interesa ocultar ni cambiar. 

7. Los devotos interesados

Existen, finalmente, los devotos interesados. Son aquellos que sólo acuden a María para ganar algún pleito, evitar un peligro, curar de una enfermedad o por necesidades semejantes... sin las cuales no se acordarían de Ella. Es decir, no acuden a ella por amor sino por lo que Ella les puede dar, por las gracias y favores que les puede alcanzar. Son personas que siempre que oran están pidiendo y pidiendo, y no saben más que pedir, sin darse cuenta que ella misma es el regalo más precioso que Dios nos puede dar.

Unos y otros son falsos devotos, en nada aceptos a Dios ni a su Santísima Madre.

Pongamos, pues, suma atención a fin de no ser del número:

De los devotos críticos, que no creen en nada pero todo lo critican.

De los devotos escrupulosos, que temen ser demasiado devotos de la Santísima Virgen por respeto a Jesucristo.

De los devotos exteriores, que hacen consistir toda su devoción en prácticas exteriores.

De los devotos presuntuosos, que bajo el oropel de una falsa devoción a la Santísima Virgen, viven encenagados en el pecado y no buscan salir de él.

De los devotos inconstantes, que por ligereza cambian sus prácticas de devoción o las abandonan a la menor tentación.

De los devotos hipócritas, que entran en las cofradías y visten la librea de la Santísima Virgen, para hacerse pasar por santos.

Y finalmente de los devotos interesados, que sólo recurren a la Virgen, para librarse de males corporales o alcanzar bienes de este mundo.