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27 de julio de 2025

Nuestra Señora de la Asunción y San Napoleón Bonaparte

 
 

Del blog Asalta el cielo con tu Rosario:

Extraído del sitio El Debate:

El 19 de febrero de 1806, un decreto imperial instauró la fiesta de San Napoleón, santo hasta entonces desconocido, al que se asignó la fecha del 15 de agosto para su celebración, desplazando la fiesta de la Virgen, protegida por la anterior Monarquía de los Borbones

La Revolución Francesa de 1789 dividió poderosamente a los franceses al tratar, no sólo de secularizar, desamortizar y desacralizar la sociedad y las costumbres, sino de construir una Iglesia revolucionaria separada de Roma. El conflicto derivó en una auténtica guerra civil, conocida en algunas regiones como la sublevación de los chuanes y vendeanos. Paralelamente, el gobierno jacobino de Robespierre impulsó una religión de Estado basada en el culto a la diosa Razón mientras guillotinaba a sacerdotes y católicos. Pese a que los rebeldes que alzaron la bandera católica y monárquica fueron derrotados en sucesivos años, los rescoldos del conflicto se mantuvieron latentes de tal manera que Napoleón Bonaparte tuvo que demostrar su habilidad política para acabar con esa situación. De ahí su apuesta por un Concordato con el Papado en 1802 y una paz religiosa que, en última instancia, benefició su mandato.

El Papa Pío VII temió siempre que quisiera hacer de él una marioneta más, a lo que se negó con rotundidad, pero apoyó la necesidad de pactar con Napoleón –ante la negativa de muchos de sus cardenales– para lograr la paz necesaria para la reconstrucción del catolicismo en Francia.

Y, así, los primeros años del Imperio napoleónico fueron beneficiosos para la Iglesia. Se abrieron diez seminarios metropolitanos sostenidos por el Estado, la Dirección de Cultos se convirtió en un Ministerio y los cardenales fueron incluidos en el protocolo de la corte. Se autorizaron las congregaciones femeninas dedicadas a la enseñanza y a la asistencia pública. Se restablecieron los hermanos de las Escuelas cristianas y los paúles por los servicios insustituibles y prácticamente gratuitos que prestaban para la instrucción del pueblo.

Fueron autorizados los institutos misioneros –lazaristas, misiones extranjeras, misioneros del Espíritu Santo– por la utilidad que tendrían en la pretendida expansión colonial francesa ideada por Napoleón. El catolicismo, a pesar de no ser considerado religión oficial, fue recuperando presencia e influencia en la sociedad francesa. Y la Iglesia, a cambio, consiguió la paz interior que tanto necesitaba Napoleón, convenciendo a los rebeldes católicos de la necesidad de evitar conflictos, al menos hasta 1814.

Sin embargo, esta actitud favorable del Emperador a favor de la libertad de la Iglesia duró poco. Pronto, se fueron enconando las relaciones con el Papa. El motivo fundamental fue el deseo napoleónico de dominar, centralizar y organizar toda la vida pública y lograr que Pío VII se pusiera de su parte tanto política como moralmente. Un buen ejemplo de esa intromisión fue la redacción en 1806 del Catecismo Imperial, obligatorio en Francia y beneficioso para la imagen del Emperador, ya que subrayaba el amor, respeto, obediencia, fidelidad debidos a la persona de Napoleón, e incluía la obligatoriedad moral de pagar impuestos para la conservación y defensa del Imperio y de su trono, de rezar por la salud del emperador y la prosperidad espiritual y temporal del Estado, y de acudir al reclutamiento militar, deber del que al año siguiente fue dispensado el clero.

Una comisión de cardenales protestó ante estas imposiciones paganas, destacando el uso político del único catecismo que Napoleón permitiría en su Imperio. Pero lo cierto es que, en beneficio del cristianismo y teniendo en cuenta el fin de la persecución, el Papa tuvo que acomodarse, así como a la fiesta del patrón imperial.

Efectivamente, el 19 de febrero de 1806, un decreto imperial instauró la fiesta de san Napoleón, santo hasta entonces desconocido, al que se asignó la fecha del 15 de agosto para su celebración, desplazando la fiesta de la Virgen, protegida por la anterior Monarquía de los Borbones. Pío VII volvió a transigir, en su política de ceder en lo superfluo para no ceder en los principios verdaderamente importantes del catolicismo, puesto que –como diría otro pontífice– lo importante no eran los bienes sino el Bien. Y es que, si bien se mantuvieron otras ocasiones de festejar a la Virgen María, el uso político de la fiesta de san Napoleón no le pasó tampoco desapercibido.

Pero la ocupación militar del puerto de Ancona –dentro de los Estados Pontificios– por las tropas francesas en 1806, comenzó a aumentar la tensión entre París y Roma. Napoleón ordenó al Papa que expulsara de sus Estados a todos los ciudadanos cuyas naciones estaban en guerra contra Francia, a lo cual Pío VII se negó, así como a la insinuación de que debía aceptar el bloqueo económico contra Gran Bretaña. Estas muestras de independencia del Papado no fueron aceptadas por el Emperador, que pronto se encontró, nuevamente, con la guerra y terminó ordenando la invasión de los Estados Pontificios y el secuestro de Pío VII en 1808.

Antonio Manuel Moral Roncal

12 de octubre de 2020

Nuestra Señora de los Oceanos, Maryam


Del sitio Un Minuto con María:

Significado etimológico: María es la contracción de dos palabras hebreas, “Mar”, que significa gran señora, y “Yam”, que significa océano. María: la señora de los océanos.

María, Maryam, es, por tanto, la señora de los océanos, de las grandes aguas primitivas: Dios en Ella crea algo nuevo.

Así, en la Anunciación, el ángel Gabriel la saluda con el nombre de Maryam, reconociendo en ella a la mujer de la nueva creación sobre la que se cierne el Espíritu, como el Espíritu se cernió sobre las aguas de la primera creación (Génesis 2; Lucas 1, 26-38).

Antoine Moussali (1921-2003)
padre lazarista de origen libané
 Judaïsme, christianisme et islam étude comparée
 Éditions de Paris
2000

29 de julio de 2018

Nuestra Señora de Efeso

Del sitio Sacred Sites and Religious Travels:

De acuerdo con la tradición cristiana predominante, María fue llevada a Éfeso por el apóstol Juan después de la Resurrección de Cristo y vivió sus días allí.  

Esto se basa principalmente en la creencia tradicional de que Juan vino a Éfeso (véase la Basílica de San Juan) combinado con la declaración bíblica de que Jesús entregó a Nuestra Señora al cuidado de Juan (Juan 19: 26-27). 

Los arqueólogos que han examinado el edificio identificado como la Casa de la Virgen creen que la mayoría de los edificios datan del siglo VI o VII. Pero sus fundamentos son mucho más antiguos y bien pueden ser del siglo I D.C., el tiempo de María. Este sitio ha sido durante mucho tiempo un lugar de peregrinación para los cristianos ortodoxos locales. 

La historia moderna de la casa de la Virgen María es inusual. Fue "descubierta" en 1812 por una monja alemana, la hermana Anne Catherine Emmerich, (beata), que nunca viajó lejos de su casa.La hermana Emmerich, una inválida confinada a la cama, se despertó en un trance con los estigmas y las visiones que incluían a la Virgen María y al Apóstol Juan que viajaban de Jerusalén a Éfeso. Ella describió la casa de María en detalle, que fue grabada junto a su cama por un escritor llamado Brentano. Emmerich describió una casa de piedra rectangular, que Juan había construido para María. Tenía una chimenea, un ábside y una pared trasera redonda. La habitación contigua al ábside era la habitación de María, que tenía un corredor que la atravesaba.

 La monja alemana continuó diciendo que la Virgen María murió a la edad de 64 años y fue enterrada en una cueva cerca de su casa. Sin embargo, cuando su ataúd fue abierto poco después, el ataúd y el sudario estaban vacíos. La casa se convirtió en una capilla.

 Años después de las visiones de Emmerich, un clérigo francés llamado Gouyet leyó el escrito de Brentano y viajó a Éfeso para encontrar la Casa de la Virgen. Encontró una casa que coincidía con la descripción de la monja y envió un mensaje a los obispos de París y Roma, pero no recibió mucha respuesta.

El 27 de junio de 1891, dos prelados lazaristas y dos funcionarios católicos se dirigieron a Éfeso para ver la casa. Encontraron una pequeña capilla en ruinas con una estatua dañada de la Virgen. Regresaron a Esmirna con su informe, y enviaron más sacerdotes y especialistas al sitio. Desde 1892, la Casa de la Virgen ha sido un lugar de peregrinación católica. Fue restaurado en 1897 y se instaló un refugio para visitantes.

La casa de María fue visitada más tarde por los papas Pablo VI y Juan Pablo II, quienes confirmaron su idoneidad como lugar de peregrinación. El 29 de noviembre de 2006, el Papa Benedicto XVI celebró misa aquí.