Del blog
Buscando una Identidad Cultural:
Un leve viento se levantaba por entre el valle de Angayan, deslizándose
pausadamente por entre frondosos árboles que parándose con firmeza sobre
sus propias raíces, apenas se movían dejando caer una que otra de las
hojas de sus ramas. El pequeño poblado, caserío de unas cuantas rusticas
casas, estaba siendo poco a poco despoblado por parte de los españoles
que no se sentían muy seguros en aquel lugar debido al permanente ataque
de los indios Abades que de un tiempo acá, quizá cuatro ilustres atrás,
habían sido obligados a replegarse a la cordillera para dar paso a los
nuevos invasores de las márgenes allende al (río grande de Quillacinga)
que con el tiempo se conociera como el Guaitara.
Juan María,
síndico de la región, era un indio que para aquel entonces tenía más de cincuenta años, veinte de los cuales estarían en el
servicio de los españoles que ante la sumisión que a ellos demostada no
tardaron en darle confianza, depositando a su cargo la conservación y el
arreglo de la imagen de la Virgen que según todo indica provenía de
Sevilla en España, dentro del gran número de imágenes de madera que
hiciera traer el rey Carlos V con los padres Mercedarios y Franciscanos
para que sean veneradas y contribuyan en la campaña evangelizadora del
para aquel entonces Nuevo Reino de Quito.
Justino Mejia y Mejia,
la describe así: "La imagen traída de los primeros años del siglo XVI
desde España, es de madera incorruptible, mide 1.20 mts. de altura,
tiene ropaje propio consistente en túnica carmesí, manto azul rígido, en
ademán de andar; su mano izquierda esta en actitud de atraer; la
diestra hecha para sostener un cetro. Tiene cuello erguido y de blancura
ebúrnea, su cara ovalada, sus mejillas sonrosadas, sus ojos pequeños
atrayentes y modestos. Gracias a la generosa piedad de los fieles le han
vestido con túnicas lujosas y le han puesto en su mano un cetro y en
sus sienes corona de oro".
El Pbro. Luis Alberto Coral Bravo, dice al
respecto: "La virgen, por su fisonomía y expresión del rostro,
comparada con otras imágenes españolas, no solo es semejante si no
idéntica… con toda verdad vino de España como un obsequio de los Reyes
Españoles… tal es el caso de las Purísimas Inmaculadas, que se conservan
como regalos, en muchas ciudades y poblaciones de America: San Juan Bautista de Pasto, Buesaco, Pupiales, Carlosama, guardan en regular
estado, Inmaculadas de fabricación española, en su advocación de la
Purísima Concepción".
El Indio Juan María, ha terminado ya de
arreglar convenientemente el fardo donde se encuentra la imagen de
madera y procede a llevarla del Valle de Angayan a su nuevo sitio en la
también nueva población que según determinación de los españoles será en
el denominado Valle de Púrpura. La distancia entre uno y otro sitio no
es mayor. El Valle de Púrpura es la actual población de Ancuya.
El
nuevo sitio para ubicar la población es una llanura que se levanta
sobre las estribaciones de la cordillera, colindante con el río
Guaitara, provista de excelente vegetación y localizada de manera
estratégica para evitar los ataques de los indios Abades.
La
palabra Ancuya es de origen quechua y proviene de las palabras:
Ankunervio y Uya-cara, lo cual significaría: Nervio de la cara, haciendo
alusión al Cacique de nombre Angayan o Ancuya quien se dice tenia en el
rostro un nervio muy prominente que le daba un aspecto feroz.
El
indio Juan María, sindico de la imagen de la virgen, la deposito en el
nuevo sitio, donde seguramente ya se había construido una pequeña
capilla. En tanto la arreglaba recordaba como la salida de la imagen de
la virgen en madera, de la antigua población, no había sido fácil, por
cuanto un grupo de indios de la comunidad se oponían rotundamente a
dejar salir la imagen, considerando que era de ellos y guardaban hacia
esta gran respeto y veneración.
El incidente no quedo allí. Los
indios resentidos por el hecho en referencia, se reunieron a escondidas
para preparar un plan que traería nuevamente la imagen de la Virgen a
sus lares. Una noche que se pierde en el camino incierto del año mil
quinientos cincuenta y cuatro, cuando todo parecía que había pasado, un
grupo de gente proveniente de Aguada o “Pueblo Viejo”, logra llegar
sigilosamente, sin que nadie los ve, hasta donde se encuentra la imagen
de la Virgen en la nueva población de Ancuya y la regresa hasta la
antigua población.
Al despertar el día, grande fue la conmoción
cuando el pueblo se enteró que había desaparecido la imagen de
la Virgen; de inmediato se designó comisiones para que la busquen en
sitios aledaños al poblado, encontrándola en la antigua población, donde
nadie respondió por el hecho argumentándose que seguramente la Virgen
no quería salir de aquel lugar. Nuevamente fue llevada y ubicada en la
capilla de la nueva población.
Los indios de “Pueblo Viejo” o
Aguada, no desistieron de volver a traer a la Virgen, a quien denominaba
“su Patrona”, razón por la cual procedieron una vez más a preparar
nueva incursión con dicho objetivo. Se perdió nuevamente la imagen de la
Virgen de Ancuya. Hecha las averiguaciones, se conoció que esta había
sido robada una vez mas por las gentes de Aguada “Pueblo Viejo”, por lo
cual también se trazó un plan para hacerla volver al nuevo poblado. Se
comisionó a un grupo de gente para que aprovechando las horas de la
noche vaya hasta Aguada o “Pueblo Viejo” y traigan a hurtadillas la
imagen de la Virgen. Ese ir y venir de la imagen a los dos poblados crea
la tradicional leyenda de la Virgen Andariega en un principio, hoy de
la Visitación de Ancuya, cuando según la tradición de las gentes del
lugar: “Ella mesmo se ha venido porque esta haraposita la Mestiza”. Que
diezma a la población y obliga a los naturales a refugiarse a los
poblados vecinos. "La Virgen queda para siempre en Ancuya", dice el padre
Luis Albero Coral Bravo.
Con el transcurrir del tiempo, la
imagen de la Virgen de la Visitación de Ancuya adquiere veneración y
respeto por parte de las gentes colindantes con el lugar y se registra
un hecho histórico de su devoción cuando en el año de 1971, en el
Archivo del Arzobispado de Quito, siendo el Párroco de Ancuya el padre
Francisco Javier Ordóñez de Lara, dice Justino Mejia y Mejia, en los
bienes que enumera de la Parroquia anota textualmente: “Primeramente
$40.000 de una cofradía por ochenta cabezas de ganado, pertenecientes a
nuestra señora de la Visitación, Acuia 1791”.
El calendario
católico, registra el día 22 de Julio como la visita de la Virgen María a su prima Santa Isabel. Hecho que perfectamente encaja con la leyenda o tradición
creada a raíz de los acontecimientos en que la imagen de la virgen de
Ancuya se “traslada” o esta de “visita” de un lugar a otro, entre Aguada
y Ancuya y viceversa, como anteriormente se describe; sin embargo había
un problema o inconveniente para adaptar la imagen de la Virgen a la
nueva advocación, por cuanto todo parece indicar que primigeneamente se veneraba a Nuestra Señora de las Mercedes, tenía al niño Jesús en su brazo
izquierdo, pero, si esta vez advocaba al hecho de la visita a su prima
Santa Isabel, no podía tener el niño en su brazo por cuanto se entiende,
razón por la cual la imagen del niño Jesús desapareció misteriosamente
en el transcurrir del tiempo.
Es de tradición entre las gentes
del Guaitara que a partir del año 1901, hizo su aparición sobre las
grandes hondonadas y vegas del río, una plaga de langostas que acababa
con cuanto cultivo encontraba. Hecho que se repetía frecuentemente dos
veces por año. “Todo esfuerzo por detenerlas fracaso, frente a la
magnitud del oleaje aterrador, dice el padre Luis Alberto Coral Bravo, y
continua: En tal desesperada situación, a la mente de Darío Caicedo,
ferviente devoto de María, le vino la idea de hacer fabricar una
langosta de oro fino, para colocársela a la imagen, en especial
ceremonia. El párroco Pedro Haecker, después de una misa y solemnemente
rogativa puso en el manto la presea.”
“En los siguientes días,
sobre el cielo de Ancuya se presentó otra bandada distinta, eran aves
desconocidas que en el aire atrapaban las sabandijas y después de
decapitarlas, las dejaban caer; luego pasaban la noche en los peñascos
del Guaitara para reanudar su tarea en los siguientes días. Corría el
año de 1914. Hasta hace poco existían personas de gran responsabilidad
que atestiguaban el hecho con juramento”, dice el Padre Coral Bravo.
Por
otra parte el mismo sacerdote afirma:”Algo semejante ocurrió también
con la plaga el Chinche, arácnido repulsivo, que según los entomólogos,
puede durar hasta 70 años; pues tiene la capacidad de remudarse como las
serpientes. En atención a la desaparición de esta plaga los habitantes
de Ancuya, le ofrendaron también un chinche de oro.”