Mostrando entradas con la etiqueta San Juan de Mata. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta San Juan de Mata. Mostrar todas las entradas

8 de octubre de 2025

Nuestra Señora del Buen Remedio - Remedio de todas las aflicciones

 

Adaptado del sitio Gaudium Press:

Bajo la hermosa advocación de Madre del Buen Remedio, que la Iglesia celebra el día ocho de este mes, (hoy), la Santísima Virgen se nos presenta como dispensadora de los auxilios sobrenaturales y materiales que nosotros, insuficientes y miserables como somos, necesitamos en medio de las penurias de este valle de lágrimas.

Pero ¿por qué "buen remedio"?

De hecho, el término remedio — que deriva del sustantivo latino remedium, así como del verbo remediare— denota una solución o lenitivo para cualquier tipo de necesidad. Aunque, efectivamente, se emplea mucho para designar una sustancia utilizada para sanar enfermedades físicas, también se refiere a todo aquello que puede prevenir, aliviar o eliminar un mal, incluso moral o espiritual.

Por otra parte, es razonable que los remedios le sean dispensados a un enfermo en proporción a las molestias que le afectan, ya que nadie busca curarse de una grave dolencia valiéndose de simples analgésicos, y mucho menos toma medicamentos fuertes y de uso restringido para el tratamiento de una indisposición.

Entonces, nos preguntamos: ¿qué "buen remedio" es ése que nos ofrece la Virgen? ¿Y qué tipo de mal pretende combatir?

Debido a la transgresión de nuestros primeros padres, el género humano fue afectado por la peor de las enfermedades: el pecado. Como canta un hermoso himno gregoriano dedicado a la Madre de Dios, estaba el universo "entero en amargura, entero en dolor, entero en peligro", pues "el enemigo lo dominaba todo"; sin embargo, por la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo, "se le dio al mundo moribundo un remedio no humano, sino divino". El P. Jourdain afirma también que la Virgen María trajo a la tierra a Aquel que puede curar completamente el peor de los males: "Dio a luz al autor de la salvación. El remedio todopoderoso, el único capaz de devolver la salud y la vida a la humanidad, vino de María".

Pues bien, si María nos ha dado este remedio supremo, ¿por qué no hemos de esperar de Ella todos los demás "remedios" que necesitamos? Como Madre extremosa, no podía concedernos grandes dádivas sobrenaturales sin estar atenta también a nuestras pequeñas carencias materiales. Esas mismas carencias, por cierto, están estrechamente relacionadas con el origen y desarrollo de la devoción a Nuestra Señora del Buen Remedio.

La Europa del siglo xii fue testigo de la interminable y encarnizada lucha entre católicos y mahometanos que, iniciada en la península ibérica en el siglo viii, se prolongó por un tiempo indefinido. Durante siglos de enfrentamientos, muchos cristianos de España, del sur de Francia y de Sicilia fueron hechos prisioneros y desterrados al norte de África y a Oriente Medio.

Estos hijos de la Iglesia, condenados a la más terrible esclavitud, estaban alejados de cualquier esperanza de rescate. No obstante, la Providencia divina no tardaría en enviarles, a través de un alma elegida, la solución a su cruel callejón sin salida.

De ascendencia franco-española, Juan de Mata probablemente naciera en el año 1160. Aunque sus datos biográficos se hayan perdido en la noche de los tiempos y, por tanto, sean inciertos, se cree que de joven presenció los malos tratos infligidos por los musulmanes a los cristianos en el puerto de la ciudad francesa de Marsella y, desde entonces, un fuerte deseo de trabajar en favor de esos desafortunados se apoderó de su espíritu, llevándolo a consagrarse a Dios. Tras estudiar Teología en París, fue ordenado sacerdote en torno a los 33 años.

Cuenta una antigua tradición que, durante la elevación de la hostia consagrada, en su primera misa, el santo tuvo una impresionante visión: se le apareció el Salvador, vestido con una túnica blanca sobre la que se dibujaba una hermosa cruz azul y roja, sosteniendo con sus manos a dos prisioneros cristianos. Manifestó su deseo de que fueran rescatados y, para ello, le pidió al recién ordenado sacerdote que fundara una orden religiosa en favor de la redención de los cautivos. Después de esta gracia, Juan de Mata decidió dedicar su vida para el cumplimiento de esa petición divina. Con la ayuda de un monje francés, San Félix de Valois, fundó la Orden de la Santísima Trinidad, aprobada por el papa Inocencio III el 17 de diciembre de 1198.

Sin embargo, ya al comienzo de su labor misionera tuvo que enfrentarse a un gran desafío material: ¿de dónde sacaría los medios económicos para el rescate de los cautivos? Los infieles sólo aceptaban liberar a los presos a cambio de cuantiosas sumas de dinero, pero éste, como dice el proverbio, "no crece en los árboles"

Se dice que en el año 1202, en Valencia, el santo fundador se sentía profundamente angustiado por la escasez de recursos e imploraba al Cielo una intervención. Fue entonces cuando se le apareció la propia Virgen María y le entregó una bolsa llena de monedas, con las que pudo rescatar a muchos prisioneros. El hecho se repitió ocho años más tarde en la ciudad de Túnez.

Ahora bien, el fundador no fue el único que recibió la visita de María. En la madrugada del 8 de septiembre de 1212, fiesta de la Natividad de Nuestra Señora, mientras los rayos del alba penetraban lenta y majestuosamente a través de los vitrales de la capilla del convento y los religiosos cantaban el oficio divino, la Santísima Virgen se le apareció a San Félix de Valois revestida con el hábito trinitario y rodeada de cohortes angélicas. Le entregó el escapulario de la orden, expresando su deseo de que fuera impuesto a los cautivos rescatados.

Debido a estas apariciones, Nuestra Señora del Buen Remedio es retratada con dos emblemas principales: la bolsa de monedas y el escapulario con una cruz, cuyos colores simbolizan la Santísima Trinidad: el blanco, base y principio de todos los colores, representa al Padre, que es ingénito; el azul, color de la carne humana magullada, alude al Hijo, herido en su humanidad durante la Pasión; y el rojo, figura del fuego divino que todo lo consume, hace referencia al Espíritu Santo.

En 1688 la Orden de la Santísima Trinidad proclamó a Nuestra Señora, Madre del Buen Remedio, como patrona suya. Casi tres siglos después, recibiría estatus oficial en la Iglesia mediante la carta apostólica Sacrarium Trinitatis, del papa Juan XXIII.

Fuera de los muros del convento de Marsella, donde por primera vez se veneró a la Virgen bajo ese título, enseguida se multiplicaron las representaciones. Una de las más difundidas es la que se encuentra hoy en la basílica de San Crisógono, de Roma, santuario confiado al cuidado de los trinitarios por el papa Pío IX en 1847. El autor del fresco, Giovanni Battista Conti, terminó la pintura de estilo neobizantino en 1944, en agradecimiento a la Santísima Virgen por haber preservado a Roma de los flagelos de la Segunda Guerra Mundial.

En Brasil, se puede venerar una copia de ese piadoso retrato en la basílica de Nuestra Señora del Rosario, de Caieiras (São Paulo). Situada en un lugar destacado, a la derecha del presbiterio, la imagen evoca los orígenes de la gran devoción de los Heraldos del Evangelio a esta advocación mariana.

Crisis espirituales, problemas familiares, enfermedades, dificultades económicas… ¿Quién está exento de los males de esta vida?

Como la más atenta de las Madres y verdadera Médica celestial, María Santísima nos acompaña siempre con su mirada tierna y compasiva, y está dispuesta a socorrernos en todo momento. Si jamás se ha oído decir que alguien acudió a Ella y quedó desamparado, ¡no seremos nosotros los primeros!

He aquí la lección que nos da Nuestra Señora del Buen Remedio. Así, cuando la Providencia nos visite con el sufrimiento, recordemos que basta con invocarla con filial confianza y obtendremos todo lo que necesitamos. Y si Ella no puede librarnos del dolor, estará a nuestro lado consolándonos y dispensándonos gracias abundantes para cargar nuestra cruz con fidelidad.

1 de septiembre de 2018

Nuestra Señora de los Remedios

Del sitio Foros de la Virgen:

Es la imagen más antigua que se venera en México, en Virtud de que fue traída por un soldado del ejército de Hernán Cortés durante la Conquista.

La imagen de la Virgen de los Remedios llegó a tierras mexicanas en 1519 con Juan Rodríguez de Villafuerte, quien la trajo de Vasconia, España, como protectora en su viaje de conquista. Fue en Veracruz donde presidió la primera misa que se hizo en México, el 21 de abril de 1519.

La Virgen de los Remedios es una advocación mariana que numerosas ciudades han tomado como su patrona, y muchas iglesias y templos están consagrados a su nombre.

La difusión de la advocación mariana de “Los Remedios” fue llevada acabo por la Orden de la Santísima Trinidad, los Trinitarios, congregación fundada por San Juan de Mata y San Felix de Valois, y aprobada por el Papa Inocencio III; extendiéndose a partir del siglo XIV por Europa y América

Del latín remedius, acepción de “auxilio” (siglo XVI).

Entre la nobleza visigoda de Toledo, en los inicios del ya muy lejano siglo VIII, y aventuras de guerreros mercenarios extremeños de la época de Hernán Cortés, a finales del siglo XV, enmarcan a la pequeña imagen de la Virgen de los Remedios y el diminuto “niño” que sobre su pecho alberga.

Trataré de ubicar primeramente, en el tiempo y el espacio, a la imagen que al pasar de los siglos sería conocida como Virgen de los Remedios, y para ello, recordemos previamente que los visigodos dominaron a España del 412 al 711 de nuestra era y que allá por el año 700, la nieta del entonces ya fallecido Rey Chindavisto, llamada doña Luz, y a quien la crónica de la época pinta como a una hermosa mujer, era objeto de tenaz persecución amorosa por parte del Rey Witiza, monarca en turno de la imperial Toledo.

No obstante que el rey no dejaba ni a sol de campo ni a sombra de castillo a doña Luz, ésta se unió secretamente con don Favila, duque de Cantabria, de quien, secretamente también, tuvo un niño (éste sería, con los años, don Pelayo, Libertador de España).

Antes de que el ya receloso monarca lograra descubrir la prueba del “pecado”, doña Luz hizo subrepticiamente sacarlo del castillo y, en una muy superada versión de la leyenda del patriarca Moisés, el infante, acompañado por una pequeña Virgen María y su niño, fue cuidadosamente acomodado en una arca que una camarera de doña Luz depositó sobre las aguas del río Tajo, allá en Toledo.

Después de un recorrido de casi 40 leguas, según leyenda, el arca, sobre el mismo río Tajo, fue vista y resaltada en un sitio aledaño a la Villa de Alcántara (Extremadura) por el noble don Garfres, quien ahí se hallaba ejercitándose en la cacería.

Aquel caballero descubrió también, al lado del infante, unas joyas y una casa del origen noble del niño, sin dar ninguna noticia de quiénes eran sus progenitores.

Don Gafres condujo y adoptó en su castillo al Niño, y a la Virgen la entregó a la iglesia de Santiago, ya desaparecida, de la Villa de Alcántara.

Casi ocho siglos después, ya por algún extraño privilegio, o tal vez por un acto de compraventa, el cura de aquella iglesia entregó la Virgen a un soldado extremeño que habría de partir a la guerra de Italia.

Cuando este soldado regresó de su aventura, a su villa natal, y supo que su hermano Juan Rodríguez de Villafuerte se enlistaría entre los hombres de Cortés para venir a “la conquista de las Indias”, aquí al Nuevo Mundo, le aconsejó a éste traer consigo aquella Virgen, diciéndole que a él le había, no solamente, dado fortuna, sino también la había remediado sus heridas. De ahí, posiblemente, el nombre de Virgen de los Remedios.

Nuestra Señora de los Remedios es una pequeña representación de 27 cm de alto, de pie, en su brazo izquierdo lleva al niño Jesús, ambos coronados. Está ataviada con bellas capas, en su mano derecha porta un bastón de mando, banda cruzada al pecho que la designa generala del ejército español, por su origen; sobre peana y luna de plata.

Es la imagen más antigua que se venera en México, en Virtud de que fue traída por un soldado del ejército de Hernán Cortés durante la Conquista.

La imagen de la Virgen de los Remedios llegó a tierras mexicanas en 1519 con Juan Rodríguez de Villafuerte, quien la trajo de Vasconia, España, como protectora en su viaje de conquista. Fue en Veracruz donde presidió la primera misa que se hizo en México, el 21 de abril de 1519.

Hernán Cortés, a más de encargarse de la conquista “militar” de México Tenochtitlán, se empeñó en amparar la “conquista espiritual” colocando una cruz y una imagen de Nuestra Señora en el Templo Mayor de la Gran Tenochtitlan, después de haber derrocado a los ídolos de lo alto del Teocalli.

Juan Rodríguez de Villafuerte se encargó, bajo expreso mandato de Cortés, de llevar a buen fin esta hazaña que ahuyentaba la idolatría. Allí permanecieron estos signos cristianos hasta el episodio conocido como “La Noche Triste”, en la cual el ejército español salió huyendo de la persecución de los indios a lo largo de la calzada de Tlacopan.

En medio de la retirada y el desconcierto, algunos soldados se fueron dispersando, mientras otros resistían en medio de una batalla que hubiera costado la derrota total de los invasores. Fue entonces que en su auxilio intervino la Virgen Conquistadora…

Se cree que, en medio de la confusión, la pequeña imagen de la Virgen fue rescatada de entre los ídolos paganos, y se atribuye a Villafuerte el haberla ocultado “en el cue de Otomcapulco, debajo del maguey”, esto es, un adoratorio indígena, en el cerro de Otomcapulco, donde actualmente está el Santuario.

Luego de permanecer enterrada en aquel lugar, en 1540 el indio cacique Juan Tovar, durante uno de sus recorridos por el cerro de Totoltepec, tuvo una visión en la cual la Virgen María se le mostró resplandeciente y lo exhortó para que rescatara su imagen de aquel olvido.

Así, determinó comunicar lo ocurrido a los religiosos franciscanos, quienes juiciosos, no tomaron por cierta la noticia de aquel mensajero indígena.

Para enfatizar su voluntad, María Santísima intervino milagrosamente cuando el indio sufrió un accidente mortal, al momento de estar trabajando en la fábrica de la iglesia franciscana de Tacuba. Esta señal del cielo obligó al indio a hurgar en dicho paraje registrando cautelosamente el terreno, y así “halló [debajo de un maguey] todas las Aves en la Ave llena de gracia, María Virgen y Madre de Dios en su prodigiosa imagen de los Remedios”.

Fue entonces que el agraciado cacique tomó con reverencia la pequeña talla y la colocó en su casa como objeto de su particular devoción. Desde un principio se manifestó como “La primera señal de posesión que aprehendía Dios de estos reinos”.

De 1540 a 1550, la Virgen de los Remedios es venerada primeramente en la casa de Ce Cuautli, Juan Tobar, cacique del pueblo de San Juan Totoltepec, y fue posteriormente en una ermita construida cerca de su casa; habiendo sido nombrado capellán de esta ermita el Pbro. Alonso Gentil, por el Maestrescuelas de la Catedral de México D. Alvaro Treviño y sacristán D. Gabriel López, agricultor y vecino de este mismo pueblo.

En una antiquísima relación mexicana de la Sma. Virgen de Guadalupe, se lee que en 1544 el cacique D.Juan de Águila el vidente de los Remedios, infectado de la peste, fue a suplicar a la Virgen del Tepeyac su curación y que ella queriendo manifestarle que sus dos advocaciones, Remedios y Guadalupe, son la misma persona, le contestó sonriente: “Levántate! Ya estas sano, ¡vuelve a tu casa!, te ordeno que en la cumbre donde están los magueyes y viste mi imagen, erijas el templo en que he de estar. Y le mandó que hiciera otras cosas. Al momento sanó”.

En 1550, la Virgen de los Remedios que misteriosamente se venía de la casa de Ce Cuautli al Cué de Otomcapulco, es trasladada de Totoltepec a la primera ermita que se le construyó donde fue encontrada y que se ubicó donde actualmente está su Santuario. Esta ermita se registra en el mapa de Santa Cruz con el nombre Nuestra Señora de la Victoria, nombre alternativo al de los Remedios.

En 1574, el Cabildo y el Ayuntamiento de la Ciudad de México, por instancias e iniciativa de D. García Albornoz, Regidor del Ayuntamiento y obrero Mayor de la Cd. de México, decretan y patrocinan la construcción del templo de Ntra. Sra. de los Remedios, el cual se empezó en mayo de 1574 y se terminó en agosto de 1575, sobre las ruinas de la ermita que se construyó en 1550. Su primer capellán nombrado por el Arzobispo Moya de Contreras y el Virrey, fue el Lic. Felipe de Peñafiel.

Don García de Albornoz, solicita del Cabildo se funde la COFRADÍA DE NTRA. SRA. DE LOS REMEDIOS. Las constituciones de la misma se firmaron el 18 de Marzo de 1575, quedando como cofrades y esclavos de la Virgen todos los capitulares de la ciudad y muchos caballeros principales; la cofradía tenía como objetivo incrementar el culto de la Virgen, velar por el decoro de la Ermita, cuidar los donativos y atender a los peregrinos.

En las Constituciones de la Cofradía de la Virgen de los Remedios, aprobadas en 1575, consta que la FIESTA TITULAR del Santuario fue la Visitación de la Virgen María, el 2 de Julio. También se habrían de celebrar: el 2 de Febrero, la Purificación; el 25 de Marzo, la Anunciación; el 15 de Agosto, la Asunción y el 8 de Septiembre, la Natividad de la Virgen. La principal de éstas, fue el 15 de Agosto. Actualmente FIESTA TITULAR del Santuario es 1 de Septiembre.

Desde 1577 hasta 1922, fue llevada la Virgen de los Remedios más de 75 veces en PROCESIÓN SOLEMNE desde su Santuario a la Catedral de México, como REMEDIO de las necesidades públicas. De estas famosas procesiones que conmovían a la ciudad, dan fe las Actas del Cabildo de la Ciudad; en estas actas se encuentra el interesante motivo de cada una, las personalidades que la acompañaban, lo mismo que los admirables festejos a la ida y regreso, la dignidad de las andas, el coche y las magníficas ofrendas, etc. etc.

Con fecha 25 de agosto de 1998, el Santuario de Ntra. Sra. de los Remedios es elevado a la dignidad de BASÍLICA MENOR, por Decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

26 de noviembre de 2017

Nuestra Señora de los Remedios (Filipinas)


Del sitio Pintakasi:
 
En el paisaje histórico cerca de la bahía de Manila, donde las olas se estrellan contra las rocas de la costa de esa capital, se encuentra el moderno Roxas Boulevard y su floreciente negocio de restaurantes y tiendas que comprende la moderna ciudad de Manila. Sin embargo, en medio del escenario moderno, hay una Iglesia antigua que se encuentra en esta área donde las madres acuden en masa para curar sus dolencias posteriores al parto y otros milagros que se atribuyen a su afortunada patrona: Nuestra Señora de los Remedios de Malate. 
 
La Virgen de los Remedios venerada en Malate es una de las devociones marianas más célebres del país donde la gente acude en masa a su iglesia, especialmente durante su fiesta en el mes de noviembre para buscar refugio y remedio a su dolencia física y espiritual y la Virgen a su vez no hace oídos sordos y continuamente los cubre de milagros. Nuestra Señora de los Remedios fue el título otorgado a la Santísima Virgen María por los devotos que atribuyeron su rápida recuperación a través de su intercesión.
 
La imagen actual de Nuestra Señora de los Remedios de Malate es de madera y vestida con ropa real. Tiene un rostro sereno e infantil y sus manos están abiertas como ofreciendo su remedio a aquellos que lo necesitan. También se ven varios querubines en la primera base que están acurrucados en las nubes y lucen una corona y doce estrellas. La estatua actual es muy elegante en sus líneas y tiene una belleza muy distintiva. El traje, con grandes hombros inflados, el estilo palikpik se convirtió en su aspecto distintivo.

La imagen actual de los Remedios es una réplica de la imagen original más pequeña que se dice que vino de España a través de un fraile agustino. La imagen original era de marfil y también estaba destinada a ser adorada. Sin embargo, esta imagen de marfil fue destruida durante la Segunda Guerra Mundial. La nueva estatua se hizo lo más parecida posible a la original.
 
El origen de la devoción data de unos 850 años, cuando los cristianos en Europa estaban siendo capturados y vendidos como esclavos por miles. Nadie sabía qué hacer con este problema hasta que un francés, San Juan de Mata, encontró una solución. Junto con San Félix de Valois, fundaron la Orden Trinitaria que recibió la aprobación papal en 1198 y cuya principal misión sería ir a los mercados de esclavos, comprar los esclavos cristianos y liberarlos. Para hacer esto, necesitaban grandes cantidades de dinero, por lo que colocaron sus esfuerzos de recaudación de fondos bajo el patrocinio de María como la Dama del Remedio. En agradecimiento por su ayuda, Juan honró a María con el título de Nuestra Señora de Buen Remedio. A menudo se la representa en el acto de entregar una bolsa de dinero a San Juan de Mata. La Iglesia y la Orden Trinitaria celebran su fiesta el 8 de octubre.
 
De las 17 iglesias listadas en Filipinas que honran a María con el título "Nuestra Señora de los Remedios", Malate es la más antigua. Fue establecida por los frailes agustinos el 8 de septiembre de 1588. La imagen de la Virgen de los Remedios fue traída de España a Malate por Fray Juan de Guevara de la Orden de San Agustín (más popularmente conocida como la Orden Agustina) en 1624.
 
Sobrevivió a la invasión china de 1662, la ocupación británica de la iglesia en 1762, el Gran Terremoto de 1863 y la destrucción de la iglesia en febrero de 1945. A partir de ese momento, los fieles han mostrado un gran amor y devoción a Nuestra Señora de Remedios.
 
 A lo largo de los siglos, la Iglesia de Malate se ha asociado con las enfermedades de las mujeres y los niños. Los sábados, las madres llevan a sus pequeños para ponerlos bajo el cuidado y la protección de Nuestra Señora de los Remedios. Las madres jóvenes filipinas que se recuperan del parto o con niños enfermos van a orar por una recuperación rápida. La práctica se volvió habitual a través del paso de los años y la imagen llegó a ser conocida como la Virgen de los Remedios y la Patrona de las Madres y los Niños. Los devotos acuden a la iglesia y ofrecen regalos y oraciones en acción de gracias por los favores que reciben.
 
En 1588, los frailes agustinos construyeron una iglesia en honor de Nuestra Señora de los Remedios. La iglesia de piedra y el convento, construido en 1591, sufrieron mucho durante el terremoto de 1645 y 1863, mientras que ambos edificios fueron derribados en 1667 por orden del gobernador general Manrique de Lara, que temía una invasión del pirata Koxinga. Pero el corsario chino murió en Formosa o Taiwán justo antes de la invasión, y la iglesia fue reconstruida más tarde ese año, y durante los próximos tres, con el uso de las mismas piedras y ladrillos.
  
Cuando los británicos llegaron a Manila en 1762, hicieron de la iglesia su cuartel general. Las reparaciones tuvieron que hacerse después de que los británicos se fueran al año siguiente. Pero tanto la iglesia como el convento fueron destruidos irreparablemente por el tifón de junio de 1868. La iglesia actual fue reconstruida por tercera vez en su totalidad, gracias al párroco, el padre Francisco Cuadrado, quien, junto con los pescadores pobres de su parroquia, recorrió la ciudad y las provincias cercanas para recaudar los fondos necesarios. La fachada superior de la iglesia se completó tres décadas más tarde. La ocupación japonesa resultó desastrosa para la iglesia en Malate. Tanto la iglesia como el convento fueron quemados, quedando en pie solo las paredes. Afortunadamente, los padres de Columbano reconstruyeron el techo, el altar principal, la cúpula y el crucero alrededor de 1950, y en 1978, se pintó el interior de la iglesia, los ladrillos y las piedras del exterior se hicieron nuevos. La campana que se encuentra a la entrada del convento lleva esta inscripción: "Nuestra Señora de los Remedios. Se fundió el 30 de Enero de 1879. "
 
La fachada de la actual iglesia de Malate es una "buena mezcla de arquitectura musulmana y barroca; la sólida estructura de piedra compacta se ve reforzada por los contrafuertes cilíndricos, las pocas aberturas y la ornamentación general del diseño. La fachada de tres pisos integra con ingenio los contrafuertes cilíndricos, formas hexagonales convertidas en campanarios." La Iglesia fue administrada por primera vez por los Agustinos durante siglos hasta la Revolución Filipina. Hasta la Segunda Guerra Mundial, varias órdenes religiosas se convirtieron en custodios del Santuario hasta que los irlandeses Columbanos se hicieron cargo del Santuario y actualmente son los custodios de la iglesia y la imagen venerada.
 
El día de la fiesta de Nuestra Señora de los Remedios se celebra cada tercer domingo de noviembre. Está coronada por una procesión que recorre las calles de Malate. La devoción a Nuestra Señora de los Remedios se convirtió en una tradición muy importante. Ella ha hecho de la Iglesia de Malate un lugar histórico de adoración de tal carácter, que es donde los devotos a través de los siglos han encontrado fácilmente a Dios y, con muchas oraciones contestadas por Nuestra Madre, hicieron que no la olviden.
 
Nota de José Luis Salvia:
La Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, ubicada en el distrito de Malate de la ciudad de Manila, ha sido declarada por el Museo Nacional de Filipinas como “importante patrimonio cultural” el 22 de abril de 2023.