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3 de febrero de 2026

Nuestra Señora Mater Populis Fidelis

 


Del sitio Vaticano News:

La Virgen María, de pie junto a la cruz, recibió una misión maternal que ejerce cuidando con amor materno a los hermanos de su Hijo. Su corazón de madre, transfigurado por su plena participación en la gloria divina, ama profundamente a cada uno de sus hijos y busca los caminos para acercar el consuelo de su cercanía y el poder de su intercesión maternal. La devoción mariana es la respuesta humana a este desbordante amor materno. Como el discípulo amado, el cristiano recibe a María y la lleva entre sus cosas más íntimas.

Mater Populi Fidelis quiere ser –según afirmó el cardenal Fernandez en su presentación a los medios– un canto a la devoción popular mariana. Para captar esta intención de sus redactores, es útil leer el texto a la luz de los seis párrafos de la Presentación que lo precede. Allí se explica el contexto en el que hay que interpretar esta Nota doctrinal dedicada a clarificar el uso de algunos títulos marianos relativos a la maternidad de María respecto a los creyentes. Considera a la devoción mariana como un tesoro de la Iglesia y la ve expresada sobre todo en la piedad del Pueblo Fiel de Dios, especialmente en los pobres, que en el rostro de María encuentran la ternura y el amor de Dios y en Ella ven reflejado el mensaje esencial del Evangelio. También el último punto del documento llama a contemplar la piedad mariana popular que suscita la cercanía de María y cita las bellas palabras con que la Conferencia de Aparecida expresa el hondo valor teologal de esta experiencia. Quiere contemplarla, no para corregirla, sino para valorarla, admirarla y alentarla, ya que expresa la confianza en Dios que el Espíritu Santo suscita.

Sin embargo, la necesidad de clarificar algunos títulos marianos nace de la actividad de grupos cuya devoción mariana no expresa las mismas características de la devoción popular, sino que proponen un determinado desarrollo dogmático que por su falta de armonía puede confundir la fe de los fieles sencillos. Las propuestas de estos grupos, muy activos en las redes y algunos con cierta beligerancia, muchas veces expresan un maximalismo mariológico bajo el cual puede leerse una eclesiología preconciliar.

Para interpretar adecuadamente Mater Populi Fidelis es necesario reconocer esta diversidad de sujetos: la piedad popular mariana y la devoción de grupos eclesiales que no expresan bien la armonía del mensaje cristiano. El documento llama a apreciar la piedad popular mariana, que tanto valora la presencia de María en la vida cristiana. De hecho, si contemplamos estos dos milenios de misión maternal de María vemos que siempre estuvo rodeada de un halo de exuberancia afectiva. De Maria nunquam satis dice la famosa expresión atribuida a San Bernardo. El cardenal Newman, recientemente nombrado doctor de la Iglesia, explicaba que la devoción mariana toca los afectos más profundos del corazón humano y despierta energías que no son fáciles de controlar. Además, el amor verdadero comporta cierta tendencia a la exageración: “para hablar con franqueza, yo no daría mucho por un amor que nunca exagerara” (Carta a Pusey, Ed. Encuentro, 103). En el ámbito de los sentimientos y las pasiones la vida no conoce límites precisos. El Papa Francisco es consciente de eso cuando explica que “las cosas bonitas que la Iglesia y los santos dicen de María… son expresiones de amor como un hijo a la madre… el amor siempre nos hace hacer cosas exageradas, pero con amor” (Audiencia general, 24 de marzo de 2021).

Pero no todos los desbordes nacen del mismo cauce. Hay un maximalismo mariano que poco tiene que ver con la vitalidad de la piedad popular. Por ejemplo, no es lo mismo el título Reina del Cielo en los labios de un creyente sencillo en un santuario que esa expresión en el contexto de quienes insisten en la devoción a Cristo Rey como un signo de la vocación de la Iglesia a ser rectora de los destinos de la humanidad. Se trata de grupos que conjugan su admiración a María con posturas que no terminan de recibir la eclesiología del Concilio Vaticano II y que muestran poca sensibilidad frente a la necesidad de encontrar formulaciones doctrinales que sean significativas en los tiempos actuales. En el peor de los casos, la exaltación de María se vuelve caldo de cultivo de los clericalismos.

Sobre el título Corredentora el documento reconoce que se ha usado con naturalidad durante siglos, pero considera que en el contexto actual su uso resulta inoportuno porque, si no se lo explica adecuadamente, puede dar la idea de una acción de María de algún modo independiente de la de Cristo. No sería un verdadero honor a la Madre presentarla desplazando al Hijo de su lugar exclusivo. Esto no niega la incomparable participación de María en la obra redentora del Hijo. Sólo pide que se evite esa expresión por las resonancias confusas que ofrece. Como afirmó en una entrevista Joseph Ratzinger: “una intención correcta se expresa con un vocablo erróneo” (Dios y el mundo, Sudamericana, 2005, 288). Es llamativo la cantidad de veces que el documento usa la expresión “la cooperación de María en la obra de la redención”. Puede pensarse que intenta rescatar con una terminología más adecuada lo que puede haber de válido en el título Corredentora.

También sostiene que el título de Mediadora debe usarse con prudencia, considerando siempre que se trata de una mediación participada de la única mediación de Cristo (cf. n.28). Más reservas presenta al título Mediadora de todas las gracias, aclarando que la maternidad de María en el orden de la gracia debe entenderse como dispositiva y que “cualquier lenguaje sobre su ‘mediación’ en la gracia debe entenderse en analogía remota con Cristo y su mediación única” (n.53).

Esta Nota doctrinal, que por llevar la firma del Papa pertenece al magisterio ordinario de la Iglesia, también puede ser entendida como un capítulo más de la profunda reformulación que afecta a la mariología desde el Concilio Vaticano II. Es sabido que en el aula conciliar colisionaron dos posturas contrapuestas que se resolvieron aceptablemente en el capítulo VIII de Lumen Gentium al presentar a María en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Si bien la mariología del Concilio es ampliamente admitida, hay tópicos que se siguen discutiendo y requieren una mayor maduración para ofrecer una formulación a la altura de estos tiempos. Uno de ellos es el influjo salvífico de María en la vida de los creyentes, al que se lo suele denominar maternidad espiritual o –especialmente desde Redemptoris Mater– mediación materna.

La aparición de este documento magisterial demuestra la actualidad del tema y la necesidad de que los teólogos trabajen en explicar de un modo culturalmente adecuado la participación de la Virgen en la única mediación histórico-salvífica de Cristo. Esta necesidad fue claramente presentada por la Pontificia Academia Mariana Internacional a principios del siglo XXI en su carta a los cultivadores de la mariología, que expone una propuesta en favor de la mediación mariana. Allí se explica que no se trata de regresar al enfoque preconciliar, ya superado, sino de avanzar en el camino del Concilio como hizo San Juan Pablo II en Redemptoris Mater y escuchando atentamente al sensus fidei fidelium (cf. La Madre del Signore… n.52).

Esta es la huella en la que es conveniente leer a Mater Populi Fidelis. No quiere ser un documento que obstaculice la devoción a María. Por el contrario, reconoce que Ella está como Madre en el corazón del Pueblo Fiel y quiere custodiar esa presencia de posibles instrumentalizaciones. Su intención es ofrecer un marco doctrinal para profundizar en el conocimiento del lugar único y singular de la Virgen en la salvación de la humanidad contemplando la piedad popular mariana que, como enseñó Francisco, siempre será “un lugar teológico al que debemos prestar atención” (Evangelii Gaudium 126). Clarificado el uso de estos títulos marianos, queda para los teólogos el desafío de formular la mariología vivida por el pueblo sencillo, que ama a la Madre y se siente amado por Ella, la ve siempre junto al Hijo trabajando con amor materno por la salvación, y “lee en esa imagen materna todos los misterios del Evangelio” (Evangelii Gaudium 285). 

Enrique Ciro Bianchi
Profesor de mariología
Facultad de Teología de Buenos Aires

16 de marzo de 2025

El Papa Francisco sobre Nuestra Señora y la Eucaristía

 


Del sitio Catholic Culture:

Durante el Sínodo de los Obispos de 2005, dedicado a la Sagrada Eucaristía, el cardenal Jorge Mario Bergoglio reflexionó sobre el Santísimo Sacramento y la Santísima Virgen María.

El cardenal Bergoglio no participó en los cuatro sínodos más recientes, dedicados a la nueva evangelización, la Iglesia en Oriente Medio, la Iglesia en África y la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia.

Refiriéndose al documento de trabajo del sínodo de 2005, el cardenal Bergoglio afirmó que "una frase del Instrumentum Laboris (n. 2) dice que 'debemos ver si la ley de la oración corresponde a la ley de la fe”. Debemos considerar lo que el Pueblo de Dios cree y cómo el Pueblo de Dios vive, para que la Eucaristía pueda convertirse cada vez más en la fuente y la cumbre de la vida y la misión de ... la Iglesia'".

El cardenal Bergoglio describió esta declaración como "una riquísima intuición que va a buscar a Cristo en sus más humildes beneficiarios y testigos: en el santo Pueblo fiel de Dios, el pueblo que, en su totalidad, es infalible en el creer." (La afirmación del cardenal es probablemente una referencia a la enseñanza del Concilio Vaticano II de que "el conjunto de los fieles, ungidos como están por el Santo, no pueden equivocarse en materia de creencia").

El Cardenal Bergoglio, citando una exhortación apostólica y dos encíclicas del Papa Juan Pablo II, añadió:  pueblo fiel cree en la Eucaristía como pueblo sacerdotal (cf. Christifideles laici 1, 14). Es una participación cualitativamente constante (cf. CFL 1, 17).

Nuestro pueblo fiel cree como pueblo eucarístico en María. Une su afecto a la Eucaristía y su afecto a la Virgen, nuestra Señora y Madre (cf. Redemptoris Mater III, 44). En la "escuela de María", mujer eucarística, podemos releer contemplativamente los pasajes en los que Juan Pablo II ve a la Virgen como mujer eucarística, y verla no sola sino "en compañía de" (Hechos 1,14) el Pueblo de Dios.

Seguimos aquí esa regla de la tradición por la que, con matices diferentes, "lo que se dice de María se dice del alma de todo cristiano y de toda la Iglesia". (Ecclesia de Eucharistia, 57). Nuestros fieles tienen la verdadera "actitud eucarística" de agradecimiento y de alabanza.

Recordando a María, agradecen ser recordados por Ella, y este memorial de amor es verdaderamente eucarístico. A este respecto, repito lo que afirmaba Juan Pablo II en Ecclesia de Eucharistia, n. 58: "La Eucaristía se nos ha dado para que nuestra vida, como la de María, se convierta completamente en un Magnificat".

1 de julio de 2024

Nuestra Señora de Cocody

Del sitio Gaudium Press:

Una torre de 24 metros de alto con una imagen de Nuestra Señora del Rosario domina la alcaldía de Cocody, en Abidjan, la capital económica de Costa de Marfil. Bajo el nombre de “Nuestra Señora de Cocody”, la torre fue consagrada e inaugurada el 7 de octubre, fiesta de Nuestra Señora del Rosario, por el Cardenal Jean-Pierre Kutwa, durante una misa celebrada por él en la Parroquia San Juan de Cocody, donde ahora se encuentra dicho monumento mariano.

En su homilía, el Arzobispo de Abidjan declaró que la construcción de ese monumento mariano viene a afirmar y a mostrar a los habitantes de la alcaldía de Cocody, e incluso a toda la Costa de Marfil, cuánto la presencia materna de la Madre de la Iglesia en ese lugar es una presencia a la vez tranquilizante y protectora, lo cual es propio de la presencia de toda madre.

La erección de dicha torre mariana manifiesta el gran deseo de los cristianos de llevar a María a sus hogares y de vivir sus virtudes de humildad, obediencia y temor reverencial de Dios. Aprovechando la oportunidad, el Arzobispo dio una pequeña catequesis sobre la Consagración a la Santísima Virgen. En razón del papel único e innegable de María en la historia de la salvación, consagrarse a Ella es seguir los pasos de Aquella que “continúa intercediendo en nuestro favor, presentando nuestros pedidos, nuestras oraciones y nuestras necesidades a su Hijo, y animándonos en nuestro camino de fe con su ejemplo y ‘su mediación materna’, como afirma el Santo Padre Juan Pablo II en su Carta Encíclica Redemptoris Mater, n.40”. La Consagración es realmente una manera privilegiada y eficaz de vivir nuestra fe eclesial y personal en Cristo, pues ella permite una participación aún más grande en los dones del Espíritu Santo y exige un compromiso personal más profundo con Cristo.

Para finalizar, el Cardenal Jean-Pierre Kutwa, en ese día dedicado a Nuestra Señora del Rosario, recordó a los fieles presentes el compromiso misionero al cual está especialmente consagrado el mes de octubre. “En este día y ante esta torre mariana, queremos atender el pedido materno de la Virgen, comprometiéndonos a recitar con fe el Rosario por la paz en las familias, en las naciones y en el mundo entero. No ignoramos que la paz verdadera se difunde allí donde los hombres y las instituciones se abren al Evangelio. Entonces, ¡hagamos juntos el compromiso de abrir bien las puertas de nuestros corazones y de nuestras vidas, para dejar infundir en nosotros los valores evangélicos!”, exhortó el prelado.

La torre mariana es un regalo del alcalde de la comuna de Cocody, Jean-Marc Yacé y su esposa, que confirma la consagración de la misma a María, realizada el 26 de octubre de 2019 por el mismo Cardenal Jean-Pierre Kutwa.

5 de abril de 2019

Nuestra Señora del Santísimo Sacramento

Del sitio Infocatólica:
“Mientras cenaban, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, se lo dio a sus discípulos y dijo: - Tomad y comed, esto es mi cuerpo. Y tomando el cáliz y habiendo dado gracias, se lo dio diciendo: Bebed todos de él; porque ésta es mi sangre de la nueva alianza, que es derramada por muchos para remisión de los pecados” (Mateo 26,26-28). 

En la encíclica Redemptoris Mater, el Papa San Juan Pablo II constata una realidad que todos podemos experimentar: “María guía a los fieles a la Eucaristía” (n. 44). La devoción a la Virgen, si es auténtica, conduce al culto eucarístico. Así se pone de manifiesto en los grandes santuarios marianos como Lourdes o Fátima e, igualmente, en la vida de los santos. 

El Señor, en la Eucaristía, nos entrega su Cuerpo y su Sangre. Se trata del mismo cuerpo, aunque ya glorioso, que Él tomó de María, su Madre: “Ave verum Corpus natum de Maria Virgine”; “salve, verdadero Cuerpo, nacido de la Virgen María”, canta la Iglesia en un motete eucarístico. El cuerpo de Cristo, nacido de María, no es un cuerpo aparente, sino real. La presencia del Señor en el Sacramento es también una presencia real y no meramente simbólica: el pan y el vino que se ponen en el altar “después de la consagración son el verdadero cuerpo de Cristo que nació de la Virgen […] y la verdadera sangre de Cristo, que se derramó de su costado” (Sínodo de Roma de 1079).

San Pedro Julián Eymard (1811-1868) fue llamado “apóstol de la Eucaristía y de la Virgen” y propagó la devoción a Nuestra Señora del Santísimo Sacramento. Juan Pablo II, en la encíclica Ecclesia de Eucharistia, profundizando en el vínculo que une a Nuestra Señora con el Santísimo Sacramento, llama a María Mujer “eucarística”: “En continuidad con la fe de la Virgen, en el Misterio eucarístico se nos pide creer que el mismo Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, se hace presente con todo su ser humano-divino en las especies del pan y del vino” (n. 55). 

En el Magnificat, María expresa su alabanza y su acción de gracias al Padre por todas las maravillas que ha hecho en la historia de la salvación. “Eucaristía” significa, ante todo, acción de gracias y vivir “eucarísticamente” comporta convertir toda nuestra existencia en un sacrificio de alabanza y de acción de gracias, unido a la ofrenda de Cristo en la Cruz, para la salvación del mundo.