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5 de abril de 2026

¿Se apareció Jesús Resucitado a Nuestra Señora?

 

Del sitio Fundación Cari Filii:

Muchas procesiones de Domingo de Pascua y de Lunes Santo, muchas tradiciones populares y grandes obras de la Historia del Arte recogen la escena del encuentro entre Jesús Resucitado y la Virgen María.

Los Evangelios no recogen esa escena ni tampoco los otros textos del Nuevo Testamento. La Iglesia no enseña oficialmente que tal cosa pasara en vida de María.

Pero la devoción popular y la imaginación de los artistas siempre han querido imaginar la escena, igual que muchos cristianos que han perdido a seres queridos pueden encontrar alegría y consuelo imaginando el reencuentro con ellos en el Cielo, ante la presencia de Dios.

Muchos teólogos han escrito sobre esta posibilidad. El sacerdote y teólogo agustino recoleto Donato Jiménez Sanz escribió hace unos años: "¿Qué añade esta aparición de Jesús a su Madre? Nada en lo esencial. O sí. Es bueno caer en la cuenta de que las acciones de Dios discurren muchas veces fuera del carril meticuloso que fabrican los hombres. Y que los más sabrosos secretos de Dios quedan ocultos a los ojos de los humanos. Es la teología de lo escondido que tanto inculca Jesús y que S. Mateo coloca como principio de santidad auténtica". Y añade: "Es, pues, justo y natural, es teológico, pensar que Jesús dio 'por añadidura' este gozo a su Madre".

Algunos santos que reflexionaron sobre ello

Jiménez Sanz cita algunos santos que hablan de esa posible aparición de Cristo a su madre la Virgen María, aunque los más antiguos (San Ambrosio, San Paulino de Nola) son autores del siglo IV. En la Edad Media la defendían San Alberto Magno y San Bernardino de Siena. Ya en el siglo XVI hablan de ella San Lorenzo de Brindisi y San Ignacio de Loyola, que en sus Ejercicios escribe: "Primero: apareció a la Virgen María, lo cual, aunque no se diga en la Escritura, se tiene por dicho en decir que apareció a tantos otros; porque la Escritura supone que tenemos entendimiento como está escrito".

Incluso en nuestros días hay teólogos y teólogas más o menos modernistas que por afán feminista están dispuestos a asegurar que Jesús se debió aparecer a María antes que a nadie más (y que una iglesia machista y molesta debió esconder tal hecho).

En España, y en lengua española, una de las visualizaciones más detalladas y difundidas de ese reencuentro se puede leer en la Mística Ciudad de Dios, la famosa obra escrita por la venerable y religiosa concepcionista Sor María de Jesús de Ágreda (1602-1665), en su célebre obra Mística Ciudad de Dios publicada en 1670. Recogemos dos fragmentos de su obra que describen escenas ligadas a la Resurrección de Jesús y a la Virgen María.

“Y en el mismo instante que el alma santísima de Cristo entró en su cuerpo y le dio vida, correspondió en el de la purísima Madre la comunicación del gozo, que […] estaba detenido en su alma santísima y como represado en ella aguardando la resurrección de su Hijo santísimo. Y fue tan excelente este beneficio, que la dejó toda transformada de la pena en gozo, de la tristeza en alegría y de dolor en inefable júbilo y descanso".

"Sucedió que en aquella ocasión el Evangelista San Juan fue a visitarla, como el día de antes lo había hecho, para consolarla en su amarga soledad, y encontróla repentinamente llena de resplandor y señales de gloria a la que antes apenas conocía por su tristeza. Admiróse el Santo Apóstol y, habiéndola mirado con grande reverencia, juzgó que ya el Señor sería resucitado, pues la divina Madre estaba renovada en alegría”.

"Estando así prevenida María santísima, entró Cristo nuestro Salvador resucitado y glorioso, acompañado de todos los Santos y Patriarcas. Postróse en tierra la siempre humilde Reina y adoró a su Hijo santísimo, y Su Majestad la levantó y llegó a sí mismo. Y con este contacto —mayor que el que pedía la Magdalena de la humanidad y llagas santísimas de Cristo— recibió la Madre Virgen un extraordinario favor, que sola ella le mereció, como exenta de la ley del pecado. Y aunque no fue el mayor de los favores que tuvo en esta ocasión, con todo eso no pudiera recibirle si no fuera confortada de los Ángeles y por el mismo Señor para que sus potencias no desfallecieran".

"El beneficio fue que el glorioso cuerpo del Hijo encerró en sí mismo al de su purísima Madre, penetrándose con ella o penetrándole consigo, como si un globo de cristal tuviera dentro de sí al sol, que todo lo llenara de resplandores y hermoseara con su luz. Así quedó el cuerpo de María santísima unido al de su Hijo por medio de aquel divinísimo contacto, que fue como puerta para entrar a conocer la gloria del alma y cuerpo santísimo del mismo Señor. Y por estos favores, como por grados de inefables dones, fue ascendiendo el espíritu de la gran Señora a la noticia de ocultísimos sacramentos. Y estando en ellos oyó una voz que le decía: Amiga, asciende más alto (Lucas 14, 10)".

"Y en virtud de esta voz quedó del todo transformada y vio la divinidad intuitiva y claramente, donde halló el descanso y el premio, aunque de paso, de todos sus trabajos y dolores. Forzoso es aquí el silencio, donde de todo punto faltan las razones y el talento para decir lo que pasó a María santísima en esta visión beatífica, que fue la más alta y divina que hasta entonces había tenido. Celebremos este día con admiración de alabanza, con parabienes, con amor y humildes gracias de lo que nos mereció y ella gozó y fue ensalzada".

Estas escenas y reflexiones han despertado la imaginación de pintores y artistas cristianos de todas las épocas.

 

8 de marzo de 2024

Nuestra Señora Santa María de los Milagros de San Celso

Del sitio Santuario di Santa Maria dei Miracoli e San Celso:

El santuario de Santa María de los Milagros de San Celso se encuentra en un lugar sagrado. Desde los primeros años del cristianismo fue santificado por el martirio de dos santos de los que San Ambrosio era muy devoto: los santos Nazareno y Celso. Hay poca información cierta sobre estos dos santos y muchas leyendas. De San Nazareno sabemos que fue uno de los grandes predicadores laicos, numeroso en los inicios del cristianismo, y que por esta misión dio testimonio de Dios con su martirio, sufrido en Milán durante la persecución de Nerón.

De San Celso sabemos con certeza que tenía entre 18 y 21 años, que estaba en Milán para el servicio militar y que, en Milán, sufrió el martirio por la fe, durante la persecución de Nerón. Su yuxtaposición con San Nazareno parece deberse únicamente a estos tres hechos: sufrieron el martirio al mismo tiempo, fueron enterrados en el mismo lugar y San Ambrosio los encontró juntos el mismo día. En efecto, el santo, siguiendo una piadosa tradición o tal vez una inspiración, encontró a los dos mártires en este lugar el 10 de mayo del año 396, el año anterior a su muerte.

El cuerpo de San Nazareno lo hizo transportar a la entonces llamada Basílica de los Santos Apóstoles, en Corso di Porta Romana, San Celso en cambio lo dejó en el lugar, en una pequeña iglesia dedicada a él.

Luego, para que el suelo que había albergado los cuerpos de los mártires tuviera un signo sagrado, mandó construir un nicho con la imagen de Nuestra Señora, protegida por una reja, semejante a los muchos sagrarios con que la humilde fe de nuestros padres adornó nuestros campos y montañas.

24 de diciembre de 2023

San José jamás dudó de la fidelidad de Nuestra Señora

Del sitio Gaudium Press:

Ya es bien sabido que San José y la Virgen habían decidido vivir en castidad perfecta, como hermanos.

Dice la Escritura que cuando Ella alega su virginidad al ángel Gabriel (“¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”), ya estaba “desposada con un hombre llamado José, de la casa de David”. Si los dos esposos, que ya estaban unidos en vínculo jurídico, no hubieran hecho promesa de castidad perfecta, no se explicarían las palabras de Nuestra Señora al Ángel, pues estas lo que quieren decir es que la Pura y sin mancha no conoce ni conocerá varón –ni siquiera su ya entonces esposo– con cuyo concurso procrearía un hijo, algo que tampoco podía decidir Ella sola sino en concierto con José.

Pero el tema de estas líneas es la “duda” de San José, resumida en San Mateo, lectura evangélica que escuchamos en la liturgia:

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo»”. (Mt 1, 18-20)

Rápidamente –y este es el camino de autores de la talla de San Ambrosio, San Juan Crisóstomo y San Agustín– algunos interpretan estos textos defendiendo “la tesis de que San José se inquietó porque, al no haber mantenido relación alguna con María Santísima, sospechó que había concebido de otro hombre”.

Sin embargo, como bien muestra Mons. João Clá en varias de sus obras, no son pocos los autores, de la talla de Suárez, San Jerónimo y él mismo, que defienden una tesis bien diversa, la cual eleva aún más a los ojos de sus devotos la figura del patriarca San José.

¿San José, dudar de la fidelidad a Dios y a él de Aquella que todos los días percibía más como un ángel que como una criatura humana? ¿De aquella que día tras día contemplaba en su resplandor Inmaculado, y en quien ya había depositado la confianza de su propia castidad? Algo no cuadra…

Si San José hubiera dudado de la fidelidad de Nuestra Señora, afirma San Jerónimo, él “no sería el varón justo del que habla San Mateo, pues ocultando lo que consideraba un crimen, habría cometido una falta que podría haber sido hasta grave”: San José no denunciando, podría estarse convirtiendo en cómplice de un delito, y esto no condice con la santidad de San José.

De hecho, Ella “le dio tales muestras de una virtud fuera de lo común, y se reveló tan angélica y extraordinaria, que si hubiese aventurado cualquier sospecha sobre Ella, habría cometido un juicio temerario inaceptable”. 

Realmente, el juicio de San José sobre todas las cosas, y por tanto también sobre María Santísima, no era el de un hombre común, ni siquiera el del más inteligente de los hombres, sino el del mayor de los meros varones concebidos de mujer.

No había gracia que Dios le hubiese dado a un santo que no le haya dado a San José, y por esto San José, que fue “concebido en gracia” –es decir libre de la mancha original– y que “gozaba del carisma de discernimiento de los espíritus y del don de sabiduría con una plenitud inigualable”, con los cuales “penetró a fondo en el alma de su virginal Esposa”, no tuvo la “menor vacilación respecto a la total inocencia de esta Dama Virginal” y “manifestó una fe inquebrantable ante lo incomprensible, por lo que una hipótesis como ésta [la infidelidad de la Virgen] jamás se configuró en su mente. Él confiaba en su angélica Esposa, y, en consecuencia, estaba seguro de que no había ocurrido absolutamente nada que permitiera poner en duda la pureza virginal de María Santísima”, expresa Mons. João Clá.

Como afirma el reputado Jourdain, “bien sabía él [San José] cuán admirable era la virtud de María, y a pesar de la evidencia exterior de los hechos, no podía creer que Ella fuera culpable”.

Pero entonces, ¿por qué quería huir?

Porque en su espíritu sí se fue formando con el pasar de los días al lado de su Inmaculada Esposa la certeza de que la Virgen sería la Madre del Mesías, de que en Ella se cumplía la profecía de Isaías: “la virgen está encinta y da a luz un hijo” (7, 14). Y entonces, José “se sintió asaltado por la convicción de no ser digno de permanecer junto a Ella. ¿Quizá la elección del esposo de la Virgen Purísima no fue perfecta, y debería haber sido llamado otro para ocupar su lugar? El matrimonio, no obstante, en todo era válido y no había vuelta atrás. ¿Qué pensar? Se configuraba por entero una noción que había ido tomando cuerpo desde el momento en que había conocido a la Santísima Virgen: la de no estar a su altura. Su Esposa iba a dar a luz a un Hijo por acción exclusiva de Dios, y él sobraba en aquel conjunto”, dice Mons. João Clá.

Como su Santa Esposa, a pesar de las evidencias, permanecía en silencio, pues sabía que Dios quería probar la confianza de su virginal esposo, éste juzgaba que había en este silencio una señal de que el Altísimo, que para San José era representado por Ella, no lo quería allí”, continúa.

Lo mismo afirma Jourdain, que representa así “una corriente de autores”: “la inquietud de José se originó por su humildad: según ellos [los diversos autores], José quería apartarse de María porque se juzgaba indigno de vivir en compañía de una Virgen tan santa. Él reconocía en Aquella que había tomado por esposa, a la mujer anunciada por los profetas, la Virgen que Dios había escogido para ser la Madre de su Hijo único. Y creía que no le estaba permitido habitar junto a Ella”.

Que San José no tuvo sospecha de la Virgen, lo afirma también un exégeta como el P. Salmerón, quien expresa que “el Ángel le dijo a José: ‘No temas recibir a María por Esposa’. Y no: ‘No sospeches’. Esto es lo que le habría dicho si José, en su espíritu, hubiera sospechado de adulterio. Por el contrario, lleno de temor reverencial, no tuvo ninguna sospecha al aceptar a su Esposa”.

Es también Salmerón quien afirma que “muchos opinan que el santo humilde José no desconocía el misterio de la concepción del Hijo de Dios, sino que a causa de su modestia se consideraba indigno de tanto honor y del consorcio con la Virgen, en razón del honor y reverencia debidas a Ella, así como por deber de justicia. Cuando el Verbo se encarnó, pensó en dejarla, recordando lo que a Moisés le había sido dicho: ‘No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado’ (Éx 3)”.

La duda fue pues, en su dignidad. Duda totalmente disipada por el Ángel, quien tras manifestarle el misterio de la Encarnación, enseguida reconoció su autoridad paterna al ordenarle que fuera él quien le diera nombre al Hijo de Dios hecho carne.

Saúl Castiblanco

1 de abril de 2023

Devoción de los Cinco Primeros Sabados a Nuestra Señora (Cuarto Sábado)

Del sitio Centenaire des apparitions de Fátima:

Fue durante la aparición del 13 de julio de 1917 cuando la Virgen habló por primera vez de los primeros sábados de mes, revelando a los pequeños videntes: "Vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión Reparadora los primeros sábados de mes".

Nótese que la Virgen habla de los primeros sábados de mes de manera general, sin especificar el número. No fue hasta el 10 de diciembre de 1925, en Pontevedra, cuando lo hizo. He aquí las palabras de Nuestra Señora que Sor Lucía escuchó aquel día (tomadas de una carta a su confesor, el Padre Aparicio

"Mira, hija mía, mi Corazón rodeado de las espinas que los hombres me clavan a cada instante con sus blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, intentas consolarme y dices que todos los que,
    - durante cinco meses, el primer sábado,
    - se confesará,
    - recibir la Sagrada Comunión,
    - rezará un rosario
    - y hazme compañía durante quince minutos, meditando los quince misterios del Rosario
    - en un espíritu de reparación,
Prometo asistirles en la hora de la muerte, con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas."

Dos meses más tarde, el 15 de febrero de 1926, el Niño Jesús se apareció a Sor Lucía y suavizó las condiciones impuestas por Nuestra Señora. He aquí un extracto del diálogo entre ambos (tomado de una carta a Monseñor Pereira Lopès, uno de sus antiguos confesores):

" - Mi confesor decía en su carta que esta devoción no faltaba en el mundo, porque ya había muchas almas que Te recibían cada primer sábado, en honor de Nuestra Señora y de los quince misterios del Rosario.
 - Es verdad, hija mía, que muchas almas comienzan, pero pocas llegan hasta el final, y las que perseveran lo hacen para recibir las gracias prometidas. Las almas que hacen los cinco primeros sábados con fervor y con el fin de reparar al Corazón de vuestra Madre celestial me agradan más que las que hacen quince, tibias e indiferentes.
- ¡Jesús mío! A muchas almas les resulta difícil confesarse los sábados. ¿Y si permitiera que la confesión en ocho días fuera válida?
 - Sí, puede hacerse incluso después, con tal de que las almas estén en estado de gracia el primer sábado en que me reciban, y que, en esta confesión previa, se propongan hacer reparación al Sagrado Corazón de María.
- ¡Jesús mío! ¿Y los que olvidan hacer esta intención?
- Pueden hacerlo en la siguiente confesión, aprovechando la primera oportunidad que tengan para confesarse."

Cuatro años más tarde, el padre Gonçalvès, que había sustituido al padre Aparicio como confesor, pidió a sor Lucía que respondiera por escrito a cinco preguntas sobre la devoción de los primeros sábados de mes. He aquí sus respuestas (extracto de la carta enviada al Padre González):
1. ¿Cuándo? 10 de diciembre de 1925.
¿Cómo se hizo? Por una aparición de Nuestro Señor y de la Santísima Virgen que me mostró su Corazón Inmaculado rodeado de espinas y pidiendo reparación.
¿Dónde? En Pontevedra (Pasaje Isabel II). La primera aparición (tuvo lugar) en mi habitación, la segunda cerca de la puerta del jardín donde estaba trabajando.

2. ¿Los requisitos?
Durante cinco meses, el primer sábado, comulgar, rezar el Rosario, hacer compañía a la Virgen durante quince minutos, meditando los misterios del Rosario, y confesarse con la misma intención. La confesión puede hacerse otro día, siempre que se esté en estado de gracia al recibir la Sagrada Comunión.

3. Beneficios o promesas.
"A las almas que me pidan reparación de este modo (dice la Virgen), les prometo asistirlas en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación."

4. ¿Por qué cinco sábados y no nueve, o siete, en honor de los dolores de Nuestra Señora?
Estando en la capilla con Nuestro Señor parte de la noche del 29 al 30 de este mes de mayo de 1930, y hablando con Nuestro Señor sobre las preguntas cuarta y quinta, me sentí de pronto más íntimamente poseído por la presencia divina y, si no me equivoco, he aquí lo que me fue revelado:    "Hija mía, la razón es simple. Hay cinco clases de ofensas y blasfemias contra el Inmaculado Corazón de María:
    1) blasfemias contra la Inmaculada Concepción,
    2) blasfemias contra su virginidad,
    3) blasfemias contra su maternidad divina, negándose al mismo tiempo a reconocerla como Madre de los hombres,
    4) las blasfemias de quienes públicamente pretenden poner indiferencia o desprecio, o incluso odio, en el corazón de los niños hacia esta Madre Inmaculada,
    5) las ofensas de los que la ofenden directamente en sus santas imágenes.
 Esta es, hija mía, la razón por la que el Inmaculado Corazón de María me ha inspirado pedir esta pequeña reparación y, en consideración a ella, mover mi misericordia a perdonar a las almas que han tenido la desgracia de ofenderla. En cuanto a ti, procura sin cesar, con tus oraciones y tus sacrificios, mover mi misericordia hacia estas pobres almas."

 5. Los que no pueden cumplir las condiciones el sábado, ¿no pueden cumplirlas el domingo?
"También se aceptará la práctica de esta devoción el domingo siguiente al primer sábado, cuando mis sacerdotes, por justas razones, lo permitan a las almas."

Para comprender la finalidad de los primeros sábados de mes, es importante tener en cuenta los siguientes puntos.

En la respuesta a la cuarta pregunta, Nuestro Señor dice a Sor Lucía que es Él quien pide esta devoción: "... el Inmaculado Corazón de María Me ha inspirado pedir esta pequeña reparación y, en consideración a Ella, mover Mi misericordia".

Si la posibilidad de elegir un día distinto del primer sábado para confesarse se deja a la libre voluntad de cada persona, la posibilidad de recibir la Sagrada Comunión al día siguiente sólo puede ser concedida por un sacerdote. Sin embargo, está claro que se trata sólo de excepciones: la regla general establecida por el Cielo es confesar y comulgar el sábado. Para hacerlo otro día, debe haber un impedimento real.

El punto más importante, aquel del que esta devoción extrae toda su eficacia, es la voluntad de reparar los ultrajes sufridos por la Virgen por parte de los pecadores. Este es uno de los puntos esenciales del mensaje de Fátima: reparar las ofensas cometidas contra los santos corazones de Jesús y de María. En octubre de 1928, en una carta a su obispo, Mons. da Silva, Sor Lucía escribió:

"El buen Dios, en su infinita misericordia, se queja de que ya no puede soportar las ofensas cometidas contra la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen. Dice que a causa de este pecado, un gran número de almas caen en el infierno, y promete salvarlas, en la medida en que se practique la siguiente devoción [los primeros sábados de mes], con la intención de hacer reparación al Corazón Inmaculado de nuestra Santísima Madre."

Sor Lucía también confió al Padre Aparicio (carta del 19 de marzo de 1939):

"De la práctica de esta devoción, unida a la consagración al Corazón Inmaculado de María, depende para el mundo la paz o la guerra. Por eso he deseado tanto su propagación; y sobre todo porque es la voluntad de nuestro buen Dios y de nuestra querida Madre del Cielo."

Más tarde, Sor Lucía nos indicó que debíamos practicar esta devoción todos los primeros sábados de mes, porque cada vez podríamos obtener la conversión de un mayor número de pecadores:

"Así hago las meditaciones sobre los misterios del Rosario los primeros sábados. Primer misterio: la Anunciación del ángel Gabriel a Nuestra Señora (...)" 

"En el segundo mes, medito sobre el segundo misterio gozoso. En el tercer mes medito en el tercero y así sucesivamente, siguiendo el mismo método de meditación. Cuando he terminado estos cinco primeros sábados, empiezo otros cinco y medito los misterios dolorosos, luego los gloriosos y, cuando los he terminado, empiezo de nuevo los gozosos".

Esta precisión de Sor Lucía indica claramente que esta devoción debe realizarse todos los primeros sábados de mes y no sólo cinco veces, porque esta práctica es sobre todo para salvar almas. Este es el sentido de la primera petición de la Virgen el 13 de julio de 1917: "Vendré a pedir (...) la Comunión Reparadora los primeros sábados de mes".

La práctica de cinco sábados sucesivos concede una gracia adicional, la de la asistencia de Nuestra Señora en el momento de nuestra muerte. Pero no debemos confundir la práctica general con la gracia adicional concedida a quienes lo hacen los cinco primeros sábados seguidos. Esta gracia extraordinaria es sobre todo una señal de que el Cielo concede gran importancia a esta devoción.

MEDITACIÓN PARA EL CUARTO SÁBADO

JUAN PABLO II

 Miércoles 9 de julio de 1997

LA ASUNCIÓN DE MARÍA EN LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA

1. La perenne y concorde tradición de la Iglesia muestra cómo la Asunción de María forma parte del designio divino y se fundamenta en la singular participación de María en la misión de su Hijo. Ya durante el primer milenio los autores sagrados se expresaban en este sentido.
Algunos testimonios, en verdad apenas esbozados, se encuentran en san Ambrosio, san Epifanio y Timoteo de Jerusalén. San Germán de Constantinopla († 733) pone en labios de Jesús, que se prepara para llevar a su Madre al cielo, estas palabras: «Es necesario que donde yo esté, estés también tú, madre inseparable de tu Hijo...» (Hom. 3 in Dormitionem: PG 98, 360).
Además, la misma tradición eclesial ve en la maternidad divina la razón fundamental de la Asunción.
Encontramos un indicio interesante de esta convicción en un relato apócrifo del siglo V, atribuido al pseudo Melitón. El autor imagina que Cristo pregunta a Pedro y a los Apóstoles qué destino merece María, y ellos le dan esta respuesta: "Señor, elegiste a tu esclava, para que se convierta en tu morada inmaculada (...). Por tanto, dado que, después de haber vencido a la muerte, reinas en la gloria, a tus siervos nos ha parecido justo que resucites el cuerpo de tu madre y la lleves contigo, dichosa, al cielo» (De transitu V. Mariae, 16: PG 5, 1.238).
Por consiguiente, se puede afirmar que la maternidad divina, que hizo del cuerpo de María la morada inmaculada del Señor, funda su destino glorioso.

2. San Germán, en un texto lleno de poesía, sostiene que el afecto de Jesús a su Madre exige que María se vuelva a unir con su Hijo divino en el cielo: «Como un niño busca y desea la presencia de su madre, y como una madre quiere vivir en compañía de su hijo, así también era conveniente que tú, de cuyo amor materno a tu Hijo y Dios no cabe duda alguna, volvieras a él. ¿Y no era conveniente que, de cualquier modo, este Dios que sentía por ti un amor verdaderamente filial, te tomara consigo?» (Hom. 1 in Dormitionem: PG 98, 347). En otro texto, el venerable autor integra el aspecto privado de la relación entre Cristo y María con la dimensión salvífica de la maternidad, sosteniendo que: "Era necesario que la madre de la Vida compartiera la morada de la Vida" (ib.: PG 98, 348).

3. Según algunos Padres de la Iglesia, otro argumento en que se funda el privilegio de la Asunción se deduce de la participación de María en la obra de la redención. San Juan Damasceno subraya la relación entre la participación en la Pasión y el destino glorioso: "Era necesario que aquella que había visto a su Hijo en la cruz y recibido en pleno corazón la espada del dolor (...) contemplara a ese Hijo suyo sentado a la diestra del Padre" (Hom. 2: PG 96, 741). A la luz del misterio pascual, de modo particularmente claro se ve la oportunidad de que, junto con el Hijo, también la Madre fuera glorificada después de la muerte.
El concilio Vaticano II, recordando en la constitución dogmática sobre la Iglesia el misterio de la Asunción, atrae la atención hacia elprivilegio de la Inmaculada Concepción: precisamente porque fue"preservada libre de toda mancha de pecado original" (Lumen gentium, 59), María no podía permanecer como los demás hombres en el estado de muerte hasta el fin del mundo. La ausencia del pecado original y la santidad, perfecta ya desde el primer instante de su existencia, exigían para la Madre de Dios la plena glorificación de su alma y de su cuerpo.

4. Contemplando el misterio de la Asunción de la Virgen, es posible comprender el plan de la Providencia divina con respecto a la humanidad: después de Cristo, Verbo encarnado, María es la primera criatura humana que realiza el ideal escatológico, anticipando la plenitud de la felicidad, prometida a los elegidos mediante la
resurrección de los cuerpos. En la Asunción de la Virgen podemos ver también la voluntad divina de promover a la mujer.
Como había sucedido en el origen del género humano y de la historia de la salvación, en el proyecto de Dios el ideal escatológico no debía revelarse en una persona, sino en una pareja. Por eso, en la gloria celestial, al lado de Cristo resucitado hay una mujer resucitada, María: el nuevo Adán y la nueva Eva, primicias de la resurrección general de los cuerpos de toda la humanidad.
Ciertamente, la condición escatológica de Cristo y la de María no se han de poner en el mismo nivel. María, nueva Eva, recibió de Cristo, nuevo Adán, la plenitud de gracia y de gloria celestial, habiendo sido resucitada mediante el Espíritu Santo por el poder soberano del Hijo.

5. Estas reflexiones, aunque sean breves, nos permiten poner de relieve que la Asunción de María manifiesta la nobleza y la dignidad del cuerpo humano.
Frente a la profanación y al envilecimiento a los que la sociedad moderna somete frecuentemente, en particular, el cuerpo femenino, el misterio de la Asunción proclama el destino sobrenatural y la dignidad de todo cuerpo humano, llamado por el Señor a transformarse en instrumento de santidad y a participar en su gloria.
María entró en la gloria, porque acogió al Hijo de Dios en su seno virginal y en su corazón. Contemplándola, el cristiano aprende a descubrir el valor de su cuerpo y a custodiarlo como templo de Dios, en espera de la resurrección. La Asunción, privilegio concedido a la Madre de Dios, representa así un inmenso valor para la vida y el destino de la humanidad

8 de diciembre de 2022

Nuestra Señora Inmaculada y el Hijo

 Del sitio Enciclopedia Hispano Católica Universal:

El fundamento principal de la Inmaculada Concepción es la Maternidad Divina. “Por el honor del Señor”, como decía San Agustín, ¿cómo debía ser la Madre de Dios? ¿Quién puede imaginar la santidad que debía tener Aquélla que llevaría en su propio vientre a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad y apretaría contra su pecho al Santo de Dios? ¿Aquélla cuyo cuerpo virginal sería como “la Ciudad Santa” donde habitaría por nueve meses, y su Corazón Inmaculado el Tabernáculo donde reinaría siempre?

Sabemos que para todo es necesario prepararse, que Dios guía nuestra vida con infinita sabiduría y bondad y que, como enseña Santo Tomás, “a las personas que Dios elige para una misión las prepara y dispone de modo que sean idóneas para desempeñarla”, concediéndoles la gracia necesaria para la vocación a la cual las llama. La Inmaculada Concepción es esa preparación radical que María necesitaba, desde el inicio mismo de su vida, para poder convertirse en la Madre de Dios.

Al preservar a María de contraer el pecado original y llenarla de gracia santificante desde el primer instante de su vida, Dios le concedió la plenitud de gracia y pureza que Ella necesitaba para cumplir con su excelsa misión. Sólo así podía “abrazar de todo corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios” y “consagrarse totalmente como esclava del Señor a la Persona y a la obra de su Hijo(LG 56).

Cristo, el único Hijo que es el Creador de Su Madre, se la escogió y preparó Él mismo como quiso. “La Sabiduría se construyó su casa” (Prov.9,1). ¿Cómo se la construiría este Arquitecto Divino? ¿No sería la casa más bella y perfecta? María es la primera criatura de la nueva creación que Jesucristo ha obrado, “el hombre nuevo” (Ef.4,24) que todos estamos llamados a ser en Cristo.

Jesucristo, Redentor del mundo, al concederle a Su Madre el regalo de la Inmaculada Concepción, mostró la potencia ilimitada de Su Redención y el valor de Sus méritos, tales que “en vista de ellos”, “por adelantado”, María pudo recibirlos y ser redimida “en modo más sublime”. De esa manera también la preparaba para ser Su Madre y colaboradora. La Inmaculada Concepción era premisa indispensable para que la Virgen pudiera cooperar con su Hijo de manera tan estrecha en toda la Obra de la Redención.

Como enseña San Ambrosio: “no nos debe maravillar que el Señor, queriendo redimir al mundo, haya iniciado su obra con María. Aquélla por medio de la cual se estaba preparando la salvación de todos, debía ser la primera en recibir el fruto de la salvación”.

Toda la Tradición afirma que, así como Eva colaboró con Adán en la caída de la humanidad en el pecado y la muerte, así María, la nueva Eva, “sirvió con diligencia el misterio de la redención con Cristo y bajo Él, con la gracia de Dios omnipotente” (LG 56). María coopera con su consentimiento en la Anunciación, su Maternidad Divina, su servicio a Cristo a lo largo de Su vida terrena, su compasión al pie de la Cruz, y su mediación maternal en favor nuestro (LG 57-58;61-63).

La preparación que María necesitó para recibir a Cristo en su corazón y su vientre nos recuerda la humildad, pureza y amor con que debemos prepararnos para recibir a Cristo en la Eucaristía. No es simplemente algo santo lo que recibimos, sino a Alguien, ¡al Hijo de Dios en Persona! Pidámosle a nuestra Madre que sepamos entregarnos como Ella a la Persona y la Obra de Jesús.

  Dra. Deyanira Flores
Marióloga

15 de septiembre de 2022

Beneficios de Nuestra Señora de los Dolores a quienes la veneran

Del sitio Gaudium Press:

Es imposible no sentir una profunda emoción al contemplar alguna expresiva imagen de la Madre Dolorosa y meditar estas palabras del profeta Jeremías, que la piedad católica aplica a la Madre de Dios: “Vosotros, los que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor” (Lam 1,12). 

No olvides los dolores de tu madre” (Eclo 7,27). Es grato imaginar que este precepto del Espíritu Santo haya inspirado en los cristianos de los primeros siglos una especial veneración por los sufrimientos de la Madre de Dios y nuestra. 

A tal respecto, Santa Isabel de Hungría (†1231) afirma haber sido agraciada con una aparición de San Juan Evangelista. San Juan le contó una la visión que él mismo tuvo el día de la partida de la Virgen al Cielo, visión en la que se le mostraba el encuentro de Ella con su Divino Hijo, tras la resurrección del Señor. 

En ese primer encuentro – relató San Juan – el Redentor y su Madre conversaron sobre los sufrimientos que ambos soportaron en el Calvario. Al final, la Virgen María pidió a Jesús gracias y privilegios especiales para todos los que recordaran y se compadecieran en la tierra con los lamentos, las lágrimas y los dolores que ella padeció en unión a Él, para nuestra Redención. Y su Divino Hijo atendió prontamente ese pedido, concediéndole cuatro grandes favores. 

Primero: quien invoque a la Virgen María por sus dolores y llantos tendrá la dicha de hacer verdadera penitencia de sus pecados antes de morir. 

Segundo: tendrá la protección y el amparo de Nuestra Señora de los Dolores en todas las adversidades y trabajos, especialmente en la hora de la muerte. 

Tercero: quien, rememorando los dolores y llantos de la Santísima Virgen, también incluya los de la Pasión en su entendimiento, recibirá en el Cielo un premio especial.

Cuatro: de esa Soberana Señora obtendrá todo cuanto pida para su salvación y utilidad espiritual. 

Ya el siglo IV algunos insignes doctores de la Iglesia – San Efrén, San Ambrosio y San Agustín – desarrollaron conmovedoras reflexiones sobre los dolores de María. A fines del siglo XI otro doctor de la Iglesia, San Anselmo, propagaba la devoción a Nuestra Señora de los Dolores. Muchos monjes benedictinos y cistercienses hacían coro a esta difusión. En el siglo siguiente, el gran San Bernardo de Claraval, también doctor de la Iglesia, llevó más lejos la práctica de esta devoción. A todo ellos se sumaron los ardorosos frailes servitas, ya en el siglo XIII. 

En concomitancia a este crecimiento de la devoción, fueron floreciendo espléndidos monumentos artísticos y literarios de alabanza a la Madre de los Dolores. Uno de ellos – el himno Stabat Mater, compuesto hacia 1300 por Iacopone de Todi – fue adoptado en la liturgia y despierta en los oyentes los mejores sentimientos de ternura y compasión hacia la Virgen sufriente: “Estaba la Madre dolorosa en llanto a los pies de la Cruz, de la cual pendía su Hijo…” 

En la imaginería sagrada se destaca la “Piedad”, representación de la Madre desconsolada y bañada en lágrimas, contemplando el cuerpo sagrado e inerte del Hijo que yace en sus brazos virginales. Y la “Soledad”: el Hijo fue sepultado ya, y la Madre, privada incluso del divino cadáver para contemplar, sólo guarda en sus manos un sudario. 

En 1423, para reparar los ultrajes de los herejes husitas que desfiguraban, con sacrílego furor, las imágenes de Nuestro Señor y de la Virgen Santísima, el Concilio Provincial de Colonia instituyó la conmemoración litúrgica de los Dolores de María. Tres siglos más tarde, en 1727, el Papa Benedicto XIII la inscribió en el Calendario Romano, ampliando la celebración a la Iglesia del mundo entero. 

Actualmente, la liturgia rinde tributo a Nuestra Señora de los Dolores hoy 15 de septiembre, fecha establecida por el Papa San Pío X en 1913. 

Los siete dolores, las siete tristezas o las siete espadas… El relato de los Santos Evangelios proporcionó a la piedad popular los elementos para formar la colección de los siete padecimientos de la Virgen Madre. 

Una espada atravesará tu alma” (Lc 2,35), profetizó Simeón a María en el Templo. Fue su primer gran dolor. Siguen después los demás, en el orden cronológico del Evangelio: la huida a Egipto, la pérdida del Niño Jesús en el Templo, la subida al Calvario, la Crucifixión de Nuestro Señor, el descendimiento de la Cruz y la sepultura

Durante cierto tiempo, la memoria de la Virgen de los Dolores se conmemoró bajo el título de celebración de los Siete Dolores de María, introducida en la liturgia en 1668 por iniciativa de la Orden de los Frailes de los Siervos de María (Servitas). Esta Orden goza el privilegio de un prefacio propio para la conmemoración litúrgica del 15 de septiembre, en donde se recita esta emocionante oración a Dios Padre, verdadera joya de piedad y teología: “Tú, para restaurar al género humano, con sabio designio asociaste benignamente la Virgen a tu Hijo Unigénito; y Ella, que por la acción fecunda del Espíritu había llegado a ser su madre, por un nuevo don de tu bondad se hizo su auxiliar en la Redención; y los dolores que no sufrió trayendo al mundo su Hijo, los sufrió severísimos para hacernos renacer en ti”.

Por Lucía Pérez Wheefock

7 de agosto de 2022

Nuestra Señora de Hanswijk

 Del sitio frwiki:

En el siglo X, cuando Hanswijk era una aldea de Mechelen, (malinas en español), había un barco en las orillas del Dyle . El barco estaba cargado de mercancías, pero también llevaba una estatua de la Virgen María . A pesar de los esfuerzos de los marineros, fue imposible liberar el barco, hasta que alguien tuvo la idea de llevar la estatua de la Virgen a la orilla. El bote se alejó y pudo continuar su camino. Los habitantes de Hanswijk vieron en ese suceso el deseo de la Santísima Virgen de ser honrada allí.

La estatua fue llevada a una capilla cercana, dedicada a los santos Lamberto y Catalina

Rápidamente la capilla se convirtió en un famoso lugar de peregrinaje entre los creyentes. Fue mencionado en 1263 por Thomas de Cantimpré , un dominicano  de Brabante nativo de Cambrai , maestro en Lovaina

Una epidemia de peste azotó la ciudad de Malinas en 1272. Los habitantes de la aldea de Hanswijk transportaron la estatua de la Virgen a la catedral de San Rombaut. Poco después la plaga fuera vencida. Desde entonces, en reconocimiento a este evento, se ha organizado una procesión todos los años. 

En 1738, se organizó una gran fiesta por los 750 años de devoción a la Virgen María de Hanswijk. Desde entonces, cada 25 años, ha pasado una procesión histórica llamada Cabalgata de Hanswijk

La estatua original desapareció en el siglo XVI. La estatua actual, de 1,45 m de altura, está realizada en nogal. Las trenzas rizadas caen por la espalda y parcialmente por delante de los hombros. La Virgen María sostiene un cetro en su mano derecha, mientras lleva al niño Jesús en su brazo izquierdo. El niño está de pie contra el pecho de su madre y sostiene una manzana en su mano derecha.

La estatua está en buen estado y aún conserva restos de la antigua policromía . En la parte posterior de la estatua hay dos triángulos entrelazados, el símbolo de un artista que ha permanecido en el anonimato hasta el día de hoy. 

La estatua de la Virgen María se lleva todos los años durante la procesión de Hanswijk. Recibió la coronación canónica el 30 de junio de 1876 del cardenal Victor-Auguste Dechamps , en nombre del Papa Pío IX.

La actual iglesia barroca fue construida principalmente entre 1663 y1681 según los planos del arquitecto Lucas Faydherbe . La primera piedra fue colocada en 1663 por el arzobispo Andreas Creusen . La iglesia fue consagrada el 30 de mayo de 1678. La rotonda tiene 15,50 m de diámetro, la cúpula alcanza una altura de 34 m.

La iglesia presenta una interesante combinación entre la longitud y el centro del edificio. La nave se interrumpe después del tercer tramo por una gran rotonda, alrededor de la cual se sitúa el crucero.

Debido a la gran presión que ejercía la cúpula, el arquitecto tuvo que reforzar las columnas portantes. Se conectaron en pares mediante tiradores y anclajes. Para no afectar la decoración interior, se cubrieron con estuco. La deformación de las curvas quedó oculta por decoraciones arquitectónicas.

Bustos de los Padres de la Iglesia Latina adornan los cuatro pórticos. Los bustos de San Ambrosio y San Agustín son obra de Lucas Faydherbe. Los de San Gregorio y San Jerónimo datan de 1729 y son obra del escultor malinois Jan-Frans Boeckstuyns

El arquitecto instaló dos bajorrelieves sobre las columnas de la rotonda. Los bajorrelieves están hechos de yeso y representan a Jesús cayendo bajo la Cruz y la adoración de los pastores. Estas obras fueron dañadas el 1º de mayo de 1944 durante un bombardeo aéreo.

La cobertura del suelo de la iglesia es notable: se dibuja un laberinto en el suelo debajo de la cúpula. 

El púlpito es el adorno más hermoso de la iglesia. Su construcción se llevó a cabo el 4 de mayo de 1743 por el escultor Malinois Theodoor Verhaegen. Se completó en 1746 y costó la suma de 4000 florines. Alexander-Jozef Rubens, nieto de Peter-Paul Rubens, ofreció 2.994 florines por su realización. 

Al pie del púlpito hay estatuas de tamaño natural de Adán y Eva después de la caída del Paraiso. Yahvé , un anciano con barba se dirige a Adán. Con una mano muestra la serpiente arrastrándose por el suelo y con la otra muestra el medallón del tanque, en el que está representada la Virgen María con el Niño Jesús. Se prometen perdón y liberación. Sobre la caja de resonancia, los ángeles llevan a María al cielo. Un gran árbol con una rama imponente en la que los ángeles llevan una cortina, corona todo el púlpito.

El 18 de mayo de 1985, el  Papa San Juan Pablo II hizo una peregrinación a esta iglesia con motivo de su 65 cumpleaños. 

En 1987, dos años después de la visita del Papa Juan Pablo II, la iglesia fue elevada al rango de basílica.

14 de mayo de 2022

Nuestra Señora, Tesorera del Reino de los Cielos

 Del sitio Revista de Cultura Católica Tesoros de la Fe:

María es la tesorera de todas las gracias divinas. Por lo cual el que desee gracias debe recurrir a María; y el que recurre a María debe estar seguro de obtener las gracias que desea

Feliz se juzga aquella casa que es visitada por alguna persona real, ya por la honra que en esta visita recibe, ya por las ventajas que después espera. Pero más feliz debe llamarse aquella alma que es visitada por la Reina del mundo María Santísima, la cual no sabe dejar de colmar de bienes y gracias a aquellas almas bienaventuradas que se digna visitar por medio de sus favores.

Fue bendecida la casa de Obededom, cuando la visitó el arca del Señor (I Crónicas 13, 14). Pero ¡de cuántas mayores bendiciones son enriquecidas aquellas personas que reciben alguna visita amorosa de esta arca viva de Dios, cual fue la divina Madre! ¡Feliz aquella casa que visita la Madre de Dios!, escribió Engelgrave.




Bien lo experimentó la casa del Bautista, donde apenas entró María, quedó colmada de gracias y bendiciones celestiales toda aquella familia: y por eso la presente fiesta de la Visitación se llama comúnmente la fiesta de Nuestra Señora de las Gracias. Por lo cual veremos hoy en el presente discurso, cómo la divina Madre es la tesorera de todas las gracias.

Después que la Santísima Virgen oyó del arcángel San Gabriel que su prima Isabel estaba encinta de seis meses, fue iluminada interiormente por el Espíritu Santo, para reconocer que el Verbo humanado y hecho ya Hijo suyo quería empezar a manifestar al mundo las riquezas de su misericordia con las primeras gracias que quería repartir a toda aquella familia. Por lo cual, sin detención, como refiere San Lucas (1, 39), levantándose de la quietud de su contemplación, a la cual estaba siempre aplicada, y dejando su amada soledad, luego se encaminó a la casa de Isabel. Y como la santa caridad todo lo sufre, y no sabe padecer demoras la gracia del Espíritu Santo, como sobre este Evangelio dice San Ambrosio; por eso no cuidando de la fatiga del viaje, la tierna y delicada doncella se puso diligente en camino.

Apenas llegada a aquella casa, saludó a su prima; y, como reflexiona San Ambrosio, María fue la primera en saludar a Isabel. Mas no fue la visita de la bienaventurada Virgen como son las visitas de los mundanos, que por lo común se reducen a ceremonias y falsos cumplimientos; la visita de María acarreó a aquella casa un cúmulo de gracias. Pues a su primera entrada, y al recibir la salutación, Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y Juan libertado de la culpa original y santificado: por eso dio aquella señal de júbilo, saltando de gozo en el vientre de su madre, queriendo manifestar así la gracia recibida por medio de la bienaventurada Virgen, como declaró la misma Isabel. De manera que, como reflexiona Bernardino de Bustos, en virtud de la salutación de María recibió Juan la gracia del Espíritu divino, que le santificó.

Ahora, si esas primicias de la redención pasaron por manos de María, y Ella fue el canal por donde se comunicó la gracia al Bautista, el Espíritu Santo a Isabel, el don de profecía a Zacarías, y otras tan grandes bendiciones a aquella casa, que fueron las primeras gracias que sabemos hiciese el Verbo en la tierra después de haberse encarnado; es muy de creer que Dios desde entonces constituiría a María en acueducto universal, según dice San Bernardo, por el cual de allí en adelante pasasen a nosotros todas las demás gracias que el Señor quisiese dispensarnos.

Con razón pues invocamos a esta divina Madre como tesoro, tesorera y dispensadora de las divinas gracias. Así la nombraron el venerable abad de Celles, San Pedro Damián, San Alberto Magno, San Bernardino y un doctor griego que cita Petavio, dispensadora de todos los bienes. Así también la llamó San Gregorio Taumaturgo, el cual dice: María se apellida llena  de gracia, porque contiene el tesoro de la gracia. Y Ricardo de San Lorenzo dice que Dios ha depositado en María, como en una tesorería de misericordia, todos los dones de las gracias, de cuyo tesoro enriquece Él a sus siervos.

San Buenaventura, hablando del campo del Evangelio en donde está escondido el tesoro que debe comprarse a cualquier precio, como dijo Jesucristo: "Es semejante el reino de los cielos a un tesoro escondido en el campo, que si le halla un hombre... va, y vende cuanto tiene y compra aquel campo" (Mt. 13, 44), dice que este campo es nuestra Reina María, en la cual está el tesoro de Dios, que es Jesucristo, y con Jesucristo el manantial y la fuente de todas las gracias. Afirmó ya San Bernardo que el Señor ha depositado en manos de María todas las gracias que nos quiere dispensar, para que sepamos que cuantos bienes recibimos, pasan por sus manos.




Y nos lo asegura la misma María, diciendo: "En mí está toda la gracia para conocer el camino de la verdad" (Eclesiástico 24, 25). En mí están todas las gracias de los verdaderos bienes que vosotros, oh hombres, podéis desear en vuestra vida. Sí, Madre y esperanza nuestra ya sabemos, le decía San Pedro Damián, que todos los tesoros de las divinas misericordias están en vuestras manos. Y antes que él lo afirmó con mayor expresión San Ildefonso, cuando hablando con la Virgen le decía: "Señora, todas las gracias que Dios ha determinado hacer a los hombres, todas ha querido proporcionárselas por vuestras manos, y por eso os ha confiado a Vos todos los tesoros de las gracias". "De manera —concluía San Germánque no hay gracia, ¡oh María! no hay gracia sino por vuestras manos". 

Sobre las palabras que dijo el Ángel a la Santísima Virgen: "Oh María, no temas, porque has hallado gracia a los ojos del Señor" (Lc. 1, 30), añade esta bella reflexión San Alberto Magno: "No temas, porque has hallado la gracia. No la usurpaste, como el primer ángel; no la perdiste, como el primer padre; no la compraste , como Simón mago; sino que hallaste, porque la buscaste. Has hallado la gracia increada, y en ella a toda criatura". ¡Oh María! Vos no habéis robado la gracia, como quería robarla Lucifer; no la habéis perdido como la perdió Adán; no la habéis comprado, como Simón mago quería comprarla; sino que la habéis hallado, porque la habéis deseado y buscado. Habéis hallado la gracia increada, que es el mismo Dios hecho ya Hijo vuestro, y juntamente con ella habéis hallado todos los bienes criados, y los habéis alcanzado.





Confirma este pensamiento San Pedro Crisólogo, diciendo que la gran Madre halló esta gracia para dar después la salud a todos los hombres. Y en otro lugar dice que María halló una gracia llena, suficiente para salvar a todos. "De tal modo —dice Ricardo de San Lorenzo— que así como Dios crió el sol para que por su medio sea iluminada la tierra, así hizo a María para que por su medio se dispensen al mundo todas las divinas misericordias". Y San Bernardino añade que la Virgen, desde que fue hecha Madre del Redentor, adquirió una especie de jurisdicción sobre todas las gracias.

Por lo cual concluyamos este punto con Ricardo de San Lorenzo, el cual dice que si queremos conseguir alguna gracia acudamos a María, la cual no puede dejar de alcanzar para sus siervos cuanto pide, pues Ella halló la gracia divina y de continuo la obtiene. Y tomó estas palabras de San Bernardo, el cual dijo: "Si deseamos pues gracias, preciso es que acudamos a esta tesorera y di pensadora de las gracias. Pues es la voluntad suprema del dador de todo bien" —como lo asegura el mismo santo— "que todas las gracias se dispensen por mano de María:" el que dice todo, nada excluye.    

San Alfonso María de Ligorio

Las Glorias de María, 

Librería de Rosa y Bouret, París, 1870, pp. 357-363.

23 de junio de 2021

Nuestra Señora de Ocotlán

 Del sitio de las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y de María:

Durante el año 1541 una devastadora plaga desolaba los pueblos de la zona de Ocotlán, México. El indio Juan Diego, un joven piadoso que servía con los religiosos y cuidaba a los enfermos, subía la ladera occidental del cerro de San Lorenzo y se adentró en un bosque de ocotes (pinos) que había allí junto a una barranca. 

De repente, se le presentó la Virgen Santísima quien con amabilidad le dijo: "Dios te salve, hijo mío, ¿a donde vas?".

Juan Diego quedó sorprendido pero gozoso por aquel encuentro. El amaba mucho a la Virgen y se cuidaba de mantener su altar lleno de flores. Logró decir: "Llevo agua del río para mis enfermos que mueren sin remedio". 

La Madre de Dios le invitó a que le siguiera: "Ven en pos de mi, yo te daré otra agua con que se extinguirá el contagio y sanen, no solo tus parientes, sino cuantos bebieren de ella; porque mi corazón, siempre dispuesto a favorecer a los desvalidos, ya no sufre ver tantas desdichas sin remediarlas".

Juan Diego, que conocía bien la zona, nunca había visto ningún manantial por allí, pero, humildemente siguió a Nuestra Señora hasta una quebrada del cerro donde Ella le mostró la fuente de Agua Santa. "Tomad de esta agua cuanta queráis, seguros de que con el contacto de la mas pequeña gota, sentirán los enfermos no solo alivio sino perfecta salud".

Juan Diego, obediente, llenó su cántaro con el agua milagrosa y siguió su camino a su aldea natal de Xiloxoxtla. Allí suministró el agua a los enfermos de la peste y todos recobraron la salud rápidamente. El suceso se propagó en seguida y llegaron muchas gentes en busca de curación y para escuchar el testimonio de la aparición de la Zoapilzin (Señora), la Virgen María.

La Virgen había ordenado a Juan Diego: "Avisa a los religiosos de mi parte que en este sitio hallarán una imagen mía, que no solo representa mis perfecciones sino que por ella prodigaré mis piedades y clemencias: la que hallada, quiero que sea colocada en la capilla de San Lorenzo".

Los religiosos cuestionaron a Juan Diego y fueron al lugar del suceso. Llegando allí ya de noche, quedaron asombrados por el prodigio que contemplaban: Arboles ardían con grandes llamaradas sin consumirse. De aquí el nombre Ocotlán que procede de dos palabras nahuas: ocotl: (ocote o pino) y tlatla: (arder). Es decir Ocotlán, el ocote que arde.

Llamó sobre todo la atención un gran árbol de ocote al que le pusieron una señal antes de regresar al convento. Al día siguiente, volvieron al lugar y abrieron con hacha abrieron el ocote señalado. Encontraron para su asombro que el corazón de aquel árbol era una preciosa talla de la Inmaculada Virgen María

La multitud jubilosa, junto con los religiosos, llevaron a hombros la Imagen hasta la capilla de San Lorenzo, aproximadamente medio kilómetro arriba, en la cumbre de la colina. La colocaron en el trono que ocupaba el Santo Mártir San Lorenzo

Según se cuenta, el sacristán, enojado de que hubiesen quitado a San Lorenzo, por dos veces sacó a la Virgen Madre del trono para poner a San Lorenzo. Cada vez, de noche, alguien ponía a la Virgen de nuevo en el trono. Por tercera vez el sacristán quitó a la Virgen en favor de San Lorenzo. Esta vez la puso en un baúl sobre el cual se echó a dormir para prevenir que la volviesen a poner en el trono. Cual fue su sorpresa cuando vio que los mismos ángeles vinieron y, de manera prodigiosa, restituyeron la Reina al trono. 

La Virgen quiso quedarse con sus hijos y estamos seguros que San Lorenzo, como todos los santos, están felices de cederle el lugar que bien le corresponde por ser Madre de Dios.

La capilla de San Lorenzo con el tiempo fue remplazada con la preciosísima basílica de Nuestra Señora de Ocotlán. Los cimientos de la actual basílica se pusieron el 13 de enero de 1687. Desde allí la Madre sigue recibiendo a sus hijos para adentrarlos en el corazón de Jesús y de su Iglesia.

La fachada tiene en el centro a la Virgen Inmaculada, la mujer del Apocalipsis(12:1). La Virgen apoya sus pies sobre tres mundos que San Francisco carga de rodilla. Estos son: los religiosos franciscanos, las clarisas y la orden terciaria de laicos. Alrededor de la Virgen están los siete arcángeles (San Miguel arriba). A la derecha de la puerta principal: San Ambrosio y sobre el: San Jerónimo. A la izquierda de la puerta: San Agustín y sobre el: San Gregorio. Se trata de cuatro doctores teólogos que escribieron inspirados sobre la Virgen. Los 12 Apóstoles aparecen, 3 en cada columna, simbolizando que son ellos los pilares de la Iglesia. También vemos en la fachada muchas frutas: Jesús es fruto del vientre de María Santísima. Todos los que allí entran están llamados a recibir muchos frutos espirituales.
Vale la pena visitar el camarín de la Virgen, repleto de arte religiosa y acceso mas cercano a la Santísima Virgen. En la cúpula está el Espíritu Santo, Jesucristo con sus Apóstoles y los santos.

Las tres promesas de la Virgen María en Ocotlán:

1- "Ven tras de mi, que yo te daré otra agua con que sanen cuantos bebieren de ella y sientan los enfermos no sólo alivio, sino perfecta salud"  

La Virgen nos recuerda las palabras de Jesús a la Samaritana junto al pozo. El agua a que se refiere la Virgen es la misma: Jesús es el agua viva que nos da vida eterna. En el evangelio de San Juan 4:14 leemos: "pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.» El agua que tomamos en el pozo milagroso es un signo del bautismo, por el que llegamos a ser miembros de Cristo y de su Iglesia. Por eso es esencial que abramos el corazón en fe para vivir nuestro bautismo. 

2- "Mi corazón ya no sufre ver tantas desdichas sin remediarlas" La Virgen en muchas apariciones manifiesta su dolor materno por ver a sus hijos, no solo enfermos físicamente, sino, sobre todo, por la condición de pecado. La vemos llorar, por ejemplo, en La Salette y en Fátima. La Virgen coopera con la obra redentora de su Hijo. Ver: "Por que llora la Virgen" 

3-"Hallarán una imagen mía que representa mis perfecciones y por ella prodigaré mis piedades y clemencia". La Virgen María, siendo Inmaculada, no tuvo nunca mancha de pecado. En ella encontramos todas las virtudes en grado de perfección. Quien se acerca a ella recibe las gracias necesarias para la santificación. Así ocurrió a Santa Isabel y a su niño en el vientre, San Juan Bautista. Lucas 1:41 "Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo"

Oremos

Virgen Santísima, Madre de Dios y madre nuestra, 
que en Ocotlán nos visitasteis para traernos la esperanza y la curación.
 
A ti acudimos con nuestras necesidades, 
pero mas que todo porque te amamos y 
porque queremos ser siempre tuyos para que nos lleves a Jesús, 
fuente de vida eterna.

4 de junio de 2018

Nuestra Señora de la Colina

Del sitio Madre de Dios y Madre Celestial:

El santuario del Cerro Sagrado en Varese, en Lombardía (Italia), tendría su origen en una capilla construida allí para conmemorar la aparición de la Virgen María a San Ambrosio de Milán durante una tarde del siglo IV.

San Ambrosio, obispo y uno de los primeros Padres de la Iglesia, fue uno de los que luchó heroicamente contra la herejía Arriana una buena parte de su vida.

La herejía del arrianismo toma su nombre de un hereje llamado Arrio, que enseñó falsamente que el Hijo de Dios era una mera criatura, creada por Dios y distinto del Padre. Esta noción es refutada cuando se lee el Evangelio de San Juan, el que, al dar inicio a su evangelio deja en claro: "En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin ella no se hizo nada de lo que ha sido hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no prevalecieron contra ella".

Aquella herejía generó gran discordia en el cristianismo. Arrio fue condenado en el Concilio de Nicea , y de nuevo en el Primer Concilio de Constantinopla.

San Ambrosio fue también un gran defensor de María, la Madre de Dios. Se cree que la Santísima Virgen se apareció a San Ambrosio durante la época del conflicto arriano, y que el santo construyó la primera capilla, la Virgen del Cerro, en ese lugar, a petición de la Madre de Dios, sino también en acción de gracias por sus victorias, mientras que , teológicamente refutaba las proposiciones heréticas del arrianismo.

El santuario creció en popularidad, especialmente después de que se estableció un convento de monjas agustinas en el siglo XV. El santuario principal es la iglesia de la Inmaculada Concepción, con capillas de los misterios del rosario.

En la antigüedad la colina había sido dedicada por los paganos a la diosa de la victoria; pero la Virgen , como es su costumbre, pidió que en ese lugar se convierta en un santuario en honor a su Divino Hijo y ella misma. Ahora se sabe que el Sacro Monte di Varese, Nuestra Señora de la colina o el Sacro Monte de Varese, y hay un total de catorce pequeñas capillas situadas allí que se construyeron entre los años 1604 y 1623. Es un popular lugar de peregrinación incluso en nuestros días.