30 de junio de 2022

Nuestra Señora de la Bella de Arani (Bolivia)

Del sitio PDF Slide:

El actual templo de “San Bartolomé” de Arani es considerado un importanteSantuario porque en él se venera una de las advocaciones marianas más antiguasdel Valle Alto, y custodia una de las imágenes más bellas de la Virgen María. Esta imagen está tallada en madera y presenta un rostro maternal con ciertos rasgos autóctonos de mujer del Nuevo Mundo. La tradición indica que la imagen fue traída desde España, sin embargo, no se ha encontrado documentación escrita que certifique este dato. Lo cierto es que su veneración se remonta a finales del siglo XVI o principios del XVII, y que desde sus inicios esta devoción mariana se difundió y popularizó entre los habitantes del valle cochabambino y comunidades de su entorno y entre los viajeros que se dirigían hacia Charcas, las minas de Potosí y la región Chiriguana del oriente.

Por sus antecedentes históricos de veneración antigua, se debe considerar a la Virgen María de La Bella entre las imágenes más notables del culto mariano de la época Colonial, como la virgen del Rosario del Villar (Tomina, 1582?), la Virgen de Copacabana (Tito Yupangui, 1583), Nuestra Señora de la Gracia de Pucarani (imagen labrada probablemente por Tito Yupangui), la Inmaculada Concepción de Sopocachi (La Paz, 1568?), Nuestra Señora de la Candelaria de Potosí y Nuestra Señora de Guadalupe de Chuquisaca.

Por su valor arquitectónico y histórico, por su platería y sus retablos, el Santuario de Nuestra Señora La Bella fue declarado Monumento Nacional y Patrimonio Colonial del departamento de Cochabamba por Decreto Ley del 19 de Septiembre de 1945.

La presencia de los primeros cristianos españoles que se asentaron en el área que antiguamente se denominaba “Valle de Cliza” (hoy Valle Alto de Cochabamba) ha dado origen al culto mariano de La Bella. Este valle comprende, estrictamente hablando, las capitales y algunas secciones de Tarata, Cliza, Punata, Tiraque y Arani.

Los hermanos Hernando y Gonzalo Pizarro, al mando de un pequeño grupo de soldados españoles (y un ejército de unos 5000 indios, sujetos a los españoles) fueron los primeros hispanos en arribar al valle de Cochabamba, por motivo de conquista y hacer frente a los indios leales al Inca. Esto ocurrió en los años 1538 y 1539, ocasión que sirvió para que a los pocos años se instalasen en los valles de Cochabamba soldados y laicos colonizadores españoles; unos exigiendo mercedes (premios) y otros buscando encomiendas. Al inicio hubo cierta concentración de españoles en las estancias de Toco (Cliza), posteriormente otros españoles fijaron su interés en las tierras fértiles de Punata y Arani. Las estadías permanentes de los primeros españoles en el Valle cochabambino se iniciaron en la década de 1540. En la década de 1550 esta presencia se incrementaría aún mucho más. El motivo fue la producción agrícola de granos y el pastoreo de ganado vacuno y ovino.

Pedro Xuarez Cermeño fue uno de los primeros españoles residentes en la localidad de Arani. Este hispano cristiano compró tierras en Saqsayjarani (Arani) en 1556. Por otra parte, la orden de San Agustín, en 1570, fundó un convento en Collpa Siaco (comunidad perteneciente a Arani), bajo la advocación y protección de Santa Catalina, sujeto al vicario de Tapacarí. El fundador del convento fue el padre fray Diego de Dueñas. 

Estas referencias históricas tempranas de presencia del cristianismo son indicadores para considerar la influencia directa en la devoción mariana en el Valle de Cochabamba, veneración que ya había sido recomendada por los Primeros Concilios de Lima, de 1551, 1567 y 1583.

El título de “La Bella”, advocación dada a la madre de Jesús, es originaria del sur de España. La santísima Virgen María “La Bella fue venerada desde el siglo XV en la localidad de Lepe, provincia de Huelva (España). Es patrona de Lepe y su fiesta es la más popular de la región; miles de romeros le hacen ofrendas de flores en el mes de mayo y cientos de caballistas, charrets y personas de a pié, todos con sus trajes típicos, desfilan ante la imagen de La Bella. En romería, la Virgen es trasladada de Lepe hacia El Terrón, puerto pesquero de Lepe. El Terrón es el lugar donde se habría aparecido la Virgen de La Bella, tradición vinculada a unos marineros y a los frailes franciscanos de la región. Para los marineros, la Virgen de La Bella fue su patrona y protectora.

Cuenta la leyenda que cierto día varios religiosos y el padre Guardián de la Orden de San Francisco paseaban por la orilla del río Piedras, observando cómo un barco tripulado por tres jóvenes se dirigía hacia ellos. Una vez en tierra rogaron a los religiosos que les guardasen una caja (donde se contenía la imagen de la Virgen) hasta que volvieran a recogerla. De esta manera la caja quedó bajo custodia en el convento durante varios años. Un día un hermano franciscano abrió en presencia de la comunidad el cofre, apareciendo una hermosa escultura de la Virgen María, ante la que exclamaron lo frailes: ¡Oh, qué bella! ¡Es como la del Cielo! Esta alabanza fue desde entonces el nombre de la preciosa Imagen. La noticia del hallazgo de la Virgen La Bella se extendió por toda la comarca. La devoción a Nuestra Señora de La Bella se difundió también por el Nuevo Mundo. Se sabe que en el siglo XVI, además de la Virgen de La Bella de Arani (Cochabamba) hubo una capilla dedicada bajo la advocación de La Bella en Puebla de los Ángeles (México).

Existen varios indicios para sostener la tesis de que los españoles residentes en el valle de Arani, especialmente los muy devotos de la Virgen de Lepe (España),iniciaron la devoción mariana de La Bella, difundiéndola entre los cristianos de la región que había adquirido importancia económica por la producción de cereales, árboles frutales y ganado vacuno, traídos de la península ibérica. Teresa Gisbert y José de Mesa, en su estudio sobre La Virgen María en Bolivia catalogan la veneración mariana de La Bella entre las"Virgenes Españolas transferidas con poca alteración”. Es decir, la imagen de la Virgen La Bella de Arani es resultado de la transferencia o migración desde el puerto de Lepe de España. Sin embargo, se debe señalar que en el valle de Arani, los contextos culturales regionales hicieron de su culto algo muy particular y distinto de la región sureña de Lepe.

Hasta 1604 el Valle de Clizaestuvo bajo la jurisdicción eclesiástica de la diócesis de La Plata (Charcas), pero al crearse el obispado de Santa Cruz de la Sierra en Julio de 1605, pasó a pertenecer a esta nueva jurisdicción. Con la erección del episcopado cruceño, la devoción de nuestra Señora La Bella recibió una especial atención y devoción de los Obispos de Santa Cruz de la Sierra, particularmente de fray Bernardino de Cárdenas y Ponce, elKolla Mitrado” (quinto Obispo de Santa Cruz). Este prelado, en Octubre de 1667, aseguró en una de sus cartas que la  mamita La Bella le sanó milagrosamente de dos enfermedades de muerte por milagro manifiesto; el Obispo Cárdenas tuvo una visión en la que la Virgen le tendió la mano como signo de recuperación de su enfermedad. Una vez sanado milagrosamente, Bernardino de Cárdenas fue el más fiel devoto de la Bella.  

El Obispo Miguel Bernardino de la Fuente y Rojas, de origen limeño, fue quien destinó recursos económicos para la construcción del Santuario (1743-1745), por especial devoción a la madre de Jesús. El prelado de origen cordobés, Juan Pablo de Olmedo (1749) completó la construcción del templo, hizo refacciones y mejoras. El Obispo paceño José Ramón de Estrada (1791-92) contribuyó en el esplendor del Santuario de la Virgen de La Bella. Rafael de la Vara de la Madrid, como doctrinero y luego como el primer párroco de Arani (1780-1806) engrandeció su parroquia con trabajos de carácter espiritual misionero y con las mejoras materiales del templo.

Entre los testimonios de laicos se debe citar a Francisco de Viedma, Gobernador e Intendente de Cochabamba. En 1793 informaba que el Santuario de Arani era algo mayor que los otros curatos, que se veneraba una imagen de María Santísima con el título de Nuestra Señora de La Bella, a quien toda la provincia y sus inmediaciones tenían particular devoción, y que venían muchas gentes en romería a cumplir sus promesas; que el día 24 de Agosto se celebraba una fiesta solemne, fiesta que atraía innumerable concurso de gentes, y con este motivo se hacía feria  de géneros de castilla y de la tierra y que los fieles contribuían con muchas limosnas. El viajero francés Alcides D. D’orbigny en su paso por Arani hacia Santa Cruz , el 23 de Octubre de 1830, entró en el templo y admiró la riqueza de sus adornos de plata y la famosa Virgen llamada Nuestra Señora de La Bella, imagen que atraía muchos votos y peregrinajes, y sobre todo limosnas. Don Federico Blanco, en 1901, decía que el 24 de Agosto se celebraba una fiesta muy concurrida en honor de María Santísima La Bella.

Durante los siglos XVII, XVIII y XIX la devoción a la Virgen de La Bella se difundió y se popularizó entre creyentes, no solo de las poblaciones del Valle Alto, sino también entre los devotos de la zona andina de occidente y los devotos del oriente boliviano. Los romeros acudían al Santuario mariano durante todo el mes de Agosto, de modo especial, los días anteriores y posteriores al 15 de Agosto (fiesta de la Asunción) y el día 24 de Agosto. Paulatinamente, la fiesta patronal se fue organizando de la siguiente manera: el 23 de Agosto es el día del Calvario”, día de las vísperas, con una romería y celebración eucarística en el lugar denominado Calvario y la venta de miniaturas; el día 24 que es propiamente la fiesta patronal, en el que los devotos visitan a la Virgencita en el templo y participan de la solemne procesión; el día 25 es la cacharpaya”, despedida de la fiesta y despedida de los peregrinos del Valle Alto que viajan a la virgen de Surumi, en el norte de Potosí.

Los más de cuatro siglos de veneración de la virgen María en Arani constituyen un tiempo significativo de experiencia de religiosidad popular, un tiempo marcado por los buenos augurios, como también por la experiencia de la finitud y la limitaciones en la prosperidad material y la realización personal-familiar; sin embargo, un tiempo fuerte religioso marcado por la devoción a María La Bella con la gran esperanza de días mejores, de salud espiritual y de bendiciones en el trabajo y en la producción agrícola

29 de junio de 2022

Nuestra Señora de Balamand

 Del sitio Capital:

El sagrado icono muestra a la Virgen Madre de Dios con un hermoso rostro sereno que inspira paz, pues dirige su mirada hacia quien ora ante ella mientras con su mano derecha le presenta al espectador a su divino Hijo.

Líbano es tierra santa que Jesús conoció bien, pues allí estuvo en diversas ocasiones y de ahí procedían algunos de sus muchos discípulos. Aunque en las Sagradas Escrituras no aparece el nombre de Líbano, las ciudades de Tiro y Sidón, por ejemplo, forman parte del territorio libanés, localizado al sur de Israel (Cfr. Mt 15,21-28 y Mc 3,7-8).

La Fe de los libaneses es grande y suelen invocar de manera constante a la Virgen Madre de Dios en una devoción que se caracteriza por su intensidad al presentarle sus anhelos y tristezas y al confiar en ella sus esperanzas. En todo el Líbano, esta devoción encuentra su arraigo profundo en la Tradición milenaria, pues se asocia el nombre de este noble pueblo a diversas citas bíblicas de donde surgen cantos de alabanza a la Virgen Madre: “María, tú te levantas como los cedros del Líbano”, “el perfume de tus vestidos es como el perfume del Líbano”, y en las letanías lauretanas, después de la invocación “Rosa Mística”, se añaden las palabras: “Cedro del Líbano, ruega por nosotros”. Así, todos los libaneses, conscientes de estas referencias bíblicas, se sienten profundamente vinculados a María. Por esta razón es que la Virgen Santa está presente en todo el territorio libanés en sus innumerables santuarios de los que entre los más conocidos están los de Balamand, Kannubin, Harissa, Zahlé, Magdouché, Bikfaya, Ksara y Bzommar. En cada pueblo libanés, aún en el más pequeño, existe una iglesia o al menos una capilla dedicada a María; y las iglesias del patriarcado Maronita, a su vez, están todas dedicadas a la Virgen: Nuestra Señora de Yanouh, de Ilij, de Maïfouk, de Diman y de Bkerké.

El santuario mayor y más querido por los libaneses es el de Nuestra Señora del Líbano, situado en la colina de Harissa. Allí, la gran estatua de la Virgen, que se levanta junto al santuario y se dirige con las manos extendidas y abiertas hacia el mar y la capital Beirut, asegura su protección maternal, e iluminada de noche, se ve desde casi todo el Líbano.

Es tradición de siglos entre las familias libanesas rezar el Rosario, cantar el himno Ya Ummalllah (Oh Madre de Dios) y bendecirse ante algún icono de la Virgen María. Y quienes han tenido que emigrar de esta tierra santa han llevado consigo su fidelidad a María, pues en cualquier país de la emigración, la primera iglesia fundada por una comunidad libanesa está dedicada a Nuestra Señora del Líbano, como ha ocurrido en las ciudades de México, París, Marsella, Boston, Sidney, Dakar, Abidján y Londres.

De entre los varios iconos marianos del Líbano, goza de gran veneración el de Nuestra Señora de Balamand, cuyos orígenes datan del año 1318 cuando fue escrito, y cuya imagen de la Virgen María se ha constituido en la santa Patrona de la zona del Koura, donde se venera en el monasterio de Balamand emplazado a ocho kilómetros de la ciudad de Trípoli.

El sagrado icono muestra a la Virgen Madre de Dios con un hermoso rostro sereno que inspira paz, pues dirige su mirada hacia quien ora ante ella mientras con su mano derecha le presenta al espectador a su divino Hijo. La cubre un omophorion de color rojo oscuro con tres estrellas, una sobre su frente y una en cada hombro en alusión a su virginidad perpetua antes del parto, en el parto y después del parto.

El Niño Jesús viste túnica dorada, que indica su divinidad, con faja roja y con un manto del mismo color que el su Madre. Sus rasgos faciales son infantiles aunque su cabeza y su mirada son de adulto a fin de resaltar su sabiduría infusa. Glorioso y sedente sobre el brazo izquierdo de su madre, que actúa como trono, con su mano izquierda sostiene un pergamino con el texto del Evangelio: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14,6). Con los dedos índice y mediano de su mano derecha indica su doble naturaleza, divina y humana; en tanto que con sus dedos pulgar, anular y meñique indica la trinidad santa del único Dios.

En la parte superior del icono, sobre las figuras de Jesús y de María, resaltadas ambas con sendos nimbos, los arcángeles Miguel y Gabriel, también adornados con nimbos, sostienen en sus manos las Sagradas Escrituras con los textos que proféticamente anuncian al Mesías.

Una antigua letanía reza así: “Oh María, Reina de los montes y de los mares: Patrona del Líbano, dirige una mirada materna a todos tus hijos, extiende hacia nosotros tus manos puras y bendícenos”.

28 de junio de 2022

Nuestra Señora de los Milagros de Santa Fé (Argentina)

 Del sitio Santuario de Nuestra Señora de los Milagros:

Un 15 de noviembre de 1573, a orillas del Río de los Quiloazas, nacía la ciudad de Santa Fe. Su fundador, Don Juan de Garay, daba cumplimiento al mandato de abrir puertas a la tierra. Esta expresión señalaba la necesidad de establecer un puerto intermedio entre Asunción y Buenos Aires, que sirviera de escala segura para los viajeros.

Los fundadores que vinieron con Garay, eran criollos nacidos en estas tierras y le darán a la ciudad el carácter de una nueva síntesis cultural mestiza.

El naciente caserío manifiesta pronto su deseo de contar con la presencia de religiosos de la Compañía de Jesús. En 1595 los cabildantes le escriben al Padre Provincial Juan Romero, SJ, residente en Asunción, suplicándole el envío de religiosos jesuitas. Este pedido fue satisfecho recién en 1609, cuando llegaron a Santa Fe, el Padre Francisco del Valle, SJ y el Hermano Juan de Sigordia, SJ. Al año siguiente comenzará a edificarse la escuela y la iglesia que los jesuitas ocuparon hasta el traslado de la ciudad, hecho ocurrido entre los años 1651 a 1660 aproximadamente, en el sitio que actualmente ocupa.

En 1634 de paso por la ciudad rumbo a la Reducción de San Ignacio Miní, un artista de fina sensibilidad, el Hermano Luis Berger, SJ. A pedido de los Congregantes Marianos, accedió gustoso a representar la Mujer del capítulo 12 del Apocalipsis. El cuadro se llamó como la Congregación Mariana: “de la Pura y Limpia Concepción”. Fue plasmada en un lienzo que mide 1,33 x 0,96 mts. y que actualmente se venera en el Santuario de Nuestra Señora de los Milagros de Santa Fe.

El sol ya tomaba distancia del horizonte de islas en la fresca mañana de otoño, iluminando el humilde caserío. Era el 9 de mayo de 1636 y la pequeña Santa Fe iniciaba un nuevo día de arduas tareas.

En el templo de la Compañía de Jesús, edificado sobre uno de los costados de la plaza mayor, el Padre Rector del Colegio y de la Iglesia, Pedro de Helgueta, SJ, oraba arrodillado frente al cuadro de Nuestra Señora, como todas las mañanas. Habiendo finalizado la Misa, alrededor de las ocho horas, el Padre levantó la vista hacia el cuadro y se sorprendió por lo que creyó era humedad del ambiente condensada en la pintura. Pero pronto comprendió que el brillo tenía un origen distinto. 

"Incorporándose descubrió que de la mitad de la Imagen para arriba la pintura estaba totalmente seca, mientras que hacia abajo corrían hilos de agua resultantes de innumerables gotas emanadas en forma de sudor. Siguió recorriendo con la vista hacia abajo y comprobó que el caudal ya estaba mojando los manteles del altar y el piso." 

Al ver el asombro del sacerdote, varias personas que aún permanecían en la iglesia se acercaron y pudieron conocer lo que estaba ocurriendo. Comenzaron a embeber aquel agua en algodones y lienzos, mientras el número de fieles y curiosos crecía junto al júbilo y las exclamaciones. Las campanas de la Iglesia no pararon de repicar, para anunciar a todo el pueblo lo que estaba sucediendo. A pocos minutos llegaron el Vicario y Juez Eclesiástico de Santa Fe (Cura Hernando Arias de Mansilla), el Teniente de Gobernador y Justicia Mayor (Don Alonso Fernández Montiel), el General Don Juan de Garay (hijo del fundador) y el Escribano del Rey, Don Juan López de Mendoza.

Subido en un banco el propio Vicario tocó con sus dedos la tela del cuadro, procurando contener los hilos de agua que descendían, pero por el contrario, continuaba manando copiosamente cambiando de dirección al contacto con la mano. Esto duró algo más de una hora, como lo atestigua el acta que se conserva hasta hoy en el Santuario. También se conserva una reliquia de los algodones tocados en el sudor y que besan agradecidos todos los fieles cada 9 de mes.

En las semanas, meses y años siguientes a este milagro, comenzaron a sumarse otras numerosísimas manifestaciones del amor de Dios para con sus hijos. Las curaciones más asombrosas fueron también recopiladas por el Escribano del Rey. Así fue que los santafesinos empezaron a invocar a su Madre con el título de “Nuestra Señora de los Milagros”.

En pocos días, Monseñor Cristóbal de Aresti, Obispo de la Diócesis de Asunción del Paraguay, de la que dependía entonces Santa Fe, reconoció al sudor como auténtico milagro, pues según los requisitos establecidos por la Iglesia, se contaba con suficientes testimonios probatorios del extraordinario suceso. En tal sentido las actas labradas, la calidad y cantidad de testigos y las reliquias conservadas por la gente que seguían obrando curaciones, daban fe de ello.

Antes de cumplirse el año de este suceso, el 22 de diciembre, el propio Monseñor Aresti pudo pasar por Santa Fe, camino hacia Buenos Aires, y certificar personalmente estos acontecimientos milagrosos. 

Hacia 1660 se había completado el traslado de la ciudad a unos 80 kilómetros más al sur, al sitio que hoy ocupa. Diversas razones motivaron este desplazamiento, entre las que podemos citar las periódicas inundaciones, el constante acecho de los malones de aborígenes que tenían en vilo a los pobladores y las plagas de langosta que devoraban las pocas cosechas. En la nueva ciudad, que pasó a llamarse Santa Fe de la Vera Cruz, los padres jesuitas ocuparon el mismo lugar que tenían en Santa Fe La Vieja. 

El templo actual, declarado Monumento Histórico Nacional, se terminó de construir en 1670. Al cumplirse los 300 años del sudor milagroso, fue erigido como Santuario el mismo día que se realizó la Coronación Pontificia del Cuadro. A su lado se encuentra el Colegio de la Inmaculada Concepción, de fecunda y dilatada trayectoria en la educación de la juventud. 

Con la expulsión de la Compañía de Jesús de las tierras españolas, y con las severas restricciones de mantener cerrados el Colegio y la Iglesia, el culto a Nuestra Señora de los Milagros se tuvo que suspender desde 1767 hasta 1862. Ante las insistencias de los congregantes y feligreses, el Cabildo permitió retirar el cuadro de la Iglesia (cerrada al público) y trasladarlo a la Iglesia Matriz (Catedral). Recién unos veinticinco años más tarde se regresó con júbilo a su altar, con la llegada de los padres Mercedarios, quienes vivieron en el Colegio y se hicieron cargo de la Iglesia. Tuvo que correr casi un centenar de años para que los Jesuitas volvieran a Santa Fe; sin embargo el amor a María y el agradecimiento a Dios por los milagros nunca se olvidaron. 

El 9 de mayo de 1936 el Papa Pío XI otorgó la Coronación Pontificia al cuadro de Nuestra Señora, cambiándolo al centro del altar mayor. Presidió la ceremonia el Cardenal Santiago Copello y vinieron fieles y jesuitas de otras regiones del país. La Santísima Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora de los Milagros, fue declarada Patrona de la Provincia Argentino – Uruguaya de la Compañía de Jesús.

27 de junio de 2022

Nuestra Señora de Luján (Roma, Italia)

 

Del sitio Chiesa Argentina:

En marzo de 1910 el Vicariato de Roma confía el cuidado pastoral del barrio Salario al padre José León Gallardo que, el 5 de mayo compra, con dinero personal, el terreno donde el 9 de julio de ese mismo año coloca la piedra fundamental del nuevo templo dedicado a la Virgen Santísima, Nuestra Señora de los Dolores. 1910 era el año del primer centenario de la Revolución de Mayo.

En el 1913 es inaugurado el Oratorio donde comienzan a celebrarse provisionalmente los sagrados misterios.

El 18 de junio de 1915, a pedido del Episcopado Argentino, Benedicto XV concede que el templo sea Iglesia Nacional.

Solo el 9 de junio de 1924 se llega a inaugurar parcialmente el templo, pero en el 11 de noviembre de ese año muere prematuramente monseñor Gallardo. A causa de su deceso, acaecido en Génova, las obras se paralizan. Su heredero universal Angel Gallardo, hermano del sacerdote, decide en 1929 dar continuidad a la obra cediendo la propiedad a la Arquidiócesis de Buenos Aires, en calidad de representante del conjunto de los obispos argentinos. El 24 de junio de 1929 la administración y la atención pastoral viene asumida por la Orden de la Merced. Religiosos de esa Orden dan continuidad al proyecto y el 1 de noviembre de 1930 se dedica el templo con el rito de consagración de iglesias.

Por un breve periodo, es decir desde el 1932 al 1934, la Iglesia es también sede de la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores. Luego de algunas vicisitudes de la misma comunidad religiosa, la sede se traslada a la vecina capilla de Santa Bonosa, ubicada sobre el Viale Regina Margherita, tomando más tarde el título de Nuestra Señora de La Merced y san Adrián mártir.

Hasta el 1965 la casa adyacente a la Iglesia fue también sede de la Curia General de la Orden de la Merced.

El 11 de noviembre de 1964 los restos de monseñor Gallardo son trasladados desde Génova a Roma para ser sepultados dentro del templo. Actualmente se encuentra su tumba a los pies de la Virgen de Luján.

El 7 de junio de 1967 el Papa San Pablo VI anexa al número de los títulos cardenalicios el Templo de la Beata Virgen María Dolorosa con la constitución apostólica Sunt Hic Romae.

Desde el 27 de febrero de 1989 la Conferencia Episcopal Argentina retomó la gestión de la Iglesia.

26 de junio de 2022

Nuestra Señora de la Consolación de Táriba

Del sitio de la Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares (CAVIM): 

La devoción por Nuestra Señora de la Consolación es una de las más antiguas del país y atrae la mirada de los miles que acuden cada año en gratitud a la Virgen.  

Cientos de peregrinos acuden hasta la Basílica Menor de la Consolación de Táriba para rendir devoción a la Madre de Dios, cuya venerada Imagen celebró en 2017 sus 50 años de coronación canónica. 

Se trata de una de las devociones más antiguas de Venezuela. Su hogar, un templo cargado de historia y devoción, el cual fue consagrado en 1911 y elevado a Basílica Menor en el año 1959. 

Según reseña el portal católico mundial Aleteia, tras la fundación en 1561 de San Cristóbal, se asienta un convento de padres Agustinos en el Valle de Santiago, donde el superior de esa congregación enviaría misioneros que evangelizaran esas tierras. 

Recibida la misión, emprendieron su camino hasta las cercanías de Táriba, el poblado aborigen que esperaban abordar. Y llevaban con ellos un retablo con la imagen pintada de la Virgen, pero iban desprovistos de indumentaria adecuada para la zona. 

Sorprendidos por la crecida del río Torbes, cuyas aguas embravecidas les impedían continuar su camino, clamaron la intercesión de la Virgen. Ataron el retablo a una caña brava y la elevaron. Con ella elevada siguieron la travesía, mientras se encomendaban a Nuestra Señora, logrando avanzar sin dificultad. 

Llegados al sitio, clavaron en la tierra la vara coronada por la imagen mariana, y construyeron para ella una pequeña capilla. Poco después, las pugnas entre las tribus de la zona forzaron la partida de los pobladores; pero una india se hizo cargo de la imagen, que con el tiempo perdió su colorido. 

Cuentan la historia, que a fines del siglo XVI acudió el encomendero de Pamplona de la Nueva Granada hasta Táriba, con el deseo de visitar a una familia de apellido Zamora. La casa coincidía con el lugar en donde la india había recogido el pequeño retablo para cuidarlo. 

Durante una de las visitas del encomendero, los hijos de Zamora organizaron un juego de pelota; y mientras jugaban, una de las paletas se partió. Así que buscaron reemplazarla con un trozo de madera y hallaron sin saberlo el retablo en el que la Virgen estuvo alguna vez pintada. 

En un intento por improvisar la paleta, intentaron partir el retablo. Pero a pesar de los golpes no lograron fraccionarlo porque la madera resultaba muy dura. Al seguir golpeándola, ésta comenzó a emitir sonidos similares a los de un tambor, lo que llamó la atención de la madre de los muchachos. 

La dama, que sí conocía la procedencia del retablo, se escandalizó al comprobar que se trataba de aquel donde se había pintado la Virgen. Así que regañó a los muchachos y ubicó la tablilla en lo alto del granero, en un espacio que hacía las veces de alacena. 

En horas de la tarde, los sorprendió un fuerte resplandor que venía de aquella habitación; y acudieron asustados pensando que se trataba de un incendio. Cuando llegaron a apagar lo que crían que era fuego, descubrieron con asombro una radiante luz que emitía la tablita, cuyos colores se habían avivado de forma milagrosa. Entonces se unieron en oración y cayeron rendidos ante la preciosa imagen, que más de cuatrocientos años después sigue generando multitudinarias peregrinaciones para rendirse a los pies de la excelsa Patrona. 

En la tablita se aprecia la viva imagen de Nuestra Señora de la Consolación, que cada año luce más intensa y atrae a miles de devotos de todas partes del país y del mundo, en busca de su consuelo, con intercesión para lograr de Dios muchos milagros.

25 de junio de 2022

Nuestra Señora de LLedó

 Del sitio de la Enciclopedia Hispano Católica Universal (Mercabá):

La ciudad de Castellón le profesa tierna devoción y los buenos castellonenses acuden a ella, muchos diariamente, para darle gracias, venerarla y solicitarle nuevas ayudas. Un precioso paseo de un kilómetro la separa de la misma ciudad. El Santuario es precioso y siempre dignamente atendido.

En esta ocasión la historia va casi unida con la tradición. El 1366 se señala como el año de la feliz "Troballa" de la Virgen bajo un almez por el labrador Perot de Granyana. Almez o latonero en valenciano se dice "lledoner", de aquí su nombre según se castellanice: LIDÓN o se valencianice: LLEDÓ.

La historia habla de que el templo gótico de 1300, por resultar insuficiente, en 1379 ya se trató de ampliar. Pocos años después -1380- llegan las quejas de los propietarios circunvecinos por la abundancia de peregrinos de Castellón y de más lejos que acuden a venerar la milagrosa imagen. 

En 1730 se inauguró el templo actual, neoclásico. El 18 de marzo de 1983 el papa San Juan Pablo II le concedió el privilegio de Basílica Menor.

La imagen es de sólo 6 centímetros y se le atribuyen varios milenios de existencia. En su origen pudo ser pagana, pero después la fe de los cristianos la convirtió en una devota imagen de la Virgen María. En un principio fue colocada en un ostensorio y más tarde dentro del vientre de otra imagen mayor de la Virgen María.

Durante la persecución religiosa de 1936 se salvó milagrosamente la diminuta imagen, pero fue destruida la imagen-relicario. Terminada la guerra, se construyó otra imagen-relicario parecida a la anterior y dentro se volvió a colocar la imagen diminuta donde en la actualidad se venera.

Varios papas -Gregorio XII, Clemente XI y León XIII- concedieron indulgencias a los que visitaran o rezaran ante esta bendita imagen.

El papa Pío XI, el 8 de noviembre de 1922 declaraba a la Virgen de Lidón PATRONA de Castellón. Y el 4 de mayo de 1924 fue coronada canónicamente... Otros papas -Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II- concedieron también gracias especiales.

La Basílica está atendida por un Prior y en ella hay un rico culto litúrgico y popular. La belleza del paraje y la facilidad de acceder al Santuario hace que muchos castellonense acudan cada día a venerar a la Mare de Déu de LLEDO.

Así le cantan llenos de fervor en la Salve popular:

Salve, Virgen de Lidón,
del mortal corredentora,
nuestra Patrona y Señora,
Egida de Castellón;
con viva fe y efusión

 

te invocamos, Virgen pía,
pues eres nuestra alegría,
nuestra esperanza y consuelo;
oye siempre con anhelo
nuestras preces, Madre mía.