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12 de junio de 2025

Nuestra Señora de las Victorias de Melilla


 Del sitio Wikipedia:

 Nuestra Señora de la Victoria es una imagen escultórica de la Virgen María, en su advocación de la Victoria, que recibe veneración en la iglesia parroquial del Sagrado Corazón de Jesús de Melilla, España, ciudad de la que es patrona.

Según cuentan las crónicas, pocos años después de la batalla de Lepanto, la imagen de la Virgen de la Victoria llegó a Melilla en un barco procedente de Sanlúcar de Barrameda. Aparentemente la talla iba a ser enviada a las colonias españolas de América, pero un temporal impidió que el barco que transportaba la imagen se alejara hacia el Nuevo Mundo. Por esta razón la imagen se quedó en la ciudad de Melilla en torno al año 1571, ​ aunque hay historiadores que adelantan su llegada a la ciudad al año 1497. Es probable que la llegada de esta advocación a Melilla esté relacionada con la presencia de los frailes mínimos como sucede en el caso de la Virgen de la Victoria de Málaga.

Estuvo desde principios del siglo XVI en la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, en la actual Plaza de Armas, transformada en ermita en 1551. En 1720 la imagen es trasladada a la Real y Pontificia Iglesia de la Purísima Concepción mientras se reconstruía la ermita, al estar en un lugar inadecuado para la defensa de la Plaza Real y la Pontificia Iglesia de la Purísima Concepción. Se sabe que la imagen melillense ha tenido varias ubicaciones y en 1741, al ser finalmente demolida la ermita, se traslada defínitivamente a la Iglesia de la Purísima Concepción.​ Tampoco se descarta que hubiera una imagen anterior a la actual.

Es desde 1631 que la Virgen de la Victoria es considerada patrona de Melilla, a raíz de un intento de secuestro de la imagen realizado por unos rifeños que, al no poder llevársela, en 1721 le cortaron tres dedos, para robarle sus anillos, junto con sus otras joyas. Aunque no se reconoció oficialmente tal patronazgo hasta un siglo más tarde. Fue el 3 de febrero de 1756 cuando el rey Fernando VI de España ratificó el patronazgo de la Virgen de la Victoria sobre la ciudad de Melilla.​

En 1947 se autoriza que sea coronada canónicamente la imagen de Nuestra Señora de la Victoria, realizándose dicho acto en 1948 por Balbino Santos Olivera (obispo de Málaga), con bula de Pío XII.

En 1998, por acuerdo unánime del Pleno de la Ciudad Autónoma se le otorga el título de "Alcaldesa Honoraria perpetua de Melilla". El 26 de diciembre de 1936, se aprueban los estatutos de su cofradía, la cual se remonta a 1663. En 1991 la Casa Real Española le otorga a la cofradía el título y la distinción de Real.

Tras sufrir el terremoto del 25 de enero de 2015, la Iglesia de la Purísima Concepción, queda en mal estado y la imagen es trasladada a la Iglesia parroquial del Sagrado Corazón de Jesús, donde permanece a la espera que abra al público, tras la restauración iniciada en mayo de 2016 y finalizada el 18 de abril de 2017.

La festividad de la Virgen de la Victoria es el 8 de septiembre. Durante estos días, la imagen de la Virgen es solemnemente trasladada en procesión desde su templo hasta la Iglesia del Sagrado Corazón, templo mayor de la ciudad y sede del Arciprestazgo de Melilla.​

En este lugar se realiza una novena. Tras esto el día principal del 8 de septiembre se realiza la solemne eucaristía con presencia de las principales autoridades de la ciudad y la posterior procesión de regreso a la Iglesia de la Purísima Concepción.

13 de junio de 2023

Nuestra Señora Santa María de las Victorias (Sevilla)

Del sitio Pasión en Sevilla:

 Victoria es advocación de Virgen unida a la orden de los mínimos, la ascética congregación que fundó San Francisco de Paula, con una larga historia de conventos, masculinos y femeninos, que tuvo y tiene la ciudad.

Victoria es la advocación de una Virgen trianera, quizás no la más conocida, con una larga historia de traslados por diferentes iglesias pero, sobre todo, con la larga historia que escuchó contar hace casi quinientos años a un grupo de navegantes. 

Ante Santa María de la Victoria se plantó ese grupo de marineros un día de septiembre de 1522, en un convento hoy desaparecido de la orden mínima que estaba en Triana , en la actual calle Pagés del Corro, probablemente en el sector donde hoy se ubica el colegio José María del Campo, antiguo grupo escolar de la Reina Victoria. Ese grupo de marineros, dieciocho hombres de mirada cansada, estaba comandado por Juan Sebastián Elcano. Ante aquella imagen de la Virgen, sentada, con el Niño en su regazo, probablemente dio las gracias y recordó un larguísimo viaje de tres años. Habían salido más de 200 marinos comandados por Hernando de Magallanes, en una expedición que tenía una locura como fin: dar la vuelta al mundo. Viajarían en cinco naves y llegarían a las Indias desde Occidente, un durísimo viaje en el que vivieron numerosas penalidades.

Sufrieron rebeliones, tempestades, naufragios, enfermedades… Incluso fue asesinado su jefe, Magallanes. También murió Duarte de Mendoza , otro compañero que asesinaron los musulmanes de Cebú. Fue entonces cuando Elcano se tuvo que hacer cargo de la expedición. Con su nao Victoria llegó hasta las Molucas, un sitio que parecía el fin del mundo. Allí cargó su barco con clavo, arroz, canela y ámbar. En el difícil regreso todavía tendría que evitar a los portugueses y luchar con el hambre y con mucha incomprensión. Finalmente, aquel reducido grupo de locos pudo completar el viaje. Probablemente le contaron a aquella Virgen sentada que habían recorrido 14.000 leguas, casi 80.000 kilómetros en tres años, que habían muerto la mayoría de sus compañeros y que se habían perdido cuatro de los cinco barcos que partieron tres años antes. El primer hombre que dio la vuelta al mundo posiblemente recordó en aquel convento de la orden mínima mil y un lugares, sitios exóticos, miedos y alegrías, riquezas y  dificultades.

Aquella Virgen sentada sobrevivió al paso del tiempo . Su nombre recuerda la llegada de los mínimos a España, con el recuerdo de la victoria sobre los musulmanes en tierras malagueñas en tiempos de los Reyes Católicos. La llegada de los mínimos a Sevilla se produjo en 1512, con frailes dirigidos por Fray Pedro de almodóvar que provenían de Écija. Aunque se instalaron al principio en el centro de la ciudad, junto a la desaparecida parroquia de San Miguel, en 1516 obtuvieron un gran espacio de terreno de la hermandad que regía el antiguo hospital de San Sebastián y su ermita en Triana, un amplio terreno que abarcaba huertas y tierras sembradas. El compromiso conllevaba que se mantuviera la hermandad de San Sebastián con capilla propia y la celebración de un determinado número de misas.

El nuevo monasterio, el séptimo de la Orden en España, fue consagrado el 28 de noviembre de 1517 por el obispo auxiliar de Sevilla fray Francisco de Córdoba. Situado en la actual calle Pagés del Corro, tuvo el título de  Nuestra Señora de la Victoria, debió ser modesto en un primer momento, pero acabó convirtiéndose en uno de los más grandes de la orden. Fue una de las casas de una orden que también tuvo en Sevilla un colegio en la actual calle Jesús del Gran Poder (actual iglesia de los jesuitas) y que tuvo dos conventos femeninos, una desaparecida en la calle Sierpes, y la otra (con comunidades fusionadas) que se mantiene en la misma calle Pagés del Corro, en la acera opuesta del que fue convento masculino de la Victoria.

En la larga historia del convento trianero de la Victoria no faltan noticias relativas a cofradías, como la existencia de una hermandad de la Entrada en Jerusalén y María Santísima del Desamparo, fundada en el siglo XVII, o la fundación, hacia 1560, de una hermandad de luz bajo el patrocinio de la Virgen de la Estrella y San Francisco de Paula , por navegantes y personas vinculadas al viaje a las Indias, hermandad que en 1675 se fusionaría con la cofradías del Cristo de las Penas y Triunfo de la Santa Cruz.  

La larga historia del monasterio comenzó su declive en 1810, con la invasión francesa y la expulsión de unos monjes que acabarían volviendo en 1814 para ser exclaustrados definitivamente en 1835, siendo prácticamente demolido todo el conjunto hacia 1840.

Ello motivó un trasiego de retablos y de obras de arte (que habían sobrevivido ya a un incendio a comienzos del siglo XVIII), constatable en el propio retablo mayor actual de San Jacinto, proveniente del convento de la Victoria.

La imagen que nos ocupa acabó en la parroquia de Santa Ana, donde se conserva en una capilla lateral de la nave de la Epístola. De notable belleza y calidad, pudo presidir originalmente el antiguo convento de los mínimos, aunque hay grandes dudas sobre su autoría y sobre su cronología, ya que ha debido ser alterada y reformada en su larga historia. Se mantiene su posición sentada y portando al Niño sobre su regazo, conservando  la talla y la policromía completa, a pesar de haber sido revestida con telas naturales en alguna ocasión. Es difícil confirmar que sea la imagen fundacional del convento de la Victoria, la imagen del Niño sin duda parece posterior, pero mantiene los rasgos de las matronas renacentistas presentes en la escultura sevillana del siglo XVI. Tras pasar por varios templos, desde 1881 hay noticias en Santa Ana de la Virgen trianera que estuvo en la mente de unos locos que dieron la vuelta al mundo.

30 de enero de 2023

Nuestra Señora de la Victoria de Málaga

Del sitio Turista En Mi País:

Los cuadros, las esculturas o los tapices no son meros objetos que podemos contemplar en museos, iglesias o palacios. Además del valor artístico que presentan, lo que ya de por sí los hace únicos e irrepetibles, todos estos elementos nos ayudan también a comprender el devenir del paso del tiempo, explicando las razones de lo que somos y de dónde venimos. Su principal razón de ser reside en su memoria, en la historia que se esconde en su interior y que hace que todos estos objetos puedan brillar todavía más. Uno de los ejemplos más claros lo podemos encontrar en Málaga, la ciudad andaluza que se abre al Mar Mediterráneo y que conserva una joya del arte policromado del siglo XV y a la que rinden culto como excelsa patrona: Santa María de la Victoria.

Son muchas las advocaciones marianas que podemos encontrarnos en las iglesias y templos católicos, teniendo todas ellas un significado. En el caso de la patrona malacitana, representa a la Virgen María sosteniendo al Niño en su rodilla. Es en su historia y origen donde encontramos el significado de su denominación. La talla fue entregada por los propios Reyes Católicos a la ciudad de Málaga tras su conquista en agosto de 1487, otorgándole la advocación de "La Victoria" en honor y gloria de su triunfo sobre los musulmanes. En la biografía de la talla de esta Virgen se entremezcla la historia con posibles toques de leyenda, formando parte todo ello de una devoción muy arraigada y extendida que también se materializó en el arte.

Uno de los pilares fundamentales del reinado de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón fue la recuperación del Reino nazarí de Granada, poniendo fin a lo que buena parte de los historiadores denominan Reconquista. Este territorio estaba conformado también por la ciudad de Málaga, uno de los puertos principales en el Mediterráneo, mar que por aquel entonces todavía seguía teniendo un papel fundamental en las relaciones comerciales al no haber tenido lugar todavía el Descubrimiento de América. Por tanto, la toma de Málaga fue una pieza más de la Guerra de Granada, que se desarrolló durante una década, concretamente entre 1482-1492.

La toma de Málaga, como así se conoce a la reconquista de la ciudad por parte de los Reyes Católicos, comenzó el 7 de mayo de 1487 y finalizó el 18 de agosto de ese mismo año, tras haber sometido a la urbe a un largo asedio. Fue uno de los episodios más duros de la Guerra de Granada, controlado directamente por Fernando II de Aragón, que instaló el campamento en las cercanías, al norte de la población, concretamente en la Huerta del Acíbar. Fue allí donde se gestó precisamente el comienzo de la devoción a la Virgen de la Victoria.

Durante la contienda, la tradición o leyenda sostiene que el Rey Fernando recibió en sueños la aparición de la Virgen María, que le anunció que, con la llegada de unos monjes al campamentos, las tropas cristianas alcanzarían la victoria sobre los musulmanes y se pondría fin al conflicto. En esta ensoñación, Nuestra Señora sostenía a su hijo y ambos estaban coronados, como símbolo de su realeza celestial, acompañados de una palma que simbolizaba el triunfo en la guerra. Daba la casualidad que esta representación era muy similar a la que acompañaba al propio Monarca en su oratorio de campaña.

Dejando a un lado el relato anterior, lo cierto es que hay constancia de la llegada de un grupo de monjes al campamentos del Rey Fernando en agosto de 1487. Se trataba de doce frailes de la Orden de los Mínimos, que había sido fundada hacía escasas décadas por San Francisco de Paula. El objetivo de su viaje era solicitar licencia a los Reyes Católicos para poder establecerse en sus reinos, lo cual sería concedido más adelante. Por el momento, la prioridad era poner fin a la contienda, como así terminó ocurriendo el 18 de agosto de 1487. Dos días más tarde, los obispos de Ávila, Badajoz y León entraron en procesión en la nueva ciudad de la Corona de Castilla, para tomar posesión de ella. El sueño del Rey Fernando se había cumplido.

Los obispos a los que se encomendó la toma de posesión oficial de la ciudad tuvieron como primer objetivo la consagración de la mezquita mayor de Málaga al culto católico, concretamente a la advocación de Santa María de la Encarnación. A ello le siguió la fundación de otras tres parroquias, con las que comenzó a organizarse la nueva diócesis y el proceso de cristianización. Sin embargo, los Reyes Católicos no olvidaron tampoco el sueño que había tenido el Rey Fernando días antes de la toma de ciudad.

En el lugar en el que se había asentado el campamento del Rey de Aragón, los monarcas ordenaron construir una ermita en la que depositaron la imagen de la Virgen con el Niño, a la que dieron la advocación de Santa María de la Victoria, en honor de su triunfo frente a los musulmanes. La imagen se llevó en procesión por las calles de la nueva urbe castellana cuando esta fue conquistada y en la base de la misma se inscribió su denominación, para perpetuo recuerdo de su origen. La mencionada capilla, por disposición de los Reyes Católicos, fue entregada en 1491 al ermitaño Bartolomé de Coloma, aunque este no sería el único cambio que vivió.

Una vez finalizada la Guerra de Granada, en 1493 los Reyes Católicos concedieron a la Orden de los Mínimos licencia para asentarse en sus reinos. Málaga fue la ciudad por la que comenzó su historia en Las Españas. De hecho, los monarcas de Castilla y Aragón les entregaron los terrenos adyacentes a la ermita en la que se daba culto a la Virgen de la Victoria para que construyeran su primer monasterio, lo cual hicieron a comienzos del siglo XVI. Desde entonces, la historia de esta orden religiosa en España ha quedado vinculada a la advocación mariana de La Victoria, fundando otras tantas casas con esta misma denominación por el resto de su geografía.

El principal elemento de culto en el recién fundado monasterio de los Mínimos en Málaga fue la Virgen de la Victoria. Se trata de una talla de bulto, realizada en madera policromada, datada de finales del siglo XV. La autoría de la obra es anónima, siendo varios los estudios que se han llevado a cabo para tratar de esclarecerlo y atribuirle el nombre de algún maestro. Entre ellos, podemos destacar a Juan de Figueroa, que trabajó como escultor junto a los Reyes Católicos, aunque hay quienes son partidarios de atribuir la talla a Jorge Fernández Alemán, cuyo taller se encontraba situado en Sevilla, teniendo algunas de sus obras facciones similares a la Patrona malagueña.

No hay que dejar pasar por alto una de las teorías que con más fuerza recogen los autores en sus estudios. Se trata de la posibilidad de que la talla que contemplamos fuera regalada por el Emperador Maximiliano I, padre de Felipe de Austria y suegro de la Reina Juana I de Castilla, al Rey Fernando de Aragón. Se sabe que el consuegro de los Reyes Católicos les había enviado desde Flandes un cargamento con pólvora, artilleros y demás elementos para apoyarles en la guerra, además de campanas e imágenes religiosas para las nuevas iglesias que fundasen en las poblaciones que iban conquistando. A pesar de este dato, no se puede afirmar que la talla de la Patrona de Málaga viniera en este cargamento.

Otra de las curiosidades sobre la Virgen de la Victoria es el Niño Jesús que descansa en su rodilla, pues no es el original que tenía la talla. Se trata de una pieza neobarroca que se diferencia del gusto gótico-renacentista del resto de la escultura mariana. Durante el Barroco, Santa María de la Victoria se incorporó al gusto de vestir la imágenes con sendos mantos y ropajes, sacando al Niño de la escultura, que se presentaba de forma independiente, lo que provocó que el original se perdiera. Así fue como los malacitanos la veneraron hasta 1934, cuando se decidió abandonar definitivamente esta práctica tan andaluza y presentar de nuevo la imagen al completo, con toda su policromía, encargando para ello una nueva talla del Niño Jesús para colocarlo sobre su rodilla.

Cabe destacar que la Virgen de la Victoria siempre ha sido considerada la Patrona de Málaga, pero esto no fue reconocido oficialmente por el Papa Pío IX hasta 1867. Cabe destacar que el patronazgo también lo ejerce de la comunidad española de la Orden de Mínimos, que comúnmente se les ha conocido siempre como "vitorios". La imagen fue coronada el 8 de febrero de 1943 por el nuncio apostólico Monseñor Cicognani, siendo la única advocación mariana de la ciudad que cuenta con la distinción de coronación pontificia, recalcando su importancia. Su festividad se celebra cada 8 de septiembre, coincidiendo con la fiesta de la Natividad de Nuestra Señora.

La primitiva ermita que se construyó por disposición de los Reyes Católicos en el mismo lugar en el que el Rey Fernando había tenido asentado su campamento y donde la leyenda dice que tuvo aquel revelador sueño, fue evolucionando con el paso de los siglos, hasta convertirse en la Basílica, Real Santuario y Parroquia de Santa María de la Victoria que es hoy en día, siendo todavía una de las iglesias más importantes de Málaga, al ser casa y hogar de la devoción a la Patrona de la ciudad. De la primera iglesia que se levantó en el siglo XVI, apenas quedan restos, ya que fue profundamente reformada a finales del siglo XVII y principios del XVIII.

El Santuario de la Victoria es un conjunto barroco que destaca por su austera arquitectura exterior, pero que se presenta majestuoso y portentoso en su interior, con multitud de detalles que a los visitantes que se acercan hasta él les provoca un verdadera stendhalazo. Uno de los espacios más destacados, posiblemente el más importante desde un punto de vista religioso, es la torre-camarín. Se trata de toda una novedad que luego fue repetida en otras iglesias de España, un espacio independiente desde donde se puede dar culto a la Virgen, sin necesidad de estar en la nave, pero desde donde también es posible contemplar al mismo tiempo la talla a través de la hornacina central del retablo mayor.

En el camarín de la Virgen de la Victoria sobresale la cúpula octogonal de estilo rococó, el principal elemento del espacio que llega incluso a quitar protagonismo a la propia talla. Se trata de un conjunto de yeserías sobre un fondo azul, color tradicionalmente asociado a la Virgen María, con diversidad de formas: desde las vegetales, hasta los querubines tan repetidos en este tipo de espacios. En el zócalo del camarín, diversos azulejos van narrando la intervención de la Virgen de la Victoria en la conquista de Málaga en 1487. Los visitantes quedan impactados, sin saber dónde dirigir la mirada ante la cantidad de arte que se presenta ante ellos.

Del mismo modo, nadie que visite el Santuario de la Victoria puede irse sin visitar el Panteón de los Condes de Buenavista. Gozaron del privilegio de ser enterrados en la iglesia ya que, gracias a su patrocinio e intervención, el templo pudo desarrollar la importante reforma a la que se le sometió en el siglo XVIII, siendo lo que hoy en día contemplamos y disfrutamos. La cripta se puede considerar otra obra cumbre del barroco español, toda una oda al arte fúnebre en el que el sentimiento lúgubre se aprecia nada más acceder al espacio. Sus sepulcros están bellamente decorados, pero lo más impactante son las calaveras de yeso que destacan sobre el fondo negro del lugar, en el que todos los detalles están cuidados hasta el extremo.

20 de octubre de 2018

Mater Admirabilis o Nuestra Señora del Lirio

El Monasterio de la Trinidad del Monte, Roma, fue fundado en el siglo XV por San Francisco de Paula, General de la Orden de los Mínimos. En 1828 se le entregó a las Religiosas del Sagrado Corazón, de acuerdo a los deseos del Papa León XII. La Trinidad del Monte se convirtió en centro de irradiación de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, en santuario mariano y centro educación para la juventud.

En 1844 una joven francesa, Paulina Perdreau, mas tarde religiosa del Sagrado Corazón, manifestaba a la Rda. Madre de Coriolis, Superiora de la Trinidad, el deseo de "hacer venir a la Sma. Virgen" pintando su imagen en uno de los muros del claustro. La Rda. Madre dudó porque la joven no conocía el arte de pintura al fresco. Pero al final le concedió el permiso. La joven no cesó de invocar la asistencia de la Virgen María. El resultado fue la pintura que admiramos hoy. Se llamó "La Madonna del Lirio" (el lirio es signo de pureza también relacionado con San José), hasta el 20 de Octubre de 1846, día en que el Papa Pío IX, al visitar el monasterio y viendo la imagen exclamó: "Verdaderamente es Mater Admirabilis", título que ostenta hasta este día. 

Los milagros empezaron en Noviembre del mismo año con la curación de Monseñor Blampin, Misionero de la Congregación del Corazón de María. Recobró su voz totalmente perdida. El 20 de Octubre de 1849, el Santuario fue enriquecido con indulgencias y se autorizó el celebrar en esa fecha cada año la fiesta de Mater Admirabilis. 

Una de las gracias mas especiales que allí se reciben es un llamamiento a la vida interior. Junto a la Virgen, las palabras de la salutación angélica adquieren toda su plenitud: "Ave, gratia plena, Dominus tecum". Entre los peregrinos a la capilla se encuentran muchos santos, entre ellos, Sta. Magdalena Sofía Barat, fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón; San Juan Bosco, Santa Teresa del Niño Jesús, San Pío X, San Vicente Pallotti y Don Orione. El Papa Pío IX con mucha frecuencia confiaba a Mater Admirabilis los asuntos de su Pontificado.

Oración a Mater Admirabilis.

¡Oh Madre Santísima de Jesús!, venimos a Vos como a la fuente viva que refrigera, como a la llama que calienta, como a la aurora que disipa las tinieblas, como a la Madre siempre atenta a las necesidades de sus hijos.

¡Oh Madre Admirable!, hay horas, en que el camino de nuestra vida es duro, No es fácil andar siempre con paso igual en el camino del deber.

No es fácil amar al prójimo, nuestro hermano, como Jesús quiere que lo amenos.
No es fácil conservar un alma serena en medio de las vicisitudes de la vida.
No es fácil amar a las criaturas y reservarse para Dios.
No es fácil hacerse pequeño y humilde cuando el orgullo relama.
No es fácil ir caminando hacia el Dios de luz por caminos llenos de sombra.

Hay días en los que todo es carga. Pero Vos, oh Madre Admirable, hacéis todo fácil. Y sin embargo, no quitáis el sacrificio de nuestros caminos, como Dios tampoco lo quitó del vuestro, pero facilitáis el esfuerzo haciendo que crezca el amor. El amor siempre vencedor en Vos, os hizo decir en el umbral de vuestro destino: "Fiat mihi secundurn Verbum tuum". Esta palabra de adhesión al amor que os guiaba, jamás la retirasteis. Jamás os rebelasteis ante el sufrimiento, sino que ofrecisteis a su acción un alma mansa y humilde. entregada a Dios.

¡Oh María!, que vuestro ejemplo sea mi fuerza. Haced que todo sea fácil en mi vida, no suprimiendo toda pena. sino por un amor generoso, siembre mayor que la pena.

¡Oh Madre dulcísima!, dadme un corazón lleno de fortaleza; y si veis que mi amor se apaga pronto, os suplico, dad a vuestra(o) hija(o) un poco del vuestro y repetidle la lección del verdadero amor.