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17 de marzo de 2026

Aparición de Nuestra Señora a San Bernardino Realino

 


Del sitio Catholic.net:

En Lecce, en la región de Apulia, san Bernardino Realino, presbítero de la Orden de la Compañía de Jesús, ilustre por su caridad y su benignidad, el cual, despreciando los honores del mundo, se entregó al cuidado pastoral de los presos y de los enfermos, así como al ministerio de la palabra y de la penitencia.  († 1616).

Con San Bernardino Realino ocurrió un hecho insólito: Sin esperar a que traspasase el umbral de la muerte fue nombrado patrono celestial de la ciudad de Lecce, donde murió.

Ocurrió a comienzos de 1616. Por toda la ciudad corrió el rumor de que el padre Bernardino Realino, que había sido su apóstol durante cuarenta y dos años, estaba a punto de muerte. Era por entonces alcalde de la ciudad Segismundo Rapana, hombre previsor y decidido. Informado de la gravedad del "Santo Bernardino", se presenta con una comisión del Ayuntamiento en el colegio de los jesuitas. Los guardias le abren paso entre el gentío que se ha formado en la portería del colegio. Llegado a la presencia del moribundo, saca de su casaca un documento que llevaba preparado y lo lee delante de todos: "Grande es nuestro dolor, oh padre muy amado, al ver que nos dejáis, pues nuestro más ardiente deseo sería que os quedarais para siempre entre nosotros. No queriendo, sin embargo, oponernos a la voluntad de Dios, que os convida con el cielo, deseamos, por lo menos, encomendaros a nosotros mismos y a toda esta ciudad, tan amada por vos, y que tanto os ha amado y reverenciado. Así lo haréis, oh padre, por vuestra inagotable caridad, la cual nos permite esperar que queráis ser nuestro protector y patrono en el paraíso, pues por tal os elegimos desde ahora para siempre, seguros de que nos aceptaréis por fieles siervos e hijos, ya que con vuestra ausencia nos dejáis sumergidos en el más profundo dolor".

El anciano padre, acabado como estaba por la enfermedad, hizo un supremo esfuerzo y pudo, al fin, pronunciar un "Sí, señores" que llenó al alcalde y a toda la ciudad de inmenso júbilo.

Había nacido San Bernardino Realino en Carpi, ducado de Módena, el 1 de diciembre de 1530. Su familia pertenecía a la nobleza provinciana. Su padre, don Francisco Realino, fue caballerizo mayor de varias cortes italianas. Por este motivo estaba casi siempre ausente de su casa. La educación del pequeño Bernardino estuvo confiada a su madre, Isabel Bellantini.

Dicen que Bernardino era un niño hermoso, de finos modales, todo suavidad en el trato, siempre afable y risueño con todos. A su buena madre le profesó durante toda su vida un cariño y una veneración extraordinarios. Durante sus estudios un compañero le preguntó: "Si te dieran a escoger entre verte privado de tu padre o de tu madre. ¿qué preferirlas?" Bernardino contestó como un rayo: "De mi madre jamás." Dios, sin embargo, le pidió pronto el sacrificio más grande.

Su madre se fue al cielo cuando él todavía era muy joven. Su recuerdo le arrancaba con frecuencia lágrimas de los ojos. Ella se lo había merecido por sus constantes desvelos y principalmente por haberle inculcado una tierna devoción a la Virgen María.

En Carpi comenzó el niño Bernardino sus estudios de literatura clásica bajo la dirección de maestros competentes. "En el aprovechamiento —escribe el mismo Santo—, si no aventajó a sus discípulos, tampoco se dejó superar por ninguno de ellos." De Carpi pasó a Módena y luego a Bolonia, una de las más célebres universidades de su tiempo, donde cursó la filosofía.

Fue un estudiante jovial y amigo de sus amigos. Más tarde se lamentará de "haber perdido muchísimo tiempo con algunos de sus compañeros, con los cuales trataba demasiado familiarmente".

Fue, pues, muchacho normal. Hizo poesías. Llevó un diario íntimo como todos, y se enamoró como cualquier bachiller del siglo XX. Hasta tuvo sus pendencias, escapándosele alguna cuchillada que otra...

"Habiéndome introducido por senda tan resbaladiza —escribe el Santo refiriéndose a aquellos días—, vino el ángel del Señor a amonestarme de mis errores, y, retrayéndome de las puertas del infierno, me colocó otra vez en la ruta del cielo".

¿Quién fue este "ángel del cielo"?

Un día vio en una iglesia a una joven y quedó prendado de ella. La amó con un amor maravilloso, "hasta tal punto -son sus palabras- de cifrar toda mi dicha en cumplir sus menores deseos. No obedecerla me parecía un delito, porque cuanto yo tenía y cuanto era reconocía debérselo a ella". Esta joven se llamaba Clorinda. Bellísima, había dominado por sí misma, sin ayuda de nadie, el vasto campo de la literatura y la filosofía. Era profundamente piadosa. Frecuentaba la misa y la comunión. Precisamente la vista de su angelical postura en la iglesia fue lo que prendió en el corazón de Bernardino aquella llama de amor puro y bello que elevó su espíritu a lo alto, como lo demuestran las cartas y poesías que se cruzaron entre los dos y que todavía se conservan. Clorinda y Bernardino tuvieron una confianza cada día creciente, pero siempre delicada y noble.

Bernardino tenía proyectado graduarse en Medicina. Pero a Clorinda no le gustaba, y él se sometió dócilmente a los deseos de ella. Había que cambiar de carrera y comenzar la de Derecho.

-Grande y ardua empresa quieres que acometa- le dijo Bernardino.

-Nada hay arduo para el que ama- fue la respuesta de Clorinda.

Dicho y hecho. Bernardino se sumergió materialmente en los libros de leyes, que le acompañaban hasta en las comidas, y tan absorto andaba con Graciano y Justiniano, que a veces trastornaba extrañamente el orden de los platos, Por fin, el 3 de junio de 1546, a los veinticinco años, se doctoró en ambos Derechos, canónico y civil, coronando así gloriosamente el curso de sus estudios.

A los seis meses de terminar la carrera fue nombrado podestá, o sea alcalde, de Felizzano. Del gobierno de esta pequeña ciudad pasó al cargo de abogado fiscal de Alessandría, en el Piamonte. Después se le nombró alcalde de Cassine, De Cassine pasó a Castelleone de pretor a las órdenes del marqués de Pescara.

En todos estos cargos se mostró siempre recto y sumamente hábil en los negocios. He aquí el testimonio —un poco altisonante, a la manera de la época— de la ciudad de Felizzano al terminar en ella su mandato el doctor Realino: "Deseamos poner en conocimiento de todos que este integérrimo gobernador jamás se desvió un ápice de la justicia, ni se dejó cegar por el odio, ni por codicia de riquezas. No es menos de admirar su prudencia en componer enemistades y discordias; así es que tanta paz y sosiego asentó entre nosotros, que creíamos había inaugurado una nueva era la tranquilidad y bonanza. Siempre tomó la defensa de los débiles contra la prepotencia de los poderosos; y tan imparcial se mostró en la administración de la justicia que nadie, por humilde que fuese su condición, desconfió jamás de alcanzar de él sus derechos".

El marqués de Pescara quedó tan satisfecho de las actuaciones de Realino que, cuando tomó el cargo de gobernador de Nápoles en nombre de España, se lo llevó consigo como oidor y lugarteniente general.

En Nápoles le esperaba a Bernardino la Providencia de Dios.

La felicidad de este mundo es poca y pasa pronto. Clorinda se cruzó en la vida de Bernardino rápida y bella como una flor. Ella, que le había animado tanto en los estudios, murió apenas daba los primeros pasos en el ejercicio de su carrera. La muerte de Clorinda abrió en el alma de Bernardino una herida profunda que difícilmente podría curarse. Fue una lección de la vanidad de las cosas de este mundo.

El recuerdo de aquella joven querida le alentaba ahora desde el cielo, presentándosele de tiempo en tiempo radiante de luz y de gloria y exhortándole a seguir adelante en sus santos propósitos.

Un día paseaba el oidor por las calles de Nápoles cuando tropezó con dos jóvenes religiosos cuya modestia y santa alegría le impresionó vivamente. Les siguió un buen trecho y preguntó quiénes eran. Le dijeron que "jesuitas", de una Orden nueva recientemente aprobada por la Iglesia.

Era la primera noticia que tenía Bernardino de la Compañía de Jesús. El domingo siguiente fue oír misa a la iglesia de los padres.

Entró en el momento en que subía al púlpito el padre Juan Bautista Carminata, uno de los oradores mejores de aquel tiempo. El sermón cayó en tierra abonada. Bernardino volvió a casa, se encerró en su habitación y no quiso recibir a nadie durante varios días. Hizo los ejercicios espirituales, y a los pocos días la resolución estaba tomada. Dejaría su carrera y se abrazaría con la cruz de Cristo.

Su madre había muerto, Clorinda había muerto. Su anciano padre no tardaría mucho en volar al cielo. No quería servir a los que estaban sujetos a la muerte. Pero, ¿cuándo pondría por obra su propósito? ¿Dónde? ¿No sería mejor esperar un poco?

Un día del mes de septiembre de 1564, mientras Bernardino rezaba el rosario pidiendo a María luz en aquella perplejidad, se vio rodeado de un vivísimo resplandor que se rasgó de pronto dejando ver a la Reina del Cielo con el Niño Jesús en los brazos. María, dirigiendo a Bernardino una mirada de celestial ternura, le mandó entrar cuanto antes en la Compañía de Jesús.

Contaba Bernardino, al entrar en el Noviciado, treinta y cuatro años de edad. Era lo que hoy decimos una vocación tardía. Por eso una de sus mayores dificultades fue encontrarse de la noche a la mañana rodeado de muchachos, risueños sí y bondadosos, pero que estaban muy lejos de poseer su cultura y su experiencia de la vida y los negocios. Con ellos tenía que convivir, y el exlugarteniente del virrey de Nápoles tenía que participar en sus conversaciones y en sus juegos, y vivir como ellos pendiente de la campanilla del Noviciado, siempre importuna y molesta a la naturaleza humana. Pero a todo hizo frente Bernardino con audacia y a los tres años de su ingreso en la Compañía se ordenó de sacerdote. Todavía continuó estudiando la teología y al mismo tiempo desempeñó el delicado cargo de maestro de novicios.

En Nápoles permaneció tres años ocupado en los ministerios sacerdotales como director de la Congregación, recogiendo a los pillos del puerto, visitando las cárceles y adoctrinando a los esclavos turcos de las galeras españolas. Pero en los planes de Dios era otra la ciudad donde iba a desarrollar su apostolado sacerdotal. Lecce era y es una población de agradable aspecto. Capital de provincia, a 12 kilómetros del mar Adriático, es el centro de una comarca rica en viñedos y olivares. Sus habitantes son gentes sencillas que se enorgullecen de las antiguas glorias de la ciudad, cargada de recuerdos históricos.

El ir nuestro Santo a Lecce fue sin misterio alguno. Desde hacia tiempo la ciudad deseaba un colegio de Jesuitas, y los superiores decidieron enviar al padre Realino con otro padre y un hermano para dar comienzo a la fundación y una satisfacción a los buenos habitantes de la ciudad, que oportuna e inoportunamente no desperdiciaban ocasión de pedir y suspirar por el colegio de la Compañía.

Los tres jesuitas, con sus ropas negras y sus miradas recogidas, entraron en la ciudad el 13 de diciembre de 1574. Por lo visto la buena fama del padre Bernardino Realino le había precedido, porque el recibimiento que le hicieron más parecía un triunfo que otra cosa. Un buen grupo de eclesiásticos y de caballeros salió a recibirles a gran distancia de la ciudad. Se organizó una lucidísima comitiva, que recorrió con los tres jesuitas las principales calles de Lecce hasta conducirlos a su domicilio provisional.

El padre Realino era el superior de la nueva casa profesa. En cuanto llegó puso manos a la obra de la construcción de la iglesia de Jesús y a los dos años la tenía terminada. Otros seis años, y se inauguraba el colegio, del cual era nombrado primer rector el mismo Santo.

Desde el primer día de su estancia en Lecce el padre Realino comenzó sus ministerios sacerdotales con toda clase de personas, como lo había hecho en Nápoles. Confesó materialmente a toda la ciudad, dirigió la Congregación Mariana, socorrió a los pobres y enfermos. Para éstos guardaba una tinaja de excelente vino que la fama decía que nunca se agotaba. Después de los pobres de bienes materiales, comenzaron a desfilar por su confesonario los prelados y caballeros, tratando con él los asuntos de conciencia. "Lo que fue San Felipe Neri en la Ciudad Eterna —dice León XIII en el breve de beatificación de 1895— "esto mismo fue para Lecce el Beato Bernardino Realino. Desde la más alta nobleza hasta los últimos harapientos, encarcelados y esclavos turcos, no había quien no le conociese como universal apóstol y bienhechor de la ciudad." El Papa, el emperador Rodolfo II y el rey de Francia Enrique IV le escribieron cartas encomendándose en sus oraciones. Tal era la fama de el "Santo de Lecce".

Los superiores de la Compañía pensaron en varias ocasiones que el celo del padre Realino podría tal vez dar mejores frutos en otras partes y decidieron trasladarle del colegio y ciudad de Lecce. Tales noticias ocasionaron verdaderos tumultos populares. En repetidas ocasiones los magistrados de la ciudad declararon que cerrarían las puertas e impedirían por la fuerza la salida del padre Bernardino. Pero no fue necesario, porque también el cielo entraba en la conjura a favor de los habitantes de Lecce. Apenas se daba al padre la orden de partir, empeoraba el tiempo de tal forma que hacía temerario cualquier viaje. Otras veces, una altísima fiebre misteriosa se apoderaba de él y le postraba en cama hasta tanto se revocaba la orden. De aquí el dicho de los médicos de Lecce: "Para el padre Realino, orden de salir es orden de enfermar".

Pasaron muchos años y la santidad de Bernardino se acrisoló. Recibió grandes favores del cielo. Una noche de Navidad estaba en el confesonario y una penitente notó que el padre temblaba de pies a cabeza a causa del intenso frío. Terminada la confesión la buena señora fue al que entonces era padre rector a rogarle que mandara retirarse al padre Bernardino a su habitación y calentarse un poco. Obedeció el Santo la orden del padre rector. Fue a su cuarto y mientras un hermano le traía fuego se puso a meditar sobre el misterio de la Navidad. De repente una luz vivísima llenó de resplandor su habitación y la figura dulcísima de la Virgen María se dibujó ante él. Como la otra vez, llevaba al Niño Jesús en sus brazos. "¿Por qué tiemblas, Bernardino?", le preguntó la Señora. "Estoy tiritando de frío", le respondió el buen anciano. Entonces la buena Madre, con una ternura indescriptible, alarga sus brazos y le entrega el Niño Jesús. Sin duda fueron unos momentos de cielo los que pasó San Bernardino Realino. Lo cierto es que, al entrar poco después el hermano con el brasero, le oyó repetir como fuera de sí: "Un ratito más, Señora; un ratito más." En todo aquel invierno no volvió a sentir frío el padre Bernardino.

Llegó el año 1616. La vida del padre Realino se extinguía. "Me voy al cielo", dijo, y con la jaculatoria "Oh Virgen mía Santísima" lo cumplió el día 2 de julio. Tenía ochenta y dos años, de los cuales la mitad, cuarenta y dos, los había pasado en Lecce, dándonos ejemplo de sencillez y de constancia en un trabajo casi siempre igual.

Muerto el padre, el ansia de obtener reliquias hizo que el pueblo desgarrara sus vestidos y se los llevara en pedazos, lo cual hizo imposible la celebración de la misa y el rezo del oficio de difuntos. Y, así, los funerales de este hombre tan popular y tan querido de todos tuvieron que celebrarse a puerta cerrada y en presencia de contadísimas personas.

Fue canonizado por el Papa Pío XII en el año 1947.

3 de agosto de 2023

Nuestra Señora de Vallicella

Del sitio Aleteia:

Esto si era una gran tecnología para la época, un cuadro que se mueve. Un cuadro que esconde una antigua imagen milagrosa de la Virgen, para protegerla

Peter Paul Rubens, que cumplió los 22 años en el año 1600 decidió viajar a Italia, como tantos artistas de la época. Su objetivo era estudiar a los grandes del Renacimiento.

En Italia permaneció 8 años. Primero residió en Venecia para perfeccionar su arte, estudiando las técnicas de artistas como Tiziano, Veronés y Tintoretto.

En el 1601, el duque de Mantua, lo envía a Roma, para copiar algunos cuadros de Miguel Ángel y Rafael Sanzio. Y es precisamente en este contexto que tiene la oportunidad de ampliar sus conocimientos y habilidades, observando en vivo y copiando increíbles frescos de estos dos grandes artistas.

En 1602, tiene su primer encargo del archiduque Alberto de Austria. Realiza un tríptico para la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén, formado por Santa Elena con la Vera Cruz, La Coronación de espinas y La Elevación de la Cruz.

A partir de ese momento, no le faltaran nuevos encargos, como: la deposición de Cristo en el sepulcro, ahora conservada en la Galleria Borghese, y el Martirio de San Sebastian que se encuentra en el Palazzo Corsini.

Es en el 1606 que Rubens recibe un encargo bastante arduo, un trabajo que le va a costar dos años, debido a la dificultad de la empresa. Pero valió la pena por su resultado magnífico.

Su trabajo consistía en realizar un lienzo que cubriera otra imagen, sin cubrirla por completo. ¿Por qué? Porque se debía proteger del tiempo y del deterioro una imagen milagrosa de la Virgen con el Niño Jesús.

La imagen de la Virgen se encontraba desde hacía varios siglos en un baño público, antes de ser trasladada donde es ahora la "Iglesia Nueva". La imagen sangró, cuando alguien deliberadamente la golpeó con una gran piedra.

Rubens realiza una monumental obra, otra bellísima imagen de la Virgen y el Niño Jesús con paneles alrededor y a parte desarrolla un mecanismo de poleas y cuerdas, según el cual es posible mover el rostro de su Virgen para mostrar la Virgen antigua.

El cuadro "motorizado", encargado a Rubens, funciona todavía hoy. Durante la misa del sábado por la noche, el sacerdote al final del servicio, baja el óvalo de Rubens para mostrar la Virgen milagrosa, ante los fieles que acuden a verla, como así también lo hizo durante años san Felipe Neri.

19 de mayo de 2023

¿Por qué mayo es el mes dedicado a Nuestra Señora en Europa

Del sitio Fsspx News:

La dedicación de un mes a una devoción particular es una forma relativamente reciente de piedad popular cuyo uso generalizado se produjo hasta el siglo XVIII.

Por ejemplo, el mes de San José (marzo), iniciado en Viterbo (Italia), fue aprobado por Pío IX el 12 de junio de 1855; el mes del Rosario (octubre), tiene su origen en España, y fue aprobado por Pío IX el 28 de julio de 1868 y recomendado por León XIII (1883); el mes del Sagrado Corazón (junio), nacido en el convento de los Pájaros, París, en 1833, y recomendado por el obispo de Quelen, fue aprobado por Pío IX el 8 de mayo de 1873.

El mes del Santo Nombre de Jesús fue aprobado por León XIII en 1902 (enero), y el mes de la Preciosísima Sangre fue aprobado por Pío IX en 1850 (julio); el mes de Nuestra Señora de los Dolores fue aprobado por Pío IX en 1857 (septiembre), el mes de las Ánimas del Purgatorio fue aprobado por León XIII en 1888 (noviembre).

Ya en el siglo XIII se hace mención de este mes en los poemas a la Virgen María (Cantigas de Santa María) del rey Alfonso X de Castilla, conocido como el Sabio (1252-1284). En estos poemas, el rey compara la belleza de María con la del mes de mayo. En el siglo siguiente, el beato dominico Enrique Suso tenía, en la época de las flores, la costumbre de trenzar coronas para ofrecerlas a la Virgen el 1 de mayo. 

En 1549, un benedictino, V. Seidl, publicó un libro titulado "El Mes Espiritual de Mayo", mientras San Felipe Neri instaba a los jóvenes a rendir especial culto a María durante el mes de mayo y reunía a los niños en torno al altar de la Santísima Virgen para ofrecerle, con las flores de la primavera, las virtudes que él había hecho florecer en sus jóvenes almas.

La divulgación del "mes de María" se debe en gran parte a los jesuitas italianos que publicaron numerosas obras sobre el tema a principios del siglo XVIII. Por ejemplo, el Padre jesuita Alfonso Muzzarelli publicó en 1785 en Ferrara (Italia) "El Mes de María o Mayo", que tuvo una gran difusión. En dicho libro ofrece meditaciones sobre las virtudes de la Virgen para todos los días del mes de mayo.

Los Camilianos se adjudican el honor de haber inaugurado el mes de María en su forma actual, en 1784. Los jesuitas destacaron el aspecto familiar al recomendar que, en la víspera del primero de mayo, en cada casa se erigiese un altar a la Virgen María, adornado con flores, frente al cual se reunían las familias para rezar oraciones en honor de la Santísima Virgen todos los días del mes y elegían al azar un papel donde se indicaba la virtud que debían practicar al día siguiente.

Estas prácticas cayeron en desuso en la década de 1970.

Gracias a las obras de los jesuitas, el "mes de María" llegó a Francia en vísperas de la Revolución. La venerable Luisa de Francia, hija de Luis XV y priora del Carmelo de Saint-Denis, fue una celosa propagadora. Esta práctica adquirió un carácter general con las misiones populares de la Restauración, y su aprobación oficial por la Santa Sede fue el 21 de noviembre de 1815.

Después de los jansenistas, el clero constitucional se opuso ferozmente a esta devoción y sabemos que Monseñor Belmas, obispo concordatario de Cambrai, anteriormente obispo constitucional de Aude, fue un opositor decidido. Pero gracias a la aprobación de Pío VII, la devoción acabó triunfando.

Finalmente, recordemos que, desde el 10 de febrero de 1638, Francia está oficialmente consagrada a la Santísima Virgen en respuesta al deseo del rey Luis XIII.

Aprovechemos este mes que le está dedicado para pedir a la Madre del Salvador su poderosa protección sobre nosotros, nuestra patria y nuestras familias, y roguémosle que apresure el triunfo de su Inmaculado Corazón.

27 de marzo de 2023

Nuestra Señora de las Luces

Del sitio Aleteia:

En San Severino, (Marcas, Italia) en los años 1560 y 1584 y durante un cierto período de tiempo, varias personas fueron testigos de un hecho increíble entorno a una imagen de la Virgen María.

Dicha imagen de la Virgen María con el Niño Jesús, fue encargada por una familia pudiente del lugar, para colocarla a la entrada de su finca agrícola.

La obra fue realizada por el entonces renombrado artista local Giangentile Di Lorenzo en el año 1560.

La tradición sostiene que en el mismo año que fue pintada  la imagen, comenzó a resplandecer con una luz milagrosa, de misteriosas pequeñas llamas suspendidas alrededor del retrato.

Por un cierto periodo, pasantes, curiosos, fieles, como así también las religiosas de los conventos cercanos pudieron admirar el evento extraordinario.

Quizás aún más extraordinario fue la reaparición del milagro en la noche del 16 de enero de 1584 hasta abril del mismo año.

A partir de este momento, las monjas clarisas del convento cercano quisieron oportunamente iniciar la construcción de un santuario para proteger la imagen milagrosa y fue denominada Virgen de las luces.

Inicialmente, la congregación de los Padres Filipinos (de san Felipe Neri) fueron los encargados de custodiar el santuario, para luego pasar a ser cuidado primero por los Padres Barnabitas y luego por los monjes cistercienses que custodiaron con celo el santuario y la venerada escultura de la Virgen María.

En el año 1747, el Papa Benedicto XIV hizo coronar la imagen de la Virgen y el Niño con una diadema de oro. Todos serían conscientes de la importancia de la figura pródiga.

El santuario está situado en la colina que domina la ciudad de San Severino, no lejos de donde se encuentra la antigua catedral de la ciudad y no lejos de los monasterios femeninos de las monjas cistercienses y clarisas.

La iglesia tiene un diseño modificado a cruz griega. Está conformada por la nave y cuatro capillas laterales.

En la primera capilla a la derecha se encuentra representado san Carlos Borromeo atribuido a Felice Torelli.

En la siguiente capilla a la derecha, un lienzo representa la Vida de la Virgen, obra de Giovanni Andrea Urbini.

Las capillas de la izquierda fueron decoradas por el pintor Felice Damiani y Vincenzo da Camerino. Entre las representaciones se encuentran la Visitación, el Sueño de San José y el Viaje de María y José a la Casa de Isabel.

También se encuentran los restos del beato Pellegrino da Falerone y Bentivoglio de Bonis da San Severino, ambos entre los primeros discípulos de San Francisco.

En la segunda capilla podemos ver la  Adoración de los Reyes Magos, la Circuncisión y la Adoración de los Pastores.

En el año 2016 debido al terrible terremoto que azotó parte de Las Marcas, la iglesia quedó inutilizable por un tiempo. Actualmente puede ser visitada y está administrada por las Hermanas Misioneras del Amor de Cristo.

Hoy pedimos una oración especial, por las víctimas  y los daños ocasionados por el fuerte aluvión en Las Marcas ocurrido la noche del jueves 15 de septiembre de 2022

Un Ave María en especial por los dos desaparecidos entre el fango Brunella (56 años) y el pequeño Mattia (8 años).

A ti Madre de Luz te los encomendamos

1 de septiembre de 2022

Nuestra Señora, Rosa Espiritual de Gostyn

 

Del sitio Gaudium Press:

Uno de los más bellos testimonios de la devoción del pueblo polaco a la Santísima Virgen es el Santuario de la Montaña Santa, dedicado a la Santísima Virgen, Rosa Espiritual, en Gostyn. Su arraigada historia de devoción y milagros lo convierten en el mayor Santuario Mariano de la Arquidiócesis de Poznan y su bella construcción basada en el modelo de la Iglesia de Santa Maria della Salute en Venecia, le han merecido ser considerada un monumento histórico de gran valor cultural.

La devoción a la Santísima Virgen en el lugar está documentada desde el siglo XV, cuando existía una pequeña capilla de madera con una imagen de Nuestra Señora. La noticia de milagros ocurridos atrajo numerosos peregrinos a la llamada Montaña Santa y se hizo necesaria la construcción de un templo de ladrillo para albergarlos en 1512. La devoción siguió en aumento gracias al apostolado de sacerdotes como el P. Teniendo Stanislaus y el pequeño templo fue insuficiente una vez más. Sin embargo, faltaba la ayuda de un patrocinador y la presencia permanente de sacerdotes que regentaran el lugar. 

La ayuda llegó por el canal extraordinario ya usual en medio de la devoción mariana del lugar. Adam Florian Konarzewski, un hombre de buena posición social llegó a la Montaña Santa a cumplir una promesa en gratitud por su propia vida, al haber sido concebido a pesar de la infertilidad de su madre. Además de este hecho, él mismo experimentó la curación de una enfermedad desconocida y quiso donar un templo mucho más digno para la Santísima Virgen. 

En 1675, inició la construcción del nuevo templo, inspirado en la iglesia jesuita de San Pedro y San Pablo en Cracovia. Mientras tanto, se confió a los sacerdotes del Instituto de San Felipe Neri la labor pastoral en el mismo. Konarzewski decidió tomar parte él mismo en las labores de construcción que financiaba, pero sufrió un mortal accidente al caer de un andamio durante sus labores. 

Sophia Christina Opalinski, la esposa de Adán Konarzewski, decidió hacerse cargo del proyecto tan deseado por su esposo y, habiendo viajado a Italia para aliviar el dolor de la pérdida de su esposo, admiró profundamente el templo de Santa Maria della Salute, y se propuso transformar el proyecto inicial en Polonia. Con nuevos diseños y el apoyo de los superiores del Instituto de San Felipe se construyó el templo actual, variante de la iglesia veneciana y una joya arquitectónica de estilo barroco.

El 08 de septiembre de 1698 Mons. Jerome Wierzbowskise, Obispo de Poznan, consagró el templo aún inconcluso y se trasladó la milagrosa imagen de la Santísima Virgen a su nuevo Santuario en una solemne procesión. Al no tener la milagrosa imagen una advocación específica, el templo se dedicó a la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María. También se colocó bajo el patrocinio de San Felipe Neri, San Adalberto, San Estanislao, San Florián y San Francisco de Asís

Tras la muerte de Sofía, su hijo Felipe fue muy reacio a concluir la obra, por el dolor de la muerte de su padre, pero su esposa Teófila asumió el patronato de la misma. Al enviudar tempranamente, ella compensó la negligencia de su esposo redoblando su generosidad y trayendo al artista Pompeo Ferrari para la construcción de la cúpula. 

Una tercera generación todavía tomó parte en la construcción cuando Verónica, nieta de los primeros constructores continuó las labores y después de contraer matrimonio obtuvo la ayuda de nuevos benefactores para la culminación de la obra. Sus aportes fueron indispensables para poder dar al templo notables detalles como la culminación de las torres y el recubrimiento de la cúpula de la iglesia con una lámina de cobre. Tras quedar viuda, Verónica renunció a sus riquezas, que distribuyó a varias instituciones religiosas, entre las cuales contó siempre el Santuario de la Montaña Santa como primer lugar. 

Según la presentación oficial del Santuario, resulta providencial la manera como las mujeres asumieron el patrocinio de la construcción del mismo por misteriosos motivos, pero toda la obra sólo fue posible por «la primera mujer que había elegido vivir en el lugar desde tiempos inmemoriales»: La Santísima Virgen, «la anfitriona, la Reina Madre y mayor benefactora de los corazones y almas humanas». Es ella, la Madre de Dios la verdadera fundadora y patrocinadora del Santuario".

Miguel Farías.

El Santuario puede visitarse virtualmente de forma detallada a través de su página web.


28 de octubre de 2019

Nuestra Señora del Buen Suceso

Del sitio Amor a la Verdad:

Como ya muchos saben, sobre todo si hacen la novena de la Virgen del Buen Suceso, existe una preciosa historia sobre la Virgen del Buen Suceso de España, y particularmente de Madrid. Nuestro comentarista de Brasil, que se apoda “brasileño” nos ha enviado una reseña de la historia de esta Virgen: Cómo fue hallada milagrosamente en una serranía valenciana, cómo fue presentada al papa  por los hermanos “obregones“, y como fue establecido su santuario en Madrid, con el favor de reyes y prelados.

Es particularmente emotiva la narración de los avatares sufridos por los hermanos obregones, con el final feliz -buen suceso- que determinó el título de esta advocación de Nuestra Señora, dado por el papa Paulo V a esta Virgen, que en nuestros días se venera en la Iglesia del Buen Suceso, antigua Iglesia del Hospital del Aire (nuevamente levantada).

Me he alegrado muchísimo que nos dé la historia de los obregones, pues todavía existe en Madrid, la “Congregación de Hermanos de San Felipe Neri, al servicio de los pobres enfermos”, que es la misma fundada por Don Bernardino de Obregónque me honro en conocer -y amar- muy bien por algunas circunstancias personales.

Estos hermanos que son los herederos de la primitiva congregación de “obregones” que había estado bajo el patrocinio de San Francisco de Paula, fundada por el caballero de Felipe II, Venerable Don Bernardino de Obregón, de una vida en todo pareja a la del caballero sevillano, Don Miguel de Mañara fundador también de una congregación llamada Hermandad de la Caridadal servicio de los enfermos del Hospital Sevillano de la Santa Caridad (según algunos fue el que inspiró a Tirso de Molina -seudónimo de Fray Gabriel Téllez,  1579-1648-  célebre autor barroco, dramaturgo español, poeta y narrador, fraile mercedario, autor de “El condenado por desconfiado” y  el “Burlador de Sevilla”, que creó el personaje luego convertido en mito de Don Juan Tenorio“, que conocemos por la obra de Zorrilla “Don Juan Tenorio“)

He dado estas referencias históricas a los dos caballeros venerables y grandes santos, como homenaje personal a estos españoles ilustres de la historia, que han ejercido una gran  influencia hasta  nuestros días en las dos ciudades españolas, Madrid y Sevilla.

La historia de la Virgen del Buen Suceso, española y americana, nos trae a la memoria la de la Virgen de Guadalupe, también española y mejicana.

 Este es el relato que nos aportabrasileño”:

En España, hay imagenes milagrosas de la Virgen del Buen Suceso. Traigo aqui un articulo de la revista italiana Chiesa Viva, de febrero 2009. Sigue:

María del Buen Suceso, Virgen del Buen Suceso o Nuestra Señora del Buen Suceso era una invocación bien conocida en España. Las huellas de esta invocación se remonta a la época de las guerras de liberación de los musulmanes. Es al “Buen Suceso” que un magnífico altar fuera dedicado por la victoria de El Cid al entrar triunfante en la ciudad de Almenara. El significado del término “Buen Suceso” o “buen éxito” es el milagro o la intervención sobrenatural de la Madre de Dios que intercede a favor de sus hijos. Es el acontecimiento extraordinario que convierte una imagen de piedra o de madera, en una “puerta” a Dios o “puerta del Cielo”.

La Virgen del Buen Suceso era patrona de Sagunto-Valencia. Es una estatua de mármol de 40 cm. de altura que se venera en el convento de las Religiosas (Siervas de María) de la ciudad. La leyenda dice que la estatua apareció flotando en las aguas del mar, rodeada de 5 estrellas.

Con el tiempo, se transformaron otras invocaciones de la Virgen en la de “Buen Suceso”: en el ámbito de la Traiguera, Castellón, la gente venera, como la patrona de las tierras, la Virgen de la Fuente De Salud, que fue encontrada, según la tradición, por dos pastores: Anastasio y Jaime Sorli, en 1384. Esta invocación se había transformado en la de Nuestra Señora del Buen Suceso.

En el área de Cabanes-Castellón, un día, a la madre de un niño gravemente enfermo, Francisco Gavaldá – el futuro Obispo de Segorbe – sucedió que, como ella estaba rezando ante la Virgen del Rosario, vio cómo la estatua comenzaba a sudar. La madre secó la transpiración de la estatua con un paño que dejó debajo de la almohada de su hijo. A la mañana siguiente, el niño se despertó completamente curado. Este “Buen Suceso”, el primero de muchos “logros”, que siguieron, dio lugar al cambio del nombre de la Estatua Sagrada.

Lo más importante, sin embargo, fué el sello de autoridad, puesto en la invocación de Nuestra Señora del Buen Suceso que ha sido crucial para el éxito. La promoción de su devoción, se originó directamente de la voluntad de un Papa: (1065-1621, Pablo V).

Bernardino de Obregón (1540-1599) era un jóven Español, rico y orgulloso. Un día, en 1567, sintió tanto la humildad de un pobre transeúnte, que cambió su vida y decidió dedicarse a servir a los pobres y a los enfermos.

Con la aprobación del Nuncio y el Rey Felipe II de España, fundó, en virtud de la Regla de la Orden Tercera de San Francisco de la Paola, la “Congregación religiosa de los Mínimos para la asistencia de enfermos” (que sirvió sobre todo en los hospitales).

Los votos fueron castidad, pobreza, obediencia y hospitalidad. En 1599, Obregón murió y fué enterrado em el Hospital General de Madrid, donde sus “Obregones” estaban trabajando. En 1606, el sucesor, el Hermano Gabriel de Fontanet, con el Hermano Guillermo de Rigosa, fué a Roma para pedir al Papa la aprobación de la extensión de su jurisdicción no solamente sobre la ciudad de Madrid sino sobre la de España entera.

Hicieron el viaje a pié. Habiendo pasado Valencia, cerca de la frontera con Cataluña, en el cruce de la sierra de Valdancha entre Traiguera y Castellón, los dos Hermanos perdieron su camino y una terrible tormenta vino sobre ellos durante la noche. Cuando rezaban para encontrar un lugar seguro donde morir, ya que ambos temían que la furia de la tormenta podría causar su muerte, vieron una luz brillante en lo alto de la cordillera. Decidieron subir hacia la luz.

Al hacerlo, no sólo veían una hermosa luz dentro de una cueva, sino también un santuario a la Madre de Dios con bellas flores fragantes y raras que allí crecían. Al entrar en la cueva, descubrieron una estatua de una Virgen María sonriente, el Niño Jesús en el brazo izquierdo, un cetro en su mano derecha y una corona maravillosa em su cabeza.

La estatua era más bien pequeña, de sólo 53 cm de alto, con el Niño Jesús de 11 cm de altura. Ambos tenían el pelo castaño, los ojos negros, la piel encarnada. La estatua era de madera de ciprés.

¡No sólo había algo milagroso en este descubrimiento, sino que el asombro de los dos hermanos es que no podrían imaginar quién podría esculpir una obra de arte de tal belleza y perfección!

Colocaron la estatua en una canasta y continuaron su viaje a Roma. El Papa Pablo V recibió a los dos Hermanos y escuchó la historia del descubrimiento de la Estatua.

Comprendiendo la naturaleza sobrenatural del caso, se arrodilló, puso su cruz pectoral alrededor del cuello de la estatua, la abrazó y la besó y, exclamó: «¡Mira,sonríe! ¿Por qué está sonriendo? ¡Qué buen éxito ha logrado con este viaje! No hay duda que Nuestra Señora ha decidido protegerlo a usted y apoyarle en su trabajo. Así que no soy yo quien vaya en contra Suya. ¡Que sus deseos tengan un Buen Suceso!».

Muchas indulgencias, le dió el nombre de “Nuestra Señora del Buen Suceso” y ordenó que su devoción fuera promovida.

En memoria de la cruz pectoral que Pablo V había colocado en Nuestra Señora del Buen Suceso, autorizó a que los hermanos, de la Orden, utilizaran una cruz de tela en su túnica de color negro.

Al final, Pablo V decretó que la Congregación: “Religiosos de los Mínimos para la asistencia de enfermos“ fuera establecida como una Orden Religiosa.En su viaje de regreso, los dos hermanos, llegaron a Valencia, que estaba en las garras de la peste. Descubrieron que nueve de sus doce hermanos murieron por contagio. Continuaron su camino a Madrid y pusieron la Estatua Sagrada en el altar de la iglesia del Hospital General, hasta que, el encargado del Hospital Real de la Corte, en la “Puerta del Sol” en Madrid, sustituyera la estatua de la enfermería.

Este hospital, fundado por el Rey Fernando e Isabel de Castilla para la asistencia y cuidado de soldados infectados, fue ampliado por el Emperador Carlos V en 1529. El Rey Felipe II personalmente trazó el plan de de su pequeña iglesia, y el Hospital y la iglesia fueron declarados Patronato Real.

El 6 de Junio de 1611, el Rey Felipe II hizo la dedicación de la nueva iglesia y, en la presencia de la Reina y toda la Corte, puso la Estatua de Nuestra Señora del Buen Suceso en la iglesia, encima de la tercera capilla. El 19 de septiembre de 1641, en una solemne ceremonia, la Estatua Sagrada, que dió su nombre al Hospital de la Corte y su iglesia, fue colocada sobre el altar principal.

La iglesia recibió privilegios considerables: fue hecha una parroquia, según el Patriarca de las Indias, como la Capilla Mayor de los Reyes y del Vicario General de los ejércitos y de las Fuerzas Armadas.

La estatua se quedó, en esta iglesia de la “Puerta del Sol” de Madrid, durante unos doscientos años.

Se trasladó durante los horrores, las matanzas y la destrucción de la Guerra de Sucesión española, cuando los ejércitos extranjeros invadieron España y, en el patio del Hospital, fueron fusilados muchos héroes de Madrid.

A raíz de las ruinas causadas por la guerra, la estatua Sagrada fue colocada en un nicho de la iglesia del Buen Suceso, hasta que fue trasladada en 1832, en primer lugar, a la Real Colegio de Nuestra Señora de Loreto, y a continuación, en la Capilla del Palacio Real.

El área del Hospital de la Corte y de su iglesia fue asignado para otros usos, y así, en los últimos años, en esos lugares, nuevos y magníficos edificios se habían levantado.

Había un proyecto para reconstruir la iglesia del Hospital del Buen Suceso en una zona denominada Prado, enfrente del Jardín Botánico,pero la idea fue abandonada.

Fue la Reina Isabel II, quien insistió en que la idea de la reconstrucción de la iglesia dedicada al Buen Suceso no fuera abandonada, así que fue erigida en el barrio de Pozas, en 1868, frente al Hospital Central del Aire (el Hospital Militar), aunque no tan grande y magnífica como estaba previsto en el proyecto original de la reconstrucción.

El Rey Felipe III colocó allí la Estatua Sagrada con un privilegio sin precedente en España y en el mundo: era la única iglesia en el mundo donde la Misa se celebraba desde las 5 de la mañana hasta las 2 de la tarde. ¡Ni siquiera en Roma había una iglesia con tal privilegio!

14 de junio de 2018

Nuestra Señora del Camino

Del sitio Catholic.net:

La Madonna della Strada o Nuestra Señora del Camino, es la Patrona de la Compañía de Jesús y la primera ante la cual San Ignacio de Loyola y los otros fundadores de la Compañía oraban en Roma. Su día conmemorativo ayuda a recordar a los jesuitas que son peregrinos, inspirándose en uno sus fundadores que eligió ser llamado "el Peregrino". 

En el año 425, la familia Astalli erigió un santuario a la Virgen María en el distrito siete de la antigua ciudad de Roma. La Virgen de este santuario es a veces llamada la "Madonna degli Astalli", o la "Virgen de la Astalli familia". A este icono se le llamará Madonna della Strada. 

La imagen original de esa "Virgen del Camino" es un anónimo producto de la escuela romana realizada entre los siglos XV y XVI. Antes que la Compañía de Jesús obtuviera la aprobación de la Santa Sede, Ignacio de Loyola y sus compañeros fueron admirados por su celo apostólico y buenas obras. La localización de los primeros jesuitas era una pequeña iglesia dedicada a Nuestra Señora del Camino (Madonna della Strada), donde Ignacio y varios de sus compañeros a menudo predicaban y celebraban misa. 

Uno de los jesuitas iniciales fue un sacerdote diocesano llamado Pietro Codacio, que en 1539 se convirtió en el primer italiano a entrar en la Compañía de Jesús. Después de establecer la Compañía de Jesús en 1540, Pablo III dio la primera Iglesia a San Ignacio y sus compañeros en febrero de 1541. 

El 22 de abril de aquel año, San Ignacio de Loyola y sus cinco compañeros (Salmerón, Laínez, Broet, Jay y Codure), los primeros jesuitas, hicieron los votos solemnes ante esta imagen de la Santísima Virgen, a quien desde ese día la conocen como Madre de la Compañía de Jesús. 

Fue el propio Padre Codacio quien se convirtió en el pastor de Santa Maria della Strada el año siguiente y, a petición de éste la iglesia fue formalmente puesto bajo el cuidado de la Sociedad en 1542. 

Entre 1569 y 1575 debió de estar expuesta en la cercana iglesia de San Marcos. En 1696 la capilla fue adornada con mármoles, frescos y tablas que representan escenas de la vida de la Virgen y se añadió una inscripción latina que recuerda a san Ignacio y a san Francisco de Borja celebrando la eucaristía ante la Virgen. 

A esta imagen san Ignacio y sus primeros compañeros profesaron gran devoción: san Francisco Javier, apóstol de Oriente; el beato Pedro Fabro, primer compañero de Ignacio, hombre bueno y misionero en Europa; san Pedro Canisio, autor del catecismo y fundador de colegios en Alemania; san Estanislao de Kostka, novicio enviado por Canisio a Roma, que fue recibido por san Francisco de Borja, y san Felipe Neri. Todos buscaban en María el consuelo y la intercesión de la Señora.

Nuestra Señora del Camino atrajo la devoción de los primeros jesuitas, así como muchos de los fieles. En 1568, el Cardenal Alessandro Farnese comenzó la construcción de la Iglesia Gesú de Roma, la Iglesia madre de los Jesuitas, en lugar de la iglesia donde se exhibía el icono, "Madonna della Strada". Concebida por vez primera en 1551 por san Ignacio de Loyola, el Gesú fue también el hogar del General Superior de la Compañía de Jesús hasta la supresión de la orden en 1773. Cuando la Iglesia de Santa Maria della Strada fue derrumbada para dar paso a la monumental iglesia madre de la sociedad, la Iglesia del Gesú, la imagen de la Madonna della Strada consagrada en la antigua iglesia se conservó en una capilla del santuario. La tradición era que para conmemorar los santuarios y las iglesias que ya existían en las tierras usadas para nuevas iglesias, se construían capillas dedicados a esos iconos desplazados, dentro de la nuevas y más grandes iglesias. Por lo tanto, en la Iglesia de Gesú se hizo una capilla a la "Madonna della Strada". 

La imagen de la Virgen de la Strada es un fresco de excelente factura de la segunda mitad del S. XIII y primera mitad del S. XIV. Se trata de una representación iconográfica anónima de la Virgen, aunque los elementos compositivos la sitúan en la escuela romana medieval; de todos modos no se descarta la posibilidad de que pertenezca al círculo de Cavallini, teniendo en cuenta que Madre e Hijo hay que atribuirlos a distintos artistas. Ella aparece representada de medio busto, ataviada con un manto dorado revestido a modo de seda que la envuelve, siendo visibles las líneas doradas del Espíritu Santo. Con la mano izquierda sostiene al Niño, al tiempo que la mano derecha se encuentra abierta hacia los fieles. La mirada es frontal y el rostro sereno. La cabeza se halla coronada y circundada por el nimbo. En conjunto, podemos afirmar que estamos ante una imagen de María como Madre y mediadora de todas las gracias. El Niño aparece nimbado en forma de cruz. Su postura recuerda al Pantocrátor. Su mirada es igualmente frontal y, como su Madre, también presenta un rostro sereno. En su mano izquierda sostiene el Libro de la Vida, mientras que la derecha aparece en actitud de bendecir. A la izquierda de la Virgen quedan restos de la estrella dorada, siguiendo el canon de la época, junto con las tres estrellas colocadas, en las dos espaldas y una sobre la cabeza, que indicaban la fe en la virginidad de María. 

La Imagen de la Virgen del Camino fue coronada canónicamente en 1638, y es muy venerada por los fieles que la visitan. 

Dicho acto fue repetido en 1885. Ella es para la Compañía de Jesús la memoria de sus comienzos.
A causa de esta veneración el Papa León XIII, en 1890, concedió a los jesuitas la fiesta litúrgica de la Virgen del Camino o della Strada, con misa propia para el 24 de mayo. Como la Compañía de Jesús se propagó por todo el mundo, la imagen y el nombre de Madonna della Strada se propagó también. Muchas capillas jesuitas han sido nombrados Madonna della Strada, ayudando a fortalecer aún más los lazos de la Sociedad a la devoción a la Virgen del Camino. 

Y el 25 de septiembre de 1978 (AR XVII, 205) la Santa Sede otorga a toda la Compañía su misa y oficio litúrgico para el mismo día como memoria libre.