Dedicado a María Santísima y a sus distintas advocaciones en el mundo, para que todos conozcan la historia de cada una de las Fiestas de Nuestra Reina del Cielo
La Virgen de Klosterneuburg es un trabajo del Maestro de la Virgen
de Michle, que data de alrededor del año 1345. Los especialistas
consideran que el tema de la Virgen pisando un león, como símbolo de la
victoria del bien sobre el mal, fue propagado por el rey checo y
emperador romano-germánico, Carlos IV. Se supone por ello que el origen
de ese tema en el arte se vincula con la República Checa, puesto que fue
precisamente Carlos IV quien supuestamente difundía esas estatuas por
Europa a fin de fortalecer su poder a través del culto”.
La
Virgen de Klosterneuburg pisando un león es la estatua más antigua de
la República Checa dedicada a ese tema. Lo comprobó un estudio detallado
de la obra que demostró que fue hecha de madera de roble talado en los
años 30 del siglo XIV. La Galería Nacional de Praga cuenta con otras
tres estatuas de la Virgen que provienen del mismo taller artístico: la
Virgen de Prostějov, la Virgen de Michle y la Virgen de Hrabová.
En un encantador valle en el curso superior del río Sulzbach se encuentra el famoso lugar de peregrinación de Adlwang, conocido como el Maria Zell de la Alta Austria. Se cree que Adlwang fue fundado en el siglo VIII, llamado Odilowang en honor al duque bávaro Odilo, que con el tiempo se convirtió en Adlwang. El terreno recién despejado en medio del bosque debió de parecerles a los colonos inmigrantes como un jardín.
El abad Alram I de Kremschünster construyó una pequeña iglesia que su amigo, el arzobispo Tiemo de Salzburgo, consagró a Santa María en 1095. La tradición cuenta que la estatua de Nuestra Señora de los Dolores, tan venerada en Adlwang, procedía de Tiemo, quien la dedicó a la iglesia en aquella época. Esta imagen de la Virgen es una estatua hecha de piedra moldeada, arte que se dice que el arzobispo mencionó dominaba y practicaba.
La iglesia de Adlwang fue primero una filial de Pfarrkirchen, a partir de 1300 una filial de Waldneukirchen y desde 1784 una parroquia independiente. En el siglo XV se construyó una iglesia más grande de estilo gótico siguiendo el modelo de la iglesia parroquial de la ciudad de Steyr. La Piedad, esta hermosa obra de arte, adornaba el altar mayor de la iglesia, que cada año visitaban miles de peregrinos.
En la época del protestantismo, la mayoría de los habitantes de la zona de Adlwang también se convirtieron al protestantismo. En 1509 se dirigieron al abad Johannes III Spindler von Kremschünster para pedirle que no celebrara más misas los sábados, sino cada segundo domingo del mes, ya que no querían ir a la iglesia los días de la semana dedicados a la Virgen María. Sin embargo, el abad rechazó su petición.
Los campesinos, incitados, irrumpieron en la iglesia, destrozaron todo lo que encontraron a su paso, arrancaron la estatua milagrosa del altar y la dejaron tirada en el suelo. Sin embargo, es posible que alguien la salvara, se la llevara en secreto y la enterrara. La estatua permaneció desaparecida y cayó en el olvido.
No fue hasta el año 1622 cuando se descubrió el lugar donde había sido enterrada la imagen. Según cuenta la leyenda, por la noche se vieron luces que se dirigían hacia un hormiguero negro. La gente las siguió y encontró la estatua en ese hormiguero. Las hormigas no se marcharon ni siquiera después de que la estatua fuera colocada sobre un pedestal de piedra, sino que construyeron un nuevo hormiguero a su alrededor sin tocarla. Solo desaparecieron cuando la imagen coronada fue colocada en su lugar en el altar mayor. En el lenguaje popular se la empezó a llamar "Maria im Ameisenhaufen" (María en el hormiguero).
El 29 de junio comienza la peregrinación a Nuestra Señora de Luggau en Lesachtal, Austria. ¡Una vela que no se apagó, un discapacitado que recuperó la razón y un conde accidentado marcan el inicio de las grandes gracias ocurridas en este santuario!
Según una antigua tradición, el Santuario de Nuestra Señora de Luggau fue construido en un campo muy fértil que era cultivado por una mujer llamada Helena, una señora muy piadosa, pero también muy pobre.
Un día, cansada del trabajo, Helena se sentó y se quedó dormida. En su sueño, vio que allí surgiría una iglesia en cuya construcción ella misma tendría que participar. Al principio, trató de ignorar el sueño, ya que no podía entender cómo, siendo tan pobre, podría construir una iglesia. Sin embargo, como la idea la atormentaba día y noche, se dijo a sí misma: "Si hay algo de verdad en todo esto, encenderé una vela en el campo y tendrá que arder continuamente durante tres días y tres noches. Si es así, tendré que creer que la visión vino del cielo".
A pesar del fuerte viento, la vela ardió durante los tres días sin apagarse. Así, Helena se convenció, compró una imagen de Nuestra Señora de los Dolores y la llevó de casa en casa, contando la historia de lo que le había sucedido y pidiendo ayuda para la construcción de la iglesia.
Sin embargo, la pobre mujer solo recibió burlas y fue acusada de loca y estafadora. Terminó encerrada en la cárcel durante un tiempo, hasta que fue liberada por los jueces, que la consideraron inocente. Después de tanto sufrimiento y humillación, los aldeanos cambiaron de actitud y proporcionaron la madera necesaria para la construcción de la capilla.
Durante la construcción, un carpintero que trabajaba en el techo vio a un discapacitado mental entrar en la pequeña capilla y, atraído por la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, la cogió para llevársela. El carpintero advirtió inmediatamente al pobre discapacitado que devolviera la imagen, y este obedeció rápidamente. Tan pronto como la imagen volvió a su altar, el discapacitado recuperó inmediatamente el uso de la razón.
Este gran milagro contribuyó a difundir aún más la fama del pequeño santuario. Por ello, Helena acudió al conde João de Manndorf, en Pittersberg, para pedirle que la capilla de madera fuera sustituida por un edificio de ladrillo. El conde aceptó y se desplazó personalmente a Luggau para coordinar las obras.
Tras un mal comienzo, el conde se peleó con los campesinos y acabó abandonando el proyecto. Sin embargo, cuando regresaba a Pittersberg, su caballo se desbocó y lo tiró al suelo. En la caída, el conde quedó atrapado en el estribo y fue arrastrado por un largo tramo de la carretera, hasta que el caballo se detuvo de repente. A pesar de todo, Manndorf vio que estaba completamente ileso y lo reconoció como una señal del cielo. Así, el conde regresó de inmediato a Luggau y trabajó duro para terminar la iglesia.
Las gracias recibidas a lo largo de los siglos han sido tantas que Luggau recibe actualmente a numerosos peregrinos de toda Italia y Austria. Las peregrinaciones comienzan siempre el 29 de junio, día de San Pedro y San Pablo, y se prolongan hasta mediados de septiembre.
La Madona de Altenmarkt (en alemán: Altenmarkter Madonna) es una imagen de la Virgen con el Niño venerada en la Iglesia de la Natividad de Nuestra Señora, en Altenmarkt im Pongau, Salzburgo (Austria).
Se conoce que la imagen fue creada por un escultor anónimo en 1393 y que fue probablemente importada de Praga. El 14 de agosto del mismo año, el nuncio papal Ubaldinus da Torres redactó una carta de indulgencia en el Vyšehrad declarando que todos aquellos que rezasen frente a la milagrosa imagen de la Madona recibirían una indulgencia.
La estatua estuvo durante mucho tiempo situada en el coro, siendo
traslada en 1638 a un altar lateral, obra del escultor Hans Pernegger.
La escultura, de 88 centímetros de altura y realizada en piedra caliza pulida, se encuadra en el estilo de las bellas Madonas,
una corriente artística surgida en torno a 1400. El Niño Jesús aparece
desnudo y sosteniendo con la mano izquierda una manzana, representación
del fruto prohibido que probaron Adán y Eva cuando cometieron el pecado
original, mientras que con la mano derecha agarra el dobladillo del
manto de la Virgen, quien figura en contrapposto, característica presente en todas las bellas Madonas.
La Madona de Altenmarkt es sacada en procesión el 15 de agosto, día de la Asunción.
Nuestra Querida Señora de Kötschach parece ser la única Virgen Negra original de Austria. Todas las demás son copias de las Madonnas Negras más queridas por los austriacos: 16 son copias de la Virgen de Loreto (Italia), al menos 3 son copias de Nuestra Señora de Einsiedeln (Suiza), una es una copia de la Virgen Negra de Altötting (Alemania) y otra de Czestochowa (Polonia) (la Virgen Negra de Unterfrauenhaid).
La iglesia de Nuestra Señora de Kötschach se erigió como lugar de peregrinación mariana en 1399. Resultó dañada durante la invasión turca de 1478, pero fue reparada y reedificada en 1485, y ampliada entre 1518 y 1527. La iglesia resultante es de una belleza tan rara que se la llama Dom, es decir, catedral, aunque no sea la sede de un obispo.
La Virgen Negra es la "imagen de gracia" (Gnadenbild) central que hace de este santuario un lugar de peregrinación. Sólo en el siglo XVIII se atribuyeron más de 100 curaciones milagrosas a las peregrinaciones a esta Madre Oscura. Sin embargo, no he podido encontrar ninguna información sobre Ella.
Delante de la iglesia hay un antiguo tilo declarado monumento natural.
En Reischersperg vivía Arnoldo, canónigo regular muy devoto de la santísima Virgen. Estando para morir recibió los santos sacramentos y rogó a los religiosos que no le abandonasen en aquel trance.
Apenas había dicho esto, a la vista de todos comenzó a temblar, se turbó su mirada y se cubrió de frío sudor,comenzando a decir con voz entrecortada: “¿No veis esos demonios que me quieren arrastrar a los infiernos?” Y después gritó: “Hermanos, invocad para mí la ayuda de María; en ella confío que me dará la victoria”.
Al oír esto empezaron a rezar las letanías de la Virgen, al decir: Santa María, ruega por él, dijo el moribundo: “Repetid, repetid el nombre de María, que siento como si estuviera ante el tribunal de Dios”. Calló un breve tiempo y luego exclamó: “Es cierto que lo hice, pero luego también hice penitencia”. Y volviéndose a la Virgen le suplicó: “Oh María, yo me salvaré si tú me ayudas”.
Enseguida los demonios le dieron un nuevo asalto, pero él se defendía haciendo la señal de la cruz con un crucifijo e invocando a María. Así pasó toda aquella noche. Por fin, llegada la mañana, ya del todo sereno, Arnoldo exclamó: “María, mi Señora y mi refugio, me ha conseguido el perdón y la salvación”. Y mirando a la Virgen que le invitaba a seguirlo, le dijo: “Ya voy, Señora, ya voy”. Y haciendo un esfuerzo para incorporarse, no pudiendo seguirla con el cuerpo, suspirando dulcemente la siguió con el alma, como esperamos a la gloria bienaventurada.
ORACIÓN ANTE EL PELIGRO María, esperanza mía, mira a tus pies a un pobre pecador tantas veces por mi culpa esclavo del mal. Reconozco que me dejé vencer del enemigo por no acudir a ti, refugio mío. Si a ti hubiera siempre recurrido y siempre te hubiera invocado, jamás hubiera caído. Espero, Señora y Madre, haber salido por tu medio del mal y que Dios me habrá perdonado. Pero temo caer de nuevo en sus cadenas. Sé que mis enemigos desean perderme y me preparan nuevos asaltos y tentaciones. Ayúdame tú, mi reina y mi refugio. Tenme bajo tu protección; no consientas que de nuevo me vea esclavo del pecado. Sé que siempre que te invoque me ayudarás a salir victorioso. Virgen santísima, que siempre de ti me acuerde, sobre todo al encontrarme en la batalla; haz que no deje de invocarte diciendo: “María, ayúdame; ayúdame, María”. Y cuando llegue la hora de mi muerte, reina mía, asísteme entonces como nunca; haz tú misma que me acuerde de invocarte con la boca y el corazón con más frecuencia para que, expirando con tu dulce nombre en los labios y el de tu Hijo Jesús, pueda ir a bendeciros y alabaros para no separarme de vosotros por toda la eternidad en el paraíso.
La imagen original de Nuestra Señora de la Divina Gracia o “Virgen de la cabeza inclinada” ("Maria mit dem Geneigten Haupt" en alemán), fue encontrada por el venerable padre carmelita descalzo Domingo de Jesús María (1559-1630) entre un montón de escombros en la ciudad de Viena (Austria) el año 1610. Eran años de enfrentamientos entre católicos y protestantes y alguien había profanado el cuadro de la Virgen, dañándolo y tirándolo después a la basura.
El padre Domingo lo restauró y lo colocó en un lugar digno, invitando a la población a un acto de desagravio a María. La Virgen se lo agradeció inclinando la cabeza y dirigiéndole palabras de consuelo. Desde entonces la imagen de María quedó inclinada en la posición actual, de ahí el nombre popular de “Virgen de la cabeza inclinada” con el que es conocida en Viena.
La imagen restaurada se convirtió en símbolo de la identidad católica que renace fortalecida después de cada persecución.
Como se sucedieron varios milagros ante esta imagen, la advocación a Nuestra Señora de la Divina Gracia se hizo muy popular, hasta el punto de que el duque de Baviera se la pidió al general de la Orden para llevarla a un nuevo convento de carmelitas descalzos que había fundado en Munich (Alemania). Más tarde el emperador Fernando II la llevó consigo a un convento carmelitano que fundó en Praga (Chequia). Al enviudar, su esposa la llevó consigo cuando se hizo carmelita descalza en un monasterio que ella fundó en Viena. A su muerte en 1655, la venerable imagen, que había presidido varias fundaciones carmelitanas en Centro-Europa, regresó al convento de los padres carmelitas descalzos de Viena.
En 1901 se trasladó la fundación a una nueva iglesia en las afueras de la ciudad, dedicada a la sagrada Familia, donde se conserva hasta el presente. El templo con fotos de cada altar (también el de la Virgen) se puede visitar aquí.
Maria Taferl se encuentra en la ribera norte del río Danubio, al pie del Nibelungengau (región de los nibelungos).
La historia comienza con un zócalo de piedra llamado Opferstein (piedra
de la ofrenda), en el que se cree que los celtas realizaban cultos
paganos. Los primeros cristianos colocaron sobre el roble que se
encontraba junto a la piedra una pequeña cruz, fijada en una placa. De
allí surge el nombre del lugar beim Taferl ("en la placa"), más adelante
Maria Taferl.
La historia reciente está mejor documentada: el 14 de enero de 1633 el
pastor Thomas Pachmann quiso talar el roble seco beim Taferl. No
obstante su hacha resbaló y le golpeó en ambas piernas. Entonces vio la
cruz colocada, se arrepintió de su acción, cayó de rodillas y pidió
perdón. Como por milagro sus heridas dejaron de sangrar. Pachmann volvió
a su casa y pronto se encontró completamente curado.
A causa de esto, entre 1641 y 1642 Alexander Schinagl (el juez de
Kleinkrummnussbaum, pueblo de origen del pastor) concedió que se
colocara una pequeña estatua "Madre dolorosa de Dios" en el roble. Y
ocurrió que el juez que sufría de fuertes depresiones, se curó
completamente. En 1658 se habló de las primeras apariciones milagrosas
en este lugar, una aparición de luz que se repitió tres veces en los
años siguientes. Se dieron noticias de 26 apariciones de personas: se
habían visto peregrinos misteriosos, vestidos de blanco, solos, en
pequeños grupos o unidos en procesiones, en parte sobre la tierra, en
parte flotando en el aire. Junto con estas apariciones ocurrieron curas
milagrosas. En 1659 la Iglesia realizó investigaciones sobre todos estos
hechos, durante las que se interrogaron 52 testigos bajo juramento. Por
ello se decidió construir un gran santuario.
El 19 de marzo de 1660 se ofició la primera misa en Taferlberg. El día
25 de abril se colocó la piedra fundamental del santuario, cuya
construcción necesitó sesenta años. Las peregrinaciones empezaron muy
pronto.
Durante las dos guerras mundiales del siglo XX Maria Taferl fue
fuertemente dañada, pero experimentó un nuevo auge en el año 1947 cuando
fue ascendida por el papa Pío XII a basílica menor. La historia del
santuario de Maria Taferl también está representada por un pesebre
mecánico. Fue construido en 1892 por un profesor de Purgstall, y se
puede apreciar actualmente en el centro del santuario de peregrinación.
Esto formaba parte de los esfuerzos por frenar la marea del protestantismo con una Contrarreforma. Loreto, con su Santa Casa de María, donde se dice que tuvo lugar la anunciación del nacimiento de Cristo, se convirtió en una pieza central de la Contrarreforma.
Las letanías marianas de Loreto y las copias más o menos exactas de la Santa Casa con su Virgen Negra se extendieron por toda Europa. El artículo de la Wikipedia alemana sobre la "Loretokapelle" enumera 16 capillas de Loreto en Austria, 40 en Alemania, etc.
Antes había muchas más en Austria, pero con el cambio de los tiempos, bastantes de las capillas de la Virgen Negra se transformaron en otros tipos de capillas.
Una joya casi olvidada de la tradición de peregrinación de la Alta Austria.
Entre 1697 y 1699, el entonces párroco y más tarde abad de Kremsmünster Honorius Aigner mandó construir un segundo lugar de peregrinación a la izquierda del presbiterio de la iglesia de peregrinación de Heiligenleithen en honor a Nuestra Señora de Einsiedeln.
En 1720, la capilla con bóveda de cañón fue amueblada con un riquísimo techo de estuco. Representa a los 4 Evangelistas en las tapas de los puntos (nichos de las ventanas) y una imagen de Dios Padre. Además, está el símbolo mariano del Arca de la Alianza, muy poco utilizado.
La sala está dominada por el magnífico altar mariano con una copia de la Virgen negra de María Einsiedeln. El escultor Johann Urban Remele creó esta obra de arte en 1753.
La Virgen negra tiene un carácter sustancialmente diferente al de las figuras de Benito y Meinrad que la acompañan. Según el sacerdote benedictino de Einsiedeln Othmar Lustenberger, que visitó la capilla, la estatua debió ser creada en Einsiedeln hacia 1650. Hay figuras en Einsiedeln con una apariencia completamente igual. El abad de Einsiedeln de la época mandó hacer varias estatuas y las distribuyó por toda Europa para difundir la idea de la peregrinación a Einsiedeln. El abad Honorio de Kremsmünster tuvo buenos contactos con Einsiedeln durante su época de profesor en Salzburgo. Probablemente, así es como nos llegó la figura y la idea de la peregrinación de Einsiedeln.
La idea básica de la peregrinación a Einsiedeln es la leyenda del ermitaño Meinrad, que vivió en la zona del actual monasterio de Einsiedlen. El monasterio de Einsiedeln se construyó en el lugar donde el ermitaño Meinrad, que era monje de la abadía de Reichenau, fue asesinado por ladrones.
Meinrad, decidió llevar una vida eremítica y se retiró al paso de Etzel en 828. Se dice que en el año 835 construyó una ermita y una capilla en el lugar donde ahora se encuentra la Capilla de las Gracias en la iglesia del monasterio de la abadía de Einsiedeln, para servir a Dios en la ermita.
Según la leyenda, Meinrad fue asesinado el 21 de enero de 861 por dos vagabundos que codiciaban los tesoros depositados en el santuario por los peregrinos devotos. Se dice que dos cuervos persiguieron a los asesinos y los llevaron al tribunal de Zúrich, donde fueron condenados a morir en la hoguera.
En nuestra capilla, la leyenda está representada en 2 cuadros. Uno muestra al Meinrad asesinado disfrazado. Al fondo se ve su ermita y detrás una representación de la Capilla de Gracia tal y como era hacia 1700. La capilla original de Einsiedeln fue destruida durante las guerras francesas. Además, se puede ver a un ángel encendiendo las velas al lado de Meinrad. Un símbolo de la vida santa de Meinrad.
En la segunda imagen se puede ver a los cuervos persiguiendo a los ladrones y llevándolos ante la justicia. Al fondo, la ciudad de Zúrich y el lago de Zúrich.
Más tarde se construyó una capilla sobre el lugar donde murió San Ermitaño. Esta tradición cuenta que Cristo descendió del cielo en la noche del 13 al 14 de septiembre de 948 para consagrar la capilla de San Meinrad a su madre María, para que ésta tuviera aquí un trono de gracia y Einsiedeln se convirtiera en un lugar de gracia y perdón de los pecados. La tradición de la "consagración de los ángeles" se convirtió en el principal motivo de peregrinación a Einsiedeln a finales de la Edad Media. La Capilla de Gracia de Einsiedeln se convirtió en el verdadero destino de la peregrinación.
En Heiligenleithen, la consagración de los ángeles se representa en un ciclo de 6 imágenes. En el centro, muestra a Cristo bendiciendo la capilla, acompañado por santos, presumiblemente los apóstoles, y muchos ángeles con instrumentos musicales y quemadores de incienso. Además, la leyenda dice que Jesús puso su mano en el marco de la puerta para bendecirla durante esta consagración. La huella de su mano permaneció allí para siempre. En Einsiedeln se representan las depresiones de los dedos, en Heiligenleithen toda la mano.
La peregrinación de Einsiedeln se celebró muy activamente en Pettenbach. En las crónicas se puede leer que para este lugar de gracia actuaba en nuestra parroquia un capellán separado con un caballo.
Tras la prohibición de las peregrinaciones bajo el emperador José II, la Iglesia y su tema quedaron casi olvidados. Así que la huella de la mano se interpretó como que el diablo estaba haciendo travesuras en el campo y vino a Heiligenleithen. Allí vio la estatua milagrosa de la Virgen María. Se enfureció ante el bello rostro de María y quiso destruir la capilla. Pero no lo consiguió. Sólo quedó la huella de la mano caliente en la piedra de la puerta.
Otra historia describe que el diablo quería robar la estatua de la Virgen María. La estatua cobró vida en sus manos y se aferró al marco de la puerta, haciendo imposible el robo. El lugar donde María se aferró quedó en la piedra.
Tras la visita del padre de Einsiedeln, Othmar Lustenberger, en 2005, la leyenda milagrosa de la huella de la mano volvió a ser conocida. Las leyendas diabólicas verdaderamente no bellas de los últimos años quedan así invalidadas.
El Santuario de Mariazell, en los montes de Estiria, Austria, es el mas popular del centro de Europa. Recibe un millón de peregrinos al año.
En la noche del 21 de diciembre de 1157, un monje benedictino llamado Magnus caminaba por el bosque buscando un lugar para construir un monasterio. En su camino encontró una inmensa roca que le impedía el paso. Magnus se arrodilló a rezarle a la Virgen que lo guiara. El monje oyó un gran ruido y la roca se partió en dos, permitiéndole seguir su camino.
En una rama junto a la roca Magnus dejó una pequeña estatua de madera de la Virgen. Poco después, junto con personas del lugar, construyó una pequeña capilla para la estatua y una celda monástica. La fama de la estatua milagrosa de la Virgen pronto se propagó.
En el siglo XIII el príncipe Enrique Ladislao de Moravia construye la primera iglesia a la Virgen en agradecimiento a su curación.
Los húngaros estaban entre los primeros en peregrinar a Mariazell. Pronto siguieron peregrinos de Croacia, Eslovaiia, Bohemia, Alemania y otros países.
En 1377, Luis el Grande de Hungría, construyó la Capilla de las Gracias (Gnadenkappelle) en agradecimiento por la victoria sobre los invasores turcos. Allí se venera la estatua románica de la Virgen, envuelta siempre en un manto según la tradición.
En 1399, el Papa Bonifacio IX concede la indulgencia plenaria para la semana después de la octava de la Asunción, que se tradujo para Mariazell en un gran aumento de las peregrinaciones al templo.
En 1643, Fernando III modificó el santuario en estilo barroco.
En 1699, Nuestra Señora de Mariazell recibía casi 400,000 peregrinos al año.
En 1907 el Papa Pío X la constituye basílica menor y en 1908 la imagen de la Virgen, Nuestra Señora de Mariazell, recibió la corona papal.
El santuario recibió a Juan Pablo II como peregrino el 13 de septiembre de 1983.
La foto que se observa es una réplica que se encuentra en la Basílica de Luján.
Del sitio www.auxiliadora.com: Los cristianos de la Iglesia de la antigüedad en Grecia, Egipto, Antioquía, Efeso, Alejandría y Atenas acostumbraban llamar a la Santísima Virgen con el nombre de Auxiliadora, que en su idioma, el griego, se dice con la palabra "Boetéia", que significa "La que trae auxilios venidos del cielo". YaSan Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla nacido en 345, la llama "Auxilio potentísimo" de los seguidores de Cristo. Los dos títulos que más se leen en los antiguos monumentos de Oriente (Grecia, Turquía, Egipto) son: Madre de Dios y Auxiliadora. (Teotocos y Boetéia). En el año 476 el gran orador Proclo decía: "La Madre de Dios es nuestra Auxiliadora porque nos trae auxilios de lo alto". San Sabas de Cesarea en el año 532 llama a la Virgen "Auxiliadora de los que sufren" y narra el hecho de un enfermo gravísimo que llevado junto a una imagen de Nuestra Señora recuperó la salud y que aquella imagen de la "Auxiliadora de los enfermos" se volvió sumamente popular entre la gente de su siglo. El gran poeta griego Romano Melone, año 518, llama a María "Auxiliadora de los que rezan, exterminio de los malos espíritus y ayuda de los que somos débiles" e insiste en que recemos para que Ella sea también "Auxiliadora de los que gobiernan" y así cumplamos lo que dijo Cristo: "Dad al César lo que es del César" y lo que dijo Jeremías: "Orad por la nación donde estáis viviendo, porque su bien será vuestro bien". En las iglesias de las naciones de Asia Menor la fiesta de María Auxiliadora se celebra el 1º de octubre, desde antes del año mil (En Europa y América se celebre el 24 de mayo). San Sofronio, Arzobispo de Jerusalén dijo en el año 560: "María es Auxiliadora de los que están en la tierra y la alegría de los que ya están en el cielo". San Juan Damasceno, famoso predicador, año 749, es el primero en propagar esta jaculatoria: "María Auxiliadora rogad por nosotros". Y repite: "La Virgen es auxiliadora para conseguir la salvación. Auxiliadora para evitar los peligros, Auxiliadora en la hora de la muerte". San Germán, Arzobispo de Constantinopla, año 733, dijo en un sermón: "Oh María Tú eres Poderosa Auxiliadora de los pobres, valiente Auxiliadora contra los enemigos de la fe. Auxiliadora de los ejércitos para que defiendan la patria. Auxiliadora de los gobernantes para que nos consigan el bienestar, Auxiliadora del pueblo humilde que necesita de tu ayuda". El nombre de Auxiliadora se le daba en el año 1030 a la virgen María, en Ucrania (Rusia), por haber liberado aquella región de la invasión de las tribus paganas. Desde entonces en Ucrania se celebra cada año la fiesta de María Auxiliadora el 1ro de octubre. En el siglo XVI, los mahometanos estaban invadiendo a Europa. En ese tiempo no había la tolerancia de unas religiones para con las otras. Y ellos a donde llegaban imponían a la fuerza su religión y destruían todo lo que fuera cristiano. Cada año invadían nuevos territorios de los católicos, llenando de muerte y de destrucción todo lo que ocupaban y ya estaban amenazando con invadir a la misma Roma. Fue entonces cuando el Sumo Pontífice Pío V, gran devoto de la Virgen María convocó a los Príncipes Católicos para que salieran a defender a sus colegas de religión. Pronto se formó un buen ejército y se fueron en busca del enemigo. El 7 de octubre de 1572, se encontraron los dos ejércitos en un sitio llamado el Golfo de Lepanto. Los mahometanos tenían 282 barcos y 88,000 soldados. Los cristianos eran inferiores en número. Antes de empezar la batalla, los soldados cristianos se confesaron, oyeron la Santa Misa, comulgaron, rezaron el Rosario y entonaron un canto a la Madre de Dios. Terminados estos actos se lanzaron como un huracán en busca del ejército contrario. Al principio la batalla era desfavorable para los cristianos, pues el viento corría en dirección opuesta a la que ellos llevaban, y detenían sus barcos que eran todos barcos de vela o sea movidos por el viento. Pero luego - de manera admirable - el viento cambió de rumbo, batió fuertemente las velas de los barcos del ejército cristiano, y los empujó con fuerza contra las naves enemigas. Entonces nuestros soldados dieron una carga tremenda y en poco rato derrotaron por completo a sus adversarios. Es de notar, que mientras la batalla se llevaba a cabo, el Papa Pío V, con una gran multitud de fieles recorría las calles de Roma rezando el Santo Rosario. En agradecimiento de tan espléndida victoria San Pío V mandó que en adelante cada año se celebrara el siete de octubre, la fiesta del Santo Rosario, y que en las letanías se rezara siempre esta oración: MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS, RUEGA POR NOSOTROS. El centro de expansión , de este titulo, radicó en Alemania meridional, que, a pesar del triunfo protestante, se propusieron mantenerse fieles al catolicismo. En 1618 estallan las guerras de religión conocidas como "guerras de los 30 años". Los príncipes católicos y el pueblo comenzaron a invocar a la virgen Santísima con el titulo de "María Auxiliadora" y acudieron en peregrinación a una capilla que, con esta denominación se había levantado a la Virgen en la ciudad de Passau ( Alemania). En medio de las mil vicisitudes de la guerra, de la peste y del enfrentamiento religioso, los católicos de Baviera y del Tirol se sintieron protegidos por la Santísima Virgen y experimentaron una renovación espiritual. Este movimiento mariano estuvo alentado y guiado por los Padres Capuchinos y por la Cofradía de María Auxiliadora, promotora de la nueva devoción mariana. En ella muchos creyeron encontrar un medio seguro para salvar su Fe católica y la libertad de sus tierras. Junto a las convulsiones religiosas y sociales provocadas en le centro de Europa por la crisis protestante, surgió el ímpetu del Islam. En 1683 los turcos, capitaneados por el visir Kará Mustafá, ponen sitio a Viena, capital del imperio. El Papa Inocencio XI vio entonces en serio peligro la existencia de una Europa cristiana; los creyentes acudieron a la protección de la Virgen María. La invocación María, ayuda (María hilf), afirma un historiador, recorrió todas las regiones de Alemania y Austria. La victoria fue para las fuerzas cristianas, aunque las islámicas eran tres veces superiores. Viena quedó liberada. Una vez mas los pueblos experimentaron la ayuda de la virgen María Auxiliadora. El siglo XIX sucedió un hecho bien lastimoso: El emperador Napoleón llevado por la ambición y el orgullo se atrevió a poner prisionero al Sumo Pontífice, el Papa Pío VII. Varios años llevaba en prisión el Vicario de Cristo y no se veían esperanzas de obtener la libertad, pues el emperador era el más poderoso gobernante de ese entonces. Hasta los reyes temblaban en su presencia, y su ejército era siempre el vencedor en las batallas. El Sumo Pontífice hizo entonces una promesa: "Oh Madre de Dios, si me libras de esta indigna prisión, te honraré decretándote una nueva fiesta en la Iglesia Católica". Y muy pronto vino lo inesperado. Napoleón que había dicho: "Las excomuniones del Papa no son capaces de quitar el fusil de la mano de mis soldados", vio con desilusión que, en los friísimos campos de Rusia, a donde había ido a batallar, el frío helaba las manos de sus soldados, y el fusil se les iba cayendo, y él que había ido deslumbrante, con su famoso ejército, volvió humillado con unos pocos y maltrechos hombres. Y al volver se encontró con que sus adversarios le habían preparado un fuerte ejército, el cual lo atacó y le proporcionó total derrota. Fue luego expulsado de su país y el que antes se atrevió a aprisionar al Papa, se vio obligado a pagar en triste prisión el resto de su vida. El Papa pudo entonces volver a su sede pontificia y el 24 de mayo de 1814 regresó triunfante a la ciudad de Roma. En memoria de este noble favor de la Virgen María, Pío VII decretó que en adelante cada 24 de mayo se celebrara en Roma la fiesta de María Auxiliadora en acción de gracias a la madre de Dios. El 9 de junio de 1868, se consagró en Turín, Italia, la Basílica de María Auxiliadora. La historia de esta Basílica es una cadena de favores de la Madre de Dios. su constructor fue San Juan Bosco, humilde campesino nacido el 16 de agosto de 1815, de padres muy pobres. A los tres años quedó huérfano de padre. Para poder ir al colegio tuvo que andar de casa en casa pidiendo limosna. La Santísima Virgen se le había aparecido en sueños mandándole que adquiriera "ciencia y paciencia", porque Dios lo destinaba para educar a muchos niños pobres. Nuevamente se le apareció la Virgen y le pidió que le construyera un templo y que la invocara con el título de Auxiliadora. Empezó la obra del templo con tres monedas de veinte centavos. Pero fueron tantos los milagros que María Auxiliadora empezó a hacer en favor de sus devotos, que en sólo cuatro años estuvo terminada la gran Basílica. El santo solía repetir: "Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Santísima Virgen". Desde aquel santuario empezó a extenderse por el mundo la devoción a la Madre de Dios bajo el título de Auxiliadora, y son tantos los favores que Nuestra Señora concede a quienes la invocan con ese título, que ésta devoción ha llegado a ser una de las más populares. San Juan Bosco decía: "Propagad la devoción a María Auxiliadora y veréis lo que son milagros" y recomendaba repetir muchas veces esta pequeña oración: "María Auxiliadora, rogad por nosotros". El decía que los que dicen muchas veces esta jaculatoria consiguen grandes favores del cielo. El mismo Don Bosco ideó la imagen de la Señora: vestida con túnica y manto regios, como reina bellísima, coronada de doce estrellas, con la enseña de su Hijo Jesús en los brazos, atento como Ella a los hombres, y con el poder de Dios en su mano derecha, simbolizado en el cetro. Y con los ojos en dirección a la tierra, a la Iglesia, a la Humanidad. Una Señora dinámica, en pie, dispuesta a auxiliar de inmediato. Esta imagen, reproducida en miles de formas: medallas, estampas, calendarios, llaveros... nos ofrece una compañía cotidiana como una interpelación y un signo de que detrás hay gente amiga. La imagen también se hace peregrina, en pequeñas estatuillas que van de casa en casa, visitando los hogares en su humilde altar ambulante. Esta visita es devuelta el 24 de mayo, acontecimiento anual de características singulares. Todos los templos de María Auxiliadora reciben a muchedumbres de devotos y son escenario de expresiones impregnadas de un profundo sentido religioso, cristiano y popular. Se dan cita, junto a la liturgia más entrañable, procesiones y verbenas, el calor del encuentro y la alegría de la esperanza. Esta fiesta va precedida de la solemne novena y tiene el 24 de cada mes su conmemoración, como un medio más para la continuidad, a través del año, de una vida cristiana que se va haciendo bajo la mirada alentadora de la Madre Auxiliadora.
A fines del siglo XVII, época de grandes tribulaciones, en especial para los países de Europa próximos a Turquía, los habitantes de la aldea de Pócs, Austria, eran en su mayoría greco - católicos de origen ruteno, es decir, ucranianos. Los incesantes ataques de las fuerzas musulmanas, precursores del tremendo cerco de Viena en 1683, producían horribles devastaciones, logrando que incontables católicos cayeran prisioneros y fueran reducidos a la esclavitud.
En 1675, un habitante de Pócs, Läszlö Csigri, escapó milagrosamente del cautiverio turco. Cumpliendo una promesa, en señal de gratitud, encomendó a Istvan Pap, hermano menor del párroco de Pócs, un cuadro de la Virgen para la iglesia local. No obstante, cuando el cuadro quedó terminado, Csigri no disponía del dinero necesario para pagarlo. Un habitante rico de la aldea, Lorinc Hurta, compró entonces el cuadro y lo donó a la iglesia.
Sobre madera noble, el cuadro de 70 x 50 cm representa a Nuestra Señora envuelta en un manto rojo, teniendo al Niño Jesús en el brazo izquierdo, mientras señala con la mano derecha a su divino Hijo, que es el camino. De ahí la invocación griega Odighitria, que significa: la que muestra el camino. Dos estrellas, una en la cabeza y otra en el hombro izquierdo de María,simbolizan su virginidad perpetua. Sobre la cabeza de la Virgen y la del Niño Jesús el artista pintó una aureola. En el cuadro están también escritas abreviadamente las palabras Madre de Dios y Jesucristo. En los bordes del cuadro se pueden ver las cabezas de dos querubines. En la parte de abajo está escrito en eslavo antiguo, probablemente por orden de su comprador Lorinc Hurta: “Mandó hacer este cuadro el Siervo de Dios [nombre ilegible] para remisión de sus pecados”.
En cuanto obra de arte, no es una pintura de gran valor. Sin embargo, la Madre de Dios se valió de ella para operar maravillas, y como tal su valor se volvió inestimable.
El cuadro de la Santísima Virgen que señala el camino ––la buena vía para evitar los peligros, y también el modo eficaz de vencer a los enemigos–– fue desde luego objeto de gran devoción de los habitantes de Pócs, la cual aumentó cuando la imagen lloró milagrosamente.
El día 4 de noviembre de 1696, durante la misa rezada por el párroco Pap, el campesino Mihaly Eory notó que lágrimas escurrían de los ojos de la Virgen. El milagro, atestiguado por los fieles presentes en la misa, fue investigado por dos comisiones, una civil y otra eclesiástica. La comisión civil fue presidida por el conde Corbelli, comandante en jefe del ejército imperial en Hungría del este. El día 8 de diciembre, acompañado de especialistas y ante más de 300 personas, entre ellas innumerables protestantes evangélicos y calvinistas, el general Corbelli examinó minuciosamente el cuadro, constató que estaba íntegro, y enjugó con un pañuelo de seda las lágrimas que corrían de los ojos de la Virgen. Al final de sus investigaciones, el general Corbelli envió un manuscrito al obispo de Eger y un informe al emperador, a respecto del milagro de las lágrimas.
La investigación eclesiástica estuvo a cargo de György Fenesy, obispo de Eger, el cual declaró que se trataba de un auténtico milagro. Los protocolos de estas investigaciones, que comenzaron el día 26 de diciembre de 1696, contiene las declaraciones de 36 personas, incluso protestantes, todas ellas atestiguando el milagro de las lágrimas. Los documentos del proceso están guardados hasta hoy en la Colección Hevenesi de la Biblioteca de la Universidad de Budapest.
La noticia del milagro se esparció rápidamente. Al mismo tiempo llegó a Viena el informe del general Corbelli, para el conocimiento de Leopoldo I, emperador de Austria y rey de la Hungría. Atendiendo a un deseo de la emperatriz Eleonora, Leopoldo I ordenó que el cuadro milagroso fuese trasladado a Viena. Los católicos de Pócs, apesadumbrados, tuvieron que doblegarse a la voluntad de su emperador. El día 4 de julio de 1697, el cuadro fue recibido pomposamente en la capital austríaca, donde se celebraron misas solemnes y se organizaron con él más de 33 procesiones en las parroquias de la ciudad.
Un hecho histórico de gran importancia contribuirá sin embargo a fomentar la devoción a la Virgen de Pócs, en todo el imperio austríaco. El príncipe Eugenio de Saboya, comandante de las tropas imperiales, había infligido el día 11 de setiembre de 1696, en la batalla de Zenta, una fragorosa derrota a los ejércitos mahometanos de Turquía. Después del fracaso del cerco de Viena (1683), fue este el golpe definitivo a las pretensiones turcas de imponer un dominio islámico sobre Europa.
El mismo emperador Leopoldo I atribuyó esta victoria a la intercesión de Nuestra Señora de Pócs, en una bula de 1701. Pues, según él, la creencia en el poder de María Pötsch hizo con que el pueblo pidiera insistentemente a la Virgen la victoria sobre los turcos.
Los habitantes de Pócs no se conformaban con la pérdida de su cuadro milagroso. Lo querían de regreso y escribieron en tal sentido al emperador. Este no obstante, a través del obispo de Eger, respondió que sólo les daría una copia del cuadro. Efectivamente Mons. Telekesy mandó hacer, por encargo del emperador, una copia que sustituyó al original, y fue colocado en su nicho en la iglesia de Pócs.
El cuadro original nunca más vertió lágrimas, ni las numerosas copias que de él fueron hechas. No obstante, la predilección de la Santísima Virgen por sus fieles de esa pequeña aldea se manifestó aún en dos ocasiones a lo largo de los siglos: la copia de la iglesia de Pócs lloró el día 1º de agosto de 1715, y una vez más el 19 de diciembre de 1905. Ambas lacrimaciones fueron debidamente documentadas. La última fue incluso noticiada por la prensa. Mientras la bella iglesia de Pócs conserva en su ornamentado altar la copia del cuadro milagroso, el original se encuentra en el Stephansdom luego de trasponer el portal de entrada, al lado derecho, atrayendo incesantemente la veneración de los vieneses y austríacos de todas las regiones. Y a todos, en la pequeña ciudad húngara y en la metrópoli austríaca, va María Pötsch desempeñando su papel de odighitria, la que muestra el camino. Ella lo mostró en la batalla de Zenta al príncipe Eugenio de Saboya, cuyos restos mortales reposan actualmente en la misma catedral de Viena, en una pequeña capilla.