Dedicado a María Santísima y a sus distintas advocaciones en el mundo, para que todos conozcan la historia de cada una de las Fiestas de Nuestra Reina del Cielo
Nuestra Señora de Trà Kiệu es una advocación de la Virgen María, venerada especialmente en Vietnam, sobre todo en la comunidad católica de la región central. Vinculada a un acontecimiento histórico importante, Nuestra Señora de Trà Kiệu no solo es un símbolo de protección y amparo, sino también un lugar de peregrinación sagrado que atrae a miles de fieles católicos cada año.
Alrededor del año 1885, cuando el movimiento Văn Thân se rebeló contra los franceses y los católicos, se produjeron numerosos ataques violentos contra las aldeas católicas de la región central de Vietnam. En ese contexto, la aldea de Trà Kiệu (que hoy pertenece al distrito de Duy Xuyên, en la provincia de Quảng Nam) se convirtió en uno de los objetivos de los ataques.
Según la leyenda, en septiembre de 1885, cuando la aldea de Trà Kiệu fue atacada ferozmente por las tropas de Văn Thân, la Virgen María se apareció en el techo de la iglesia de Trà Kiệu. Ella se presentó vestida con trajes tradicionales vietnamitas, protegiendo y defendiendo a los aldeanos del ataque. La presencia de la Virgen ayudó a los aldeanos a resistir y derrotar a las tropas de Văn Thân.
Para honrar el evento de la aparición de la Virgen María, la iglesia de Trà Kiệu se construyó con una arquitectura que combina los estilos oriental y occidental. La iglesia se destaca por su techo de tejas y sus columnas características, lo que crea un espacio sagrado y solemne.
Ubicado en la colina de Bửu Châu, este santuario fue construido para conmemorar la aparición de Nuestra Señora. La estatua de Nuestra Señora de Trà Kiệu, vestida con un áo dài tradicional y sosteniendo al Niño Jesús, se encuentra en el santuario y atrae a los fieles que acuden a orar y a ofrecer misas.
La Fiesta de Nuestra Señora de Trà Kiệu se celebra anualmente el 31 de mayo y atrae a miles de fieles católicos de todas partes. La fiesta incluye rituales religiosos, ofrendas de flores y actividades culturales comunitarias, lo que crea un ambiente solemne y lleno de emoción.
Trà Kiệu es uno de los lugares de peregrinación más importantes para los católicos de Vietnam. Los fieles acuden aquí para orar y buscar la protección y la paz de la Virgen María.
Nuestra Señora de Trà Kiệu es considerada un símbolo de la protección y el amparo que la Virgen María brinda a los habitantes del pueblo de Trà Kiệu y a la comunidad católica en general.
La aparición de Nuestra Señora de Trà Kiệu manifiesta el amor, la caridad y la presencia de la Virgen María en los momentos difíciles de sus hijos.
Poco se sabe sobre la primera imagen de la Virgen tras la aparición al cazador. No existe documentación sobre su autoría ni sobre cómo se representaba a la Santísima Virgen. Es posible que se tratara de una pintura sobre madera colgada en la
gruta, o quizás pintada directamente en la pared de la cripta, una
práctica más común en aquella época. Alrededor
de 1600, los frailes decidieron colocar otra imagen en la gruta; esta
fue esculpida en mármol de alabastro blanco al estilo de Sansovino.
Representaba a la Virgen sosteniendo y observando con ternura a su Hijo Jesús.
En la primera mitad del siglo XVIII los dominicos encargaron extensas obras de restauración en la cripta,
incluyendo otra imagen de la Virgen, esta vez esculpida en piedra
maltesa. Los
frailes sustituyeron el relieve de mármol, muy dañado, por esta nueva
imagen y encargaron la restauración de la antigua. Aunque la imagen de
mármol fue retirada de la cripta, la gente siguió expresando su devoción
hacia Ella. De hecho, en 1887 los frailes decidieron reinstalar la antigua imagen en la cripta, y la escultura de piedra fue colocada en la capilla recién construida que servía a la casa de estudiantes dominicos en Rabat.
En 1980, los dominicos decidieron encargar una réplica de mármol a Italia para preservar la original. Esta
última estaba envejeciendo y sufría un desgaste considerable,
especialmente durante las procesiones relacionadas con las festividades y
peregrinaciones.
De hecho, los frailes temían que sufriera daños irreversibles si se
manipulaba más. En efecto, ya se había roto en muchos pedazos y
posteriormente restaurado. En
1981, la réplica llegó a Malta.
En 1999, algunos devotos notaron una
mancha oscura cerca del ojo de la nueva escultura de la Virgen con el
Niño. Al principio, por alguna razón, nadie lo reportó. Sin embargo, el 6 de mayo, una mujer notó una lágrima rojiza del ojo derecho de la Virgen e inmediatamente informó al Prior y al Provincial.
También se llamó al Sacristán General, pero antes de que los testigos
pudieran contar lo sucedido, limpió las lágrimas del rostro de la
Virgen. La reacción del Prior fue que, si se trataba de un milagro, las
lágrimas volverían a aparecer.
Al
día siguiente no aparecieron lágrimas rojizas, al menos hasta las
18:00. Diez minutos después, la misma mujer visitó la iglesia y volvió a
ver lágrimas rojizas brotando del ojo de la Virgen.De nuevo, alertó al Prior, quien informó de inmediato al Arzobispo Joseph Mercieca.
El 12 de diciembre de 2003, la Curia Arzobispal emitió un comunicado de
prensa en el que recomendaba a los miembros de la Iglesia en Malta que
mantuvieran viva y fortalecieran su amor tradicional por la Virgen
María. Asimismo, se manifestó que, a la luz del Informe de la Comisión
de Expertos y del consejo de la Congregación para la Doctrina de la Fe,
es deseo del Arzobispo que este amor de los malteses hacia la Virgen
continúe abrazando, de manera digna y auténtica, la antigua devoción a
la imagen de Nuestra Señora de la Gruta. Ese mismo día, la Provincia Dominicana de Malta también emitió un comunicado de prensa que se publicó el 13 de diciembre.
Petrovaradin (o Peterwardein), una ciudad situada en la provincia de Vojvodina, en la región de Syrmia, al norte de Serbia, en la margen derecha del Danubio, desempeñó un papel esencial e inesperado en la guerra entre el Sacro Imperio Romano Germánico, la Austria de los Habsburgo y la República de Venecia contra los otomanos en los siglos XVII y XVIII. Los otomanos habían ocupado gran parte de los Balcanes y Europa central durante 164 años cuando tuvo lugar la batalla de Petrovaradin. Esta batalla puso fin definitivamente al avance turco en esta región del continente.
Petrovaradin, que en un principio fue una ciudad bizantina y luego húngara, fue tomada por los turcos en 1526. En ese momento, la ciudad contaba con unas 200 familias y tres mezquitas, y una pequeña comunidad cristiana de 35 hogares que aún se mantenía firme.
A finales del siglo XVII, el poder imperial de los Habsburgo se extendía por gran parte de los Balcanes. Pero la ocupación turca era una realidad que preocupaba a todas las cortes de Europa occidental. Viena, la capital austriaca, era un objetivo prioritario para los turcos, ya que consideraban la ciudad como una importante cabeza de puente desde la que sería posible una marcha hacia el oeste.
El año 1683 marcó el primer cambio de suerte. Eugenio de Saboya-Carignan (1663–1736), educado en la fe católica en la corte de Luis XIV (casi se hizo monje) antes de entrar al servicio de los Habsburgo, se opuso a los otomanos cuando estos sitiaron la ciudad. Fue un éxito para el bando católico, en circunstancias inverosímiles: nada predisponía a los austriacos a la victoria. En 1687, Petrovaradin pasó a manos de los Habsburgo de Austria.
El 11 de septiembre de 1697, Eugenio de Saboya volvió a derrotar a los turcos en Zenta (Hungría), también en circunstancias inverosímiles, lo que obligó a los turcos a firmar el Tratado de Karlowitz en 1699, que puso fin a la presencia turca en Hungría.
A partir de 1711, los otomanos reanudaron su campaña. Obtuvieron victorias contra la Rusia de Pedro el Grande en Pruth y, a partir de 1714, contra Venecia, la Morea y Creta. El sultán Ahmet III rompió la Paz de Karlowitz y declaró la guerra a los venecianos. La Sublime Puerta rechazó todas las ofertas de mediación. En abril de 1716, el Sacro Imperio Romano Germánico se vio obligado a acudir en ayuda de los venecianos. Fue en este contexto tan difícil donde tuvo lugar la batalla de Petrovaradin.
El 5 de agosto de 1716, día de la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves, contra todo pronóstico, los soldados católicos aplastaron a los turcos en treinta minutos. Su comandante, Eugenio de Saboya, se negó a convocar un consejo de guerra de antemano y, contrariamente a sus hábitos habituales, mostró una inexplicable imprudencia táctica.
Los católicos contaban con apenas 65.000 combatientes, mientras que el campamento otomano estaba compuesto por más de 120.000 hombres, incluidos 40.000 jenízaros, soldados experimentados y perfectamente preparados para la batalla. Los soldados de Eugenio de Saboya, por su parte, padecían disentería y estaban mal equipados. La batalla comenzó con muchos católicos sintiendo que era una causa perdida... Pero la llegada de la caballería bastó para desestabilizar a los turcos y luego rodearlos.
Apenas dos meses después, el papa Clemente XI, sin duda consciente del carácter milagroso de la victoria, en la que no podía ignorar el papel desempeñado por la Virgen María, extendió la fiesta del Rosario a toda la Iglesia católica, tras elevar la fiesta de la Concepción de María a solemnidad en el calendario litúrgico.
Al año siguiente, Eugenio de Saboya conquistó Belgrado, hacia donde los turcos habían estado marchando desde agosto de 1716, en circunstancias igualmente inexplicables: el campamento católico contaba con solo 80.000 soldados, mientras que la fuerza turca tenía 200.000. Los turcos se vieron finalmente obligados a firmar el Tratado de Passarowitz el 21 de julio de 1718, poniendo fin a la guerra entre los otomanos y Venecia en particular.
En la introducción de su libro sobre San Juan Vianney, titulado "L'Apôtre de la confiance en Marie" (El apóstol de la confianza en María, publicado en 1959 con motivo del centenario de su muerte), el autor, el padre Jacques Pagnoux, destaca la devoción del santo sacerdote a la Virgen María:
"Entre los rasgos dignos de imitar de la prodigiosa santidad de Juan María Vianney, uno parece particularmente digno de mención: su devoción a María. A primera vista, esto resulta sorprendente. Juan María Vianney nos dejó solo tres sermones, una instrucción catequística y algunas observaciones en conversaciones que se refieren directamente a la Santísima Virgen.
Más allá de esta enseñanza, cuyo valor no es desdeñable, nos dejó el ejemplo de su vida como sacerdote y como párroco: este ministerio está marcado por fechas marianas y en él se hacen evidentes la influencia maternal de María en el alma de este santo y la consagración total que él hizo de su persona y de su obra a ella.
¿Sería exagerado considerar esta devoción como la clave de su santidad personal y de su fecundidad apostólica?"
En 1498, una niña muda pastoreaba su rebaño en las colinas de Quintela, en las afueras de la ciudad de Sernancelhe, en el centro-norte de Portugal, cuando encontró una estatua de la Virgen con el Niño en la hendidura de una roca.
La joven Joana convirtió la estatua en objeto de su devoción personal, llevándola de un lado a otro entre su casa —donde le confeccionaba ropas— y las colinas, donde la colocaba sobre una roca, la rodeaba de flores y rezaba, mientras las ovejas pastaban cerca. Su madre comenzó a sentir que la "muñeca" distraía a la niña de sus quehaceres y un día la arrojó a la chimenea. De repente, Joana habló, por primera vez en su vida: "¡Mamá! ¡Esa es Nuestra Señora de la Gruta! ¿Qué estás haciendo?". La niña sacó del fuego a la imagen, que no se había quemado. ¡Ella se curó, pero el brazo de su madre quedó paralizado!
Después de que ambas rezaran, la madre recuperó el uso de su brazo. A medida que la noticia se difundió por la zona, la gente comenzó a acudir a venerar la estatua, y el párroco sugirió trasladarla a la iglesia. Pero en tres ocasiones, la imagen desapareció de la iglesia, reapareciendo en su lugar original entre las rocas. Así que se construyó allí una capilla, que encerraba el lugar donde Joana había encontrado la estatua. La gente creía que en el año 982, unas monjas que huían del conquistador islámico Almanzor habían escondido allí la imagen.
Nossa Senhora da Lapa se convirtió en uno de los principales destinos de peregrinación de Portugal, atrayendo la devoción de las colonias de Brasil y la India, así como de la aristocracia portuguesa. En 1575, el papa Gregorio XIII aprobó la solicitud del rey Sebastián de transferir el santuario a la Compañía de Jesús.
Entre 1610 y 1635, los jesuitas reconstruyeron la iglesia, decorando el interior con azulejos. Más tarde, agregaron un colegio y alojamientos para peregrinos, estudiantes y ellos mismos. Desde el siglo XVIII hasta el siglo XX, el complejo cambió de manos varias veces, siendo tomado repetidamente por el Estado y luego devuelto a la Iglesia. Desde 1929, pertenece a la Diócesis Católica Romana de Lamego.
Además de los enormes cantos rodados que se encuentran dentro del Santuario, otra característica inusual del Santuario es un cocodrilo que cuelga del techo (como en la Iglesia de Nuestra Señora del Cerezo en Bélgica): se trata de una réplica de madera de la piel disecada, ya descompuesta hace mucho tiempo, que, según algunos, un peregrino trajo para agradecer a la Virgen su ayuda contra la bestia en la India. Una historia local más fantasiosa cuenta que un lagarto monstruoso amenazó a una niña que hilaba a mano mientras cuidaba de su rebaño. Tras invocar a Nuestra Señora de Lapa, logró someter al animal atiborrándole la boca con ovillos de lana, para luego llevarlo a casa atado con un hilo, donde fue sacrificado y disecado.
Aunque la fama del Santuario se ha visto eclipsada por la de Fátima, sigue acogiendo tres grandes peregrinaciones al año: el 10 de junio, Día de Portugal; el 15 de agosto, Fiesta de la Asunción (precedida por novenas); y el 8 de septiembre, Fiesta del Nacimiento de María.
¡Imagina a María arrodillada en el Cenáculo; mírala adorando a su Hijo oculto en la Eucaristía!
Arrodíllate, pues, junto a María; no intentes caminar solo, sino quédate a su lado, ofreciendo la misma adoración que Ella, rindiendo el mismo homenaje.
"Oh Jesús, no sé cómo adorarte, pero repetiré su adoración en nombre de los pecadores, por la conversión del mundo y por todas las necesidades de la Iglesia".
Entonces alegrarás el corazón de María; Ella te mostrará a Jesús, diciendo: "Mira, oh Hijo mío, cómo vivo de nuevo en esta alma; cómo sigo adorándote en ella y a través de ella".
Oh sí, si alguien debe honrar, amar y servir a María, es especialmente aquel que profesa vivir para la Eucaristía; necesita a María para adorar; debe ser uno con Ella en su adoración.
¡Deja que la Santísima Virgen gobierne tu vida; deja que ella te lleve a Jesús!
Desde el siglo VIII, el mes de agosto ha sido un mes dedicado a la Virgen María en la tradición católica.
Esta devoción a la Virgen María se originó en el cristianismo oriental mucho antes de que se extendiera a la Iglesia universal. De hecho, tras la invasión de Roma por los pueblos del norte (llamados bárbaros en el siglo V), el año litúrgico oriental "comenzaba" el 8 de septiembre, fiesta del nacimiento de María, y "terminaba" el 15 de agosto, fiesta de su regreso a Dios.
Como solía ocurrir en aquella época, la Iglesia de Roma iba a la zaga de la Iglesia de Constantinopla, y la dedicación del mes de agosto a María en la Iglesia universal no se estableció hasta el siglo VIII, por iniciativa del papa Sergio I (687–701), él mismo de origen sirio.
En la Transfiguración, Jesús llevó consigo a tres de sus apóstoles (Pedro, Santiago y Juan) a la montaña y les reveló su gloria divina, el esplendor de la Verdad y el Amor. Jesús quiere que esta luz ilumine sus corazones cuando atraviesen la profunda oscuridad de la Pasión y la muerte de Cristo.
En cuanto a la solemnidad de la Asunción (del latín assumere), que significa 'ser elevada', a diferencia de 'Ascensio', que nos dio el término Ascensión, que significa 'elevarse por sí mismo' (con las prerrogativas divinas), esta fiesta celebra la dependencia de María del Hijo de Dios, quien le concedió esta gracia única.
La solemnidad de la Transfiguración del Señor es un espejo esencial para iluminar adecuadamente la solemnidad de la Asunción de la Virgen María. Celebrada el 15 de agosto, conmemora la gloria de María junto a Dios al final de su vida terrenal. María fue elevada por Dios desde la vida terrenal para entrar en la vida con Él. Para María, la Asunción es la continuación de su participación en la vida de Jesús. La Asunción es, por lo tanto, la elevación al cielo de la Virgen María, quien deja nuestro mundo sin haber conocido la corrupción de la muerte".
La talla de la Imagen de la Virgen de la Montaña puede situarse
cronológicamente entre los años 1620 y 1626. Fue encargada por el
eremita, iniciador del culto, Francisco de Paniagua y el clérigo Don
Sancho de Figueroa, fundador de la Cofradía.
Aunque es de autor
desconocido, guarda similitudes estilísticas con la imaginería sevillana
del siglo XVI y que algunos talleres mantienen durante el siglo XVII.
Son tallas similares las de la Virgen del Pilar de Zaragoza y la de los Desamparados de Valencia.
La imagen está realizada en madera de
nogal policromada, de cuerpo entero, situada sobre peñas terminadas en
prismas. Lleva tallado un manto de color azul, que cae desde la cabeza y
una túnica que sujeta con un cíngulo en color rojo y oro, con cuello
rojo oscuro. Sostiene al Niño Jesús en el brazo izquierdo, el cual mira a
la Madre con amor y Ella a los devotos.
Se trata de una imagen
que atrae y cautiva por su perfecta proporción y el acabado de su talla,
con un bello plegado del manto, que recoge bajo los brazos abriéndolo
por delante, para presentar la túnica. La altura total es de 58
centímetros y 25 centímetros en el Niño. Descansa sobre una peana
cuadrangular de 25 centímetros de lado, en la que reza, con bellas
letras capitales del siglo XVII, la siguiente leyenda:
“NUESTRA SEÑORA DE MONSERRATE”
Por
influencia de cierta moda renacentista, aun siendo una imagen de talla
completa, se presenta a la veneración de los fieles ataviada con
vestido, delantal, manto y toca.
Fue declarada Patrona Principal
de la Ciudad el 2 de marzo de 1906, y su coronación canónica tuvo lugar
el 12 de octubre de 1924.
Esta imagen es venerada desde el S. XVII en la villa de Albox, un pueblo de la provincia de Almería, en un Santuario ubicado en la Sierra de las Estancias cuya cota mas alta es el pico del Saliente; de ahí el sobrenombre de la imagen.
Esta imagen de la Virgen es venerada, no solo en el pueblo de Albox, sino también en toda la provincia, siendo su romería, el día 8 de septiembre, la más concurrida de toda la provincia, a la que se desplazan peregrinos desde pueblos de toda Almería, así como de las provincias de Murcia, Alicante y Granada, en las que cuenta con muchos devotos.
También tiene varias iglesias consagradas a esta advocación en lugares tan lejanos como Mendoza y Salta, en Argentina.
La Policía bosnia ha anunciado hacia la una y media, (hora local), de este martes la
detención de un hombre sospechoso de haber vandalizado estatuas y
provocado un incendio con bidones de combustible en la parroquia de Medjugorje durante la noche del lunes al martes.
La agresión sucedió pasadas las cuatro de la madrugada, en las instalaciones de la parroquia de Medjugorje,
cuando un hombre prendió fuego al altar exterior detrás de la parroquia
de Santiago (el espacio que se usa para encuentros al aire libre). La
escena quedó grabada por cámaras.
Alguien hizo además pintadas en distintas estatuas marianas de la zona. Una de las pintadas, en inglés, decía“devil in a skirt” (“diablo con falda”).
A lo largo de la mañana, miembros de la Comunidad del Cenáculo acudieron
a limpiar las pintadas de las estatuas. Esta comunidad lleva décadas en
Medjugorje, acoge a personas que están superando adicciones y acompaña a
los peregrinos.
Los creyentes y peregrinos han seguido reuniéndose para rezar, especialmente en elMonte Podbrdo (la colina de las apariciones). La estatua de la colina fue una de las atacadas, está instalada allí desde 2001 y es obra del escultor italiano Dino Felici.
A lo largo de la mañana, la Policía de Herzegovina Occidental difundió imágenes del sospechoso pidiendo colaboración ciudadana, hasta que se anunció su detención pasada la una del mediodía, anunciada por el Ministerio de Interior.
Él, o un cómplice, dejó además un cartel con mensajes ofensivos en el
exterior, que por la mañana fue retirado por miembros de la Comunidad
del Cenáculo, explica el diario bosnio Oslobodjenje.ba. El cartel o pancarta enumeraba nombres de videntes de Medjugorje, junto con un texto en polaco que decía:“Ivanka, Mirjana, Milka, Vicka, Ivan y Jakov son unos estafadores. ¡Tengo pruebas!”.
Todo esto ha sucedido cuando se espera la llegada de miles de jóvenes de toda Europa,especialmente de Italia y Europa Oriental, al Festival de Jóvenes de Medjugorje, el Mladifest, que empieza este sábado 1 de agosto, y se celebra cada año.
La oficina de la parroquia ha difundido una nota animando a responder a la agresión “con oración, ayuno y perdón”.
“Hemos recibido con gran tristeza la noticia del acto de vandalismo
que ha afectado los espacios de oración de nuestra parroquia. De
inmediato iniciamos las labores de limpieza y reparación de los daños para que todos los espacios vuelvan a estar dignamente preparados para la oración. Agradecemos a todos aquellos que, con su trabajo y su ayuda generosa, contribuyen a que este santuario siga siendo un lugar de encuentro con Dios, un lugar de paz y un lugar donde se venera a la Santísima Virgen María, Reina de la Paz”, afirma la nota.
“Invitamos a todos los fieles a responder a este acontecimiento tal como la Virgen nos ha enseñado durante más de cuarenta años en Medjugorje: con oración, ayuno y perdón.
Oremos por la conversión del corazón de quienes cometieron este acto,
para que el Señor los toque con su gracia y los conduzca por el camino
del bien”, añade el mensaje.
“Oremos también por la paz en el corazón de todas las personas. La Virgen nos llama incesantemente a ser portadores de paz. Que este acontecimiento nos impulse también a tomar aún más en serio su llamado: a no responder al mal con el mal, sino a dar testimonio, con nuestra propia vida, del amor, el perdón y la esperanza”, continúa la exhortación de las autoridades parroquiales.
“El santuario permanece abierto a todos los peregrinos. El
programa de oración continúa desarrollándose con normalidad y todos los
espacios están siendo limpiados y acondicionados con rapidez para que
vuelvan a ser un lugar de oración y de encuentro con el Señor, por
intercesión de la Reina de la Paz”, aseguran, en vísperas de la llegada
de miles de jóvenes al Mladifest 2026.
La candidata a la Presidencia de Bosniay Herzegovina y representante en la Cámara de Representantes de la Asamblea Parlamentaria de BiH, Darijana Filipović,condenó enérgicamente el ataque. “Los horribles mensajes dejados en un lugar de oración y santidad, un
lugar de esperanza y paz, y los daños materiales causados al altar no
deben quedar impunes”, dijo Filipović en la red social X. En su
opinión, “se trata de un ataque abierto contra la comunidad católica de Medjugorje y contra toda Bosnia y Herzegovina, pero también un ataque contra el símbolo mundial de paz y unidad, y esto ocurre en vísperas del 37º Encuentro Internacional de Jóvenes”, advirtió.
El ministro croata de Asuntos Exterioresy Europeos, Gordan Grlić Radman, también
condenó el ataque vándalo. “Este acto inaceptable constituye un
profundo insulto para los creyentes y todas las personas de buena
voluntad”, proclamó. “Medjugorje fue, es y seguirá siendo un lugar de paz, oración y esperanza, más fuerte que cualquier acto de odio”, insistió el jefe de la diplomacia croata en Facebook.
Cuando
la bomba atómica estadounidense “Fat Boy” destruyó Nagasaki hace 65
años, uno de los edificios quemados fue la catedral Urakami, pero la
cabeza de la estatua de madera de la Virgen María que poseía resistió a
la deflagración, lo que los japoneses católicos calificaron como un
milagro.
La onda expansiva ardiente de la deflagración que
devastó la ciudad el 9 de agosto, dejando más de 70.000 muertos,
pulverizó las vidrieras y los muros del edificio, carbonizó el altar y
fundió la campana.
Pero la cabeza de la estatua de madera de la
Virgen María sobrevivió a esa hoguera, y fue encontrada entre la
columnas derrumbadas y los restos de la iglesia romana.
El ícono
conservó el estigma de la guerra: los ojos se quemaron, dejando las
cuencas negras, la mejilla derecha ennegrecida y una fisura que corre a
lo largo del rostro como una lágrima.
“Cuando la volví a ver por
primera vez, pensé que la Virgen estaba llorando”, confió Shigemi
Fukahori, un parroquiano de 79 años que conocía bien la estatua antes de
la explosión.
“Era como si nos advirtiese contra los horrores de
la guerra sacrificándose”, agregó con una mirada hacia la estatua
cargada de emoción. “Es un símbolo importante de paz que debe
preservarse siempre”, añadió.
La estatua mutilada está hoy
expuesta en la nueva iglesia reconstruida en el mismo lugar, a sólo 500
metros del punto central sobre el que estalló la bomba de plutonio.
Pero
la reliquia hizo viajes a través del mundo como símbolo de paz. En mayo
estaba en Nueva York en donde se celebró la conferencia de la ONU sobre
el desarme nuclear y fue expuesta para un oficio religioso en la
catedral Saint-Patrick de la ciudad.
En el camino, los
responsables religiosos de Nagasaki presentaron la estatua en el
Vaticano, en donde fue bendecida por el papa Benedicto XVI, así como en
una ceremonia en Guernica (España), en memoria de la víctimas de los
bombardeos de la aviación alemana en 1937 durante la Guerra Civil Española.
“Existen
múltiples maneras de llamar por la paz –por fotos, películas o relatos
sobre el horror de la guerra– pero la Virgen atomizada parece tener un
poder diferente”, dijo.
Cuando cayó la bomba atómica sobre
Nagasaki, vivía en esa ciudad la comunidad cristiana más importante de
Japón. Unos 8.500 de sus miembros murieron por la explosión o por las
radiaciones y quemaduras.
Cuando algunos sobrevivientes intentan
ver esa tragedia como una prueba impuesta por Dios, sus sufrimientos
están profundamente anclados en las memorias.
"Estaba muy triste
como para llorar, ya que era simplemente inhumano”, confió Fukahori, que
se encontraba en el interior de una fábrica cuando la nube atómica se
levantó sobre la ciudad.
“Muchos sobrevivientes aun sufren de efectos secundarios de las radiaciones”, agregó.
Numerosos
estadounidenses están convencidos de que los ataques nucleares de
Hiroshima y Nagasaki eran necesarios para poner fin a la guerra y evitar
un desembarco mortífero, pero Takami no está de acuerdo con esta
explicación.
“Japón mató a millones de personas en Asia, pero
ello no significa que el bombardeo con bombas atómicas sea justificado”,
indicó. “La simple posesión de armas nucleares es un pecado”, concluyó.
Un pequeño cuadro de 20 por 24 centímetros de lado, apenas más grande
que una baldosa, se exhibe en el museo de Luján. Es un retrato de la
virgen María y fue firmada por el nativo Habiyú, en la reducción de la Anunciación de Itapúa (actual Posadas) en 1618.
Roque González, su
fundador, era entonces un joven (26) misionero jesuita nacido en
Asunción y cuentan las crónicas que atravesaba montes y selvas de la
provincia llevando siempre consigo un lienzo con la imagen de la Virgen
(la Inmaculada Concepción) que había pintado su par: el padre Bernardo
Rodríguez.
Se ha vinculado al cuadro de Habiyú con otro, lejano, pintado por El Greco.
El Greco (1541-1614) había nacido en Creta (de allí su apodo), se nutrió
de fuentes bizantinas y su arte se consolidó cuando llegó a Venecia. Su
nombre era Domenico Theotokópoulos, curioso apellido que remite
etimológicamente al “útero de Dios” que es como se denominaba en griego
antiguamente a María.
Resulta improbable que Habiyú conociera esa obra,
un óleo sobre lienzo, datado entre 1595 y 1600, cuyas medidas son apenas
mayores (52 por 41centrímetros).
Posiblemente Habiyú se haya guiado por la Conquistadora (como se llamaba
entonces en América a María) que portaba Roque González, o que una mano
europea haya realizado previamente el esbozo en lápiz, o que Habiyú
fuera guiado por descripciones del jesuita que, además, buscó
seguramente el paralelismo entre el nombre de la reducción y el episodio
de la Anunciación. El parecido de ambas obras resulta sin embargo
llamativo.
Desde la Fundación Amigos del Museo del Prado informan que probablemente
la pieza de El Greco proceda de Toledo, y explican: “La efigie sigue un
modelo femenino frecuente en El Greco: una adolescente de óvalo facial
almendrado, ojos grandes y oscuros que destacan sobre la blanca tez. Se
cubre con un velo fino, el manto azul y la túnica carmesí. El contorno
de todo el busto se perfila por el halo luminoso que envuelve a la
Virgen y la destaca sobre el fondo grisáceo. Tanto las reducidas
dimensiones como la visión muy cercana de la figura están pensadas para
buscar la complicidad del espectador, la proximidad devocional del
creyente. La tela es una réplica con participación de taller del
ejemplar que se conserva en el Musée des Beaux-Arts de Estrasburgo y
ambas versiones se inscriben en una iconografía mariana muy frecuente en
los siglos XV y XVI, la llamada Verónica de la Virgen".
Como han afirmado los cronistas de Indias a lo largo del
tiempo, "aunque es forzoso reconocer que muchos de los conquistadores
españoles no estuvieron exentos de graves defectos, es incontestable que
casi todos eran hombres de arraigada fe y además fervientes devotos de
la Virgen María". ¿Cuál era la Virgen María que latía en la fe de los
conquistadores? Es conocida la devoción de Colón, en cuyo estandarte
estaban impresas las imágenes de Jesús y de María, y la de Hernán Cortés
que llevaba sobre su pecho una cadena de oro con la imagen de la
Virgen.
Al llegar a las nuevas playas, María adquirió inmediatamente una
original configuración, cuya expresión más típica y al mismo tiempo la
más ambigua, será la de ser considerada como “La Conquistadora”. Así se
denominará ya en los primeros años a la Virgen llevada por los
mercedarios y es el mismo nombre que el jesuita Roque González daba a la
imagen de la virgen, que llevaba en todas sus expediciones apostólicas
en medio del mundo guaraní.
Impulsada por difundir la iconografía de Posadas, la artista plástica y
docente misionera, Teresa Warenycia halló en 2009 la obra de Habiyú en
el Museo de Luján. “Nos ubica en el Siglo de Oro de la pintura española
-explicó oportunamente Warenycia-, que proporcionó a la Iglesia católica
recursos plásticos para difundir su doctrina. Roque González había
hecho pie en nuestro territorio, en 1615, para establecer la Reducción
Nuestra Señora de la Anunciación de Itapúa precisamente tres años antes
de la datación de la pintura."
"Según las crónicas, continuó Warenycia, el
jesuita trasladó la Misión a la otra banda del río en 1621; por lo
tanto en 1618 la obra se ubica en territorio posadeño”. Y cita a
Furlong: “Ninguna de las telas que estos artistas hicieron en esos
pueblos indígenas ha llegado hasta nosotros, pero sí una que atribuimos a
un discípulo de ellos: representa a Nuestra Señora y al dorso de ésta
se lee: J. M. Cabiyú. Fecit in Itapúa, 1618. Habiyú, o Kabiyú, aborigen
que pintó la virgen en la Reducción de Anunciación de Itapúa a
instancias del Padre Verger en base a una estampa de El Greco”.
El investigador Julio Cantero sostiene en su artículo Habiyú ¿el primer
pintor posadeño y rioplatense?: “En el Museo Udaondo en Luján se
conserva un imagen que ha despertado admiración y polémica entre los
investigadores. Se trata de una pintura al óleo sobre tela, de pequeñas
dimensiones, es un retrato de la virgen María, que para el académico
Darko Sustersic constituye la primera pintura de la historia del arte
rioplatense. La obra, de inicios del siglo XVII en la que intervino un
autor guaraní, es de incalculable valor artístico. Se realizaron
estudios sobre el lienzo y sus componentes, además de restauraciones, y
se descubrieron dos datos significativos. En primer lugar, la fecha de
la obra, 1618, que era cuestionada porque se decía que la correcta
lectura debía ser 1718. Se afirmaba que la grafía con la que estaba
consignada era propia del siglo XIX, pero en un proceso de restauración
se retiró la parte posterior del cuadro (tapa), descubriéndose entonces
que la obra lleva en su dorso la firma del autor y la fecha, y en una
caligrafía que podría considerarse propia del siglo XVII. En segundo
lugar, se conoció, tras un estudio realizado con fotografía infrarroja,
que debajo de la pintura existe un esbozo a lápiz que habría servido de
guía al pintor”.
Para preparar esta "noche de paz" con todas las iglesias cristianas de Tierra Santa, los responsables de la Hermandad Notre-Dame de France se reunieron con el alcalde de Nazaret, que tenía la idea de crear un "museo" de la Virgen María en su ciudad para el año 2000, en colaboración con la UNESCO. Las delegaciones de ochenta países de todo el mundo, que habían acudido a Belén con motivo de las dos mil Navidades, llevaban toda una serie de regalos marianos para entregárselos "como los Reyes Magos", pero todo se vio perturbado por el proyecto de mezquita integrista que un grupo de musulmanes de las afueras de Nazaret había intentado imponer a cien metros de la Basílica de la Anunciación.
Dadas las circunstancias, el alcalde abandonó la idea y sugirió a sus contactos que se retomara. Pero era necesario replantearse el concepto de "museo", que no era apropiado para la Madre de Dios, y sobre todo encontrar un lugar para albergar el futuro centro mariano porque, tras visitar las pocas posibilidades que el alcalde tenía en mente, nada era adecuado. El proyecto parecía completamente bloqueado, pero eso sin contar con la intervención de San José, tras una oración en la famosa "tumba de los Justos", redescubierta a finales del siglo XIX en el nivel más bajo de un extraordinario yacimiento arqueológico desenterrado en el convento de las Hermanas de Nazaret, también a cien metros de la basílica de la Anunciación.
El 12 de junio por la tarde, después de haber visitado todos los lugares posibles de la ciudad de Nazaret, densamente urbanizada, parecía perdida toda esperanza de encontrar un lugar adecuado para instalar un centro mariano y estuvimos a punto de abandonar el proyecto.
De regreso al hotel Galilée, nos encontramos por casualidad con un grupo de peregrinos franceses que iban a visitar la famosa "Tumba de los Justos", que entonces no conocíamos y, sin saber qué hacer, decidimos unirnos a ellos.
El descubrimiento de este yacimiento excepcional se produjo por casualidad, a finales del siglo XIX, cuando una hermana que realizaba unas obras en un sótano cayó unos metros más abajo en una primera cavidad que podría datarse en la época de las Cruzadas. A continuación se encontró un segundo nivel más abajo, que databa del periodo bizantino. Aún más abajo, se descubrió otro nivel que databa de la época de Cristo y, bajo este nivel, una extraordinaria tumba vacía, digna de un rey o de un santo, excavada en la roca, cuya existencia siempre había sido afirmada por la antigua tradición oral local.
Ante este impresionante lugar, atribuido a San José, me vino espontáneamente a la mente una pequeña oración: "San José, tú que has cobijado a Jesús y a María durante toda tu vida en la tierra, ¿podrías encontrar un lugar adecuado para tu esposa?"
Al día siguiente, 13 de junio de 2000, fiesta de San Antonio de Padua, después de la misa de las 6.30 en la basílica, una hermana se quedó más tiempo rezando. Al comenzar la conversación, nos preguntó por qué estábamos allí, y le contamos nuestro problema. Ella respondió, sorprendida: "¿Buscáis una plaza? Venid a visitar nuestro colegio, St Joseph's, que está justo al lado. Acabamos de decidir mudarnos y desde hace una semana recibimos gente que nos propone proyectos para montar un negocio o un hotel".
Casualmente, la escuela está situada justo al lado de la basílica, en un lugar ideal, y la hermana se llama Sor Antony. Ese día era su fiesta y pertenecía a la congregación de las Hermanas de San José de la Aparición, cuya fundadora, Émilie de Vialar, francesa, estaba emparentada con Jacques de La Bastide, que sería el primer presidente de la Asociación Marie de Nazareth, creada unos meses más tarde.
Fue así como San José encontró providencialmente el emplazamiento del Centro Internacional María de Nazaret, que fue la primera realización de la Asociación Marie de Nazareth.
Es inminente la celebración de la solemnidad de la Asunción de la santísima Virgen, el sábado próximo, y estamos en el contexto del Año sacerdotal;
por eso deseo hablar del nexo entre la Virgen y el sacerdocio. Es un
nexo profundamente enraizado en el misterio de la Encarnación. Cuando
Dios decidió hacerse hombre en su Hijo, necesitaba el "sí" libre de una
criatura suya. Dios no actúa contra nuestra libertad. Y sucede algo
realmente extraordinario: Dios se hace dependiente de la libertad, del
"sí" de una criatura suya; espera este "sí". San Bernardo de Claraval,
en una de sus homilías, explicó de modo dramático este momento decisivo
de la historia universal, donde el cielo, la tierra y Dios mismo esperan
lo que dirá esta criatura.
El "sí" de María es, por consiguiente, la puerta por la que Dios pudo
entrar en el mundo, hacerse hombre. Así María está real y profundamente
involucrada en el misterio de la Encarnación, de nuestra salvación. Y
la Encarnación, el hacerse hombre del Hijo, desde el inicio estaba
orientada al don de sí mismo, a entregarse con mucho amor en la cruz a
fin de convertirse en pan para la vida del mundo. De este modo
sacrificio, sacerdocio y Encarnación van unidos, y María se encuentra en
el centro de este misterio.
Pasemos ahora a la cruz. Jesús, antes de morir, ve a su Madre al pie
de la cruz y ve al Hijo amado; y este Hijo amado ciertamente es una
persona, un individuo muy importante; pero es más: es un ejemplo, una
prefiguración de todos los discípulos amados, de todas las personas
llamadas por el Señor a ser "discípulo amado" y, en consecuencia, de
modo particular también de los sacerdotes.
Jesús dice a María: "Madre, ahí tienes a tu hijo" (Juan 19, 26).
Es una especie de testamento: encomienda a su Madre al cuidado del
hijo, del discípulo. Pero también dice al discípulo: "Ahí tienes a tu Madre" (Jn 19, 27). El Evangelio nos dice que desde ese momento
san Juan, el hijo predilecto, acogió a la madre María "en su casa". Así
dice la traducción italiana, pero el texto griego es mucho más profundo,
mucho más rico. Podríamos traducir: acogió a María en lo íntimo de su
vida, de su ser, "eis tà ìdia", en la profundidad de su ser.
Acoger a María significa introducirla en el dinamismo de toda la
propia existencia —no es algo exterior— y en todo lo que constituye el
horizonte del propio apostolado. Me parece que se comprende, por lo
tanto, que la peculiar relación de maternidad que existe entre María y
los presbíteros es la fuente primaria, el motivo fundamental de la
predilección que alberga por cada uno de ellos. De hecho, son dos las
razones de la predilección que María siente por ellos: porque se
asemejan más a Jesús, amor supremo de su corazón, y porque también
ellos, como Ella, están comprometidos en la misión de proclamar,
testimoniar y dar a Cristo al mundo. Por su identificación y
conformación sacramental a Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, todo
sacerdote puede y debe sentirse verdaderamente hijo predilecto de esta
altísima y humildísima Madre.
El concilio Vaticano II invita a los sacerdotes a contemplar a María
como el modelo perfecto de su propia existencia, invocándola como "Madre
del sumo y eterno Sacerdote, Reina de los Apóstoles, Auxilio de los
presbíteros en su ministerio". Y los presbíteros —prosigue el Concilio—
"han de venerarla y amarla con devoción y culto filial" (cf. Presbyterorum ordinis, 18).
El santo cura de Ars, en quien pensamos de modo particular este año,
solía repetir: "Jesucristo, cuando nos dio todo lo que nos podía dar,
quiso hacernos herederos de lo más precioso que tenía, es decir, de su
santa Madre" (B. Nodet, Il pensiero e l'anima del Curato d'Ars, Turín 1967, p. 305). Esto vale para todo cristiano, para todos nosotros, pero de modo especial para los sacerdotes.
Queridos hermanos y hermanas, oremos para que María haga a todos los
sacerdotes, en todos los problemas del mundo de hoy, conformes a la
imagen de su Hijo Jesús, dispensadores del tesoro inestimable de su amor
de Pastor bueno.
¡María, Madre de los sacerdotes, ruega por nosotros!