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2 de junio de 2026

Nuestra Señora del Magnificat

 


Del sitio Eco Católico:

A propósito de la celebración a Nuestra Señora de Los Ángeles durante el mes de agosto, tengo nuevamente el honor de plasmar en el prestigioso periódico Eco Católico, más que un texto, esta “polifonía” de las Sagradas Escrituras.

He querido reflexionar acerca de, lo que considero, es una majestuosa expresión bíblica relatada por San Lucas en su evangelio, específicamente en el capítulo 1, versículos del 46 al 55; la cual reconocemos como El Magnificat.

De este cántico podemos recoger abundantes luces por su rica enseñanza e ilustrar brevemente su composición teológica y espiritual.

Son notables en importancia y belleza las palabras que se generaron en el espíritu de la Virgen y fueron evocadas por sus labios.

Vienen a mi memoria los inicios de mi vida monástica, cuando leí por primera vez el libro “El Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen” de San Luis María Grignion de Montfort y me encontré con este texto icónico: “Recitarán frecuentemente el Magnificat -a ejemplo de la Beata María d’Oignies y de muchos otros santos- para agradecer a Dios las gracias que otorgó a la Santísima Virgen. El Magnificat es el único cántico compuesto por la Santísima Virgen, o mejor, en Ella por Jesucristo, que hablaba por boca de María. Es el mayor sacrificio de alabanza que Dios ha recibido en la ley de la gracia. Es el más humilde y reconocido; a la vez, el más sublime y elevado de todos los cánticos. En él hay misterios tan grandes y ocultos, que los ángeles los ignoran”.

A lo largo de más de 20 años, sigo experimentando realmente la belleza y la riqueza de este inspirado cántico y su efecto espiritual en mi vida sacerdotal.

Nos lo explica bellamente el Papa emérito Benedicto XVI: “La Madre del Señor profetiza las alabanzas marianas de la Iglesia para todo el futuro, la devoción mariana del pueblo de Dios hasta el fin de los tiempos. Al alabar a María, la Iglesia no ha inventado algo 'ajeno' a la Escritura: ha respondido a esta profecía hecha por María en aquella hora de gracia”.

En este canto maravilloso se refleja toda el alma, toda la personalidad de María. Podemos decir que este canto es un retrato, un verdadero icono de María, en el que podemos verla tal cual es.

Quisiera destacar sólo dos puntos de este gran canto. Comienza con la palabra Magníficat: mi alma “engrandece” al Señor, es decir, proclama que el Señor es grande. María desea que Dios sea grande en el mundo, que sea grande en su vida, que esté presente en todos nosotros. No tiene miedo de que Dios sea un “competidor” en nuestra vida, de que con su grandeza pueda quitarnos algo de nuestra libertad, de nuestro espacio vital. Ella sabe que, si Dios es grande, también nosotros somos grandes. No oprime nuestra vida, sino que la eleva y la hace grande precisamente con el esplendor de Dios.

Una segunda idea nos conduce a reflexionar que aunque  esta poesía de María es totalmente original, al mismo tiempo, es un “tejido” hecho completamente con “hilos” del Antiguo Testamento. Denota  que María, por decirlo así, “se sentía como en su casa” en la Palabra de Dios y vivía inmersa dentro de Ella.  En efecto, hablaba con palabras de Dios, pensaba con palabras de Dios; sus pensamientos eran los pensamientos de Dios; sus palabras eran las palabras de Dios. Estaba penetrada de la luz divina; y por eso era tan espléndida, tan buena; por eso irradiaba amor y bondad.

María recibía en todo tiempo también la luz interior de la sabiduría. Quien piensa con Dios, piensa bien; y quien habla con Dios, habla bien, tiene criterios de juicio válidos para todas las cosas del mundo, se hace sabio, prudente y, al mismo tiempo bondadoso y manso. Se hace fuerte y valiente con la fuerza de Dios, que resiste al mal y promueve el bien en el mundo.

Doy gracias al Señor, por la benevolente y fecunda colaboración de Su Espíritu Santo de promover en mi corazón, por intercesión de La Virgen María, una escucha renovada de la palabra de Dios, que es un elemento indispensable de la nueva evangelización.

Hoy deseo que el eco de estas palabras resuenen, de igual forma, en el corazón de cada persona, convirtiendo este himno único en una oración diaria.

Muy a propósito, es muy atinado y beneplácito de Dios, repetir las altas expresiones del cántico de María en su “Magníficat”, como una locución de acción de Gracias,  particularmente después de la Sagrada Comunión.

Nos dirigimos entonces ahora en oración a María Santísima, a quien veneramos en Costa Rica como Nuestra Señora de los Ángeles:

“Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón.

Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes.

A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada.

Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia - como había anunciado a nuestros padres - en favor de Abraham y de su linaje por los siglos”.

27 - Agosto - 2022

 

11 de diciembre de 2024

San Juan Pablo II y el vínculo de las dos Guadalupes

 Del sitio Cari Filii:

El 22 de octubre se celebra la fiesta de San Juan Pablo II, uno de los Papas que más cariño y devoción ha despertado. A lo largo de su largo pontificado, que duró casi 27 años, dejó numerosas muestras de su amor a la Virgen María y a las fuentes desde donde el amor a la Virgen se propagó a todo el mundo.

Por eso destaca la especial relación que el Papa polaco tuvo con Guadalupe, pero no sólo por la gran advocación mexicana, sino también por la española, a las que el propio San Juan Pablo II vinculó entre ellas durante su visita a Extremadura en 1982.

Allí es difícil olvidar la visita del ahora santo, que además fue el primer Papa en visitar un monasterio situado en una tierra en la que nacieron muchos de los que fueron llevando el Evangelio a América.

En aquella ocasión, Juan Pablo II dijo a las miles de personas congregadas en el pequeño pueblo extremeño: “Es indiscutible la estima tan grande que le tengo a la Virgen de Guadalupe de México. Pero me doy cuenta de que aquí están sus orígenes. Antes de haber ido a la Basílica del Tepeyac, debería haber venido aquí para comprender mejor la devoción mexicana”.

De ese modo vinculaba dos advocaciones que comparten nombre y que aunque eran muy diversas entre sí compartían el celo por llevar a la Virgen al mundo entero, especialmente a tierras españolas y americanas.

En su homilía de aquel 4 de noviembre de 1982 y con un pontificado todavía dando sus primeros pasos afirmaba el Papa:

Junto con los hombres, junto con las generaciones de esta tierra extremeña y de España, caminaba también María, la Madre de Cristo. En los nuevos lugares de habitación Ella saludaba, en el poder del Espíritu Santo, a los nuevos pueblos, que respondían con la fe y la veneración a la Madre de Dios."

»De esta manera, la promesa mesiánica hecha a Abraham se difundía en el Nuevo Mundo y en Filipinas. ¿No es significativo que hoy nos encontremos en el santuario mariano de Guadalupe de la tierra española, y que contemporáneamente el santuario homónimo de México se haya convertido en el lugar de peregrinación para toda Hispanoamérica? También yo he tenido la dicha de ir como peregrino al Guadalupe mexicano al principio de mi servicio en la Sede de Pedro".

"Y he aquí que, como en otras lenguas, pero sobre todo en español —ya que en esta lengua se expresa la gran familia de los pueblos hispánicos— resuenan constantemente las palabras con las que un día Isabel saludó a María: ‘¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque así que sonó la voz de tu salutación en mis oídos, exultó el niño en mi seno. Dichosa la que ha creído que se cumplirá lo que se le ha dicho de parte del Señor’”.

A lo largo del tiempo también han surgido los escépticos que han asegurado que el Guadalupe mexicano es un mito inspirado en la historia española con el objetivo de inspirar devociones entre los nativos americanos.

Sin embargo, monseñor Eduardo Chávez, rector y cofundador del Instituto de Estudios Guadalupanos en la Ciudad de México, explica a Angelus News que existe abundante evidencia histórica de que los paralelos entre los guadalupes mexicanos y españoles no son de origen humano.

De hecho, señala que las dos historias de Guadalupe no son los únicos casos en los que María pide que sus apariciones sean informadas a las autoridades de la Iglesia; se dieron instrucciones similares en las apariciones de Lourdes y Fátima, entre otras.

No es que la historia mexicana se inventa para corresponder con la española”, dijo, sino que la Virgen María, cuando realmente es ella, es eclesial. Ella es Iglesia. Y eso se demuestra cuando envía a Juan Diego para que vaya al obispo”.

Además, las dos imágenes son completamente diferentes, incluso en su forma misma. La española muestra a María sosteniendo al niño Jesús, mientras que la tilma mexicana representa a una Virgen embarazada.

Al revelarse a sí misma como “Santa María de Guadalupe” a Juan Bernardino, el tío de Juan Diego, María “quería un nombre conocido por los españoles”, agregó Chávez porque "si no, los españoles habrían quemado su imagen de inmediato".

Al igual que el Camino de Santiago más conocido en el norte de España, Guadalupe se asocia con peregrinaciones a pie. Hay 23 rutas de peregrinaje oficiales en toda España que conducen al monasterio de Guadalupe, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1993.

La curación es un tema importante, explica Pilar Gordillo, historiadora del arte y delegada de Cultura del Arzobispado de Toledo, donde se encuentra el santuario mariano.

Esta experta cuenta que Guadalupe era históricamente conocida por los hospitales establecidos por los monjes jerónimos en la ciudad para tratar a los peregrinos y personas de las áreas rurales circundantes. “Los pacientes iban a ser curados, pero también recibirían el cuidado de la Virgen, a través de los ángeles que eran estos monjes”, asegura.

Al final de su estancia, los pacientes recibieron un par de zapatos de los monjes, un gesto práctico y simbólico. Por ello, añade que “a través del encuentro humano, la curación del alma te da zapatos, te da pies, te da alas, para caminar y volver al mundo, y poder afrontar lo que se te presente”.

12 de mayo de 2024

¿Puede Nuestra Señora con todas las peticiones?

Adaptado del sitio National Catholic Register:

La Virgen María es la gran mediadora entre Dios y los hombres, es la mejor intercesora que puede tener cualquier persona. Los católicos sabemos que las oraciones son siempre a través de María a Dios, no a través de Dios a María. Así dice Santiago 5:16: "La oración ferviente del justo tiene un gran poder".

En este sentido, es interesante descubrir que hasta el propio Dios, en su infinito poder, puede parecer que se convierta en un "mediador". Fue el propio Dios el que le dijo a Abimelec que Abraham oraría por él, para que pudiera vivir (Génesis 20:6-7). Dios también le dijo a los "amigos" de Job que "mi siervo Job oraría por ellos, aunque no hablaron bien de mí, yo les perdonaré en consideración a él" (Job 42:8). ¿Fue Dios el "mediador" de Job?

San Pablo, incluso nosotros mismos funcionamos como "mini-mediadores" de la gracia y de la salvación de Dios, tal como lo hace María:

"Pues ¿qué sabes tú, mujer, si salvarás a tu marido? Y ¿qué sabes tú, marido, si salvarás a tu mujer?» (1 Corintios 7:16).

"Me he hecho todo para todos con el fin de salvar, por todos los medios, a algunos" (1 Corintios 9:22).

"Obrando así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen" (1 Timoteo 4:16).

"Si incluso algunos no creen en la Palabra, sean ganados no por las palabras sino por la conducta de sus mujeres" (1 Pedro 3:1).

La Biblia también enseña que somos sus "colaboradores" y que sus obras son las nuestras y viceversa:

"Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban" (Marcos 16:20).

"Ya que somos colaboradores de Dios y vosotros, campo de Dios, edificación de Dios" (1 Corintios 3:9).

"He trabajado más duro que cualquiera de ellos, aunque no soy yo, sino la gracia de Dios que está conmigo" (1 Corintios 15:10).

"Dedíquense a la obra del Señor en todo momento, conscientes de que con él no será estéril su trabajo" (1 Corintios 15:58).

"Hemos sido creados en Cristo Jesús con miras a las buenas obras que Dios dispuso de antemano para que nos ocupáramos en ellas" (Efesios 2:10).

"Trabajad con temor y temblor por vuestra salvación, pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece" (Filipenses 2:12-13).

Siendo así, no resulta raro o extraordinario creer que Dios eligió a María para interceder y distribuir gracias. ¡Dios puede hacer lo que quiera! Una vez usó hasta un burro para hablar en Balaam, apareció en una zarza ardiente, en una nube… y eligió venir a la tierra como un bebé.

María es una ayudante, la más importante, como lo fue Moisés, Juan el Bautista, Elías, Pablo, Pedro o Juan. De ninguna manera esto interfiere con las prerrogativas únicas del poder de Dios, simplemente está usando a una de sus criaturas, la más bella, para sus propósitos divinos.

Dios hace posible que María escuche millones de oraciones de intercesión y luego las presente a Dios en nuestro nombre. ¡No es ningún problema para Dios! Para Él es simplemente una parte de todo lo que puede hacer continuamente en cada nanosegundo. Pablo dice: "En Él vivimos, nos movemos y existimos" (Hechos 17:28).

Y, en esta presentación que hace de nuestras oraciones, estaría acompañada de un ángel. Así lo dice el Apocalipsis: "Y la nube de perfumes, con las oraciones de los santos, se elevó de las manos del ángel hasta la presencia de Dios» (Apocalipsis 8:4). La Biblia dice que Jesús es "el que sostiene todo con su palabra poderosa" (Hebreos 1:3) y que "todo tiene en él su consistencia" (Colosenses 1:17).

Entonces, ¿podemos creer que Dios no puede habilitar a una persona, María, para escuchar las intercesiones? Es curioso tal reparo, viniendo de un calvinista, que pone un énfasis extremo (y loable) en la soberanía y causalidad de Dios.

La Biblia enseña que no hay ningún problema, es más, los seguidores de Cristo están "unidos con Él" (Romanos 6:5), son "un espíritu con Él» (1 Corintios 6:17), "transformados en imagen suya" (2 Corintios 3). :18), "llenos de la plenitud de Dios" (Efesios 3:19) y "de la plenitud de Cristo" (Efesios 4:13); de hecho, "participan de la naturaleza divina" (2 Pedro 1:4).

4 de marzo de 2023

Devoción de los Cinco Primeros Sábados a Nuestra Señora (Tercer sábado)

Del sitio The Communal First Saturdays:

Resumen de la Devoción de los Primeros Sábados.

¿Por qué debe hacerse?

Nuestra Señora: "Si hacéis lo que os digo, se salvarán muchas almas, habrá paz". (Fátima, 13 de julio de 1917).    

La Devoción de los Primeros Sábados es una de las dos peticiones especiales para conseguirlo.   

A los que cumplan 5 Primeros Sábados seguidos, se les promete la salvación personal.

¿Qué debe hacerse?    

Palabras de Nuestro Señor y Nuestra Señora el 10 de dic. de 1925. 12-10-25

Resumen de las prácticas: (Todo en reparación al Inmaculado Corazón de María

  • Confesión        
  • Rosario        
  • Comunión de Reparación        
  • Meditación

¿Cómo debe hacerse?

Asistir a los Primeros Sábados Comunitarios a su parroquia. Si no hay Primeros Sábados Comunitarios en su parroquia,    

Solicite al párroco Establecer los Primeros Sábados Comunitarios en la parroquia.    

De no ser posible, entonces se puede:

        Hacer la devoción y formar un Grupo privado o hacerla Individualmente
Del sitio Foro Mariano

Tercer sábado: Contra su Maternidad Divina, rehusando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres.

MEDITACIÓN PARA EL TERCER SÁBADO

SAN JUAN PABLO II
Miércoles 6 de marzo de 1996

LA MATERNIDAD VIENE DE DIOS

(Lectura: 1er. libro de Samuel, capítulo 1, versículos, 9-11)"

1. La maternidad es un don de Dios. "He adquirido un varón con el
favor del Señor"
(Gn 4, 1) exclama Eva después de haber dado a luz a
Caín, su primogénito. Con estas palabras, el libro del Génesis presenta
la primera maternidad de la historia de la humanidad como gracia y
alegría que brotan de la bondad del Creador.

2. Del mismo modo se ilustra el nacimiento de Isaac, en el origen del
pueblo elegido.
A Abraham, privado de descendencia y ya en edad avanzada, Dios
promete una posteridad numerosa como las estrellas del cielo
(cf. Gn 15, 5). El patriarca acoge la promesa con la fe que revela al
hombre el designio de Dios: "Y creyó él en el Señor el cual se lo
reputó por justicia
" (Gn 15 6).
Las palabras que el Señor pronunció con ocasión del pacto establecido
con Abraham confirman esa promesa: "Por mi parte he aquí mi
alianza contigo: serás padre de una muchedumbre de pueblos
" (Gn 17,4).
Acontecimientos extraordinarios y misteriosos destacan cómo la
maternidad de Sara es sobre todo, fruto de la misericordia de Dios,
que da la vida más allá de toda previsión humana: "Yo la bendeciré, y
de ella también te daré un hijo. La bendeciré, y se convertirá en
naciones; reyes de pueblos procederán de ella
" (Gn 17, 16).
La maternidad se presenta como un don decisivo del Señor: el
patriarca y su mujer recibirán un nombre nuevo para significar la
inesperada y maravillosa transformación que Dios realizará en su vida.

3. La visita de tres personajes misteriosos, en los que los Padres de la
Iglesia vieron una prefiguración de la Trinidad, anuncia de modo más
concreto a Abraham el cumplimiento de la promesa: "Apareciósele el
Señor en la encina de Mambré estando él sentado a la puerta de su
tienda en lo más caluroso del día. Levantó los ojos y he aquí que había
tres individuos parados a su vera
" (Gn18, 1-2). Abraham objeta: "¿A
un hombre de cien años va a nacerle un hijo? ¿y Sara, a sus noventa
años, va a dar a luz?
" (Gn17, 17; cf. 18, 11-13). El huésped divino
responde: "¿Es que hay algo imposible para el Señor? En el plazo
fijado volveré, al término de un embarazo, y Sara tendrá un hijo
"
(Gn 18, 14; cf. Lc 1, 37).
El relato subraya el efecto de la visita divina, que hace fecunda una
unión conyugal, hasta ese momento estéril. Creyendo en la promesa,
Abraham llega a ser padre contra toda esperanza, y padre en la
fe porque de su fe desciende la del pueblo elegido.

4. La Biblia ofrece otros relatos de mujeres a las que el Señor libró de
la esterilidad y alegró con el don de la maternidad. Se trata de
situaciones a menudo angustiosas, que la intervención de Dios
transforma en experiencias de alegría, acogiendo la oración
conmovedora de quienes humanamente no tienen esperanza. Raquel,
por ejemplo, "vio que no daba hijos a Jacob y, celosa de su hermana,
dijo a Jacob: “Dame hijos, o si no me muero. Jacob se enfadó con
Raquel y dijo: “¿Estoy yo acaso en el lugar de Dios, que te ha negado
el fruto del vientre?
” (Gn 30, 1-2).
Pero el texto bíblico añade inmediatamente que “entonces se acordó
Dios de Raquel. Dios la oyó y la hizo fecunda, y ella concibió y dio a
luz un hijo
" (Gn 30, 22-23). Ese hijo, Josué, desempeñará un papel
muy importante para Israel en el momento de la emigración a Egipto.
En éste, como en otros relatos, subrayando la condición de esterilidad
inicial de la mujer, la Biblia quiere poner de relieve el carácter
maravilloso de la intervención divina en esos casos particulares pero,
al mismo tiempo, da a entender la dimensión de gratuidad inherente a
toda maternidad.

5. Encontramos un procedimiento semejante en el relato del
nacimiento de Sansón. La mujer de Manóaj, que no había podido
engendrar hijos, recibe el anuncio del ángel del Señor: "Bien sabes
que eres estéril y que no has tenido hijos, pero concebirás y darás a luz
un hijo
" (Jc 13, 3-4). La concepción, inesperada y prodigiosa, anuncia
las hazañas que el Señor realizará por medio de Sansón.
En el caso de Ana, la madre de Samuel, se subraya el papel particular
de la oración. Ana vive la humillación de la esterilidad, pero está
animada por una gran confianza en Dios, a quien se dirige con
insistencia para que la ayude a superar esa prueba. Un día en el
templo, expresa un voto: "¡Oh Señor de los ejércitos! (...), si no te
olvidas de tu sierva y le das un hijo verán, yo lo entregaré al Señor por
todos los días de su vida...
" (1 S 1, 11).
Su oración es acogida: "El Señor se acordó de ella", que "concibió
(...) y dio a luz un niño a quien llamó Samuel
" (1 S 1, 19-20).
Cumpliendo su voto, Ana entregó su hijo al Señor: "Este niño pedía
yo y el Señor me ha concedido la petición que le hice. Ahora yo se lo
cedo al Señor por todos los días de su vida
" (1 S 1, 27-28). Dado por
Dios a Ana, y luego por Ana a Dios, el niño Samuel se convierte en un
vínculo vivo de comunión entre Ana y Dios.
El nacimiento de Samuel es, pues, experiencia de alegría y ocasión de
acción de gracias. El primer libro de Samuel refiere un himno,
llamado el Magnificat de Ana, que parece anticipar el de María: "Mi
corazón exulta en el Señor, mi poder se exalta por Dios...
" (1 S 2, 1).
La gracia de la maternidad, que Dios concede a Ana por su oración
incesante, suscita en ella nueva generosidad. La consagración de
Samuel es la respuesta agradecida de una madre que, viendo en su hijo
el fruto de la misericordia divina, devuelve el don, confiando ese hijo
tan deseado al Señor.

6. En el relato de las maternidades extraordinarias que hemos
recordado, es fácil descubrir el puesto importante que la Biblia asigna
a las madres en la misión de los hijos. En el caso de Samuel, Ana
desempeña un papel trascendental con su decisión de entregarlo al
Señor. Una función igualmente decisiva desempeña otra madre,
Rebeca, que procura la herencia a Jacob (cf. Gn 27). En esa
intervención materna, que describe la Biblia, se puede leer el signo de
una elección como instrumento del designio soberano de Dios. Es él
quien elige al hijo más joven, Jacob, como destinatario de la bendición
y de la herencia paterna y, por tanto, como pastor y guía de su pueblo.
Es él quien, con decisión gratuita y sabia, establece y gobierna el
destino de todo hombre (cf. Sb 10, 10-12).
El mensaje de la Biblia sobre la maternidad muestra aspectos
importantes y siempre actuales. En efecto, destaca su dimensión de
gratuidad, que se manifiesta, sobre todo, en el caso de las estériles; la
particular alianza de Dios con la mujer; y el vínculo especial entre el
destino de la madre y el del hijo.
Al mismo tiempo, la intervención de Dios que, en momentos
importantes de la historia de su pueblo, hace fecundas a algunas
mujeres estériles, prepara la fe en la intervención de Dios que, en la
plenitud de los tiempos, hará fecunda a una Virgen para la
encarnación de su Hijo.

18 de octubre de 2022

Nuestra Señora, la sierva del Señor

 Del sitio Vaticano:

1. Las palabras de María en la Anunciación: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38) ponen de manifiesto una actitud característica de la religiosidad hebrea. Moisés, al comienzo de la antigua alianza, como respuesta a la llamada del Señor, se había declarado su siervo (cf. Ex 4, 10; 14, 31). Al llegar la nueva alianza, también María responde a Dios con un acto de libre sumisión y de consciente abandono a su voluntad, manifestando plena disponibilidad a ser "la esclava del Señor".

La expresión "siervo" de Dios se aplica en el Antiguo Testamento a todos los que son llamados a ejercer una misión en favor del pueblo elegido: Abraham (Gn 26, 24), Isaac (Gn 24, 14) Jacob (Ex 32, 13; Ez 37, 25), Josué (Jos 24, 29), David (2 Sm 7, 8) etc. Son siervos también los profetas y los sacerdotes, a quienes se encomienda la misión de formar al pueblo para el servicio fiel del Señor. El libro del profeta Isaías exalta en la docilidad del "Siervo sufriente" un modelo de fidelidad a Dios con la esperanza de rescate por los pecados del pueblo (cf. Is 42-53). También algunas mujeres brindan ejemplos de fidelidad, como la reina Ester, que, antes de interceder por la salvación de los hebreos, dirige una oración a Dios, llamándose varias veces "tu sierva" (Est 4, 17).

2. María, la "llena de gracia", al proclamarse "esclava del Señor", desea comprometerse a realizar personalmente de modo perfecto el servicio que Dios espera de todo su pueblo. Las palabras: "He aquí la esclava del Señor" anuncian a Aquel que dirá de sí mismo: "El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos" (Mc 10, 45; cf. Mt 20, 28). Así, el Espíritu Santo realiza entre la Madre y el Hijo una armonía de disposiciones íntimas, que permitirá a María asumir plenamente su función materna con respecto a Jesús, acompañándolo en su misión de Siervo.

En la vida de Jesús, la voluntad de servir es constante y sorprendente. En efecto, como Hijo de Dios, hubiera podido con razón hacer que le sirvieran. Al atribuirse el título de "Hijo del hombre", a propósito del cual el libro de Daniel afirma: "Todos los pueblos, naciones y lenguas le servirán" (Dn 7, 14), hubiera podido exigir el dominio sobre los demás. Por el contrario, al rechazar la mentalidad de su tiempo manifestada mediante la aspiración de los discípulos a ocupar los primeros lugares (cf. Mc 9, 34) y mediante la protesta de Pedro durante el lavatorio de los pies (cf. Jn 13, 6), Jesús no quiere ser servido, sino que desea servir hasta el punto de entregar totalmente su vida en la obra de la redención.

3. También María, aun teniendo conciencia de la altísima dignidad que se le había concedido, ante el anuncio del ángel se declara de forma espontánea "esclava del Señor". En este compromiso de servicio ella incluye también su propósito de servir al prójimo, como lo demuestra la relación que guardan el episodio de la Anunciación y el de la Visitación: cuando el ángel le informa de que Isabel espera el nacimiento de un hijo, María se pone en camino y "de prisa" (Lc 1, 39) acude a Galilea para ayudar a su prima en los preparativos del nacimiento del niño, con plena disponibilidad. Así brinda a los cristianos de todos los tiempos un modelo sublime de servicio.

Las palabras "Hágase en mi según tu palabra" (Lc 1, 38), manifiestan en María, que se declara esclava del Señor, una obediencia total a la voluntad de Dios. El optativo "hágase" (génoito), que usa san Lucas, no sólo expresa aceptación, sino también acogida convencida del proyecto divino, hecho propio con el compromiso de todos sus recursos personales.

4. María, acogiendo plenamente la voluntad divina, anticipa y hace suya la actitud de Cristo que, según la carta a los Hebreos, al entrar en el mundo, dice: "Sacrificio y oblación no quisiste; pero me has formado un cuerpo (...). Entonces dije: ¡He aquí que vengo (...) a hacer, oh Dios, tu voluntad!" (Hb 10, 5-7; Sal 40, 7-9).

Además, la docilidad de María anuncia y prefigura la que manifestará Jesús durante su vida pública hasta el Calvario. Cristo dirá: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra" (Jn 4, 34). En esta misma línea, María hace de la voluntad del Padre el principio inspirador de toda su vida, buscando en ella la fuerza necesaria para el cumplimiento de la misión que se le confió.

Aunque en el momento de la Anunciación María no conoce aún el sacrificio que caracterizará la misión de Cristo, la profecía de Simeón le hará vislumbrar el trágico destino de su Hijo (cf. Lc 2, 34-35). La Virgen se asociará a él con íntima participación. Con su obediencia plena a la voluntad de Dios, María está dispuesta a vivir todo lo que el amor divino tiene previsto para su vida, hasta la "espada" que atravesará su alma.



San Juan Pablo II
Audiencia General
(Miércoles 4 de septiembre de 1996)

 

9 de julio de 2022

Nuestra Señora de la Humildad

 Del sitio Libertos pela Intercessâo da Mâe

Nada se sabe con certeza sobre el origen de este título dado a la Virgen, ni siquiera la fecha en que comenzó a ser venerada. La imagen en la que se representa a Nuestra Señora de la Humildad muestra a la Virgen Madre sentada en un trono con el Niño Jesús en su regazo, que a su vez la agracia ofreciéndole un lirio mientras le toca la cara como si la besara en actitud de amor. La Virgen Madre sostiene también en su mano derecha un jarrón con otros lirios, como para mostrar las infinitas gracias que le son concedidas a través de su Hijo. Es de rara belleza y muestra una soberbia y majestuosa modestia, tanto que provoca en todos los que la contemplan una profunda reverencia y la mayor veneración. 

La Virgen fue elegida por Dios entre todas las mujeres para ser la Madre de su Hijo. Fue honrada por Dios con una majestuosidad y una grandeza inimaginables para cualquier ser humano.

María fue y será durante siglos sin fin la plenitud de las gracias de Dios, elegida entre todas las mujeres, copreservadora de la salvación, reina de la humanidad, puente divino de la gracia.

María fue la mujer humilde por excelencia, aquella en la que Dios encontró la gracia y por eso la eligió para ser el Templo del Rey Divino.

María persiguió la humildad en todo momento, entregando su vida ante Dios y sirviéndole con todo su corazón. 

María, la mujer perfecta por excelencia, reina al lado de su hijo, sin buscar ninguna gloria para sí misma, sino y sólo la gloria de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Se esfuerza incansablemente por la protección y la salvación de las almas.

Según las palabras del Hermano Agustín de Santa María del Santuario Mariano: "No me extraña el título de Humildad con que quiere ser invocada la Reina del Cielo, emperatriz del mundo y Madre de Dios, porque de lo mucho que agradó al Altísimo por su profunda humildad, la elevó a la mayor grandeza al elegirla su Madre."

La misma Virgen confiesa que de su gran humildad le había nacido la mayor alteza y soberanía: "Mi alma glorifica al Señor, mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva. Por eso, en adelante todas las generaciones me llamarán dichosa, porque el que es poderoso y cuyo nombre es santo ha hecho grandes cosas por mí. Su misericordia se extiende de generación en generación sobre los que le temen. Ha mostrado el poder de su brazo; ha sacudido el corazón de los soberbios. Ha derribado a los poderosos de su trono y ha exaltado a los humildes. Ha colmado de bienes a los necesitados y ha despedido a los ricos con las manos vacías. Ha acogido a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como prometió a nuestros padres, para Abraham y su descendencia para siempre" (Lc 1,46b - 55).