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11 de junio de 2024

Nuestra Señora del Negro Día o de Encinillas

Del sitio del Condado de Castilla:

La ermita de Encinillas se encuentra en medio de un pinar entre Cillaperlata y Trespaderne. En el lugar se celebra una romería cada tercer sábado del mes de septiembre, aunque originalmente era el 8 de septiembre. Esta humilde ermita es protagonista de una curiosa leyenda sobre los inicios de la Reconquista.

La leyenda cuenta que, en el lugar en el que se levanta esta ermita, se libró, en el siglo VIII, la conocida como Batalla del Negro Día o Batalla de Cillaperlata. El benedictino Gregorio de Argáiz describía así este lugar en el siglo XVII: "… se ve a la otra parte del Hebro, al Oriente, el Campo de Negrodia con más de quinientas sepulturas amojonadas a los pies, y cabecera, cada una con dos losas, y en medio una Hermita de Nuestra Señora de Encinillas, que muestra todo el auer tenido aqui algun sucesso funesto…».

Y sigue contando que en este lugar: "La nación de los godos y españoles contra los Árabes de que no teníamos escritas las noticias como lo merecían demostraciones tan grandes, aunque ya se sabe por diligencias de Hauberto, que dice fue aquí una grande batalla y victoria que hubo de los árabes el Infante Don Pelayo, el año de setecientos y veinte y seis, a nueve de Agosto."

La tradición local ha adornado este suceso, ya de por sí seguramente fabuloso, con el milagro protagonizado por la Virgen de Encinillas. Y es que los cristianos suplicaron a la Virgen que alargara el día unas horas más para poder finalizar el combate contra los musulmanes y, de este modo, derrotarlos completamente.

Se llegaron a contar más de 7.000 u 8.000 bajas enemigas. Por eso, la segunda advocación de esta imagen es la de la  Virgen del Negro Día, en referencia  a las muertes ocurridas. Actualmente la talla de la Virgen se encuentra en cercana iglesia de Nuestra Señora de Covadonga de Cillaperlata. Es una imagen posiblemente de estilo románico, restaurada en los años 50 del siglo XX.

La misma tradición popular asegura también que aquí está enterrado el duque Pedro de Cantabria, quien se habría unido en este lugar con sus tropas a las de Pelayo.

Aunque no pueda servir para justificar esta leyenda, en la zona se han encontrado numerosos sepulcros, que han sido utilizados por los vecinos en diversas construcciones. Por ejemplo, en el año 2009, como consecuencia de un fuerte temporal, el viento derribó un pino y junto a sus raíces se descubrió un sepulcro.

Esta es la narración de esta batalla legendaria acaecida el 9 de agosto del 726 según ha sido trasmitida por Gregorio de Argáiz:

"Don Pelayo le quitó la ciudad de León al alcaide Mahomet Itriz, que la tenía por Mahomet Avenrahamin, primer rey de Toledo; dice más, que después de tomada León, dejó en su tenencia y guarda al capitán Hormiso, y que empeñado con esta tan grande victoria en proseguir la libertad cristiana y defensa de la patria, atravesó con su milicia en busca de los moros por Liébana, y que no hallando con quién pelear, llegó hasta donde se junta el río Ebro y el río Nela, donde hoy se ve el lugar que llaman Trespaderne. Aquí le aguardaba el ejército enemigo, teniendo tan cubiertas las espaldas con las altas peñas de Tedeja, por donde empieza a salir el caudaloso río Ebro a los llanos de Tobalina, para aprovecharse de la caballería que tenía. Este sitio está a dos leguas de la villa de Oña y en él acometieron los ejércitos, y se dieron batalla de poder a poder; pero continuando sus favores el Cielo, le concedió al rey don Pelayo una de las más memorables victorias que consiguió España en aquel siglo, porque murieron más de siete u ocho mil moros, y quedó en el campo toda la riqueza que traían. Y a más de ello, se ahogaron muchos en los dos caudalosos ríos Ebro y Nela, lo cual sucedió a los nueves días del mes de agosto, víspera del gloriosísimo mártir San Lorenzo. Y parece que fue en el año de setecientos y veinte y seis. Para memoria de esta victoria quedaron tres cosas notables. Una el nombre de Peña Rubia o Bermeja, que señalan allí cerca los labradores, y el Campo de Negro Día, que por la misma sangre que se derramó entonces de moros y cristianos le dieron y conserva hasta hoy. Otra, la ermita de Nuestra Señora de Encinillas, de la otra parte del Ebro, al lado oriental, donde el rey don Pelayo mandó enterrar los cuerpos de los cristianos que murieron, y en la cual se ven hoy en día más de cuatrocientas sepulturas de ellos, señaladas con losas, en la circunferencia de dicha ermita. La tercera es la ermita de Nuestra Señora de los Godos, que está a la entrada de las peñas y caminos que hizo por allí la naturaleza para Oña y para que saliera el Ebro a Tobalina. Esta ermita se erigió entonces para sepultura de los más nobles capitanes que murieron en esta batalla. El vulgo dice que se enterraron allí algunos reyes godos y el archivo de Oña lo favorece en algunas de sus escrituras llamándola Nuestra Señora de Regodos. Pero es lo cierto que fue para capitanes de los más ilustres y defendientes de la sangre real de los godos, porque se depositaron en la bóveda primera, que toda es de piedra toba, cuatro o seis cuerpos en las tumbas o arcas de piedra blanca y una o dos tienen sus molduras y coronación, que representan mucha grandeza. Habiendo sido siete mil u ocho mil los moros muertos (que no se puede afirmar con certeza los que fueron) es sin duda que su ejército fue muy numeroso porque, ordinariamente, son muchos más los que huyen que los que mueren en viendo desbaratados sus escuadrones. No sé si pasó adelante don Pelayo, pero me consta suficientemente que entonces se edificaron tres castillos fuertes en las gargantas y entradas de aquellos montes, que parece lo puso por frontera y guarnición de lo que había ganado. El primero donde se dio la batalla, en la misma boca del Ebro, llamado castillo de la Guarda, dicho en latín, Castrum Tutella, y por corrupción, Tetelia y hoy Tedeja. El segundo estuvo una legua más adelante, donde se junta el río Vesga con el Ebro, en el puerto de la Peña Horadada, y por estar sobre una peña que tiene debajo de sí una cueva, le dijeron el castillo de Cuebarana. El tercero en Valdeveso, en un monte llamado Tesla y después Montes Alegres. Y de estos tres tan fortísimos e incontrastables castillos se hacía mucha memoria en el archivo del monasterio de Oña, que es muy antiguo."

23 de septiembre de 2023

Muerte dichosa de San Estanislao de Kotska

Ejemplo 29 de Las Glorias de María: 

Mientras vivía este santo joven, consagrado por completo al amor de María, sucedió que el primero de agosto de aquel año oyó un sermón del P. Pedro Canisio en el que éste, predicando a los novicios de la Compañía de Jesús, inculcó a todos el gran consejo de vivir cada día como si fuera el último de su vida, después del cual
dijo san Estanislao a sus compañeros que aquel consejo tan especial para él había sido como la voz de Dios, pues iba a morir ese mismo mes. Dijo esto o porque Dios se lo reveló o porque tuvo una especie de presentimiento interior, como se verá por lo que acaeció.

Cuatro días después fue, en compañía del P. Sa, a Santa María la Mayor, y hablando de la próxima fiesta de la Asunción le dijo: “Padre, yo pienso que en ese día se ve en el cielo un nuevo paraíso al contemplarse la gloria de la Madre de Dios coronada como reina del cielo y de la tierra y colocada muy cerca del Señor sobre todos los coros de los ángeles. Y si es verdad que todos los años, como lo tengo por cierto, se renueva la fiesta en el cielo, espero presenciar la de este año en el paraíso”. 

Habiéndole tocado en suerte a san Estanislao por su protector del mes el glorioso mártir san Lorenzo, ese día escribió una carta a su madre María en que rogaba le obtuviera la gracia de contemplar su fiesta en el paraíso. El día de san Lorenzo comulgó y suplicó al santo que presentara aquella carta a la Madre de Dios interponiendo su intercesión para que María santísima le escuchase. 

Y he aquí que al terminar el día tuvo un poco de fiebre, que aunque ligera él tomó como señal cierta de que había obtenido la gracia de la próxima muerte. Al acostarse dijo,sonriente y jubiloso: “Ya no me levantaré de esta cama”. Y al padre Acquaviva le añadió: “Padre mío, creo que san Lorenzo me ha obtenido de María la gracia de encontrarme en el cielo en la fiesta de la Asunción”. Pero nadie hizo caso de estas cosas . 

Llegó la vigilia de la fiesta y el mal seguía leve, pero el santo le dijo a unhermano que la noche siguiente ya estaría muerto, a lo que el hermano le respondió: “Más milagro se requiere para morir de tan pequeño mal que para curar”.

Pero pasado el mediodía le asaltó un mortal desfallecimiento, con sudor frío y decaimiento general de fuerzas. Acudió el superior, al que Estanislao suplicó le hiciera poner sobre la tierra desnuda para morir como penitente. Para contentarlo, lo pusieron en el suelo sobre una estera. Luego se confesó y recibió el santo viático, no sin lágrimas de los presentes, pues al entrar en la estancia el Santísimo Sacramento lo vieron resplandeciente y destellando por los ojos celestial alegría y la cara inflamada de santo ardor que lo asemejaba a un serafín. 

Recibió también la santa unción, y entre tanto alzaba los ojos al cielo y otras veces contemplaba y estrechaba con afecto contra su pecho la imagen de María. Le dijo un padre que para qué aquel Rosario en la mano si no podía rezarlo, y le respondió: “Me sirve de consuelo siendo cosa de la Virgen María”. “Cuánto más –le respondió el padre– le consolará el verla y besar su mano en el cielo”. 

Entonces el santo, con el rostro arrebolado, elevó las manos, manifestando de ese modo el ansia de encontrarse presto en su presencia. Luego se le apareció su amada Madre, como él mismo lo declaró a los presentes, y poco antes del alba del día 15 de agosto expiró sin estertores, como un santo, con los ojos fijos en el cielo. Los presentes le acercaron la imagen de la Virgen y viendo que no hacía ninguna demostración comprendieron que su alma había volado al cielo junto a su amada Reina.

ORACIÓN CONFIANDO EN LA PROTECCIÓN DE MARÍA

María, señora y madre nuestra,
has dejado la tierra y subido al cielo,
donde estás sentada como reina
sobre los coros de los ángeles. 

 Como de ti canta la Iglesia:
"Has sido exaltada sobre los coros angélicos
en el reino celestial”.

 Nosotros, pecadores, sabemos
que no somos dignos de tenerte
en este valle de tinieblas.

 Pero sabemos también que en tu grandeza
no te has olvidado
de nosotros, miserables pecadores;
y con ser sublimada a tanta gloria,
no se ha perdido sino acrecentado
tu compasión hacia nosotros,
los pobres hijos de Adán.

 Desde tu excelso trono de reina
vuelve, María, hacia nosotros
esos tus ojos misericordiosos
y ten piedad de nosotros.

Recuerda que al dejar esta tierra
prometiste acordarte de nosotros.

 Míranos y socórrenos.

Ya ves cuántas tempestades
tendremos que arrostrar
hasta que lleguemos al final de nuestra vida.
 
Por los méritos de tu asunción, consíguenos
la santa perseverancia en la amistad divina
para que salgamos finalmente de este mundo
en la gracia de Dios
y así podamos llegar un día
a besar tus plantas en el paraíso
y, unidos a los bienaventurados,
alabar y cantar tus glorias
como lo mereces.
 
 Amén.

28 de febrero de 2023

El anillo de bodas de Nuestra Señora

Del sitio Reliquiosamente:

Se encuentra en Perugia (Umbría, Italia) desde 1473 y está tallado en piedra de cuarzo calcedonio, pero ya desde el siglo X se encontraba en Chiusi (Toscana, Italia), procedente de Jerusalén. Según la tradición, la Virgen lo habría entregado al apóstol Juan antes de morir. Mucho tiempo después, no sabemos cómo, llegó a manos de un comerciante de Jerusalén que lo vendió a un orfebre de Chiusi.

La leyenda de cómo llegó el anillo a Chiusi está contenida en un códice del siglo XI, conservado en la Biblioteca Angélica de Roma, descubierto por el padre Juan Crisóstomo Trombelli quien la transcribió en el año 1765 en su obra ‘Mariae sanctissimae vita ac gesta cultusque illi adhibitus’.

Hugo Tuscia, duque de Toscana se había casado con Judit, una sobrina del emperador Otón III. Un orfebre de Chiusi llamado Ranieri en 985 tuvo la noticia de que un judío romano de vuelta de Oriente había traído consigo diversas joyas y piedras preciosas. La duquesa lo envió a Roma con el encargo de comprar buenas joyas para ella. Y así lo hizo. El judío, para agradecerle la buena venta, regaló al orfebre un anillo de ónix de factura modesta. Raniero inicialmente se creía que se trataba de una burla, pero el judío le dijo que aquél anillo era tan precioso que no habría podido comprarlo ni con todo el dinero del mundo, porque era el anillo con el cual José desposó a María de Nazareth. Su familia lo había pasado de generación en generación y aunque no profesaran el cristianismo, lo habían conservado siempre con mucho respeto. Le dijo que lo guardase en un lugar digno y que le fueran devotos. El orfebre no dio demasiado crédito a las palabras del judío y cuando volvió a Chiusi lo puso en una caja junto con otras cosas y lo olvidó.

Después de unos años murió su único hijo. Pero durante la ceremonia fúnebre se produjo un prodigio: el muchacho abrió los ojos y se puso sentado sobre el ataúd. Contó que llegó a las puertas de paraíso donde vio a la Virgen quien le dijo de volver junto a su padre para convencerle que tenía que creer lo que se le había dicho a propósito del anillo. Y cogió una cajita que había sido colocada en la cabecera del ataúd, la abrió y sacó el anillo. Luego dijo que volvería al cielo pero que el anillo tenía que ser conservado en la iglesia de Santa Mustiola. Y así el anillo fue inmediatamente expuesto a la veneración de los feligreses en dicha iglesia.

Lo cierto es que el anillo estaba custodiado en la iglesia de Santa Mustiola desde el 989, aunque la fecha podría no ser exacta.  Sucesivamente en 1251 fue llevado, por razones de seguridad, porque la iglesia estaba fuera de la muralla, a la catedral de San Secondiano. Otro cambio tuvo lugar en 1420, cuando fue llevado a la iglesia de San Francisco. En el siglo XV el anillo aun se encontraba en Chiusi, a cargo de los frailes franciscanos, pero en 1473 fue robado por uno de los frailes, Winter de Maguncia, de origen alemán, que tal vez quería llevarlo a su país. El fraile alemán estaba muy resentido con los habitantes de Chiusi porque, por lo que parece, le habían acusado injustamente de robar algunos cálices, y por este motivo le habían encerrado en la cárcel durante cuarenta días y fue incluso torturado. Robar la famosa reliquia habría sido su venganza.

Durante su huida de Chiusi, una espesa niebla lo obligó a quedarse en Perugia; pero arrepentido de lo que hizo decidió dejar la reliquia en ese lugar. Se la dio a un amigo, Lucas delle Mine que, a su vez, la entregó a un decenviro de la ciudad, en el Palacio de los Priores.

En cuanto el obispo de Siena descubrió el robo fue inmediatamente a Perugia para protestar pero el magistrado no devolvió el anillo porque consideraba que la llegada a Perugia del mismo había sido un don de la Providencia, por lo que así tenía que ser. Todos los siguientes intentos para recuperar la reliquia fueron inútiles. Se dio inmediata noticia al papa Sixto IV acerca de la llegada del anillo a Perugia y el papa no sólo dio su bendición sino que también autorizó su ostensión oficial.

En cuanto a Fray Winter, fue arrestado, y a pesar de su arrepentimiento, en 1474 fue procesado y condenado a la cárcel.

Durante algunos años el anillo fue conservado en la Capilla de los Decenviros de los Priores y sucesivamente, en cuanto fue terminada la catedral, en 1488, fue confiado a los canónigos de la Compañía de San José y conservado en la misma catedral, dedicada a San Lorenzo, en la Capilla de San José dedicada al Santo Anillo, donde aún hoy se guarda y se venera. El anillo dejó Perugia sólo en una ocasión, cuando el papa Sixto IV consiguió llevarlo a Roma y fue luego devuelto por Inocencio VIII.

El anillo, de color verde claro translúcido, es de calcedonio aunque anteriormente se creyó que era de ónix. Está custodiado en un precioso relicario, obra de los orfebres de Perugia Bino di Pietro y Federico y Cesarino del Roscetto, y está protegido por dos cajas fuertes, una de madera y otra de hierro, colocadas en una cámara a ocho metros por encima del altar, y protegidas por un frontal de madera. Para abrirlas son necesarias 14 llaves, siete de las cuales se conservan por el Ayuntamiento, cuatro por los canónigos de la Catedral, una por el arzobispo, una por el Noble Colegio del Cambio y una por el Colegio de la Mercancía. El anillo cuelga de una cadenita de oro, en el interior de su relicario, a su vez pegada a una corona de plata dorada con incrustaciones de piedras preciosas.

La reliquia se expone los días 29 y 30 de julio, en ocasión de la fiesta del Santo Anillo, es decir en la memoria litúrgica de la boda de la beata Virgen María y aniversario de la llegada a Perugia de la reliquia, y también el 12 de septiembre, fiesta del Santísimo Nombre de María. La ceremonia es conocida con el nombre de ‘La bajada del Santo Anillo’: después de la apertura de las cajas fuertes el relicario es bajado al nivel del altar de la capilla a través de un procedimiento mecánico con forma de nube plateada, seguido de la solemne ostensión. Últimamente también es retransmitida en directo sobre pantallas gigantes colocadas dentro y fuera de la catedral.

La tradición que atribuye el anillo a la Virgen María no tiene un fundamento real aun cuando el examen gemológico realizado en 2004 determinó que se trata de una pieza oriental del siglo I d.C. y su función podría haber sido la de un anillo-sello.

La fuerte determinación de Perugia de adueñarse de una reliquia tan importante (porque esto tiene todos los elementos para parecerse a un robo por encargo) podía ser la de aprovechar su situación geográfica ya que se hallaba en una zona de paso de los peregrinos que iban de Roma a Asís y viceversa. El anillo habría hecho de Perugia no sólo una ciudad de paso sino también de visitas devocionales con el consiguiente beneficio económico. A partir de 1487 se fundó la Cofradía del Anillo que institucionalizaba la veneración de la reliquia. Esto, junto con la fundación de la Compañía de San José por parte de Fray Bernardino de Feltre contribuyó a la institución del culto de la Sagrada Familia.

Como en los casos del ‘Sacro Cingolo’ de Prato o la Sangre de Cristo de Mantua –con sus doce llaves-,  o las cenizas de San Juan Bautista, nos hallamos frente a una reliquia considerada como un elemento de unión entre el poder laico y religioso, que va más allá de su valor devocional y religioso para convertirse en un símbolo con el que toda la ciudad se identifica. Lo demuestra el hecho que la fiesta del Santo Anillo está incluida en el calendario de los recorridos históricos-artísticos organizados por el Ayuntamiento, que a su vez se enorgullece de haber custodiado inicialmente la reliquia en la capilla de los Decenviri del Palacio Municipal de los Priores.

Nota de José Luis Salvia: La fiesta de los esponsales de María y José se celebra el 23 de enero.

30 de octubre de 2022

Nuestra Señora de Chatillion - sur- Seine

 

Del sitio Roman CatholicSaint:

Se dice que San Bernardo tenía una gran devoción por Nuestra Señora de Chatillion-sur-Seine, debido a un milagro que la Santísima Virgen María obró en su favor.

Bernardo, el tercero de una familia de siete hijos, fue educado con especial cuidado, porque cuando aún no había nacido, un hombre devoto le había predicho su gran destino. A la edad de nueve años fue enviado a una famosa escuela en Francia, en Chatillion-sur-Seine, mantenida por los sacerdotes seculares de San Vorles. Fue un estudiante inteligente, muy devoto de la Santísima Virgen. Más tarde escribió varios libros sobre la santa Madre de Dios, y muchos piensan que nadie habla tan sublimemente de la Reina del Cielo como él. María se le apareció a Bernardo mientras escribía y le inspiró palabras celestiales y sabiduría. A los pecadores más empedernidos, a los herejes y a los agnósticos, María los llevó hasta él y fue un baluarte en sus esfuerzos por conducir a los hombres hacia Ella y hacia Cristo, su Divino Hijo.

Al principio de su vida adulta, San Bernardo enfermó, tanto que se preparó para la muerte. Sintiéndose inútil y estéril, su enfermedad y los dolores que le acompañaban aumentaron hasta tal punto que Bernardo pidió a dos de sus hermanos que fueran a la iglesia y pidieran a Dios un alivio celestial.

La misma Virgen María se le apareció a San Bernardo, entrando en su celda acompañada por San Lorenzo y San Benito. Los tres se acercaron a San Bernardo y le tocaron las partes de su cuerpo donde el dolor era más intenso, lo que produjo un alivio inmediato. San Bernardo también había tenido problemas con un intenso flujo de saliva que no cesaba, y ese problema también terminó inmediatamente.

Sin embargo, el santo no se curó del todo y, aunque no murió, pasó algún tiempo antes de que recuperara por completo la salud. San Bernardo aprovechó bien el tiempo, produciendo su primer tratado sobre la humildad y el orgullo, y "su luz comenzó a brillar como el sol de la mañana".

La antigua abadía de Notre-Dame de Châtillon (Sancta Maria de Castellione) era una abadía situada en Châtillon-sur-Seine, en el norte de Borgoña, en el departamento de Côte-d'or. Esta abadía de canónigos regulares de San Agustín fue fundada en 1136 bajo la inspiración de Bernardo de Claraval. La abadía sobrevivió hasta el año 1793 (sí, una vez más víctima de la ilustración de la Revolución Francesa). Ahora, sólo quedan los edificios conventuales y la iglesia abacial.


8 de agosto de 2022

Nuestra Señora de San Lorenzo

 Del sitio Ecclesia:

La Virgen de San Lorenzo es la patrona de Valladolid. Su origen se remonta al reinado de Alfonso IV, entre 1072 y 1109. Fue en ese tiempo cuando un sacerdote trajo la imagen de la Virgen desde la localidad de Consuegra, en la provincia de Toledo, hasta la ciudad vallisoletana para protegerla de los saqueos musulmanes.

El primer lugar donde estuvo situada la Virgen fue en una cueva del exterior de las murallas de la ciudad, ubicada en el margen izquierdo del río Pisuerga, junto a la Puerta de los Aguadores, por lo que era conocida como la Virgen de los Aguadores, según cuenta la ‘Archidiócesis de Valladolid’.

Al poco tiempo fue traslada a la ermita dedicada a san Lorenzo y fue allí donde recibió culto y su nombre actual. Aunque no fue hasta el siglo XV cuando se hizo necesaria la construcción de un templo, la iglesia parroquial de San Lorenzo Mártir, la cual fue reconstruida entre 1980 y 1987, lo único que se conserva son la torre, la pequeña fachada de la entrada y el atrio adjunto.

El 8 de septiembre es el día que Valladolid celebra el día de su Patrona, la Virgen de San Lorenzo, desde el 1812, año de la primera Constitución española, ‘la Pepa’. Con la llegada de la restauración, la monarquía se acerca al a imagen cuando Isabel II acude para presentarle a sus hijos.

El 30 de marzo de 1917 llega a manos del Cardenal Cos la noticia de la próxima canonización de la Virgen de san Lorenzo y fue unos meses después, en octubre, cuando tuvo lugar la coronación en el balcón del Ayuntamiento. Tras una misa recitada por el obispo Gandásegui y con Fernando de Baviera en representación de Alfonso XIII.

La procesión estuvo sin celebrarse durante más de 50 años 

Los días previos a la patrona de Valladolid se celebran actos que culminan el 8 de septiembre. El primero de ellos es la novena en honor a la Virgen de San Lorenzo que se celebra desde el 31 de agosto, durante nueve días.

Aunque uno de los momentos más emocionantes para los vallisoletanos es la ofrenda floral a su patrona. El domingo comprendiendo durante ese periodo, los asistentes realizan un manto de flores para la imagen situada en al atrio, en la calle Pedro Niño, delante de una réplica de la desaparecida Puerta de los Aguadores. Durante la mañana de ese día, dentro del templo tiene lugar el besapíes.

Otro de los actos tradicionales en honor a la Virgen de San Lorenzo transcurre en la madrugada del día de la patrona, el 8 de septiembre. Un grupo de voluntarios, dirigidos por José Gerbolés, elaboran una alfombra artística en la Plaza Mayor durante horas.

Por la mañana, la imagen sale en procesión hasta la Catedral, arropada por los representantes de las instituciones y de las cofradías, y en su regreso, cuando la Virgen de San Lorenzo pasa sobre la alfombra artística, se unen grupos de danzas y folclore.

El primer apodo fue ‘Virgen de los aguadores’, según recoge el Ayuntamiento de Valladolid es su blog. Donde cuentan la historia de que un pastor fue quien la descubrió en una cueva a orillas del río Pisuerga, muy cerca de la conocida como Puerta de los Aguadores, donde dicen que la escondió un sacerdote que la trajo de una localidad toledana para protegerla de los saqueos.

La Virgen atrajo buena parte de la atención en el siglo XV cuando el conde Pedro Niño llevó hasta la ermita el cuerpo inerte de su hija Guiomar, quien recobró no solo la vida sino también la salud. El conde mandó construir una iglesia en respuesta al milagroso hecho, pero solo se conserva una parte de ella.

Desde la canonización de San Pedro Regalado en 1746, se convirtió en costumbre que las reliquias del santo acompañen a la Virgen en sus traslados a la catedral.

El fin de las sequías de 1561 o las lluvias milagrosas como la de 1738, son algunos de los milagros que se le atribuyen a la virgen. Aunque no solo dicen que es capaz de terminar con la sed del campo sino es la protectora de la ciudad ante terribles inundaciones.

El Ayuntamiento acordó en el año 1788 que cada 24 de febrero, en recuerdo del día en que la Virgen de San Lorenzo salvó a la villa del agua por tercera vez en un siglo colocar la efigie a orillas del agua en la plaza del Ochavo, donde se mantuvo la mañana del día 25. Esta catástrofe ocurrió del 23 al 25 de febrero de ese año, los ríos desbordados arruinaran 180 casas y acabaron la vida de un niño.
 

Oración a la Virgen de San Lorenzo


¡Sed, Virgen de San Lorenzo,
Su protectora especial!
Cuando la adversa fortuna
Persiguió al trono español,
Vos revestida de Sol
hollasteis la media luna
Y en sazón tan oportuna
De refugio sois señal:
¡Sed, Virgen de San Lorenzo,
Su protectora especial!
Huyendo a la soledad
Vuestra imagen perseguida
Halla, Señora, acogida
En esta noble ciudad.
Pagando Vos su piedad
Con recompensa cabal:
¡Sed, Virgen de San Lorenzo,
Su protectora especial!

23 de junio de 2021

Nuestra Señora de Ocotlán

 Del sitio de las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y de María:

Durante el año 1541 una devastadora plaga desolaba los pueblos de la zona de Ocotlán, México. El indio Juan Diego, un joven piadoso que servía con los religiosos y cuidaba a los enfermos, subía la ladera occidental del cerro de San Lorenzo y se adentró en un bosque de ocotes (pinos) que había allí junto a una barranca. 

De repente, se le presentó la Virgen Santísima quien con amabilidad le dijo: "Dios te salve, hijo mío, ¿a donde vas?".

Juan Diego quedó sorprendido pero gozoso por aquel encuentro. El amaba mucho a la Virgen y se cuidaba de mantener su altar lleno de flores. Logró decir: "Llevo agua del río para mis enfermos que mueren sin remedio". 

La Madre de Dios le invitó a que le siguiera: "Ven en pos de mi, yo te daré otra agua con que se extinguirá el contagio y sanen, no solo tus parientes, sino cuantos bebieren de ella; porque mi corazón, siempre dispuesto a favorecer a los desvalidos, ya no sufre ver tantas desdichas sin remediarlas".

Juan Diego, que conocía bien la zona, nunca había visto ningún manantial por allí, pero, humildemente siguió a Nuestra Señora hasta una quebrada del cerro donde Ella le mostró la fuente de Agua Santa. "Tomad de esta agua cuanta queráis, seguros de que con el contacto de la mas pequeña gota, sentirán los enfermos no solo alivio sino perfecta salud".

Juan Diego, obediente, llenó su cántaro con el agua milagrosa y siguió su camino a su aldea natal de Xiloxoxtla. Allí suministró el agua a los enfermos de la peste y todos recobraron la salud rápidamente. El suceso se propagó en seguida y llegaron muchas gentes en busca de curación y para escuchar el testimonio de la aparición de la Zoapilzin (Señora), la Virgen María.

La Virgen había ordenado a Juan Diego: "Avisa a los religiosos de mi parte que en este sitio hallarán una imagen mía, que no solo representa mis perfecciones sino que por ella prodigaré mis piedades y clemencias: la que hallada, quiero que sea colocada en la capilla de San Lorenzo".

Los religiosos cuestionaron a Juan Diego y fueron al lugar del suceso. Llegando allí ya de noche, quedaron asombrados por el prodigio que contemplaban: Arboles ardían con grandes llamaradas sin consumirse. De aquí el nombre Ocotlán que procede de dos palabras nahuas: ocotl: (ocote o pino) y tlatla: (arder). Es decir Ocotlán, el ocote que arde.

Llamó sobre todo la atención un gran árbol de ocote al que le pusieron una señal antes de regresar al convento. Al día siguiente, volvieron al lugar y abrieron con hacha abrieron el ocote señalado. Encontraron para su asombro que el corazón de aquel árbol era una preciosa talla de la Inmaculada Virgen María. 

La multitud jubilosa, junto con los religiosos, llevaron a hombros la Imagen hasta la capilla de San Lorenzo, aproximadamente medio kilómetro arriba, en la cumbre de la colina. La colocaron en el trono que ocupaba el Santo Mártir San Lorenzo. 

Según se cuenta, el sacristán, enojado de que hubiesen quitado a San Lorenzo, por dos veces sacó a la Virgen Madre del trono para poner a San Lorenzo. Cada vez, de noche, alguien ponía a la Virgen de nuevo en el trono. Por tercera vez el sacristán quitó a la Virgen en favor de San Lorenzo. Esta vez la puso en un baúl sobre el cual se echó a dormir para prevenir que la volviesen a poner en el trono. Cual fue su sorpresa cuando vio que los mismos ángeles vinieron y, de manera prodigiosa, restituyeron la Reina al trono. 

La Virgen quiso quedarse con sus hijos y estamos seguros que San Lorenzo, como todos los santos, están felices de cederle el lugar que bien le corresponde por ser Madre de Dios.

La capilla de San Lorenzo con el tiempo fue remplazada con la preciosísima basílica de Nuestra Señora de Ocotlán. Los cimientos de la actual basílica se pusieron el 13 de enero de 1687. Desde allí la Madre sigue recibiendo a sus hijos para adentrarlos en el corazón de Jesús y de su Iglesia.

La fachada tiene en el centro a la Virgen Inmaculada, la mujer del Apocalipsis(12:1). La Virgen apoya sus pies sobre tres mundos que San Francisco carga de rodilla. Estos son: los religiosos franciscanos, las clarisas y la orden terciaria de laicos. Alrededor de la Virgen están los siete arcángeles (San Miguel arriba). A la derecha de la puerta principal: San Ambrosio y sobre el: San Jerónimo. A la izquierda de la puerta: San Agustín y sobre el: San Gregorio. Se trata de cuatro doctores teólogos que escribieron inspirados sobre la Virgen. Los 12 Apóstoles aparecen, 3 en cada columna, simbolizando que son ellos los pilares de la Iglesia. También vemos en la fachada muchas frutas: Jesús es fruto del vientre de María Santísima. Todos los que allí entran están llamados a recibir muchos frutos espirituales.
Vale la pena visitar el camarín de la Virgen, repleto de arte religiosa y acceso mas cercano a la Santísima Virgen. En la cúpula está el Espíritu Santo, Jesucristo con sus Apóstoles y los santos.

Las tres promesas de la Virgen María en Ocotlán:

1- "Ven tras de mi, que yo te daré otra agua con que sanen cuantos bebieren de ella y sientan los enfermos no sólo alivio, sino perfecta salud"  

La Virgen nos recuerda las palabras de Jesús a la Samaritana junto al pozo. El agua a que se refiere la Virgen es la misma: Jesús es el agua viva que nos da vida eterna. En el evangelio de San Juan 4:14 leemos: "pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.» El agua que tomamos en el pozo milagroso es un signo del bautismo, por el que llegamos a ser miembros de Cristo y de su Iglesia. Por eso es esencial que abramos el corazón en fe para vivir nuestro bautismo. 

2- "Mi corazón ya no sufre ver tantas desdichas sin remediarlas" La Virgen en muchas apariciones manifiesta su dolor materno por ver a sus hijos, no solo enfermos físicamente, sino, sobre todo, por la condición de pecado. La vemos llorar, por ejemplo, en La Salette y en Fátima. La Virgen coopera con la obra redentora de su Hijo. Ver: "Por que llora la Virgen" 

3-"Hallarán una imagen mía que representa mis perfecciones y por ella prodigaré mis piedades y clemencia". La Virgen María, siendo Inmaculada, no tuvo nunca mancha de pecado. En ella encontramos todas las virtudes en grado de perfección. Quien se acerca a ella recibe las gracias necesarias para la santificación. Así ocurrió a Santa Isabel y a su niño en el vientre, San Juan Bautista. Lucas 1:41 "Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo"

Oremos

Virgen Santísima, Madre de Dios y madre nuestra, 
que en Ocotlán nos visitasteis para traernos la esperanza y la curación.
 
A ti acudimos con nuestras necesidades, 
pero mas que todo porque te amamos y 
porque queremos ser siempre tuyos para que nos lleves a Jesús, 
fuente de vida eterna.