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9 de mayo de 2024

8 imágenes hermosas de Nuesra Señora en la Basílica de San Pedro

Del sitio Catholic News Agency:

Para honrar a la Santísima Virgen María, el Vaticano ofrece una peregrinación mariana especial dentro de la Basílica de San Pedro cada sábado por la tarde durante el mes de mayo.

El itinerario mariano lleva a los peregrinos desde la escultura de mármol de la Piedad de Miguel Ángel hasta Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, una pintura del siglo XII introducida en la basílica en 1578 en una solemne procesión.

Para quienes no puedan viajar a la Ciudad Eterna, CNA ofrece la siguiente "visita virtual" con fotos de Daniel Ibáñez de ocho bellas imágenes de Nuestra Señora en la Basílica de San Pedro con motivo de la fiesta de María, Madre de la Iglesia.

Virgen Inmaculada

En la Capilla del Coro de la basílica, un gran retablo muestra a María, Virgen Inmaculada, en la gloria del cielo sobre ángeles y santos. El mosaico, basado en una pintura del siglo XVIII del artista italiano Pietro Bianchi, representa a San Juan Crisóstomo, San Francisco de Asís y San Antonio de Padua venerando a la Santísima Virgen María.

La capilla se encuentra en el lado izquierdo de la basílica, detrás de una verja de hierro diseñada por Gian Lorenzo Bernini. San Juan Crisóstomo está enterrado bajo el altar, que también contiene reliquias de San Francisco y San Antonio.

Cuando el Papa Pío IX declaró la doctrina de la Inmaculada Concepción de la Virgen María el 8 de diciembre de 1854, hizo añadir una corona de oro al mosaico de María. Posteriormente, el Papa Pío X añadió una corona de diamantes más grande para conmemorar el 50 aniversario de la declaración en 1904.

La pintura original de Bianchi se encuentra en la Basílica de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri de Roma.

Madre de la Iglesia

La basílica contiene un icono de la Virgen María titulado "Mater Ecclesiae", que significa "Madre de la Iglesia".

La imagen original de la Virgen María y el Niño Jesús estaba pintada en una columna de la antigua basílica de San Pedro, construida por el emperador Constantino en el siglo IV. Posteriormente se trasladó a la Basílica de San Pedro, del siglo XVI. Pablo VI honró el icono con el título de "Mater Ecclesiae" tras el Concilio Vaticano II.

El icono aún puede verse sobre uno de los altares laterales de la basílica, en la Capilla de Nuestra Señora de la Columna, que también contiene los restos de San León Magno (440-461).

Un mosaico de la Virgen María con vistas a la plaza de San Pedro se inspiró en la imagen original de la Mater Ecclesiae. El mosaico se instaló tras el atentado contra San Juan Pablo II en 1981.

Cuando bendijo el mosaico, Juan Pablo II rezó "para que todos los que vendrán a esta plaza de San Pedro levanten su mirada hacia ti [María], para dirigir, con sentimientos de filial confianza, sus saludos y sus oraciones."

En 2018, el Papa Francisco añadió la memoria de María, Madre de la Iglesia, al calendario litúrgico del lunes después de Pentecostés.

Madre de los peregrinos

Una pintura restaurada del siglo XVI de la Virgen con su hijo en brazos se encuentra en la Basílica de San Pedro sobre el sarcófago del Papa Gregorio XIV.

La imagen se titula "Mater Peregrinorum", o Madre de los Peregrinos. Se desconoce el artista original, pero los italianos también se refieren a la pintura como la "Madonna di Scossacavalli" porque procede de la iglesia romana de San Giacomo Scossacavalli, que fue demolida en 1937 para crear la actual Via della Conciliazione que conduce a la Basílica de San Pedro.

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

Una pintura sobre madera del siglo XII titulada Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, también conocida como Nuestra Señora del Socorro, fue trasladada a un altar de la Capilla Gregoriana de San Pedro el 12 de febrero de 1578, con una solemne procesión.

La pintura fue la primera restauración artística completada bajo el pontificado del Papa Francisco durante el Año de la Fe, según un libro publicado por los Caballeros de Colón.

Los restos del doctor de la Iglesia San Gregorio Nacianceno (m. 390) se conservan en una urna bajo el Altar de Nuestra Señora del Socorro en la Capilla Gregoriana, que se encuentra en el lado derecho de la basílica.

Arca de la Alianza

Un colorido retablo de mosaicos de la Presentación de la Virgen María en el Templo ilumina la pared sobre la tumba de San Pío X.

Capilla de la Presentación de San PíoX (m. 1914) en la entrada frontal izquierda de la basílica.

Una joven María está representada en la escalinata del Templo con sus padres, los santos Ana y Joaquín, abuelos de Jesús.

El mosaico, realizado por Pietro Paolo Cristofari en 1728, está basado en una pintura del artista del siglo XVII Giovanni Francesco Romaneli, cuyo original se encuentra en la basílica de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri de Roma.

 

Puerta del Cielo

La puerta central de acceso a la basílica se conservó de la antigua basílica de San Pedro y se conoce como la Puerta de Filarete. Creada por un artista florentino en 1455, la puerta representa a Cristo, la Virgen María y los apóstoles San Pedro y San Pablo.

Según el Padre Agnello Stoia, párroco de la parroquia de la Basílica de San Pedro, la imagen de María del siglo XV en la puerta es un recordatorio del título de María "Puerta del Cielo".

Reina Asunta al Cielo

En la cúpula de la Basílica de San Pedro se pueden ver mosaicos que representan a la Virgen María junto a Cristo Redentor, San Juan Bautista y los apóstoles.

El mosaico de la Virgen María de la Gran Cúpula, realizado en 1610 por Orazio Gentileschi, está basado en dibujos del pintor manierista italiano Giuseppe Cesari.

 

Madre del Redentor

Miguel Ángel Buonarroti esculpió la Piedad a partir de una única losa de mármol de Carrara cuando tenía 24 años. La escultura se inauguró en la Basílica de San Pedro con motivo del Jubileo de 1500.

La conmovedora escultura transmite la fe y la emoción de la Santísima Virgen María mientras acuna en sus brazos el cadáver de su único hijo tras presenciar su crucifixión.

La escultura se encuentra sobre un altar lateral cerca de la entrada principal de la Basílica de San Pedro, donde a veces se oficiaba misa antes de las recientes restricciones. Los visitantes de la basílica sólo pueden ver la Piedad tras un cristal blindado después de que un hombre atacara la escultura con un martillo en mayo de 1972.

La Piedad fue la única obra de arte firmada por Miguel Ángel.

 

24 de diciembre de 2023

San José jamás dudó de la fidelidad de Nuestra Señora

Del sitio Gaudium Press:

Ya es bien sabido que San José y la Virgen habían decidido vivir en castidad perfecta, como hermanos.

Dice la Escritura que cuando Ella alega su virginidad al ángel Gabriel (“¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”), ya estaba “desposada con un hombre llamado José, de la casa de David”. Si los dos esposos, que ya estaban unidos en vínculo jurídico, no hubieran hecho promesa de castidad perfecta, no se explicarían las palabras de Nuestra Señora al Ángel, pues estas lo que quieren decir es que la Pura y sin mancha no conoce ni conocerá varón –ni siquiera su ya entonces esposo– con cuyo concurso procrearía un hijo, algo que tampoco podía decidir Ella sola sino en concierto con José.

Pero el tema de estas líneas es la “duda” de San José, resumida en San Mateo, lectura evangélica que escuchamos en la liturgia:

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo»”. (Mt 1, 18-20)

Rápidamente –y este es el camino de autores de la talla de San Ambrosio, San Juan Crisóstomo y San Agustín– algunos interpretan estos textos defendiendo “la tesis de que San José se inquietó porque, al no haber mantenido relación alguna con María Santísima, sospechó que había concebido de otro hombre”.

Sin embargo, como bien muestra Mons. João Clá en varias de sus obras, no son pocos los autores, de la talla de Suárez, San Jerónimo y él mismo, que defienden una tesis bien diversa, la cual eleva aún más a los ojos de sus devotos la figura del patriarca San José.

¿San José, dudar de la fidelidad a Dios y a él de Aquella que todos los días percibía más como un ángel que como una criatura humana? ¿De aquella que día tras día contemplaba en su resplandor Inmaculado, y en quien ya había depositado la confianza de su propia castidad? Algo no cuadra…

Si San José hubiera dudado de la fidelidad de Nuestra Señora, afirma San Jerónimo, él “no sería el varón justo del que habla San Mateo, pues ocultando lo que consideraba un crimen, habría cometido una falta que podría haber sido hasta grave”: San José no denunciando, podría estarse convirtiendo en cómplice de un delito, y esto no condice con la santidad de San José.

De hecho, Ella “le dio tales muestras de una virtud fuera de lo común, y se reveló tan angélica y extraordinaria, que si hubiese aventurado cualquier sospecha sobre Ella, habría cometido un juicio temerario inaceptable”. 

Realmente, el juicio de San José sobre todas las cosas, y por tanto también sobre María Santísima, no era el de un hombre común, ni siquiera el del más inteligente de los hombres, sino el del mayor de los meros varones concebidos de mujer.

No había gracia que Dios le hubiese dado a un santo que no le haya dado a San José, y por esto San José, que fue “concebido en gracia” –es decir libre de la mancha original– y que “gozaba del carisma de discernimiento de los espíritus y del don de sabiduría con una plenitud inigualable”, con los cuales “penetró a fondo en el alma de su virginal Esposa”, no tuvo la “menor vacilación respecto a la total inocencia de esta Dama Virginal” y “manifestó una fe inquebrantable ante lo incomprensible, por lo que una hipótesis como ésta [la infidelidad de la Virgen] jamás se configuró en su mente. Él confiaba en su angélica Esposa, y, en consecuencia, estaba seguro de que no había ocurrido absolutamente nada que permitiera poner en duda la pureza virginal de María Santísima”, expresa Mons. João Clá.

Como afirma el reputado Jourdain, “bien sabía él [San José] cuán admirable era la virtud de María, y a pesar de la evidencia exterior de los hechos, no podía creer que Ella fuera culpable”.

Pero entonces, ¿por qué quería huir?

Porque en su espíritu sí se fue formando con el pasar de los días al lado de su Inmaculada Esposa la certeza de que la Virgen sería la Madre del Mesías, de que en Ella se cumplía la profecía de Isaías: “la virgen está encinta y da a luz un hijo” (7, 14). Y entonces, José “se sintió asaltado por la convicción de no ser digno de permanecer junto a Ella. ¿Quizá la elección del esposo de la Virgen Purísima no fue perfecta, y debería haber sido llamado otro para ocupar su lugar? El matrimonio, no obstante, en todo era válido y no había vuelta atrás. ¿Qué pensar? Se configuraba por entero una noción que había ido tomando cuerpo desde el momento en que había conocido a la Santísima Virgen: la de no estar a su altura. Su Esposa iba a dar a luz a un Hijo por acción exclusiva de Dios, y él sobraba en aquel conjunto”, dice Mons. João Clá.

Como su Santa Esposa, a pesar de las evidencias, permanecía en silencio, pues sabía que Dios quería probar la confianza de su virginal esposo, éste juzgaba que había en este silencio una señal de que el Altísimo, que para San José era representado por Ella, no lo quería allí”, continúa.

Lo mismo afirma Jourdain, que representa así “una corriente de autores”: “la inquietud de José se originó por su humildad: según ellos [los diversos autores], José quería apartarse de María porque se juzgaba indigno de vivir en compañía de una Virgen tan santa. Él reconocía en Aquella que había tomado por esposa, a la mujer anunciada por los profetas, la Virgen que Dios había escogido para ser la Madre de su Hijo único. Y creía que no le estaba permitido habitar junto a Ella”.

Que San José no tuvo sospecha de la Virgen, lo afirma también un exégeta como el P. Salmerón, quien expresa que “el Ángel le dijo a José: ‘No temas recibir a María por Esposa’. Y no: ‘No sospeches’. Esto es lo que le habría dicho si José, en su espíritu, hubiera sospechado de adulterio. Por el contrario, lleno de temor reverencial, no tuvo ninguna sospecha al aceptar a su Esposa”.

Es también Salmerón quien afirma que “muchos opinan que el santo humilde José no desconocía el misterio de la concepción del Hijo de Dios, sino que a causa de su modestia se consideraba indigno de tanto honor y del consorcio con la Virgen, en razón del honor y reverencia debidas a Ella, así como por deber de justicia. Cuando el Verbo se encarnó, pensó en dejarla, recordando lo que a Moisés le había sido dicho: ‘No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado’ (Éx 3)”.

La duda fue pues, en su dignidad. Duda totalmente disipada por el Ángel, quien tras manifestarle el misterio de la Encarnación, enseguida reconoció su autoridad paterna al ordenarle que fuera él quien le diera nombre al Hijo de Dios hecho carne.

Saúl Castiblanco

27 de octubre de 2023

Nuestra Señora Patrona del Agro Argentino

Del sitio La Nación:

Cada 27 de octubre se conmemora a la Santísima Virgen María como Patrona del Agro Argentino. Si bien esta figura de la Iglesia Católica posee una fecha de celebración propia, en el país se le rinde un homenaje autóctono desde hace más de medio siglo.

Fue el 27 de octubre de 1949, cuando el entonces presidente Juan Domingo Perón proclamó mediante el decreto nacional n° 26.888/49, a María Auxiliadora, también denominada Santísima Virgen María, como la Patrona del Agro Argentino.

De esta manera, este día se invitaba a los fieles a rezarle y a realizar diferentes homenajes a nivel nacional a la Santa Patrona de los Campos.

El sector agropecuario había adoptado la costumbre de invocar a un protector de las tierras ante Dios, tal como se hacía en la época colonial. Esta práctica se realizaba mediante la fe, para asegurar las buenas cosechas.

Asimismo, solicitaban a esta figura su accionar divino ante sequías, plagas, pestes, escasez, enfermedades y cualquier tipo de problema que pudiera padecer sus terrenos fértiles.

Es así, que eligieron a María Auxiliadora como representante y veladora del campo argentino. Los productores locales le hicieron saber esto a Perón en la fiesta del Colono de Rosario, Santa Fe en 1949.

Solicitaron que le otorgue un reconocimiento a nivel nacional, que se vea asociado con el sector agropecuario. De esta manera, surgió la idea de declararla como Patrona del Agro argentino.

Desde aquel momento, es posible ver la imagen de la Santísima Virgen María en diferentes destinos rurales del país. Imágenes en las chacras o altares en la ruta, son algunas de las ofrendas que le rinden honor.

Conocida como la Madre de Jesús o Madre de Dios, es una de las figuras más famosas de la Iglesia Católica, que representa la obediencia y humildad. De ella proviene el dogma de la Inmaculada Concepción, por la cual se la considera libre de pecado.

A lo largo de la historia se la ha reconocido a través de oraciones y rezos. Fue San Juan Crisóstomo quien, en el año 345, la denominó como Virgen María Auxiliadora, bajo la premisa: “Tú, María, eres auxilio potentísimo de Dios”.

Su popularidad llegó con el Papa Pío VII, quien en 1814 se encontraba prisionero del general Napoleón. De esta manera, prometió a la Virgen que la celebraría si él lograba llegar a Roma.

Poco tiempo después, el pontífice gozó inesperadamente de su libertad y brindó una fiesta en honor a Ella. De esta manera, declaró el 24 de mayo como el Día de María Auxiliadora.

En 2003, el Papa Juan Pablo II la recordó en sus rezos y discursos frente a multitudes en la Plaza San Pedro. Mediante sus palabras “Navega Mar Adentro”, inspiró a exalumnas del Colegio María Auxiliadora de Buenos Aires a retomar las celebraciones del 27 de octubre.

2 de abril de 2023

¿Por qué Nuestra Señora no pidió antes el primer milagro?

Del sitio Un Minuto Con María:

En su comentario sobre el diálogo entre María y Jesús en las Bodas de Caná, san Juan Crisóstomo ofrece esta explicación:

Ahora bien, había escasez de vino. Su Madre le dijo: "No tienen vino". Jesús le responde: “Mujer, ¿qué quieres que haga? Mi hora aún no ha llegado” (Juan 2, 3-4).

Es importante examinar de dónde le venía a la Madre de Jesús la idea elevada que tenía de su Hijo, cuando aún no había hecho ningún milagro, ya que el evangelista hace esta observación más adelante: "Así hizo Jesús en Caná de Galilea, el primero de sus milagros”, etc.

Respondemos que su gloria y su poder comenzaron a manifestarse por el testimonio de Juan y por lo que Jesús mismo había dicho a sus discípulos. Además, y mucho antes, su concepción enteramente divina y los prodigios que rodearon su cuna, habían dado a María la idea más elevada del Hijo del que era madre. San Lucas confirma esta explicación, cuando dice: “Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón”.

¿Por qué entonces María no lo instó antes a hacer milagros? Recién entonces comenzaba su vida pública. Hasta entonces su vida exterior había sido la de un hombre común y corriente, y su Madre no se había atrevido a hacerle tal petición. Pero, tan pronto como se enteró del testimonio que Juan el Bautista había dado y lo vio ya rodeado de discípulos, le hizo la petición con confianza.