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25 de enero de 2026

San Francisco de Sales y Nuestra Señora de la Buena Liberación

 

Del sitio Aleteia:

La Virgen María intervino para que san Francisco de Sales se liberara de una terrible obsesión que le hacía dudar y le quitaba la paz espiritual

¿Sabías que en su temprana juventud, el doctor del amor divino estuvo muy cerca de ser abrumado hasta el punto de la desesperación por el sentimiento de su indignidad? Una de las imágenes parisinas más famosas de la Virgen lo libró de esta tentación. 

San Francisco de Sales nació en Thorens el 21 de agosto de 1567 en esa Saboya a caballo entre los Alpes de habla francesa cuyos soberanos también reinaban en el Piamonte italiano. Pertenecía a una familia de la nobleza. 

Siendo muy joven, mientras su padre elaboraba para él ambiciosos planes de futuro, soñaba con entregarse a Dios. 

A los 11 años, Francisco fue tonsurado. Esa ceremonia, aunque estaba ligada al clero, no le obligaba a abrazar el sacerdocio. Solo le otorgaba el título de abad y la posibilidad, muy ventajosa, de recibir beneficios eclesiásticos. No era esta la idea de Francisco que, a partir de entonces, se sintió Iglesia y pensaba solo en el servicio a Dios. 

Poco después, sus padres lo enviaron a continuar sus estudios a París, al colegio de Clermont, el actual Lycée Louis-le-Grand. Allí los jesuitas formaban a la élite católica francesa. 

Rápidamente se dieron cuenta de que el estudiante era brillante y de una virtud superior a su edad que hacía que sus compañeros lo apodaran "el Ángel". 

Sin embargo, fue precisamente esa virtud y esa inteligencia las que fueron, al amanecer de su 18º cumpleaños, violentamente puestas a prueba en una crisis espiritual de rara violencia.

La Iglesia emergió, no sin dificultades, especialmente en Francia, de las terribles perturbaciones nacidas de la Reforma y de las guerras de religión. 

La recuperación deseada por el Concilio de Trento, clausurado en 1563, se hizo paulatinamente a través de la catolicidad. Pero, a pesar de todo ello, un punto de teología planeaba sobre la mente de la gente. Era una cuestión nacida de una mala interpretación de san Agustín que ya había nutrido el pensamiento protestante, como alimentó el jansenismo: el tema de la gracia y la predestinación. 

¿Están algunos, a pesar de sus esfuerzos y de una vida edificante, destinados igualmente a ser condenados mientras otros que habrán "pecado fuertemente", en palabras de Lutero, se salvarán porque Dios habría destinado antes a algunas de sus criaturas al infierno? Esto parece absurdo e indignante. Pero apoyado en la inmensa autoridad agustiniana, estaba en el centro de los debates sobre la salvación. Y provocaba respuestas contradictorias y disputas infinitas, hasta el punto de que Roma acabó por prohibir discutir.

Una duda abominable lo atormenta: ¿y si fuera verdad que algunos, hagan lo que hagan, están condenados a la perdición eterna?

Francisco de Sales, estudiante brillante, seguía esos debates, conocía las tesis y las antítesis de los mismos. Las defendían personas de tanto valor, que en ese año 1586 ya no sabía dónde estaba, ni lo que debía pensar, ni qué creer...

Una duda abominable- de la que ya no somos capaces, porque la gravedad del asunto se nos escapa hoy- lo atormentaba: ¿Y si fuera verdad que algunos, hagan lo que hagan, están condenados a la perdición eterna? ¿Y si, por alguna desgracia irremediable, él fuera uno de ellos? ¿Qué hay que hacer ? ¿Por qué pelear? ¿Por qué creer?

Francisco ya no dormía, no comía, tan obsesionado y desesperado estaba por esa posibilidad. Primero, como buen intelectual, buscó respuestas en los libros, pero solo lo confundieron más. Y su desesperación no hizo más que crecer. 

Las peores ideas empezaron a obsesionarlo cuando, casi por casualidad, empujó la puerta de una iglesia (luego demolida durante el Terror) cerca de su casa. Era la iglesia de Saint-Étienne-des-Grès. La tradición afirma que fue fundada por san Dionisio, primer obispo de París. Lo que la hacía famosa era que en ella se veneraba a una antigua Virgen negra: Nuestra Señora de la Buena Liberación. Ella es conocida por asegurar a las mujeres embarazadas un parto feliz, su supervivencia y la de su hijo.

La verdad es que la imagen es casi inquietante por lo poco agraciada que es. Pero los parisinos no se fijan en este detalle y se agolpan a sus pies, confiando en su milagrosa intercesión. 

El joven señor de Sales ciertamente no se veía afectado por estos poderes taumatúrgicos, pero eso no le impedía ir a menudo a orar frente a Nuestra Señora de la Buena Liberación. Fue frente a ella donde, unos meses antes, hizo un voto perpetuo de castidad y virginidad.

Eso fue antes de esa horrible crisis que lo dejaron jadeando. 

¿Por qué se arrastró como un moribundo, en sentido espiritual, hasta su altar? Porque en el fondo de su ser, una voz le susurraba que María era la única, lejos de todos los discursos secantes de los intelectuales, capaz de iluminarlo y arrancarlo de sus tormentos íntimos. Desplomado ante ella, llorando, el joven murmuró una oración admirable, un grito de un alma abrumada de amor a Cristo que trataba, en un último esfuerzo, de arrancarse la duda:

"Oh Señor, si no debo llegar a verte, no permitas, al menos, que jamás te maldiga ni te blasfeme! ¡Y si no puedo amarte en la otra vida, porque nadie te alaba en el infierno, que al menos aproveche para amarte todos los momentos de mi corta existencia aquí abajo!"

En ese momento, el manto de angustia que oprimía su alma desapareció de repente. Nuestra Señora de la Buena Liberación había liberado a Francisco de Sales. Desde entonces, pudo, hasta su último suspiro, dedicarse a su servicio y al de su Hijo. 

23 - enero - 2025

19 de mayo de 2023

¿Por qué mayo es el mes dedicado a Nuestra Señora en Europa

Del sitio Fsspx News:

La dedicación de un mes a una devoción particular es una forma relativamente reciente de piedad popular cuyo uso generalizado se produjo hasta el siglo XVIII.

Por ejemplo, el mes de San José (marzo), iniciado en Viterbo (Italia), fue aprobado por Pío IX el 12 de junio de 1855; el mes del Rosario (octubre), tiene su origen en España, y fue aprobado por Pío IX el 28 de julio de 1868 y recomendado por León XIII (1883); el mes del Sagrado Corazón (junio), nacido en el convento de los Pájaros, París, en 1833, y recomendado por el obispo de Quelen, fue aprobado por Pío IX el 8 de mayo de 1873.

El mes del Santo Nombre de Jesús fue aprobado por León XIII en 1902 (enero), y el mes de la Preciosísima Sangre fue aprobado por Pío IX en 1850 (julio); el mes de Nuestra Señora de los Dolores fue aprobado por Pío IX en 1857 (septiembre), el mes de las Ánimas del Purgatorio fue aprobado por León XIII en 1888 (noviembre).

Ya en el siglo XIII se hace mención de este mes en los poemas a la Virgen María (Cantigas de Santa María) del rey Alfonso X de Castilla, conocido como el Sabio (1252-1284). En estos poemas, el rey compara la belleza de María con la del mes de mayo. En el siglo siguiente, el beato dominico Enrique Suso tenía, en la época de las flores, la costumbre de trenzar coronas para ofrecerlas a la Virgen el 1 de mayo. 

En 1549, un benedictino, V. Seidl, publicó un libro titulado "El Mes Espiritual de Mayo", mientras San Felipe Neri instaba a los jóvenes a rendir especial culto a María durante el mes de mayo y reunía a los niños en torno al altar de la Santísima Virgen para ofrecerle, con las flores de la primavera, las virtudes que él había hecho florecer en sus jóvenes almas.

La divulgación del "mes de María" se debe en gran parte a los jesuitas italianos que publicaron numerosas obras sobre el tema a principios del siglo XVIII. Por ejemplo, el Padre jesuita Alfonso Muzzarelli publicó en 1785 en Ferrara (Italia) "El Mes de María o Mayo", que tuvo una gran difusión. En dicho libro ofrece meditaciones sobre las virtudes de la Virgen para todos los días del mes de mayo.

Los Camilianos se adjudican el honor de haber inaugurado el mes de María en su forma actual, en 1784. Los jesuitas destacaron el aspecto familiar al recomendar que, en la víspera del primero de mayo, en cada casa se erigiese un altar a la Virgen María, adornado con flores, frente al cual se reunían las familias para rezar oraciones en honor de la Santísima Virgen todos los días del mes y elegían al azar un papel donde se indicaba la virtud que debían practicar al día siguiente.

Estas prácticas cayeron en desuso en la década de 1970.

Gracias a las obras de los jesuitas, el "mes de María" llegó a Francia en vísperas de la Revolución. La venerable Luisa de Francia, hija de Luis XV y priora del Carmelo de Saint-Denis, fue una celosa propagadora. Esta práctica adquirió un carácter general con las misiones populares de la Restauración, y su aprobación oficial por la Santa Sede fue el 21 de noviembre de 1815.

Después de los jansenistas, el clero constitucional se opuso ferozmente a esta devoción y sabemos que Monseñor Belmas, obispo concordatario de Cambrai, anteriormente obispo constitucional de Aude, fue un opositor decidido. Pero gracias a la aprobación de Pío VII, la devoción acabó triunfando.

Finalmente, recordemos que, desde el 10 de febrero de 1638, Francia está oficialmente consagrada a la Santísima Virgen en respuesta al deseo del rey Luis XIII.

Aprovechemos este mes que le está dedicado para pedir a la Madre del Salvador su poderosa protección sobre nosotros, nuestra patria y nuestras familias, y roguémosle que apresure el triunfo de su Inmaculado Corazón.