Mostrando entradas con la etiqueta Ezequiel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ezequiel. Mostrar todas las entradas

10 de febrero de 2025

Nuestra Señora del Árbol Seco


 Del sitio Museo Nacional Thyssen - Bornemisza:

Petrus Christus es un pintor flamenco del siglo XV, vinculado a la ciudad de Brujas. Su estilo tiene conexiones con el de Jan Van Eyck, del que tomó sus modelos y simplificó sus esquemas compositivos. Su producción evidencia también el conocimiento de la obra de Rogier van der Weyden, en la disposición de los temas y en la expresividad de los personajes. 

La Virgen del árbol seco, que fue atribuida a Petrus Christus por Grete Ring en 1919, es un tema poco habitual. Esta representación está relacionada con la cofradía de Nuestra Señora del Árbol Seco, a la que el artista y su mujer pertenecieron. Se supone que algún cofrade pudo haberle encargado la obra para su devoción privada o incluso que fuera del propio Petrus Christus. 

En esta pequeña tabla el artista ha representado simbólicamente el mensaje de la Redención, a través de las figuras de la Virgen y el Niño, como narra el Libro de Ezequiel, haciendo alusión a María como la Nueva Eva y al árbol seco, que se ha interpretado como el Árbol de la Ciencia, marchito tras el pecado original y que volvió a florecer con la concepción de Jesús. El Niño aparece en la composición como Redentor de la humanidad, llevando en la mano el globo coronado con la cruz.

Esta pequeña tablita, que procede de una colección belga en la que se hallaba a principios del siglo XX, fue atribuida, en 1919, por Grete Ring a Petrus Christus. Representa un tema original dentro de la producción del pintor. Su iconografía se repetiría posteriormente con variantes en sellos, como el conservado en el Archivo Municipal de Brujas; en medallas, como la de la Biblioteca Real Alberto I, de Bruselas; o más directamente en pinturas, como la tabla central del tríptico con el mismo asunto de Pieter Claessen en la iglesia de Santa Walburga en Brujas, fechada en 1620. Pieter Claessen, sin embargo, eligió como fondo del tema un amplio paisaje con un punto de vista elevado; en su centro, sirviendo de eje, se levanta el árbol en cuyo interior se coloca a María y al Niño.

La Virgen del árbol seco perteneció, antes de 1919, a la colección berlinesa de Ernst Oppler. Hacia 1937 la encontramos en la colección de Fritz Thyssen, en Mülheim, entre cuyos descendientes estuvo hasta la década de 1960. De la familia Fritz Thyssen pasó a la colección de Konrad Adenauer, y en 1965 entró en la colección Thyssen-Bornemisza, siendo una adquisición del barón Hans Heinrich.

El tema tiene una relación directa con la cofradía de Nuestra Señora del Árbol Seco, que contó entre sus miembros con el pintor y su esposa, inscritos en ella hacia 1462. Esta cofradía, mencionada ya en un documento de 1396, tuvo una capilla en la iglesia franciscana de los Hermanos Menores en Brujas, destruida en 1578 durante las guerras de religión. Entre sus cofrades más destacados se encontraban, como miembros de honor, los duques de Borgoña y otros personajes de los más altos estamentos políticos y sociales de Brujas. Sin embargo, una leyenda difundida durante el siglo XVIII, sin mucho rigor histórico, atribuyó a Felipe el Bueno su fundación. Según esta leyenda, antes de que el duque entablara batalla contra los franceses, la Virgen y el Niño se le aparecieron sobre el tronco de un árbol seco. Felipe el Bueno oró entonces ante la imagen pidiendo la victoria y ésta le fue concedida. El desenlace de la historia consistiría en la fundación de la cofradía como acto de agradecimiento y conmemoración de la victoria.

En este minúsculo óleo, el artista, tal vez inducido por su comitente, representó de forma simbólica el mensaje de la Redención encerrado en la iconografía con la que se representa a la Virgen y al Niño. Para la interpretación iconográfica de la Virgen en esta pintura hay que recurrir al Libro de Ezequiel. Las palabras del profeta "sequé el árbol verde e hice reverdecer el árbol seco", se interpretan como una clara alusión al pecado original y al papel que desempeñaría María como la Nueva Eva. El árbol seco se identifica con el Árbol de la Ciencia, marchito tras el pecado original y que volvería a florecer por la concepción de Jesús. Otra de las fuentes que se han mencionado para la lectura del tema ha sido un texto de Guillaume de Deguileville, de 1330, donde en términos metafóricos se expresa la misma idea.

Este mensaje se fortalece con la representación de Jesús, que sostiene en una de sus manos el globo coronado con una cruz, en clara alusión a su papel como Redentor de la humanidad. Por otro lado, las ramas secas del árbol, dobladas y trenzadas, forman una corona que constituye una clara prefiguración de su Pasión. De las ramas secas cuelgan quince aes doradas que simbolizan la primera letra del Ave María; su número se ha puesto en relación con los misterios contenidos en el rosario, oración para llegar a la intercesora entre los hombres y Dios. Esta pintura pudo ser encargada por algún miembro de la cofradía para su devoción privada, pero también pudo ser una pintura para el propio Petrus Christus como cofrade que era de la hermandad. Esta hermandad religiosa dedicada a obras de caridad veneraba también la Inmaculada Concepción

La pintura está concebida, por su acabado, como una joya o un objeto precioso donde destacan los materiales y sus texturas. Las figuras, de cabezas redondas con rostros bien construidos, reflejan el mejor estilo de Petrus Christus. Sus modelos están inspirados en Jan van Eyck, al que siguió en algunas pinturas, y en Rogier van der Weyden, del que tomó la forma de expresar los sentimientos. La presencia de Van Eyck la encontramos en el tipo de Virgen con el Niño que pudo tener su inspiración en la famosa Virgen de la fuente del Musée Royal des Beaux- Arts de Amberes. La huella de ambos artistas se manifiesta en la etapa final de Petrus Christus, periodo al que pertenece esta pintura.

Mar Borobia

5 de noviembre de 2021

Nuestra Señora de la Plaza España de Roma

 Del sitio de Las Misioneras de la Divina Revelación:

La Columna de la Inmaculada Concepción está situada a un costado de la Plaza de España, en la Plaza Mignanelli adyacente, de frente a la embajada española en Roma y también próxima al Palacio de Propaganda Fide

Fue realizada bajo el proyecto del arquitecto Luis Poletti e inaugurada en año de 1857, el 8 de diciembre, gracias al trabajo de 220 bomberos.

La obra es dedicada al dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pio IX con la Constitución Apostólica Ineffabilis Deus, según la cual la Virgen es el único ser humano que nació sin el pecado original. Dios, previniendo la caída del hombre, “desde el origen y al inicio de los siglos, eligió y predestinó a su Hijo una madre, de la cual se encarnaría y de la que, en la plenitud de los tiempos, habría de nacer; y, a diferencia de otras creaturas, la hizo signo de tanto amor de cumplirse en ella sola con una singularísima benevolencia. Por esto admirablemente la colmó abundantemente, más que todos los ángeles y los santos, de la abundancia de todos los dones celestes, tomados del tesoro de su divinidad. Así ella, siempre absolutamente libre de toda mancha de pecado, toda bella y perfecta, poseyó tal plenitud de inocencia y de santidad que, después de la de Dios, no se puede concebir una mayor, y fuera de Dios, ninguna mente puede alcanzar a comprender su profundidad” (Const. Ap. Inefabilis Deus).

El origen de la columna es romano, fue de hecho encontrada en 1778 en las excavaciones de Campo Marzio. La estructura está compuesta de un basamento en mármol, sobre el cual está apoyada la columna en mármol cipollino, con 12 metros de largo aproximadamente, sostiene la estatua de bronce de la Virgen, obra de Giuseppe Obici. Siempre sobre el basamento podemos admirar 4 estatuas de bronce que representan a Moisés, el rey David, el profeta Ezequiel e Isaías. Debajo de cada estatua está escrito un versículo de la Sagrada Escritura refiriéndose al dogma de la Inmaculada Concepción.

Bajo la estatua de Moisés podemos leer el versículo del Génesis 3, 15: “yo pondré enemistad entre ti y la mujer”. Como podemos leer en la Innefabilis Deus, los padres y los escritores eclesiásticos enseñaron que con la divina profecía del Génesis 3, 15, “fue clara y abiertamente indicado el misericordiosísimo Redentor del género humano, es decir, el Hijo unigénito de Dios, Jesucristo; fue delineada su Beatísima Madre, la Virgen María; y al mismo tiempo fue abiertamente expresa la enemistad de los dos contra el demonio. En consecuencia de ello, como Cristo, mediador entre Dios y los hombres, asumida la naturaleza humana, destruyó el decreto de condena que había contra nosotros, asociándolo triunfalmente a la cruz; así, la Santísima Virgen, unida a Él con un vínculo estrecho e indisoluble, fue junto con Él y por medio de Él, la eterna enemiga de la venenosa serpiente y pisó su cabeza con su pie inmaculado”.

Bajo la estatua del Rey David, considerado el autor de numerosos salmos bajo inspiración divina, está escrito el versículo del Salmo 46, 5: “El Altísimo ha santificado su morada”, refiriéndose a la Virgen María que Dios ha preservado del pecado original, en vista de la encarnación de su Hijo en Ella. De este modo, Dios ha santificado a Aquélla que debía ser digna morada para su Hijo. María así se convierte en la morada viviente de Dios. En Ella mora el Señor, en ella el Señor encuentra el lugar de Su reposo.

Bajo la estatua de Ezequiel se encuentra el versículo de Ezequiel 44, 2: “Esta puerta se cerrará”. También este versículo se refiere a la Inmaculada Concepción de María, como los padres de la Iglesia han afirmado, descubriendo en tal versículo y en otras figuras del Antiguo Testamento: “el claro preanuncio de la excelsa dignidad de la Madre de Dios, de su inmaculada inocencia y de su santidad, jamás sujeta a ninguna mancha” (Const. Ap. Innefabilis Deus).

Finalmente, bajo la estatua de Isaías se ha colocado el versículo de Isaías 7, 14: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo”. Igualmente este versículo ha sido leído por los Padres de la Iglesia en referencia a la Virgen María y a su parto virginal: Jesús nació de María, que ha permanecido siempre virgen antes, durante y después del parto, precisamente porque no fue marcada por el pecado original.

Sobre el basamento se pueden observar cuatro bajorrelieves que representan la Anunciación, el sueño de José, la Coronación de María en el Cielo y la definición del dogma. En cuanto a la definición del dogma remitimos las palabras de la Innefabilis Deus con la que Pio IX proclamó la verdad de la Inmaculada Concepción: “con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los beatos apóstoles Pedro y Pablo y la nuestra, declaramos, pronunciamos y definimos: la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María desde el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en vista de los méritos de Jesús, salvador del género humano, fue preservada inmune a toda mancha del pecado original, fue revelada por Dios y por eso se debe creer firme e inviolablemente por todos los creyentes. Por lo tanto, si alguno (¡Dios no lo quiera!) deliberadamente presumiera algo distinto de cuanto fue definido por nosotros, conozca y sepa que será condenado por su propio juicio, de haber hecho naufragio en la fe, de haberse separado de la unidad de la iglesia…”.

Cada año, el 8 de diciembre, se celebra la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, y en la Plaza de España, por la tarde, el Santo Padre se acerca a la estatua de la Virgen para unirse al homenaje de la Ciudad de Roma a María, ofreciendo un cesto de rosas. Estas flores simbolizan el amor y la devoción del Papa, de la Iglesia de Roma y de los habitantes de la ciudad que se sienten espiritualmente hijos de la Virgen María y con esta corona quieren colocar sus ansias y esperanzas a los pies de la celeste Madre del Redentor.