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3 de julio de 2026

El Sagrado Cinturón de Nuestra Señora


 Traducido del sitio Mary Undoer of Knots:

La fiesta de Santo Tomás Apóstol, el 3 de julio, es una oportunidad para presentar un importante tema iconográfico en las representaciones de la vida de Santo Tomás: la escena en la que Santo Tomás recibe el Santo Cinturón de la Virgen María en la Asunción.

Tomás, llamado Dídimo ("el gemelo") o Tomás el Apóstol, fue uno de los pocos discípulos que Jesús eligió, desde el comienzo de su vida pública, para ser sus apóstoles: San Juan, en su Evangelio (Juan 20:24), afirma que Tomás era "uno de los Doce".

Un episodio conocido sobre Tomás en el Evangelio es su incredulidad en la Resurrección, por lo que a veces se le llama "Tomás el incrédulo". De hecho, según se relata en el Evangelio de Juan, Tomás, que no estaba presente cuando Cristo resucitado se apareció a los apóstoles, expresó su incredulidad y provocó una nueva aparición de Cristo resucitado, esta vez en presencia de Tomás:

"Tomás, llamado Dídimo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Entonces los otros discípulos le dijeron: 'Hemos visto al Señor'. Pero él les respondió: 'Si no veo la marca de los clavos en sus manos y meto mi dedo en las marcas de los clavos y meto mi mano en su costado, no creeré'. Una semana más tarde, sus discípulos estaban de nuevo dentro y Tomás estaba con ellos. Jesús vino, aunque las puertas estaban cerradas, se puso en medio de ellos y les dijo: 'La paz sea con ustedes'. Luego le dijo a Tomás: 'Pon aquí tu dedo y mira mis manos, y acerca tu mano y ponla en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente'. Tomás le respondió y le dijo: '¡Señor mío y Dios mío!'. Jesús le dijo: '¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que no han visto y han creído' (Jn 20, 24-29).

Después de ver a Jesús resucitado, Tomás se convirtió en un ferviente misionero, evangelizando Siria, luego Edesa, la India y China, antes de regresar a la India, donde fue martirizado en Mylapore, ahora llamado "Monte de Santo Tomás», cerca de Madrás. Sus restos se encuentran en la cripta de la basílica de Santo Tomás en Chennai, India.

Otro episodio de la vida de Santo Tomás está relacionado con la Asunción de María. Los relatos apócrifos (no canónicos) recogen diferentes versiones del regalo que la Virgen María hizo a Santo Tomás de su cinturón durante su Asunción al cielo, como prueba de su Asunción. Tomás fue el único apóstol que no estuvo presente al final de la vida de María en la tierra. Sin embargo, las excavaciones realizadas en la catedral de Nuestra Señora del Cinturón en Homs, Siria, llevaron al descubrimiento de un cinturón que data de la época romana, que llegó de Edesa en 476, al mismo tiempo que el traslado de algunas de las reliquias de Santo Tomás desde la India en 232.

Esta tradición del Santo Cinturón es conocida y celebrada tanto en Oriente como en Occidente: la fiesta ortodoxa del 31 de agosto celebra la Deposición del Cinturón de la Virgen en Chalcoprateia, en la iglesia de Santa María. En Occidente, esta tradición sigue muy viva: se pueden encontrar varias reliquias en Francia (en Puy-Notre-Dame, en Saumur; en la basílica de Notre-Dame de la Délivrance, en Quintin, en Bretaña; en la colegiata de Notre-Dame, en Loches, etc.). Una reliquia del Cinturón de la Virgen, traída de Jerusalén en 1141 por un comerciante de Prato, también se conserva en la catedral de Prato (Italia, Toscana). La Ostensión del Santo Cinturón (o Cinturón, o Cintura) tiene lugar allí cinco veces al año, en particular el 15 de agosto, día de la Asunción, y el 8 de septiembre, día de la Natividad de María.

Las representaciones del regalo del Cinturón Sagrado a Tomás se remontan al siglo XII en Francia (en la iglesia de Cabestany). En Italia, fue el pintor italiano de la escuela florentina prerrenacentista Agnolo Gaddi quien recibió el encargo de pintar los frescos de la leyenda de la Sacra Cintola en el Duomo, en la capilla del mismo nombre, que contiene la famosa reliquia.

Esta historia del cinturón liso del Cinturón Sagrado, una reliquia-regalo de la Virgen María, nos invita a rezar a María, por intercesión de Santo Tomás Apóstol, para deshacer los nudos de la "cinta" de nuestras vidas que están atados a la incredulidad, para que podamos crecer en la fe a pesar de ellos, o más bien, como solía decir San Juan Pablo II, "gracias a ellos".

17 de mayo de 2026

¿Estuvo presente Nuestra Señora en la Ascensión de Jesús?

 


Traducido del sitio Aleteia:

La Biblia no dice exactamente quién estaba allí, pero es muy posible que María estuviera presente en la ascensión de su hijo, Jesús.

El primer capítulo de los Hechos de los Apóstoles continúa la historia de la vida de Jesús y comienza con su ascensión al cielo. Sin embargo, no queda claro de inmediato quién estaba allí, y muchos se han preguntado si María, su madre, estuvo presente en la ascensión de Jesús.

La Biblia nos da algunas pistas.

En primer lugar, se puede deducir con seguridad que los apóstoles estaban allí y fueron testigos de la ascensión.

Cuando entraron en la ciudad, se dirigieron al aposento alto donde se alojaban: Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hijo de Santiago. 

Los apóstoles originales (excepto Judas) estaban allí y fueron del Monte de los Olivos al "aposento alto".

Inmediatamente después de este versículo aparece una posible pista que sitúa a María también en la ascensión de Jesús.

Todos ellos se dedicaban de común acuerdo a la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús. 

A los apóstoles se unieron algunas mujeres, entre ellas la Virgen María, en el aposento alto.

No hay ningún versículo claro que diga: "María estaba en la ascensión de su Hijo", pero es una tradición piadosa que Ella estuviera allí, y los artistas suelen pintar la escena con María en medio de los apóstoles, mirando a su hijo. Esto presagia el evento de Pentecostés, donde la Biblia sí afirma que María estaba allí.

Si lo piensas bien, ¿no querría Jesús despedirse por última vez de su Madre? Tiene sentido desde el punto de vista lógico, y también podemos encontrar algún apoyo en la Biblia.

Pensar en la escena de esta manera añade emoción a la partida de Jesús, que debió de ser difícil de soportar para todos, especialmente para María, que meditaba todas estas cosas en su corazón.

Por último, la ascensión de Jesús también presagia la asunción de María, en la que Jesús llevaría a su madre de la tierra al cielo. Tendría sentido que María pudiera presenciar este acontecimiento y así anticipar lo que le sucedería al final de su vida terrenal.

 16 - mayo - 2021

2 de mayo de 2026

Meditando el Rosario: Segundo Misterio Glorioso: La Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo

 Extraído del Blog Asalta el sitio con tu Rosario:

Adaptado del sitio Reina del Cielo:

Un naciente rosicler de aurora en Oriente. Jesús pasea con su Madre por los escalones de la ladera del Getsemaní. No median palabras, sólo miradas de inefable amor. Quizás ya han sido dichas las palabras, quizás no; han hablado las dos almas: la de Cristo y la de la Madre de Cristo. Ahora lo que hay es contemplación de amor, recíproca contemplación; la conoce la naturaleza asperjada de rocío, y la pura luz matutina; la conocen esas delicadas criaturas de Dios que son las hierbas y las flores, los pájaros y las mariposas. Los hombres están ausentes.

Yo incluso me siento como incómoda de estar presente en esta despedida.

"¡Señor, no soy digna!" exclamo entre las lágrimas que me caen, mirando la última hora de unión terrena entre la Madre y el Hijo, y pensando que hemos llegado al final de la amorosa fatiga, tanto Jesús como María como el pequeño, indigno niño que Jesús ha querido que fuera testigo de todo el tiempo mesiánico y que se llama María (aunque a Jesús le gusta llamarla “el pequeño Juan”, o también “la violeta de la Cruz”).

Sí. Pequeño Juan (María Valtorta). Pequeño, porque no soy nada. Juan, porque soy verdaderamente aquella a quien Dios ha conferido grandes gracias, y porque, en medida infinitesimal -pero es todo lo que poseo, y, dando todo lo que poseo sé que doy en la medida perfecta que satisface a Jesús, porque es el “todo” de mi nada-, en medida infinitesimal, yo, como el gran Juan predilecto, he dado todo mi amor a Jesús y a María, compartiendo con ellos lágrimas y sonrisas, siguiéndolos angustiada de verlos afligidos y de no poder defenderlos del livor del mundo a costa de mi propia vida, palpitando ahora mi corazón al ritmo de los suyos por lo que termina para siempre…

Violeta. Sí. Una violeta que ha tratado de estar escondida entre la hierba para que Jesús no la esquivara -Él que amaba todas las cosas creadas por ser obra del Padre suyo-, sino que la calcara con su pie divino, y yo pudiera morir emanando mi tenue perfume en el esfuerzo de suavizarle el contacto con la tierra áspera y dura. Violeta de la Cruz, sí. Y su Sangre ha llenado mi cáliz hasta hacerlo plegarse y tocar el suelo…

... La aurora ha surgido completamente. Ya el sol está alto y los apóstoles hacen oír sus voces. Es una señal para Jesús y María. Se paran. Se miran, el Uno enfrente de la Otra, y luego Jesús abre los brazos y recibe en su pecho a su Madre… ¡Oh, vaya que si era un Hombre, un Hijo de Mujer! ¡Para creerlo basta mirar este adiós! El amor rebosa en una lluvia de besos a su Madre amadísima. El amor cubre de besos al Hijo amadísimo. Parece que no puedan separarse. Cuando ya parece que vayan a hacerlo, otro abrazo los une de nuevo, y, entre los besos, palabras de recíproca bendición… ¡Oh, verdaderamente es el Hijo del Hombre despidiéndose de la Mujer que lo generó! ¡Verdaderamente es la Madre que da el adiós -para restituirlo al Padre- a su Hijo, la Prenda del Amor a la Purísima!… ¡Dios besando a la Madre de Dios!…

En fin, la Mujer, como criatura, se arrodilla a los pies de su Dios, que es, de todas formas, su Hijo; y el Hijo, que es Dios, impone las manos sobre la cabeza de la Madre Virgen, de la eterna Amada, y la bendice en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y luego se inclina y la alza; en fin, deposita un último beso en la blanca frente como pétalo de azucena bajo el oro de los cabellos (¡tan juveniles todavía!)…

Regresan hacia la casa, y ninguno, viendo con qué serenidad caminan el Uno al lado de la Otra, pensaría en la onda de amor que poco antes los ha desbordado. ¡Pero qué diferencia también, en este adiós, respecto a la tristeza de otras despedidas ya superadas, y respecto a la desgarradora congoja del adiós de la Madre a su Hijo al que habían dado muerte y había que dejarlo solo en el Sepulcro!… En esta despedida -aunque los ojos brillen con ese llanto que es natural en quien está para separarse de su Amado- los labios sonríen con la alegría de saber que este Amado va a la Morada que en razón de su Gloria le corresponde…

-"¡Señor! Fuera están, entre el monte y Betania, todos los que, como habías dicho a tu Madre, querías bendecir hoy" -dice Pedro.

-"Bien. Ahora vamos donde ellos. Pero antes venid. Quiero compartir con vosotros una vez más el pan".

Entran en la habitación donde diez días antes estaban las mujeres para la cena del decimocuarto día del mes. María acompaña a Jesús hasta allí; luego se retira. Se quedan Jesús y los once. En la mesa hay carne asada, pequeños quesos y aceitunas pequeñas y negras, un ánfora de vino y otra, más grande, de agua, y panes anchos. Una mesa sencilla, no aparejada para una ceremonia de lujo, sino sólo por la necesidad de nutrirse. Jesús ofrece y divide. Está en el centro, entre Pedro y Santiago de Alfeo. Los ha llamado Él a estos lugares. Juan, Judas de Alfeo y Santiago están frente a Él; Tomás, Felipe y Mateo, a un lado; Andrés, Bartolomé y el Zelote, al otro lado. Así, todos pueden ver a su Jesús… Una comida de breve duración, y silenciosa. Los apóstoles, llegado el último día de cercanía de Jesús, y a pesar de las sucesivas apariciones, colectivas o individuales, desde la Resurrección, apariciones llenas de amor, no han perdido ni un momento esa devotísima compostura que ha caracterizado sus encuentros con Jesús Resucitado. La comida ha terminado. Jesús abre las manos por encima de la mesa, con su gesto habitual ante un hecho ineluctable, y dice: -"Bien… Ha llegado la hora en que debo dejaros para volver al Padre mío".

...Se pone en pie para abrazarlos. Todos hacen lo mismo. Pero, mientras que Jesús tiene una sonrisa pacífica de una hermosura verdaderamente divina, ellos lloran, llenos de turbación, y Juan, echándose sobre el pecho de Jesús, en medio de los fuertes espasmos a causa de los sollozos que le rompen el pecho de tan lacerantes como son, solicita, por todos, intuyendo el deseo de todos: -"¡Danos al menos tu Pan! ¡Que nos fortalezca en este momento!"

 -"¡Así sea!" – le responde Jesús.

Entonces toma un pan, lo parte después de haberlo ofrecido y bendecido, y repite las palabras rituales. Y lo mismo hace con el vino, repitiendo después: "-Haced esto en memoria mía" –añadiendo: "-De mí que os he dejado esta arra de mi amor para seguir estando y estar siempre con vosotros hasta que vosotros estéis conmigo en él".

Los bendice y dice: -"Y ahora vamos".

Salen de la habitación, de la casa…

Jonás, María y Marcos están afuera. Se arrodillan y adoran a Jesús.

-"La paz permanezca con vosotros, y el Señor os compense de todo lo que me habéis dado" – dice Jesús bendiciéndolos al pasar.

Marcos se alza y dice: "-Señor, los olivares que hay a lo largo del camino de Betania están llenos de discípulos que te esperan".

-"Ve a decirles que se dirijan al Campo de los Galileos.

Marcos se echa a correr con toda la velocidad de sus jóvenes piernas.

-"Entonces, han venido todos" – dicen entre sí los apóstoles.

Más allá, sentada entre Margziam y María Cleofás, está la Madre del Señor.

Y, viéndolo acercarse, se levanta, y lo adora con todo el impulso de su corazón de Madre y de fiel.

-"Ven, Madre, y también tú, María…" – invita Jesús al verlas paradas, paralizadas por la majestad que, resplandeciente, emana como en la mañana de la Resurrección. Jesús no quiere apabullar con esta majestad suya... 

...Las caras de Lázaro y sus hermanas, en medio de todos los domésticos de Betania, y la cara de Juana, semejante a una rosa bajo un velo de lluvia, y las de Elisa y Nique, ya marcadas por la edad (y ahora las arrugas se hacen más profundas a causa del dolor: dolor de cualquier modo, para la criatura humana, aunque el alma se alegre por el triunfo del Señor), y la cara de Anastática, y las caras de azucena de las primeras vírgenes, y el ascético rostro de Isaac, y el inspirado de Matías, y el rostro viril de Manahén, y los austeros de José y Nicodemo… Caras, caras, caras…

Jesús llama a los pastores, a Lázaro, a José, a Nicodemo, a Manahén, a Maximino y a los otros de los setenta y dos discípulos. Les dice que se acerquen, pero quiere tener especialmente cerca a los pastores...

...Jesús, al llegar al principio del Campo de los Galileos, despoblado de tiendas en este período situado entre las dos fiestas, ordena a los discípulos: -"Detened a la gente donde está. Luego seguidme".

Sigue subiendo, hasta el lugar más alto del monte, el lugar más próximo a Betania, a la que domina -no a Jerusalén- desde arriba. Arrimados a Él, su Madre, los apóstoles, Lázaro, los pastores y Margziam. Más allá, en semicírculo, manteniendo a distancia a la muchedumbre de los fieles, los otros discípulos.

Jesús está en pie sobre una ancha piedra un poco prominente y albeante entre la hierba verde de un claro. El sol incide en Él, haciendo blanquear, cual si fuera nieve, su túnica; relucir, cual si fueran de oro, sus cabellos. Sus ojos centellean con luz divina.

Abre los brazos en ademán de abrazar: parece querer estrechar contra su pecho a todas las multitudes de la Tierra, que su espíritu ve representadas en esa muchedumbre.

Su inolvidable, inimitable voz da la última orden: -"¡Id! Id en mi Nombre, a evangelizar a las gentes hasta los extremos confines de la Tierra. Dios esté con vosotros. Que su amor os conforte, su luz os guíe, su paz more en vosotros hasta la vida eterna".

Se transfigura en belleza. ¡Hermoso! Tanto y más hermoso que en el Tabor. Caen todos de rodillas, adorando. Él, elevándose ya de la piedra en que se apoyaba, busca una vez más el rostro de su Madre, y su sonrisa alcanza una potencia que nadie podrá jamás representar… Es su último adiós a su Madre.

Sube, sube… El Sol, aún más libre para besarlo -ahora que no hay frondas, ni siquiera sutiles, que intercepten el camino de sus rayos-, incide con sus resplandores sobre el Dios-Hombre que asciende con su Cuerpo santísimo al Cielo, y evidencia sus Llagas gloriosas, que resplandecen como rubíes vivos. El resto es un perlado sonreír de luces. Es verdaderamente la Luz que se manifiesta en lo que es, en este último instante como en la noche natalicia. Centellea la Creación con la luz del Cristo que asciende. Una luz que supera a la del Sol. Una luz sobrehumana y beatísima. Una luz que desciende del Cielo al encuentro de la Luz que asciende…

Y Jesucristo, el Verbo de Dios, desaparece para la vista de los hombres en este océano de esplendores… En la tierra, dos únicos ruidos en el silencio profundo de la muchedumbre extática: el grito de María cuando El desaparece: "¡Jesús!", y el llanto de Isaac. Los demás están enmudecidos por religioso estupor, y permanecen allí, como en espera de algo, hasta que dos luces angélicas candidísimas, en forma mortal, aparecen y dicen las palabras recogidas en el primer capítulo de los Hechos Apostólicos: "-Hombres de Galilea, ¿por qué estáis mirando al Cielo?"

Este Jesús, que os ha sido ahora arrebatado y que ha sido elevado al Cielo, su eterna morada, vendrá del Cielo, en su debido tiempo, tal y como ahora se ha marchado.

María Valtorta
El Evangelio como me fue revelado

5 de marzo de 2025

La Colocación del Cinturón de Nuestra Señora

 


Del sitio Orthodox Church in America:

La colocación del Venerable Cinturón de la Santísima Theotokos en una iglesia del barrio de Chalcoprateia de Constantinopla tuvo lugar durante el reinado del emperador Teodosio el Joven. Antes de esto, la santa reliquia, confiada al apóstol Tomás por la propia Madre de Dios, fue conservada por piadosos cristianos en Jerusalén después de Su Dormición. Durante el reinado del emperador León el Sabio (886-911), su esposa Zoe fue afligida por un espíritu inmundo, y él rezó para que Dios la curara.

La emperatriz tuvo la visión de que sanaría de su enfermedad si se le ponía encima el Cinturón de la Madre de Dios. El emperador pidió entonces al Patriarca que abriera el cofre. El Patriarca quitó el sello y abrió el cofre en el que se guardaba la reliquia, y el Cinturón de la Madre de Dios apareció completamente entero e intacto por el tiempo. El Patriarca colocó el Cinturón a la emperatriz enferma, e inmediatamente se liberó de su dolencia. Cantaron himnos de acción de gracias a la Santísima Theotokos, luego volvieron a colocar el venerable Cinturón en el cofre y lo sellaron de nuevo.

En conmemoración del milagroso suceso y de la doble colocación del venerable Cinturón, se estableció la Fiesta de la Colocación del Venerable Cinturón de la Santísima Theotokos*. Partes del Cinturón sagrado se encuentran en el monasterio de Vatopedi, en el Monte Athos, en el monasterio de Tréveris y en Georgia.

30 de mayo de 2024

Nuestra Señora de Cranganor

 Del sitio Roman Catholic Saints:

En las Indias Orientales se encuentra la iglesia y el santuario de Nuestra Señora de Cranganor, que, según se afirma, fue construido por uno de los tres Reyes que visitaron al Divino Niño y a su Bendita Madre. La India fue uno de los países que tuvo el privilegio de recibir la luz de la fe en los albores del cristianismo.

La historia cuenta que Santo Tomás Apóstol llegó a la India en Cranganor en el año 52 d.C.. Allí, los cristianos siguen siendo conocidos como fieles de Santo Tomás. Kerala, como también se conoce el lugar, está aislado por las cordilleras del resto de la India, y se ha mantenido firme en la Fe, a pesar de la penumbra del resto del continente. La profunda espiritualidad de los católicos evidencia su gran amor por la Madre de Dios, Nuestra Señora de Cranganor. Nala-bat, como también se llama el país, puede traducirse como el país de María, el homónimo de María. Se cree que cuando Santo Tomás llegó a Cranganor, trajo consigo un cuadro de Nuestra Señora, pintado por San Lucas; éste se perdió después del martirio de Santo Tomás, pero más tarde se descubrió en una cueva en Little Mount, Madrás, cerca del lugar de su muerte.

En 1498, cuando los portugueses llegaron a Cranganor, se sorprendieron al encontrar tantas iglesias dedicadas a María. San Francisco Javier encontró a los habitantes de Cranganor muy fuertes en la fe y devotos de María, Nuestra Señora de Cranganor; no escatimó esfuerzos para encender su devoción a la Madre de Dios.

Cabe preguntarse por qué la devoción a María arraigó y floreció con tanta fuerza en Kerala, casi como si respondiera a una profunda necesidad religiosa y psicológica. Quizá la razón de esta devoción espontánea se encuentre en la posición de la madre en la familia hindú. Porque, aunque el amor, la obediencia, la devoción y la dependencia de la madre son naturales en todos los pueblos y naciones, en Cranganor la posición exaltada de la madre adquiere proporciones singulares, si no únicas. La madre lo es todo en la familia; depender de ella es una tendencia muy arraigada en todos los niños de Kerala. Mucho más que el padre, la madre es el sostén de la familia. Posee, compra y vende propiedades y gobierna la casa sin consultar con el padre; él puede ausentarse con frecuencia, pero ella siempre permanece en casa. Sus hermanos no tienen derecho a la propiedad, sólo a un subsidio de subsistencia y alojamiento. Este sistema matriarcal ha sido cuidadosamente protegido por la mayoría de los hindúes. Está en el corazón mismo del modo de vida tradicional de Kerala; una costumbre consagrada que ha contribuido a dar a la devoción mariana una fácil acogida y un rápido crecimiento.

San Ignacio de Loyola llevaba siempre el rosario bien visible sobre la sotana. Para su gran satisfacción, la iglesia de Nuestra Señora "Madre de Dios" le fue asignada a su llegada a Cochin, sustituyendo a Cranganor como puerto de tráfico con el mundo occidental. Cuando San Francisco llegó, encontró una Cofradía de la Santísima Virgen María ya establecida y la fomentó celosamente durante su vida.

16 de noviembre de 2023

La tumba de Nuestra Señora

Del sitio AciPrensa:

Cuenta la tradición que el cuerpo de la Virgen fue llevado en procesión por los apóstoles hasta un sepulcro en Getsemaní, al cual los católicos de rito latino pueden acceder de manera “oficial” una vez al año y celebrar una breve liturgia.

En el monte Sión, en Jerusalén, existe una Basílica llamada de la Dormición, donde se dice que la Virgen vivió junto a la primera iglesia y al final de su vida “durmió” (“dormitio” o dormición). 

Los apóstoles llevaron el cuerpo de María desde allí hasta una tumba en las inmediaciones de Getsemaní.

No obstante, Tomás, el “apóstol incrédulo” llegó tarde al entierro y pidió ver el cuerpo de la Madre de Dios para despedirse. Es aquí cuando al abrir la tumba vieron que el cuerpo de María no estaba y los apóstoles respiraron un perfume agradable. La Virgen había sido llevada en cuerpo y alma al cielo.

Pero hay relatos que sostienen que aquí Tomás también dudó y la Virgen le bajó del cielo un cinturón para que creyera en la Asunción. Algunos incluso cuentan que por la noche se oyó una música celestial y que la Virgen apareció para decirles: “alégrense, porque yo estaré con ustedes todos los días”.

Sobre la tumba de la Virgen se elevó un templo en el que actualmente solo ofician celebraciones los cristianos ortodoxos, griegos y armenios. Esta es la Iglesia Ortodoxa del Sepulcro de María.

Es preciso mencionar que, en un tiempo de la historia, los frailes menores eran los únicos propietarios del recinto, pero fueron expulsados en 1757.

De acuerdo a la Custodia de Tierra Santa, la fiesta de la Asunción es el único día del año que los llamados cristianos latinos, o católicos que celebran la Misa con el Misal Romano, pueden entrar oficialmente a ver el lugar de la tumba de María y realizar una pequeña liturgia.

En esta fecha, el Custodio de Tierra Santa junto a sus hermanos franciscanos también ingresan al edículo (lugar pequeño) donde está la sagrada roca en la que los apóstoles recostaron el cuerpo de la Virgen, y que se conserva hasta hoy. 

Extraoficialmente, todos los turistas católicos, de rito latino o no, pueden ingresar a ver la Tumba de María. Este es el segundo sepulcro vacío venerado en Jerusalén, el primero es donde Cristo resucitó.

Todos los relatos de lo que sucedió con la Virgen antes y después de la Dormición, y que los católicos creemos se basan en algunos textos apócrifos y en la tradición de la Iglesia.

Lo que todos los católicos creemos, por dogma de fe, es que la Virgen fue asunta (llevada) al cielo en cuerpo y alma y vive allá junto a Cristo, vivo y glorificado.

Abel Camasca

3 de mayo de 2023

Nuestra Señora de Terra Blanca (no reconocida)

Del sitio Carii Fili:

El pueblo de Santo Tomás Apóstol de Tierra Blanca es uno de los municipios más antiguos del estado de Guanajuato. Su posesión y delimitación territorial se ubica el 4 de julio de 1536 por el conquistador de la provincia de Xilotepec, D. Nicolás de San Luis Montañés y demás integrantes del proceso de fundación. por mandato del Primer Virrey de la Nueva España. D. Antonio de Mendoza.

El asentamiento fue realizado dentro del territorio que los historiadores han denominado la gran chichimeca; muchas de sus manifestaciones culturales evidencian las características propias de una marcada influencia prehispánica, destacando en la actualidad la tradición y el ritual que durante el ciclo de fiestas realizan los habitantes de las 19 comunidades que conforman la congregación indígena otomí de San Idelfonso de Cieneguilla. Es de destacar la devoción a Santo Tomás Apóstol, patrono de la parroquia de más de 40 comunidades que integran el municipio en la actualidad.

El municipio de Tierra Blanca del Estado de Querétaro, que cuenta con 46 localidades y comprende 391,65 metros cuadrados, ha experimentado un ascenso continuo. En este municipio se localizan 80 localidades de las cuales Tierra Blanca cuenta con aproximadamente 2000 habitantes.

La presencia indígena en el municipio es mínima, según el II Conteo de Población y Vivienda de 2005, solo habitan 62 personas que hablan alguna lengua indígena. No es un municipio rico en fuentes de empleo, la mayoría de sus habitantes salen a trabajar a otro estado y/o municipios cercanos; los que se quedan viven de la agricultura y el comercio, y los que pueden emigra a Estados Unidos.

El 97,85% de los habitantes de Tierra Blanca hasta el año 2000 son católicos.

Tierra Blanca se caracteriza por ser uno de los municipios del Noroeste de Guanajuato que cuenta con más de 60 oratorios distribuidos por diversas comunidades, como ejemplos el oratorio del barrio de Santo Tomás, el oratorio de Guadalupe.

En el aspecto educativo se ha puesto interés para llenar las deficiencias que hasta era una década eran notorias. En el curso escolar 2000-2001, fueron matriculados 5.390 alumnos en los niveles básicos, preescolar, primaria y secundaria. En el nivel superior la población se ve obligada a trasladarse a otras ciudades.

En este contexto socio-económico y cultural en Tierra Blanca en el mes de marzo del año 1987, los tres hermanos : Elba de trece años y Zenaia, de once, dicen ver a la Virgen, quien les comunica mensajes. Los escriben ellas mismas. Su hermanito Adán, dice haber visto también a la Virgen María, pero no ha escrito nada sobre ello.

Las dos hermanas escriben ellas mismas los mensajes que les comunica la Virgen María pese a su muy elemental instrucción, que perfeccionan en un colegio estatal a cargo de las Hermanas Misionera Marianas en Cieneguilla.

El mariólogo y sacerdote francés describe en su libro como un sacerdote que ha pasado tres meses en el citado colegio frecuentando a los videntes y conociendo a su padre, les ha interrogado a los tres metódica y separadamente.

Las respuestas fueron totalmente concordantes. Describen a la Virgen de forma idéntica. Ella les da el tiempo para que se provean de papel y bolígrafo para escribir el mensaje. Escriben menos desde que van al colegio de las Hermanas (año escolar 1986-1987).

El mensaje mariano se resume así: "Mi hijo sufre por la multitud de los pecados". La Virgen María habla de la crucifixión, de los sufrimientos de la Pasión y de las ofensas intolerables que son su causa. Son un peligro para el mundo. Hay que confesar, rezar el rosario especialmente, comulgar, leer la Biblia y ayunar. La Virgen les pide solo que se priven de sal, al vivir los niños en un entorno pobre donde escasean los alimentos.

Una sola vez a mediados de marzo, Adán, transmitió una invitación de la Virgen María para ayunar a pan y agua, el 25 de marzo, concretando el nombre de las personas invitadas a dicho ayuno. El niño ignoraba que era el día de la Anunciación.

El 15 de marzo de 1987, la Virgen María les dio una señal muy hermosa destinada a la comunidad local. Les invitó a que construyeran una basílica.

El día 22 de abril de 1987 dijo: "Hijos míos, Yo, vuestra Santísima Madre, he venido a pedir paz y por eso estoy hablando en muchas partes del mundo. Hijos míos, rezad mucho".

Estas apariciones han tenido lugar en un medio pobre, pero de gran calidad espiritual: simplicidad, sencillez, paz, generosidad y oración.

Tres hermanos, Elba de trece años, Zenaia, de once y el pequeño Adán. El sacerdote que los entrevista conoce a su padre, un hombre joven en los años 80, que le comenta llanamente cuánto ha cambiado su vida de fe desde las apariciones marianas a sus hijos.

Los frutos son evidentes para la familia de los videntes que viven aislados prácticamente en un medio casi desértico. Las familias vecinas y la pequeña comunidad de las misioneras marianas del colegio de Cieneguilla, los frutos espirituales son muy grandes.

La parroquia de Santo Tomás Apóstol se ubica en la calle Jardín Hidalgo nº 1, 37950 Tierra Blanca, Gto. Es una antigua construcción religiosa que data del siglo XVI, en la que se observa una sencilla ornamentación de líneas clásicas. La estructura presenta elementos originales a pesar de los trabajos de remodelación. Es el principal centro de reunión del municipio de Tierra Blanca para la realización de actividades religiosas. En su fachada sencilla y con grandes muros austeros destacan los marcos de acceso principal y la ventana coral, ambos finamente labrados en piedra de cantera rosa. En la parte superior como corona de la fachada se encuentra un nicho con la imagen de cantera de Santo Tomás, patrono parroquial y del municipio.

Llama la atención su singular torre campanearía de base redonda. En el interior del templo, de una sola nave, de sobria ornamentación, se aprecia el altar principal con la imagen de Santo Tomás Apóstol, acompañado a la izquierda, del Sagrado Corazón de Jesús y a su derecha, por la Inmaculada Concepción.

Su atrio remodelado está delimitado por un barandal de herrería artística, sobre una base de cantera, en donde se encuentran pintorescas jardineras y una cruz atrial. La fiesta patronal se realiza los días 20 y 21 de diciembre, reuniéndose feligreses de todo el municipio. Para este festejo se llevan a cabo misas, novenarios, kermés, quema de castillos, amenizan bandas de música y realizan venta de alimentos.

Su actual párroco es Pbro. Rogelio Martínez Martínez, nacido el 31/10/1968 y ordenado sacerdote el 12/10/1996.

El grado de aprobación eclesiástica se halla en proceso de investigación; sin pronunciamiento expreso sobre su autenticidad por parte de la autoridad eclesiástica local.

El obispo de la diócesis de Querétaro, decanato de Guanajuato, a la que pertenece el municipio de Tierra Blanca, en la fecha de las apariciones marianas era D. Alfonso Toriz Cobían (1958-1989) y su sucesor Mario De Gasperín Gasperín (1989 – 2011). El primero mantuvo una discreta reserva de pronunciarse sobre la veracidad de las apariciones de Tierra Blanca. La página oficial de la Diócesis de Querétaro no ofrece ninguna información sobre las apariciones marianas en Tierra Blanca. Su actual obispo es D. Faustino Armendáriz Jiménez. En el municipio de Tierra Blanca aparecen los datos de la parroquia de Santo Tomás Apóstol, cuyo párroco es Pbro. Rogelio Martínez Martínez.

En esta comunidad colaboran en la acción pastoral de la parroquia de Santo Tomás , las Misioneras Marianas que llegaron aquí desde 1950. Ellas han desarrollado una labor educativa y de formación en Cieneguillas y en algunas comunidades cercanas. Las hermanas consideran auténticas las apariciones marianas y procuran mantener a los niños en un clima de humildad y discreción. Valoran mucho los frutos de esta gracia.

3 de diciembre de 2022

Nuestra Señora maestra de la vida eucarística

Del sitio Catholic News Agency:

La Santísima Virgen María nunca se dejó "paralizar por el orgullo o el miedo", sino que se levantó y fue con premura a ofrecer humildemente una mano amiga, dijo el Papa a jóvenes católicos.

"María nos enseña también a vivir eucarísticamente. Es decir, a dar gracias, a cultivar la alabanza y a no fijarnos sólo en los problemas y en las dificultades", dijo el Papa Francisco el 18 de junio.

El Papa Francisco subrayó que la Madre de Dios no se quedó en casa pensando en el gran privilegio que había recibido tras su encuentro con el ángel en la Anunciación, ni se fijó en los muchos problemas que podía acarrear.

"No era una de esas personas para las que todo lo que se necesita para estar cómodo y seguro es un buen sofá: 'couchs'. Si su pariente anciano necesitaba una ayuda, estaba dispuesta a ponerse en marcha inmediatamente para estar a su lado", añadió.

El Papa habló en una audiencia con jóvenes católicos que forman parte de la Iglesia siro-malabar, la segunda Iglesia católica oriental más grande, con más de cuatro millones de miembros en todo el mundo.

Con sede en la India, la Iglesia siro-malabar es una de las 23 iglesias católicas orientales autónomas en plena comunión con Roma. Es la más grande de las iglesias que remontan su origen a Santo Tomás Apóstol, quien se cree que viajó hasta el sur de la India durante sus viajes misioneros después de su encuentro con Jesús resucitado que cambió su vida.

El Papa Francisco dijo a los participantes en la Conferencia de Líderes Juveniles Siro-Malabares que están llamados a dar testimonio de la verdad de que "nuestras vidas encuentran sustancia y significado siempre que decimos 'sí' a Jesús."

Dijo: "Sois los jóvenes de la diáspora siro-malabar. El Apóstol Tomás llegó a la costa occidental de la India para sembrar las semillas del Evangelio y allí crecieron las primeras comunidades cristianas. Según la tradición, este año se celebra el 1950 aniversario del martirio de Tomás, que selló su amistad con Jesús, al que había llamado: "¡Señor mío y Dios mío!".

"La Iglesia es apostólica porque está fundada en el testimonio de los Apóstoles, y sigue creciendo no por proselitismo, sino por testimonio. Cada bautizado participa en la construcción de la Iglesia en la medida en que es testigo. También vosotros estáis llamados a dar testimonio, en primer lugar entre vuestros coetáneos de la diáspora siro-malabar, pero también entre los que no pertenecen a vuestras comunidades, e incluso entre los que no conocen al Señor Jesús."

El Papa Francisco animó a los jóvenes católicos a ser como María, que visitó a su prima mayor Isabel, visitando a sus familiares mayores y recibiendo su sabiduría.

"La joven madre de Jesús estaba muy familiarizada con las oraciones de su pueblo, que había aprendido de sus padres y abuelos. Hay un tesoro escondido en las oraciones de nuestros mayores. En el Magnificat, María recoge el legado de fe transmitido por su pueblo y lo convierte en un canto propio; al mismo tiempo, toda la Iglesia canta ese canto con Ella", dijo.

"Si vosotros, jóvenes, queréis hacer de vuestra propia vida un cántico de alabanza, un don para toda la humanidad, es esencial que os apoyéis en la tradición y la oración de las generaciones pasadas. Esto es particularmente cierto para vosotros; significa descubrir ese tesoro siempre de nuevo, con la ayuda de vuestros obispos y sacerdotes, en la historia de vuestra Iglesia y en sus riquezas espirituales y litúrgicas."

"Sobre todo, os animo a conocer la palabra de Dios, a leerla cada día y a aplicarla a vuestra vida. Jesús, el Señor resucitado, calentará vuestros corazones e iluminará vuestro camino, incluso en los momentos más difíciles y oscuros de la vida", dijo el Papa Francisco.

26 de julio de 2022

Nuestra Señora de Kuravilangad

 Del sitio Gloria TV:

Kuravilangad, es el santuario mariano más antiguo del mundo. Fue una aparición mariana anterior al año 105 d.C.

No está en Europa, ni en Oriente Medio; es en la India donde se encuentra el santuario mariano más antiguo del mundo. Se encuentra en la pequeña ciudad de Kuravilangad, en el estado de Kerala, al sur de la India, a unos 200 km de su capital, Thiruvananthapuram. El nombre oficial del santuario es "Major Archiepiscopal Marth Mariam Archdeacon Pilgrim Church Kuravilangad".

El pueblo de esta región, llena de colinas áridas y pequeños bosques, estaba compuesto por importantes productores de especias. Algunos de los mercaderes judíos que acudían regularmente a comprar especias fueron testigos de la tortura, la crucifixión y la resurrección de Jesucristo y formaron parte de las personas que se convirtieron al cristianismo en Pentecostés. Después, regresaron de Israel a Kerala. Fue a través de estos cristianos judíos que se formó el primer pequeño grupo de cristianos en Kuravilangad. Más tarde, cuatro familias de brahmanes (que constituían la casta más alta entre los indios) -Kalli (o Palli), Kalikave, Sankarapuri y Pakalomattom-, convertidos al cristianismo gracias al apóstol Tomás, emigraron de Palayoor (uno de los antiguos centros cristianos) a Kuravilangad para escapar de la intensa persecución religiosa contra los cristianos alrededor del año 100 d.C.

Según la tradición, unos niños nazrani (antiguo término para designar a los cristianos) estaban pastoreando el rebaño de sus familias. Tenían hambre y sed. Entonces se les apareció la Virgen María en forma de anciana. Recogió unas piedras del suelo, que se convirtieron en pan, y se las dio a los niños; cavó un pequeño pozo, empezó a brotar un manantial y dio de beber su agua a los niños. Cuando los niños informaron de este incidente, los padres vinieron corriendo. La anciana reapareció, les mostró el manantial y pidió que se construyera allí una iglesia en su honor.

La primera iglesia se construyó en el año 105 d.C. en el lugar sugerido por la Virgen. Era un templo hecho de bambú. El obispo Mar Youssef de Edesa encargó en el año 345 d.C. la restauración de la iglesia. El templo de Kuravilangad fue renovado durante varios periodos. La primera piedra del templo de piedra se colocó entre junio y noviembre de 1599. La iglesia actual se construyó durante el reinado de Chandikathanar, vicario de Parambil (hasta 1663). Se cree que el altar sur de la iglesia principal forma parte de la antigua iglesia. El actual altar principal de la iglesia se construyó en 1670, y el altar norte de la iglesia se construyó en 1680. La mayor parte de la iglesia principal, excepto la zona del altar, se reconstruyó a mediados de 1954-1960 bajo la dirección del padre Thomas Manakat. La iglesia tiene una antigua campana con el grabado "Madre de Dios" en siríaco. En 1910 se trajeron de Alemania tres majestuosas campanas, que se cuentan entre las más grandes de Asia. Actualmente esta iglesia depende de la Eparquía de Palai, que forma parte de la Iglesia Católica Siro-Malabar.

Hay un festival de tres días de duración llamado "Moonnu Nombu" (que significa literalmente "tres días de ayuno"), que se celebra en el Kuravilangad Valiya Palli cada año entre finales de enero y principios de febrero. Sigue un calendario lunar, y cae cerca de la luna llena. El segundo día, el martes, es el más importante. Ese día se celebra el Palli Prathaskhinam, que es una alegre y piadosa procesión de unas tres horas de duración, que comienza alrededor de las 11:30 de la mañana, con una especie de barco llamado Kappalottom, que simula un viaje en barco por el mar, como acto culminante.

Un barco de madera de cuarenta pies, bellamente construido con proa, popa, mástiles y jarcias, que tiene en un lado una efigie de Jonás siendo vomitado por los peces según las órdenes del Señor, y en la cubierta marineros de madera en traje occidental, ha sido durante siglos el centro de atracción de la procesión de mediodía. Durante la procesión, el Kappal (barco) es llevado por cientos de personas. El viaje comienza en un mar tranquilo. Cuando el mar se agita, el profeta Jonás es arrojado al mar. Con ello, el mar se calma y pronto termina la procesión. Los habitantes del pueblo vecino de Kadappoor tienen el honor de representar el Kappalottom. Este pueblo fue fundado por Kadappoor Ramban, uno de los discípulos de Santo Tomás Apóstol.

Esta procesión es una acción de gracias de los habitantes de este pueblo. Hace muchos siglos, uno de los barcos mercantes del pueblo de Kadappoor se metió en un mar agitado. Rezaron y se salvaron del naufragio. En agradecimiento, hicieron una ofrenda para llevar a cabo este Kappalottom en la iglesia de Kuravilangad cada año. Esta ofrenda continúa hasta el día de hoy. El Kappalottom mide unos cuarenta pies de largo, ocho de ancho y doce de alto, y siempre está bien cuidado.

El Festival Moonnu Nombu comenzó como una acción de gracias por un viaje seguro en el mar, pero ahora es una acción de gracias por la protección contra cualquier peligro.

26 de diciembre de 2019

Nuestra Señora del Cinturón

Del blog Espolón:

En la catedral de Prato, Italia, no lejos de Florencia hoy se venera en forma solemne el santo cinturón, faja o cinturón de Nuestra Señora.

Lo llevaron a Jerusalén, en el año 1141 por Michele Dagomari, habitante de la ciudad y peregrino en Tierra Santa.

Sin embargo, en 1173, ya que no había confirmación de la autenticidad de la reliquia, la Providencia se aprovechó de un acontecimiento extraordinario para que todos lo puedan reconocer como verdadero.

La presencia de los apóstoles en la Asunción es una tradición que se remonta a los primeros siglos del cristianismo. No forma parte del dogma proclamado gloriosamente por el Papa Pío XII, pero es ampliamente aceptado, como se puede observar en la iconografía tradicional.

El Obispo Gregorio de Tours (538-594), el más grande historiador del siglo VI, fue el primero en escribir sobre la Asunción. Según la tradición se transcribe, un ángel le había dicho de Nuestra Señora su próxima partida a los cielos.

A su vez, la Virgen se había comunicado la noticia a las personas más cercanas, incluyendo San Juan Evangelista.

Los apóstoles habrían sido advertidos y han tenido tiempo de venir en forma natural. Sin embargo otro, milagrosamente no llegó.

La liturgia del rito católico maronita dice: "Tú eres, oh María, la Inmaculada Madre, fuente de abundantes bendiciones, Tú eres llena de gracia, que cuando te fuiste de este mundo, todos los santos apóstoles provenían de regiones distantes, para ver la partida al cielo, mientras antes los ángeles del Altísimo, cantaban con alegría ".

Los apóstoles ciertamente fueron seguidos y contó con la presencia de los creyentes que vivían cerca de la casa de la Virgen María. La Santa Casa de Loreto mantiene un santuario donde se dijo, los Apóstoles, celebraron la Santa Misa con ocasión de las visitas que hicieron a la Virgen.

San Juan Damasceno, Padre de la Iglesia, se refiere a la tradición de oriente al respecto. Según él, durante el Concilio de Calcedonia, el emperador y la emperatriz Pulqueria Marciano pidió el cuerpo de la Virgen a Juvenal (422-458), obispo y primer Patriarca de Jerusalén de la ciudad.

El obispo respondió, según el Damasceno, que murió rodeado de todos los apóstoles excepto Tomás, que llegó unos días más tarde.

El rezagado Santo Tomas ha pedido a San Pedro ver el sepulcro y encontraron que estaba vacío. En este momento, al elevar su mirada al cielo, Santo Tomas vio a Nuestra Señora en la gloria, que, sonriendo, se aflojó el cinturón y lo arrojó en sus manos como símbolo de bendición y protección maternal.

Según otras versiones, Santo Tomas, que llegó tarde, acabó de ver la Asunción en ese momento. Hubiera sido una pena porque dudaba de la Resurrección. Pero un castigo atemperado por la misericordia de la Virgen habría terminado con el don de su cinturón.

El culto de Nuestra Señora de la banda fue fundada por San Agustín, el gran doctor de la Iglesia, y sigue siendo difundida por los buenos sacerdotes agustinos. Es el famoso cinturón de bento, decía San Agustín, sino que es de la Virgen, que es especialmente protector contra los asaltos del demonio y la impureza.

Es el origen de la devoción a Nuestra Señora Belt, también llamada Nuestra Señora de la Consolación.

Acerca de este culto piadoso y muy popular escribió San Germano, Patriarca de Constantinopla, alrededor del año 720: "No se puede ver el cinturón venerable, oh Virgen, sin sentirse lleno de alegría y penetrado de devoción ".

El monje Eutino que vivió en los 1098 años, predicando sobre ella, dijo: "Nosotros veneramos la Faja del Santo, sálvate a ti mismo todo después de 900 años realmente creo que la Reina del Cielo y se ciñó con ella."

La banda estaba en Prato, Italia, en 1173. Pero el problema es que nadie estaba seguro de la autenticidad de la reliquia, la falta de documentación o otra forma canónica digna de fe.

Ese año, la Providencia se aprovechó de un hecho extraordinario para que todos lo reconozcan como cierto.

En el día de San Esteban, (26 de diciembre), patrono de la ciudad, puso todas las reliquias en el altar, que fueron bendecidas con los enfermos y poseídos.

En ese momento, también fue expuesto el cuadro que contiene la cinta de Nuestra Señora. Entonces vino un poseído y en el momento en que tocó la caja, comenzó a afirmar enfáticamente que esta cinta fue de la Santísima Virgen, y en seguida se vio relevado de su mal.

Entonces comenzó el culto público de la reliquia sagrada. Incluso San Francisco de Asís ve esto con sus primeros frailes en Prato, en el año 1212,para venerarla.

Entre las muchas representaciones del episodio de esta cinta durante la Asunción, tenemos el famoso terracota de Andrea della Robbia o el famoso cuadro de Benozzo Gozzoli (arriba) en el glorioso hecho de lo mismo.

Creemos tan devotamente en unión con la tradición de la Iglesia, que todos los apóstoles, entre ellos Santo Tomas rezagado, se reunieron en la Asunción.

A este partido se le puede plantear la misma oración que San Agustín escribió sobre el tema de la duda que el apóstol tenía en la Resurrección:

"Oh, bienaventurado Tomás, que tocó con la mano y los escépticos que dudaron, muchos terminaron creyendo."

Fue a través de él o de su propósito de que el cíngulo de la Virgen estaba en esta tierra y es venerada desde la Edad Media, en la catedral de Prato, Italia.

11 de octubre de 2018

Nuestra Señora de la Cinta

Del sitio Mi Huelva descubridora:

La devoción a la Virgen Chiquita, Nuestra Señora de la Cinta, principia allá por el año cuatrocientos de nuestra era, cuando se le apareció a Juan el zapatero, mejor dicho, no Ella, sino su cinto o correa.

Juan Antonio, que así se llamaba aquel humilde zapatero, sintió un dolor muy intenso cuando transitaba por el antiguo camino de Gibraleón, lugar conocido en la actualidad por el Humilladero, pero antes de continuar, quiero plasmar aquí lo escriturado en un Antiquísimo libro, que nos dice así:

"Por la Patrona de Huelva, mi alma repica campanas, Cinta, Reina, Soberana, de los Cielos y la Tierra, desde mi más tierna infancia, te conocí Luna Llena, por eso vengo a tus plantas, a dedicarte mi poema.

Siempre quise saber más, de cómo se produjo su aparición, y era tanta mi obsesión, que casi llego a enfermar. Había leído con atención, todo lo que se ha llegado a publicar, y cuando menos lo podía esperar, tuve la enorme satisfacción.

De que me prestaran un buen día, un libro escrito hacía muchísimo tiempo, y al cogerlo un estremecimiento, todo mi cuerpo recorría. Su papel estaba amarillento, y dificultosa la grafía, pero en su portada: María, se leía con total discernimiento.

Una inusitada emoción, hizo temblar mis manos, y un sentimiento extraño, alteró mi corazón. Cual meticuloso ermitaño, me encerré en mi habitación, intentando contener la excitación, pero el esfuerzo resultó vano.

El libro estaba polvoriento, y sus filos gastados, lo abrí con sumo cuidado, y sin orden ni concierto, me fijé en un relato, del que no tenía conocimiento, y que ahora les cuento, pero haciéndoles un extracto.

Jesús en el cielo ya estaba, cuando en sueños María, a una tierra conocía, sin saber dónde se hallaba. Una plateada ría, sus orillas bañaba, y un mar la esperaba, bajo un sol que refulgía.

Cruzada por colinas suaves, y de exuberante verdor, auroras de intenso color, y de una hermosura inigualable, el magnífico esplendor, de una luz inagotable, y la belleza incomparable, de sus puestas de sol.

Maravillada por la belleza, de esa tierra desconocida, en su mente quedó prendida esta idea con fijeza: parece la tierra prometida, pero todos la llaman Huelva, y huele a madreselva, aún estando yo dormida.

Es tierra marinera, aunque observo el arado, y bueyes enganchados, trabajando sobre la era; también barquitos varados, de muchas y pocas velas, enarbolando su bandera, bajo un cielo azulado.

Tierra de gente trabajadora, humilde y sencilla, de mar o de trilla, pacífica y acogedora. Granadas semillas, sus prados alfombran, y mi alma se asombra, ante tanta maravilla.

En sus noches estrelladas, y de hermosos luceros, fecundos esteros, y lunas enamoradas, vientos placenteros, sobre aguas plateadas, y con gaviotas posadas, en los mástiles de sus veleros.

Esto soñaba María, mas de pronto despertaba, cuando un ángel se presentaba, con un mensaje que decía: ¡Dios te salve, bienaventurada!, tu Hijo Jesús me envía, porque cercano está ya el día, en que dejarás la terrenal morada.

María parecía seguir soñando, lejos quedaba su juventud, cuando aún no conocía la cruz, y José estaba a su lado. Recordaba la muerte de Jesús, y como después había resucitado, y que al cielo se había marchado, mostrando su infinitud.

Sus manos la cinta sujetaban que el ángel le había traído, para que ciñera sus vestidos, cuando los espacios celestes atravesara. De nuevo Gabriel había venido, de nuevo había sido anunciada, y que su muerte próxima estaba, era el mensaje recibido.

Visitó los lugares de la Pasión, despidiéndose de todos ellos, y en especial de aquellos, donde asaetearon su corazón. Recordó los momentos bellos, desde que tuvo uso de razón, y todos los que le causaron dolor, en momentos tan extremos.

Reunió en su habitación, a los Apóstoles de su Hijo, y a todos sus consejos les dijo, antes de darles la bendición. De pronto Jesús vino, con la cruz de su inmolación, y a María levantó, con un inmenso cariño.

Madre no sufras más y vente conmigo a la Gloria, deja esta vida expiatoria, del hombre en su humanidad,

hoy culmina la historia, que el Padre te vino a encomendar, y en el Cielo te espera ya, para cubrirte de gloria.

Los dos se elevaron a las alturas, portando la cinta de María, la que del Cielo Gabriel traía, en prueba filial de ternura. Los coros celestiales se reunían, para contemplar la hermosura, de la mujer más bella y pura, que los cielos recibían.

Las puertas de par en par, la Gloria tenía abiertas, donde había gozo y fiesta, para a María venerar. El Padre vino a la puerta, y a María quiso anunciar: que la iba a coronar, como Madre Universal de la Tierra.

En su inmaculada frente, Dios Padre ciñó la corona, que como Reina la entrona, de la tierra y de su gente, y de los cielos le dona, su amparo omnipresente, para que sea su referente, en la tierra que abandona.

María fue asunta al cielo, en cuerpo y alma, la Humanidad así lo proclama, en el discurrir de los tiempos, Ella conserva la palma, que en Jerusalén recibió al Maestro, Jesucristo Señor Nuestro, y Redentor de nuestras almas.

Aunque en el cielo no cuenta el tiempo, en el mundo fueron pasando los días, y una tarde la Virgen recibía, desde la tierra súplicas y lamentos, un hombre al suelo caía, retorciéndose por un dolor intenso, cuando regresaba contento, al lugar donde vivía.

El dolorido era un zapatero, bueno y bondadoso, de Dios temeroso, y cumplidor de sus mandamientos, de su Natividad fervoroso, caritativo y sincero, y repartía zapatos nuevos, a los niños menesterosos.

Y a Ella se encomendaba, pidiéndole sus favores, para que calmara los dolores, que del asno lo tiraban. María conocía sus intenciones, y la piedad que practicaba, y que a su prójimo amaba, esforzándose en mitigar sus privaciones.

La cinta le envió, y a su lado la puso en el suelo, para que sintiera el consuelo, en su inesperado dolor. Juan, bondadoso zapatero, a su cintura la ató, y al instante se curó, dándole gracias al Cielo.

En cuanto vio a Lucía, su mujer, le contó lo acontecido, y cómo el dolor que había sentido, al instante llegó a desaparecer.Y Lucía le dijo: la cinta que has cogido, por qué no me la dejas ver, yo soy cristiana también, y agradezco los favores recibidos.

¡Anda!, es verdad pues, que la tenía atada a la cintura, pero con el paso de la cabalgadura, se me ha debido de caer. Pero no te preocupes criatura, que soy hombre de bien, y para que todos lo puedan saber, el hecho plasmaremos en una pintura.

Lo que no sabía Juan, el zapatero, era que la cinta la tenía María, que de nuevo la recogía, para guardarla en el cielo. Una noche en que dormía, se le apareció en el sueño, pidiéndole que pusiera su empeño, en construirle una ermita.

La Virgen siempre había querido, proteger a esta tierra, y había amado a Huelva, desde que en sueños la había visto. Con su imagen pintada en piedra, repartiría su amor y cobijo, por el resto de los siglos, al que llamara a su puerta.

De la Cinta quiero ser llamada, y con este nombre será mi advocación, por él hallaréis la salvación, si me dedicáis vuestras almas. Con el tiempo seré Virgen Chiquita, la que Huelva toda ama, porque mantendré del amor su llama, concediéndoos mi favor.

Y los tiempos pasarán, pero yo siempre estaré aquí, para qe vengáis a mí, y os pueda acompañar, en el instante de morir, ante el Dios de la Verdad, que os juzgará, por los pecados de aquí.

Despiértate Juan, y cumple lo que acabo de pedir, y no te olvides de mí, no me causes ese pesar, me voy a quedar aquí, protegiendo este lugar, al que desde Jerusalén yo vi, con su hermosura sin par.

Juan encargó al pintor, Pedro Pablo por él acogido, lo que María le había pedido, y que empezara presto su labor. Poniendo todos sus sentidos, realizaron una pequeña edificación, un lugar de oración, para él y todos los vecinos.

Cuando la Ermita estuvo terminada, Pedro Pablo realizó la pintura, con una gran hermosura, de la Virgen inmaculada. Trazó su figura, con el Niño sentada, y en su mano una granada, y la cinta en manos de la criatura.

En la bendición de la Ermita, La Virgen estuvo presente, aunque no la vio la gente, llevando al Niño de la manita. La Virgen clemente, la Virgen bonita, la Virgen indulgente, que deja llamarse Chiquita.

Del libro retiré la mirada, el corazón me latía con rapidez, como pude los ojos cerré, y un suspiro se escapó de mi alma, tenía tantas ganas de leer, que no podía recobrar la calma, sintiendo crecer la llama, que nublaba la razón de mi ser.

Miré el libro fijamente, intentado descubrir la fecha de su escritura, pero mis ansias de lectura, entorpecíanme la mente, me acosaba la premura, mi sangre corría a torrentes, y estaba tan impaciente, que mis manos se volvían inseguras.

Como ellas mi cuerpo también temblaba, y las horas seguían su acontecer, la noche llegó a aparecer, pero ni cuenta me daba, me era imposible dejar de leer, la vista se me nublaba, y aunque era noche cerrada, lejos aún estaba el amanecer.

Llegando estaba al final, al menos eso me parecía, pero para la satisfacción mía, esa no era la realidad. Aunque el sueño me adormecía, no lo quise dejar, por eso os voy a contar, cómo el libro proseguía.

Blanquísima era la Ermita, y toda ella encalada, y desde que llegaba el alba, nunca le faltaron visitas. Juan adquirió popularidad y fama, al conseguir que la historia fuera escrita, así agradecía a la Virgen bendita, su inesperada gracia.

Pero una preocupación constante, muy alterado lo tenía, porque encontrado nunca había, la cinta que lo curase. La buena Lucía, la mujer con que se casase, como él también la buscase, pero nunca la encontrarían.

Juan no era feliz, pensando que había pecado, al no haber guardado, el tesoro de su vivir, la Virgen lo había curado, pero qué grave era su desliz, porque no podía decir, lo bien que la había guardado.

Tanta era su pena, que el pobre enfermo cayó, y casi pierde la razón, con el ardor de sus venas, Lucía mucho lo cuidó, pero la gravedad era tan extrema, que no había manera, de aliviarle su dolor.

Juan deliraba, sus palabras eran incoherentes, era tanta la fiebre, que por su vida rezaban. Pero lo que no sabía la gente, que él no sufría, disfrutaba, porque la Virgen lo visitaba, en los delirios de su mente.

Juan, aquí está la cinta milagrosa, no pienses que la has perdido, tan sólo te la había cedido, porque ella es muy valiosa, a ti ya te ha servido, y a otros en su vida azarosa, la vida a veces es borrascosa, y el hombre suele estar confundido.

En la pintura la podrán ver, tú y toda la descendencia, y los que sabéis de mi presencia, cuando sea menester, no cometáis más imprudencias, acordaos siempre de Jerusalén, donde mi Hijo vino a fallecer, para limpiar vuestras conciencias.

La cinta siempre estará en mi mano, llamadme por el nombre de ella, que os marcará la huella, que deben seguir vuestros pasos, yo soy Luna Llena, la que evitará vuestros fracasos, la más rutilante estrella, que veréis en el ocaso.

Conmigo siempre estará, y a las alturas me la llevo, para cumplir los deseos, del que me quiera invocar, ahora ponte ya bueno, y permanece en tu bondad, que algún día me verás, arriba en los Cielos.

Despertando de su febril sopor, Juan se marchó a la Ermita, para mirar la cinta, que Pedro Pablo pintó. El Niño la tenía en su manita, y en sus ojos contempló, todo el cariño y el amor, de su paz infinita.

Y pasó un día, pasaron dos, Juan murió, y también su esposa Lucía. Y quien el libro escribió, su relato concluía, pero yo continuarlo querría, si cuento con vuestra autorización.

No sé si esto ocurrió así, o si también yo lo he soñado, pero no creo estar equivocado, si pienso que lo leí, la Historia mucho no ha contado, pero todos llevamos aquí, que la tenemos ahí, desde los tiempos pasados.

Durante la época sarracena, en que la Ermita fue derribada, y la pintura tapiada, la alegría de Huelva se trocó en pena, su imagen guardaban en el alma, hasta la hora suprema, en que la sangre de las venas, conociera la noche más larga.

Los que conocieron la Ermita, fueron todos muriendo, y poco a poco se fue diluyendo, el lugar donde existía, no así su recuerdo, que todos lo conocían, como historia que repetían, de abuelos a nietos.

El musulmán invasor, destruía pinturas e imágenes sagradas, y Huelva vivía angustiada, temiendo su profanación. Con tanto esmero y coraje, la historia se silenció, que hasta Huelva olvidó, el lugar donde se ocultase.

Olvidó su emplazamiento, pero no a la Madre de Dios, pues la llevaba en el corazón, con profundo sentimiento, por eso esta reflexión, me hago en estos momentos, y lo digo como lo siento, con un tremendo dolor.

Imaginaros por un instante, que el Santuario desapareciera, el Humilladero se perdiera, y nadie supiera dónde estuvo antes, las fotos no existieran, de él tan sólo hablaran romances, los hoy llamados cantes, quien su historia nos dijeran.

Qué tremenda desesperación, ir al Conquero y no ver la Ermita, ni a la Virgen Chiquita, tan sólo piedras y vegetación, sin poder hacerle una visita, para contarle nuestra preocupación, a la dueña de nuestro amor, a la Virgen de la Cinta.

¿Se lo figuran?. ¿Se figuran el dolor de nuestros antepasados, cómo vivirían de angustiados, y cuánta sería su amargura?. Sin poder ir a su lado, a contemplar la hermosura, de la Cinta Virgen Pura, con su manto inmaculado.

Oculta estuvo unos seiscientos años, hasta que la encontró el vaquero, y la subieron al Conquero, donde ahora la contemplamos, y el fervor cintero, se desató en cuanto la encontraron, y de nuevo amaron y amamos, a la Cinta Reina del Cielo.

Que pronto iniciará la salida, para ir a la Meced, y Huelva la podrá ver, por el Conquero mecida. El libro tuve que devolver, con su lectura concluida, y yo hago mi despedida, recordando este acontecer.

El cielo está estrellado, y la noche palidece, al lucero enamorado, el alba lo entristece, la misa ha terminado, la oscuridad languidece, y en el patio empedrado, los corazones se estremecen.

Repican las campanas, la puerta ya se está abriendo, la Luz de la mañana, a la calle viene saliendo, la aurora se engalana, el fervor va creciendo, y al verla tan cercana, las almas se van rompiendo.

Cantan los campanilleros, suenan sus campanillas, diciendo con su tintineo: ¡Oh, qué maravilla!. La mar es Conquero, los fieles son quillas, y el viento cintero, impulsa la barquilla.

De ese trono plateado, de ese Humilladero pequeño, con cariño cincelado, y de un hermoso diseño, que siempre va acompañado, por el pueblo cintero, que llega hasta su lado, para decirle: ¡te quiero!.

Y Virgen Chiquita, y Cinta hermosa, ¡qué cara tan bonita, qué cara tan repreciosa!, porque la pena nos quita, con su cinta milagrosa, y el corazón nos agita, viéndola tan primorosa.

Despunta la aurora, la noche se aleja, al Santuario Señora, triste lo dejas, él ya te añora, y llorando se queja, de que la imagen que adora, el cristal no la refleja.

El sol ha salido, y a tu trono acapara, para que luzca con más brillo, su inmaculada plata, la noche se ha fundido, sus rayos la eclipsaran, y el lucero se ha escondido, porque su fulgor lo cegaba.

Azul torna el cielo, plateada la ría, cantando el Conquero: el Ave María, surcan los vientos, cual letanía, el amor intenso, que Huelva siente y sentía.

Lucero del alba, hermosa Luna Llena, Sol de la mañana, mi Virgen Nazarena, Reina huelvana, Cinta choquera, te llevaré en el alma, hasta el día en que me muera".

Hasta aquí la lectura de este Libro Antiquísimo, inexistente en la realidad, pues solo es producto de mi imaginación y el cariño que le profeso a Nuestra Señora de la Cinta, libro que escribí para pronunciar la Exaltación a la misma.

Continuemos la narración diciendo que es muy común en los devotos a Nuestra Señora de la Cinta, pensar que la misma se apareció a los pies del Humilladero y nada de esto es cierto, si bien, no por ello es menor la protección y el amparo de la Virgen desde aquel lejanísimo año cuatrocientos cuando se produjo, al menos que tengamos noticias, su primera intervención a los lugareños de estos lares.

Desde aquella pequeña y humilde ermita construida por Antonio y su amigo Pedro Pablo hasta el Santuario en la que se venera a la Madre de Dios, muchas han sido las vicisitudes que el mismo ha sufrido, aunque siempre con el acompañamiento del onubense sea cual fuese su estrato social, edad, e incluso creencias.

En una de las naves laterales que forman el patio del Santuario, el mismísimo Cristóbal Colón, fue a cumplir el llamado "Voto Colombino", tras concederle Nuestra Señora de la Cinta un feliz regreso a la vuelta del Primer Viaje en el cual realizó, junto a un grupo de marineros de esta tierra la gesta del Descubrimiento de las Américas.

Cuenta la leyenda, tradición, historiadores y la Liturgia mariana que: "en la iconografía mariana, la cinta o correa es símbolo de consuelo, remedio y especial protección". Así aparece repetidamente en las tradiciones y leyendas del cinturón que la Virgen María dejó a ciertas personas: a Santo Tomás Apóstol, a Santa Mónica (madre de San Agustín), a un sacerdote de Tortosa y al zapatero onubense Juan Antonio.

La Virgen viste túnica dorada con menuda estampación floral, ajustada al talle con cíngulo dorado, y manto azul con decoración vegetal estilizada en oro cincelado, y vueltas rojas. El manto se abrocha en la base del cuello, cae por el hombro derecho hasta los pies y por la otra banda rodea el brazo izquierdo y cruza por delante hasta recogerse bajo el brazo, con amplio movimiento de paños. En la mano izquierda porta una granada de oro, símbolo de las virtudes de María, que junto con la corona fueron realizadas en oro por Ripoll, en Córdoba el año 1,922. La corona ha sido enriquecida por Fernando Marmolejo Camargo en 1,977, quien ejecutó, también en oro, la ráfaga y la media luna.

El Niño, desnudo, a la derecha de la Virgen, calza zapatos de oro, obra de Jesús Domínguez Vázquez, realizados en 1,960. Su simbolismo viene explicado por la propia leyenda de la invención. Entre sus manos porta la cinta que da nombre a la imagen. Es de oro, decorada con flores de lis y el escudo de la hermandad, obra de Ripoll, en 1,922. La corona del Niño, del mismo metal, es asimismo de Ripoll.

La composición reproduce literalmente la silueta de la efigie representada en la pintura mural de la Ermita. Al dotarse en 1,759 la fiesta del 8 de Septiembre para que se hiciera procesión en torno al Santuario, se creó la necesidad de tener una imagen de bulto. Díaz Hierro atribuye la escultura a Hita del Castillo, comparándola con la Virgen del Rosario, de los jesuitas de Sevilla, y con la de los Remedios, de la Universidad hispalense. De la Virgen de los Dolores de Aroche dice que nos recuerda en su boca y su nariz, la bonita y graciosa expresión de nuestra imagen procesional. Sin embargo, hemos de hacer notar, frente a la opinión del citado historiador, que la Virgen de los Remedios de Sevilla no es obra de Hita, sino que fue labrada en 1,762 por Julián Jiménez, fiel seguidor de aquel maestro. De ahí que situemos la escultura que nos ocupa en el circulo de Benito Hita del Castillo.

La leyenda de la aparición es recopilada en 1,714 por fray Felipe de Santiago. El religioso del monasterio de la Rábida nos cuenta que en el año 400 vivía en Huelva un zapatero, llamado Juan Antonio, con su mujer, Lucía. Ambos acostumbraban a recoger pobres y a regalar zapatos a los niños necesitados el día de la Natividad del Señor. En cierta ocasión recogieron a un pintor, llamado Pedro Pablo, y entablaron una estrecha amistad. Un día, al regresar de Gibraleón, Juan Antonio sufrió un gran dolor en el costado, hasta el extremo de no poder continuar el camino. Descendió de la montura, y ya en el suelo invocó a la Virgen de la Natividad. En el acto, al extender el brazo por el mismo dolor, encontró una cinta y ciñéndosela desapareció rápidamente el malestar. Al llegar a su casa contó el suceso a su mujer y al pintor como un favor de la Virgen. En agradecimiento hizo una pequeña Ermita y en ella Pedro Pablo pintó a la Señora. La representó sentada con el Niño en los brazos. Jesús aparece desnudo y con zapatos, y con un cinto en la mano que parece entregar a María, manifestando el refugio de su Madre para los pecadores. Un par de ángeles coronan a la Virgen. Preguntado el pintor por qué había figurado así a la Madre y al Hijo, respondió que al Niño lo representó desnudo y con zapatos por los que en su nombre daba su buen amigo en el día de su santísimo nacimiento y a su Santísima Madre con una granada, que era para dar a entender que todas las virtudes y gracias puso Dios en esta Señora con tanta perfección y compostura como esta fruta tiene, y la corona denotando cómo toda la Beatísima Trinidad la coronaron Señora de todas las Virtudes y de todo lo creado, y al Niño el cinto por el milagro que María Santísima hizo con su devoto. Por ello es venerada y aclamada esta imagen con el título de la Cinta.

Continúa tan curiosa relación anotando que con la invasión musulmana los cristianos la ocultaron y derribaron la Ermita. Permaneció oculta hasta el año 1,400. Apareció un mozo, llamado Francisco Pedro, conducía unas reses vacunas y fue acosado por un toro. Para salvarse dio un gran salto y se agarró a unas matas altas que trepaban por un muro. En aquel momento se desprendieron algunas piedras y surgió la milagrosa imagen. A sus gritos acudieron muchas personas: una para ver el animal arrodillado, y otras atraídas por la muchedumbre que se había agolpado en el lugar. Acabaron de descubrir la pintura mural, que recortaron y trasladaron a un sitio más alto, donde hoy está la Ermita, dejando en el lugar de la aparición una señal junto al camino. Era el mes de Diciembre del citado año.

Junto a la tradición del manuscrito de La Rábida había otra leyenda que Juan Agustín de Mora recoge en 1,762. La narración se conservaba pintada en cuatro lienzos de la Ermita, de los cuales antes de 1,936 sólo quedaban dos. El primero representaba lo siguiente: Estando este cristiano en un lugar de Berbería, afligido por la mala vida que su amo le daba, se encomendó a Nuestra Señora de la Cinta y milagrosamente se le apareció, y le dijo, que lo sacaría de allí. Su amo el moro oyó hablar al cristiano con Nuestra Señora y le dijo: ¿Qué mujer es esa que habla contigo?. Y respondió que era Nuestra Señora de la Cinta, que lo había de sacar de allí. Y respondió el moro: Yo te pondré donde no te saque.

En el segundo lienzo se leía: Aquí es donde este moro mandó hacer un arca, y metió al cristiano dentro, y tomando un gallo le cortó el pescuezo y le dijo al cristiano: Cuando este gallo cantare, tendrás tu libertad, y cerró el arca, y le echó dos mármoles encima. (Estos mármoles robustísimos, y como las columnas más gruesas, que usaban los romanos, se conservan hoy en la Ermita, aunque por parte socavados, por raer de ellos para reliquias) y él se tendió encima del arca, y milagrosamente vino a parar a el Humilladero.

La inscripción del tercer lienzo decía así: Aquí es donde despertó el moro, y le dijo al cristiano: en tu tierra estamos. Y respondió el cristiano: ¿No te lo dije yo, que esta Señora era poderosa?. Abrió el arca, y envió al cristiano al lugar, a que diese cuenta del milagro que había obrado con él la Virgen. El cristiano vino entre el cabildo eclesiástico y secular, y hallaron al moro humillado delante de la Virgen.

En el cuarto y último lienzo concluía la narración: Aquí es donde quisieron fabricar una Ermita, y por el peligro del mar, que daba donde estaba Nuestra Señora, cortaron el paredón y lo colocaron donde hoy se conserva, la imagen de Nuestra Señora, trayéndola en procesión, y el moro acompañándola: y el moro recibió el agua del bautismo, sirviéndole el cristiano de padrino, donde quedaron sirviendo a Nuestra Señora hasta la muerte.

La diferencia más grande entre ambas tradiciones estriba en que el manuscrito de La Rábida no sólo explica el comienzo de esta devoción con el milagro del zapatero, ocurrido antes de la invasión musulmana, sino también el posterior descubrimiento de la primitiva pintura, gracias al milagro del toro, acaecido en 1,400. La leyenda del moro admite la preexistencia del culto a esta imagen antes de sobrevenir el milagro.

Ciertamente, tanto la pintura mural de la Virgen de la Cinta como su Ermita, son obras del siglo XV. Sabido es que el almirante Cristóbal Colón, a su regreso del descubrimiento de América, vino a este Santuario mariano para cumplir un voto que había hecho el jueves 14 de Febrero de 1,493, durante la travesía, en medio de una terrible tempestad.

El culto a la Virgen de la Cinta debió ser de gran consideración entre los onubenses desde sus orígenes, pues existe una bula de León X, dada en Roma el 23 de Junio de 1,516, para que los canónigos de Sevilla, Juan de Herrera y Luis Fernández de Soria, den posesión a Diego Andrés, clérigo de Calahorra, escritor y familiar del Papa, de la provisión de las vacantes de la Ermita de Santa María de la Cinta y otras, Santa María del Viso, Santa Cruz y San Sebastián, Santa María de Saltés de fuera y de la Misericordia, todas de Huelva.

Un papel decisivo en la difusión de esa devoción popular desempeñó desde muy antiguo la cofradía de Nuestra Señora de la Cinta. Ya aparece documentada en el siglo XVI. Leonor de Albornoz, en su testamento otorgado ante Juan de Segura el 12 de Enero de 1,576, declara pertenecer a la cofradía de la Virgen de la Cinta, así como a las del Espíritu Santo, San Sebastián y de la Sangre. Unos años después, en 1,583, en una de las mandas testamentarias del onubense José Hernández, se hace constar que acompañe a su entierro, cuando fuere finado la cofradía de Nuestra Señora de la Cinta con su cera.

Con inusitada frecuencia acudían los devotos de la Virgen de la Cinta a su Ermita para suplicar remedio a sus males. Interminable sería la relación de favores atribuidos en Huelva a la intercesión de su Patrona. Bástenos recordar que el 20 de Abril de 1,586 se reunió el concejo de la villa con el vicario para acordar que atento a la gran necesidad que hay de aguas para los frutos, se ponga por intercesora a Nuestra Señora de la Concepción y de la Cinta. Con tal fin se organizaron funciones y procesiones religiosas y el pueblo sintió los beneficios de las rogativas. Así fue como progresivamente la devoción a esta pintura mariana logró imponerse sobre las restantes advocaciones del lugar. El vecindario acostumbraba a honrarla con frecuentes y solemnes fiestas. La festividad principal de la Virgen de la Cinta viene relacionada, por la leyenda del zapatero, con la invocación a la Natividad de Nuestra Señora. En efecto, en tal festividad religiosa, 8 de Septiembre, se celebra al menos desde 1,602. En la visita canónica de 1,697, se reseña que es imagen por quien Dios hizo milagros muy continuados y por esta causa la devoción de todo este pueblo.

La escritura de fundación de la fiesta de Nuestra Señora de la Cinta fue otorgada el 30 de Agosto de 1,759 por el onubense Francisco Martín Olivares, vecino de México. Entre los cultos que el otorgante manda hacer, consta una procesión, de donde surgió la necesidad de tener una imagen procesional.

Para facilitar y fomentar la devoción a la Señora, se publicó por primera vez una novena en 1,848, fielmente tomada de la que se rezaba en Tortosa. Pero en 1,888 el presbítero Rafael de la Corte redactó otra nueva netamente onubense.

Su fiesta se halla fijada en el día 8 de Septiembre, aunque con el tiempo se ha celebrado de diversas maneras. Hasta 1,876 se organizaba una romería hacía el Santuario el día de la víspera. Desde aquel año la Virgen era bajada hasta la Parroquia Mayor de San Pedro para brindarle un solemne novenario preparatorio; el día 8 era subida a la Ermita, teniendo lugar los días siguientes una concurridísima velada. Actualmente la imagen desciende a la Iglesia de la Merced, Catedral de la Diócesis, el tercer domingo de Agosto, y tras los cultos acostumbrados, novena y función principal, es llevada en procesión de regreso a su Santuario el día de la Natividad de la Virgen.

El 29 de Agosto de 1,956, el pleno del Ayuntamiento de la Ciudad, presidido por Don Antonio Segovia Moreno, declaró a la Virgen de la Cinta alcaldesa perpetua de Huelva, haciéndosele entrega de los atributos del cargo. Años más tarde, en 1,964, Pablo VI extendía una bula, fechada el día 11 de Marzo en Roma, por la que se nombraba Patrona Principal de la ciudad a Nuestra Señora de la Cinta, con todos los honores y privilegios litúrgicos que ello supone.

Los restos de la pintura mural primitiva, casi totalmente destruida en 1,936, se conservan tras una tabla que la reproduce fielmente en el retablo mayor, hasta su restauración que fue donada a la Capilla del Consejo de Hermandades y Cofradías de nuestra capital, tras un breve paso por el convento de las Hermanas Oblatas, situado en las inmediaciones del Santuario. La escultura llamada por los devotos Virgen Chiquita, se venera en la capilla absidial que preside la nave lateral del Santuario. El día 26 de Septiembre de 1,992 en los jardines de la Avenida de Andalucía, fue coronada canónicamente, por el Eminentísimo Señor, Cardenal, Legado Pontificio, Don Eduardo Martínez Somalo y el Excelentísimo y Reverendísimo Obispo de Huelva, Don Rafael González Moralejo.