21 de agosto de 2018

Nuestra Señora de Knock

El santuario de Nuestra Señora de Knock en el condado de Mayo, Irlanda, prosperó a partir de una milagrosa aparición de la Virgen María que tuvo lugar el 21 de agosto de 1879.
Llovía y cerca de las 8 de la noche algunos vecinos del pueblo de Knock notaron un inusual resplandor alrededor de la iglesia de San Juan Bautista. Varias personas de diferentes edades vieron en la parte trasera de la capilla, en una nube de luz a la Madre de Dios. Estaba acompañada por San José a su derecha y San Juan el Evangelista vestido de obispo a su izquierda. Junto a este se encontraba un altar con una cruz a cuyo pie estaba un cordero rodeado de ángeles. Lo mas sorprendente era ver que las imágenes se movían.
Quince personas de edades comprendidas entre 6 y 75 años, contemplaron la aparición durante dos horas bajo una lluvia torrencial, al tiempo que rezaban el Santo Rosario. Si bien ellos estaban mojados, el suelo permanecía seco.
A partir de esta aparición se sucedieron varias curaciones de carácter inusitado en el pueblo y en un año ocurrieron centenares de milagros. Pocas semanas después se abrió una investigación por parte de la iglesia.
La  venida de María Santísima a este rincón de Irlanda golpeado por la pobreza y el hambre fue un símbolo de esperanza, consuelo y fortaleza en su desdicha para un lugar en donde el desempleo y la emigración eran moneda corriente.
En 1979 el Papa San Juan Pablo II peregrinó a Knock con lo que selló definitivamente la aprobación del Vaticano al Santuario Mariano Nacional de Irlanda. También acudió la Madre Teresa de Calcuta en 1993.
Este santuario recibe anualmente la devoción de mas de 1 millón de personas, quienes lo consideran especialmente milagroso para la curación de enfermos.

20 de agosto de 2018

Nuestra Señora del Monte Sacro

La historia comenzó con la llegada de Francisco Mastrángelo, un inmigrante italiano que vino a Cocorote decidió echar raíces en las tierras de Venezuela.

Tras casarse con Josefina Muñoz y tener seis hijos, atribuyó a Dios el logro de una gracia deseada a través de la Vírgen de Monte Sacro, venerada en su tierra natal. 

Por este motivo, en los albores de los años 14 decidió viajar a Italia y traer una réplica de la Virgen y prometió una celebración anual el 15 de agosto de cada año; según reseña un folleto emitido en 1989 por la entonces Asamblea Legislativa del estado Yaracuy.
 
Pasaron los años y la imagen fue llevada a la casa de la familia Mastrángelo , quienes fijaron residencia en Aroa. Desde entonces la expresión perpetua de gratitud de una familia se sembró en la espiritualidad de un pueblo.
 
Francisco Mastrángelo murió en 1939. Desde entonces su familia sigue la tradición y, por años, la celebración llegó a ser la más grande del municipio, enmarcada en las Ferias Exposición Agropecuaria y Artesanal del municipio Bolívar.

19 de agosto de 2018

Nuestra Señora de Donskaya

Pintor de iconos griegos y maestro del fresco, Teófanes el Griego fue de Bizancio a Novgorod en el año 1370.  
En 1392 comenzó a trabajar en Moscú, pintando en las paredes de la Catedral de la Anunciación el famoso icono de doble cara "La Santísima Virgen Donskaya".  
En 1405, Teófanes el Griego con Fedor de Gorodets y Andrey Rublev pintó la Catedral de la Anunciación del Kremlin de Moscú.

18 de agosto de 2018

Nuestra Señora Stella Maris

Del sitio Mar Argentino. Un lugar:

La advocación a nuestra Señora Stella Maris es casi tan antigua como la divulgación de la fe cristiana. Los primeros registros escritos donde aparecen referencias a María como Estrella del Mar, son las letanías lauretanas aprobadas en el siglo XVII por el Papa Paulo V. A fines de dicho siglo el mismo Papa aprobó otras letanías surgidas en Hispanoamérica en las que se encuentran mayor cantidad aún de referencias a Stella Maris.

La Virgen María siempre estuvo muy presente en los navegantes cristianos y su representación como Stella Maris emanó de los mismos corazones de los marinos de antaño.

El 22 de marzo de 1908 se colocó en Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina, la piedra fundamental de la capilla Stella Maris, ubicada en una lomada próxima a la costa a la que caracterizó a tal punto que desde entonces es conocida como la loma de Stella Maris. Comenzó como un pequeño edificio y fue finalmente bendecida el 7 de marzo de 1912. El templo y el colegio construido en 1918, son conducidos desde aquel entonces por la Congregación de Hermanas Adoratrices.

La ciudad de Mar del Plata se caracterizó desde sus orígenes por la actividad pesquera desarrollada por familias de inmigrantes, en particular de origen italiano. A partir de 1917, cuando se habilitaron las facilidades portuarias, cien lanchas a motor y a vela comenzaron a operar desde la conocida banquina de pescadores, aumentando constantemente la importancia de esta actividad productiva. Desde esa misma época y en especial a partir de 1925, con la inauguración de la Base Naval, se incrementó la operación de unidades de la Armada Argentina desde el puerto marplatense.

En síntesis, la presencia de navegantes, y sus familiares, en la ciudad se aumentó incesantemente.

La capilla Stella Maris era la más visitada buscando protección o consuelo, pero también había otras personas devotas que asistían a sus celebraciones. Entre ellas la señorita Brenda Bassi, poetisa y pintora, con varios libros publicados, era allegada a las Hermanas Adoratrices por su frecuencia en la capilla.

En 1936, encontrándose en Mar del Plata, la Hermana Superiora le comentó que muchos pescadores, marinos y familiares concurrían a la capilla a orar y a solicitar estampitas y alguna guía sobre la mejor forma de rogar a la Virgen. Es así como le propusieron que escribiera una plegaria.

Brenda Bassi escribió dos plegarias a Stella Maris. Una en italiano, que llamó Preghiera del Pescatore, y otra en castellano Plegaria del Marino. Esta última es la que da origen a la actual Plegaria a Stella Maris.El texto original sufrió modificaciones ante la necesidad de actualizarlo a la terminología de la Armada y a aspectos que es lógico que la poetisa no dominara. Por ejemplo, se agregaron referencias a la Aviación Naval, a la Infantería de Marina y a la Gran Familia Naval. Ambas plegarias están fechadas el 17 de julio de 1936.

En agosto de 1937 por decreto del Poder Ejecutivo, firmado por el General Agustín P. Justo, Presidente de la Nación, fue aprobada la designación de Nuestra Señora Stella Maris como patrona de la Armada Argentina, y el obispado fijó como fecha de su celebración el último viernes del mes de noviembre, tal como lo estipula el Reglamento de Ceremonial Naval. En los considerando del decreto se hace referencia a la devoción manifiesta del personal de la Armada hacia Stella Maris.


Plegaria del Marino
Original

Oh María, Estrella que derramas el fulgor
inagotable de tu gracia sobre la amarga
soledad marina, que dominas los vientos y el oleaje
y señalas su ruta al navegante, protégenos
piadosa en las tempestades del alma
y en los embates del mar.

Bendice a la Armada de la Nación Argentina,
fuerte en la paz, valerosa en la guerra
y generosa en la victoria, y haz que siempre sea
la suya misión de amor y de concordia
en todas la latitudes del mundo!

Bendice a los seres amados que implorando
tu protección nos vieron un día partir,
y, en la dulce quietud del hogar,
aguardan con ansiedad nuestro retorno!
Bendice a quienes desde la férrea nave
custodiamos sobre el mar el honor de
nuestra patria y la pureza de su bandera!

Madre y Señora nuestra, Stella Maris,
escucha la plegaria de nuestros corazones,
forjados por la guerra, que te imploran
nos concedas en la vida y en la muerte la
misericordiosa dulzura de la paz!

17 de agosto de 2018

Nuestra Señora de Assiut

Del sitio de las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María:
Sobre el techo de una Iglesia cóptica, construida para conmemorar el área a la que La Sagrada Familia huyó de la persecución de Herodes (Cerca de El Cairo, Egipto)
Las apariciones comenzaron la noche del martes, 2 de abril de 1968. Mas de un millón de personas vieron personalmente a la Virgen, entre ellas el presidente de Egipto, Abdul Nasser, quien era marxista declarado. Las apariciones fueron filmadas por la TV egipcia y fotografiadas por miles de profesionales.
La policía local al principio pensó que se trataba de una broma sofisticada, por lo que rastrearon la zona por un radio de 15 millas para asegurarse que nada pudiese estar proyectando la imagen. No encontraron nada.
Las apariciones duraron tres años en el curso de los cuales ocurrieron numerosas curaciones comprobadas por médicos.
Musulmanes que observaron las apariciones exclamaban utilizando un pasaje del Koran: "María, Dios te ha escogido; te ha purificado; te ha escogido entre todas las mujeres"
Junto con la Virgen se vieron palomas luminosas. Vieron a la Virgen caminar sobre la iglesia, especialmente sobre la cúpula. Las apariciones variaban en duración entre pocos minutos hasta nueve horas. Kyrillos VI, el patriarca ortodoxo formó una comisión para investigar las apariciones. Algunos de los miembros de la comisión fueron testigos de un humo violeta fragante que se elevaba de la iglesia durante las apariciones de una mujer envuelta en un brillante globo de luz.
Las investigaciones se han llevado a cabo con el resultado que se ha considerado un hecho innegable que la Bendita Virgen María ha estado apareciendo en la Iglesia de Zeitun en un cuerpo claro y luminoso brillante, visto por todos los presente en frente de la iglesia, sean cristianos o musulmanes. Reporte de Información general y departamento de quejas, Zeitun, Egipto, 1968
La Virgen no habló, pero su presencia fue muy elocuente para inspirar y fortalecer la fe. Un año después del comienzo de las apariciones, el patriarca cóptico local declaró que no tenía duda de que la Madre de Dios se aparecía sobre el techo de la iglesia cóptica de Santa María.
Sin embargo a los medios de comunicación del occidente no les pareció que este espectacular milagro fuese digno de ser investigado.
Después de la visita en el año 2000 del Santo Padre San Juan Pablo II, comenzaron las apariciones en la ciudad de Assiut, al sur de Egipto.
Miles de personas han visitado el lugar de las apariciones pues los testigos fueron muchos y la noticia se propagó rápidamente. Los testigos afirman que las apariciones tienen lugar en la iglesia de San Marcos a primeras horas de la mañana.
“Vi a María, era hermosa, llevaba un velo azul,” dijo Sarwat Hani Marzouk. “Emanaba luz de sus manos, luego comenzaron a volar palomas, eran tan grandes como patos”. Otros dicen que simplemente vieron luces estroboscópicas y grandes palomas volando alrededor de la iglesia. Fuera de la iglesia, los peregrinos cantan todas las noches: “Ven, María, ven,” o: “Tu luz está en la cruz,” implorando que la Virgen se aparezca entre las dos torres de la iglesia, como ellos afirman que se apareció en noches anteriores. Muchos musulmanes están abiertos a este milagro y reverencian a la Virgen como Madre de Jesús, que es considerado un profeta del Islam.
“La primera vez que escuchamos de las apariciones de la Virgen fue el 17 de agosto, 2000” comenta un residente local. “No le dimos mucha importancia ya que pensábamos que se trataba de un caso aislado”. Pero al día siguiente, continúa, “más personas contaron lo mismo y luego cientos y hasta miles de personas”. El padre Labib, del cercano monasterio ortodoxo copto de Dronka dice: “Si buscas la fuente de luz, no podrás encontrarla. Esta luz proviene del cielo”.
El obispo Mina Hanna, secretario del Consejo de Iglesias de Assiut, dice que la Virgen escogió aparecerse en la ciudad de Assiut porque ella había viajado hasta allí durante el exilio de la Sagrada Familia cuando se escaparon de la persecución de Herodes. Los cristianos constituyen una cuarta parte de la población actual de Assiut. El obispo Hanna afirma: “Esto es una bendición tanto para los musulmanes como para los cristianos. Es una bendición para Egipto”.

16 de agosto de 2018

Nuestra Señora del Iguazú

Del sitio AICA Antigua:
Se sabe que en este lugar, muy cerca de las Cataratas del Iguazú, existió un antiguo pueblo jesuítico, que se llamó Santa Maria del Yguazú. Esta reducción fue fundada en 1626 por los padres jesuitas Diego Boroa y Claudio Buyer.
Los caciques Taupá y Paraverá llegaron a ser sus mejores colaboradores, trabajando en la edificación del pueblo. Según el padre Techo, los guaraníes que allí acudieron para hacerse cristianos fueron unos 8.600.
No fueron pocas las dificultades que tuvieron que afrontar los misioneros, sobre todo a los comienzos, en que la pobreza era muy grande. No fue fácil convencer a los aborígenes para que abandonasen el uso de la poligamia. Pero la mayor dificultad fue la persecución de los blancos sobre todo de los mamelucos o bandeirantes, que venían de San Pablo para llevarse a los indios como esclavos.
Esta fue la razón que obligó a abandonar el primer asentamiento de la Misión, y a trasladarse más al sur, cerca del río Uruguay, donde se encuentran hasta hoy las ruinas de Santa María del Yguazú. Era el año 1633 cuando tuvo lugar este éxodo.
Cuando se intentó rescatar de la cenizas el título de Santa Maria del Yguazú, su imagen no existía más. Por esto, en un primer momento se pensó en encargar una talla, réplica de alguna de estas antiguas imágenes jesuíticas, del clásico barroco colonial. Pero parece que la Virgen no quiso que fuera así. Tal vez porque, lo que hoy pretendemos no es exactamente reeditar lo que fue, sino crear algo nuevo, aunque en la línea histórica de lo que fue.
Por esto, y de un modo providencial, aparece esta imagen, que es una creación artística, de un estilo nuevo, original, pero sobre todo autóctona de profundas raíces en la tierra, como las del tronco de este árbol misionero que se llama cancharana.
Don Rodolfo Allou lo había tallado en 1980, inspirándose en la mujer pobre y campesina, que habita nuestras picadas. Mujer sufrida con su hijito en los brazos, que acuna y estrecha contra su pecho en actitud de mucha protección. Sus manos no es que sean tan finas y femeninas, exactamente como las de la mujer del campo, que tiene que trabajar la chacra. Está parada, y tiene en sus brazos al Niño, para que todo se centre mejor en el misterio de su hijo Jesús. El rol de María será siempre llevar a Jesús. Ella, tan humilde, estuvo presente en el polideportivo el día de la creación de la Diócesis. Casi nadie se dio cuenta. Y de allí volvió otra vez al Museo de D. Allou. Hasta que llegó su día… por una serie de coincidencias providenciales.
El Obispo quiso dedicarle la fiesta aniversario, el 16 de agosto de 1987, al cumplirse el primer año de la creación de la diócesis. Fue una hermosa fiesta, precedida de una Novena sobre la Iglesia y la Santísima Virgen, que predicó el obispo en la catedral y que los sacerdotes repitieron en sus respectivas parroquias. La noche anterior hubo una solemne Vigilia de Jóvenes. El día 16 amaneció frío y lluvioso, lo que no fue obstáculo para que se pudiera tener una hermosa Celebración, en la que acompañaron al obispo diocesano, monseñor Joaquín Piña, el obispo emérito de Posadas, monseñor Jorge Kémerer y casi todos los sacerdotes y religiosas, rodeados de muchísimos devotos de la Virgen, venidos de todos los rincones de la Diócesis. Al finalizar la homilía de la misa, el pueblo reunido, a invitación del Obispo ratificó con una aclamación y un aplauso su deseo de que la Virgen, Santa Maria del Yguazú, quedase como Patrona de la diócesis. Se comprometieron también a levantarle un santuario y que todos los años se celebre su fiesta en este aniversario (o el domingo más próximo).
Al año siguiente, la imagen de la Virgen recorrió todos los pueblos y capillas de la Diócesis para darse a conocer. A su paso arrastró por todas partes un gran número de devotos, incluso de algunos de sus hijos que en un momento de debilidad se habían apartado de su Iglesia. Fueron muchísimos los que se sintieron identificados con ella.
Pronto comenzó a difundirse su imagen en numerosas réplicas e imitaciones, medallones, fotos y estampas con la oración oficial. Se hizo, en su honor, un Festival de la Canción. Algunos de estos cantos ya han entrado en el cancionero popular.
Muchas capillas, algunas escuelas y otras instituciones de la diócesis se honran en tenerla como Patrona titular. Ciertamente su protección sobre nuestra joven Iglesia se ha hecho sentir ya de múltiples maneras. No hay duda de que ella es “la madre de los pobres y de todos los que sufren”, como se dice en la oración.

15 de agosto de 2018

Asunción de Nuestra Señora


Mi mejor invento es mi Madre

Mi mejor invento, dice Dios, es mi madre. Me faltaba una madre y me la hice.
Hice Yo a mi madre antes que ella me hiciese. Así era más seguro.
Ahora sí que soy hombre como todos los hombres. Ya no tengo nada que envidiarles, porque tengo una madre, una madre de veras. Sí, eso me faltaba.

Mi madre se llama María, dice Dios. Su alma es absolutamente pura y llena de gracia. Su cuerpo es virginal y habitado de una luz tan espléndida, que cuando Yo estaba en el mundo no me cansaba nunca de mirarla.
¡Qué bonita es mi madre!. Tanto, que dejando las maravillas del cielo nunca me sentí desterrado junto a ella.
Y fíjense si sabré Yo lo que es ser llevado por los ángeles..., pues bien: eso no es nada junto a los brazos de una madre, créanme.

Mi madre ha muerto, dice Dios. Cuando me fui al cielo Yo la echaba de menos. Y ella a Mí.
Ahora me la he traído a casa, con su alma, con su cuerpo, bien entera.
Yo no podía portarme de otro modo. Debía hacerlo así. Era lo lógico. ¿Cómo iban a secarse los dedos que habían tocado a Dios?. ¿Cómo iban a cerrarse los ojos que Lo vieron?. Y los labios que lo besaron ¿creen que podrían marchitarse?.

No, aquel cuerpo purísimo, que dio a Dios un cuerpo, no podía pudrirse en la tierra.
¿O no soy Yo el que manda? ¿De qué iba a sírveme, si no, el ser Dios?.
Además, dice Dios, también lo hice por mis hermanos los hombres: para que tengan una madre en el cielo, una madre de veras, como las suyas, en cuerpo y alma. La mía.

Bien. Hecho está. La tengo aquí conmigo, desde el día de su muerte. Su asunción, como dicen los hombres.
La madre ha vuelto a encontrar a su Hijo, y el hijo a la madre, en cuerpo y alma, el uno junto al otro, eternamente.

Ah, si los hombres adivinasen la belleza de este misterio...
Ellos la han reconocido al fin oficialmente. Mi representante en la tierra, el Papa, lo ha proclamado solemnemente. ¡Da gusto, dice Dios, ver que se aprecian los dones que uno hace! Aunque la verdad es que el buen pueblo cristiano ya había presentido ese misterio de amor de hijo y de hermano...

Y ahora que se aprovechen, dice Dios.
En el cielo tienen una madre que les sigue con sus ojos, con sus ojos de carne.
En el cielo tienen una madre que los ama con todo su corazón, con su corazón de carne.
Y esa madre mía. Y me mira a Mí con los mismos ojos que a ellos, me ama con el mismo corazón.

Ah, si los hombres fueran pícaros... Bien se aprovecharían.
¿Cómo no se darán cuenta de que Yo a ella no puedo negarle nada?. ¡Qué quieres! ¡Es mi madre!. Yo lo quise así. Y bien... no me arrepiento.
Uno junto al otro, cuerpo y alma, eternamente Madre e Hijo...
1921 - 1997   
 

14 de agosto de 2018

Tránsito de Nuestra Señora


Del sitio Homilias.org:
Es sabido que la muerte no es condición esencial para la Asunción. Y es sabido, también, que el Dogma de la Asunción no dejó definido si murió realmente la Santísima Virgen. Había para entonces discusión sobre esto entre los Mariólogos y Pío XII prefirió dejar definido lo que realmente era importante: que María subió a los Cielos gloriosa en cuerpo y alma, soslayando el problema de si fue asunta al Cielo después de morir y resucitar, o si fue trasladada en cuerpo y alma al Cielo sin pasar por el trance de la muerte, como todos los demás mortales (inclusive como su propio Hijo).
San Juan Pablo II, en una de sus Catequesis sobre el tema, nos recordaba que Pío XII y el Concilio Vaticano II no se pronuncian sobre la cuestión de la muerte de María. Pero aclara que “Pío XII no pretendió negar el hecho de la muerte; solamente no juzgó oportuno afirmar solemnemente, como verdad que todos los creyentes debían admitir, la muerte de la Madre de Dios”. (JP II, 25-junio-97)
Sin embargo, algunos teólogos han sostenido la teoría de la inmortalidad de María, pero San Juan Pablo II nos dice al respecto,“existe una tradición común que ve en la muerte de María su introducción en la gloria celeste”. (JP II, 25-junio-97)
Se refiere posiblemente a que, como afirma Antonio Royo Marín o.p., la Asunción gloriosa de María, después de su muerte y resurrección, reúne un apoyo inmensamente mayoritario entre los Mariólogos. (cfr. La Virgen María, A. Royo Marín, 1968).
Los argumentos en favor de la muerte de María los dividiremos: según la Tradición Cristiana (incluyendo el Arte Cristiano), según la Liturgia, según la razón teológica y por la utilidad de la muerte.

1. Según la Tradición Cristiana:
Royo Marín afirma que el testimonio de la Tradición -dice que sobre todo a partir del Siglo II- es abrumador a favor de la muerte de María. Es su afirmación, aunque no da citas al respecto. (cfr. La Virgen María, A. Royo Marín, 1968).
Inclusive la misma Bula Munificentissimus Deus de Pío XII (sobre el Dogma de la Asunción), aunque no propone como dogma la muerte de María, nos presenta este dato interesantísimo sobre la muerte de María en la Tradición de la Iglesia: “Los fieles, siguiendo las enseñanzas y guía de sus pastores ... no encontraron dificultad en admitir que María hubiese muerto como murió su Unigénito. Pero eso no les impidió creer y profesar abiertamente que su sagrado cuerpo no estuvo sujeto a la corrupción del sepulcro y que no fue reducido a putrefacción y cenizas el augusto tabernáculo del Verbo Divino” (Pío XII, Bula Munificentissimus Deus #7, cf. Doc. mar. #801).
El Padre Joaquín Cardoso, s.j. edita en México en el Año de la declaración del Dogma un librito “La Asunción de María Santísima”. Y nos refiere lo siguiente sobre la muerte de María en la Tradición:
Hasta el Siglo IV no hay documento alguno escrito que hable de la creencia de la Iglesia, explícitamente, acerca de la Asunción de María. Sin embargo, cuando se comienza a escribir sobre ella, todos los autores siempre se refieren a una antigua tradición de los fieles sobre el asunto. Se hablaba ya en el Siglo II de la muerte de María, pero no se designaba con ese nombre de muerte, sino con el de tránsito, sueño o dormición, lo cual indica que la muerte de María no había sido como la de todos los demás hombres, sino que había tenido algo de particular. Porque aunque de todos los difuntos se decía que habían pasado a una vida mejor, no obstante para indicar ese paso se empleaba siempre la palabra murió, o por lo menos 'se durmió en el Señor', pero nunca se le llamaba como a la de la Virgen así, especialmente, y como por antonomasia, el Tránsito, el Sueño”.
Son muchísimos los Sumos Pontífices que han enseñado expresamente sobre la muerte de María. Entre éstos, nuestro Papa San Juan Pablo II, quien en su Catequesis del 25 de junio de 1997, titulada por el Osservatore Romano “La Dormición de la Madre de Dios”, nos da más datos sobre la muerte de María en la Tradición:
Santiago de Sarug (+521): “El coro de los doce Apóstoles” cuando a María le llegó “el tiempo de caminar por la senda de todas las generaciones”, es decir, la senda de la muerte, se reunió para enterrar “el cuerpo virginal de la Bienaventurada”.
San Modesto de Jerusalén (+634), despues de hablar largamente de la “santísima dormición de la gloriosísima Madre de Dios”, concluye su “encomio”, exaltando la intervención prodigiosa de Cristo que “la resucitó de la tumba” para tomarla consigo en la gloria .
San Juan Damasceno (+704), por su parte, se pregunta: “¿Cómo es posible que aquélla que en el parto superó todos los límites de la naturaleza, se pliegue ahora a sus leyes y su cuerpo inmaculado se someta a la muerte?”. Y responde: “Ciertamente, era necesario que se despojara de la parte mortal para revestirse de inmortalidad, puesto que el Señor de la naturaleza tampoco evitó la experiencia de la muerte. En efecto, Él muere según la carne y con su muerte destruye la muerte, transforma la corrupción en incorruptibilidad y la muerte en fuente de resurrección”.
No es posible, además, ignorar el Arte Cristiano, en el que encontramos gran número de mosaicos y pinturas que han representado la Asunción de María, tratando de hacernos ver gráficamente el paso inmediato de la “dormición” al gozo pleno de la gloria celestial, e inclusive algunos, del paso del sepulcro a la gloria, siendo asunta al Cielo.

2. Según la Liturgia:
De acuerdo a Royo Marín, el argumento litúrgico tiene gran valor en teología, según el conocido aforismo orandi statuat legem credendi, puesto que en la aprobación oficial de los libros litúrgicos está empeñada la autoridad de la Iglesia, la cual iluminada por el Espíritu Santo, no puede proponer a la oración de los fieles fórmulas falsas o erróneas.
Y desde la más remota antigüedad, la liturgia oficial de la Iglesia recogió la doctrina de la muerte de María. Royo Marín refiere dos oraciones “Veneranda nobis...” y “Subveniat, Domine ...” , las cuales estuvieron en vigor hasta la declaración del Dogma (1950) y recogen expresamente la muerte de María al celebrar al fiesta de su gloriosa Asunción a los Cielos. Las oraciones posteriores a la declaración del Dogma, por razones obvias, no aluden a la muerte.
Así decía la oración “Veneranda nobis”: “Ayúdenos con su intercesión saludable, ¡oh, Señor!, la venerable festividad de este día, en el cual, aunque la santa Madre de Dios pagó su tributo a la muerte, no pudo, sin embargo, ser humillada por su corrupción aquélla que en su seno encarnó a tu Hijo, Señor nuestro”.
El Padre Joaquín Cardoso, s.j. tiene esto que decirnos sobre la muerte de María en la Liturgia:“La Iglesia, pues, tanto la Griega, como la Latina, creyeron siempre, no solamente como posible, sino como regla, en la muerte de María, y en las más antiguas Liturgias de ambas Iglesias se encuentra siempre la celebración y el recuerdo de la muerte de María, con el nombre de la Dormición, Sueño o Tránsito de Nuestra Señora. Porque eso sí: si creían que realmente la Virgen había muerto, indicaban con esa denominación, no usada comúnmente para todas las muertes, que la de la Virgen había tenido algún carácter especial y extraordinario, que es precisamente el de su resurrección inmediata y Asunción a los Cielos”.
“Y como dicen los críticos, aun protestantes ... ya en el Siglo VI era absolutamente general la creencia en la Asunción de María, tal cual lo demuestran las antiquísimas liturgias de todas las Iglesias que tienen, al menos desde el siglo IV, establecida la Fiesta de la Dormición de María”.

3. Según la razón teológica:
Iniciamos este aparte con San Juan Pablo II: “¿Es posible que María de Nazaret haya experimentado en su carne el drama de la muerte? Reflexionando en el destino de Maria y en su relación con su Hijo Divino, parece legítimo responder afirmativamente: dado que Cristo murió, sería difícil sostener lo contrario por lo que se refiere a su Madre” (JP II, 25-junio-97).
"Cristo, el Hijo de Dios e Hijo de María, murió. Y ¿puede ser la Madre superior al Hijo de Dios en cuanto a la muerte física? Es cierto que la Santísima Virgen María, habiendo sido concebida sin pecado original (Inmaculada Concepción) tenía derecho a no morir. Pero, nos decía Juan Pablo II: “El hecho de que la Iglesia proclame a María liberada del pecado original por singular privilegio divino, no lleva a concluir que recibió también la inmortalidad corporal. La Madre no es superior al Hijo, que aceptó la muerte, dándole nuevo significado y transformándola en instrumento de salvación. ” (JP II, 25-junio-97)
Y Royo Marín remata este argumento de la siguiente manera: “Sin duda alguna, María hubiera renunciado de hecho a ese privilegio para parecerse en todo -hasta en la muerte y resurrección- a su Divino Hijo Jesús.”
El Padre Joaquín Cardoso, s.j. dice al respecto: “María Santísima nunca tuvo pecado, por el privilegio de Dios de su Inmaculada Concepción; por consiguiente, no estaba sujeta a la muerte, como no lo estaba Jesucristo; pero también Ella tomó sobre sí nuestro castigo, nuestra muerte”.
Y San Juan Pablo II: “María, implicada en la obra redentora y asociada a la ofrenda salvadora de Cristo, pudo compartir el sufrimiento y la muerte con vistas a la redención de la humanidad”. (JP II, 25-junio-97)

4. Por la utilidad de la muerte:
Dice Royo Marín que la muerte de María nos sirve de ejemplo y consuelo. María debió morir para enseñarnos a bien morir y dulcificar con su ejemplo los supuestos terrores de la muerte. Los recibió con calma, con serenidad, aún más, con gozo, mostrándonos que no tiene nada de terrible la muerte para aquéllos que en la vida han cumplido la Voluntad de Dios.
Y San Juan Pablo II: “María, implicada en la obra redentora y asociada a la ofrenda salvadora de Cristo, pudo compartir el sufrimiento y la muerte con vistas a la redención de la humanidad”. (JP II, 25-junio-97) “La experiencia de la muerte enriqueció a la Virgen: habiendo pasado por el destino común a todos los hombres, es capaz de ejercer con más eficacia su maternidad espiritual con respecto a quienes llegan a la hora suprema de la vida”. (JP II, 25-junio-97)

13 de agosto de 2018

Dormición de Nuestra Señora

Del sitio de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa de Antioquía:

Después de la ascensión del Señor, la Madre de Dios permaneció bajo el cuidado del apóstol y evangelista Juan, y durante los viajes de este Ella solía quedarse en la casa de sus allegados cerca del Monte de los Olivos. Su función en la primitiva iglesia fue ser fuente de consolación y de edificación tanto para los apóstoles como para los creyentes. 

Durante la persecución que inició el rey Herodes en contra de la joven Iglesia de Cristo (Hechos 12:1-3), la Madre de Dios y el Apóstol Juan se dirigieron a la ciudad de Éfeso en el año 43.

También viajó a Chipre para estar con Lázaro, el resucitado por el Señor, donde este era obispo, como también estuvo en el Monte Athos. San Esteban de la Santa Montaña dice que la Madre de Dios proféticamente dijo: “Dejad que este lugar sea entregado a mi Hijo y Dios. Yo protegeré este lugar e intercederé ante Dios por él”. 

De acuerdo a la Santa Tradición, basada en las palabras de los mártires Dionisios el Areopagita e Ignacio el revestido de Dios, San Ambrosio de Milán tuvo la oportunidad de escribir en su obra “Sobre las vírgenes” que la Madre de Dios “era virgen no solo de cuerpo, sino también de alma, humilde de corazón, de pocas palabras, sabia en su mente, trabajadora y prudente. Su regla de vida era la de no ofender a nadie sino hacer el bien a todos”. 

Las circunstancias en que sucedió la dormición de la Madre de Dios se conocieron en la Iglesia Ortodoxa desde tiempos apostólicos. Ya en el primer siglo de la cristiandad, San Dionisio el Areopagita escribió sobre su “dormición”. En el siglo II, la historia de que su cuerpo subió a los cielos la encontramos en las obras de Melitón, Obispo de Sardis. En el siglo IV, San Epifanio de Chipre hace referencia a la tradición sobre la “dormición” de la Madre de Dios. En el siglo V, San Juvenal, Patriarca de Jerusalén, le dice a la Emperatriz Bizantina Pulqueria: “pese a que no existen datos sobre su muerte en las sagradas Escrituras, sabemos sobre todo esto de la más antigua y creíble tradición”. Dicha tradición fue expuesta en la historia de la Iglesia de Nicéforos Callistos durante el siglo XIV. 

En el momento de su dormición, la Madre de Dios estaba de regreso en Jerusalén. Día y noche perseveraba en la oración e iba con frecuencia al Santo Sepulcro. En una de esas visitas, el Arcángel Gabriel apareció ante Ella y le anunció que pronto dejaría esta vida. Así es que ella decidió visitar por última vez Belén llevando consigo las tres jóvenes que la atendían (Séfora, Abigail y Jael). Antes de esto le anunció a José de Arimatea y a otros discípulos que pronto partiría de este mundo. 

En su oración, la Madre de Dios pidió que el Apóstol Juan viniera a verla por última vez. El Espíritu Santo lo trajo desde Éfeso. Después de la oración, María ofreció incienso y Juan escuchó una voz del cielo que concluía la oración de la Virgen y que decía “amén”. La Madre de Dios interpretó que la voz significaba que pronto los apóstoles y los discípulos llegarían hasta el lugar en el que ella se encontraba. 

Los creyentes, reunidos en gran número a su alrededor, dice San Juan Damasceno, escucharon las últimas palabras de la Madre de Dios. Ninguno sabía la razón de encontrarse presentes en este lugar hasta que San Juan se acercó a ellos, con lágrimas, y explicándoles que el Señor había decidido juntarlos a todos nuevamente para la dormición de la Madre de Dios. 

También apareció entre los presentes el apóstol Pablo con sus discípulos Dionisio el Areopagita, Hieroteos y San Timoteo y algunos de los setenta. 

A la tercera hora del día (9 de la mañana) la dormición de la Madre de Dios se llevó a cabo. Los apóstoles se acercaron a su lecho y ofrecieron alabanzas a Dios. De repente, la luz de la divina Gloria resplandeció enfrente de ellos. El mismo Cristo apareció rodeado de ángeles y profetas. 

Viendo a su Hijo, la Virgen María exclamó “mi alma magnifica al Señor y mi espíritu se regocija en Dios mi salvador por que ha visto la humildad de su esclava” (Lc 1:46, 48). Así entregó su alma a su Hijo y Dios; milagrosa fue la vida de la Purísima Virgen y maravillosa su dormición. 

A partir de ese momento comenzaron a preparar el entierro de su cuerpo purísimo. Los apóstoles fueron los encargados de llevar su féretro sobre sus hombros. Esta procesión se realizó por toda Jerusalén hasta llegar al jardín del Getsemaní

Un sacerdote judío de aquella ciudad llamado Efonio, lleno de odio, quiso tirar el féretro que transportaba el cuerpo de la Purísima Madre de Dios. El Arcángel Miguel cortó sus manos. Viendo esto se arrepintió y confesó la majestad de la Madre de Dios y así comenzó a ser un ferviente seguidor de Cristo. 

Cuando la procesión llegó al jardín del Getsemaní, los apóstoles y los discípulos comenzaron a dar el último adiós a la Virgen María. Recién a medianoche lograron depositar el cuerpo dentro del sepulcro y sellar la entrada con una gran piedra. 

Por tres días no se fueron de ese lugar, orando y cantando salmos. Por la providencia de Dios, el apóstol Tomás no estuvo presente en el funeral. Llegando el tercer día a Getsemaní se acercó a la tumba y allí lloró preguntándose por qué no se le había permitido a él presenciar la partida de la Madre de Dios. Los apóstoles decidieron abrir la tumba para que Tomás pudiera dar su último adiós. Cuando abrieron el sepulcro, solo encontraron sus lienzos y entendieron que su cuerpo también había sido recibido en los cielos por Nuestro Señor. 

La tarde del mismo día, estando los apóstoles reunidos en una casa para poder comer, la Madre de Dios se les apareció y les dijo: “Regocíjense, estaré con ustedes todos los días de sus vidas”. Ellos exclamaron “Santísima Madre de Dios, sálvanos” iniciando esta exclamación que acompañará a la Iglesia eternamente.

12 de agosto de 2018

Nuestra Señora La Conquistadora


Del sitio Foros de la Virgen:

La imagen de la Virgen María más antigua de los Estados Unidos, fue rescatada milagrosamente del ataque e incendio de los indios a una iglesia de Santa Fe, Nuevo México, en 1680.

Trece años después la imagen y los colonos retomaron la ciudad sin un solo disparo, lo que se atribuye a la intercesión de Nuestra Señora y a Don Diego Vargas. La imagen permaneció exhibida en un altar en el lugar en que Don Diego negociaba con los indios.

La estatua fue tallada en sauce en España con el nombre Nuestra Señora de la Asunción en los inicios del 1600. 

Ella llegó con un grupo de colonos a Santa Fe en 1625 bajo el cuidado de un misionero franciscano, Fray Alonso de Benavides, que instaló la estatua en la Iglesia de la Asunción, la primera capilla en los Estados Unidos para honrar específicamente a María.

Cansado y sudoroso, el buen fraile detiene su cabalgadura para contemplar en silencio el ancho y luminoso valle que el sol de la mañana intenta desplegar ante su vista. Tres meses han pasado desde que salió de la ciudad de México con su flamante nombramiento de custodio de la Orden y delegado del Santo Oficio para el reino y las misiones de Nuevo México.

De mediana edad, pero con juvenil entusiasmo, Fray Alonso de Benavides ha llegado a Santa Fe con la encomienda de animar y apoyar el intenso trabajo evangelizador que los franciscanos han ido desarrollando entre los indios.

Los bueyes que tiran de las carretas han recorrido dos mil millas a través de valles, montañas y desiertos llenos de indios hostiles, siguiendo la mísera y áspera ruta que lleva el pomposo nombre de Camino Real.

Es el invierno del Año de Dios de 1625, y en una de las carretas Fray Alonso ha traído un encargo especial que le han hecho los padres fundadores de la Villa. Cuidadosamente embalada en una fuerte caja de madera viene una hermosa imagen de la Santísima Virgen, una delicada y devota talla en madera de sauce, dorada y policromada, destinada a la Parroquia de la Asunción de Santa Fe, villa y ciudad que desde 1610 es la capital del “Reino de Nuevo México”.

Obra de un taller sevillano, la escultura de la Virgen, de aproximadamente unas 30 pulgadas de alto, tiene un noble porte sereno y suaves ojos azules que miran con dulzura y señorío.

A su llegada fue colocada en una modesta ermita de adobe, donde, según la costumbre del siglo XVII, fue cubierta con lujosas vestiduras, mantos, mantillas, peluca y corona imperial.

Entonces la invocaron como “Nuestra Señora de la Asunción”, pero más tarde se convirtió en “La Inmaculada”, luego “Nuestra Señora de la Paz” y “Nuestra Señora del Rosario”, pero de todos esos títulos y advocaciones, el pueblo de Nuevo México escogió llamarla finalmente “La Conquistadora”.

Dado que existía una Cofradía de la Inmaculada Concepción en Santa Fe, no pasó mucho tiempo antes de que la imagen tuviera un segundo título: Nuestra Señora de la Concepción. El dogma de la Inmaculada Concepción había sido promulgado y hubo gran entusiasmo por esta invocación. Muchos de los franciscanos españoles, incluidos los de Nuevo México, vestían de color azul, en lugar de gris o marrón, para conmemorar los hábitos de la nueva muestra de honor a Nuestra Señora.

Todo lo que se necesitó para la transformación fue agregar una luna de plata del pedestal. Al mismo tiempo, la cofradía de Santa Fe decidió adoptar el estilo español a la hora de vestir las sagradas imágenes.

Fue en estos primeros días en que la imagen adoptó un tercer título, la Virgen del Rosario. Los constantes ataques de las tribus itinerantes e inconversos pueblos era resistido por los colonos españoles a su vez con su arma más confiable en tiempos de peligro: el Rosario. Aún estaba fresco en la mente de los católicos el recuerdo de la victoria de la flota española en Lepanto en 1571, cuando la Cofradía del Rosario en Roma paseó por las calles rezando por la victoria sobre los sarracenos que amenazaban a la Europa cristiana.

En 1630, y bajo la constante amenaza de apaches y comanches, los cincuenta padres franciscanos de Santa Fe atendían a más de 60,000 indios, organizados en 90 comunidades indígenas, cada una con su propio templo y escuela de misión. Haciendo frente a la belicosidad creciente de los indios, los primeros colonos de Santa Fe se dieron con fervor al rezo del rosario. Nuestra Señora había enviado ya una advertencia por medio de una muchacha de 10 años que se había recuperado instantáneamente de una enfermedad violenta. En una visión, Nuestra Señora había dicho que la colonia sufriría un ataque y destrucción debido a la carencia de fervor para con sus sacerdotes y la religión.

La terrible hambruna de 1680 provocó un alzamiento general contra los colonizadores. El 12 de agosto de 1680 varias tribus indias realizaron un ataque masivo a Santa Fe, mataron a 21 sacerdotes en ese día, quemaron la ciudad y condujeron fuera a los colonos españoles. La mitad de los franciscanos fueron martirizados en sus puestos de misión; cientos de españoles fueron pasados a cuchillo junto con indios conversos.

Tras dos días de lucha, los españoles tuvieron que abandonar la ciudad que ya comenzaba a arder, y una mujer, cuyo esposo había sido muerto durante la revuelta, entró en la iglesia y desafió las llamas para salvar la imagen de la Virgen.

Debido a los rezos y el esfuerzo sincero de prestar atención a la advertencia de Nuestra Señora, la mayoría de los colonos salvaron sus vidas y milagrosamente rescataron a Nuestra Señora del Rosario de los restos ardientes de la Iglesia, y ella partió con los refugiados a lo que hoy es Juarez, México.

Luego de trece años de guerra se firmó la capitulación y el perdón de los rebeldes, y la imagen de “La Conquistadora” fue la primera en regresar a Santa Fe, a la cabeza de una gran procesión que recorrió las calles de una ciudad totalmente destruida. La Conquistadora esperó trece años para su regreso. En 1691, Don Diego de Vargas fue enviado por el Rey de España para organizar una campaña para el restablecimiento de Santa Fe. Don Diego de Vargas era audaz, intrépido y sinceramente piadoso e hizo votos de devolver a la Conquistadora a su trono legítimo como Patrona y Protectora del reino y de la ciudad de Santa Fe.

El reingreso de los españoles a Santa Fe fue incruento lo que hizo famoso a Don Diego en España y en el nuevo mundo, condujo al ejército de la reconquista bajo de la bandera de Nuestra Señora. Exhibiendo a Nuestra Señora en un altar convenció a los caciques indios y los ganó por la fuerza de su personalidad y presencia. El les dijo que los indios y los españoles podrían vivir en paz juntos bajo la protección de una Madre que los amó todos por igual.

En el plazo de cuatro meses, 23 pueblos de 10 naciones indias habían sido conquistados y se habían convertido 2.000 indios sin la pérdida de una sola vida.

Aunque Don Vargas había prometido crear un “trono” para su dama después de su regreso, no fue hasta 13 años después de su muerte en 1704 que la promesa se hizo realidad. En 1717, la construcción original de adobe de la primera Iglesia de la Asunción se convirtió en una iglesia mayor dedicada a San Francisco, que más tarde se convertiría en el día de hoy la Catedral de San Francisco.

En 1718, la imagen de la Virgen fue trasladada finalmente a la Capilla del Rosario, en el transepto de la nueva catedral dedicada a San Francisco de Asís. Allí permanece, hasta el día de hoy, en lo alto de un hermoso retablo tallado y pintado en 1809 por Pedro Antonio Fresques, el primer “santero” (escultor de santos) nativo de Nuevo México.

Otro deseo de Don Vargas se llevó a cabo ocho años después de su muerte por uno de sus capitanes, el Teniente Gobernador Páez Hurtado, que influyó en que los funcionarios de la ciudad aceptaran la proclamación de una celebración anual que conmemora el reasentamiento pacífico de 1692.

Se estableció en 1712 la primera Fiesta de Santa Fe, que se celebrará con una misa, vísperas, y un sermón. No pasó mucho tiempo antes de que la gente comenzara a llevar a la estatua en procesión desde su capilla en la Iglesia de San Francisco al sitio fuera de la ciudad, donde los colonos habían acampado antes de entrar a Santa Fe. Allí en una ermita de ramas, La Conquistadora fue entronizada durante nueve días, con una misa todos los días durante la novena. Otra procesión trajo la imagen de vuelta a la Iglesia de San Francisco hasta el año siguiente.

La imagen fue solemnemente coronada por el Cardenal Francis Spellman durante el Año Santo Mariano de 1954.

El 26 de junio de 1960, al cumplirse los 350 años de la fundación de la ciudad de Santa Fe, Su Santidad Juan XXIII decretó la coronación papal de la Reina y Patrona de todo Nuevo México, y bendijo personalmente la corona que la Virgen ostenta actualmente.

Con ese gesto, el Santo Padre reconoció el cariño y la devoción de los miles de fieles que han orado ininterrumpidamente ante “Nuestra Señora la Conquistadora”, una imagen que, con sus 380 años, es el signo mariano más antiguo y constantemente venerado en todo lo que hoy día es el territorio de los Estados Unidos de América.

Su corona de oro se tachona con piedras preciosas y su guardarropa ha llegado a ser rico y extenso, creciendo constantemente con los nuevos artículos que son presentados por sus fieles.

11 de agosto de 2018

Nuestra Señora de Nowy Sacz

En 1569, un artista desconocido, probablemente del sur de Polonia, cerca de Cracovia o de Nowy Sącz, pintó una Virgen con el Niño en témpera sobre la madera de un árbol de tilo. No mucho después, Sophie Jordania Zakliczyn donó la pintura a la Iglesia del Espíritu Santo en el monasterio premonstratense en el pueblo de los Cárpatos de Nowy Sącz, donde un miembro de la familia estaba inscrito.  

Allí se convirtió en un foco de devoción bajo el título de Madre de Dios de la Consolación - una devoción cultivada por la Orden de los Agustinos, de los cuales los premonstratenses fueron una rama estricta - a pesar de la pintura polaca es iconográficamente diferente de las imágenes italianas generalmente honradas con ese título. 

Con la primera partición de Polonia en 1772, este territorio de los Cárpatos, cerca de la actual frontera de Eslovaquia cayó bajo el imperio de los Habsburgo de Austria. En 1784, el emperador José II ordenó la disolución del monasterio, que se convirtió en un almacén militar. Mientras tanto, en 1820, el zar Alejandro I expulsó a la Compañía de Jesús, desde la partición de Rusia. En 1831, algunos de los jesuitas se hicieron cargo del complejo en Nowy Sącz y establecieron allí un colegio, que todavía mantienen hoy.Durante la Segunda Guerra Mundial, su rector, José Balcarek, hizo un voto a la Virgen de la Consolación que si quería proteger a la universidad y sus habitantes, que trabajará para la coronación canónica de su imagen. El complejo jesuita no sufrió pérdidas, y el Padre Balcarek cumplió su parte del trato de obtener el permiso del Papa Juan XXIII para la coronación. 

 Autoridades comunistas no permitirían la ceremonia en el centro urbano el 11 de agosto 1963 por el cardenal Stefan Wyszynski, pero igualmente se la coronó bajo el nombre de la Madre de Dios de la Consolación en un campo abierto en las afueras de Nowy Sącz.

10 de agosto de 2018

Nuestra Señora de la Peña

Arquidiócesis de Bogotá:

En el siglo XVII comenzó el culto y devoción a Nuestra Señora de la Peña, cuyo origen se relaciona con el hallazgo que en los cerros orientales de la capital hizo el 10 de agosto de 1685 un hombre humilde, de nombre Bernardino de León, de las imágenes de Jesús, María y José con el arcángel Miguel delineadas en la roca viva.

La noticia del milagroso hallazgo cundió por la capital y para evitar, ya fuera el fanatismo o la novelería, el arzobispo don Antonio Sanz Lozano ordenó al vicario general de la Arquidiócesis levantar ante un notario las informaciones sobre dónde, cómo y en qué circunstancias se había producido el afortunado hallazgo. Oídos todos los testimonios, el prelado dio licencia "el día de carnestolendas de 1686" para la veneración pública de las sagradas imágenes y para la construcción de su capilla y altar.

La humilde ermita que se levantó por parte de sus devotos se vino al suelo por completo en 1714, como que era de materiales muy pobres y de techo pajizo. Ya para ese entonces había un capellán de la ermita, quien aleccionado por el desastre resolvió levantar una nueva capilla, "de paredes de cal y canto y cubierta de teja", que en el curso de un año fue concluida, de tal manera que pudo ser bendecida el 16 de diciembre de 1715.

Sin embargo, un hecho que puede señalarse como sugestión colectiva, dio inmediatamente ocasión para que se pensara que las imágenes debían ser sacadas de la roca y trasladadas al lugar donde hoy se hallan: repentinamente el rostro de Nuestra Señora se puso triste y lloroso, pero también tuvo simultáneamente reacciones de alegría, sin que se supiera la causa; y el 8 de mayo de 1716 se derrumbó la pared del lado derecho de la capilla, desde los cimientos. La capilla no alcanzó a tener sino unos 150 días de vida.

A principios de junio del mismo año, el cantero comenzó a separar las imágenes de la piedra fundamental, dejando la piedra cortada con el peso de unas 30 arrobas. Con inmensos trabajos, pero con mucho empeño, fueron bajadas las imágenes desde la escarpada loma hasta el llano, obra que concluyó en noviembre de 1716.

Ya abajo a las imágenes, se les construyó una capilla pajiza y la primera fiesta que se celebró en esta ramada tuvo lugar el 9 de febrero de 1717, fecha que puede retenerse como el comienzo en firme de la construcción de la segunda capilla, que vino a concluirse en 1722.

De todas maneras parece que, aun con las eventuales mejoras que pudo tener esta capilla, se mantuvo en su pobre estado hasta las primeras décadas del siglo XIX, cuando en pleno fragor de la época independentista, y más concretamente por el año de 1816 o 1817, su capellán, el presbítero José Ignacio Alvarez, desde la cárcel a donde lo había mandado el Pacificador Morillo hizo la promesa a la Santísima Virgen de mejorarle su templo si alcanzaba a salir con vida de las garras del poder extranjero: "Salvado de la muerte casi segura, emprendió la obra; sin embargo, la tuvo que terminar su albacea José Luis Carbonell". Puede retenerse el año de 1820 como el de la terminación de los trabajos de la nueva ermita, con los cuales se mantuvo hasta 1955 cuando se emprendió su restauración.

Debe tenerse en cuenta que la casa cural apenas vino a ser construida en 1898, pero que no fue habitada de continuo, por la soledad de aquellos parajes, por el frío intenso, por el apartamiento de la ciudad, etcétera, por lo cual en 1902 el arzobispo Herrera Restrepo aprobó la sugerencia de confiar el santuario a una comunidad religiosa, que vino a ser de la Orden franciscana capuchina, cuyo contrato se celebró entre el prelado y el superior de los capuchinos el 15 de febrero de 1906. En manos suyas estuvo el santuario durante 26 años consecutivos, hasta que hicieron dejación de la capilla y casa en el año de 1933.

Pocos días después, el arzobispo confiaba el santuario a dos religiosos de la Orden cisterciense, cuya estadía no sobrepasó los dos años. Desde entonces el santuario tuvo muchas vicisitudes y poca atención, pues pasó a depender de la parroquia de Egipto.

En 1944, tras tantas dificultades, la iglesia de La Peña volvió a ser administrada por el clero de la Arquidiócesis y su párroco desde aquel año hasta 1968 fue el sacerdote alemán Ricardo Struve Haker. En 1955 este sacerdote, enamorado de su santuario, llevó a cabo su restauración, "cuya belleza y fidelidad al estilo colonial han sido reconocidas hasta ahora sin excepción alguna, por las personas más competentes del campo del arte", como escribía él mismo en el folleto que publicó en 1956 con el título de Guía Ilustrada del Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Peña. A este sacerdote se debe también la extensa monografía El Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Peña, publicada en la Imprenta Nacional de Colombia, 1955, en la que se contienen no sólo la historia pormenorizada del santuario desde 1685 hasta 1955, sino la vida y linajes de cada uno de sus capellanes, incluida la de él mismo. Obra preciosa, tanto por su impecable y perfecta edición, como por lo sólidamente fundamentada y por el espíritu crítico de su autor, a la cual puede remitirse el lector curioso, con la seguridad de que en sus páginas encontrará respuesta a cualquier pregunta relacionada con el pasado de tan venerable santuario capitalino.

9 de agosto de 2018

Nuestra Señora de Nagasaki

Cuando la persecución contra el cristianismo en Japón terminó en 1878, los cristianos de Urakami comenzaron a construir una catedral. 

Después del trabajo de treinta años, fue concluida y dedicada a la Inmaculada Concepción. Una estatua de la Inmaculada Virgen María, tallada en madera en España, se colocó sobre el altar mayor de la catedral. 

 El 9 de agosto de 1945, a las 11.02 A.M., explotó la bomba atómica sobre la ciudad de Nagasaki. La catedral estaba justo en el centro de la explosión y fue destruida por completo. Se dice que las bombas atómicas llevaron a unas doscientas mil personas a una muerte inmediata en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, que alrededor de seiscientos mil personas fueron contaminadas por la radiación: trajeron y siguen trayendo a través de muchos de los supervivientes, los efectos letales transmitidos a generaciones sucesivas. La mayoría de las víctimas eran no combatientes.  

 Por otra parte tenemos que recordar a esas víctimas "desconocidas" de la bomba, los coreanos, chinos, taiwaneses y otros asiáticos que fueron obligados a ir a trabajar a Japón durante la guerra.  En la parroquia de Urakami, murieron alrededor de 8.500 fieles de los 12.000.  

 Seis días después del bombardeo de Nagasaki, la guerra llegó a su fin.Dos meses después, un monje trapense, p. Noguchi (muerto en 2001), natural de Urakami y que vivía en un monasterio en Hakodate (en Hokkaido, la isla norte de Japón), regresó a su ciudad natal, que fue completamente destruida. Distraídamente, se sentó encima de los escombros de las cuales, anteriormente, había sido la catedral de Urakami. Al rezar a la Santísima Madre a la que se dedicó desde su infancia, vio bajo sus pies algo ... que era la cabeza de la estatua de María Inmaculada, una vez colocada sobre el altar. Con emoción y agradecimiento por el hallazgo inesperado, el monje se la llevó a su monasterio de Hakodate y siguió rezando en frente de la estatua por el don de la paz. En 1975, treinta años después de la explosión de la bomba, el p. Noguchi decidió regresar la estatua a la parroquia de Urakami. En Nagasaki, la estatua comenzó a ser llamada "Hibaku no María."

8 de agosto de 2018

Nuestra Señora della Querce

En 1417 Feliciano Batone pintó un fresco de la Piedad en una ermita bajo un gran roble.  
Cincuenta años más tarde, hubo un aumento a la devoción a la Virgen de la Encina después de que circulara la historia que el 08 de agosto 1467 un hombre de Siena, huyendo de sus enemigos, se detuvo a rezar a María en la ermita y que lo hizo invisible a sus perseguidores. 
Una pequeña capilla de madera fue construida para proteger la imagen y consagrada ese año. Situada en una colina al noreste del casco antiguo de la ciudad, más allá de la fortaleza de los Medici y el cementerio, la iglesia actual fue diseñada por Giorgio Vasari en 1558 y consagrada en 1617.  

7 de agosto de 2018

Nuestra Señora de Schiedam

Esta estatua se encuentra en Países Bajos. La crónica relata que un comerciante, que había robado esta imagen, se embarcó con la intención de venderla en una feria en Amberes. Misteriosamente, nunca pudo alejarse del puerto. Alarmado por este prodigio, restauró la imagen al lugar de donde se la había llevado y fue trasladada solemnemente a la Iglesia de San Juan Bautista.

 En ella se encomendó Santa Liduvina de Schiedam, patrona de los enfermos crónicos quien con quince años comienza su historia de dolor cuando cae en el hielo del lago Schie donde patinaba con sus amigas, al producirse un choque con una de ellas. Se rompió una costilla y entró en cama para no levantarse más. 

A partir de este momento ya se suceden todos los males y los intentos de curación conocidos en el pueblo. Apostema pertinaz en el lugar de la herida, salen llagas, úlceras, por fin gangrena con gusanos y mucho dolor. Se pasan el día cambiándola de una a otra cama, pero cada traslado es un espantoso tormento; sus piernas ya no la sostienen un día y ya es preciso arrastrarla por el suelo. 

Enfermedad del fuego sagrado, como lo llamaban en ese tiempo, en un brazo que se consume. También tiene neuralgias. Por si fuera poco, el ojo derecho se extingue y le sangra el izquierdo. Se le producen equimosis lívidas en el pecho que se convierten en pústulas cobrizas. Empieza el mal al hígado y a los pulmones. El cáncer le hace agujero profundo en el pecho. Y para colmo de males, la peste bubónica que asolaba Europa llegó a Holanda y se estableció en Liduvina regalándole dos bubones terribles junto a su corazón. Ella dijo: "dos no está mal, pero tres sería mejor, en honor de la Santísima Trinidad"... y el tercero le brotó en la cara. Sólo la lepra no visitó su cuerpo.

Cualquiera de estos males era de muerte. Pero aquella vida era un milagro continuo. Ahora es un montón de pellejos rotos y huesos; lejos queda la niña crecida y guapa que fue, cuando su buen padre le buscaba pretendientes con los que ajustar una boda que le sacara de apuros y a la que ella se negaba rotundamente. 

¿Y los olores? Los chorros de pus, a rosas; los emplastos retirados llenos de insectos, embalsaman la casa, y de aquel cuerpo que todo se pudre, jamás salió olor de muerto.

¿Y el alimento? Una rodaja de manzana asada para un día. El estómago se rebela por una tostada de pan mojado en leche o en cerveza. Después hubo de contentarse con unas gotas de agua azucarada o con un poco de vino matado con agua.
 
¿Y el descanso? Desaparecido el sueño, noches en vela, de espaldas con la piel que salía como la corteza del árbol. Sus biógrafos dicen que en treinta y ocho años no durmió veinte horas.
 
¿Y el ánimo? El sufrimiento la llenó al principio de espanto. En cama, estuvo con frecuencia a punto de desesperación. Por cuatro años pensó que estaba condenada; Dios no se interesa por ella, no aparece, o mejor, ha desaparecido por indiferente; casi se diría es un enemigo implacable y cruel.
 
Es incapaz de rezar en ese estado de sufrimiento y postración donde no hay ni una ayuda del cielo, ni un consuelo de la tierra.
 
El cura del pueblo no se interesa por la enferma mientras tenga que ocuparse de cebar sus capones y de mantener bien repleta la despensa.
 
Algún alma buena le puso en pista, aunque al principio, ella no entendió nada. "La Pasión de Cristo la has meditado poco hasta ahora".
 
Ni siquiera eso daba resultado; sus dolores le dolían más que los del Señor; pero lo intentaba. La Comunión que le llevaron un día fue el remedio. Iluminada por una gracia repentina descubrió su misión en la tierra: acompañar a Jesús en el Calvario, reparar, clavarse voluntariamente en la cruz, ayudar al Mártir divino a llevar los pecados del mundo.
 
Las cosas cambiaron. Es la hora de la longanimidad. Empieza a ver lo positivo de su vida. Ahora, ayudada por el pensamiento de la generosidad de los mártires, agradece sus dolores al Señor. Comienza a preocuparse de los otros y de sus necesidades. Mantiene su día en la presencia de Dios aunque se produzcan demencias, apoplejías, neuralgias, dolores de muelas, mal de piedras y contracciones de nervios. 
 
De su boca salen a un tiempo sonrisas, bondades, alaridos y sollozos y ella misma decía que se olvidaba de su penoso estado cuando veía el rostro del Ángel de su guarda, que le hacía intuir cuál no sería la hermosura del rostro de Dios. Aparecen estigmas junto a los bubones y en los pies y en las manos.

6 de agosto de 2018

Nuestra Señora de las Gracias de Pesqueira

Del sitio Catholic net:

Pesqueira ha sido elegido por el cielo. Situado a 212 kilómetros de Recife, en el norte de Brasil, se hizo mundialmente famoso por las bendiciones de Nuestra Señora de las Gracias.

En el año de 1936, el 6 de agosto, Arthur Teixeira mandó a su hija María da Luz con María da Conceição para recolectar semillas de ricino. Obedientes fueron las dos, hablando de la época de la persecución y el peligro de los salteadores.

En algún punto, María da Conceição mirando hacia la montaña, quedó sorprendida. Parecía ver en la cima de la montaña una imagen de mujer con un niño que hacía señal de la mano.

Apuntando a la montaña, dice en voz alta: “¡Mira la imagen!”. María da Luz miró y vio también la imagen. Una bella mujer con un bebé en sus brazos. Por un momento, nadie se atrevió a pronunciar palabras, tal vez recordando la conversación y preocupación por los bandidos. Luego, sin embargo dejaron la preocupación y notaron que esta mujer era muy bella y su hijo en sus brazos aún más bello, y que las llamaba haciendo señales con la mano libre.

Consternadas, olvidando la canasta, regresaron a casa. Fatigadas, no podían decir palabra. Luego, con palabras incompletas, contaron lo que vieron. En principio su madre quedó admirada, pero después de muchas investigaciones dijo: “Es un error de ustedes, vamos a comer”.

El Sr. Arthur llegó para el almuerzo, su esposa prepara la mesa, pero las dos niñas no se sentaron. Ante su falta, Arthur preguntó por ellas y su esposa le contó las declaraciones de ambas. Las chicas estaban sentadas del lado de afuera de la casa, hablando de la aparición. “¡Qué bella era mujer y su hijo!”. ¡Como las había llamado! Y el deseo de ir allí para verlo más de cerca.

Arthur escuchando la conversación, las llamó y quería regañarlas, pero su esposa le pidió que fuera con las niñas al sitio para verificar si alguien estaba allí, tal vez oculto. Con una hoz en la espalda y seguido por ellas, fue Arthur en búsqueda de la montaña. En su parte superior comenzó a abrir un camino ante la propagación de las plantas de Xique - Xique y Macambira. Era difícil hacer un camino en las rocas, cubiertas de espinas y despeñaderos. Después de veinte minutos no había llegado aún a la cumbre, pero su sorpresa fue grande al escuchar de lo alto a las dos muchachas llamando con alegría y señalando la presencia de la imagen.

Las niñas ansiosas de ver la aparición fueron como volando al lugar, pero sin siquiera rasgar su ropa por las espinas. Después de mil dificultades, Arthur Teixeira llegó a donde las dos aún sorprendido al superar todas las dificultades sin sufrir nada.

Cuidadosamente el padre mira la cueva y la gruta de enfrente, pero no descubre la imagen de la mujer vista por las niñas. Las niñas se cansan de mostrar y describir el lugar donde la ven, pero todos los esfuerzos de Arthur fueron impotentes pues nada veía. Desengañado y convencido de que las niñas alucinaban, tuvo la idea de preguntar de quien se trataba. “¿Quién es usted?” Pregunta María da Luz, y la imagen respondió: “Yo soy la Gracia”. "¿Qué quiere Señora aquí?” pregunta de nuevo. "He venido para advertir que habrán de venir 3 castigos enviados por Dios. Dile a la gente que rece y haga penitencia.” 

Sorprendidos por la aparición los tres volvieron en silencio y contaron todo, enterándose todo el barrio lo que pasó. Los vecinos fueron a ver el lugar y las dos niñas fueron diariamente a la montaña a rezar. Todas las tardes allí se rezaba el rosario y cantaba el oficio de Nuestra Señora. Muchos iban en la fe, de que había una verdadera aparición, y muchos por simple curiosidad.

Como era de esperar la noticia se extendió como el fuego en toda la región y llegaron fieles procedentes de todas partes para hacer sus solicitudes y rezar a la Virgen.

En el tercer día, con muchas personas presentes, la mayoría dijo que consideraría verdadera la Aparición sólo si la imagen daba un signo visible para todos. 

Tristes las niñas pidieron que la imagen diese una señal para convencer a todos de que no mentían. “La daré”, dijo la imagen.

Al día siguiente, 10 de agosto, las niñas fueron a visitar su lugar favorito y cuando llegaron, la imagen les señaló un hilo de agua que salía de la roca en frente del lugar de la aparición. Había una pequeña cavidad en la roca, sin fisuras que se llenaba de agua y recibió esta respuesta: “Para curar enfermedades.” Triunfantes las dos pequeñas corren a su casa para decirle a su madre lo sucedido, y fue toda la familia junto con muchas personas a la colina donde estaba la presencia de agua y, en el lugar donde había estado la imagen, encontraron además, una marca blanca y al lado las huellas de los pies de una mujer y un niño pequeño. Ambos estaban grabados en la piedra.

Interrogada la aparición, respondió que unas marcas son de ella y otras de su hijo. Con la aparición de agua, se expandió aún mas la noticia y de todos lados venían fieles a ese lugar ahora llamado santo.

Interrogada la Virgen sobre los castigos que anunció que se darían, nunca los reveló, pero siempre pidió que rezaran mucho y que hicieran mucha penitencia.

Un día había un niño en ese lugar, que arrojó una piedra hacia la aparición. Las chicas dijeron que la piedra golpeó la mano de la Virgen y que salió sangre.

La fuente es para curar a los enfermos que vayan con fe. María da Luz se hizo religiosa y tuvo otras apariciones de Nuestra Señora. 

Hoy Pesqueira es un lugar de peregrinación basada en la gruta en la montaña.