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15 de marzo de 2026

La hora de Nuestra Señora como Madre

 


Del sitio Zenit:

Mientras que el Viernes Santo es por excelencia la "Hora" de Jesús, que amó a los suyos hasta el punto de ofrecerse en el altar de la Cruz, el Sábado Santo es la "Hora" de la Madre, la cumbre de su largo y fatigoso camino de fe. María se situó al pie de la Cruz, como la nueva Eva, uniéndose al sacrificio de su Hijo y acogiendo como hijos suyos a todos los hombres redimidos por su divina Sangre.

Cuando los discípulos depositaron a Jesús en el sepulcro la tarde del Viernes Santo, la fe de María no se quebró, ni tampoco su unión indisoluble con su Hijo Redentor. Al contrario, solo en Ella se encontraba la fe de toda la Iglesia, y en Ella se reunían las esperanzas del mundo. Por eso es la Madre de nuestra fe.

San Juan Pablo II
escribió: "El Sábado Santo, la Iglesia se identifica con María: toda su fe se concentra en Ella, la primera creyente. En la oscuridad que envuelve la creación, solo Ella mantiene viva la llama de la fe, preparándose para acoger el gozoso y sorprendente anuncio de la resurrección".

Y el papa Francisco le rezó así: "Virgen y Madre María... Tú, que permaneciste firme junto a la Cruz con fe inquebrantable y recibiste el gozoso consuelo de la resurrección... Obtén para nosotros ahora un nuevo ardor nacido de la resurrección, para que podamos llevar a todos el Evangelio de la vida que triunfa sobre la muerte» (Evangelii gaudium, 288).

17 - abril - 2025

3 de febrero de 2026

Nuestra Señora Mater Populis Fidelis

 


Del sitio Vaticano News:

La Virgen María, de pie junto a la cruz, recibió una misión maternal que ejerce cuidando con amor materno a los hermanos de su Hijo. Su corazón de madre, transfigurado por su plena participación en la gloria divina, ama profundamente a cada uno de sus hijos y busca los caminos para acercar el consuelo de su cercanía y el poder de su intercesión maternal. La devoción mariana es la respuesta humana a este desbordante amor materno. Como el discípulo amado, el cristiano recibe a María y la lleva entre sus cosas más íntimas.

Mater Populi Fidelis quiere ser –según afirmó el cardenal Fernandez en su presentación a los medios– un canto a la devoción popular mariana. Para captar esta intención de sus redactores, es útil leer el texto a la luz de los seis párrafos de la Presentación que lo precede. Allí se explica el contexto en el que hay que interpretar esta Nota doctrinal dedicada a clarificar el uso de algunos títulos marianos relativos a la maternidad de María respecto a los creyentes. Considera a la devoción mariana como un tesoro de la Iglesia y la ve expresada sobre todo en la piedad del Pueblo Fiel de Dios, especialmente en los pobres, que en el rostro de María encuentran la ternura y el amor de Dios y en Ella ven reflejado el mensaje esencial del Evangelio. También el último punto del documento llama a contemplar la piedad mariana popular que suscita la cercanía de María y cita las bellas palabras con que la Conferencia de Aparecida expresa el hondo valor teologal de esta experiencia. Quiere contemplarla, no para corregirla, sino para valorarla, admirarla y alentarla, ya que expresa la confianza en Dios que el Espíritu Santo suscita.

Sin embargo, la necesidad de clarificar algunos títulos marianos nace de la actividad de grupos cuya devoción mariana no expresa las mismas características de la devoción popular, sino que proponen un determinado desarrollo dogmático que por su falta de armonía puede confundir la fe de los fieles sencillos. Las propuestas de estos grupos, muy activos en las redes y algunos con cierta beligerancia, muchas veces expresan un maximalismo mariológico bajo el cual puede leerse una eclesiología preconciliar.

Para interpretar adecuadamente Mater Populi Fidelis es necesario reconocer esta diversidad de sujetos: la piedad popular mariana y la devoción de grupos eclesiales que no expresan bien la armonía del mensaje cristiano. El documento llama a apreciar la piedad popular mariana, que tanto valora la presencia de María en la vida cristiana. De hecho, si contemplamos estos dos milenios de misión maternal de María vemos que siempre estuvo rodeada de un halo de exuberancia afectiva. De Maria nunquam satis dice la famosa expresión atribuida a San Bernardo. El cardenal Newman, recientemente nombrado doctor de la Iglesia, explicaba que la devoción mariana toca los afectos más profundos del corazón humano y despierta energías que no son fáciles de controlar. Además, el amor verdadero comporta cierta tendencia a la exageración: “para hablar con franqueza, yo no daría mucho por un amor que nunca exagerara” (Carta a Pusey, Ed. Encuentro, 103). En el ámbito de los sentimientos y las pasiones la vida no conoce límites precisos. El Papa Francisco es consciente de eso cuando explica que “las cosas bonitas que la Iglesia y los santos dicen de María… son expresiones de amor como un hijo a la madre… el amor siempre nos hace hacer cosas exageradas, pero con amor” (Audiencia general, 24 de marzo de 2021).

Pero no todos los desbordes nacen del mismo cauce. Hay un maximalismo mariano que poco tiene que ver con la vitalidad de la piedad popular. Por ejemplo, no es lo mismo el título Reina del Cielo en los labios de un creyente sencillo en un santuario que esa expresión en el contexto de quienes insisten en la devoción a Cristo Rey como un signo de la vocación de la Iglesia a ser rectora de los destinos de la humanidad. Se trata de grupos que conjugan su admiración a María con posturas que no terminan de recibir la eclesiología del Concilio Vaticano II y que muestran poca sensibilidad frente a la necesidad de encontrar formulaciones doctrinales que sean significativas en los tiempos actuales. En el peor de los casos, la exaltación de María se vuelve caldo de cultivo de los clericalismos.

Sobre el título Corredentora el documento reconoce que se ha usado con naturalidad durante siglos, pero considera que en el contexto actual su uso resulta inoportuno porque, si no se lo explica adecuadamente, puede dar la idea de una acción de María de algún modo independiente de la de Cristo. No sería un verdadero honor a la Madre presentarla desplazando al Hijo de su lugar exclusivo. Esto no niega la incomparable participación de María en la obra redentora del Hijo. Sólo pide que se evite esa expresión por las resonancias confusas que ofrece. Como afirmó en una entrevista Joseph Ratzinger: “una intención correcta se expresa con un vocablo erróneo” (Dios y el mundo, Sudamericana, 2005, 288). Es llamativo la cantidad de veces que el documento usa la expresión “la cooperación de María en la obra de la redención”. Puede pensarse que intenta rescatar con una terminología más adecuada lo que puede haber de válido en el título Corredentora.

También sostiene que el título de Mediadora debe usarse con prudencia, considerando siempre que se trata de una mediación participada de la única mediación de Cristo (cf. n.28). Más reservas presenta al título Mediadora de todas las gracias, aclarando que la maternidad de María en el orden de la gracia debe entenderse como dispositiva y que “cualquier lenguaje sobre su ‘mediación’ en la gracia debe entenderse en analogía remota con Cristo y su mediación única” (n.53).

Esta Nota doctrinal, que por llevar la firma del Papa pertenece al magisterio ordinario de la Iglesia, también puede ser entendida como un capítulo más de la profunda reformulación que afecta a la mariología desde el Concilio Vaticano II. Es sabido que en el aula conciliar colisionaron dos posturas contrapuestas que se resolvieron aceptablemente en el capítulo VIII de Lumen Gentium al presentar a María en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Si bien la mariología del Concilio es ampliamente admitida, hay tópicos que se siguen discutiendo y requieren una mayor maduración para ofrecer una formulación a la altura de estos tiempos. Uno de ellos es el influjo salvífico de María en la vida de los creyentes, al que se lo suele denominar maternidad espiritual o –especialmente desde Redemptoris Mater– mediación materna.

La aparición de este documento magisterial demuestra la actualidad del tema y la necesidad de que los teólogos trabajen en explicar de un modo culturalmente adecuado la participación de la Virgen en la única mediación histórico-salvífica de Cristo. Esta necesidad fue claramente presentada por la Pontificia Academia Mariana Internacional a principios del siglo XXI en su carta a los cultivadores de la mariología, que expone una propuesta en favor de la mediación mariana. Allí se explica que no se trata de regresar al enfoque preconciliar, ya superado, sino de avanzar en el camino del Concilio como hizo San Juan Pablo II en Redemptoris Mater y escuchando atentamente al sensus fidei fidelium (cf. La Madre del Signore… n.52).

Esta es la huella en la que es conveniente leer a Mater Populi Fidelis. No quiere ser un documento que obstaculice la devoción a María. Por el contrario, reconoce que Ella está como Madre en el corazón del Pueblo Fiel y quiere custodiar esa presencia de posibles instrumentalizaciones. Su intención es ofrecer un marco doctrinal para profundizar en el conocimiento del lugar único y singular de la Virgen en la salvación de la humanidad contemplando la piedad popular mariana que, como enseñó Francisco, siempre será “un lugar teológico al que debemos prestar atención” (Evangelii Gaudium 126). Clarificado el uso de estos títulos marianos, queda para los teólogos el desafío de formular la mariología vivida por el pueblo sencillo, que ama a la Madre y se siente amado por Ella, la ve siempre junto al Hijo trabajando con amor materno por la salvación, y “lee en esa imagen materna todos los misterios del Evangelio” (Evangelii Gaudium 285). 

Enrique Ciro Bianchi
Profesor de mariología
Facultad de Teología de Buenos Aires

22 de marzo de 2025

Oración a María en la Anunciación

 


Del sitio Misioneros Digitales Católicos:

Tú que, movida por el Espíritu,
acogiste al Verbo de la vida en la profundidad de tu humilde fe,
totalmente entregada al Eterno,
ayúdanos a decir nuestro “sí” ante la urgencia,
más imperiosa que nunca,
de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús.

Tú, llena de la presencia de Cristo, llevaste la alegría a Juan el Bautista,
haciéndolo exultar en el seno de su madre.
Tú, estremecida de gozo, cantaste las maravillas del Señor.
Tú, que estuviste plantada ante la cruz con una fe inquebrantable
y recibiste el alegre consuelo de la resurrección,
recogiste a los discípulos en la espera del Espíritu
para que naciera la Iglesia evangelizadora.

Consíguenos ahora un nuevo ardor de resucitados
para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte.
Danos la santa audacia de buscar nuevos caminos
para que a todos llegue el don de la belleza que no se apaga.

Madre del Evangelio viviente,
manantial de alegría para los pequeños,
ruega por nosotros.
Amén. Aleluya

Extracto de la Oración a la Virgen María 
Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium 
(24 de noviembre de 2013)

21 de julio de 2024

Nuestra Señora nos conduce a Jesús

 Del sitio Píldoras de Fe:

Bien conocemos la historia de que el Espíritu Santo visitó a la Santísima Virgen María por medio del Arcángel San Gabriel, quien le mostró la propuesta de la encarnación del Verbo, y Ella contestó enseguida: "Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra", y el Verbo se hizo hombre en Ella y así habitó entre nosotros. María siguió el camino del amor, tuvo en su vientre a quien es el camino, le enseñó a caminar a quien es el camino. Es por ello que, nadie más que María para enseñarnos el camino a Jesús y el amor que debemos tener hacia Él. María nos conduce a Jesús de diferentes formas y aquí lo descubrirás.

En su exhortación apostólica: "MARIALIS CULTUS", para la correcta ordenación y desarrollo del Culto a la Santísima Virgen María, el Papa Pablo VI habla de la singular dignidad de María. En ella, Pablo VI afrima: "#32. Finalmente, siendo connatural al genuino culto a la Virgen el que "mientras es honrada la Madre (…), el Hijo sea debidamente conocido, amado, glorificado" (98), este culto se convierte en camino a Cristo, fuente y centro de la comunión eclesiástica, en la cual cuantos confiesan abiertamente que Él es Dios y Señor, Salvador y único Mediador (cf. 2,5), están llamados a ser una sola cosa entre sí, con El y con el Padre en la unidad del Espíritu Santo."

Y también escribiría más adelante en la misma Exhortación: "#57.- Cristo es el único camino al Padre (cf. Juan 14, 4-11). Cristo es el modelo supremo al que el discípulo debe conformar la propia conducta (cf. Jn 13, 15), hasta lograr tener sus mismos sentimientos (cf. Filipenses 2,5), vivir de su vida y poseer su Espíritu (cf. Gálatas 2, 20; Romanos 8, 10-11); esto es lo que la Iglesia ha enseñado en todo tiempo y nada en la acción pastoral debe oscurecer esta doctrina. Pero la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo y amaestrada por una experiencia secular, reconoce que también la piedad a la Santísima Virgen, de modo subordinado a la piedad hacia el Salvador y en conexión con ella, tiene una gran eficacia pastoral y constituye una fuerza renovadora de la vida cristiana".

Observamos entonces que, la grandeza de María radica en su voluntad de continuar trayendo a Jesús al mundo. No llama la atención sobre sí misma, sino sobre él. Como señala el Catecismo de la Iglesia Católica, "Lo que la fe católica cree sobre María se basa en lo que cree sobre Cristo, y lo que enseña sobre María ilumina a su vez su fe en Cristo" (487).

Aunque se ha escrito muy poco en las Escrituras sobre la Santísima Virgen María, lo que está registrado nos enseña mucho sobre su camino de fe. Todos estamos familiarizados con los humildes comienzos de María, su profunda fe, gracia y docilidad, y su presencia continua durante la vida de nuestro Señor, Jesús. Pero, ¿qué debemos aprender de nuestra madre espiritual? Pues que María nos conduce a Jesús de muchas formas.

Juan, el discípulo al que Jesús amaba, llevó a María a su casa, a su vida. Muchos han coincidido en que, estas palabras del Evangelio, son como una invitación para todos los cristianos para que también lleven a María a sus vidas y a sus hogares. María ciertamente quiere que la invoquemos, que nos acerquemos a ella con confianza, que la invoquemos como nuestra Madre, pidiéndole que "muestre que eres nuestra Madre" y que es el camino más efectivo que nos lleva a Jesús.

En su exhortación apostólica, Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio), el Papa Francisco llamó a María, la madre de la evangelización. "Con el Espíritu Santo, María está siempre presente en medio del pueblo", escribió. "Ella se unió a los discípulos en la oración por la venida del Espíritu Santo (Hechos 1:14) y así hizo posible el estallido misionero que tuvo lugar en Pentecostés. Ella es la madre de la Iglesia que evangeliza, y sin ella, nunca podríamos entender verdaderamente el espíritu de la nueva evangelización".

Cuando se trata de seguir el camino como un verdadero discípulo, la Santísima Virgen María es el ejemplo que los católicos estamos llamados a seguir. Ella es el modelo perfecto de discipulado. Las distintas devociones marianas, el rezo del rosario, oraciones, nos dan una posibilidad real de transitar junto a ella, el camino de Cristo, teniendo una relación profunda con Dios a medida que vamos conociendo sus caminos.

"Como una verdadera madre, [María] camina a nuestro lado, comparte nuestras luchas y nos rodea constantemente con el amor de Dios".(Papa Francisco)

Necesitamos de la Virgen María porque Ella es el camino que nos lleva a Jesús. Cristo se ha servido de esta hermosa creatura que es la Virgen María, para llevar a cabo su plan de redención

A través de los distintos títulos que la Iglesia ha dado a María a lo largo de toda nuestra historia: Madre de la Iglesia, Madre de Misericordia, Reina del Cielo, Madre de Dios, Intercesora, Estrella de la mañana, todo esto nos muestras el camino a Jesús.

Necesitamos de la Virgen María hoy más que nunca, porque Ella nos conduce hacia las Gracias que Cristo quiere darnos. Ella nos ofrece el amor de Dios a través de su propio seguimiento. Ella nos enseña cómo acoger, meditar y vivir la palabra de Dios, acogiéndola y meditándola en nuestro corazón (Lucas 2,9)

María nos enseña a caminar hacia Jesús de un modo completamente íntimo. Necesitamos de su ejemplo continuo en nuestras vidas, aprendiendo de Ella a vivir en la fe, la esperanza, caridad, la obediencia, humildad, pobreza y oración.

La Virgen María ayuda a construir continuamente la Iglesia y la mantiene unida a través de su intercersión. Es difícil tener devoción a nuestra Señora y no sentirse más atraído hacia el amor de Jesús, y también más cercano a neustros hermanos de la Iglesia y al Papa. Al vernos como parte de la Iglesia y unidos a nuestros hermanos en la fe a través de las distintas devociones hacia nuestra Madre., comprendemos más profundamente que somos hermanos de toda la humanidad, pues la Iglesia ha sido enviada a todos los pueblos de la tierra.

"La Virgen nos ayuda a crecer fuertes. Una madre ayuda a sus hijos a crecer y quiere que crezcan fuertes; por eso les enseña a no ser perezosos, lo que también puede derivar de un cierto tipo de bienestar, [y] a no hundirse en una vida cómoda, contentándose con las posesiones. La madre se ocupa de que sus hijos se desarrollen mejor, que crezcan fuertes, capaces de aceptar responsabilidades, de comprometerse en la vida, de luchar por grandes ideales. El Evangelio de San Lucas nos dice que en la familia de Nazaret, Jesús "creció y se hizo fuerte, lleno de sabiduría; y el favor de Dios estaba sobre él" (Lucas 2:40). La Virgen hace precisamente esto por nosotros; nos ayuda a crecer como seres humanos y en la fe, a ser fuertes y a no caer nunca en la tentación de ser seres humanos y cristianos de manera superficial, sino a vivir responsablemente, a esforzarnos cada vez más." (Papa Francisco)

Que podamos ser completamentre dóciles al Espíritu Santo y así lleguemos también, como María, a la plenitud de amor siguiendo el camino que ella misma nos enseña. A María le rogamos, que nos enseñara a amar más a Jesús como Ella lo hizo. Que nos muestre el camino hacia Jesús y nos alcance las fuerzas de contar con la humildad y la aceptación del plan de Dios.

Oración para que María muestre el camino.

Oh Santísima Virgen María, 
tú eres nuestra esperanza para siempre, 
quien nos lleva al camino hacia el encuentro con el Amor. 
Tú eres nuestra esperanza, 
porque en todas las circunstancias supiste corresponder completamente a la voluntad del Señor. 
Tú eres nuestra esperanza, 
porque el mismo Jesús nos confió a ti en la hora de la cruz, 
porque tú eres verdaderamente nuestra madre. 
Te pedimos que cuides de todos tus hijos como cuidaste a Jesús Niño. 
Confiamos en ti como un niño confía en su madre, 
llévanos hasta tu Hijo Jesús: 
ayúdanos a seguir el camino hasta el fin para que nuestra esperanza no sea defraudada. 
Amén.