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21 de octubre de 2026

Nuestra Señora "Mater Admirabilis"


Traducido del sitio 1000 Reasons to Believe:

Todo comenzó en mayo de 1844, en el pasillo que bordea la iglesia romana de Trinità dei Monti, en el primer piso. Las Hermanas del Sagrado Corazón solían reunirse allí durante su hora de descanso. De hecho, fue a la joven comunidad de las Damas del Sagrado Corazón —fundada en 1800 por la futura santa francesa, la hermana Madeleine-Sophie Barat— a quien se le confió la finca de la Trinidad en las Colinas en 1828.

Ahora bien, durante ese descanso en mayo de 1844, una de las monjas exclamó de repente: "¡Ah! ¡Ojalá la Santísima Virgen se dignara venir a presidir nuestra reunión!". Este deseo no cayó en oídos sordos, sino en los de Pauline Perdrau, una joven novicia francesa que había llegado al convento de las Hermanas del Sagrado Corazón un año antes, en 1843. Al escuchar a su compañera, la joven novicia sintió que un ardiente deseo brotaba en su interior: "traer a María al convento". Se lo prometió a sus hermanas de la orden, aunque sin explicarles exactamente cómo planeaba llevar a cabo este proyecto. De hecho, Pauline tenía una idea específica en mente: pintar un fresco que representara a María en uno de los nichos vacíos del pasillo del primer piso; de esta manera, ¡la Virgen podría presidir los futuros momentos de recreación!

Pauline se acercó a la madre superiora del convento, la Madre de Coriolis, con la esperanza de obtener permiso para pintar su fresco… pero la madre superiora dudó. Pauline formaba parte, sin duda, de una comunidad religiosa con un rico entorno artístico. Este entorno le había dado acceso a diversas formas de arte cristiano, iconografía y representaciones de María, entre otras cosas. Sin embargo, nunca antes había pintado un fresco.

A esto se sumaba el hecho de que la madre superiora dudaba de que pintar un fresco justo en medio de un pasillo fuera el entorno más propicio para la devoción… Sin embargo, Paulina insistió con tanta firmeza que, agotada por su persistencia, la madre superiora finalmente cedió. En 1844, tras su peregrinación a la Santa Casa de Loreto, Paulina obtuvo el permiso tan esperado: el fresco se pintaría.

Con este permiso en mano, Paulina se puso a trabajar el 1 de junio de 1844, fiesta del Sagrado Corazón. Eligió representar a la Virgen María adolescente, de unos quince años, hilando con un huso en el templo, sosteniendo un lirio blanco -una imagen que le había sido muy querida desde su adolescencia-. Un día, mientras su criada se esforzaba por enseñarle el difícil arte de hilar lana -al notar la falta de interés de la joven-, la criada exclamó: "Ven conmigo al Templo de Jerusalén; allí encontrarás a la Santísima Virgen. Tiene tu misma edad y también hila". Paulina quedó profundamente conmovida por esta idea de que María la acompañara en sus tareas más cotidianas.

Mientras la novicia se ponía a trabajar en su fresco, todos los días venía un pintor de frescos a esparcir una capa de cal sobre la pared, que ella tenía que pintar mientras aún estaba húmeda, pincelada a pincelada. Los pigmentos no adquieren su verdadero color y luminosidad hasta después de unos veinte días de secado. Por eso, cuando vio la obra terminada, la madre superiora sintió que el fresco era muy chillón. Otros, al ver la obra, ¡incluso dijeron que les horrorizaba su fealdad!

Pauline Perdrau no se inmutó: tenía la clara impresión de que la Virgen María la estaba ayudando a crear este retrato. La novicia simplemente colgó una cortina para ocultar el fresco mientras se secaba. Ya sabía cómo pensaba llamar a su Señora: la "Virgen del Lirio".

Una vez seco, el fresco parecía transformado: ¡la comunidad estaba tan llena de admiración que espontáneamente comenzaron a cantar el Magnificat!

Un día, la Madre Macrine, una abadesa lituana que había escapado de las prisiones rusas, llegó a Trinità dei Monti, donde se instaló. Muy pronto, la Madre Macrine se encariñó con el fresco recién terminado: incluso venía de noche a orar ante la imagen, pidiéndole a María en su oración que le revelara el título bajo el cual le gustaría ser honrada. Entonces se le inspiró el nombre "Mater Admirabilis", "Madre Admirable". Y ese fue su nombre a partir de entonces.

Posteriormente, todas las alumnas de la Congregación del Sagrado Corazón comenzaron a cantar himnos ante el fresco en las fiestas de la Virgen María. La propia hermana Madeleine-Sophie Barat, fundadora de la Congregación del Sagrado Corazón, no dejaba de elogiar la obra. Le dijo a Pauline: "Tu pequeña Santísima Virgen no está nada mal. De camino a la galería, a menudo me desvío para ir a verla. Me atrae; tiene la misma edad que nuestras alumnas y me recuerda a la juventud a la que he dedicado mi vida."

La devoción a la imagen de la Señora se extendió por todas partes: el fresco se reprodujo como pintura o grabado en todos los institutos, colegios y escuelas afiliadas a la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús. La Madre Admirable se convirtió en la patrona y protectora de las escuelas dirigidas por las Hermanas del Sagrado Corazón en todo el mundo.

La devoción a la Mater Admirabilis se extiende mucho más allá de la amplia red de alumnos del Sagrado Corazón, y el fresco también se reproduce en innumerables iglesias, desde la Iglesia de la Bonne-Mère en Marsella (Francia) hasta el monasterio de Sticna (Eslovenia), pasando por una capilla privada en el Seminario Pontificio Francés de Roma… Grandes multitudes acuden a contemplar el fresco original en Trinità dei Monti. Ya en 1846 se atestiguaron numerosas curaciones y conversiones ante este mismo fresco.

El propio papa Pío IX era un devoto ferviente de la Mater Admirabilis: prueba de ello es que visitó Trinità dei Monti veintiuna veces para ver a la pequeña Virgen. En el primer año de su pontificado, el 20 de octubre de 1846, mientras visitaba el convento de las Hermanas de Trinità dei Monti, Pío IX contempló por primera vez a la Mater Admirabilis.

Al contemplar el fresco, conmovido por su pureza, inocencia y sencillez, el Santo Padre se arrodilló y oró largamente ante la obra. A continuación, el Papa bendijo el fresco y concedió indulgencias a todos aquellos que recitaran tres Ave Marías y tres veces "Mater Admirabilis, ora pro nobis" ante la pintura. Al autorizar el Sumo Pontífice la celebración de misas ante la Mater Admirabilis, el pasillo de recreo se transformó rápidamente en una verdadera capilla, y esta se convirtió en un centro de peregrinación.

Entre las grandes multitudes que acudían a venerar a la Mater Admirabilis, muchos santos vinieron a meditar ante el fresco. Entre ellos se encontraban Santa Teresa de Lisieux, San Juan Bosco, así como papas como el futuro Benedicto XV y Juan XXIII. Más recientemente, Michiko Shoda, emperatriz de Japón, acudió a confiar sus alegrías y sus penas a la Mater y a buscar su consejo mientras su esposo se encontraba en el Palacio del Quirinal.

Thomas Belleil
autor de libros sobre espiritualidad
cuenta con títulos en estudios religiosos de la École Pratique des Hautes Études
en teología del Collège des Bernardins

22 de agosto de 2026

Nuestra Señora, Reina y Madre

 


Traducido del sitio Mary Undoer of Knots:

El 22 de agosto, ocho días después de la Asunción, celebramos la fiesta de la Realeza de María. Esta fiesta, instituida en octubre de 1954 por el papa Pío XII a través de su encíclica "Ad caeli Reginam", nos invita a reflexionar sobre lo que significa y cómo se ejerce esta realeza, íntimamente vinculada a la de Cristo.

  • María Reina, Madre de Cristo Rey

En su audiencia general del 22 de agosto de 2012, el Papa Benedicto XVI explicó la profunda conexión entre la realeza de María y la realeza de Jesús: "María es Reina porque está unida de manera única a su Hijo, tanto en su camino terrenal como en la gloria del Cielo". El gran santo de Siria, Efrén el Sirio, afirma, con respecto a la realeza de María, que "deriva de su maternidad: Ella es la Madre del Señor, el Rey de reyes (cf. Isaías 9,1-6), y nos señala a Jesús como nuestra vida, nuestra salvación y nuestra esperanza".

  • La realeza de Cristo y la realeza de María

Esta realeza espiritual de María es completamente similar a la realeza espiritual de Cristo. En palabras del mismo papa Benedicto XVI: "En Cristo, la realeza se mezcla con la humildad, el servicio y el amor: es ante todo servir, ayudar y amar. Recordemos que Jesús fue proclamado rey en la cruz con esta inscripción escrita por Pilato: 'Rey de los judíos' (cf. Marcos 15,26). En ese momento en la cruz, se reveló como rey. ¿Y cómo es rey? Al sufrir con nosotros, por nosotros, al amar hasta el final, y así gobierna y crea la verdad, el amor y la justicia".

La Virgen María participó en la Pasión de su Hijo, ofreciendo su sufrimiento y su Persona por nuestra salvación. A través de este inmenso sacrificio, cooperó así en nuestra redención y en el reino de amor de Dios.

  • María, Reina del Amor

La Virgen María es "reina del amor, que vive la entrega de sí misma a Dios para entrar en el plan de salvación de la humanidad. (...) Ella es reina precisamente porque nos ama, porque nos ayuda en todas nuestras necesidades; es nuestra hermana, nuestra humilde sierva". La realeza de amor de María se ejerce, por lo tanto, velando por nosotros.

  • María, Reina del Cielo

El papa Pío IX dijo: "Nombrada Reina del Cielo y de la Tierra por el Señor, exaltada por encima de todos los coros de ángeles y santos, y sentada a la diestra de su único Hijo, Jesucristo nuestro Señor, [María] intercede poderosamente por nosotros con oraciones maternales. Así obtiene lo que pide y no puede ser rechazada". La realeza de María es, por lo tanto, inseparable de su maternidad: ella es a la vez Madre de Dios y Madre de los hombres en el orden de la gracia. Santa Teresa de Lisieux dijo de la Virgen María que "es más Madre que Reina".

Confiemos, pues, con confianza a la Virgen María, Reina del Cielo y del amor, el hilo de nuestra vida: Ella sabrá brindarnos su ayuda maternal, desatar los nudos y guiarnos hacia su Hijo.

17 de agosto de 2026

Nuestra Señora María, Reina de la Paz de Neviges


 Adaptado del Blog Las líneas torcidas:

La historia comienza en el siglo XVI, durante la época de la Reforma. El pueblo de Neviges pertenecía al señorío de Hardenberg, que se unió a la confesión calvinista, de modo que apenas quedaron personas fieles a la fe católica.

En el año 1589 se realizó el primer sínodo de la comunidad reformada en la casa parroquial de Neviges. En la iglesia principal (ahora iglesia evangélica municipal) dejaron de celebrarse misas, aun cuando cuando años después el entonces señor de Hadenberg, Johann Sigismund von Bernsau, regresó a la fe católica. A su muerte, los protestantes impidieron de manera violenta la celebración de su misa de réquiem en la iglesia principal. Su viuda, Anna von Asbeck, decidió entonces mandar construir una pequeña iglesia en los límites del pueblo, que fue consagrada a Santa Ana. Llamó a integrantes de la Misión Franciscana, que por entonces hacía labor evangelizadora contra las doctrinas reformadas, quienes desde 1676 asumieron la labor pastoral en esa iglesia.

En ese mismo año el P. Antonius Schirley, del Convento Franciscano de Dorsten, durante su oración diaria ante una sencilla estampa de la Virgen Inmaculada, escuchó una voz que le decía: "¡Llévame a Hardenberg, allí quiero ser venerada!" Dado que la voz también le predijo una curación milagrosa, el franciscano envió la estampa mariana a Neviges en Hardenberg. El entonces arzobispo de Paderborn y Münster, Ferdinand von Fürstenberg, quien estaba gravemente enfermo, oyó de estas cosas e hizo una peregrinación en acción de gracias el 25 de octubre de 1681, debido a la gracia obtenida de su curación. Celebró entonces una misa pontifical en la iglesia de Santa Ana. Este fue el inicio de las peregrinaciones marianas a Neviges, donde hasta la actualidad se sigue venerando la estampa de la Virgen Inmaculada.

Con el incremento de la cantidad de peregrinos que acudían al santuario, se vio la necesidad de construir una iglesia de mayor tamaño, la cual fue erigida en el año 1728 con dinero aportado por el entonces duque Johann Wilhelm II de Düsseldorf, quien, junto con su esposa y muchos otros peregrinos, realizó varias peregrinaciones para venerar la imagen de la Inmaculada, a cuyo nombre se dedicó la nueva iglesia. Ésta era al principio un simple salón de estilo gótico, pero con el pasar de las décadas fue decorada con una profusa imaginería barroca, que aun hoy se puede admirar.

La corriente de peregrinos fue creciendo con el pasar de los años. En el año 1854, cuando el Papa Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción, el número había alcanzado tal magnitud, que ya había problemas de espacio para atender pastoralmente a tantos creyentes. En el año 1889, junto a las dos iglesias ya existentes, se construyó una capilla para confesiones. Sin embargo, ya en ese entonces, en ocasiones especiales, las misas eran celebradas al aire libre, puesto que no había suficiente espacio para acoger a tantos peregrinos.

Es así que, llegado el siglo XX, se vio la necesidad de construir una iglesia más espaciosa. Luego de varios proyectos, esta intención recién se pudo concretar en la década de los ’60, cuando en 1964 el arquitecto Gottfried Böhm de la ciudad de Colonia ganó el concurso que se había convocado para tal fin. La construcción de la nueva iglesia se inició el 17 de julio de 1966 y fue dedicada el 22 de mayo de 1968, bajo la advocación de “María, Reina de la Paz”.

Esta nueva iglesia, una imponente estructura de hormigón, cuenta con varios espacios para acoger a los peregrinos. En el interior, en una especie de capilla, se ha erigido una imponente estela con motivos religiosos, en la cual se puede ver todavía la antigua estampa de la Inmaculada que dio origen al culto. Siempre hay infinidad de velas ardiendo, que los peregrinos encienden como acción de gracias o simplemente como un acto de confianza en la Madre del Señor, la Inmaculada vencedora de la antigua serpiente, el Demonio o Maligno.

Los franciscanos siguen estando a cargo de este santuario mariano. Éste uno de los pocos lugares en la zona donde hay horarios de confesiones continuos: todos los días de 9 a 12 de la mañana y de 3 a 6 de la tarde. Esto es extraño en un país donde la costumbre de acudir al sacramento de la reconciliación se ha ido perdiendo entre los católicos, y donde la mayoría de las parroquias ofrecen sólo una hora a la semana para confesiones (aunque también se puede sacar cita para un día y hora determinados). 

29 de diciembre de 2025

Nuestra Señora de los Dolores de Cerreto Sorano

 


Del sitio Escucha la Voz de Dios:

En 1853 la Virgen Dolorosa se aparece a una joven pastora, arrodillada y llorando, en medio de una lluvia que no la moja, y le dice que llora por los pecadores, que son más que las gotas de lluvia, y le pide que ore con Ella.

Deja sus huellas en el lugar y pide que se le construya una capilla en su honor. 

Sorano es una comuna de la provincia de Grosseto en la Toscana. En 1841 Cerreto era un pequeño pueblo rural, donde vivían apenas cuatro familias de los descendientes de los Nucci, propietarios de los terrenos que lo rodean. Uno de ellos era el de Antonio Nucci y Maria Stella Franci, quienes tenían cuatro hijos. La última fue una niña, nacida 26 de noviembre de 1841, que se llamaba Verónica, a causa de un sueño premonitorio de la madre durante el embarazo.

La infancia de Verónica fue serena y sencilla. Su madre la educaba en la fe y en las virtudes cristianas que constituyen el patrimonio de las familias rurales. El día comienza en la mañana antes del amanecer. Se piensa en la casa y el trabajo agrícola. Ellos envían a pastar las ovejas, que es la fundamental fuente de los ingresos familiares. Por la noche, antes de la cena, se reúnen a rezar el Rosario. En los días festivos van a la Misa en la parroquia de “Santa Maria dell’Aquila” de Sorano, donde también podrán hacer las compras. Practican el llamado “Viernes sagrado”, con oraciones especiales en el Crucifijo y a la Virgen de los Dolores. El párroco, Don Natali Fedele, define que los padres de Verónica como “observantes de las prácticas religiosas y costumbres, y excelentes educadores de la familia.”

Por la tarde, Verónica, como es habitual, está ocupada en el campo haciendo pastar a sus ovejas. El cielo está cubierto de nubes y poco a poco va quedando oscuro. Relámpagos y truenos crean una atmósfera de miedo. La niña, que se encontraba con su hermano Tista (Juan Bautista, menor que ella), comienza rápido a empujar a las ovejas a una cabaña cercana para su reparo.

De repente, el rugido de la lluvia. Su hermano estaba ya al reparo con las ovejas, mientras que Verónica queda detenida, sorprendida de ver a una dama vestida de blanco arrodillada en el lugar, y se sorprende por el hecho de que alrededor de esa señora no llovía …

Este es el testimonio de Verónica: “Vi a una mujer delante de mí… me llamó y me hizo arrodillar… era muy hermosa, vestida con un hábito de fondo blanco salpicado de flores color rosa… tenía un cinturón negro reluciente… y sobre su cabeza llevaba un manto de color azul, que bajaba hasta las rodillas…”.

Tenía la mano como en actitud de súplica, y traía en su cabeza una corona de oro, en medio de la cual había una cruz.

La señora le dijo que se acercara sin miedo, porque no será mojada a pesar de la lluvia. Frente a la iglesia le pide a Verónica rezar con Ella. La niña vio lágrimas en la cara de la señora y le pregunta la causa de su dolor, y le contestó que lloraba por los pecadores: “¿Ves cómo llueve? Pero son más numerosos los pecadores que las gotas de agua que caen …”.

La señora habla de los castigos que vendrán del cielo, si no son reparados los pecados, pidió que oren siete Padrenuestros, Ave y Gloria por la sangre derramada (Verónica dijo despues no saber lo que significaba esa expresión) y otras oraciones para las heridas del crucificado y “por mí que mi nombre es Maria Dolorosa”. Dijo entonces:“Vete a casa, dile a tu madre … que le diga a todos que … mi nombre es Maria Dolorosa”.

Verónica entonces se dirigió hacia su hermano, mientras que la Virgen María se mantuvo en su actitud de oración. Poco después la lluvia se detuvo. 

De vuelta a casa, encuentra a la madre en mal estado de salud, por lo que Verónica no informó lo que sucedió, pero todos pudieron observar cómo la niña tenía la ropa seca mientras había permanecido1 en el campo abierto a la lluvia; tal como confirmó su hermano, estaba completamente seca la ropa.

Al día siguiente, la madre se recupera y Verónica le dice todo con simplicidad. Quedan en estupor, hay quienes creen y aquellos que piensan que es sólo una invención o ilusión.

Entonces, el primo de Verónica, el Nazareno, con una cruz muestra voluntad de ir hasta el lugar de la supuesta aparición. Muchos lo siguieron, y en el lugar indicado por Verónica se sorprenden porque ven sobre el césped mojado, las claras huellas de las rodillas de una persona arrodillada. Por lo que se convencen de la verdad de la historia: ¡la Virgen ha aparecido realmente en ese lugar!

El 22 de mayo, es informado el párroco Busatti, que fue al lugar, donde se siguen viendo las huellas de la “Señora”, mientras mucha gente se acerca al lugar formando así la primera peregrinación espontánea.

A los pocos días, mientras que Verónica reza en la colina de la aparición, escuchar una voz que le dice: “…Verónica ve a hablar con el obispo y dile que aquí se haga una capilla”.

El obispo, monseñor Francesco Maria Barzellotti que ya había sido informado de lo ocurrido en Cerreto, da la bienvenida a la chica con bondad y escucha con interés. Agradece profundamente la autenticidad y la simplicidad de Verónica, y comprende la expresión de la Virgen preocupada por los pecados generalizados y su deseo de empujar a los hombres a la oración y conversión.

El 20 de julio, después de un largo replanteamiento, escribe al Papa Pio IX, narra en detalle lo que había sucedido. El 13 de agosto el Papa respondió con una carta cuyo original se conserva hoy en la Diócesis de Pitigliano. En ella expresa su conformidad con lo actuado y da su opinión favorable a la construcción de una capilla y de comenzar la recaudación de fondos para la misma.

El 8 de mayo de 1857, aún viviendo Verónica Nucci, se inició la construcción del santuario con la bendición y la colocación de la piedra angular.

La nueva iglesia se abrió al culto el 8 de septiembre de 1864. El santuario dedicado a Nuestra Señora de los Dolores, no es grande, pero suficiente para dar cabida a un gran número de fieles.

El Santuario de Madonna del Cerreto es hoy un complejo religioso que tiene anexo un Carmelo desde 1992. 

 26 - Mayo - 2015

8 de diciembre de 2025

Preservada del pecado desde el instante de su concepción


 Traducido del sitio Nomidis:

Desde tiempos inmemoriales, las Iglesias orientales celebran la pureza original de María con la fiesta de la "Concepción de la Santa Madre de Dios" o, más exactamente, la fiesta de la concepción de María en el seno de Santa Ana. 

Los latinos la adoptaron progresivamente a partir del siglo X, pero San Bernardo, San Buenaventura y Santo Tomás de Aquino seguían siendo reacios a aceptar esta "Inmaculada Concepción". San Juan Duns Escoto fue el primero en hacerla triunfar y en imponerse en la Sorbona de París. 

Los Papas intervinieron muchas veces a lo largo de los siglos para acallar esta disputa, hasta que Pío IX la definió como dogma de fe en 1854: "Desde el primer momento de su concepción, por gracia y privilegio únicos de Dios Todopoderoso, la Santísima Virgen María fue preservada del pecado original". 

Al igual que el primer día de la Creación, cuando Adán y Eva salieron de las manos del Creador, la madre de su Hijo estaba allí, una minúscula célula humana con un alma toda santa. Así, Ella "se convirtió en la gloria de nuestra naturaleza pecadora".

1 de diciembre de 2025

Nuestra Señora de Guingamp

 


Traducido del sitio Ouest France:

Martes, 8 de septiembre de 1857: el fervor religioso alcanza su punto álgido en los alrededores de la iglesia (que pasó a llamarse Basílica de Nuestra Señora del Buen Socorro en 1899), situada en pleno centro de Guingamp. Cuatro obispos (de Saint-Brieuc, Quimper, Coutances y Indiana, en Estados Unidos) presiden un evento atestiguado por numerosos relatos de las gacetas de la época y otras resoluciones municipales.

Bajo una lluvia torrencial, 25 000 personas se reunieron para asistir a un fenómeno poco común: la coronación de la Virgen de Guingamp. La multitud se agolpó en las gradas montadas hasta los tejados. Al final de las vísperas, milagrosamente, la lluvia cesó. Una larga y ferviente procesión se pone en marcha hasta la coronación, a cargo de Monseñor Le Mée, obispo de Saint-Brieuc.

La cabeza de la Virgen y la del niño Jesús están coronadas con coronas de oro, bronce y piedras preciosas, ofrecidas por el papa Pío IX. Nuestra Señora del Buen Socorro es la primera virgen de Bretaña en recibir este honor, y una de las primeras de Francia (la primera fue Nuestra Señora de las Victorias, en París, en 1853). Los fieles y el papa le están agradecidos por su protección de la ciudad y de toda Bretaña durante las guerras y las epidemias. El culto a María se remonta al siglo XII en la ciudad, incluso antes de la construcción de la iglesia, en la década de 1340.

Las valiosas coronas se guardan en una caja fuerte, en un banco: "Sería demasiado caro asegurarlas y exponerlas", señala con malicia Patrick Salaün, gran apasionado del patrimonio de Guingamp y autor de obras muy documentadas sobre los edificios religiosos locales.

A pesar de su popularidad, la Virgen de Guingamp, de madera policromada, sigue envueltos en misterio: "No tenemos una historia certificada de esta Virgen Negra", lamenta Patrick Salaün. "Ni siquiera sabemos desde cuándo es negra. Las hipótesis sobre su historia se basan principalmente en numerosos documentos recopilados por el famoso historiador Sigismond Ropartz en el siglo XIX, o en los trabajos de Simone Toulet, profesora de historia en el instituto Pavie, en el siglo XX"

Dada la aleatoriedad de la calidad de algunas fuentes, todo son hipótesis: "Se dice que vino de Marsella, de donde proceden muchas vírgenes negras, hacia el siglo XV. Para otros, proviene de las cruzadas, en el siglo XII, o que la base es una estatua del siglo XVI, pero que la cabeza tiene otro origen... En fin, no se sabe".

Sin embargo, sí se sabe que la historia no la ha respetado: al igual que muchos otros edificios religiosos, la Revolución de 1789 y luego el Terror amenazaron con hacerla desaparecer: la iglesia se utilizó como depósito de municiones y forraje, y la capilla de la Virgen se convirtió en un puesto de guardia. La estatua fue sustituida por una estatua de la diosa Razón. La Virgen fue derribada.

La cabeza se desprende del cuerpo en la caída. Unos años más tarde, hacia 1800, un habitante de Guingamp, que deseaba permanecer en el anonimato, devolvió la cabeza de la Virgen y la de Jesús, que había conservado desde entonces. Entre los escombros, en el fondo de la iglesia, se encontraron dos estatuas, la Virgen y el Niño. Se les devolvieron las cabezas.

Desde entonces, coronada con su corona —una pálida imitación de imitación—, recibe en su capilla a los visitantes de la basílica. Antiguamente vestida con prestigiosos vestidos de novia, las costureras locales le cambian regularmente sus elegantes vestidos bordados. A sus pies, un laberinto que reproduce (a escala reducida) el de la catedral de Chartres, y frente a ella, una vidriera que representa su coronación, el nacimiento de María, la Anunciación, la Visitación y la Ascensión al cielo coronada, así como el escudo del papa Pío IX.

Si bien el misterio sobre su origen permanece, lo que sí permanece es el fervor, más allá del famoso Perdón que se organiza cada verano: "Durante siglos, cientos de miles de fieles han venido a verla. En los años 90 y 2000, se realizaba un recuento del número de visitantes en verano: aún eran más de 900 cada semana".

Fabrice BERNAY.


8 de octubre de 2025

Nuestra Señora del Buen Remedio - Remedio de todas las aflicciones

 

Adaptado del sitio Gaudium Press:

Bajo la hermosa advocación de Madre del Buen Remedio, que la Iglesia celebra el día ocho de este mes, (hoy), la Santísima Virgen se nos presenta como dispensadora de los auxilios sobrenaturales y materiales que nosotros, insuficientes y miserables como somos, necesitamos en medio de las penurias de este valle de lágrimas.

Pero ¿por qué "buen remedio"?

De hecho, el término remedio — que deriva del sustantivo latino remedium, así como del verbo remediare— denota una solución o lenitivo para cualquier tipo de necesidad. Aunque, efectivamente, se emplea mucho para designar una sustancia utilizada para sanar enfermedades físicas, también se refiere a todo aquello que puede prevenir, aliviar o eliminar un mal, incluso moral o espiritual.

Por otra parte, es razonable que los remedios le sean dispensados a un enfermo en proporción a las molestias que le afectan, ya que nadie busca curarse de una grave dolencia valiéndose de simples analgésicos, y mucho menos toma medicamentos fuertes y de uso restringido para el tratamiento de una indisposición.

Entonces, nos preguntamos: ¿qué "buen remedio" es ése que nos ofrece la Virgen? ¿Y qué tipo de mal pretende combatir?

Debido a la transgresión de nuestros primeros padres, el género humano fue afectado por la peor de las enfermedades: el pecado. Como canta un hermoso himno gregoriano dedicado a la Madre de Dios, estaba el universo "entero en amargura, entero en dolor, entero en peligro", pues "el enemigo lo dominaba todo"; sin embargo, por la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo, "se le dio al mundo moribundo un remedio no humano, sino divino". El P. Jourdain afirma también que la Virgen María trajo a la tierra a Aquel que puede curar completamente el peor de los males: "Dio a luz al autor de la salvación. El remedio todopoderoso, el único capaz de devolver la salud y la vida a la humanidad, vino de María".

Pues bien, si María nos ha dado este remedio supremo, ¿por qué no hemos de esperar de Ella todos los demás "remedios" que necesitamos? Como Madre extremosa, no podía concedernos grandes dádivas sobrenaturales sin estar atenta también a nuestras pequeñas carencias materiales. Esas mismas carencias, por cierto, están estrechamente relacionadas con el origen y desarrollo de la devoción a Nuestra Señora del Buen Remedio.

La Europa del siglo xii fue testigo de la interminable y encarnizada lucha entre católicos y mahometanos que, iniciada en la península ibérica en el siglo viii, se prolongó por un tiempo indefinido. Durante siglos de enfrentamientos, muchos cristianos de España, del sur de Francia y de Sicilia fueron hechos prisioneros y desterrados al norte de África y a Oriente Medio.

Estos hijos de la Iglesia, condenados a la más terrible esclavitud, estaban alejados de cualquier esperanza de rescate. No obstante, la Providencia divina no tardaría en enviarles, a través de un alma elegida, la solución a su cruel callejón sin salida.

De ascendencia franco-española, Juan de Mata probablemente naciera en el año 1160. Aunque sus datos biográficos se hayan perdido en la noche de los tiempos y, por tanto, sean inciertos, se cree que de joven presenció los malos tratos infligidos por los musulmanes a los cristianos en el puerto de la ciudad francesa de Marsella y, desde entonces, un fuerte deseo de trabajar en favor de esos desafortunados se apoderó de su espíritu, llevándolo a consagrarse a Dios. Tras estudiar Teología en París, fue ordenado sacerdote en torno a los 33 años.

Cuenta una antigua tradición que, durante la elevación de la hostia consagrada, en su primera misa, el santo tuvo una impresionante visión: se le apareció el Salvador, vestido con una túnica blanca sobre la que se dibujaba una hermosa cruz azul y roja, sosteniendo con sus manos a dos prisioneros cristianos. Manifestó su deseo de que fueran rescatados y, para ello, le pidió al recién ordenado sacerdote que fundara una orden religiosa en favor de la redención de los cautivos. Después de esta gracia, Juan de Mata decidió dedicar su vida para el cumplimiento de esa petición divina. Con la ayuda de un monje francés, San Félix de Valois, fundó la Orden de la Santísima Trinidad, aprobada por el papa Inocencio III el 17 de diciembre de 1198.

Sin embargo, ya al comienzo de su labor misionera tuvo que enfrentarse a un gran desafío material: ¿de dónde sacaría los medios económicos para el rescate de los cautivos? Los infieles sólo aceptaban liberar a los presos a cambio de cuantiosas sumas de dinero, pero éste, como dice el proverbio, "no crece en los árboles"…

Se dice que en el año 1202, en Valencia, el santo fundador se sentía profundamente angustiado por la escasez de recursos e imploraba al Cielo una intervención. Fue entonces cuando se le apareció la propia Virgen María y le entregó una bolsa llena de monedas, con las que pudo rescatar a muchos prisioneros. El hecho se repitió ocho años más tarde en la ciudad de Túnez.

Ahora bien, el fundador no fue el único que recibió la visita de María. En la madrugada del 8 de septiembre de 1212, fiesta de la Natividad de Nuestra Señora, mientras los rayos del alba penetraban lenta y majestuosamente a través de los vitrales de la capilla del convento y los religiosos cantaban el oficio divino, la Santísima Virgen se le apareció a San Félix de Valois revestida con el hábito trinitario y rodeada de cohortes angélicas. Le entregó el escapulario de la orden, expresando su deseo de que fuera impuesto a los cautivos rescatados.

Debido a estas apariciones, Nuestra Señora del Buen Remedio es retratada con dos emblemas principales: la bolsa de monedas y el escapulario con una cruz, cuyos colores simbolizan la Santísima Trinidad: el blanco, base y principio de todos los colores, representa al Padre, que es ingénito; el azul, color de la carne humana magullada, alude al Hijo, herido en su humanidad durante la Pasión; y el rojo, figura del fuego divino que todo lo consume, hace referencia al Espíritu Santo.

En 1688 la Orden de la Santísima Trinidad proclamó a Nuestra Señora, Madre del Buen Remedio, como patrona suya. Casi tres siglos después, recibiría estatus oficial en la Iglesia mediante la carta apostólica Sacrarium Trinitatis, del papa Juan XXIII.

Fuera de los muros del convento de Marsella, donde por primera vez se veneró a la Virgen bajo ese título, enseguida se multiplicaron las representaciones. Una de las más difundidas es la que se encuentra hoy en la basílica de San Crisógono, de Roma, santuario confiado al cuidado de los trinitarios por el papa Pío IX en 1847. El autor del fresco, Giovanni Battista Conti, terminó la pintura de estilo neobizantino en 1944, en agradecimiento a la Santísima Virgen por haber preservado a Roma de los flagelos de la Segunda Guerra Mundial.

En Brasil, se puede venerar una copia de ese piadoso retrato en la basílica de Nuestra Señora del Rosario, de Caieiras (São Paulo). Situada en un lugar destacado, a la derecha del presbiterio, la imagen evoca los orígenes de la gran devoción de los Heraldos del Evangelio a esta advocación mariana.

Crisis espirituales, problemas familiares, enfermedades, dificultades económicas… ¿Quién está exento de los males de esta vida?

Como la más atenta de las Madres y verdadera Médica celestial, María Santísima nos acompaña siempre con su mirada tierna y compasiva, y está dispuesta a socorrernos en todo momento. Si jamás se ha oído decir que alguien acudió a Ella y quedó desamparado, ¡no seremos nosotros los primeros!

He aquí la lección que nos da Nuestra Señora del Buen Remedio. Así, cuando la Providencia nos visite con el sufrimiento, recordemos que basta con invocarla con filial confianza y obtendremos todo lo que necesitamos. Y si Ella no puede librarnos del dolor, estará a nuestro lado consolándonos y dispensándonos gracias abundantes para cargar nuestra cruz con fidelidad.

15 de julio de 2025

Nuestra Señora de Esquernes


Traducido del sitio Roman Catholic Saints:

El santuario de Nuestra Señora de Esquernes se encuentra a media legua de Lille, en Flandes (Francia). Esta imagen comenzó a obrar milagros hacia el año 1162, y sigue siendo muy venerada por los prodigios que María sigue obrando por su intercesión.

Cuenta la leyenda que mientras el pintor responsable de la imagen de María en el santuario antes mencionado, ponía todo su empeño y talento para representar a la Madre de Dios tan bella como fuera posible concebir por la mente humana. El diablo intentó intervenir. La Virgen suspendió al pintor en el aire hasta que llegó el Obispo para pronunciar el exorcismo, y el Maligno no molestó más al pintor.

Se sabe que la Orden del Císter fue establecida por tres monjes benedictinos en el siglo XI, y que la nueva orden creció rápidamente cuando San Bernardo se unió a ellos. Pronto se formaron también numerosos conventos para mujeres, y muchas de estas casas se establecieron en el Flandes francés. Uno de esos conventos cistercienses aún se encuentra en Esquernes, y es posible que estén relacionados con la imagen.

"Que todos los hijos de la Iglesia católica que Nos son más queridos oigan estas Nuestras palabras y, con un celo más ardiente de piedad, religión y amor, procedan a adorar, invocar y rezar a la Santísima Virgen María, Madre de Dios, concebida sin pecado original, y acudan con entera confianza a esta dulcísima Madre de Misericordia y Gracia en todos los peligros, dificultades, dudas y temores. Porque nada hay que temer, y nada hay que desesperar bajo su guía, bajo sus auspicios, bajo su favor, bajo su protección, que, teniendo hacia nosotros un afecto maternal, y ocupándose de los asuntos de nuestra salvación está solícita por todo el género humano, y, designada por Dios Reina del Cielo y de la Tierra, y exaltada por encima de todos los coros de ángeles y órdenes de santos, de pie a la diestra del Hijo unigénito, Jesucristo Nuestro Señor, intercede poderosamente y obtiene lo que pide, y no puede ser frustrada." Papa Pío IX

10 de junio de 2025

Nuestra Señora de la Divina Providencia de Cussanio

 

Del sitio Parroquia San Martín:

Cussanio, un pequeño pueblo agrícola, a tres kilómetros de la ciudad de Fossano, alberga el Santuario dedicado a María, Madre de la Divina Providencia. Su historia se remonta a principios del siglo XVI.

En el campo fértil que rodea las pocas casas, es habitual pastar a su pequeño rebaño la vacuna Bartolomeo Coppa, audioleso. Un día de mayo de 1521 (la tradición lo arregla el 8 de mayo), la Virgen se le aparece en forma de Dama vestida de blanco, con un manto azul. En primer lugar, la Dama restaura milagrosamente el uso del habla y del oído a Bartolomé, y luego le confía la tarea de invitar, en su nombre, a los habitantes de Fossano a cambiar sus vidas, a hacer penitencia por sus pecados, para evitar los castigos del Señor

Los habitantes de Fossa están sorprendidos de escuchar a Bartolomeo hablar correctamente, de repente sanarse, pero se burlan de él y de su mensaje. Decepcionado por su misión fallida, Bartolomeo vuelve a pastar la manada, pero tres días después, cansado se duerme y en sueños aparece nuevamente vestida, esta vez, en rojo con una gran capa azul en los hombros. Lo animó a renovar su mensaje a los Fossaneses y, al verlo hambriento, le ofreció tres panes.

Al despertar, Bartolomeo se da cuenta de que no todo ha sido un sueño; de hecho, junto a la bolsa hay tres panes unidos, similares a los que la Dama le había dado en el sueño. Reforzado por el extraordinario acontecimiento que le sucedió, Bartolomeo vuelve a repetir con coraje la advertencia a sus conciudadanos que, una vez más, no se dan mutuamente.

En el otoño del mismo año, una terrible plaga se extiende por todo el territorio, trayendo consigo no menos de tres mil víctimas. Los habitantes de la zona recuerdan las palabras de Nuestra Señora, que los instó a cambiar sus vidas y hacer penitencia por sus pecados. Las procesiones penitenciales comienzan en el sitio de las apariciones y una pequeña iglesia se construye en los años siguientes en memoria del "milagro de Cussanio". Bartolomeo, en los años restantes de su larga vida, solía rodar en la ciudad y en el campo vestido con una túnica azul, con una bufanda azul similar en el hombro, en memoria de la Virgen que se le apareció con un manto azul.

En 1593, el primer obispo de la nueva diócesis erigida en Fossano, monseñor Camillo Daddeo, visitó la iglesia, la encontró en muy mal estado y ordenó restauraciones adecuadas. Unos años más tarde, el obispo comienza el proceso apostólico para verificar la autenticidad de las apariciones de la Virgen.

El juicio dura de 1604 a 1609 y, afortunadamente, aún se pueden escuchar testigos que han conocido a Bartolomeo Coppa, lo oyeron contar los hechos que había vivido, personas enfermas que habían comido ese pan y fueron sorprendentemente sanados. Una copia manuscrita de los testigos del juicio se guarda en el archivo histórico de la ciudad de Fossano.

La pequeña Iglesia de Cussanio está confiada a los Padres Agustinos de la Congregación de Génova, que de inmediato se comprometen a construir, con la ayuda de los generosos Fossanesi, el Santuario con un convento contiguo. La devoción a la Virgen de Cussanio se extendió rápidamente por los agustinos, no solo en el territorio de Fossano, sino también en la vasta zona de los valles alpinos del área de Cuneo, de la zona de Saluzzo y en la llanura hacia Racconigi y Bra.

Los eventos históricos traen, para el Santuario, momentos gloriosos y períodos de decadencia. La Revolución Francesa, con Napoleón, en 1802 suprime las corporaciones religiosas. Los Padres Agustinos son secularizados y expulsados, el Santuario y el Convento son confiscados. En 1866, las leyes Siccardi del gobierno italiano expropiaron los bienes del Santuario, y el convento fue ocupado por la Oficina de Propiedad del Estado.

El 10 de marzo de 1872, la solemne entrada en la Diócesis de Fossano fue hecha por el obispo Mons. Emiliano Manacorda, querido por el Papa Pío IX y gran amigo de Don Bosco. Habiendo llegado a Cussanio lo antes posible, el obispo se da cuenta del lamentable estado y la miseria en que el convento construido dos siglos antes por los Padres agustinos, el abandono de esa iglesia rural reducida a las paredes, las ruinas cubiertas de soledad. El convento, confiscado por la propiedad estatal, se convirtió en un almacén de paja y herramientas agrícolas, está a punto de ser vendido.

Se dice que debe convertirse en un hospital militar o psiquiátrico. El joven obispo inmediatamente se compromete a hacer que Cussanio se convierta nuevamente en el centro de la devoción mariana, de hecho, un faro de amor para María por la Diócesis y más allá. En vano, las solicitudes de retorno del Convento a la Obra de los Ejercicios Espirituales y al Seminario, citan valientemente al Estado que lo ocupó ilegalmente.

Pero las dificultades legales se multiplican y se prolongan a lo largo de 1873. Un día, más afligido que nunca en lo más profundo de mi corazón, mirando la imagen de Nuestra Señora colgada en la pared de su oficina, como inspirada, Mons. Manacorda exclama:

"Oh Virgen SS., Te confío estas causas; déjame superar estas disputas y haré que tu hogar en Cussanio sea mejor, de hecho te juro que te haré un culto especial allí bajo el título de Madre de la Divina Providencia ...; que si permites que el trabajo de los malvados rinda, no solo el convento no existirá, sino que también tu casa estará desierta".

Con tanta confianza y una promesa tan solemne, ¡Nuestra Señora del cielo tendrá una sonrisa de complacencia! La disputa tuvo un comienzo favorable y en 1874 el Convento regresó a la Obra de los Ejercicios Espirituales y al Seminario. El obispo se prepara de inmediato, con gratitud, para el trabajo de restauración de las estructuras materiales, pero sobre todo para la difusión de la devoción a la Virgen entre los diocesanos y los devotos de Cussanio.

En su continua y ardiente predicación piadosa, no cesa de hablar de las predilecciones de la Virgen por sus fieles y de sus tres actos de providencia materna: la palabra para el silencio, el pan para el hambriento, el saludable llamado a la conversión, sumariamente oculto en la bella y una imagen dedicada de Claret, colocada en el altar central del Santuario.

11 de noviembre de 2024

La historia del templo de Nuestra Señora Auxiliadora de China

Del sitio Gaudium Press:

La Basílica de Nuestra Señora de Sheshan se distingue por el color rojo del granito que lo recubre, mientras que el techo brilla con el barniz de las tejas cerámicas chinas.

En el siglo XIX, el padre Gu Zhen Sheng, superior de la comunidad jesuita de Shanghai, subió a la colina para invocar la protección de la Virgen sobre la diócesis, amenazada de destrucción por el ejército rebelde de Taiping. A modo de voto, prometió hacer construir una iglesia en su honor. María lo escuchó y la diócesis se salvó.

El sacerdote jesuita hizo público el hecho y pidió la ayuda necesaria para construir la basílica. Al año siguiente, el 24 de mayo de 1871, fiesta de María Auxiliadora, Mons. Languillat, obispo de Shanghai, colocó la primera piedra, y el 15 de abril de 1873 consagró e inauguró la iglesia, construida gracias al esfuerzo de los fieles. Los materiales de construcción se transportaron a mano: la piedra procedía de Fujian y la madera se compraba en Shanghai.

El plano del primer edificio tenía forma de cruz y estaba precedido por un pórtico de columnas custodiado por una hilera de leones. El estilo mezcla características orientales y occidentales. En 1874, el Papa Pío IX concedió la indulgencia plenaria a quienes acudieran a rezar al santuario en mayo, de modo que el monte santo atraía cada vez más peregrinos. Esta estructura pronto pareció demasiado pequeña y modesta y se decidió construir un edificio para el culto más grande y más apropiado.

En 1921 se iniciaron las obras de construcción del nuevo edificio, que duraron hasta 1935. La primera piedra se colocó el 24 de mayo de 1925. Fue diseñado por el arquitecto belga y sacerdote de la Congregación del Inmaculado Corazón de María, Alphonse Frédéric De Moerloose, y creado por el arquitecto y padre jesuita de origen portugués François-Xavier Diniz, en chino Ye Zhaochang.

La basílica actual está construida en concreto armado según las tendencias neorrománicas de la época, en boga desde mediados del siglo XIX hasta principios del XX. Tiene el plano de una cruz latina.  El interior de tres naves, de color gris suave, converge hacia el altar con un palio dorado y la imagen de María y el Niño, en el reconocible sentido de María Auxiliadora. Se distingue por el color rojo del granito que lo recubre, mientras que el techo brilla con el barniz de las tejas cerámicas chinas.

El altar está hecho de mármol con incrustaciones de jade y oro. Tiene capacidad para más de 3.000 fieles y está considerada la primera basílica del este de Asia. El camino que conduce a la cima del cerro donde se ubica la iglesia está señalizado por un vía crucis.

Maravillosa también es la estatua de bronce de Nuestra Señora de Sheshan domina el santuario. Coronada en 1946 a petición de la Santa Sede, esta singular estatua pesa dos toneladas y mide 3,87 metros de altura. María levanta muy alto a su Hijo, con los brazos por encima de la cabeza, como si quisiera darle la oportunidad de mirar aún más lejos.


 

9 de octubre de 2024

Nuestra Señora Blanca de los Franceses

Adaptado del sitio Religión en Libertad:

Hace algunos años, durante una audiencia general de los miércoles, el papa Francisco decía:

"A propósito de la importancia del Bautismo para el Pueblo de Dios, es ejemplar la historia de la comunidad cristiana en Japón. Ésta sufrió una dura persecución a inicios del siglo XVII. Hubo numerosos mártires, los miembros del clero fueron expulsados y miles de fieles fueron asesinados. No quedó ningún sacerdote en Japón, todos fueron expulsados. Entonces la comunidad se retiró a la clandestinidad, conservando la fe y la oración en el ocultamiento. Y cuando nacía un niño, el papá o la mamá, lo bautizaban, porque todos los fieles pueden bautizar en circunstancias especiales. Cuando, después de casi dos siglos y medio, 250 años más tarde, los misioneros regresaron a Japón, miles de cristianos salieron a la luz y la Iglesia pudo reflorecer. Habían sobrevivido con la gracia de su Bautismo. Esto es grande: el Pueblo de Dios transmite la fe, bautiza a sus hijos y sigue adelante. Y conservaron, incluso en lo secreto, un fuerte espíritu comunitario, porque el Bautismo los había convertido en un solo cuerpo en Cristo: estaban aislados y ocultos, pero eran siempre miembros del Pueblo de Dios, miembros de la Iglesia. Mucho podemos aprender de esta historia". (15 de enero de 2014) 

Tal vez, el Papa Francisco proponía este increíble hecho de la historia de la evangelización tras la publicación en L´Osservatore Romano, solo unos días antes (el 10 de enero), del hallazgo de unas catacumbas en Taketa (prefectura de Oita). 

El Papa, que como obispo y como cardenal, habló varias veces de su deseo de haber sido misionero en el Japón, sin duda, recuerda la historia de los primeros sacerdotes que llegaron, tras siglos de persecución, a las tierras niponas. Sucedió en 1863 y se trataba de dos sacerdotes franceses de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París, los padres Louis Furet y Bernard Petitjean.

Llegaron a Nagasaki con la intención de construir una iglesia en honor a los 26 mártires de Japón. Se trata de san Pablo Miki y sus compañeros mártires que fueron ejecutados mediante crucifixión el 5 de febrero del año 1597 en Nagasaki, Japón. La ejecución se llevó a cabo por orden de Toyotomi Hideyoshi1 en el marco de la persecución del cristianismo promovida durante su gobierno, con objeto de granjearse el favor de las sectas budistas y evitar la influencia de las potencias extranjeras en la política interior. Beatificados en 1627, el beato Pío IX los había canonizado el 10 de junio de 1862. 

La construcción de la iglesia finalizó en 1864. El 17 de marzo de 1865, poco después de terminada la catedral original, el padre Petitjean vio a un grupo de personas de pie enfrente de la catedral. Ellos le pidieron al sacerdote que les abriese las puertas. A medida que el sacerdote se arrodilló ante el altar, una mujer de edad mayor del grupo se le acercó y le dijo:
"Tenemos el mismo sentimiento en nuestros corazones que usted. ¿Dónde está la imagen de la Virgen María?" 

El padre Petitjean descubrió que estas personas eran de la cercana aldea de Urakami y eran kakure kirishitans (cristianos ocultos), descendientes de los primeros japoneses cristianos que permanecieron ocultos posteriormente a la rebelión de Shimabara en 1638. 

Una blanca estatua de mármol de la virgen María fue traída desde Francia y colocada en la iglesia para conmemorar este evento. El relieve de bronce que se conserva a día de hoy en el patio muestra la memorable escena del descubrimiento. 

El 15 de mayo, una embarcación llena de cristianos llegó de una isla cercana. Los misioneros los hacen regresar (todavía estaba vigente la pena de muerte para los católicos): "Solo que se queden el catequista y el jefe". Los misioneros constatan, una vez tras otra que la fórmula empleada para bautizar era la misma que la suya... Por su parte, aquellos dos hombres examinaron a los misioneros. Preguntaron primero por el nombre del Gran Jefe del Reino de Roma. El padre Petitjean dijo que Pío IX... La segunda cuestión sobre la que se les examino fue directa: "¿Ustedes no tienen hijos?" Cuando los sacerdotes declararon que eran célibes, ellos se inclinaron pegando la frente al suelo, mientras exclamaban: "¡Ellos son vírgenes! ¡Gracias, gracias!". 

En poco tiempo, decenas de miles de cristianos clandestinos por fin dejaron de ocultarse en la zona de Nagasaki. Las noticias de este acontecimiento llegaron al beato Pío IX, quien declaró esto como el milagro del oriente.

Tal vez, por eso, nos ha llegado siempre el relato unido. Precisamente, hace unos días, don José Francisco Fernández de la Cigoña recordaba en su blog como se popularizó la famosa anécdota: "Después de la matanza de Shimabara (1637), en que el cristianismo nipón se dio por erradicado, Japón cerró sus puertas a Occidente hasta mediados del siglo XIX. El 17 de marzo de 1865, uno de los primeros misioneros, el padre Bernard Petitjean, de las Misiones Extranjeras de París, recibió la visita de un grupo de personas que le hizo un examen consistente en tres preguntas: si él era célibe, si prestaba obediencia al Papa de Roma y si en su templo se rendía culto a la Virgen María. Al recibir respuestas afirmativas, Yuri, la portavoz del grupo, concluyó: -Nosotros y usted, padre, somos un solo corazón. Y el padre Petitjean descubrió con asombro que en Japón existía una Iglesia oculta que continuaba la del siglo XVI". 

Al igual que tres siglos antes, en los primeros años del siglo XX Nagasaki volvió a ser la ciudad con más fuerte presencia católica en Japón.

En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, dos de cada tres católicos japoneses vivían en Nagasaki. Pero en 1945 sufrieron un nuevo y terrible exterminio. Entre las víctimas de la bomba atómica de Nagasaki desaparecieron en un día dos tercios de la pequeña pero vivaz comunidad católica japonesa. Una comunidad casi desaparecida dos veces en tres siglos. Esta vez no por una persecución, sino por la bomba atómica. Eso sí, por mandato del presidente Harry Truman, miembro de la masonería. Ese año, Truman fue nombrado 33 Soberano y Gran Inspector General además de miembro honorario del consejo supremo en Washington D.C.
 


9 de mayo de 2024

8 imágenes hermosas de Nuesra Señora en la Basílica de San Pedro

Del sitio Catholic News Agency:

Para honrar a la Santísima Virgen María, el Vaticano ofrece una peregrinación mariana especial dentro de la Basílica de San Pedro cada sábado por la tarde durante el mes de mayo.

El itinerario mariano lleva a los peregrinos desde la escultura de mármol de la Piedad de Miguel Ángel hasta Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, una pintura del siglo XII introducida en la basílica en 1578 en una solemne procesión.

Para quienes no puedan viajar a la Ciudad Eterna, CNA ofrece la siguiente "visita virtual" con fotos de Daniel Ibáñez de ocho bellas imágenes de Nuestra Señora en la Basílica de San Pedro con motivo de la fiesta de María, Madre de la Iglesia.

Virgen Inmaculada

En la Capilla del Coro de la basílica, un gran retablo muestra a María, Virgen Inmaculada, en la gloria del cielo sobre ángeles y santos. El mosaico, basado en una pintura del siglo XVIII del artista italiano Pietro Bianchi, representa a San Juan Crisóstomo, San Francisco de Asís y San Antonio de Padua venerando a la Santísima Virgen María.

La capilla se encuentra en el lado izquierdo de la basílica, detrás de una verja de hierro diseñada por Gian Lorenzo Bernini. San Juan Crisóstomo está enterrado bajo el altar, que también contiene reliquias de San Francisco y San Antonio.

Cuando el Papa Pío IX declaró la doctrina de la Inmaculada Concepción de la Virgen María el 8 de diciembre de 1854, hizo añadir una corona de oro al mosaico de María. Posteriormente, el Papa Pío X añadió una corona de diamantes más grande para conmemorar el 50 aniversario de la declaración en 1904.

La pintura original de Bianchi se encuentra en la Basílica de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri de Roma.

Madre de la Iglesia

La basílica contiene un icono de la Virgen María titulado "Mater Ecclesiae", que significa "Madre de la Iglesia".

La imagen original de la Virgen María y el Niño Jesús estaba pintada en una columna de la antigua basílica de San Pedro, construida por el emperador Constantino en el siglo IV. Posteriormente se trasladó a la Basílica de San Pedro, del siglo XVI. Pablo VI honró el icono con el título de "Mater Ecclesiae" tras el Concilio Vaticano II.

El icono aún puede verse sobre uno de los altares laterales de la basílica, en la Capilla de Nuestra Señora de la Columna, que también contiene los restos de San León Magno (440-461).

Un mosaico de la Virgen María con vistas a la plaza de San Pedro se inspiró en la imagen original de la Mater Ecclesiae. El mosaico se instaló tras el atentado contra San Juan Pablo II en 1981.

Cuando bendijo el mosaico, Juan Pablo II rezó "para que todos los que vendrán a esta plaza de San Pedro levanten su mirada hacia ti [María], para dirigir, con sentimientos de filial confianza, sus saludos y sus oraciones."

En 2018, el Papa Francisco añadió la memoria de María, Madre de la Iglesia, al calendario litúrgico del lunes después de Pentecostés.

Madre de los peregrinos

Una pintura restaurada del siglo XVI de la Virgen con su hijo en brazos se encuentra en la Basílica de San Pedro sobre el sarcófago del Papa Gregorio XIV.

La imagen se titula "Mater Peregrinorum", o Madre de los Peregrinos. Se desconoce el artista original, pero los italianos también se refieren a la pintura como la "Madonna di Scossacavalli" porque procede de la iglesia romana de San Giacomo Scossacavalli, que fue demolida en 1937 para crear la actual Via della Conciliazione que conduce a la Basílica de San Pedro.

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

Una pintura sobre madera del siglo XII titulada Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, también conocida como Nuestra Señora del Socorro, fue trasladada a un altar de la Capilla Gregoriana de San Pedro el 12 de febrero de 1578, con una solemne procesión.

La pintura fue la primera restauración artística completada bajo el pontificado del Papa Francisco durante el Año de la Fe, según un libro publicado por los Caballeros de Colón.

Los restos del doctor de la Iglesia San Gregorio Nacianceno (m. 390) se conservan en una urna bajo el Altar de Nuestra Señora del Socorro en la Capilla Gregoriana, que se encuentra en el lado derecho de la basílica.

Arca de la Alianza

Un colorido retablo de mosaicos de la Presentación de la Virgen María en el Templo ilumina la pared sobre la tumba de San Pío X.

Capilla de la Presentación de San PíoX (m. 1914) en la entrada frontal izquierda de la basílica.

Una joven María está representada en la escalinata del Templo con sus padres, los santos Ana y Joaquín, abuelos de Jesús.

El mosaico, realizado por Pietro Paolo Cristofari en 1728, está basado en una pintura del artista del siglo XVII Giovanni Francesco Romaneli, cuyo original se encuentra en la basílica de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri de Roma.

 

Puerta del Cielo

La puerta central de acceso a la basílica se conservó de la antigua basílica de San Pedro y se conoce como la Puerta de Filarete. Creada por un artista florentino en 1455, la puerta representa a Cristo, la Virgen María y los apóstoles San Pedro y San Pablo.

Según el Padre Agnello Stoia, párroco de la parroquia de la Basílica de San Pedro, la imagen de María del siglo XV en la puerta es un recordatorio del título de María "Puerta del Cielo".

Reina Asunta al Cielo

En la cúpula de la Basílica de San Pedro se pueden ver mosaicos que representan a la Virgen María junto a Cristo Redentor, San Juan Bautista y los apóstoles.

El mosaico de la Virgen María de la Gran Cúpula, realizado en 1610 por Orazio Gentileschi, está basado en dibujos del pintor manierista italiano Giuseppe Cesari.

 

Madre del Redentor

Miguel Ángel Buonarroti esculpió la Piedad a partir de una única losa de mármol de Carrara cuando tenía 24 años. La escultura se inauguró en la Basílica de San Pedro con motivo del Jubileo de 1500.

La conmovedora escultura transmite la fe y la emoción de la Santísima Virgen María mientras acuna en sus brazos el cadáver de su único hijo tras presenciar su crucifixión.

La escultura se encuentra sobre un altar lateral cerca de la entrada principal de la Basílica de San Pedro, donde a veces se oficiaba misa antes de las recientes restricciones. Los visitantes de la basílica sólo pueden ver la Piedad tras un cristal blindado después de que un hombre atacara la escultura con un martillo en mayo de 1972.

La Piedad fue la única obra de arte firmada por Miguel Ángel.