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27 de abril de 2025

Nuestra Señora le habla a Santa Brígida

 

Del sitio Un Minuto con María:

María confió lo siguiente a santa Brígida de Suecia: “Hija mía, debes tener cinco virtudes interiores y cinco virtudes exteriores. Virtudes exteriores: una boca pura y libre de calumnias; oídos cerrados a palabras vanas; ojos castos y modestos; manos para las buenas obras y pies alejados de la conversación humana.

En tu interior debes tener otras cinco virtudes: amar a Dios con fervor; desearlo con sabiduría; dar bienes temporales con intención justa, correcta y razonable; huir del mundo con humildad y esperar con firmeza y paciencia en mis promesas".

libro 5 (libro de las preguntas)
Capítulo I

1 de marzo de 2025

Promesa de Nuestra Señora a Santa Brígida de Suecia


 Del sitio Misioneros Digitales Católicos:

Hay días y días, pero ella siempre está. 
Hay días en los que el sol brilla y vemos los milagros alrededor. 
Hay días que parecen noches de tormenta y nos invade el temor. 
Hay días tristes, en los que nos duelen las heridas, la injusticia, el error. 
Más allá de la circunstancia, la Virgen siempre está para abrazarnos con amor.
 
Querida Madre, fuente de ternura y consuelo, 
ayúdanos a encontrar la paz que viene de Dios. 
Guíanos al hablar y al obrar, protégenos bajo tu manto.
 
Santa María, recuérdanos que como Iglesia esperamos contra toda esperanza. 
¿Qué decirte sobre los tiempos difíciles? 
Tú viviste el desarraigo, el rechazo, el calvario. 
Y aquí estás, rogando por nosotros, preocupada por nuestras penas. 
Gracias, Madre, por darnos fuerzas con tu testimonio de fe.

Amén

Santa Brígida de Suecia

25 de marzo de 2024

¿Quién se compadece de Nuestra Señora?

 Del sitio Fundación Cari Filii:

"Miro a todos los que viven en el mundo para ver si hay quien se compadezca de mí y medite mi dolor, mas hallo poquísimos que piensen en mi tribulación y padecimientos. Por eso tú, hija mía, no te olvides de mí, que soy olvidada y menospreciada por muchos. Mira mi dolor e imítame en lo que pudieres. Considera mis angustias y mis lágrimas y duélete de que sean tan pocos los amigos de Dios".

Son palabras de la Santísima Virgen a Santa Brígida a principios del siglo XIV, que resuenan hoy todavía porque continúan siendo verdad. En esas visiones, Nuestra Señora le describió cuáles habían sido las grandes angustias de su vida, representadas por la imaginería cristiana como puñales en el corazón de la Madre de Dios: la profecía de Simeón, la huida a Egipto, la pérdida de Jesús, el encuentro con Él camino del Calvario, su crucifixión y muerte, el descendimiento de la Cruz, la soledad en la que quedó hasta la gloria de la Resurrección

A quien los medite diariamente con siete avemarías, la Virgen prometió la paz en sus familias, consuelo en los sufrimientos y una protección especial en las luchas espirituales, en particular en el momento de la muerte. La Semana Santa es el momento propicio para meditar en esas siete espadas, sin olvidar que el verdadero dolor de nuestra Madre eran y son los pecados que están en su origen. Nuestros pecados.

7 de octubre de 2023

Conversión en la hora de la muerte

Ejemplo 31 de Las Glorias de María: 

Se refiere en las Revelaciones de santa Brígida que había un caballero cuya liviandad y dañadas costumbres corrían parejas con la nobleza de su cuna. 

Por pacto expreso se había entregado en cuerpo y alma al demonio y por espacio de sesenta años había servido como vil esclavo a su infernal señor alejado de los sacramentos y con una vida rota y descompuesta.

Al fin el hombre cayó enfermo, y Jesucristo, queriendo usar de misericordia con él, dijo a santa Brígida, que mandara a su confesor a visitarlo y le exhortara a confesarse.

El confesor de la santa fue a ver al paciente, el cual le dijo que no tenía necesidad pues se había confesado muchas veces. Fue segunda vez el confesor, y segunda vez, el esclavo de satanás rehusó confesarse. 

De nuevo se apareció el Señor a santa Brígida pidiéndole que de nuevo fuera el sacerdote a visitar al anciano enfermo. Volvió a verlo por tercera vez y le dijo que había vuelto tantas veces en nombre de Jesucristo, porque así lo había pedido a su sierva Brígida para ser instrumento de sus misericordias. 

Estas palabras enternecieron al pobre enfermo y rompió a llorar diciendo: - “Pero ¿hay perdón para mí que durante sesenta años he sido esclavo de satanás y he manchado mi alma con innumerables pecados?” 

- “Ten ánimo, hijo mío" –le dijo el sacerdote– "no dudes de alcanzar misericordia; basta que te arrepientas para que yo, en nombre de Jesucristo, te perdone”. 

Abriendo el pecador su corazón a la confianza, dijo al confesor: “Padre, yo me tenía ya por condenado y estaba desesperado de mi salvación, pero ahora siento tan gran dolor de mis pecados que me da aliento para esperar de Dios el perdón. Ya que el Señor no me ha abandonado, quiero ahora mismo confesarme”.

 Se confesó aquel día cuatro veces con gran dolor; al día siguiente recibió la Sagrada Comunión. No había pasado una semana cuando murió tranquilo y resignado. 

Poco después le reveló Jesucristo a santa Brígida que aquel hombre se había salvado, y que estaba en el purgatorio. Y le dijo más: que se había salvado merced a la intercesión de su Santísima Madre, porque, en medio de sus desórdenes y pecados, había conservado siempre la devoción a sus dolores, pues cada vez que pensaba en ellos no podía dejar de compadecerse de ella.

 ORACIÓN PIDIENDO A MARÍA TRES FAVORES

 Madre mía afligida,
reina de los mártires y de los dolores,
que tanto has llorado a tu Hijo,
muerto por mi salvación.

 ¿De qué me servirían tus lágrimas
si llegara a condenarme?

 Por los méritos de tus dolores
alcánzame el dolor de mis pecados,
y verdadera enmienda de mi vida,
con una constante y tierna compasión
de la Pasión de Jesús
y de tus sufrimientos. 

Si Jesús y tú, siendo inocentes,
tanto habéis sufrido por mí,
obtenedme que sepa sufrir por vuestro amor. 

Señora mía, si te ofendí,
justo es que hieras mi corazón. 

Y si fiel te he servido,
hiérelo también por especial favor. 

Es injusto ver a mi Jesús herido
y a ti, que estás también con él, herida,
y yo, en cambio, encontrarme ileso.

Por la angustia que sentiste, Madre mía,
al contemplar a tu Hijo,
abrumado de penas, muriendo en la cruz,
te suplico me obtengas
la gracia de una buena muerte.
  
Abogada de los pecadores,
no dejes de asistirme
cuando, afligido y conturbado,
esté para pasar a la eternidad.
 
Os invoco ahora por si no tengo voz
para invocar el nombre de Jesús y el tuyo,
y pido a tu Hijo y a ti me socorráis
en el último instante, y ahora digo:
Jesús y María, mi esperanza,
a vosotros encomiendo el alma mía.
 
 Amén.

15 de septiembre de 2023

La devoción de las siete Ave María a Nuestra Señora de los Dolores

 

Del sitio Catholic News Agency:

Se invita a los católicos a contemplar los siete dolores de la Santísima Virgen María de un modo especial el 15 de septiembre, fiesta de Nuestra Señora de los Dolores.

El primer dolor comienza con la profecía de Simeón, un hombre devoto de Jerusalén que conoció a Cristo cuando era niño. Durante el encuentro, Simeón predice el sufrimiento de María.

"He aquí que este niño está destinado a la caída y al levantamiento de muchos en Israel, y a ser un signo que será contradicho (y a ti misma te atravesará una espada) para que se revelen los pensamientos de muchos corazones", le dice, según el Evangelio de Lucas.

Al igual que el primer dolor, los demás dolores de María se refieren a su hijo: la huida a Egipto para salvar la vida del Niño Jesús; la pérdida del niño Jesús en el Templo durante tres días; el encuentro con Cristo camino del Calvario; la presencia al pie de la cruz; la contemplación del descendimiento del cuerpo de Cristo de la cruz; y el entierro del cuerpo de Cristo.

Reflexionando sobre Nuestra Señora de los Dolores en Eslovaquia hace dos años, el Papa Francisco destacó la respuesta de María a estos dolores.

"María, Madre de los Dolores, permanece al pie de la cruz. Simplemente permanece allí. No huye, ni trata de salvarse, ni busca la manera de aliviar su dolor", dijo. "He aquí la prueba de la verdadera compasión: permanecer de pie bajo la cruz. Permanecer allí llorando, pero con la fe que sabe que, en su Hijo, Dios transfigura el dolor y el sufrimiento y triunfa sobre la muerte".

A través de estos dolores, Nuestra Santísima Madre también ofrece esperanza. Ella reveló siete promesas a Santa Brígida de Suecia en el siglo XIV para aquellos que recitan siete Avemarías diariamente mientras reflexionan sobre sus lágrimas y dolores, según el Ministerio de Nuestra Madre Dolorosa (OSMM) en Vandalia, Illinois.

OSMM enumera esas siete promesas de María como:

  1. "Concederé la paz a sus familias".
  2. "Serán iluminados sobre los misterios divinos".
  3. "Les consolaré en sus penas y les acompañaré en su trabajo".
  4. "Les daré cuanto pidan con tal que no se oponga a la adorable voluntad de mi divino Hijo ni a la santificación de sus almas".
  5. "Los defenderé en sus batallas espirituales contra el enemigo infernal y los protegeré en cada instante de sus vidas."
  6. "Les ayudaré visiblemente en el momento de su muerte, verán el rostro de su Madre."
  7. "He obtenido de mi divino Hijo, que aquellos que propaguen esta devoción a mis lágrimas y dolores, serán llevados directamente de esta vida terrenal a la felicidad eterna ya que todos sus pecados serán perdonados y mi Hijo y yo seremos su consuelo y alegría eterna."

Los fieles también pueden pedir la intercesión de Nuestra Señora de los Dolores a través del rosario o coronilla de los siete dolores. La OSMM proporciona instrucciones generales sobre cómo rezarlo: La oración se asemeja a un rosario regular, excepto que hay siete conjuntos de siete Avemarías. Cada una de las siete tandas -compuestas por un Padrenuestro y siete Avemarías- se centra en uno de los siete dolores.

Katie Yoder

22 de abril de 2022

Nuestra Señora Corredentora

 Del sitio 5º Dogma Mariano:

María, la humilde sierva del Señor fue elegida por el Padre y sostenida por el Espíritu Santo en cumplimiento del oficio elegido por Dios con su Hijo Redentor como la Corredentora (“co” no significa igual, sino más bien “con”). Ella fue anticipada como la Corredentora ya en el Antiguo Testamento (cf. Génesis 3, 15; Is. 7, 14) y se convirtió en la Corredentora por su obediencia y libre consentimiento en la Anunciación (cf. Lucas 1, 28). La culminación de su papel como Corredentora con el Redentor le fue profetizado por el poder del Espíritu Santo en el Templo (cf. Lucas 2, 35). Y Ella que comenzó como María, Virgen de Nazaret, se convirtió en la Corredentora en todo el sentido de la palabra mediante su íntima cooperación e intenso sufrimiento con el Redentor al pie de la cruz (cf. Juan 19, 26). 

Como don a la Corredentora por participar con el Redentor en la redención de la familia humana, María también se convierte en Mediadora y Abogada de sus hijos en el orden de la gracia. El Papa San Juan Pablo II concluye, “el papel de María como Corredentora no cesa con la glorificación de su Hijo”.

Para ahondar en la doctrina de esta propuesta del 5º Dogma Mariano, los invitamos a visitar la sección Teología de la Corredención. 

En virtud de la historia reciente, no es de poca importancia que San Juan Pablo II, sin fanfarrias pero de una manera totalmente pública, haya rehabilitado la palabra Corredentora y la haya usado de forma análoga, por lo menos seis veces en declaraciones públicas, esto sin mencionar sus referencias, más numerosas aún, del concepto que representa este término. Analicemos rápidamente la utilización que le ha dado a la palabra Corredentora.

En el saludo que dirigió a los enfermos después de su audiencia general el 8 de septiembre de 1982, el papa dijo: "María, aunque concebida y nacida sin mancha de pecado, participó de una manera maravillosa en los sufrimientos de su divino Hijo, para poder ser la Corredentora de la humanidad".

En ocasión de la fiesta de su santo patrono, Carlos Borromeo, en 1984, el papa ofreció estos pensamientos en su alocución del Angelus en Arona: " Hacia nuestra Señora — La Corredentora — San Carlos volvió la mirada con acentos singularmente revelatorios. Comentando la pérdida de Jesús a los doce años en el Templo, reconstruyó el diálogo interior que pudo haber habido entre la Madre y el Hijo, y añadió: “sufrirás dolores mayores aún, Oh Madre bendita, y continuarás viviendo; pero la vida para ti será mil veces más amarga que la muerte. Verás cómo entregan a tu Hijo inocente en las manos de los pecadores… Lo verás brutalmente crucificado entre ladrones; verás su santo costado abierto por la estocada cruel de una lanza; finalmente, verás derramarse la sangre que tú misma le diste. ¡Y sin embargo no podrás morir!” (De la homilía pronunciada en la Catedral de Milán el domingo después de Epifanía, 1584).

El 31 de enero de 1985, en un discurso pronunciado en el santuario mariano en Guayaquil, Ecuador, habló así: "María va delante de nosotros y nos acompaña. La silenciosa jornada que comienza con la Inmaculada Concepción y pasa por el “sí” de Nazaret, que la convierte en Madre de Dios, encuentra en el calvario un momento particularmente importante. Allí también, aceptando y cooperando con el sacrificio de su Hijo, María es el amanecer de la redención; . . . Crucificada espiritualmente con su Hijo crucificado (cf. Gálatas. 2:20), María contempló con amor estoico la muerte de su Dios, “consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado” (Lumen gentium, 58) 

De hecho, en el calvario, María se unió al sacrificio de su Hijo que llevó a la fundación de la Iglesia; compartió en lo más profundo de su corazón maternal la voluntad de Cristo “de reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (Juan. 11:52). Habiendo sufrido por la Iglesia, María merecía convertirse en la Madre de todos los discípulos de su Hijo, la Madre que los uniría . . . 

Los Evangelios no nos dicen si Cristo resucitado se le apareció a María. Sin embargo, como ella estaba de manera especial cerca de la cruz de su Hijo, también ella tuvo que haber tenido la privilegiada experiencia de su Resurrección. De hecho, el rol de María como Corredentora no terminó con la glorificación de su Hijo.

En el texto anterior, tenemos una buena demostración de las varias maneras en que el Papa describe la colaboración de María en la redención, culminando su referencia con “el oficio de María como Corredentora.” Nótese que en este texto, el Papa presenta la función corredentora de María en relación con la declaración de Pablo, “con Cristo estoy crucificado” (Ga. 2:20) y también en relación con el misterio de su Corazón.

El 31 de marzo de 1985, domingo de Ramos y día mundial de la Juventud, el Papa habló en este mismo sentido, sobre la inmersión de María en el misterio de la pasión de Cristo: "A la hora del Angelus en este domingo de Ramos, que la Liturgia también denomina como el domingo de la pasión del Señor, nuestros pensamientos corren hacia María, inmersa en el misterio de un desmesurado dolor". "María acompañó a su divino Hijo en el más discreto silencio, ponderando todo en las profundidades de su corazón. En el calvario, permaneciendo al pie de la cruz, en la inmensidad y profundidad de su sacrificio maternal, tenía a Juan a su lado, el Apóstol más joven…" "Que María, nuestra Protectora, la Corredentora, a quien ofrecemos nuestra oración con gran efusión, haga que nuestro deseo corresponda generosamente con el deseo del Redentor".

El 24 de marzo de 1990, el Santo Padre se dirigió a los participantes voluntarios de una peregrinación de la Alianza Confederada del Transporte de Enfermos a Lourdes (OFTAL), así como a los enfermos que atienden, con estas palabras: "¡Que María Santísima, Corredentora de la raza humana junto con su Hijo, les otorgue siempre fortaleza y confianza!"

Asimismo, al conmemorar el sexto centenario de la canonización de Santa Brígida de Suecia, el 6 de octubre de 1991, dijo: "Brigidita miró a María como su modelo y apoyo en todos los momentos de su vida. Habló energéticamente del privilegio divino de la Inmaculada Concepción de María. Contempló su asombroso oficio como Madre del Salvador. La invocó como la Inmaculada Concepción, nuestra Señora de los Dolores y Corredentora, exaltando la singular misión de María en la historia de la salvación y la vida del pueblo Cristiano".