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5 de septiembre de 2022

Nuestra Señora de la Candelaria de Socoltenango (Chiapas, México)

 Del sitio Chiapas Paralelo:

Es el 2 febrero en Socoltenango Chiapas, un pequeño pueblo de alrededor de 10,000 habitantes ubicado cerca de la frontera con Guatemala y a pocos kilómetros de la ciudad de Comitán. Esta localidad, en el que gran parte de sus habitantes se dedica a las labores propias del cultivo de la caña de azúcar, recibe en este día decenas y decenas de peregrinos que llegan a venerar una hermosa talla, tristemente mal restaurada, de la Virgen de Candelaria, que para nada corresponde con el sencillo templo en el que se ubica y que aún guarda muchos elementos arquitectónicos de la época colonial y del siglo decimonónico. 

La historia de la Virgen de Candelaria de Socoltenango se antoja interesante: con sus cerca de 460 años, se constituye en el culto de más larga data de que se tenga registros en el estado de Chiapas, su santuario, como desde el siglo XVI, sigue siendo un recinto mariano de importancia en la región. Una devoción chiapaneca muy destacada que hunde sus raíces en los primeros años del cristianismo en esta región maya. 

La historia de esta Virgen inicia a pocos kilómetros de Socoltenango, en Copanaguastla, un antiguo asentamiento de indios tseltales, ahora extinto. Copanaguastla, era, a la llegada de los españoles, el cacicazgo más importante de la provincia de Los Llanos. Este hecho influyó sin duda para que los dominicos, quienes se encargaron desde su llegada en 1545 de la labor catequizadora en la mayor parte de la provincia de Chiapa, establecieran en Copanaguastla un convento para evangelizar a los indios tseltales, tsotsiles, cabiles y coxohes -todos del tronco mayance- que poblaban la región. 

Copanaguastla fue durante los años siguientes uno de los pueblos de indios más prósperos de la provincia. Además de estar situado sobre el Camino Real que unía a la Audiencia de Guatemala con la Nueva España y de poseer fértiles tierras (el pueblo se ubicaba en las cálidas tierras del Valle del Grijalva), era un asentamiento con un alto número de habitantes. A fines del siglo XVI, era el cuarto pueblo de Chiapas por el número de tributarios. Grosso modo este contexto prevalecía en la región cuando el 2 de febrero de 1561 se fundó en el pueblo una cofradía dedicada a la Virgen del Rosario iniciándose de esta manera su veneración. 

Aunque lamentablemente desconocemos los factores que incidieron en la propagación de la devoción a la imagen, la que llegaría inclusive más allá de la provincia de Chiapas, es probable que la ubicación privilegiada de Copanaguastla sobre una ruta muy transitada, aunada a su importancia religiosa (al ser sede conventual), favorecieran la rápida expansión del culto. Lo cierto es que, según algunos historiadores, a fines del siglo XVI, la imagen de la Virgen del Rosario era ya una de las más famosas en el obispado de Chiapa. No obstante, el siglo XVII le daría un giro a su historia. 

Una serie de epidemias, anunciadas ya desde el siglo XVI, ocasionaron una catástrofe demográfica en la región. Entre 1600 y 1601 una peste ocasionó que un tercio de la población de Copanaguastla muriera. Fue, sin embargo, la epidemia de 1617 la que más afectó a los indios. Por aquellos años la fama de “milagrosa” que caracterizaba a la Virgen se habría acentuado. A decir de algunos estudiosos “la imagen mariana congregó a muchos indios de diferentes lugares durante la epidemia de 1617. Los casos milagrosos que se le atribuían iban en aumento". 

No obstante, algunos religiosos no dudaron en calificar aquellas calamidades como “castigo divino” debido a la “idolatría” que los indios tseltales seguían practicando a escondidas. En efecto, un dominico descubrió que detrás de la imagen de la Virgen del Rosario se ocultaba la efigie de una divinidad mesoamericana a la que los indios aun rendían culto. Lo cierto es que estos sucesos devastaron irremediablemente al pueblo de Copanaguastla a tal grado que el número de habitantes había disminuido drásticamente. La antaño populosa Copanaguastla se hallaba ahora en ruinas y a los religiosos ya no les agradaba seguir manteniendo allí su sede conventual: voltearon los ojos a Socoltenango. 

En 1629 el convento dominico fue trasladado 10 kilómetros al noreste y 300 metros cuesta arriba, en las laderas del Altiplano Central chiapaneco, al pueblo de Socoltenango. Socoltenango surgió como pueblo de indios de lengua tseltal, a mediados del siglo XVI, y aunque en principio fue un asentamiento modesto como muchos otros en el obispado, dependiente en la administración religiosa al priorato de Copanaguastla, resistió con más éxito las epidemias que diezmaron la sede, de manera que adquirió más relevancia al trasladarse allí el convento y con ello la afamada imagen de la Virgen del Rosario. 

Pero ¿en qué año se efectuó el traslado de la imagen? Existen disensos por parte de los investigadores, algunos señalan que tuvo lugar alrededor de 1630; otros más indican que fue a mediados del siglo XVII (al parecer todos los enseres del convento fueron trasladados a Socoltenango en 1645); mientras que una tercera opinión dice que se realizó en 1666. Como haya sido, Socoltenango heredó una escultura mariana famosa por el carácter de milagrosa que indios y españoles le atribuían. Copanaguastla, mientras tanto siguió existiendo arruinada hasta finales de siglo cuando quedó totalmente abandonada. 

El traslado no significó un detrimento de la devoción mariana, al contrario, a lo largo de este siglo el culto se consolidó en gran parte de la provincia. A mediados de esta centuria “la milagrosa imagen era bien conocida en toda la región del sur de México y Guatemala, y sabemos que asumía la sublime posición de santa tutelar de la jerarquía divina de los santos patronos de las parroquias de Chiapas”. Entre 1672 y 1699 la Virgen del Rosario había obrado una serie de milagros a indios de todas las partes de la provincia (tseltales, tsotsiles, tojolabales, cabiles y chiapanecas). Otros casos se presentaron más allá del obispado en el Soconusco, en Huehuetenango y hasta en la Península de Yucatán

En Socoltenango mientras tanto la Virgen del Rosario desplazó a la Santa Cruz, la patrona original. Que la Virgen era muy afamada también lo comprueban los vínculos rituales que se establecieron entre Socoltenango y Comitán por iniciativa de los segundos. En efecto, en 1668 luego de que San Nicolás Tolentino menguara una epidemia que afectó ese año a Comitán, los vecinos de este último pueblo buscaron establecer “visitas religiosas” entre ambas imágenes, vínculo que continuo hasta el siglo XIX. En tanto el cronista dominico Francisco Xímenez quien describió la manera en que se celebraban las solemnidades de la Virgen menciona al respecto que dicha fiesta “se hace con grandísimo concurso de todas aquellas provincias.

Como antaño, cientos de peregrinos procedentes de diversas partes del estado de Chiapas acuden entre el 25 de enero y el 2 de febrero al santuario de la Virgen de Candelaria, ubicado en el centro de Socoltenango. Sus solemnidades incluyen, entradas de velas y flores, rezos, procesiones con una escultura vicaria y visitas al “ojo de agua”. 

Los peregrinos, durante estos días, forman extensas filas para ascender a la parte trasera del camarín de la Virgen donde la acarician, la besan y le efectúan solicitudes. La imagen es una hermosa talla de 1.90 metros de altura que preside el altar mayor lamentablemente dañada por la mala restauración que ha recibido en muchas ocasiones. Por sus dimensiones se trata de una escultura única en el estado y sin duda es la misma que en el siglo XVI fue depositada por los dominicos en el convento de Copanaguastla.

El culto a la Virgen también incluye la visita a cuerpos de agua. Los peregrinos se trasladan a las afueras de Socoltenango para efectuar rituales en “La Poza de la Virgen”. Allí hay una serie de ojos de agua ahora convertidos en alberca donde la gente se baña y cercano a estas se localiza un cuerpo de agua enmallado, sitio que marca el lugar “donde la virgen se bañaba” frente a este hay una capilla con tres cruces donde la gente prende velas y efectúa discursos rituales. Se cree que el agua de la Poza tiene cualidades terapéuticas. Los peregrinos guardan este líquido en botellas para trasladarlas a sus lugares de origen. Un relato cuenta que antes la Virgen no se encontraba a gusto en Socoltenango y se regresaba a Copanaguastla. La gente iba por ella y la devolvía hasta que se acostumbró a su nueva morada. Sin embargo, de vez en cuando abandona su nicho para irse a bañar junto con su niño a la “Poza de la Virgen”.

El 2 de febrero es un día importante en toda la región, como cada año y siguiendo la costumbre de nuestros abuelos, los habitantes de Venustiano Carranza (la antigua san Bartolomé de Los Llanos) junto con los tseltales de Amatenango, Pinola y Aguacatenango conformaremos el contingente más numeroso de romeros. En todo caso si alrededor de 1617 fue descubierto detrás de la Virgen del Rosario el culto clandestino a un dios prehispánico, aquello no significó la aniquilación de la religión mesoamericana. Los Totikes de Carranza lo expresan claramente cuando se refieren a la romería que practican a Socoltenango. Barik ta Ch´ul na Me´tik : ¡VAMOS A LA CASA DE LA LUNA!

14 de junio de 2022

Nuestra Señora de la Concepción de Socopachi

 Del sitio de Isabel Velasco:

Esta es una leyenda muy linda y se las cuento tal como la contaron los abuelos de mis abuelos y como me la contaba mi mami cada vez que se preparaba para ir a la fiesta, la misa y la celebración, cada ocho de diciembre, fecha en la cual el barrio de Sopocachi festeja el milagro de la Virgen de la Concepción que se venera en la Iglesia del Montículo.

Ateniéndonos al retrato del Padre Calancha, quien con lujo de detalles ha contado este suceso, el mismo que sacudió hondamente el espíritu religioso del pueblo paceño y de las graves repercusiones que tuvo la catástrofe sísmica ocurrida en esa zona paceño en el año de 1579, yo se los relato ahora y para el recuerdo de aquellos sopocachinos que tanto aman a su barrio y al Montículo!

Dicen que era Anco Anco un pueblo de muchos centenares de habitantes a cuya cabeza estaba Don Juan de la Riva y Dona Lucrecia de Sansoles, primera pareja española que acompaño al Capitan Alonso de Mendoza en la fundación de nuestra ciudad.

Este pueblo se hallaba situado en la región oeste de Sopocachi y comprendía las zonas de Llojeta y Tembladerani. El pueblo tenía dos mil y tantos habitantes indígenas y fue confiado a los padres agustinos, entre los que comenzaron a catequizarlos estaba el Padre Agustín de Santa Mónica, sacerdote virtuoso y devoto fiel de San Nicolás de Tolentino.

Comenzó el Padre Agustín, su santa misión con un celo digno de San Francisco, pero todo su fervor fue a estrellarse contra la dura indiferencia de los habitantes bellacos de esa región que prefirieron seguir viviendo en pleno relajamiento de sus costumbres.

Anco Anco era una región propicia para el cultivo de papas, maíz, habas y arvejas, así también como para la caza a la cual se dedicaba la gente de aquel tiempo. Los indígenas del lugar no veían con buenos ojos ni a los cazadores ni a los catequistas y, reacios a toda sujeción, mostraron franca hostilidad, a unos y otros. Se hicieron peligrosos en su consigna de mutismo y negativa; hubo que renunciarlos a las buenas costumbres.

Los padres agustinos, cansados de predicar y exhortar en la fe del cristianismo a estos indios que no querían escuchar y que sin duda tenían el demonio metido en su cuerpo, abandonaron el pueblo, sacudiendo el polvo de sus sandalias dejaron Anco Anco indómito y rebelde como antes.

No se podía, sin embargo, dejar el pueblo abandonado a sus vicios, sin insistir hasta el último extremo, el Obispo Fray Domingo de Santo Tomas se apercibió del abandono en que yacía Anco Anco y envió allí al clérigo David Francisco Pérez para que siguiera predicando la penitencia y anunciando a los indígenas la venganza divina!

Este frailecito, moderno Lot de la biblia, era un varón virtuoso que comenzó su obra con entusiasmo y decisión, pero los indios seguían en sus placeres sin oír las exhortaciones del buen sacerdote. Al fin Dios se canso de tanto esperar una conversión que tal vez la veía imposible y resolvió en sus altos designios castigar a ese pueblo rebelde.

El cura de Anco Anco ejercía su santo ministerio con esa abnegación ejemplar de los primeros ministros de Cristo. ¡Era un sacerdote modelo “como pocos de esas épocas y como ninguno de la nuestra”!

Una noche apareció el pueblo rodeado enteramente de fuego y el incendio creció en las siguientes noches, pero los indígenas reacios no escuchaban la voz del cura que les dijo que aquello era “aviso de Dios” que estaba furioso y comenzaría la seguidilla de castigos. La corrupción ardía como nunca y la medida se colmaba. ¡Sodoma y Gomorra se habían reencarnado en Anco Anco!

Sucedió pues que una tarde el frailecito fue solicitado para auxiliar a un enfermo que se hallaba a una legua de distancia más o menos de la iglesia de Anco Anco. El sacerdote caminó y fue a cumplir una de las preciosas obligaciones de su ministerio.

¡Cuando Francisco Pérez volvió al amanecer, una melancólica penumbra lo rodeaba! Por más vueltas que dio no pudo encontrar su pueblo. ¡Corrió por todos lados, desandando lo andado, se había perdido el camino!

Más él, acostumbrado a recorrer desde su niñez esos senderos y parajes, aseguró que estaba en el pueblo.

La sorpresa del sacerdote no pudo ser mayor. No se oía ni a los perros, ni los lascivos gritos de corrupción, ni siquiera él se podía recuperar de la sorpresa terrible en que se encontraba.

Por fin amaneció el día y junto con otros campesinos se cercioraron de que realmente estaban en el pueblo, ¡pero este no existía! Había desparecido sin dejar rastró de su existencia.

Un horrendo movimiento sísmico, producido en esta región el 4 de Febrero de 1579 causó el definitivo derrumbe de sus colinas y la muerte catastrófica de sus pobres habitantes.

Todo estaba sepultado por el cataclismo, hombres casas, animales y arboleda, una masa uniforme de restos mutilados de personas y bestias imposibilitó el reconocimiento de las víctimas. La hecatombe había triunfado, Anco Anco desapareció en menos de lo que canta un gallo.

De la pequeña capilla de la virgen no quedó ni huella, cuando la patrona del pueblo fue buscada, nadie pudo hallarla... Alguien dijo que durante la noche había brillado una lucecilla atrayente en la cumbre que se había salvado por el acaso. 

¡¡¡Solo una indiecita pudo salvarse de tan terrible castigo!!! Dice que ella había implorado a la Virgen María y vino esta en forma de una señora hermosa y la salvo de la muerte: “Mejor Ángel-dice Calancha- sacó a esa niña que a Lot, privilegio de la inocencia y presteza de los socorros de la Virgen”,

Al cabo de un día encontraron sana y salva la Imagen Santísima de la Virgen María junto a la indiecita. Estaban refugiados en el mismo Sopocachi lugar de su preferencia.

De aquí nació la idea de construirle una nueva capilla, como que así se hizo, levantando la edificación del trono de la Purísima e Inmaculada Concepción en el sitio exacto donde hubo aparecido, después de la catástrofe y donde hasta hoy se encuentra ella…con el tiempo la iglesia ha sido modificada, es allí donde muchos enamorados que se juraron amor eterno en el Montículo, se casaron en la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, quien está en su primitivo lugar. Justo donde fue encontrada después del desastre hace cinco siglos.

La fiesta de la Virgen se celebra con gran alegría y entusiasmo desde siempre el 8 de Diciembre, los sopocachinos saben adorar a su virgencita y así también los paceños de tradición.

Ojalá que los que se dicen “Notables Ciudadanos” se olviden de salvar el “casco viejo que ya no tiene solución” (creo que ya lo han hecho) y se preocupen de lo que verdaderamente es tradición y obra de milagros, salvando y conservando siempre el Montículo y la Iglesia de la Inmaculada Concepción.

29 de marzo de 2018

Nuestra Señora de la Esperanza

 
El santuario mariano dedicado a María, Madre de la Santa Esperanza, se encuentra a la entrada de la ciudad de Giuliano di Roma, a aproximadamente un kilómetro del centro histórico de Giuliano.
 
La antigua imagen de Nuestra Señora de la Esperanza conservada allí, que data de 1500, representa a María sosteniendo al Niño Jesús y al mundo en sus manos. En la parte inferior izquierda está San Antonio da Padua y en la parte inferior derecha San Nicola da Tolentino.

La iglesia, en estilo barroco, fue construida en la segunda mitad del siglo XVIII y fue consagrada el 20 de junio de 1762 por el obispo de Ferentino, Mons. Tosi.

Su construcción y el título de santuario se debe a un evento prodigioso que tuvo lugar el Sábado Santo 29 de marzo de 1755.
 
Se dice que en la mañana del 29 de marzo, una mujer de Giuliano, Maria d'Ercole, se detuvo en oración frente a un santuario de la Virgen, ubicado en un pueblo a las afueras de la ciudad, conocido como "Cona dei venti", pidiendo la curación de un inválido. Mientras oraba, oyó una voz que le decía: "Ve con el párroco y dile que quiero que me visiten aquí".La mujer corrió para reportar el incidente al Arcipreste pero éste no le creyó. Al día siguiente, el domingo de Pascua, María d'Ercole volvió a rezar frente a la imagen y volvió a oír la voz que repetía la orden, pero esta vez añadió para recordarle a Pietroantonio Bonelli la promesa que había hecho. Informó del incidente nuevamente y convocaron a Bonelli. Se supo que este último, hacía mucho tiempo, hizo una promesa a Nuestra Señora: mientras trataba de escapar de un hombre armado con un rifle, se detuvo frente a ese icono y le prometió que, si le salvaba la vida, contribuiría a construir allí una pequeña iglesia.También añadió que solo lo había pensado y nunca se había referido a ninguna Virgen.
 
Inmediatamente la imagen fue venerada por el pueblo de Giuliano, y, tras el reconocimiento del prodigio por las autoridades eclesiásticas, se inició la construcción del santuario de la iglesia. La prodigiosa imagen de la Virgen se colocó en el presbiterio, donde reside actualmente. Desde entonces, muchos milagros y sanaciones milagrosas han sido documentadas. 
 
Entre los milagros que recuerdan a menudo los giulianeses, existe uno que data de mayo de 1944, cuando, durante un bombardeo, los aliados dejaron caer una bomba sobre el techo del santuario. En ese momento se reunieron los fieles en oración para el mes mariano. La bomba permaneció milagrosamente sin explotar. Actualmente la bomba, vacía de su contenido, se mantiene a la derecha del presbiterio. Hasta el día de hoy los giulianeses tienen una gran devoción por Nuestra Señora de la Esperanza, no es raro encontrar personas, incluso de lunes a viernes, que visitan el santuario y se detienen a orar. Es con Ella a la que los Julianos les encanta pasar su tiempo en momentos de dificultad y sufrimiento y Ella, desde la "Cona dei venti" a la entrada de la ciudad, parece mirarlos, y protegernos a todos. El santuario es también un destino para peregrinaciones.