Del sitio
Virgen de Bisila:
Hace mucho, mucho tiempo, en el pueblo de Botejé en la isla de Bioko
hubo una gran epidemia, y comenzaron a morir los niños, el cielo se
oscureció, los colores se apagaron y a las mujeres se les secaba la
leche de sus pechos, los hombres que tenían la medicina, no sabían qué
hacer, hablaban con los espíritus, pedían para que se acabara aquella
epidemia, pero nada sucedía.
Un día la hija del Botuku (jefe de la tribu), que era una hermosa
adolescente, fue al río a bañarse con sus amigas, y mientras se bañaba,
sintió ganas de hacer necesidad, así que se metió en una cueva, por
vergüenza y cuando ya había terminado delante de sus ojos vio a la mujer
más hermosa que no había visto en su vida. Era una mujer con cientos de
trenzas largas hasta la cintura, una piel negra, brillante, unos pechos hermosos, que en uno de ellos mamaba un niño, una falda larga de
rafia. La hija del Botuku comenzó a gritar, pues sospechaba que aquella
mujer que tenía delante no era una mujer, sino un espíritu.
Y si, era un espíritu que quería usar el cuerpo de la chica para dar su mensaje. La chica siguió gritando y Ella habló:’ “no
grites, no grites yo soy BISILA si hacéis todo lo que yo os digo
volverán a nacer los niños en Botejé. Porque los niños son tesoros que
han de cuidar de la tierra, he de hablar con los hombres de la medicina y
te necesito para ello”. La hija del Botuku siguió gritando,
hasta que cayó desmayada fue el momento que Bisila aprovechó para entrar
en el cuerpo de la chica.
Cuando las amigas de la hija del Botuku,
entraron en la cueva, la encontraron en el suelo y sin sentido. La
llevaron ante los hombres que tenían la medicina, estos por cómo estaba
su cuerpo, dedujeron que estaba poseída por un espíritu y enseguida le
hicieron las pruebas para saber. Una vez despierta; le dieron de comer
un fruto que solo lo puede comer alguien que tiene un espíritu dentro,
pues su sabor es tan amargo, que para una persona normal, es imposible
probarlo e insoportable. La hija del Botuku comió 3 de las frutas que le ofrecieron, como si fuera el manjar más exquisito.
Hicieron la segunda
prueba; darle de beber agua del mar, ella bebió 7 litros como si fuera agua dulce del río .Viendo que estaba poseída hablaron con el espíritu: "¿quién eres y qué quieres?" Y Bisila respondió: “yo soy Bisila. Si hacéis todo lo que digo, volverán a nacer los niños en Botejé, los
niños son tesoros ellos han de cuidar de la tierra. Construiréis una
rohia (choza 'casa espiritual de los bubis') en lo alto de la montaña,
allí una mujer que yo elegiré, como en este caso la hija del Botuku y un
niño elegido por mí, me traerán en ofrendas, los frutos de la tierra,
yo hablaré por medio de ella, he iré indicando a los hombres que tienen
medicina lo que hay que hacer en adelante”.
Hicieron lo que Bisila pedía…una rohia
en lo alto de la montaña le llevaron todo tipo de ofrendas, frutos de la
tierra, desde entonces Ella se ocupa que tengamos tanta abundancia en
la Isla de Bioko, que no nos falte ningún alimento.
Sucedió algo hermoso: el cielo se llenó de luz, volvieron los colores, comenzaron a nacer niños, cada mujer tenía un niño amamantado de sus pechos, niños sanos, alegres. Botejé se llenó de alegría. Y siguieron naciendo niños, niños que al crecer dejaban el pueblo e iban
poblando toda la Isla de Bioko, y… siguieron naciendo niños, que
llenaron de Bondad toda la Isla de Bioko hasta nuestros días.
Es por eso que el pueblo de Botejé, de donde vienen los niños, las
mujeres bubis de la Isla de Bioko siempre tenemos un niño en nuestro
pecho. Es el regalo que le hacemos a la tierra y entregamos a Bisila,
porque los niños son tesoros para ellas.
Y esta historia que os cuento
ha sido una historia contada oralmente día a día desde nuestros
antepasados hasta nuestros días. Hoy podemos decir que la tenemos
escrita. Cada vez que vuestras madres tengan un hijo es gracias a la Madre
Bisila.
Esta es la leyenda del espíritu protector de la isla de Bioko.
Bisila, la madre de la etnia bubi de Isla de Bioko, que los españoles,
ante la impotencia de ver que la seguíamos venerando. La proclamaron
virgen en 15 de agosto en 1968 cuando ya abrazaron la fe cristiana.
Las diversas expresiones de esta devoción a Bisila llevaron al
entonces Arzobispo Dr. Rafael María Nse Abuy a solicitar al Santo Padre, San Juan Pablo II, el reconocimiento y aprobación del culto a la Virgen
Bísila como patrona de la isla de Bioko. También, a nivel cultural,
Bisila es reconocida como el pilar de la cultura bubi.
Tras la petición a Roma del primer Arzobispo de Guinea, Monseñor
Rafael Nzé Abuy, el Papa Juan Pablo II, con la Bula “Conveniente Mater”
del 26 de mayo de 1986, la proclamó Patrona y Reina de la Archidiócesis de Malabo. Fue declarada Patrona de la isla de Bioko y solemnemente
coronada el 15 de agosto de 1987. Fue solemnemente coronada y proclamada,
en medio de grandes festejos, como Nuestra Señora de Bisila, patrona de
la isla Bioko. Después se hizo una imagen de ella, colocándola en el
pico de Basilé; y, desde este momento, este lugar se convirtió en un
“lugar de peregrinación” para los devotos de la Virgen María.
La imagen de la Virgen lleva las características escarificaciones
que, antiguamente, eran un distintivo del pueblo bubi, así como la
tradicional pulsera (loko’o), hecha de pequeños trocitos de la caracola
marina Achatina. El Niño Jesús lleva también, en su brazo izquierdo,
unas finas pulseras que, aunque no se aprecian bien en la imagen,
parecen estar formadas con vértebras de serpiente no venenosa, asimismo
muy tradicionales, rematadas con dos pequeños cascabeles.
La figura que fue modelada por el magnífico escultor D. Modesto Gené Roig, que, nacido en 1914 en Reus (Tarragona), residió durante muchos
años en Bata, a donde llegó en 1957 becado por Plazas y Provincias
Africanas, tras haber conseguido grandes éxitos como pintor y escultor
en España y otros países.
Después de varios viajes a España, en los que recibió los merecidos
homenajes y premios a su magnífica labor, se instaló definitivamente en
Bata, donde permaneció hasta su muerte, acaecida el 29 de octubre de
1983, siendo enterrado sin honores, como era su deseo. Su dilatada labor
fue premiada no sólo en España, Italia, Francia, etc., sino también en
Guinea Ecuatorial, al concederle, S. E el Presidente D. Teodoro Obiang Nguema la Medalla de Bronce de la Orden de Independencia de la República
de Guinea Ecuatorial en 1981.
Hoy esta figura, que fue modelada por el
magnífico escultor español, Modesto Gené Roig, y que era visitada por
peregrinos de todas partes, ya no existe en el lugar donde se hallaba en
el pico Basilé. Los fuertes vientos han provocado la rotura, derrumbe
del pequeño habitáculo donde se encontraba, así como el completo
destrozo de esta figura.