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12 de septiembre de 2024

El Dulce Nombre de Nuestra Señora

Del sitio Gaudium Press:

Para el hombre contemporáneo, que carece de la noción simbólica de las cosas, dar o recibir un nombre no es más que una convención social, sin ninguna conexión más profunda con la persona a la que se da el nombre.

El concepto de los antiguos judíos, el pueblo al que se confió la Revelación, era muy diferente. En las primeras páginas de la Sagrada Escritura leemos que, tras formar de la tierra a las bestias del campo y a las aves del cielo, Dios las condujo hasta Adán para que recibieran de él un nombre. Y el autor sagrado concluye: "El nombre que el hombre dio a los seres vivientes, ése es su verdadero nombre" (Gn 2,19). Esto indicaba que el nombre dado por nuestro primer padre expresaba el atributo predominante de aquel ser, como reflejo de una perfección divina, según la cual se ordenaban los demás. Por tanto, constituía su definición ontológica.

De hecho, el pueblo de la Alianza consideraba que el nombre de una persona tenía un significado trascendente, sobre todo si era inspirado por Dios. Al profetizar la personalidad y la dignidad del Mesías, Isaías dijo que se llamaría Emanuel, que significa Dios con nosotros (cf. Is 7,14; 9,6). A su vez, cuando anunció a Zacarías que Isabel concebiría y daría a luz un hijo, san Gabriel reveló su misión y su nombre: Juan, que significa Yahvé es propicio (cf. Lc 1,13-17).

Del mismo modo, el nombre de la Madre de Dios también fue objeto de una revelación. El Arcángel Gabriel se lo dio a San Joaquín en la misma ocasión en que le dijo en sueños que su esposa concebiría, a pesar de su avanzada edad.

Así pues, el nombre es el símbolo de una realidad psicológica, moral y espiritual más profunda contenida en la persona. Por eso, el nombre de Nuestra Señora, como el santísimo Nombre de Jesús, debe considerarse símbolo de la virtud excelsa, de la misión, en definitiva, de todo lo que la Santísima Virgen es en verdad. El nombre de María es la afirmación de su gloria y de sus predicados interiores.

¿Hubo una circunstancia especial o un acto específico en el que la Niña recibió formalmente su santísimo nombre? ¿O, por el contrario, la costumbre de llamarla María se introdujo orgánica y casi imperceptiblemente, como resultado de una comunicación angélica?

La Ley mosaica era muy explícita sobre el procedimiento que debía seguirse con los varones recién nacidos, que debían ser circuncidados al octavo día (cf. Lv 12,3).

Como la circuncisión marcaba su incorporación oficial al pueblo elegido, en la época talmúdica se estableció la costumbre de que el niño recibiera su nombre en esta ceremonia, que normalmente le daba su padre. En cuanto a las niñas, sin embargo, nada había sido determinado por Moisés, ni siquiera por la tradición hebrea, lo que provocaba una gran variación en cuanto al momento de darles nombre. Por esta razón, el autor cree que los padres de Nuestra Señora comenzaron a llamarla María muy naturalmente poco después de su nacimiento.

Desde la época patrística, el santísimo nombre de María ha fascinado a los cristianos. Muchas de las especulaciones sobre su significado y etimología han dado lugar a títulos de alabanza, como Señora, Estrella del Mar, Amadísima, entre otros.

Algunos incluso han visto en este nombre una referencia a María, hermana de Moisés y Aarón (cf. Ex 15,20), elegida por Dios para cooperar con el profeta en la liberación del pueblo elegido de la esclavitud de Egipto, prefigura del Alma Socia Redemptoris, el Redentor, no sólo de los israelitas, sino de todo el género humano.

¿Qué significa, pues, glorificar el nombre de María? ¿Qué excelencias expresa? Si el nombre de Jesús manifiesta su gloria y su misión salvadora, puede decirse que el nombre de María expresa todas las perfecciones divinas, ya que "Dios Padre reunió todas las aguas y las llamó mar; reunió todas las gracias y las llamó María".

Consciente del poder inherente a los nombres de Jesús y de María, y de las abundantes bendiciones que brotan de su simple invocación, la Santa Iglesia ha consagrado a lo largo de los siglos fiestas litúrgicas y actos de piedad para alabarlos. El mismo saludo "¡Ave María!", tan extendido hoy en amplios sectores de la opinión pública católica, parece expresar el deseo de que el nombre de María esté siempre presente en las relaciones humanas, como símbolo y expresión de la realidad misteriosa, inefable y sacratísima que existe en ellas.

Al conmemorar este nombre, celebramos la gloria que Nuestra Señora tuvo, tiene y tendrá en el universo, y también la que posee en el Cielo. Ella es la Reina de todos los Ángeles y de todos los Santos, colocada en forma inconmensurable por encima de todas las criaturas, de modo que, en el orden creado, es el cono hacia el que todo converge, siendo nuestra Mediadora con Dios nuestro Señor.

En la tierra, sin embargo, la Virgen también debe ser glorificada. Sería normal que la Virgen María fuera venerada en la tierra y que su santísimo nombre fuera glorificado de un modo inexpresable.

Es simplemente una continua ocasión de dolor e indignación ver que la Santísima Virgen no es glorificada tanto como debiera a causa de los vicios, crímenes y maldades de los hombres.

Deberíamos ser tan celosos de la gloria de Nuestra Señora como niños en casa de su madre. Imaginad si alguno de nosotros podría sentirse bien cuando ve que se le niegan los honores y la atención a los que tiene derecho. Entonces, ¿cómo podemos ser felices en la tierra cuando se nos niegan los honores y atenciones a los que Ella tiene derecho?

Pidamos a la Virgen, tan vilipendiada por los hombres de nuestro tiempo, que acepte nuestra reparación por las muchas ofensas que continuamente recibe. Y que su santísimo nombre sea glorificado cuanto antes.

Libro ¡María Santísima! El Paraíso de Dios revelado a los hombres. Parte II
Monseñor João Scognamiglio Clá Dias
Plinio Corrêa de Oliveira
Extracto de una conferencia del 12 de septiembre de 1964.

7 de septiembre de 2024

Oración de Confianza a la Natividad de Nuestra Señora

Del sitio Píldoras de Fe:

La Iglesia Católica observa con especial devoción el cumpleaños real (el día en que nacieron) de dos grandes santos: San Juan Bautista (24 de junio), y la Natividad de la Virgen María, la Madre de Jesús (8 de septiembre) El Nacimiento de la Santísima Virgen es una Fiesta en la que honramos a Dios por habernos dado a esta niña dulce y pura que fue capaz de dar el más grado alto de aceptación de la Voluntad del Plan de Dios.

En el caso de todos los demás santos, especialmente los mártires, ellos son venerados en el día de su muerte, el cual es llamado "su dies natalis", o "cumpleaños", que significa "el día de su nacimiento al cielo".

Tu nacimiento, oh Virgen Madre de Dios, anunció la alegría a todo el mundo, porque de Ti se ha levantado el Sol de Justicia, Cristo nuestro Dios. Él nos libera de las ataduras del pecado, de la antigua maldición y nos hizo bendecidos; destruyó la muerte y nos dio la vida eterna.

El nacimiento de la Virgen María señala el comienzo de nuestra salvación. De María nos vino Jesús, el Hijo de Dios, y por medio de Él nos llegó la salvación y la reconciliación con Dios, al fin se ha completado. Sabemos que Dios escogió a la Virgen María para una tarea especial, incluso desde el momento de su concepción.

A continuación, una oración para este momento histórico para la humanidad, escrita por el Padre José Medina y publicada originalmente en su Blog, que puede servirnos como una meditación profunda sobre este grandioso acontecimiento para la humanidad

Oración de confianza a la Natividad de la Virgen María.

Qué grande gozo e incomparable alegría debe tener todo el mundo el día de tu sagrado nacimiento, 
oh niña santísima, 
pues con la luz que tú, 
como alba divina, 
le trajiste, 
se bañó de nueva claridad y comenzó a respirar.
 
A toda la Santísima Trinidad alegraste con tu nacimiento; 
al Padre, por haber nacido su dulce esposa, 
al Hijo, porque habías de ser su Madre, 
y al Espíritu Santo, porque eras su templo, 
y por su virtud habías de concebir en tu vientre virginal al Verbo Eterno.
 
Los santos patriarcas vieron en este día cumplidos sus deseos; 
los profetas acabadas aquellas sombras y figuras debajo de las cuales tantas veces te dibujaron y pintaron, 
los ángeles, su Reina y Señora, y los hombres de honra, 
ornamento y gloria de todo el linaje humano; 
y finalmente, todos los judíos y gentiles, justos y pecadores tienen hoy causa de particular regocijo, 
por haber salido a luz la que había de darnos al que es luz y vida del mundo.
 
Tú, niña gloriosa, naciste hoy la más linda, 
la más bella y hermosa y más adornada de gracias que ninguna pura criatura. 
Porque así como tu precioso Hijo te fue muy parecido en el ser natural como hijo a su madre, 
así tú fuiste muy semejante a tu Hijo en el ser de gracia, 
en la cual él era nuestro Padre; 
y así convino que en el alma y en el cuerpo no hubiese cosa criada que contigo se pueda comparar.
 
Tú eres la segunda Eva y madre de los vivientes que vivirán para siempre, 
tú, más dichosa que Sara, más prudente que Rebeca, más hermosa que Raquel
más fecunda que Lía, más excelente que Míriam, hermana de Moisés y Aarón
más sabia que Débora, más fuerte que Judith, más graciosa que Ester
más humilde que Abigaíl, más casta que Susana.
 
Porque eres aquella mujer vestida de sol y coronada de estrellas, 
que tiene la luna debajo de sus pies, 
y aquel santuario que Dios hizo para habitar en él, 
y aquella arca fabricada de madera de Setin, y forrada por dentro de oro purísimo, 
que son todas las virtudes con las que Dios te adornó.
 
Dios te salve, María suavísima, 
hija eres de Eva, más para reparar las miserias de Eva; 
hija eres de hombre, más madre de Dios; 
virgen eres, más no sin fruto; 
fecunda eres, más sin detrimento de tu pureza virginal.
 
Dios te salve, Virgen sacratísima, 
tálamo del Esposo celestial, templo de la sapiencia increada, 
sagrario del Espíritu Santo, huerto de delicias, 
paraíso de deleites, vena de aguas vivas, y depositaria de todas las gracias y dones de Dios, 
y singular entre todas las criaturas; 
pues no hay cosa que se iguale a ti, y todo lo que tiene ser está sobre ti o debajo de ti, 
porque Dios solamente es sobre ti, 
y todo lo que no es Dios está debajo de ti.
 
Desde este punto y desde esta hora en que saliste al mundo para bien del mundo, 
yo te reconozco y tomo por Señora mía, 
y te doy el parabién y vasallaje como a Reina soberana del cielo y de la tierra, 
y madre de mi Señor Jesucristo.
 
Tú, Virgen purísima y niña sacratísima, 
tómame por esclavo perpetuo y de tu Hijo santísimo, 
para que yo, con verdadero y santo gozo, 
me goce hoy de tu glorioso nacimiento. 
 
Amén.
 
Que, por la Natividad de la Virgen María, 
podamos ser edificados en el amor y la humildad y alcanzar, 
junto a nuestra Señora, la salvación para siempre. 
 
Amén.

 

Qriswell Quero
Venezolano, esposo y padre de familia, 
servidor, ingeniero y misionero de la fe. 
Comprometido con el anuncio del Evangelio. 
Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. 
Quien a Dios tiene nada lo detiene.

29 de agosto de 2024

Nuestra Señora Coronada de Foggia

 Del sitio Laicos Orionistas en Movimiento:

La devoción a la Virgen Coronada tiene una historia muy antigua. Se remonta a la aparición de la Madre de Dios, que tuvo lugar en el bosque del Cervaro, cerca de Foggia, el 26 de abril de 1001, el último sábado del mes. Ese día estaban en el Bosco, el conde de Ariano Irpino para cazar y un tal Nicola Strazzacappa, que llevó a los bueyes al pasto. 

A la primera luz del amanecer, como Moisés, se sintieron atraídos por un prodigio maravilloso: uno de los robles parecía estar rodeado de llamas, pero no quemado. Se acercaron. 

Al pie del árbol, una voz maternal los tranquilizó: "No tengan miedo", dijo, "Soy, hijos, la Madre de Dios, y quiero que se erija una capilla en este lugar, que haré famosa por las muchas gracias infligidas por Dios a los que me invocarán con un corazón humilde y confiado ". 

Después de la aparición, los visionarios vieron una estatua de la Virgen en las ramas del roble y presenciaron otro milagro: el cielo se abrió y una gran cantidad de ángeles descendieron para colocar una corona sobre la estatua de la Virgen, de ahí el título de Coronada. Después de esta maravillosa visión, el pastor tomó una cardarella, la llenó de aceite y la colgó de una rama como una lámpara. El aceite duró mucho tiempo sin ser consumido y atrajo a muchos peregrinos, quienes ungidos fueron curados de varias enfermedades. En cambio, el noble construyó una capilla que confió a la custodia de Strazzacappa.

De los dos videntes, el único con quien los peregrinos se sienten más en sintonía es el Strazzacappa: era de condiciones humildes y durante toda su vida se mantuvo cerca de la Virgen, en este lugar bendito. Por esta razón, la tradición da algunos detalles más que el Conde de Ariano. 

Incluso en la iconografía, a veces se le representa solo orando al pie del árbol con la lámpara y de rodillas. La proximidad de la condición de vida del pastor a las personas humildes y su identificación en este representante de la Virgen hizo popular la propagación de la devoción a la Incoronata. 

Muy probablemente estas fueron las razones, que, en la segunda mitad del siglo XVIII, empujaron a los devotos de Pietrelcina a erigir un lugar votivo, representando a la Virgen coronada en el árbol con Strazzacappa, San Miguel y San Antonio, que consta de 30 paneles de mayólica de la escuela de Cerretese, atribuida a Giuseppe De Biase en la puerta de la ciudad, que por este motivo se llamó "Porta Madonnella". 

Desde aquí, el niño Francesco Forgione solía ir a la escuela o a la iglesia. Desde aquí, testificó, su sobrina Pia Forgione comenzó el rosario o el  vía crucis cuando tuvo que llegar al campo de Piana Romana, donde tenía la tarea de proteger al pequeño rebaño de la familia. Como sacerdote, formó el primer grupo de oración aquí, que reunió para las devociones a la Virgen, especialmente en mayo, y dirigió la recitación del Rosario con motivo de la "novena" que precedió a la fiesta de los santos representada en la cita. Desde aquí, el padre Pío supo y difundió la devoción a la Virgen Coronada.

19 de mayo de 2024

El bello comentario sobre la Salve

Del sitio Info Católica:

La "Salve" es una de las piezas gregorianas que conoció una amplísima difusión y una gran popularidad: muchos católicos incluso ancianos la conocían y cantaban, aún personas que del latín no conocían más que unos pocos cantos gregorianos. Comentarla implica señalar rasgos mayores de la espiritualidad católica.

"Salve…": el comienzo es el saludo romano equivalente al "Ave" de la Anunciación, que inicia el "Avemaría", quizá la oración mariana más popular. La referencia a la Anunciación identifica el saludo "Salve" con la expresión que el evangelista Lucas atribuye al Arcángel Gabriel: jaíre, que literalmente significa "alégrate". En italiano se conserva el "Ave", y en francés se dice "je vou salue". "Salve Regina". El título de Reina se aplica a María desde muy antiguo. Más recientemente Pío XII estableció una fiesta litúrgica para celebrar la realeza de la Virgen y publicó la encíclica "Ad Caeli Reginam". La condición real de la Madre del Señor se entiende en relación a la realeza de Cristo: la Madre del Rey es Reina. Podemos recordar una imagen visual: en la Basílica romana Santa María in Trastevere se ve en el ábside un mosaico del siglo XII que presenta a Jesús y a María entronizados como el Rey y la Reina. Un detalle bellísimo a destacar es que Jesús pasa su brazo derecho sobre el hombro de María, como abrazándola.

"…Mater misericordiae" por ser misericordiosa y por ser Madre de Cristo, que es la misericordia misma. Esta atribución es retomada cuando la oración menciona los "ojos misericordiosos", o sea que expresan la misericordia del alma y miran con cariño redentor. Se pide que esos ojos vuelvan a mirarnos. "…vita, dulcedo et spes nostra" Decirle a María que ella es nuestra vida puede tener un significado general, a saber, se la llama así a la persona a la que se ama intensamente. Pero también ese apelativo que le damos se refiere a lo que Cristo es para nosotros. San Pablo escribe: "Para mí la vida de Cristo". Dios es nuestra vida: en él vivimos, no movemos y somos; Cristo es nuestra vida como Verbo Creador y como Redentor. En este caso la referencia es a la vida sobrenatural de la gracia. Llamamos vida a María porque ella es la Mediadora, no una pantalla que nos separa de Cristo, sino todo lo contrario, nos une a él. "Dulzura nuestra", otra expresión de intenso amor. "Gustar" a María con todos los sentidos espirituales del alma. Decirle que es nuestra esperanza tiene una amplia significación: ante la seriedad del Juez contamos con su intercesión maternal. Ella es el reaseguro de que disponemos. Se trata entonces de la esperanza teologal, que tiene por término a Dios y al cielo; Ella "entra en el sistema" de nuestra relación con Dios en Cristo. "Nuestra" es el posesivo: hemos sido agraciados con el don de tenerla como vida, dulzura y esperanza. Después diremos también que es nuestra Abogada.

Otra vez el saludo: salve, que da inicio a lo que puede considerarse otra estrofa de la antífona: "a ti clamamos" o si se quiere, "llamamos"; es la invocación que hace el orante, que se identifica como desterrado o exiliado hijo de Eva. Es esta una clara referencia a la expulsión del Paraíso. "Suspiramos gimiendo y llorando". Suspirar o aspirar con deseo a la ayuda; es un grito de socorro de quien se haya sumergido en "este valle de lágrimas".

Según la simbología bíblica, a Dios se lo encuentra en la montaña; para encontrarse con Él es necesario subir, como lo hicieron Moisés y Aarón y los ancianos de Israel. En este sentido, el valle en el que se halla el exiliado hijo de Eva significa la lejanía de Dios que sigue al pecado original. El realismo de esta oración es impresionante, desautoriza el vacuo optimismo que valoriza exageradamente el mundo presente. El Antiguo Testamento es bien claro al respecto. Citemos, como ejemplo indiscutible el salmo 89 (90): la vida del hombre es de 70 años, en el más robusto hasta 80, pero la mayor parte de esos años son "fatiga inútil" porque pasan aprisa, y nosotros "volamos".

"Eia, ergo…", en castellano: ¡ea, pues!, Tiene valor de saludo e invocación, es como si se comenzar de nuevo; se dirige a la "Abogada nuestra". Se señala así la mediación de María en nuestro favor; Ella "aboga" por nosotros ante el Señor. Ahora se le pide que vuelva a nosotros sus ojos misericordiosos: otra vez su misericordia se inclina -eso pedimos- sobre nuestra miseria, que ha sido claramente descrita. El último pedido suplica que nos muestre a Jesús. Evoquemos las escenas del nacimiento y puesta en el pesebre; nada impide pensar que a las visitas (pastores, magos) ella mostraba, señalaba a Jesús. En el ícono oriental de la Odigitria la mano de María muestra o señala a Jesús. El pedido es para que ello suceda "post hoc exsilium", es decir, tras nuestra muerte. Es como volver al Paraíso.

Notar también la identificación de Jesús como "fruto bendito de tu vientre", como en el Avemaría. La "ostensio Christi" puede ser referida al silencioso papel de María en la Eucaristía de la Iglesia, una relación que muy pocos teólogos han advertido. El final de la antífona es otra invocación a quien es "Clemens", "Pía", "Dulcis", títulos que responden a las descripciones que se hacen en el texto del papel de la Virgen respecto de nosotros. La clemencia, la piedad y la dulzura (o suavidad) son nombres de una misma actitud en nuestro favor. En este breve comentario queda claro que la Salve resume toda la Mariología, condición que podría ampliarse respecto de todas las verdades católicas que atañen a la Madre del Señor.

 + Héctor Aguer
Arzobispo Emérito de La Plata

12 de mayo de 2024

¿Puede Nuestra Señora con todas las peticiones?

Adaptado del sitio National Catholic Register:

La Virgen María es la gran mediadora entre Dios y los hombres, es la mejor intercesora que puede tener cualquier persona. Los católicos sabemos que las oraciones son siempre a través de María a Dios, no a través de Dios a María. Así dice Santiago 5:16: "La oración ferviente del justo tiene un gran poder".

En este sentido, es interesante descubrir que hasta el propio Dios, en su infinito poder, puede parecer que se convierta en un "mediador". Fue el propio Dios el que le dijo a Abimelec que Abraham oraría por él, para que pudiera vivir (Génesis 20:6-7). Dios también le dijo a los "amigos" de Job que "mi siervo Job oraría por ellos, aunque no hablaron bien de mí, yo les perdonaré en consideración a él" (Job 42:8). ¿Fue Dios el "mediador" de Job?

San Pablo, incluso nosotros mismos funcionamos como "mini-mediadores" de la gracia y de la salvación de Dios, tal como lo hace María:

"Pues ¿qué sabes tú, mujer, si salvarás a tu marido? Y ¿qué sabes tú, marido, si salvarás a tu mujer?» (1 Corintios 7:16).

"Me he hecho todo para todos con el fin de salvar, por todos los medios, a algunos" (1 Corintios 9:22).

"Obrando así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen" (1 Timoteo 4:16).

"Si incluso algunos no creen en la Palabra, sean ganados no por las palabras sino por la conducta de sus mujeres" (1 Pedro 3:1).

La Biblia también enseña que somos sus "colaboradores" y que sus obras son las nuestras y viceversa:

"Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban" (Marcos 16:20).

"Ya que somos colaboradores de Dios y vosotros, campo de Dios, edificación de Dios" (1 Corintios 3:9).

"He trabajado más duro que cualquiera de ellos, aunque no soy yo, sino la gracia de Dios que está conmigo" (1 Corintios 15:10).

"Dedíquense a la obra del Señor en todo momento, conscientes de que con él no será estéril su trabajo" (1 Corintios 15:58).

"Hemos sido creados en Cristo Jesús con miras a las buenas obras que Dios dispuso de antemano para que nos ocupáramos en ellas" (Efesios 2:10).

"Trabajad con temor y temblor por vuestra salvación, pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece" (Filipenses 2:12-13).

Siendo así, no resulta raro o extraordinario creer que Dios eligió a María para interceder y distribuir gracias. ¡Dios puede hacer lo que quiera! Una vez usó hasta un burro para hablar en Balaam, apareció en una zarza ardiente, en una nube… y eligió venir a la tierra como un bebé.

María es una ayudante, la más importante, como lo fue Moisés, Juan el Bautista, Elías, Pablo, Pedro o Juan. De ninguna manera esto interfiere con las prerrogativas únicas del poder de Dios, simplemente está usando a una de sus criaturas, la más bella, para sus propósitos divinos.

Dios hace posible que María escuche millones de oraciones de intercesión y luego las presente a Dios en nuestro nombre. ¡No es ningún problema para Dios! Para Él es simplemente una parte de todo lo que puede hacer continuamente en cada nanosegundo. Pablo dice: "En Él vivimos, nos movemos y existimos" (Hechos 17:28).

Y, en esta presentación que hace de nuestras oraciones, estaría acompañada de un ángel. Así lo dice el Apocalipsis: "Y la nube de perfumes, con las oraciones de los santos, se elevó de las manos del ángel hasta la presencia de Dios» (Apocalipsis 8:4). La Biblia dice que Jesús es "el que sostiene todo con su palabra poderosa" (Hebreos 1:3) y que "todo tiene en él su consistencia" (Colosenses 1:17).

Entonces, ¿podemos creer que Dios no puede habilitar a una persona, María, para escuchar las intercesiones? Es curioso tal reparo, viniendo de un calvinista, que pone un énfasis extremo (y loable) en la soberanía y causalidad de Dios.

La Biblia enseña que no hay ningún problema, es más, los seguidores de Cristo están "unidos con Él" (Romanos 6:5), son "un espíritu con Él» (1 Corintios 6:17), "transformados en imagen suya" (2 Corintios 3). :18), "llenos de la plenitud de Dios" (Efesios 3:19) y "de la plenitud de Cristo" (Efesios 4:13); de hecho, "participan de la naturaleza divina" (2 Pedro 1:4).

24 de diciembre de 2023

San José jamás dudó de la fidelidad de Nuestra Señora

Del sitio Gaudium Press:

Ya es bien sabido que San José y la Virgen habían decidido vivir en castidad perfecta, como hermanos.

Dice la Escritura que cuando Ella alega su virginidad al ángel Gabriel (“¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”), ya estaba “desposada con un hombre llamado José, de la casa de David”. Si los dos esposos, que ya estaban unidos en vínculo jurídico, no hubieran hecho promesa de castidad perfecta, no se explicarían las palabras de Nuestra Señora al Ángel, pues estas lo que quieren decir es que la Pura y sin mancha no conoce ni conocerá varón –ni siquiera su ya entonces esposo– con cuyo concurso procrearía un hijo, algo que tampoco podía decidir Ella sola sino en concierto con José.

Pero el tema de estas líneas es la “duda” de San José, resumida en San Mateo, lectura evangélica que escuchamos en la liturgia:

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo»”. (Mt 1, 18-20)

Rápidamente –y este es el camino de autores de la talla de San Ambrosio, San Juan Crisóstomo y San Agustín– algunos interpretan estos textos defendiendo “la tesis de que San José se inquietó porque, al no haber mantenido relación alguna con María Santísima, sospechó que había concebido de otro hombre”.

Sin embargo, como bien muestra Mons. João Clá en varias de sus obras, no son pocos los autores, de la talla de Suárez, San Jerónimo y él mismo, que defienden una tesis bien diversa, la cual eleva aún más a los ojos de sus devotos la figura del patriarca San José.

¿San José, dudar de la fidelidad a Dios y a él de Aquella que todos los días percibía más como un ángel que como una criatura humana? ¿De aquella que día tras día contemplaba en su resplandor Inmaculado, y en quien ya había depositado la confianza de su propia castidad? Algo no cuadra…

Si San José hubiera dudado de la fidelidad de Nuestra Señora, afirma San Jerónimo, él “no sería el varón justo del que habla San Mateo, pues ocultando lo que consideraba un crimen, habría cometido una falta que podría haber sido hasta grave”: San José no denunciando, podría estarse convirtiendo en cómplice de un delito, y esto no condice con la santidad de San José.

De hecho, Ella “le dio tales muestras de una virtud fuera de lo común, y se reveló tan angélica y extraordinaria, que si hubiese aventurado cualquier sospecha sobre Ella, habría cometido un juicio temerario inaceptable”. 

Realmente, el juicio de San José sobre todas las cosas, y por tanto también sobre María Santísima, no era el de un hombre común, ni siquiera el del más inteligente de los hombres, sino el del mayor de los meros varones concebidos de mujer.

No había gracia que Dios le hubiese dado a un santo que no le haya dado a San José, y por esto San José, que fue “concebido en gracia” –es decir libre de la mancha original– y que “gozaba del carisma de discernimiento de los espíritus y del don de sabiduría con una plenitud inigualable”, con los cuales “penetró a fondo en el alma de su virginal Esposa”, no tuvo la “menor vacilación respecto a la total inocencia de esta Dama Virginal” y “manifestó una fe inquebrantable ante lo incomprensible, por lo que una hipótesis como ésta [la infidelidad de la Virgen] jamás se configuró en su mente. Él confiaba en su angélica Esposa, y, en consecuencia, estaba seguro de que no había ocurrido absolutamente nada que permitiera poner en duda la pureza virginal de María Santísima”, expresa Mons. João Clá.

Como afirma el reputado Jourdain, “bien sabía él [San José] cuán admirable era la virtud de María, y a pesar de la evidencia exterior de los hechos, no podía creer que Ella fuera culpable”.

Pero entonces, ¿por qué quería huir?

Porque en su espíritu sí se fue formando con el pasar de los días al lado de su Inmaculada Esposa la certeza de que la Virgen sería la Madre del Mesías, de que en Ella se cumplía la profecía de Isaías: “la virgen está encinta y da a luz un hijo” (7, 14). Y entonces, José “se sintió asaltado por la convicción de no ser digno de permanecer junto a Ella. ¿Quizá la elección del esposo de la Virgen Purísima no fue perfecta, y debería haber sido llamado otro para ocupar su lugar? El matrimonio, no obstante, en todo era válido y no había vuelta atrás. ¿Qué pensar? Se configuraba por entero una noción que había ido tomando cuerpo desde el momento en que había conocido a la Santísima Virgen: la de no estar a su altura. Su Esposa iba a dar a luz a un Hijo por acción exclusiva de Dios, y él sobraba en aquel conjunto”, dice Mons. João Clá.

Como su Santa Esposa, a pesar de las evidencias, permanecía en silencio, pues sabía que Dios quería probar la confianza de su virginal esposo, éste juzgaba que había en este silencio una señal de que el Altísimo, que para San José era representado por Ella, no lo quería allí”, continúa.

Lo mismo afirma Jourdain, que representa así “una corriente de autores”: “la inquietud de José se originó por su humildad: según ellos [los diversos autores], José quería apartarse de María porque se juzgaba indigno de vivir en compañía de una Virgen tan santa. Él reconocía en Aquella que había tomado por esposa, a la mujer anunciada por los profetas, la Virgen que Dios había escogido para ser la Madre de su Hijo único. Y creía que no le estaba permitido habitar junto a Ella”.

Que San José no tuvo sospecha de la Virgen, lo afirma también un exégeta como el P. Salmerón, quien expresa que “el Ángel le dijo a José: ‘No temas recibir a María por Esposa’. Y no: ‘No sospeches’. Esto es lo que le habría dicho si José, en su espíritu, hubiera sospechado de adulterio. Por el contrario, lleno de temor reverencial, no tuvo ninguna sospecha al aceptar a su Esposa”.

Es también Salmerón quien afirma que “muchos opinan que el santo humilde José no desconocía el misterio de la concepción del Hijo de Dios, sino que a causa de su modestia se consideraba indigno de tanto honor y del consorcio con la Virgen, en razón del honor y reverencia debidas a Ella, así como por deber de justicia. Cuando el Verbo se encarnó, pensó en dejarla, recordando lo que a Moisés le había sido dicho: ‘No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado’ (Éx 3)”.

La duda fue pues, en su dignidad. Duda totalmente disipada por el Ángel, quien tras manifestarle el misterio de la Encarnación, enseguida reconoció su autoridad paterna al ordenarle que fuera él quien le diera nombre al Hijo de Dios hecho carne.

Saúl Castiblanco

7 de septiembre de 2023

Nuestra Señora de Sión (Etiopía)

 

Del sitio Foros de la Virgen:

Aunque el actual edificio es relativamente nuevo, la Iglesia de Santa María de Sión tiene raíces antiguas impresionantes.

En el siglo IV, el príncipe Axumite Ezana fue instruido en el cristianismo por dos monjes sirios náufragos en la costa del Mar Rojo.

El príncipe promovió el cristianismo cuando se convirtió en el Rey Ezana, y es considerado como un santo, tanto en la Iglesia Ortodoxa de Etiopía como en las iglesias católicas.

Fue en ese momento, en el 300 dC, que una Iglesia de Santa María fue construida en Axum.

Esta iglesia permaneció de pie durante cientos de años y fue vista por un fraile portugués poco antes de su destrucción en el siglo XVI.

Francisco Álvarez escribió en su diario:“En esta ciudad de Axum, encontramos una iglesia notable, es muy grande, tiene cinco naves de una buena anchura y una gran longitud, todas las bóvedas están cubiertas hasta el techo y los lados están pintados.

Axum fue el primer reino cristiano en el mundo y el mayor fuera del Imperio Romano.

Situado en las rutas de comercio de caravanas a Arabia, Nubia y Egipto.

A finales del siglo V, el cristianismo se extendió más allá de la familia real a la población en general a través de misioneros que huyen del Imperio Romano de Oriente.

En el siglo VI el Rey Kaleb (también llamado San Kaleb) hizo de Axum una gran potencia militar y asumió el papel de protector de los cristianos en la región, incluyendo España.

Kaleb conquistó varios pequeños reinos judíos en Arabia, que condujo a la incorporación de la las costumbres judías en el cristianismo etíope que aún pueden verse hoy en día.

En 1635, Santa María de Sión fue reconstruida por el emperador Fasilidas sobre las ruinas de la iglesia que había sido destruida por los musulmanes, y esta es la iglesia que se encuentra hoy en día.

La destrucción y la reconstrucción de la iglesia se ha convertido en una parte importante de su significado para los etíopes.

Rodeado por países islámicos, varias veces invadido, que le llevaron al borde de la extinción, el cristianismo ortodoxo de Etiopía se considera a sí mismo como un bastión contra el Islam.

Santa María de Sión simboliza las luchas y triunfos de la Iglesia y de la nación de Etiopía.

Los emperadores de Etiopía eran coronados aquí.

Hasta la década de 1930, los criminales podrían recibir refugio en el recinto de la iglesia haciendo sonar la campana en el porche.

En 1955, para celebrar su Jubileo de Plata, el emperador Haile Selassie fundó una nueva iglesia de Santa María de Sión junto a la antigua. Se terminó en 1964.

El Emperador Selassie interrumpió la visita de Estado a Etiopía de la Reina Elizabeth II para asistir a la dedicación de la Catedral.

La monarca británica visitó Santa María de Sión unos días más tarde.

A diferencia de la original Santa María de Sión, la nueva Basílica de San María de Sión, permite la entrada a las mujeres.

En 1965, Selassie construyó una capilla reliquia al lado de la vieja de Santa María para celebrar los tesoros de la iglesia, especialmente la venerada Arca de la Alianza.

En su alocución SS Abuna Paulos, Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Etíope manifestó que el Arca de la Alianza está en Santa María de Sión en la ciudad de Axum, Etiopía:

Me siento honrado y privilegiado por haber sido invitado a este gran Sínodo para dar un breve discurso sobre África y las Iglesias en este continente.

Quisiera expresar mi profunda gratitud a Su Santidad, el Papa Benedicto XVI, que me quiso hoy aquí entre ustedes y quien, personalmente, me ha dado testimonio de su amor por África y de su respeto por la Iglesia Etíope Ortodoxa Tewahedo, durante nuestro último fraternal encuentro aquí en Roma el pasado mes de junio.

Antropólogos, filósofos y académicos han corroborado que África, en general, y Etiopía, en particular, son “la cuna de la humanidad”, y la Sagrada Biblia confirma esta profunda convicción.

La historia, según el calendario etíope, comienza con Adán y Noé.

Esto significa que para los etíopes, el inicio de la humanidad, nuestro presente y nuestro futuro, están marcados, hoy y siempre, por Dios y Su salvación.

África, cuya antigua dignidad de pueblo está grabada en las piedras del obelisco de Axum, en las pirámides de Egipto, en monumentos y en manuscritos, no fue sólo una fuente de humanidad.

Según la Sagrada Biblia, África también fue refugio para los que padecieron el hambre: fue el caso de los judíos en tiempos de Jacob, cuando transcurrieron siete años en Egipto.

La Sagrada Biblia nos dice que los judíos y el profeta Jeremías, sufrieron mucho por la agresión de los babilónicos y fueron puestos a salvo en Etiopía y Egipto.

Pueblos provenientes de la parte medio oriental del mundo saciaron su hambre en las tierras de Egipto y Etiopía.

Jesucristo mismo y Santa María fueron acogidos en Egipto, cuando huían de la cruel amenaza de Herodes.

¡Está claro que los africanos cuidan de la humanidad!

África sigue siendo un continente religioso cuyos pueblos han creído por siglos en Dios todo poderoso.

La reina de Saba le enseñó a sus compatriotas el Antiguo Testamento que ella había aprendido en Israel.

Desde entonces, el Arca de la Alianza se encuentra en la ciudad de Axum, en Etiopía.

 El hijo de la reina de Saba, Manelik I, siguiendo el ejemplo de su madre fue quien logró llevar el Arca de la Alianza de Moisés a África, en Etiopía.

La historia del eunuco etíope y la Ley de Moisés, fuerte y bien organizada, unida a las profundas prácticas religiosas y culturales existentes en Etiopía indican que la Ley de Moisés se ponía en práctica más en Etiopía que en el mismo Israel.

Se puede tener aun testimonio de ello al estudiar la cultura y el estilo de vida de los etíopes.

Fue en Alejandría, Egipto, donde la Sagrada Biblia fue traducida a lenguas no hebreas.

Dicha traducción africana es conocida como “Traducción de los Setenta” (Sebeka Likawunt)

Las Sagradas Escrituras nos dicen que, al igual que en los tiempos del Antiguo Testamento, los africanos tenían la costumbre de adorar según la ley de conciencia en el período del Nuevo Testamento.

El entonces rey de reyes de Etiopía, el emperador Bazen, fue uno de los reyes que se dirigió a Belén para adorar al niño Jesús.

El Evangelio nos cuenta que un africano, un hombre de Libia llamado Simón de Cirene, llevó él mismo la Cruz de Jesús mientras Él se dirigía al Gólgota.

Además, un eunuco etíope en el año 34 dC  fue a Jerusalén a adorar a Dios de acuerdo a la Ley de Moisés.

Por orden del Espíritu Santo el eunuco fue bautizado Felipe.

Cuando regresó a África, predicó el Cristianismo a su nación.

De esta forma Etiopía se convirtió en la segunda nación después de Israel que creyó en Cristo; y la Iglesia etíope se convirtió en la primera Iglesia en África.

29 de enero de 2023

Por qué llamamos a Nuestra Señora Arca de la Nueva Alianza

 

Del sitio El Pueblo Católico:

Entre otras maneras, la Biblia muestra la importancia de María en la historia de la salvación al presentarla como el “Arca de la Nueva Alianza”, un cumplimiento de la prefiguración del Arca de la Alianza en el Antiguo Testamento.

Jesús, además de ser el nuevo Adán es considerado el “nuevo Moisés”, quien trajo un nuevo Éxodo. “Éxodo” significa “salida” o “viaje”. Moisés llevó a cabo el éxodo de Egipto a la tierra prometida y Jesús el éxodo de esta tierra al Paraíso en el cielo.

Así como el Arca de la Alianza fue pieza clave por la cual Dios guió a los Israelitas a la tierra prometida, María también es un elemento esencial en la historia del nuevo éxodo de Jesús.

Después de ser liberados de la esclavitud de Egipto y darles los 10 mandamientos, Dios pidió a Moisés y a su pueblo construir un santuario (la “Tienda del encuentro”) y, dentro de este, un Arca (“cofre” en hebreo) sobre el cual habitaría en medio de ellos (Ex 25, 8-22). Así, vemos que el Arca es lo siguiente:

  • El lugar donde Dios habitaba en la tierra (Ex 25, 22)
  • El cofre donde se encontraban las tablas de los 10 mandamientos, algo de maná y la varilla de Aarón (Heb 9,4).
  • Estaba hecha de “madera de acacia”, que es madera “incorruptible” según la traducción griega y la tradición judía (LXX: Ex 25,10).
  • Estaba cubierta completamente de oro para representar santidad absoluta (Ex 25,11)
  • El lugar donde la nube de la Gloria de Dios descendía (Ex 40, 34).

Ya en la tierra prometida, el rey David decide trasladar el Arca a Jerusalén para construirle un templo a Dios. Aquí se da un evento muy importante para los judíos: David recibe el Arca de la Alianza con danza y júbilo (2 Samuel 6).

Después de la deportación a Babilonia y la destrucción del Templo, el Arca se pierde y no ha sido encontrada desde entonces. El segundo libro de los Macabeos nos dice que el profeta Jeremías la escondió, e hizo una profecía: el Arca no volvería a encontrarse hasta que la Gloria de Dios volviera a aparecer en la nube (2 Mac 2,4-8).

Esta profecía se cumple en María, la nueva Arca. Aquí veremos cómo.

En su Evangelio, Lucas presenta a María como el cumplimiento y la reaparición de esa Arca de la Alianza con el lenguaje que utiliza. María pasa a ser el lugar donde Dios habita. Veamos la comparación entre varios pasajes del Antiguo Testamento y del Evangelio de Lucas:Ver la tabla:

  • Lucas casi copia el versículo del Éxodo textualmente, excepto que intercambia la “nube” por el “Espíritu Santo” y a María por el santuario que contiene el Arca. Usa la misma acción para María: “cubrir con su sombra” (“epizkiazo” en griego).
  • El evangelista también utiliza el lenguaje en este episodio de David para darnos a entender que está haciendo una comparación continua, presentando a María como la nueva Arca.
  • Isabel tiene exactamente la misma reacción al ver a María que David tiene al ver el Arca: ambos se sienten indignos. Lucas reemplaza “Arca” por “madre”.
  • Al igual que David “dio saltos” con “aclamaciones” al ver el Arca, Juan en el vientre “dio saltos” e Isabel “aclamó en voz alta” al ver a la nueva Arca: María.
  • Lucas continúa el paralelo entre María y el Arca al decir que María se quedó en la casa de Zacarías -un sacerdote-, ubicada en los cerros de Judá. La casa de Obed-Edom –quien también era sacerdote- estaba ubicada en los cerros de Judá.

La mujer a punto de dar a luz en el libro del Apocalipsis que representa a María (ver p. 8-9) también nos dice mucho de la nueva Arca. El libro del Apocalipsis dice que, tanto el Arca de la Alianza como a la “Mujer” están presentes en el templo celestial (Ap 11,19 – 12,2).

Ambas son símbolos de una sola realidad: María. Y esto lo vemos porque san Juan hace una conexión explícita: presenta a ambas con la misma palabra: “apareció el Arca de la Alianza… apareció en el cielo una señal: una mujer…”. En griego la palabra es “ophthe”.

Esa Arca en el cielo no es el Arca de Moisés, sino su cumplimiento, es decir, María, la que llevó al Dios-hombre en su mismo cuerpo, siendo su nuevo habitáculo. Así lo entendían los primeros cristianos.

Rocio Madera y Vladimir Mauricio-Pérez


Este artículo fue publicado en la edición de la revista de El Pueblo Católico titulada "María: ¿Por qué la amamos?" Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

18 de octubre de 2022

Nuestra Señora, la sierva del Señor

 Del sitio Vaticano:

1. Las palabras de María en la Anunciación: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38) ponen de manifiesto una actitud característica de la religiosidad hebrea. Moisés, al comienzo de la antigua alianza, como respuesta a la llamada del Señor, se había declarado su siervo (cf. Ex 4, 10; 14, 31). Al llegar la nueva alianza, también María responde a Dios con un acto de libre sumisión y de consciente abandono a su voluntad, manifestando plena disponibilidad a ser "la esclava del Señor".

La expresión "siervo" de Dios se aplica en el Antiguo Testamento a todos los que son llamados a ejercer una misión en favor del pueblo elegido: Abraham (Gn 26, 24), Isaac (Gn 24, 14) Jacob (Ex 32, 13; Ez 37, 25), Josué (Jos 24, 29), David (2 Sm 7, 8) etc. Son siervos también los profetas y los sacerdotes, a quienes se encomienda la misión de formar al pueblo para el servicio fiel del Señor. El libro del profeta Isaías exalta en la docilidad del "Siervo sufriente" un modelo de fidelidad a Dios con la esperanza de rescate por los pecados del pueblo (cf. Is 42-53). También algunas mujeres brindan ejemplos de fidelidad, como la reina Ester, que, antes de interceder por la salvación de los hebreos, dirige una oración a Dios, llamándose varias veces "tu sierva" (Est 4, 17).

2. María, la "llena de gracia", al proclamarse "esclava del Señor", desea comprometerse a realizar personalmente de modo perfecto el servicio que Dios espera de todo su pueblo. Las palabras: "He aquí la esclava del Señor" anuncian a Aquel que dirá de sí mismo: "El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos" (Mc 10, 45; cf. Mt 20, 28). Así, el Espíritu Santo realiza entre la Madre y el Hijo una armonía de disposiciones íntimas, que permitirá a María asumir plenamente su función materna con respecto a Jesús, acompañándolo en su misión de Siervo.

En la vida de Jesús, la voluntad de servir es constante y sorprendente. En efecto, como Hijo de Dios, hubiera podido con razón hacer que le sirvieran. Al atribuirse el título de "Hijo del hombre", a propósito del cual el libro de Daniel afirma: "Todos los pueblos, naciones y lenguas le servirán" (Dn 7, 14), hubiera podido exigir el dominio sobre los demás. Por el contrario, al rechazar la mentalidad de su tiempo manifestada mediante la aspiración de los discípulos a ocupar los primeros lugares (cf. Mc 9, 34) y mediante la protesta de Pedro durante el lavatorio de los pies (cf. Jn 13, 6), Jesús no quiere ser servido, sino que desea servir hasta el punto de entregar totalmente su vida en la obra de la redención.

3. También María, aun teniendo conciencia de la altísima dignidad que se le había concedido, ante el anuncio del ángel se declara de forma espontánea "esclava del Señor". En este compromiso de servicio ella incluye también su propósito de servir al prójimo, como lo demuestra la relación que guardan el episodio de la Anunciación y el de la Visitación: cuando el ángel le informa de que Isabel espera el nacimiento de un hijo, María se pone en camino y "de prisa" (Lc 1, 39) acude a Galilea para ayudar a su prima en los preparativos del nacimiento del niño, con plena disponibilidad. Así brinda a los cristianos de todos los tiempos un modelo sublime de servicio.

Las palabras "Hágase en mi según tu palabra" (Lc 1, 38), manifiestan en María, que se declara esclava del Señor, una obediencia total a la voluntad de Dios. El optativo "hágase" (génoito), que usa san Lucas, no sólo expresa aceptación, sino también acogida convencida del proyecto divino, hecho propio con el compromiso de todos sus recursos personales.

4. María, acogiendo plenamente la voluntad divina, anticipa y hace suya la actitud de Cristo que, según la carta a los Hebreos, al entrar en el mundo, dice: "Sacrificio y oblación no quisiste; pero me has formado un cuerpo (...). Entonces dije: ¡He aquí que vengo (...) a hacer, oh Dios, tu voluntad!" (Hb 10, 5-7; Sal 40, 7-9).

Además, la docilidad de María anuncia y prefigura la que manifestará Jesús durante su vida pública hasta el Calvario. Cristo dirá: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra" (Jn 4, 34). En esta misma línea, María hace de la voluntad del Padre el principio inspirador de toda su vida, buscando en ella la fuerza necesaria para el cumplimiento de la misión que se le confió.

Aunque en el momento de la Anunciación María no conoce aún el sacrificio que caracterizará la misión de Cristo, la profecía de Simeón le hará vislumbrar el trágico destino de su Hijo (cf. Lc 2, 34-35). La Virgen se asociará a él con íntima participación. Con su obediencia plena a la voluntad de Dios, María está dispuesta a vivir todo lo que el amor divino tiene previsto para su vida, hasta la "espada" que atravesará su alma.



San Juan Pablo II
Audiencia General
(Miércoles 4 de septiembre de 1996)

 

5 de noviembre de 2021

Nuestra Señora de la Plaza España de Roma

 Del sitio de Las Misioneras de la Divina Revelación:

La Columna de la Inmaculada Concepción está situada a un costado de la Plaza de España, en la Plaza Mignanelli adyacente, de frente a la embajada española en Roma y también próxima al Palacio de Propaganda Fide

Fue realizada bajo el proyecto del arquitecto Luis Poletti e inaugurada en año de 1857, el 8 de diciembre, gracias al trabajo de 220 bomberos.

La obra es dedicada al dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pio IX con la Constitución Apostólica Ineffabilis Deus, según la cual la Virgen es el único ser humano que nació sin el pecado original. Dios, previniendo la caída del hombre, “desde el origen y al inicio de los siglos, eligió y predestinó a su Hijo una madre, de la cual se encarnaría y de la que, en la plenitud de los tiempos, habría de nacer; y, a diferencia de otras creaturas, la hizo signo de tanto amor de cumplirse en ella sola con una singularísima benevolencia. Por esto admirablemente la colmó abundantemente, más que todos los ángeles y los santos, de la abundancia de todos los dones celestes, tomados del tesoro de su divinidad. Así ella, siempre absolutamente libre de toda mancha de pecado, toda bella y perfecta, poseyó tal plenitud de inocencia y de santidad que, después de la de Dios, no se puede concebir una mayor, y fuera de Dios, ninguna mente puede alcanzar a comprender su profundidad” (Const. Ap. Inefabilis Deus).

El origen de la columna es romano, fue de hecho encontrada en 1778 en las excavaciones de Campo Marzio. La estructura está compuesta de un basamento en mármol, sobre el cual está apoyada la columna en mármol cipollino, con 12 metros de largo aproximadamente, sostiene la estatua de bronce de la Virgen, obra de Giuseppe Obici. Siempre sobre el basamento podemos admirar 4 estatuas de bronce que representan a Moisés, el rey David, el profeta Ezequiel e Isaías. Debajo de cada estatua está escrito un versículo de la Sagrada Escritura refiriéndose al dogma de la Inmaculada Concepción.

Bajo la estatua de Moisés podemos leer el versículo del Génesis 3, 15: “yo pondré enemistad entre ti y la mujer”. Como podemos leer en la Innefabilis Deus, los padres y los escritores eclesiásticos enseñaron que con la divina profecía del Génesis 3, 15, “fue clara y abiertamente indicado el misericordiosísimo Redentor del género humano, es decir, el Hijo unigénito de Dios, Jesucristo; fue delineada su Beatísima Madre, la Virgen María; y al mismo tiempo fue abiertamente expresa la enemistad de los dos contra el demonio. En consecuencia de ello, como Cristo, mediador entre Dios y los hombres, asumida la naturaleza humana, destruyó el decreto de condena que había contra nosotros, asociándolo triunfalmente a la cruz; así, la Santísima Virgen, unida a Él con un vínculo estrecho e indisoluble, fue junto con Él y por medio de Él, la eterna enemiga de la venenosa serpiente y pisó su cabeza con su pie inmaculado”.

Bajo la estatua del Rey David, considerado el autor de numerosos salmos bajo inspiración divina, está escrito el versículo del Salmo 46, 5: “El Altísimo ha santificado su morada”, refiriéndose a la Virgen María que Dios ha preservado del pecado original, en vista de la encarnación de su Hijo en Ella. De este modo, Dios ha santificado a Aquélla que debía ser digna morada para su Hijo. María así se convierte en la morada viviente de Dios. En Ella mora el Señor, en ella el Señor encuentra el lugar de Su reposo.

Bajo la estatua de Ezequiel se encuentra el versículo de Ezequiel 44, 2: “Esta puerta se cerrará”. También este versículo se refiere a la Inmaculada Concepción de María, como los padres de la Iglesia han afirmado, descubriendo en tal versículo y en otras figuras del Antiguo Testamento: “el claro preanuncio de la excelsa dignidad de la Madre de Dios, de su inmaculada inocencia y de su santidad, jamás sujeta a ninguna mancha” (Const. Ap. Innefabilis Deus).

Finalmente, bajo la estatua de Isaías se ha colocado el versículo de Isaías 7, 14: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo”. Igualmente este versículo ha sido leído por los Padres de la Iglesia en referencia a la Virgen María y a su parto virginal: Jesús nació de María, que ha permanecido siempre virgen antes, durante y después del parto, precisamente porque no fue marcada por el pecado original.

Sobre el basamento se pueden observar cuatro bajorrelieves que representan la Anunciación, el sueño de José, la Coronación de María en el Cielo y la definición del dogma. En cuanto a la definición del dogma remitimos las palabras de la Innefabilis Deus con la que Pio IX proclamó la verdad de la Inmaculada Concepción: “con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los beatos apóstoles Pedro y Pablo y la nuestra, declaramos, pronunciamos y definimos: la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María desde el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en vista de los méritos de Jesús, salvador del género humano, fue preservada inmune a toda mancha del pecado original, fue revelada por Dios y por eso se debe creer firme e inviolablemente por todos los creyentes. Por lo tanto, si alguno (¡Dios no lo quiera!) deliberadamente presumiera algo distinto de cuanto fue definido por nosotros, conozca y sepa que será condenado por su propio juicio, de haber hecho naufragio en la fe, de haberse separado de la unidad de la iglesia…”.

Cada año, el 8 de diciembre, se celebra la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, y en la Plaza de España, por la tarde, el Santo Padre se acerca a la estatua de la Virgen para unirse al homenaje de la Ciudad de Roma a María, ofreciendo un cesto de rosas. Estas flores simbolizan el amor y la devoción del Papa, de la Iglesia de Roma y de los habitantes de la ciudad que se sienten espiritualmente hijos de la Virgen María y con esta corona quieren colocar sus ansias y esperanzas a los pies de la celeste Madre del Redentor.

16 de febrero de 2019

Nuestra Señora de la Espina

Del sitio Roman Catholic Saints:

En la noche de la fiesta de la Anunciación, el 24 de marzo de 1400, algunos pastores que cuidaban de sus rebaños fueron atraídos por una luz brillante que provenía de la Capilla de San Juan Bautista cerca de Chalons, Francia. Al acercarse a la luz vieron que se trataba en realidad de un arbusto espinoso totalmente envuelto en llamas, y descubrieron una estatua de la Santísima Virgen de pie ilesa en medio de las llamas. De hecho, aunque el fuego ardía intensamente, las ramas y hojas del arbusto espinoso no se veían afectadas por las llamas.

El milagro continuó durante toda la noche y hasta el día siguiente, la noticia del milagro se difundió rápidamente. Multitudes de gente se amontonaban alrededor de la zarza ardiente que tanto recordaba a la que presenció Moisés en el monte Horeb. El obispo de Chalons, Carlos de Poiters, también fue testigo de la zarza ardiente y de la estatua milagrosa, ambas aún no afectadas por el fuego.

Cuando las llamas finalmente se apagaron, el obispo tomó reverentemente la estatua y la llevó con sus propias manos a la cercana Capilla de San Juan. En el mismo lugar del milagro, se inició la construcción de una iglesia para la consagración de la estatua milagrosa. Ya que la iglesia fue construida tan rápidamente - en poco más de 24 años - una encantadora leyenda local dice que los ángeles continuaron el trabajo en la noche después de que los obreros se fueron a casa.

Nuestra Señora de la Espina (Notre Dame de l'Epine) se convirtió rápidamente en un lugar de peregrinación. Hoy, una basílica menor, el santuario resultó ser tan hermoso que la gente lo consideraba un lugar digno para venerar a la Santísima Virgen. La iglesia gótica flamígera cuenta con majestuosas puertas, un espléndido rosetón que decora la entrada principal y dos agujas de piedra cincelada, se eleva en lo alto e imponente de la llanura en Champagne.

Durante la terrible Revolución Francesa, la estatua de Nuestra Señora de las Espinas fue retirada del altar principal y escondida para su custodia. Después de que terminó, la estatua fue traída de nuevo para su veneración.

También se han reportado muchas curaciones en el santuario, muchas verificadas por médicos.

La hermosa iglesia de Nuestra Señora de la Espina ha sido reconocida por varios papas, entre ellos el Papa Calixto III, Pío II y Gregorio XV. El Papa León XIII ordenó la coronación solemne de la estatua milagrosa, diciendo: "Sí, Nuestra Señora de la Espina será coronada en mi nombre. Prepárale una diadema digna de la Madre de Dios y del pueblo que ella protege...."

Es un lugar de grandeza donde las almas cristianas pueden expandirse en adoración al Hijo de Dios, y muchos son los peregrinos de todo tipo que han visitado el santuario a lo largo de los años, incluida Santa Juana de Arco en 1429.

1 de septiembre de 2018

Nuestra Señora de los Remedios

Del sitio Foros de la Virgen:

Es la imagen más antigua que se venera en México, en Virtud de que fue traída por un soldado del ejército de Hernán Cortés durante la Conquista.

La imagen de la Virgen de los Remedios llegó a tierras mexicanas en 1519 con Juan Rodríguez de Villafuerte, quien la trajo de Vasconia, España, como protectora en su viaje de conquista. Fue en Veracruz donde presidió la primera misa que se hizo en México, el 21 de abril de 1519.

La Virgen de los Remedios es una advocación mariana que numerosas ciudades han tomado como su patrona, y muchas iglesias y templos están consagrados a su nombre.

La difusión de la advocación mariana de “Los Remedios” fue llevada acabo por la Orden de la Santísima Trinidad, los Trinitarios, congregación fundada por San Juan de Mata y San Felix de Valois, y aprobada por el Papa Inocencio III; extendiéndose a partir del siglo XIV por Europa y América

Del latín remedius, acepción de “auxilio” (siglo XVI).

Entre la nobleza visigoda de Toledo, en los inicios del ya muy lejano siglo VIII, y aventuras de guerreros mercenarios extremeños de la época de Hernán Cortés, a finales del siglo XV, enmarcan a la pequeña imagen de la Virgen de los Remedios y el diminuto “niño” que sobre su pecho alberga.

Trataré de ubicar primeramente, en el tiempo y el espacio, a la imagen que al pasar de los siglos sería conocida como Virgen de los Remedios, y para ello, recordemos previamente que los visigodos dominaron a España del 412 al 711 de nuestra era y que allá por el año 700, la nieta del entonces ya fallecido Rey Chindavisto, llamada doña Luz, y a quien la crónica de la época pinta como a una hermosa mujer, era objeto de tenaz persecución amorosa por parte del Rey Witiza, monarca en turno de la imperial Toledo.

No obstante que el rey no dejaba ni a sol de campo ni a sombra de castillo a doña Luz, ésta se unió secretamente con don Favila, duque de Cantabria, de quien, secretamente también, tuvo un niño (éste sería, con los años, don Pelayo, Libertador de España).

Antes de que el ya receloso monarca lograra descubrir la prueba del “pecado”, doña Luz hizo subrepticiamente sacarlo del castillo y, en una muy superada versión de la leyenda del patriarca Moisés, el infante, acompañado por una pequeña Virgen María y su niño, fue cuidadosamente acomodado en una arca que una camarera de doña Luz depositó sobre las aguas del río Tajo, allá en Toledo.

Después de un recorrido de casi 40 leguas, según leyenda, el arca, sobre el mismo río Tajo, fue vista y resaltada en un sitio aledaño a la Villa de Alcántara (Extremadura) por el noble don Garfres, quien ahí se hallaba ejercitándose en la cacería.

Aquel caballero descubrió también, al lado del infante, unas joyas y una casa del origen noble del niño, sin dar ninguna noticia de quiénes eran sus progenitores.

Don Gafres condujo y adoptó en su castillo al Niño, y a la Virgen la entregó a la iglesia de Santiago, ya desaparecida, de la Villa de Alcántara.

Casi ocho siglos después, ya por algún extraño privilegio, o tal vez por un acto de compraventa, el cura de aquella iglesia entregó la Virgen a un soldado extremeño que habría de partir a la guerra de Italia.

Cuando este soldado regresó de su aventura, a su villa natal, y supo que su hermano Juan Rodríguez de Villafuerte se enlistaría entre los hombres de Cortés para venir a “la conquista de las Indias”, aquí al Nuevo Mundo, le aconsejó a éste traer consigo aquella Virgen, diciéndole que a él le había, no solamente, dado fortuna, sino también la había remediado sus heridas. De ahí, posiblemente, el nombre de Virgen de los Remedios.

Nuestra Señora de los Remedios es una pequeña representación de 27 cm de alto, de pie, en su brazo izquierdo lleva al niño Jesús, ambos coronados. Está ataviada con bellas capas, en su mano derecha porta un bastón de mando, banda cruzada al pecho que la designa generala del ejército español, por su origen; sobre peana y luna de plata.

Es la imagen más antigua que se venera en México, en Virtud de que fue traída por un soldado del ejército de Hernán Cortés durante la Conquista.

La imagen de la Virgen de los Remedios llegó a tierras mexicanas en 1519 con Juan Rodríguez de Villafuerte, quien la trajo de Vasconia, España, como protectora en su viaje de conquista. Fue en Veracruz donde presidió la primera misa que se hizo en México, el 21 de abril de 1519.

Hernán Cortés, a más de encargarse de la conquista “militar” de México Tenochtitlán, se empeñó en amparar la “conquista espiritual” colocando una cruz y una imagen de Nuestra Señora en el Templo Mayor de la Gran Tenochtitlan, después de haber derrocado a los ídolos de lo alto del Teocalli.

Juan Rodríguez de Villafuerte se encargó, bajo expreso mandato de Cortés, de llevar a buen fin esta hazaña que ahuyentaba la idolatría. Allí permanecieron estos signos cristianos hasta el episodio conocido como “La Noche Triste”, en la cual el ejército español salió huyendo de la persecución de los indios a lo largo de la calzada de Tlacopan.

En medio de la retirada y el desconcierto, algunos soldados se fueron dispersando, mientras otros resistían en medio de una batalla que hubiera costado la derrota total de los invasores. Fue entonces que en su auxilio intervino la Virgen Conquistadora…

Se cree que, en medio de la confusión, la pequeña imagen de la Virgen fue rescatada de entre los ídolos paganos, y se atribuye a Villafuerte el haberla ocultado “en el cue de Otomcapulco, debajo del maguey”, esto es, un adoratorio indígena, en el cerro de Otomcapulco, donde actualmente está el Santuario.

Luego de permanecer enterrada en aquel lugar, en 1540 el indio cacique Juan Tovar, durante uno de sus recorridos por el cerro de Totoltepec, tuvo una visión en la cual la Virgen María se le mostró resplandeciente y lo exhortó para que rescatara su imagen de aquel olvido.

Así, determinó comunicar lo ocurrido a los religiosos franciscanos, quienes juiciosos, no tomaron por cierta la noticia de aquel mensajero indígena.

Para enfatizar su voluntad, María Santísima intervino milagrosamente cuando el indio sufrió un accidente mortal, al momento de estar trabajando en la fábrica de la iglesia franciscana de Tacuba. Esta señal del cielo obligó al indio a hurgar en dicho paraje registrando cautelosamente el terreno, y así “halló [debajo de un maguey] todas las Aves en la Ave llena de gracia, María Virgen y Madre de Dios en su prodigiosa imagen de los Remedios”.

Fue entonces que el agraciado cacique tomó con reverencia la pequeña talla y la colocó en su casa como objeto de su particular devoción. Desde un principio se manifestó como “La primera señal de posesión que aprehendía Dios de estos reinos”.

De 1540 a 1550, la Virgen de los Remedios es venerada primeramente en la casa de Ce Cuautli, Juan Tobar, cacique del pueblo de San Juan Totoltepec, y fue posteriormente en una ermita construida cerca de su casa; habiendo sido nombrado capellán de esta ermita el Pbro. Alonso Gentil, por el Maestrescuelas de la Catedral de México D. Alvaro Treviño y sacristán D. Gabriel López, agricultor y vecino de este mismo pueblo.

En una antiquísima relación mexicana de la Sma. Virgen de Guadalupe, se lee que en 1544 el cacique D.Juan de Águila el vidente de los Remedios, infectado de la peste, fue a suplicar a la Virgen del Tepeyac su curación y que ella queriendo manifestarle que sus dos advocaciones, Remedios y Guadalupe, son la misma persona, le contestó sonriente: “Levántate! Ya estas sano, ¡vuelve a tu casa!, te ordeno que en la cumbre donde están los magueyes y viste mi imagen, erijas el templo en que he de estar. Y le mandó que hiciera otras cosas. Al momento sanó”.

En 1550, la Virgen de los Remedios que misteriosamente se venía de la casa de Ce Cuautli al Cué de Otomcapulco, es trasladada de Totoltepec a la primera ermita que se le construyó donde fue encontrada y que se ubicó donde actualmente está su Santuario. Esta ermita se registra en el mapa de Santa Cruz con el nombre Nuestra Señora de la Victoria, nombre alternativo al de los Remedios.

En 1574, el Cabildo y el Ayuntamiento de la Ciudad de México, por instancias e iniciativa de D. García Albornoz, Regidor del Ayuntamiento y obrero Mayor de la Cd. de México, decretan y patrocinan la construcción del templo de Ntra. Sra. de los Remedios, el cual se empezó en mayo de 1574 y se terminó en agosto de 1575, sobre las ruinas de la ermita que se construyó en 1550. Su primer capellán nombrado por el Arzobispo Moya de Contreras y el Virrey, fue el Lic. Felipe de Peñafiel.

Don García de Albornoz, solicita del Cabildo se funde la COFRADÍA DE NTRA. SRA. DE LOS REMEDIOS. Las constituciones de la misma se firmaron el 18 de Marzo de 1575, quedando como cofrades y esclavos de la Virgen todos los capitulares de la ciudad y muchos caballeros principales; la cofradía tenía como objetivo incrementar el culto de la Virgen, velar por el decoro de la Ermita, cuidar los donativos y atender a los peregrinos.

En las Constituciones de la Cofradía de la Virgen de los Remedios, aprobadas en 1575, consta que la FIESTA TITULAR del Santuario fue la Visitación de la Virgen María, el 2 de Julio. También se habrían de celebrar: el 2 de Febrero, la Purificación; el 25 de Marzo, la Anunciación; el 15 de Agosto, la Asunción y el 8 de Septiembre, la Natividad de la Virgen. La principal de éstas, fue el 15 de Agosto. Actualmente FIESTA TITULAR del Santuario es 1 de Septiembre.

Desde 1577 hasta 1922, fue llevada la Virgen de los Remedios más de 75 veces en PROCESIÓN SOLEMNE desde su Santuario a la Catedral de México, como REMEDIO de las necesidades públicas. De estas famosas procesiones que conmovían a la ciudad, dan fe las Actas del Cabildo de la Ciudad; en estas actas se encuentra el interesante motivo de cada una, las personalidades que la acompañaban, lo mismo que los admirables festejos a la ida y regreso, la dignidad de las andas, el coche y las magníficas ofrendas, etc. etc.

Con fecha 25 de agosto de 1998, el Santuario de Ntra. Sra. de los Remedios es elevado a la dignidad de BASÍLICA MENOR, por Decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.