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5 de noviembre de 2019

Nuestra Señora de Guadalupe de Cáceres

Del sitio Extremadura Misteriosa:

La leyenda de la Virgen de Guadalupe se remonta hasta el siglo I del cristianismo, cuentan que la autoría de la talla correspondería a San Lucas y que muerto el evangelista en Beocia (actual Grecia), la imagen sería enterrada con él y seguiría su misma suerte.

A mediados del siglo IV tanto el cuerpo del evangelista como la imagen fueron trasladados a Bizancio (Constantinopla), desde allí la imagen fue llevada hacia Roma en el año 582. Por aquellos entonces se desató en la ciudad una terrible peste que acabó con la vida de muchas personas y entre ellas la del papa Pelagio II. Siendo elegido posteriormente papa San Gregorio Magno mandó hacer letanías y procesionar la imagen que tenía en el oratorio personal que no era otra que Nuestra Señora de Guadalupe. Estando en procesión se oyó un canto celestial similar al de unos ángeles que entonaban al aire loas a la Santa Virgen diciendo: "Alégrate, Reina del Cielo, alégrate. Aquí el que tú mereciste concebir y parir ya es resucitado según lo dijo".

Justo después apareció sobre el conocido actualmente como Castillo de Sant'Angelo, un ángel limpiando la sangre de una espada. Después de todo esto la pestilencia cesó en la ciudad y San Gregorio se convirtió en un fiel devoto de la imagen.

Unos años más tarde, San Gregorio envió varias reliquias al arzobispo de Sevilla, San Leandro en agradecimiento por haberse ocupado de destruir la herejía de los arrianos. Entre esas reliquias se encontraba la imagen de la Virgen de Guadalupe. Yendo la imagen en un navío desde Roma hasta Sevilla se desató una terrible tempestad que puso en peligro al barco y a sus ocupantes, entonces uno de los clérigos, movido por la fe y la devoción sacó la imagen de la Virgen a cubierta y le suplicó con tanta humildad y devoción que cesase la tempestad que la tormenta amainó automáticamente. Conociendo San Leandro el presente enviado por el Papa salió al puerto a recibir a la imagen y con gran veneración fue trasladada a sus aposentos. Siendo posteriormente entronizada en la principal iglesia de Sevilla y venerada con gran fervor por todo el pueblo.

Pero la invasión árabe, en el año 711, hizo que algunos clérigos sevillanos tuvieran que huir de la ciudad hacia el norte peninsular llevándose consigo las reliquias que pudieron transportar, entre las que se encontraba la susodicha imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. Adentrados en tierras extremeñas y para evitar su profanación enterraron tales reliquias en una zona montañosa cercana a un río conocido como Guadalupe.

Ya en pleno siglo XIV y casi finalizada la reconquista cristiana cuando reinaba en Castilla Alfonso XI andaba el vaquero cacereño Gil Cordero en compañía de otros pastores guardando su ganado en una dehesa llamada Guadalupe, cerca del río del mismo nombre. En un momento dado Gil Cordero se da cuenta que había perdido una vaca y salió inmediatamente a buscarla, al rato descubrió el cadáver del animal junto a la ribera del río Guadalupe, desconsolado decidió aprovechar su piel y al sacar la navaja para despellejar al animal volvió a la vida ante la mirada atónita del vaquero. En ese momento la figura de una mujer envuelta en luz que se identificó como la Virgen hizo acto de presencia exclamando: " No temas. Yo soy la Madre de Dios, Salvador del li­naje humano. Toma tu vaca y llévala al hato con las otras y vete luego para tu tierra. Dirás a los clérigos lo que has visto. Di­les también de mi parte que te envío yo allá. Que ven­gan a este lugar donde ahora estás. Que caven donde es­taba la vaca muerta, debajo de estas piedras: hallarán una imagen mía. Cuando la sacaren, diles que no la mu­den ni lleven de este lugar donde ahora está, mas que hagan una casilla en que la pongan. Tiempo vendrá que en este lugar se haga una iglesia y casa muy notable y pueblo asaz grande".

Obedeciendo los designios divinos, Gil Cordero marchó a Cáceres y dio cuenta de lo sucedido tanto a las autoridades civiles como religiosas, pero nadie le creyó.

Llegó a casa turbado por todo lo que le había ocurrido y se encontró a su mujer en compañía de algunos clérigos y vecinos llorando desconsolada, su hijo había fallecido y estaba de cuerpo presente. Mirando el vaquero fijamente a su primogénito yaciente recordó como la Virgen había resucitado a la vaca y sin pensarlo demasiado hincó la rodilla en el suelo encomendándose a Nuestra Señora y con mucha devoción suplicó: "Señora, Tú sabes la embajada que de tu parte trai­go y creo muy cierto ser esto por Ti ordenado, que yo ha­llase este mi hijo muerto, porque Tú mostrándote mara­villosa en me lo resucitar, sea más ligeramente creído de aquéllos a que soy aquí por Tu mandado venir. Pues que así es, Señora, suplícote que lo quieras resucitar y de aquí te lo ofrezco por Tu perpetuo servidor y de lo llevar a aquel lugar santo, donde Tú tuviste por bien de me aparecer".

Ante la mirada atónita de todos los presentes, el joven se levantó, como quien despierta de un sueño, todos quedaron maravillados de tan grandioso mila­gro, díjoles entonces el vaquero a los presentes: " Señores, amigos, sabed que para dar fe al mensaje que yo os traigo, bien era menester que Nuestra Señora tuviese por bien de obrar esta tan gran maravilla, ya que por nuestros pecados muchas veces dudamos en aque­llas cosas que no vemos corporalmente".

Y dicho esto, les contó lo que le había sucedido junto al río Guadalupe. Aquel prodigio fue tan sonado que llegó a oídos de todos aquellos que no le creyeron en su anterior pregón. Y tanto sacerdotes como vecinos del Cáceres le acompañaron al lugar donde se le apareció Nuestra Señora. Cavaron donde Gil Cordero se encontró el animal muerto, y tal y como se predijo, no demasiado profundo, encontraron un pequeño sepulcro de mármol con una figura de la Virgen, acompañada otras reliquias y de unos documentos que contaban su historia de la imagen desde su creación a cargo de San Lucas hasta su posterior entierro por clérigos sevillanos en este lugar. Sacaron la imagen de la Virgen junto a las demás reliquias e hicieron una humilde choza de piedra y en su interior juntando algunas piedras crearon una especie de altar poniendo sobre él la imagen de la Virgen y quedando Gil Cordero y su familia como guardadores de la ermita.

Posteriormente, la historia fue conocida por el rey Alfonso XI que visitó la humilde ermita y mandó ampliarla para que se trasformara en un templo digno de la devoción de la Virgen de Guadalupe, A partir de ese momento se fue formando alrededor del santuario una puebla que fue reconocida por el mismo Alfonso XI como lugar de realengo. En 1389 el monasterio fue confiado a la Orden de los Jerónimos, siendo actualmente regentado por los Franciscanos.

A finales del siglo XV, la popularidad de Nuestra Señora de Guadalupe creció gracias a la especial veneración sentida por Cristóbal Colón, que llevaba consigo siempre una replica en sus viajes al nuevo continente. Cuenta la leyenda incluso que los días previos a su primera expedición americana Colon oró en el interior de la ermita de Guadalupe. Su devoción debió ser tal que al descubrir la Isla Karukera, en 1493 le cambió el nombre por el de Guadalupe.

Bajo la advocación de la Virgen de Guadalupe se conquistó el Nuevo Mundo. Existen además varias advocaciones marianas bajo el título de Virgen de Guadalupe en México, Bolivia, Uruguay, Perú, El Salvador, Filipinas y España.

4 de junio de 2018

Nuestra Señora de la Colina

Del sitio Madre de Dios y Madre Celestial:

El santuario del Cerro Sagrado en Varese, en Lombardía (Italia), tendría su origen en una capilla construida allí para conmemorar la aparición de la Virgen María a San Ambrosio de Milán durante una tarde del siglo IV.

San Ambrosio, obispo y uno de los primeros Padres de la Iglesia, fue uno de los que luchó heroicamente contra la herejía Arriana una buena parte de su vida.

La herejía del arrianismo toma su nombre de un hereje llamado Arrio, que enseñó falsamente que el Hijo de Dios era una mera criatura, creada por Dios y distinto del Padre. Esta noción es refutada cuando se lee el Evangelio de San Juan, el que, al dar inicio a su evangelio deja en claro: "En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin ella no se hizo nada de lo que ha sido hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no prevalecieron contra ella".

Aquella herejía generó gran discordia en el cristianismo. Arrio fue condenado en el Concilio de Nicea , y de nuevo en el Primer Concilio de Constantinopla.

San Ambrosio fue también un gran defensor de María, la Madre de Dios. Se cree que la Santísima Virgen se apareció a San Ambrosio durante la época del conflicto arriano, y que el santo construyó la primera capilla, la Virgen del Cerro, en ese lugar, a petición de la Madre de Dios, sino también en acción de gracias por sus victorias, mientras que , teológicamente refutaba las proposiciones heréticas del arrianismo.

El santuario creció en popularidad, especialmente después de que se estableció un convento de monjas agustinas en el siglo XV. El santuario principal es la iglesia de la Inmaculada Concepción, con capillas de los misterios del rosario.

En la antigüedad la colina había sido dedicada por los paganos a la diosa de la victoria; pero la Virgen , como es su costumbre, pidió que en ese lugar se convierta en un santuario en honor a su Divino Hijo y ella misma. Ahora se sabe que el Sacro Monte di Varese, Nuestra Señora de la colina o el Sacro Monte de Varese, y hay un total de catorce pequeñas capillas situadas allí que se construyeron entre los años 1604 y 1623. Es un popular lugar de peregrinación incluso en nuestros días.