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10 de febrero de 2026

Nuestra Señora, Guardiana de Corazones

 


Traducido del sitio Relevant Radio:

"¡No es culpa mía!" La excusa humana original.

El padre Simon comienza con algunas citas bíblicas:

Adán culpó a Eva. Eva culpó a la serpiente. Aarón dijo que el becerro de oro "simplemente salió" del fuego.

Él llama a esto "uno de esos testimonios de la estupidez humana" que secretamente le encanta. La cuestión es que siempre nos ha costado asumir la responsabilidad por el pecado. Y, sin embargo, Dios sigue persiguiéndonos con misericordia... en última instancia, a través de la Cruz.

Desnudos y asustados... espiritualmente hablando.

El padre Simon reflexiona sobre la "desnudez" de Adán y Eva tras el pecado.

"Estaban desnudos espiritualmente... ya no se encontraban en estado de gracia santificante".

Cuando no estamos revestidos de la gracia de Dios, somos vulnerables. Es entonces cuando el diablo aprovecha para atacar. Necesitamos la gracia como necesitamos abrigos de invierno en Wisconsin.

La costilla protege el corazón

El padre Simon recurre a un midrash, una interpretación judía de la creación de la mujer:

  • Eva no fue creada de la cabeza de Adán (para gobernarlo).

  • Ni de sus pies (para ser gobernada por él).

  • Sino de su costado... para caminar con él.

Entonces llega el momento revelador:

"La costilla protege el corazón".

Así, en el matrimonio, en la familia, en la fe... El padre explica que los hombres protegen del exterior, pero las mujeres protegen el interior. Protegen el corazón.

Y María es la expresión perfecta de eso.

María, Madre de la Iglesia y de nuestros corazones.

Este es el verdadero corazón (nunca mejor dicho) del episodio.

  • María fue la primera miembro de la Iglesia.

  • En un momento dado, Ella era toda la Iglesia.

Recibió a Cristo, en cuerpo y alma, y permaneció fiel al pie de la Cruz.

"María guarda el corazón de la Iglesia... porque Ella es el corazón".

El padre Simon relaciona esto con los iconos de la coronación: María sentada entre el Padre y el Hijo, coronada como Reina del Cielo. Esa no es solo su coronación... también es la nuestra. Estamos unidos a Ella, a la Iglesia, a través del bautismo, la Eucaristía y la gracia.

🧠 + 💖 = Iglesia real

El padre explica:

  • La Iglesia debe ser intelectualmente fuerte (¡sí, estudiad teología!)

  • Pero también tierna, maternal y amable (como María).

¿Si perdemos la amabilidad? ¿La compasión? ¿La calidez de la Iglesia? Entonces habremos perdido algo esencial.

Así que sí... defendamos la fe. Pero seamos también el tipo de católicos que hacen que la gente diga: "¡Es el gusano más sabroso que he visto nunca en un anzuelo!" (metáfora del padre Simon).

María no solo vela por la Iglesia, sino también por ti. Es la costilla que protege tu corazón. La primera cristiana. La Reina del Cielo. Y la Madre que siempre te da la bienvenida a casa.

María, Madre de la Iglesia... ¡Ruega por nosotros!


12 de septiembre de 2024

El Dulce Nombre de Nuestra Señora

Del sitio Gaudium Press:

Para el hombre contemporáneo, que carece de la noción simbólica de las cosas, dar o recibir un nombre no es más que una convención social, sin ninguna conexión más profunda con la persona a la que se da el nombre.

El concepto de los antiguos judíos, el pueblo al que se confió la Revelación, era muy diferente. En las primeras páginas de la Sagrada Escritura leemos que, tras formar de la tierra a las bestias del campo y a las aves del cielo, Dios las condujo hasta Adán para que recibieran de él un nombre. Y el autor sagrado concluye: "El nombre que el hombre dio a los seres vivientes, ése es su verdadero nombre" (Gn 2,19). Esto indicaba que el nombre dado por nuestro primer padre expresaba el atributo predominante de aquel ser, como reflejo de una perfección divina, según la cual se ordenaban los demás. Por tanto, constituía su definición ontológica.

De hecho, el pueblo de la Alianza consideraba que el nombre de una persona tenía un significado trascendente, sobre todo si era inspirado por Dios. Al profetizar la personalidad y la dignidad del Mesías, Isaías dijo que se llamaría Emanuel, que significa Dios con nosotros (cf. Is 7,14; 9,6). A su vez, cuando anunció a Zacarías que Isabel concebiría y daría a luz un hijo, san Gabriel reveló su misión y su nombre: Juan, que significa Yahvé es propicio (cf. Lc 1,13-17).

Del mismo modo, el nombre de la Madre de Dios también fue objeto de una revelación. El Arcángel Gabriel se lo dio a San Joaquín en la misma ocasión en que le dijo en sueños que su esposa concebiría, a pesar de su avanzada edad.

Así pues, el nombre es el símbolo de una realidad psicológica, moral y espiritual más profunda contenida en la persona. Por eso, el nombre de Nuestra Señora, como el santísimo Nombre de Jesús, debe considerarse símbolo de la virtud excelsa, de la misión, en definitiva, de todo lo que la Santísima Virgen es en verdad. El nombre de María es la afirmación de su gloria y de sus predicados interiores.

¿Hubo una circunstancia especial o un acto específico en el que la Niña recibió formalmente su santísimo nombre? ¿O, por el contrario, la costumbre de llamarla María se introdujo orgánica y casi imperceptiblemente, como resultado de una comunicación angélica?

La Ley mosaica era muy explícita sobre el procedimiento que debía seguirse con los varones recién nacidos, que debían ser circuncidados al octavo día (cf. Lv 12,3).

Como la circuncisión marcaba su incorporación oficial al pueblo elegido, en la época talmúdica se estableció la costumbre de que el niño recibiera su nombre en esta ceremonia, que normalmente le daba su padre. En cuanto a las niñas, sin embargo, nada había sido determinado por Moisés, ni siquiera por la tradición hebrea, lo que provocaba una gran variación en cuanto al momento de darles nombre. Por esta razón, el autor cree que los padres de Nuestra Señora comenzaron a llamarla María muy naturalmente poco después de su nacimiento.

Desde la época patrística, el santísimo nombre de María ha fascinado a los cristianos. Muchas de las especulaciones sobre su significado y etimología han dado lugar a títulos de alabanza, como Señora, Estrella del Mar, Amadísima, entre otros.

Algunos incluso han visto en este nombre una referencia a María, hermana de Moisés y Aarón (cf. Ex 15,20), elegida por Dios para cooperar con el profeta en la liberación del pueblo elegido de la esclavitud de Egipto, prefigura del Alma Socia Redemptoris, el Redentor, no sólo de los israelitas, sino de todo el género humano.

¿Qué significa, pues, glorificar el nombre de María? ¿Qué excelencias expresa? Si el nombre de Jesús manifiesta su gloria y su misión salvadora, puede decirse que el nombre de María expresa todas las perfecciones divinas, ya que "Dios Padre reunió todas las aguas y las llamó mar; reunió todas las gracias y las llamó María".

Consciente del poder inherente a los nombres de Jesús y de María, y de las abundantes bendiciones que brotan de su simple invocación, la Santa Iglesia ha consagrado a lo largo de los siglos fiestas litúrgicas y actos de piedad para alabarlos. El mismo saludo "¡Ave María!", tan extendido hoy en amplios sectores de la opinión pública católica, parece expresar el deseo de que el nombre de María esté siempre presente en las relaciones humanas, como símbolo y expresión de la realidad misteriosa, inefable y sacratísima que existe en ellas.

Al conmemorar este nombre, celebramos la gloria que Nuestra Señora tuvo, tiene y tendrá en el universo, y también la que posee en el Cielo. Ella es la Reina de todos los Ángeles y de todos los Santos, colocada en forma inconmensurable por encima de todas las criaturas, de modo que, en el orden creado, es el cono hacia el que todo converge, siendo nuestra Mediadora con Dios nuestro Señor.

En la tierra, sin embargo, la Virgen también debe ser glorificada. Sería normal que la Virgen María fuera venerada en la tierra y que su santísimo nombre fuera glorificado de un modo inexpresable.

Es simplemente una continua ocasión de dolor e indignación ver que la Santísima Virgen no es glorificada tanto como debiera a causa de los vicios, crímenes y maldades de los hombres.

Deberíamos ser tan celosos de la gloria de Nuestra Señora como niños en casa de su madre. Imaginad si alguno de nosotros podría sentirse bien cuando ve que se le niegan los honores y la atención a los que tiene derecho. Entonces, ¿cómo podemos ser felices en la tierra cuando se nos niegan los honores y atenciones a los que Ella tiene derecho?

Pidamos a la Virgen, tan vilipendiada por los hombres de nuestro tiempo, que acepte nuestra reparación por las muchas ofensas que continuamente recibe. Y que su santísimo nombre sea glorificado cuanto antes.

Libro ¡María Santísima! El Paraíso de Dios revelado a los hombres. Parte II
Monseñor João Scognamiglio Clá Dias
Plinio Corrêa de Oliveira
Extracto de una conferencia del 12 de septiembre de 1964.

7 de septiembre de 2024

Oración de Confianza a la Natividad de Nuestra Señora

Del sitio Píldoras de Fe:

La Iglesia Católica observa con especial devoción el cumpleaños real (el día en que nacieron) de dos grandes santos: San Juan Bautista (24 de junio), y la Natividad de la Virgen María, la Madre de Jesús (8 de septiembre) El Nacimiento de la Santísima Virgen es una Fiesta en la que honramos a Dios por habernos dado a esta niña dulce y pura que fue capaz de dar el más grado alto de aceptación de la Voluntad del Plan de Dios.

En el caso de todos los demás santos, especialmente los mártires, ellos son venerados en el día de su muerte, el cual es llamado "su dies natalis", o "cumpleaños", que significa "el día de su nacimiento al cielo".

Tu nacimiento, oh Virgen Madre de Dios, anunció la alegría a todo el mundo, porque de Ti se ha levantado el Sol de Justicia, Cristo nuestro Dios. Él nos libera de las ataduras del pecado, de la antigua maldición y nos hizo bendecidos; destruyó la muerte y nos dio la vida eterna.

El nacimiento de la Virgen María señala el comienzo de nuestra salvación. De María nos vino Jesús, el Hijo de Dios, y por medio de Él nos llegó la salvación y la reconciliación con Dios, al fin se ha completado. Sabemos que Dios escogió a la Virgen María para una tarea especial, incluso desde el momento de su concepción.

A continuación, una oración para este momento histórico para la humanidad, escrita por el Padre José Medina y publicada originalmente en su Blog, que puede servirnos como una meditación profunda sobre este grandioso acontecimiento para la humanidad

Oración de confianza a la Natividad de la Virgen María.

Qué grande gozo e incomparable alegría debe tener todo el mundo el día de tu sagrado nacimiento, 
oh niña santísima, 
pues con la luz que tú, 
como alba divina, 
le trajiste, 
se bañó de nueva claridad y comenzó a respirar.
 
A toda la Santísima Trinidad alegraste con tu nacimiento; 
al Padre, por haber nacido su dulce esposa, 
al Hijo, porque habías de ser su Madre, 
y al Espíritu Santo, porque eras su templo, 
y por su virtud habías de concebir en tu vientre virginal al Verbo Eterno.
 
Los santos patriarcas vieron en este día cumplidos sus deseos; 
los profetas acabadas aquellas sombras y figuras debajo de las cuales tantas veces te dibujaron y pintaron, 
los ángeles, su Reina y Señora, y los hombres de honra, 
ornamento y gloria de todo el linaje humano; 
y finalmente, todos los judíos y gentiles, justos y pecadores tienen hoy causa de particular regocijo, 
por haber salido a luz la que había de darnos al que es luz y vida del mundo.
 
Tú, niña gloriosa, naciste hoy la más linda, 
la más bella y hermosa y más adornada de gracias que ninguna pura criatura. 
Porque así como tu precioso Hijo te fue muy parecido en el ser natural como hijo a su madre, 
así tú fuiste muy semejante a tu Hijo en el ser de gracia, 
en la cual él era nuestro Padre; 
y así convino que en el alma y en el cuerpo no hubiese cosa criada que contigo se pueda comparar.
 
Tú eres la segunda Eva y madre de los vivientes que vivirán para siempre, 
tú, más dichosa que Sara, más prudente que Rebeca, más hermosa que Raquel
más fecunda que Lía, más excelente que Míriam, hermana de Moisés y Aarón
más sabia que Débora, más fuerte que Judith, más graciosa que Ester
más humilde que Abigaíl, más casta que Susana.
 
Porque eres aquella mujer vestida de sol y coronada de estrellas, 
que tiene la luna debajo de sus pies, 
y aquel santuario que Dios hizo para habitar en él, 
y aquella arca fabricada de madera de Setin, y forrada por dentro de oro purísimo, 
que son todas las virtudes con las que Dios te adornó.
 
Dios te salve, María suavísima, 
hija eres de Eva, más para reparar las miserias de Eva; 
hija eres de hombre, más madre de Dios; 
virgen eres, más no sin fruto; 
fecunda eres, más sin detrimento de tu pureza virginal.
 
Dios te salve, Virgen sacratísima, 
tálamo del Esposo celestial, templo de la sapiencia increada, 
sagrario del Espíritu Santo, huerto de delicias, 
paraíso de deleites, vena de aguas vivas, y depositaria de todas las gracias y dones de Dios, 
y singular entre todas las criaturas; 
pues no hay cosa que se iguale a ti, y todo lo que tiene ser está sobre ti o debajo de ti, 
porque Dios solamente es sobre ti, 
y todo lo que no es Dios está debajo de ti.
 
Desde este punto y desde esta hora en que saliste al mundo para bien del mundo, 
yo te reconozco y tomo por Señora mía, 
y te doy el parabién y vasallaje como a Reina soberana del cielo y de la tierra, 
y madre de mi Señor Jesucristo.
 
Tú, Virgen purísima y niña sacratísima, 
tómame por esclavo perpetuo y de tu Hijo santísimo, 
para que yo, con verdadero y santo gozo, 
me goce hoy de tu glorioso nacimiento. 
 
Amén.
 
Que, por la Natividad de la Virgen María, 
podamos ser edificados en el amor y la humildad y alcanzar, 
junto a nuestra Señora, la salvación para siempre. 
 
Amén.

 

Qriswell Quero
Venezolano, esposo y padre de familia, 
servidor, ingeniero y misionero de la fe. 
Comprometido con el anuncio del Evangelio. 
Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. 
Quien a Dios tiene nada lo detiene.

19 de mayo de 2024

El bello comentario sobre la Salve

Del sitio Info Católica:

La "Salve" es una de las piezas gregorianas que conoció una amplísima difusión y una gran popularidad: muchos católicos incluso ancianos la conocían y cantaban, aún personas que del latín no conocían más que unos pocos cantos gregorianos. Comentarla implica señalar rasgos mayores de la espiritualidad católica.

"Salve…": el comienzo es el saludo romano equivalente al "Ave" de la Anunciación, que inicia el "Avemaría", quizá la oración mariana más popular. La referencia a la Anunciación identifica el saludo "Salve" con la expresión que el evangelista Lucas atribuye al Arcángel Gabriel: jaíre, que literalmente significa "alégrate". En italiano se conserva el "Ave", y en francés se dice "je vou salue". "Salve Regina". El título de Reina se aplica a María desde muy antiguo. Más recientemente Pío XII estableció una fiesta litúrgica para celebrar la realeza de la Virgen y publicó la encíclica "Ad Caeli Reginam". La condición real de la Madre del Señor se entiende en relación a la realeza de Cristo: la Madre del Rey es Reina. Podemos recordar una imagen visual: en la Basílica romana Santa María in Trastevere se ve en el ábside un mosaico del siglo XII que presenta a Jesús y a María entronizados como el Rey y la Reina. Un detalle bellísimo a destacar es que Jesús pasa su brazo derecho sobre el hombro de María, como abrazándola.

"…Mater misericordiae" por ser misericordiosa y por ser Madre de Cristo, que es la misericordia misma. Esta atribución es retomada cuando la oración menciona los "ojos misericordiosos", o sea que expresan la misericordia del alma y miran con cariño redentor. Se pide que esos ojos vuelvan a mirarnos. "…vita, dulcedo et spes nostra" Decirle a María que ella es nuestra vida puede tener un significado general, a saber, se la llama así a la persona a la que se ama intensamente. Pero también ese apelativo que le damos se refiere a lo que Cristo es para nosotros. San Pablo escribe: "Para mí la vida de Cristo". Dios es nuestra vida: en él vivimos, no movemos y somos; Cristo es nuestra vida como Verbo Creador y como Redentor. En este caso la referencia es a la vida sobrenatural de la gracia. Llamamos vida a María porque ella es la Mediadora, no una pantalla que nos separa de Cristo, sino todo lo contrario, nos une a él. "Dulzura nuestra", otra expresión de intenso amor. "Gustar" a María con todos los sentidos espirituales del alma. Decirle que es nuestra esperanza tiene una amplia significación: ante la seriedad del Juez contamos con su intercesión maternal. Ella es el reaseguro de que disponemos. Se trata entonces de la esperanza teologal, que tiene por término a Dios y al cielo; Ella "entra en el sistema" de nuestra relación con Dios en Cristo. "Nuestra" es el posesivo: hemos sido agraciados con el don de tenerla como vida, dulzura y esperanza. Después diremos también que es nuestra Abogada.

Otra vez el saludo: salve, que da inicio a lo que puede considerarse otra estrofa de la antífona: "a ti clamamos" o si se quiere, "llamamos"; es la invocación que hace el orante, que se identifica como desterrado o exiliado hijo de Eva. Es esta una clara referencia a la expulsión del Paraíso. "Suspiramos gimiendo y llorando". Suspirar o aspirar con deseo a la ayuda; es un grito de socorro de quien se haya sumergido en "este valle de lágrimas".

Según la simbología bíblica, a Dios se lo encuentra en la montaña; para encontrarse con Él es necesario subir, como lo hicieron Moisés y Aarón y los ancianos de Israel. En este sentido, el valle en el que se halla el exiliado hijo de Eva significa la lejanía de Dios que sigue al pecado original. El realismo de esta oración es impresionante, desautoriza el vacuo optimismo que valoriza exageradamente el mundo presente. El Antiguo Testamento es bien claro al respecto. Citemos, como ejemplo indiscutible el salmo 89 (90): la vida del hombre es de 70 años, en el más robusto hasta 80, pero la mayor parte de esos años son "fatiga inútil" porque pasan aprisa, y nosotros "volamos".

"Eia, ergo…", en castellano: ¡ea, pues!, Tiene valor de saludo e invocación, es como si se comenzar de nuevo; se dirige a la "Abogada nuestra". Se señala así la mediación de María en nuestro favor; Ella "aboga" por nosotros ante el Señor. Ahora se le pide que vuelva a nosotros sus ojos misericordiosos: otra vez su misericordia se inclina -eso pedimos- sobre nuestra miseria, que ha sido claramente descrita. El último pedido suplica que nos muestre a Jesús. Evoquemos las escenas del nacimiento y puesta en el pesebre; nada impide pensar que a las visitas (pastores, magos) ella mostraba, señalaba a Jesús. En el ícono oriental de la Odigitria la mano de María muestra o señala a Jesús. El pedido es para que ello suceda "post hoc exsilium", es decir, tras nuestra muerte. Es como volver al Paraíso.

Notar también la identificación de Jesús como "fruto bendito de tu vientre", como en el Avemaría. La "ostensio Christi" puede ser referida al silencioso papel de María en la Eucaristía de la Iglesia, una relación que muy pocos teólogos han advertido. El final de la antífona es otra invocación a quien es "Clemens", "Pía", "Dulcis", títulos que responden a las descripciones que se hacen en el texto del papel de la Virgen respecto de nosotros. La clemencia, la piedad y la dulzura (o suavidad) son nombres de una misma actitud en nuestro favor. En este breve comentario queda claro que la Salve resume toda la Mariología, condición que podría ampliarse respecto de todas las verdades católicas que atañen a la Madre del Señor.

 + Héctor Aguer
Arzobispo Emérito de La Plata

29 de enero de 2023

Por qué llamamos a Nuestra Señora Arca de la Nueva Alianza

 

Del sitio El Pueblo Católico:

Entre otras maneras, la Biblia muestra la importancia de María en la historia de la salvación al presentarla como el “Arca de la Nueva Alianza”, un cumplimiento de la prefiguración del Arca de la Alianza en el Antiguo Testamento.

Jesús, además de ser el nuevo Adán es considerado el “nuevo Moisés”, quien trajo un nuevo Éxodo. “Éxodo” significa “salida” o “viaje”. Moisés llevó a cabo el éxodo de Egipto a la tierra prometida y Jesús el éxodo de esta tierra al Paraíso en el cielo.

Así como el Arca de la Alianza fue pieza clave por la cual Dios guió a los Israelitas a la tierra prometida, María también es un elemento esencial en la historia del nuevo éxodo de Jesús.

Después de ser liberados de la esclavitud de Egipto y darles los 10 mandamientos, Dios pidió a Moisés y a su pueblo construir un santuario (la “Tienda del encuentro”) y, dentro de este, un Arca (“cofre” en hebreo) sobre el cual habitaría en medio de ellos (Ex 25, 8-22). Así, vemos que el Arca es lo siguiente:

  • El lugar donde Dios habitaba en la tierra (Ex 25, 22)
  • El cofre donde se encontraban las tablas de los 10 mandamientos, algo de maná y la varilla de Aarón (Heb 9,4).
  • Estaba hecha de “madera de acacia”, que es madera “incorruptible” según la traducción griega y la tradición judía (LXX: Ex 25,10).
  • Estaba cubierta completamente de oro para representar santidad absoluta (Ex 25,11)
  • El lugar donde la nube de la Gloria de Dios descendía (Ex 40, 34).

Ya en la tierra prometida, el rey David decide trasladar el Arca a Jerusalén para construirle un templo a Dios. Aquí se da un evento muy importante para los judíos: David recibe el Arca de la Alianza con danza y júbilo (2 Samuel 6).

Después de la deportación a Babilonia y la destrucción del Templo, el Arca se pierde y no ha sido encontrada desde entonces. El segundo libro de los Macabeos nos dice que el profeta Jeremías la escondió, e hizo una profecía: el Arca no volvería a encontrarse hasta que la Gloria de Dios volviera a aparecer en la nube (2 Mac 2,4-8).

Esta profecía se cumple en María, la nueva Arca. Aquí veremos cómo.

En su Evangelio, Lucas presenta a María como el cumplimiento y la reaparición de esa Arca de la Alianza con el lenguaje que utiliza. María pasa a ser el lugar donde Dios habita. Veamos la comparación entre varios pasajes del Antiguo Testamento y del Evangelio de Lucas:Ver la tabla:

  • Lucas casi copia el versículo del Éxodo textualmente, excepto que intercambia la “nube” por el “Espíritu Santo” y a María por el santuario que contiene el Arca. Usa la misma acción para María: “cubrir con su sombra” (“epizkiazo” en griego).
  • El evangelista también utiliza el lenguaje en este episodio de David para darnos a entender que está haciendo una comparación continua, presentando a María como la nueva Arca.
  • Isabel tiene exactamente la misma reacción al ver a María que David tiene al ver el Arca: ambos se sienten indignos. Lucas reemplaza “Arca” por “madre”.
  • Al igual que David “dio saltos” con “aclamaciones” al ver el Arca, Juan en el vientre “dio saltos” e Isabel “aclamó en voz alta” al ver a la nueva Arca: María.
  • Lucas continúa el paralelo entre María y el Arca al decir que María se quedó en la casa de Zacarías -un sacerdote-, ubicada en los cerros de Judá. La casa de Obed-Edom –quien también era sacerdote- estaba ubicada en los cerros de Judá.

La mujer a punto de dar a luz en el libro del Apocalipsis que representa a María (ver p. 8-9) también nos dice mucho de la nueva Arca. El libro del Apocalipsis dice que, tanto el Arca de la Alianza como a la “Mujer” están presentes en el templo celestial (Ap 11,19 – 12,2).

Ambas son símbolos de una sola realidad: María. Y esto lo vemos porque san Juan hace una conexión explícita: presenta a ambas con la misma palabra: “apareció el Arca de la Alianza… apareció en el cielo una señal: una mujer…”. En griego la palabra es “ophthe”.

Esa Arca en el cielo no es el Arca de Moisés, sino su cumplimiento, es decir, María, la que llevó al Dios-hombre en su mismo cuerpo, siendo su nuevo habitáculo. Así lo entendían los primeros cristianos.

Rocio Madera y Vladimir Mauricio-Pérez


Este artículo fue publicado en la edición de la revista de El Pueblo Católico titulada "María: ¿Por qué la amamos?" Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.