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15 de agosto de 2026

Nuestra Señora de la Asunción, patrona de Francia


Traducido del sitio Mary undoer of Knots:

La fiesta de la Asunción, que celebramos el 15 de agosto, nos invita a reflexionar sobre el vínculo especial de Francia con la Virgen María. Por ejemplo, en su carta apostólica Galliam, Ecclesiae filiam primogenitam, del 2 de marzo de 1922, el papa Pío XI proclamó a Nuestra Señora de la Asunción como la principal patrona de Francia (y a Santa Juana de Arco como su patrona secundaria).

El papa Pío XI, muy mariano, quien dedicó más de 300 documentos a la Virgen María, habla en su carta apostólica Galliam Ecclesiae filiam primogenitam del vínculo especial entre la Virgen María y Francia: "Es un hecho bien conocido que el 'Reino de Francia' solía llamarse el 'Reino de María, y con razón". Pío XI menciona también el impresionante número de monumentos sagrados dedicados a la Virgen María, las peregrinaciones marianas y las apariciones marianas en Francia: "La propia Virgen Madre, tesorera de todas las gracias de Dios, pareció, a través de repetidas apariciones, aprobar y confirmar la devoción del pueblo francés".

La misma encíclica menciona al rey Clodoveo, al emperador Carlomagno -quien estableció la fiesta de la Asunción para todo su imperio-, a los duques de Normandía -quienes proclamaron a María Reina de la Nación-, a los reyes San Luis, gran devoto de María, Luis XI y Luis XIII, quien consagró el reino de Francia a María.

La solemne fiesta de la Asunción conmemora el fin de la vida terrenal de la Virgen María, Madre de Dios, y su elevación al cielo en cuerpo y alma: la Madre de Nuestro Señor entró directamente en la gloria. Esta fiesta es paralela a la Ascensión de Cristo.

Los cristianos ortodoxos la llaman la Dormición de la Santísima Virgen María. A menudo se celebra con procesiones marianas y, en Francia, va acompañada de una oración tradicional por Francia, recomendada por la propia Virgen María durante sus apariciones en Pellevoisin, Ile Bouchard y La Salette.

En el mismo espíritu de esta tradición, recemos a la Virgen María, principal patrona de Francia, para que desate los muchos nudos de nuestro mundo actual y proteja el "reino de María".

7 de julio de 2026

Nuestra Señora de Baffie

 

Traducido del sitio Lieux Sacrés:

La estatua, que sustituía a la antigua diosa celta y fue robada en diciembre de 1997, presentaba todas las características propias de las vírgenes negras. Datada en el siglo XII, seguía la misma línea de las vírgenes de Auvernia, representadas en actitud majestuosa, con el niño en sus regazos. Estaba esculpida en madera de enebro, probablemente procedente de Fenicia. El velo esculpido alrededor de su rostro debía extenderse en pliegues concéntricos sobre su torso y sus brazos y prolongarse en una túnica, al igual que sus hermanas de Vauclair y Gervazy. Los rostros son serios; el del niño presenta rasgos de adulto.

En el siglo XVI, la antigua estatua fue mutilada. Entonces se reconstruyó toscamente un nuevo cuerpo, al que se pegaron las dos cabezas y que se ocultó con una vestimenta. De Virgen en majestad, pasó a ser una virgen de pie. Afortunadamente, nos queda una foto antigua de ella.

Pasemos a las leyendas. Como ocurre con muchas Vírgenes negras, la primera cuenta que San Luis la trajo de las cruzadas en 1254 y se la regaló a Guillaume de Baffie. Me parece que el pobre hombre debió de haber traído desde aquellas tierras lejanas un carro lleno de estatuas.

La segunda cuenta la historia de un menestrillo (músico de las fiestas de pueblo) que, al querer cantar ante la Virgen, no pudo más que tocar su violín, ya que estaba lleno de pecados. La Virgen le sonrió, inclinó la cabeza, y él pudo retomar su canción.

La tercera nos cuenta la tendencia de la estatua a regresar al lugar que ella misma había elegido: tres veces la trasladaron, y tres veces regresó por sí sola a la orilla del río Aix. La última vez, apoyó la rodilla sobre una roca que conservó su huella. Esta leyenda estaba tan arraigada en la mente de la gente que, después de la Revolución, cuando la estatua fue colocada en la iglesia de Saint-Genis-Laval, la ataron con cadenas al altar sobre el que se encontraba.

Otra leyenda, relatada en los "Misterios del Loira", cuenta que un tal Hugues Baffie, señor y bandido, robó la estatua. Las flores de lis doradas se fueron cayendo poco a poco del manto de la Virgen, dejando en el suelo un rastro a lo largo del camino que había recorrido. Arrepentido, Hugues devolvió la estatua y mandó construir la capilla.

Se invocaba a Nuestra Señora de Baffie para pedir buena salud para los niños y para las malformaciones óseas, sobre todo en las piernas. Fue ella quien, siempre según la leyenda, impidió que la peste llegara a Saint-Germain-Laval. Era la protectora de las uniones matrimoniales, y aún hoy los recién casados le llevan el ramo de la novia como homenaje.  

Por último, Nuestra Señora de Baffie, al ritmo de las estaciones, lleva un vestido de seda blanca en primavera y uno de terciopelo azul oscuro en otoño. Les dejo a ustedes la tarea de profundizar en el simbolismo de todo esto.

19 de abril de 2023

Nuestra Señora de la Cruz de Cubas de la Sagra

Del sitio Una aventura desde Madrid:

En la localidad madrileña de Cubas de la Sagra, situada al Suroeste de la capital de España, se encuentra el Monasterio y Santuario de Santa María de la Cruz y la Santa Juana, el cual estuvo considerado, antes su expolio durante la Guerra de Independencia Española (1808-1814) y de su completa destrucción durante la Guerra Civil Española (1936-1939), como uno de los más ricos de Castilla.

La historia de este recinto monacal comienza en el siglo XV, en particular en el año 1449, con las apariciones de la Virgen María a la niña Inés Martínez Sánchez.

Inés, hija de Alfonso y de Mari, era una chiquilla de orígenes humildes y piadosa condición que con doce años cuidaba cerdos al Sur del pueblo. En estas labores andaba cuando al mediodía del lunes 3 de marzo de 1449, en el lugar conocido como Fuente Cecilia, se le apareció por primera vez la Virgen María en forma de una hermosa señora ricamente vestida que mantuvo con ella la siguiente conversación:

- Virgen María: ¿Qué haces aquí, hija?
- Inés: Guardo estos puercos.
- V. M.: ¿Por qué ayunas los días de Santa María en viernes?
- I.: Porque me lo mandaron mis padres.
- V. M.: Haces bien; pero poco tienes que ayunar este año. Ayúnalo después en los días que cae Santa María, que quien lo ayuna gana ochenta mil años de perdón. Y te mando que digas a toda la gente que se confiese y aderece sus ánimas, que sepa que ha de venir gran pestilencia del dolor de costado y de piedras roñas envueltas en sangre, de lo cual morirá mucha gente.
- I.: ¿Y de esta pestilencia moriré yo y mi padre y mi madre?
- V. M.: Eso será como Dios quisiese.

Inés no se atrevió a contar nada de todo ello, por lo que al día siguiente, e igualmente a mediodía, en el Arroyo de Torrejón, la Señora se le vuelve a aparecer y le vuelve a hablar:

- V. M.: ¿Qué haces aquí, hija?
- V. M.: Hija, ¿por qué no dijiste lo que te mandé ayer decir?
- I.: No lo he osado decir por recelo que no sería creída.
- V. M.: Cuenta que te mando que lo digas, y si no te creyeren, yo te daré señal para que te crean.
- I.: Señora, ¿quién sois?
- V. M.: Eso no te diré ahora.

La tercera aparición de la Virgen fue el mediodía de ese mismo viernes 7 de marzo en Prado Nuevo:

- V. M.: Hija, ¿has dicho lo que te mandé decir?
- I.: Sí, Señora, lo he dicho a mi padre y a mi madre y a otras personas.
- V. M.: Lo has de decir y publicar al clérigo t a todas las gentes sin ningún miedo ni temor.

Una vez de vuelta en su casa, Inés repite esta conversación a sus padres, reaccionando éstos de manera muy distinta, pues mientras que el padre la ordena callar acusándola de mentir, la madre la animaba para que se lo contara a todo el pueblo. Lo cual no era tan necesario porque la mayoría de la población ya se había enterado, acudiendo hasta su hogar muchos vecinos, entre los que se incluye el clérigo Juan González, quien le dice que fuera en ese mismo momento hasta el lugar de las apariciones y que le pidiera una señal para poder creerla.

La cuarta aparición sucedió la mañana del domingo 9 de marzo en el pasaje de la Ciroleda, en el mismo sitio donde posteriormente se levantaría primero una casa en que viven las beatas formando comunidad y siguiendo alguna regla,(beaterio) en 1464 y, posteriormente, entre 1510 y 1543, el monasterio. Allí, Inés, arrodillada, rezaba por que se le apareciera la Señora hasta que ésta llegó y comenzaron esta nueva conversación:

- V. M.: No tengas miedo.
- I.: Señora, ¿quién sois?
- V. M.: Yo soy la Virgen Santa María.

En ese momento, la Virgen se acerca hasta la niña y, tras cogerle la mano derecha, se la aprieta dejándole todos los dedos juntos con el pulgar formando una cruz con los demás mientras le dice:

- V. M.: Anda, vete con esta señal para que crean. Ve a la iglesia, y llegarás cuando salgan de Misa. Enséñalo a toda la gentes para que te crea lo que dices, pues que llevas señal.

Al llegar hasta el pueblo y mostrar la señal, sus habitantes no dudan ya en creerla y marchan en procesión, llevando una cruz construida en el momento, hacia el lugar de la última aparición.

Es ya mediodía de este domingo, 9 de marzo, cuando Inés, tras llamarla dos veces Santa María, marcha hacia donde la llama la Virgen, caminando ambas juntas hasta el lugar donde, arrodillándose, Santa María le coge la Cruz y la clava palmo y medio en el duro terreno, diciéndole:

- V. M.: Hija hinca las rodillas de cara a la procesión, y ten la Cruz hasta que llegue. Han de hacerme aquí una iglesia que llamen Santa María. Tú haz de volver ahora a la iglesia con la procesión. Y con algunas criaturas inocentes estará ante mi altar hoy con la noche. Y me han de decir dos Misas de Santa María ante mi altar, y te han de poner bajo de los evangelios de dichas Misas. Y dichas las dos Misas te han de llevar a la iglesia de Santa María de Guadalupe, y llevarás cuatro libras de cera. Estarás dos días, y a la venida te han de traer acá; haciendo oración la señal será deshecha.

En el momento que Inés les cuenta todo esto a la muchedumbre que se acercaba en procesión y vuelve a la iglesia de Cubas a cumplir con las peticiones de la Virgen, algunos de los vecinos comienzan con fervor a recoger la tierra de las pisadas de la virgen mientras que otros se quedan a guardar la cruz.

El lunes 10 de marzo, Inés procesiona hasta el lugar donde se hallaba clavada la cruz, declara ante cuatro notarios o escribanos de todo lo sucedido y parte por la tarde, acompañada, por entre otros, de su padre, hacia Guadalupe, en Cáceres, para cumplir con lo que le había encargado la Virgen. Tras llegar el 14 de marzo, los frailes médicos le examinan la mano y aunque dictaminan que es una malformación de nacimiento les piden que duerman en el Monasterio de Guadalupe hasta el día siguiente para poder examinársela mejor. Al despertar Inés por la mañana con la mano ya curada, los frailes quedan muy sorprendidos y llevan a la niña ante dos cuadros de Nuestra Señora de Guadalupe para que señale a quien se le había aparecido, reconociendo Inés a la Virgen del cuadro más antiguo.

Inés y los demás regresan de inmediato a Cubas, adonde llegan el 19 de marzo por la tarde. La chiquilla va enseguida hasta el lugar en el que se encuentra clavada la cruz, apareciéndosele de inmediato la Virgen y contestándole a su pregunta de por qué se le había curado la mano en Guadalupe y no en Cubas que:

- V. M.: Eso la enviara a Guadalupe.

Ante todos estos sucesos, el arzobispado de Toledo reacciona con presteza y para el 7 de abril de ese mismo año ya se estaba construyendo la primera iglesia, terminándose el 9 de marzo del siguiente año, justo un año después de la cuarta y quinta aparición en la que Santa María clavó la Cruz. Una vez terminada la Ermita de Santa María de la Cruz, también conocida entonces como Casa de la Virgen, el número de visitantes fue creciendo, existiendo un número de piadosas mujeres de Cubas de la Sagra que deciden irse a vivir en comunidad junto a la Ermita de San Blas, de este mismo municipio, mientras se construye su beaterio junto a la Casa de la Virgen.

En 1464, el beaterio está terminado y las devotas mujeres se trasladan hasta él en calidad de beatas de Tercera Orden de la Penitencia de San Francisco. La primera abadesa fue la misma Inés Martínez a la que se le había aparecido la Virgen; sin embargo, llegó una primera crisis religiosa que hizo que varias de ellas, incluyendo Inés, abandonaran el beaterio. Esta crisis no hay que confundirla con un decaimiento de la fe alrededor de la aparición de Nuestra Señora, ya que si en los meses inmediatos a su aparición fueron censados hasta 20 milagros, en los cincuenta años siguientes fueron otros 70 los que se produjeron, conservándose las actas notariales de todos ellos.

El beaterio prosiguió existiendo tras los abandonos anteriores y, lejos de marchitarse, continuó con su espectacular florecimiento, en especial tras la llegada de Juana Vázquez Gutiérrez, más conocida como “la Santa Juana”. Ésta tomó el hábito como novicia en Santa María de la Cruz el 3 de mayo de 1496 y al año siguiente, igualmente el 3 de mayo, hace profesión solemne con el nombre de Sor Juana de la Cruz. Tras esta profesión, sigue santamente su vida religiosa en el convento hasta el año 1506, en que la comunidad se da cuenta de que Sor Juana ha tenido su primera elevación o sueño místico. En 1507, es desposada místicamente y en 1508, además de aparecerle los estigmas, deja de poder hablar durante once días, lo cual es algo significativo en ella ya que era una carismática predicadora. Al volverle esta facultad, continúa con sus charlas y sermones hasta que el vicario provincial de Castilla, fray Juan de Marquina, le prohíbe hablar al público. Una prohibición que es rápidamente levantada y que más adelante, en 1512, tras ser escuchada por el nuevo vicario provincial, fray Francisco de los Ángeles, es aprobada en cuanto a sus charlas y sus actuaciones.

Durante la Guerra de la Independencia Española, el monasterio sufrió grandes daños, bien por parte de los invasores franceses, quienes robaron el arca de plata que guardaba el cuerpo insepulto de “la Santa Juana” y destrozaron su cuerpo (no hay que pensar que su desenfreno tiene nada que ver con un particular odio a lo español ya que las tumbas de los soberanos franceses de la Basílica de Saint-Denis, cerca de París, en donde también se guarda la del santo rey, San Luis, sufrieron parecido trato durante la revolución francesa), o bien por parte de los propios vecinos de los alrededores, quienes arrancaron y se llevaron desde los mármoles a las vigas del techo. Los restos de “la Santa Juana” fueron recogidos y permanecieron en el convento hasta 1936, cuando, al inicio de la Guerra Civil, fueron ocultados cerca de la cocina del monasterio. En 1990, éstos fueron hallados y autentificados, encontrándose actualmente preservados en una capilla de la nueva iglesia conventual.

Tras el fin de la devastadora contienda con los franceses, el convento continuó con su existencia hasta la Guerra Civil Española, en donde primero fue asaltado y quemado por uno de los bandos para, a continuación, sus restos ser tomados como blanco para prácticas de artillería por el otro. El resultado es que un rico patrimonio construido por la fe y/o el deseo de generaciones de españoles, cuya importancia religiosa podía ser equiparable a la de los santuarios de Fátima o Lourdes, y cuya pertenencia no era de ninguno de los combatientes, fue arrebatado para siempre, quizás por los mismos descendientes de quienes habían dado más de lo que podían para ayudar a su existencia.

1 de agosto de 2022

Nuestra Señora La Saulnerie o La Sarracena

Del sitio Et mainteinant une histoire: 

Durante siglos y siglos, hasta que una mano profanadora la destruyó en 1793, bajo el Terror, se veneró una singular estatua de la Virgen en una capilla muy antigua, en La Saulnerie, en Tardenois, no lejos de Reims, en Champaña. Esta estatua tenía una extraña línea de hierro, de unos veinte centímetros, profundamente incrustada en la rodilla izquierda. Se llamaba "el sarraceno", pero nadie sabía por qué.

El reciente descubrimiento de una antigua leyenda de la Champaña ha dado por fin la última palabra sobre esta historia poco conocida. Merece ser contada. Por lo tanto, se lo contaré aquí.

Fue en el año 1249. En aquella época, bajo el estandarte de la flor de lis de Francia, siguiendo al santísimo rey Luis IX, los condes y barones de Anjou, Champaña o Poitou, los duques, vidames o simples señores de Auvernia y Normandía, de Flandes, Artois o Lorena, todos los grandes señores o pequeños príncipes partían hacia el lejano Oriente.

Esta séptima Cruzada se embarcó el 25 de agosto de 1248 en el puerto de Aiguës-Mortes, en el Golfo de León, que había sido adquirido recientemente por San Luis, precisamente para que la expedición cristiana pudiera partir de un puerto francés.

Una Cruzada no era una empresa pequeña, conducida apresuradamente y pronto completada. Los ejércitos partieron durante varios años y con ellos una considerable multitud de personas muy humildes que no llevaban ni cascos ni estandartes, sino, muy modestamente, las herramientas de su oficio: Los yunques de los herreros o los picos de los constructores, las sábanas y las tijeras de las modistas, las amasadoras y los hornos de los panaderos, los arados y las azadas de los labradores... ¿No se debía prever, para tanta gente que se exilia a través de los mares a lugares que eran hostiles de antemano, que tendrían que contar sólo con ellos mismos?

Y así fue como Thibaut de La Saulnerie, en Tardenois, hijo de un humilde fabricante de salchichas, se vio atraído por la séptima Cruzada a sus trece años. Su padre, al que el Sire de Montmirail había contratado para la expedición, se había visto obligado, al ser viudo, a llevar a su hijo con él a la gran aventura. En la primavera de 1249, Thibaut desembarcó en Egipto, ya que el rey Luis había elegido este país para lanzar sus primeros ataques.

En un principio fue un gran éxito, ya que los cruzados lograron apoderarse de Damietta casi sin golpes.

¡Ah! ¡Cómo encontró Thibaut la Cruzada, al mismo tiempo, la cosa más santa, ciertamente, la cosa más agradable que se podía concebir en este mundo! Navegaron por mares magníficos, descubrieron países de oro y azur, de los que huyeron los enemigos, dejando tesoros inestimables en manos de sus vencedores.

Todos fueron muy buenos con Thibaut, desde los más grandes jefes, como el Senescal de Francia, Monseñor de Joinville, hasta el último de los soldados. Todos estaban fraternalmente unidos, con el mismo espíritu de fe, valentía e inmensa esperanza.

La vida de Thibaut no iba a seguir siendo tan buena durante mucho tiempo. Los cruzados pronto sufrieron terribles reveses. Una desafortunada expedición llevó al hermano del rey de Francia, el conde de Artois, a un callejón sin salida, lo que desgraciadamente condujo al fracaso de toda la Cruzada, que había comenzado tan magníficamente, con la captura final del rey Luis. Se trataba de eliminar una importante fortaleza: la de Mansourah, situada en el centro del delta del Nilo. Una gran zanja, tan ancha como el Marne en el país de Thibaut: el canal de Aschoum, había requerido la laboriosa construcción de un dique sobre el que 60.000 cruzados, incluidos 20.000 a caballo, habían podido precipitarse con éxito hacia Mansourah desde su primer asalto. Fue una lástima que sólo la vanguardia fuera capaz de penetrar en el bastión. Un contraataque sarraceno partió en dos al ejército cristiano y la situación se volvió trágica. Durante varios días, se sucedieron los enfrentamientos cuerpo a cuerpo, y la sangre fluyó libremente. ¿Prevalecería la media luna de los infieles sobre la Cruz de los valientes caballeros?

En Damietta, las noticias llegaron de forma desastrosa. Constantemente llegaban refuerzos, mientras que los carros se llenaban de hombres de armas muertos y heridos. Thibaut hizo todo lo posible por ayudar a los monjes que enterraban los cadáveres y curaban las heridas.

Un día se decidió que una procesión, encabezada por el arzobispo de Reims, siguiera el camino del dique para ir, en medio de la batalla, a rogar a Dios que devolviera a las flores de lis de Francia una victoria que parecía cada vez más comprometida. Thibaut partió, entre los clérigos, detrás de un catecismo -Virgen y Niño de madera-, una pequeña estatua de la Virgen que era llevada en alto por encima de las cabezas con casco, cantando himnos. Lo que el pequeño Champenois vio al llegar cerca de Mansourah superó en horror todo lo que podía imaginar. Cruzados y mamelucos se enzarzaron en un incesante combate cuerpo a cuerpo, en un terreno fangoso, cambiante y abominable. Había llegado la época de estiaje y el campo de batalla era ya una vasta extensión de limo negro y apestoso. La procesión tuvo que detenerse a cierta distancia de este espantoso espectáculo, y se vio al obispo de Champagne arrodillado en su púrpura en el barro mugriento, con los brazos extendidos en cruz, invocando al Dios de los ejércitos, bendiciendo a los moribundos y animando a los valientes héroes que luchaban uno contra diez.

Entonces ocurrió algo terrible: ¡un torbellino, una tromba de agua de fuego cayó sobre la piadosa procesión! Los monjes se derrumbaron, horriblemente quemados vivos. El pánico dispersó al pueblo. ¿Qué fue eso? "Wildfire", el arma más formidable de la época, que consistía en una mezcla de aceite de nafta, alquitrán y brea que podía encender los incendios más terribles incluso en los cascos de los barcos sumergidos.

Thibaut, tras largos minutos de angustia, se encontró tumbado entre los cadáveres, justo al lado de la pequeña Virgen de madera. ¡Un milagro! Como él, la estatua de la Madre de Dios estaba intacta. La levantó en brazos y, como había visto hacer a uno de los monjes, trató de sostenerla por encima de los muertos y moribundos.

De repente vio a un audaz caballero luchando solo con tres mamelucos de rostro aterrador, que le amenazaban con sus terribles yataganes curvos, contra los que el infortunado sólo tenía una pobre espada rota para defenderse.

Thibaut no dudó y partió con su estatuilla para ayudar a este hombre perdido. Al pasar, recogió otra espada cerca de un hombre muerto. Alcanzó al caballero por detrás y pudo entregarle el arma. En cuanto tomó en su mano una espada digna de su valor, cortó con la espada y el corte con el ardor de un león y puso en fuga a los mamelucos.

La tarde estaba cayendo. El feroz asalto de los infieles pareció suspenderse por un tiempo. Thibaut, el hijo del panadero de La Saulnerie, y el desconocido caballero se encontraron solos en este siniestro campo de la derrota.

El caballero se quitó entonces el casco y Thibaut cayó de rodillas. Era el mismísimo rey Luis al que había llevado una espada. También el rey se arrodilló y juntos el príncipe y el niño dieron las gracias.

Tuvieron que esperar hasta el final de la noche antes de pensar en volver al cuerpo principal de las diezmadas fuerzas que se oía reunirse penosamente al norte, hacia Damietta.

Al amanecer partieron con cautela, el Rey de Francia y el hijo del salinero, llevando devotamente la pequeña Virgen de madera sobre sus hombros.

Fue en este triste viaje de vuelta cuando una flecha, lanzada a traición por algún infiel escondido entre los cadáveres, alcanzó a la estatua en la rodilla izquierda. ¡El augusto rostro del santo rey Luis estaba exactamente detrás de los pliegues del vestido de la Madre de Jesús! Si la estatua no hubiera estado allí, la flecha lo habría matado de un solo golpe.

En el momento en que la Virgen María, por este notable prodigio, acababa de salvar al rey Luis, llegó un refuerzo que sacó al príncipe y a su acompañante de su peligrosa posición.

En Damieta, se dice, Luis IX entregó a Thibaut la Virgen de madera, penetrada por el golpe que debía haberle quitado la vida, pidiéndole que la llevara a su pueblo cuando regresara a Francia, con la misión de colocarla en el lugar de honor de su iglesia y de rezar ante ella diez avemarías cada día por la salvación de las almas de los cruzados caídos por amor a Dios...

Y así fue como en La Saulnerie, en Tardenois, desde 1254, fecha del regreso a Francia de la séptima Cruzada, hasta la gran Revolución, se veneró a la Virgen, conocida como la "Sarracena", portando una línea de hierro en su rodilla.

21 de febrero de 2019

Nuestra Señora de las Campanas

Del sitio Roman Catholic Saints:

"Saintes" es la traducción inglesa de la palabra francesa que significa santas. Hay una gran cantidad de historia en la región de Poitou-Charentes, en el oeste de Francia, donde se encuentra la ciudad de Saintes.

La ciudad de Saintes fue originalmente un próspero asentamiento en la antigua Galia situado a lo largo del río Charente. La ciudad fue conocida como Mediolanum Santonum una vez conquistada por los romanos bajo Julio César, y los restos del arco triunfal de Germánico y de un gran anfiteatro todavía se pueden ver allí hoy en día.

La ciudad toma su nombre, Saintes, debido a una leyenda fascinante que muchos todavía creen piadosamente. Según esta tradición, María Salomé y María Jacob, acompañadas por otros discípulos de Jesucristo, se vieron obligadas a huir de Tierra Santa hacia el año 45 d.C. Salieron en un barco sin vela, y fueron milagrosamente transportados a través del Mar Mediterráneo, haciendo tierra cerca del lugar que se conoció como Saintes Maries de la Mer. 

Mucho antes de la llegada de los santos, desde la prehistoria, Saintes Maries de la Mer (Santa María del Mar) había sido considerada un lugar santo. Esta tradición fue continuada por los celtas y luego por los romanos. Se tiene constancia de que San Eutropio fue obispo en el siglo III y que la primera catedral fue reconstruida por un personaje, nada menos que Carlomagno.

Los invasores normandos quemaron la ciudad dos veces durante el siglo IX. Allí se refugió Ricardo Corazón de León contra su padre, y el rey San Luis IX derrotó a los ingleses en las llanuras ante la ciudad. La Catedral de San Pedro, construida en el siglo XII, fue severamente dañada por los hugonotes en el año 1568. Su obispado terminó en 1790 debido a la opresión de la Revolución Francesa. La iglesia ha quedado reducida a ser sólo un monumento histórico.

Se recuerda, sin embargo, que hace un tiempo, el octavo día de la Purificación, las campanas de la Catedral de Saintes, Francia, resonaban dulcemente en su interior. Los sacristanes, corriendo hacia la iglesia, vieron lo que parecían ser varios hombres desconocidos que sostenían candelas encendidas y cantaban melodiosamente himnos en honor de la Santísima Virgen, Nuestra Señora de las Campanas, que era venerada en una capilla de esta iglesia.

Acercándose suavemente, ellos -los hombres que habían corrido a la iglesia- rogaron al último de estos hombres que llevaba velas encendidas, que les diera una en prueba del milagro que habían presenciado. Los portadores de luz cumplieron gentilmente.

Este candelabro, o vela, en recuerdo de Nuestra Señora de las Campanas, se dice que se ha conservado en esa iglesia hasta el día de hoy.

13 de diciembre de 2018

Nuestra Señora de la Santa Capilla

En París en 1239, Luis IX rey de Francia (luego canonizado por la iglesia católica), lleva ya tiempo dando muestras de su interés por los asuntos religiosos. Su espíritu le conducirá unos años después a participar en la séptima y la octava cruzadas, muriendo en Palestina durante ésta última.

Pero en este año el futuro San Luis ha logrado adquirir por una elevada suma lo que para él resulta una pieza excepcional: la corona de espinas que ciñó la frente de Jesús durante su calvario. Una reliquia inigualable a la que el rey piensa acompañar de otros objetos igualmente de interés. Poco después ya posee un trozo del santo madero donde fuera crucificado Jesucristo.

Así pues, el rey toma la decisión de disponer dentro del conjunto de los palacios reales, de un templo donde pueda darse culto específico a estas reliquias procedentes de Tierra Santa.

Se encarga la construcción del edificio al arquitecto Pierre de Montreuil, quien da inicio a las obras en el año 1242, y las finaliza 6 años después, considerándose un plazo muy breve para la época. Surgió así la Santa Capilla de París, una de las joyas de la arquitectura gótica francesa.

Este templo relicario presenta numerosas pecularidades. Una de ellas es que se trata de un edifico de dos plantas. La capilla inferior, dispuesta en tres naves, se consagró a María Santísima de la cual se celebra hoy su dedicación y que tiene atribuidos muchos milagros.

30 de diciembre de 2017

Nuestra Señora de Boulogne

Del sitio Marie de Nazareth:

En Francia, Pas de Calais, diócesis de Arras

La aparición de la Virgen en Boulogne Sur Mer está registrada en manuscritos de finales de la Edad Media. El relato es simple, con dos variantes:

* Una señora muy bella llega del mar en barco, en una barca sin vela, sin cuerda y sin remos. Los burgueses a quienes se les aparece le preguntan su nombre. Ella responde que es "la abogada de los pecadores, fuente de gracia, fuente de la piedad”. Luego, les entrega su mensaje: “Quiero que una luz divina descienda sobre vosotros y sobre vuestra ciudad”.... Amigos, haced edificar en mi nombre una iglesia.” (fuente: Sbalchiero)

* Hacia el año 636, en tiempos del rey Dagoberto I, San Omer era obispo de esta región. Al caer la tarde, el pueblo de Boulogne estaba reunido en una capilla cubierta de juncos y ramas, situada en la parte alta de la ciudad, cuando la Madre de Dios apareció y le dijo a los fieles que se dirigieran hacia la ribera donde les esperaba una visita maravillosa. Ellos corrieron hacia el lugar señalado y ahí encontraron una barca sin vela, sin remos y sin mástiles, sobre la cual esta posada una Virgen de madera, aproximadamente de un metro de altura con el Niño Jesús el cual sostenía con el brazo izquierdo. Ambos destellaban una luz extraordinaria con una impresión de calma, de paz, de felicidad. (Fuente: website de la catedral)

Hacia el año 1100, la condesa Ide de Boulogne, que después llegará a ser Santa Ide, hizo construir una iglesia romana. Los trabajos duraron 200 años. El coro gótico cierra el conjunto a principios del siglo XV.

En el siglo XIII, se dice que Boulogne era como Lourdes hoy

A partir de los siglos XII y XIII, los peregrinos afluyen a Boulogne sur Mer que se convierte en una etapa en el camino hacia Santiago de Compostela. En Boulogne se detienen cuando vienen de Inglaterra o de Bélgica, o cuando suben de España o de Italia. Hay numerosos testimonios del paso de célebres peregrinos: Lanfranc, arzobispo de Canterbury, San Bernardo, que vino del Medio Oriente, hacia 1050, el obispo de Antioquia y el del Monte Sinaí. Luego en el siglo XIII el rey Felipe Agusto, San Luis, Enrique III de Inglaterra, Francisco I y muchas curaciones se dieron por intermedio de Nuestra Señora de Boulogne.

En 1553, el emperador Carlos V manda arrasar Thérouanne, a 20 km. de Boulogne, donde estaba el obispo de la región. El obispo viene a residir a Boulogne y la iglesia se convierte en catedral

Pero el siglo XVI es el siglo de las guerras de religión. En Boulogne, los Hugonotes se ensañan contra la catedral, quiebran los vitrales, queman los enmaderados y sobre todo tratan, en vano, de romper y de quemar la estatua. Esta es finalmente lanzada entre un montón de estiércol y luego en un pozo. La mujer de Huguenot, que era muy piadosa, la saca secretamente del pozo y la esconde en su desván donde permanecerá más de 30 años antes de volver a la catedral. Estaba en muy mal estado, pero en seguida comienzan los milagros y prueba su autenticidad.

En 1630, Monseñor Le Bouthiller reconstruye la catedral.

En 1789, con la revolución, iglesias y conventos fueron declarados propiedades del Estado. El mobiliario fue vendido y destruido. La estatua fue quemada en 1793. La mano derecha; que se había desprendido antes es el único vestigio de la estatua original. (se conserva un trocito en un relicario bajo el domo) La catedral sirve de arsenal, de depósito, y después es vendida a traficantes extranjeros en la ciudad, demolida y vendida piedra tras piedra.

A partir de 1820, el abad Haffreingue consagra su vida a la construcción de la catedral, de la cual él mismo será el arquitecto, inspirándose en la de San Pablo de Londres y en las grandes basílicas romanas. Su plantel de construcción emplea a 160 obreros a cuyos trabajos él se unía con el mayor gusto. Quería que la pudieran ver desde Inglaterra y que fuese como una oración permanente elevada hacia el cielo por la reunión de las comunidades protestantes y católicas, en una sola iglesia. El abad Haffreingue era muy modesto. Al exterior de la catedral, delante del atrio, se puede leer bajo el portal central “A domino factum est”: esta es la obra del Señor.

De 1943 a 1948, cuatro reproducciones de la Virgen de Boulogne, llamada también “Nuestra Señora del Gran Retorno”, cada una montada sobre un coche, recorrieron 120 000 km. a través de toda Francia, visitaron 16.000 parroquias y provocaron un gran renacimiento de la fe, de oraciones y conversiones a su paso. La estatua de la Virgen llevada en barco iba acompañada de una petición de liberación de Francia que cobra todo su sentido en el contexto de fines de la Segunda Guerra Mundial.