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21 de enero de 2026

Nuestra Señora del Nuevo Adviento

 


Del sitio El Pueblo Católico:

El 16 de diciembre, la arquidiócesis de Denver celebra la fiesta de Nuestra Señora del Nuevo Adviento. El ícono fue creado hace 29 años por el padre William Hart McNichols, jesuita, para la arquidiócesis a petición del entonces arzobispo, ahora cardenal, J. Francis Stafford. El padre McNichols, de 64 años, es hijo del exgobernador de Colorado Stephen McNichols y Marjory McNichols.

En el ícono de Nuestra Señora del Nuevo Adviento, María está vestida de púrpura, el color del Adviento, y levanta las manos en la postura de oración en un gesto de intercesión. El Niño Jesús, que brilla desde dentro de Ella, sostiene en la mano izquierda una aguileña: la flor del estado de Colorado. Detrás de la futura madre, las Montañas Rocosas se elevan desde las llanuras de Colorado.

La oración de Nuestra Señora del Nuevo Adviento, que se incluye en español a continuación, fue compuesta por las monjas benedictinas de la abadía de St. Walburga ubicada en Virginia Dale, Colorado, para complementar este ícono que ocupa un lugar especial para los fieles de la arquidiócesis de Denver.

Oración a Nuestra Señora del Nuevo Adviento

¡Oh, Señora y Madre
de Aquel que fue, es y ha de venir;
oh, amanecer de la Nueva Jerusalén;
te pedimos ardientemente
que nos ayudes con tu intercesión
a vivir en el amor,
de tal modo que la Iglesia, el Cuerpo de Cristo,
pueda permanecer en la oscuridad de este mundo
como un ícono resplandeciente de la Nueva Jerusalén.

Te pedimos que nos obtengas esta gracia
por medio de Jesucristo, tu Hijo y Señor,
que vive y reina
con el Padre en el Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos.
Amén.

 

4 de enero de 2026

¿Quieres adorar al Niño Dios? Descansa en el vientre de Nuestra Señora

 

Del sitio Píldoras de Fe:

Recientemente, me encontré anhelando sostener al Niño Dios mientras contemplaba este tiempo de Navidad/Adviento, pero para mantener la disciplina y tradición decidí esperar hasta la Noche Buena para desenvolver este grandioso regalo. Y al hacer esto, inmediatamente me encontré volteando hacia María y poniendo mi mano sobre su vientre, abriéndome para conectar con el Niño Dios ahí dentro.

Desde entonces, me encuentro uniéndome a Jesús en el vientre de María, primero desde afuera, pero luego, mientras paso tiempo con Jesús en adoración, me encuentro imaginándome que la capilla en donde estoy es el vientre de María, y empiezo a pasar más tiempo en el vientre con Jesús, abriéndome a mantenerme quieta ante Su Presencia, reposando en el amor de la Madre y del Padre Perfecto (María y nuestro Padre Celestial), tal como Jesús lo hizo… absorbiendo las verdades de mi propia dignidad e identidad como un hijo de Dios.

Y es que por esto fue que vino Jesús, para abrirnos las puertas del Cielo e invitarnos a regresar en comunión con nuestro Padre Celestial. Por Su Sangre hemos sido redimidos y recibimos de regreso nuestra dignidad e identidad, mismas que teníamos antes de la caída, siempre que hayamos elegido recibirlas.

Mi oración en este tiempo de Navidad/Adviento es que todos tengamos la gracias de reposar junto con el Niño Dios, para convertirnos en uno junto a Él, abriéndonos a la maravilla que fuimos hechos, la verdad sobre quién fuimos creados para ser.

Que entremos en la profunda gracia del tiempo de Navidad/Adviento; que lleguemos a conocer el amor de Dios, el amor de María, de una manera profunda e íntima. Nuestro Dios anhela unirse a nosotros como Sus Hijos. Quiere que descansemos en el vientre de Su Amor por nosotros, como Jesús lo hizo a través de su vida terrenal; que conozcamos el infinito e incondicional amor y aceptación de nuestro perfecto Padre Celestial.

Quiere que descansemos también en el vientre del amor de María por nosotros como Jesús lo hizo en su vida terrenal; que conozcamos el amor de la perfecta Madre a como Él lo hizo; que podamos experimentar el amor y la aceptación incondicional del Padre Celestial por nosotros a través del Corazón Maternal de María.

Las heridas de un padre y de una madre son las heridas más profundas que se pueden tener, porque nuestras madres y nuestros padres son los primeros en reflejar y atraernos al amor de Dios.

Su último propósito al amarnos es inclinarnos hacia la receptividad del Amor de nuestro Padre Celestial y nuestra Madre; que conozcamos el amor perfecto, incondicional de Dios y su aceptación.

Pero nuestros padres se quedan cortos en la vida en diversos aspectos debido a sus propias heridas, transmitidas de sus propios padres, y así todo el camino de regreso hasta Adán y Eva. Y así, podemos permanecer pobres de corazón, sin darnos cuenta de cuán profunda, incondicional e infinitamente somos amados.

Que este tiempo de Navidad/Adviento sea un tiempo para que todos nosotros vayamos a la fuente de la cual todo amor y verdad fluye, al unirnos con el Niño Dios, abriéndonos a recibir y reclamar nuestra verdadera dignidad e identidad como "hijos de Dios".

Mientras compartí con Sor Mary Clare mi reflexión de entrar en el vientre de María con Jesús, se sintió atraída a entrar también y después quiso compartir un poco de su experiencia:

Medité en el absoluto silencio de toda la Creación mientras esperaba el "" de María cuando el ángel Gabriel le anunció que Ella concebiría y llevaría un Hijo y Su nombre sería Jesús. Cuando María dio su "", ¡entró luz en su vientre y en este mundo! Mientras reflexionaba sobre entrar al vientre de María, vi una luz brillante y me di cuenta de que estaba con Jesús, ¡Luz del Mundo! Luego fui invitada por María a formarme tal a como ella estaba formando a Jesús en su vientre. En Su vientre estaba el Amor personificado, el gozo y la paz. ¡Me encontré descansando en este Amor, Gozo y Paz! También me di cuenta de que Jesús y María me estaban pidiendo, de hecho a todos nosotros, reparar la oscuridad en los vientres de algunas madres, causada por el pecado del aborto. Muchas madres dicen "No" a la vida en sus vientres, y sus vientres se convierten en lugares de oscuridad, faltos de amor, paz y gozo

Traducción y adaptación:
 María Mercedes Vanegas
 Nicaragüense viviendo en Alemania
soltera, ingeniera y misionera

14 de diciembre de 2025

Las antífonas de Nuestra Señora de la O

 

Del sitio Gaudium Press:

Entre el 17 y el 23 de diciembre entramos propiamente en el período de la Semana de Preparación previa a la Navidad, antes de la llegada de Nuestro Señor, vivimos un período de expectación, por lo que durante esos días celebramos la memoria litúrgica de Nuestra Señora de la Expectación, Nuestra Señora del Parto o Nuestra Señora del Ó, de ahí también las antífonas del Ó.

Las "Antífonas del Ó" son pequeños estribillos que se cantan en la oración de la tarde (vísperas), en el canto del Magnificat: la Iglesia entona estos estribillos hasta el 23 de diciembre. Al recitarlas, alimentamos en nosotros los mismos sentimientos de la Virgen María y esperamos con alegría la venida de Nuestro Señor. Constituyen además un resumen de la teología del Adviento y expresan el deseo de salvación de la humanidad y la expectativa por la venida de Jesucristo, invocado con títulos mesiánicos del Antiguo Testamento.

Actualmente, estas antífonas están presentes en la oración de la Liturgia de las Horas, antes del canto evangélico de las vísperas, el Magnificat (Lucas 1, 46-55), y también en la aclamación del Evangelio en la misa. Además de prepararnos para la venida de Nuestro Señor Jesucristo, las antífonas se convierten en oraciones de agradecimiento a Dios por tantos bienes que nos ha dado. Incluso el canto del Magnificat es la expresión de gratitud de Nuestra Señora por tantos bienes que Dios ha hecho a favor de ella y de su pueblo.

Las antífonas están precedidas por el vocativo "oh", para que podamos rezarlas con toda confianza durante este tiempo de Adviento, exaltando la grandeza de Dios y las maravillas que Él ha realizado en nuestra vida. Que estas antífonas nos recuerden que la Navidad es, ante todo, esperar la venida de Cristo y no de Papá Noel, ya que Cristo es el mayor regalo que podemos recibir en Navidad.

Estas antífonas del ó fueron compuestas entre los siglos VII y VIII, siendo un compendio de cristología de la antigua Iglesia, un resumen expresivo del deseo de salvación, tanto de Israel en el Antiguo Testamento, que esperaba ansiosamente la venida del Mesías, como de la Iglesia en el Nuevo Testamento. Sin duda, el nacimiento de Jesús representa el deseo de salvación para todos los pueblos, no solo para los judíos, sino para toda la humanidad.

Al encender las velas de la corona de Adviento sentimos al Señor más cerca de nosotros, porque poco a poco la luz de Cristo ilumina las tinieblas. Del mismo modo, a medida que cantamos las antífonas del ó y nos acercamos a la séptima, sentimos que el Señor está cada vez más cerca. Esperemos al Señor con alegría y confianza, del mismo modo que esperaban el pueblo de Israel y la Virgen María.

La primera antífona del 17 de diciembre es:

Ó Sabiduría: que saliste de la boca del Altísimo,
 y llegaste hasta los confines de todo el universo 
y con fuerza y suavidad gobiernas el mundo entero:
¡oh, ven a enseñarnos el camino de la prudencia!

Jesús es la Palabra que se hizo carne, el Verbo encarnado entre nosotros. Dios, al crear el universo, utilizó la sabiduría, y esa sabiduría de Dios es la Palabra, y Cristo es la Palabra encarnada. Pidamos a Dios Padre que nos enseñe el camino de la prudencia y, tal y como nos orienta la espiritualidad de este tiempo de Adviento, permanezcamos en constante oración y vigilancia, y a partir de la Palabra de Dios, sabiduría eterna, podamos esperar al Señor que viene.

La segunda antífona del 18 de diciembre es:

Ó Adonai: guía de la casa de Israel,
que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente 
y le diste tu ley en el Sinaí: 
¡ven a salvarnos con tu brazo poderoso!

Adonai se refiere al nombre con el que el pueblo de Israel se dirigía a Dios, lo que significaba, en cierto modo, reconocer la "señoría de Dios". Reconocer la "señoría" de Dios significa reconocer todo lo bueno que Dios ha hecho por su pueblo a lo largo de la historia de la salvación. Dios es el salvador y libertador de Israel, y los cristianos esperan ansiosamente la venida de Cristo.

La tercera antífona del 19 de diciembre es: 

"Oh raíz de Jesé": ¡Oh estandarte,
levantado en señal para las naciones!
Ante ti se callarán los reyes de la tierra, 
y las naciones implorarán misericordia: 
¡Ven a salvarnos! ¡Libéranos sin demora!.

Esta tercera antífona se refiere a lo que suplicamos al Señor durante este tiempo de Adviento: "¡Ven a salvarnos! Líbranos sin demora". Con el nacimiento del Mesías esperamos que Él nos libere a todos y nos traiga paz, justicia, perdón y misericordia. El niño Jesús nace en Belén, en Judea, para cumplir la profecía, ya que era la ciudad de David.

La cuarta antífona del 20 de diciembre es:

"Oh llave de David": 
Cetro de la casa de Israel, 
que abres y nadie cierra, que cierras y nadie abre: 
ven pronto y libera al hombre prisionero, 
que en las tinieblas y en la sombra de la muerte está sentado.

La llave es el símbolo del poder, Jesús pertenece a la dinastía davídica, Jesús es el sucesor de David en el reino de Israel, y luego Jesús le pasa las llaves a Pedro, que le sucede en el reinado davídico, con el fin de restaurar el reino de Israel. El Mesías, Jesús de Nazaret, recibió del Padre todo el poder en el cielo y en la tierra, en sus manos están "las llaves del Reino".

La quinta antífona del 21 de diciembre es: 

"Oh sol naciente": justiciero, resplandor de la Luz eterna:
¡Oh, ven y ilumina a los que yacen en las tinieblas 
y en la sombra del pecado y de la muerte, están sentados!.

Jesús es la luz del mundo, Él viene a iluminar nuestras tinieblas, por eso, durante el tiempo de Adviento encendemos cada domingo las velas de la corona de Adviento, y Juan Bautista, como precursor, vino a llamar a los hijos de Israel para que salieran de las tinieblas y buscaran el camino de la luz. Juan predicaba un bautismo de conversión y Jesús bautizaba en agua y en espíritu.

La sexta antífona del 22 de diciembre es: 

"Oh Rey de las Naciones": Deseado de los pueblos; 
oh Piedra angular, que unes a los opuestos: 
Oh, ven y salva a este hombre tan frágil, 
que un día creaste del barro de la tierra!

La llegada del Mesías es esperada por todos los pueblos, Él es el Dios de la paz, el príncipe de las naciones que vino a gobernar Israel con "cetro de hierro", pero en lugar de tomar las armas o los palos, el Mesías enseñó a todos el camino del amor. El Reino de Jesús no es de este mundo, sino del Reino eterno, donde muchos de nosotros deseamos estar.

La séptima antífona del 23 de diciembre es:

 "Oh Emanuel": Dios con nosotros, nuestro Rey Legislador, 
Esperanza de las naciones y Salvador de los pueblos; 
Ven, por fin, a salvarnos, oh Señor y Dios nuestro! 

El Mesías es Emanuel, Dios con nosotros, el príncipe de la paz, Él es esperado desde siempre por todos. Nosotros, los cristianos, esperamos la segunda venida de Cristo, por eso repetimos siempre: "Ven, Señor Jesús". Mientras que los judíos aún esperan la primera venida del Mesías. Por eso, en esta Navidad, esperemos que el Señor nazca en nuestro corazón y podamos repetir "Ven, Señor Jesús". El niño que nacerá en la noche de Navidad es definitivamente la presencia de Dios entre los hombres, vino a mostrarnos el camino del amor y a mostrar a todos la salvación.

Tomemos estas antífonas y meditemos cada día preparando nuestro corazón y nuestra vida para celebrar la Navidad del Señor. Que podamos llevar dentro de nosotros los mismos sentimientos que Nuestra Señora llevaba en ese momento y que podamos envolver al mundo con la luz de Cristo.

arzobispo de Río de Janeiro.

7 de diciembre de 2025

En el "si" de Nuestra Señora lo humano y lo divino se encuentran

 

Del sitio Misioneros Digitales Católicos:

Este 8 de diciembre, (2024), solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, II Domingo de Adviento, en sus palabras previas a la oración del ángelus, el Santo Padre invitó a que imitemos a María Inmaculada porque, “en ella no hay nada que ofrezca resistencia a su voluntad, nada que se oponga a la verdad y a la caridad”.

Mientras se acerca la apertura de la Puerta Santa del Jubileo, abramos las puertas del corazón y de la mente al Señor, Él nació de María Inmaculada e imploremos la intercesión de María”, lo dijo el Papa Francisco en su alocución previa a la oración mariana del ángelus de este II Domingo de Adviento, solemnidad de la Inmaculada Concepción de María y después de haber celebrado la Santa Misa con los nuevos Cardenales en la Basílica de San Pedro.

Al comentar el Evangelio que la liturgia propone para la solemnidad de la Inmaculada Concepción, el Santo Padre indicó que, este texto bíblico nos relata uno de los momentos más importantes en la historia de la humanidad: la Anunciación, cuando el “” de María al Arcángel Gabriel permitió la Encarnación del Hijo de Dios.

“Es una escena que suscita la mayor maravilla y emoción porque Dios, el Altísimo, el Omnipotente, por medio del Ángel dialoga con una joven de Nazaret, pidiéndole que colabore en su plan de salvación”.

Asimismo, el Pontífice señaló que, como en la escena de la creación de Adán pintado por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, donde el dedo del Padre celestial roza el dedo del hombre; así también aquí, lo humano y lo divino se encuentran, al inicio de nuestra Redención, en el instante bendito en el que la Virgen María pronuncia su “”.

“Una mujer de un pequeño pueblo de periferia es llamada para siempre al centro de la historia: de su respuesta depende el destino de la humanidad, que puede volver a sonreír y a esperar, porque su destino ha sido puesto en buenas manos”.

Por lo tanto, indicó el Papa Francisco, la Virgen María, como la saluda el Arcángel Gabriel, es la "llena de gracia", la Inmaculada, enteramente al servicio de la Palabra de Dios, siempre con el Señor, al que se encomienda completamente.

“En Ella no hay nada que ofrezca resistencia a su voluntad, nada que se oponga a la verdad y a la caridad. He aquí su bienaventuranza, que cantarán todas las generaciones. Alegrémonos también nosotros, porque la Inmaculada nos ha dado a Jesús, nuestra salvación”.

Y en nuestro tiempo, agitado por guerras y concentrado en el esfuerzo de poseer y dominar, el Santo Padre invitó a hacernos las siguientes preguntas que nos ayudaran a profundizar en este misterio.

“¿Dónde pongo mi esperanza? ¿En la fuerza, en el dinero, en los amigos poderosos, o en la misericordia infinita de Dios? Y frente a los falsos modelos relucientes que circulan en los medios y en internet, ¿dónde busco mi felicidad? ¿Dónde está el tesoro de mi corazón? ¿Está en el hecho de que Dios me ama gratuitamente, que su amor siempre me precede y está listo para perdonarme cuando regreso arrepentido a Él? ¿O me engaño tratando de afirmar a toda costa mi yo y mi voluntad?”

Finalmente, el Papa Francisco dijo que, mientras se acerca la apertura de la Puerta Santa del Jubileo, abramos las puertas del corazón y de la mente al Señor Jesús, nacido de María Inmaculada e imploremos la intercesión de la Madre para que Él venga a habitar en nuestra vida.

30 de noviembre de 2025

Velemos y preparémonos con Nuestra Señora

 

Del sitio Un Minuto con María:

Estamos entrando en el Tiempo de Adviento. Disponemos de cuatro domingos para prepararnos a acoger al Mesías, el Salvador, el Redentor de la humanidad. Durante estos días, estamos llamados a despejar el espacio para darle todo su lugar al Señor Jesús.

Ciertamente, este Tiempo de Adviento será también un tiempo de preparación material para esta gran celebración navideña, pero eso no excluye la preparación interior. ¡Hay que encontrar un equilibrio! Quién mejor que una mujer, una madre, para ayudarnos, para enseñarnos a vivir bien este Tiempo de Adviento.

Por eso caminaremos con la Virgen María. Ella acogió la Palabra de Dios y la dejó crecer esa Palabra en su interior. María dio la Palabra al mundo. Así que miremos y preparémonos con María, que Ella misma fue preparada para esta hermosa y grande misión que ha transformado de manera única la historia de la humanidad.

Como dice san Juan Pablo II: "Camina con María. Camina con María. Que el eco de su fiat resuene en tu corazón". Esto es lo que les deseo para este Tiempo de Adviento. 

Padre Pierre Le Bourgeois
expárroco de Nantua
Francia

22 de noviembre de 2024

Nuestra Señora de la Buena Esperanza

 Del sitio Ktincodema Jimdofree:

La fiesta más antigua dedicada a María fue sin duda alguna la de Navidad. Juntamente se celebra al Hijo y a la Madre. 

Con esta advocación recordamos a María en su dulce Espera del Niño Jesús. El arte suele representar a María en avanzado estado de gestación, con su vientre abultado y la mano sobre el mismo, apuntando que allí está el Hijo de Dios, que pronto nacerá.

Esperanza, pues presenta a María en estado avanzado del embarazo obrado por el Espíritu Santo. Expectación, por el ansia e intensidad con que ella esperaba tener pronto en sus brazos al que llevaba en su seno. 

La fiesta de la Encarnación del Verbo en el Seno de María - 25 de marzo – suele caer entre los acentos de Cuaresma, y difícilmente se le puede dedicar la debida atención a este gran misterio. 

Todo el tiempo de Adviento es tiempo de "esperanza" en el Mesías que ha de venir a salvar a la humanidad. Los Profetas y Padres del Antiguo Testamento procuraban mantener siempre encendido el fuego de la esperanza en el Mesías venidero.

1 de diciembre de 2023

Nuestra Señora de la Dulce Espera

Del sitio Uno:

La Virgen de la Dulce Espera es una advocación mariana que representa el momento en el que María se encuentra embarazada, y se la asocia con el Adviento o espera de la Natividad de Cristo y la esperanza de un nuevo comienzo. Es también conocida como la Virgen de la Esperanza.

Esta advocación de la Virgen María embarazada, considerada por la Iglesia Católica, como la "Patrona de las madres que esperan un hijo", es una de las más veneradas.

Muchas mujeres y parejas del mundo se encomiendan a la Virgen para conseguir no sólo el milagro del embarazo, sino que este se desarrolle con normalidad y que la salud de la madre, así como la del futuro bebé, siempre estén presentes. También las que tienen dificultades para quedar embarazadas y las parejas que han abierto su corazón a la noble y desinteresada tarea de la adopción de niños necesitados de cariño, atención y hogar.

A María se le pide la protección y el consejo, la sabiduría y la capacidad de orar y tener fe para enfrentar este gran desafío en la vida de ser padres.

La Devoción a Nuestra Señora de la Dulce Espera tiene siglos de existencia. Hay referencias del siglo V. Se la reconoce como una de las primeras imágenes de culto que se generó para la devoción cristiana.

En la Argentina esta devoción entra a través del matrimonio Strega. Estando ellos de viaje por España, específicamente en Compostela, se refugian durante una tormenta de lluvia y viento en la Catedral de Santiago de Compostela. Bajan a la cripta y se encuentran con la imagen de piedra de María embarazada. Y comienzan a rezar, con mucho amor y fe, por la hija de ellos que no podía quedar embarazada. Tiempo después la hija pudo tener dos hijos. Sus padres entonces se comprometieron a traer la imagen y su réplica fue entronizada, con la debida aprobación eclesiástica, en la iglesia de la Inmaculada Concepción de Devoto (Buenos Aires), el 15 de mayo del año 1980.

El día 15 se celebra el día de la Virgen de la Dulce Espera y al final de la misa se bendicen y se entregan zapatitos de lana, (escarpines), a mujeres embarazadas que cursan el octavo o noveno mes de gestación. Al mismo tiempo, madres que recibieron esos zapatitos vuelven un mes después, con sus bebés, para agradecer a la Virgen el éxito de sus partos.

El papa San Juan Pablo II, en su Carta a las Mujeres, dice: "Te doy gracias, mujer-madre, que te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el Niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida".

27 de noviembre de 2023

La mejor manera de obtener gracias es por medio de Nuestra Señora

Hoy es el día de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa

Del sitio Encyclopedia Mariana:

Volvamos a un detalle de la visión que tuvo santa Catalina Labouré, religiosa francesa, el 27 de noviembre de 1930, en la calle del Bac de París.

Estamos en vísperas del primer domingo de Adviento, es decir, en el umbral del año litúrgico por el que el cristiano se une a Cristo en todos sus misterios. Catalina nota que María lleva en cada mano 15 anillos (tres en cada dedo), resplandecientes y adornados con piedras magníficas, algunas de las cuales tienen poco o ningún brillo: "Es el símbolo de las gracias que esparzo sobre quienes me las piden y las gemas de las que no salen rayos, son las gracias que la gente se olvida de pedirme", le dijo.

María obtiene de Dios, para nosotros, todas esas gracias simbolizadas por los rayos de luz que irradian de sus manos abiertas, con la única condición de que nos atrevamos a pedirlas, con la confianza, el atrevimiento, la sencillez de un niño. Y así María nos conduce a su divino Hijo.

La aparición no pide explícitamente rezar el Rosario; pero el número de anillos, tres en cada dedo, evoca sin duda los quince misterios del rosario. De hecho, en el pasado, el Rosario solo incluía 15 misterios y a menudo se rezaba con un decenario, un anillo cubierto con diez cuentas para contar las avemarías.

Este detalle de la aparición sería, por tanto, una indicación discreta, un tanto secreta, de que la mejor manera de pedir gracias es rezar el Rosario, es decir, contemplar la vida de Cristo con María, hacer nuestras peticiones a Cristo con María, dejarnos transfigurar por Cristo y anunciar a Cristo con María.

 F. Breynaert


7 de diciembre de 2021

Nuestra Señora del Adviento

Hoy por casualidad he descubierto una advocación de la virgen que no conocía y que me gustaría compartir con todos ustedes. Se trata de la advocación “Nuestra Señora del Adviento”.

Cuentan que fue el arzobispo Francis Stafford, en 1991, el que solicitó al Vaticano un día de fiesta dedicado a Nuestra Señora del Nuevo Adviento para la archidiócesis de Denver. La fecha que asignaron como día de su festividad fue el 16 de diciembre.

Tras conocer que el 16 de diciembre se celebraría esta festividad , encargaron al jesuita Padre McNichols la creación de un icono que fue presentada y bendecida por Juan Pablo II durante la Jornada Mundial de la Juventud de 1993 celebrada en Denver.

Es bonito pensar, ahora que todos los cristianos nos preparamos para una nueva venida del Señor, con qué alegría y estremecimiento se preparó María, la gran protagonista del Adviento, para tan gran acontecimiento, para la fiesta más señalada de su maternidad. Una auténtica maternidad biológica, humana y natural, y, al mismo tiempo, una maternidad sobrenatural. Con su fe, su amor y su cuerpo, da luz a la Vida divina en una maternidad enteramente humana, porque el cuerpo humano de Jesús creció y se desarrolló realmente durante nueve meses en el seno virginal de María. La Virgen Madre aportó a la humanidad de Cristo todo lo que las otras madres aportan a la formación y crecimiento de sus hijos.

Es más, en la exhortación apostólica Marialis cultus, de Pablo VI, recuerda que “los fieles que trasladan de la liturgia a la vida el espíritu del Adviento, al considerar el inefable amor con que la Virgen Madre esperó al Hijo, se sienten animados a tomarla como modelo y a pre­pararse, vigilantes en la oración y jubilosos en la alabanza, para salir al encuentro del Salvador que viene. (…) El tiempo de Navidad constituye una prolongada memoria de la maternidad divina, virginal, salvífica de Aquella “cuya virginidad intacta dio a este mundo un Salvador” (16): efectivamente, en la solemnidad de la Natividad del Señor, la Iglesia, al adorar al divino Salvador, venera a su Madre gloriosa: en la Epifanía del Señor, al celebrar la llamada universal a la salvación, contempla a la Virgen, verdadera Sede de la Sabiduría y verdadera Madre del Rey, que ofrece a la adoración de los Magos el Redentor de todas las gentes (cf. Mt 2, 11); y en la fiesta de la Sagrada Familia (domingo dentro de la octava de Navidad), escudriña venerante la vida santa que llevan la casa de Nazaret Jesús, Hijo de Dios e Hijo del Hombre, María, su Madre, y José, el hombre justo (cf. Mt 1,19)”.

La figura de María está unida a la misión del Hijo. “Dará a luz a un hijo a quien pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. El enriquecimiento de María por su maternidad es grande, es más, podríamos decir con audacia, que infinito. María se introduce en la corriente trinitaria de amor. Como Hija sabe mejor qué es el amor filial de recibir la vida del Padre. Cumple la Voluntad del Padre como Amada. Como Esposa aprende a dar siendo su vida un don al Hijo engendrado. Como Madre sabe lo que es dar ser y darse con el cuidado y la originalidad de ser para el Hijo.

El camino por el que Jesús ha venido al mundo se llama María. Nadie, pues, mejor que Ella nos puede enseñar cómo se preparan los caminos para la venida del Señor. Ella, desde Nazaret a la montaña de Judea, es portadora de Cristo, encerrado en su seno virginal, ante cuya presencia Juan el Bautista saltó de gozo en el vientre de su madre. Esa función la sigue cumpliendo María a través de la historia.

"María sigue preparando los caminos del Adviento del Señor en nuestros corazones. No se puede separar a la Madre del Hijo, donde Ella está trae siempre consigo a Jesús, porque en Ella todo se refiere a Cristo, todo depende de Él. Por María somos siempre conducidos a Jesús. Ella cumple siempre una doble función, como en Caná; una función de intercesora que expone nuestras necesidades: “No tienen vino", y una función que consiste en mostrarnos el camino hacia el Maestro: “Haced lo que Él os diga” (…) María ha acogido al Señor como no lo ha hecho ni hará criatura humana alguna. El Sí de María al ángel de la Anunciación, es el Amén, la aceptación más plena e incondicional que se haya dado a Dios por parte humana. Ese Sí, pronunciado en el silencio de la casita de Nazaret, se contrapone al No de todas nuestras rebeldías, y resonará siempre a través de los siglos, de generación en generación, como un eco de la misericordia de Dios Salvador que se ha fijado en la pequeñez, mil veces bendita en su esclava. Esa respuesta de María de Nazaret, ese hágase en mí según tu palabra, nos manifiesta una disponibilidad total a los planes de Dios. Son como un cheque en blanco que se va a llevar, por caminos desconcertantes, hasta el pie de la Cruz (…) Ninguna persona humana ha tenido tal actitud de entrega y sumisión confiada a las promesas de Dios como María. Ella es la tierra óptima que acoge la semilla de la Palabra”. (+ Mons. Antonio Ceballos Atienza, Obispo de Cádiz y Ceuta, “Santa María del Adviento, modelo de vigilancia, preparación y acogida del Señor”, noviembre de 2006).






10 de diciembre de 2018

Nuestra Señora Consuelo de los Afligidos de Mettenbuch

Del sitio de foros de la Virgen María:

Mettenbuch es una ciudad en Baviera, que se hizo famosa durante el período de la Kulturkampf (conflicto entre el Imperio Alemán y la Iglesia Católica) a causa de intensos acontecimientos sobrenaturales registrados en las proximidades del monasterio de Metten (Deggendorf), que está también está relacionada con la curación de la posesión a Barbara Eder.

Las apariciones se han manifestado en el período comprendido entre el 1 y el 21 de diciembre de 1876 y de nuevo la última vez, María Santísima se apareció en 1878. Los videntes principales, Carolina Kraus, Francisco Javier Kraus, Teresa Liebl y Matilda Sack, todos tenían edades comprendidas entre ocho y catorce años, algunos adultos y otros niños vieron parte de algunas de las apariciones.

Los muchachos tuvieron el privilegio de recibir las apariciones de la Virgen, el Niño Jesús y en ocasiones también la de San José y varias categorías de ángeles y santos, así como ver fenómenos luminosos.

Estos acontecimientos fueron detalladamente registrados por el párroco y el obispo responsable Ignazio Senestrey de Regensburg. Este último, sin embargo, se distanció de las apariciones decidiendo suspender la investigación. En contra de su decisión, se declararon varios profesores, hombres de letras, algunos sacerdotes y monjes del monasterio de Metten, que protestaron ante Roma.

Las apariciones se reportan en el significativo período del Adviento y de Navidad. María Santísima se apareció a los fieles como "Consuelo de los Afligidos", y más tarde fue llamada por el pueblo "Madre de Dios de Adviento”. Los fenómenos sobrenaturales, de los que los niños fueron testigos pueden resumirse como sigue.

Algunas personas dieron cuenta de fenómenos luminosos en el bosque adyacente a Mettenbuch en la cima de un barranco. Los testigos declararon entonces que vieron luces rojas, azules y blancas, a un metro sobre la tierra, que se cruzaban entre sí para crear un extraño juego de colores.

Se pensaba que esas luces fueran las pobres almas del purgatorio en busca de oración y apoyo en la Tierra. Al día siguiente, al caer la noche, muchas personas en la ciudad bávara entraron en el bosque, en el lugar donde habían visto la luz, y oraron por las almas del purgatorio recitando las letanías lauretanas. Las luces no se mostraban todas las noches y cuando lo hacían las veían sólo los cuatro niños, casi todos los adultos no las podían ver.

Entre las 19 y 20 hs del 1 de diciembre de 1876, tres niños estaban absortos en la oración junto con otras personas en la entrada del bosque. Imprevistamente vieron aparecer una luz diáfana y, a continuación más y más intensa que adquiría la apariencia del Niño Jesús, radiante y con una túnica roja, con la parte superior del cuerpo desnudo. La aparición duró alrededor de dos minutos.

El día 2 de diciembre los niños, con Catherine, de seis años, y Francisco Javier de diez años, vieron a Jesús de nuevo. 

El niño apareció sentado en el regazo de su madre, que a su vez se sentaba en una silla. Nuestra Señora mostró una cara llena de gozo inefable y estaba envuelta en una túnica del color azul, mas azul que el cielo, con calcetines blancos y zapatos de oro, un velo blanco caía de la cabeza a mitad de la túnica.

Le dijo a los muchachos: "Yo soy el Consuelo de los Afligidos." Detrás de ella apareció de repente la figura de San José y a los dos lados, derecho e izquierdo de la Madre de Dios, habían aparecido figuras angelicales.

Nuestra Señora también dijo:"En este lugar se debe construir una capilla, una capilla sencilla". La Santísima Virgen aconseja a los niños que se confiesen, mientras que las madres fueron a decirle al sacerdote sobre los eventos a fin de convencerlo de construir la capilla. La pequeña Catherine no vio nada, y Francisco permaneció en silencio durante todo el día. Él oró al lado de la quebrada, recitaba el Rosario y se sintió alentado por su madre para decir lo que vio.

El 3 de diciembre los videntes fueron al mismo lugar de las apariciones. Con ellos estaban las hermanas de la Sra. Kraus. Los dos muchachos quedaron durante el tiempo en el borde del barranco, mientras que las mujeres en el fondo. Poco después Francisco Javier vio al niño Jesús con una túnica roja y una corona de flores en los rizos rubios, envuelto en un magnífico esplendor. Entonces oyó la voz del niño que le dice: "Yo soy el Divino Niño Jesús."

Más distante, aparece una figura femenina majestuosa con un vestido largo, un velo que cubre su cabeza como una monja. Llevaba las manos sobre el pecho en forma de una cruz. Francisco Javier después recordará que la mujer pronunciaba la palabra "María" y otro término que él no entendió.

Al día siguiente volvió al lugar de las apariciones y vio a la señora que sin decir una palabra, le comunicó a través de locución interior los títulos de la devoción, los cuales al primer momento no comprendió: "Consoladora de los afligidos", "Reina del Cielo" y "Santísima Virgen". Cuando el vidente le contó a su madre la aparición y las palabras, su madre le explicó todo.

También el 3 de diciembre mientras que Francisco se encontraba con su amigo, Eckl, apareció ante ellos la Virgen en un aura luminosa, los dos se arrodillaron conmovidos por tal esplendor, Francisco sólo oyó decir: "Ponte de rodillas en el barro, ahora recibiré tu agradecimiento”. Los dos inmediatamente empezaron a buscar un lugar donde arrodillarse, mientras María desapareció.

En su lugar apareció la figura del Salvador en una cruz de tres metros de altura sin inscripción. Los pies de Jesús estaban a cerca de un metro sobre el suelo, había una corona verde en su cabeza con largas espinas, la cabeza vuelta hacia la derecha y las manos clavadas a la cruz. Las dedos largos, se desplazaban hacia el centro de las manos y la sangre caía en sus brazos y cuerpo, los pies estaban colocados uno sobre otro, el derecho sobre el izquierdo, atravesados por un clavo grande que los penetraba a través del empeine. La herida en el lado derecho era de un pie de ancho y goteaba sangre. El Cristo de esta aparición portaba una barba de color marrón, el pelo no era muy larga y su frente estaba cubierta por la corona de espinas de color púrpura. Francisco, lleno de dolor, se quedó absorto en la contemplación una media hora, entonces la imagen dolorosa del Salvador desaparecido (tiempo después se erigió en ese lugar una cruz).

Mientras tanto, llegó la madre de Francisco Javier y cuando se enteró del milagro también cayó de rodillas y oró con emoción ferviente.

El 4 de diciembre, Francisco Javier retornó con Eckl, donde estuvieron arrodillados en el lodo, con la esperanza de volver a ver a la Madre del Cielo, esperaron en oración por un largo tiempo. Justo cuando estaban a punto de irse, Francisco Javier vio a la Madre de Dios en una luz radiante que llevaba al niño Jesús en su mano derecha. La aparición fue breve.

El pequeño vidente vio en el camino de vuelta algunos ángeles, entre ellos reconoce a su ángel guardián. Su amigo no ve nada. Los ángeles no se mostraron más a Francisco Javier, pero si un par de veces a los demás niños.

En diciembre 5 Francisco Javier y Eckl retornaron al lugar de las apariciones. Esta vez Francisco fue golpeado por una visión estática, más intensa que la otra: vio a la Madre de Dios rodeado de cuatro figuras de ángeles que estaban sentados en sillas de oro alrededor de una mesa también de oro. Las figuras celestiales llevaban en sus manos un folleto o una figurita. Cuando la aparición desapareció, Francisco vio otras tres figuras que brillan con luz sobrenatural. Reconoció sólo por vestimenta clerical la de su santo patrón, San Francisco Javier.

Además de los hechos denunciados los chicos recibieron en este tiempo muchas otras visiones y apariciones. En los días siguientes se mostraron cansados, un poco confusos y muy pálidos.

Las numerosas apariciones y visiones se prolongaron hasta el 21 de diciembre presentado el siguiente contenido:

- Jesucristo volvió de nuevo: llevaba una corona verde de espinas en la cabeza ensangrentada. Su rostro estaba muy triste y tenía un vestido azul en torno al cuerpo y un manto rojo, con los pies descalzos. La visión de esta pasión duró cerca de media hora y en silencio.

- Asunción de la Virgen María entre dos ángeles.
- María como Reina del Cielo envuelta en una luz esplendorosa, con una corona alta. Sólo fue vista por Francisco Javier, sus compañeros, sólo veían la luz que la rodeaba. Esta aparición tuvo lugar durante la recitación de oraciones.

- Otra vez, María se apareció a los niños y los acompañó a la quebrada, a continuación, les dijo: "Aquí está nuestro altar por hoy". Se arrodillaron siete veces durante el viaje. Un día, la Santísima Virgen advirtió Javier y los otros que se retiraran porque la policía venía.

- Los ángeles aparecieron a la familia Liebl mientras sus componentes recitaban el Santo Rosario. Francisco besó los pies de los ángeles.

- Aparición silenciosa de los ángeles con instrumentos musicales.

- Aparición de algunos hombres "con una gran caja con medallas" (quizá los tres reyes magos con sus tesoros).

- Visión de una mesa de oro con un gran pez.

- La Santa Virgen María aparece mostrando tres cadenas de oro al cuello, de la más larga colgaba un corazón de oro, que terminaba en el pecho de la Virgen.

- La Santísima Virgen y el Niño entre dos ángeles en una nube muy pequeña, les dio su bendición y luego desaparece en lo alto del cielo.

- Jesucristo, con un manto rojo y un vestido azul, acompañado por dos ángeles sube a la sublime altura de los cielos.

- Los niños vieron a María que tenía algo en la mano como un cuenco de oro y con él consagró la corona de los rosarios de los niños. Entonces, la Madre de Dios los bendijo y desapareció.

- El 21 de diciembre, por la tarde, la Virgen María se apareció a Matilde Sack y le dijo que esa era su última aparición en este ciclo, pero que regresaría después de tres años y tendrían que esperar cerca de la garganta del bosque. María Santísima insta una vez más la construcción de una capilla.

- Pequeñas luces, pero muy fluorescentes, fueron vistas por numerosas personas. Los videntes las vieron por unos momentos convertirse en grandes y ovaladas como un sol radiante en que se veían las figuras de María y el niño Jesús, el Cristo sufriente, y también ángeles y santos patronos.

En este período intenso de las apariciones, las SS Virgen, no dejó mensajes largos, sólo las siguientes declaraciones:

"Si meditas a diario el Santo Rosario recibirán la gracia del Señor."

"Si ellos (Guiseppe, Caterina y Luigi, que estaban a menudo con los videntes, pero nunca vieron apariciones) rezan con diligencia, verán algo en el último día de las apariciones" (de hecho vieron la luz radiante de María, Reina del Cielo).

Maria SS dejó a Francisco Javier algunas máximas espirituales de simbólica simplicidad, pero difícil para el niño de recordar. Las máximas eran más o menos lo siguiente: "Los Santos Ángeles en un esplendor dorado permanecerán cerca de ti / invierno y verano están con vosotros / Se criaron en el Edén / Las rosas en el jardín se esperan en el verano".
Incluso Caroline Kraus y Teresa Liebl oyeron hablar de "misterios" devocionales, como "Si oran diligentemente la guerra terminará pronto"

Después de 21 de diciembre los videntes y adultos continúan volviendo por algunas semanas para orar en la garganta, pero no hubo ninguna aparición más. En 1878, Francisco tuvo una breve visión: una estrella doble con los rayos azules y blancos: la Madre de Dios y Jesús Crucificado.