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19 de junio de 2024

Nuestra Señora de las Rosas

Del sitio Foros de la Virgen:

Durante la noche entre el 3 y el 4 de enero de 1417 la Santísima Virgen se apareció a dos mercaderes. Estaban en oración a ella porque se habían extraviado. Primero se les presentó diciéndoles “ESTE ES EL CAMINO, VAYAN POR AHÍ”. Y mas tarde se les mostró sentada sobre una guirnalda de rosas, lo que dio nombre a la advocación.

Se construyeron varios templos sucesivamente y la imagen mostró ser muy milagrosa. Como en 1855 que libró a la población de una epidemia de peste…

A pocos kilómetros de Bérgamo, sobre la ruta que va al Balneario Trescore, en una apacible llanura, se encuentra Albano Sant’Alessandro. Una pequeña ciudad ilustre tanto por sus orígenes romanos, como por haber sido luego escenario de numerosos episodios históricos y de sangrientas batallas entre Güelfos y Gibelinos. En nuestro tiempo es reconocida por el bello Santuario de Nuestra Señora de las Rosas.

Hasta 1855, aquel que transitase por esa carretera iba a encontrarse con una pequeña y rústica Capilla sin nada en particular, ni pinturas ni inscripciones, que indicase su propósito y significado. La única particularidad era la devoción y reverencia que demostraban hacia ella quienes por allí pasaban. 

El Párroco de Albano se dedicó con piadosa perseverancia a investigar entre los documentos antiguos si aquella devoción provenía de alguna tradición popular. Pero no encontraba datos que lo confirmaran con solidez. Los más viejos y mejor informados del pueblo, aseguraban que, según contaban sus mayores, en aquel lugar se había obtenido una gracia prodigiosa.

Ávido de rastrear ese culto vago, pero no obstante siempre vivo; así como algún dato sobre la historia de aquella capilla humilde y ruinosa, pero que aun en su simpleza y vetustez inspiraba tanta devoción, hurgó entre las viejas cartas de la Parroquia, consultó los antiguos archivos de las bibliotecas, indagó y revisó leyendas, crónicas y relatos tradicionales de Bérgamo. Hasta que por fin logró trazar una minuciosa historia sobre los hechos maravillosos a los se debía la devoción que aquella pobre y deteriorada Capilla había representado para tantas generaciones.

De esta recopilación, impresa en Bérgamo en 1880, podemos obtener una justa idea sobre el origen del Santuario de la Virgen de las Rosas en Albano Sant’Alessandro.

La noche entre el 3 y el 4 de enero de 1417, dos mercaderes de la Romagna que se dirigen desde Brescia rumbo a Bérgamo, se extravían en medio de un bosque cercano a un poblado llamado Albano.

Bérgamo dista tan sólo ocho kilómetros de allí, pero para ellos no ven salida: en la oscuridad, entre espinos y charcas cubiertas de nieve, presienten que van a morir de frío y de miedo. Ruegan entonces fervorosamente al Señor, invocando a la Virgen y prometen construir una capilla en su honor, si consiguen librarse de esa desesperada situación.

De pronto, desde el cielo, rompiendo las tinieblas, brotan unos rayos de luz y una estela brillante de rocío les indica el camino. Recobrando el ánimo y llenos de gratitud siguen aquel sendero que parece decirles: “este es el camino, vayan por ahí”. Que por fin los devuelve a la ruta principal, y así amparados por una acogedora claridad, llegan en poco tiempo a la ciudad de Bérgamo.

Embargados por el deseo de agradecer de inmediato a la Virgen, acuden a la basílica de Santa María la Mayor, quieren entrar, pero dada la hora de la noche, todavía está cerrada. Buscan cobijo en una torre cercana, que hallan abandonada y abierta, semiderruida y maltratada por tantas guerras. Ingresan temerosos y vacilantes por la densa penumbra que reina en el recinto, con ansia de recogerse en oración.

Pero de pronto un gran resplandor les corta el paso y los envuelve, al tiempo que elevándose desde la tierra, sentada sobre una guirnalda de rosas que la adorna por completo, aparece la Virgen Inmaculada estrechando contra su pecho al Niño Jesús. Quien a su vez sostiene en una de sus manitos un ramillete de rosas blancas, en gesto de ofrecimiento a la Madre. Los ojos de la Virgen y del Divino Hijo se vuelven complacidos hacia los dos mercaderes, a esta altura fuera de sí ante aquel espectáculo celestial. Desde esa noche, el lugar de la aparición será llamado la Colina de las Rosas.

Al romper el día, la noticia se difunde como mancha de aceite, llega a oídos del Obispo y de las Autoridades Civiles. El prodigio es juzgado por todos como un signo de bienaventuranza de parte del Cielo hacia la ciudad de Bérgamo afligida por tantos problemas, hacia una Italia martirizada por encarnizadas enemistades y discordias, hacia la Iglesia desgarrada por las divisiones del cisma. San Bernardino de Siena, que por aquellos días se encuentra en Bérgamo, considera que aquella aparición nocturna es una bendición de la Virgen. 

Todos coinciden en la intención de erigir un Templo en reconocimiento por las abundantes gracias de la Virgen. Así el obispo de Bérgamo, Monseñor Francesco Agazzi, informa al Papa Martín V, electo por el Concilio de Costanza el 11 de noviembre de aquel mismo año de 1417. De este modo es el propio Papa quien autoriza la construcción de la iglesia dedicada a Santa María de las Rosas que sería inaugurada el 30 de mayo de 1418. En 1425 el obispo Agazzi, a pedido personal de San Bernardino de Siena, inauguró a su vez el monasterio anexo de las Hermanas Clarisas. Este Santuario bergamasco fue destruido hasta sus cimientos en 1846.

Por su parte, mientras en Bérgamo se cursaban las gestiones para aquella construcción, los dos afortunados videntes vuelven a Albano y compran el terreno donde tuvieron la primera visión, en el punto exacto donde el sendero de luz se introdujo en la ruta principal a Bérgamo. Y levantan ahí la Capillita que convocará la devoción de los fieles por 438 años, hasta 1855.

Cuando, finalizada la terrible epidemia de cólera, por voto unánime de la población va a ser edificado el Santuario que, varias veces remozado con el correr de los años, se mantiene hasta hoy para nuestra admiración. La devoción a la Virgen de las Rosas, que con el paso del tiempo había ido decayendo, vuelve a encenderse en Albano al desatarse la epidemia de cólera de 1855.

A instancias del Comuno Suardi –que ya desde 1853 se hallaba empeñado en reavivar la memoria y la fe en aquellos prodigios de 1417-, el Párroco de entonces, Don Giacomo Canini no sólo exhortó a su grey a recurrir con la oración a la Virgen de las Rosas, sino también a prometerle la construcción de un Santuario en el predio de la capilla si les concedía la gracia de poner término al contagio. La oración y el voto formulado obtuvieron la respuesta deseada. El contagio cesó y el 20 de setiembre de 1855 fue colocada la primera piedra del nuevo Santuario fue solemnemente inaugurado el 4 de enero de 1858, recordando el milagro ocurrido cuatro siglos atrás.

Lamentablemente este edificio se demostró bien pronto totalmente inadecuado e insuficiente, por lo que el 6 de marzo de 1879 el Santuario debió ser demolido, dando inicio de inmediato a las obras para la construcción del nuevo templo que sería abierto al culto en 1883.

En el 1900, el ábside y la cúpula del Templo son ornados con frescos de Luigi Tagliaferri, las paredes laterales decoradas con cuadros de la Natividad de María y de la Declaración de Jesús desde la Cruz de Vittorio Manini; el cuadro central de la Aparición y los medallones de entorno son de Arturo Compagnoni.

El mayor deseo de los fieles hubiera sido ver la imagen de la Virgen de las Rosas coronada en 1917, quinto centenario de la Aparición, pero la feroz guerra que entonces azotaba al mundo entero lo impide, postergando la solemne ceremonia hasta el 14 de setiembre de 1920.

La devoción a Nuestra Señora de las Rosas se fue extendiendo, naturalmente, mucho más allá de las fronteras locales, especialmente durante las últimas guerras mundiales. La fiesta de la Aparición se conmemora cada 30 de mayo, pero se festeja también el último domingo de mayo con una celebración solemne, y también los días 3 y 4 de enero, que fue cuando se presentó la aparición.

24 de octubre de 2021

Nuestra Señora de las Nieves Patrona de la Isla de Palma

 

Del documento NUESTRA SEÑORA DE LAS NIEVES. Patrona de la Isla de La Palma. Apuntes sobre la Imagen, su Santuario y su Bajada:

La escultura de la Virgen de Las Nieves es, probablemente, la imagen mariana más antigua de cuantas se veneran en las Islas. Se trata de una imagen gótica, con reminiscencias del románico, de 57 cm. de altura, modelada en terracota, de origen probablemente sevillano de finales del siglo XIV, (aunque algunas opiniones se remontan al siglo XIII). 

En su policromía original la Virgen viste traje de  color rojo, manto azul que lleva por los hombros, y toca blanca por la cabeza; la orla y el cintos son dorados. En la mano derecha sostiene la imagen del Niño, de 12 cm. de altura, el cual lleva un traje de color dorado, sostiene un libro sobre la mano derecha mientras que la izquierda se une con la de la madre. En la actualidad, al venerarse sobrevestida, la imagen alcanza la altura de 82 cm. 

Ya en el año 1534 aparece inventariada una “toca” para la imagen, lo cual nos indica que desde muy antiguo se comenzó a sobrevestir, al menos parcialmente, dejando visibles la figura del Niño y las manos propias. 

A principios del XVII, la imagen fue retocada por el pintor Juan de Sosa, ya que la  cabeza del Niño Jesús se hallaba “quebrada por el cuello pegada con cera” (Libro de Visitas y cuentas de fábrica, Inventario de 1618). En parte debido a este deterioro que la imagen iba sufriendo, en parte por la costumbre cada vez más extendida por entonces de venerar las imágenes de la Virgen sobrevestidas, llevaron a tomar la decisión, desde mediados del siglo XVII, de cubrirla totalmente tal como la conocemos hoy, dejando al descubierto solamente el rostro, y sobreponiéndole unas manos y una imagen del Niño postizos. Este hecho está atestiguado en 1681 cuando el Visitador Pinto de Guisla indicaba ya que esta venerada escultura era de “talla cuia materia es piedra, pero se uiste y adorna como si se hubiera hecho para vestir”.

El franciscano Fray Diego Henríquez, en su obra manuscrita “Verdadera fortuna de las Canarias. Breve noticia de la milagrosa imagen de Nuestra Señora del Pino” (1714), en la que también trata de otras imágenes veneradas, entre ellas la de Nuestra Señora de Las Nieves, la describía así: “es esta venerable imagen de escultura algo menos de una vara de alto; su materia de piedra extraordinaria entre roja y blanca; el rostro es perfecto y lleno; los ojos, rasgados y abiertos que parecen mirar a todas partes; las mejillas rosadas; el color moreno, no con exceso obscuro; obstenta magestad y mueve a veneración y devoción; la túnica es roja y ceñida con cíngulo; el manto es azul; el Niño le sale del corazón, dentro de la cual esta incluida la mayor parte del cuerpecito; falta a la imagen la punta de la nariz y al Niño en algunas cuasi fisuras su primero barniz y, aunque diestros pintores han procurado suplirlo, no lo aceptan ni el hijo ni la Madre, pues luego lo expelen, demostración que bastantemente explica la desigualdad y que no se proporcionan ni estos betúmenes a aquellos barnices, ni los maestros mas diestros...

Respecto a la fecha de la llegada de la imagen a la isla es aún una cuestión controvertida, sobre la cual existen diversas hipótesis. De una Bula del Papa Martín V, fechada en Roma el 20 de noviembre de 1423, se deduce la existencia de una capilla en la que se venera una imagen bajo la advocación de “Santa María de La Palma” y, según dice, “con templos en las demás islas”. Es decir, que su devoción se extendió por todas las islas.

Todo ello hace suponer que ya en la época prehispánica había llegado la imagen a la isla, probablemente traída por frailes misioneros, bien procedentes del recién creado Obispado de Telde, bien por incursiones de otros navegantes como los normandos. Esta hipótesis concuerda con la costumbre, también llevada a cabo en otras islas, de depositar una imagen sagrada de la Virgen María como precursora de la posterior evangelización.

Asimismo existen teorías que vinculan la llegada de la imagen con la conversa Francisca de Gazmira o, incluso, a Alonso Fernández de Lugo, dueño de Agaete, donde había entronizado a “Santa María della Neve”, advocación bajo la cual allí también se sigue venerando a la Virgen. En todo caso, parece claro que la imagen de la Virgen de Las Nieves ya estaba presente en La Palma antes de que la conquista llegase a su término, el 3 de mayo de 1493. Así, la referencia más antigua aparece en los repartimientos de tierras que el Adelantado Fernández de Lugo mandó hacer en 1507, recogidos en el “Libro de Repartimientos”, donde se menciona un solar “que ansi mesmo le dio en Santa María de las Nieves”, dato que indica que la Virgen ya entonces daba nombre al lugar donde hoy se venera.

La devoción a esta imagen fue creciendo desde su llegada a la isla, y prueba de ello son los diversos reconocimientos de que ha sido objeto a lo largo del pasadosiglo XX: el 22 de Junio de 1930 la imagen fue coronada canónicamente, con la asistencia del que era Obispo Diocesano, Dr. Fray Albino González Menéndez-Reigada y el entonces Nuncio, Mons. Federico Tedeschini ofició la ceremonia. Asimismo, la Virgen de Las Nieves, juntamente con San Miguel Arcángel, fueron declarados patronos principales de toda la Isla de La Palma por decreto de Pío XII, fechado en Roma el 13 de noviembre de 1952.  Por último, es digno de mención cómo la mayoría de los municipios palmeros han ido declarándola Alcaldesa Honoraria y Perpetua. La imagen tiene honores reales.

22 de enero de 2019

Nuestra Señora de Ceignac

Del sitio Pèlerinages de France:

La basílica de Notre-Dame de Ceignac está situada en el municipio de Calmont, en las montañas de Ségala, a unos doce kilómetros de Rodez, en la región del Aveyron. Este lugar espiritual en Rouergue tiene una historia muy larga dedicada a la Virgen María.

Los historiadores atribuyeron su fundación al mismo San Marcial cuando vino a evangelizar Rouergue, pero no tenemos pruebas de esta fundación.
Por otra parte, tenemos dos historias del santuario: la primera, escrita por el Padre Cavaignac, jesuita, en 1610; la segunda, por el Padre Nazeau, prior de Ceignac, en 1697. Además, el caballero de Rudelle, sacerdote de Ceignac, elaboró una tercera en 1823, tomada en 1890 por R. -Père Drochon, de la que nos hacemos cargo aquí: "la tradición común, basada en un título antiguo, tomado de su antiguo original por el maestro Jean Bergonhou, notario, el 7 de julio de 1307, nos muestra que alrededor del año 1150, había en Hungría un príncipe palatino ciego, muy devoto de la Santísima Virgen, a quien había acostumbrado a invocar a menudo en una capilla, encendiendo incesantemente siete lámparas delante de su imagen. Rezándole una tarde, la Santísima Virgen se le apareció en visión, y preguntándole qué quería de Ella, le contestó que era un placer para él darle la vista: "Te la concederé", la Santísima Virgen se marchó de nuevo, "pero no en este lugar": vayan al reino de Francia, a una capilla devota construida y dedicada a mi nombre cerca de la ciudad de Rodez, en el bosque de Cayrat, llamado así por las montañas, entre los ríos Aveiron y Viaur; allí es donde responderé a sus oraciones". El príncipe partió y atravesó el mar Adriático, donde una tormenta le provocó la pérdida de parte de su pueblo. Luego fue conducido a pie a través de las montañas del Languedoc hasta la capilla de las Montañas, donde, después de haber saludado a la Santísima Virgen, entró y comenzó la Misa, durante la cual recibió tres gracias extraordinarias, la primera de las cuales fue la recuperación de la vista, durante la elevación del Santísimo Sacramento, de la que disfrutó el resto de su vida; la segunda gracia que recibió allí fue la curación de las fiebres con las que trabajaba; y la tercera, que no parece menos milagrosa, fue el inesperado encuentro de su pueblo que se encontraba disperso en el mar.

"Después de haber cantado el Te Deum en acción de gracias, reanudó su viaje desde Hungría, pasando por Rodez para visitar al obispo, del que obtuvo que esta capilla se llamara en adelante Ceignac, en memoria de un centenar de hombres de su entorno, milagrosamente encontrados en este lugar, contra toda esperanza. Y recordando siempre estas gracias singulares que había recibido, magnificó con extrema alegría la bondad y la misericordia de Dios, por la milagrosa ayuda que había recibido de la Virgen en su iglesia de Ceignac, que desde entonces ha sido este gran milagro mucho más ilustre y recomendable que antes."

El autor, informa de nuevo R. -Padre Drochon, luego enumeró una multitud de otras curaciones, obtenidas en varias ocasiones, el rico ex-voto, como cuatro lámparas de plata, dadas por los señores de Arpajon, los señores de Calmont-de-Plancatge, otros seis por el Cardenal Pellagrue, pariente del Papa Clemente V, uno por Jean d'Amboise, Obispo de Maillezais, tres por los señores de Planèzes.

El santuario se convirtió en un lugar de peregrinación. En 1420, el Papa Martín V concedió la indulgencia plenaria a los peregrinos que acudían a esta iglesia para las grandes fiestas de la Santísima Virgen María y el domingo siguiente a la Asunción, "el día del gran Perdón de Ceignac". Estas indulgencias fueron confirmadas y aumentadas por el Papa Alejandro VII, a petición del Obispo de Rodez, Hardouin de Péréfixe.

La ciudad de Alby, por su parte, reconoció en 1629 que debía a Notre-Dame de Ceignac por el cese de la plaga de la peste. En 1652, fue la ciudad de Rodez la que, a su vez, se benefició de la protección mariana para protegerse de la plaga de la peste, que entonces se extendía por toda la región, después de que una procesión de los habitantes y cónsules de Rodez se dirigiera a Ceignac. Así lo atestiguó un testigo, el Padre Le Beau, mientras trabajaba en una biografía del Beato Francisco de Estaín, obispo de Rodez. Un cuadro, donado por la ciudad en agradecimiento, fue destruido durante la revolución. La estatua de la Virgen María del siglo XIII, por otra parte, podría salvarse del fanatismo revolucionario.

En 1837, las antiguas indulgencias fueron confirmadas por el Papa Gregorio XVI. En 1873, una gran peregrinación reunió a 30.000 peregrinos en la cabecera de Notre-Dame de Ceignac. En 1876, la venerable estatua fue coronada por el Cardenal Guibert, Arzobispo de París, en representación del Papa Pío IX, en grandes solemnidades celebradas en Rodez.

En 1930 se añadió una segunda iglesia a la primera; la nave central, de estilo románico, es de la parte antigua del edificio, pero la basílica data principalmente de los siglos XV y XVI. En el santuario, se puede admirar el estadio en particular