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7 de septiembre de 2024

Oración de Confianza a la Natividad de Nuestra Señora

Del sitio Píldoras de Fe:

La Iglesia Católica observa con especial devoción el cumpleaños real (el día en que nacieron) de dos grandes santos: San Juan Bautista (24 de junio), y la Natividad de la Virgen María, la Madre de Jesús (8 de septiembre) El Nacimiento de la Santísima Virgen es una Fiesta en la que honramos a Dios por habernos dado a esta niña dulce y pura que fue capaz de dar el más grado alto de aceptación de la Voluntad del Plan de Dios.

En el caso de todos los demás santos, especialmente los mártires, ellos son venerados en el día de su muerte, el cual es llamado "su dies natalis", o "cumpleaños", que significa "el día de su nacimiento al cielo".

Tu nacimiento, oh Virgen Madre de Dios, anunció la alegría a todo el mundo, porque de Ti se ha levantado el Sol de Justicia, Cristo nuestro Dios. Él nos libera de las ataduras del pecado, de la antigua maldición y nos hizo bendecidos; destruyó la muerte y nos dio la vida eterna.

El nacimiento de la Virgen María señala el comienzo de nuestra salvación. De María nos vino Jesús, el Hijo de Dios, y por medio de Él nos llegó la salvación y la reconciliación con Dios, al fin se ha completado. Sabemos que Dios escogió a la Virgen María para una tarea especial, incluso desde el momento de su concepción.

A continuación, una oración para este momento histórico para la humanidad, escrita por el Padre José Medina y publicada originalmente en su Blog, que puede servirnos como una meditación profunda sobre este grandioso acontecimiento para la humanidad

Oración de confianza a la Natividad de la Virgen María.

Qué grande gozo e incomparable alegría debe tener todo el mundo el día de tu sagrado nacimiento, 
oh niña santísima, 
pues con la luz que tú, 
como alba divina, 
le trajiste, 
se bañó de nueva claridad y comenzó a respirar.
 
A toda la Santísima Trinidad alegraste con tu nacimiento; 
al Padre, por haber nacido su dulce esposa, 
al Hijo, porque habías de ser su Madre, 
y al Espíritu Santo, porque eras su templo, 
y por su virtud habías de concebir en tu vientre virginal al Verbo Eterno.
 
Los santos patriarcas vieron en este día cumplidos sus deseos; 
los profetas acabadas aquellas sombras y figuras debajo de las cuales tantas veces te dibujaron y pintaron, 
los ángeles, su Reina y Señora, y los hombres de honra, 
ornamento y gloria de todo el linaje humano; 
y finalmente, todos los judíos y gentiles, justos y pecadores tienen hoy causa de particular regocijo, 
por haber salido a luz la que había de darnos al que es luz y vida del mundo.
 
Tú, niña gloriosa, naciste hoy la más linda, 
la más bella y hermosa y más adornada de gracias que ninguna pura criatura. 
Porque así como tu precioso Hijo te fue muy parecido en el ser natural como hijo a su madre, 
así tú fuiste muy semejante a tu Hijo en el ser de gracia, 
en la cual él era nuestro Padre; 
y así convino que en el alma y en el cuerpo no hubiese cosa criada que contigo se pueda comparar.
 
Tú eres la segunda Eva y madre de los vivientes que vivirán para siempre, 
tú, más dichosa que Sara, más prudente que Rebeca, más hermosa que Raquel
más fecunda que Lía, más excelente que Míriam, hermana de Moisés y Aarón
más sabia que Débora, más fuerte que Judith, más graciosa que Ester
más humilde que Abigaíl, más casta que Susana.
 
Porque eres aquella mujer vestida de sol y coronada de estrellas, 
que tiene la luna debajo de sus pies, 
y aquel santuario que Dios hizo para habitar en él, 
y aquella arca fabricada de madera de Setin, y forrada por dentro de oro purísimo, 
que son todas las virtudes con las que Dios te adornó.
 
Dios te salve, María suavísima, 
hija eres de Eva, más para reparar las miserias de Eva; 
hija eres de hombre, más madre de Dios; 
virgen eres, más no sin fruto; 
fecunda eres, más sin detrimento de tu pureza virginal.
 
Dios te salve, Virgen sacratísima, 
tálamo del Esposo celestial, templo de la sapiencia increada, 
sagrario del Espíritu Santo, huerto de delicias, 
paraíso de deleites, vena de aguas vivas, y depositaria de todas las gracias y dones de Dios, 
y singular entre todas las criaturas; 
pues no hay cosa que se iguale a ti, y todo lo que tiene ser está sobre ti o debajo de ti, 
porque Dios solamente es sobre ti, 
y todo lo que no es Dios está debajo de ti.
 
Desde este punto y desde esta hora en que saliste al mundo para bien del mundo, 
yo te reconozco y tomo por Señora mía, 
y te doy el parabién y vasallaje como a Reina soberana del cielo y de la tierra, 
y madre de mi Señor Jesucristo.
 
Tú, Virgen purísima y niña sacratísima, 
tómame por esclavo perpetuo y de tu Hijo santísimo, 
para que yo, con verdadero y santo gozo, 
me goce hoy de tu glorioso nacimiento. 
 
Amén.
 
Que, por la Natividad de la Virgen María, 
podamos ser edificados en el amor y la humildad y alcanzar, 
junto a nuestra Señora, la salvación para siempre. 
 
Amén.

 

Qriswell Quero
Venezolano, esposo y padre de familia, 
servidor, ingeniero y misionero de la fe. 
Comprometido con el anuncio del Evangelio. 
Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. 
Quien a Dios tiene nada lo detiene.

4 de marzo de 2023

Devoción de los Cinco Primeros Sábados a Nuestra Señora (Tercer sábado)

Del sitio The Communal First Saturdays:

Resumen de la Devoción de los Primeros Sábados.

¿Por qué debe hacerse?

Nuestra Señora: "Si hacéis lo que os digo, se salvarán muchas almas, habrá paz". (Fátima, 13 de julio de 1917).    

La Devoción de los Primeros Sábados es una de las dos peticiones especiales para conseguirlo.   

A los que cumplan 5 Primeros Sábados seguidos, se les promete la salvación personal.

¿Qué debe hacerse?    

Palabras de Nuestro Señor y Nuestra Señora el 10 de dic. de 1925. 12-10-25

Resumen de las prácticas: (Todo en reparación al Inmaculado Corazón de María

  • Confesión        
  • Rosario        
  • Comunión de Reparación        
  • Meditación

¿Cómo debe hacerse?

Asistir a los Primeros Sábados Comunitarios a su parroquia. Si no hay Primeros Sábados Comunitarios en su parroquia,    

Solicite al párroco Establecer los Primeros Sábados Comunitarios en la parroquia.    

De no ser posible, entonces se puede:

        Hacer la devoción y formar un Grupo privado o hacerla Individualmente
Del sitio Foro Mariano

Tercer sábado: Contra su Maternidad Divina, rehusando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres.

MEDITACIÓN PARA EL TERCER SÁBADO

SAN JUAN PABLO II
Miércoles 6 de marzo de 1996

LA MATERNIDAD VIENE DE DIOS

(Lectura: 1er. libro de Samuel, capítulo 1, versículos, 9-11)"

1. La maternidad es un don de Dios. "He adquirido un varón con el
favor del Señor"
(Gn 4, 1) exclama Eva después de haber dado a luz a
Caín, su primogénito. Con estas palabras, el libro del Génesis presenta
la primera maternidad de la historia de la humanidad como gracia y
alegría que brotan de la bondad del Creador.

2. Del mismo modo se ilustra el nacimiento de Isaac, en el origen del
pueblo elegido.
A Abraham, privado de descendencia y ya en edad avanzada, Dios
promete una posteridad numerosa como las estrellas del cielo
(cf. Gn 15, 5). El patriarca acoge la promesa con la fe que revela al
hombre el designio de Dios: "Y creyó él en el Señor el cual se lo
reputó por justicia
" (Gn 15 6).
Las palabras que el Señor pronunció con ocasión del pacto establecido
con Abraham confirman esa promesa: "Por mi parte he aquí mi
alianza contigo: serás padre de una muchedumbre de pueblos
" (Gn 17,4).
Acontecimientos extraordinarios y misteriosos destacan cómo la
maternidad de Sara es sobre todo, fruto de la misericordia de Dios,
que da la vida más allá de toda previsión humana: "Yo la bendeciré, y
de ella también te daré un hijo. La bendeciré, y se convertirá en
naciones; reyes de pueblos procederán de ella
" (Gn 17, 16).
La maternidad se presenta como un don decisivo del Señor: el
patriarca y su mujer recibirán un nombre nuevo para significar la
inesperada y maravillosa transformación que Dios realizará en su vida.

3. La visita de tres personajes misteriosos, en los que los Padres de la
Iglesia vieron una prefiguración de la Trinidad, anuncia de modo más
concreto a Abraham el cumplimiento de la promesa: "Apareciósele el
Señor en la encina de Mambré estando él sentado a la puerta de su
tienda en lo más caluroso del día. Levantó los ojos y he aquí que había
tres individuos parados a su vera
" (Gn18, 1-2). Abraham objeta: "¿A
un hombre de cien años va a nacerle un hijo? ¿y Sara, a sus noventa
años, va a dar a luz?
" (Gn17, 17; cf. 18, 11-13). El huésped divino
responde: "¿Es que hay algo imposible para el Señor? En el plazo
fijado volveré, al término de un embarazo, y Sara tendrá un hijo
"
(Gn 18, 14; cf. Lc 1, 37).
El relato subraya el efecto de la visita divina, que hace fecunda una
unión conyugal, hasta ese momento estéril. Creyendo en la promesa,
Abraham llega a ser padre contra toda esperanza, y padre en la
fe porque de su fe desciende la del pueblo elegido.

4. La Biblia ofrece otros relatos de mujeres a las que el Señor libró de
la esterilidad y alegró con el don de la maternidad. Se trata de
situaciones a menudo angustiosas, que la intervención de Dios
transforma en experiencias de alegría, acogiendo la oración
conmovedora de quienes humanamente no tienen esperanza. Raquel,
por ejemplo, "vio que no daba hijos a Jacob y, celosa de su hermana,
dijo a Jacob: “Dame hijos, o si no me muero. Jacob se enfadó con
Raquel y dijo: “¿Estoy yo acaso en el lugar de Dios, que te ha negado
el fruto del vientre?
” (Gn 30, 1-2).
Pero el texto bíblico añade inmediatamente que “entonces se acordó
Dios de Raquel. Dios la oyó y la hizo fecunda, y ella concibió y dio a
luz un hijo
" (Gn 30, 22-23). Ese hijo, Josué, desempeñará un papel
muy importante para Israel en el momento de la emigración a Egipto.
En éste, como en otros relatos, subrayando la condición de esterilidad
inicial de la mujer, la Biblia quiere poner de relieve el carácter
maravilloso de la intervención divina en esos casos particulares pero,
al mismo tiempo, da a entender la dimensión de gratuidad inherente a
toda maternidad.

5. Encontramos un procedimiento semejante en el relato del
nacimiento de Sansón. La mujer de Manóaj, que no había podido
engendrar hijos, recibe el anuncio del ángel del Señor: "Bien sabes
que eres estéril y que no has tenido hijos, pero concebirás y darás a luz
un hijo
" (Jc 13, 3-4). La concepción, inesperada y prodigiosa, anuncia
las hazañas que el Señor realizará por medio de Sansón.
En el caso de Ana, la madre de Samuel, se subraya el papel particular
de la oración. Ana vive la humillación de la esterilidad, pero está
animada por una gran confianza en Dios, a quien se dirige con
insistencia para que la ayude a superar esa prueba. Un día en el
templo, expresa un voto: "¡Oh Señor de los ejércitos! (...), si no te
olvidas de tu sierva y le das un hijo verán, yo lo entregaré al Señor por
todos los días de su vida...
" (1 S 1, 11).
Su oración es acogida: "El Señor se acordó de ella", que "concibió
(...) y dio a luz un niño a quien llamó Samuel
" (1 S 1, 19-20).
Cumpliendo su voto, Ana entregó su hijo al Señor: "Este niño pedía
yo y el Señor me ha concedido la petición que le hice. Ahora yo se lo
cedo al Señor por todos los días de su vida
" (1 S 1, 27-28). Dado por
Dios a Ana, y luego por Ana a Dios, el niño Samuel se convierte en un
vínculo vivo de comunión entre Ana y Dios.
El nacimiento de Samuel es, pues, experiencia de alegría y ocasión de
acción de gracias. El primer libro de Samuel refiere un himno,
llamado el Magnificat de Ana, que parece anticipar el de María: "Mi
corazón exulta en el Señor, mi poder se exalta por Dios...
" (1 S 2, 1).
La gracia de la maternidad, que Dios concede a Ana por su oración
incesante, suscita en ella nueva generosidad. La consagración de
Samuel es la respuesta agradecida de una madre que, viendo en su hijo
el fruto de la misericordia divina, devuelve el don, confiando ese hijo
tan deseado al Señor.

6. En el relato de las maternidades extraordinarias que hemos
recordado, es fácil descubrir el puesto importante que la Biblia asigna
a las madres en la misión de los hijos. En el caso de Samuel, Ana
desempeña un papel trascendental con su decisión de entregarlo al
Señor. Una función igualmente decisiva desempeña otra madre,
Rebeca, que procura la herencia a Jacob (cf. Gn 27). En esa
intervención materna, que describe la Biblia, se puede leer el signo de
una elección como instrumento del designio soberano de Dios. Es él
quien elige al hijo más joven, Jacob, como destinatario de la bendición
y de la herencia paterna y, por tanto, como pastor y guía de su pueblo.
Es él quien, con decisión gratuita y sabia, establece y gobierna el
destino de todo hombre (cf. Sb 10, 10-12).
El mensaje de la Biblia sobre la maternidad muestra aspectos
importantes y siempre actuales. En efecto, destaca su dimensión de
gratuidad, que se manifiesta, sobre todo, en el caso de las estériles; la
particular alianza de Dios con la mujer; y el vínculo especial entre el
destino de la madre y el del hijo.
Al mismo tiempo, la intervención de Dios que, en momentos
importantes de la historia de su pueblo, hace fecundas a algunas
mujeres estériles, prepara la fe en la intervención de Dios que, en la
plenitud de los tiempos, hará fecunda a una Virgen para la
encarnación de su Hijo.