14 de febrero de 2026

Meditando el Rosario. Segundo Misterio Luminoso: Las bodas de Caná

Extraído del sitio Asalta el Cielo con tu Rosario:

Del sitio Corazones Sagrados:

La hora parece matutina, yo diría que hacia las nueve - quizás antes - porque el campo tiene todavía ese aspecto fresco de las primeras horas del día por el rocío que hace aparecer más verde a la hierba y por el aire aún exento de polvo. 

La estación me parece primaveral pues la hierba de los prados no está quemada por el verano y el trigo de los campos está aún tierno y sin espiga, todo verde. Las hojas de la higuera y del manzano también están verdes, y todavía tiernas, y también las de la parra. Pero no veo flores en el manzano; y no veo fruta, ni en el manzano, ni en la higuera, ni en la vid. Señal de que el manzano ha florecido ya, pero hace poco tiempo, y los pequeños frutos todavía no se ven.

María, agasajada por un anciano que la acompaña - parece el dueño de la casa - sube la escalera exterior y entra en una amplia sala que parece ocupar toda o buena parte de la planta alta.

Creo comprender que los recintos de la planta baja son las habitaciones propiamente dichas, las despensas, los trasteros y las bodegas; mientras que ésta sería el recinto reservado para usos especiales, como fiestas de carácter excepcional, o para trabajos que requieran mucho espacio, o también para colocar holgadamente productos agrícolas. 

Si de fiestas se trata, lo vacían completamente y lo adornan, como hoy, con ramas verdes, esterillas y mesas ricamente surtidas de viandas. En el centro, suntuosamente provista de manjares, hay una de estas mesas; encima, ya preparado, ánforas y platos colmados de fruta. A lo largo de la pared de la derecha, respecto a mí que miro, otra mesa, aderezada, aunque menos ricamente. A lo largo de la pared izquierda, una especie de largo aparador y encima de él platos con quesos y otros manjares (me parecen tortas cubiertas de miel, y dulces). En el suelo, junto a esta misma pared, otras ánforas y tres grandes recipientes con forma de jarra de cobre (más o menos; son una especie de tinajas).

María escucha benignamente a todos; después, se quita el manto y ayuda, bondadosa, a terminar los preparativos del banquete. La veo ir y venir, poniendo en orden los divanes, derechas las guirnaldas de flores, mejorando el aspecto de los fruteros, comprobando si en las lámparas hay aceite. Sonríe y habla poquísimo y en voz muy baja, pero escucha mucho y con mucha paciencia.

Un gran rumor de instrumentos musicales viene del camino (realmente poco armónicos). Todos, menos María, corren afuera. Veo entrar a la novia, toda adornada y feliz, rodeada de parientes y amigos, al lado del novio, que ha sido el primero en salir presuroso a su encuentro.

Y en este momento la visión sufre un cambio. Veo, en vez de la casa, un pueblo. No sé si es Cana u otra aldea cercana. Y veo a Jesús con Juan y otro, que me parece que es Judas Tadeo (pero podría equivocarme respecto al segundo). Por lo que respecta a Juan, no me equivoco. Jesús está vestido de blanco y tiene un manto azul marino. Al oír el sonido de los instrumentos, el compañero de Jesús pregunta algo a un hombre de condición sencilla y transmite la respuesta a Jesús.

- Vamos a darle una satisfacción a mi Madre - dice entonces Jesús sonriendo. Y se encamina por las tierras, con sus dos compañeros, hacia la casa. Me he olvidado de decir que tengo la impresión de que María es o pariente o muy amiga de los parientes del novio, porque se ve que los trata con familiaridad.

Cuando Jesús llega, la persona de antes, puesta como centinela, avisa a los demás. El dueño de la casa, junto con su hijo, el novio, y con María, baja al encuentro de Jesús y lo saluda respetuosamente. Saluda también a los otros dos. El novio hace lo mismo.

Pero lo que más me gusta es el saludo lleno de amor y de respeto de María a su Hijo, y viceversa. No grandes manifestaciones externas. Pero la palabra de saludo: "La paz está contigo" va acompañada de una mirada de tal naturaleza, y una sonrisa tal, que valen por cien abrazos y cien besos. El beso tiembla en los labios de María pero no lo da. Sólo pone su mano blanca y menuda sobre el hombro de Jesús y apenas le toca un rizo de su larga cabellera: una caricia de púdica enamorada.

Jesús sube al lado de su Madre; detrás, los discípulos y los dueños de la casa. Entra en la sala del banquete, donde las mujeres se ocupan de añadir asientos y cubiertos para los tres invitados, inesperados según me parece. Yo diría que era dudosa la venida de Jesús y absolutamente imprevista la de sus compañeros.

Oigo con nitidez la voz llena, viril, dulcísima del Maestro decir al poner pie en la sala: "-La paz sea en esta casa y la bendición de Dios descienda sobre todos vosotros" - saludo global y lleno de majestad para todos los presentes. Jesús domina con su aspecto y estatura a todos. Es el invitado, y además fortuito, pero parece el rey del convite; más que el novio, más que el dueño de la casa. A pesar de ser humilde y condescendiente, es Él quien se impone.

Jesús toma asiento en la mesa del centro, con el novio, la novia, los parientes de los novios y los amigos más notables. A los dos discípulos, por respeto al Maestro, se les coloca en la misma mesa.

Jesús está de espaldas a la pared en que están las tinajas y los aparadores. Por ello, no lo ve, como tampoco ve el afán del mayordomo con los platos de asado que van siendo introducidos por una puertecita que está junto a los aparadores. 

Observo una cosa: menos las respectivas madres de los novios y menos María, ninguna mujer está sentada en esa mesa. Todas las mujeres están — y meten bulla como si fueran cien — en la otra mesa que está pegando a la pared, y se las sirve después de que se ha servido a los novios y a los invitados importantes. Jesús está al lado del dueño de la casa. Tiene enfrente a María, que está sentada al lado de la novia.

El banquete comienza. No falta el apetito, ni tampoco la sed. Los que comen y beben poco son Jesús y su Madre, la cual, además, habla poquísimo. Jesús habla un poco más. Pero, a pesar de ser parco de palabras, no se manifiesta ni enfadado ni desdeñoso. Es un hombre afable, pero no hablador. Si le consultan algo, responde; si le hablan, se interesa, expone su parecer, pero después se recoge en sí como quien está habituado a meditar. Sonríe, nunca ríe. Y, si oye alguna broma demasiado irreflexiva, hace como si no escuchara. María se alimenta de la contemplación de su Jesús, como Juan, que está hacia el fondo de la mesa y atentísimo a los labios de su Maestro.

María se da cuenta de que los criados cuchichean con el mayordomo y de que éste está turbado, y comprende lo que de desagradable sucede.

"- Hijo" - dice bajo, llamando la atención de Jesús con esa palabra "- Hijo, no tienen más vino".

"- Mujer, ¿qué hay ya entre tú y Yo?" - Jesús, al decir esta frase, sonríe aún más dulcemente, y sonríe María, como dos que saben una verdad, que es su gozoso secreto y que ignoran todos los demás.

Jesús me explica el significado de la frase:

- Ese ""ya", que muchos traductores omiten, es la clave de la frase y explica su verdadero significado. Yo era el Hijo sujeto a la Madre hasta el momento en que la voluntad del Padre me indicó que había llegado la hora de ser el Maestro. Desde el momento en que mi misión comenzó, ya no era el Hijo sujeto a la Madre, sino el Siervo de Dios. Rotas las ligaduras morales hacia la que me había engendrado, se transformaron en otras más altas, se refugiaron todas en el espíritu, el cual llamaba siempre "Mamá" a María, mi Santa. El amor no conoció detenciones, ni enfriamiento, más bien habría que decir que jamás fue tan perfecto como cuando, separado de Ella como por una segunda filiación, Ella me dio al mundo para el mundo, como Mesías, como Evangelizador. Su tercera, sublime, mística maternidad, tuvo lugar cuando, en el suplicio del Gólgota, me dio a luz a la Cruz, haciendo de mí el Redentor del mundo.

"¿Qué hay ya entre tú y Yo?". Antes era tuyo, únicamente tuyo. Tú me mandabas, yo te obedecía. Te estaba "sujeto". Ahora soy de mi misión. ¿Acaso no lo he dicho?: "Quien, una vez puesta la mano en el arado, se vuelve hacia atrás a saludar a quien se queda, no es apto para el Reino de Dios". Yo había puesto la mano en el arado para abrir con la reja no la tierra sino los corazones, y sembrar en ellos la palabra de Dios. Sólo levantaría esa mano una vez arrancada de allí para ser clavada en la Cruz y abrir con mi torturante clavo el corazón del Padre mío, haciendo salir de él el perdón para la Humanidad.

Ese "ya", olvidado por la mayoría, quería decir esto: "Has sido todo para mí, Madre, mientras fui únicamente el Jesús de María de Nazaret, y me eres todo en mi espíritu; pero, desde que soy el Mesías esperado, soy del Padre mío. Espera un poco todavía y, acabada la misión, volveré a ser todo tuyo; me volverás a tener entre los brazos como cuando era niño y nadie te disputará ya este Hijo tuyo, considerado un oprobio de la Humanidad, la cual te arrojará sus despojos para cubrirte incluso a ti del oprobio de ser madre de un reo. Y después me tendrás de nuevo, triunfante, y después me tendrás para siempre, tú también triunfante, en el Cielo. Pero ahora soy de todos estos hombres. Y soy del Padre que me ha mandado a ellos".

Esto es lo que quiere decir ese pequeño, y tan denso de significado, "ya".

María ordena a los criados: - Haced lo que El os diga - María ha leído en los ojos sonrientes del Hijo el asentimiento, revestido de una gran enseñanza para todos los "llamados".

Y Jesús ordena a los criados: - Llenad de agua los cántaros.

Veo a los criados llenar las tinajas de agua traída del pozo (oigo rechinar la polea subiendo y bajando el cubo que gotea). Veo al mayordomo echarse en la copa un poco de ese líquido con ojos de estupor, probarlo con gestos de aún más vivo asombro, degustarlo y hablarles al dueño de la casa y al novio (estaban cercanos).

María mira una vez más al Hijo y sonríe; luego, tras una nueva sonrisa de Jesús, inclina la cabeza, ruborizándose tenuemente; se siente muy dichosa.

Un murmullo recorre la sala, las cabezas se vuelven todas hacia Jesús y María; hay quien se levanta para ver mejor, quien va a las tinajas... Silencio, y, después, un coro de alabanzas a Jesús.

Pero El se levanta y dice una frase: - Agradecédselo a María - y se retira del banquete. Los discípulos lo siguen. En el umbral de la puerta vuelve a decir: - La paz sea en esta casa y la bendición de Dios descienda sobre vosotros - y añade: - Adiós, Madre.

La visión cesa.

Jesús me instruye así: - Cuando dije a los discípulos: "Vamos a hacer feliz a mi Madre", había dado a la frase un sentido más alto de lo que parecía. No la felicidad de verme, sino de ser Ella la iniciadora de mi actividad taumatúrgica y la primera benefactora de la Humanidad. Recordadlo siempre: mi primer milagro se produjo por María; el primero: símbolo de que es María la llave del milagro. Yo no niego nada a mi Madre. Por su oración anticipo incluso el tiempo de la gracia. Yo conozco a mi Madre, la segunda en bondad después de Dios. Sé que concederos una gracia es hacerla feliz, porque es la Toda Amor. Por esto, sabiéndolo, dije; "Vamos a hacerla feliz".

Además quise mostrar al mundo su potencia junto a la mía. Destinada a unirse a mí en la carne - puesto que fuimos una carne: Yo en Ella, Ella en torno a mí, como pétalos de azucena en torno al pistilo oloroso y colmo de vida -, destinada a unirse a mí en el dolor - puesto que estuvimos en la cruz Yo con la carne y Ella con su espíritu, de la misma forma que la azucena perfuma tanto con la corola como con la esencia que de ésta se desprende -, era justo unirla a mí en la potencia que se muestra al mundo.

Os digo a vosotros lo que les dije a aquellos invitados: "Dad gradas a María. Por Ella os ha sido dado el Dueño del milagro y por Ella tenéis mis gracias, especialmente el perdón".

13 de febrero de 2026

Nuestra Señora Árabe

 


Del sitio Aleteia:

La imagen de Jesús acurrucado en los brazos de la Virgen María ha sido una fuente inagotable de inspiración para los artistas durante más de dos mil años. Pero quizás sea el pintor Albert Louis Aublet quien realizó la representación más conmovedora.

Casi nada se sabe de la Virgen María, que sostuvo tiernamente en sus brazos al Salvador de la humanidad. La Biblia dice simplemente que era "llena de gracia" (Lucas 1,28) y "bendita entre las mujeres" (Lc 1,42). Pero nada sobre su aspecto, los rasgos de su rostro, la curva de su nariz o el color de sus ojos.

Sin embargo, lo poco que sabemos fue suficiente para inspirar a pintores y escultores, que durante dos mil años han seguido representándola con el Niño Jesús en sus brazos amorosos. Carlo Crivelli, Alberto Durero, Sandro Botticelli, Leonardo da Vinci, Rafael… Muchos la han representado magníficamente.

Aleteia le invita a contemplar de cerca a una Virgen con el Niño poco conocida: la "Virgen árabe" de Alebert Louis Aublet.

Creada por el pintor francés en 1898 y conservada actualmente en el Museo Diocesano de Płock (Polonia), es quizá una de las "Madonas con Niño" más conmovedoras jamás realizadas.

María está representada en estilo oriental, vestida como las mujeres del norte de África o de Oriente Próximo a finales del siglo XIX. Lleva un vestido oscuro y un turbante azul. Está arrodillada en el desierto, con gesto protector, velando al Niño Jesús.

María mira al Niño con una expresión de puro amor y contemplación. Su rostro expresa una mezcla de ternura maternal y silenciosa premonición sobre el destino de Jesús. El Niño está tendido en el suelo, dormido. Pero su postura, con los brazos abiertos, recuerda la forma de una cruz, presagio de la Pasión y la Resurrección.

La obra desprende una atmósfera de paz y ternura que cautiva a quienes la contemplan, pero también una profundidad espiritual. Vincula visualmente el nacimiento de Cristo (Encarnación) con su posterior sacrificio por la humanidad.

Albert Louis Aublet (1851-1938) fue un pintor académico francés, conocido por sus retratos y obras orientalistas. Este movimiento artístico reflejaba una fascinación por las culturas de Oriente Próximo y del norte de África, a menudo idealizadas por los artistas occidentales de la época. La elección de vestir a María a la manera de las mujeres orientales refleja probablemente esta tendencia orientalista. También podría subrayar una proximidad geográfica y cultural entre la Sagrada Familia y estas tradiciones del vestir.

A diferencia de muchas obras con proporciones idealizadas y cánones de belleza clásicos, el cuadro de Albert Louis Aublet destaca por su singularidad, ofreciendo una representación realista y accesible de la Virgen con el Niño.

Su significado espiritual es también profundamente conmovedor: nos invita a contemplar no solo la maternidad de María y el Salvador de la humanidad hecho hombre, sino también a tocar el plan divino de la Redención con el sacrificio de Cristo en la cruz para la salvación de la humanidad.

08 - enero - 2025

12 de febrero de 2026

Nuestra Señora Inmaculada Concepción de Granada (La Conchita)


Adaptado del sitio Muéstrame tu Rostro:

Cada diciembre, cuando los vientos alisios anuncian el fin de la estación lluviosa, la ciudad colonial de Granada, conocida como la "Gran Sultana", se transforma. Sus calles empedradas, flanqueadas por coloridas fachadas de adobe y teja, se convierten en el escenario de una de las manifestaciones de fe más profundas y visualmente impactantes de Nicaragua. El aire se impregna del aroma a incienso y flores de pascua, el eco de los cantos marianos resuena entre los muros históricos y una atmósfera de solemne devoción envuelve a la comunidad. Este fervor tiene un epicentro claro, un corazón que late con fuerza en el pecho de cada granadino: la veneración a la Inmaculada Concepción de María, encarnada en una imagen legendaria y querida, popularmente conocida como "La Conchita".

Resguardada en el altar mayor de la imponente Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, "La Conchita" no es solo una escultura religiosa; es la patrona de la Diócesis de Granada, un faro espiritual y un símbolo tangible de la identidad cultural de la ciudad. Su presencia trasciende los muros del templo, convirtiéndose en el eje de una tradición centenaria que, si bien se enmarca en la celebración nacional de "La Purísima", adquiere en Granada matices únicos y distintivos. Durante el novenario que precede a la gran fiesta del 8 de diciembre, la imagen recorre las principales avenidas en procesiones diarias, un acto que moviliza a barrios enteros en una demostración de fe comunitaria, donde los altares efímeros adornan las calles y las familias se congregan para recibir su bendición.

Toda gran devoción se cimienta en una historia fundacional, un relato que trasciende el tiempo y se instala en el imaginario colectivo como una verdad revelada. Para los habitantes de Granada, ese relato es la milagrosa llegada de su patrona, una narrativa cargada de misterio y simbolismo divino que explica el origen del profundo vínculo entre la ciudad y su "Conchita". La leyenda, transmitida oralmente de generación en generación y recopilada por historiadores, no es una simple anécdota; es la piedra angular sobre la que se construye una fe que ha perdurado por más de tres siglos.

La historia nos transporta a una mañana del 7 de diciembre de 1721. En las orillas del vasto Lago Cocibolca, también conocido como el Gran Lago de Nicaragua, un grupo de mujeres se afanaba en sus labores diarias de lavado de ropa al final de la histórica calle La Calzada. Su rutina fue interrumpida por un objeto inusual que flotaba en las aguas: un gran cajón de madera, cerrado y de procedencia desconocida. Movidas por la curiosidad, intentaron acercarse para recuperarlo, pero, según cuenta la leyenda, ocurrió un hecho inexplicable. Cada vez que se aproximaban, el cajón se alejaba misteriosamente, como si tuviera voluntad propia y se negara a ser tocado por ellas. Asustadas y convencidas de estar ante un suceso sobrenatural, corrieron a avisar a los frailes franciscanos del Convento de San Francisco, el centro religioso de la ciudad en aquella época.

Los frailes, encabezados según algunas versiones por Fray Toribio de Benavente y Paredes, acudieron al lugar acompañados por una creciente multitud de curiosos. Al llegar a la orilla, presenciaron el mismo fenómeno: el cajón se mantenía esquivo. Sin embargo, cuando los propios religiosos decidieron introducirse en el agua, el comportamiento del objeto cambió radicalmente. Ante el asombro de todos los presentes, el cajón, que antes se resistía, se entregó dócilmente a las manos de los frailes. Este acto fue interpretado de inmediato como una señal divina, una elección deliberada que confería al hallazgo un carácter sagrado y destinado. La noticia se esparció como la pólvora por toda Granada, y la expectación por conocer el contenido del misterioso cofre era inmensa.

Con gran solemnidad, los frailes llevaron el cajón a la parroquia, que hoy es la Santa Iglesia Catedral. Allí, ante la mirada expectante de los feligreses, procedieron a abrirlo. La admiración y la alegría estallaron al descubrir en su interior no una, sino dos imágenes de la Virgen María, ambas talladas con exquisita belleza. El misterio se profundizó y se aclaró al mismo tiempo, pues cada imagen traía consigo su propio destino claramente indicado. Una era la imagen de la Virgen de la Asunción, destinada a la vecina ciudad de Masaya. La otra, la imagen de la Inmaculada Concepción, estaba inequívocamente dirigida a Granada.

Para disipar cualquier duda, la imagen de la Concepción traía prendida en su vestido azul y blanco una estrofa que se ha convertido en un verso sagrado para los granadinos, una promesa y una declaración de intenciones que resuena hasta nuestros días:

"Desde El Castillo he venido
En un cajón embarcada
A la ciudad de Granada
para ser vuestra abogada."

Estrofa tradicional asociada a la imagen

Estas palabras confirmaron su misión: había llegado para ser la defensora y protectora de la ciudad. La escena, como relatan las crónicas populares, fue de un júbilo indescriptible. Se desgranaron rosarios, se elevaron salmos y se cantó con un fervor renovado a la Madre de Dios. Las dos imágenes fueron llevadas en procesión, y mientras "La Conchita" era entronizada en Granada, su compañera de viaje fue llevada a Masaya, donde también se convirtió en un pilar de la fe local, protagonizando sus propios milagros, como el desvío de una corriente de lava del volcán Masaya en 1775.

Los relatos de los milagros atribuidos a la Inmaculada Concepción de Granada son parte fundamental del acervo cultural y religioso de la ciudad. Estas historias, contadas con fervor por abuelos y padres, han cimentado su reputación como refugio seguro ante las catástrofes naturales y las calamidades humanas.

La Erupción del Volcán Cosigüina (1835): Uno de los milagros más recordados ocurrió en 1835, cuando la violenta erupción del volcán Cosigüina, a cientos de kilómetros de distancia, sumió a gran parte de Nicaragua en una oscuridad casi total. Una lluvia de ceniza fina y densa cubrió el cielo durante días, haciendo necesario el uso de lámparas y candelas a plena luz del día. La población, aterrorizada y creyendo que había llegado el fin del mundo, recurrió a su último recurso: la fe. Según relatos transmitidos por generaciones, el obispo organizó una procesión de rogativa. La imagen de "La Conchita" fue sacada de la catedral y llevada por las calles, seguida por el clero y un pueblo que lloraba y rezaba. De repente, en medio de la procesión, una claridad tenue comenzó a filtrarse a través del manto de ceniza. La luz se hizo progresivamente más viva, como un amanecer inesperado, y antes de que la imagen regresara al templo, la lluvia de ceniza había cesado por completo y el sol volvía a brillar. El suceso fue aclamado como una intervención directa y milagrosa de su patrona.

La Plaga de Chapulines: En otra ocasión, una plaga de langostas (chapulines) de una magnitud nunca antes vista amenazó con devastar la región. Nubes de insectos oscurecían el cielo y arrasaban con cada brizna de vegetación, amenazando los cultivos y la subsistencia de la población. El zumbido incesante de los enjambres generaba una atmósfera de tormenta y desesperación. Nuevamente, los granadinos se encomendaron a su Virgen de la Concepción con el mismo fervor sencillo y profundo. La leyenda cuenta que, de manera inexplicable, del sur aparecieron inmensas bandadas de pájaros que se lanzaron sobre las langostas, decapitándolas y cubriendo el suelo con sus restos. La plaga fue erradicada, y el milagro se sumó a la creciente lista de intervenciones divinas de "La Conchita".

El Incendio de Granada (1856): Quizás el milagro más simbólico de su capacidad de resistencia y protección ocurrió durante uno de los episodios más trágicos de la historia de Nicaragua: la Guerra Nacional contra los filibusteros. En 1856, las tropas al mando de William Walker, en su retirada, recibieron la orden de incendiar y destruir por completo la ciudad de Granada. La parroquia, junto con innumerables edificios, fue consumida por las llamas. En medio de ese "mar crepitante de llamas que quemaron los ornamentos, los altares, las imágenes", como lo describen las crónicas, la imagen de la Inmaculada Concepción permaneció milagrosamente intacta. Este hecho no solo fue visto como un milagro de preservación, sino como un símbolo de la indestructibilidad del espíritu de Granada, encarnado en su patrona. Ella sobrevivió al fuego, al igual que la fe y la identidad de su pueblo.

11 de febrero de 2026

Nuestra Señora de Lourdes del Bronx


 Traducido del sitio The Bronx Journal:

 La gruta de Nuestra Señora de Lourdes en la iglesia de Santa Lucía es un refugio seguro para muchos habitantes del Bronx y una forma de experimentar el fenómeno espiritual sin tener que viajar a Francia. Inspirada en la famosa gruta de Lourdes, en Francia, la gruta del Bronx se construyó en 1939 cerca de Allerton Avenue. La original se creó tras las múltiples apariciones de la Santísima Virgen María que se registraron a mediados de la década de 1850 en Francia.

Tres mujeres contemplan los milagros de Nuestra Señora de Lourdes. Una se arrodilla y reza frente a las velas, otra toca el agua bendita que fluye a través de las piedras, mientras que otra espera su turno.

La famosa estatua de Bernadette o "Señora", que tuvo visiones de la Virgen María. Cuando visitan el lugar, las personas traen flores para colocarlas alrededor de la Señora en señal de amor y respeto. En algunos casos, acuden para expresar su gratitud si el santuario les ha curado de alguna manera.

Las personas colocan velas delante de las piedras y las encienden para rezar por el descanso eterno de las almas. El memorial contiene los nombres de muchas personas que fallecieron en la parroquia.

El reverendo Pasquale T. Lombardo, fundador de la iglesia de Santa Lucía y la persona que se inspiró para recrear la gruta después de un viaje a Francia.

Sabrina Olavarria 

10 de febrero de 2026

Nuestra Señora, Guardiana de Corazones

 


Traducido del sitio Relevant Radio:

"¡No es culpa mía!" La excusa humana original.

El padre Simon comienza con algunas citas bíblicas:

Adán culpó a Eva. Eva culpó a la serpiente. Aarón dijo que el becerro de oro "simplemente salió" del fuego.

Él llama a esto "uno de esos testimonios de la estupidez humana" que secretamente le encanta. La cuestión es que siempre nos ha costado asumir la responsabilidad por el pecado. Y, sin embargo, Dios sigue persiguiéndonos con misericordia... en última instancia, a través de la Cruz.

Desnudos y asustados... espiritualmente hablando.

El padre Simon reflexiona sobre la "desnudez" de Adán y Eva tras el pecado.

"Estaban desnudos espiritualmente... ya no se encontraban en estado de gracia santificante".

Cuando no estamos revestidos de la gracia de Dios, somos vulnerables. Es entonces cuando el diablo aprovecha para atacar. Necesitamos la gracia como necesitamos abrigos de invierno en Wisconsin.

La costilla protege el corazón

El padre Simon recurre a un midrash, una interpretación judía de la creación de la mujer:

  • Eva no fue creada de la cabeza de Adán (para gobernarlo).

  • Ni de sus pies (para ser gobernada por él).

  • Sino de su costado... para caminar con él.

Entonces llega el momento revelador:

"La costilla protege el corazón".

Así, en el matrimonio, en la familia, en la fe... El padre explica que los hombres protegen del exterior, pero las mujeres protegen el interior. Protegen el corazón.

Y María es la expresión perfecta de eso.

María, Madre de la Iglesia y de nuestros corazones.

Este es el verdadero corazón (nunca mejor dicho) del episodio.

  • María fue la primera miembro de la Iglesia.

  • En un momento dado, Ella era toda la Iglesia.

Recibió a Cristo, en cuerpo y alma, y permaneció fiel al pie de la Cruz.

"María guarda el corazón de la Iglesia... porque Ella es el corazón".

El padre Simon relaciona esto con los iconos de la coronación: María sentada entre el Padre y el Hijo, coronada como Reina del Cielo. Esa no es solo su coronación... también es la nuestra. Estamos unidos a Ella, a la Iglesia, a través del bautismo, la Eucaristía y la gracia.

🧠 + 💖 = Iglesia real

El padre explica:

  • La Iglesia debe ser intelectualmente fuerte (¡sí, estudiad teología!)

  • Pero también tierna, maternal y amable (como María).

¿Si perdemos la amabilidad? ¿La compasión? ¿La calidez de la Iglesia? Entonces habremos perdido algo esencial.

Así que sí... defendamos la fe. Pero seamos también el tipo de católicos que hacen que la gente diga: "¡Es el gusano más sabroso que he visto nunca en un anzuelo!" (metáfora del padre Simon).

María no solo vela por la Iglesia, sino también por ti. Es la costilla que protege tu corazón. La primera cristiana. La Reina del Cielo. Y la Madre que siempre te da la bienvenida a casa.

María, Madre de la Iglesia... ¡Ruega por nosotros!


9 de febrero de 2026

Icono de la Madre de Dios Glinskaya (Nacimiento de Nuestra Señora)


Traducido del sitio Deva Maria:

 Este icono, "NACIMIENTO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA", apareció milagrosamente a principios del siglo XVI ante unos apicultores que estaban instalando colmenas en el bosque. 

En 1648, en el lugar de la aparición del icono, se fundó el monasterio de Glinsk, que recibió su nombre de los benefactores del monasterio, la familia de boyardos Glinski, propietarios de los terrenos circundantes. 

El icono de la Madre de Dios se hizo famoso por sus múltiples curaciones. Lamentablemente, en la actualidad, el milagroso icono de la Madre de Dios se ha perdido. 

En el antiguo icono de la Madre de Dios hay tres imágenes separadas entre sí por contornos especiales: el justo Joaquín, la justa Ana y la sirvienta que sostiene en sus brazos a la Virgen María. En las listas modernas, estas imágenes no están separadas, pero una característica distintiva de todos los tipos de iconos de Glinsk es la imagen de Dios Sabaoth en la parte superior. 

La ermita de la Santa Natividad de la Virgen María de Glinsk, tras décadas de olvido y ruina, fue devuelta a la Iglesia en 1994. Se encuentra en Ucrania (diócesis de Konotop): pueblo de Sosnovka, distrito de Glukhov (cerca de la frontera de Ucrania con Rusia).

8 de febrero de 2026

Como Nuestra Señora educa a la princesa Juana de Francia

 

Del sitio María de Nazaret:

Santa Juana de Francia (1464-1505) fue hija del rey Luis XI y de la reina Carlota de Saboya. A la edad de doce años, fue obligada a casarse con el duque Luis de Orleans y nunca aceptaría esta unión forzada. Cuando en 1498 accedió al trono de Francia, pidió a Roma que declarara nulo su matrimonio.

Juana, liberada de sus deberes matrimoniales, fundó entonces en Bourges la Orden de la Virgen María (las Anunciadas). Durante las apariciones, la Virgen María enseñó a Juana tres cosas capaces de hacerla avanzar en el camino para agradar a Dios y unirse a Cristo: 

  • la escucha de la Palabra de Dios, 

  • la meditación de la Pasión de Cristo, 

  • el amor a la Eucaristía.

El confesor de Juana refiere que la Virgen también le pidió que fuera pacificadora allí donde estuviera; que fuera su abogada con sus conversaciones y palabras; que buscara establecer la paz entre todos aquellos entre quienes vivía; que no dijera nada más que palabras de paz; que se preocupara por la salvación de las almas; que se esforzara por no escuchar palabras calumniosas, por perdonar siempre, por disculpar siempre. Hacer esto es un camino de vida.

Hermana Marie-Emmanuel
Monasterio de la Anunciada


 

7 de febrero de 2026

Meditando el Rosario. Primer Misterio Luminoso: El Bautismo de Jesús

 Del sitio Asalta el Cielo con tu Rosario:

Extraído del sitio Difusión de la Obra de María Valtorta:

Juan, después de haberle mirado atentamente con su ojo penetrante, exclama: “He aquí el Cordero de Dios. ¿Cómo es que viene a mí mi Señor?”. 

Jesús responde lleno de paz: “Para cumplir el rito de penitencia”.

 Juan: “Jamás, mi Señor. Soy yo quien debe ir a Ti para ser santificado, ¿y Tú vienes a mí?”. 

Y Jesús, poniéndole una mano sobre la cabeza, porque Juan se había inclinado ante Él, responde: “Deja que se haga como deseo, para que se cumpla toda justicia y tu rito se convierta en el inicio de otro misterio mucho más alto y se anuncie a los hombres que la Víctima está en el mundo”. 

 Juan le mira con los ojos dulcificados por una lágrima y le precede hacia la orilla. Allí Jesús se quita el manto, la túnica, y la prenda interior quedándose con una especie de pantalón corto; luego baja al agua, donde ya está Juan, que le bautiza vertiendo sobre su cabeza agua del río, tomada con una especie de taza que lleva colgada del cinturón y que a mí me parece como una concha o una media calabaza secada y vaciada. Jesús es exactamente el Cordero. Cordero en la pureza de la carne, en la modestia del porte, en la mansedumbre de la mirada. 

Mientras Jesús remonta la orilla y, después de vestirse, se recoge en oración, Juan le señala ante las turbas y testifica que le ha reconocido por el signo que el Espíritu de Dios le había indicado como señal infalible del Redentor. Pero yo estoy polarizada en mirar a Jesús orando, y solo tengo presente esta figura de luz que resalta sobre el fondo de hierba de la ribera. 

Escrito el 3 de Febrero de 1944

 

6 de febrero de 2026

Nuestra Señora de Cuatrovidas


 Traducido del sitio SOS Família & Juventude:

 El 25 de julio es la fiesta de la Virgen de Cuatrovidas, patrona de Bullullos, España. En el lugar donde se esperaba encontrar solo una fuente de agua, se encontró una fuente de gracias para toda la región.

 Se cuenta en Bollullos que, en tiempos antiguos, la imagen de la Santísima Virgen, su actual patrona, fue encontrada dentro de un pozo, en una localidad conocida como Cuatrovidas. En aquella ocasión, fue un pastor de ovejas, agotado y sediento, quien se acercó al pozo y lo vio iluminado por una luz misteriosa. La noticia se extendió por toda la región, muchos acudieron a investigar y, al adentrarse en el pozo, ¡encontraron la imagen milagrosa dentro de una pequeña cueva!

En las proximidades del pozo también había un monasterio. Muchos años antes, este edificio había sido construido para ser una mezquita musulmana. Sin duda, fue para ocultar la imagen de estos invasores árabes que se escondió en el pozo.

 Tatiana Correa

5 de febrero de 2026

Nuestra Señora, Madre de los Pecadores

 


Del sitio Aleteia:

Entre los títulos de la Santísima Virgen María está la de madre de los pecadores, pero ¿por qué le llamamos así? Es obvio que se trata de un regalo de Dios

Quien se acoge a la Virgen María y recurre a Ella en sus necesidades nunca quedará defraudado, afirman los santos. Es tan poderosa y efectiva su intercesión ante su divino Hijo que podemos llamarla Madre porque lo es realmente. Pero lo que más impresiona al alma es que es madre de los pecadores arrepentidos.

4 de febrero de 2026

Nuestra Señora, Alegría de los Cielos (Himno)


 Del sitio Tesoros de la Fe:

Es el título en castellano del "Hanaq Pachaq kusikuynin", uno de los himnos más antiguos dedicados a la Virgen en América Latina de los que se tienen notación, y maravillosa muestra de la predilección de la Santísima Virgen por el Nuevo Continente

Cuando un niño comienza a hablar, sus primeros balbuceos son recogidos con avidez por la familia, como señales precursoras de lo que podrá ser su personalidad adulta. Un interés semejante pero en sentido retrospectivo, nos despiertan ciertas obras del pasado llegadas hasta nuestros días, que nos permiten conocer cómo fueron los comienzos de la vida de determinados pueblos, naciones o áreas de civilización, cuando recién entraban al escenario de la Historia.    

Es muy interesante, por ejemplo, conocer cómo comenzó a esbozarse aquella inmensa realidad católica y mestiza surgida en el siglo XVI, hija de la conquista y evangelización del Nuevo Mundo, que es hoy América Latina; no sólo para saber hacia dónde apuntaban esas primeras manifestaciones de su identidad cultural, sino porque tal indagación adquiere especial interés en un momento en que crece en nuestro continente la confusión general y pesadas amenazas ensombrecen su horizonte, tornando difícil discernir hacia dónde nos encaminamos.

Cabe al Perú el honor de haber sido cuna de la más célebre música sacra que brotó de América recién evangelizada, con el nombre de Hanaq Pachaq kusi­kuy­nin, que en quechua significa “Alegría del Reino de los Cielos”. Es un himno procesional, uno de los más antiguos cánticos polifónicos dedicados a la Santísima Virgen en tierra americana, demostrando la temprana predilección de la Madre de Dios por aquel Nuevo Mundo que los Papas calificaron como “el continente de la esperanza”. El nombre de su autor no llegó hasta nosotros, pero por su forma de redacción, se especula que haya sido un aventajado estudiante indígena, ignorado de los hombres pero no de Dios y Nuestra Señora.    

El himno fue compuesto hacia 1610. El misionero franciscano fray Juan Pérez de Bocanegra le dio la notación musical “para que lo canten los cantores en las procesiones, al entrar en la iglesia”. Figura al final de un Ritual formulario e Institución de Curas compuesto por el mismo religioso y publicado en Cusco en 1631. La letra del Hanaq Pachaq kusikuynin fue recuperada por los padres jesuitas de Urcos, especialistas en el quechua litúrgico antiguo. El manuscrito original se conserva en la biblioteca de la Universidad Mayor de San Andrés, de La Paz, y existe también una partitura impresa original en la Biblioteca Nacional del Perú.

Fray Juan de Bocanegra fue párroco de Andahuaylillas, en Quispicanchis, al sur del Cusco. La parroquia se sitúa frente al monte Qoriorqo (Cerro de oro), así llamado por las famosas minas que existieron en el área. Dotado de gran talento artístico, aquel misionero amplió la iglesia de la localidad y la embelleció, al punto de ser hoy llamada la “Capilla Sixtina de los Andes”. Y hacia 1610 el mismo misionero mandó construir en el templo dos órganos que figuran entre los más antiguos de América y han sido recientemente restaurados.

Todo indica que ese himno cargado de ternura y unción fue cantado por primera vez en aquella iglesia. Su letra dulce y profunda, y su música, suave y sublime revelan tanto el talento de la raza indígena como su admirable capacidad para establecer una relación intensamente filial con Nuestra Señora y su divino Hijo.

Además del “Ritual formulario” que contiene el Hanaq Pachaq kusikuynin, Fray Bocanegra escribió la primera gramática fonética hispano-quechua. Fue también canónigo magistral de la catedral del Cusco y administrador de los inmensos bienes del marquesado de Santiago de Oropesa, cuyo título nobiliario fue creado por el rey Felipe III de España para la descendencia real incaica por la línea femenina de María de Loyola y Coya-Inca.

La administración del Marquesado confiada a Fray Bocanegra era, por tanto, un cargo honrosísimo y de la mayor importancia. Por eso admira ver que, a pesar de sus numerosas y tan importantes ocupaciones, el erudito religioso tuvo, sin embargo, la sensibilidad de alma necesaria para entender y musicar esa tierna plegaria indígena, al mismo tiempo humilde y maravillada.

En Hanaq Pachaq kusikuynin, los fieles preguntan a la Madre de Dios cuál es el lugar que su Hijo reserva a los mortales en el Reino de los Cielos. Los versos iniciales, los más cantados, son dirigidos a Nuestra Señora: "Hanaq pachaq kusikuynin, waranqakta much’asqayki, yupay ruru puquq mallki, runakunap suyakuynin, kallpannaqpa q’imikuynin, waqyasqayta". (Oh, Alegría del Cielo por siempre te adoraré, árbol florido que nos das el Fruto Sagrado, esperanza de la Humanidad, fortaleza que me sustenta estando yo por caer).

"Uyariway much’asqayta, Diospa rampan, Diospa maman, yuraq tuqtu haman­q’ayman, yupasqalla qullpasqayta, wawaykiman suyusqayta, rikuchillay". (Toma en cuenta mi veneración, Tú, mano guiadora de Dios, Madre de Dios, Floreciente amancaicito de tiernas y blancas alas, mi adoración y mi llanto; a este tu hijo hazle conocer el lugar que le reservas en el Reino de los Cielos).

En la segunda mitad del siglo pasado no faltaron tentativas por parte de la izquierda ecologista y liberacionista para sustituir la letra del Hanaq Pachaq kusikuynin por otra indigenista y neopagana. Pero felizmente, serias y meritorias investigaciones para esclarecer su contenido original permitieron identificarlo plenamente y mantener así intacta esta joya de la devoción a Nuestra Señora en Sudamérica.    

El renovado aprecio por nuestras raíces cristianas es una señal alentadora para nuestros días tan conturbados, cuando de México a la Patagonia, corrientes neo revolucionarias, abiertamente apoyadas por la izquierda seudo católica, intentan nuevamente precipitar a América Latina en las tinieblas del marxismo y del neo tribalismo. Pero esta arremetida viene encontrando un escollo insalvable en la fe popular, que tiene en la devoción a la Santísima Virgen y a los santos perua­nos su escudo protector indestructible.

Por la intercesión de Nuestra Señora, las tres Américas saldrán de las convulsiones actuales purificadas y encaminadas de lleno hacia la realización de su misión providencial, que es resplandecer como el Continente de la Fe en el Reino de María previsto en Fátima, espejo de la “Alegría de los Cielos”.     

 Santiago Fernández

3 de febrero de 2026

Nuestra Señora Mater Populis Fidelis

 


Del sitio Vaticano News:

La Virgen María, de pie junto a la cruz, recibió una misión maternal que ejerce cuidando con amor materno a los hermanos de su Hijo. Su corazón de madre, transfigurado por su plena participación en la gloria divina, ama profundamente a cada uno de sus hijos y busca los caminos para acercar el consuelo de su cercanía y el poder de su intercesión maternal. La devoción mariana es la respuesta humana a este desbordante amor materno. Como el discípulo amado, el cristiano recibe a María y la lleva entre sus cosas más íntimas.

Mater Populi Fidelis quiere ser –según afirmó el cardenal Fernandez en su presentación a los medios– un canto a la devoción popular mariana. Para captar esta intención de sus redactores, es útil leer el texto a la luz de los seis párrafos de la Presentación que lo precede. Allí se explica el contexto en el que hay que interpretar esta Nota doctrinal dedicada a clarificar el uso de algunos títulos marianos relativos a la maternidad de María respecto a los creyentes. Considera a la devoción mariana como un tesoro de la Iglesia y la ve expresada sobre todo en la piedad del Pueblo Fiel de Dios, especialmente en los pobres, que en el rostro de María encuentran la ternura y el amor de Dios y en Ella ven reflejado el mensaje esencial del Evangelio. También el último punto del documento llama a contemplar la piedad mariana popular que suscita la cercanía de María y cita las bellas palabras con que la Conferencia de Aparecida expresa el hondo valor teologal de esta experiencia. Quiere contemplarla, no para corregirla, sino para valorarla, admirarla y alentarla, ya que expresa la confianza en Dios que el Espíritu Santo suscita.

Sin embargo, la necesidad de clarificar algunos títulos marianos nace de la actividad de grupos cuya devoción mariana no expresa las mismas características de la devoción popular, sino que proponen un determinado desarrollo dogmático que por su falta de armonía puede confundir la fe de los fieles sencillos. Las propuestas de estos grupos, muy activos en las redes y algunos con cierta beligerancia, muchas veces expresan un maximalismo mariológico bajo el cual puede leerse una eclesiología preconciliar.

Para interpretar adecuadamente Mater Populi Fidelis es necesario reconocer esta diversidad de sujetos: la piedad popular mariana y la devoción de grupos eclesiales que no expresan bien la armonía del mensaje cristiano. El documento llama a apreciar la piedad popular mariana, que tanto valora la presencia de María en la vida cristiana. De hecho, si contemplamos estos dos milenios de misión maternal de María vemos que siempre estuvo rodeada de un halo de exuberancia afectiva. De Maria nunquam satis dice la famosa expresión atribuida a San Bernardo. El cardenal Newman, recientemente nombrado doctor de la Iglesia, explicaba que la devoción mariana toca los afectos más profundos del corazón humano y despierta energías que no son fáciles de controlar. Además, el amor verdadero comporta cierta tendencia a la exageración: “para hablar con franqueza, yo no daría mucho por un amor que nunca exagerara” (Carta a Pusey, Ed. Encuentro, 103). En el ámbito de los sentimientos y las pasiones la vida no conoce límites precisos. El Papa Francisco es consciente de eso cuando explica que “las cosas bonitas que la Iglesia y los santos dicen de María… son expresiones de amor como un hijo a la madre… el amor siempre nos hace hacer cosas exageradas, pero con amor” (Audiencia general, 24 de marzo de 2021).

Pero no todos los desbordes nacen del mismo cauce. Hay un maximalismo mariano que poco tiene que ver con la vitalidad de la piedad popular. Por ejemplo, no es lo mismo el título Reina del Cielo en los labios de un creyente sencillo en un santuario que esa expresión en el contexto de quienes insisten en la devoción a Cristo Rey como un signo de la vocación de la Iglesia a ser rectora de los destinos de la humanidad. Se trata de grupos que conjugan su admiración a María con posturas que no terminan de recibir la eclesiología del Concilio Vaticano II y que muestran poca sensibilidad frente a la necesidad de encontrar formulaciones doctrinales que sean significativas en los tiempos actuales. En el peor de los casos, la exaltación de María se vuelve caldo de cultivo de los clericalismos.

Sobre el título Corredentora el documento reconoce que se ha usado con naturalidad durante siglos, pero considera que en el contexto actual su uso resulta inoportuno porque, si no se lo explica adecuadamente, puede dar la idea de una acción de María de algún modo independiente de la de Cristo. No sería un verdadero honor a la Madre presentarla desplazando al Hijo de su lugar exclusivo. Esto no niega la incomparable participación de María en la obra redentora del Hijo. Sólo pide que se evite esa expresión por las resonancias confusas que ofrece. Como afirmó en una entrevista Joseph Ratzinger: “una intención correcta se expresa con un vocablo erróneo” (Dios y el mundo, Sudamericana, 2005, 288). Es llamativo la cantidad de veces que el documento usa la expresión “la cooperación de María en la obra de la redención”. Puede pensarse que intenta rescatar con una terminología más adecuada lo que puede haber de válido en el título Corredentora.

También sostiene que el título de Mediadora debe usarse con prudencia, considerando siempre que se trata de una mediación participada de la única mediación de Cristo (cf. n.28). Más reservas presenta al título Mediadora de todas las gracias, aclarando que la maternidad de María en el orden de la gracia debe entenderse como dispositiva y que cualquier lenguaje sobre su ‘mediación’ en la gracia debe entenderse en analogía remota con Cristo y su mediación única” (n.53).

Esta Nota doctrinal, que por llevar la firma del Papa pertenece al magisterio ordinario de la Iglesia, también puede ser entendida como un capítulo más de la profunda reformulación que afecta a la mariología desde el Concilio Vaticano II. Es sabido que en el aula conciliar colisionaron dos posturas contrapuestas que se resolvieron aceptablemente en el capítulo VIII de Lumen Gentium al presentar a María en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Si bien la mariología del Concilio es ampliamente admitida, hay tópicos que se siguen discutiendo y requieren una mayor maduración para ofrecer una formulación a la altura de estos tiempos. Uno de ellos es el influjo salvífico de María en la vida de los creyentes, al que se lo suele denominar maternidad espiritual o –especialmente desde Redemptoris Matermediación materna.

La aparición de este documento magisterial demuestra la actualidad del tema y la necesidad de que los teólogos trabajen en explicar de un modo culturalmente adecuado la participación de la Virgen en la única mediación histórico-salvífica de Cristo. Esta necesidad fue claramente presentada por la Pontificia Academia Mariana Internacional a principios del siglo XXI en su carta a los cultivadores de la mariología, que expone una propuesta en favor de la mediación mariana. Allí se explica que no se trata de regresar al enfoque preconciliar, ya superado, sino de avanzar en el camino del Concilio como hizo San Juan Pablo II en Redemptoris Mater y escuchando atentamente al sensus fidei fidelium (cf. La Madre del Signore… n.52).

Esta es la huella en la que es conveniente leer a Mater Populi Fidelis. No quiere ser un documento que obstaculice la devoción a María. Por el contrario, reconoce que Ella está como Madre en el corazón del Pueblo Fiel y quiere custodiar esa presencia de posibles instrumentalizaciones. Su intención es ofrecer un marco doctrinal para profundizar en el conocimiento del lugar único y singular de la Virgen en la salvación de la humanidad contemplando la piedad popular mariana que, como enseñó Francisco, siempre será “un lugar teológico al que debemos prestar atención” (Evangelii Gaudium 126). Clarificado el uso de estos títulos marianos, queda para los teólogos el desafío de formular la mariología vivida por el pueblo sencillo, que ama a la Madre y se siente amado por Ella, la ve siempre junto al Hijo trabajando con amor materno por la salvación, y “lee en esa imagen materna todos los misterios del Evangelio” (Evangelii Gaudium 285). 

Enrique Ciro Bianchi
Profesor de mariología
Facultad de Teología de Buenos Aires

2 de febrero de 2026

Purificación de Nuestra Señora


Adaptado del sitio Fundación Cari Filii:

El 2 de febrero, el mismo día de la Presentación de Jesús en el Templo se celebra la Purificación de la Virgen. Aunque era pura por nacimiento y libre de pecado, siguió al pie de la letra la ley judía. La Ley de Moisés contemplaba de manera precisa lo que una mujer judía como María debía hacer: "Cuando una mujer conciba y tenga un hijo varón, quedará impura durante siete días; será impura como en el tiempo de sus reglas. Al octavo día será circuncidado el niño en la carne de su prepucio; pero ella permanecerá todavía 33 días purificándose de su sangre. No tocará ninguna cosa santa ni irá al santuario hasta cumplirse los días de su purificación

De este modo, 40 días después del parto la Virgen cumplió con la ley judía, a la vez que el niño Jesús era presentado en el templo.

La Purificación de la Virgen María es la fiesta mariana más antigua de la liturgia y una de las más antiguas de la Iglesia. En Jerusalén ya se celebraba a finales del siglo IV. Más adelante, ya en el año 542, durante el mandato de Justiniano, comenzó a celebrarse el 2 de febrero, justamente 40 días después del 25 de diciembre, fecha del nacimiento de Jesús. Hasta el siglo VII no se introdujo esta fiesta en Occidente, aunque a finales de este siglo ya estaba bastante extendida. Mientras que en Oriente, al coincidir con la Presentación de Jesús en el templo, la fiesta tenía un carácter más cristológico, en Occidente tenía un mayor acento mariano.

 

1 de febrero de 2026

Nuestra Señora de la Candelaria escucha nuestra oración


 Del sitio Misioneros Digitales Católicos:

que iluminas la vida con el Niño en tus brazos, 
escucha nuestra oración.  
 
Te presentamos todo lo que somos: 
nuestras luces y sombras, las partes rotas, 
lo que vamos reconstruyendo. 
 
Aquí estamos Madre, 
buscando signos en lo cotidiano, 
encontrando tu amor en medio de la adversidad. 
 
María, reina de la esperanza, 
intercede para que lo simple nos conmueva y 
tu testimonio nos inspire a seguir. 
Que nos demos por entero al otro y entendamos que, 
sólo así, el mundo podremos de a poco alumbrar.
 
María, senda segura al corazón de Jesús, 
guía nuestros pasos en este peregrinar.

Amén

Mañana, 2 de febrero se celebra la Fiesta de  Nuestra Señora de la Candelaria 

31 de enero de 2026

Meditando el Rosario: Quinto Misterio Gozoso: Jesús perdido y hallado en el Templo

 

Del sitio María Luz Divina:

Veo a Jesús. Es ya un adolescente. Lleva una túnica blanca que le llega hasta los pies; me parece que es de lino. Encima, se coloca, formando elegantes pliegues, una prenda rectangular de un color rojo pálido. Lleva la cabeza descubierta. Los cabellos, de una coloración más intensa que cuando lo vi de niño, le llegan hasta la mitad de las orejas. Es un muchacho de complexión fuerte, muy alto para su edad (muy tierna aún, como refleja el rostro). 

Me mira y me sonríe tendiendo las manos hacia mí. Su sonrisa de todas formas se asemeja ya a la que le veo de adulto: dulce y más bien seria. Está solo. Por ahora no veo nada más. Está apoyado en un murete de una callecita toda en subidas y bajadas, pedregosa y con una zanja que está aproximadamente en su centro y que en tiempo de lluvia se transforma en regato; ahora, como el día está sereno, está seca. 

Me da la impresión de estarme acercando yo también al murete y de estar mirando alrededor y hacia abajo, como está haciendo Jesús. Veo un grupo de casas; es un grupo desordenado: unas son altas, otras, bajas; van en todos los sentidos. Parece - haciendo una comparación muy pobre pero muy válida - un puñado de cantos blancos esparcidos sobre un terreno oscuro. Las calles, las callejas, son como venas en medio de esa blancura. Ora aquí, ora allá, hay árboles que descuellan por detrás de las tapias; muchos de ellos están en flor, muchos otros están ya cubiertos de hojas nuevas: debe ser primavera. 

A la izquierda respecto a mí que estoy mirando, se alza una voluminosa construcción, compuesta de tres niveles de terrazas cubiertas de construcciones, y torres y patios y pórticos; en el centro se eleva una riquísima edificación, más alta, majestuosa, con cúpulas redondeadas, esplendorosas bajo el sol, como si estuvieran recubiertas de metal, cobre u oro. El conjunto está rodeado por una muralla almenada (almenas de esta forma: M, como si fuera una fortaleza). Una torre de mayor altura que las otras, horcada en su base sobre una vía más bien estrecha y en subida, cual severo centinela, domina netamente el vasto conjunto. 

Jesús observa fijamente ese lugar. Luego se vuelve otra vez, apoya de nuevo la espalda sobre el murete, como antes, y dirige su mirada hacia una pequeña colina que está frente al conjunto del Templo. El collado sufre el asalto de las casas sólo hasta su base, luego aparece virgen. Veo que una calle termina en ese lugar, con un arco tras el cual sólo hay un camino pavimentado con piedras cuadrangulares, irregulares y mal unidas; no son demasiado grandes, no son como las piedras de las calzadas consulares romanas; parecen más bien las típicas piedras de las antiguas aceras de Viareggio (no sé si existen todavía), pero colocadas sin conexión: un camino de mala muerte. 

 El rostro de Jesús toma un aspecto tan serio, que yo fijo mi atención buscando en este collado la causa de esta melancolía. Pero no encuentro nada de especial; es una elevación del terreno, desnuda, nada más. Eso sí, cuando me vuelvo, he perdido a Jesús; ya no está ahí. Y me quedo adormilada con esta visión.  

Cuando me despierto, con el recuerdo en mi corazón de lo que he visto, recobradas un poco las fuerzas y en paz, porque todos están durmiendo, me encuentro en un lugar que nunca antes había visto. En él hay patios y fuentes, pórticos y casas (más bien pabellones, porque tienen más las características de pabellones que de casas). Hay una gran muchedumbre de gente vestida al viejo uso hebreo, y mucho griterío. Me miro a mi alrededor y, al hacerlo, me doy cuenta de que estoy dentro de esa construcción que Jesús estaba mirando; efectivamente, veo la muralla almenada que circunda el conjunto, y la torre centinela, y la imponente obra de fábrica que se yergue en el centro, pegando a la cual hay pórticos, muy bellos y amplios, y, bajo éstos, multitud de personas ocupadas, quiénes en una cosa, quienes en otra. 

Comprendo que se trata del recinto del Templo de Jerusalén. Veo fariseos, con sus largas vestiduras ondeantes, sacerdotes vestidos de lino y con una placa de precioso material en la parte superior del pecho y de la frente, y con otros reflejos brillantes esparcidos aquí o allá por los distintos indumentos, muy amplios y blancos, ceñidos a la cintura con un cinturón también de material precioso. Luego veo a otros, menos engalanados, pero que de todas formas deben pertenecer también a la casta sacerdotal, y que están rodeados de discípulos más jóvenes que ellos; comprendo que se trata de los doctores de la Ley. Entre todos estos personajes me encuentro como perdida, porque no sé qué pinto yo ahí. 

Me acerco al grupo de los doctores, donde ha comenzado una disputa teológica. Mucha gente hace lo mismo. 

Entre los "doctores" hay un grupo capitaneado por uno llamado Gamaliel y por otro, viejo y casi ciego, que apoya a Gamaliel en la disputa; oigo que le llaman Hil.lel (pongo la hache porque oigo una aspiración al principio del nombre), y creo que es o maestro o pariente de Gamaliel: lo deduzco de la confidencia y al mismo tiempo respeto con que éste lo trata. 

El grupo de Gamaliel es de mentalidad más abierta, mientras que el otro grupo, que es el más numeroso está dirigido por uno llamado Siammai, y adolece de esa intransigencia llena de resentimiento, y retrógrada, tan claramente descrita por el Evangelio

Gamaliel, rodeado de un nutrido grupo de discípulos, hábil de la venida del Mesías, y, apoyándose en la profecía de Daniel, sostiene que el Mesías debe haber nacido ya, puesto que ya han pasado unos diez años desde que se cumplieron las setenta semanas profetizadas contando desde que fue publicado el decreto de reconstrucción del Templo. 

Siammai le plantea batalla afirmando que, si bien es cierto que el Templo fue reconstruido, no es menos cierto que la esclavitud de Israel ha aumentado, y que la paz que debía haber traído Aquél que los Profetas llamaban "Príncipe de la paz" está bien lejos de ser una realidad en el mundo, y especialmente en Jerusalén, oprimida bajo el peso de un enemigo que osa extender su dominio hasta incluso dentro del recinto del Templo, controlado por la Torre Antonia, que está llena de legionarios romanos dispuestos a aplacar con la espada cualquier tumulto de independencia patria. 

La disputa, llena de cavilosidades, está destinada a durar. Cada uno de los maestros hace su alarde de erudición, no tanto para vencer a su rival, cuanto para atraerse la admiración de los que escuchan; este propósito es evidente. 

Del interior del nutrido grupo de fíeles se oye una tierna voz de niño: "Gamaliel tiene razón"

Movimiento en la gente y en el grupo de doctores: buscan al que acaba de interrumpir; de todas formas, no hace falta buscarlo, Él no se esconde; antes bien, se abre paso entre la gente y se acerca al grupo de los "rabíes". Reconozco en Él a mi Jesús adolescente. Se le ve seguro y franco, y sus ojos centellean llenos de inteligencia. 

"-¿Quién eres?-" le preguntan.

"-Un hijo de Israel que ha venido a cumplir con lo que la Ley ordena"

Gusta esta respuesta intrépida y segura, y obtiene sonrisas de aprobación y de benevolencia. Despierta interés el pequeño israelita. 

"-¿Cómo te llamas?" 

"-Jesús de Nazaret"

Y aquí acaba la benevolencia del grupo de Siammai. Sin embargo, Gamaliel, más benigno, prosigue el diálogo junto con Hil.lel. Es más, es Gamaliel el que, con deferencia, le dice al anciano: "-Pregúntale alguna cosa al niño".

"-¿En qué basas tu seguridad?" -pregunta Hil.lel.

(Encabezo las respuestas con los nombres para abreviar y para que sea más claro) 

Jesús: "-En la profecía, que no puede errar respecto a la época, y en los signos que la acompañaron cuando llegó el tiempo de su cumplimiento. Cierto es que César nos domina". 

-Pero el mundo gozaba de gran paz y estaba muy tranquila Palestina cuando se cumplieron las setenta semanas. Tanto es así que le fue posible a César ordenar el censo en sus dominios; no habría podido hacerlo si hubiera habido guerra en el Imperio o revueltas en Palestina. De la misma forma que se cumplió ese tiempo, ahora se está cumpliendo ese otro de las sesenta y dos más una desde la terminación del Templo, para que el Mesías sea ungido y se cumpla lo que conlleva la profecía para el pueblo que no lo quiso. 

-¿Podéis dudarlo? No recordáis que la estrella fue vista por los Sabios de Oriente y que fue a detenerse justo en el cielo de Belén de Judá, y que las profecías y las visiones, desde Jacob en adelante, indican ese lugar como el destinado a recibir el nacimiento del Mesías, hijo del hijo del hijo de Jacob, a través de David, que era de Belén? ¿No os acordáis de Balaam? "Una estrella nacerá de Jacob". Los Sabios de Oriente, cuya pureza y fe abría sus propios ojos y sus propios oídos, vieron la Estrella y comprendieron su Nombre; "Mesías", y vinieron a adorar a la Luz que había descendido al mundo. 

Siammai, con mirada maligna: "-¿Dices que el Mesías nació cuando la Estrella, en Belén Efratá?" 

 Jesús: "-Yo lo digo".

Siammai: "-Entonces ya no existe. ¿No sabes, niño, que Herodes mandó matar a todos los nacidos de mujer de un día a dos años de edad de Belén y de los alrededores? Tú, Tú que sabes tan bien la Escritura, debes saber también que "un grito se ha oído en lo alto... Es Raquel que está llorando por sus hijos". Los valles y las alturas de Belén, que recogieron el llanto de la agonizante Raquel, se llenaron de llanto revivido por las madres ante sus hijos asesinados. Entre ellas estaba, sin duda, también la Madre del Mesías".  

Jesús: "-Te equivocas, anciano. El llanto de Raquel hízose himno, pues donde ella había dado a luz al "hijo de su dolor", la nueva Raquel dio al mundo al Benjamín del Padre celestial, Hijo de su derecha, Aquel que ha sido destinado para congregar al pueblo de Dios bajo su cetro y liberarlo de la más terrible de las esclavitudes"

Siammai: "-¿Y cómo, si lo mataron?"

Jesús: "-¿No has leído de Elías que fue raptado por el carro de fuego? ¿Y no va a haber podido salvar el Señor Dios a su Emmanuel para que fuera Mesías de su pueblo? Él, que separó el mar ante Moisés para que Israel pasase sin mojarse hacia su tierra, ¿no va a haber podido mandar a sus ángeles a librar a su Hijo, a su Cristo, de la crueldad del hombre? En verdad os digo; el Cristo vive y está entre vosotros, y cuando llegue su hora se manifestará en su potencia." La voz de Jesús, al decir estas palabras que he subrayado, resuena en un modo que llena el espacio. Sus ojos centellean aún más, y, con un gesto de dominio y de promesa, tiende el brazo y la mano derecha, y luego los baja, como para jurar. Es todavía un niño, pero ya tiene la solemnidad de un hombre. 

Hil.lel: "-Niño, ¿quién te ha enseñado estas palabras? "

Jesús: "-El Espíritu de Dios. Yo no tengo maestro humano. Ésta es la Palabra del Señor que os habla a través de mis labios." 

 Hil.lel: "-Ven aquí entre nosotros, que quiero verte de cerca, ¡oh niño!, para que mi esperanza se reavive en contacto con tu fe y mi alma se ilumine con el sol de la tuya". 

Y lo sientan a Jesús en un asiento alto y sin respaldo, entre Gamaliel e Hil.lel, y le entregan unos rollos para que los lea y los explique. Es un examen en toda regla. La muchedumbre se agolpa atenta. 

La voz infantil de Jesús lee: -"Consuélate, pueblo mío. Hablad al corazón de Jerusalén, consoladla porque su esclavitud ha terminado... Voz de uno que grita en el desierto: preparad los caminos del Señor... Entonces se manifestará la gloria del Señor...

Siammai: "-Como puedes ver, nazareno, aquí se habla de una esclavitud ya terminada. Y nosotros somos ahora más esclavos que nunca. Aquí se habla de un precursor. ¿Dónde está? Tú desvarías"

Jesús: "-Yo te digo que tú y los que son como tú, más que los demás, necesitáis escuchar la llamada del Precursor. Si no, no verás la gloria del Señor, ni comprenderás la palabra de Dios, porque las bajezas, las soberbias, las dobleces, te obstaculizarán ver y oír".

Siammai: "-¿Así le hablas a un maestro?" 

Jesús: "-Así hablo y así hablaré hasta la muerte. Porque por encima de mi propio beneficio está el interés del Señor y el amor a la Verdad, de la cual soy Hijo. Y además te digo, rabí, que la esclavitud de que habla el Profeta, que es de la que Yo hablo, no es la que crees, como tampoco la regalidad será la que tú piensas. Antes bien, por mérito del Mesías, el hombre será liberado de la esclavitud del Mal que lo separa de Dios, y la señal del Cristo, liberados los espíritus de todo yugo, hechos súbditos del Reino eterno, signará a éstos. Todas las naciones inclinarán su cabeza, ¡oh, estirpe de David!, ante el Vástago de ti nacido, árbol ahora que extiende sus ramas sobre toda la Tierra y se alza hacia el Cielo. 

Y en el Cielo y en la Tierra toda boca glorificará su Nombre y doblará su rodilla ante el Ungido de Dios, ante el Príncipe de la Paz, el Caudillo, ante Aquel que, tomando de sí mismo, embriagará a toda alma cansada y saciará toda alma hambrienta; el Santo que estipulará una alianza entre la Tierra y el Cielo no como la que fue estipulada con los Padres de Israel cuando los sacó de Egipto (siguiendo considerándolos de todas formas siervos), sino imprimiendo la paternidad celeste en el espíritu de los hombres con la Gracia de nuevo infundida por los méritos del Redentor por el cual todos los hombres buenos conocerán al Señor y el Santuario de Dios no volverá a ser derruido y hollado".

Siammai: "-¡Pero, niño, no blasfemes! Acuérdate de Daniel, que dice que, cuando hayan matado al Cristo, el Templo y la Ciudad serán destruidos por un pueblo y por un caudillo venidero. ¡Y tú sostienes que el Santuario de Dios no volverá a ser derribado! ¡Respeta a los Profetas!" 

Jesús: "-En verdad te digo que hay Uno que está por encima de los Profetas, y tú no lo conoces, ni lo conocerás, porque te falta el deseo de ello. Y has de saber que todo cuanto he dicho es verdad. No conocerá ya la muerte el Santuario verdadero. Al igual que su Santificador, resucitará para vida eterna y, al final de los días del mundo, vivirá en el Cielo"

Hil.lel: "-Préstame atención, niño. Ageo dice: '... Vendrá el Deseado de las gentes... Grande será entonces la gloria de esta casa, y de esta última más que de la primera'. ¿Crees que se refiere al Santuario de que Tú hablas?" 

Jesús: "-Sí, maestro. Esto es lo que quiere decir. Tu rectitud te conduce hacia la Luz, y Yo te digo que, una vez consumado el Sacrificio del Cristo, recibirás paz porque eres un israelita sin malicia". 

Gamaliel: "-Dime, Jesús: ¿Cómo puede esperarse la paz de que hablan los Profetas, si tenemos en cuenta que este pueblo ha de sufrir la devastación de la guerra? Habla y dame luz también a mí". 

Jesús: "-¿No recuerdas, maestro, que quienes estuvieron presentes la noche del nacimiento del Cristo dijeron que las formaciones angélicas cantaron: 'Paz a los hombres de buena voluntad'? Ahora bien, este pueblo no tiene buena voluntad, y no gozará de paz; no reconocerá a su Rey, al Justo, al Salvador, porque lo espera como rey con poder humano, mientras que es Rey del espíritu; y no lo amará, puesto que el Cristo predicará lo que no le gusta a este pueblo. Los enemigos, los que llevan carros y caballos, no serán subyugados por el Cristo; sí los del alma, los que doblegan, para infernal dominio, el corazón del hombre, creado por el Señor. Y no es ésta la victoria que de El espera Israel. Tu Rey vendrá, Jerusalén, sobre 'la asna y el pollino', o sea, los justos de Israel y los gentiles; mas Yo os digo que el pollino le será más fiel a Él y, precediendo a la asna, le crecerá en el camino de la Verdad y de la Vida. Israel, por su voluntad, perderá la paz, y sufrirá en sí, durante siglos, aquello mismo que hará sufrir a su Rey al convertirlo en el Rey de dolor de que habla Isaías".  

Siammai: "-Tu boca tiene al mismo tiempo sabor de leche y de blasfemia, nazareno. Responde: ¿Dónde está el Precursor? ¿Cuándo lo tuvimos?" 

Jesús: "-Él ya es una realidad. ¿No dice Malaquías: 'Yo envío a mi ángel para que prepare delante de mí el camino; enseguida vendrá a su Templo el Dominador que buscáis y el Ángel del Testamento, anhelado por vosotros'? Luego entonces el Precursor precede inmediatamente al Cristo. Él es ya una realidad, como también lo es el Cristo. Si transcurrieran años entre quien prepara los caminos al Señor y el Cristo, todos los caminos volverían a llenarse de obstáculos y a hacerse retortijados. Esto lo sabe Dios y ha previsto que el Precursor preceda en una hora sólo al Maestro. Cuando veáis al Precursor, podréis decir: '"Comienza la misión del Cristo'. Y a ti te digo que el Cristo abrirá muchos ojos y muchos oídos cuando venga a estos caminos; mas no vendrá a los tuyos, ni a los de los que son como tú. Vosotros le daréis muerte por la Vida que os trae. Pero cuando - más alto que este Templo, más alto que el Tabernáculo que está dentro del Santo de los Santos, más alto que la Gloria que está sostenida por los Querubines - el Redentor ocupe su trono y su altar, de sus numerosísimas heridas fluirán: maldición para los deicidas; vida para los gentiles. Porque Él, ¡oh, maestro insipiente!, no es, lo repito, Rey de un reino humano, sino de un Reino espiritual, y sus súbditos serán únicamente aquellos que por su amor sepan renovarse en el espíritu y, como Jonás, nacer una segunda vez, en tierras nuevas, 'las de Dios', a través de la generación espiritual que tendrá lugar por Cristo, el cual dará a la Humanidad la Vida verdadera.

Siammai y sus seguidores: "-¡Este nazareno es Satanás!" 

Hil.lel y los suyos: "-No. Este niño es un Profeta de Dios. Quédate conmigo, Niño; así mi ancianidad transfundirá lo que sabe en tu saber, y Tú serás Maestro del pueblo de Dios. 

Jesús: "-En verdad te digo que si muchos fueran como tú, Israel sanaría; mas la hora mía no ha llegado. A mí me hablan las voces del Cielo, y debo recogerlas en la soledad hasta que llegue mi hora. Entonces hablaré, con los labios y con la sangre, a Jerusalén; y correré la misma suerte que corrieron los Profetas, a quienes Jerusalén misma lapidó y les quitó la vida. Pero sobre mi ser está el del Señor Dios, al cual Yo me someto como siervo fiel para hacer de mí escabel de su gloria, en espera de que Él haga del mundo escabel para los píes del Cristo. Esperadme en mi hora. Estas piedras oirán de nuevo mi voz y trepidarán cuando diga mis palabras últimas. 

Bienaventurados los que hayan oído a Dios en esa voz y crean en Él a través de ella: el Cristo les dará ese Reino que vuestro egoísmo sueña humano y que, sin embargo, es celeste, y por el cual Yo digo: 'Aquí tienes a tu siervo, Señor, que ha venido a hacer tu voluntad. Consúmala, porque ardo en deseos de cumplirla'". 

Y con la imagen de Jesús con su rostro inflamado de ardor espiritual elevado al cielo, con los brazos abiertos, erguido entre los atónitos doctores. 

 Dice Jesús: "-Volvemos muy atrás en el tiempo, muy atrás. Volvemos al Templo, donde Yo, con doce años, estoy disputando; es más, volvemos a las vías que van a Jerusalén, y de Jerusalén al Templo." 

Observa la angustia de María al ver - una vez congregados de nuevo juntos hombres y mujeres - que Yo no estoy con José

No levanta la voz regañando duramente a su esposo. Todas las mujeres lo habrían hecho; lo hacéis, por motivos mucho menores olvidándoos de que el hombre es siempre cabeza del hogar. No obstante, el dolor que emana del rostro de María traspasa a José más de lo que pudiera hacerlo cualquier tipo de reprensión. No se da tampoco María a escenas dramáticas. Por motivos mucho menores, vosotras lo hacéis deseando ser notadas y compadecidas. No obstante, su dolor contenido es tan manifiesto (se pone a temblar, palidece su rostro, sus ojos se dilatan) que conmueve más que cualquier escena de llanto y gritos. 

Ya no siente ni fatiga ni hambre. ¡Y el camino había sido largo, y sin reparar fuerzas desde hacía horas! Deja todo; deja al camastro que se estaba preparando, deja la comida que iban a distribuir. Deja todo y regresa. Está avanzada la tarde, anochece; no importa; todos sus pasos la llevan de nuevo hacia Jerusalén; hace detenerse a las caravanas, a los peregrinos; pregunta. José la sigue, la ayuda. Un día de camino en dirección contraria, luego la angustiosa búsqueda por la Ciudad. 

¿Dónde, dónde puede estar su Jesús? Y Dios permite que Ella, durante muchas horas, no sepa dónde buscarme. Buscar a un niño en el Templo no era cosa juiciosa: ¿qué iba a tener que hacer un niño en el Templo? En el peor de los casos, si se hubiera perdido por la ciudad y, llevado de sus cortos pasos, hubiera vuelto al Templo, su llorosa voz habría llamado a su mamá, atrayendo la atención de los adultos y de los sacerdotes, y se habrían puesto los medios para buscar a los padres fijando avisos en las puertas. Pero no había ningún aviso. 

Nadie sabía nada de este Niño en la ciudad. ¿Guapo? ¿Rubio? ¿Fuerte? ¡Hay muchos con esas características! Demasiado poco para poder decir: "¡Lo he visto! ¡Estaba allí o allá!". 

Y vemos a María, pasados tres días, símbolo de otros tres días de futura angustia, entrando exhausta en el Templo, recorriendo patios y vestíbulos. Nada. Corre, corre la pobre Mamá hacia donde oye una voz de niño. Hasta los balidos de los corderos le parecen el llanto de su Hijo buscándola. Mas Jesús no está llorando; está enseñando. Y he aquí que desde detrás de una barrera de personas llega a oídos de María la amada voz diciendo: "Estas piedras trepidarán...". Entonces trata de abrirse paso por entre la muchedumbre, y lo consigue después de una gran fatiga: ahí está su Hijo, con los brazos abiertos, erguido entre los doctores. 

María es la Virgen prudente. Pero esta vez la congoja sobrepuja su conocimiento. Es una presa que derriba todo lo que pilla a su paso. Corre hacia su Hijo, lo abraza, levantándolo y bajándolo del escabel, y exclama: "¡Oh! ¿Por qué nos has hecho esto! Hace tres días que te estamos buscando. Tu Madre está a punto de morir de dolor, Hijo. Tu padre está derrengado de cansancio. ¿Por qué, Jesús?". 

No se preguntan los "porqués" a Aquel que sabe, los "porqués" de su forma de actuar. A los que han sido llamados no se les pregunta "por qué" dejan todo para seguir la voz de Dios. Yo era Sabiduría y sabía; Yo había "sido llamado" a una misión y la estaba cumpliendo. Por encima del padre y de la madre de la tierra, está Dios, Padre divino; sus intereses son superiores a los nuestros; su amor es superior a cualquier otro. Y esto es lo que le digo a mi Madre.  

Termino de enseñar a los doctores enseñando a María, Reina de los doctores. Y Ella no se olvidó jamás de ello. 

Volvió a surgir el Sol en su corazón al tenerme de la mano, de esa mano humilde y obediente; pero mis palabras también quedaron en su corazón. Muchos soles y muchas nubes habrían de surcar todavía el cielo durante los veintiún años que debía Yo permanecer aún en la tierra. 

Mucha alegría y mucho llanto, durante veintiún años, se darán el relevo en su corazón. Mas nunca volverá a preguntar: "¿Por qué nos has hecho esto, Hijo mío?". 

 ¡Aprended, hombres arrogantes!