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23 de marzo de 2026

Nuestra Señora del Líbano y su "giro"


Traducido y adaptado del sitio Ici Beyrouth:

Las maravillas realizadas por la Virgen María en el Líbano son imposibles de enumerar. ¿Quién puede dudar ni por un segundo del papel que desempeñó, por ejemplo, junto a San Charbel y otros gigantes de la santidad, luminarias que iluminan la noche de nuestra fe? Las Iglesias aún tienen que descubrir una de las figuras más impactantes de nuestro tiempo en la persona de Mathilde Riachi. Esta mujer analfabeta descifró la estructura trinitaria de las letras del alfabeto árabe y supo inspirar al filósofo cristiano libanés Kamal Youssef el-Hage algunas de sus páginas más profundas. "Baja de la cruz y te creeremos", le gritaron a Cristo crucificado para burlarse de él. También con burlas se recibió inicialmente el apostolado de oración puesto en marcha por esta visionaria, cuyas advertencias y alertas contra la guerra del Líbano fueron tomadas a la ligera y quedaron en parte sin efecto.

Desde el amanecer hasta el atardecer, la Santísima Virgen no escatimó esfuerzos durante la guerra civil para hacerse presente ante decenas de miles de libaneses en la persona de Mathilde Riachi, cuya acogida, memoria, oraciones y sacrificios aún esperan la investigación de la Iglesia greco-católica. Cómo olvidar, en un momento en que nuestras fronteras están expuestas al peligro, que una formidable barrera de pequeñas cruces de estaño, enterradas en la tierra por Mathilde Riachi en todo el Líbano en los años 70, sigue protegiéndolo de forma invisible, por medios tanto humanos como misteriosos.

"¡El Líbano me pertenece!", llegó a decir, en nombre de la Santísima Virgen, esta visionaria. No es otra cosa lo que dice su estatua instalada en Harissa, el santuario fundado en 1908 en honor al dogma de la Inmaculada Concepción. Y no hay nada demasiado grande que la Virgen María no hiciera para salvar a su patria de la desaparición. Que las carmelitas de clausura de Harissa les cuenten la asombrosa historia de la maternal visita que les hizo en plena "guerra de liberación", cuando los proyectiles disparados por el ejército sirio, apostado en Ouyoun el-Simane, pasaban por encima de sus cabezas.

Era el 6 de mayo de 1989. Hacia las 14:00 horas, se oyen intensos disparos de ametralladoras en Jounieh, y las monjas, confinadas en su convento y sin atreverse a subir a las terrazas, piensan: "Es una boda o un funeral" (*). Pero hacia las 16:00 horas, suena inesperadamente el teléfono. Al otro lado de la línea, la superiora del Carmelo oye a una señora decirle: "Madre, ¿no ve que la Virgen está girando?", un arabismo que significa que la estatua de la Virgen de Harissa se anima y gira por momentos en diferentes direcciones.

Ante la respuesta incierta, pero caritativa, de la superiora del monasterio, la española Teresa de Jesús, la mujer repite, con entusiasmo en su voz: "Sí, sí, madre, se lo aseguro, vaya a ver, la Virgen lleva dos horas girando. ¿No ha oído las ametralladoras que lo anunciaban?". La madre Teresa no sabía que en el Líbano se anuncian estas cosas con ametralladoras.

Por pura caridad, la superiora decide ir a ver por sí misma y se dice a sí misma: "¡La Virgen se está girando! ¡Qué sufrimiento!". Al no ver nada extraordinario, y siendo ese día el primer sábado del mes, propone a las religiosas que se sitúen en una ventana del monasterio desde donde se ve la estatua de la Virgen y recen el rosario por la paz.

Llevaban allí unos instantes, recitando tranquilamente su rosario, cuando, para su total sorpresa, las monjas vieron que la estatua de la Virgen de Harissa cobraba vida, se volvía hacia ellas como una persona viva y avanzaba hacia el monasterio. La visita despertó un indescriptible concierto de oraciones, súplicas, cánticos y exclamaciones. La visión permaneció allí, sonriente, durante unos minutos, antes de abandonarlas y volver a su lugar en lo alto de la torre de Harissa. 

"Era algo que no se puede expresar, que flotaba, vivo, sonriente", explicaría la madre Teresa de Jesús al narrador. "Solo la vimos de busto, como en un medallón. Estaba a unos cuatro metros de la ventana. Estaba allí. Nada de piedra. Su velo se movía. Era Ella, no una nube. Algo vivo, y lo que más nos atrajo fue su sonrisa. Y cantábamos. Ella no dijo nada, pero lo que sentimos en lo más profundo de nuestro corazón fue: 'No temáis, ¡yo estoy aquí!'. Sonreía, estaba tranquila, y nosotras aún más. Pero no se puede explicar". Sí, evitemos explicaciones innecesarias y sepamos de una vez por todas que en el Líbano, cuando la Virgen "aparece", el mundo entero se vuelve hacia Ella, que su intercesión es todopoderosa y que tiene en sus manos la llave de la paz, siempre y cuando accedamos a sus peticiones.

(*) El relato completo de este episodio de la guerra se recoge en la obra 
Devastación y redención, relato de las apariciones de la Virgen en tiempos de guerra. 
Publicaciones del Instituto de Estudios Islámico-Cristianos de la Universidad Saint-Joseph
Prólogo de René Laurentin
(agotado, en proceso de reimpresión)

28 de enero de 2026

Las apariciones de Nuestra Señora a Mariette Kerbage

 

Traducido del sitio 1000 razones para creer:

Conocí a Mariette Kerbage en Alepo (Siria) en 1988, a petición del padre Elias Zahlaoui, director espiritual de Myrna. Le había llamado la atención la coincidencia de los acontecimientos ocurridos en su casa, en Soufanieh, en 1982, seis meses antes de los de Damasco, y pensaba que había una evidente continuidad, aunque estas dos jóvenes nunca se hubieran conocido. Al verla, pensé inmediatamente en esta observación del famoso mariólogo padre Laurentin: "El Señor penetra y realiza desde dentro las cualidades naturales de aquel o aquella a quien ha elegido para realizar sus obras". Porque la joven que tenía ante mí, sin timidez, con una naturalidad sorprendente, irradiaba sencillez.

Mariette procede de una familia muy modesta, discreta y trabajadora, originaria de Trípoli, en el Líbano. Nacida en 1946, a los veinticuatro años aceptó casarse con un joven sirio, cuando pensaba dedicarse a la vida religiosa. Tras seis años de vida conyugal, su esposo la abandonó repentinamente para buscar fortuna en Venezuela, dejándola sola con su certificado de estudios y su oficio de costurera como único bagaje. A continuación, se produjo una travesía por el desierto. El 27 de mayo de 1982, durante el mes de María, tras una sincera confesión, se le apareció el arcángel San Miguel. Él le mostró cómo actúa la misericordia divina. El ángel, delante de ella, cavó un hoyo y le explicó: "Los pecados son como estos dos puñados de tierra en las manos de quien se arrepiente". Los depositó en el fondo de un hoyo, los cubrió con tierra y luego con asfalto. "¿Crees" —le dijo— "que lo que he enterrado puede volver a salir?" —"¡Por supuesto que no!" —respondió Mariette—. "Lo mismo ocurre con tus pecados. Cuando Dios perdona, nunca más vuelve a pensar en ellos, esa es su misericordia".

Conmocionada y expectante, Mariette le pide a la Virgen que la ayude y oye en sueños: "Mariette, reza, reza, no temas, me verás contigo". Desde entonces, Mariette se dedica a la oración y al servicio a los demás.

No es hasta 1986 cuando se reanudan las manifestaciones. Se ve invadida por gracias: apariciones, locuciones, éxtasis seguidos de mensajes, derramamientos de aceite de imágenes de la Virgen con el Niño o de estatuas... Curiosamente, podría haberse dejado llevar o desestabilizar por estas manifestaciones, pero su moderación y discreción sorprenden y desconciertan. Nada o muy poco se filtraba desde su pequeña vivienda en el barrio pobre de Sléimanié, en Alepo. Durante quince años, el Señor y su santa Madre compartieron con ella y con el padre Mani, un santo sacerdote, esta obra discreta y profética. Su obediencia y humildad eran totales y hizo suyo el lema de su padre espiritual: "Para amar a Dios, hay que empezar por hacerse amar. Para hacerse amar, hay que empezar por amar. ¡Ama! Serás amada y harás amar a Dios".

En 1990, se convierte en laica consagrada y realiza retiros de ayuno y penitencia. La Virgen le pide que la represente como "Virgen de la Anunciación". Al observar y comparar los innumerables retratos de María, se queda con el que más se parece a la que la visita en su habitación, que ha convertido en capilla. Un pintor local lo reproduce y se distribuyen miles de imágenes de forma gratuita.

Abandona su oficio de costurera y se inicia en la vida monástica. A partir de ahí, dirá, "Cristo me atrapó y mi amor por él se intensificó". La Virgen la empuja a ir a Braij, en el Líbano, para un trimestre de retiro en una comunidad perteneciente a la congregación de María Puerta del Cielo, en Canadá. Luego se marcha a dos retiros de cien días en un convento aislado de Marruecos. Los frutos de esta vida contemplativa profundizan su relación con el Señor, al que se entrega totalmente. Confiesa que mide cuánto ha cambiado "a la luz de su alegría" porque, dice, "quien se acerca a Él y viene a su morada es acogido en su misericordia". Por obediencia a Jesús y a María, y tras el fallecimiento de la madre superiora del convento de Braij, acepta humildemente una nueva misión, abandona Alepo y se instala a medio camino entre Biblos y Annaya, donde el gran santo Charbel la ha conducido, a petición del Señor.

En el país de los Cedros será tan discreta como en Alepo, religiosa entre sus hermanas, rechazando cualquier solicitud de los medios de comunicación, "sierva de la Sagrada Eucaristía". Al mismo tiempo, sin hacer ruido, concienzudo e íntegro, el padre Mani recopiló y reunió todos los acontecimientos que consignó y compartió con teólogos europeos, preparando un testimonio denso y sobrio de las gracias que el Señor sigue enviando a Tierra Santa.

Esta vida contemplativa, totalmente dedicada a la adoración, lleva a Mariette a ver cada día a Cristo en el momento de la adoración del Santísimo Sacramento. La conduce a lo esencial, hacia ese mundo interior que no deja de descubrir y que ahora quiere compartir. Se lo confiesa al Señor y, en mayo de 2002, se inicia una gran obra en Braij, bajo la égida de Aquel que todo lo puede. Bajo la mano de Jesús, Mariette pinta iconos, alrededor de mil lienzos al año, para que Él se revele a los demás, como se le ha revelado a ella, que tiene la felicidad diaria de encontrarse con Él. Una obra de evangelización, pues, para la glorificación de la Iglesia, a través de la vida del Señor, la de su Santa Madre y la del Espíritu Santo. Según el padre Mani, que poco después se convertiría en capellán de la comunidad, es la primera vez en la Iglesia —que él sepa, añade con humildad— que el Señor se expresa en pintura, por escrito y en volúmenes.

No se trata de imágenes acheiropoietas (no hechas por manos humanas), milagrosas tanto por su origen misterioso como por los milagros que se les atribuyen. En su disponibilidad, su obediencia absoluta en la elección, el traslado y la conservación de estos lienzos, que para ellos no tienen nada de terrenal ni de humano, Mariette hace suya la explicación de Juan Damasceno: "En el icono no se venera la materia, sino al Creador que se hizo materia para nosotros". No se trata de una representación de lo invisible, sino de "aquel que se ha hecho visible", para que podamos acceder al conocimiento mediante una fina intuición, siendo la imagen para la vista lo que la palabra es para el oído.

Su trayectoria, la multiplicidad de iconos y su significado son, por su inmensidad, comparables a la obra de María Valtorta. Su historia se inscribe verdaderamente en un plan particular de Dios para toda nuestra humanidad.

En 2013, Mariette perdió a sus dos directores espirituales (el padre Mani y el padre Jules) en el momento en que su comunidad, compuesta por seis religiosas, estaba lista para pronunciar con ella los votos perpetuos, durante una ceremonia presidida por el obispo católico melquita, S. Em. Mons. Salim Kirilos Boutros.

Desde entonces, los acontecimientos se suceden con la mayor discreción, y solo el boca a boca lleva a los peregrinos al convento. La acogida siempre es cálida, aunque Mariette se retira cada vez más a la oración y la adoración. Vive con sus hermanas en el proyecto que Dios tiene para ellas, sin cuestionamientos, según su santa voluntad. Bajo el dictado de Cristo, lleva un cuaderno con numerosas páginas escritas con letra cuidada, sin tachaduras, capítulo por capítulo, en un árabe literariamente perfecto. Ella, la pequeña ignorante que solo tiene como bagaje un certificado de estudios... También lleva un cuaderno de matemáticas —"de arquitecto", se podría decir—, con cotas, longitudes, alturas y funciones, columnas con líneas trazadas con regla y llenas de números, con o sin escalas. A partir de planos, sola en el silencio de la noche, fabrica maquetas con sus dedos que ya no le pertenecen, que no son más que la prolongación de la voluntad del Señor: alegría, dulzura, ternura, obediencia, oración, adoración, silencio, paz y confianza...

"Cuando recen", dice Mariette, "sean hijos de la reconciliación y pidan sabiduría". En el corazón de un mundo que estuvo a punto de hundirse en el abismo de las tinieblas del horror en Siria, Mariette nunca dudó, compartiendo el sufrimiento y la agonía de su pueblo. El 1 de agosto de 2014, a las 8 de la mañana, Jesús le anuncia el fin de la guerra. Ella nunca pidió nada, solo recibió. Dice con sencillez: "El Señor me llama cuando quiere y, sea cual sea la tarea que esté realizando, lo dejo todo. Soy su instrumento. Durante tantos años, solo he hecho su voluntad".

Su último consejero espiritual, el padre Adel Theodore Khoury, ha retomado con la mayor discreción la labor del padre Mani y se encarga de recopilar todos los mensajes recibidos desde 1982. Ya hay quince volúmenes listos en la casa de los padres paulistas de Jounié, en el Líbano, en lengua árabe. "¡Ya te imaginarás que, con mi nivel de estudios, no soy yo quien ha escrito eso!", me dice Mariette con un humor mordaz. "¿Cansada, Mariette?". Ella se vuelve hacia mí: "Jean-Claude, quien ama no se cansa y no cansa a los demás" (San Juan de la Cruz).

Jean-Claude
Geneviève Antakli
escritores y biólogos

Desde hace 2000 años, el Señor, cumpliendo su promesa, no ha dejado de hablarnos: "Estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos" (Mateo 28,20), o "Cuando se reúnan en mi nombre, yo estaré en medio de ustedes" (Mt 18,20). Nos habla, a veces con urgencia; nos envía señales, advertencias y mensajes que no completan el Evangelio, sino que lo confirman a nuestros oídos sordos, actualizándolo. En nuestra falta de fe, estas atenciones sensibles renuevan su presencia y su amor. Así, Dios envía a su Hijo o a Nuestra Señora, a sus santos o a sus ángeles, para recordarnos lo que hemos olvidado, para despertarnos cuando el peligro nos acecha. En una época apostólica, dirá santo Tomás de Aquino, todos estos fenómenos conciernen menos a la fe que a la esperanza, la que brilla como una estrella en nuestra noche, la que es "una virtud sobrenatural por la que esperamos de Dios con confianza su gracia en este mundo y la gloria eterna en el otro" (Péguy).

Las apariciones pueden parecer ambiguas por varias razones: los videntes suelen ser personas sencillas, niños, en cualquier caso mensajeros dóciles que se abandonan a la voluntad de Dios. Por lo general, parece que el mensaje se adapta al mensajero, que lo recibe "a su medida". Pero a veces ocurre que el contenido escapa al conocimiento de quien está llamado a transmitirlo. En Lourdes, Bernadette Soubirous, por miedo a olvidarlo, repite continuamente el nombre que la Señora le ha pedido que transmita a su párroco: "Soy la Inmaculada Concepción". En Damasco, durante el primer éxtasis, Myrna recibe una oración: "¡Anunciad a mi Hijo, el Emmanuel!". "¿Quién es este Emmanuel al que debo anunciar?", le pregunta a su padre espiritual, el padre Elias Zahlaoui. Es evidente que los mensajes se adaptan a una época, a un país, a una urgencia. A veces son amenazantes, premonitorios, piden, exhortan.

Las apariciones también se expresan en el idioma de quien está llamado a recibirlas. La Virgen María habla en alemán, en español, en francés, en dialecto y, recientemente, por primera vez, en árabe. La teología actual desconfía de este sobrenatural sensible, ya que la naturaleza misma de la fe es la convicción de lo que no se ve, y las revelaciones privadas a veces parecen epifenómenos peligrosos, que deben rechazarse como tentaciones. Por lo tanto, la posición de la Iglesia es: es mejor equivocarse por exceso de severidad que por exceso de indulgencia.

Sin embargo, el Antiguo y el Nuevo Testamento nos han familiarizado con estos acontecimientos: desde Abraham hasta los Hechos de los Apóstoles, las revelaciones privadas (sueños, voces, visiones, curaciones, éxtasis, milagros, derramamientos de aceites, lágrimas y sangre...) están atestiguadas a lo largo de toda la Biblia, que tampoco se exime de invitar a la prudencia y al discernimiento con respecto a los falsos profetas e incluso a las falsas visiones, al tiempo que denuncia el rechazo sistemático del profetismo, que conduce al agotamiento de la comunicación entre Dios y su pueblo. Para evitar estos desequilibrios, es importante percibir no solo el valor, sino también los límites de lo sobrenatural extraordinario de ayer y de hoy.

16 de febrero de 2025

¿El Escapulario de Nuestra Señora del Carmen protege contra el mal?

Del sitio Píldoras de Fe:

Puede ser fácil pasar de una devoción legítima a una superstición. El Escapulario de la Virgen del Carmen te protege del mal, pero hay que tener cuidado

Un día, leyendo sobre el Santo Cura de Ars, leí un testimonio de este Santo sobre la Virgen María que me impresionó mucho. En ella narraba que, una joven se confesó con el Cura de Ars, (San Juan Vianney). Antes de siquiera comenzar su confesión, San Juan María Vianney le interrumpió y le dijo: "¿Recuerdas hace algunos días en el salón de baile a un joven guapo que bailaba con todas las chicas menos contigo? ¿Y se sentía como avergonzado cuando te veía? ¿Y recuerdas que viste algunas chispas saliendo de sus pies cuando se fue? Tienes que saber que ese era el demonio en forma humana, y la única razón por la que no bailó contigo es porque llevabas el escapulario. Agradece a la Virgen por eso".

Uno de los signos en la tradición de la Iglesia, desde hace muchos siglos, es el Escapulario Marrón de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Es un signo aprobado por la Iglesia y aceptado por la Orden del Carmelo como un signo externo de amor a María, de la confianza que sus hijos tienen en Ella y del compromiso de vivir como Ella.

La palabra escapulario indica una forma de ropa que los monjes usaban cuando trabajaban. Con el paso del tiempo, las personas comenzaron a darle un significado simbólico: "la cruz que debe ser llevada cada día como discípulos y seguidores de Cristo".

En algunas órdenes religiosas, como las Carmelitas, el Escapulario se convirtió en un signo de su forma de vida. El Escapulario llegó a simbolizar la especial dedicación de los carmelitas a María, la Madre de Dios, y a expresar la confianza en su protección maternal, así como el deseo de ser como ella en su compromiso con Cristo y con los demás. Así, el Escapulario marrón se convirtió en un signo de María. Pero tengamos cuidado  de no pasar de una hermosa devoción como esta a un signo de superstición. Así nos lo cuenta el Padre Sergio Román en su experiencia:

"El otro día fui a la Basílica de Guadalupe y se me ocurrió pasar entre los puestos que invaden la calle frente a la Basílica. En varios puestos vi en venta escapularios en gran cantidad. Escapularios de la Virgen, de Juan Diego, de san Judas y de san Charbel, que son los más populares; escapularios rojos, verdes, azules, blancos, amarillo y de todos los colores habidos y por haber.

Me llamó la atención un collar hecho con escapularios de varios colores bellamente trenzados formando un cordón multicolor para lucirse en el cuello. No cabe duda: los escapularios están de moda, una moda impuesta por el ingenio y la creatividad de los comerciantes en artículos religiosos para incrementar sus ventas.

Los recuerdos religiosos en los santuarios de todo el mundo son parte importante en el peregrinar. Son recuerdo de una visita al santuario que se lleva a casa para recordarla siempre. Es como llevar al hogar un pedacito de cielo.

Yo veo a muchos fieles de mi comunidad lucir al cuello no uno, sino muchos escapularios que cuelgan allí hasta que se caen de viejos y de sucios. ¿Por qué usas tantos escapularios?: '¡Porque me dan protección, son poderosos!'

¡Qué fácil es pasar de una devoción legítima a la superstición, sustituto de la fe en las personas que no están ilustradas en su religión! Y yo, sacerdote, me sentí culpable por no haber explicado suficientemente a mis fieles el uso de los escapularios, antigua tradición de la Iglesia convertida ahora en práctica de magia y brujería.

Si mis fieles supieran lo que significa un escapulario no usarían tantos y, si aceptaran usar uno solo, lo llevarían con más devoción y respeto".

Literalmente, un Escapulario es una prenda que se lleva sobre los hombros colgando por delante y por detrás. Se usa a través de la historia en diferentes tipos de vestiduras y de uniformes, pero es, sobre todo, un hábito religioso.

Es la ropa que usan los monjes y las monjas. Consiste en una tira de tela que se lleva sobre el hábito y en la que se borda el escudo de la comunidad a la que se pertenece. El que lleva un escapulario es porque quiere pertenecer a esa orden o comunidad religiosa.

Cuando surgieron las órdenes religiosas, a finales de la Edad Antigua y principios de la Edad Media, se fundaron la "primera orden" para varones, la "segunda orden" para mujeres y la "tercera orden" para laicos de ambos sexos que anhelaba pertenecer a la orden religiosa, pero que querían hacerlo desde su estado de vida propio.

Las terceras órdenes agruparon a muchos fieles laicos que se comprometían en un tipo especial de vida, en la pobreza, en la castidad dentro del matrimonio y en la obediencia a Dios y a sus ministros.

Mediante la oración, la mortificación y las obras buenas, aunadas a ciertas prácticas características de la orden, buscaban su santificación en medio del mundo. Se organizaban bajo la dependencia de la orden religiosa e incluso hacían una especie de votos que renovaban año con año.

Estas terceras órdenes, bendecidas y propiciadas por la Iglesia, hicieron y hacen mucho bien entre los fieles laicos, de los cuales muchos han llegado a los altares, como santa Rosa de Lima, que era terciaria dominica.

Estos fieles no podían usar el hábito completo de la orden, pero se les concedía usar un "mini hábito", es decir, el escapulario reducido a su mínima expresión.

Hay escapularios de los dominicos, mercedarios, franciscanos, agustinos, carmelitas y demás órdenes y comunidades religiosas. El más conocido y usado, sin duda, es el escapulario de la Virgen del Carmen.

En las costas de Palestina, hacia el mar Mediterráneo, hay una montaña escarpada que domina sobre el mar. Es el Monte Carmelo. En el Antiguo Testamento vivió allí el profeta Elías y desde allí hacía oración para que lloviera sobre aquella tierra que padecía sequía desde hacía varios años.

Dios le hizo caso y un día vio en el horizonte una nubecita, del tamaño de una mano, que se acercaba hacia la tierra firme. Aquella nubecita trajo la lluvia esperada. Elías, desde entonces, meditó en el Mesías que era esperado como una lluvia salvadora para su pueblo, y en la Madre del Mesías, que sería como aquella nube que trajo la lluvia. Muchos siglos después nació Jesús de María, la Virgen.

Sobre ese monte hubo, después de Elías, una comunidad de profetas que adoraban a Dios y pedían la venida del Mesías. Esa comunidad reconoció en Cristo al esperado y desde entonces en ese monte se veneró a la Madre del Mesías, a María, a la que llamaron cariñosamente "Estrella del mar", Stella Maris.

Un 16 de julio, en el S. XI, la Virgen María se apareció al superior de la Orden Carmelitana, San Simón Stock, y le dio las reglas de su Orden. Según la tradición le entregó al santo un escapulario de color café con el escudo de la Orden y prometió a los que lo llevaran el salir del purgatorio al siguiente sábado de su muerte. A esto se le llama el "privilegio sabatino".

La Virgen pudo prometer esto, porque llevar el escapulario de la Virgen del Carmen es un compromiso de vivir en oración, en mortificación y en obras buenas, medios clásicos que la Iglesia ofrece a sus fieles para hacer penitencia por sus pecados.

El escapulario de la Virgen del Carmen debe ser impuesto por un sacerdote a los que acepten santificarse en el amor e imitación de María y en la recepción frecuente de la Eucaristía. No es tan fácil usar un escapulario. ¿O sí?

Forma corta para dar el Escapulario.

"Recibe este escapulario, signo de tu especial relación con María la Madre de Jesús, a quien te comprometes a imitar. Que te recuerde tu dignidad como cristiano, sirviendo a los demás e imitando a María. Llévalo como un signo de su protección y de pertenecer a la familia del Carmelo, haciendo voluntariamente la voluntad de Dios y dedicándote a construir un mundo fiel a su plan de comunidad, justicia y paz".

Oración a Nuestra Señora del Monte Carmelo.

Con el Escapulario en la mano y, preferiblemente de rodillas, rezar la siguiente oración invocando a María su protección contra el mal.

Oh hermosa Flor del Monte Carmelo, 
vid fecunda, esplendor del Cielo, 
Bendita Madre del Hijo de Dios, 
Virgen Inmaculada, 
ayúdame en esta mi necesidad. 
Oh Estrella del Mar, 
ayúdame y muéstrame aquí que eres mi Madre. 
Oh Santa María, Madre de Dios, 
Reina del Cielo y de la Tierra, 
te suplico humildemente desde el fondo de mi corazón, 
que me ayudes en esta mi necesidad.
 No hay nadie que pueda soportar tu poder. 
Muéstrame aquí que eres mi Madre.
 
"Oh María, concebida sin pecado,
ruega por nosotros que recurrimos a ti". 
(Repite tres veces)
 
"Dulce madre, pongo esta causa en tus manos". 
(Repite tres veces)

Rezar el Padrenuestro, el Avemaría y el Credo.

Confiarse en las manos de María a través del Escapulario de la Virgen del Carmen, puede brindarte una poderosa protección contra el mal haces todo con mucha fe y devoción desde el corazón.

Qriswell Quero, 
Venezolano,
 esposo y padre de familia,
  Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. 
Quien a Dios tiene nada lo detiene.