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1 de julio de 2025

Aparición de Nuestra Señora a San Hermann José


Del sitio Muéstrame tu Rostro

La vida de San Hermann (1150?-1241), miembro de la Orden Premonstratense y místico, está marcada por una profunda devoción y numerosos encuentros sobrenaturales que evidencian su santidad y la presencia divina en su vida cotidiana. 

Nacido en Colonia, Alemania, era hijo del Conde Lothair de Meer y de Santa Hildegarda de Bingen. Desde temprana edad, San Herman dedicó gran parte de su tiempo libre a la oración en la iglesia local de Santa María, mostrando desde su juventud un fervor inusual.

Uno de los eventos más notables en la vida de San Herman ocurrió durante un gélido día de invierno. Mientras caminaba descalzo hacia la iglesia, la Santísima Virgen María se le apareció para preguntarle por qué iba sin calzado en un clima tan extremo. El joven Herman, con sencillez y humildad, respondió: "¡Ay, querida Señora! Es porque mis padres son tan pobres". La Virgen, en un gesto de amor maternal, le indicó que mirara debajo de una piedra cercana. Al levantarla, Herman encontró cuatro piezas de plata, suficientes para comprar zapatos nuevos. Este acto no solo demostró la preocupación de la Virgen por sus fieles, sino que también subrayó la fe y la obediencia del joven místico.

Este encuentro no fue el único. En otra ocasión, la Virgen María volvió a aparecerse a Herman, instruyéndolo para que regresara al mismo lugar con fe y confianza, asegurándole que sus necesidades serían siempre cubiertas. Curiosamente, sus amigos, impulsados por la curiosidad, nunca encontraron nada cuando miraron bajo la misma piedra, lo que subraya la relación especial entre Herman y la Virgen María.

San Herman también tuvo una visión de la Virgen María en lo alto de la tribuna de la iglesia, conversando con el Niño Jesús y San Juan. Deseando unirse a ellos, pero dándose cuenta de que no podía alcanzar esa altura, se encontró milagrosamente a su lado, conversando con el Niño Jesús. Este tipo de experiencias místicas fueron comunes en la vida de Herman, fortaleciendo su fe y su devoción.

A los doce años, Herman ingresó en la casa Norbertina de Steinfeld y fue enviado a continuar sus estudios en los Países Bajos debido a su juventud. Tras completar sus estudios, regresó y se unió a la orden, sirviendo como sacristán y en el refectorio. Su pureza y devoción le valieron el apodo de José, en honor al padre adoptivo de Jesús. Aunque al principio objetó tal título, la Virgen María se le apareció y lo tomó como su esposo, confirmando que debía aceptar el nombre.

La vida de San Herman estuvo marcada por dificultades y penitencias. Sufrió frecuentes tentaciones y numerosas enfermedades físicas, incluyendo un dolor de cabeza constante que solo desaparecía durante la celebración de la Misa. A pesar de sus sufrimientos, Herman mostró una profunda compasión por quienes padecían aflicciones, brindándoles amistad y apoyo para sobrellevar sus cargas.

La santidad de San Herman fue formalmente reconocida por el Papa Pío XII en 1958, consolidando su lugar en la historia de la Iglesia como un ejemplo de devoción y fe inquebrantable.

La vida y las visiones de San Herman nos recuerdan la presencia constante de lo divino en lo cotidiano y la importancia de la fe y la pureza en nuestra relación con Dios y la Virgen María. Su historia continúa inspirando a los fieles a vivir con humildad y devoción, confiando en la providencia divina incluso en los momentos más difíciles.

11 de julio de 2023

Nuestra Señora de Moustier

 

Del sitio Mis cosas y Yo:

Santo Tomás de Canterbury tenía la piadosa costumbre de rezar el Ave-María siete veces al día en honor de los siete gozos de la Santísima Virgen, a saber: Anunciación, Visitación, Natividad, Epifanía, Hallazgo en el Templo, Resurrección y Ascensión. Se le apareció en cierta ocasión nuestra Señora, y le dijo estas palabras: «Tomás, hijo mio, mucho me agrada tu devoción; pero ¿por qué honras solamente los gozos que tuve en la tierra? En lo sucesivo, es mi voluntad, que honres igualmente los gozos que estoy ahora disfrutando en el cielo, porque has de saber que pienso consolar, y colmar de inefables dulzuras, y presentar por fin después de su muerte á mi Hijo amantísimo, a todo aquel que honre ambos gozos míos.

Se sintió entonces el Santo inundado de una indecible alegría, y exclamó: "¿Y cómo, Madre mía, cómo podré yo hacer semejante cosa, cuando apenas conozco esos vuestros gozos celestiales?" A lo cual contestó la santísima Virgen que honrase con siete Ave-Marías los gozos siguientes: 

  1. Por haberla encumbrado en el cielo la Beatísima Trinidad sobre toda otra criatura
  2. Por haberla ensalzado su virginal pureza sobre todos los Ángeles y Santos
  3. Por verse alumbrados los cielos con el vivísimo resplandor de su gloria
  4. Por las adoraciones que como la Madre de Dios le están tributando todos los bienaventurados de la gloria
  5. Por otorgarle su Hijo todo cuanto le pide
  6. Por las innumerables gracias que recibiera viviendo en la tierra, y por la gloria singular que tiene Dios aparejada a sus devotos en el cielo
  7. Por el aumento continuo de su gloria accidental.

Dícese haber compuesto el Santo sobre estos gozos la Sequentia, Gaude flore virginali, la cual se cantaba en algunas iglesias y es citada en el Parnassus Marianus .

En igual práctica se ejercitaba Santa Catalina de Bolonia, persona muy devota de Santo Tomás.

Cuenta asimismo el Beato Francisco de la Cruz, que conmemorando un día el Beato Ranulfo los siete gozos que la Madre de Dios tuvo en la tierra, se le apareció esta Señora, y le reveló los mismos siete gozos celestiales que al Santo Arzobispo de Cantorbery, si bien con diferente orden.

Todavía existe otra revelación hecha al Beato José Herman del Orden Premonstratense, que nos muestra a las claras lo muy agradable que es a la Santísima Virgen esta devoción a sus gozos. Eran en su tiempo tan frecuentes los robos de Iglesias, que se vieron los religiosos precisados a designar a un hermano suyo, para que guardase el templo durante la noche. Le cupo varias veces la suerte al siervo de Dios, y semejante oficio le sirvió de pretexto para interrumpir una de sus devociones ordinarias, la cual consistía en rezar cierto número de Ave-Marías en honor de los gozos de esta Señora. Se le apareció entonces la Virgen, no como tenía de costumbre, joven y hermosa, sino vieja y llena de fealdad. Herman se atrevió a preguntarla el motivo de tal cambio, y la Madre de Dios le contestó: —"Para ti soy vieja y fea. ¿Dónde está ahora tu devoción a mis gozos? ¿Dónde aquellas Ave-Marías? ¿Dónde, en fin, aquellos ejercicios de piedad en que antes te empleabas, y con los cuales era Yo joven y agraciada a tus ojos, y tú a los míos? No interrumpas tus devociones bajo pretexto de guardar el monasterio, porque Yo soy su mejor guardián." Advertido Herman con semejante respuesta, tornó de nuevo á sus primeros ejercicios grandemente complacido de saber la suma complacencia que recibía su benditísima Madre con esta devoción á sus gozos.

San Pedro Damián refiere asimismo en sus cartas un caso parecido. Cierto monje, al pasar delante del altar de la Santísima Virgen, solía saludarla con la siguiente antífona: "¡Regocijaos, Madre de Dios, Virgen Inmaculada! ¡Regocijaos con el gozo que recibisteis del Ángel! ¡Regocijaos, Vos, que disteis a luz al Esplendor de la gloria del Padre! ¡Regocijaos, Madre benditísima! ¡Regocijaos, Virgen Madre de Dios! ¡Regocijaos, Vos, la única Virgen Madre: toda la creación cante vuestras alabanzas! ¡Madre de la Luz, interceded por nosotros!" Al cruzar un día la Iglesia este siervo de Dios, oyó una voz que salía del altar, y le decía: "Me anuncias gozos, hijo mio, y los gozos serán para ti.”.

FUENTE: “Todo por Jesús”. Obra escrita en inglés por Federico Guillermo Faber, presbítero,doctor en sagrada teología y prepósito del oratorio de San Felipe Neri. Tomo I.Madrid. 1866. Librería de Don Miguel Olamendi.Págs. 249-252