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19 de mayo de 2025

Rosario por el Papa León XIV y por la Juventud

 

Del sitio InfoCatólica:

El "Rosario por la Juventud" está convirtiéndose en una tradición mariana en una moderna ciudad como Madrid, a la que acuden cientos de peregrinos.

Es ya la quinta edición. En 2022, uno de los organizadores, Emilio Esteban-Hanza, contaba tres motivos:

  1. El de realizar una manifestación pública de la Fe, porque la Fe sin obras es una Fe muerta y todo joven católico tiene el deber de dar testimonio de su Fe a través de su ejemplo de vida y de su piedad.

  2.  El objetivo, que considero que se logró, fue el del apostolado. La Fe crece dándola. La Fe no consiste en un sálvese quien pueda. La Fe es un tesoro que no podemos reservar para nosotros mismos, sino que tenemos el deber de compartir y transmitir a todo aquel que nos rodea: id por el mundo y proclamad el Evangelio.

  3. Y el último objetivo fue dar testimonio de que la Fe Católica está viva en nuestra sociedad y en Occidente. Que la llama sigue viva en nuestras almas y en la de millones de hermanos en la Fe en todo el mundo.

Esta edición del Rosario tiene como intención especial unirnos en oración con toda la Iglesia Católica dando gracias a Dios y a la Santísima Virgen por la elección del Papa, para rezar por él, y también para pedir por la juventud católica de España, pidiendo por su crecimiento en la fe y su fortaleza ante los desafíos actuales. Siguiendo la revelación que la Santísima Virgen hizo a San Antonio María Claret, "En el Rosario está cifrada la salvación de España".

En un ambiente de recogimiento y oración, los asistentes recorrerán algunas de las calles más emblemáticas de la capital, como la Calle Mayor, la Plaza de Callao y la Gran Vía, rezando el Rosario de manera pública y comunitaria. Un vehículo con megafonía acompañará la marcha para guiar la oración.

Tras la asistencia de ediciones anteriores, en las que participaron entre 2.300 y 3.500 personas, se espera que este año la convocatoria vuelva a reunir a miles de fieles en un acto de unidad y devoción.

El Santo Rosario cuenta con los permisos necesarios y se han coordinado medidas de seguridad con las autoridades para garantizar su desarrollo en un ambiente ordenado y pacífico.

La Asociación del Rosario por la Juventud de España anima a jóvenes, familias y fieles de todas las edades y de todo el mundo a sumarse a este acto de devoción mariana.

 

8 de octubre de 2022

El Rosario mas longevo de Madrid

 Del sitio Cari Filii:

Desde 1994, una gran imagen mariana de nueve metros preside imponente el madrileño Parque del Oeste. Cada semana, multitud de católicos acuden a este monumento erigido por la asociación Campaña Nacional de Oración para rezar mientras pasean. Sin embargo, los primeros sábados de mes suponen la gran ocasión de esta organización para reunir a decenas de devotos ante el monumento con un objetivo: rogar a la Virgen «por la salvación de España y del mundo».

Pero el rosario «es muy anterior a la instalación del monumento», cuenta a Cari Filii la presidenta de esta asociación, Leticia Sánchez del Corral. De hecho, con su origen en 1975, «es una de las iniciativas de oración pública más antiguas de las últimas décadas en España«.

Desde entonces, sin más aviso que la costumbre y compromiso de los asistentes y un ocasional recordatorio por WhatsApp y redes sociales, cada primer sábado de mes a las 17:00 horas -se retrasa a las 18:00 en julio, agosto y septiembre- multitud de fieles acuden puntuales a la cita.

Sánchez Del Corral conoce sobradamente la historia de esta obra mariana, pues fue su padre, Juan Sánchez del Corral, el que logró la financiación y los permisos para instalar el monumento en el Parque del Oeste. Los fieles y donantes costearon con donativos y aportaciones el importe total del monumento.

De hecho, la imagen «se iba a instalar en la Rosaleda el parque del Retiro, donde llegaron a hacerse incluso los cimientos», pero una repentina retirada de la autorización obligó a la organización a improvisar una nueva ubicación. Desde entonces, cientos de devotos itinerantes llevaron sus oraciones a la Plaza de la Villa de París hasta que en 1994 se instalaron definitivamente en el Parque del Oeste tras años de incomprensiones y negativas por parte de las autoridades.

El monumento, diseñado y realizado por la escultora segoviana Prudencia Sanz e instalado por el arquitecto Rafael Carrasco cumple una evidente función ornamental, si bien el objetivo de Juan Sánchez del Corral era doble. Uno de ellos fue dar a Madrid el primer monumento a la Virgen cuando María no estaba presente en ningún punto público de la capital, con la intención de que sirviese para unir la oración pública de los fieles.

Del mismo modo, los organizadores de la Campaña Nacional de Oración consideraban importante la presencia de María en un parque donde el Ángel Caído tenía no solo un lugar preminente, sino también previo al de la Virgen.

El papel de este rosario público, dirigido por la hija de su fundador, tiene un marcado componente reparador y una mentalidad militante «frente a una descristianización y un relativismo total».

Y es que como hace casi 50 años, una de las principales intenciones del rosario sigue siendo rogar por la disminución de la fe en España y el mundo. De hecho, el monumento está inspirado en las palabras de la Virgen María a San Antonio María Claret, «en el rosario está cifrada la salvación de tu patria» y a sor Lucía de Fátima, «Dios quiere que mi Corazón Inmaculado se venere junto al Sacratísimo Corazón de Jesús».

«El rezo del rosario puede eliminar los problemas que hay en España -coincide en el laicismo, el aborto, la pornografía o la crisis, entre otros-. El rezo del rosario es un arma muy poderosa que tenemos que aprovechar«, menciona Sánchez Del Corral.

Cada vez son más las iniciativas de oración pública en España y en todo el continente europeo, -algo que Del Corral considera «fundamental»-  y la Campaña Nacional de Oración es sin duda su pionera en la España actual.

«Es muy importante la oración como expresión pública de la fe y que la gente lo vea», opina. Especialmente si las intenciones son «la conversión y la paz».

El rezo de este rosario público dispone desde su origen de la asistencia espiritual de sacerdotes que en forma voluntaria se prestan a rezarlo acompañando a fieles y laicos, promotores de la iniciativa. Los primeros sacerdotes que colaboraron con este rosario fueron el siervo de Dios Alfonso López Sendín o don Hipólito Gil Balbás. Actualmente, la dirección espiritual del mismo recae en el sacerdote Raúl Olazabal.

El monumento, sufragado por suscripción popular y donativos y bendecido por el cardenal don Marcelo González Martín el 7 de octubre de 1998 supone un refinado proceso escultórico. En su base, una esfera que representa el mundo contiene tierra proveniente de más de 700 conventos femeninos de clausura toda España. Esta sostiene a una Virgen de 4 metros de altura rodeada en sus pies por cuatro ángeles de algo más de un metro. Una gran columna de piedra blanca sustenta a la Virgen y la alza sobre el suelo, reuniendo en ella la representación de los misterios gloriosos, gozosos y dolorosos. La imagen de la Virgen se presenta con el niño en brazos mostrando ambos sus Sagrados Corazones.

26 de marzo de 2019

Nuestra Señora de Monserrat

Del sitio web Aleteia:

El culto de la Virgen de Montserrat se remonta más allá de la invasión de España por los árabes. La imagen, ocultada entonces, fue descubierta en el siglo IX. Para darle culto, se edificó una capilla a la que el rey Wifredo el Velloso agregó más tarde un monasterio benedictino

Los milagros atribuidos a la Virgen de Montserrat fueron cada vez más numerosos y los peregrinos que iban hacia Santiago de Compostela los divulgaron.

 Así, por ejemplo, en Italia se han contado más de ciento cincuenta iglesias o capillas dedicadas a la Virgen de Montserrat, bajo cuya advocación se erigieron algunas de las primeras iglesias de México, Chile y Perú, y con el nombre de Montserrat han sido bautizados monasterios, pueblos, montes e islas en América.

No se conoce el origen de la estatua. Cuenta la leyenda que unos pastores estaban pastando sus ovejas cerca de Montserrat y descubrieron la imagen de madera en una cueva, en medio de un misterioso resplandor y cantos angelicales.

Por órdenes del obispo de llevarla a la catedral, comenzó la procesión, pero no llegó a su destino, ya que la estatua se empezó a poner increíblemente pesada y difícil de manejar. Entonces fue depositada en una ermita cercana, y permaneció allí hasta que se construyó el actual monasterio benedictino. 

La virgen es de talla románica de madera. Casi toda la estatua es dorada, excepto la cara y las manos de la Virgen y del Niño. Estas partes tienen un color entre negro y castaño. 

A diferencia de muchas estatuas antiguas que son negras debido a la naturaleza de la madera o a los efectos de la pintura original, el color oscuro de Nuestra Señora de Montserrat se le atribuye a las innumerables velas y lámparas que durante siglos se han encendido ante la imagen día y noche.

 En virtud de esta coloración, la Virgen está catalogada entre las vírgenes negras. Por esto la llaman por cariño "La Moreneta" (La Morenita). La estatua goza de gran estima como un tesoro religioso y por su valor artístico.

La estatua está sentada y mide 95 cm., un poco más de tres pies de altura. De acuerdo con el estilo románico, la figura es delgada, de cara alargada y delicada expresión. Una corona descansa sobre la cabeza de la Virgen y otra adorna la cabeza del Niño Jesús, que está sentado en sus piernas. 

Tiene un cojín que le sirve de banquillo o taburete para los pies y ella está sentada en un banquillo de patas grandes, con adornos en forma de cono. 

El vestido consiste en una túnica y un manto de diseño dorado y sencillo. La cabeza de la Virgen la cubre un velo que va debajo de la corona y cae ligeramente sobre los hombros. Este velo también es dorado, pero lo realzan diseños geométricos de estrellas, cuadrados y rayas, acentuadas con sombras tenues.

La mano derecha de la Virgen sostiene una esfera, mientras la izquierda se extiende hacia adelante con un gesto gracioso. El Niño Jesús está vestido de modo similar, por supuesto, con excepción del velo. Tiene la mano derecha levantada, dando la bendición, y la izquierda sostiene un objeto descrito como un cono de pino.

La estatua está ubicada en lo alto de la pared de una alcoba que queda detrás del altar principal. Directamente detrás de esta alcoba y de la estatua se encuentra un cuarto grande, llamado el Camarín de la Virgen. Este camarín puede acomodar a un grupo grande de personas, y desde ahí se puede rezar junto al trono de la Santísima Madre. A este cuarto se llega subiendo una monumental escalera de mármol, decorada con entalladuras y mosaicos.

El nombre de Montserrat, catalán, se refiere a la configuración de las montañas en donde se ubica su monasterio. 

Las piedras allí se elevan hacia el cielo en forma de sierra. Monte + sierra: Montserrat.

Entre los santos que visitaron el lugar venerado se encuentran S. Pedro Nolasco, S. Raymundo de Peñafort, S. Vicente Ferrer, S. Francisco de Borja, S. Luis Gonzaga, S. José de Calasanz, S. Antonio María Claret y S. Ignacio de Loyola, que, siendo aún caballero, se confesó con uno de los monjes y pasó una noche orando ante la imagen de la Virgen. A unas cuantas millas queda Manresa, un santuario de peregrinación para la Compañía de Jesús, la orden Jesuita fundada por San Ignacio, pues encierra la cueva en donde el santo se retiró del mundo y escribió sus Ejercicios Espirituales.


Los grandes poetas Goethe y Federico Schiller escribieron acerca de la montaña; y Beethoven murió en Viena, en una casa que había sido un antiguo estado feudal de Montserrat. Además de esto, el lugar se hizo famoso gracias a Richard Wagner, quien utilizó el sitio para dos de sus óperas, Parsifal y Lohengrin.


Oración a Nuestra Señora de Montserrat
Oh Madre Santa, Corazón de amor, Corazón de misericordia,
que siempre nos escucha y consuela, atiende a nuestras súplicas.
Como hijos tuyos, imploramos tu intercesión ante tu Hijo Jesús.
Recibe con comprensión y compasión las peticiones que hoy
te presentamos, especialmente [se hace la petición].
¡Qué consuelo saber que tu Corazón está siempre abierto
para quienes recurren a ti!
Confiamos a tu tierno cuidado e intercesión a nuestros
seres queridos y a todos los que se sienten
enfermos, solos o heridos.
Ayúdanos, Santa Madre, a llevar nuestras cargas en esta vida
hasta que lleguemos a participar de la gloria eterna y la paz con Dios. Amén.
Nuestra Señora de Montserrat, ruega por nosotros.


13 de marzo de 2019

Nuestra Señora de Covadonga

Del sitio Catholic.net:

Desde la creación del mundo preparó el Señor este rincón de la cordillera Cántabra para cuna de España. Picos que suben y suben, valles angostos, cimas en vertical, bosques impenetrables, perenne verdor, riachuelos que se desploman de lo alto de las peñas. Aquí llegaron, antes del nacimiento de Cristo, los romanos, no sin haber dejado tendidas en los pasos de los puertos las más aguerridas de sus legiones; y apenas se atrevieron a asomarse a este laberinto de montañas los visigodos.

En la parte oriental de Asturias hay un recinto más selvático y más bravío. Son las peñas más altas y los valles más angostos: remolinos, repliegues y desgajaduras de un cataclismo geológico. La Geografía llama a estos lugares Picos de Europa, paraíso de cinegetas y alpinistas. En ellos trepan los osos y triscan las cabras salvajes y los rebecos y vigilan desde la altura las águilas reales. Hay lagos puros como el cristal y bosques vírgenes que no ha mancillado el hacha del leñador. Aún hoy, que la civilización humana ha roto el secreto de aquellos parajes, forzando el paso de puertos y cañadas con carreteras atrevidas, sólo penetran en parte de aquel círculo de Peñascos, decididos escaladores o pastores nativos.

No es, por tanto, extraño que, ya de antiguo, se considerasen las montañas astures como murallas colocadas por la mano de Dios. Los viejos cronicones comparan la solidez defensiva de estos riscos con los muros inexpugnables de la imperial Toledo. Por ello a estas breñas se acogieron los residuos godos del Guadalete, y en ellas encontraron seguridad y refugio, cuando a los comienzos del siglo VIII quedaron las gentes godas barridas por los ejércitos africanos.

Hundidas la monarquía y las instituciones, un cronista medieval nos transmite así el dolor de España: "fincaba toda la tierra, vacía de pueblo, bañada de lágrimas, complida de apellido, huéspeda de los extraños, engañada de los vecinos, desamparada de los moradores, viuda e asolada de sus fijos, confundida de los bárbaros, desmedrada por llanto e por llaga, fallescida de fortaleza, flaca de fuerza... toda la tierra astragaron los enemigos, e las casas hermaron, los omes mataron, las cibdades robaron e tomaron".

Huyendo de la catástrofe, llegó a Asturias Pelayo, de la estirpe real de los godos. En Asturias reunió un pequeño grupo de guerreros cristianos y en los montes asturianos, propicios para emboscadas, vivió algún tiempo. La historia y la leyenda se mezclan para relatarnos los primeros años de Pelayo entre los repliegues cántabros. De él se dice que penetró un día, persiguiendo a un malhechor, en la gruta de Covadonga, que allí encontró un altar dedicado a la Virgen María, y a un ermitaño que daba culto a la imagen en aquella soledad. Pelayo perdonó en honor de la Virgen Santísima al fugitivo y, en cambio, el ermitaño predijo a Pelayo que sería el salvador de España en aquel mismo lugar.

Cronistas cristianos y árabes nos hablan de la batalla de Covadonga y, acaso, los infieles puntualicen mejor que los cristianos y nos transmitan detalles mas en consonancia con los hechos ocurridos. Unos y otros nos aseguran que en Covadonga hubo una gran lucha entre las aguerridas y numerosas tropas árabes, mandadas por Alkamán, y un grupo de cristianos acosados en una cueva, cuyo número los cronistas árabes calculan en trescientos, mientras que algunos cristianos los hacen llegar hasta tres mil. Se dio la batalla, con la derrota y destrozo de los mahometanos, y en aquel lugar comenzó el reino cristiano de Asturias, siendo Pelayo declarado rey del incipiente reino.

Cuando Pelayo se encerró en la cueva de Covadonga, aun la naturaleza se mostraba en toda su selvática soledad y fiereza que después había de transformar un tanto la industria del hombre, rellenando las cimas y destrozando las estalactitas y haciendo el lugar cómodamente accesible, cuando, hasta bien entrado el siglo XVI, el sendero de peaje que conducía a Covadonga, ni siquiera era practicable para las cabalgaduras.

A ochenta kilómetros, hacia oriente, de la capital asturiana, siguiendo la margen izquierda de un pequeño riachuelo, por el fondo de un valle apretado, parte de Cangas de Onís el camino de Covadonga. A medida que se avanza el valle se estrecha y las montañas suben. De pronto, se cierra el horizonte con peñas tajadas y cubiertas de boscaje. A la vuelta de una pequeña colina aparece el monte Auseva, desnudo su tercio inferior, cortado en talud y avanzando hacia afuera, donde se abre la cueva o "natural ventana" de que nos hablan las crónicas. Del fondo de la cueva se despeñan torrentes de agua, el Chorrón, que dicen los naturales. Es el único desagüe del río Orandi, que busca el valle a través de la roca del Auseva, llenando la cueva de rugidos y salpicando la montaña de espuma.

En esta cueva se encerró Pelayo con sus guerreros, alimentándose con la miel de las abejas silvestres que cuelgan sus panales en las hendiduras de la roca. Esta noticia nos la transmite la crónica árabe del Ajbar Machmu'a, y las abejas, laborando a través de los siglos, han llegado hasta hoy con sus panales por las grietas, y rubricando así la veracidad de las crónicas.

Según las cristianas, que, en lo substancial y en muchos de los detalles, van de acuerdo con las árabes, Tarik, caudillo de los mahometanos cordobeses, al conocer la rebeldía de Pelayo mandó contra él un ejército de 187.000 guerreros a las órdenes de Alkamán. Acompañaba al ejército agareno el arzobispo Opas, traidor a su patria y a su fe.

Al llegar el ejército musulmán frente a la cueva, se adelanta el arzobispo para hacer desistir a Pelayo de sus propósitos. Nada consiguió Opas con sus parlamentos y, ante el fracaso del emisario, manda el jefe árabe avanzar a los honderos y saeteros. "Los cristianos de la cueva —dice la crónica—, no cesaban de suplicar día y noche a la Virgen María que hasta el día de hoy allí se venera. Y entonces se vio que las piedras mezcladas con los dardos se volvían desde la cueva contra los mismos que las enviaban, a manera de densísimas nubes, impulsadas por el viento del Norte". Al verse los árabes así confundidos, retrocedieron desbaratándose, al tiempo que cargaba Pelayo sobre ellos con sus cristianos. "Alkamán y Opas fueron muertos con ciento veinticuatro mil caldeos". Los setenta y tres mil restantes remontaron, huyendo, los Picos de Europa, hacia la Liébana y, al pasar por un valle del Deva, se desgajó un monte sepultándolos a todos.

La histórica batalla suele fecharse en el año 718 y, cuando escribía nuestro cronista, a los comienzos del siglo XII, casi todos los años daba señales el Deva de este desastroso final agareno, al crecer el río y descubrir y arrastrar despojos del sepultado ejército. La leyenda popular supone aún hoy petrificado al traidor Opas en un peñasco, un poco más arriba de Cangas.

La tradición siempre atribuyó al auxilio de la Madre de Dios este magnífico triunfo cristiano. Y es presumible que en Covadonga recibiese culto la Santísima Virgen antes de llegar Pelayo fugitivo a aquel lugar.

La etimología de Covadonga todavía no está determinada con exactitud. Quizá sea la más segura y es, desde luego, la que abonan científicos de mayor peso, aquella que afirma que Covadonga originariamente se decía Covadomna, o Covadominica, lo que vale tanto como Cueva de la Señora. Lo cierto es que ya, desde los primeros tiempos de la Reconquista, los reyes asturianos fundaron allí un monasterio para que los monjes que lo habitasen diesen constante culto a la Señora, madrina de España. Después fueron canónigos regulares de la Orden de San Agustín los encargados del culto mariano, y hoy son un cabildo secular, dos institutos femeninos y los niños de un Seminario Menor los que tributan a la Señora el obsequio que España le debe.

En los comienzos, fue en un simple altar de la cueva donde recibía la Madre de Dios el homenaje de sus devotos, en medio de aquella soledad. Después se fijaron unas vigas salientes y sobre ellas se levantó un templo de madera de regular capacidad —iglesia que se llamó del milagro por lo atrevido de su estructura— y se construyó una escalinata de piedra para llegar hasta la gruta.

A los pies de la montaña se levantó la Colegiata, residencia de los canónigos, con una pequeña iglesia para el culto, mientras arriba, en la cueva, tenía su habitación el ermitaño. Al final del siglo pasado se edificó, en un montículo cercano, una espléndida basílica. Otros edificios, religiosos y profanos, han ido ocupando el lugar que quedó cubierto con los 124.000 cadáveres de mahometanos.

De la Covadonga de aquellos tiempos ya casi no queda más que la roca, con el fácil acceso de un túnel que los hombres horadaron, el torrente que ruge, las abejas y sus panales, los árboles milenarios que han sido capaces de resistir las embestidas de la civilización. Hoy Covadonga ya no es lugar temeroso e inaccesible. Al santuario llegan a millares los devotos y los turistas, los amantes del deporte y de la naturaleza bravía.

La imagen venerada en la gruta ya no es la del ermitaño que Pelayo encontró. Un incendio destruyó, el 17 de octubre de 1777, todo el templo del milagro. Pereció la imagen sagrada, las reliquias, las alhajas que la piedad había ido acumulando en la santa cueva. No se salvó nada. Sólo quedaron los muros ennegrecidos y los sepulcros de Pelayo y Alfonso I que allí descansan acompañados de sus esposas, y seis arrobas de plata y oro fundidos que aparecieron en el Pezón, cavado por el torrente al pie de la gruta, procedentes del tesoro derretido por las llamas.

La imagen actual, la Santina de Covadonga, es relativamente moderna, pero hereda directamente de la primitiva el afecto de los asturianos y el agradecimiento de los españoles, porque allí, en Covadonga, en el chorro que ruge a sus pies, bautizó a España la Virgen María. Para valorar esta imagen hay que prescindir del arte y de las joyas. Su valor arranca de ese algo indefinible que de ella irradia y que sólo allí se puede sentir y que más que nadie sienten los asturianos. Por eso canta la copla:

La Virgen de Covadonga

es pequeñíta y galana.

Aunque bajara del cielo

no hay pintor que la pintara.

Además, la imagen actual fue la canónicamente coronada en 1918, centenario de la batalla.

Cuando la cruzada, la Santina tuvo que dejar su cueva y se la llevaron a Francia. Fue un rojo asturiano, empleado de la Embajada de Madrid en París, quien custodió la venerada imagen. Después la Santina volvió a España y recorrió Asturias triunfalmente. A su llegada repicaron todas las campanas del principado. Los valles y los picos asturianos se llenaron con los ecos de los vivas dados a la Santina. Desde el alto de Valgrande, en el Pajares, hasta el Auseva, pasando por las cuencas mineras, Oviedo y Gijón, la marcha fue un acontecimiento nunca conocido. A hombros, entre masas humanas, con los ojos húmedos, iba pasando la grácil y diminuta figura de la Madre de España, al compás del estruendo de la dinamita. Iba más galana que nunca con el fajín de capitana y el bastón de general que le había concedido el Estado español. Entró en la cueva a hombros de cuatro generales. Y allí se quedó en la gruta restaurada.

Hasta ella siguen llegando los peregrinos que, con frecuencia, suben de rodillas los cien peldaños de la escalera que comunica el rellano con la gruta. Llegan peregrinos todos los días, pero especialmente el día 8 de septiembre, dedicado a la Virgen de Covadonga, de precepto en todo el principado, si bien la conmemoración litúrgica se celebra al día siguiente. Vienen de todas las clases sociales y de todas las edades y, acaso, con más devoción que nadie, las muchachas asturianas, a beber los siete sorbos de la fuente del matrimonio, un pequeño hilo de agua que mezcla su escaso caudal con el del Chorrón.

La novena que precede a la fiesta de la Santina es de las de rango. Llegan los asturianos a millares, muchos de ellos descalzos, con los pies sangrando, después de haber recorrido docenas de leguas. Y tienen que dormir a la estrella, arropados por la caricia del orbayu, porque, si no es debajo del manto de la Virgen, no hay posibilidad de proporcionar cobijo a tanto peregrino.

El día 8 de septiembre llegan las autoridades asturianas, sin faltar ninguna. Los Concejos asturianos, por turno anual, llevan ese día una espléndida ofrenda a la Santina. La Virgen sale de la cueva y recorre la explanada delante de la basílica, con frecuencia, a hombros de generales o de ministros del Gobierno, mientras el Auseva se estremece bajo las cargas de dinamita. Esto un año y otro año.

A la cueva han llegado todos los reyes de España de los últimos siglos; santos, como San Antonio María Claret..., y anualmente llega también el Caudillo, a quien puede verse frecuentemente arrodillado sobre la peña desnuda de la cueva, recibiendo el sacramento de la penitencia, el Cuerpo del Señor y orando ante la Santina. Un día llegó también un cardenal patriarca y se llevó consigo una reproducción de la imagen de Covadonga, para presidir su oratorio patriarcal de Venecia, y ahora aquella imagen ocupa en el Vaticano el lugar preferente de la capilla privada de la santidad de Juan XXIII. Todo se lo merece la Santina, madre y madrina de la Hispanidad, que le canta:

Bendita la Reina de nuestra Montaña,

que tiene por trono la Cuna de España...