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9 de mayo de 2026

Meditando el Rosario: Tercer Misterio Glorioso: La venida del Espíritu Santo sobre María y los Apóstoles

 

Extraído de Asalta el Cielo con tu Rosario:

Del sitio Evangelio del Día:

Pentecostés es la palabra griega que significa "cincuentena". Este día cincuenta que celebraba el pueblo judío, se contaba a partir del día que habían inmolado el cordero pascual; y eso era porque, cincuenta días después de la salida de Egipto, la Ley fue dada sobre la cumbre ardiente del monte Sinaí. De igual manera, en el Nuevo Testamento, cincuenta días después de la Pascua de Cristo, el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles y se les apareció en forma de lenguas de fuego. La Ley fue dada en el monte Sinaí, el Espíritu en el monte Sión; la Ley en la cima del monte, el Espíritu en el Cenáculo.

"Todos los discípulos estaba juntos el día de Pentecostés. De repente, un ruido del cielo"... Tal como lo dice un salmo: "el correr de las acequias alegra la ciudad de Dios" (Salmos 45,5). Un gran ruido acompaña la llegada de aquel que venía a enseñar a los fieles. Fijaos como eso está de acuerdo con lo que leemos en el Éxodo: "Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se echó a temblar" (19,6). El primer día fue la encarnación de Cristo; el segundo día, su Pasión; el tercer día el envío del Espíritu Santo. Llega ese día: se oye el trueno, hay un gran ruido, brillan los relámpagos –los milagros de los apóstoles-; un nube espesa –la compunción del corazón y la penitencia- cubre la montaña, el pueblo de Jerusalén (Hch 2,37-38). (...)

"Vieron aparecer unas lenguas como llamaradas de fuego". Unas lenguas, las de la serpiente, de Eva y Adán, habían hecho entrar la muerte en este mundo. (...) Por eso el Espíritu aparece en forma de lenguas, oponiendo lenguas a lenguas, curando a través del fuego el veneno mortal. (...) "Y empezaron a hablar". Este es el signo de la plenitud; el vaso lleno hasta rebosar; el fuego que no se puede contener... Estas diversas lenguas son las diferentes lecciones que nos ha dejado Cristo, como son la humildad, la pobreza, la paciencia, la obediencia. Hablamos estas diversas lenguas cuando damos ejemplo de estas virtudes al prójimo. La palabra es viva cuando hablan las obras. ¡Hagamos hablar a las obras! 


San Antonio de Padua

8 de abril de 2026

Nuestra Señora de Hierro de Brdy

 

Traducido del sitio Plzen:

La estatua de hierro fundido de la Virgen María, llamada por los lugareños "Virgen de Hierro", se encuentra en el sureste de Brdy, concretamente cerca de Rožmitál pod Třemšínem. La imponente estatua sin duda llamará la atención no solo de los creyentes.

La estatua coloreada, de tamaño natural, fue fundida en las fundiciones de Blansko. También está relacionada con una leyenda: "Se dice que un joven conde fue herido de bala aquí durante una cacería. Mientras yacía en el suelo cubierto de sangre, se le apareció la Virgen María y él prometió que, si sobrevivía, mandaría construir una estatua de la Virgen María en este lugar memorable. Esto ocurrió el 8 de octubre de 1880. El conde cumplió su promesa y, desde ese año, esta estatua se encuentra aquí", explicó Rudolf Šimek, conservador de las colecciones del Museo Podbrdské.

Otra versión de la historia, que sin embargo no tiene respaldo en fuentes relevantes, es que en el pasado Eduard Pálffy, señor de Březnice, fue tiroteado aquí por cazadores furtivos.

"Iconográficamente, la estatua podría identificarse como la Inmaculada, es decir, la estatua de la Virgen María Inmaculada. Esta costumbre se caracteriza por el hecho de que la Virgen María está de pie sobre el globo terráqueo, aunque pocos se dan cuenta de que también está de pie sobre una media luna, y el globo terráqueo está rodeado por una serpiente, a la que ella aplasta con su pie, mientras que la serpiente tiene en la boca la manzana de Adán. La serpiente simboliza a Satanás y la Virgen María predestina a Jesucristo, que derrotará a Satanás", describió Šimek.

"Algunos la llaman Virgen María de Březnice, pero la gente confunde un poco los conceptos. La Virgen María de Březnice es la Virgen Negra, una pintura gótica tardía situada en la capilla del castillo de Březnice", aclaró el empleado del museo sobre un error frecuente.

"En conjunto, es una construcción bastante compleja, por lo que seguramente se trataba de alguien rico. La estatua de hierro fundido está protegida por un enorme arco de granito. Según cuenta la historia, la estatua era demasiado grande, por lo que tuvieron que cortar el arco para que cupiera debajo", concluyó Rudolf Šimek.

15 de febrero de 2026

Somos hermanos de Jesus porque Nuestra Señora escuchó su palabra y la puso en práctica

 

Del sitio El Evangelio del Día:

 La Virgen María fue obediente cuando dijo: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1,38). Eva, por el contrario, fue desobediente; desobedeció cuando todavía era virgen… De la misma manera, pues, que Eva desobedeciendo fue causa de muerte para ella misma y para todo el género humano, María, teniendo por esposo aquel que ya anteriormente le había sido destinado y siendo sin embargo virgen, obedeciendo llegó a ser causa de salvación para ella misma y para todo el género humano… Porque lo que ha sido atado no puede desatarse sino es deshaciendo, en sentido inverso, las argollas del nudo; de esta manera una primera atadura es desligada por una segunda, y la segunda no hace otro servicio que el de desligamiento con respecto a la primera.

Por eso el Señor dice que los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros. (Mateo 19,30) También el profeta hace la misma afirmación diciendo: “A cambio de tus padres tendrás hijos”(Salmos 44, 17). Porque el Señor, siendo “el primogénito de entre los muertos” y acogiendo en su seno a los padres antiguos, los hace renacer a la vida de Dios, siendo él mismo “el primero en todo” (Colosenses 1,18) porque Adán se hizo el primero de los muertos. Por eso Lucas comienza su genealogía por el Señor, para hacerla remontar desde Cristo hasta Adán (Lc 3,23s), indicando con ello que no son los padres los que han dado la vida al Señor, sino todo lo contrario, es él quien los ha hecho renacer a través del Evangelio de la vida. Así, de la misma manera, el nudo de la desobediencia de Eva ha sido desatado por la obediencia de María, porque lo que le virgen Eva había atado por su incredulidad, la Virgen María lo ha desatado por su fe. 

10 de febrero de 2026

Nuestra Señora, Guardiana de Corazones

 


Traducido del sitio Relevant Radio:

"¡No es culpa mía!" La excusa humana original.

El padre Simon comienza con algunas citas bíblicas:

Adán culpó a Eva. Eva culpó a la serpiente. Aarón dijo que el becerro de oro "simplemente salió" del fuego.

Él llama a esto "uno de esos testimonios de la estupidez humana" que secretamente le encanta. La cuestión es que siempre nos ha costado asumir la responsabilidad por el pecado. Y, sin embargo, Dios sigue persiguiéndonos con misericordia... en última instancia, a través de la Cruz.

Desnudos y asustados... espiritualmente hablando.

El padre Simon reflexiona sobre la "desnudez" de Adán y Eva tras el pecado.

"Estaban desnudos espiritualmente... ya no se encontraban en estado de gracia santificante".

Cuando no estamos revestidos de la gracia de Dios, somos vulnerables. Es entonces cuando el diablo aprovecha para atacar. Necesitamos la gracia como necesitamos abrigos de invierno en Wisconsin.

La costilla protege el corazón

El padre Simon recurre a un midrash, una interpretación judía de la creación de la mujer:

  • Eva no fue creada de la cabeza de Adán (para gobernarlo).

  • Ni de sus pies (para ser gobernada por él).

  • Sino de su costado... para caminar con él.

Entonces llega el momento revelador:

"La costilla protege el corazón".

Así, en el matrimonio, en la familia, en la fe... El padre explica que los hombres protegen del exterior, pero las mujeres protegen el interior. Protegen el corazón.

Y María es la expresión perfecta de eso.

María, Madre de la Iglesia y de nuestros corazones.

Este es el verdadero corazón (nunca mejor dicho) del episodio.

  • María fue la primera miembro de la Iglesia.

  • En un momento dado, Ella era toda la Iglesia.

Recibió a Cristo, en cuerpo y alma, y permaneció fiel al pie de la Cruz.

"María guarda el corazón de la Iglesia... porque Ella es el corazón".

El padre Simon relaciona esto con los iconos de la coronación: María sentada entre el Padre y el Hijo, coronada como Reina del Cielo. Esa no es solo su coronación... también es la nuestra. Estamos unidos a Ella, a la Iglesia, a través del bautismo, la Eucaristía y la gracia.

🧠 + 💖 = Iglesia real

El padre explica:

  • La Iglesia debe ser intelectualmente fuerte (¡sí, estudiad teología!)

  • Pero también tierna, maternal y amable (como María).

¿Si perdemos la amabilidad? ¿La compasión? ¿La calidez de la Iglesia? Entonces habremos perdido algo esencial.

Así que sí... defendamos la fe. Pero seamos también el tipo de católicos que hacen que la gente diga: "¡Es el gusano más sabroso que he visto nunca en un anzuelo!" (metáfora del padre Simon).

María no solo vela por la Iglesia, sino también por ti. Es la costilla que protege tu corazón. La primera cristiana. La Reina del Cielo. Y la Madre que siempre te da la bienvenida a casa.

María, Madre de la Iglesia... ¡Ruega por nosotros!


23 de enero de 2026

Los esponsales de Nuestra Señora y San José

 

Del sitio Gaudium Press:

Diversas voces se están haciendo escuchar para volver a instaurar en el calendario litúrgico la fiesta del esponsalicio de la Virgen Santísima con el Patriarca San José, que hasta 1961 se celebraba hoy 23 de enero.

Una de esas voces, no de poca importancia, es la de Luisella Scrosati, quien en La Nuova Bussola Quotidiana ha escrito con este fin la nota titulada Lo Sposalizio di Maria e Giuseppe, una festa da reintrodurre (Los esponsales de María y José, una fiesta a reintroducir). Entre otras razones para esta proposición, plantea que enviaría “un mensaje de extrema actualidad en tiempos de crisis del matrimonio”, pero también “de la vida consagrada”.

Retoma la filósofa italiana la argumentación expuesta en su momento por el otrora canciller de la Universidad de París, Jean Charlier de Gerson (1369-1420), a quien se le llamó Doctor Christianissimus, teólogo apasionado por la figura de San José, y quien “empleó numerosas energías para profundizar teológicamente la figura del padre putativo de Jesús y difundir su devoción. Él sostiene, por ejemplo, la santificación [de San José] en el vientre materno, de alguna manera análoga a aquella del Bautista”.

Pero su gran sueño era que “fuese reconocida y celebrada una fiesta litúrgica en honor de los esponsales del castísimo esposo con la Santísima Virgen”, y en este sentido escribió una epístola dirigida a todas las iglesias, una exhortación pública, un estudio titulado “Consideraciones sobre San José”, y hasta un poema de alrededor de 3.000 hexámetros latinos “y más de trescientas notas en dos volúmenes, que repasan los misterios de la vida de Cristo en relación con San José e introducen en la devoción católica la idea de una ‘trinidad’ terrenal, la de la Sagrada Familia”.

Es claro que Gerson recoge la doctrina Paulina (Efesios 5, 25-32) sobre el matrimonio como signo del matrimonio místico de Cristo con su Iglesia: “Maridos, amen a su esposa, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella”, dice el Apóstol. “Pero es de particular relevancia que la expresión del Apóstol, [Gerson] se atribuya al matrimonio de María y José, casi como para resaltar en este último una ejemplaridad arquetípica de todo matrimonio”, comenta Luisella Scrosati.

En las consideraciones del antiguo Canciller de la Universidad de París, el matrimonio de María y José “se eleva sobre todos los demás en cuanto a su capacidad de significar la unión entre Dios y la Iglesia, no sólo por la santidad moral de sus miembros, sino también por su característica de matrimonio contraído entre un hombre y una mujer a quien Gerson afirmaba que se le había concedido el privilegio singular de la santificación en el seno materno, es decir, de nacer sin pecado original”. Recordemos que aún no se había definido el dogma de la Inmaculada Concepción, pero ya Gerson sostiene la altísima conveniencia de que San José haya nacido sin pecado original, pues él fue “predestinado a ser no solo el Precursor del Hijo de Dios, como San Juan Bautista, del cual conocemos con certeza su santificación en el seno materno, pero también el Padre Putativo, por ser esposo castísimo de la siempre Virgen María”, expresa Scrosati.

Entretanto, la filósofa italiana quiere ir “un paso más adelante” que el propio Gerson, y recuerda que Juan Pablo II en Redemptoris Custos (n. 7) dice que “he aquí que en el umbral del Nuevo Testamento, como ya al comienzo del Antiguo, hay una pareja. Pero, mientras la de Adán y Eva había sido fuente del mal que ha inundado al mundo, la de José y María constituye el vértice, por medio del cual la santidad se esparce por toda la tierra. El Salvador ha iniciado la obra de la salvación con esta unión virginal y santa, en la que se manifiesta su omnipotente voluntad de purificar y santificar la familia, santuario de amor y cuna de la vida”. Es decir, si Cristo era el nuevo Adán, y la Virgen la nueva Eva, también al inicio del Nuevo Testamento hubo una nueva pareja, con carácter típicamente esponsal, la de María y José. Luisella Scrosati, desarrollará estas ideas:

El texto es notable, dice la filósofa italiana, porque retoma la gran idea teológica de la ‘recapitulación’ de san Ireneo de Lyon, pero esta vez intercalando el matrimonio de María y José. Recordemos que la recapitulación considera la redención de los hombres como una renovación del orden antiguo, desfigurado por el pecado. Y por tanto el primer Adán es recapitulado/renovado en el nuevo, Jesucristo, como la primera Eva lo es en la segunda, María Santísima, constituyendo así una nueva pareja (Jesús-María) que renueva y reemplaza a la antigua (Adán-Eva). La inclusión del matrimonio esponsal María-José llena, podríamos decir, un vacío en el paralelo [ndr. el paralelo de la recapitulación], porque la relación entre Jesús y María fue místicamente esponsal, pero en sus relaciones humanas fue la de madre e hijo. Era, pues, oportuno que una pareja verdaderamente nupcial a nivel humano inaugurara los nuevos tiempos, recapitulando y superando a la pareja antigua, que marcó el comienzo de los tiempos antiguos. El matrimonio de María y José inaugura una ‘nueva creación’: Dios conduce una vez más al hombre la nueva Eva (cf. Genesis 2, 22), pero esta vez en una relación no sólo libre de toda concupiscencia, sino elevada a la virginidad perpetua que sella y garantiza la intervención directa de Dios tanto en la concepción como en la persona que nacerá”.

Es claro que “el matrimonio de María y José significa así la unión de Cristo y la Iglesia más que cualquier otro matrimonio de la Nueva Alianza”, pero no solo “se convierte en el arquetipo tanto del matrimonio cuanto de la virginidad y el celibato consagrados. La falta de consumación no quita en absoluto la completa donación mutua de los esposos, que llegan a ser verdaderamente dueños del cuerpo del cónyuge, sino la salvaguarda de su integridad en el servicio de Dios; su unión mantiene así la nota de la custodia de la virginidad, característica de la relación entre Cristo y la Iglesia, sin sacrificar la verdadera fecundidad, que Dios concede de manera misteriosa, superior a la concebida en la creación. Por tanto, es en este matrimonio donde Dios puso los orígenes de la vida cristiana, expresada tanto en la forma de vida matrimonial como en la de virginidad para el Reino de los Cielos. En verdad, ‘¡grande es este misterio!’”. Por tanto, la relación de María y José, al mismo tiempo que casta, es fecunda, como debe ser la del célibe consagrado con la comunidad a la que sirve.

En estos tiempos, de “crisis radical tanto del matrimonio como de la vida consagrada, podría ser una gran gracia reintroducir esta fiesta en el calendario litúrgico”, gracia para la Iglesia Universal, concluye Scrosati.

 

18 de enero de 2026

¿En qué sentido Nuestra Señora es la Nueva Eva?


Traducido y adaptado del sitio Relevant Radio

En el programa Father Simon Says, Tom, de Monterrey, llamó con una gran pregunta:

Si María es la Nueva Eva, ¿cómo explicamos que Jesús llamara "mujer" a María Magdalena en el jardín?

El padre Simon explicó que cuando Jesús dice "mujer", no es un término despectivo como podríamos pensar en español; es más bien como "mi señora" o "madame" en un sentido real y respetuoso. Era común que se dirigieran así a las mujeres respetadas, especialmente a las nobles o de la realeza.

El padre Simon respondió con una importante reflexión: Nuestra Santísima Madre no fue la primera persona en ser concebida sin pecado original. Adán y Eva también lo fueron, pero lo rechazaron. María, por el contrario, abrazó su Inmaculada Concepción y cumplió el papel que Eva debía desempeñar: la verdadera madre de todos los vivientes... en Cristo. 

Con su calidez y su ingenio habituales, y con una mención especial al "gran museo de los peces" de Monterrey, el padre Simón nos recordó cómo el "sí" de María revirtió el "no" del Edén... y lo que eso significa para nosotros hoy en día.

21 - mayo - 2025

4 de enero de 2026

¿Quieres adorar al Niño Dios? Descansa en el vientre de Nuestra Señora

 

Del sitio Píldoras de Fe:

Recientemente, me encontré anhelando sostener al Niño Dios mientras contemplaba este tiempo de Navidad/Adviento, pero para mantener la disciplina y tradición decidí esperar hasta la Noche Buena para desenvolver este grandioso regalo. Y al hacer esto, inmediatamente me encontré volteando hacia María y poniendo mi mano sobre su vientre, abriéndome para conectar con el Niño Dios ahí dentro.

Desde entonces, me encuentro uniéndome a Jesús en el vientre de María, primero desde afuera, pero luego, mientras paso tiempo con Jesús en adoración, me encuentro imaginándome que la capilla en donde estoy es el vientre de María, y empiezo a pasar más tiempo en el vientre con Jesús, abriéndome a mantenerme quieta ante Su Presencia, reposando en el amor de la Madre y del Padre Perfecto (María y nuestro Padre Celestial), tal como Jesús lo hizo… absorbiendo las verdades de mi propia dignidad e identidad como un hijo de Dios.

Y es que por esto fue que vino Jesús, para abrirnos las puertas del Cielo e invitarnos a regresar en comunión con nuestro Padre Celestial. Por Su Sangre hemos sido redimidos y recibimos de regreso nuestra dignidad e identidad, mismas que teníamos antes de la caída, siempre que hayamos elegido recibirlas.

Mi oración en este tiempo de Navidad/Adviento es que todos tengamos la gracias de reposar junto con el Niño Dios, para convertirnos en uno junto a Él, abriéndonos a la maravilla que fuimos hechos, la verdad sobre quién fuimos creados para ser.

Que entremos en la profunda gracia del tiempo de Navidad/Adviento; que lleguemos a conocer el amor de Dios, el amor de María, de una manera profunda e íntima. Nuestro Dios anhela unirse a nosotros como Sus Hijos. Quiere que descansemos en el vientre de Su Amor por nosotros, como Jesús lo hizo a través de su vida terrenal; que conozcamos el infinito e incondicional amor y aceptación de nuestro perfecto Padre Celestial.

Quiere que descansemos también en el vientre del amor de María por nosotros como Jesús lo hizo en su vida terrenal; que conozcamos el amor de la perfecta Madre a como Él lo hizo; que podamos experimentar el amor y la aceptación incondicional del Padre Celestial por nosotros a través del Corazón Maternal de María.

Las heridas de un padre y de una madre son las heridas más profundas que se pueden tener, porque nuestras madres y nuestros padres son los primeros en reflejar y atraernos al amor de Dios.

Su último propósito al amarnos es inclinarnos hacia la receptividad del Amor de nuestro Padre Celestial y nuestra Madre; que conozcamos el amor perfecto, incondicional de Dios y su aceptación.

Pero nuestros padres se quedan cortos en la vida en diversos aspectos debido a sus propias heridas, transmitidas de sus propios padres, y así todo el camino de regreso hasta Adán y Eva. Y así, podemos permanecer pobres de corazón, sin darnos cuenta de cuán profunda, incondicional e infinitamente somos amados.

Que este tiempo de Navidad/Adviento sea un tiempo para que todos nosotros vayamos a la fuente de la cual todo amor y verdad fluye, al unirnos con el Niño Dios, abriéndonos a recibir y reclamar nuestra verdadera dignidad e identidad como "hijos de Dios".

Mientras compartí con Sor Mary Clare mi reflexión de entrar en el vientre de María con Jesús, se sintió atraída a entrar también y después quiso compartir un poco de su experiencia:

Medité en el absoluto silencio de toda la Creación mientras esperaba el "" de María cuando el ángel Gabriel le anunció que Ella concebiría y llevaría un Hijo y Su nombre sería Jesús. Cuando María dio su "", ¡entró luz en su vientre y en este mundo! Mientras reflexionaba sobre entrar al vientre de María, vi una luz brillante y me di cuenta de que estaba con Jesús, ¡Luz del Mundo! Luego fui invitada por María a formarme tal a como ella estaba formando a Jesús en su vientre. En Su vientre estaba el Amor personificado, el gozo y la paz. ¡Me encontré descansando en este Amor, Gozo y Paz! También me di cuenta de que Jesús y María me estaban pidiendo, de hecho a todos nosotros, reparar la oscuridad en los vientres de algunas madres, causada por el pecado del aborto. Muchas madres dicen "No" a la vida en sus vientres, y sus vientres se convierten en lugares de oscuridad, faltos de amor, paz y gozo

Traducción y adaptación:
 María Mercedes Vanegas
 Nicaragüense viviendo en Alemania
soltera, ingeniera y misionera

8 de diciembre de 2025

Preservada del pecado desde el instante de su concepción


 Traducido del sitio Nomidis:

Desde tiempos inmemoriales, las Iglesias orientales celebran la pureza original de María con la fiesta de la "Concepción de la Santa Madre de Dios" o, más exactamente, la fiesta de la concepción de María en el seno de Santa Ana

Los latinos la adoptaron progresivamente a partir del siglo X, pero San Bernardo, San Buenaventura y Santo Tomás de Aquino seguían siendo reacios a aceptar esta "Inmaculada Concepción". San Juan Duns Escoto fue el primero en hacerla triunfar y en imponerse en la Sorbona de París

Los Papas intervinieron muchas veces a lo largo de los siglos para acallar esta disputa, hasta que Pío IX la definió como dogma de fe en 1854: "Desde el primer momento de su concepción, por gracia y privilegio únicos de Dios Todopoderoso, la Santísima Virgen María fue preservada del pecado original"

Al igual que el primer día de la Creación, cuando Adán y Eva salieron de las manos del Creador, la madre de su Hijo estaba allí, una minúscula célula humana con un alma toda santa. Así, Ella "se convirtió en la gloria de nuestra naturaleza pecadora".

7 de diciembre de 2025

En el "si" de Nuestra Señora lo humano y lo divino se encuentran

 

Del sitio Misioneros Digitales Católicos:

Este 8 de diciembre, (2024), solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, II Domingo de Adviento, en sus palabras previas a la oración del ángelus, el Santo Padre invitó a que imitemos a María Inmaculada porque, “en ella no hay nada que ofrezca resistencia a su voluntad, nada que se oponga a la verdad y a la caridad”.

Mientras se acerca la apertura de la Puerta Santa del Jubileo, abramos las puertas del corazón y de la mente al Señor, Él nació de María Inmaculada e imploremos la intercesión de María”, lo dijo el Papa Francisco en su alocución previa a la oración mariana del ángelus de este II Domingo de Adviento, solemnidad de la Inmaculada Concepción de María y después de haber celebrado la Santa Misa con los nuevos Cardenales en la Basílica de San Pedro.

Al comentar el Evangelio que la liturgia propone para la solemnidad de la Inmaculada Concepción, el Santo Padre indicó que, este texto bíblico nos relata uno de los momentos más importantes en la historia de la humanidad: la Anunciación, cuando el “” de María al Arcángel Gabriel permitió la Encarnación del Hijo de Dios.

“Es una escena que suscita la mayor maravilla y emoción porque Dios, el Altísimo, el Omnipotente, por medio del Ángel dialoga con una joven de Nazaret, pidiéndole que colabore en su plan de salvación”.

Asimismo, el Pontífice señaló que, como en la escena de la creación de Adán pintado por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, donde el dedo del Padre celestial roza el dedo del hombre; así también aquí, lo humano y lo divino se encuentran, al inicio de nuestra Redención, en el instante bendito en el que la Virgen María pronuncia su “”.

“Una mujer de un pequeño pueblo de periferia es llamada para siempre al centro de la historia: de su respuesta depende el destino de la humanidad, que puede volver a sonreír y a esperar, porque su destino ha sido puesto en buenas manos”.

Por lo tanto, indicó el Papa Francisco, la Virgen María, como la saluda el Arcángel Gabriel, es la "llena de gracia", la Inmaculada, enteramente al servicio de la Palabra de Dios, siempre con el Señor, al que se encomienda completamente.

“En Ella no hay nada que ofrezca resistencia a su voluntad, nada que se oponga a la verdad y a la caridad. He aquí su bienaventuranza, que cantarán todas las generaciones. Alegrémonos también nosotros, porque la Inmaculada nos ha dado a Jesús, nuestra salvación”.

Y en nuestro tiempo, agitado por guerras y concentrado en el esfuerzo de poseer y dominar, el Santo Padre invitó a hacernos las siguientes preguntas que nos ayudaran a profundizar en este misterio.

“¿Dónde pongo mi esperanza? ¿En la fuerza, en el dinero, en los amigos poderosos, o en la misericordia infinita de Dios? Y frente a los falsos modelos relucientes que circulan en los medios y en internet, ¿dónde busco mi felicidad? ¿Dónde está el tesoro de mi corazón? ¿Está en el hecho de que Dios me ama gratuitamente, que su amor siempre me precede y está listo para perdonarme cuando regreso arrepentido a Él? ¿O me engaño tratando de afirmar a toda costa mi yo y mi voluntad?”

Finalmente, el Papa Francisco dijo que, mientras se acerca la apertura de la Puerta Santa del Jubileo, abramos las puertas del corazón y de la mente al Señor Jesús, nacido de María Inmaculada e imploremos la intercesión de la Madre para que Él venga a habitar en nuestra vida.

1 de octubre de 2025

Nuestra Señora al pie del Monte Calvario

 


Traducido del sitio Aleteia:

La imagen de la Santísima Madre de pie en el Monte Calvario sirve tanto como invitación como recordatorio. En 2033 se cumplirán 2000 años de la crucifixión y resurrección.

Mientras la Iglesia universal se prepara para el Gran Jubileo de 2033, que marcará los 2000 años desde la crucifixión y resurrección de Cristo, la Arquidiócesis de Denver ha presentado un nuevo y poderoso icono para guiar a los fieles en la oración y la reflexión.

El martes, el arzobispo Samuel J. Aquila, junto con la artista sacra local y columnista católica de Denver Elizabeth Zelasko, presentó el nuevo icono, María al pie de la cruz, en una ceremonia sencilla pero emotiva en el Centro Pastoral Arquidiocesano.

La imagen de la Santísima Madre de pie en el Monte Calvario sirve tanto como invitación como recordatorio: caminar con María, confiar como Ella confió y abrazar el discipulado con la misma profundidad de amor.

"Durante los próximos nueve años, en nuestro camino hacia 2033, se nos recordará año tras año lo que significa para nosotros entregarnos como discípulos, tal y como se entregó María", dijo el arzobispo Aquila a André Escaleira, Jr., según se lee en Denver Catholic.

La inauguración precede a la publicación de la Nota Pastoral del arzobispo, De pie con María al pie de la cruz, que presenta formalmente una novena de nueve años que culmina con el jubileo.

Esta iniciativa, ya iniciada por su equipo de liderazgo el año pasado, anima a los fieles a recurrir a María como modelo de confianza y entrega. 

La imagen de la Santísima Madre de pie en el Monte Calvario sirve tanto de invitación como de recordatorio: caminar con María, confiar como Ella confió y abrazar el discipulado con la misma profundidad de amor.

Zelasko, la creadora del icono, le contó a Escaleira el proceso de oración que guió su trabajo. "Es una oportunidad realmente hermosa para rezar por nuestra comunidad aquí, una comunidad de la que formo parte de manera tan específica, al pie de la Cruz", dijo a Denver Catholic. "Por favor, sepan que se rezaron oraciones especiales por cada uno de ustedes individualmente mientras trabajaba en esta imagen".

Los asistentes se emocionaron visiblemente con la presencia del icono. Denver Catholic explica cómo Kateri Joda Williams, directora del Ministerio Católico Afroamericano, expresó su admiración: "¡El icono es magnífico! Estoy impresionada por su belleza. Es mucho más hermoso de lo que podría haber imaginado. ¡Estoy agradecida por un regalo tan precioso! ¡Qué bendición!".

Forest Barnette, coordinador de proyectos de la Oficina de Escuelas Católicas, reflexionó sobre el significado del icono en el mundo actual. "Parece que todo el mundo está chocando contra un muro en este momento. Este icono nos recuerda que, al igual que el momento de la muerte de Cristo parecía un momento de absoluta desesperación y pérdida, pero estaba sustentado por la esperanza, María al pie de la cruz y su Hijo Jesús están ahí, guiándonos hacia nuestra salvación", le dijo a Escaleira.

La carta pastoral del arzobispo Aquila explica el icono de la siguiente manera:

    Rico en simbolismo, el icono invita a los fieles a unirse a María en la oración. Ella aparece representada con las manos abiertas y vacías, sosteniendo el paño con el que se envolvió a Jesús al nacer. Esto recuerda el dolor de una Madre cuyos brazos una vez acunaron a su Hijo recién nacido, pero que ahora permanecen vacíos al pie de su cruz. El gesto también refleja su entrega a la voluntad de Dios, reflejando su fiat en la Anunciación.

    Dos ángeles están de pie junto a María, consolándola en su dolor, al igual que los ángeles estuvieron presentes a lo largo de su vida y del ministerio de Jesús (Lucas 1:26, Mateo 4:11, Lucas 22:43). Las estrellas de su manto son un guiño a Nuestra Señora de Guadalupe y al Apocalipsis 12:1: 'Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol... y sobre su cabeza una corona de doce estrellas'. Tradicionalmente, se colocan tres estrellas en los iconos marianos —en la cabeza y los hombros— que simbolizan su virginidad perpetua antes, durante y después del nacimiento de Cristo.

    En la esquina superior derecha, las letras griegas 'MP ΘV' significan Meter Theou, que significa 'Madre de Dios', un título confirmado por la Iglesia en el Concilio de Éfeso en el año 431 d. C. Debajo de la cruz, los huesos de Adán se representan en forma de 'XC', la abreviatura griega de Cristo. La tradición antigua sostiene que Cristo fue crucificado sobre el lugar de enterramiento de Adán, el primer hombre, estableciendo un vínculo directo entre la caída de la humanidad y su redención. Los huesos son simbólicos: uno es una costilla, que apunta a la creación de Eva y a María como la Nueva Eva; el otro es un hueso del antebrazo, que recuerda el alcance de Adán hacia el fruto prohibido, en contraste con la aceptación voluntaria de María del plan de Dios.

    Al fondo, las murallas de Jerusalén nos recuerdan que Jesús fue crucificado fuera de la ciudad (Hebreos 13:12). Arriba, un eclipse oscurece el cielo, en referencia a Lucas 23:44-45: 'Se hizo oscuridad sobre toda la tierra [...] y la luz del sol se oscureció'. El cielo oscurecido por el eclipse se funde sutilmente con el velo oscuro de María, reforzando su dolor y la gravedad del momento.

  Cada detalle del icono invita al espectador a la oración, llevándonos a reflexionar sobre la profundidad del sufrimiento de María, su fe y su papel en la historia de la salvación.

 07 - marzo - 25

17 de agosto de 2025

Juan Pablo II y la Asunción de Nuestra Señora

 


Del sitio Píldoras de Fe:

La Asunción de la Virgen María (o la Asunción de la Virgen) es una doctrina de la Iglesia Católica que enseña que después de la muerte de la madre de Jesús, ella fue resucitada, glorificada y llevada corporalmente al cielo (es decir, física y espiritualmente), para vivir con Dios Padre, con su hijo (Jesucristo), con el Espíritu Santo, los Ángeles y todos los santos del Cielo por toda la eternidad.

La palabra asunción se toma de una palabra latina que significa "tomar". La Asunción de María es enseñada tanto por la Iglesia Católica, así como por la Iglesia Ortodoxa Oriental en menor grado.

Todos los seres humanos tenemos que esperar hasta el fin de los tiempos para nuestra resurrección corporal, pero el cuerpo de María fue capaz de ir directamente al cielo porque su alma no había sido contaminada por el pecado original (Inmaculada).

A continuación una hermosa reflexión de San Juan Pablo II sobre la Asunción de la Virgen María al Cielo que no debes perderte: "Apareció un gran signo en el cielo: una Mujer vestida del sol" (Apocalipsis 12, 1).

Hemos venido en peregrinación a este signo. Es la solemnidad de la Asunción al cielo: he aquí que el signo alcanza su plenitud. Una mujer vestida del sol de la inescrutable Divinidad, el sol de la impenetrable Trinidad.

"Llena de gracia": ella está llena del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que se dan a ella como único Dios, el Dios de la creación y de la revelación, el Dios de la alianza y de la redención, el Dios del principio y del fin. El Alfa y Omega. El Dios-Verdad, el Dios-Amor, el Dios-Gracia, el Dios-Santidad.

Una mujer vestida del sol. Realizamos hoy la peregrinación a este signo. Es el signo de la Asunción al cielo, que se realiza sobre la tierra, y al mismo tiempo se eleva partiendo de la tierra.

Nadie se ha sumergido como María en el corazón del misterio de la redención. Nadie como Ella puede acercar este misterio a nosotros. Ella se encuentra en el centro mismo del misterio.

Nos encontramos, en el día de la solemnidad de la Asunción de María al cielo, cuando la Iglesia proclama la gloria de su nacimiento definitivo para el cielo. Queremos participar en esta gloria, sobre todo mediante la liturgia. Se puede decir que la liturgia nos presenta la Asunción de María al cielo bajo tres aspectos.

1. La Visitación en la casa de Zacarías.

Santa Isabel dice: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre... Dichosa la que creyó que se cumplirían las cosas que le dijeron de parte del Señor" (Lucas 1,42.45)

María creyó en las palabras que le fueron dichas de parte del Señor, y acogió al Verbo que en ella se hizo carne, y que es el fruto de sus entrañas.

La redención se ha basado en la fe de María, ha estado vinculada a su fíat en el momento de la Anunciación; ha comenzado a realizarse por el hecho de que "el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros". (Cfr. Juan 1, 14).

Durante la Visitación, María, en el umbral de la casa hospitalaria de Zacarías y de Isabel, pronuncia una frase que se refiere al comienzo del misterio de la redención. Dice: "Hizo en mí grandes cosas el que es poderoso, y santo su nombre". (Lucas 1,49).

Esta frase, tomada del contexto de la Visitación, se inserta a través de la liturgia de hoy, en el contexto de la Asunción. Todo el Magníficat, pronunciado durante la Visitación, se convierte, a través de la liturgia de hoy, en el himno de la Asunción de María al cielo.

La Virgen de Nazaret pronunció estas palabras cuando, por obra suya, el Hijo de Dios iba a nacer sobre la tierra. Con qué fuerza las pronunciaría de nuevo cuando, por obra de su Hijo, ella misma iba a nacer para el cielo.

2. Segundo aspecto de la Asunción.

Se nos presenta en las palabras del Apóstol san Pablo tomadas de su primera carta a los Corintios. La Asunción de la Madre de Cristo al cielo forma parte de la victoria sobre la muerte, de esa victoria cuyo comienzo se encuentra en la resurrección de Cristo: "Cristo ha resucitado, primicia de todos los que han muerto". (1 Co 15, 20).

La muerte es la herencia del hombre después del pecado original: "Por Adán murieron todos". (1 Co 15, 22). La redención realizada por Cristo ha destruido esta herencia: "Por Cristo todos volverán a la vida; pero cada uno en su puesto: primero Cristo como primicia; después, cuando él vuelva, todos los de Cristo". (1 Co 15, 22-23).

¿Y quién pertenece más a Cristo que su Madre? ¿Quién ha sido más que ella rescatado por él? ¿Quién ha cooperado como ella a la propia redención, de forma más íntima, mediante su fíat en la Anunciación y su fíat al pie de la cruz?

Así pues, la victoria sobre la muerte experimentada por la Madre del Redentor, es decir, su Asunción al cielo, encuentra su fuente en el corazón mismo de la redención realizada con la cruz en el Calvario, en la potencia misma de la redención revelada en la resurrección (...).

3. Tercer aspecto de la Asunción

Aparece en las palabras del Salmo responsorial (...): toda radiante de gloria entra la hija del Rey; su vestido está tejido de oro; entra para ocupar su puesto al lado del trono del Rey: "¡Tu trono subsiste por siempre jamás! ¡Cetro de rectitud es tu cetro real!". (Salmo 45/44,7)

María, la Madre del Redentor, es la primera en participar de este reino de gloria y de unión con Dios en la eternidad. Su nacimiento para el cielo es el comienzo definitivo de la gloria que los hijos y las hijas de esta tierra alcanzarán en Dios mismo en virtud de la redención de Cristo (...)

María es la primera de los redimidos. Y en ella también ha comenzado ya la transformación de la historia del cosmos en el reino de Dios. Esto es lo que expresa el misterio de la Asunción al cielo: el nacimiento para el cielo con su alma y su cuerpo (...)

¡Hermosa Señora! ¡Mujer vestida del sol! Ayúdanos a penetrar en tu misterio:

El misterio de la Virgen Madre, el misterio de la Reina Esclava, el misterio de tu omnipotencia suplicante. Ayúdanos a descubrir cada vez más plenamente en tu misterio a Cristo, Redentor del mundo, Redentor del hombre.

Tú que estás vestida del sol, el sol de la inescrutable Divinidad, el sol de la impenetrable Trinidad. "Llena de gracia" hasta el vértice de la Asunción al cielo. Y al mismo tiempo, para nosotros que vivimos en esta tierra, para nosotros, pobres hijos de Eva, en el destierro, estás vestida del sol de Cristo (...), del sol de la Redención del hombre y del mundo, realizada mediante la cruz y la resurrección de tu Hijo.

Haz que este sol resplandezca sin cesar para nosotros en la tierra. Haz que no se oscurezca nunca en el alma de los hombres. Haz que ilumine los caminos terrenos de la Iglesia, de la que tú eres la primera figura. Y que la Iglesia, fijando su mirada en ti, Madre del Redentor, aprenda continuamente ella misma a ser madre (...).

1 de enero de 2025

Nuestra Señora, en todo sentido la Madre de Dios

Adaptado de Reflexiones extraídas del "Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción comentado" de Monseñor João Clá Dias:

En el primer día del año nuevo, el calendario de los santos se abre con la fiesta de María Santísima, en el misterio de su maternidad divina.

Elección acertada, porque de hecho Ella es "la Virgen madre, Hija de su Hijo, humilde y más sublime que toda criatura, objeto fijado por un eterno designio de amor". Ella tiene el derecho de llamarlo "Hijo", y Él, Dios omnipotente, la llama, con toda verdad, ¡Madre!

Fue la primera fiesta mariana que apareció en la Iglesia occidental.

Substituyó la costumbre pagana de las dádivas y comenzó a ser celebrada en Roma, en el siglo IV. Antes de 1931 se conmemoraba el día 11 de octubre, pero con la última revisión del calendario religioso pasó a la fecha actual, la misma donde antes se conmemoraba la circuncisión de Jesús, ocho días después de haber nacido.

En un cierto sentido, todo el año litúrgico sigue las huellas de esta maternidad, comenzando por la solemnidad de la Anunciación, nueve meses antes de la Natividad.

María concibió por obra del Espíritu Santo. Como todas las madres, trajo en el propio seno a aquel que solo ella sabía que se trataba del Hijo unigénito de Dios, que nació en la noche de Belén.

Ella asumió para sí la misión confiada por Dios. Sabiendo, por conocer las profecías, que tendría también su propio calvario, como madre de aquel que sería sacrificado en nombre de la salvación de la Humanidad. Dios que se hizo carne por medio de María.

Ella es el punto de unión entre el Cielo y la Tierra. Contribuyó para la obtención de la plenitud de los tiempos. Sin María, el Evangelio sería apenas ideología, solamente "racionalismo espiritualista", como registran algunos autores.

El propio Jesús a través del apóstol San Lucas (6,43) nos aclara: "Un árbol bueno no da frutos malos, un árbol malo no da buen fruto". Por tanto, por el fruto se conoce el árbol.

Santa Isabel, cuando recibió la visita de María ya cubierta por el Espíritu Santo, exclamó: "Bendita eres tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre." (Lc 1,42).

El fruto del vientre de María es el Hijo de Dios Altísimo, Jesucristo, nuestro Dios y Señor. Quien acepta a Jesús, fruto de María, acepta el árbol que es María. María es de Jesús y Jesús es de María. O se acepta a Jesús y María o se rechaza a ambos.

Por tomar esta verdad como dogma es que la Iglesia reverencia, en el primer día del año, a la Madre de Jesús.

Que la contemplación de este misterio ejerza en nosotros la confianza inamovible en la Misericordia de Dios, para llevarnos al camino recto, con la certeza de su auxilio, para abandonar los apegos y vanidades del mundo, y asimilar la vida de Jesucristo, que nos conduce a la Vida Eterna.

Así, con esos propósitos entreguemos el nuevo año a la protección de María Santísima que, cuando se tornó Madre de Dios, se hizo también nuestra Madre, se incumbió de formar en nosotros la imagen de su Divino Hijo, desde que no opongamos de nuestra parte obstáculos a su acción maternal.

La conmemoración de María, en este día 1º de enero, se suma al Día Universal de la Paz. Nadie más podría encarnar los ideales de paz, amor y solidaridad que ella, que fue el terreno donde Dios fecundó su amor por los hijos y de cuyo vientre nació aquel que personificó la unión entre los hombres y el amor al prójimo, Nuestro Señor Jesucristo.

Celebrar a María es celebrar a nuestro Salvador.

Día de la Paz, día de nuestra Madre, María Santísima.

¡En los tiempos sufridos en que vivimos, un día de reflexión y esperanza!

Todos los títulos y grandezas de María dependen del hecho colosal de su maternidad divina. María es inmaculada, llena de gracia, co-redentora de la humanidad, Reina de los Cielos y de la Tierra y Medianera universal de todas las gracias, etc., porque es la Madre de Dios.

La maternidad divina la coloca a tal altura, tan encima de todas las criaturas que Santo Tomás de Aquino, tan sobrio y discreto en sus apreciaciones, no duda en calificar su dignidad como siendo de cierto modo infinita.

Y su gran comentarista, el Cardenal Cayetano, dice que María, por su maternidad divina, alcanza los límites de la divinidad. Entre todas las criaturas, es María, sin duda alguna, la que tiene mayor afinidad con Dios.

Así, en el decir de otro eminente mariólogo "el dogma más importante de la Virgen María es su maternidad divina". Es el primer pilar sobre el cual se levanta el edificio de la grandeza mariana.

Es este un hecho que excede de tal modo la fuerza cognoscitiva del hombre que debe ser enumerado entre los mayores misterios de nuestra fe. Que una humilde mujer, descendiente de Adán como nosotros, se torne Madre de Dios, es un misterio tan sublime de elevación del hombre y de condescendencia divina, que deja atónita cualquier inteligencia, angélica o humana, en los siglos y la eternidad.

La Sagrada Escritura nos dice explícitamente que la Virgen Santísima es verdadera Madre de Jesús (Mt, II, 1; Lc. II, 37-48; Jo. II, 1; At. I, 14). Con efecto, Jesús nos es presentado como concebido por la Virgen (Lc. I, 31) y nacido de la Virgen (Lc. II, 7-12).

Pero, Jesús es verdadero Dios, como resulta de su propio y explícito testimonio, por la fe apostólica de la Iglesia, por el testimonio de San Juan, etc. Para poder negar su divinidad, no hay otro camino sino rasgar todas las páginas del Nuevo Testamento.

Ahora, si María es verdadera Madre de Jesús y Jesús es verdadero Dios, se sigue necesariamente que María es verdadera Madre de Dios.

San Pablo enseña explícitamente que, "llegada la plenitud de los tiempos, Dios mandó su Hijo, hecho de una mujer" (Gal. IV, 4). Por estas palabras, se manifiesta claramente que Aquel que fue engendrado ab aeterno por el Padre es el mismo que fue, después, engendrado en el tiempo por la Madre; pero Aquel que fue engendrado ab aeterno por el Padre es Dios, el Verbo.

Por tanto, también el que fue engendrado en el tiempo por la Madre es Dios, el Verbo.

Todavía más clara y explícita, en su vigor sintético, es la expresión de Santa Isabel. Respondiendo al saludo que María le dirigiera.

Santa Isabel, inspirada por el Espíritu Santo, dijo, llena de admiración: "¿Y cómo me es dado que la Madre de mi Señor venga a mí?" (Lc I, 43). La expresión "mi Señor", es, evidentemente, sinónimo de Dios, pues que, en seguida, Isabel agrega: "Se cumplirán en ti todas las cosas que te fueron dichas de parte del Señor", o sea, de parte de Dios. Isabel, por tanto, inspirada por el Espíritu Santo, proclamó explícitamente que María es verdadera Madre de Dios.

22 de diciembre de 2024

Nuestra Señora velará por la iglesia y la integridad de la fe

Del sitio Gaudium Press:

La Santísima Virgen es, en el más alto sentido del término, la Corredentora de los pecadores. Aunque su cooperación en la Pasión de Cristo no fuera per se necesaria, lo fue por voluntad del Padre de las Luces, que en sus divinos arcanos determinó darle al Nuevo Adán una compañera fiel, en contraposición a la primera mujer prevaricadora que arrastró a Adán al abismo del pecado. Por esta razón, los más antiguos Padres de la Iglesia designan a María como la Nueva Eva, toda santa, inmaculada y obediente. Su cooperación reparó de la forma más bella la falta de la primitiva pareja, culpable de rebeldía y causante de las desgracias de la humanidad.

San Juan, en su Evangelio (cf. Juan 19, 25-27), insiste en subrayar el papel compasivo de la Virgen Madre a la sombra de la cruz. Permaneció en pie presenciando el sacrificio del Cordero de Dios y, con espíritu sacerdotal, lo ofreció al Padre celestial haciendo un acto de suprema sumisión. Los atroces dolores del Hijo fueron compartidos por la Madre, que junto a Él se inmolaba con ardiente deseo de arrancar de las inmundas garras de Satanás a las almas atadas por el pecado y esclavizadas por la muerte.

En consecuencia, los Corazones sufrientes de Jesús y de María, unidos y como unificados por los mismos padecimientos y por idéntica caridad, debían experimentar al unísono las consolaciones de la Resurrección. Por eso, numerosos santos afirman que la Virgen fue la primera en encontrarse con el Señor aquella madrugada cargada de bendiciones de la verdadera Pascua.

Sin embargo, nuestra piedad filial nos lleva más allá. Por el estrecho vínculo sobrenatural existente entre ambos y por el don de la permanencia de las especies eucarísticas, ciertamente María Santísima siguió paso a paso, en su interior, todos los episodios de la Pasión de su Hijo, así como la Resurrección. Después debió haber recibido la visita de Jesús pleno de vida y de regocijo, siendo entonces su espíritu maternal colmado de las más sublimes alegrías.

Nuestra Señora siempre fue un mar de recogimiento profundo, trasparente y virginal. Ella guardaba y confería en su corazón cada gesto y cada palabra de su divino Hijo, con una sed infinita de comprender y de amar el significado de los más variados matices que sobre Él iban siendo revelados. De este modo, su espíritu se volvió perseverante, fuerte, resistente. Ella permaneció de pie junto a la cruz, acompañada únicamente por las Santas Mujeres y San Juan, que por Ella nutría un filial cariño. Los demás discípulos se mantuvieron distantes y medrosos.

Sólo María pudo con toda propiedad sufrir con el Cordero Inmaculado y unirse a Él en el sacrificio que hacía de sí mismo. La Virgen fue, de alguna manera, víctima con la suprema Víctima y sacerdote con el divino Sacerdote. No es un sacerdocio sacramental, como el de los obispos y presbíteros, sino una participación directa en el propio sacerdocio de Jesús, sumo pontífice de la nueva y eterna alianza, quien, en este caso particularísimo, le daba la prerrogativa de, al consentir en cada paso de la Pasión de su Hijo, fuera Ella misma en cierto modo la que lo ofrecía al Padre. Nuestra Señora se convirtió, por tanto, en Corredentora con el Redentor, gloria quizá superada solamente por la maternidad divina.

Y si ardua fue la lucha, altísimo fue el premio e indecible la alegría. Contemplando este gozo mariano que se encendió en el preciso momento en el que el Señor de la gloria retomaba su cuerpo, podemos elevarnos a la felicidad sin límites que inundó para siempre el Corazón Sacratísimo de Jesús en el domingo más hermoso de la historia.

A la vista de este Evangelio y de la discreta referencia a la fe de la Santísima Virgen que se descubre en sus entrelíneas, surge una cuestión de capital importancia con respecto al futuro de la Iglesia.

Si el papel de María, Madre de Dios y nuestra, fue crucial con ocasión de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, en el sentido de manifestar con un esplendor único la virtud de la esperanza, tan ofuscada en el espíritu de los discípulos, ¿cuál será su misión en la actual coyuntura, en que la verdad revelada es olvidada, ridiculizada e incluso pisoteada por lobos disfrazados de pastores?

Además, si Jesús quiso que el don precioso de la fe fuera conservado por su Madre cuando todos vacilaban, ¿no le habrá consagrado a Ella la tarea de velar con maternal solicitud por la integridad de la fe de los "Apóstoles de los últimos tiempos", anunciados por profetas de la talla de San Luis María Grignion de Montfort? ¿Y cómo será esta virtud en hombres y mujeres llamados a esperar contra toda esperanza? En vista de las consideraciones hechas anteriormente, se puede presagiar una fe toda marial y, por tanto, una fe audaz, invencible y gloriosa; una fe ardiente, que incendiará el mundo y renovará la faz de la tierra, inundándola de exultación.

De esta fe nacerá una Iglesia marial, capaz de atraer irresistiblemente a las almas que se conviertan ante las manifestaciones imponentes de la misericordia y de la justicia de Dios; una Iglesia que, como Nuestra Señora, será guerrera indomable y, con la fuerza que le vendrá del Espíritu Santo, expulsará hacia los antros infernales a Satanás y sus secuaces; una Iglesia radiante de santa alegría, animada de entusiasmo divino, que con la sonrisa de la Virgen Madre iluminará de forma irresistible el universo entero.

Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP.
Extraído, con adaptaciones,  Revista Heraldos del Evangelio  nª. 237
abril 2023

17 de diciembre de 2024

Nuestra Señora de Altenmarkter

 

Del sitio Wikipedia:

La Madona de Altenmarkt (en alemán: Altenmarkter Madonna) es una imagen de la Virgen con el Niño venerada en la Iglesia de la Natividad de Nuestra Señora, en Altenmarkt im Pongau, Salzburgo (Austria).

Se conoce que la imagen fue creada por un escultor anónimo en 1393 y que fue probablemente importada de Praga. El 14 de agosto del mismo año, el nuncio papal Ubaldinus da Torres redactó una carta de indulgencia en el Vyšehrad declarando que todos aquellos que rezasen frente a la milagrosa imagen de la Madona recibirían una indulgencia.

La estatua estuvo durante mucho tiempo situada en el coro, siendo traslada en 1638 a un altar lateral, obra del escultor Hans Pernegger.

La escultura, de 88 centímetros de altura y realizada en piedra caliza pulida, se encuadra en el estilo de las bellas Madonas, una corriente artística surgida en torno a 1400. El Niño Jesús aparece desnudo y sosteniendo con la mano izquierda una manzana, representación del fruto prohibido que probaron Adán y Eva cuando cometieron el pecado original, mientras que con la mano derecha agarra el dobladillo del manto de la Virgen, quien figura en contrapposto, característica presente en todas las bellas Madonas.

La Madona de Altenmarkt es sacada en procesión el 15 de agosto, día de la Asunción.

15 de septiembre de 2024

Las espadas de la Reina. Sobre los dolores de la Virgen


 Del sitio Gaudium Press:

Hoy se celebra a Nuestra Madre como Nuestra Señora de los Dolores.

Siete espadas ¡Oh Reina!
se ciernen en tu Corazón Inmaculado
 laminas para el sacrificio supremo,
que con esmero el Padre ha preparado.
 Desde la eternidad, en su amor infinito,
mayores insignias no ha encontrado.
 
En previsión del momento álgido,  
 tantas cristalinas lágrimas han surcado,
tu purísimo y maternal rostro, 
 que no queda ya más que diamante y oro, 
 para derramar a los pies del Crucificado.
 
 Pero en cuanto no llega el rojo final
 en tu lívida faz se ha clavado, 
 para consolar el Señor de los tormentos, 
 una sonrisa serena, fortaleciendo así el amado.
 
Ese amor sin límites, cuyo dolor ha velado,
en apacible y celestial mirada transparente.
 ¡Ay! No puede ocultar al Hijo que bien conoce,
 el corazón que agoniza, por divino y frío acero…
 traspasado.
 
Para mayor gloria darte, así lo ha querido, 
 quien de ningún dolor se ha privado,
 y en su espíritu, el mayor ha consumado:
 Saber que su madre adorada vive y muere, 
 en cada golpe, humillación, pecado, 
 con que Él es victimizado.
Bien convenía para redimir la humanidad,
 que junto al nuevo Adán, nueva Eva estuviera,
 y teniendo los dos un único corazón, 
 ¡Generosidad ilimitada! 
 Toda su sangre vertieran.
 
En el Gólgota cual espada de marfil se yergue,
 junto a la Cruz de pie está la Reina
 recogiendo rubíes, regando diamantes, 
 siendo antorcha de la fe, el mundo sustenta, 
 unida a Dios en la mortal refriega.
 
Aunque si bien eres madre ¡Oh Virgen!, 
 también eres Señora de la guerra. 
 Blanca espada en que se inscribe un Fiat, 
 Inmaculada luz que derrota las tinieblas, 
 ¡Triunfas para siempre María! 
 Y con cuanta gloria en tu pecho llevas 
 Siete espadas ¡Oh Reina!

Por J.V. Irwing

12 de septiembre de 2024

El Dulce Nombre de Nuestra Señora

Del sitio Gaudium Press:

Para el hombre contemporáneo, que carece de la noción simbólica de las cosas, dar o recibir un nombre no es más que una convención social, sin ninguna conexión más profunda con la persona a la que se da el nombre.

El concepto de los antiguos judíos, el pueblo al que se confió la Revelación, era muy diferente. En las primeras páginas de la Sagrada Escritura leemos que, tras formar de la tierra a las bestias del campo y a las aves del cielo, Dios las condujo hasta Adán para que recibieran de él un nombre. Y el autor sagrado concluye: "El nombre que el hombre dio a los seres vivientes, ése es su verdadero nombre" (Gn 2,19). Esto indicaba que el nombre dado por nuestro primer padre expresaba el atributo predominante de aquel ser, como reflejo de una perfección divina, según la cual se ordenaban los demás. Por tanto, constituía su definición ontológica.

De hecho, el pueblo de la Alianza consideraba que el nombre de una persona tenía un significado trascendente, sobre todo si era inspirado por Dios. Al profetizar la personalidad y la dignidad del Mesías, Isaías dijo que se llamaría Emanuel, que significa Dios con nosotros (cf. Is 7,14; 9,6). A su vez, cuando anunció a Zacarías que Isabel concebiría y daría a luz un hijo, san Gabriel reveló su misión y su nombre: Juan, que significa Yahvé es propicio (cf. Lc 1,13-17).

Del mismo modo, el nombre de la Madre de Dios también fue objeto de una revelación. El Arcángel Gabriel se lo dio a San Joaquín en la misma ocasión en que le dijo en sueños que su esposa concebiría, a pesar de su avanzada edad.

Así pues, el nombre es el símbolo de una realidad psicológica, moral y espiritual más profunda contenida en la persona. Por eso, el nombre de Nuestra Señora, como el santísimo Nombre de Jesús, debe considerarse símbolo de la virtud excelsa, de la misión, en definitiva, de todo lo que la Santísima Virgen es en verdad. El nombre de María es la afirmación de su gloria y de sus predicados interiores.

¿Hubo una circunstancia especial o un acto específico en el que la Niña recibió formalmente su santísimo nombre? ¿O, por el contrario, la costumbre de llamarla María se introdujo orgánica y casi imperceptiblemente, como resultado de una comunicación angélica?

La Ley mosaica era muy explícita sobre el procedimiento que debía seguirse con los varones recién nacidos, que debían ser circuncidados al octavo día (cf. Lv 12,3).

Como la circuncisión marcaba su incorporación oficial al pueblo elegido, en la época talmúdica se estableció la costumbre de que el niño recibiera su nombre en esta ceremonia, que normalmente le daba su padre. En cuanto a las niñas, sin embargo, nada había sido determinado por Moisés, ni siquiera por la tradición hebrea, lo que provocaba una gran variación en cuanto al momento de darles nombre. Por esta razón, el autor cree que los padres de Nuestra Señora comenzaron a llamarla María muy naturalmente poco después de su nacimiento.

Desde la época patrística, el santísimo nombre de María ha fascinado a los cristianos. Muchas de las especulaciones sobre su significado y etimología han dado lugar a títulos de alabanza, como Señora, Estrella del Mar, Amadísima, entre otros.

Algunos incluso han visto en este nombre una referencia a María, hermana de Moisés y Aarón (cf. Ex 15,20), elegida por Dios para cooperar con el profeta en la liberación del pueblo elegido de la esclavitud de Egipto, prefigura del Alma Socia Redemptoris, el Redentor, no sólo de los israelitas, sino de todo el género humano.

¿Qué significa, pues, glorificar el nombre de María? ¿Qué excelencias expresa? Si el nombre de Jesús manifiesta su gloria y su misión salvadora, puede decirse que el nombre de María expresa todas las perfecciones divinas, ya que "Dios Padre reunió todas las aguas y las llamó mar; reunió todas las gracias y las llamó María".

Consciente del poder inherente a los nombres de Jesús y de María, y de las abundantes bendiciones que brotan de su simple invocación, la Santa Iglesia ha consagrado a lo largo de los siglos fiestas litúrgicas y actos de piedad para alabarlos. El mismo saludo "¡Ave María!", tan extendido hoy en amplios sectores de la opinión pública católica, parece expresar el deseo de que el nombre de María esté siempre presente en las relaciones humanas, como símbolo y expresión de la realidad misteriosa, inefable y sacratísima que existe en ellas.

Al conmemorar este nombre, celebramos la gloria que Nuestra Señora tuvo, tiene y tendrá en el universo, y también la que posee en el Cielo. Ella es la Reina de todos los Ángeles y de todos los Santos, colocada en forma inconmensurable por encima de todas las criaturas, de modo que, en el orden creado, es el cono hacia el que todo converge, siendo nuestra Mediadora con Dios nuestro Señor.

En la tierra, sin embargo, la Virgen también debe ser glorificada. Sería normal que la Virgen María fuera venerada en la tierra y que su santísimo nombre fuera glorificado de un modo inexpresable.

Es simplemente una continua ocasión de dolor e indignación ver que la Santísima Virgen no es glorificada tanto como debiera a causa de los vicios, crímenes y maldades de los hombres.

Deberíamos ser tan celosos de la gloria de Nuestra Señora como niños en casa de su madre. Imaginad si alguno de nosotros podría sentirse bien cuando ve que se le niegan los honores y la atención a los que tiene derecho. Entonces, ¿cómo podemos ser felices en la tierra cuando se nos niegan los honores y atenciones a los que Ella tiene derecho?

Pidamos a la Virgen, tan vilipendiada por los hombres de nuestro tiempo, que acepte nuestra reparación por las muchas ofensas que continuamente recibe. Y que su santísimo nombre sea glorificado cuanto antes.

Libro ¡María Santísima! El Paraíso de Dios revelado a los hombres. Parte II
Monseñor João Scognamiglio Clá Dias
Plinio Corrêa de Oliveira
Extracto de una conferencia del 12 de septiembre de 1964.