Del sitio Misioneros Digitales Católicos:
Amén
Dedicado a María Santísima y a sus distintas advocaciones en el mundo, para que todos conozcan la historia de cada una de las Fiestas de Nuestra Reina del Cielo
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El Santuario de Nuestra Señora, Reina de Podhale, en Ludźmierz, es uno de los centros de peregrinación marianos más importantes de la arquidiócesis de Cracovia. Es la capital espiritual de Podhale, la capital espiritual de los montañeses. Desde hace siglos, los fieles de Podhale y de los rincones más recónditos de Polonia, así como de Eslovaquia y Hungría, acuden aquí para buscar consuelo ante la imagen milagrosa de la Señora de Podhale y pedirle a María su protección.
El culto a la imagen de la Virgen de Ludźmierz, famosa por sus gracias, se desarrolló gradualmente en Podhale a partir de la Edad Media.
El culto a la Virgen María, en la imagen famosa por sus gracias de la "Gaździna de Podhale", experimentó un claro desarrollo durante el período de la renovación postridentina. Las actas de las visitas episcopales y decanales de los siglos XVII y XVIII dan fe de este culto.
En los documentos posteriores a la visita del decano Zaskalski de 1765 se lee: "En el altar lateral del lado del Evangelio hay una escultura de madera dorada de la Virgen María, que sostiene en sus brazos a Jesús, famosa desde tiempos inmemoriales por sus grandes gracias".
El flujo de peregrinos a Ludźmierz en la segunda mitad del siglo XVIII ya era tan grande que, en 1776, las autoridades diocesanas acordaron que la imagen milagrosa de Nuestra Señora de Ludźmierz fuera colocada en el altar mayor.
En 1795 se erigió un altar rococó especialmente para la imagen. Mieczysław Orłowicz, en su "Guía ilustrada de Galicia, Bucovina, Spiż, Orava y Silesia de Cieszyn", al describir Ludźmierz con su iglesia, que "cuenta con un cuadro milagroso de la Virgen", señaló que durante la fiesta principal "el 8 de septiembre se reúnen aquí hasta 20 000 montañeses de todo Podhale, y todos los caminos de los alrededores están llenos de sus carretas blancas. Esta fiesta, que reúne a multitud de montañeses de Podhale y Orava, merece la pena ser vista por sus trajes festivos y sus hermosos rostros".
Por su parte, Władysław Orkan (1875–1930), en el poema "Sobre Janek y Liptak" (1903), le confesó a la Señora de Podhale: "Señorita de Ludźmierz, refugio de los hombres. Más pobres que pecadores, tú, que caminas por el camino lechoso —Reina de los cuentos de hadas. ... Más poderosa que la de Odrowąska, más hermosa que la de Kalwaryjska, ayúdame con tu recuerdo. En este recuerdo de tu gente".
Entre los años 1869 y 1877, en el lugar donde se encontraba la antigua iglesia demolida, se erigió el actual templo neogótico de mampostería. El 15 de agosto de 1890, el obispo de Cracovia, el cardenal Albin Dunajewski, consagró el templo.
El culto secular a la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Ludźmierz y la importancia del santuario en la historia de la Iglesia católica en Podhale y en la arquidiócesis de Cracovia fueron reconocidos mediante un acto de la Congregación para el Culto Divino y los Sagrados Sacramentos del 22 de febrero de 2001, en el que la iglesia santuario dedicada a de la Asunción de la Santísima Virgen María en Ludźmierz fue elevada al rango de basílica menor. La ceremonia solemne de proclamación de este título se llevó a cabo el 18 de mayo de 2001.
En 1934, el párroco de Ludźmierz, el padre Józef Styrylski, inició los trámites para la coronación de la imagen. Lamentablemente, el estallido de la Segunda Guerra Mundial frenó este proyecto.
El siguiente párroco de Ludźmierz, el padre Leonard Harędziński, retomó los esfuerzos para la coronación. Estos se culminaron el 15 de agosto de 1963. Las coronas papales fueron colocadas sobre la imagen milagrosa de la Reina de Podhale por el cardenal Stefan Wyszyński y el obispo Karol Wojtyła. Al concluir la ceremonia de coronación, cuatro obispos levantaron el feretrón con la imagen de Nuestra Señora de Ludźmierz para llevar en procesión la imagen coronada al interior de la iglesia. En el momento de levantar el feretrón, la imagen se inclinó y el cetro se le cayó de la mano a la Reina de Podhale; el obispo Karol Wojtyła lo atrapó con un reflejo excepcional. Este insólito suceso (grabado en un video amateur) fue comentado en ese momento por el P. Primado del Milenio, quien se dirigió al obispo Wojtyła con estas palabras: "Bueno, Karol, la Virgen te está entregando el poder". Unos meses después (el 13 de enero de 1964), el obispo Karol Wojtyła fue nombrado arzobispo metropolitano de Cracovia, y 15 años más tarde fue elegido sucesor de San Pedro.
San Juan Pablo II, durante su pontificado, se "encontró" en dos ocasiones con la milagrosa imagen de Gaździna de Podhale.
Durante su primera peregrinación a Polonia y la misa celebrada por el Papa en el aeropuerto de Nowy Targ el 8 de junio de 1979, sobre el altar se encontraba la imagen de Nuestra Señora de Ludźmierz. En la homilía que pronunció entonces ante varios cientos de miles de peregrinos -en su mayoría montañeses-, Juan Pablo II dijo: "La Virgen María siempre se parece a la gente de su tierra. Cuando ahora contemplaba en México a la Virgen de Guadalupe, la Virgen de los indígenas, lo que más me venía a la mente era la Virgen de Ludźmierz, porque es una auténtica Gaździna de Podhale...».
El segundo encuentro de San Juan Pablo II con la Virgen de Ludźmierz tuvo lugar el 7 de junio de 1997. En esa ocasión, el Papa polaco visitó el santuario de Ludźmierz y rezó el rosario ante la imagen milagrosa de la Gaździna de Podhale. El Santo Padre recibió entonces como regalo una réplica del cetro de la Virgen María, Reina de Ludźmierz, con el cual bendijo a una multitud de 200 mil fieles reunidos en el Jardín del Rosario.
Al concluir el encuentro, Juan Pablo II dijo: "Contemplo con admiración este santuario, que tanto ha crecido y se ha embellecido. Es una señal de su devoción y generosidad. Es su regalo para María, pero también para los peregrinos que llegan aquí. Es necesario que hoy el Papa -un peregrino de Ludźmierz- les agradezca en nombre de todos ellos por esta hospitalidad. ¡Que Dios los bendiga! Los bendigo de todo corazón. ¡Señora de Ludźmierz, Anfitriona de Podhale, ruega por nosotros!»
Cabe destacar que, durante su segunda peregrinación a su patria, el 23 de junio de 1983, en los Błonia de Cracovia, Juan Pablo II consagró nuevas coronas para la Virgen de Ludźmierz (las coronas colocadas sobre la imagen durante la coronación de 1963 habían sido robadas en marzo de 1983). La nueva coronación de la imagen milagrosa de Gaździna de Podhale la realizó el cardenal Franciszek Macharski el 15 de agosto de 1983.
En el 40.º aniversario de la coronación de la imagen milagrosa de Gaździna de Podhale, Juan Pablo II obsequió al santuario una pica, la cual se colocó en el altar junto a la imagen. Cabe destacar que una réplica de la imagen de Gaździna de Podhale permaneció en las habitaciones privadas de San Juan Pablo II durante todo su pontificado. El día de la canonización de Juan Pablo II por el papa Francisco (27 de abril de 2014), se colocó en el cetro de Nuestra Señora de Ludźmierz un anillo con reliquias del santo papa polaco.
Durante la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María en 2017, el arzobispo Marek Jędraszewski consagró la capilla dedicada a San Juan Pablo II, que se encuentra debajo del altar papal.
Las últimas investigaciones han revelado que la imagen de Nuestra Señora de Ludźmierz, Reina de Podhale, fue realizada alrededor del año 1400. Los historiadores del arte clasifican esta escultura dentro del tipo conocido como las "Madonas Bellas" de la llamada escuela de Nowy Sącz o de Spisz-Sącz. Un artista desconocido talló la imagen en madera de tilo. La escultura dorada mide 125 cm de altura y representa a la Virgen María, quien sostiene un cetro en su mano derecha y al Niño Jesús en la izquierda. El rostro de la Señora de Podhale es lleno de gracia y presenta una leve sonrisa.
A lo largo de los siglos, surgieron varias leyendas en torno a la figura de la Virgen de Ludźmierz, que intentaban explicar los orígenes del culto. La primera leyenda cuenta que a unos comerciantes que viajaban hacia Hungría se les apareció la Virgen. En el lugar de la aparición se construyó una iglesia y se colocó una estatua de la Virgen María.
La segunda leyenda cuenta que un comerciante húngaro, que vendía vino, se dirigía a la feria de Nowy Targ. La noche lo sorprendió en los pantanos y turberas de Ludźmierz. Cuando comenzó a rezar, pidiendo ayuda a Dios, vio la figura de una Señora sonriente envuelta en una nube dorada. Ella lo animó a hacer un último intento por salir del pantano. De repente, los caballos recuperaron fuerzas de manera inesperada y el comerciante logró sacar la carreta al camino. Siguió su camino, guiado por la figura luminosa, que lo llevó hasta la iglesia de Ludźmierz. Comprendió que se trataba de la Virgen María. Cuando quiso arrodillarse para darle las gracias, la aparición se desvaneció y, en el lugar donde se había arrodillado, brotó un manantial. El comerciante hizo la promesa de llevar a la iglesia una estatuilla similar a la que había visto. Al parecer, esas promesas le agradaron a Dios, pues aquel lugar comenzó a ser famoso por sus gracias.
Junto a la iglesia de Ludźmierz se encuentra un extenso Jardín del Rosario. Bellamente diseñado y cuidado, recuerda la visita de San Juan Pablo II a Podhale y al santuario de Ludźmierz en 1997, así como su enseñanza sobre la importancia de la oración del rosario. Este lugar de oración, con 20 capillas de la región de Podhale que representan los misterios del Santo Rosario, fue fundado por habitantes de Podhale residentes en EE. UU. y Canadá, peregrinos, sacerdotes y feligreses. En la parte central del jardín se encuentra una escultura de tamaño natural que representa a San Juan Pablo II arrodillado, sosteniendo un rosario en sus manos.
Canto vespertino a la Virgen de Ludźmierz
¡Salve, María, Gaździna de Podhale!
Que toda la creación de la tierra te alabe.
Por tu protección, que todos tus hijos han experimentado
en las dificultades a lo largo del día.
Durante catorce años, el Laboratorio de Restauración de Pintura y Materiales de Madera de los Museos Vaticanos ha tenido un paciente especial. Se trata de una estatua de madera del siglo XV de la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña, conocida como La Moreneta. En el verano de 1963, con motivo de la entronización de Pablo VI, fue donada al Papa por el entonces presidente de Brasil, João Goulart. Fue creada en el país sudamericano en el siglo XVIII y reproducía la imagen de la Virgen en madera de castaño.
A diferencia del original, el ejemplar del Vaticano tiene la piel pálida. Lleva un vestido ricamente decorado que ondea al viento. Originalmente también llevaba collar y pendientes. Sus ojos están delicadamente elaborados en pasta de vidrio. En sus brazos está el Niño Bendiciendo, sosteniendo un globo terráqueo en la mano izquierda. El Papa Montini, gran admirador de las esculturas de madera, lo mandó colocar en la antecámara papal.
Desde 2011, por encargo de Benedicto XVI, la escultura ha acompañado las principales celebraciones papales en la Basílica Vaticana y la Plaza de San Pedro. Para preservar su extraordinaria belleza, esta preciosa pieza, sujeta a frecuentes traslados, ha estado bajo el cuidado de Stefania Colesanti, restauradora principal del Laboratorio de los Museos Vaticanos, durante casi quince años.
“Llevo casi treinta años trabajando con esculturas de madera: es una pasión para mí”, explica, sin ocultar un vínculo profesional, emocional y espiritual especial con la Virgen de Montserrat. “Cuando llegó aquí en 2011, presentaba problemas de conservación: además de constantes depósitos de polvo, se le había caído una mano. Por ello, restauramos la estructura de madera y limpiamos la pieza”.
En 1664, se encontró en el castillo de Les Places, que ya no existe, una estatua de piedra que representaba a la Santísima Virgen sosteniendo en su regazo el cuerpo inerte de su adorable hijo. Esta estatua se colocó inicialmente en la capilla, hoy destruida, llamada Capilla de Santa Foy. Gabriel Foucaud de Saint-Germain-Beaupré mandó construir, en 1686, en la ladera de un cerro, cerca de una fuente ya consagrada a la Santísima Virgen, la capilla que hoy se ve allí.
La fecha mencionada se lee en el dintel de la puerta, junto al escudo de armas del fundador, que es: de azur sembrado de flores de lis de oro. Este escudo también está esculpido en el retablo del altar. La estatua encontrada en el castillo de Les Places fue trasladada a esta capilla, conocida desde entonces como Notre-Dame-des-Places. A la fecha, sigue siendo visitada por numerosos peregrinos.
Kieff, a orillas del río Dniéper, fue el primer lugar de descanso de la famosa imagen de la Virgen María. Se cuenta que el apóstol san Andrés se detuvo aquí en camino de Constantinopla a Roma. Un día por la mañana, mientras admiraba las colinas de Kieff, escuchó: “¿Ves esas colinas? En esas colinas resplandecerán en adelante la gracia de Dios”.
Fue hasta el año 1010 que se cumplió aquella profecía, antes de que el príncipe ruso Vladimir fuera bautizado en Kieff con todo su pueblo, y las enseñanzas del Evangelio comenzaron a salir desde las alturas de las colinas que tanto habían impresionado al apóstol.
El príncipe mandó traer de Kherson una imagen de la Virgen que, según la leyenda, fue pintada por Constantino. El príncipe encomendó al monasterio de Petchersk la custodia del cuadro y ahí permaneció hasta el siglo XV.
En 1467 Iván III, gran duque de Moscú, construyó la Iglesia de la Asunción en el Kremlin con motivo de su matrimonio, para lo que mandó traer el famoso cuadro de Kieff. Los habitantes de Kieff se entristecieron y protestaron porque no querían perder su tesoro más querido.
La Santísima Virgen se le apareció en sueños al príncipe y le pidió que devolviera la imagen, y Ella personalmente se encargaría de que fuera reemplazada. A la mañana siguiente, el príncipe devuelve la pintura a Kieff, y para su sorpresa cuando entra a su iglesia encuentra otro cuadro idéntico al que había devuelto.
Catalina de Racconigi (Caterina Mattei) nació en Racconigi, Piamonte, en junio de 1486, en el seno de una familia modesta. Su padre, Giorgio Mattei, era cerrajero, y su madre, Billia Ferrari, tejedora. La familia se fue sumiendo poco a poco en la pobreza debido a las repetidas guerras que asolaban el país. A los cinco años, para la dulce niña no había mayor felicidad que arrodillarse ante una estatua de la Santísima Virgen o retirarse a un lugar tranquilo para orar.
Una mañana, se encontraba en su pequeña habitación cuando una paloma blanca se posó en su hombro. Asustada, Catalina gritó: "¡Jesús, Jesús!". Inmediatamente, un rayo de luz emanó del pico de la paloma y tocó sus labios. Al mismo tiempo, apareció una hermosa dama vestida de luz y dijo:
"Que el nombre de Jesús esté siempre en tu corazón, hija mía".
"¿Quién es usted, señora? ¿Y cómo entró sin abrir la puerta?"
"Soy la Madre de Jesucristo, y quiero que te entregues por completo a mi Hijo".
"¿Dónde está su Hijo?"
"Lo verás pronto, pero debes entregarte a él con todo lo que más aprecias".
"¡Ay! Soy tan pobre, ¿qué puedo ofrecerle?"
"¡Mi Hijo solo quiere tu corazón!"
"Mi corazón, ¿dónde está? ¡Si lo encuentras, se lo daré con mucho gusto!"
La Reina de las Vírgenes, con una sonrisa, puso su mano sobre el pecho de Catalina y le dijo:
"Tu corazón está ahí; se lo darás a mi Hijo cada vez que obedezcas sus mandatos y sufras algo por su amor".
Aunque se sentía atraída por la vida religiosa, Catalina comenzó a trabajar como tejedora de cintas en su infancia. A los 23 años, se puso bajo la guía espiritual de un famoso predicador llamado Domenico Onesti, de Bra. Luego se unió a la Tercera Orden Dominicana en Racconigi. Sus visiones de Jesús y la Virgen María se multiplicaron y recibió los estigmas. Muchas personas acudían a visitarla para pedirle consejo espiritual y oraciones. Catalina se enfrentó entonces a una ola de calumnias y persecución. Incluso se emitió una orden a los conventos de la región prohibiéndoles brindarle dirección espiritual. Se refugió en la ciudad de Caramagno, donde se estableció con otras dos jóvenes que, como ella, eran terciarias. Falleció el 4 de septiembre de 1547 y fue beatificada en 1808.
San Agustín explica con admirable brevedad: "¿Qué es la verdad? El Hijo de Dios. ¿Qué es la tierra? La carne. Pregunta de dónde ha nacido Cristo y verás que la verdad ha brotado de la tierra... la verdad ha nacido de la Virgen María" (En. in Ps. 84:13).
Y en un sermón de Navidad dice que "en esta fiesta anual celebramos el día en que se cumplió la profecía: 'La verdad brotará de la tierra, y la justicia mirará desde el cielo'. La Verdad, que está en el seno del Padre, ha brotado de la tierra, para estar también en el seno de una madre. La Verdad que gobierna el mundo entero ha brotado de la tierra, para ser sostenida en los brazos de una mujer...
La Verdad que el cielo no puede contener ha brotado de la tierra, para ser depositada en un pesebre. ¿En beneficio de quién un Dios tan elevado se hizo tan humilde? Ciertamente no por su propio beneficio, sino por nuestro gran beneficio, si creemos' (Sermones, 185, 1).
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Nuestra Señora del Amparo de Pozuelos es una advocación mariana de la Iglesia católica en Puerto La Cruz cuya imagen tiene su principal centro de culto en el Santuario Mariano del mismo nombre en el Municipio Sotillo del estado Anzoátegui en Venezuela.
En torno a la llegada y hallazgo del Óleo sobre tela que representa a la "Virgen del Mar" a las actuales tierras portocruzanas, se entreteje esta historia:
Parece ser que la navegación no fue del todo buena como lo pensaran los Españoles y una mañana decidieron cambiar el rumbo de la nave, cuando pusieron en práctica el viraje de la misma notaron con gran sorpresa que un fuerte temporal obligaba a la embarcación a buscar nuevamente su rumbo, fue entonces cuando grito un marinero : "!Capitán¡ ¿Qué hacemos?" Y este le respondió: "¡Sin timón y rota las velas! dejemos que el Barco siga a la deriva". Ya al tercer día de haberse originado aquel temporal la nave encalló en la Bahía de Pozuelo, los navegantes al tocar tierra bajaron el cuadro grande que contenía la imagen del Amparo y lo colocaron sobre unas canoas pertenecientes a los indios de Pozuelo.
Los navegantes tan pronto arreglaron las averías del buque se dieron nuevamente al mar. Los indios de Guanire, que periódicamente realizaban sus pesquerías con arcos y arpones, quedaron admirados de ver un cuadro tan grande con colores llamativos que fue la novedad de la comarca. De inmediato los indígenas empezaron por construir un rancho a manera de Capilla y empezaron a adorar aquel cuadro sagrado. Cuenta más tarde la historia que todo pescador que se daba al mar, primero tenía que ver a la Virgen del Amparo y después se concretaba a sus faenas marítimas.
Siglos después, la Iglesia colonial que fue edificada para albergar el Oleo fue presa de la rapiña de los piratas, siendo reducido a cenizas por estos en una de sus incursiones en tierra firme, pero para asombro de los nativos sobrevivientes, el Cuadro de Nuestra Señora del Amparo no fue tocado por las intensas llamas, esto incentivó mucho más la devoción que hacia Ella ya existía, considerándose este extraordinario evento como un milagro realizado por la mano del Omnipotente, que no permitió que sus hijos quedaran desprovistos del amparo de la Madre de su Verbo Divino.
Hoy la devoción a Santa Maria, Nuestra Señora de el Amparo de Pozuelo esta pujante y vivas como en aquellos primeros años en las tierras del antiguo Echinicuar, las gracias obtenidas por su Omnipotencia Suplicante se evidencian en la cantidad de Exvotos que se pueden visualizar en el Santuario Mariano, en donde Ella, serena y majestuosa, contempla el horizonte vigilante, custodiando a sus hijos.
Cada 8 de Noviembre, día en que, ocurrió la Invención (Hallazgo) del Cuadro de la Virgen de el Amparo, los Pozueleros irradian de alegría y se aprestan a celebrar con todo entusiasmo las festividades de esta Excelsa Patrona.
Hay otra versión acerca del origen del Cuadro, la cual señala que este fue elaborado por un Fraile de la Orden de San Francisco que habitaba en la misión cercana de Piritu, lo cierto es en ambos casos, que el Cuadro no posee firma alguna.
La sagrada Efigie, además, tiene fama de ser milagrosa:
“En una ocasión hubo una sequía tan grande en Pozuelos, que, pese a que había nacido y crecido el maíz, no había señal de fruto alguno, así que, temiendo perder la cosecha, los conuqueros de la comunidad acudieron a su amada Patrona, la Virgen del Amparo.
Sacaron el venerable oleo en procesión hasta la bahía de Pozuelos y ahí la petición fue unísona: !Virgencita, mándanos agua, así sea del mar. Los pozueleros devotos luego emprenden el retorno a la Iglesia con su Madre no habían terminado de llegar cuando se formó una nube en el horizonte y arrecio el aguacero. Bastó con esa lluvia para que la cosecha de la que dependían para su sustento fuese abundante".
"En otra ocasión, sucedió que un comerciante, que poseía un peñero con el cual viajaba a Margarita a comprar mercancía para venderla en Pozuelos, en uno de sus viajes de retorno, fue asediado en alta mar por un fuerte vendaval, el cual lo alejó de la bahía de Pozuelos y lo fue trasladando hasta las cercanías del Morro de Barcelona, con el riesgo inminente de naufragar. Así que presa del temor exclamó: "¡Virgencita que estas en Pozuelos…sálvame la vida!". De repente el vendaval cesó y una brisa suave sopló de contragolpe, trasladando el peñero a las cercanías de la bahía de Pozuelos. El comerciante agradecido más adelante colaboró en las fiestas de la Virgen Madre de Echinicuar por tal prodigio"
Estos relatos son memorias de algunos de los pobladores nativos de la comunidad de Pozuelos…hay algunos más recientes:
“ Hubo en una ocasión en que un joven de la comunidad, fue víctima de un parásito asesino, el cual se le alojo en el cerebro. Este se fue a Caracas a ser intervenido quirúrgicamente para extraerle el antedicho huésped mal deseado de la cabeza. Como devoto pozuelero, se encomendó a la Virgen del Amparo y tenía a la mano una estampa de la Madre de Dios, la cual colocó debajo de su almohada pese a la férrea oposición de los doctores tratantes. Fue intervenido y pese a lo riesgoso de la operación salió totalmente exitosa y su mejoría fue increíblemente rápida. El joven al regresar a la comunidad, en ocasión de las festividades del 8 de noviembre, con lagrimas en los ojos narró el milagro que Dios le obró por la Omnipotencia Suplicante de Maria del Amparo.”
Entre los numerosos acontecimientos de orden sobrenatural que marcaron la cristianización del Perú, ninguno más notable que éste, acaecido en la ciudad del Cusco el 23 de mayo de 1536, tanto por la calidad de sus protagonistas cuanto por las circunstancias apremiantes que le rodearon.
Francisco Pizarro, el legendario conquistador extremeño, llegó al Perú en los intersticios de una guerra fratricida, desatada tras la muerte del Inca Huayna Cápac entre sus hijos Huáscar y Atahualpa. Hecho que no puede dejar de considerarse providencial, pues allanó el camino para el dominio europeo y la consecuente implantación de la fe católica en nuestra patria. Muertos los dos enfrentados e irreconciliables hermanos, el experimentado soldado y hábil negociador otorgó la borla imperial a Manco Inca Yupanqui en el Cusco, como símbolo de reconciliación.
Pacificada la tierra, pretendía el Inca que le fuera devuelto el pleno ejercicio del poder; pero tal demanda no figuraba en la agenda de los españoles. Decepcionado, condolido por algunos maltratos sufridos e instigado particularmente por el Víllac Umu -el sumo sacerdote pagano-, el menor de los vástagos de Huayna Cápac decidió levantarse contra los cristianos. Aprovechándose de la ausencia de Almagro, que había partido hacia la conquista de Chile, y de la de Pizarro, que se encontraba en la costa, Manco Inca se retiró al valle de Yucay desde donde clamó por un levantamiento general.
La antigua capital del Imperio fue rodeada entonces por decenas de miles de guerreros, que comenzaron a amedrentar a sus contrarios. Los asaltos continuos que sobrevinieron, fueron ejecutados de tal modo y con tal fuerza, que los cristianos se vieron obligados a parapetarse en un amplio galpón de la plaza, llamado Sunturhuasi, que en quechua significa “casa de armas y escudos”. El cerco se fue estrechando y los atacantes decidieron incendiar las casas adyacentes a la plaza, cuyos techos de paja fueron rápidamente presa del fuego, salvo el del Sunturhuasi que milagrosamente quedó exento. Acorralados por las huestes del Inca, conjeturando un trágico final al sitio que el propio Pizarro sufría en Lima y el fracaso de las sucesivas expediciones que les fueron enviadas en su auxilio, con más de mil españoles muertos en toda la contienda, no esperaban ya más socorro que del Cielo.
“Estando ya los indios para arremeter contra los cristianos, se les apareció en el aire Nuestra Señora con el Niño Jesús en brazos, con grandísimo resplandor y hermosura, y se puso delante de ellos. Los infieles, mirando aquella maravilla, quedaron pasmados: sentían que les caía en los ojos un polvo, ya como arena, ya como rocío, con que se les quitó la vista de los ojos que no sabían dónde estaban. Tuvieron por bien volverse a su alojamiento antes que los españoles saliesen a ellos. Quedaron tan amedrentados que en muchos días no osaron salir de sus cuarteles” (Inca Garcilaso de la Vega, Historia General del Perú, Libro II, Capítulo XXV).
Esta maravillosa intervención de la Santísima Virgen con su Divino Hijo, que alejó las perspectivas de una terrible noche triste como la sufrida por Cortés en la conquista de México, no fue vista por ojo de español sino exclusivamente por los indígenas, quienes transcurridos los hechos contaron lo sucedido.
“Y de aquí nació —continúa Garcilaso— que después de apaciguado aquel levantamiento de los indios, los naturales del Cusco y las demás naciones que se hallaron en aquel cerco, viendo que la Virgen María los venció y rindió con su hermosísima vista y con el regalo del rocío que les echaba a los ojos, le hayan cobrado tanto amor y afición”.
Hoy se festeja a Nuestra Señora de Czestochowa:
Traducido del sitio A Moment with Mary:
En la época de las grandes invasiones suecas (1655), conocidas en la memoria popular como "el diluvio sueco", cuando todo parecía perdido y el rey y su ejército habían sido derrotados, fueron los monjes de Jasna Góra quienes se levantaron en resistencia.
Estaban decididos a no rendirse, y el poderoso ejército sueco nunca logró vencer a esos pocos monjes polacos acurrucados en un antiguo monasterio. Tal fue la resistencia espiritual organizada en torno al monasterio que los suecos pronto se vieron obligados a retirarse.
La increíble victoria se atribuyó a la Virgen María, cuya famosa imagen de la Virgen Negra estaba entronizada en el monasterio de Jasna Góra. El rey Juan Casimiro proclamó a la Madre de Dios Reina del Reino de Polonia.
Desde entonces, el santuario de Jasna Góra ha sido el lugar donde se condensa la historia de Polonia, y todos los grandes acontecimientos de la nación están vinculados a él de una forma u otra: "Hay que escuchar este lugar para sentir cómo late el corazón de la nación en el corazón de su Madre".
La aparición del ícono de la Madre de Dios tuvo lugar el 14 de septiembre de 1914, durante la Primera Guerra Mundial, en el período de la lucha por Prusia Oriental, en la región de Augustovo. En aquel entonces, Augustovo era la capital del distrito de la provincia de Suwałki, en el Reino de Polonia. En vísperas de la batalla decisiva, los regimientos de coraceros de la Guardia Imperial de Gatchina y Tsarskoye Selo se dirigían al lugar de los combates. Alrededor de las 11 de la noche, la Virgen María se apareció a los soldados del regimiento de coraceros en el oscuro cielo nocturno estrellado.
La visión de la Virgen María duró entre 30 y 40 minutos. Todos los soldados y oficiales se arrodillaron y rezaron. La Virgen María se presentó envuelta en un resplandor inusual, con el Niño Jesús en su brazo izquierdo. Con su mano derecha señalaba hacia el oeste, en la dirección en que avanzaban las tropas rusas. Poco después de los combates cerca de Augustów, el ejército ruso obtuvo una gran victoria. Por ello, esta aparición de la Virgen María recibió el nombre de "El Signo de la Victoria de Augustów" o "La Aparición de Augustów".
El ícono de la Madre de Dios fue pintado con la bendición del metropolitano de Moscú Macario (Nevski) en 1916 y, por lo tanto, antes de 1917 no tuvo tiempo de difundirse en gran cantidad de copias. Además, tras la revolución, las copias de este ícono fueron destruidas con especial saña, al igual que las copias del Ícono de la Madre de Dios de la Dignidad. Solo se conocen cinco copias conservadas de este ícono; una de ellas se encuentra en Canadá y es venerada especialmente por la familia de los descendientes de la dinastía real de los Romanov.
En los registros judiciales de 1408, la licencia otorgada a John Mason dice lo siguiente, traducida del latín: "John Mason recibió del señor un terreno baldío situado debajo de la cantera, con licencia para excavar allí, debajo de la cantera, con el fin de construir y mantener una capilla; la cual él y sus sucesores tendrán y mantendrán durante toda su vida a cambio de una renta anual".
Hay una leyenda que atribuye la fundación de la capilla a un milagro divino. Su fundamento histórico es incierto, pero se ha convertido en parte del folclore del santuario.
La historia cuenta lo siguiente: un día, el hijo pequeño de John había acompañado a su padre a la cantera. Mientras jugaba allí, se produjo un desprendimiento de rocas sin previo aviso y el hijo de John quedó justo en su trayectoria. John estaba demasiado lejos para poner a salvo a su hijo, pero elevó una plegaria a María para que protegiera al niño. Milagrosamente, el desprendimiento de rocas cambió de rumbo y el niño salió ileso.
Fue en agradecimiento por esto que John fundó la capilla. Es interesante señalar que en 1428 el arzobispo de York visitó Knaresborough y que el sacerdote de la iglesia parroquial de Santa María en ese momento era... John Mason. ¡Es bonito pensar que el hijo de Juan, quien se salvó del desprendimiento de rocas, acabó convirtiéndose en sacerdote y celebró misa en la capilla de su padre!
La fiesta de la Realeza de María está estrechamente relacionada con su Inmaculado Corazón y con las revelaciones de Fátima.
En medio de la Segunda Guerra Mundial, había que hacer algo. El papa Pío XII, al ver toda la matanza, tomó la firme decisión de consagrar el mundo al Inmaculado Corazón de María como respuesta directa a la súplica de la Santísima Virgen María en Fátima.
La consagración se llevó a cabo el 31 de octubre de 1942, durante el año en que se celebraba el 25.º aniversario de las apariciones de Fátima. El papa Pío XII rezó: "¡Oh, Madre de la Misericordia, obtén para nosotros la paz de Dios! Intercede especialmente por aquellas gracias que puedan convertir rápidamente los corazones humanos. Aquellas gracias que puedan preparar, establecer y asegurar la paz. Reina de la Paz, ruega por nosotros; concede al mundo en guerra la paz que todos anhelan, paz en la verdad, la justicia y la caridad de Cristo. Concédeles la paz de las armas y la paz de la mente, para que en la tranquilidad y el orden se expanda el reino de Dios".
Dos años después, el 4 de mayo de 1944, el papa Pío XII estableció la fiesta del Inmaculado Corazón de María el 22 de agosto, octava de la fiesta de la Asunción. Lo hizo para que, por su intercesión, se obtuviera "la paz entre las naciones, la libertad para la Iglesia, la conversión de los pecadores, el amor a la pureza y la práctica de la virtud".
Avanzamos rápidamente hasta 1954, cuando la Guerra Fría se encontraba en sus primeras etapas y el papa Pío XII publicó su encíclica "Ad Caeli Reginam". En ella declaró: "Por nuestra autoridad apostólica, decretamos y establecemos la fiesta de la Realeza de María, que se celebrará cada año en todo el mundo el 31 de mayo. Asimismo, ordenamos que ese mismo día se renueve la consagración de la raza humana al Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María, con la esperanza de que, a través de dicha consagración, pueda comenzar una nueva era, llena de alegría en la paz cristiana y en el triunfo de la religión".
Posteriormente, tras el Concilio Vaticano II y la revisión del Calendario General, el papa Pablo VI decidió intercambiar estas fiestas. La fiesta del Inmaculado Corazón de María se unió a la del Sagrado Corazón de Jesús (celebrada el sábado siguiente a la fiesta del Sagrado Corazón) y la Realeza de María se trasladó al 22 de agosto. Esto se hizo, en parte, para reconocer el hecho de que la realeza de María está estrechamente relacionada con su Asunción al cielo.
No obstante, estas dos fiestas están claramente interrelacionadas. Como recitamos en la Letanía de Loreto, María es la "Reina de la Paz", pero también se la conoce como la "Reina de los Corazones". Simeón habló proféticamente de este título cuando le dijo a la Virgen María: "y una espada traspasará también tu propia alma, para que se revelen los pensamientos de muchos corazones" (Lucas 2:35). Ella conoce nuestros corazones, ve el dolor que hay en ellos y responde cuando le presentamos nuestras preocupaciones.
La institución de estas dos fiestas muestra que la realeza de María está estrechamente ligada a su Inmaculado Corazón, y es desde ese corazón que Ella desea la paz en nuestros corazones y en el mundo. Si anhelamos la paz en este mundo durante el año del centenario de Nuestra Señora de Fátima, acudamos a la Virgen María y oremos a Ella, con la esperanza de que "comience una nueva era, llena de alegría en la paz cristiana".
El 22 de agosto, ocho días después de la Asunción, celebramos la fiesta de la Realeza de María. Esta fiesta, instituida en octubre de 1954 por el papa Pío XII a través de su encíclica "Ad caeli Reginam", nos invita a reflexionar sobre lo que significa y cómo se ejerce esta realeza, íntimamente vinculada a la de Cristo.
En su audiencia general del 22 de agosto de 2012, el Papa Benedicto XVI explicó la profunda conexión entre la realeza de María y la realeza de Jesús: "María es Reina porque está unida de manera única a su Hijo, tanto en su camino terrenal como en la gloria del Cielo". El gran santo de Siria, Efrén el Sirio, afirma, con respecto a la realeza de María, que "deriva de su maternidad: Ella es la Madre del Señor, el Rey de reyes (cf. Isaías 9,1-6), y nos señala a Jesús como nuestra vida, nuestra salvación y nuestra esperanza".
Esta realeza espiritual de María es completamente similar a la realeza espiritual de Cristo. En palabras del mismo papa Benedicto XVI: "En Cristo, la realeza se mezcla con la humildad, el servicio y el amor: es ante todo servir, ayudar y amar. Recordemos que Jesús fue proclamado rey en la cruz con esta inscripción escrita por Pilato: 'Rey de los judíos' (cf. Marcos 15,26). En ese momento en la cruz, se reveló como rey. ¿Y cómo es rey? Al sufrir con nosotros, por nosotros, al amar hasta el final, y así gobierna y crea la verdad, el amor y la justicia".
La Virgen María participó en la Pasión de su Hijo, ofreciendo su sufrimiento y su Persona por nuestra salvación. A través de este inmenso sacrificio, cooperó así en nuestra redención y en el reino de amor de Dios.
La Virgen María es "reina del amor, que vive la entrega de sí misma a Dios para entrar en el plan de salvación de la humanidad. (...) Ella es reina precisamente porque nos ama, porque nos ayuda en todas nuestras necesidades; es nuestra hermana, nuestra humilde sierva". La realeza de amor de María se ejerce, por lo tanto, velando por nosotros.
El papa Pío IX dijo: "Nombrada Reina del Cielo y de la Tierra por el Señor, exaltada por encima de todos los coros de ángeles y santos, y sentada a la diestra de su único Hijo, Jesucristo nuestro Señor, [María] intercede poderosamente por nosotros con oraciones maternales. Así obtiene lo que pide y no puede ser rechazada". La realeza de María es, por lo tanto, inseparable de su maternidad: ella es a la vez Madre de Dios y Madre de los hombres en el orden de la gracia. Santa Teresa de Lisieux dijo de la Virgen María que "es más Madre que Reina".
Confiemos, pues, con confianza a la Virgen María, Reina del Cielo y del amor, el hilo de nuestra vida: Ella sabrá brindarnos su ayuda maternal, desatar los nudos y guiarnos hacia su Hijo.