Del sitio Tesoros de la Fe:
Contrariamente a lo que
señalan los protestantes, los pueblos sienten una natural necesidad de
protección maternal. Un vivo ejemplo de ello es la veneración a la
patrona de la capital sueca.
Valdis Grinsteins
Muchas veces, en medio de una discusión con protestantes, estos lanzan una frase que es casi un estribillo: “Sólo Jesús salva”,
como si fuera una doctrina que los católicos rechazáramos. Ellos
consideran, erróneamente, que presentamos a la Santísima Virgen como si
fuera un ser que le disputa el poder a su Divino Hijo, o como alguien
que asume una posición contraria a la de Jesucristo en ciertas materias.
Nada sin embargo está más lejos de la verdad. La Virgen María es, entre
todas las criaturas, aquella cuya voluntad tiene la mayor consonancia
con la de Nuestro Señor Jesucristo, una consonancia total. Nada hay que
Dios desee, en lo que Ella no esté en perfecta y amorosa armonía. Por
eso, presentarla como si tuviera una voluntad opuesta a la voluntad
divina es, además de ignorancia, un grave error teológico. Y a partir de
tal error, los protestantes llegan a otro: que a veces Ella pida algo
contrario al deseo divino. Sería como una especie de reivindicación
indebida.
Tal posición resulta de un raciocinio simplificado: si solo Dios
salva, nadie más que Él puede querer salvar. Y únicamente Él puede
interceder válidamente para la salvación de cualquiera.
Ahora bien, la
verdad es más compleja. Sólo Jesús salva, ningún otro ser puede
salvarnos. Pero eso no significa que Él no desee que otros intercedan
por la salvación de esta o de aquella persona. Nuestro Señor es, al
mismo tiempo, la misericordia infinita y la justicia infinita. Si su
infinita justicia quiere castigar a alguien, eso no impide que su
misericordia infinita desee encontrar un modo de salvar al pecador, sin
violentar la justicia. Esta es la razón por la cual la Santísima Virgen
intercede por los pecadores, asumiendo, por así decirlo, el papel de
abogada, mientras que su Divino Hijo cumple el papel de justiciero,
aunque Él sea la misericordia infinita.
No hay, por lo tanto, dos voluntades divergentes: la de Nuestra
Señora, deseando lo opuesto de lo que anhela Nuestro Señor. Ella pide,
porque Él quiere que así sea. Ambos desean exactamente lo mismo, si bien
que nuestro Redentor lo desea todo en grado superior, pues es Dios.
Quien comprende esta problemática entiende la necesidad de la
intercesión de la Santísima Virgen. No una necesidad absoluta, sino por
voluntad de Dios. Claro está que podemos pedir las cosas directamente a
Nuestro Señor, pero Él mismo desea que la Virgen Santísima desempeñe el
papel de intercesora nuestra.
Todos los pueblos sienten esa necesidad de alma. Durante ciertas
épocas, los pueblos pueden hasta cerrarse a Ella. Pero las dificultades
de la vida terminan forzando a los hombres a reconocer, de algún modo,
su insuficiencia y la necesidad de ayuda.
En el siglo XVI, Suecia tuvo la desgracia de abandonar la religión
católica, única verdadera. Peor aún, bajo algunos de sus gobernantes se
transformó en un país líder del luteranismo. Sin embargo,
posteriormente, el interés por la religión se enfrió en el pueblo sueco,
siendo hoy Suecia uno de los países del mundo donde es menos
practicada.
Andando por las calles de Estocolmo, es común encontrar
carteles invitando a este o aquel templo protestante, en cuyo recinto se
va a realizar un concierto musical y durante el cual será pronunciado
algún sermón… Lo cual se parece a ciertos mítines políticos: si usted
soporta oír al candidato hasta el final, asistirá gratuitamente a un
show musical.
En la capital sueca, durante la semana, es raro ver iglesias
luteranas abiertas, incluso para quien tuviera un interés turístico en
visitarlas. Los domingos, el flujo de personas que van a los templos
luteranos no puede ser comparado ni de lejos con el de los católicos en
las iglesias de Sudamérica. En la catedral católica de la ciudad, al
contrario, se observa un entrar y salir normal de fieles, permaneciendo
sus puertas abiertas todos los días. Se celebran misas en la mañana y
por la tarde.
La catedral católica de Estocolmo, del punto de vista arquitectónico,
presenta una combinación chocante. Su fachada es del siglo XIX, y por
ella se ingresa a una iglesia digna, compuesta, elegante, con un
ambiente típicamente católico. Pero el lugar donde se encontraba el
altar mayor se convirtió ahora en paso o entrada hacia la nueva
catedral, de líneas modernas con acentuado mal gusto. Abstrayéndose de
la presencia del crucifijo, el edificio podría ser un teatro moderno, de
tal forma su arquitectura se opone a la noción de sagrado.
Cuando el altar mayor fue trasladado a la nueva posición, quedó un
espacio para dos capillas. Y es justamente en la capilla lateral derecha
donde se encuentra la imagen conocida como Nuestra Señora de Estocolmo.
Al visitar la catedral, yo pensaba encontrar tal vez una imagen que
hubiera sido salvada del desastre de la apostasía. Pero encontré un
ícono de estilo ruso —por lo tanto más cercano al arte bizantino y no al
arte nórdico—, lo cual podría suscitar cierta confusión entre los
fieles, aunque numerosos íconos sean venerados en muchas iglesias del
mundo católico.
Esta imagen es la copia conocida más antigua del ícono de Nuestra Señora de Kazan. Es una reproducción pintada en el siglo XVII, lo que le
confiere un gran valor. Fue adquirida en 1987 por el padre Johanes
Koch, y rebautizada con el nombre de Nuestra Señora de Estocolmo.
Los fieles acostumbran ofrecer artísticos cirios para ser colocados
junto al ícono. En la capilla, construida con buen gusto en estilo
tradicional, se pueden notar en la parte superior cirios de diversas
procedencias con frases en muchas lenguas.
Hoy en día, más del 20% de la población sueca está constituida por
inmigrantes, y los católicos que asisten a las misas dominicales son
notoriamente de los más diversos orígenes. Se ven no solo suecos,
convertidos probablemente en épocas recientes, sino también africanos,
sudamericanos, asiáticos y europeos del sur.
Es impresionante cómo nadie
se incomoda con esta diversidad de procedencias, pues todos sienten la
necesidad de una imagen de la Madre de Dios ante la cual puedan rezar.
Para un católico, nada más normal. Es muy reconfortante constatar que
esa necesidad de la intercesión maternal de la Santísima Virgen,
expresada en la veneración a una imagen suya, se ve así atendida. Y eso
ayuda a los recién convertidos ––que podrían conservar algunos resabios
de la frialdad protestante–– pues pueden observar cómo los católicos, de
las más variadas naciones, acuden a rezar por intercesión de la Virgen
María, delante de la pintura, con toda naturalidad.
La propaganda revolucionaria mundial elogió durante mucho tiempo a
Suecia, presentándola como un país moderno, igualitario, socialista,
rico, el “estado del bienestar” por excelencia. No obstante, últimamente
casi no se habla más de ello. Y se comprende que las trompetas de la
prensa revolucionaria hayan silenciado tales loas, pues en Suecia
ocurrió un desencanto con ciertos espejismos y mentiras que estaban en
boga. Los socialistas fueron rechazados en las urnas, debido a su
política de impuestos y de seguridad social igualitaria, que estaba
hundiendo al país. En un reciente referéndum triunfó el sentido común
nórdico, siendo rechazado el cambio de la sólida moneda sueca por el
incierto euro, la moneda de la Unión Europea.
Pidamos a Nuestra Señora de Estocolmo que favorezca aquellos
saludables movimientos de alma y que florezca de nuevo una ardiente
devoción a la Virgen Santísima, en la tierra de la gran santa Brígida.