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17 de agosto de 2025

Juan Pablo II y la Asunción de Nuestra Señora

 


Del sitio Píldoras de Fe:

La Asunción de la Virgen María (o la Asunción de la Virgen) es una doctrina de la Iglesia Católica que enseña que después de la muerte de la madre de Jesús, ella fue resucitada, glorificada y llevada corporalmente al cielo (es decir, física y espiritualmente), para vivir con Dios Padre, con su hijo (Jesucristo), con el Espíritu Santo, los Ángeles y todos los santos del Cielo por toda la eternidad.

La palabra asunción se toma de una palabra latina que significa "tomar". La Asunción de María es enseñada tanto por la Iglesia Católica, así como por la Iglesia Ortodoxa Oriental en menor grado.

Todos los seres humanos tenemos que esperar hasta el fin de los tiempos para nuestra resurrección corporal, pero el cuerpo de María fue capaz de ir directamente al cielo porque su alma no había sido contaminada por el pecado original (Inmaculada).

A continuación una hermosa reflexión de San Juan Pablo II sobre la Asunción de la Virgen María al Cielo que no debes perderte: "Apareció un gran signo en el cielo: una Mujer vestida del sol" (Apocalipsis 12, 1).

Hemos venido en peregrinación a este signo. Es la solemnidad de la Asunción al cielo: he aquí que el signo alcanza su plenitud. Una mujer vestida del sol de la inescrutable Divinidad, el sol de la impenetrable Trinidad.

"Llena de gracia": ella está llena del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que se dan a ella como único Dios, el Dios de la creación y de la revelación, el Dios de la alianza y de la redención, el Dios del principio y del fin. El Alfa y Omega. El Dios-Verdad, el Dios-Amor, el Dios-Gracia, el Dios-Santidad.

Una mujer vestida del sol. Realizamos hoy la peregrinación a este signo. Es el signo de la Asunción al cielo, que se realiza sobre la tierra, y al mismo tiempo se eleva partiendo de la tierra.

Nadie se ha sumergido como María en el corazón del misterio de la redención. Nadie como Ella puede acercar este misterio a nosotros. Ella se encuentra en el centro mismo del misterio.

Nos encontramos, en el día de la solemnidad de la Asunción de María al cielo, cuando la Iglesia proclama la gloria de su nacimiento definitivo para el cielo. Queremos participar en esta gloria, sobre todo mediante la liturgia. Se puede decir que la liturgia nos presenta la Asunción de María al cielo bajo tres aspectos.

1. La Visitación en la casa de Zacarías.

Santa Isabel dice: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre... Dichosa la que creyó que se cumplirían las cosas que le dijeron de parte del Señor" (Lucas 1,42.45)

María creyó en las palabras que le fueron dichas de parte del Señor, y acogió al Verbo que en ella se hizo carne, y que es el fruto de sus entrañas.

La redención se ha basado en la fe de María, ha estado vinculada a su fíat en el momento de la Anunciación; ha comenzado a realizarse por el hecho de que "el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros". (Cfr. Juan 1, 14).

Durante la Visitación, María, en el umbral de la casa hospitalaria de Zacarías y de Isabel, pronuncia una frase que se refiere al comienzo del misterio de la redención. Dice: "Hizo en mí grandes cosas el que es poderoso, y santo su nombre". (Lucas 1,49).

Esta frase, tomada del contexto de la Visitación, se inserta a través de la liturgia de hoy, en el contexto de la Asunción. Todo el Magníficat, pronunciado durante la Visitación, se convierte, a través de la liturgia de hoy, en el himno de la Asunción de María al cielo.

La Virgen de Nazaret pronunció estas palabras cuando, por obra suya, el Hijo de Dios iba a nacer sobre la tierra. Con qué fuerza las pronunciaría de nuevo cuando, por obra de su Hijo, ella misma iba a nacer para el cielo.

2. Segundo aspecto de la Asunción.

Se nos presenta en las palabras del Apóstol san Pablo tomadas de su primera carta a los Corintios. La Asunción de la Madre de Cristo al cielo forma parte de la victoria sobre la muerte, de esa victoria cuyo comienzo se encuentra en la resurrección de Cristo: "Cristo ha resucitado, primicia de todos los que han muerto". (1 Co 15, 20).

La muerte es la herencia del hombre después del pecado original: "Por Adán murieron todos". (1 Co 15, 22). La redención realizada por Cristo ha destruido esta herencia: "Por Cristo todos volverán a la vida; pero cada uno en su puesto: primero Cristo como primicia; después, cuando él vuelva, todos los de Cristo". (1 Co 15, 22-23).

¿Y quién pertenece más a Cristo que su Madre? ¿Quién ha sido más que ella rescatado por él? ¿Quién ha cooperado como ella a la propia redención, de forma más íntima, mediante su fíat en la Anunciación y su fíat al pie de la cruz?

Así pues, la victoria sobre la muerte experimentada por la Madre del Redentor, es decir, su Asunción al cielo, encuentra su fuente en el corazón mismo de la redención realizada con la cruz en el Calvario, en la potencia misma de la redención revelada en la resurrección (...).

3. Tercer aspecto de la Asunción

Aparece en las palabras del Salmo responsorial (...): toda radiante de gloria entra la hija del Rey; su vestido está tejido de oro; entra para ocupar su puesto al lado del trono del Rey: "¡Tu trono subsiste por siempre jamás! ¡Cetro de rectitud es tu cetro real!". (Salmo 45/44,7)

María, la Madre del Redentor, es la primera en participar de este reino de gloria y de unión con Dios en la eternidad. Su nacimiento para el cielo es el comienzo definitivo de la gloria que los hijos y las hijas de esta tierra alcanzarán en Dios mismo en virtud de la redención de Cristo (...)

María es la primera de los redimidos. Y en ella también ha comenzado ya la transformación de la historia del cosmos en el reino de Dios. Esto es lo que expresa el misterio de la Asunción al cielo: el nacimiento para el cielo con su alma y su cuerpo (...)

¡Hermosa Señora! ¡Mujer vestida del sol! Ayúdanos a penetrar en tu misterio:

El misterio de la Virgen Madre, el misterio de la Reina Esclava, el misterio de tu omnipotencia suplicante. Ayúdanos a descubrir cada vez más plenamente en tu misterio a Cristo, Redentor del mundo, Redentor del hombre.

Tú que estás vestida del sol, el sol de la inescrutable Divinidad, el sol de la impenetrable Trinidad. "Llena de gracia" hasta el vértice de la Asunción al cielo. Y al mismo tiempo, para nosotros que vivimos en esta tierra, para nosotros, pobres hijos de Eva, en el destierro, estás vestida del sol de Cristo (...), del sol de la Redención del hombre y del mundo, realizada mediante la cruz y la resurrección de tu Hijo.

Haz que este sol resplandezca sin cesar para nosotros en la tierra. Haz que no se oscurezca nunca en el alma de los hombres. Haz que ilumine los caminos terrenos de la Iglesia, de la que tú eres la primera figura. Y que la Iglesia, fijando su mirada en ti, Madre del Redentor, aprenda continuamente ella misma a ser madre (...).

31 de mayo de 2025

Nuestra Señora partió y fue sin demora

 


Del sitio Misioneros Digitales Católicos:

En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. (Lucas 1, 39-40)

María, una vez que diste el sí a Dios, 
seguiste el soplo del Espíritu Santo 
y emprendiste viaje hacia la casa de tu prima, Isabel, 
para ofrecerle tu ayuda y cariño. 
¿Qué irías pensando en el camino, con el Verbo encarnado en tus entrañas? 
Acompañar a Isabel y compartir su dicha; también la tuya, 
porque no podías guardar tu tesoro sólo para ti. 
Y en ese momento, 
Isabel podría comprender algo de las maravillas que Dios estaba haciendo. 
 
Madre, te sentiste mirada y amada por Dios, 
y comprendiste con inmenso agradecimiento que te había elegido por pura gracia. 
Por eso entonaste un hermoso canto de alabanza a Dios: el Magnificat.
 
Contemplándote y siguiendo tu ejemplo de amor, humildad, disponibilidad y servicio, 
nuestra vida estará cada vez más abierta a las necesidades de los demás.
 
Entonces podremos rezar contigo al Padre: 
Mi alma canta la grandeza del Señor, 
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador

12 de septiembre de 2024

El Dulce Nombre de Nuestra Señora

Del sitio Gaudium Press:

Para el hombre contemporáneo, que carece de la noción simbólica de las cosas, dar o recibir un nombre no es más que una convención social, sin ninguna conexión más profunda con la persona a la que se da el nombre.

El concepto de los antiguos judíos, el pueblo al que se confió la Revelación, era muy diferente. En las primeras páginas de la Sagrada Escritura leemos que, tras formar de la tierra a las bestias del campo y a las aves del cielo, Dios las condujo hasta Adán para que recibieran de él un nombre. Y el autor sagrado concluye: "El nombre que el hombre dio a los seres vivientes, ése es su verdadero nombre" (Gn 2,19). Esto indicaba que el nombre dado por nuestro primer padre expresaba el atributo predominante de aquel ser, como reflejo de una perfección divina, según la cual se ordenaban los demás. Por tanto, constituía su definición ontológica.

De hecho, el pueblo de la Alianza consideraba que el nombre de una persona tenía un significado trascendente, sobre todo si era inspirado por Dios. Al profetizar la personalidad y la dignidad del Mesías, Isaías dijo que se llamaría Emanuel, que significa Dios con nosotros (cf. Is 7,14; 9,6). A su vez, cuando anunció a Zacarías que Isabel concebiría y daría a luz un hijo, san Gabriel reveló su misión y su nombre: Juan, que significa Yahvé es propicio (cf. Lc 1,13-17).

Del mismo modo, el nombre de la Madre de Dios también fue objeto de una revelación. El Arcángel Gabriel se lo dio a San Joaquín en la misma ocasión en que le dijo en sueños que su esposa concebiría, a pesar de su avanzada edad.

Así pues, el nombre es el símbolo de una realidad psicológica, moral y espiritual más profunda contenida en la persona. Por eso, el nombre de Nuestra Señora, como el santísimo Nombre de Jesús, debe considerarse símbolo de la virtud excelsa, de la misión, en definitiva, de todo lo que la Santísima Virgen es en verdad. El nombre de María es la afirmación de su gloria y de sus predicados interiores.

¿Hubo una circunstancia especial o un acto específico en el que la Niña recibió formalmente su santísimo nombre? ¿O, por el contrario, la costumbre de llamarla María se introdujo orgánica y casi imperceptiblemente, como resultado de una comunicación angélica?

La Ley mosaica era muy explícita sobre el procedimiento que debía seguirse con los varones recién nacidos, que debían ser circuncidados al octavo día (cf. Lv 12,3).

Como la circuncisión marcaba su incorporación oficial al pueblo elegido, en la época talmúdica se estableció la costumbre de que el niño recibiera su nombre en esta ceremonia, que normalmente le daba su padre. En cuanto a las niñas, sin embargo, nada había sido determinado por Moisés, ni siquiera por la tradición hebrea, lo que provocaba una gran variación en cuanto al momento de darles nombre. Por esta razón, el autor cree que los padres de Nuestra Señora comenzaron a llamarla María muy naturalmente poco después de su nacimiento.

Desde la época patrística, el santísimo nombre de María ha fascinado a los cristianos. Muchas de las especulaciones sobre su significado y etimología han dado lugar a títulos de alabanza, como Señora, Estrella del Mar, Amadísima, entre otros.

Algunos incluso han visto en este nombre una referencia a María, hermana de Moisés y Aarón (cf. Ex 15,20), elegida por Dios para cooperar con el profeta en la liberación del pueblo elegido de la esclavitud de Egipto, prefigura del Alma Socia Redemptoris, el Redentor, no sólo de los israelitas, sino de todo el género humano.

¿Qué significa, pues, glorificar el nombre de María? ¿Qué excelencias expresa? Si el nombre de Jesús manifiesta su gloria y su misión salvadora, puede decirse que el nombre de María expresa todas las perfecciones divinas, ya que "Dios Padre reunió todas las aguas y las llamó mar; reunió todas las gracias y las llamó María".

Consciente del poder inherente a los nombres de Jesús y de María, y de las abundantes bendiciones que brotan de su simple invocación, la Santa Iglesia ha consagrado a lo largo de los siglos fiestas litúrgicas y actos de piedad para alabarlos. El mismo saludo "¡Ave María!", tan extendido hoy en amplios sectores de la opinión pública católica, parece expresar el deseo de que el nombre de María esté siempre presente en las relaciones humanas, como símbolo y expresión de la realidad misteriosa, inefable y sacratísima que existe en ellas.

Al conmemorar este nombre, celebramos la gloria que Nuestra Señora tuvo, tiene y tendrá en el universo, y también la que posee en el Cielo. Ella es la Reina de todos los Ángeles y de todos los Santos, colocada en forma inconmensurable por encima de todas las criaturas, de modo que, en el orden creado, es el cono hacia el que todo converge, siendo nuestra Mediadora con Dios nuestro Señor.

En la tierra, sin embargo, la Virgen también debe ser glorificada. Sería normal que la Virgen María fuera venerada en la tierra y que su santísimo nombre fuera glorificado de un modo inexpresable.

Es simplemente una continua ocasión de dolor e indignación ver que la Santísima Virgen no es glorificada tanto como debiera a causa de los vicios, crímenes y maldades de los hombres.

Deberíamos ser tan celosos de la gloria de Nuestra Señora como niños en casa de su madre. Imaginad si alguno de nosotros podría sentirse bien cuando ve que se le niegan los honores y la atención a los que tiene derecho. Entonces, ¿cómo podemos ser felices en la tierra cuando se nos niegan los honores y atenciones a los que Ella tiene derecho?

Pidamos a la Virgen, tan vilipendiada por los hombres de nuestro tiempo, que acepte nuestra reparación por las muchas ofensas que continuamente recibe. Y que su santísimo nombre sea glorificado cuanto antes.

Libro ¡María Santísima! El Paraíso de Dios revelado a los hombres. Parte II
Monseñor João Scognamiglio Clá Dias
Plinio Corrêa de Oliveira
Extracto de una conferencia del 12 de septiembre de 1964.

29 de enero de 2023

Por qué llamamos a Nuestra Señora Arca de la Nueva Alianza

 

Del sitio El Pueblo Católico:

Entre otras maneras, la Biblia muestra la importancia de María en la historia de la salvación al presentarla como el “Arca de la Nueva Alianza”, un cumplimiento de la prefiguración del Arca de la Alianza en el Antiguo Testamento.

Jesús, además de ser el nuevo Adán es considerado el “nuevo Moisés”, quien trajo un nuevo Éxodo. “Éxodo” significa “salida” o “viaje”. Moisés llevó a cabo el éxodo de Egipto a la tierra prometida y Jesús el éxodo de esta tierra al Paraíso en el cielo.

Así como el Arca de la Alianza fue pieza clave por la cual Dios guió a los Israelitas a la tierra prometida, María también es un elemento esencial en la historia del nuevo éxodo de Jesús.

Después de ser liberados de la esclavitud de Egipto y darles los 10 mandamientos, Dios pidió a Moisés y a su pueblo construir un santuario (la “Tienda del encuentro”) y, dentro de este, un Arca (“cofre” en hebreo) sobre el cual habitaría en medio de ellos (Ex 25, 8-22). Así, vemos que el Arca es lo siguiente:

  • El lugar donde Dios habitaba en la tierra (Ex 25, 22)
  • El cofre donde se encontraban las tablas de los 10 mandamientos, algo de maná y la varilla de Aarón (Heb 9,4).
  • Estaba hecha de “madera de acacia”, que es madera “incorruptible” según la traducción griega y la tradición judía (LXX: Ex 25,10).
  • Estaba cubierta completamente de oro para representar santidad absoluta (Ex 25,11)
  • El lugar donde la nube de la Gloria de Dios descendía (Ex 40, 34).

Ya en la tierra prometida, el rey David decide trasladar el Arca a Jerusalén para construirle un templo a Dios. Aquí se da un evento muy importante para los judíos: David recibe el Arca de la Alianza con danza y júbilo (2 Samuel 6).

Después de la deportación a Babilonia y la destrucción del Templo, el Arca se pierde y no ha sido encontrada desde entonces. El segundo libro de los Macabeos nos dice que el profeta Jeremías la escondió, e hizo una profecía: el Arca no volvería a encontrarse hasta que la Gloria de Dios volviera a aparecer en la nube (2 Mac 2,4-8).

Esta profecía se cumple en María, la nueva Arca. Aquí veremos cómo.

En su Evangelio, Lucas presenta a María como el cumplimiento y la reaparición de esa Arca de la Alianza con el lenguaje que utiliza. María pasa a ser el lugar donde Dios habita. Veamos la comparación entre varios pasajes del Antiguo Testamento y del Evangelio de Lucas:Ver la tabla:

  • Lucas casi copia el versículo del Éxodo textualmente, excepto que intercambia la “nube” por el “Espíritu Santo” y a María por el santuario que contiene el Arca. Usa la misma acción para María: “cubrir con su sombra” (“epizkiazo” en griego).
  • El evangelista también utiliza el lenguaje en este episodio de David para darnos a entender que está haciendo una comparación continua, presentando a María como la nueva Arca.
  • Isabel tiene exactamente la misma reacción al ver a María que David tiene al ver el Arca: ambos se sienten indignos. Lucas reemplaza “Arca” por “madre”.
  • Al igual que David “dio saltos” con “aclamaciones” al ver el Arca, Juan en el vientre “dio saltos” e Isabel “aclamó en voz alta” al ver a la nueva Arca: María.
  • Lucas continúa el paralelo entre María y el Arca al decir que María se quedó en la casa de Zacarías -un sacerdote-, ubicada en los cerros de Judá. La casa de Obed-Edom –quien también era sacerdote- estaba ubicada en los cerros de Judá.

La mujer a punto de dar a luz en el libro del Apocalipsis que representa a María (ver p. 8-9) también nos dice mucho de la nueva Arca. El libro del Apocalipsis dice que, tanto el Arca de la Alianza como a la “Mujer” están presentes en el templo celestial (Ap 11,19 – 12,2).

Ambas son símbolos de una sola realidad: María. Y esto lo vemos porque san Juan hace una conexión explícita: presenta a ambas con la misma palabra: “apareció el Arca de la Alianza… apareció en el cielo una señal: una mujer…”. En griego la palabra es “ophthe”.

Esa Arca en el cielo no es el Arca de Moisés, sino su cumplimiento, es decir, María, la que llevó al Dios-hombre en su mismo cuerpo, siendo su nuevo habitáculo. Así lo entendían los primeros cristianos.

Rocio Madera y Vladimir Mauricio-Pérez


Este artículo fue publicado en la edición de la revista de El Pueblo Católico titulada "María: ¿Por qué la amamos?" Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

14 de mayo de 2022

Nuestra Señora, Tesorera del Reino de los Cielos

 Del sitio Revista de Cultura Católica Tesoros de la Fe:

María es la tesorera de todas las gracias divinas. Por lo cual el que desee gracias debe recurrir a María; y el que recurre a María debe estar seguro de obtener las gracias que desea

Feliz se juzga aquella casa que es visitada por alguna persona real, ya por la honra que en esta visita recibe, ya por las ventajas que después espera. Pero más feliz debe llamarse aquella alma que es visitada por la Reina del mundo María Santísima, la cual no sabe dejar de colmar de bienes y gracias a aquellas almas bienaventuradas que se digna visitar por medio de sus favores.

Fue bendecida la casa de Obededom, cuando la visitó el arca del Señor (I Crónicas 13, 14). Pero ¡de cuántas mayores bendiciones son enriquecidas aquellas personas que reciben alguna visita amorosa de esta arca viva de Dios, cual fue la divina Madre! ¡Feliz aquella casa que visita la Madre de Dios!, escribió Engelgrave.




Bien lo experimentó la casa del Bautista, donde apenas entró María, quedó colmada de gracias y bendiciones celestiales toda aquella familia: y por eso la presente fiesta de la Visitación se llama comúnmente la fiesta de Nuestra Señora de las Gracias. Por lo cual veremos hoy en el presente discurso, cómo la divina Madre es la tesorera de todas las gracias.

Después que la Santísima Virgen oyó del arcángel San Gabriel que su prima Isabel estaba encinta de seis meses, fue iluminada interiormente por el Espíritu Santo, para reconocer que el Verbo humanado y hecho ya Hijo suyo quería empezar a manifestar al mundo las riquezas de su misericordia con las primeras gracias que quería repartir a toda aquella familia. Por lo cual, sin detención, como refiere San Lucas (1, 39), levantándose de la quietud de su contemplación, a la cual estaba siempre aplicada, y dejando su amada soledad, luego se encaminó a la casa de Isabel. Y como la santa caridad todo lo sufre, y no sabe padecer demoras la gracia del Espíritu Santo, como sobre este Evangelio dice San Ambrosio; por eso no cuidando de la fatiga del viaje, la tierna y delicada doncella se puso diligente en camino.

Apenas llegada a aquella casa, saludó a su prima; y, como reflexiona San Ambrosio, María fue la primera en saludar a Isabel. Mas no fue la visita de la bienaventurada Virgen como son las visitas de los mundanos, que por lo común se reducen a ceremonias y falsos cumplimientos; la visita de María acarreó a aquella casa un cúmulo de gracias. Pues a su primera entrada, y al recibir la salutación, Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y Juan libertado de la culpa original y santificado: por eso dio aquella señal de júbilo, saltando de gozo en el vientre de su madre, queriendo manifestar así la gracia recibida por medio de la bienaventurada Virgen, como declaró la misma Isabel. De manera que, como reflexiona Bernardino de Bustos, en virtud de la salutación de María recibió Juan la gracia del Espíritu divino, que le santificó.

Ahora, si esas primicias de la redención pasaron por manos de María, y Ella fue el canal por donde se comunicó la gracia al Bautista, el Espíritu Santo a Isabel, el don de profecía a Zacarías, y otras tan grandes bendiciones a aquella casa, que fueron las primeras gracias que sabemos hiciese el Verbo en la tierra después de haberse encarnado; es muy de creer que Dios desde entonces constituiría a María en acueducto universal, según dice San Bernardo, por el cual de allí en adelante pasasen a nosotros todas las demás gracias que el Señor quisiese dispensarnos.

Con razón pues invocamos a esta divina Madre como tesoro, tesorera y dispensadora de las divinas gracias. Así la nombraron el venerable abad de Celles, San Pedro Damián, San Alberto Magno, San Bernardino y un doctor griego que cita Petavio, dispensadora de todos los bienes. Así también la llamó San Gregorio Taumaturgo, el cual dice: María se apellida llena  de gracia, porque contiene el tesoro de la gracia. Y Ricardo de San Lorenzo dice que Dios ha depositado en María, como en una tesorería de misericordia, todos los dones de las gracias, de cuyo tesoro enriquece Él a sus siervos.

San Buenaventura, hablando del campo del Evangelio en donde está escondido el tesoro que debe comprarse a cualquier precio, como dijo Jesucristo: "Es semejante el reino de los cielos a un tesoro escondido en el campo, que si le halla un hombre... va, y vende cuanto tiene y compra aquel campo" (Mt. 13, 44), dice que este campo es nuestra Reina María, en la cual está el tesoro de Dios, que es Jesucristo, y con Jesucristo el manantial y la fuente de todas las gracias. Afirmó ya San Bernardo que el Señor ha depositado en manos de María todas las gracias que nos quiere dispensar, para que sepamos que cuantos bienes recibimos, pasan por sus manos.




Y nos lo asegura la misma María, diciendo: "En mí está toda la gracia para conocer el camino de la verdad" (Eclesiástico 24, 25). En mí están todas las gracias de los verdaderos bienes que vosotros, oh hombres, podéis desear en vuestra vida. Sí, Madre y esperanza nuestra ya sabemos, le decía San Pedro Damián, que todos los tesoros de las divinas misericordias están en vuestras manos. Y antes que él lo afirmó con mayor expresión San Ildefonso, cuando hablando con la Virgen le decía: "Señora, todas las gracias que Dios ha determinado hacer a los hombres, todas ha querido proporcionárselas por vuestras manos, y por eso os ha confiado a Vos todos los tesoros de las gracias". "De manera —concluía San Germánque no hay gracia, ¡oh María! no hay gracia sino por vuestras manos". 

Sobre las palabras que dijo el Ángel a la Santísima Virgen: "Oh María, no temas, porque has hallado gracia a los ojos del Señor" (Lc. 1, 30), añade esta bella reflexión San Alberto Magno: "No temas, porque has hallado la gracia. No la usurpaste, como el primer ángel; no la perdiste, como el primer padre; no la compraste , como Simón mago; sino que hallaste, porque la buscaste. Has hallado la gracia increada, y en ella a toda criatura". ¡Oh María! Vos no habéis robado la gracia, como quería robarla Lucifer; no la habéis perdido como la perdió Adán; no la habéis comprado, como Simón mago quería comprarla; sino que la habéis hallado, porque la habéis deseado y buscado. Habéis hallado la gracia increada, que es el mismo Dios hecho ya Hijo vuestro, y juntamente con ella habéis hallado todos los bienes criados, y los habéis alcanzado.





Confirma este pensamiento San Pedro Crisólogo, diciendo que la gran Madre halló esta gracia para dar después la salud a todos los hombres. Y en otro lugar dice que María halló una gracia llena, suficiente para salvar a todos. "De tal modo —dice Ricardo de San Lorenzo— que así como Dios crió el sol para que por su medio sea iluminada la tierra, así hizo a María para que por su medio se dispensen al mundo todas las divinas misericordias". Y San Bernardino añade que la Virgen, desde que fue hecha Madre del Redentor, adquirió una especie de jurisdicción sobre todas las gracias.

Por lo cual concluyamos este punto con Ricardo de San Lorenzo, el cual dice que si queremos conseguir alguna gracia acudamos a María, la cual no puede dejar de alcanzar para sus siervos cuanto pide, pues Ella halló la gracia divina y de continuo la obtiene. Y tomó estas palabras de San Bernardo, el cual dijo: "Si deseamos pues gracias, preciso es que acudamos a esta tesorera y di pensadora de las gracias. Pues es la voluntad suprema del dador de todo bien" —como lo asegura el mismo santo— "que todas las gracias se dispensen por mano de María:" el que dice todo, nada excluye.    

San Alfonso María de Ligorio

Las Glorias de María, 

Librería de Rosa y Bouret, París, 1870, pp. 357-363.