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5 de abril de 2026

¿Se apareció Jesús Resucitado a Nuestra Señora?

 

Del sitio Fundación Cari Filii:

Muchas procesiones de Domingo de Pascua y de Lunes Santo, muchas tradiciones populares y grandes obras de la Historia del Arte recogen la escena del encuentro entre Jesús Resucitado y la Virgen María.

Los Evangelios no recogen esa escena ni tampoco los otros textos del Nuevo Testamento. La Iglesia no enseña oficialmente que tal cosa pasara en vida de María.

Pero la devoción popular y la imaginación de los artistas siempre han querido imaginar la escena, igual que muchos cristianos que han perdido a seres queridos pueden encontrar alegría y consuelo imaginando el reencuentro con ellos en el Cielo, ante la presencia de Dios.

Muchos teólogos han escrito sobre esta posibilidad. El sacerdote y teólogo agustino recoleto Donato Jiménez Sanz escribió hace unos años: "¿Qué añade esta aparición de Jesús a su Madre? Nada en lo esencial. O sí. Es bueno caer en la cuenta de que las acciones de Dios discurren muchas veces fuera del carril meticuloso que fabrican los hombres. Y que los más sabrosos secretos de Dios quedan ocultos a los ojos de los humanos. Es la teología de lo escondido que tanto inculca Jesús y que S. Mateo coloca como principio de santidad auténtica". Y añade: "Es, pues, justo y natural, es teológico, pensar que Jesús dio 'por añadidura' este gozo a su Madre".

Algunos santos que reflexionaron sobre ello

Jiménez Sanz cita algunos santos que hablan de esa posible aparición de Cristo a su madre la Virgen María, aunque los más antiguos (San Ambrosio, San Paulino de Nola) son autores del siglo IV. En la Edad Media la defendían San Alberto Magno y San Bernardino de Siena. Ya en el siglo XVI hablan de ella San Lorenzo de Brindisi y San Ignacio de Loyola, que en sus Ejercicios escribe: "Primero: apareció a la Virgen María, lo cual, aunque no se diga en la Escritura, se tiene por dicho en decir que apareció a tantos otros; porque la Escritura supone que tenemos entendimiento como está escrito".

Incluso en nuestros días hay teólogos y teólogas más o menos modernistas que por afán feminista están dispuestos a asegurar que Jesús se debió aparecer a María antes que a nadie más (y que una iglesia machista y molesta debió esconder tal hecho).

En España, y en lengua española, una de las visualizaciones más detalladas y difundidas de ese reencuentro se puede leer en la Mística Ciudad de Dios, la famosa obra escrita por la venerable y religiosa concepcionista Sor María de Jesús de Ágreda (1602-1665), en su célebre obra Mística Ciudad de Dios publicada en 1670. Recogemos dos fragmentos de su obra que describen escenas ligadas a la Resurrección de Jesús y a la Virgen María.

“Y en el mismo instante que el alma santísima de Cristo entró en su cuerpo y le dio vida, correspondió en el de la purísima Madre la comunicación del gozo, que […] estaba detenido en su alma santísima y como represado en ella aguardando la resurrección de su Hijo santísimo. Y fue tan excelente este beneficio, que la dejó toda transformada de la pena en gozo, de la tristeza en alegría y de dolor en inefable júbilo y descanso".

"Sucedió que en aquella ocasión el Evangelista San Juan fue a visitarla, como el día de antes lo había hecho, para consolarla en su amarga soledad, y encontróla repentinamente llena de resplandor y señales de gloria a la que antes apenas conocía por su tristeza. Admiróse el Santo Apóstol y, habiéndola mirado con grande reverencia, juzgó que ya el Señor sería resucitado, pues la divina Madre estaba renovada en alegría”.

"Estando así prevenida María santísima, entró Cristo nuestro Salvador resucitado y glorioso, acompañado de todos los Santos y Patriarcas. Postróse en tierra la siempre humilde Reina y adoró a su Hijo santísimo, y Su Majestad la levantó y llegó a sí mismo. Y con este contacto —mayor que el que pedía la Magdalena de la humanidad y llagas santísimas de Cristo— recibió la Madre Virgen un extraordinario favor, que sola ella le mereció, como exenta de la ley del pecado. Y aunque no fue el mayor de los favores que tuvo en esta ocasión, con todo eso no pudiera recibirle si no fuera confortada de los Ángeles y por el mismo Señor para que sus potencias no desfallecieran".

"El beneficio fue que el glorioso cuerpo del Hijo encerró en sí mismo al de su purísima Madre, penetrándose con ella o penetrándole consigo, como si un globo de cristal tuviera dentro de sí al sol, que todo lo llenara de resplandores y hermoseara con su luz. Así quedó el cuerpo de María santísima unido al de su Hijo por medio de aquel divinísimo contacto, que fue como puerta para entrar a conocer la gloria del alma y cuerpo santísimo del mismo Señor. Y por estos favores, como por grados de inefables dones, fue ascendiendo el espíritu de la gran Señora a la noticia de ocultísimos sacramentos. Y estando en ellos oyó una voz que le decía: Amiga, asciende más alto (Lucas 14, 10)".

"Y en virtud de esta voz quedó del todo transformada y vio la divinidad intuitiva y claramente, donde halló el descanso y el premio, aunque de paso, de todos sus trabajos y dolores. Forzoso es aquí el silencio, donde de todo punto faltan las razones y el talento para decir lo que pasó a María santísima en esta visión beatífica, que fue la más alta y divina que hasta entonces había tenido. Celebremos este día con admiración de alabanza, con parabienes, con amor y humildes gracias de lo que nos mereció y ella gozó y fue ensalzada".

Estas escenas y reflexiones han despertado la imaginación de pintores y artistas cristianos de todas las épocas.

 

25 de julio de 2025

Nuestra Señora de la Estrella de Aquilea

 


Del sitio Muéstrame tu Rostro:

 El 1 de junio se celebra la festividad de Nuestra Señora de la Estrella, una advocación mariana vinculada a la ciudad de Aquilea, en Italia. Esta ciudad, fundada como una fortaleza romana a lo largo del río Natissa alrededor del año 180 a.C., pronto se convirtió en un importante centro de comercio debido a su estratégica ubicación y las rutas comerciales que se desarrollaron a su alrededor. Con el tiempo, Aquilea acogió a personas de diversas naciones y razas que se establecieron allí y participaron en la producción de bienes para el comercio.

La importancia de Aquilea se mantuvo a lo largo de los siglos, y el emperador Constantino visitó la ciudad en varias ocasiones, reconociéndola como una de las grandes urbes del mundo. Sin embargo, su prominencia atrajo la atención de Atila el Huno, quien atacó la ciudad dos veces. En el año 452, Atila logró tomar Aquilea y la destruyó completamente, dejando sus estructuras en ruinas.

A pesar de esta devastación, la ciudad fue rápidamente reconstruida por sus residentes que regresaron del exilio. Durante el reinado de Carlomagno, el sacerdote de Aquilea fue nombrado nuevo patriarca, aunque eventualmente ese patriarcado pasó a la República de Venecia, una ciudad fundada por los habitantes de Aquilea durante la segunda invasión de Atila.

La actual Catedral de Aquilea, donde ocurrió el milagro de Nuestra Señora de la Estrella, fue construida por el Patriarca Poppo en el siglo XI y reconstruida en el hermoso estilo gótico en el siglo XIV. Esta catedral se erige sobre los restos de una iglesia anterior y su suelo presenta magníficos mosaicos que datan del siglo IV, así como antiguos frescos.

La festividad de Nuestra Señora de la Estrella recibe su nombre por un milagro ocurrido cuando San Bernardino llegó a Aquilea y comenzó a predicar. Se dice que una luz brillante, similar a una estrella, apareció sobre la cabeza de San Bernardino, siendo visible incluso durante el día mientras predicaba. Esta estrella fue interpretada como una manifestación de la Virgen María, relacionada con el pasaje del Apocalipsis que describe una mujer con una corona de doce estrellas en su cabeza.

En el libro del Apocalipsis se lee: "Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas. Estaba encinta y gritaba con dolores de parto y en la angustia del alumbramiento. Y apareció otra señal en el cielo: un gran dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas. Su cola arrastró la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo en cuanto naciera. Ella dio a luz un hijo varón, que ha de regir a todas las naciones con vara de hierro; y su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para ser sustentada allí por mil doscientos sesenta días. Entonces hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles, pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él» (Ap 12, 1-9).

San Bernardino predicó que esta gloriosa mujer es la Virgen María, quien estuvo en la mente de Dios antes de la creación y que es la Madre de Dios y de la Iglesia, así como la Reina del Cielo. El milagro de Nuestra Señora de la Estrella parece confirmar la enseñanza de San Bernardino, una enseñanza que posteriormente fue afirmada por el Papa San Pío X y otros papas.

Esta advocación mariana es un testimonio de la profunda fe y devoción que los fieles de Aquilea tienen hacia la Virgen María, un símbolo de esperanza y protección a lo largo de los siglos.

28 de julio de 2024

Nuestra Señora, Canal de gracias del Espíritu Santo

Del sitio Heraldos del Evangelio:

María Santísima estaba predestinada desde toda la eternidad a ser la madre de Dios. Y por eso mismo, en el momento en que fue concebida en el seno de Santa Ana, no sólo fue preservada de la mancha original, sino que recibió la plenitud del Espíritu Santo en un grado superior al de todos los ángeles y santos juntos.

Sin embargo, en el momento en que dijo sí a las palabras del Ángel y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, esta plenitud alcanzó una cima inimaginable. No podía haber mayor dignidad entre las simples criaturas que ser elevada a Madre de Dios, participando en el plan hipostático. Por medio de Ella fue posible la Obra de la Redención, porque Dios así lo quiso. Su grandeza exigía una perfección digna, en cierto modo, del Creador. De ahí las palabras de un santo: "Sólo Dios puede conceder el cúmulo de gracias depositado en la Divina Madre el día de la Encarnación" (San Bernardino de Siena).

La santidad de María -un prodigio- creció en cada momento de su vida, especialmente en los momentos cruciales de la vida de su Hijo, la Pasión y la Resurrección de Jesús.

Qué admirables virtudes practicó María a lo largo de la dolorosa Pasión del Redentor. Ella, la mejor de todas las madres, amando con todo el ardor de su Corazón Inmaculado al mejor de todos los hijos, al que concibió por obra del Espíritu Santo, al que engendró maternalmente en el tiempo y en la carne, al que amamantó y cuidó con tanta solicitud, y al que, en unión con el Padre Celestial, estuvo dispuesta a ofrecer por la humanidad pecadora. Pero ella no se limitó a mirar desde lejos. Siguió valientemente la Vía Dolorosa y permaneció junto a la Cruz de Jesús. ¡Cuánta fuerza, cuánta virtud, cuánta santidad no necesitaba esta alma!

Quizás un momento aún más cruel estaba por llegar: después de la sepultura del cuerpo de Jesús, qué vacío debió sentir. Su Hijo ya no estaba en el mundo. Mucha gente sabe lo que es perder a un hijo y puede imaginar mejor lo que María debió sufrir en aquella ocasión. Sin embargo, su fe inquebrantable en la Resurrección sostuvo por sí sola a la Iglesia naciente durante tres largos días.

Todo este sufrimiento fue ampliamente recompensado cuando el Espíritu Santo descendió sobre Ella y los Apóstoles se reunieron en el Cenáculo. Una vez más, su plenitud de gracias creció magníficamente. "El día de Pentecostés", dice un gran siervo de Dios, "el Espíritu Santo descendió primero sobre la Divina Madre y luego se difundió entre los Apóstoles en forma de lenguas de fuego". "El Ministerio Apostólico, de hecho, destinado a comunicar la gracia, debía recibir su perfección final a través del canal de Aquel que es su administrador. En cualquier caso, los Apóstoles debieron sin duda la plenitud de la sabiduría y de la santidad que recibieron en aquel gran día a las oraciones de su amado Soberano y a sus propias disposiciones." (P. Louis Bronchain, C.SS.R., Meditaciones para cada día del año).

Con Ella como modelo e intercesora, le pedimos que prepare nuestros corazones para que sean digna morada del Divino Paráclito. Para ello, trabajemos con Ella para unir en nosotros la inocencia con la penitencia, el temor de Dios con la confianza en Él, la humildad con la grandeza de alma y la delicadeza de conciencia con la generosidad del sacrificio. Esforcémonos con María por ascender a Dios a través de los diversos grados del recogimiento, la pureza de corazón y la oración continua.

Según san Ildefonso, así como el fuego penetra en el hierro y lo abrasa, dándole las propiedades propias del fuego mismo, así el Espíritu Santificador tomó posesión del alma de María y le dio sus dones y le concedió el poder de transmitirlos a quien ella quiera; basta que ella se incline ante nosotros para llenarnos del mismo Espíritu. "Todos los dones, virtudes y gracias -dice san Bernardino de Siena- son dispensados por las manos de María a quien Ella quiere, cuando Ella quiere y como Ella quiere". Ella quiere colmarnos de más favores de los que jamás podríamos esperar recibir. Dejemos abiertas las puertas de nuestro corazón para que Ella tome posesión y nos colme de los dones del Espíritu Santo.

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19 de junio de 2024

Nuestra Señora de las Rosas

Del sitio Foros de la Virgen:

Durante la noche entre el 3 y el 4 de enero de 1417 la Santísima Virgen se apareció a dos mercaderes. Estaban en oración a ella porque se habían extraviado. Primero se les presentó diciéndoles “ESTE ES EL CAMINO, VAYAN POR AHÍ”. Y mas tarde se les mostró sentada sobre una guirnalda de rosas, lo que dio nombre a la advocación.

Se construyeron varios templos sucesivamente y la imagen mostró ser muy milagrosa. Como en 1855 que libró a la población de una epidemia de peste…

A pocos kilómetros de Bérgamo, sobre la ruta que va al Balneario Trescore, en una apacible llanura, se encuentra Albano Sant’Alessandro. Una pequeña ciudad ilustre tanto por sus orígenes romanos, como por haber sido luego escenario de numerosos episodios históricos y de sangrientas batallas entre Güelfos y Gibelinos. En nuestro tiempo es reconocida por el bello Santuario de Nuestra Señora de las Rosas.

Hasta 1855, aquel que transitase por esa carretera iba a encontrarse con una pequeña y rústica Capilla sin nada en particular, ni pinturas ni inscripciones, que indicase su propósito y significado. La única particularidad era la devoción y reverencia que demostraban hacia ella quienes por allí pasaban. 

El Párroco de Albano se dedicó con piadosa perseverancia a investigar entre los documentos antiguos si aquella devoción provenía de alguna tradición popular. Pero no encontraba datos que lo confirmaran con solidez. Los más viejos y mejor informados del pueblo, aseguraban que, según contaban sus mayores, en aquel lugar se había obtenido una gracia prodigiosa.

Ávido de rastrear ese culto vago, pero no obstante siempre vivo; así como algún dato sobre la historia de aquella capilla humilde y ruinosa, pero que aun en su simpleza y vetustez inspiraba tanta devoción, hurgó entre las viejas cartas de la Parroquia, consultó los antiguos archivos de las bibliotecas, indagó y revisó leyendas, crónicas y relatos tradicionales de Bérgamo. Hasta que por fin logró trazar una minuciosa historia sobre los hechos maravillosos a los se debía la devoción que aquella pobre y deteriorada Capilla había representado para tantas generaciones.

De esta recopilación, impresa en Bérgamo en 1880, podemos obtener una justa idea sobre el origen del Santuario de la Virgen de las Rosas en Albano Sant’Alessandro.

La noche entre el 3 y el 4 de enero de 1417, dos mercaderes de la Romagna que se dirigen desde Brescia rumbo a Bérgamo, se extravían en medio de un bosque cercano a un poblado llamado Albano.

Bérgamo dista tan sólo ocho kilómetros de allí, pero para ellos no ven salida: en la oscuridad, entre espinos y charcas cubiertas de nieve, presienten que van a morir de frío y de miedo. Ruegan entonces fervorosamente al Señor, invocando a la Virgen y prometen construir una capilla en su honor, si consiguen librarse de esa desesperada situación.

De pronto, desde el cielo, rompiendo las tinieblas, brotan unos rayos de luz y una estela brillante de rocío les indica el camino. Recobrando el ánimo y llenos de gratitud siguen aquel sendero que parece decirles: “este es el camino, vayan por ahí”. Que por fin los devuelve a la ruta principal, y así amparados por una acogedora claridad, llegan en poco tiempo a la ciudad de Bérgamo.

Embargados por el deseo de agradecer de inmediato a la Virgen, acuden a la basílica de Santa María la Mayor, quieren entrar, pero dada la hora de la noche, todavía está cerrada. Buscan cobijo en una torre cercana, que hallan abandonada y abierta, semiderruida y maltratada por tantas guerras. Ingresan temerosos y vacilantes por la densa penumbra que reina en el recinto, con ansia de recogerse en oración.

Pero de pronto un gran resplandor les corta el paso y los envuelve, al tiempo que elevándose desde la tierra, sentada sobre una guirnalda de rosas que la adorna por completo, aparece la Virgen Inmaculada estrechando contra su pecho al Niño Jesús. Quien a su vez sostiene en una de sus manitos un ramillete de rosas blancas, en gesto de ofrecimiento a la Madre. Los ojos de la Virgen y del Divino Hijo se vuelven complacidos hacia los dos mercaderes, a esta altura fuera de sí ante aquel espectáculo celestial. Desde esa noche, el lugar de la aparición será llamado la Colina de las Rosas.

Al romper el día, la noticia se difunde como mancha de aceite, llega a oídos del Obispo y de las Autoridades Civiles. El prodigio es juzgado por todos como un signo de bienaventuranza de parte del Cielo hacia la ciudad de Bérgamo afligida por tantos problemas, hacia una Italia martirizada por encarnizadas enemistades y discordias, hacia la Iglesia desgarrada por las divisiones del cisma. San Bernardino de Siena, que por aquellos días se encuentra en Bérgamo, considera que aquella aparición nocturna es una bendición de la Virgen. 

Todos coinciden en la intención de erigir un Templo en reconocimiento por las abundantes gracias de la Virgen. Así el obispo de Bérgamo, Monseñor Francesco Agazzi, informa al Papa Martín V, electo por el Concilio de Costanza el 11 de noviembre de aquel mismo año de 1417. De este modo es el propio Papa quien autoriza la construcción de la iglesia dedicada a Santa María de las Rosas que sería inaugurada el 30 de mayo de 1418. En 1425 el obispo Agazzi, a pedido personal de San Bernardino de Siena, inauguró a su vez el monasterio anexo de las Hermanas Clarisas. Este Santuario bergamasco fue destruido hasta sus cimientos en 1846.

Por su parte, mientras en Bérgamo se cursaban las gestiones para aquella construcción, los dos afortunados videntes vuelven a Albano y compran el terreno donde tuvieron la primera visión, en el punto exacto donde el sendero de luz se introdujo en la ruta principal a Bérgamo. Y levantan ahí la Capillita que convocará la devoción de los fieles por 438 años, hasta 1855.

Cuando, finalizada la terrible epidemia de cólera, por voto unánime de la población va a ser edificado el Santuario que, varias veces remozado con el correr de los años, se mantiene hasta hoy para nuestra admiración. La devoción a la Virgen de las Rosas, que con el paso del tiempo había ido decayendo, vuelve a encenderse en Albano al desatarse la epidemia de cólera de 1855.

A instancias del Comuno Suardi –que ya desde 1853 se hallaba empeñado en reavivar la memoria y la fe en aquellos prodigios de 1417-, el Párroco de entonces, Don Giacomo Canini no sólo exhortó a su grey a recurrir con la oración a la Virgen de las Rosas, sino también a prometerle la construcción de un Santuario en el predio de la capilla si les concedía la gracia de poner término al contagio. La oración y el voto formulado obtuvieron la respuesta deseada. El contagio cesó y el 20 de setiembre de 1855 fue colocada la primera piedra del nuevo Santuario fue solemnemente inaugurado el 4 de enero de 1858, recordando el milagro ocurrido cuatro siglos atrás.

Lamentablemente este edificio se demostró bien pronto totalmente inadecuado e insuficiente, por lo que el 6 de marzo de 1879 el Santuario debió ser demolido, dando inicio de inmediato a las obras para la construcción del nuevo templo que sería abierto al culto en 1883.

En el 1900, el ábside y la cúpula del Templo son ornados con frescos de Luigi Tagliaferri, las paredes laterales decoradas con cuadros de la Natividad de María y de la Declaración de Jesús desde la Cruz de Vittorio Manini; el cuadro central de la Aparición y los medallones de entorno son de Arturo Compagnoni.

El mayor deseo de los fieles hubiera sido ver la imagen de la Virgen de las Rosas coronada en 1917, quinto centenario de la Aparición, pero la feroz guerra que entonces azotaba al mundo entero lo impide, postergando la solemne ceremonia hasta el 14 de setiembre de 1920.

La devoción a Nuestra Señora de las Rosas se fue extendiendo, naturalmente, mucho más allá de las fronteras locales, especialmente durante las últimas guerras mundiales. La fiesta de la Aparición se conmemora cada 30 de mayo, pero se festeja también el último domingo de mayo con una celebración solemne, y también los días 3 y 4 de enero, que fue cuando se presentó la aparición.

12 de septiembre de 2023

Una gran batalla en el Dulce Nombre de Nuestra Señora

 

Del sitio Infocatólica:

Dulce Nombre de María. ¡Qué tierno suena en español!, mucho más que el formal de Santo Nombre, y es que a las Españas (península y Américas) le debe mucho esta fiesta, que a semejanza del Santo Nombre de Jesús, se celebraba en la octava de la Natividad. Lo judíos ponían el nombre a los ocho días.

La fiesta estuvo desaparecida unos años, en 1969 el "deformador" litúrgico Annibale Bugnini firmaba su acta de defunción: "Se suprime, por estar incluida en la fiesta de su Natividad" (el 8 de septiembre). Que a mí me suena a una macabra antítesis al adagio bernardino "de Maria nunquam satis". (Nunca suficiente de María).

Rescató la memoria San Juan Pablo II con la tercera edición típica del Misal Romano (2002). Nunca lo sabremos, pero no parece descabellado que pesase en el alma del Papa santo la ausencia una advocación también muy ligada a la historia de su pueblo, Polonia.

Y es que la fiesta del Dulce Nombre de María se extendió a toda la Iglesia como decisión de Inocencio XI, en 1683, en reconocimiento a la protección de la Virgen sobre las tropas cristianas que habían liberado Viena del sitío turco, en una de las batallas más trascendentales de la historia de la humanidad.

Los otomanos avanzaban sobre Europa, la coalición católica estaba desunida. El rey francés quería sacar tajada del asunto y apoyaba al turco. Juan (Jan III) Sobieski, rey de Polonia, decidió liderar la coalición, abandonando su patria marchó al mando del ejército. Al llegar a Viena los turcos doblaban a los cristianos. El enviado papal,beato Marco D’Aviano, consiguió unir a todo el ejército bajo el mando del rey polaco.

El 12 de septiembre de 1683, a primerísima hora, D’Aviano celebró misa a la que asistió Jan Sobieski, en las ruinas del convento camaldunense. Al terminar comenzó el ataque contra los turcos, la brutal carga de la caballería polaca con su rey al frente terminó la batalla. En 30 minutos, Sobieski había desecho al ejército turco que batía en retirada. Mandó enviar al papa las nuevas de victoria que comenzaban cambiando las palabras de Julio César por "veni, vidi, Deus vici". (Vine, ví, Dios venció).

Polonia había salvado al mundo. Supongo que también ‘coincidencias de la vida’, fue San Juan Pablo II quien beatificó a Marco D’Aviano en 2003.

Está bien, todo esto es emotivo y bonito, pero ¿cuál es la relación con el Dulce Nombre de María? Otra ‘coincidencia’: simplemente que el papa Inocencio XI era terciario trinitario; pero para conocer esta parte de la historia nos tenemos que remontar 170 años a una pequeña capilla de la catedral de Cuenca. Allí, en 1513, se celebra litúrgicamente, con bula de León X, el Santo Nombre de María por primera vez, advocación que había difundido especialmente San Bernardino de Siena y que contaba con larga tradición de Padres de la Iglesia y santos, como San Lorenzo de Brindisi que llega a afirmar: "Sería equivocado pensar que este nombre glorioso de María no está lleno de misterios o que no está divinamente inspirado, como lo estuvieron los de Jesús y Juan Bautista"

El asunto de la bula leonina está discutido, pero es el argumento que se utilizó para que la fiesta saltase de Cuenca al mundo. Ya con el tridentino Missale Romanum de 1570 aprobado, el canónigo conquense Juan del Pozo Palomino obtuvo bula de Sixto V en 1587 para celebrarla. Comienza entonces el baile de fechas, y para que no coincida con la octava de la Natividad (el día 15 de septiembre) se fija el 17. Durante aquellos años el prior del convento de los Trinitarios de Cuenca era un desconocido San Simón de Rojas, tan mariano que sus paisanos le llamaban el Padre Ave María, pues siempre empezaba así sus homilías y dicen que fueron sus primeras palabras de niño.

Simón de Rojas desempeñó un papel destacado tiempo después en la corte española, amigo y confesor de reyes, reinas y príncipes. Predicador popular, fundador de la Congregación de los Esclavos del Dulcísimo Nombre de María para el servicio de pobres y enfermos de Madrid. Y de este modo la devoción al Dulce Nombre de María quedó incorporada a la Orden Trinitaria y a España.

Cuando el rey Felipe III le ofreció lo que quisiese como agradecimiento a servicios prestados, pidió a Felipe III que se tramitara en Roma la extensión de la fiesta del Dulce Nombre de María, lo que no se materializó hasta 1622, ya bajo el reinado de Felipe IV.

A la muerte de San Simón, tomó el relevo Leonor de Guzmán, Marquesa de Monterrey, para extender la fiesta que ya celebraba toda la Orden Trinitaria a las diócesis de las Españas y aunque se le denegó, a la estela de la petición, ya con Urbano VIII, obtuvieron permiso los dominicos, franciscanos, agustinos, carmelitas, mercedarios, jesuitas y mínimos. También las diócesis de Sevilla, Lima, León en Nicaragua, Cartagena de Indias, Panamá, Puerto Rico, Arequipa y Santiago de Cuba; la mayoría de los obispos eran trinitarios.En 1671, a petición de la Corona, el Papa, por fin, otorga que pueda celebrarse en todas las Españas y se concede indulgencia plenaria a cuantas personas participaran en la celebración de la misa en dicha fiesta del Nombre de María.

Así que, en estas estábamos cuando llega 1683 y el papa es un trinitario que tan hondamente tenía arraigada la devoción, y en acción de acción de gracias cambió la fecha del 17 al 12 y la hizo extensible a toda la Cristiandad.

El resto de la historia ya la conocéis. Lo dejo acá que bien largo me ha quedado, no sin antes felicitar a todas las que lleváis por nombre su Dulce Nombre y aprovechar para recitar el "Proprio" tan oportuno para estos tiempos:

Concede, quaesumus, Omnipotens Deus: ut fideles tui, sub qui Sanctissimae Virginis Mariae Nomine et protectione laetantur; eius pia intercessione un cunctis Malis liberentur in Terris, et ad gaudia aeterna pervenire mereantur en caelis.

Concede, te suplicamos, Dios Todopoderoso: que tus fieles, bajo los cuales se regocije el Nombre y protección de la Santísima Virgen María; que por su piadosa intercesión sean librados de todos los males de la tierra, y merezcan alcanzar los gozos eternos en el cielo.

14 de mayo de 2022

Nuestra Señora, Tesorera del Reino de los Cielos

 Del sitio Revista de Cultura Católica Tesoros de la Fe:

María es la tesorera de todas las gracias divinas. Por lo cual el que desee gracias debe recurrir a María; y el que recurre a María debe estar seguro de obtener las gracias que desea

Feliz se juzga aquella casa que es visitada por alguna persona real, ya por la honra que en esta visita recibe, ya por las ventajas que después espera. Pero más feliz debe llamarse aquella alma que es visitada por la Reina del mundo María Santísima, la cual no sabe dejar de colmar de bienes y gracias a aquellas almas bienaventuradas que se digna visitar por medio de sus favores.

Fue bendecida la casa de Obededom, cuando la visitó el arca del Señor (I Crónicas 13, 14). Pero ¡de cuántas mayores bendiciones son enriquecidas aquellas personas que reciben alguna visita amorosa de esta arca viva de Dios, cual fue la divina Madre! ¡Feliz aquella casa que visita la Madre de Dios!, escribió Engelgrave.




Bien lo experimentó la casa del Bautista, donde apenas entró María, quedó colmada de gracias y bendiciones celestiales toda aquella familia: y por eso la presente fiesta de la Visitación se llama comúnmente la fiesta de Nuestra Señora de las Gracias. Por lo cual veremos hoy en el presente discurso, cómo la divina Madre es la tesorera de todas las gracias.

Después que la Santísima Virgen oyó del arcángel San Gabriel que su prima Isabel estaba encinta de seis meses, fue iluminada interiormente por el Espíritu Santo, para reconocer que el Verbo humanado y hecho ya Hijo suyo quería empezar a manifestar al mundo las riquezas de su misericordia con las primeras gracias que quería repartir a toda aquella familia. Por lo cual, sin detención, como refiere San Lucas (1, 39), levantándose de la quietud de su contemplación, a la cual estaba siempre aplicada, y dejando su amada soledad, luego se encaminó a la casa de Isabel. Y como la santa caridad todo lo sufre, y no sabe padecer demoras la gracia del Espíritu Santo, como sobre este Evangelio dice San Ambrosio; por eso no cuidando de la fatiga del viaje, la tierna y delicada doncella se puso diligente en camino.

Apenas llegada a aquella casa, saludó a su prima; y, como reflexiona San Ambrosio, María fue la primera en saludar a Isabel. Mas no fue la visita de la bienaventurada Virgen como son las visitas de los mundanos, que por lo común se reducen a ceremonias y falsos cumplimientos; la visita de María acarreó a aquella casa un cúmulo de gracias. Pues a su primera entrada, y al recibir la salutación, Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y Juan libertado de la culpa original y santificado: por eso dio aquella señal de júbilo, saltando de gozo en el vientre de su madre, queriendo manifestar así la gracia recibida por medio de la bienaventurada Virgen, como declaró la misma Isabel. De manera que, como reflexiona Bernardino de Bustos, en virtud de la salutación de María recibió Juan la gracia del Espíritu divino, que le santificó.

Ahora, si esas primicias de la redención pasaron por manos de María, y Ella fue el canal por donde se comunicó la gracia al Bautista, el Espíritu Santo a Isabel, el don de profecía a Zacarías, y otras tan grandes bendiciones a aquella casa, que fueron las primeras gracias que sabemos hiciese el Verbo en la tierra después de haberse encarnado; es muy de creer que Dios desde entonces constituiría a María en acueducto universal, según dice San Bernardo, por el cual de allí en adelante pasasen a nosotros todas las demás gracias que el Señor quisiese dispensarnos.

Con razón pues invocamos a esta divina Madre como tesoro, tesorera y dispensadora de las divinas gracias. Así la nombraron el venerable abad de Celles, San Pedro Damián, San Alberto Magno, San Bernardino y un doctor griego que cita Petavio, dispensadora de todos los bienes. Así también la llamó San Gregorio Taumaturgo, el cual dice: María se apellida llena  de gracia, porque contiene el tesoro de la gracia. Y Ricardo de San Lorenzo dice que Dios ha depositado en María, como en una tesorería de misericordia, todos los dones de las gracias, de cuyo tesoro enriquece Él a sus siervos.

San Buenaventura, hablando del campo del Evangelio en donde está escondido el tesoro que debe comprarse a cualquier precio, como dijo Jesucristo: "Es semejante el reino de los cielos a un tesoro escondido en el campo, que si le halla un hombre... va, y vende cuanto tiene y compra aquel campo" (Mt. 13, 44), dice que este campo es nuestra Reina María, en la cual está el tesoro de Dios, que es Jesucristo, y con Jesucristo el manantial y la fuente de todas las gracias. Afirmó ya San Bernardo que el Señor ha depositado en manos de María todas las gracias que nos quiere dispensar, para que sepamos que cuantos bienes recibimos, pasan por sus manos.




Y nos lo asegura la misma María, diciendo: "En mí está toda la gracia para conocer el camino de la verdad" (Eclesiástico 24, 25). En mí están todas las gracias de los verdaderos bienes que vosotros, oh hombres, podéis desear en vuestra vida. Sí, Madre y esperanza nuestra ya sabemos, le decía San Pedro Damián, que todos los tesoros de las divinas misericordias están en vuestras manos. Y antes que él lo afirmó con mayor expresión San Ildefonso, cuando hablando con la Virgen le decía: "Señora, todas las gracias que Dios ha determinado hacer a los hombres, todas ha querido proporcionárselas por vuestras manos, y por eso os ha confiado a Vos todos los tesoros de las gracias". "De manera —concluía San Germánque no hay gracia, ¡oh María! no hay gracia sino por vuestras manos". 

Sobre las palabras que dijo el Ángel a la Santísima Virgen: "Oh María, no temas, porque has hallado gracia a los ojos del Señor" (Lc. 1, 30), añade esta bella reflexión San Alberto Magno: "No temas, porque has hallado la gracia. No la usurpaste, como el primer ángel; no la perdiste, como el primer padre; no la compraste , como Simón mago; sino que hallaste, porque la buscaste. Has hallado la gracia increada, y en ella a toda criatura". ¡Oh María! Vos no habéis robado la gracia, como quería robarla Lucifer; no la habéis perdido como la perdió Adán; no la habéis comprado, como Simón mago quería comprarla; sino que la habéis hallado, porque la habéis deseado y buscado. Habéis hallado la gracia increada, que es el mismo Dios hecho ya Hijo vuestro, y juntamente con ella habéis hallado todos los bienes criados, y los habéis alcanzado.





Confirma este pensamiento San Pedro Crisólogo, diciendo que la gran Madre halló esta gracia para dar después la salud a todos los hombres. Y en otro lugar dice que María halló una gracia llena, suficiente para salvar a todos. "De tal modo —dice Ricardo de San Lorenzo— que así como Dios crió el sol para que por su medio sea iluminada la tierra, así hizo a María para que por su medio se dispensen al mundo todas las divinas misericordias". Y San Bernardino añade que la Virgen, desde que fue hecha Madre del Redentor, adquirió una especie de jurisdicción sobre todas las gracias.

Por lo cual concluyamos este punto con Ricardo de San Lorenzo, el cual dice que si queremos conseguir alguna gracia acudamos a María, la cual no puede dejar de alcanzar para sus siervos cuanto pide, pues Ella halló la gracia divina y de continuo la obtiene. Y tomó estas palabras de San Bernardo, el cual dijo: "Si deseamos pues gracias, preciso es que acudamos a esta tesorera y di pensadora de las gracias. Pues es la voluntad suprema del dador de todo bien" —como lo asegura el mismo santo— "que todas las gracias se dispensen por mano de María:" el que dice todo, nada excluye.    

San Alfonso María de Ligorio

Las Glorias de María, 

Librería de Rosa y Bouret, París, 1870, pp. 357-363.

15 de marzo de 2022

Nuestra Señora en Aracoeli

Del sitio En Roma.com:

Paseando por Roma en una tarde de domingo, atrae mi atención una gran escalinata entre la mole del monumento a Víctor Manuel II y los amplios escalones que llevan a plaza del Campidoglio.

Subiendo los numerosos y fatigosos escalones me doy cuenta de que cada uno me permite tener una vista de Roma más completa, más fascinante. Poco a poco llego hasta el punto más alto de la colina Capitolina y pienso en la historia de todo esto: los palacios, lo que hay a mi alrededor, las simples escaleras…

El mármol bajo mis pies es el mismo con el que se construyó el templo de Serapis en el Quirinale. Fue traído hasta aquí para construir una escalinata que fuera un voto a la virgen. Una ofrenda para que ella hiciera terminar el largo período de pestilencia que asolaba toda Europa en el siglo XIII. El significado de la escalinata, sin embargo, cambió con el tiempo. Llegó a ser un lugar supersticioso en el que la gente pasaba las noches para soñar los números de la lotería. Hoy la vemos, en cambio, llena de turistas haciendo fotos o descansando un poco antes de entrar en la maravillosa iglesia en estilo gótico romano.

La basílica de Santa María en Aracoeli nace en el siglo VI en el lugar donde antiguamente estaba el templo de Juno Moneta: el Arx. Así se llama la otra altura que forma la colina Capitolina.

Los Mirabilia Urbis Romae (antiguas guías medievales sobre la ciudad) nos ilustran el origen legendario de una primera costrucción de un altar o ara en este lugar.

En ella se nos cuenta que la Sibila Tiburtina, llamada por el emperador Octaviano Augusto, le anunció que llegaría desde el cielo un rey humano que gobernará por mucho tiempo y juzgaría el mundo. Es más, Octaviano Augusto habría tenido una visión de una mujer junto a un altar con un niño en brazos, imagen asociada en la época medieval a la Virgen con Jesús. El emperador se arrodilló en adoración e hizo construir cerca de su habitación un altar para aquel “señor del cielo”. De aquí derivaría el nombre de Ara Coeli: “altar del cielo”. Es una relectura de la historia que hace que Santa Maria in Capitolio pase a Santa Maria in Aracoeli. Sería, curiosamente, el primer edificio ‘cristiano’ antes de Cristo.

La Basílica fue famosa en la historia de Roma también por otro particular. En el interior de la iglesia se conserva una de las imágenes más veneradas por el pueblo romano: el Santo Niño. Se trata de una escultura del niño Jesús en madera de olivo del huerto de Getsemaní en Jerusalén. Pero su prestigio no dependía sólo del material de construcción, sino tambien de los preciosos ex voto que cubrían la estatua. Se decía que la imagen tenía poderes milagrosos. Y digo tenía porque en 1994 fue robada y hasta el momento no se ha recuperado. Actualmente podemos ver una reproducción.

La variedad y la maravilla de la basilica esta en la mezcla de particulares. Los elementos arquitectonicos, las leyendas y representaciones  que constituyen su historia. Una historia tan rica que se convierte en arte. Y así, queda inmortalada por ejemplo en los frescos dedicados a San Bernardino de Siena o en la tumba de Santa Elena. Entrar en la Capilla Bufalini es un triunfo de colores y formas gracias al Pinturicchio. 

Palabras que crean historias, historias que crean arte. De la palabra ‘Arx’ a Arce – Arceli y luego a imaginarlo con la forma latina de Ara Coeli. El poder de las palabras y de la imaginación capaces de crear historia apoyándose en bases de piedra que se remontan a Augusto.

En la época medieval Santa María en Aracoeli fue protgonista de los decenios de lucha entre Güelfos y Guibelinos. La colina era un emblema, ya que el Campidoglio llegó a ser el lugar físico de la experiencia comunal de la ciudad. Era una iglesia que, al principio miraba hacia el palacio Senatorio.

Más tarde, con el pontífice Inocencio VI, la iglesia pasó a los franciscanos y fue reestructurada. Fue, de hecho, en este período cuando adquirió su actual estilo gótico romano. Además, cambió su orientación. El edificio pasó a mirar hacia el Campo Marzio y el Vaticano. Un signo de dónde estaba ahora el poder de la Roma pontificia.

Con esta reestructuración la basílica se transformó en una de las iglesias más importantes para el pueblo romano. Por su posición, cerca del Ayuntamiento, llegó a ser uno de los centros políticos y espirituales de la sociedad romana. Un lugar privilegiado para ser sede de numerosos eventos históricos en los que se mostraba el poder de Roma. En ella, por ejemplo, Marco Antonio Colonna celebró el gran triunfo de Lepanto. Fue como si todo el Mediterráneo dependiese nuevamente de la Ciudad Eterna.

Con la unidad de Italia la propiedad del convento pasó al estado. Fue un momento dramático. A la hora de construir el Vittoriano (monumento a Víctor Manuel II) se destruyó el claustro y otras construcciones que lo acompañaban como la torre del papa Pablo III. La iglesia, por tanto, quedó escondida a la vista de los peregrinos y viajeros. Sobre todo para los que entraba en Roma desde plaza del Popolo y recorrían via del Corso, la antigua Via Lata.

Testimonios de esta larga y variada historia son las representaciones de personajes. El arte en su arquitectura, estatuas, pinturas y la atmósfera que envuelve este lugar lo siguen convirtiendo en un rincón sagrado y maravilloso. Una de las joyas de la colina capitolina y símbolo de esa Roma que recorre la historia siempre como protagonista.