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14 de agosto de 2026

Dormición de Nuestra Señora


 Del sitio de la Santa Sede:

Sobre la conclusión de la vida terrena de María, el Concilio cita las palabras de la bula de definición del dogma de la Asunción y afirma: "La Virgen inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo" (Lumen gentium, 59). Con esta fórmula, la constitución dogmática Lumen gentium, siguiendo a mi venerado predecesor Pío XII, no se pronuncia sobre la cuestión de la muerte de María. Sin embargo, Pío XII no pretendió negar el hecho de la muerte; solamente no juzgó oportuno afirmar solemnemente, como verdad que todos los creyentes debían admitir, la muerte de la Madre de Dios.

En realidad, algunos teólogos han sostenido que la Virgen fue liberada de la muerte y pasó directamente de la vida terrena a la gloria celeste. Sin embargo, esta opinión era desconocida hasta el siglo XVII, mientras que, en realidad, existe una tradición común que ve en la muerte de María su introducción en la gloria celeste.

¿Es posible que María de Nazaret haya experimentado en su carne el drama de la muerte? Reflexionando en el destino de María y en su relación con su Hijo divino, parece legítimo responder afirmativamente: dado que Cristo murió, sería difícil sostener lo contrario por lo que se refiere a su Madre. En este sentido razonaron los Padres de la Iglesia, que no tuvieron dudas al respecto. Basta citar a Santiago de Sarug († 521), según el cual "el coro de los doce Apóstoles", cuando a María le llegó "el tiempo de caminar por la senda de todas las generaciones", es decir, la senda de la muerte, se reunió para enterrar "el cuerpo virginal de la Bienaventurada» (Discurso sobre el entierro de la santa Madre de Dios, 87-99 en C. Vona, Lateranum 19 [1953], 188). San Modesto de Jerusalén († 634), después de hablar largamente de la "santísima dormición de la gloriosísima Madre de Dios", concluye su "encomio", exaltando la intervención prodigiosa de Cristo, que "la resucitó de la tumba" para tomarla consigo en la gloria (Enc. in dormitionem Deiparae semperque Virginis Mariae, nn. 7 y 14: PG 86 bis, 3.293; 3.311). San Juan Damasceno († 704), por su parte, se pregunta: "¿Cómo es posible que aquella que en el parto superó todos los límites de la naturaleza, se pliegue ahora a sus leyes y su cuerpo inmaculado se someta a la muerte?". Y responde: "Ciertamente, era necesario que se despojara de la parte mortal para revestirse de inmortalidad, puesto que el Señor de la naturaleza tampoco evitó la experiencia de la muerte. En efecto, él muere según la carne y con su muerte destruye la muerte, transforma la corrupción en incorruptibilidad y la muerte en fuente de resurrección" (Panegírico sobre la dormición de la Madre de Dios, 10: SC 80, 107).

Es verdad que en la Revelación la muerte se presenta como castigo del pecado. Sin embargo, el hecho de que la Iglesia proclame a María liberada del pecado original por singular privilegio divino no lleva a concluir que recibió también la inmortalidad corporal. La Madre no es superior al Hijo, que aceptó la muerte, dándole nuevo significado y transformándola en instrumento de salvación.

María, implicada en la obra redentora y asociada a la ofrenda salvadora de Cristo, pudo compartir el sufrimiento y la muerte con vistas a la redención de la humanidad. También para ella vale lo que Severo de Antioquía afirma a propósito de Cristo: "Si no se ha producido antes la muerte, ¿cómo podría tener lugar la resurrección?" (Antijuliánica, Beirut 1931, 194 s.). Para participar en la resurrección de Cristo, María debía compartir, ante todo, la muerte.

El Nuevo Testamento no da ninguna información sobre las circunstancias de la muerte de María. Este silencio induce a suponer que se produjo normalmente, sin ningún hecho digno de mención. Si no hubiera sido así, ¿cómo habría podido pasar desapercibida esa noticia a sus contemporáneos, sin que llegara, de alguna manera, hasta nosotros?

Por lo que respecta a las causas de la muerte de María, no parecen fundadas las opiniones que quieren excluir las causas naturales. Más importante es investigar la actitud espiritual de la Virgen en el momento de dejar este mundo. A este propósito, san Francisco de Sales considera que la muerte de María se produjo como efecto de un ímpetu de amor. Habla de una muerte "en el amor, a causa del amor y por amor", y por eso llega a afirmar que la Madre de Dios murió de amor por su hijo Jesús (Traité de l’Amour de Dieu, Lib. 7, cc. XIII-XIV).

Cualquiera que haya sido el hecho orgánico y biológico que, desde el punto de vista físico, le haya producido la muerte, puede decirse que el tránsito de esta vida a la otra fue para María una maduración de la gracia en la gloria, de modo que nunca mejor que en ese caso la muerte pudo concebirse como una "dormición".

Algunos Padres de la Iglesia describen a Jesús mismo que va a recibir a su Madre en el momento de la muerte, para introducirla en la gloria celeste. Así, presentan la muerte de María como un acontecimiento de amor que la llevó a reunirse con su Hijo divino, para compartir con Él la vida inmortal. Al final de su existencia terrena habrá experimentado, como san Pablo y más que él, el deseo de liberarse del cuerpo para estar con Cristo para siempre (cf. Flp 1, 23).

La experiencia de la muerte enriqueció a la Virgen: habiendo pasado por el destino común a todos los hombres, es capaz de ejercer con más eficacia su maternidad espiritual con respecto a quienes llegan a la hora suprema de la vida. 

AUDIENCIA GENERAL
25 - junio - 1997

 

25 de enero de 2026

San Francisco de Sales y Nuestra Señora de la Buena Liberación

 

Del sitio Aleteia:

La Virgen María intervino para que san Francisco de Sales se liberara de una terrible obsesión que le hacía dudar y le quitaba la paz espiritual

¿Sabías que en su temprana juventud, el doctor del amor divino estuvo muy cerca de ser abrumado hasta el punto de la desesperación por el sentimiento de su indignidad? Una de las imágenes parisinas más famosas de la Virgen lo libró de esta tentación. 

San Francisco de Sales nació en Thorens el 21 de agosto de 1567 en esa Saboya a caballo entre los Alpes de habla francesa cuyos soberanos también reinaban en el Piamonte italiano. Pertenecía a una familia de la nobleza. 

Siendo muy joven, mientras su padre elaboraba para él ambiciosos planes de futuro, soñaba con entregarse a Dios. 

A los 11 años, Francisco fue tonsurado. Esa ceremonia, aunque estaba ligada al clero, no le obligaba a abrazar el sacerdocio. Solo le otorgaba el título de abad y la posibilidad, muy ventajosa, de recibir beneficios eclesiásticos. No era esta la idea de Francisco que, a partir de entonces, se sintió Iglesia y pensaba solo en el servicio a Dios. 

Poco después, sus padres lo enviaron a continuar sus estudios a París, al colegio de Clermont, el actual Lycée Louis-le-Grand. Allí los jesuitas formaban a la élite católica francesa. 

Rápidamente se dieron cuenta de que el estudiante era brillante y de una virtud superior a su edad que hacía que sus compañeros lo apodaran "el Ángel". 

Sin embargo, fue precisamente esa virtud y esa inteligencia las que fueron, al amanecer de su 18º cumpleaños, violentamente puestas a prueba en una crisis espiritual de rara violencia.

La Iglesia emergió, no sin dificultades, especialmente en Francia, de las terribles perturbaciones nacidas de la Reforma y de las guerras de religión. 

La recuperación deseada por el Concilio de Trento, clausurado en 1563, se hizo paulatinamente a través de la catolicidad. Pero, a pesar de todo ello, un punto de teología planeaba sobre la mente de la gente. Era una cuestión nacida de una mala interpretación de san Agustín que ya había nutrido el pensamiento protestante, como alimentó el jansenismo: el tema de la gracia y la predestinación. 

¿Están algunos, a pesar de sus esfuerzos y de una vida edificante, destinados igualmente a ser condenados mientras otros que habrán "pecado fuertemente", en palabras de Lutero, se salvarán porque Dios habría destinado antes a algunas de sus criaturas al infierno? Esto parece absurdo e indignante. Pero apoyado en la inmensa autoridad agustiniana, estaba en el centro de los debates sobre la salvación. Y provocaba respuestas contradictorias y disputas infinitas, hasta el punto de que Roma acabó por prohibir discutir.

Una duda abominable lo atormenta: ¿y si fuera verdad que algunos, hagan lo que hagan, están condenados a la perdición eterna?

Francisco de Sales, estudiante brillante, seguía esos debates, conocía las tesis y las antítesis de los mismos. Las defendían personas de tanto valor, que en ese año 1586 ya no sabía dónde estaba, ni lo que debía pensar, ni qué creer...

Una duda abominable- de la que ya no somos capaces, porque la gravedad del asunto se nos escapa hoy- lo atormentaba: ¿Y si fuera verdad que algunos, hagan lo que hagan, están condenados a la perdición eterna? ¿Y si, por alguna desgracia irremediable, él fuera uno de ellos? ¿Qué hay que hacer ? ¿Por qué pelear? ¿Por qué creer?

Francisco ya no dormía, no comía, tan obsesionado y desesperado estaba por esa posibilidad. Primero, como buen intelectual, buscó respuestas en los libros, pero solo lo confundieron más. Y su desesperación no hizo más que crecer. 

Las peores ideas empezaron a obsesionarlo cuando, casi por casualidad, empujó la puerta de una iglesia (luego demolida durante el Terror) cerca de su casa. Era la iglesia de Saint-Étienne-des-Grès. La tradición afirma que fue fundada por san Dionisio, primer obispo de París. Lo que la hacía famosa era que en ella se veneraba a una antigua Virgen negra: Nuestra Señora de la Buena Liberación. Ella es conocida por asegurar a las mujeres embarazadas un parto feliz, su supervivencia y la de su hijo.

La verdad es que la imagen es casi inquietante por lo poco agraciada que es. Pero los parisinos no se fijan en este detalle y se agolpan a sus pies, confiando en su milagrosa intercesión. 

El joven señor de Sales ciertamente no se veía afectado por estos poderes taumatúrgicos, pero eso no le impedía ir a menudo a orar frente a Nuestra Señora de la Buena Liberación. Fue frente a ella donde, unos meses antes, hizo un voto perpetuo de castidad y virginidad.

Eso fue antes de esa horrible crisis que lo dejaron jadeando. 

¿Por qué se arrastró como un moribundo, en sentido espiritual, hasta su altar? Porque en el fondo de su ser, una voz le susurraba que María era la única, lejos de todos los discursos secantes de los intelectuales, capaz de iluminarlo y arrancarlo de sus tormentos íntimos. Desplomado ante ella, llorando, el joven murmuró una oración admirable, un grito de un alma abrumada de amor a Cristo que trataba, en un último esfuerzo, de arrancarse la duda:

"Oh Señor, si no debo llegar a verte, no permitas, al menos, que jamás te maldiga ni te blasfeme! ¡Y si no puedo amarte en la otra vida, porque nadie te alaba en el infierno, que al menos aproveche para amarte todos los momentos de mi corta existencia aquí abajo!"

En ese momento, el manto de angustia que oprimía su alma desapareció de repente. Nuestra Señora de la Buena Liberación había liberado a Francisco de Sales. Desde entonces, pudo, hasta su último suspiro, dedicarse a su servicio y al de su Hijo. 

23 - enero - 2025

31 de julio de 2025

Nuestra Señora de La Gorge

 

Del sitio Comblox:

"Un lugar de peregrinación muy antiguo, un curioso oratorio de estilo barroco, cubierto de frescos y dorados renacentistas, en la más pura tradición de la Saboya religiosa...", escribe Roger Frison Roche en Mont-Blanc aux Sept Vallées.

No tenemos datos ciertos sobre el origen de Notre-Dame-de-la-Gorge: se dice que hace 900 años, un ermitaño se habría asentado en este fondo del valle, para recibir y consolar a los viajeros que pasaban por este lugar… El camino conducía al Col du Bonhomme, y desde allí llegamos a Italia. El piadoso ermitaño había organizado un santuario para la "renovación espiritual" de los viajeros. La había dedicado a San Antonio, entonces patrón de los arrieros y guías. Los archivos nos revelan que el pequeño santuario se convertirá en parroquia. El fondo del valle está habitado: en 1338, el "pueblo" de la Garganta tenía treinta "fuegos" (hogares).

Originalmente, el grupo de estatuas colocadas en el nivel superior del retablo ilustraba la Coronación de la Virgen, el decimoquinto misterio del Rosario. María en oración, flanqueada por Cristo y Dios Padre, ocupaba la parte central de la decoración.

Por alguna razón desconocida, el retablo fue desmantelado entre finales del siglo XVIII y mediados del XIX. ¿Quizás para protegerlo durante el período revolucionario? Cuando la volvimos a colocar, pensamos que estábamos haciendo lo correcto al colocar la estatua del Padre Eterno en el centro de la decoración... ¡Pero la escena perdió su significado principal

Durante mucho tiempo, los historiadores del arte, desconcertados por esta Trinidad de cuatro figuras, hablaron de “osadía teológica”. Fue un poco por casualidad, en 1998, al observar la dirección de los ojos de los querubines colocados debajo de cada estatua, ¡comprendimos el significado principal de esta composición!

La fachada del edificio, protegida por su gran techo volado decorado, es comparable, en una versión ligeramente simplificada, a las de las otras iglesias del valle.

Notamos dos cartuchos estucados con sus inscripciones en latín: a la izquierda, está escrito "Quien ha encontrado a María, encontrará la vida" y a la derecha "Sus bases están establecidas en las montañas santas". Una inscripción final es visible en la banda transversal entre la cornisa y el óculo: “Yo soy la Madre de la Bella Bondad”.

Las estatuas, a izquierda y derecha del retablo mayor, evocan a San Antonio, primer patrón del lugar, ya San Bernardo de Claraval, cantor de la Santísima Virgen. Poco a poco, la iglesia se fue enriqueciendo con otros cinco altares, tres de los cuales con retablos dorados. Ahora han desaparecido, salvo las columnas caladas del altar izquierdo y el magnífico friso en relieve, que representa a los ángeles consolando a las ánimas del Purgatorio. El conjunto floral, coloreado y dorado es característico del estilo barroco. A la izquierda, una estatua de San Francisco de Sales –obispo de Ginebra y gran impulsor de la reforma de la Iglesia Católica– sosteniendo en su mano un corazón inflamado, alude a su “Tratado sobre el Amor de Dios” publicado en Annecy en 1616 .

 

13 de agosto de 2023

Recurramos a Nuestra Señora

Si hubo un santo que luchó sin descanso contra el desánimo, ese fue San Francisco de Sales. San Francisco nació en 1567, en el castillo de Thorens, en Saboya, y murió en Lyon, en 1622. Su canonización se produjo tres años después. Pío IX lo proclamó Doctor de la Iglesia en 1877 y Pío XI lo nombró patrono de los periodistas y escritores católicos en 1923.

Es difícil calcular en su justo valor toda la doctrina que San Francisco de Sales dio a la piedad católica. Todas sus obras destilan el dulce aroma de la paz y la confianza, y son capaces de restaurar el ánimo de cualquier “persona abatida”, lo que le valió el título de “Doctor de la piedad y el consuelo”.

Joseph Tissot, en su obra “El arte de aprovechar nuestras faltas” –inspirada en la doctrina de San Francisco de Sales– narra un suceso post mortem de este santo que, además de infundirnos confianza, también nos hace crecer en devoción a la Virgen, y pone de manifiesto a nuestros ojos el grado de temor que produce la Santísima Virgen en el infierno.

Así lo describe Tissot: “Como si incluso después de muerto quisiera continuar la guerra que había declarado contra el desánimo, San Francisco de Sales arrancó al mismo diablo una confesión llena de aliento hasta para las almas más criminales."

“Un joven que durante cinco años había estado poseído por un espíritu maligno fue llevado a la tumba del obispo de Ginebra, en el momento en que se llevaba a cabo el proceso de su beatificación. Tardó varios días en curarse y, mientras tanto, fue sometido por el obispo Charles-Auguste de Sales y por la madre de Chaugy a varios interrogatorios junto a los restos mortales del santo." 

"Un testigo presencial relata que, en una de estas ocasiones, el demonio gritó con más furia y confusión, diciendo: "– ¿Por qué debería salir?"

“Y la Madre Chaugy exclamó con esa vehemencia que le era propia: – ¡Oh Santa Madre de Dios, ruega por nosotros! ¡María, Madre de Jesús, ayúdanos!"

“A estas palabras el espíritu infernal redobló sus horribles alaridos y exclamó: – ¡María! ¡María! ¡Vaya! ¡Y yo, que no tengo a María!… No pronuncies ese nombre, que me estremece. Si hubiera una María para mí, como tú la tienes para ti, ¡no sería lo que soy!… ¡Pero no tengo a María!"

“Todo el mundo se puso a llorar."

“– ¡Ay! – continuó el demonio – Si tuviera un solo momento de los muchos que desperdicias, sí, un solo momento y una María, no sería un demonio."

Pues bien. Los que vivimos en este valle de lágrimas tenemos el momento presente de volver a Dios, y tenemos a María para que nos obtenga esta gracia. ¿Quién hay entonces que pueda desesperarse?

Por Lucas Rezende

29 de abril de 2023

Nuestra Señora socorre a San Francisco de Sales

Ejemplo 10 de Las Glorias de María:

Muy bien experimentó la fuerza de esta oración san Francisco de Sales, como se narra en su vida. 

Tenía el santo unos diecisiete años y se encontraba en París dedicado al estudio y entregado al santo amor de Dios, disfrutando de dulces delicias del cielo. Mas el Señor, para probarlo y estrecharlo más a su amor, permitió que el demonio le obsesionase con la tentación de que todo lo que hacía era perdido porque en los divinos decretos estaba reprobado. La oscuridad y aridez en que Dios quiso dejarlo al mismo tiempo, porque se encontraba insensible a los pensamientos más dulces sobre la divina bondad, hicieron que la tentación tomara más fuerza para afligir el corazón del santo joven, hasta el punto de que por esos temores y desolaciones perdió el apetito, el sueño, el color y la alegría, de modo que daba lástima a todos los que lo veían.

Mientras duraba aquella terrible tempestad, el santo joven no sabía concebir otros pensamientos ni proferir otras  palabras que no fueran de desconfianza y de dolor. “¿Con que –decía– estaré privado de la gracia de Dios, que en lo pasado se me ha mostrado tan amante y suave? ¡Oh amor, oh belleza a quien he consagrado
todos mis afectos! ¿Ya no gozaré más de tus consolaciones? ¡Oh Virgen Madre de Dios, la más hermosa de todas las hijas de Jerusalén! ¿Es que no te he de ver en el paraíso? Ah Señor, ¿es que no he de ver tu rostro? Al menos no permitas que yo vaya a blasfemar y maldecirte en el infierno
”. Estos eran los tiernos sentimientos de aquel corazón afligido y enamorado de Dios y de la Virgen.

La tentación duró un mes, pero al fin el Señor se dignó librarlo por medio de María Santísima, la consoladora del mundo, a la que el santo había consagrado su virginidad y en la que afirmaba tener puesta toda su confianza. 

Entre tanto, una tarde, yendo hacia casa, vio una tablilla pegada al muro. La leyó, y era la siguiente oración: “Acordaos, piadosísima María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a ti se haya visto por ti desamparado”.

Postrado junto al altar de la Madre de Dios rezó con afecto aquella oración, le renovó su voto de castidad y prometió rezarle todos los días un Rosario. Y luego añadió: “Reina mía, sé mi abogada ante tu divino Hijo, al que no me atrevo a recurrir. Madre mía, si yo, infeliz, en la otra vida no puedo amar a mi Señor que es tan digno de ser amado, al menos consígueme que te ame en este mundo inmensamente. Esta es la gracia que te pido y de ti la espero”. 

Así rezó a la Virgen y se abandonó por completo en brazos de la divina misericordia, resignado completamente a la voluntad de Dios. Pero apenas había concluido su oración, en un instante la Virgen le libró de la tentación. Recuperó del todo la paz del alma y la salud corporal y siguió viviendo devotísimo de María, cuyas alabanzas y misericordias no cesó de anunciar en predicaciones y libros toda la vida.

ORACIÓN EN DEMANDA DEL SOCORRO DE MARÍA
¡Madre de Dios y reina de los ángeles!
¡Esperanza de los hombres!
¡Mira al que te llama y a ti recurre!
Me postro ante ti, yo, pobre esclavo,
me consagro por tu siervo para siempre
y me ofrezco a servirte y honrarte
cuanto pueda, toda la vida.
Poco puede honrarte
un esclavo tan ruin y rebelde
que tanto ha ofendido a mi Dios y Redentor.
Pero si me aceptas, aunque sin merecerlo,
y con tu intercesión me haces digno,
tu misma misericordia me hará santo
y te daré el honor que yo solo no puedo.
Acéptame y no me rechaces, Madre mía.
Estas ovejas perdidas
vino a rescatar el Verbo eterno,
y por salvarlas se hizo Hijo tuyo.
¿Despreciarás a esta oveja extraviada
que a ti recurre para encontrar a Jesús?
Ya está entregado el rescate que me salva;
mi Salvador ya derramó su sangre preciosa,
la que basta para salvar mil mundos.
Basta que esa sangre se me aplique,
y esto en tus manos está, Virgen bendita.
En tus manos está salvar al que quieres.
Ayúdame, mi reina, y sálvame.
En ti confío, a tu intercesión me entrego.
Salud de los que te invocan, sálvame.

San Alfonso María de Ligorio

24 de mayo de 2022

Nuestra Señora María Auxiliadora (Basílica, Buenos Aires)

 Del sitio del Diario La Nación:

La basílica María Auxiliadora y San Carlos es parte de un conjunto arquitectónico que pertenece a la orden salesiana.

En la Navidad de 1936 una familia de descendientes de inmigrantes italianos bautizaba a su hijo que había nacido pocos días antes. El niño era Jorge Bergoglio que, décadas después, volvería al templo ya convertido en arzobispo de la ciudad de Buenos Aires, una de las visitas que más recuerdan en la congregación salesiana de Almagro, donde la orden sentó sus bases a fines del siglo XIX.

Allí, en la basílica María Auxiliadora y San Carlos, también cantó Carlos Gardel en un coro de niños y Ceferino Namuncurá tomó su primera comunión en 1898. Se trata de uno de los secretos mejor guardados del barrio cuya historia religiosa se combina con un perfil arquitectónico que la hace única, con una decoración interior que explota en colores, una cripta subterránea y una planta alta desde dónde puede observarse el templo en plenitud.

La basílica forma parte del conjunto de la orden salesiana en tres manzanas de Almagro, donde están los colegios Pío IX y San Francisco de Sales y María Auxiliadora, y la Inspectoría de la Orden Salesiana, entre otros. La basílica está ubicada en la esquina del conjunto, sobre Hipólito Yrigoyen y Quintino-Bocayuva. Su altar fue bendecido por el Papa Francisco en 2007 cuando era arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina. Aunque esa no es la única referencia del Sumo Pontífice. Al cumplirse los 70 años de su bautismo se colocó un cuadro con la copia del acta del libro parroquial que registra el sacramento. “Jorge Mario, hijo de Mario Bergoglio y Regina Sívori, apadrinado por Francisco Sívori y Rosa Vassallo de Bergoglio, fue bautizado por el padre salesiano Enrique Pozzoli”, puede leerse.

De estilo Románico Lombardo, por su altura principal a dos niveles y la estructura fundamental de las arcadas y las bóvedas, el proyecto de la basílica se inició en abril de 1899 cuando fueron presentados los primeros bosquejos para expandir la iglesia de San Carlos —así se llamó en un principio—, construida en 1872 y a cargo de la congregación salesiana desde 1878. En ese entonces la zona se encontraba en constante crecimiento poblacional y edilicio por lo que los salesianos plantearon la posibilidad de construir un nuevo templo que sirvieron para atender la demanda espiritual de los vecinos.

La propuesta de un arquitecto salesiano, el padre Ernesto Vespignani, residente en Italia, fue la ganadora. “A su llegada a la Argentina, el 4 de febrero de 1901, era poco lo que estaba hecho; solo había comenzado la excavación, a pico y pala, de parte del lugar que ocuparía la futura cripta”, recuerda una publicación de 2010, al cumplirse 100 años del aniversario de la inauguración de la basílica. Vespignani participó también en la dirección en otras obras religiosas como la parroquia de María Auxiliadora de Rodeos (Mendoza), la basílica de Luján y la catedral de La Plata, entre otras.

En una primera etapa de la obra, al no utilizarse todavía cemento armado ni hormigón, se usó lo que se llamaba tierra romana, traída especialmente en barriles desde Italia. La primera parte de la cripta se inauguró al culto público el 1° de noviembre de 1902 con una misa celebrada por el padre José Vespignani, hermano del arquitecto responsable. Ese espacio estuvo dedicado a los funerales aunque hoy aún está operativa. Consta de tres naves divididas por dos series de pilares de forma octógona atravesado por un espacioso transepto, o nave transversal que forma el brazo corto en una iglesia de planta de cruz latina.

En su proyecto Vespignani se propuso dotar a la basílica con elementos de la mayor calidad posible, con muchos materiales traídos desde Europa. Por ejemplo, el altar mayor construido por la firma Sassi de Turín, Italia, las pinturas realizadas por el célebre pintor italiano Antonio Reffo, el piso del templo y del presbiterio, que arribaron a Buenos Aires en 1908, son baldosas fabricadas en Bremen, Alemania, y las arañas de cristal de Murano hechas en Venecia. A ambos lados de la entrada del templo se colocaron dos imponentes ángeles esculpidos en mármol de Carrara, obra del escultor Trepisano.

La basílica fue inaugurada el 24 de mayo de 1910, en coincidencia con la fiesta de María Auxiliadora. El 23 de marzo de 1903 se concedió a los salesianos de la Argentina la guarda de la figura de María Auxiliadora que había sido bendecida por San Juan Bosco en Turín en 1885.

El templo se levanta sobre una superficie de 1800 metros cuadrados (con 67 metros de largo y 27 de ancho) con la elevación de 1,5 metros del suelo. Se construyó sobre una planta idéntica a la cripta “conservando los mismos ejes para los pilares de forma esbelta polistila que dividen las tres naves originando las capillas y sosteniendo las galerías que sustituyen los triforios a la altura del coro y del ábside elevado”, según dice la ficha técnica. El concepto y la estructura del edificio no están ligados a un estilo, pero está dominado por el verticalismo del Gótico y sus elementos característicos, además del Romántico Lombardo.

La decoración interior hace la diferencia. “El propósito que animó la decoración interior ha sido que la pintura con su significado simbólico completara el concepto arquitectónico. Por lo tanto, el color del ladrillo tenía que alternarse con el de la piedra, el azul estrellado de las bóvedas debía simbolizar el cielo, y los adornos floreados arabescados tenían que significar diferentes virtudes”, se detalla en los documentos históricos.

En los pasillos laterales de las dos plantas hay ventanas con vidrios y decoraciones policromas. Lo más imponente y que resulta decorativo es la elevación arquitectónica en una segunda planta que domina toda la iglesia y donde se puede acceder por dos escaleras laterales. En el frente del templo, al ingresar, el Pantocrátor también es sobresaliente (así se denomina, en el arte bizantino y románico, a la imagen con que se representa al Dios Todopoderoso). Se trata de una pieza escultórica de mármol blanco, tallada en un bloque por el artista salesiano Quintín Piana, en la que Cristo está sentado y secundado por dos ángeles.

La basílica presentaba una acústica perfecta por lo que se instaló un imponente órgano italiano, ubicado en la planta superior apenas se atraviesa la puerta, obra de Carlo Vegezzi Bossi, integrante de una dinastía familiar célebres por sus instrumentos sinfónicos románticos. El sistema original era de acción neumática y fue inaugurado en 1911 por el organista Luis Ochoa. En 1990 se electrificó el instrumento que desde ese entonces cuenta con comando electrónico y nueva consola. La original, ya desconectada, se conserva en la galería superior del templo.

25 de marzo de 2020

Nuestra Señora Bajo Tierra

Del sitio María de Nazaret:

En la cripta de Nuestra Señora de Chartres (Francia), se invoca a otra Virgen, con los ojos cerrados, y que presenta a su Hijo para que sea adorado por los fieles, en un espacio más íntimo, el de la cripta "bajo tierra”: la más grande de Europa y que pronto celebrará sus mil años.

Esta Virgen, llamada Nuestra Señora Bajo Tierra, es "la más peregrina" porque se encuentra en lo que durante siglos fue el centro del santuario de Nuestra Señora de Chartres.

La estatua reemplaza a una Virgen románica idéntica del siglo XII, quemada durante el saqueo de la Revolución Francesa. Es una copia de una de la Edad Media.

De hecho, es de las primeras estatuas a las que se acudía en peregrinación. La capilla de Nuestra Señora Bajo Tierra conduce irresistiblemente a esta pequeña representación de María que mantiene los ojos cerrados. La Misa se celebra ahí todos los días a las 11:45 a. m.

Muchas tradiciones están unidas a la "Virgen que debía dar a luz" a quien los sacerdotes celtas (población precristiana que vivía en Europa Occidental) habrían rezado incluso antes del nacimiento del Salvador. Esta creencia popular marcó profundamente el imaginario de Chartres, atrayendo a reyes de Francia (Luis XIV), a hombres santos (Vicente de Paúl, Francisco de Sales) y ayudando a hacer de esta pequeña capilla subterránea, desde la reinstalación del culto en 1857, uno de los santuarios marianos más importantes.

18 de julio de 2018

Nuestra Señora de la Buena Liberación

Desde el siglo XI, la iglesia de Saint-Etienne-des-Grès en el antiguo barrio latino de París, tenía una capilla de Nuestra Señora de la Liberación, en donde, a través de los siglos, los peregrinos buscaron la ayuda de la Virgen con toda clase de sufrimientos.  

Durante las guerras de religión y la Contrarreforma, la cofradía tenía 12.000 miembros, entre ellos el rey y la reina de Francia.  

En 1587, un joven Francisco de Sales, sintiéndose condenado, recuperó la confianza y la alegría después de decir la oración que se había adherido a una tabla antes de su estatua: Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno han acudido a tu protección, implorado tu ayuda, o procuraba tu protección haya sido desamparado. Inspirado con esta confianza, acudo a ti, Virgen de las vírgenes, Madre mía, a ti vengo, delante de ti estoy, deplorando mis pecados. Oh, Madre del Verbo Encarnado, no desprecies mis súplicas, antes bien, en tu misericordia escuchame y respóndeme.(Esta oración, a veces atribuida a San Bernardo de Claraval, probablemente haya sido extraída recientemente de una oración más larga de la década de 1400, y más tarde fue popularizada por el padre Claude Bernard de París como el Acordaos.) 

En 1790, el gobierno revolucionario cerró la iglesia de Saint - Etienne - des - Grès. En 1791, cuando los muebles de la iglesia se anuncian para su venta, una condesa devota, llamada Carignan Saint Maurice, compró la estatua de la Virgen Negra y la trasladó a su alojamiento en París. Al año siguiente, St. - Etienne 's fue destruido.

En 1793, la condesa fue enviada a la cárcel, donde conoció a las Hermanas de Saint Thomas de Villenueve. Todos ellos salieron el año siguiente, pero cuando el gobierno amenazó con disolver la congregación de las Hermanas, la señora de Carignan prometió darles la estatua si se salvaban. En 1806, se cumplió la promesa. La imagen fue instalada en la capilla de las Hermanas en París, mudándose con ellas en 1908 a su casa principal presentes en el suburbio de Neuilly-sur-Seine.

Sobre un pedestal por encima del altar, de tamaño natural de piedra caliza policromada la estatua data del año 1300: una clásica Madre estilo gótico de pie con el niño, pero tan negra como el carbón. La Virgen Negra lleva un velo blanco y manto azul oscuro adornado con flores de lis sobre un manto rojo. Cada día, las hermanas se reúnen en la capilla para rezar en nombre de las familias, los enfermos, las vocaciones religiosas, y aquellos que se encomendaron a la Virgen, y la paz en el mundo. 

La fiesta de Nuestra Señora de la Buena Liberación, rara vez es celebrada, se fija para el 18 de julio, la fecha en que el Vaticano aprobó oficialmente la congregación de Hermanas de Saint Thomas de Villenueve en 1873. 

 El 01 de mayo se celebra la procesión ante su cofradía que se ha reavivado en los últimos años para el Capítulo de Nuestra Señora de la Liberación, rama de Notre-Dame de Chrétienté.

7 de noviembre de 2017

Nuestra Señora del Estanque

Del sitio María Madre Celestial:

La historia de Nuestra del Estanque comienza 02 de julio 1435, fecha del descubrimiento de la estatua milagrosa. Pero también hay una "prehistoria", debido a los documentos de archivo antes de esa fecha la mención. Precisamente el 02 de julio 1435, durante la "Guerra de los Cien Años", una pequeña estatua de piedra de la Virgen María se encuentra en circunstancias milagrosas, en la parte superior del estanque de montaña.

Los arqueólogos descubrieron en el lugar donde se encontró esa imagen vestigios de haber sido poblado.Se cree que la imagen fue tallada dos o tres siglos antes de ser descubierta y luego enterrada para preservarla de algún invasor o profano. El descubrimiento desató un júbilo popular, ya que rápidamente el origen de muchas procesiones y milagros.

Para proteger la estatua y dignamente acomodar a los peregrinos, tuvieron que reconstruir la capilla existente en la parte superior de la montaña y añadir una casa para una persona solitaria a cargo de su cuidado.

El número cada vez mayor de peregrinos, a los que se les dificultaba subir a la montaña, entre 1515 y 1526, erigieron una nueva capilla en un lugar llamado St. Joseph Plateau, en donde se entronizó la estatua en 1526. En 1633 se empezó a construir allí un monasterio, lo suficientemente grande para dar cabida a una docena de monjes.

Durante los siglos venideros el culto a la virgen del Estanque fue creciendo, ya que la gente acudía a ella durante momentos de la calamidad de la peste, guerras y sequías. Entre los peregrinos se encontraban Luis XIV y su madre, Ana de Austria, Bossuet, María Teresa de Austria, junto con al Príncipe de Conde gobernador de Borgoña; en 1643, fueron San Francisco de Sales y Santa Juana Francisca de Chantal, fundadora la Orden de la Visitación.

Durante la Revolución Francesa, los monjes fueron dispersados​​. El monasterio se vendió y, posteriormente se destruyó. Escapando milagrosamente de la profanación y la destrucción, la estatua estaba escondida en la iglesia parroquial de Velars.

Después de la guerra de 1870 un sacerdote de la aldea de Velars, también santo obstinado, el Padre Javelle emprendió la construcción de una importante iglesia para la gloria de Nuestra Señora del Estanque y se construyó un monumento, donde se descubrió la estatua. Fue inaugurada en 1896 después de veinte años de trabajo.

La capilla se encuentra en uno de los picos más altos de la región, con vista al norte, al pueblo de Velars. Desde la terraza de la capilla, se puede disfrutar de una vista excepcional sobre el valle del Ouche.