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1 de junio de 2025

Misioneras con discapacidad y su testimonio

 

Del sitio Misioneros Digitales Católicos:

Las Hermanas Sacramentinas son una comunidad de religiosas con discapacidad visual. No tienen vista, pero todos los demás sentidos están comprometidos activamente con la gloria de Dios y el bien de la humanidad. Se dedican al catecismo, la agricultura y la cría de aves de corral, visitan y dan apoyo a las personas, realizan rosarios y tejidos de punto. “Necesito oportunidades, no compasión”, dice Sor Mary Verónica.

La familia de Don Orione incluye a los Hijos de la Divina Providencia y a las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad. Sin embargo, menos conocido es que dentro de la misma familia existe una comunidad de Hermanas Sacramentinas, cuyos miembros son religiosas invidentes.

Las Hermanas Sacramentinas pasan gran parte de su día en la adoración del Santísimo Sacramento, pero también realizan un apostolado en su comunidad local. El instituto fue fundado en Italia por San Luis Orione, un sacerdote italiano conocido comúnmente como don Orione.

En Kenia, la comunidad de las Hermanas Sacramentinas cuenta con cuatro miembros: Sor Mary Carmen, Sor Mary Angelina, Sor Mary Rachael y Sor Mary Veronica.

Sor Mary Veronica siempre quiso ser religiosa, pero le costó encontrar una congregación que la aceptara por su discapacidad visual. En 1981, una hermana de la Consolata la dirigió por primera vez a las Hermanas Sacramentinas, donde ha permanecido hasta hoy.

Esta congregación de monjas con discapacidad visual es única en su género y es la única en Kenia”, dijo la hermana Mary Veronica. “Nuestro fundador, Don Orione, era una persona caritativa y nos pidió que fuéramos madres y hermanas de los pobres. Ofrecemos nuestra falta de vista a Dios por los hermanos y hermanas que no conocen la verdad, para que puedan experimentar a Dios, la luz del mundo”.

A pesar de ser invidentes, las Hermanas Sacramentinas son contemplativas y al mismo tiempo muy activas. Enseñan catecismo en su parroquia, visitan a las personas en el pueblo vecino y también ofrecen su ayuda en línea. “En nuestro carisma de Hermanas Sacramentinas, adoramos a Jesús en el Santísimo Sacramento y hablamos a Jesús de la humanidad. Nos encontramos con las personas y les hablamos del amor de Dios. Llevemos las almas a Jesús y Jesús a las almas”, dijo la religiosa.

Las hermanas hacen la Adoración por turnos y se dedican a otras tareas comunitarias como la agricultura, la cría de aves de corral, la realización de rosarios y el tejido de punto como actividades generadoras de ingresos para la sostenibilidad. “Nos unimos a la congregación para dar y recibir; no nos unimos para ser ayudadas. Tratamos de ser autónomas en todo lo que hacemos”, dijo la hermana Mary Veronica, añadiendo: “Necesito oportunidades, no compasión”.

Comprar libros escritos en braille no es fácil para las monjas con discapacidad visual. Durante muchos años han importado libros espirituales en braille del extranjero. Con el aumento de los aranceles de importación, las monjas ya no pueden recibir los libros como lo hacían en el pasado. Sin embargo, las hermanas reconocen que los desafíos las hacen completas. “Afrontamos los desafíos con alegría, ser invidentes no nos quita los talentos y las habilidades”, dijo la hermana Mary Rachael.

14 de febrero de 2019

Nuestra Señora de la Guarda (Italia)

Del sitio Catholic.net:

El 29 de agosto de 1490, Benedicto Pareto era un humilde campesino de Livellato, un pequeño pueblo del valle de Polcevera, próximo a Génova, donde vivía con su esposa y sus dos hijos. 

Una mañana, como acostumbraba hacerlo, cuidaba sus ovejas en espera del almuerzo cuando, súbitamente, se le apareció una señora de bello aspecto, resplandeciente como el sol, quien le habló dulcemente: “No temas, oh Benedetto. Yo soy María, la Madre de Jesucristo” e, indicándole con la mano al sitio, le dijo: “Yo quiero que tú me hagas fabricar una Capilla”.

Señora, -replicó Paretto-, yo estoy listo a hacer todo aquello que me encomendares, pero soy tan pobre, y fabricar sobre este monte tan alto y tan desierto, llevará tanta fatiga y tanto gasto que yo espero poder hacerlo”. “Benedetto, -replicó María- no temas; con mi ayuda te será fácil cada cosa”. “Y bien, -concluyó Paretto- en Vos confío, oh, mi Señora, pondré manos a la obra encomendada”.

De regreso en su casa, el pastor, presa de viva excitación, narró lo ocurrido a su familia, recibiendo como respuesta que se estaba volviendo loco y que el pueblo entero se mofaría de él. En vista de ello, Benedicto decidió olvidar lo acontecido y seguir su vida normalmente.

Unos días después, se hallaba en lo alto de una higuera cuando la rama sobre la que se hallaba de pie se quebró. Benedicto cayó pesadamente al suelo, fracturándose ambas piernas por lo que debió guardar cama varios días. Mientras convalecía, se le apareció nuevamente a la Virgen que, con tono suave y delicado, le reiteró su pedido.

Pareto comprobó emocionado que sus heridas habían sanado y que ya no padecía dolores, novedad que corrió por todo el, pueblo, despertando el asombro y curiosidad de sus habitantes y la sorpresa de su familia.

Con la ayuda de sus hijos y el vecindario, Benedicto comenzó a construir la capilla, tarea a la que se sumó la familia Ghersi, aportando una importante suma de dinero y una bella imagen de mármol para el altar, que representaba a Nuestra Señora con el Niño en brazos.

Cuando el templo estuvo terminado, comenzaron a acudir los fieles en gran número. Sin embargo, poco después se pudo comprobar que no era suficiente para tantos, razón por la cual, se decidió levantar una iglesia mayor, capaz de recibir a las grandes multitudes que llegaban permanentemente del norte de Italia y de la misma Francia.

En 1530 comenzó a edificarse un nuevo santuario que sería reemplazado en 1890 por la grandiosa basílica actual.

La devoción a Nuestra Señora de la Guardia se difundió por el valle de Polcevera primero, por la Liguria después y finalmente por toda Italia, convirtiéndose en la advocación preferida de los antiguos navegantes genoveses.

En 1915 el Papa Benedicto XV elevó el santuario a basílica menor mandando además, colocar una imagen de la Virgen de la Guardia en los jardines del Vaticano.

Desde el monte Figogna, la devoción se expandió por el mundo siendo de destacar los santuarios del Piamonte, América y África pertenecientes a la Pequeña Obra de la Divina Providencia, fundada en Tortona

En la Argentina, san Luis Orione en persona atribuyó a un milagro el que Monseñor Francisco Alberti, Obispo de La Plata, le concediese la abandonada iglesia de Victoria, en el partido de San Fernando, para iniciar desde allí su apostolado. “Vine a la Argentina a levantarle una iglesia –exclamó al ver la imagen de la Virgen genovesa sobre una caja de madera, a un costado del altar - pero Ella fue mucho más diligente y me la entrega hecha”. En 1990 Monseñor Giovanni Canestri, Arzobispo emérito de Génova, puso bajo su auspicio la misión diocesana que dos años después se puso en marcha en el barrio de Guaricano, Santo Domingo, República Dominicana.

Todos los 29 de agosto la Iglesia celebra la fiesta de Nuestra Señora de la Guardia, patrona de Génova, fecha en la que, según la tradición, se produjo su aparición en los alrededores de Livellato.

El nombre de la Virgen se debe a que era uso antiguo cerca de los griegos y los romanos y otros pueblos colocar sobre los montes, especialmente a lo largo del litoral, puestos de guardia o semáforos, los cuales deberían señalar el avecinarse de los enemigos en tiempo de guerra, o también de naves infectadas en tiempos de epidemia. De estas guardias derivó el nombre de “Guardia” al lugar mismo donde éstos se colocaban, y por lo tanto se designaban aquellos lugares “Cabo de la Guardia”, “Monte de la Guardia”, etc.. El cual puede haber sido también el nombre dado al monte Figogna, dada su posición eminentemente estratégica y consiguientemente al Santuario en él erigido.

En el curso de los siglos Nuestra Señora de La guardia fue defensa, la guardia, el refugio de los genoveses en todos los peligros, en todas las necesidades, como atestiguan los votos y péndulos del Santuario, y la voz unánime de sus devotos.

20 de octubre de 2018

Mater Admirabilis o Nuestra Señora del Lirio

El Monasterio de la Trinidad del Monte, Roma, fue fundado en el siglo XV por San Francisco de Paula, General de la Orden de los Mínimos. En 1828 se le entregó a las Religiosas del Sagrado Corazón, de acuerdo a los deseos del Papa León XII. La Trinidad del Monte se convirtió en centro de irradiación de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, en santuario mariano y centro educación para la juventud.

En 1844 una joven francesa, Paulina Perdreau, mas tarde religiosa del Sagrado Corazón, manifestaba a la Rda. Madre de Coriolis, Superiora de la Trinidad, el deseo de "hacer venir a la Sma. Virgen" pintando su imagen en uno de los muros del claustro. La Rda. Madre dudó porque la joven no conocía el arte de pintura al fresco. Pero al final le concedió el permiso. La joven no cesó de invocar la asistencia de la Virgen María. El resultado fue la pintura que admiramos hoy. Se llamó "La Madonna del Lirio" (el lirio es signo de pureza también relacionado con San José), hasta el 20 de Octubre de 1846, día en que el Papa Pío IX, al visitar el monasterio y viendo la imagen exclamó: "Verdaderamente es Mater Admirabilis", título que ostenta hasta este día. 

Los milagros empezaron en Noviembre del mismo año con la curación de Monseñor Blampin, Misionero de la Congregación del Corazón de María. Recobró su voz totalmente perdida. El 20 de Octubre de 1849, el Santuario fue enriquecido con indulgencias y se autorizó el celebrar en esa fecha cada año la fiesta de Mater Admirabilis. 

Una de las gracias mas especiales que allí se reciben es un llamamiento a la vida interior. Junto a la Virgen, las palabras de la salutación angélica adquieren toda su plenitud: "Ave, gratia plena, Dominus tecum". Entre los peregrinos a la capilla se encuentran muchos santos, entre ellos, Sta. Magdalena Sofía Barat, fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón; San Juan Bosco, Santa Teresa del Niño Jesús, San Pío X, San Vicente Pallotti y Don Orione. El Papa Pío IX con mucha frecuencia confiaba a Mater Admirabilis los asuntos de su Pontificado.

Oración a Mater Admirabilis.

¡Oh Madre Santísima de Jesús!, venimos a Vos como a la fuente viva que refrigera, como a la llama que calienta, como a la aurora que disipa las tinieblas, como a la Madre siempre atenta a las necesidades de sus hijos.

¡Oh Madre Admirable!, hay horas, en que el camino de nuestra vida es duro, No es fácil andar siempre con paso igual en el camino del deber.

No es fácil amar al prójimo, nuestro hermano, como Jesús quiere que lo amenos.
No es fácil conservar un alma serena en medio de las vicisitudes de la vida.
No es fácil amar a las criaturas y reservarse para Dios.
No es fácil hacerse pequeño y humilde cuando el orgullo relama.
No es fácil ir caminando hacia el Dios de luz por caminos llenos de sombra.

Hay días en los que todo es carga. Pero Vos, oh Madre Admirable, hacéis todo fácil. Y sin embargo, no quitáis el sacrificio de nuestros caminos, como Dios tampoco lo quitó del vuestro, pero facilitáis el esfuerzo haciendo que crezca el amor. El amor siempre vencedor en Vos, os hizo decir en el umbral de vuestro destino: "Fiat mihi secundurn Verbum tuum". Esta palabra de adhesión al amor que os guiaba, jamás la retirasteis. Jamás os rebelasteis ante el sufrimiento, sino que ofrecisteis a su acción un alma mansa y humilde. entregada a Dios.

¡Oh María!, que vuestro ejemplo sea mi fuerza. Haced que todo sea fácil en mi vida, no suprimiendo toda pena. sino por un amor generoso, siembre mayor que la pena.

¡Oh Madre dulcísima!, dadme un corazón lleno de fortaleza; y si veis que mi amor se apaga pronto, os suplico, dad a vuestra(o) hija(o) un poco del vuestro y repetidle la lección del verdadero amor.