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13 de marzo de 2026

Aparición de Nuestra Señora a Santa María Magdalena de Pazzi


 Traducido del sitio Un Minuto con María:

Santa María Magdalena de Pazzi (1566-1607) profesó como monja carmelita en el convento de Santa María degli Angeli en Florencia, Italia. Fue en esa época cuando comenzó a experimentar su primera serie de visiones místicas, conocidas como los "Cuarenta Días", que duraron hasta el 5 de julio de 1584.

Esos frecuentes éxtasis, ricos en significado teológico y simbólico, duraban entre dos y tres horas cada uno. También tuvo locuciones, estigmas, diversas visiones, una participación moral y física en la Pasión de Cristo y revelaciones centradas en el Cristo sufriente.

Ella escribió: "Vi a la Santísima Virgen en el Paraíso a la derecha de Jesús; ella parecía decirme con una sonrisa: 'No estás tomando en cuenta el don que recibiste el día que tomaste el velo'. Este don era la pureza de la Virgen que Jesús me había dado. Vi a la Virgen tan hermosa que no puedo expresarlo; vi que del seno de la Virgen María manaban dos fuentes, una de leche y otra de sangre. La fuente de leche manaba sobre todas las almas benditas del Paraíso. La fuente de sangre manaba sobre todas las criaturas.

También vi a la Virgen decir este versículo: 'Mi corazón se conmueve por un tema noble, mientras canto mi oda al rey'. (Salmos 45, 2); la palabra que sale de Ella es Jesús, a quien Ella trajo al mundo por nosotros. Y la Virgen le contó esta obra al Rey, es decir, al Padre Eterno: vi que ella era una fuente inmensa, con muchos chorros de agua que brotaban, esparciendo agua por todo el mundo y enviando corrientes de gracia».

Los Cuarenta Días
pag. 64-65 y 139
Y Diccionario de Apariciones
Padre Laurentin
Fayard
 2007







15 de febrero de 2026

Somos hermanos de Jesus porque Nuestra Señora escuchó su palabra y la puso en práctica

 

Del sitio El Evangelio del Día:

 La Virgen María fue obediente cuando dijo: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1,38). Eva, por el contrario, fue desobediente; desobedeció cuando todavía era virgen… De la misma manera, pues, que Eva desobedeciendo fue causa de muerte para ella misma y para todo el género humano, María, teniendo por esposo aquel que ya anteriormente le había sido destinado y siendo sin embargo virgen, obedeciendo llegó a ser causa de salvación para ella misma y para todo el género humano… Porque lo que ha sido atado no puede desatarse sino es deshaciendo, en sentido inverso, las argollas del nudo; de esta manera una primera atadura es desligada por una segunda, y la segunda no hace otro servicio que el de desligamiento con respecto a la primera.

Por eso el Señor dice que los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros. (Mateo 19,30) También el profeta hace la misma afirmación diciendo: “A cambio de tus padres tendrás hijos”(Salmos 44, 17). Porque el Señor, siendo “el primogénito de entre los muertos” y acogiendo en su seno a los padres antiguos, los hace renacer a la vida de Dios, siendo él mismo “el primero en todo” (Colosenses 1,18) porque Adán se hizo el primero de los muertos. Por eso Lucas comienza su genealogía por el Señor, para hacerla remontar desde Cristo hasta Adán (Lc 3,23s), indicando con ello que no son los padres los que han dado la vida al Señor, sino todo lo contrario, es él quien los ha hecho renacer a través del Evangelio de la vida. Así, de la misma manera, el nudo de la desobediencia de Eva ha sido desatado por la obediencia de María, porque lo que le virgen Eva había atado por su incredulidad, la Virgen María lo ha desatado por su fe. 

17 de agosto de 2025

Juan Pablo II y la Asunción de Nuestra Señora

 


Del sitio Píldoras de Fe:

La Asunción de la Virgen María (o la Asunción de la Virgen) es una doctrina de la Iglesia Católica que enseña que después de la muerte de la madre de Jesús, ella fue resucitada, glorificada y llevada corporalmente al cielo (es decir, física y espiritualmente), para vivir con Dios Padre, con su hijo (Jesucristo), con el Espíritu Santo, los Ángeles y todos los santos del Cielo por toda la eternidad.

La palabra asunción se toma de una palabra latina que significa "tomar". La Asunción de María es enseñada tanto por la Iglesia Católica, así como por la Iglesia Ortodoxa Oriental en menor grado.

Todos los seres humanos tenemos que esperar hasta el fin de los tiempos para nuestra resurrección corporal, pero el cuerpo de María fue capaz de ir directamente al cielo porque su alma no había sido contaminada por el pecado original (Inmaculada).

A continuación una hermosa reflexión de San Juan Pablo II sobre la Asunción de la Virgen María al Cielo que no debes perderte: "Apareció un gran signo en el cielo: una Mujer vestida del sol" (Apocalipsis 12, 1).

Hemos venido en peregrinación a este signo. Es la solemnidad de la Asunción al cielo: he aquí que el signo alcanza su plenitud. Una mujer vestida del sol de la inescrutable Divinidad, el sol de la impenetrable Trinidad.

"Llena de gracia": ella está llena del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que se dan a ella como único Dios, el Dios de la creación y de la revelación, el Dios de la alianza y de la redención, el Dios del principio y del fin. El Alfa y Omega. El Dios-Verdad, el Dios-Amor, el Dios-Gracia, el Dios-Santidad.

Una mujer vestida del sol. Realizamos hoy la peregrinación a este signo. Es el signo de la Asunción al cielo, que se realiza sobre la tierra, y al mismo tiempo se eleva partiendo de la tierra.

Nadie se ha sumergido como María en el corazón del misterio de la redención. Nadie como Ella puede acercar este misterio a nosotros. Ella se encuentra en el centro mismo del misterio.

Nos encontramos, en el día de la solemnidad de la Asunción de María al cielo, cuando la Iglesia proclama la gloria de su nacimiento definitivo para el cielo. Queremos participar en esta gloria, sobre todo mediante la liturgia. Se puede decir que la liturgia nos presenta la Asunción de María al cielo bajo tres aspectos.

1. La Visitación en la casa de Zacarías.

Santa Isabel dice: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre... Dichosa la que creyó que se cumplirían las cosas que le dijeron de parte del Señor" (Lucas 1,42.45)

María creyó en las palabras que le fueron dichas de parte del Señor, y acogió al Verbo que en ella se hizo carne, y que es el fruto de sus entrañas.

La redención se ha basado en la fe de María, ha estado vinculada a su fíat en el momento de la Anunciación; ha comenzado a realizarse por el hecho de que "el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros". (Cfr. Juan 1, 14).

Durante la Visitación, María, en el umbral de la casa hospitalaria de Zacarías y de Isabel, pronuncia una frase que se refiere al comienzo del misterio de la redención. Dice: "Hizo en mí grandes cosas el que es poderoso, y santo su nombre". (Lucas 1,49).

Esta frase, tomada del contexto de la Visitación, se inserta a través de la liturgia de hoy, en el contexto de la Asunción. Todo el Magníficat, pronunciado durante la Visitación, se convierte, a través de la liturgia de hoy, en el himno de la Asunción de María al cielo.

La Virgen de Nazaret pronunció estas palabras cuando, por obra suya, el Hijo de Dios iba a nacer sobre la tierra. Con qué fuerza las pronunciaría de nuevo cuando, por obra de su Hijo, ella misma iba a nacer para el cielo.

2. Segundo aspecto de la Asunción.

Se nos presenta en las palabras del Apóstol san Pablo tomadas de su primera carta a los Corintios. La Asunción de la Madre de Cristo al cielo forma parte de la victoria sobre la muerte, de esa victoria cuyo comienzo se encuentra en la resurrección de Cristo: "Cristo ha resucitado, primicia de todos los que han muerto". (1 Co 15, 20).

La muerte es la herencia del hombre después del pecado original: "Por Adán murieron todos". (1 Co 15, 22). La redención realizada por Cristo ha destruido esta herencia: "Por Cristo todos volverán a la vida; pero cada uno en su puesto: primero Cristo como primicia; después, cuando él vuelva, todos los de Cristo". (1 Co 15, 22-23).

¿Y quién pertenece más a Cristo que su Madre? ¿Quién ha sido más que ella rescatado por él? ¿Quién ha cooperado como ella a la propia redención, de forma más íntima, mediante su fíat en la Anunciación y su fíat al pie de la cruz?

Así pues, la victoria sobre la muerte experimentada por la Madre del Redentor, es decir, su Asunción al cielo, encuentra su fuente en el corazón mismo de la redención realizada con la cruz en el Calvario, en la potencia misma de la redención revelada en la resurrección (...).

3. Tercer aspecto de la Asunción

Aparece en las palabras del Salmo responsorial (...): toda radiante de gloria entra la hija del Rey; su vestido está tejido de oro; entra para ocupar su puesto al lado del trono del Rey: "¡Tu trono subsiste por siempre jamás! ¡Cetro de rectitud es tu cetro real!". (Salmo 45/44,7)

María, la Madre del Redentor, es la primera en participar de este reino de gloria y de unión con Dios en la eternidad. Su nacimiento para el cielo es el comienzo definitivo de la gloria que los hijos y las hijas de esta tierra alcanzarán en Dios mismo en virtud de la redención de Cristo (...)

María es la primera de los redimidos. Y en ella también ha comenzado ya la transformación de la historia del cosmos en el reino de Dios. Esto es lo que expresa el misterio de la Asunción al cielo: el nacimiento para el cielo con su alma y su cuerpo (...)

¡Hermosa Señora! ¡Mujer vestida del sol! Ayúdanos a penetrar en tu misterio:

El misterio de la Virgen Madre, el misterio de la Reina Esclava, el misterio de tu omnipotencia suplicante. Ayúdanos a descubrir cada vez más plenamente en tu misterio a Cristo, Redentor del mundo, Redentor del hombre.

Tú que estás vestida del sol, el sol de la inescrutable Divinidad, el sol de la impenetrable Trinidad. "Llena de gracia" hasta el vértice de la Asunción al cielo. Y al mismo tiempo, para nosotros que vivimos en esta tierra, para nosotros, pobres hijos de Eva, en el destierro, estás vestida del sol de Cristo (...), del sol de la Redención del hombre y del mundo, realizada mediante la cruz y la resurrección de tu Hijo.

Haz que este sol resplandezca sin cesar para nosotros en la tierra. Haz que no se oscurezca nunca en el alma de los hombres. Haz que ilumine los caminos terrenos de la Iglesia, de la que tú eres la primera figura. Y que la Iglesia, fijando su mirada en ti, Madre del Redentor, aprenda continuamente ella misma a ser madre (...).

30 de marzo de 2025

El saludo de la Anunciación a Nuestra Señora

 

Del sitio En búsqueda del sentido:

Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia, nos dejó un comentario sobre la primera parte del Ave María (el saludo del ángel a María), titulado Muy piadosa exposición del saludo angélico.

Santo Tomás insiste en el carácter inaudito del saludo angélico: "Es inaudito que un ángel se incline ante un hombre, antes de haber saludado a la Virgen bendita, diciendo: 'Salve'".

De hecho, el ángel está más arriba en la jerarquía de los seres creados por Dios: es una criatura espiritual e incorruptible. Familiarizado con el Altísimo, el ángel es infinitamente superior al hombre: "No convenía que la criatura espiritual e incorruptible reverenciase a la criatura corruptible, es decir, al hombre".

Este argumento implica que hubo una criatura superior a los ángeles: "Y esta criatura era la Virgen bendita. Y fue para demostrar que en estos tres puntos era superior a él por lo que quiso reverenciarla; y esto le hizo decir: 'Dios te salve'".

Santo Tomás explica que la Virgen María supera a los ángeles en tres aspectos:

Primero, en la plenitud de la gracia: "Fue para insinuar esto que el ángel se inclinó ante Ella, diciendo: 'Llena eres de gracia', como diciendo te venero, porque tú prevaleces sobre mí en la plenitud de la gracia».

Luego porque ella prevalece en familiaridad con Dios sobre los ángeles: El ángel dijo: "El Señor está contigo", como si dijera: "Te venero porque estás más familiarizada con Dios que yo, pues el Señor está contigo". "El Señor", dijo, “está con Ella como su padre; tienen el mismo Hijo, que ningún ángel o criatura tuvo”.

Por último, porque ella supera a los ángeles en pureza: "No sólo era pura en sí misma, sino que también procuraba la pureza a los demás. En efecto, fue muy pura en cuanto al pecado, porque, siendo virgen, no cometió ni pecado mortal ni venial; asimismo fue pura en cuanto al castigo".

Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia, comenta la expresión "llena de gracia" utilizada por el ángel Gabriel en la Exposición piadosísima de la salutación angélica. 

La enseñanza de Santo Tomás de Aquino se divide en tres partes:

  • María es completamente victoriosa sobre el pecado porque está llena de gracia.

  • María se convierte en madre de Dios por la plenitud de gracia que habita en ella.

  • María intercede eficazmente por toda la humanidad precisamente porque es infinitamente rica en gracia.

María está llena de gracia en su alma: "En efecto, Dios da la gracia para dos cosas, a saber, para hacer el bien y para evitar el mal; y, con respecto a estas dos cosas, la Santísima Virgen tuvo la gracia más perfecta" [...] "La Santísima Virgen llegó a practicar todas las virtudes de un modo perfecto; en cuanto a los demás santos, practicaron algunas de un modo más especial; uno las practicó especialmente. [En cuanto a los demás santos, practicaban algunas de ellas de modo más especial; uno practicaba sobre todo la humildad, otro la castidad, otro la misericordia; esto es lo que hace de ellos modelos de virtudes particulares: así el beato Nicolás es modelo de misericordia, etc. Pero la Santísima Virgen, que era santa, no practicaba todas las virtudes de modo perfecto; practicaba algunas de ellas de modo más especial; uno practicaba sobre todo la humildad, otro la castidad, otro la misericordia; esto es lo que hace de ellos modelos de virtudes particulares. Pero la Santísima Virgen es modelo de todas las virtudes, porque en Ella encontraréis un modelo de humildad. Está escrito en San Lucas, capítulo I: 'He aquí la esclava del Señor' y más adelante: 'Miró la humildad de su esclava'. Ella es modelo de castidad: 'No he conocido varón'; es, como es fácil ver, modelo de todas las virtudes. Por eso está llena de gracia, tanto para hacer el bien como para evitar el mal".

María, Madre de Dios. La gracia de la que se benefició el alma de María fluyó hacia su cuerpo. 

El alma de la Santísima Virgen estaba tan llena de ella que se derramó en su carne, hasta el punto de que, de esa misma carne, concibió al Hijo de Dios, lo que llevó a Hugues de Saint-Victor a decir: "Porque el amor del Espíritu Santo ardía en su corazón, obró maravillas en su carne, de modo que de ella nació un Dios-hombre".

La plenitud de la gracia de María se derrama sobre la humanidad: "Es mucho para cada santo tener la gracia suficiente para bastar a la salvación de varios hombres; pero tener la suficiente para la salvación de todos los hombres, eso es inmenso; y eso es lo que hay en Jesucristo y en la Virgen bendita. En toda clase de peligros puedes obtener la salvación de la Virgen gloriosa. Por eso se dice en el libro de los Cánticos, capítulo IV: 'Mil escudos, es decir, mil remedios están colgados contra los peligros, etc.'. Del mismo modo puedes tenerla como apoyo en toda obra de virtud; y esto es lo que le hace decir en el Eclesiástico, capítulo XXIV: 'En mí está toda esperanza de vida y virtud'».

"Tres maldiciones fueron pronunciadas contra los hombres a causa del pecado original en el Génesis:

La primera fue pronunciada contra la mujer: que concebiría en corrupción, que su gestación sería dolorosa y que daría a luz con dolor. Pero la Virgen bendita no fue objeto de esta maldición, porque concibió sin ningún tipo de corrupción, su gestación estuvo llena de consuelo y dio a luz al Salvador con alegría. Se dice en Isaías (Is. 35): 'Brotará y germinará en efusión de alegría y alabanza'.

La segunda fue pronunciada contra el hombre, que comería el pan con el sudor de su frente. La Virgen bendita estaba exenta de esta maldición, porque, como dice el Apóstol (Corintios, 7): 'Las vírgenes están libres de las preocupaciones del mundo, sólo se ocupan del servicio de Dios.'

La tercera era común al hombre y a la mujer, que se convertirían en polvo; y la bienaventurada Virgen fue preservada de esto, porque fue llevada con su cuerpo al cielo. Se dice (Salmos 131, 8): 'Levántate, Señor, para entrar en tu reposo, tú y el arca donde brilla tu santidad'.

Por eso estaba exenta de toda maldición, y por eso fue bendecida por encima de todas las mujeres, porque fue Ella quien levantó la maldición, trajo la bendición, abrió la puerta del paraíso, y, además, el nombre de María, que significa estrella del mar, le viene bien, porque como la estrella del mar conduce a los marineros al puerto, así María conduce a los cristianos a la gloria.»