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7 de octubre de 2024

Fiesta de Nuestra Señora del Rosario: la "victoriosa" mujer que traía una poderosa arma "contra herejes y analfabetos"

 Del sitio Fundación Cari Filii:

La Iglesia celebra cada 7 de octubre la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, y por ello todo este mes está dedicado a la celebración del Santo Rosario. Fue durante la batalla de Lepanto, en 1571, cuando el Papa San Pío V pidió a los cristianos que rezaran el rosario, y como consecuencia la batalla fue ganada por las fuerzas cristianas.

Atribuyendo la victoria a la oración a la Santísima Virgen, se instituyó una nueva fiesta: Nuestra Señora de la Victoria, que pasó luego a ser la fiesta de Nuestra Señora del Rosario. Pero, ¿cómo se convirtió este rezo en la devoción católica más popular?

Según se cuenta, la Virgen se apareció con un rosario en las manos en julio de 1200 a Santo Domingo de Guzmán, instruyéndole a usarlo como ayuda contra la herejía albigense que se extendía a principios del siglo XIII. A la par, los monjes y laicos, que no sabían leer, rezaban 150 padrenuestros, contando con un collar de cuerdas, en lugar de recitar los salmos para el Oficio Divino.

La devoción mariana aumentó en el siglo XII y finalmente se sustituyeron los padrenuestros por los avemarías. En el siglo XIV, las 150 oraciones fueron divididas por el fraile dominico Henry Kalkar; se quedaron en 15 y cada una meditaba sobre un evento de las vidas de Jesús y María.

Fue otro dominico, Alanus de Rupe, el que, en el siglo XV, los dividió en diferentes misterios de la historia de la salvación: gozosos, dolorosos, y glorioso. El fraile formó así el "Salterio de la Santísima Virgen" y el Papa San Pío V, en 1569, en la bula Consueverunt Romani Pontifices, aprobó oficialmente el rosario tal como lo conocemos hoy.

Ya en el siglo XIX, el Papa León XIII animó a los católicos a utilizar más esta devoción y escribió 12 encíclicas sobre el rosario. Otro Papa devoto de esta oración fue San Juan Pablo II, quien escribió la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae (El Rosario de la Virgen María) en 2002 y añadió los misterios luminosos al rosario.

26 de abril de 2022

Nuestra Señora del Buen Parto (Valencia, España)

 Del sitio Valencia Bonita:

 En la Catedral de Valencia, en un altar que hay en la girola, se venera a una imagen mariana para una curiosa petición. En la actualidad, y desde hace bastantes años, son muchas las futuras madres que cumplen con esta antigua tradición de dar nueve vueltas por el interior de la Catedral, durante el embarazo, mientras se encomiendan a la Virgen para tener un buen parto. A ella acuden tanto creyentes practicantes, no practicantes o, incluso, agnósticas o laicas, siguiendo así una tradición popular valenciana muy curiosa, en muchos casos familiar, que indistintamente se ha seguido sin importar la fe que se profese.

A los visitantes de la Catedral les resultará curioso encontrarse con mujeres embarazadas dando vueltas por el interior del recinto en sus últimas semanas de embarazo, donde, a la vez que caminan, se les puede ver hablando ellas solas, aunque, en realidad, están hablando con Dios para pedir un buen parto.

Esta tradición, que se inicia en el pasado siglo XX cuando un piadoso médico valenciano propició la costumbre de dar nueve vueltas a la Catedral, una por cada mes de gestación, se vincula al buen parto y al inicio de la maternidad con una imagen que se sitúa en el interior de la Catedral: Ntra. Sra. Del Buen Parto, y anteriormente, como la Virgen del Coro o “de la Cadira”, ésta última por el trono.

La imagen mariana, del siglo XV y de estilo gótico tardío, se encuentra en la girola de la Seo (en el ábside del templo) desde 1940-1942, justo después de la finalización de la Guerra Civil Española, ya que, tras ésta, el coro fue trasladado al ábside.

 La Virgen del Coro se le atribuye al orfebre José Castellnou, autor de desaparecida custodia gótica de la Catedral de Valencia fundida en Mallorca en 1812 para sufragar la guerra contra Napoleón. Está realizada en piedra alabastrina policromada, el mismo material o “piedra de luz” de los ventanales góticos, en el año 1465 (S. XV). Se sabe dicha fecha por la documentación que se encuentra en el Archivo Catedralicio, el cual confirma que en el año 1465 se efectuaron ciertos pagos, tanto a los “piquapedrers” que elaboraron el trono, en origen también realizado en alabastro, como a Castellnou por la imagen mariana y su corona original.

Entre los «piquapedrers» pueden citarse a Francesc Ferrer, Andreu de León o Joan de Cabeço, y otros siete canteros y manobres, los salarios de los cuales se anotan en el “Quern de la despesa de la cadira de la Verge Maria damunt lo portal del Cor, d´alabaust”. A Joan de Castellnou se le pagaron 70 florines de Aragón tal y como se puede ver en la lectura del cuaderno, todo firmado ante el notario Joan Esteve el día 6 de septiembre de 1465, una vez ya acabada.

Los trabajos de la realización de la imagen mariana, su corona original y el trono, se llevaron a cabo entre el 16 de mayo y el 14 de agosto de 1465, siendo colocada, finalmente y al parecer, unos días antes donde se le darían las ultimaciones (el 10 de agosto) según “Dietari del Capella” donde se observa “fonc mesa la Verge Maria sobre lo portal del Cor”.

Cabe decir que, la actual corona y aureola del Niño Jesús nada tienen que ver con la de origen. La primera corona de la Virgen, de material cobre sobredorado con perlas y otras incrustaciones de plata, al igual que los raigs del Iesus, era del mismo Joan de Castellnou, siendo sustituida en 1631 por la costeada por Francisca Fababuix.

En un principio la imagen fue colocada sobre la puerta de la entrada al coro, por la parte posterior del mismo (Trascoro), tanto el cuatrocentista en la capilla del Santo Cáliz, como el que vino a sustituirlo tras el acuerdo del Capítulo de 17 de julio de 1777, teniendo, a ambos lados, ángeles en adoración. Fue debida a la situación en este lugar el motivo por el que se la conoció como Virgen del Coro. Según José Sanchis Sivera, durante las obras en el Trascoro, se procedió a la sustitución del trono pétreo por otro de madera, decorado en oro, y la talla de dos ángeles mancebos arrodillados que flanqueaban a la Virgen, siendo ubicada nuevamente en su lugar el 13 de marzo de 1779, donde también se insertaron durante ésta época de renovación neoclásica los paneles florentinos en la estructura de mármol y jaspes.

El lugar concreto de la Virgen en la actualidad lo situamos detrás del Altar Mayor de la Catedral, enfrente de la capilla donde se conserva el brazo izquierdo de San Vicente Mártir y sobre un pedestal de mármol, adosada al muro que divide la capilla del Cristo del Perdón (o de la Buena Muerte) y la de San Jaime. Junto a esta imagen tan venerada por embarazadas, veremos en ella si nos acercamos, seguramente, ramos de flores y ofrendas de madres y padres agradecidos (un servidor pudo ver, incluso, a una mujer de rodillas dando las gracias a la virgen en señal de agradecimiento). 

En la sacristía, la tienda y el acceso al Miguelete se puede pedir la estampa con la oración para estos casos, además de que os informaran de cómo tenéis que realizar el recorrido y los pasos a seguir, donde os darán el kit completo (estampita, vela, plano del recorrido y explicación para realizar la oración correctamente).

La tradición cristiana dice que se debe rezar en cada vuelta (las 9) un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria, y frente a la figura de la Virgen, al empezar y terminar cada vuelta, la oración a Nuestra Señora del Buen Parto:

Dios y Padre nuestro:
que preparaste a la bienaventurada Virgen María
para que fuese digna morada de tu Hijo,
concebido por obra del Espíritu Santo.
 
Por el parto virginal de María,
convertiste en gozo los dolores de las mujeres que creen en ti,
por el nacimiento de nuestro Redentor,
entregaste a la Humanidad los bienes de la salvación.
 
Mira con bondad a esta hija tuya,
a quien has otorgado también el don de la maternidad;
y, por intersección de la Madre de tu Hijo,
concédele desarrollar, con salud,
el fruto que le diste concebir,
llegar a un feliz alumbramiento
y emplear la vida entera en tu santo servicio,
el Reino de los cielos.
 
Por Jesucristo nuestro Señor. 
Amén.

A pesar de lo mencionado, también se dice que la única oración imprescindible es la del Buen Parto, al menos una vez, al encontrarla en la primera vuelta, tras la cual se encenderá una vela y se continuará el recorrido hasta completar las nueve, pudiendo sumar también la tradición de ir a tomarse una taza de chocolate caliente al terminar el recorrido con las personas que te han acompañado, tal y como atestiguan aquellas personas que han seguido esta tradición popular valenciana.

  Fuente de la imagen: © Valenciabonita.es

17 de enero de 2018

Nuestra Señora de la Esperanza de Pontmain

Del sitio de Las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María:

Desde el 19 de Julio de 1870, Francia y Prusia, actual Alemania, entran en guerra. Anteriormente el Kaiser Wilhelm I (Guillermo I) había hecho la guerra contra Dinamarca (1865) y Austria (1866). El ejército prusiano avanzaba, victoria tras victoria. La situación era tan mala que el ejército francés comenzó a reclutar jóvenes sin experiencia militar de la zona cercana a la línea de defensa. Antes que los jóvenes de Pontmain se fuesen, el párroco los confesó, celebró la santa misa y recibieron la comunión.

A mediados de enero del 1871 el ejército prusiano dominaba dos terceras partes de Francia y estaba a pocas millas de la villa de Pontmain (unos 500 habitantes). En la zona se desató una epidemia. El 17 de enero, a eso de las 12:30, hubo un terremoto en Pontmain. Todo iba mal. La gente escondía sus pertenencias para evitar que cayesen en manos del enemigo. Decían desesperados: "Para qué rezar. Dios no nos oye".

El Padre Guerin, que había sido el párroco por 35 años y había reconstruido la iglesia destruida por la Revolución Francesa, pidió a los niños que oren a la Virgen por protección. Entre esos niños había dos hermanos muy piadosos. Ellos comenzaron el martes, 17 de enero, sirviendo de monaguillos en la Misa, recitando el Rosario y haciendo las estaciones de la cruz por las intenciones del hermano mayor que había sido reclutado por el ejército francés.

Esa misma noche uno de los hermanos, Eugenio Barbadette, de 12 años de edad, salía del establo de su familia cuando vio en el cielo una hermosa señora, en el aire, unos 20 pies por encima de los techos. La señora tenía un vestido azul oscuro cubierto de estrellas doradas, un velo negro y una corona de oro. Sus brazos extendidos como en la Medalla Milagrosa pero sin los rayos. Eugenio se quedó mirándola con asombro por unos 15 minutos. Cuando su padre y su hermano de 10 años, José, salieron del establo, Eugenio grito: "¡Miren allí! ¡Encima de la casa! ¿Qué ven?" José describió a la Señora tal cual como lo hizo Eugenio. Pero el padre no la vio y les ordenó con severidad que regresen al establo a preparar el alimento de los caballos. Sin embargo, un poco después, el padre les dijo que salgan y miren de nuevo. Otra vez la vieron. José repetía: "¡Qué bella es!, ¡Qué bella es!" La madre de los niños, Victoria Barbadette, vino entonces y le dijo a José que se callara porque estaba llamando la atención de los vecinos. Sabiendo que los niños eran honestos y no mentían, ella dijo: "Es quizás la Virgen Santísima quien se os aparece. Ya que la ven, recemos cinco padrenuestros y cinco avemarías en su honor".

Después de recitar las oraciones en el establo, para no llamar la atención, la Señora Barbadette preguntó a sus hijos si todavía veían a la Señora. Cuando dijeron que sí, ella fue a buscar sus lentes y regresó con su hermana Louise, pero ninguna de las dos vio a la Señora. Entonces la Sra. Barbadette acusó a sus hijos de mentirosos.

La Sra. Barbadette llamó a las hermanas religiosas y le advirtió a sus hijos: "Las hermanas son mejores que ustedes. Si ustedes ven, ellas ciertamente también verán." La hermana Vitaline no pudo ver a la Virgen pero ella sabía que los niños eran honestos. Entonces fue a la casa de un vecino y le pidió a dos niñas pequeñas, Francoise Richer (11 años) y Jeanne-Marie Lebosse (9) que fueran con ella. Las niñas vieron a la Virgen y la describieron igual que los niños.

Llega entonces la Hermana Marie Edouard y al escuchar lo que decían las niñas, fue a buscar al Padre Guerin y a otro niño, Eugenio Friteau (6 años y medio). Eugenio también vio a la Virgen. Para entonces había unas 50 personas reunidas. Agustín Boitin, un niño de sólo 25 meses quiso alcanzar la Virgen y dijo: "¡El Jesús! ¡El Jesús!" Sólo estos seis niños podían ver a la Virgen. Los adultos no podían ver a la Virgen pero sí las tres estrellas que aparecieron junto a la Virgen.

Un halo se formó alrededor de la Virgen. Cuatro velas aparecieron, 2 a la altura del hombro y dos a la altura de la rodilla. Una pequeña cruz roja, del tamaño de un dedo apareció sobre el corazón de la Virgen.

La Virgen se puso triste porque la gente no creía a los niños y en vez estaban discutiendo. Entonces el padre Guerin les pidió que se callaran y rezaran. Dijo: "Si solo los niños la ven es porque ellos son mas dignos que nosotros" La gente se arrodilló y rezaron el rosario. La expresión de la Virgen demostraba que ella estaba atenta a las oraciones. Gradualmente esto causó que la Virgen apareciera mas alta y bella.

Rezaron el rosario y el Magnificat. Gradualmente apareció bajo los pies de la Virgen un mensaje en letras doradas que los niños deletrearon en voz alta: "MAIS PRIEZ MES ENFANTS" ("Pero, Recen mis hijos")

La Hermana Marie Edouard entonces dirigió a los presentes en el canto de las letanías de la Santísima Virgen. El mensaje continuó: "DIEU VOUS EXAUCERA EN PEU DE TEMPS" ("Dios pronto os concederá lo que piden")

Llegó la noticia de que el ejército enemigo estaba en Laval, muy cerca de Pontmain. El mensaje del cielo continuó: "MONS FILS SE LAISSE TOUCHER" ("Mi Hijo se deja conmover")

Cuando los niños anunciaron este mensaje, el Padre Guerin le pidió a todos que cantaran un himno de alabanza. La Hermana Marie Edouard dijo, "¡Madre de Esperanza, tan dulce nombre, protege nuestro país, ruega por nosotros, ruega por nosotros!" Los niños exclamaban: "¡Que bella es!!"

Al final del himno, el mensaje desapareció. La gente entonces cantó un himno de arrepentimiento y reparación a Jesús.

Entonces lo niños exclamaron: "¡Miren, se está poniendo triste otra vez!"

Frente a la Virgen apareció un crucifijo color de sangre. Encima de este, una inscripción en letras mayúsculas y rojas con un fondo blanco: "JESUCRISTO". La Virgen miraba a la Cruz y sus labios temblaban de emoción. José recordó ese momento toda su vida y escribió: "Unos meses mas tarde vi a mi propia madre sobrecogida de dolor por la muerte de mi padre". Uno sabe cuanto esa escena puede afectar el corazón de un niño. Sin embargo, recuerdo que pensé que la angustia de mi madre no era nada en comparación con la de la Virgen María.

Mientras rezaban llegó un carretero con la noticia de que los prusianos habían tomado la cercana ciudad de Laval. La gente respondió, "Aun si (los prusianos) estuviesen a la entrada del pueblo, ya no debemos temer!"

A las 8:30 p.m., la gente cantó, "Ave, Maris Stella," y el crucifijo desapareció. Ella de nuevo sonrió y dos pequeñas cruces aparecieron sobre sus hombros. Ella bajó sus manos y un velo blanco la fue cubriendo desde los pies hasta la corona. Alrededor de las 8:45 p.m., los niños dijeron: "ha terminado".

Durante el tiempo preciso de la aparición, el general prusiano Von Schmidt, que estaba listo para arrasar con el pueblo de Laval en dirección a Pontmain, recibió órdenes del alto mando de no tomar la ciudad. La invasión de la Bretaña nunca se efectuó ya que el 28 de enero, 11 días después de la aparición, se firmó el armisticio entre Francia y Prusia. La intercesión milagrosa de la Madre trajo la paz. Los 38 soldados de Pontmain regresaron sin un rasguño.

Los dos niños, Eugenio, 12, y José, 10, se hicieron sacerdotes; una de las niñas Jean-Mary Lebossé se hizo monja, y la otra, Francisca, maestra. Los niños sufrieron agravios. El 10 de marzo de 1871 el general Charette fue a ver a Jeanne-Marie, desenvainó su espada y, presionándola contra el cuerpo de la niña, le dijo: "Si mientes, hija, te voy a matar. Tu no viste nada". Ella respondió: "Pero no puedo decir que no vi nada". Mas tarde un monseñor amenazó a los videntes y los impresionó haciéndoles creer que eran culpables de un sacrilegio. Pero la Iglesia reconoció la aparición.

En la fiesta de la Purificación, 2 de febrero, 1872, el obispo Wicart de la diócesis de Laval, publicó una carta pastoral otorgando aprobación canónica a la aparición.

El Papa Pío XI concedió la misa y el oficio en honor a Nuestra Señora de la Esperanza de Pontmain.

La Virgen fue coronada solemnemente por el Cardenal Verdier, Arzobispo de París el 24 julio de 1934.

En la actualidad hay una Basílica de Nuestra Señora de la Esperanza en Pontmain.

Esta aparición demuestra el poder de la oración de intercesión hecha con la humildad y sencillez de los niños.