Dedicado a María Santísima y a sus distintas advocaciones en el mundo, para que todos conozcan la historia de cada una de las Fiestas de Nuestra Reina del Cielo
El emperador León III de Bizancio en el año 726 decidió que todas las imágenes de la Virgen y los santos debían ser destruidas.
Un barco de vuelta de oriente, transportaba, una imagen de la virgen
de Tíndari para que fuera destruida. Pero una tempestad obligó al barco a
atracar en la bahía del Tíndari – Bahía de Marinello – el nombre que
actualmente tiene.
Al siguiente día la tripulación se preparan para
retomar el viaje, pero el barco se sentía pesado para emprender el
viaje. Comenzaron a alivianar la carga, dejando una caja muy pesada en
la playa. Las personas del pueblo se acercaron a ver el contenido de la
caja y encontraron allí la imagen de la Virgen, luego la llevaron a la
colina de Tíndari. La imagen tiene en sus brazos al niño Jesús, es de
madera de cedro de color moreno, la túnica es roja en su base está la
leyenda “negra soy pero hermosa”
Se dice que en 1650 hubo un primer
milagro, luego en 1693, pero el más conocido es que una madre muy
afligida por la enfermedad de su hija, pidió la gracia a la Virgen de su
sanación. Al poco tiempo la niña sanó y la madre fue al Santuario del
Tíndari para agradecer a la Virgen. Después de un largo viaje, cuando la
mujer vio la imagen sintió una gran desilusión. Creía que la virgen era
blanca de cara rosada y sonriente, en lugar de eso vio una imagen
chiquita, negra y seria.
Dijo, saliendo de la Iglesia "he realizado un
largo viaje para ver una imagen más fea que yo". Mientras tanto la hija
estaba cortando flores y sin querer se acercó al acantilado y cayó. La
mujer desesperada volvió a la Iglesia a pedir perdón por sus palabras y
pidió un nuevo milagro. Dicen que el mar donde la niña había caído se
retiró formando una playa de blandas arenas donde la niña se encontraba
jugando tranquila y contenta con las conchas del mar.
El 30 de diciembre de 2021, un rápido incendio forestal destruyó aproximadamente 1.000 casas y estructuras en Louisville, Superior y la zona no incorporada del condado de Boulder. Entre los que perdieron sus casas están Kat y Tom Greany, de Louisville. Cuando la pareja regresó a lo que quedaba de su casa, encontró su estatua de María aún en pie. Tom Greany escribió la siguiente reflexión sobre lo que han vivido en los últimos días, y cómo su fe en Dios se ha mantenido fuerte a pesar de todo lo que han perdido.
Cuando llegamos a nuestra casa, estaba completamente destruida. Todas menos cinco de las 55 casas de nuestro barrio lo estaban. Las que no lo estaban se encontraban completamente indemnes. Muy extraño. Al otro lado de la calle, una imagen similar. Al sur, lo mismo. Los tres barrios desaparecidos.
Cuando bajamos a los escombros humeantes de lo que había sido nuestra casa, casi no había nada reconocible. Unos cuantos cacharros. Las vigas de acero retorcidas, desconectadas de los cimientos, habían caído sobre la ceniza. En nuestro porche delantero podíamos ver el hormigón desmenuzado de los cimientos y los ladrillos esparcidos. Y las propias puertas delanteras, de hermoso diseño, se derritieron en una bola retorcida. Pero María permaneció. Cubierta de hollín negro en la mitad derecha del cuerpo de la estatua, estaba indemne. Los ladrillos parecían haber caído a su alrededor, algunos probablemente incluso la golpearon. Pero ella ni siquiera se cayó. A sus pies, bajo los escombros, hay muchas piedras con forma de corazón que Kat y yo hemos recogido en nuestras numerosas excursiones. Nos recuerdan que hemos consagrado nuestras vidas a Jesús a través de María. Y que su Sagrado Corazón y el Suyo nos protegerán y sostendrán en todo momento.
La estatua es un símbolo. Entre las ruinas humeantes que horas antes habían sido un infierno, María permaneció. Como lo hará en nuestras vidas. Intercediendo por nosotros en los momentos más oscuros, rogando por nosotros a Jesucristo, su hijo, nuestro Señor y Salvador. Me duele ver esto, nuestra casa y todo su contenido se perdió. El regalo de Navidad que habíamos celebrado con nuestros hijos se esfumó junto con todo lo que ellos y nosotros poseíamos. Todo el vecindario desapareció en menos de un día.
No pensamos ni por un momento que íbamos a perder nuestra casa. En el lado más alejado de la Davidson Mesa, lejos de la hierba de la pradera. ¿Cómo llegaría el fuego a nuestra casa? Grandes lotes con céspedes cuidados y poca cubierta vegetal para quemar. ¿Cómo lo encendería el fuego? Así que cuando los bomberos nos dijeron que nos fuéramos no nos llevamos casi nada. Una caja fuerte con documentos importantes y nuestros ordenadores portátiles fue todo lo que nos llevamos. Ni siquiera una muda de ropa o un cepillo de dientes.
Ver esto cuando regresamos fue impactante, horroroso. La conciencia de la pérdida escuece enormemente. Pero sólo podemos sentir la pérdida como un dolor debido a la extraordinaria magnitud de los dones que se nos habían concedido en nuestras vidas. ¡Qué ricamente bendecidos somos!
Dios no incendió nuestros hogares para darnos una lección. Pero a través de la pérdida del hogar, Él nos dio la oportunidad de experimentar su consuelo a través de la intercesión de su Madre. Nuestra Madre. María. Acabábamos de terminar una importante renovación de la casa nueve meses antes. Era la casa de nuestros sueños. Pero todo esto es temporal. No podemos llevarlo con nosotros. Tuvimos la bendición de estar juntos, a salvo; y de sacar nuestros coches a salvo. Y nadie puede llevarse la fe que está arraigada profundamente en nosotros, alimentada por signos como éste de que la Sagrada Familia no sólo está con nosotros; está pendiente de nosotros. Nos quieren y se preocupan. Rezan por nosotros. Y rezan por el mundo en estos tiempos oscuros que vivimos.
Yo sólo había pedido una cosa para la Navidad: Que el Señor hiciera santa a mi familia. Tal vez eso empiece por despojarnos de nuestras posesiones y depender totalmente de Él. "Si quieres estar completo, vete, vende tus bienes y dáselos a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; y ven, sígueme". (Mt 19,21).
Las tormentas mortales que azotaron nueve estados en el medio oeste y el sur de los Estados Unidos, no afectaron a una estatua de la Virgen María y el Niño Jesús, colocada al exterior de la Iglesia de la Resurrección, en la diócesis católica de Owensboro, Kentucky. El director de comunicaciones de la diócesis dijo el 13 de diciembre de 2021 que «la estatua sigue en pie, aunque las ventanas y puertas del edificio se las llevó el viento y el techo desapareció».
Una foto de otra estatua publicada por un periódico local, muestra que la estatua afuera de la iglesia en Dawson Springs, sufrió daños mucho más graves. “Esta iglesia probablemente necesitará ser reconstruida por completo”, dijo Tina Casey. Entre otras iglesias de la diócesis, la Iglesia de San José, en Mayfield, también fue parcialmente destruida.
Una serie de tormentas y tornados atravesaron nueve estados, entre ellos Kentucky, Arkansas, Illinois, Missouri y Tennessee, en la noche del 10 al 11 de diciembre de 2021. En todos los estados afectados, el número de muertos confirmados es de 87, lo que hace que la tormenta sea una de las más mortíferas en la historia de Estados Unidos, según el periódico Washington Post.
Monseñor William Medley, responsable de la diócesis de Owensboro en el oeste de Kentucky, declara: «Aunque solo el Señor puede sanar los corazones rotos de aquellos que han perdido a sus seres queridos, me siento honrado por la ayuda tan grande que nos llega de todo el país y del mundo. Recibimos un mensaje escrito del papa Francisco, quien incluso oró por Kentucky mencionando a nuestro estado durante el Ángelus en la Plaza de San Pedro, el domingo pasado. Sabemos que cuando estamos unidos en Cristo, nunca estamos solos".
Del sitio www.auxiliadora.com: Los cristianos de la Iglesia de la antigüedad en Grecia, Egipto, Antioquía, Efeso, Alejandría y Atenas acostumbraban llamar a la Santísima Virgen con el nombre de Auxiliadora, que en su idioma, el griego, se dice con la palabra "Boetéia", que significa "La que trae auxilios venidos del cielo". YaSan Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla nacido en 345, la llama "Auxilio potentísimo" de los seguidores de Cristo. Los dos títulos que más se leen en los antiguos monumentos de Oriente (Grecia, Turquía, Egipto) son: Madre de Dios y Auxiliadora. (Teotocos y Boetéia). En el año 476 el gran orador Proclo decía: "La Madre de Dios es nuestra Auxiliadora porque nos trae auxilios de lo alto". San Sabas de Cesarea en el año 532 llama a la Virgen "Auxiliadora de los que sufren" y narra el hecho de un enfermo gravísimo que llevado junto a una imagen de Nuestra Señora recuperó la salud y que aquella imagen de la "Auxiliadora de los enfermos" se volvió sumamente popular entre la gente de su siglo. El gran poeta griego Romano Melone, año 518, llama a María "Auxiliadora de los que rezan, exterminio de los malos espíritus y ayuda de los que somos débiles" e insiste en que recemos para que Ella sea también "Auxiliadora de los que gobiernan" y así cumplamos lo que dijo Cristo: "Dad al César lo que es del César" y lo que dijo Jeremías: "Orad por la nación donde estáis viviendo, porque su bien será vuestro bien". En las iglesias de las naciones de Asia Menor la fiesta de María Auxiliadora se celebra el 1º de octubre, desde antes del año mil (En Europa y América se celebre el 24 de mayo). San Sofronio, Arzobispo de Jerusalén dijo en el año 560: "María es Auxiliadora de los que están en la tierra y la alegría de los que ya están en el cielo". San Juan Damasceno, famoso predicador, año 749, es el primero en propagar esta jaculatoria: "María Auxiliadora rogad por nosotros". Y repite: "La Virgen es auxiliadora para conseguir la salvación. Auxiliadora para evitar los peligros, Auxiliadora en la hora de la muerte". San Germán, Arzobispo de Constantinopla, año 733, dijo en un sermón: "Oh María Tú eres Poderosa Auxiliadora de los pobres, valiente Auxiliadora contra los enemigos de la fe. Auxiliadora de los ejércitos para que defiendan la patria. Auxiliadora de los gobernantes para que nos consigan el bienestar, Auxiliadora del pueblo humilde que necesita de tu ayuda". El nombre de Auxiliadora se le daba en el año 1030 a la virgen María, en Ucrania (Rusia), por haber liberado aquella región de la invasión de las tribus paganas. Desde entonces en Ucrania se celebra cada año la fiesta de María Auxiliadora el 1ro de octubre. En el siglo XVI, los mahometanos estaban invadiendo a Europa. En ese tiempo no había la tolerancia de unas religiones para con las otras. Y ellos a donde llegaban imponían a la fuerza su religión y destruían todo lo que fuera cristiano. Cada año invadían nuevos territorios de los católicos, llenando de muerte y de destrucción todo lo que ocupaban y ya estaban amenazando con invadir a la misma Roma. Fue entonces cuando el Sumo Pontífice Pío V, gran devoto de la Virgen María convocó a los Príncipes Católicos para que salieran a defender a sus colegas de religión. Pronto se formó un buen ejército y se fueron en busca del enemigo. El 7 de octubre de 1572, se encontraron los dos ejércitos en un sitio llamado el Golfo de Lepanto. Los mahometanos tenían 282 barcos y 88,000 soldados. Los cristianos eran inferiores en número. Antes de empezar la batalla, los soldados cristianos se confesaron, oyeron la Santa Misa, comulgaron, rezaron el Rosario y entonaron un canto a la Madre de Dios. Terminados estos actos se lanzaron como un huracán en busca del ejército contrario. Al principio la batalla era desfavorable para los cristianos, pues el viento corría en dirección opuesta a la que ellos llevaban, y detenían sus barcos que eran todos barcos de vela o sea movidos por el viento. Pero luego - de manera admirable - el viento cambió de rumbo, batió fuertemente las velas de los barcos del ejército cristiano, y los empujó con fuerza contra las naves enemigas. Entonces nuestros soldados dieron una carga tremenda y en poco rato derrotaron por completo a sus adversarios. Es de notar, que mientras la batalla se llevaba a cabo, el Papa Pío V, con una gran multitud de fieles recorría las calles de Roma rezando el Santo Rosario. En agradecimiento de tan espléndida victoria San Pío V mandó que en adelante cada año se celebrara el siete de octubre, la fiesta del Santo Rosario, y que en las letanías se rezara siempre esta oración: MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS, RUEGA POR NOSOTROS. El centro de expansión , de este titulo, radicó en Alemania meridional, que, a pesar del triunfo protestante, se propusieron mantenerse fieles al catolicismo. En 1618 estallan las guerras de religión conocidas como "guerras de los 30 años". Los príncipes católicos y el pueblo comenzaron a invocar a la virgen Santísima con el titulo de "María Auxiliadora" y acudieron en peregrinación a una capilla que, con esta denominación se había levantado a la Virgen en la ciudad de Passau ( Alemania). En medio de las mil vicisitudes de la guerra, de la peste y del enfrentamiento religioso, los católicos de Baviera y del Tirol se sintieron protegidos por la Santísima Virgen y experimentaron una renovación espiritual. Este movimiento mariano estuvo alentado y guiado por los Padres Capuchinos y por la Cofradía de María Auxiliadora, promotora de la nueva devoción mariana. En ella muchos creyeron encontrar un medio seguro para salvar su Fe católica y la libertad de sus tierras. Junto a las convulsiones religiosas y sociales provocadas en le centro de Europa por la crisis protestante, surgió el ímpetu del Islam. En 1683 los turcos, capitaneados por el visir Kará Mustafá, ponen sitio a Viena, capital del imperio. El Papa Inocencio XI vio entonces en serio peligro la existencia de una Europa cristiana; los creyentes acudieron a la protección de la Virgen María. La invocación María, ayuda (María hilf), afirma un historiador, recorrió todas las regiones de Alemania y Austria. La victoria fue para las fuerzas cristianas, aunque las islámicas eran tres veces superiores. Viena quedó liberada. Una vez mas los pueblos experimentaron la ayuda de la virgen María Auxiliadora. El siglo XIX sucedió un hecho bien lastimoso: El emperador Napoleón llevado por la ambición y el orgullo se atrevió a poner prisionero al Sumo Pontífice, el Papa Pío VII. Varios años llevaba en prisión el Vicario de Cristo y no se veían esperanzas de obtener la libertad, pues el emperador era el más poderoso gobernante de ese entonces. Hasta los reyes temblaban en su presencia, y su ejército era siempre el vencedor en las batallas. El Sumo Pontífice hizo entonces una promesa: "Oh Madre de Dios, si me libras de esta indigna prisión, te honraré decretándote una nueva fiesta en la Iglesia Católica". Y muy pronto vino lo inesperado. Napoleón que había dicho: "Las excomuniones del Papa no son capaces de quitar el fusil de la mano de mis soldados", vio con desilusión que, en los friísimos campos de Rusia, a donde había ido a batallar, el frío helaba las manos de sus soldados, y el fusil se les iba cayendo, y él que había ido deslumbrante, con su famoso ejército, volvió humillado con unos pocos y maltrechos hombres. Y al volver se encontró con que sus adversarios le habían preparado un fuerte ejército, el cual lo atacó y le proporcionó total derrota. Fue luego expulsado de su país y el que antes se atrevió a aprisionar al Papa, se vio obligado a pagar en triste prisión el resto de su vida. El Papa pudo entonces volver a su sede pontificia y el 24 de mayo de 1814 regresó triunfante a la ciudad de Roma. En memoria de este noble favor de la Virgen María, Pío VII decretó que en adelante cada 24 de mayo se celebrara en Roma la fiesta de María Auxiliadora en acción de gracias a la madre de Dios. El 9 de junio de 1868, se consagró en Turín, Italia, la Basílica de María Auxiliadora. La historia de esta Basílica es una cadena de favores de la Madre de Dios. su constructor fue San Juan Bosco, humilde campesino nacido el 16 de agosto de 1815, de padres muy pobres. A los tres años quedó huérfano de padre. Para poder ir al colegio tuvo que andar de casa en casa pidiendo limosna. La Santísima Virgen se le había aparecido en sueños mandándole que adquiriera "ciencia y paciencia", porque Dios lo destinaba para educar a muchos niños pobres. Nuevamente se le apareció la Virgen y le pidió que le construyera un templo y que la invocara con el título de Auxiliadora. Empezó la obra del templo con tres monedas de veinte centavos. Pero fueron tantos los milagros que María Auxiliadora empezó a hacer en favor de sus devotos, que en sólo cuatro años estuvo terminada la gran Basílica. El santo solía repetir: "Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Santísima Virgen". Desde aquel santuario empezó a extenderse por el mundo la devoción a la Madre de Dios bajo el título de Auxiliadora, y son tantos los favores que Nuestra Señora concede a quienes la invocan con ese título, que ésta devoción ha llegado a ser una de las más populares. San Juan Bosco decía: "Propagad la devoción a María Auxiliadora y veréis lo que son milagros" y recomendaba repetir muchas veces esta pequeña oración: "María Auxiliadora, rogad por nosotros". El decía que los que dicen muchas veces esta jaculatoria consiguen grandes favores del cielo. El mismo Don Bosco ideó la imagen de la Señora: vestida con túnica y manto regios, como reina bellísima, coronada de doce estrellas, con la enseña de su Hijo Jesús en los brazos, atento como Ella a los hombres, y con el poder de Dios en su mano derecha, simbolizado en el cetro. Y con los ojos en dirección a la tierra, a la Iglesia, a la Humanidad. Una Señora dinámica, en pie, dispuesta a auxiliar de inmediato. Esta imagen, reproducida en miles de formas: medallas, estampas, calendarios, llaveros... nos ofrece una compañía cotidiana como una interpelación y un signo de que detrás hay gente amiga. La imagen también se hace peregrina, en pequeñas estatuillas que van de casa en casa, visitando los hogares en su humilde altar ambulante. Esta visita es devuelta el 24 de mayo, acontecimiento anual de características singulares. Todos los templos de María Auxiliadora reciben a muchedumbres de devotos y son escenario de expresiones impregnadas de un profundo sentido religioso, cristiano y popular. Se dan cita, junto a la liturgia más entrañable, procesiones y verbenas, el calor del encuentro y la alegría de la esperanza. Esta fiesta va precedida de la solemne novena y tiene el 24 de cada mes su conmemoración, como un medio más para la continuidad, a través del año, de una vida cristiana que se va haciendo bajo la mirada alentadora de la Madre Auxiliadora.