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1 de agosto de 2026

Agosto es el mes de Nuestra Señora

 


Traducido del sitio A Moment with Mary:

Desde el siglo VIII, el mes de agosto ha sido un mes dedicado a la Virgen María en la tradición católica. 

Esta devoción a la Virgen María se originó en el cristianismo oriental mucho antes de que se extendiera a la Iglesia universal. De hecho, tras la invasión de Roma por los pueblos del norte (llamados bárbaros en el siglo V), el año litúrgico oriental "comenzaba" el 8 de septiembre, fiesta del nacimiento de María, y "terminaba" el 15 de agosto, fiesta de su regreso a Dios. 

Como solía ocurrir en aquella época, la Iglesia de Roma iba a la zaga de la Iglesia de Constantinopla, y la dedicación del mes de agosto a María en la Iglesia universal no se estableció hasta el siglo VIII, por iniciativa del papa Sergio I (687–701), él mismo de origen sirio. 

En una entrevista con Vatican News, el padre Hyppolite Agnigori, un sacerdote de Costa de Marfil que es párroco de la parroquia de San Juan Pablo II en la Arquidiócesis de Abidján y profesor de historia de la Iglesia en el Instituto de Teología de la Compañía de Jesús en Abidján (ITCJ), destaca el significado especial que tiene el mes de agosto para los fieles católicos. 

"Lo singular de este mes es que incluye dos solemnidades que arrojan luz sobre nuestra fe cristiana: la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo el 6 de agosto y la Asunción de la Virgen María, que se celebra el 15 de agosto. 

En la Transfiguración, Jesús llevó consigo a tres de sus apóstoles (Pedro, Santiago y Juan) a la montaña y les reveló su gloria divina, el esplendor de la Verdad y el Amor. Jesús quiere que esta luz ilumine sus corazones cuando atraviesen la profunda oscuridad de la Pasión y la muerte de Cristo. 

En cuanto a la solemnidad de la Asunción (del latín assumere), que significa 'ser elevada', a diferencia de 'Ascensio', que nos dio el término Ascensión, que significa 'elevarse por sí mismo' (con las prerrogativas divinas), esta fiesta celebra la dependencia de María del Hijo de Dios, quien le concedió esta gracia única. 

La solemnidad de la Transfiguración del Señor es un espejo esencial para iluminar adecuadamente la solemnidad de la Asunción de la Virgen María. Celebrada el 15 de agosto, conmemora la gloria de María junto a Dios al final de su vida terrenal. María fue elevada por Dios desde la vida terrenal para entrar en la vida con Él. Para María, la Asunción es la continuación de su participación en la vida de Jesús. La Asunción es, por lo tanto, la elevación al cielo de la Virgen María, quien deja nuestro mundo sin haber conocido la corrupción de la muerte". 

Françoise Niamien
Vatican News

17 de mayo de 2026

¿Estuvo presente Nuestra Señora en la Ascensión de Jesús?

 


Traducido del sitio Aleteia:

La Biblia no dice exactamente quién estaba allí, pero es muy posible que María estuviera presente en la ascensión de su hijo, Jesús.

El primer capítulo de los Hechos de los Apóstoles continúa la historia de la vida de Jesús y comienza con su ascensión al cielo. Sin embargo, no queda claro de inmediato quién estaba allí, y muchos se han preguntado si María, su madre, estuvo presente en la ascensión de Jesús.

La Biblia nos da algunas pistas.

En primer lugar, se puede deducir con seguridad que los apóstoles estaban allí y fueron testigos de la ascensión.

Cuando entraron en la ciudad, se dirigieron al aposento alto donde se alojaban: Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hijo de Santiago. 

Los apóstoles originales (excepto Judas) estaban allí y fueron del Monte de los Olivos al "aposento alto".

Inmediatamente después de este versículo aparece una posible pista que sitúa a María también en la ascensión de Jesús.

Todos ellos se dedicaban de común acuerdo a la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús. 

A los apóstoles se unieron algunas mujeres, entre ellas la Virgen María, en el aposento alto.

No hay ningún versículo claro que diga: "María estaba en la ascensión de su Hijo", pero es una tradición piadosa que Ella estuviera allí, y los artistas suelen pintar la escena con María en medio de los apóstoles, mirando a su hijo. Esto presagia el evento de Pentecostés, donde la Biblia sí afirma que María estaba allí.

Si lo piensas bien, ¿no querría Jesús despedirse por última vez de su Madre? Tiene sentido desde el punto de vista lógico, y también podemos encontrar algún apoyo en la Biblia.

Pensar en la escena de esta manera añade emoción a la partida de Jesús, que debió de ser difícil de soportar para todos, especialmente para María, que meditaba todas estas cosas en su corazón.

Por último, la ascensión de Jesús también presagia la asunción de María, en la que Jesús llevaría a su madre de la tierra al cielo. Tendría sentido que María pudiera presenciar este acontecimiento y así anticipar lo que le sucedería al final de su vida terrenal.

 16 - mayo - 2021

2 de mayo de 2026

Meditando el Rosario: Segundo Misterio Glorioso: La Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo

 Extraído del Blog Asalta el sitio con tu Rosario:

Adaptado del sitio Reina del Cielo:

Un naciente rosicler de aurora en Oriente. Jesús pasea con su Madre por los escalones de la ladera del Getsemaní. No median palabras, sólo miradas de inefable amor. Quizás ya han sido dichas las palabras, quizás no; han hablado las dos almas: la de Cristo y la de la Madre de Cristo. Ahora lo que hay es contemplación de amor, recíproca contemplación; la conoce la naturaleza asperjada de rocío, y la pura luz matutina; la conocen esas delicadas criaturas de Dios que son las hierbas y las flores, los pájaros y las mariposas. Los hombres están ausentes.

Yo incluso me siento como incómoda de estar presente en esta despedida.

"¡Señor, no soy digna!" exclamo entre las lágrimas que me caen, mirando la última hora de unión terrena entre la Madre y el Hijo, y pensando que hemos llegado al final de la amorosa fatiga, tanto Jesús como María como el pequeño, indigno niño que Jesús ha querido que fuera testigo de todo el tiempo mesiánico y que se llama María (aunque a Jesús le gusta llamarla “el pequeño Juan”, o también “la violeta de la Cruz”).

Sí. Pequeño Juan (María Valtorta). Pequeño, porque no soy nada. Juan, porque soy verdaderamente aquella a quien Dios ha conferido grandes gracias, y porque, en medida infinitesimal -pero es todo lo que poseo, y, dando todo lo que poseo sé que doy en la medida perfecta que satisface a Jesús, porque es el “todo” de mi nada-, en medida infinitesimal, yo, como el gran Juan predilecto, he dado todo mi amor a Jesús y a María, compartiendo con ellos lágrimas y sonrisas, siguiéndolos angustiada de verlos afligidos y de no poder defenderlos del livor del mundo a costa de mi propia vida, palpitando ahora mi corazón al ritmo de los suyos por lo que termina para siempre…

Violeta. Sí. Una violeta que ha tratado de estar escondida entre la hierba para que Jesús no la esquivara -Él que amaba todas las cosas creadas por ser obra del Padre suyo-, sino que la calcara con su pie divino, y yo pudiera morir emanando mi tenue perfume en el esfuerzo de suavizarle el contacto con la tierra áspera y dura. Violeta de la Cruz, sí. Y su Sangre ha llenado mi cáliz hasta hacerlo plegarse y tocar el suelo…

... La aurora ha surgido completamente. Ya el sol está alto y los apóstoles hacen oír sus voces. Es una señal para Jesús y María. Se paran. Se miran, el Uno enfrente de la Otra, y luego Jesús abre los brazos y recibe en su pecho a su Madre… ¡Oh, vaya que si era un Hombre, un Hijo de Mujer! ¡Para creerlo basta mirar este adiós! El amor rebosa en una lluvia de besos a su Madre amadísima. El amor cubre de besos al Hijo amadísimo. Parece que no puedan separarse. Cuando ya parece que vayan a hacerlo, otro abrazo los une de nuevo, y, entre los besos, palabras de recíproca bendición… ¡Oh, verdaderamente es el Hijo del Hombre despidiéndose de la Mujer que lo generó! ¡Verdaderamente es la Madre que da el adiós -para restituirlo al Padre- a su Hijo, la Prenda del Amor a la Purísima!… ¡Dios besando a la Madre de Dios!…

En fin, la Mujer, como criatura, se arrodilla a los pies de su Dios, que es, de todas formas, su Hijo; y el Hijo, que es Dios, impone las manos sobre la cabeza de la Madre Virgen, de la eterna Amada, y la bendice en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y luego se inclina y la alza; en fin, deposita un último beso en la blanca frente como pétalo de azucena bajo el oro de los cabellos (¡tan juveniles todavía!)…

Regresan hacia la casa, y ninguno, viendo con qué serenidad caminan el Uno al lado de la Otra, pensaría en la onda de amor que poco antes los ha desbordado. ¡Pero qué diferencia también, en este adiós, respecto a la tristeza de otras despedidas ya superadas, y respecto a la desgarradora congoja del adiós de la Madre a su Hijo al que habían dado muerte y había que dejarlo solo en el Sepulcro!… En esta despedida -aunque los ojos brillen con ese llanto que es natural en quien está para separarse de su Amado- los labios sonríen con la alegría de saber que este Amado va a la Morada que en razón de su Gloria le corresponde…

-"¡Señor! Fuera están, entre el monte y Betania, todos los que, como habías dicho a tu Madre, querías bendecir hoy" -dice Pedro.

-"Bien. Ahora vamos donde ellos. Pero antes venid. Quiero compartir con vosotros una vez más el pan".

Entran en la habitación donde diez días antes estaban las mujeres para la cena del decimocuarto día del mes. María acompaña a Jesús hasta allí; luego se retira. Se quedan Jesús y los once. En la mesa hay carne asada, pequeños quesos y aceitunas pequeñas y negras, un ánfora de vino y otra, más grande, de agua, y panes anchos. Una mesa sencilla, no aparejada para una ceremonia de lujo, sino sólo por la necesidad de nutrirse. Jesús ofrece y divide. Está en el centro, entre Pedro y Santiago de Alfeo. Los ha llamado Él a estos lugares. Juan, Judas de Alfeo y Santiago están frente a Él; Tomás, Felipe y Mateo, a un lado; Andrés, Bartolomé y el Zelote, al otro lado. Así, todos pueden ver a su Jesús… Una comida de breve duración, y silenciosa. Los apóstoles, llegado el último día de cercanía de Jesús, y a pesar de las sucesivas apariciones, colectivas o individuales, desde la Resurrección, apariciones llenas de amor, no han perdido ni un momento esa devotísima compostura que ha caracterizado sus encuentros con Jesús Resucitado. La comida ha terminado. Jesús abre las manos por encima de la mesa, con su gesto habitual ante un hecho ineluctable, y dice: -"Bien… Ha llegado la hora en que debo dejaros para volver al Padre mío".

...Se pone en pie para abrazarlos. Todos hacen lo mismo. Pero, mientras que Jesús tiene una sonrisa pacífica de una hermosura verdaderamente divina, ellos lloran, llenos de turbación, y Juan, echándose sobre el pecho de Jesús, en medio de los fuertes espasmos a causa de los sollozos que le rompen el pecho de tan lacerantes como son, solicita, por todos, intuyendo el deseo de todos: -"¡Danos al menos tu Pan! ¡Que nos fortalezca en este momento!"

 -"¡Así sea!" – le responde Jesús.

Entonces toma un pan, lo parte después de haberlo ofrecido y bendecido, y repite las palabras rituales. Y lo mismo hace con el vino, repitiendo después: "-Haced esto en memoria mía" –añadiendo: "-De mí que os he dejado esta arra de mi amor para seguir estando y estar siempre con vosotros hasta que vosotros estéis conmigo en él".

Los bendice y dice: -"Y ahora vamos".

Salen de la habitación, de la casa…

Jonás, María y Marcos están afuera. Se arrodillan y adoran a Jesús.

-"La paz permanezca con vosotros, y el Señor os compense de todo lo que me habéis dado" – dice Jesús bendiciéndolos al pasar.

Marcos se alza y dice: "-Señor, los olivares que hay a lo largo del camino de Betania están llenos de discípulos que te esperan".

-"Ve a decirles que se dirijan al Campo de los Galileos.

Marcos se echa a correr con toda la velocidad de sus jóvenes piernas.

-"Entonces, han venido todos" – dicen entre sí los apóstoles.

Más allá, sentada entre Margziam y María Cleofás, está la Madre del Señor.

Y, viéndolo acercarse, se levanta, y lo adora con todo el impulso de su corazón de Madre y de fiel.

-"Ven, Madre, y también tú, María…" – invita Jesús al verlas paradas, paralizadas por la majestad que, resplandeciente, emana como en la mañana de la Resurrección. Jesús no quiere apabullar con esta majestad suya... 

...Las caras de Lázaro y sus hermanas, en medio de todos los domésticos de Betania, y la cara de Juana, semejante a una rosa bajo un velo de lluvia, y las de Elisa y Nique, ya marcadas por la edad (y ahora las arrugas se hacen más profundas a causa del dolor: dolor de cualquier modo, para la criatura humana, aunque el alma se alegre por el triunfo del Señor), y la cara de Anastática, y las caras de azucena de las primeras vírgenes, y el ascético rostro de Isaac, y el inspirado de Matías, y el rostro viril de Manahén, y los austeros de José y Nicodemo… Caras, caras, caras…

Jesús llama a los pastores, a Lázaro, a José, a Nicodemo, a Manahén, a Maximino y a los otros de los setenta y dos discípulos. Les dice que se acerquen, pero quiere tener especialmente cerca a los pastores...

...Jesús, al llegar al principio del Campo de los Galileos, despoblado de tiendas en este período situado entre las dos fiestas, ordena a los discípulos: -"Detened a la gente donde está. Luego seguidme".

Sigue subiendo, hasta el lugar más alto del monte, el lugar más próximo a Betania, a la que domina -no a Jerusalén- desde arriba. Arrimados a Él, su Madre, los apóstoles, Lázaro, los pastores y Margziam. Más allá, en semicírculo, manteniendo a distancia a la muchedumbre de los fieles, los otros discípulos.

Jesús está en pie sobre una ancha piedra un poco prominente y albeante entre la hierba verde de un claro. El sol incide en Él, haciendo blanquear, cual si fuera nieve, su túnica; relucir, cual si fueran de oro, sus cabellos. Sus ojos centellean con luz divina.

Abre los brazos en ademán de abrazar: parece querer estrechar contra su pecho a todas las multitudes de la Tierra, que su espíritu ve representadas en esa muchedumbre.

Su inolvidable, inimitable voz da la última orden: -"¡Id! Id en mi Nombre, a evangelizar a las gentes hasta los extremos confines de la Tierra. Dios esté con vosotros. Que su amor os conforte, su luz os guíe, su paz more en vosotros hasta la vida eterna".

Se transfigura en belleza. ¡Hermoso! Tanto y más hermoso que en el Tabor. Caen todos de rodillas, adorando. Él, elevándose ya de la piedra en que se apoyaba, busca una vez más el rostro de su Madre, y su sonrisa alcanza una potencia que nadie podrá jamás representar… Es su último adiós a su Madre.

Sube, sube… El Sol, aún más libre para besarlo -ahora que no hay frondas, ni siquiera sutiles, que intercepten el camino de sus rayos-, incide con sus resplandores sobre el Dios-Hombre que asciende con su Cuerpo santísimo al Cielo, y evidencia sus Llagas gloriosas, que resplandecen como rubíes vivos. El resto es un perlado sonreír de luces. Es verdaderamente la Luz que se manifiesta en lo que es, en este último instante como en la noche natalicia. Centellea la Creación con la luz del Cristo que asciende. Una luz que supera a la del Sol. Una luz sobrehumana y beatísima. Una luz que desciende del Cielo al encuentro de la Luz que asciende…

Y Jesucristo, el Verbo de Dios, desaparece para la vista de los hombres en este océano de esplendores… En la tierra, dos únicos ruidos en el silencio profundo de la muchedumbre extática: el grito de María cuando El desaparece: "¡Jesús!", y el llanto de Isaac. Los demás están enmudecidos por religioso estupor, y permanecen allí, como en espera de algo, hasta que dos luces angélicas candidísimas, en forma mortal, aparecen y dicen las palabras recogidas en el primer capítulo de los Hechos Apostólicos: "-Hombres de Galilea, ¿por qué estáis mirando al Cielo?"

Este Jesús, que os ha sido ahora arrebatado y que ha sido elevado al Cielo, su eterna morada, vendrá del Cielo, en su debido tiempo, tal y como ahora se ha marchado.

María Valtorta
El Evangelio como me fue revelado

9 de abril de 2026

Nuestra Señora del Carmen de Puerto de La Cruz


Adaptado del sitio Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife:

Los marinos tinerfeños eligieron una Imagen Sagrada para que les guiase y protegiera a llegar a buen puerto, colocándola en la parte alta de la Isla.

Según Álvarez Rizo (Puerto de La Cruz 1796-1883), desde el siglo XVIII muchos hombres y mujeres acudían a la romería que se celebraba el sábado de Naval en La Esperanza, donde este pueblo campesino le expresaba su advocación a Nuestra Señora del Carmen, cantándole la Salve con un tono semejante al que usaban los marineros cuando levaban anclas.

Sin embargo, Juan Primo de la Guerra (San Cristóbal de La Laguna 1775-1819) ubica a la primera imagen de la Virgen del Carmen en la ermita santacrucera de San Telmo, donde los marineros la veneraban junto a pequeños cuadros que representan tormentas y embarcaciones en peligro, la mayoría de ellos ofrendas de los navegantes.

Por tanto, la devoción a Nuestra Señora del Carmen es propia de los hombres y mujeres de la mar y de tierra adentro, pues todos somos marineros a la hora de capear tempestades, sortear escollos y huir de los enemigos; sin embargo, son los hombres y mujeres de la mar la que la utilizan como abogada suya y la invocan para pedir protección, confianza y seguridad a la hora de capear tempestades, sortear escollos y huir de los enemigos, evocándola como la "Estrella de los Mares”.

La Virgen del Carmen sería proclamada Patrona de la Marina de Guerra española y de todos los Navegantes el 19 de abril de 1901, según una Orden de la Reina regente María Cristina de Habsburgo.

En la actualidad, la Virgen del Carmen es la Patrona de toda la Gente de la Mar; es decir, la perteneciente a la Armada, la Marina Mercante, la Pesquera y la Deportiva.

En nuestra Isla son muchas las ciudades y pueblos de la costa que celebran su festividad con procesiones marítimas y ciudades y pueblos del interior de la Isla que la sacan en procesión por sus calles.

Su nombre se encuentra muy arraigado en la población femenina -Carmen o Carmela, y masculina -Carmelo-.  

En Santa Cruz de Tenerife su devoción data de 1670. La imagen de la Virgen del Carmen se hallaba en la Parroquia Matriz de Nuestra Señora de La Concepción, y pertenecía a doña Margarita de Vera Villavicencio, que la había heredado de su padre, el capitán Cristóbal Perdomo de Vera. Cuando esta señora falleció, se la dejó en herencia a doña María Águeda Van de Unde, madre de don Rodrigo y don Ignacio Logman, vicario y beneficiado de la mencionada parroquia, respectivamente, quienes comenzarían a ofrecerle culto religioso con solemnidad a partir de 1720, construyéndole una capilla, con su correspondiente retablo de madera tallada, altar y sacristía, dotándola de custodia, copón y cáliz de plata.

La primera procesión de la Virgen del Carmen en esta capital tendría lugar el 16 de julio de 1720, y estuvo acompañada de la Cruz Fundacional y de todas las Cofradías de la parroquia.

La Imagen, ataviada con manto de seda y un gran escapulario de plata colgando de su mano, iba en un trono con andas repujadas. Junto a las andas marchaban los Patronos, el Vicario, el Beneficiado de la parroquia y el capellán del Hospital.

En la cabecera de la procesión iban las autoridades civiles y militares, vestidas de gala, y dos filas de monjes con los cirios encendidos.

Detrás, la banda de tambores y clarines retenía la larga cola de vecinos y devotos que habían llegado de todos los rincones de la Isla.

La comitiva recorrió las calles hasta llegar a la plaza de la Pila (actual La Candelaria), bajando luego hasta el castillo San Cristóbal donde tomó la rampa de la caleta de Blas Díaz hasta llegar a la calle Grande (actual Plaza de la Iglesia).

Al pasar por delante de la casa de los hermanos Logman, la venerada imagen descansó sobre una alfombra de flores que le habían confeccionado, mientras sonaban las campanas de todas las iglesias de la capital.

Esta procesión se mantendría con todo su esplendor hasta 1919, año en que el armisticio que ponía fin a la Primera Guerra Mundial vendría a cambiar su forma de celebración; pues, el entonces párroco de Nuestra Señora de la Concepción, para agradecerle a la Virgen del Carmen la llegada de la Paz, el 16 de Julio, decidió llevarla hasta el muelle de Santa Cruz, subirla en una gabarra arrastrada por un remolcador, y realizar con ella un paseo marítimo por la bahía. Este acontecimiento sería acompañado por infinidad de veleros y barquitas, así como por un gran gentío que llenaba los aledaños de las instalaciones portuarias. En la celebración del año 1924, con el fin de que acudieran más embarcaciones, la mejor engalanada fue premiada con 100 pesetas.

A partir de 1931, el Ayuntamiento capitalino aprobó en Pleno que la Onomástica de la Virgen del Carmen fuera declarada fiesta oficial, junto con la de Santiago, la Santa Cruz y el martes de Carnaval.

Desde entonces, Santa Cruz de Tenerife celebra con gran júbilo y devoción esta tradición centenaria y así, cada 16 de julio, después de celebrarse la función religiosa, la Virgen del Carmen sale en procesión desde la Parroquia Matriz, donde el Grupo La Zarzuela del Circulo de Amistad XII de Enero, acompañado de la Banda Sinfónica Municipal, interpretan la Salve, Estrella de los Mares.

Al llegar al muelle la Imagen es entronizada en un remolcador del servicio portuario y navega por el interior de la dársena de Anaga, desde el muelle de Enlace hasta la bocana del muelle Sur, donde se tira una corona de flores al mar, en recuerdo de los marinos fallecidos. Durante el trayecto, la Virgen es acompañada por las autoridades civiles y militares, representantes de la cofradía de la Virgen, etc

Durante el recorrido es escoltada por numerosas embarcaciones procedentes de los puertos pesqueros y deportivos y los remolcadores del Puerto. A su paso, los barcos surtos en el Puerto, engalanados con sus empavesadas, hacen sonar sus sirenas y bocinas, formando un conglomerado multicolor y sonoro.  

Para presenciar el paso de la Estrella de los Mares por la bahía, multitud de personas se agolpan en el paseo de la avenida Francisco La Roche, mientras que otras llenan los muelles de Enlace, Sur y Norte, al igual que las instalaciones del Real Club Náutico de Tenerife y del Club Deportivo Militar de Paso Alto.

Cuando al anochecer, la Virgen del Carmen desembarca por la Marquesina del muelle, la rondalla de la Unión Artística El Cabo, acompañada por la Banda Sinfónica Municipal, interpreta en su honor la Salve Marinera; previamente al desembarco, los citados músicos han ofrecido al público asistente varias habaneras.

Salve Marinera

Salve, estrella de los mares
de los mares iris de eterna ventura
Salve, oh fénix de hermosura
Madre del Divino Amor.
 
De tu pueblo, a los pesares
tu clemencia de consuelo
fervoroso llegue al cielo 
y hasta Ti, hasta Ti, nuestro clamor.
 
Salve, salve, Estrella de los mares

José Manuel Ledesma Alonso

14 de marzo de 2026

Meditando el Rosario: Primer Misterio Doloroso: La Agonía en el Huerto

 


Extraído de Asalta el Cielo con tu Rosario:

Del blog María Valtorta:

Jesús abre sus ojos de nuevo. Con esfuerzo levanta la cabeza. Mira. Está solo, pero menos angustiado. Alarga una mano. Arrima hacia sí el manto que había dejado abandonado en la hierba y vuelve a secarse la cara, las manos, el cuello, la barba, el pelo. Coge una hoja ancha, nacida justo en el borde del desnivel, empapada de rocío, y con ella termina de limpiarse mojándose la cara y las manos y luego secándose de nuevo todo. Y repite, repite lo mismo con otras hojas, hasta que borra las huellas de su tremendo sudor. Sólo la túnica, especialmente en los hombros y en los pliegues de los codos, en el cuello y la cintura, en las rodillas, está manchada. La mira y menea la cabeza. Mira también el manto, y lo ve demasiado manchado; lo dobla y lo pone encima de la piedra, en el lugar en que ésta forma una concavidad, junto a las florecillas.

Con esfuerzo –como por debilidad– se vuelve y se pone de rodillas. Ora, apoyada la cabeza en el manto donde tiene ya las manos. Luego, tomando como apoyo la roca, se alza y, todavía tambaleándose ligeramente, va donde los discípulos. Su cara está palidísima. Pero ya no tiene expresión turbada. Es una faz llena de divina belleza, a pesar de aparecer más exangüe y triste que de costumbre.

Los tres duermen sabrosamente. Bien arrebujados en sus mantos, echados del todo, junto a la hoguera apagada. Se los oye respirar profundamente, con comienzo incluso de un sonoro ronquido.

Jesús los llama. Es inútil. Debe agacharse y dar un buen zarandeo a Pedro.

"¿Qué sucede? ¿Quién viene a arrestarme?" dice Pedro mientras sale, atónito y asustado, de su manto verde obscuro.

"Nadie. Te llamo Yo".

"¿Es ya por la mañana?".

"No. Ha terminado casi la segunda vigilia".

Pedro está todo entumecido.

Jesús da unos meneos a Juan, que emite un grito de terror al ver inclinado hacia él un rostro que, de tan marmóreo como se ve, parece de un fantasma. "¡Oh... me parecías muerto!".

Da unos meneos a Santiago, el cual, creyendo que le llama su hermano, dice: "Han apresado al Maestro?".

"...Todavía no, Santiago" responde Jesús. "Pero, alzaos ya. Vamos. El que me traiciona está cerca".

Los tres, todavía atónitos, se alzan. Miran a su alrededor... Olivos, Luna, ruiseñores, leve viento, paz... nada más. Pero siguen a Jesús sin hablar. También los otros ocho están más o menos dormidos alrededor del fuego ya apagado.

"¡Levantaos!" dice Jesús con voz potente. "¡Mientras viene Satanás, mostrad al insomne y a sus hijos que los hijos de Dios no duermen!».

"Sí, Maestro" .

"¿Dónde está, Maestro?".

"Jesús, yo...".

"Pero ¿qué ha sucedido?".

Y entre preguntas y respuestas enredadas, se ponen los mantos...

El tiempo justo de aparecer en orden a la vista de la chusma capitaneada por Judas, que irrumpe en el quieto solar y lo ilumina bruscamente con muchas antorchas encendidas: son una horda de bandidos disfrazados de soldados, caras de la peor calaña demacradas por sonrisas maliciosas demoníacas; hay también algún que otro representante del Templo.

Los apóstoles, súbitamente, se hacen a un lado. Pedro delante y, en grupo, detrás, los demás. Jesús se queda donde estaba.

Judas se acerca resistiendo a la mirada de Jesús, que ha vuelto a ser esa mirada centelleante de sus días mejores. Y no baja la cara. Es más, se acerca con una sonrisa de hiena y le besa en la mejilla derecha.

"Amigo, ¿y qué has venido a hacer? ¿Con un beso me traicionas?".

Judas agacha un instante la cabeza, luego vuelve a levantarla... Muerto a la reprensión como a cualquier invitación al arrepentimiento. Jesús, después de las primeras palabras, dichas todavía con la solemnidad del Maestro, adquiere el tono afligido de quien se resigna a una desventura. 

La chusma, con un clamor hecho de gritos, se acerca con cuerdas y palos y trata de apoderarse de los apóstoles –excepto de Judas Iscariote, se entiende– además de tratar de prender a Jesús.

"¿A quién buscáis?» pregunta Jesús calmo y solemne.

"A Jesús Nazareno".

"Soy Yo". La voz es un trueno. Ante el mundo asesino y el inocente, ante la naturaleza y las estrellas, Jesús da de sí –y yo diría que está contento de poder hacerlo– este testimonio abierto, leal, seguro.

¿Ah!, pero si de El hubiera emanado un rayo no habría hecho más: como un haz de espigas segadas, todos caen al suelo. Permanecen en pie sólo Judas, Jesús y los apóstoles, los cuales, ante el espectáculo de los soldados derribados se rehacen, tanto que se acercan a Jesús, y con amenazas tan claras contra Judas, que éste súbitamente se retira –huye al otro lado del Cedrón y se adentra en la negrura de una callejuela–, con el tiempo justo de evitar el golpe maestro de la espada de Simón, y seguido en vano de piedras y palos que le lanzan los apóstoles que no iban armados de espada.

"Levantaos. ¿A quién buscáis?, vuelvo a preguntaros".

"A Jesús Nazareno".

"Os he dicho que soy Yo" dice con dulzura Jesús. Sí: con dulzura. "Dejad, pues, libres a estos otros. Yo voy. Guardad las espadas y los palos. No soy un bandolero. Estaba siempre entre vosotros. ¿Por qué no me habéis arrestado entonces? Pero ésta es vuestra hora y la de Satanás...».

Mientras El habla, Pedro se acerca al hombre que está extendiendo las cuerdas para atar a Jesús y descarga un golpe de espada desmañado. Si la hubiera usado de punta, le habría degollado como a un carnero. Así, lo único que ha hecho ha sido arrancarle casi una oreja, que queda colgando en medio de un gran flujo de sangre. El hombre grita que le han matado. Se produce confusión entre aquellos que quieren arremeter y los que al ver lucir espadas y puñales tienen miedo.

"Guardad esas armas. Os lo ordeno. Si quisiera, tendría como defensores a los ángeles del Padre. Y tú, queda sano. En el alma lo primero, si puedes". Y antes de ofrecer sus manos para las cuerdas, toca la oreja y la cura.

Los apóstoles gritan alteradamente... Sí, me duele decir esto, pero es así. Quién dice una cosa; quién, otra. Quién grita: "¡Nos has traicionado!", y quién: "¡Pero ha perdido la razón!», y quién dice: "¿Quién puede creerte?". Y el que no grita huye...

Y Jesús se queda solo... El y los esbirros... Y empieza el camino...

5 de noviembre de 2025

Nuestra Señora del Pilar de Manila

Traducido y adaptado del sitio Pintakasi:

En las concurridas calles de las modernas zonas de Quiapo y Santa Cruz, es habitual ver establecimientos comerciales, desde los omnipresentes centros comerciales hasta las bangketas, que venden de todo, desde ropa hasta comida y joyas, y que cubren toda la zona.

Con ese ambiente moderno y amenazador del distrito, es fácil olvidar que este mismo distrito fue en su día uno de los arrabales (barrios) más aristocráticos y arrogantes durante la época gloriosa de la antigua Manila. El distrito en el que solían residir varias familias adineradas y aristócratas y donde prosperaba el comercio. El vínculo entre los días de gloria de la antigua Manila y su atmósfera actual se encuentra en la dominante iglesia parroquial de Santa Cruz, la milagrosa imagen centenaria de Nuestra Señora del Pilar. La hermosa imagen plateada y dorada de "La Pilarica" es la testigo silenciosa de la colorida historia del distrito.

A medida que pasaban los siglos con guerras, calamidades y otras adversidades, ella seguía dando a su pueblo la alegría y la fuerza que los habitantes de Manila necesitaban.

La imagen de La Pilarica de Santa Cruz es una talla de madera de caoba cubierta de plata, con la cabeza y las manos de la Madre y el Niño hechas de marfil. La imagen se encuentra en un pilar basado en el relato de la famosa aparición de la Santísima Madre al apóstol Santiago el Mayor en Zaragoza, España. La imagen lleva un manto/capa bordada, pelucas y coronas tanto para la Madre como para el Niño.

No se sabe con certeza si estas piezas datan de la época jesuita, ya que son las partes que en todas las esculturas se deterioran más fácilmente y, por lo tanto, son más susceptibles de cambios e innovaciones. Además, con el deseo de preservar la imagen con el paso del tiempo, se consideró necesario cubrirla con placas de plata, que fueron tan profundamente grabadas y fijadas que no ha perdido sus detalles más finos. Se comprobó que el trabajo estaba cuidadosamente realizado y era muy extenso.

La opulencia de la gente de la antigua Santa Cruz es muy evidente en la apariencia de la Virgen. Se dice que el cabello de la Virgen tenía varios mechones de cadenas de diamantes que servían como redecilla y que le fueron regalados por sus devotos. Los habitantes de este arrabal, antaño aristocrático, colmaron a la Virgen de honores como acto de agradecimiento por todos los milagros que había obrado para el pueblo y por la prosperidad del comercio y los negocios de ese distrito que en otro tiempo fue llamado la cuna de la "aristocracia tagalog".

La imagen de Nuestra Señora del Pilar fue traída a Filipinas por los jesuitas desde Zaragoza, España, en algún momento antes de 1743. Antes de su llegada, ya existía una cofradía desde 1743 en el distrito, por lo que la llegada de la Virgen del Pilar hizo oficial la devoción. A mediados del siglo XIX, La Pilarica se convirtió en la reina y patrona del distrito de Santa Cruz hasta el día de hoy.

Como patrona del distrito de Santa Cruz, era objeto de oraciones, misas los sábados al mediodía y recitación del rosario. Durante las novenas, la estatua se colocaba en un carruaje y se situaba a la izquierda del altar hasta después de la procesión.

Durante la ocupación japonesa, el padre Lucio García colocó la imagen de la Virgen del Pilar en una cámara acorazada del Banco Nacional de Filipinas en Escolta para preservarla de los invasores y de la posterior destrucción durante la liberación de Manila en 1945. Tras la destructiva guerra, la imagen regresó a su santuario y se colocó en el lado de la epístola del altar, donde permanece hasta el día de hoy.

Durante siglos, sus devotos dan testimonio de los milagros que la Virgen les ha concedido, desde el florecimiento de los negocios en la antigüedad, que convirtió al distrito de Santa Cruz en el más estable comercialmente y el más rico.

En algún momento de 1863, un violento terremoto sacudió y cubrió la ciudad de Manila de desolación y ruinas. Muchas casas, edificios e iglesias se derrumbaron, así como el frontispicio y gran parte de la iglesia de Santa Cruz. Tras el incidente, se llevó a cabo la labor de retirar la imagen sagrada de los escombros en los que quedó sepultada, pero tuvieron tantas dificultades para localizarla que abandonaron la búsqueda.

De repente, para asombro de los vecinos más cercanos a la iglesia, vieron a medianoche una gran luz que provenía del montón de escombros y encontraron sobre ellos, como un pedestal victorioso, majestuosamente erguida y sin un solo rasguño, la imagen sagrada que habían estado buscando con filial ansiedad.  Los feligreses de Santa Cruz, llenos de asombro y gratitud, acudieron sin demora al cercano establecimiento del comerciante chino, lo despertaron y le compraron un gran paquete de velas, con las que acompañaron los maravillosos resplandores que ardían alrededor de la Virgen.

Otro milagro notable tuvo lugar durante la administración de la Orden de los Agustinos Recoletos. Se dice que, durante uno de los habituales paseos nocturnos de un fraile recoleto por los alrededores de la iglesia, vio a una anciana encerrada accidentalmente en el atrio. El sacerdote trató de buscar las llaves, abrió la puerta y le pidió a la señora que se marchara. La mujer no respondió y el sacerdote la obligó a salir, pero ella se dirigió a un rincón de la iglesia donde crecía hierba cogón y el sacerdote la siguió rápidamente. Al día siguiente, se descubrió que el bosque en miniatura sin cultivar se había convertido en un hermoso jardín. Fue entonces cuando el sacerdote se dio cuenta de que era la propia Virgen la que gustaba pasear por el atrio de su casa.

Los empresarios locales de Binondo y Santa Cruz siguen implorando hasta el día de hoy su intercesión para que les ayude a alcanzar la estabilidad económica. En los últimos años, los estudiantes que se presentan a los exámenes de licenciatura y las personas que buscan mejores oportunidades laborales aquí y en el extranjero acuden constantemente a la iglesia para implorar su guía y fuerza para alcanzar sus objetivos en la vida. La Virgen, por su parte, no hizo oídos sordos y concedió generosamente estas gracias a sus devotos.

En aquella época, Gran Bretaña y Francia eran beligerantes en lo que más tarde se denominó la Guerra de los Siete Años. A medida que avanzaba la guerra, el gobierno neutral español comenzó a preocuparse por el hecho de que la serie de importantes derrotas francesas a manos de los británicos se estuvieran convirtiendo en una amenaza para los intereses españoles. Francia negoció con éxito un tratado con España conocido como el Pacto Familiar, que se firmó el 15 de agosto de 1761. Mediante una convención secreta auxiliar, España se comprometió a preparar la guerra contra Gran Bretaña. Gran Bretaña declaró la guerra a España el 4 de enero de 1762 y, el 18 de enero de 1762, España emitió su propia declaración de guerra contra Gran Bretaña. El 24 de septiembre de 1762, una flota británica compuesta por ocho navíos de línea, tres fragatas y cuatro buques de aprovisionamiento, con una fuerza de 6839 soldados, marineros e infantes de marina, zarpó de Madrás hacia la bahía de Manila. La expedición, dirigida por el general de brigada William Draper y el contralmirante Samuel Cornish, capturó Manila, "la mayor fortaleza española del Pacífico occidental". La resistencia del gobierno colonial español provisional establecido por los miembros de la Real Audiencia de Manila, liderados por el vicegobernador Simón de Anda y Salazar y sus aliados filipinos, impidió que las fuerzas británicas tomaran el control del territorio más allá de las ciudades vecinas de Manila y Cavite.

La Guerra de los Siete Años terminó con la firma del Tratado de París el 10 de febrero de 1763. En el momento de la firma, los signatarios no sabían que Manila había sido tomada por los británicos y, en consecuencia, quedó sujeta a la disposición general de que todas las demás tierras no contempladas en el tratado fueran devueltas a la Corona española. Sin embargo, los británicos finalmente recibieron la orden de retirarse a principios de marzo. La ceremonia de entrega tuvo lugar en la plaza de la iglesia de Santa Cruz, en Manila, y se dice que la imagen de Nuestra Señora del Pilar de Manila se orientó hacia la plaza para este acto. 

Los jesuitas construyeron la iglesia el 20 de junio de 1619 con piedra y madera, y fue dedicada inicialmente a San Estanislao Kotska. Los jesuitas consagraron la imagen de Nuestra Señora del Pilar en 1743 para atender a los residentes de la zona, en su mayoría chinos. Con el paso de los años, los materiales primitivos fueron sustituidos por otros más resistentes. El 3 de junio de 1863, un terremoto destruyó la iglesia. El padre Agustín de Mendoza comenzó las obras de reconstrucción de la iglesia en 1868. Hoy en día, la arquitectura de la iglesia presenta una silueta de fachada de misión española de California con la ornamentación barroca filipina (asiático-hispana) habitual. La fachada de la iglesia está coronada por una estatua efigie de Nuestra Señora del Pilar. En la actualidad, la iglesia está bajo la administración de la Orden Sacramentina de San Pedro Julián Eymard y fue consagrada como Santuario del Santísimo Sacramento, donde se expone diariamente el Santísimo Sacramento.

La imagen milagrosa de La Pilarica, con siglos de antigüedad, fue coronada canónicamente el 7 de diciembre de 2017. Los ritos de coronación fueron presididos por el arzobispo de Manila, Su Eminencia Luis Antonio Cardenal Tagle, junto con el nuncio papal, el arzobispo Gabriele Caccia, obispos y sacerdotes invitados de la archidiócesis de Manila y otras diócesis y órdenes religiosas, y la Orden Sacramentina. Peregrinos de todo el país asistieron a los ritos de coronación, que comenzaron con el Caracol de Cavite y una solemne procesión tras la coronación, en la que personas de todos los ámbitos de la vida rindieron homenaje a La Pilarica. Los ritos de coronación fueron retransmitidos por TV María y Radio Veritas, y fueron vistos por miles de devotos de diferentes partes del país y del mundo.

La Virgen del Pilar celebra dos fiestas, la fiesta litúrgica del 12 de octubre y la fiesta patronal tradicional que se celebra cada tercer domingo de octubre. La procesión de La Pilarica es una de las más esperadas del mes de octubre en la antigüedad. Durante la época española hasta el periodo anterior a la guerra, la procesión del tercer domingo de La Pilarica de Manila es conocida por su pompa y grandeza, en la que la gente, especialmente las mujeres, lucen sus mejores joyas, desde sapatillas (zapatillas con incrustaciones de diamantes) hasta brillantes broches, al igual que su reina.

La devoción por la Virgen del Pilar de Manila sigue viva a lo largo de los años, y los habitantes de Santa Cruz están eternamente agradecidos a su querida Reina. La Virgen se convirtió en testigo silenciosa de la colorida historia de su querido distrito, pero nunca dejó de derramar las gracias de su Hijo sobre aquellos que las necesitaban y se convirtió en la fuente de fortaleza y alegría del pueblo de Santa Cruz a lo largo de los siglos, ya que siempre confían en ella y ella, a su vez, los dirige hacia su Hijo, el Redentor, la verdadera fortaleza y alegría de nuestra vida.

Nuestra Señora del Pilar de Manila, La Fuerza y Alegría, ¡Ipanalangin mo kami!

05 - Diciembre - 2017

11 de octubre de 2025

Oración a Nuestra Señora del Pilar

 

Del sitio Misioneros Digitales Católicos:

que te dignaste a ir en carne mortal a Zaragoza, 
para consolar y fortalecer al Apóstol Santiago; 
y que a lo largo de la historia, 
has dado tantas muestras de tu predilección a todos los que te invocan.
 
Queremos manifestarte nuestra gratitud, 
y suplicarte nos ayudes a conseguir del Señor, 
con tu intercesión, fortaleza en la Fe, 
seguridad en la Esperanza 
y constancia en el amor a Dios y a nuestros hermanos.
 
Te pedimos, Virgen Santa del Pilar, 
que socorras a los que padecen adversidades, 
a los que sufren soledad, ignorancia, hambre o falta de trabajo; 
que fortalezcas a los débiles en la fe 
y que fomentes en los jóvenes la disponibilidad para una entrega plena a Dios.
 
Mira con ojos de Madre a la Iglesia, 
a Su Santidad el Papa, 
a los Obispos, sacerdotes, religiosos 
y todos los fieles. 
Concédenos a todos la paz en la justicia y en el amor. 

Amén

 

30 de octubre de 2024

Nuestra Señora de la Celletta Argenta

 

Del sitio María de Nazareth:

En la carretera SS 16 entre Ferrara y Rávena, en las inmediaciones de la antigua ciudad de Argenta, y cerca de la orilla del río Reno, se alza el Santuario della Celletta, que destaca entre el verde de la campiña, solemne y armonioso en sus líneas arquitectónicas clásicas de planta elíptica. 

Digno de admiración y cariño por parte de todos los argentanos, el santuario debe su nombre a la primera "celletta" que encerraba el fresco de la imagen de la Virgen con el Niño. 

El canónigo argentano Don Francesco Leopoldo Bertoldi, en su Storia della Madonna della Celletta, cuenta que Giampaolo dei Fanti, conocido como Dainese, que vivía en San Biagio, se precipitó con su calesa al río durante una tormenta cuando volvía a casa con su mujer en 1490. Viéndose en peligro de muerte, invocaron la protección de la Virgen María, prometiendo construir una capilla en su honor. Salvados, cumplieron su voto y la capilla recibió inmediatamente el nombre de "celletta" por parte del pueblo. En 1580, los Representantes Públicos de Argenta hicieron ampliar la capilla debido al gran número de fieles, y el pintor Francesco Balestri recibió el encargo de restaurar la imagen porque unos maleantes habían desfigurado su rostro; en esa ocasión se añadieron los santos patronos Giacomo y Nicolò. En 1605, otro pintor de Argenta, Nicolò Balestri, añadió dos ángeles en el acto de sostener una corona real sobre la cabeza de la Virgen.

Una prodigiosa aparición que tuvo lugar el 5 de junio de 1606 a la campesina Sigismonda Conti, esposa de Lorenzo Valdagni, abrió una inmensa y continua peregrinación de fieles, atraídos también por la promesa que la Virgen hizo a la mujer: "Dirás y harás decir en todas partes que quien ayune tres sábados y pida gracias las obtendrá si es digno". Y ya en 1619 se contaban 150.000 exvotos en oro y plata.

La fama del Santuario creció, y el 21 de noviembre de 1606 el cardenal Aldobrandini vino en peregrinación a la Celletta hasta el 1 de febrero de 1607, cuando el arzobispo de Rávena nombró capellán a Don G. Battista Beccari para que pudiera celebrar el culto divino en el pequeño lugar, siempre abarrotado.     

Entonces los Representantes Públicos decidieron erigir un templo más digno en honor de la Virgen con las ofrendas del pueblo de Argenta y de los numerosos peregrinos llegados de todas partes. La tarea se encomendó al arquitecto Marco Nicolò Balestri, y la primera piedra se colocó el 13 de febrero de 1607. A la muerte de Balestri, el arquitecto Gianbattista Aleotti, también argentano, le sucedió en la tarea y completó la construcción del santuario.

La devoción de los fieles creció especialmente tras el terremoto que destruyó Argenta y los pueblos cercanos de San Biagio, Boccaleone y Bando el 16 de marzo del mismo año. Su furia pareció detenerse ante el Santuario, que permaneció ileso. A pesar de tantas ruinas y de la destrucción de murallas, torres y casas, hubo muy pocas víctimas, por lo que los habitantes y las autoridades públicas, tanto civiles como religiosas, acudieron en procesión a la Celletta, agradeciendo a la Virgen María y a San José el haberles salvado y jurando acudir allí todos los años el mismo día, como atestigua la placa de mármol que aún se conserva a la entrada del Santuario, en el muro izquierdo, fechada el 12 de mayo de 1669. El 7 de mayo de ese mismo año, el templo fue consagrado por el mensajero arzobispal, monseñor Cocacio, y el 7 de octubre, con gran afluencia de público y festejos, la imagen fue trasladada con el muro de la antigua celda al nuevo templo. Esta fue la fecha elegida para la conmemoración anual de la festividad de la Santísima Virgen del Rosario

8 de septiembre de 2024

Con la Natividad de Nuestra Señora se ha creado un Cielo en la tierra

 Del sitio Enciclopedia Mariana:

Los evangelistas no nos dicen dónde nació María. Solo sabemos que estaba emparentada con Isabel que vivía en Judea. Por tanto, no es imposible que ella misma fuera originaria de Jerusalén, como dice una antigua tradición de la que encontramos huellas en el evangelio apócrifo de Santiago, que nos habla de los padres de la Virgen, Joaquín y Ana.

Había una casa en Jerusalén llamada "la Casa de Ana" cerca del estanque de Betsaida. Cerca de esta casa se erigió una iglesia cuya inauguración tuvo lugar el 8 de septiembre. Al principio fue la Basílica de la Natividad de María y, más tarde, en el siglo XII, se convirtió en la Iglesia de Santa Ana.

El aniversario de esta consagración se conmemoraba cada año. La festividad se extendió a Constantinopla en el siglo V y luego a Occidente. Posteriormente, se le añadió la festividad de su concepción, nueve meses antes, de ahí la fecha del 8 de diciembre.

La Natividad de María es una de las grandes festividades del año litúrgico bizantino, porque inaugura la economía de la salvación y la entrada de la Palabra de Dios en la historia de los hombres: “Este día es el preludio de la alegría universal. En este día comenzaron a soplar los vientos de la salvación” (liturgia bizantina).

Fue en la Basílica de la Natividad de María donde san Juan Damasceno, padre y doctor de la Iglesia (†749), proclamó: “Venid todos: ¡celebremos con alegría la alegría del mundo entero! Hoy, de la naturaleza terrenal, se ha formado un Cielo en la tierra. ¡Hoy es el comienzo de la salvación para el mundo!”.

12 de mayo de 2024

¿Puede Nuestra Señora con todas las peticiones?

Adaptado del sitio National Catholic Register:

La Virgen María es la gran mediadora entre Dios y los hombres, es la mejor intercesora que puede tener cualquier persona. Los católicos sabemos que las oraciones son siempre a través de María a Dios, no a través de Dios a María. Así dice Santiago 5:16: "La oración ferviente del justo tiene un gran poder".

En este sentido, es interesante descubrir que hasta el propio Dios, en su infinito poder, puede parecer que se convierta en un "mediador". Fue el propio Dios el que le dijo a Abimelec que Abraham oraría por él, para que pudiera vivir (Génesis 20:6-7). Dios también le dijo a los "amigos" de Job que "mi siervo Job oraría por ellos, aunque no hablaron bien de mí, yo les perdonaré en consideración a él" (Job 42:8). ¿Fue Dios el "mediador" de Job?

San Pablo, incluso nosotros mismos funcionamos como "mini-mediadores" de la gracia y de la salvación de Dios, tal como lo hace María:

"Pues ¿qué sabes tú, mujer, si salvarás a tu marido? Y ¿qué sabes tú, marido, si salvarás a tu mujer?» (1 Corintios 7:16).

"Me he hecho todo para todos con el fin de salvar, por todos los medios, a algunos" (1 Corintios 9:22).

"Obrando así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen" (1 Timoteo 4:16).

"Si incluso algunos no creen en la Palabra, sean ganados no por las palabras sino por la conducta de sus mujeres" (1 Pedro 3:1).

La Biblia también enseña que somos sus "colaboradores" y que sus obras son las nuestras y viceversa:

"Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban" (Marcos 16:20).

"Ya que somos colaboradores de Dios y vosotros, campo de Dios, edificación de Dios" (1 Corintios 3:9).

"He trabajado más duro que cualquiera de ellos, aunque no soy yo, sino la gracia de Dios que está conmigo" (1 Corintios 15:10).

"Dedíquense a la obra del Señor en todo momento, conscientes de que con él no será estéril su trabajo" (1 Corintios 15:58).

"Hemos sido creados en Cristo Jesús con miras a las buenas obras que Dios dispuso de antemano para que nos ocupáramos en ellas" (Efesios 2:10).

"Trabajad con temor y temblor por vuestra salvación, pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece" (Filipenses 2:12-13).

Siendo así, no resulta raro o extraordinario creer que Dios eligió a María para interceder y distribuir gracias. ¡Dios puede hacer lo que quiera! Una vez usó hasta un burro para hablar en Balaam, apareció en una zarza ardiente, en una nube… y eligió venir a la tierra como un bebé.

María es una ayudante, la más importante, como lo fue Moisés, Juan el Bautista, Elías, Pablo, Pedro o Juan. De ninguna manera esto interfiere con las prerrogativas únicas del poder de Dios, simplemente está usando a una de sus criaturas, la más bella, para sus propósitos divinos.

Dios hace posible que María escuche millones de oraciones de intercesión y luego las presente a Dios en nuestro nombre. ¡No es ningún problema para Dios! Para Él es simplemente una parte de todo lo que puede hacer continuamente en cada nanosegundo. Pablo dice: "En Él vivimos, nos movemos y existimos" (Hechos 17:28).

Y, en esta presentación que hace de nuestras oraciones, estaría acompañada de un ángel. Así lo dice el Apocalipsis: "Y la nube de perfumes, con las oraciones de los santos, se elevó de las manos del ángel hasta la presencia de Dios» (Apocalipsis 8:4). La Biblia dice que Jesús es "el que sostiene todo con su palabra poderosa" (Hebreos 1:3) y que "todo tiene en él su consistencia" (Colosenses 1:17).

Entonces, ¿podemos creer que Dios no puede habilitar a una persona, María, para escuchar las intercesiones? Es curioso tal reparo, viniendo de un calvinista, que pone un énfasis extremo (y loable) en la soberanía y causalidad de Dios.

La Biblia enseña que no hay ningún problema, es más, los seguidores de Cristo están "unidos con Él" (Romanos 6:5), son "un espíritu con Él» (1 Corintios 6:17), "transformados en imagen suya" (2 Corintios 3). :18), "llenos de la plenitud de Dios" (Efesios 3:19) y "de la plenitud de Cristo" (Efesios 4:13); de hecho, "participan de la naturaleza divina" (2 Pedro 1:4).

21 de abril de 2024

Nuestra Señora y San Pablo

Del sitio Enciclopedia Mariana:

San Pablo no fue testigo de la vida terrena de Jesús y probablemente nunca conoció a la Virgen María; sin embargo, él sabe quién es Jesús y, por tanto, puede reflexionar sobre el hecho de que Jesús tuvo una Madre.

La carta a los Gálatas, escrita hacia el año 56 d. C., sitúa a la Madre de Jesús en el momento central de la historia de la salvación. Y el contenido de estas pocas palabras, en su contexto, merece un capítulo: "Pero cuando vino la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido súbdito de la ley, para redimir a los súbditos de la ley, para conferirnos la adopción filial" (Ga 4, 4).

San Pablo probablemente habrá oído hablar de María a los apóstoles Pedro, Santiago y Juan (Ga 1, 18 y Ga 2, 9), a quienes encontró al principio de su ministerio, como también a los otros discípulos que iban de un pueblo al otro. El eco de la influencia mariana lo percibimos en el himno a los Efesios, pero también en toda la actitud y forma de vida del gran apóstol.

 Introducción de Françoise Breynaert

14 de noviembre de 2023

Nuestra Señora del Triunfo o del Sunturhuasi

 

Del sitio Tesoros de la Fe:

Entre los numerosos acontecimientos de orden sobrenatural que marcaron la cristianización del Perú, ninguno más notable que éste, acaecido en la ciudad del Cusco el 23 de mayo de 1536, tanto por la calidad de sus protagonistas cuanto por las circunstancias apremiantes que le rodearon.

Francisco Pizarro, el legendario conquistador extremeño, llegó al Perú en los intersticios de una guerra fratricida, desatada tras la muerte del Inca Huayna Cápac entre sus hijos Huáscar y Atahualpa. Hecho que no puede dejar de considerarse providencial, pues allanó el camino para el dominio europeo y la consecuente implantación de la fe católica en nuestra patria. Muertos los dos enfrentados e irreconciliables hermanos, el experimentado soldado y hábil negociador otorgó la borla imperial a Manco Inca Yupanqui en el Cusco, como símbolo de reconciliación.

Pacificada la tierra, pretendía el Inca que le fuera devuelto el pleno ejercicio del poder; pero tal demanda no figuraba en la agenda de los españoles. Decepcionado, condolido por algunos maltratos sufridos e instigado particularmente por el Víllac Umu —el sumo sacerdote pagano—, el menor de los vástagos de Huayna Cápac decidió levantarse contra los cristianos. Aprovechándose de la ausencia de Almagro, que había partido hacia la conquista de Chile, y de la de Pizarro, que se encontraba en la costa, Manco Inca se retiró al valle de Yucay desde donde clamó por un levantamiento general.

La antigua capital del Imperio fue rodeada entonces por decenas de miles de guerreros, que comenzaron a amedrentar a sus contrarios. Los asaltos continuos que sobrevinieron, fueron ejecutados de tal modo y con tal fuerza, que los cristianos se vieron obligados a parapetarse en un amplio galpón de la plaza, llamado Sunturhuasi, que en quechua significa “casa de armas y escudos”. El cerco se fue estrechando y los atacantes decidieron incendiar las casas adyacentes a la plaza, cuyos techos de paja fueron rápidamente presa del fuego, salvo el del Sunturhuasi que milagrosamente quedó exento. Acorralados por las huestes del Inca, conjeturando un trágico final al sitio que el propio Pizarro sufría en Lima y el fracaso de las sucesivas expediciones que les fueron enviadas en su auxilio, con más de mil españoles muertos en toda la contienda, no esperaban ya más socorro que del Cielo.

“Estando ya los indios para arremeter contra los cristianos, se les apareció en el aire Nuestra Señora con el Niño Jesús en brazos, con grandísimo resplandor y hermosura, y se puso delante de ellos. Los infieles, mirando aquella maravilla, quedaron pasmados: sentían que les caía en los ojos un polvo, ya como arena, ya como rocío, con que se les quitó la vista de los ojos que no sabían dónde estaban. Tuvieron por bien volverse a su alojamiento antes que los españoles saliesen a ellos. Quedaron tan amedrentados que en muchos días no osaron salir de sus cuarteles” (Inca Garcilaso de la Vega, Historia General del Perú, Libro II, Capítulo XXV).

Esta maravillosa intervención de la Santísima Virgen con su Divino Hijo, que alejó las perspectivas de una terrible noche triste como la sufrida por Cortés en la conquista de México, no fue vista por ojo de español sino exclusivamente por los indígenas, quienes transcurridos los hechos contaron lo sucedido.

“Y de aquí nació —continúa Garcilaso— que después de apaciguado aquel levantamiento de los indios, los naturales del Cusco y las demás naciones que se hallaron en aquel cerco, viendo que la Virgen María los venció y rindió con su hermosísima vista y con el regalo del rocío que les echaba a los ojos, le hayan cobrado tanto amor y afición”.

El P. Vargas Ugarte en su Historia del Culto de María, trae una larga relación de autoridades y otros declarantes que dan testimonio del milagro. Hubo dos cronistas presentes en el hecho que lo consignan: Alonso Enríquez de Guzmán y Pedro Pizarro. Los demás, desde Guamán Poma hasta el P. José de Acosta, estuvieron en contacto con los testigos, siendo que los testigos indígenas certifican siempre que la Aparición fue vista por ellos. Tienen los cronistas expresiones como “yo mismo se lo oí a personas fidedignas que lo vieron” (Acosta).

La gratitud de todos aquellos que se vieron directamente favorecidos con la aparición celestial, y de las generaciones posteriores que por la tradición la celebraron, nos han legado uno de los mayores monumentos a la fe de un pueblo. Es la magnífica Iglesia del Triunfo de Nuestra Señora, que adorna el flanco izquierdo de la Catedral del Cusco, levantada sobre los mismos pétreos cimientos del Sunturhuasi.

En su interior se conservan insignes recuerdos de nuestro pasado histórico. En el altar mayor, un portentoso retablo de piedra finamente labrada de 18 metros de altura, se encuentra la célebre Cruz de la Conquista que acompañó desde Panamá a Fray Vicente de Valverde, primer obispo del Perú, en todas sus incursiones evangelizadoras. Y una imagen de piedra blanca, vestida con primorosos mantos, de la Santísima Virgen en su advocación de la Asunción.

En uno de los arcos sobre sus muros, se estampa un enorme lienzo representando la milagrosa descensión de la Virgen Santísima sobre el galpón del Sunturhuasi, rodeada de ángeles; aparecen a su lado el Apóstol Santiago y el Profeta Elías; y debajo, tres príncipes y princesas incas portando sendos cirios en actitud de reverencia.

En la cripta de la Iglesia del Triunfo yacen los restos del ilustre mestizo cusqueño, Inca Garcilaso de la Vega, que oyó en su infancia las primeras narraciones sobre la Virgen del Triunfo, la cual propagó en sus escritos y le fue devoto durante toda su vida.

El demonio, padre de la mentira, reconociendo la inmensa derrota sufrida con la pérdida de la gentilidad, a modo de revancha atizó desde entonces la lucha civil entre los propios conquistadores (que se concretó con la llegada de Almagro al Cusco, después de su desastrosa expedición a Chile) y que vino a retardar por algunos años —pero ya no a impedir— la fulminante irradiación de la fe católica en el corazón de la América meridional.    

15 de octubre de 2023

Nuestra Señora, Madre de los Pecadores

Del sitio Gaudium Press:

El día de mayor recogimiento para los cristianos es el Viernes de Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, cuando fue acusado, juzgado, azotado, humillado, flagelado y finalmente crucificado. Una persona, sin embargo, sufrió tanto como Él, su Madre, María Santísima, que acompañó cada paso de la agonía de su Hijo. Esto sucedió hace más de dos mil años, pero, aún hoy, esta Madre Divinísima sigue sufriendo al ver el dolor de las madres que tienen a sus hijos esclavizados por el pecado, por los vicios y por los engaños del mundo.

Nuestro Señor mismo - que, siendo verdaderamente Hombre y Dios - al retirarse a orar en el lugar llamado Getsemaní, pocas horas antes de ser arrestado, experimentó dolor, miedo, abandono y angustia: sentimientos comunes a los seres humanos.

Las Sagradas Escrituras nos dicen que Jesús sudó sangre y pidió al Padre que, si era posible, apartara de Él aquel amargo cáliz. Veamos lo que dicen al respecto los Evangelistas, en el Evangelio de San Mateo: "Jesús y sus discípulos se fueron a un lugar llamado Getsemaní, y les dijo: 'Sentaos aquí, mientras yo voy allí a orar'. Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo: "Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad conmigo. Se postró sobre su rostro y oró: "Padre mío, si es posible, aparta de mí este cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres". Luego fue a ver a sus discípulos y los encontró dormidos. Y dijo a Pedro: Así que no habéis podido velar ni una hora conmigo..." (Mt 26, 36-40).

Y sobre el mismo episodio, san Lucas escribe: "Entró en agonía y oraba aún con más insistencia, y su sudor se hizo como gotas de sangre que corrían hasta el suelo" (Lc 22,44).

También sintió los dolores del alma

Estamos hablando del Justo, de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, de Dios hecho hombre. Pero precisamente porque era verdadero Dios y verdadero Hombre, estaba tan triste y angustiado que gotas de sangre corrían por su sudor y sentía todos los dolores de la Pasión: de las bofetadas, de los escupitajos, de cuando le arrancaron la barba, de la herida causada por la corona de espinas, de todos los azotes, del peso de la cruz, de las rodillas magulladas al caer bajo el peso del madero, de los clavos clavados en las manos y en los pies, y de la amargura de la sed.

Pero también sintió los dolores del alma: la decepción al ver que sus discípulos -aquellos en quienes más confiaba, que serían los responsables de la fundación de su Iglesia- dormían, sin velar ni siquiera una hora con Él. San Lucas nos dice que los discípulos dormían tristemente: "Jesús, levantándose de la oración, fue a sus discípulos y los encontró durmiendo tristemente" (Lc 22,45). Y nosotros, ¿cuántas veces dormimos tristes? ¿Cuántas veces nos desaniman el dolor, el sufrimiento y las dificultades?

Jesús sintió el dolor de la traición de Judas, de la negación de Pedro, de quedarse solo, de ser acusado injustamente por el Sanedrín, por aquellos que representaban a Dios ante los hombres. Sintió la humillación de las blasfemias y oprobios dirigidos contra Él, la decepción de ser repudiado por quienes se habían beneficiado de sus milagros, la debilidad y cobardía de Pilato al lavarse las manos para no comprometerse. Sintió la vergüenza de ser despojado de sus vestiduras ante el pueblo.

María comprende todos los dolores

Pero hay un dolor que podemos considerar como el mayor de todos los dolores: el dolor de no haber podido evitar que su Santísima Madre viera todo aquel sufrimiento. María estaba allí, estaba presente y era consciente de todo lo que sucedía. ¿Qué decir del momento más conmovedor en el que la mirada de Jesús cargado con la cruz se encontró con la de su Madre?

¿Cuántas cosas se dijeron en silencio en ese momento? ¿Cuántos recuerdos? ¿Cuánta cercanía? ¿Cuánto amor? Y ella permaneció firme, a pesar del sufrimiento que la invadía. Aunque Ella es la más sublime de todas las criaturas, es humana y su dolor es algo que está más allá de nuestra capacidad de sentir o imaginar.

Por eso la Virgen comprende todo dolor, especialmente el dolor de todas las demás madres. La diferencia es que sólo Ella fue Madre de justos, y todas las demás madres del mundo son madres de pecadores. Unas tienen hijos mejores, otras peores. Las hay que tienen hijos cariñosos, devotos, y las hay que tienen hijos indiferentes, hijos ingratos, hijos de mala vida.

Oh Madre dolorosa, que lloras de dolor

Nadie nace sino para una madre, por eso todos tenemos una madre. Las peores personas, las más crueles, los bandidos más peligrosos, los asesinos más despiadados, todos tienen una madre. Sabemos que algunas madres abandonan a sus hijos, pero esto es una excepción; aquí estamos hablando de las madres abnegadas. Esas madres que llevaron a sus hijos en el vientre e hicieron todo por ellos, amamantándolos, enseñándoles a caminar y a hablar, vistiéndolos, alimentándolos, enseñándoles a rezar, dándoles una educación. Y a menudo se ven obligadas a ver que, a pesar de todo su amor, de todo el sacrificio gastado en criarlos, en educarlos, sus hijos se han convertido en personas terribles.

Cuando hay un crimen, un asesinato, por ejemplo, es frecuente que nos compadezcamos de la madre del asesinado, y olvidemos que el que mató también tiene madre y que el dolor de esta madre es tan cruel como el de la que perdió a su hijo. El hijo de la primera era una víctima, el hijo de la segunda es un torturador. ¿Has pensado alguna vez en eso? ¿Recuerdas haber rezado por esas madres? ¿Por las madres que tienen a sus hijos en la cárcel, o huidos, por las que saben que sus hijos hacen cosas malas, terribles, pero siguen siendo sus hijos, a los que quieren, y por los que rezan?

Hay una canción muy bonita, que se canta en Cuaresma y en Semana Santa, que dice:

"Oh madre afligida, que afligida lloras
Llena de angustia, bendita eres.
Bendita seas, Señora de los Dolores.
Escucha nuestros gritos, Madre de los pecadores."

¿Sabéis lo que significa este canto? Que Nuestra Señora es la Madre de todos los pecadores, y por eso siente en su Corazón Inmaculado el dolor de las madres de todos los pecadores. Las madres que lloran los crímenes cometidos por un hijo y los pecados cometidos nunca están solas, tienen una gran aliada que conoce el drama de cada una de ellas y las apoya cuando la buscan en la oración.

Su Hijo murió para salvarnos, fue crucificado por todos los pecadores y, desde la cruz, pidió perdón al Padre: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34). Pero no sólo Dios perdonó, también la Virgen perdonó. Ella no guardó rencor a los que acusaron, azotaron, condenaron, crucificaron y mataron a su Hijo Amado.

Aunque esté muerto, vivirá

Lo mismo deben hacer las madres cuyos hijos son víctimas de actos malvados. Deben rezar por las madres de quienes han maltratado, dañado o incluso asesinado a sus hijos, pues el dolor de esas madres es terrible. Que lo digan los sacerdotes que escuchan los lamentos de tantas madres.

Puesto que la Pascua del Señor significa el triunfo de la vida sobre la muerte, debemos aferrarnos a una de las promesas más consoladoras de Jesús: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá" (Jn 11,25). Que esto sirva de consuelo a estas madres tristes y apenadas, porque por la victoria de la resurrección todo pecador arrepentido puede obtener el perdón de todas sus culpas y alcanzar la vida eterna.

Por eso quiero decir a todas estas madres, a las madres de todos los pecadores, que se aferren con fuerza a la Virgen, que le confíen sus penas, que se consagren a Ella y le encomienden la vida de sus hijos. Y por muy malos que sean, ¡no renunciéis a ellos! Pedid a la Virgen de los Dolores que interceda por vuestros hijos y los transforme en criaturas nuevas.

22 de mayo de 2023

Nuestra Señora La "Madonnetta"

Del sitio Santuario della Madonnetta:

La iglesia ha sido construida sobre un terreno  por encima del convento de San Nicola, donado a los religiosos por el Senado de la República ( 6.8.1641) . En aquella  zona existía una antigua capillita, dedicada a Santiago, que Padre Carlo Giacinto hizo restaurar en el 1689, colocando allí una bellísima estatua de la Virgen María con el Niño en brazos, regalo de la noble  Isabella Moneglia, esposa del senador Paride Salvago. La imagen, esculpida en alabastro finamente decorado, es obra de Giovanni Romano (Trapani, sec.XVII) y viene afectuosamente llamada  la Madonnetta. Ha sido coronada  cuatro veces (14 agosto 1692;  14 agosto 1693; 25 Diciembre 1700 y 27 Junio 1920). Numerosos feligreses afluyeron muy pronto, desde la ciudad y los alrededores a la modesta capillita: por ello el fundador decidió apresurar el tiempo de  construcción del santuario.

Muchos años antes  (1674-75 ) tuvo una sorprendente visión en la capilla interna del noviciado: un día, estando en la oración mental del atardecer, veía un templo  en dicho lugar, consagrado a la Gran Madre de Dios,  ornado de más altares e imágenes sacras, pero sobre  todo, de una imagen de María dentro de una devotísima cripta como está actualmente. 

Delante de aquella imagen había multitud de personas, las cuales me parecía que tenían los ojos como dos ríos de agua, tantas eran las lágrimas que derramaban. Además me parecía que por debajo del cuerpo de la iglesia hubiera una devotísima representación de la pasión  de N.S. Jesucristo y de Nuestra Señora con su Dios e Hijo  en  brazos . Vi en ese pequeño espacio grandes cosas: gracias, privilegios, ayudas y favores que la divina Madre habría concedido o intercedido a los feligreses. No sé todavía como explicárselo.  Esto es lo que se está construyendo ahora, no obstante el arquitecto dudase inicialmente de la ejecución del  proyecto (relación del S.Templo).

He aquí el proyecto que inspiró a grandes líneas  al arquitecto lígure Antón María Ricca. El lo tradujo fielmente desarrollando una concepción personalísima y original de iglesia, la cual   tuvieron como prototipo ideal otros arquitectos operantes en la Liguria del siglo XVIII (Arenzano, Bogliasco, Soori, Casella, Larvego …). 

El 4 de mayo de 1695 inició la construcción de la iglesia y el 15 de Agosto de 1696 viene abierta al público. En el mismo día, con decreto del Senado de la República, solicitado por el P. Carlo Giacinto, la ciudad de Génova se reconsagraba a María a lo largo de  una solemne ceremonia  en la catedral de S. Lorenzo. El –para subrayar los lazos  de unión espiritual de la Madonnetta con la ciudad– colocó en una niquia del abside la estatua lignea de Maria  SS. Reina de Génova, que bendice  su ciudad. El 18  abril de 1706 Mons. Giambattista Costa a nombre del Arzobispo de Génova Card. Lorenzo Fieschi, consagró el templo dedicándolo a la Natividad de N.S. Jesucristo y a la Madre de Dios, Virgen Inmaculada, Asunta en el cielo y Reina de los Ángeles y de los Mártires.

El fundador quiso que el santuario, en su totalidad y en los más pequeños detalles, diera una rigurosa e inmediata lectura del misterio cristiano. Por esto, dedicando la iglesia a la Asunción, hizo disponer numerosísimas reliquias de santos y mártires, provenientes  sobre todo de las catacumbas romanas, ya sea en los ovales de las paredes como en el altar mayor y debajo de los otros altares  para que asemejase un espacio celeste, donde los ángeles y los santos glorifican a María. Además evidenció la finalidad específica del Santuario –la misericordia divina que perdona a los pecadores – con el Crucifijo ligneo del altar mayor y dos espléndidas Piedad:  una en la plaza de entrada y la otra en la capilla que se encuentra debajo de la nave central.  Esta específica espiritualidad del Santuario está ilustrada no solo del genio figurativo del arquitecto y de los artistas, sino también de un centenar de inscripciones bíblicas, colocadas sabiamente por doquier, que constituyen un ejemplo único de funcionalidad didáctica. El complejo arquitectónico, en el curso de algunos decenios, fue decorado y enriquecido con numerosas y preciadas obras de arte.

El Santuario se convierte muy pronto en centro de vida religiosa y meta tradicional de peregrinaciones de la ciudad y del interior de Génova, de las dos Riberas de la Liguria, del Piamonte  y de la Lombardía. Dan testimonio entre otros  los numerosos privilegios acordados por los Papas: Clemente XI, Inocencio XIII, Benedicto XIII, Pio VI. Este último agregó la Madonnetta a la Basílica Lateranense con los mismos privilegios e indulgencias (7.12.1777). En el 1712 el Senado estableció que el domingo sucesivo a la fiesta de la Asunción, una delegación oficial  de la  República genovesa, compuesta de cuatro senatores pertenecientes a las más prestigiosas familias patricias, subiera al santuario para asistir a la misa solemne,  durante la cual venía consagrada la ciudad a la Virgen, mientras la artillería del Muelle disparaba cuarenta salvas como señal de saludo y de fiesta.

Posteriormente,  otros personajes ilustres se han interesado en el Santuario. En el 1818 Vittorio Emanuele I subió peregrino con su esposa María Teresa de Saboya;  en el 1829 la reina, ya viuda, volvió de nuevo, acompañada de sus hijas: María, futura emperatriz de Austria, y la venerable Maria Cristina, futura reina de Nápoles. También algunos fundadores de congregaciones religiosas han tenido  un estrecho lazo espiritual con la Madonnetta: la Ven. Solimani, fundadora de las Bautistinas (1725);  Sta. Paola Frassinetti, fundadora de las Doroteas;  la madre Eugenia Ravasco, Fundadora de las Hijas de los Sagrados Corazones: el Ven. Giuseppe Frassinetti, fundador de las Hijas de María; Madre Anna Maria Castello, fundadora de las Hermanas Petrinas; y otros muchos. 

No menos importante, la fundación del periódico católico Il Cittadino (30.9.1873) por obra del P. Persoglio S.J  Y cuando el Gobierno italiano del 1855  suprimió y confiscó el Santuario con el adjunto convento, el senador Giuseppe Cataldi lo rescató, permitiendo a los religiosos de continuar su vida comunitaria con el hábito eclesiastico, esperando tiempos mejores.