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18 de marzo de 2026

Nuestra Señora de Myślenice

 


Traducido del sitio Sanktuarium Matki Bożej Pani Myślenickiej:

La Señora de Myślenice es Eleusa, un tipo iconográfico que representa a la Virgen María sosteniendo en sus brazos a Jesús, quien, abrazando su cuello, se acurruca contra su mejilla. Es una imagen de una madre cariñosa, cordial y amorosa, que también expresa dolor por el futuro sufrimiento de su Hijo.

Según la leyenda, esta imagen fue pintada en Italia en el siglo XVI. Pertenecía al papa Sixto V y, posteriormente, a la nieta de su hermana, abadesa de un convento en Venecia. Esta última regaló la imagen al príncipe Jerzy Zbaraski, quien la colocó en su casa de Cracovia.

Sin embargo, las investigaciones científicas de Myślenicka Eleusa de la década de 1990 indican otro origen de la pintura. Según estas investigaciones, fue creada en el siglo XVII y es obra de un pintor ajeno al círculo artístico polaco. Las características estilísticas, la colorística y la técnica de ejecución apuntan al entorno de los manieristas práticos de la corte del emperador Rodolfo II de Habsburgo. Este reconocido centro de la cultura europea se encontraba en la ruta de viaje del mencionado príncipe Jerzy Zbaraski.

En la década de 1620, una epidemia de peste se desató en Cracovia, por lo que se decidió quemar el cuadro. El funcionario Marcin Grabysza lo salvó de la destrucción trasladándolo a su casa en Łagiewniki, cerca de Cracovia. Unos años más tarde, la familia Grabysz llevó el cuadro a su casa en Górna Wieś, cerca de Myślenice. 

A principios de mayo de 1633 ocurrieron unos hechos extraordinarios: Marcin Grabysza, que estaba perdiendo la vista, recuperó la salud y en el cuadro comenzaron a aparecer gotas perfumadas con consistencia de aceite. El entonces párroco de Myślenice, el padre Wojciech Ofiarowicz, decidió investigar el fenómeno. Una comisión de teólogos de Cracovia dictaminó que se trataba de un milagro. En la festividad de la Visitación de la Santísima Virgen María, el 2 de julio de 1633, la imagen de la Virgen María fue llevada en procesión solemne a la iglesia y declarada famosa por sus gracias.

Unos años más tarde, la imagen milagrosa fue colocada en la capilla fundada por el gran hetman de la Corona Stanisław Koniecpolski y su esposa Krystyna Lubomirska. El edificio fue construido en 1656 como ofrenda por la curación del hijo del hetman, Aleksander Koniecpolski, por parte de Nuestra Señora de Myślenice.

La idea de coronar la imagen surgió a principios de la década de 1960. La idea encajaba con las celebraciones eclesiásticas relacionadas con la Gran Novena previa a la celebración del Milenio del Bautismo de Polonia, entre otras cosas, la peregrinación de la imagen de Nuestra Señora de Częstochowa. En esos años también tuvieron lugar en la archidiócesis de Cracovia coronaciones de otras imágenes de María. El culto mariano crecía, también en Myślenice. 

El 22 de enero de 1967, la Santa Sede dio su consentimiento para la imposición de las coronas papales a la imagen de Nuestra Señora de Myślenice. El honor de la coronación recayó en el cardenal Karol Wojtyła. La ceremonia tuvo lugar el domingo 24 de agosto de 1969. La misa fue presidida por el arzobispo metropolitano de Poznań, Antoni Baraniak.

 En 1983, cuando se celebraba el 350 aniversario de la fundación del santuario, se produjo un robo de las coronas de la imagen milagrosa. Las nuevas coronas fueron consagradas por el papa Juan Pablo II durante la misa celebrada en Błonia, Cracovia, el 22 de junio de ese mismo año. La recoronación fue realizada por el cardenal Franciszek Macharski en la festividad de la Natividad de la Virgen María, el 8 de septiembre de 1983.

Historia de la parroquia del Nacimiento de la Santísima Virgen María en Myślenice, Breslavia
Myślenice
2011
 pp. 273-293, 541-543, 562, 573


Traducción realizada con la versión gratuita del traductor DeepL.com

21 de noviembre de 2025

La fiesta de la Presentación de Nuestra Señora se celebra desde el Siglo VI

 

Del sitio Fundación Cari Filii:

Cada 21 de noviembre la Iglesia celebra la Presentación de María Santísima en el Templo y por ello también realiza la “Jornada Pro Orantibus”, día en que los fieles son invitados a dar gracias a Dios por aquellos y aquellas que entregan su vida a Dios en los conventos de clausura.

Según la tradición, la niña María fue llevada al Templo por sus padres para que integrara el grupo de doncellas que allí eran consagradas a Dios e instruidas en la piedad.

Según el “Protoevangelio de Santiago”, una fuente cristiana que no está incluida en el Canon de la Biblia, la Virgen fue recibida por el sacerdote, que la bendijo y exclamó: “El Señor ha engrandecido tu nombre por todas las generaciones, pues al fin de los tiempos manifestará en ti su redención a los hijos de Israel”.

El Señor derramó gracia sobre la niña, quien danzó, haciéndose querer de toda la casa de Israel”, añade el texto.

En el sigo VI ya se celebraba esta Fiesta en el Oriente. En 1372, el Papa Gregorio XI la introdujo en Aviñón y posteriormente el Papa Sixto V la extendió a toda la Iglesia.

En esta fecha también se recuerda la Dedicación de la Iglesia de Santa María la Nueva, en el año 543, y edificada cerca del Templo de Jerusalén.

El 21 de noviembre de 1953, el Papa Pío XII instituyó este día como la “Jornada Pro Orantibus”, en honor a las comunidades religiosas de clausura.

Por ello, el Papa Francisco en el 2014 animó a que sea “una ocasión oportuna para agradecer al Señor por el don de tantas personas que, en los monasterios y en las ermitas, se dedican a Dios en la oración y en el silencio activo, reconociéndole aquella primacía que sólo a Él le corresponde”.

Demos gracias al Señor por los testimonios de vida claustral y no les hagamos faltar nuestro apoyo espiritual y material, para cumplir esta importante misión”, enfatizó el Pontífice.

 

12 de septiembre de 2023

Una gran batalla en el Dulce Nombre de Nuestra Señora

 

Del sitio Infocatólica:

Dulce Nombre de María. ¡Qué tierno suena en español!, mucho más que el formal de Santo Nombre, y es que a las Españas (península y Américas) le debe mucho esta fiesta, que a semejanza del Santo Nombre de Jesús, se celebraba en la octava de la Natividad. Lo judíos ponían el nombre a los ocho días.

La fiesta estuvo desaparecida unos años, en 1969 el "deformador" litúrgico Annibale Bugnini firmaba su acta de defunción: "Se suprime, por estar incluida en la fiesta de su Natividad" (el 8 de septiembre). Que a mí me suena a una macabra antítesis al adagio bernardino "de Maria nunquam satis". (Nunca suficiente de María).

Rescató la memoria San Juan Pablo II con la tercera edición típica del Misal Romano (2002). Nunca lo sabremos, pero no parece descabellado que pesase en el alma del Papa santo la ausencia una advocación también muy ligada a la historia de su pueblo, Polonia.

Y es que la fiesta del Dulce Nombre de María se extendió a toda la Iglesia como decisión de Inocencio XI, en 1683, en reconocimiento a la protección de la Virgen sobre las tropas cristianas que habían liberado Viena del sitío turco, en una de las batallas más trascendentales de la historia de la humanidad.

Los otomanos avanzaban sobre Europa, la coalición católica estaba desunida. El rey francés quería sacar tajada del asunto y apoyaba al turco. Juan (Jan III) Sobieski, rey de Polonia, decidió liderar la coalición, abandonando su patria marchó al mando del ejército. Al llegar a Viena los turcos doblaban a los cristianos. El enviado papal,beato Marco D’Aviano, consiguió unir a todo el ejército bajo el mando del rey polaco.

El 12 de septiembre de 1683, a primerísima hora, D’Aviano celebró misa a la que asistió Jan Sobieski, en las ruinas del convento camaldunense. Al terminar comenzó el ataque contra los turcos, la brutal carga de la caballería polaca con su rey al frente terminó la batalla. En 30 minutos, Sobieski había desecho al ejército turco que batía en retirada. Mandó enviar al papa las nuevas de victoria que comenzaban cambiando las palabras de Julio César por "veni, vidi, Deus vici". (Vine, ví, Dios venció).

Polonia había salvado al mundo. Supongo que también ‘coincidencias de la vida’, fue San Juan Pablo II quien beatificó a Marco D’Aviano en 2003.

Está bien, todo esto es emotivo y bonito, pero ¿cuál es la relación con el Dulce Nombre de María? Otra ‘coincidencia’: simplemente que el papa Inocencio XI era terciario trinitario; pero para conocer esta parte de la historia nos tenemos que remontar 170 años a una pequeña capilla de la catedral de Cuenca. Allí, en 1513, se celebra litúrgicamente, con bula de León X, el Santo Nombre de María por primera vez, advocación que había difundido especialmente San Bernardino de Siena y que contaba con larga tradición de Padres de la Iglesia y santos, como San Lorenzo de Brindisi que llega a afirmar: "Sería equivocado pensar que este nombre glorioso de María no está lleno de misterios o que no está divinamente inspirado, como lo estuvieron los de Jesús y Juan Bautista"

El asunto de la bula leonina está discutido, pero es el argumento que se utilizó para que la fiesta saltase de Cuenca al mundo. Ya con el tridentino Missale Romanum de 1570 aprobado, el canónigo conquense Juan del Pozo Palomino obtuvo bula de Sixto V en 1587 para celebrarla. Comienza entonces el baile de fechas, y para que no coincida con la octava de la Natividad (el día 15 de septiembre) se fija el 17. Durante aquellos años el prior del convento de los Trinitarios de Cuenca era un desconocido San Simón de Rojas, tan mariano que sus paisanos le llamaban el Padre Ave María, pues siempre empezaba así sus homilías y dicen que fueron sus primeras palabras de niño.

Simón de Rojas desempeñó un papel destacado tiempo después en la corte española, amigo y confesor de reyes, reinas y príncipes. Predicador popular, fundador de la Congregación de los Esclavos del Dulcísimo Nombre de María para el servicio de pobres y enfermos de Madrid. Y de este modo la devoción al Dulce Nombre de María quedó incorporada a la Orden Trinitaria y a España.

Cuando el rey Felipe III le ofreció lo que quisiese como agradecimiento a servicios prestados, pidió a Felipe III que se tramitara en Roma la extensión de la fiesta del Dulce Nombre de María, lo que no se materializó hasta 1622, ya bajo el reinado de Felipe IV.

A la muerte de San Simón, tomó el relevo Leonor de Guzmán, Marquesa de Monterrey, para extender la fiesta que ya celebraba toda la Orden Trinitaria a las diócesis de las Españas y aunque se le denegó, a la estela de la petición, ya con Urbano VIII, obtuvieron permiso los dominicos, franciscanos, agustinos, carmelitas, mercedarios, jesuitas y mínimos. También las diócesis de Sevilla, Lima, León en Nicaragua, Cartagena de Indias, Panamá, Puerto Rico, Arequipa y Santiago de Cuba; la mayoría de los obispos eran trinitarios.En 1671, a petición de la Corona, el Papa, por fin, otorga que pueda celebrarse en todas las Españas y se concede indulgencia plenaria a cuantas personas participaran en la celebración de la misa en dicha fiesta del Nombre de María.

Así que, en estas estábamos cuando llega 1683 y el papa es un trinitario que tan hondamente tenía arraigada la devoción, y en acción de acción de gracias cambió la fecha del 17 al 12 y la hizo extensible a toda la Cristiandad.

El resto de la historia ya la conocéis. Lo dejo acá que bien largo me ha quedado, no sin antes felicitar a todas las que lleváis por nombre su Dulce Nombre y aprovechar para recitar el "Proprio" tan oportuno para estos tiempos:

Concede, quaesumus, Omnipotens Deus: ut fideles tui, sub qui Sanctissimae Virginis Mariae Nomine et protectione laetantur; eius pia intercessione un cunctis Malis liberentur in Terris, et ad gaudia aeterna pervenire mereantur en caelis.

Concede, te suplicamos, Dios Todopoderoso: que tus fieles, bajo los cuales se regocije el Nombre y protección de la Santísima Virgen María; que por su piadosa intercesión sean librados de todos los males de la tierra, y merezcan alcanzar los gozos eternos en el cielo.

21 de noviembre de 2018

Presentación de Nuestra Señora en el Templo

Del sitio de Global Catholic Television:

Los orígenes de esta fiesta hay que buscarlos en una piadosa tradición que surge en el escrito apócrifo llamado el Protoevangelio de Santiago. 

Según este documento la Virgen María fue llevada a la edad de tres años por sus padres San Joaquín y Santa Ana. Allí, junto a otras doncellas y piadosas mujeres, fue instruida cuidadosamente respecto la fe de sus padres y sobre los deberes para con Dios.

Históricamente, el origen de esta fiesta fue la dedicación de la Iglesia de Santa María la Nueva en Jerusalén, en el año 543. Todo eso se viene conmemorando en Oriente desde el siglo VI, y hasta habla de ello el emperador Miguel Comeno en una Constitución de 1166.

Un gentil hombre francés, canciller en la corte del Rey de Chipre, habiendo sido enviado a Aviñón en 1372, en calidad de embajador ante el Papa Gregorio XI, le contó la magnificencia con que en Grecia celebraban esta fiesta el 21 de noviembre. El Papa entonces la introdujo en Aviñón, y Sixto V la impuso a toda la Iglesia.