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2 de junio de 2026

Nuestra Señora del Magnificat

 


Del sitio Eco Católico:

A propósito de la celebración a Nuestra Señora de Los Ángeles durante el mes de agosto, tengo nuevamente el honor de plasmar en el prestigioso periódico Eco Católico, más que un texto, esta “polifonía” de las Sagradas Escrituras.

He querido reflexionar acerca de, lo que considero, es una majestuosa expresión bíblica relatada por San Lucas en su evangelio, específicamente en el capítulo 1, versículos del 46 al 55; la cual reconocemos como El Magnificat.

De este cántico podemos recoger abundantes luces por su rica enseñanza e ilustrar brevemente su composición teológica y espiritual.

Son notables en importancia y belleza las palabras que se generaron en el espíritu de la Virgen y fueron evocadas por sus labios.

Vienen a mi memoria los inicios de mi vida monástica, cuando leí por primera vez el libro “El Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen” de San Luis María Grignion de Montfort y me encontré con este texto icónico: “Recitarán frecuentemente el Magnificat -a ejemplo de la Beata María d’Oignies y de muchos otros santos- para agradecer a Dios las gracias que otorgó a la Santísima Virgen. El Magnificat es el único cántico compuesto por la Santísima Virgen, o mejor, en Ella por Jesucristo, que hablaba por boca de María. Es el mayor sacrificio de alabanza que Dios ha recibido en la ley de la gracia. Es el más humilde y reconocido; a la vez, el más sublime y elevado de todos los cánticos. En él hay misterios tan grandes y ocultos, que los ángeles los ignoran”.

A lo largo de más de 20 años, sigo experimentando realmente la belleza y la riqueza de este inspirado cántico y su efecto espiritual en mi vida sacerdotal.

Nos lo explica bellamente el Papa emérito Benedicto XVI: “La Madre del Señor profetiza las alabanzas marianas de la Iglesia para todo el futuro, la devoción mariana del pueblo de Dios hasta el fin de los tiempos. Al alabar a María, la Iglesia no ha inventado algo 'ajeno' a la Escritura: ha respondido a esta profecía hecha por María en aquella hora de gracia”.

En este canto maravilloso se refleja toda el alma, toda la personalidad de María. Podemos decir que este canto es un retrato, un verdadero icono de María, en el que podemos verla tal cual es.

Quisiera destacar sólo dos puntos de este gran canto. Comienza con la palabra Magníficat: mi alma “engrandece” al Señor, es decir, proclama que el Señor es grande. María desea que Dios sea grande en el mundo, que sea grande en su vida, que esté presente en todos nosotros. No tiene miedo de que Dios sea un “competidor” en nuestra vida, de que con su grandeza pueda quitarnos algo de nuestra libertad, de nuestro espacio vital. Ella sabe que, si Dios es grande, también nosotros somos grandes. No oprime nuestra vida, sino que la eleva y la hace grande precisamente con el esplendor de Dios.

Una segunda idea nos conduce a reflexionar que aunque  esta poesía de María es totalmente original, al mismo tiempo, es un “tejido” hecho completamente con “hilos” del Antiguo Testamento. Denota  que María, por decirlo así, “se sentía como en su casa” en la Palabra de Dios y vivía inmersa dentro de Ella.  En efecto, hablaba con palabras de Dios, pensaba con palabras de Dios; sus pensamientos eran los pensamientos de Dios; sus palabras eran las palabras de Dios. Estaba penetrada de la luz divina; y por eso era tan espléndida, tan buena; por eso irradiaba amor y bondad.

María recibía en todo tiempo también la luz interior de la sabiduría. Quien piensa con Dios, piensa bien; y quien habla con Dios, habla bien, tiene criterios de juicio válidos para todas las cosas del mundo, se hace sabio, prudente y, al mismo tiempo bondadoso y manso. Se hace fuerte y valiente con la fuerza de Dios, que resiste al mal y promueve el bien en el mundo.

Doy gracias al Señor, por la benevolente y fecunda colaboración de Su Espíritu Santo de promover en mi corazón, por intercesión de La Virgen María, una escucha renovada de la palabra de Dios, que es un elemento indispensable de la nueva evangelización.

Hoy deseo que el eco de estas palabras resuenen, de igual forma, en el corazón de cada persona, convirtiendo este himno único en una oración diaria.

Muy a propósito, es muy atinado y beneplácito de Dios, repetir las altas expresiones del cántico de María en su “Magníficat”, como una locución de acción de Gracias,  particularmente después de la Sagrada Comunión.

Nos dirigimos entonces ahora en oración a María Santísima, a quien veneramos en Costa Rica como Nuestra Señora de los Ángeles:

“Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón.

Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes.

A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada.

Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia - como había anunciado a nuestros padres - en favor de Abraham y de su linaje por los siglos”.

27 - Agosto - 2022

 

29 de marzo de 2026

Nuestra Señora, arquetipo de la mujer en la Iglesia

 

Del sitio María de Nazaret:

A pesar de sus orígenes poco conocidos, María de Nazaret es la mujer más famosa de toda la historia. Desde los primeros siglos de la Iglesia, los cristianos han afirmado que Ella dio a luz a Jesús siendo aún virgen, que no tenía pecado y que fue llevada milagrosamente al cielo al final de su vida terrena.

Se le reza en todos los idiomas. Cada día, sacerdotes, religiosos y laicos de todo el mundo se dirigen a Ella a través de Rosarios y, en la Liturgia de las Horas, rezan su Magníficat. Se han escrito innumerables libros y han surgido controversias sobre la relación precisa de María con su Hijo, con Dios Padre, con Dios Espíritu Santo, con todos los cristianos y con toda la creación. Ha sido representada en todos los medios artísticos, de manera realista, magistral, rústica, cruda y simbólica. En su honor se han compuesto innumerables himnos y canciones.

María de Nazaret, que ofreció a Cristo consuelo y sabiduría maternal en cada etapa de su vida terrena —incluidas las horas más oscuras de su pasión y muerte—, es la mujer por excelencia. Sin su libre adhesión a la misión que Dios le confió, la Iglesia no existiría.

Fue elegida para ser —y eligió serlo— la mujer arquetípica de la Iglesia, la única de las "piedras vivas" que Cristo utilizó para construir su Iglesia y en la que Él mismo fue esculpido, como piedra angular de la Iglesia. Ella dio ejemplo de fidelidad, paciencia, perseverancia, esperanza y amor a todos los primeros seguidores de Cristo. Desde el Cielo trae a toda la Iglesia el consuelo y la fortaleza de una madre.

María también jugó un papel decisivo en reunir a muchas otras mujeres entre los primeros discípulos. También ellas se convirtieron a su manera en madres de la Iglesia. En el evangelio de Lucas leemos que cuando Cristo viajó por diferentes ciudades, unas mujeres lo acompañaron junto a los Doce Apóstoles.

Extracto de Women of the Church
Bronwen McShea
Augustine Institute
Ignatius Press
 2024
 cáp. 1

14 de diciembre de 2025

Las antífonas de Nuestra Señora de la O

 

Del sitio Gaudium Press:

Entre el 17 y el 23 de diciembre entramos propiamente en el período de la Semana de Preparación previa a la Navidad, antes de la llegada de Nuestro Señor, vivimos un período de expectación, por lo que durante esos días celebramos la memoria litúrgica de Nuestra Señora de la Expectación, Nuestra Señora del Parto o Nuestra Señora del Ó, de ahí también las antífonas del Ó.

Las "Antífonas del Ó" son pequeños estribillos que se cantan en la oración de la tarde (vísperas), en el canto del Magnificat: la Iglesia entona estos estribillos hasta el 23 de diciembre. Al recitarlas, alimentamos en nosotros los mismos sentimientos de la Virgen María y esperamos con alegría la venida de Nuestro Señor. Constituyen además un resumen de la teología del Adviento y expresan el deseo de salvación de la humanidad y la expectativa por la venida de Jesucristo, invocado con títulos mesiánicos del Antiguo Testamento.

Actualmente, estas antífonas están presentes en la oración de la Liturgia de las Horas, antes del canto evangélico de las vísperas, el Magnificat (Lucas 1, 46-55), y también en la aclamación del Evangelio en la misa. Además de prepararnos para la venida de Nuestro Señor Jesucristo, las antífonas se convierten en oraciones de agradecimiento a Dios por tantos bienes que nos ha dado. Incluso el canto del Magnificat es la expresión de gratitud de Nuestra Señora por tantos bienes que Dios ha hecho a favor de ella y de su pueblo.

Las antífonas están precedidas por el vocativo "oh", para que podamos rezarlas con toda confianza durante este tiempo de Adviento, exaltando la grandeza de Dios y las maravillas que Él ha realizado en nuestra vida. Que estas antífonas nos recuerden que la Navidad es, ante todo, esperar la venida de Cristo y no de Papá Noel, ya que Cristo es el mayor regalo que podemos recibir en Navidad.

Estas antífonas del ó fueron compuestas entre los siglos VII y VIII, siendo un compendio de cristología de la antigua Iglesia, un resumen expresivo del deseo de salvación, tanto de Israel en el Antiguo Testamento, que esperaba ansiosamente la venida del Mesías, como de la Iglesia en el Nuevo Testamento. Sin duda, el nacimiento de Jesús representa el deseo de salvación para todos los pueblos, no solo para los judíos, sino para toda la humanidad.

Al encender las velas de la corona de Adviento sentimos al Señor más cerca de nosotros, porque poco a poco la luz de Cristo ilumina las tinieblas. Del mismo modo, a medida que cantamos las antífonas del ó y nos acercamos a la séptima, sentimos que el Señor está cada vez más cerca. Esperemos al Señor con alegría y confianza, del mismo modo que esperaban el pueblo de Israel y la Virgen María.

La primera antífona del 17 de diciembre es:

Ó Sabiduría: que saliste de la boca del Altísimo,
 y llegaste hasta los confines de todo el universo 
y con fuerza y suavidad gobiernas el mundo entero:
¡oh, ven a enseñarnos el camino de la prudencia!

Jesús es la Palabra que se hizo carne, el Verbo encarnado entre nosotros. Dios, al crear el universo, utilizó la sabiduría, y esa sabiduría de Dios es la Palabra, y Cristo es la Palabra encarnada. Pidamos a Dios Padre que nos enseñe el camino de la prudencia y, tal y como nos orienta la espiritualidad de este tiempo de Adviento, permanezcamos en constante oración y vigilancia, y a partir de la Palabra de Dios, sabiduría eterna, podamos esperar al Señor que viene.

La segunda antífona del 18 de diciembre es:

Ó Adonai: guía de la casa de Israel,
que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente 
y le diste tu ley en el Sinaí: 
¡ven a salvarnos con tu brazo poderoso!

Adonai se refiere al nombre con el que el pueblo de Israel se dirigía a Dios, lo que significaba, en cierto modo, reconocer la "señoría de Dios". Reconocer la "señoría" de Dios significa reconocer todo lo bueno que Dios ha hecho por su pueblo a lo largo de la historia de la salvación. Dios es el salvador y libertador de Israel, y los cristianos esperan ansiosamente la venida de Cristo.

La tercera antífona del 19 de diciembre es: 

"Oh raíz de Jesé": ¡Oh estandarte,
levantado en señal para las naciones!
Ante ti se callarán los reyes de la tierra, 
y las naciones implorarán misericordia: 
¡Ven a salvarnos! ¡Libéranos sin demora!.

Esta tercera antífona se refiere a lo que suplicamos al Señor durante este tiempo de Adviento: "¡Ven a salvarnos! Líbranos sin demora". Con el nacimiento del Mesías esperamos que Él nos libere a todos y nos traiga paz, justicia, perdón y misericordia. El niño Jesús nace en Belén, en Judea, para cumplir la profecía, ya que era la ciudad de David.

La cuarta antífona del 20 de diciembre es:

"Oh llave de David": 
Cetro de la casa de Israel, 
que abres y nadie cierra, que cierras y nadie abre: 
ven pronto y libera al hombre prisionero, 
que en las tinieblas y en la sombra de la muerte está sentado.

La llave es el símbolo del poder, Jesús pertenece a la dinastía davídica, Jesús es el sucesor de David en el reino de Israel, y luego Jesús le pasa las llaves a Pedro, que le sucede en el reinado davídico, con el fin de restaurar el reino de Israel. El Mesías, Jesús de Nazaret, recibió del Padre todo el poder en el cielo y en la tierra, en sus manos están "las llaves del Reino".

La quinta antífona del 21 de diciembre es: 

"Oh sol naciente": justiciero, resplandor de la Luz eterna:
¡Oh, ven y ilumina a los que yacen en las tinieblas 
y en la sombra del pecado y de la muerte, están sentados!.

Jesús es la luz del mundo, Él viene a iluminar nuestras tinieblas, por eso, durante el tiempo de Adviento encendemos cada domingo las velas de la corona de Adviento, y Juan Bautista, como precursor, vino a llamar a los hijos de Israel para que salieran de las tinieblas y buscaran el camino de la luz. Juan predicaba un bautismo de conversión y Jesús bautizaba en agua y en espíritu.

La sexta antífona del 22 de diciembre es: 

"Oh Rey de las Naciones": Deseado de los pueblos; 
oh Piedra angular, que unes a los opuestos: 
Oh, ven y salva a este hombre tan frágil, 
que un día creaste del barro de la tierra!

La llegada del Mesías es esperada por todos los pueblos, Él es el Dios de la paz, el príncipe de las naciones que vino a gobernar Israel con "cetro de hierro", pero en lugar de tomar las armas o los palos, el Mesías enseñó a todos el camino del amor. El Reino de Jesús no es de este mundo, sino del Reino eterno, donde muchos de nosotros deseamos estar.

La séptima antífona del 23 de diciembre es:

 "Oh Emanuel": Dios con nosotros, nuestro Rey Legislador, 
Esperanza de las naciones y Salvador de los pueblos; 
Ven, por fin, a salvarnos, oh Señor y Dios nuestro! 

El Mesías es Emanuel, Dios con nosotros, el príncipe de la paz, Él es esperado desde siempre por todos. Nosotros, los cristianos, esperamos la segunda venida de Cristo, por eso repetimos siempre: "Ven, Señor Jesús". Mientras que los judíos aún esperan la primera venida del Mesías. Por eso, en esta Navidad, esperemos que el Señor nazca en nuestro corazón y podamos repetir "Ven, Señor Jesús". El niño que nacerá en la noche de Navidad es definitivamente la presencia de Dios entre los hombres, vino a mostrarnos el camino del amor y a mostrar a todos la salvación.

Tomemos estas antífonas y meditemos cada día preparando nuestro corazón y nuestra vida para celebrar la Navidad del Señor. Que podamos llevar dentro de nosotros los mismos sentimientos que Nuestra Señora llevaba en ese momento y que podamos envolver al mundo con la luz de Cristo.

arzobispo de Río de Janeiro.

20 de octubre de 2025

Nuestra Señora del Magníficat

 


Del sitio de los Misioneros Servidores de la Palabra:

Los Servidores de la Palabra vemos en la Madre del Señor Jesús a nuestra propia Madre, y el mejor ejemplo a imitar, por eso la honramos muy especialmente en la advocación de la Virgen del Magnificat, y la celebramos el día 31 de mayo, en ocasión de su visita a su prima Isabel.

¿Qué simbolizan las diferentes partes que integran el icono de la Virgen del Magnificat?

La Virgen exulta, extasiada, ante el misterio de la Encarnación, descubierto por Isabel. Con los brazos extendidos, María glorifica al Señor, proclamando las maravillas que Él hace con los humildes, a beneficio de la humanidad.

Su cabeza está rodeada por el halo que simboliza su santidad, y desde la parte superior de Ella, hasta los extremos de ambas manos, se dibuja el Triángulo de la Santísima Trinidad. María queda envuelta en el Misterio divino al convertirse, por su obediencia y total entrega, en hija del Padre, madre del Hijo y esposa del Espíritu Santo.

En el seno purísimo de María aparece un círculo, y dentro de éste una flama. Es el símbolo de la presencia del Verbo divino que se encarna en Ella. 

Desde la ventana se ve el cielo, símbolo de la morada de Dios. 

22 de agosto de 2025

La realeza de Nuestra Señora

 


Del sitio Catholics New Agency:

La Iglesia católica celebra anualmente la fiesta de la Realeza de María el 22 de agosto. La mayoría de la gente, al oír hablar de esta celebración, pensaría en Ella como algo más bien dulce y sentimental, una devoción pintoresca para abuelas con gusto por la espiritualidad sacarina. Pero cuando examinamos esta fiesta como deberíamos, a través de los ojos bíblicos, surge una imagen muy diferente.

La indicación bíblica más clara de que María de Nazaret es una reina es un pasaje notable del capítulo 12 del Apocalipsis.El autor de la visión ve una señal extraordinaria en el cielo: una mujer vestida con el sol, la luna a sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.

Doce, por supuesto, es una designación de las tribus de Israel, y la corona es una indicación bastante inequívoca de que se trata de una figura real. Pronto queda claro que esta mujer no es sólo una reina, sino, más exactamente, una reina madre, pues oímos que está dando a luz a un rey, uno que está "destinado a gobernar las naciones con vara de hierro".

Tanto la reina madre como el niño rey se ven envueltos en una terrible lucha. El vidente nos dice que un temible dragón se dispone a devorar al niño en cuanto nazca.

Pero Dios arrebata al niño y lo lleva a la seguridad del trono divino, mientras que la madre huye al desierto donde encuentra refugio. A raíz de esto, estalla una guerra entre "Miguel y sus ángeles" y el dragón y sus partidarios angélicos.Esta imagen es, por supuesto, simbólicamente rica y multivalente, pero como mínimo indica que la reina y su hijo real son protagonistas de una guerra espiritual de cierta magnitud. Son, en una palabra, guerreros.

Justo antes de este pasaje, al final del capítulo 11 del Apocalipsis (y recuérdese que las denominaciones de los capítulos llegaron muchos siglos después de que se compusiera originalmente este texto), encontramos la visión del templo celestial. En medio de relámpagos, truenos y una poderosa tormenta de granizo, el vidente ve el Arca de la Alianza dentro del templo.

El arca, recordemos, era el contenedor de los restos de los Diez Mandamientos, y por tanto el objeto más sagrado para el antiguo Israel. Colocada en el Sancta Sanctorum del Templo de Jerusalén, el arca se consideraba el vínculo entre el cielo y la tierra, el portador definitivo de la presencia divina.

Cuando el rey David llevó el arca a la Ciudad Santa, bailó ante ella con temerario abandono. Además, en varios momentos de su historia, Israel llevó el arca a la batalla, sobre todo cuando los sacerdotes marcharon con ella siete veces alrededor de las murallas de Jericó, antes de que éstas se derrumbaran.

Ahora bien, la yuxtaposición de la visión del arca en el templo celestial y la visión de la reina madre vestida del sol no puede haber sido casual. El autor del Apocalipsis nos está diciendo que María, portadora del Verbo de Dios hecho carne, era el Arca de la Alianza por excelencia.

De hecho, cuando visitó a su prima Isabel, embarazada de Juan el Bautista, éste saltó de alegría en el vientre de su madre, una hermosa imitación infantil de la danza de David ante el arca verdadera.Tanto el arca como la reina están asociados a la guerra espiritual.

En su oración del Magnificat, recogida en el Evangelio de Lucas, María habla del Dios "que ha derribado del trono a los poderosos y ha enaltecido a los humildes". Como su Hijo, María no lucha con las armas enclenques del mundo, sino con las armas del amor, el perdón, la compasión y la no violencia provocadora.

Quienes hayan hecho un retiro jesuita basado en los ejercicios espirituales de San Ignacio reconocerán la meditación de los "dos estandartes". Ignacio pide al ejercitante que imagine un gran campo de batalla. A un lado, bajo el estandarte de la Iglesia, está el ejército de Cristo; al otro, bajo el estandarte de Satanás, está el ejército de los poderes oscuros. Entonces Ignacio obliga al ejercitante a tomar una decisión, de hecho la elección más fundamental e importante que se pueda imaginar, la elección que determinará todo lo demás que dirá y hará durante el resto de su vida: ¿A qué ejército te unirás?

Bob Dylan planteó la misma cruda opción espiritual en su canción de 1979 "Gotta Serve Somebody" ("Puede ser el diablo o puede ser el Señor, pero tendrás que servir a alguien"). En otras áreas de la vida, se requiere una buena cantidad de matices y sutilezas, pero en el nivel más básico, en el que uno determina la orientación fundamental de su vida, las cosas se vuelven en realidad bastante sencillas y claras.

La fiesta de la Realeza de María tiene que ver con esta elección: ¿Cuál es tu posición en la gran lucha espiritual? ¿Con qué ejército luchas? ¿Marchas bajo el estandarte de la Reina Madre y su Hijo, o con sus enemigos? ¿Sales con el Arca de la Alianza o contra ella? Di lo que quieras sobre estas preguntas, pero no son ni dulces ni sentimentales.

17 de agosto de 2025

Juan Pablo II y la Asunción de Nuestra Señora

 


Del sitio Píldoras de Fe:

La Asunción de la Virgen María (o la Asunción de la Virgen) es una doctrina de la Iglesia Católica que enseña que después de la muerte de la madre de Jesús, ella fue resucitada, glorificada y llevada corporalmente al cielo (es decir, física y espiritualmente), para vivir con Dios Padre, con su hijo (Jesucristo), con el Espíritu Santo, los Ángeles y todos los santos del Cielo por toda la eternidad.

La palabra asunción se toma de una palabra latina que significa "tomar". La Asunción de María es enseñada tanto por la Iglesia Católica, así como por la Iglesia Ortodoxa Oriental en menor grado.

Todos los seres humanos tenemos que esperar hasta el fin de los tiempos para nuestra resurrección corporal, pero el cuerpo de María fue capaz de ir directamente al cielo porque su alma no había sido contaminada por el pecado original (Inmaculada).

A continuación una hermosa reflexión de San Juan Pablo II sobre la Asunción de la Virgen María al Cielo que no debes perderte: "Apareció un gran signo en el cielo: una Mujer vestida del sol" (Apocalipsis 12, 1).

Hemos venido en peregrinación a este signo. Es la solemnidad de la Asunción al cielo: he aquí que el signo alcanza su plenitud. Una mujer vestida del sol de la inescrutable Divinidad, el sol de la impenetrable Trinidad.

"Llena de gracia": ella está llena del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que se dan a ella como único Dios, el Dios de la creación y de la revelación, el Dios de la alianza y de la redención, el Dios del principio y del fin. El Alfa y Omega. El Dios-Verdad, el Dios-Amor, el Dios-Gracia, el Dios-Santidad.

Una mujer vestida del sol. Realizamos hoy la peregrinación a este signo. Es el signo de la Asunción al cielo, que se realiza sobre la tierra, y al mismo tiempo se eleva partiendo de la tierra.

Nadie se ha sumergido como María en el corazón del misterio de la redención. Nadie como Ella puede acercar este misterio a nosotros. Ella se encuentra en el centro mismo del misterio.

Nos encontramos, en el día de la solemnidad de la Asunción de María al cielo, cuando la Iglesia proclama la gloria de su nacimiento definitivo para el cielo. Queremos participar en esta gloria, sobre todo mediante la liturgia. Se puede decir que la liturgia nos presenta la Asunción de María al cielo bajo tres aspectos.

1. La Visitación en la casa de Zacarías.

Santa Isabel dice: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre... Dichosa la que creyó que se cumplirían las cosas que le dijeron de parte del Señor" (Lucas 1,42.45)

María creyó en las palabras que le fueron dichas de parte del Señor, y acogió al Verbo que en ella se hizo carne, y que es el fruto de sus entrañas.

La redención se ha basado en la fe de María, ha estado vinculada a su fíat en el momento de la Anunciación; ha comenzado a realizarse por el hecho de que "el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros". (Cfr. Juan 1, 14).

Durante la Visitación, María, en el umbral de la casa hospitalaria de Zacarías y de Isabel, pronuncia una frase que se refiere al comienzo del misterio de la redención. Dice: "Hizo en mí grandes cosas el que es poderoso, y santo su nombre". (Lucas 1,49).

Esta frase, tomada del contexto de la Visitación, se inserta a través de la liturgia de hoy, en el contexto de la Asunción. Todo el Magníficat, pronunciado durante la Visitación, se convierte, a través de la liturgia de hoy, en el himno de la Asunción de María al cielo.

La Virgen de Nazaret pronunció estas palabras cuando, por obra suya, el Hijo de Dios iba a nacer sobre la tierra. Con qué fuerza las pronunciaría de nuevo cuando, por obra de su Hijo, ella misma iba a nacer para el cielo.

2. Segundo aspecto de la Asunción.

Se nos presenta en las palabras del Apóstol san Pablo tomadas de su primera carta a los Corintios. La Asunción de la Madre de Cristo al cielo forma parte de la victoria sobre la muerte, de esa victoria cuyo comienzo se encuentra en la resurrección de Cristo: "Cristo ha resucitado, primicia de todos los que han muerto". (1 Co 15, 20).

La muerte es la herencia del hombre después del pecado original: "Por Adán murieron todos". (1 Co 15, 22). La redención realizada por Cristo ha destruido esta herencia: "Por Cristo todos volverán a la vida; pero cada uno en su puesto: primero Cristo como primicia; después, cuando él vuelva, todos los de Cristo". (1 Co 15, 22-23).

¿Y quién pertenece más a Cristo que su Madre? ¿Quién ha sido más que ella rescatado por él? ¿Quién ha cooperado como ella a la propia redención, de forma más íntima, mediante su fíat en la Anunciación y su fíat al pie de la cruz?

Así pues, la victoria sobre la muerte experimentada por la Madre del Redentor, es decir, su Asunción al cielo, encuentra su fuente en el corazón mismo de la redención realizada con la cruz en el Calvario, en la potencia misma de la redención revelada en la resurrección (...).

3. Tercer aspecto de la Asunción

Aparece en las palabras del Salmo responsorial (...): toda radiante de gloria entra la hija del Rey; su vestido está tejido de oro; entra para ocupar su puesto al lado del trono del Rey: "¡Tu trono subsiste por siempre jamás! ¡Cetro de rectitud es tu cetro real!". (Salmo 45/44,7)

María, la Madre del Redentor, es la primera en participar de este reino de gloria y de unión con Dios en la eternidad. Su nacimiento para el cielo es el comienzo definitivo de la gloria que los hijos y las hijas de esta tierra alcanzarán en Dios mismo en virtud de la redención de Cristo (...)

María es la primera de los redimidos. Y en ella también ha comenzado ya la transformación de la historia del cosmos en el reino de Dios. Esto es lo que expresa el misterio de la Asunción al cielo: el nacimiento para el cielo con su alma y su cuerpo (...)

¡Hermosa Señora! ¡Mujer vestida del sol! Ayúdanos a penetrar en tu misterio:

El misterio de la Virgen Madre, el misterio de la Reina Esclava, el misterio de tu omnipotencia suplicante. Ayúdanos a descubrir cada vez más plenamente en tu misterio a Cristo, Redentor del mundo, Redentor del hombre.

Tú que estás vestida del sol, el sol de la inescrutable Divinidad, el sol de la impenetrable Trinidad. "Llena de gracia" hasta el vértice de la Asunción al cielo. Y al mismo tiempo, para nosotros que vivimos en esta tierra, para nosotros, pobres hijos de Eva, en el destierro, estás vestida del sol de Cristo (...), del sol de la Redención del hombre y del mundo, realizada mediante la cruz y la resurrección de tu Hijo.

Haz que este sol resplandezca sin cesar para nosotros en la tierra. Haz que no se oscurezca nunca en el alma de los hombres. Haz que ilumine los caminos terrenos de la Iglesia, de la que tú eres la primera figura. Y que la Iglesia, fijando su mirada en ti, Madre del Redentor, aprenda continuamente ella misma a ser madre (...).

31 de mayo de 2025

Nuestra Señora partió y fue sin demora

 


Del sitio Misioneros Digitales Católicos:

En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. (Lucas 1, 39-40)

María, una vez que diste el sí a Dios, 
seguiste el soplo del Espíritu Santo 
y emprendiste viaje hacia la casa de tu prima, Isabel, 
para ofrecerle tu ayuda y cariño. 
¿Qué irías pensando en el camino, con el Verbo encarnado en tus entrañas? 
Acompañar a Isabel y compartir su dicha; también la tuya, 
porque no podías guardar tu tesoro sólo para ti. 
Y en ese momento, 
Isabel podría comprender algo de las maravillas que Dios estaba haciendo. 
 
Madre, te sentiste mirada y amada por Dios, 
y comprendiste con inmenso agradecimiento que te había elegido por pura gracia. 
Por eso entonaste un hermoso canto de alabanza a Dios: el Magnificat.
 
Contemplándote y siguiendo tu ejemplo de amor, humildad, disponibilidad y servicio, 
nuestra vida estará cada vez más abierta a las necesidades de los demás.
 
Entonces podremos rezar contigo al Padre: 
Mi alma canta la grandeza del Señor, 
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador

22 de marzo de 2025

Oración a María en la Anunciación

 


Del sitio Misioneros Digitales Católicos:

Tú que, movida por el Espíritu,
acogiste al Verbo de la vida en la profundidad de tu humilde fe,
totalmente entregada al Eterno,
ayúdanos a decir nuestro “” ante la urgencia,
más imperiosa que nunca,
de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús.

Tú, llena de la presencia de Cristo, llevaste la alegría a Juan el Bautista,
haciéndolo exultar en el seno de su madre.
Tú, estremecida de gozo, cantaste las maravillas del Señor.
Tú, que estuviste plantada ante la cruz con una fe inquebrantable
y recibiste el alegre consuelo de la resurrección,
recogiste a los discípulos en la espera del Espíritu
para que naciera la Iglesia evangelizadora.

Consíguenos ahora un nuevo ardor de resucitados
para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte.
Danos la santa audacia de buscar nuevos caminos
para que a todos llegue el don de la belleza que no se apaga.

Madre del Evangelio viviente,
manantial de alegría para los pequeños,
ruega por nosotros.
Amén. Aleluya

Extracto de la Oración a la Virgen María 
Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium 
(24 de noviembre de 2013)

16 de marzo de 2025

El Papa Francisco sobre Nuestra Señora y la Eucaristía

 


Del sitio Catholic Culture:

Durante el Sínodo de los Obispos de 2005, dedicado a la Sagrada Eucaristía, el cardenal Jorge Mario Bergoglio reflexionó sobre el Santísimo Sacramento y la Santísima Virgen María.

El cardenal Bergoglio no participó en los cuatro sínodos más recientes, dedicados a la nueva evangelización, la Iglesia en Oriente Medio, la Iglesia en África y la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia.

Refiriéndose al documento de trabajo del sínodo de 2005, el cardenal Bergoglio afirmó que "una frase del Instrumentum Laboris (n. 2) dice que 'debemos ver si la ley de la oración corresponde a la ley de la fe”. Debemos considerar lo que el Pueblo de Dios cree y cómo el Pueblo de Dios vive, para que la Eucaristía pueda convertirse cada vez más en la fuente y la cumbre de la vida y la misión de ... la Iglesia'".

El cardenal Bergoglio describió esta declaración como "una riquísima intuición que va a buscar a Cristo en sus más humildes beneficiarios y testigos: en el santo Pueblo fiel de Dios, el pueblo que, en su totalidad, es infalible en el creer." (La afirmación del cardenal es probablemente una referencia a la enseñanza del Concilio Vaticano II de que "el conjunto de los fieles, ungidos como están por el Santo, no pueden equivocarse en materia de creencia").

El Cardenal Bergoglio, citando una exhortación apostólica y dos encíclicas del Papa Juan Pablo II, añadió:  pueblo fiel cree en la Eucaristía como pueblo sacerdotal (cf. Christifideles laici 1, 14). Es una participación cualitativamente constante (cf. CFL 1, 17).

Nuestro pueblo fiel cree como pueblo eucarístico en María. Une su afecto a la Eucaristía y su afecto a la Virgen, nuestra Señora y Madre (cf. Redemptoris Mater III, 44). En la "escuela de María", mujer eucarística, podemos releer contemplativamente los pasajes en los que Juan Pablo II ve a la Virgen como mujer eucarística, y verla no sola sino "en compañía de" (Hechos 1,14) el Pueblo de Dios.

Seguimos aquí esa regla de la tradición por la que, con matices diferentes, "lo que se dice de María se dice del alma de todo cristiano y de toda la Iglesia". (Ecclesia de Eucharistia, 57). Nuestros fieles tienen la verdadera "actitud eucarística" de agradecimiento y de alabanza.

Recordando a María, agradecen ser recordados por Ella, y este memorial de amor es verdaderamente eucarístico. A este respecto, repito lo que afirmaba Juan Pablo II en Ecclesia de Eucharistia, n. 58: "La Eucaristía se nos ha dado para que nuestra vida, como la de María, se convierta completamente en un Magnificat".

23 de julio de 2024

Nuestra Señora de la Montaña de Ornans

Del sitio Montagnes du Jura:

Situado a los pies de la estatua de la Virgen María que domina la ciudad de Ornans, el mirador de Notre Dame du Mont ofrece una sublime vista panorámica de todo Ornans. Las puestas de sol son espectaculares.

Del sitio Aleteia:

Esta Virgen de hierro fundido que domina el valle del Loue fue erigida en el siglo XIX.

A finales de agosto de 1944, el párroco consiguió liberar a todos los hombres de Ornans tomados como rehenes por los alemanes, antes de que pudieran ser ejecutados.

Una vez liberados, vinieron a arrodillase ante esa estatua y a cantar un Magnificat, que el organista de la parroquia tocó a partir de entonces al final de cada misa durante más de treinta años.

26 de febrero de 2024

Nuestra Señora de la O

Del sitio Gaudium Press:

El 18 de diciembre, la Iglesia católica celebra la festividad de Nuestra Señora de Ó. Se trata de una de las advocaciones marianas más antiguas, también conocida como Nuestra Señora de la Expectación o de la Esperanza.

El origen de esta conmemoración litúrgica en alabanza a la Madre de Dios se remonta al año 656, cuando el X Concilio de Toledo instituyó el "Festum Expectationis Partus" (Fiesta de la Expectación del Parto), en la que se presenta a la Virgen muy cerca del nacimiento de Jesús.

A lo largo de la historia, el título de Nuestra Señora de la Expectación fue sustituido por la advocación de Nuestra Señora de Ó.

Esto sucedió porque en la semana anterior a Navidad, las antífonas del Magnificat en el Oficio de Vísperas comienzan todas con la interjección "O", seguida de un título mesiánico:

Oh Sabiduría, que sales de la boca del Altísimo;
Oh Adonai (Señor), guía de la casa de Israel;

Oh Raíz de Jesé (padre de David);

Oh Llave de David;
Oh sol naciente de justicia;
Oh Rey de las naciones;
Oh Emmanuel: Dios con nosotros.

La pieza central de cada una de estas siete antífonas es la súplica "ven", no tardes. Y la delicadeza del genio litúrgico de la Iglesia las ha dispuesto de tal manera que el acróstico compuesto por las iniciales latinas de cada antífona después de la interjección "O", leído al revés, forma la respuesta del Divino Salvador a esta súplica filial: "Ero cras" ("Estaré allí mañana" o "Vendré mañana").

Oración a Nuestra Señora de la O

Dulce Virgen María, cuyo corazón fue preparado por Dios para ser la morada del Verbo hecho carne mediante las alegrías inefables de la espera de tu santísimo nacimiento, enséñanos las disposiciones perfectas de una completa pureza en el cuerpo y en el alma, de una profunda humildad en el espíritu y en el corazón, de ardiente y sincero deseo de unión con Dios, para que el dulce fruto de tu vientre bendito nazca misericordiosamente en nuestros corazones, trayéndoles abundancia de dones divinos, para la redención de nuestros pecados, la santificación de nuestras vidas y la obtención de nuestra corona en el Paraíso, en tu compañía. Así sea.

7 de diciembre de 2023

¿Nuestra Señora sabía que era Inmaculada?

Del sitio Gaudium Press:

¡Sí! María Santísima conoció esta condición sublime y casi única entre los seres humanos: la concepción sin pecado original. Por cierto, sólo cuatro personas fueron creadas libres del pecado original: Jesús, en su humanidad; María; Adán y Eva. Los dos últimos cometieron pecado original. San Juan Bautista, aunque concebido con pecado original, "nació" sin él. Situación diferente.

Pero, ¿cómo podemos afirmar que Santa María sabía que era una criatura inmaculada desde la concepción en el seno de Santa Ana? El saludo del ángel la hizo reflexionar profundamente: "Dios te salve, llena eres de gracia, el Señor es contigo" (Lc 1,28). "Ella, turbada por estas palabras, se preguntaba qué significaba aquel saludo" (Lc 1,29). Basándose en estas perícopas, la Iglesia declaró el dogma de la Inmaculada Concepción. La Santa Iglesia se ha basado también en este dicho de María Santísima, tomado del Magnificat: "Porque Aquel que es poderoso y cuyo nombre es santo ha hecho grandes cosas por mí" (Lc 1,49). Si, históricamente, María pronunció realmente las palabras que componen el Magnificat, poco importa, ya que, como explica fray Clodovis Boff, san Lucas, en una fase posterior, nos presenta un texto refinado y literario ("Mariología social", Paulus, p. 326), pero absolutamente fiel a los hechos, sobre todo porque el autor del tercer Evangelio sinóptico destaca por ser un historiador meticuloso.

 Afirmar que la Virgen sólo conoció en el cielo que era inmaculada, me parece una ilusión carente de fundamento histórico y teológico. Como mínimo, sería apropiado aquí un silencio obsequioso. En efecto, "[...] parafraseando a Heráclito: sobre los grandes Misterios de Dios hay que hablar bajo, poniendo la mano sobre la boca y con la mayor veracidad, como recomendaba el propio Aristóteles" (Clodovis Boff, "Experiência de Deus", Paulus, p. 149). Los teólogos que se atreven a este tipo de afirmación mariana, ¿no insistirían también en la tesis cristológica heterodoxa de que Jesús no sabía que era Dios, y sólo lo supo después de la Pascua?

Edson Luiz Sampel

18 de octubre de 2023

Nuestra Señora del Santísimo Sacramento

Del sitio Infocatólica:

Mientras cenaban, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, se lo dio a sus discípulos y dijo: - Tomad y comed, esto es mi cuerpo. Y tomando el cáliz y habiendo dado gracias, se lo dio diciendo: Bebed todos de él; porque ésta es mi sangre de la nueva alianza, que es derramada por muchos para remisión de los pecados” (Mateo 26,26-28).

En la encíclica Redemptoris Mater, el Papa San Juan Pablo II constata una realidad que todos podemos experimentar: “María guía a los fieles a la Eucaristía” (n. 44). La devoción a la Virgen, si es auténtica, conduce al culto eucarístico. Así se pone de manifiesto en los grandes santuarios marianos como Lourdes o Fátima e, igualmente, en la vida de los santos.

El Señor, en la Eucaristía, nos entrega su Cuerpo y su Sangre. Se trata del mismo cuerpo, aunque ya glorioso, que Él tomó de María, su Madre: “Ave verum Corpus natum de Maria Virgine”; “salve, verdadero Cuerpo, nacido de la Virgen María”, canta la Iglesia en un motete eucarístico. El cuerpo de Cristo, nacido de María, no es un cuerpo aparente, sino real. La presencia del Señor en el Sacramento es también una presencia real y no meramente simbólica: el pan y el vino que se ponen en el altar “después de la consagración son el verdadero cuerpo de Cristo que nació de la Virgen […] y la verdadera sangre de Cristo, que se derramó de su costado” (Sínodo de Roma de 1079).

San Pedro Julián Eymard (1811-1868) fue llamado “apóstol de la Eucaristía y de la Virgen” y propagó la devoción a Nuestra Señora del Santísimo Sacramento. Juan Pablo II, en la encíclica Ecclesia de Eucharistia, profundizando en el vínculo que une a Nuestra Señora con el Santísimo Sacramento, llama a María Mujer “eucarística”: “En continuidad con la fe de la Virgen, en el Misterio eucarístico se nos pide creer que el mismo Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, se hace presente con todo su ser humano-divino en las especies del pan y del vino” (n. 55).

En el Magnificat, María expresa su alabanza y su acción de gracias al Padre por todas las maravillas que ha hecho en la historia de la salvación. “Eucaristía” significa, ante todo, acción de gracias y vivir “eucarísticamente” comporta convertir toda nuestra existencia en un sacrificio de alabanza y de acción de gracias, unido a la ofrenda de Cristo en la Cruz, para la salvación del mundo.

Oración

Oh Dios, que para redimirnos misericordiosamente has hecho humilde esclava tuya a la Virgen María, 
Madre de Cristo y asociada a él, 
 concédenos servirte como ella y dedicarnos por entero a la salvación de los hombres. 
Por Jesucristo nuestro Señor. 
Amén.

Guillermo Juan Morado.

11 de junio de 2023

Nuestra Señora, modelo de virtudes

Del sitio El pan de los pobres:

En María resalta la posesión de todas las virtudes en el más alto grado, constituyéndose en verdadero modelo. La sede en que conserva y hace crecer todo ese magnífico conjunto es su Corazón virginal, tesoro de todas las virtudes. No podemos evitar traer la cita entera de una lista larga y completa que Pío XII ofrece con respecto a las virtudes marianas: “la delicadeza de su Corazón Inmaculado, el recogimiento y el espíritu de oración del que habla el Evangelio cuando recuerda por dos veces que Ella conservaba en su Corazón el recuerdo de las gracias de Dios y de las acciones del Niño Dios (Lc 2,19.51); el amor de Dios, que resplandece en el Magnificat; el amor de los demás; de todos los demás; de sus parientes, de sus amigos, de todos los hombres; esa caridad incomparable que la hizo volar al servicio de su prima Isabel cuando conoció su próxima maternidad; que la hizo compadecerse del apuro de los esposos cuando el vino empezó a faltar en las bodas de Caná; que la unió de forma tan dolorosa y profunda a los sufrimientos de su divino Hijo por la Salvación del género humano. Sí, la Santísima Virgen, cuya condición fue tan humilde, de la que el Evangelio nos narra tan pocas cosas, cuyo silencio llenó casi toda la vida, vio a Dios realizar en Ella las más grandes cosas sin perder esa encantadora modestia que llena de admiración. He ahí porqué es el Modelo de todos los cristianos. Con el Salvador permaneció oculta en Nazaret, unida a Él en la dulzura y la humildad, en el cumplimiento del deber de cada día y de los trabajos domésticos, en la paciencia y en la oración. No se sabía de Ella ningún milagro, ninguna acción extraordinaria, pero amó a Dios con todo su Corazón, con toda su alma, con todo su espíritu y con toda su fuerza. Ahí está el primer mandamiento. Y amó también al prójimo como a Sí misma. «Ningún mandamiento hay mayor que éste» (Mc 12,30-31)”. (Radiomensaje Au moment, a los peregrinos de Santa Ana de Auray, Bretaña, 26-VII-1954, n. 3).

Desde luego, cabe fijarse primero en el modo en que sobresalen las virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad. En María, su fe le hace juzgar y razonar según Dios, entregarse de forma absoluta a Él y unirse de forma perfecta con Jesús. Su esperanza se manifestó especialmente en la Cruz, donde soportó con ánimo esforzado y confiado sus inmensos dolores, estuvo asociada a la obra de su Hijo y prodigó al Cuerpo Místico de Cristo el mismo cuidado materno que tuvo hacia su Cabeza. Por otra parte, también el Magnificat es un cántico de alegría y de confianza invencible en la potencia divina.

En cuanto a la caridad para con Dios en la Virgen María, se puede afirmar que su alma estaba saturada de ella y que nunca ha dejado de arder en amor de Dios. Por lo que se refiere a su caridad fraternal, se hizo claramente manifiesta en episodios como la Visitación, en su vida en Nazaret y en las bodas de Caná: en Nazaret, por ejemplo, la demostró en los cuidados dispensados a San José y, sobre todo, a Jesús, así como en su afabilidad con todos los que llegaban a aquella pobre casa. En realidad, su amor al Niño Jesús era también amor a la Iglesia naciente, algo que se plasmó más tarde al pie de la Cruz.

Precisamente allí, en el Calvario, la caridad de María alcanzó su punto culminante uniéndose a los sufrimientos de su Hijo Crucificado, y en eso se pudo ver que le amó más que Pedro, motivo por el que Cristo le confió como hijos a todos los hombres, de manera similar a lo que haría luego con el propio Pedro cuando le constituyera de forma definitiva en Padre común y universal y Pastor terreno. Este amor al pie de la Cruz hacia su Hijo divino y hacia los hijos que Él le confió allí, es el que la constituye plenamente como Madre de misericordia y Madre espiritual. Además, la llena de una bondad inagotable, de una compasión casi infinita, y su alma es afectuosísima, según dice San Bernardo

31 de mayo de 2023

Nueve formas de agradecer a Nuestra Señora por las gracias recibidas

Del sitio Aleteia:

¿Has experimentado cómo María regala a los que le piden? Cuando se obtiene algo que se pidió, ¿cómo darle las gracias? 

Algunos encuentran en María un consuelo en el dolor, como Romina Power, estrella de los años 80 que encontró la paz interior gracias al Rosario tras la desaparición de su hija Ylenia. Otros la invocan para superar la soledad excesiva, como testimonia Charles de Foucauld en sus escritos espirituales. También la Virgen María puede, con su infinita benevolencia, ayudar a un enfermo a superar el sufrimiento y el miedo a la muerte y a caminar sin miedo hacia el Padre Celestial, como hizo con el pequeño Antonio, de 8 años.

La gracia de la Virgen María es especial porque María es la primera en todo: la primera en haber acogido a Cristo, la primera en haber participado de la Pasión, la primera en haber entrado en la eternidad con Dios.

La gracia de María es particular porque es perfecta y primera. Si María nos regala una gracia, ¿cómo podemos agradecerle la altura de su amor por nosotros? Aquí algunas sugerencias:

1 Reza el Magnificat

Durante la Visitación, cuando María visita a su prima Isabel después de la Anunciación, la Virgen María pronuncia el cántico de acción de gracias del Magníficat (Lc 1, 46-55). A este respecto, san Luis María Grignion de Montfort cita el comentario de Jean Gerson:   “La Santísima Virgen María lo rezaba a menudo Ella misma, y ​​particularmente después de la Sagrada Comunión, en acción de gracias. Recemos nosotros este himno también llamado “Cántico de María”, para dar gracias infinitas a quien fue ella misma un ejemplo perfecto de gratitud”.

2. Canta su Nombre

Son innumerables los cantos a María compuestos en todo el mundo. Desde "Santa María del camino"  hasta "Madre del silencio", pasando por "Me quedé sin voz", los cantos marianos son en su mayor parte alegres, reconfortantes y dulces, a su imagen. 

Cantarlos en el coche, en la cocina o incluso mientras trabajas puede ser una gran idea para darle las gracias. 

3. Lleva una medalla de la Virgen

Para agradecer a María por estar ahí para nosotros, ¿por qué no llevar una medallón de María? Hay muchas, de distintas advocaciones, entre las que elegir. 

4. Ve a un santuario mariano

Nuestra Señora de Guadalupe en México, Nuestra Señora de Lourdes en Francia, Nuestra Señora de Fátima en Portugal… No hay país en el mundo que no tenga al menos un santuario dedicado a la Virgen María. ¡Algunos tienen miles! 

Algunos de estos altos lugares de oración se han convertido incluso, por la fuerza de su influencia, en lugares de peregrinación que reúnen a miles de visitantes cada año. Para agradecer a María, ¿por qué no caminar con ella, por Ella y hacia Ella?

Como dijo el Papa Juan Pablo II en Fátima: “Hay (…) algunos lugares donde los hombres sienten la presencia de su Madre de manera particularmente viva. A veces, estos lugares irradian su luz ampliamente, atrayendo a personas de lejos. Su influencia puede extenderse a una diócesis, a una nación entera, incluso a varias naciones e incluso a varios continentes".

5. Escríbele una carta

Encontrar palabras bonitas y escribírselas a María puede ser una manera hermosa de darle las gracias, especialmente cuando rezar directamente nos resulta difícil. 

Cada palabra escrita para Ella resonará en los cielos y le dará infinitas gracias por todos los beneficios obtenidos.

Las cartas a María se pueden dejar en los buzones de algunos santuarios dedicados a María, como se ofrece en Lourdes. Si viajar te resulta imposible, hay “carteros” que se ofrecen a dejarla por ti. 

La carta también se puede colocar simplemente en un rincón de oración personal, o incluso debajo de tu almohada.

6. Crea un rincón de oración dedicado a María

Si María está tan dispuesta a responder a nuestras solicitudes, ¿por qué no ofrecerle un lugar escogido en casa?

Una cajita de madera, un icono de la Virgen, un Rosario y una imagen mariana bastarán para preparar un bonito rincón de oración reservado a nuestra Madre del cielo. 

Este "rincón de María" te traerá gracia y decorará con mucha delicadeza un dormitorio o una pared del salón.

7. Reza una o más Ave Marías

 Para decir gracias, rezar sigue siendo una ofrenda universal e inmediata. La oración más directa a María, el Ave María, contiene en sí todas las cosas más perfectas que se pueden decir a María para agradecerle.

Lo explica san Luis María Grignion de Montfort, en su Tratado sobre la verdadera devoción a la Santísima Virgen María: “El Ave María es la más hermosa de todas las oraciones después del Padrenuestro; es el piropo más perfecto que podéis hacer a María, ya que es el piropo que el Altísimo le envió por medio de un arcángel para conquistar su corazón; y era tan poderoso sobre su corazón, por los encantos secretos de que está lleno, que María dio su consentimiento a la Encarnación del Verbo, a pesar de su profunda humildad. Es por este cumplido también que infaliblemente ganarás su corazón, si lo dices bien. (…). El Ave María bien dicho, es decir con atención, devoción y modestia, es, según los santos, enemigo del diablo, que lo hace huir y del martillo que aplasta, la santificación del alma, la alegría de los ángeles, la melodía de los predestinados, el cántico del Nuevo Testamento, la alegría de María y la gloria de la Santísima Trinidad".

8. Ofrece un voto

Desde hace varios siglos, ha sido tradición en la Iglesia ofrecer exvotos en señal de profunda gratitud por una gracia obtenida. 

Los más antiguos datan del siglo XV en forma de pequeños artefactos de cera. No fue hasta el siglo XVI que aparecieron cuadros pintados, muy a menudo relacionados con naufragios evitados. 

Las losas de mármol clavadas en las paredes de las iglesias florecieron a partir del siglo XIX y durante todo el XX. Una tradición aún vigente en muchos santuarios.

9 Elige un nombre inspirado en María

En el caso de un nacimiento muy deseado, y por el cual habéis rogado ardientemente a la Virgen, ¿por qué no dar a vuestro hijo el nombre de pila de la Madre de Jesús, o alguno de sus derivados? 

María, de origen hebreo y egipcio, es un derivado del nombre hebreo Miryam que significa “gota del mar”. Según otras fuentes, proviene del antiguo "mérito" egipcio que significa "amado". Una forma de rendir un bonito homenaje a la madre de Jesús.

9 de abril de 2023

Nuestra Señora de la Pascua

Del blog Cardenal Eduardo Pironio:

 A Nuestra Señora de la Pascua y de todas las partidas

Señora de la Pascua:
Señora de la Cruz y la Esperanza.
Señora del Viernes y del Domingo,
Señora de la noche y la mañana
Señora de todas las partidas, porque eres la Señora

Escúchanos:
Hoy queremos decirte:
"muchas gracias".

Muchas gracias, Señora, por tu Fiat:
por tu completa disponibilidad de «Esclava».
Por tu pobreza y tu silencio.
Por el gozo de tus siete espadas.
Por el dolor de todas tus partidas que fueron dando la paz a tantas almas.
Por haberte quedado con nosotros a pesar del tiempo y las distancias
Tú conoces el dolor de la partida porque tu vida fue siempre despedida.
Por eso fuiste y fue fecunda tu vida.

Todo fue por «haber creído» (Lc 1, 45).
Porque le dijiste al Señor que «», en aquel mediodía de los tiempos (Lc 1, 38).
Apenas el Señor bajó a tu pobreza, comenzaron tus partidas. «El ángel se alejó» y Tú te fuiste «sin demora a una montaña de Judá» (Lc 1, 39).

Allí hiciste felices a Isabel, tu prima, y al niño que llevaba en sus entrañas.
Cumplida tu tarea, regresaste sencillamente a tu casa (Lc 1, 56).
Otro día (u otra noche, no sé), cuando esperabas en tu silencio de Nazaret, te llegó otra orden de partida: a Belén de Judea, la ciudad de David (Lc 2, 4) porque allí, en la Casa del Pan, había de nacer el Niño (Miq 5, 2).
Tu partida costosa fue el preanuncio gozoso de la salvación que ya llegaba en la primera Nochebuena de los siglos.

Una noche, inesperadamente, el Ángel del Señor le habló a tu esposo. Y «José se levantó, tomó de noche al Niño y a su madre, y se fue a Egipto» (Mt 2, 13-14).

Fue la tercera vez que pedían tu partida.

Más tarde, cuando ya te habías acostumbrado a lo provisorio del destierro, otra vez el Ángel del Señor habló a José y le dijo: «Levántate, toma al Niño y a su madre y regresa a la tierra de Israel» (Mt 2, 20).

Tu vida estaba señalada por las despedidas.

Otra vez, cuando el Niño era ya grande y Tú le habías enseñado a orar, se te quedó misteriosamente perdido en el templo.
Ahora era Él el que partía.
«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?» Y tú no entendiste el sentido total de la partida (Lc 2, 49-50).

Después, en Cana de Galilea, cuando se manifestó el Señor en el primero de sus signos, por hacer bien a los demás, Tú te olvidaste de Ti misma y le pediste que adelantara «la hora» de su partida (Jn 2, 4).

Y Él partió a «llevar la Buena Nueva a los pobres, a anunciar a los cautivos la liberación, y a los ciegos la vista, a dar libertad n los oprimidos» (Lc 4, 18).

Mientras tanto, Tú lo acompañabas desde cerca y desde adentro, rumiando en tu Corazón la Palabra que Él iba predicando (Lc 11, 28).

Hasta que llegó la tarde de un viernes en Jerusalén.
Era la hora de la Pascua y la partida. La noche antes, en el Cenáculo, El celebró la Cena de la despedida.
Era, también la Cena de la amistad y la presencia, de la comunión fraternal y del encuentro.

Amarrado por los hombres a los brazos de una Cruz, Él se descolgó para subir al Padre. Tú mirabas la partida desde abajo y desde cerca, bien serena y fuerte (Jn 19, 25).
El corazón de la Cruz era el punto inicial de su partida.
Y también de su regreso: «Me voy y volveré a vosotros»

Mezcla extraña de gozo y de tristeza.
«También vosotros ahora estáis tristes, pero yo os volveré a ver y tendréis una alegría que nadie os podrá quitar» (Jn 16, 22).

Señora del Silencio y de la Cruz.
Señora del Amor y de la Entrega.
Señora de la Palabra recibida y de la palabra empeñada,
Señora de la Paz y la Esperanza.
Señora de todos los que parten,
porque eres la Señora del camino y de la Pascua.

También nosotros hemos celebrado ahora la Cena de la despedida.
Hemos comido contigo el Cuerpo del Señor, hemos partido juntos el Pan de la amistad y unión fraterna.
Nos sentimos fuertes y felices. Al mismo tiempo, débiles y tristes.
Pero nuestra tristeza se convertirá en gozo y nuestro gozo será pleno y nadie nos lo podrá quitar (Jn 16, 20-24).

Enséñanos, María, la gratitud y el gozo de todas las partidas.
Enséñanos a decir siempre que Sí, con toda el alma.

Entra en la pequeñez de nuestro corazón y pronúncialo Tú misma por nosotros.
Sé el camino de los que parten y la serenidad de los que quedan.
Acompáñanos siempre mientras vamos peregrinando juntos hacia el Padre.
Enséñanos que esta vida es siempre una partida.

Siempre un desprendimiento y una ofrenda.
Siempre un tránsito y una Pascua. Hasta que llegue el tránsito definitivo, la Pascua consumada.
Entonces comprenderemos que para vivir hace falta morir, para encontrarse plenamente en el Señor hace falta despedirse.
Y que es necesario pasar por muchas cosas para poder entrar en la gloria (Lc 24, 26).

Señora de la Pascua: en las dos puntas de nuestro camino, tus dos palabras:
fíat y magnificat.
Que aprendamos que la vida es siempre un «» y un «muchas gracias».

Amén. Que así sea.
+ Eduardo Francisco Cardenal Pironio

3 de diciembre de 2022

Nuestra Señora maestra de la vida eucarística

Del sitio Catholic News Agency:

La Santísima Virgen María nunca se dejó "paralizar por el orgullo o el miedo", sino que se levantó y fue con premura a ofrecer humildemente una mano amiga, dijo el Papa a jóvenes católicos.

"María nos enseña también a vivir eucarísticamente. Es decir, a dar gracias, a cultivar la alabanza y a no fijarnos sólo en los problemas y en las dificultades", dijo el Papa Francisco el 18 de junio.

El Papa Francisco subrayó que la Madre de Dios no se quedó en casa pensando en el gran privilegio que había recibido tras su encuentro con el ángel en la Anunciación, ni se fijó en los muchos problemas que podía acarrear.

"No era una de esas personas para las que todo lo que se necesita para estar cómodo y seguro es un buen sofá: 'couchs'. Si su pariente anciano necesitaba una ayuda, estaba dispuesta a ponerse en marcha inmediatamente para estar a su lado", añadió.

El Papa habló en una audiencia con jóvenes católicos que forman parte de la Iglesia siro-malabar, la segunda Iglesia católica oriental más grande, con más de cuatro millones de miembros en todo el mundo.

Con sede en la India, la Iglesia siro-malabar es una de las 23 iglesias católicas orientales autónomas en plena comunión con Roma. Es la más grande de las iglesias que remontan su origen a Santo Tomás Apóstol, quien se cree que viajó hasta el sur de la India durante sus viajes misioneros después de su encuentro con Jesús resucitado que cambió su vida.

El Papa Francisco dijo a los participantes en la Conferencia de Líderes Juveniles Siro-Malabares que están llamados a dar testimonio de la verdad de que "nuestras vidas encuentran sustancia y significado siempre que decimos 'sí' a Jesús."

Dijo: "Sois los jóvenes de la diáspora siro-malabar. El Apóstol Tomás llegó a la costa occidental de la India para sembrar las semillas del Evangelio y allí crecieron las primeras comunidades cristianas. Según la tradición, este año se celebra el 1950 aniversario del martirio de Tomás, que selló su amistad con Jesús, al que había llamado: "¡Señor mío y Dios mío!".

"La Iglesia es apostólica porque está fundada en el testimonio de los Apóstoles, y sigue creciendo no por proselitismo, sino por testimonio. Cada bautizado participa en la construcción de la Iglesia en la medida en que es testigo. También vosotros estáis llamados a dar testimonio, en primer lugar entre vuestros coetáneos de la diáspora siro-malabar, pero también entre los que no pertenecen a vuestras comunidades, e incluso entre los que no conocen al Señor Jesús."

El Papa Francisco animó a los jóvenes católicos a ser como María, que visitó a su prima mayor Isabel, visitando a sus familiares mayores y recibiendo su sabiduría.

"La joven madre de Jesús estaba muy familiarizada con las oraciones de su pueblo, que había aprendido de sus padres y abuelos. Hay un tesoro escondido en las oraciones de nuestros mayores. En el Magnificat, María recoge el legado de fe transmitido por su pueblo y lo convierte en un canto propio; al mismo tiempo, toda la Iglesia canta ese canto con Ella", dijo.

"Si vosotros, jóvenes, queréis hacer de vuestra propia vida un cántico de alabanza, un don para toda la humanidad, es esencial que os apoyéis en la tradición y la oración de las generaciones pasadas. Esto es particularmente cierto para vosotros; significa descubrir ese tesoro siempre de nuevo, con la ayuda de vuestros obispos y sacerdotes, en la historia de vuestra Iglesia y en sus riquezas espirituales y litúrgicas."

"Sobre todo, os animo a conocer la palabra de Dios, a leerla cada día y a aplicarla a vuestra vida. Jesús, el Señor resucitado, calentará vuestros corazones e iluminará vuestro camino, incluso en los momentos más difíciles y oscuros de la vida", dijo el Papa Francisco.