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18 de mayo de 2025

Ama a Jesús como amó a Nuestra Señora. Ama a Nuestra Señora como la amó Jesús

 

Del sitio María de Nazareth:

Mi dulce Madre, te doy mi inteligencia para que estudie tu grandeza; mi memoria para que no olvide tus beneficios; mis pensamientos para que todos sean tuyos; mi corazón para que te ame siempre. (…)

Sola en mi pequeña habitación, sola con Dios, mientras deposito mi alma en el Señor. Dulce a mi alma es la poesía de la soledad, el gran silencio en el amor supremo, en el dolor, en el sacrificio y en los besos divinos de Jesús, primicias de los encuentros eternos.

¿De dónde viene esta sed cada vez más ardiente de luz y de verdad, esta necesidad de acercarse cada vez más a la belleza de Dios? Ninguna calma, ningún descanso, ninguna alegría que no sea solo Dios puede ya más vivir en mí. Todo es nada para mí, todo es vano para mí sin Dios. Todo me cansa. Solo tú, oh Dios, puedes satisfacer mi alma.

6 de enero de 193
Enciclopedia Mariana


9 de marzo de 2025

Para vivir el Espíritu ¡Vivir en María!

 

Del sitio Un Minuto con María:

¡Para vivir en el Espíritu, vivir en María! La perspectiva puede resultar sorprendente, pero no es nueva. Grandes testigos del Espíritu como Marta Robin, Maximiliano Kolbe, el P. Marie-Eugène y, desde luego, Luis María Grignion de Montfort han contribuido a comprender mejor el lugar de la Virgen María en la salvación de la humanidad.

El “secreto” de María es que Ella misma es el secreto de Dios. Dios nos da a María para que engendre al Verbo en Ella y para que engendre al Verbo en nosotros, para que engendre la vida en el Espíritu.

La alegría de Dios fue “entregar” a su Hijo en manos de la Virgen María para que Ella fuera su Madre. A cambio, si quiero llegar a ser hijo en el Hijo, estoy invitado por Cristo a entregarme a María “la Madre” (Juan 19, 26). (…) Cuanto más en mi oración rezo a María, la contemplo, la amo, más se adora a Dios, aunque durante la oración mi corazón permanezca completamente ocupado en María.

El avemaría, oración mariana por excelencia, es una oración cristológica: “Y bendito el fruto de tu vientre, Jesús”. ¿Cómo podríamos separar a la Madre del Hijo? Cuanto más me entrego a María, más Ella me entrega a Dios. Cuanto más me entrego a María, más dejo que el Espíritu Santo habite en mí.

Renaître d’en haut, Une vie renouvelée par l’Esprit Saint 
(“Renacer de lo alto: una vida renovada por el Espíritu Santo”)
Ediciones del Emmanuel
 2008
 cap. 15, págs. 311-313