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7 de junio de 2026

Las luces de la Hostia y del Sagrado Corazón atraviesan el Inmaculado Corazón de Nuestra Señora


 Del sitio Un Minuto con María:

La beata Dina Bélanger relata: "Nuestro Señor, el Dios-Hombre, me mostró su adorable Corazón en la Sagrada Hostia. No miré su sagrado Rostro, pero su Corazón y la Hostia me cautivaron. 

Ambos, su Corazón y la Hostia, estaban perfectamente unidos, tan parte el uno del otro que no puedo explicar cómo podía distinguir uno del otro. 

De la Hostia emanaba un inmenso resplandor de luz. De su Corazón brotaba una inmensidad de llamas, que escapaban como torrentes impetuosos. La Santísima Virgen estaba allí, tan cerca de Nuestro Señor que parecía absorbida por Él, y sin embargo yo podía verla distinta de Él. ¡Oh, cuán pura era!

Todas las luces de la Hostia y todas las llamas del Corazón de Jesús pasaban a través del Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen. 

Nuestro Señor me dijo: 'Sí, hazme reinar a través de Jesús-María'. Ante esta visión, ante estas palabras, todavía interiormente, de rodillas, me postré, como aniquilada por el amor en presencia de mi Dios, y con un acento de súplica que no conocía, dije: 'Oh, Corazón Eucarístico de Jesús, te lo ruego, a través de Nuestra Señora del Corazón Eucarístico, reina en todas las almas como tú quieras'.

La beata Dina Bélanger, RJM, también conocida como María de Santa Cecilia de Roma (1898-1929), fue una canadiense miembro de las Religiosas de Jesús-María. Fue una destacada música.

12 de abril de 2026

Nuestra Señora no busca fuera sino dentro


 Traducido del sitio María de Nazareth:

La Palabra que viene de lo alto llama a María a ser la madre del tan esperado Mesías davídico. Él será rey, no a la manera humana y carnal, sino a la manera divina y espiritual. Su nombre será "Jesús", que significa "Dios salva" (cf. Lucas 1,31; Mateo 1,21), recordando a todos y para siempre que no es el hombre quien salva, sino solo Dios. Jesús, en efecto, es quien cumple las palabras del profeta Isaías: "No fue un enviado ni un mensajero, sino su presencia la que los salvó con su amor y su misericordia" (Is 63, 9).

Esta maternidad absolutamente única conmueve a María. Y como mujer inteligente que es, es decir, capaz de leer en el interior de los acontecimientos (cf. Lc 2, 19.51), busca comprender, discernir lo que le está sucediendo. María no busca en el exterior, sino en el interior. Y es allí, en lo más profundo de su corazón abierto y sensible, donde escucha la invitación a confiar plenamente en Dios, que ha preparado para ella un "Pentecostés" especial. Como al principio de la creación (cf. Génesis 1, 2), Dios quiere "incubar" a María con su Espíritu, una fuerza capaz de abrir lo que está cerrado sin violarlo, sin afectar a la libertad humana; quiere envolverla en la "nube" de su presencia (cf. 1 Corintios 10,1-2) para que el Hijo viva en Ella y Ella viva en Él.

Y María se ilumina con la confianza: es "una lámpara con muchas luces". María acoge al Verbo en su propia carne y se compromete así en la mayor misión jamás confiada a una criatura humana. Se pone al servicio, no como esclava, sino como colaboradora de Dios Padre, llena de dignidad y autoridad para administrar, como lo hará en Caná, los dones del tesoro divino, para que muchos puedan saciar sus manos.

Hermanas y hermanos, aprendamos de María, Madre del Salvador y nuestra Madre, a abrir nuestros oídos a la Palabra divina, a acogerla y conservarla, para que transforme nuestros corazones en tabernáculos de su presencia, en hogares hospitalarios donde crece la esperanza.

Papa Francisco
Extractos de su catequesis del
22 de enero de 2025

22 de marzo de 2026

Los huérfanos no se quedan sin nadie

 


Del sitio Ortodoxia en Chile:

En la persona de la madre, cada uno tiene un tesoro carísimo, frente al cual no hay nada más importante en el mundo. Y quienes pierden a su madre antes de tiempo sufren mucho, por el vacío inmenso que queda sin llenar. ¡Mas la Iglesia dice que en Dios no hubo, no hay y no habrá huérfanos jamás! Todos los que vivimos en la tierra tenemos una Mamá amada, santa, amorosa y presta a consolarnos, quien nos cuida con ternura desde que nacemos hasta que morimos, y ella es nuestra Reina Celestial.

Amados hermanos y hermanas, ¡feliz de quien tenga una madre buena y amorosa! Siempre recibirá de ella, amor sincero, consuelo y palabras de aliento que nacen de su corazón. Siempre tendrá a su lado una guía, una guardiana de la vida en pureza. ¡Y qué fervorosas oraciones elevan los labios de una madre, por su hijo, al Trono del Altísimo! Y aunque muriera, su principal cuidado serán siempre sus hijos. En la persona de la madre, cada uno tiene un tesoro carísimo, frente al cual no hay nada más importante en el mundo. Y quienes pierden a su madre antes de tiempo sufren mucho, por el vacío inmenso que queda sin llenar.

Compadecemos a quienes han perdido a su mamá, llamándolos huérfanos. ¡Mas la Iglesia dice que en Dios no hubo, no hay y no habrá huérfanos jamás! Todos los que vivimos en la tierra tenemos una Mamá amada, santa, amorosa y presta a consolarnos, quien nos cuida con ternura desde que nacemos hasta que morimos, y ella es nuestra Reina Celestial.

Archimandrita Cirilo Pavlov 

15 de marzo de 2026

La hora de Nuestra Señora como Madre

 


Del sitio Zenit:

Mientras que el Viernes Santo es por excelencia la "Hora" de Jesús, que amó a los suyos hasta el punto de ofrecerse en el altar de la Cruz, el Sábado Santo es la "Hora" de la Madre, la cumbre de su largo y fatigoso camino de fe. María se situó al pie de la Cruz, como la nueva Eva, uniéndose al sacrificio de su Hijo y acogiendo como hijos suyos a todos los hombres redimidos por su divina Sangre.

Cuando los discípulos depositaron a Jesús en el sepulcro la tarde del Viernes Santo, la fe de María no se quebró, ni tampoco su unión indisoluble con su Hijo Redentor. Al contrario, solo en Ella se encontraba la fe de toda la Iglesia, y en Ella se reunían las esperanzas del mundo. Por eso es la Madre de nuestra fe.

San Juan Pablo II
escribió: "El Sábado Santo, la Iglesia se identifica con María: toda su fe se concentra en Ella, la primera creyente. En la oscuridad que envuelve la creación, solo Ella mantiene viva la llama de la fe, preparándose para acoger el gozoso y sorprendente anuncio de la resurrección".

Y el papa Francisco le rezó así: "Virgen y Madre María... Tú, que permaneciste firme junto a la Cruz con fe inquebrantable y recibiste el gozoso consuelo de la resurrección... Obtén para nosotros ahora un nuevo ardor nacido de la resurrección, para que podamos llevar a todos el Evangelio de la vida que triunfa sobre la muerte» (Evangelii gaudium, 288).

17 - abril - 2025

8 de marzo de 2026

De un cardenal a sus sacerdotes sobre Nuestra Señora después de un retiro


 Traducido del sitio María de Nazareth:

"Mañana volverán a casa. Les pido a todos que hagan un gesto y una oración".

"Cuando lleguen y abran la puerta de su iglesia, deténganse un momento. Digan a María: 'Oh, Madre mía, entra tú primero. A partir de ahora, en esta morada que es tuya y mía, quiero rezar contigo, predicar y confesar contigo: quiero vivir todo mi sacerdocio contigo'. "

"Luego irán a la casa parroquial. Después de abrir la puerta, deténganse un momento, inviten a María a pasar delante de ustedes y díganle: 'Oh, Madre mía, entra tú primero. Quiero vivir contigo en este hogar, y muy cerca de ti, quiero vivir en mortificación, en paciencia, en pureza, en caridad.' "

"Por último, cuando abras la puerta de tu habitación, detente una vez más, invita a tu Madre a pasar delante de ti y dile: "Aquí sobre todo, oh Madre mía, no me dejes más. Quiero aquí rezar, estudiar, dormir, morir bajo tu mirada, muy cerca de tu corazón".

Souvenir de mes retraites pastoralesCité dans : Maria – études sur la Vierge Marie 
sous la direction d'Hubert du Manoir, s. j.
Tome III
1954
p. 677

2 de febrero de 2026

Purificación de Nuestra Señora


Adaptado del sitio Fundación Cari Filii:

El 2 de febrero, el mismo día de la Presentación de Jesús en el Templo se celebra la Purificación de la Virgen. Aunque era pura por nacimiento y libre de pecado, siguió al pie de la letra la ley judía. La Ley de Moisés contemplaba de manera precisa lo que una mujer judía como María debía hacer: "Cuando una mujer conciba y tenga un hijo varón, quedará impura durante siete días; será impura como en el tiempo de sus reglas. Al octavo día será circuncidado el niño en la carne de su prepucio; pero ella permanecerá todavía 33 días purificándose de su sangre. No tocará ninguna cosa santa ni irá al santuario hasta cumplirse los días de su purificación”

De este modo, 40 días después del parto la Virgen cumplió con la ley judía, a la vez que el niño Jesús era presentado en el templo.

La Purificación de la Virgen María es la fiesta mariana más antigua de la liturgia y una de las más antiguas de la Iglesia. En Jerusalén ya se celebraba a finales del siglo IV. Más adelante, ya en el año 542, durante el mandato de Justiniano, comenzó a celebrarse el 2 de febrero, justamente 40 días después del 25 de diciembre, fecha del nacimiento de Jesús. Hasta el siglo VII no se introdujo esta fiesta en Occidente, aunque a finales de este siglo ya estaba bastante extendida. Mientras que en Oriente, al coincidir con la Presentación de Jesús en el templo, la fiesta tenía un carácter más cristológico, en Occidente tenía un mayor acento mariano.

 

31 de enero de 2026

Meditando el Rosario: Quinto Misterio Gozoso: Jesús perdido y hallado en el Templo

 

Del sitio María Luz Divina:

Veo a Jesús. Es ya un adolescente. Lleva una túnica blanca que le llega hasta los pies; me parece que es de lino. Encima, se coloca, formando elegantes pliegues, una prenda rectangular de un color rojo pálido. Lleva la cabeza descubierta. Los cabellos, de una coloración más intensa que cuando lo vi de niño, le llegan hasta la mitad de las orejas. Es un muchacho de complexión fuerte, muy alto para su edad (muy tierna aún, como refleja el rostro). 

Me mira y me sonríe tendiendo las manos hacia mí. Su sonrisa de todas formas se asemeja ya a la que le veo de adulto: dulce y más bien seria. Está solo. Por ahora no veo nada más. Está apoyado en un murete de una callecita toda en subidas y bajadas, pedregosa y con una zanja que está aproximadamente en su centro y que en tiempo de lluvia se transforma en regato; ahora, como el día está sereno, está seca. 

Me da la impresión de estarme acercando yo también al murete y de estar mirando alrededor y hacia abajo, como está haciendo Jesús. Veo un grupo de casas; es un grupo desordenado: unas son altas, otras, bajas; van en todos los sentidos. Parece - haciendo una comparación muy pobre pero muy válida - un puñado de cantos blancos esparcidos sobre un terreno oscuro. Las calles, las callejas, son como venas en medio de esa blancura. Ora aquí, ora allá, hay árboles que descuellan por detrás de las tapias; muchos de ellos están en flor, muchos otros están ya cubiertos de hojas nuevas: debe ser primavera. 

A la izquierda respecto a mí que estoy mirando, se alza una voluminosa construcción, compuesta de tres niveles de terrazas cubiertas de construcciones, y torres y patios y pórticos; en el centro se eleva una riquísima edificación, más alta, majestuosa, con cúpulas redondeadas, esplendorosas bajo el sol, como si estuvieran recubiertas de metal, cobre u oro. El conjunto está rodeado por una muralla almenada (almenas de esta forma: M, como si fuera una fortaleza). Una torre de mayor altura que las otras, horcada en su base sobre una vía más bien estrecha y en subida, cual severo centinela, domina netamente el vasto conjunto. 

Jesús observa fijamente ese lugar. Luego se vuelve otra vez, apoya de nuevo la espalda sobre el murete, como antes, y dirige su mirada hacia una pequeña colina que está frente al conjunto del Templo. El collado sufre el asalto de las casas sólo hasta su base, luego aparece virgen. Veo que una calle termina en ese lugar, con un arco tras el cual sólo hay un camino pavimentado con piedras cuadrangulares, irregulares y mal unidas; no son demasiado grandes, no son como las piedras de las calzadas consulares romanas; parecen más bien las típicas piedras de las antiguas aceras de Viareggio (no sé si existen todavía), pero colocadas sin conexión: un camino de mala muerte. 

 El rostro de Jesús toma un aspecto tan serio, que yo fijo mi atención buscando en este collado la causa de esta melancolía. Pero no encuentro nada de especial; es una elevación del terreno, desnuda, nada más. Eso sí, cuando me vuelvo, he perdido a Jesús; ya no está ahí. Y me quedo adormilada con esta visión.  

Cuando me despierto, con el recuerdo en mi corazón de lo que he visto, recobradas un poco las fuerzas y en paz, porque todos están durmiendo, me encuentro en un lugar que nunca antes había visto. En él hay patios y fuentes, pórticos y casas (más bien pabellones, porque tienen más las características de pabellones que de casas). Hay una gran muchedumbre de gente vestida al viejo uso hebreo, y mucho griterío. Me miro a mi alrededor y, al hacerlo, me doy cuenta de que estoy dentro de esa construcción que Jesús estaba mirando; efectivamente, veo la muralla almenada que circunda el conjunto, y la torre centinela, y la imponente obra de fábrica que se yergue en el centro, pegando a la cual hay pórticos, muy bellos y amplios, y, bajo éstos, multitud de personas ocupadas, quiénes en una cosa, quienes en otra. 

Comprendo que se trata del recinto del Templo de Jerusalén. Veo fariseos, con sus largas vestiduras ondeantes, sacerdotes vestidos de lino y con una placa de precioso material en la parte superior del pecho y de la frente, y con otros reflejos brillantes esparcidos aquí o allá por los distintos indumentos, muy amplios y blancos, ceñidos a la cintura con un cinturón también de material precioso. Luego veo a otros, menos engalanados, pero que de todas formas deben pertenecer también a la casta sacerdotal, y que están rodeados de discípulos más jóvenes que ellos; comprendo que se trata de los doctores de la Ley. Entre todos estos personajes me encuentro como perdida, porque no sé qué pinto yo ahí. 

Me acerco al grupo de los doctores, donde ha comenzado una disputa teológica. Mucha gente hace lo mismo. 

Entre los "doctores" hay un grupo capitaneado por uno llamado Gamaliel y por otro, viejo y casi ciego, que apoya a Gamaliel en la disputa; oigo que le llaman Hil.lel (pongo la hache porque oigo una aspiración al principio del nombre), y creo que es o maestro o pariente de Gamaliel: lo deduzco de la confidencia y al mismo tiempo respeto con que éste lo trata. 

El grupo de Gamaliel es de mentalidad más abierta, mientras que el otro grupo, que es el más numeroso está dirigido por uno llamado Siammai, y adolece de esa intransigencia llena de resentimiento, y retrógrada, tan claramente descrita por el Evangelio. 

Gamaliel, rodeado de un nutrido grupo de discípulos, hábil de la venida del Mesías, y, apoyándose en la profecía de Daniel, sostiene que el Mesías debe haber nacido ya, puesto que ya han pasado unos diez años desde que se cumplieron las setenta semanas profetizadas contando desde que fue publicado el decreto de reconstrucción del Templo. 

Siammai le plantea batalla afirmando que, si bien es cierto que el Templo fue reconstruido, no es menos cierto que la esclavitud de Israel ha aumentado, y que la paz que debía haber traído Aquél que los Profetas llamaban "Príncipe de la paz" está bien lejos de ser una realidad en el mundo, y especialmente en Jerusalén, oprimida bajo el peso de un enemigo que osa extender su dominio hasta incluso dentro del recinto del Templo, controlado por la Torre Antonia, que está llena de legionarios romanos dispuestos a aplacar con la espada cualquier tumulto de independencia patria. 

La disputa, llena de cavilosidades, está destinada a durar. Cada uno de los maestros hace su alarde de erudición, no tanto para vencer a su rival, cuanto para atraerse la admiración de los que escuchan; este propósito es evidente. 

Del interior del nutrido grupo de fíeles se oye una tierna voz de niño: "Gamaliel tiene razón". 

Movimiento en la gente y en el grupo de doctores: buscan al que acaba de interrumpir; de todas formas, no hace falta buscarlo, Él no se esconde; antes bien, se abre paso entre la gente y se acerca al grupo de los "rabíes". Reconozco en Él a mi Jesús adolescente. Se le ve seguro y franco, y sus ojos centellean llenos de inteligencia. 

"-¿Quién eres?-" le preguntan.

"-Un hijo de Israel que ha venido a cumplir con lo que la Ley ordena". 

Gusta esta respuesta intrépida y segura, y obtiene sonrisas de aprobación y de benevolencia. Despierta interés el pequeño israelita. 

"-¿Cómo te llamas?" 

"-Jesús de Nazaret". 

Y aquí acaba la benevolencia del grupo de Siammai. Sin embargo, Gamaliel, más benigno, prosigue el diálogo junto con Hil.lel. Es más, es Gamaliel el que, con deferencia, le dice al anciano: "-Pregúntale alguna cosa al niño".

"-¿En qué basas tu seguridad?" -pregunta Hil.lel.

(Encabezo las respuestas con los nombres para abreviar y para que sea más claro) 

Jesús: "-En la profecía, que no puede errar respecto a la época, y en los signos que la acompañaron cuando llegó el tiempo de su cumplimiento. Cierto es que César nos domina". 

-Pero el mundo gozaba de gran paz y estaba muy tranquila Palestina cuando se cumplieron las setenta semanas. Tanto es así que le fue posible a César ordenar el censo en sus dominios; no habría podido hacerlo si hubiera habido guerra en el Imperio o revueltas en Palestina. De la misma forma que se cumplió ese tiempo, ahora se está cumpliendo ese otro de las sesenta y dos más una desde la terminación del Templo, para que el Mesías sea ungido y se cumpla lo que conlleva la profecía para el pueblo que no lo quiso. 

-¿Podéis dudarlo? No recordáis que la estrella fue vista por los Sabios de Oriente y que fue a detenerse justo en el cielo de Belén de Judá, y que las profecías y las visiones, desde Jacob en adelante, indican ese lugar como el destinado a recibir el nacimiento del Mesías, hijo del hijo del hijo de Jacob, a través de David, que era de Belén? ¿No os acordáis de Balaam? "Una estrella nacerá de Jacob". Los Sabios de Oriente, cuya pureza y fe abría sus propios ojos y sus propios oídos, vieron la Estrella y comprendieron su Nombre; "Mesías", y vinieron a adorar a la Luz que había descendido al mundo. 

Siammai, con mirada maligna: "-¿Dices que el Mesías nació cuando la Estrella, en Belén Efratá?" 

 Jesús: "-Yo lo digo".

Siammai: "-Entonces ya no existe. ¿No sabes, niño, que Herodes mandó matar a todos los nacidos de mujer de un día a dos años de edad de Belén y de los alrededores? Tú, Tú que sabes tan bien la Escritura, debes saber también que "un grito se ha oído en lo alto... Es Raquel que está llorando por sus hijos". Los valles y las alturas de Belén, que recogieron el llanto de la agonizante Raquel, se llenaron de llanto revivido por las madres ante sus hijos asesinados. Entre ellas estaba, sin duda, también la Madre del Mesías".  

Jesús: "-Te equivocas, anciano. El llanto de Raquel hízose himno, pues donde ella había dado a luz al "hijo de su dolor", la nueva Raquel dio al mundo al Benjamín del Padre celestial, Hijo de su derecha, Aquel que ha sido destinado para congregar al pueblo de Dios bajo su cetro y liberarlo de la más terrible de las esclavitudes". 

Siammai: "-¿Y cómo, si lo mataron?"

Jesús: "-¿No has leído de Elías que fue raptado por el carro de fuego? ¿Y no va a haber podido salvar el Señor Dios a su Emmanuel para que fuera Mesías de su pueblo? Él, que separó el mar ante Moisés para que Israel pasase sin mojarse hacia su tierra, ¿no va a haber podido mandar a sus ángeles a librar a su Hijo, a su Cristo, de la crueldad del hombre? En verdad os digo; el Cristo vive y está entre vosotros, y cuando llegue su hora se manifestará en su potencia." La voz de Jesús, al decir estas palabras que he subrayado, resuena en un modo que llena el espacio. Sus ojos centellean aún más, y, con un gesto de dominio y de promesa, tiende el brazo y la mano derecha, y luego los baja, como para jurar. Es todavía un niño, pero ya tiene la solemnidad de un hombre. 

Hil.lel: "-Niño, ¿quién te ha enseñado estas palabras? "

Jesús: "-El Espíritu de Dios. Yo no tengo maestro humano. Ésta es la Palabra del Señor que os habla a través de mis labios." 

 Hil.lel: "-Ven aquí entre nosotros, que quiero verte de cerca, ¡oh niño!, para que mi esperanza se reavive en contacto con tu fe y mi alma se ilumine con el sol de la tuya". 

Y lo sientan a Jesús en un asiento alto y sin respaldo, entre Gamaliel e Hil.lel, y le entregan unos rollos para que los lea y los explique. Es un examen en toda regla. La muchedumbre se agolpa atenta. 

La voz infantil de Jesús lee: -"Consuélate, pueblo mío. Hablad al corazón de Jerusalén, consoladla porque su esclavitud ha terminado... Voz de uno que grita en el desierto: preparad los caminos del Señor... Entonces se manifestará la gloria del Señor..." 

Siammai: "-Como puedes ver, nazareno, aquí se habla de una esclavitud ya terminada. Y nosotros somos ahora más esclavos que nunca. Aquí se habla de un precursor. ¿Dónde está? Tú desvarías". 

Jesús: "-Yo te digo que tú y los que son como tú, más que los demás, necesitáis escuchar la llamada del Precursor. Si no, no verás la gloria del Señor, ni comprenderás la palabra de Dios, porque las bajezas, las soberbias, las dobleces, te obstaculizarán ver y oír".

Siammai: "-¿Así le hablas a un maestro?" 

Jesús: "-Así hablo y así hablaré hasta la muerte. Porque por encima de mi propio beneficio está el interés del Señor y el amor a la Verdad, de la cual soy Hijo. Y además te digo, rabí, que la esclavitud de que habla el Profeta, que es de la que Yo hablo, no es la que crees, como tampoco la regalidad será la que tú piensas. Antes bien, por mérito del Mesías, el hombre será liberado de la esclavitud del Mal que lo separa de Dios, y la señal del Cristo, liberados los espíritus de todo yugo, hechos súbditos del Reino eterno, signará a éstos. Todas las naciones inclinarán su cabeza, ¡oh, estirpe de David!, ante el Vástago de ti nacido, árbol ahora que extiende sus ramas sobre toda la Tierra y se alza hacia el Cielo. 

Y en el Cielo y en la Tierra toda boca glorificará su Nombre y doblará su rodilla ante el Ungido de Dios, ante el Príncipe de la Paz, el Caudillo, ante Aquel que, tomando de sí mismo, embriagará a toda alma cansada y saciará toda alma hambrienta; el Santo que estipulará una alianza entre la Tierra y el Cielo no como la que fue estipulada con los Padres de Israel cuando los sacó de Egipto (siguiendo considerándolos de todas formas siervos), sino imprimiendo la paternidad celeste en el espíritu de los hombres con la Gracia de nuevo infundida por los méritos del Redentor por el cual todos los hombres buenos conocerán al Señor y el Santuario de Dios no volverá a ser derruido y hollado".

Siammai: "-¡Pero, niño, no blasfemes! Acuérdate de Daniel, que dice que, cuando hayan matado al Cristo, el Templo y la Ciudad serán destruidos por un pueblo y por un caudillo venidero. ¡Y tú sostienes que el Santuario de Dios no volverá a ser derribado! ¡Respeta a los Profetas!" 

Jesús: "-En verdad te digo que hay Uno que está por encima de los Profetas, y tú no lo conoces, ni lo conocerás, porque te falta el deseo de ello. Y has de saber que todo cuanto he dicho es verdad. No conocerá ya la muerte el Santuario verdadero. Al igual que su Santificador, resucitará para vida eterna y, al final de los días del mundo, vivirá en el Cielo". 

Hil.lel: "-Préstame atención, niño. Ageo dice: '... Vendrá el Deseado de las gentes... Grande será entonces la gloria de esta casa, y de esta última más que de la primera'. ¿Crees que se refiere al Santuario de que Tú hablas?" 

Jesús: "-Sí, maestro. Esto es lo que quiere decir. Tu rectitud te conduce hacia la Luz, y Yo te digo que, una vez consumado el Sacrificio del Cristo, recibirás paz porque eres un israelita sin malicia". 

Gamaliel: "-Dime, Jesús: ¿Cómo puede esperarse la paz de que hablan los Profetas, si tenemos en cuenta que este pueblo ha de sufrir la devastación de la guerra? Habla y dame luz también a mí". 

Jesús: "-¿No recuerdas, maestro, que quienes estuvieron presentes la noche del nacimiento del Cristo dijeron que las formaciones angélicas cantaron: 'Paz a los hombres de buena voluntad'? Ahora bien, este pueblo no tiene buena voluntad, y no gozará de paz; no reconocerá a su Rey, al Justo, al Salvador, porque lo espera como rey con poder humano, mientras que es Rey del espíritu; y no lo amará, puesto que el Cristo predicará lo que no le gusta a este pueblo. Los enemigos, los que llevan carros y caballos, no serán subyugados por el Cristo; sí los del alma, los que doblegan, para infernal dominio, el corazón del hombre, creado por el Señor. Y no es ésta la victoria que de El espera Israel. Tu Rey vendrá, Jerusalén, sobre 'la asna y el pollino', o sea, los justos de Israel y los gentiles; mas Yo os digo que el pollino le será más fiel a Él y, precediendo a la asna, le crecerá en el camino de la Verdad y de la Vida. Israel, por su voluntad, perderá la paz, y sufrirá en sí, durante siglos, aquello mismo que hará sufrir a su Rey al convertirlo en el Rey de dolor de que habla Isaías".  

Siammai: "-Tu boca tiene al mismo tiempo sabor de leche y de blasfemia, nazareno. Responde: ¿Dónde está el Precursor? ¿Cuándo lo tuvimos?" 

Jesús: "-Él ya es una realidad. ¿No dice Malaquías: 'Yo envío a mi ángel para que prepare delante de mí el camino; enseguida vendrá a su Templo el Dominador que buscáis y el Ángel del Testamento, anhelado por vosotros'? Luego entonces el Precursor precede inmediatamente al Cristo. Él es ya una realidad, como también lo es el Cristo. Si transcurrieran años entre quien prepara los caminos al Señor y el Cristo, todos los caminos volverían a llenarse de obstáculos y a hacerse retortijados. Esto lo sabe Dios y ha previsto que el Precursor preceda en una hora sólo al Maestro. Cuando veáis al Precursor, podréis decir: '"Comienza la misión del Cristo'. Y a ti te digo que el Cristo abrirá muchos ojos y muchos oídos cuando venga a estos caminos; mas no vendrá a los tuyos, ni a los de los que son como tú. Vosotros le daréis muerte por la Vida que os trae. Pero cuando - más alto que este Templo, más alto que el Tabernáculo que está dentro del Santo de los Santos, más alto que la Gloria que está sostenida por los Querubines - el Redentor ocupe su trono y su altar, de sus numerosísimas heridas fluirán: maldición para los deicidas; vida para los gentiles. Porque Él, ¡oh, maestro insipiente!, no es, lo repito, Rey de un reino humano, sino de un Reino espiritual, y sus súbditos serán únicamente aquellos que por su amor sepan renovarse en el espíritu y, como Jonás, nacer una segunda vez, en tierras nuevas, 'las de Dios', a través de la generación espiritual que tendrá lugar por Cristo, el cual dará a la Humanidad la Vida verdadera." 

Siammai y sus seguidores: "-¡Este nazareno es Satanás!" 

Hil.lel y los suyos: "-No. Este niño es un Profeta de Dios. Quédate conmigo, Niño; así mi ancianidad transfundirá lo que sabe en tu saber, y Tú serás Maestro del pueblo de Dios. 

Jesús: "-En verdad te digo que si muchos fueran como tú, Israel sanaría; mas la hora mía no ha llegado. A mí me hablan las voces del Cielo, y debo recogerlas en la soledad hasta que llegue mi hora. Entonces hablaré, con los labios y con la sangre, a Jerusalén; y correré la misma suerte que corrieron los Profetas, a quienes Jerusalén misma lapidó y les quitó la vida. Pero sobre mi ser está el del Señor Dios, al cual Yo me someto como siervo fiel para hacer de mí escabel de su gloria, en espera de que Él haga del mundo escabel para los píes del Cristo. Esperadme en mi hora. Estas piedras oirán de nuevo mi voz y trepidarán cuando diga mis palabras últimas. 

Bienaventurados los que hayan oído a Dios en esa voz y crean en Él a través de ella: el Cristo les dará ese Reino que vuestro egoísmo sueña humano y que, sin embargo, es celeste, y por el cual Yo digo: 'Aquí tienes a tu siervo, Señor, que ha venido a hacer tu voluntad. Consúmala, porque ardo en deseos de cumplirla'". 

Y con la imagen de Jesús con su rostro inflamado de ardor espiritual elevado al cielo, con los brazos abiertos, erguido entre los atónitos doctores. 

 Dice Jesús: "-Volvemos muy atrás en el tiempo, muy atrás. Volvemos al Templo, donde Yo, con doce años, estoy disputando; es más, volvemos a las vías que van a Jerusalén, y de Jerusalén al Templo." 

Observa la angustia de María al ver - una vez congregados de nuevo juntos hombres y mujeres - que Yo no estoy con José. 

No levanta la voz regañando duramente a su esposo. Todas las mujeres lo habrían hecho; lo hacéis, por motivos mucho menores olvidándoos de que el hombre es siempre cabeza del hogar. No obstante, el dolor que emana del rostro de María traspasa a José más de lo que pudiera hacerlo cualquier tipo de reprensión. No se da tampoco María a escenas dramáticas. Por motivos mucho menores, vosotras lo hacéis deseando ser notadas y compadecidas. No obstante, su dolor contenido es tan manifiesto (se pone a temblar, palidece su rostro, sus ojos se dilatan) que conmueve más que cualquier escena de llanto y gritos. 

Ya no siente ni fatiga ni hambre. ¡Y el camino había sido largo, y sin reparar fuerzas desde hacía horas! Deja todo; deja al camastro que se estaba preparando, deja la comida que iban a distribuir. Deja todo y regresa. Está avanzada la tarde, anochece; no importa; todos sus pasos la llevan de nuevo hacia Jerusalén; hace detenerse a las caravanas, a los peregrinos; pregunta. José la sigue, la ayuda. Un día de camino en dirección contraria, luego la angustiosa búsqueda por la Ciudad. 

¿Dónde, dónde puede estar su Jesús? Y Dios permite que Ella, durante muchas horas, no sepa dónde buscarme. Buscar a un niño en el Templo no era cosa juiciosa: ¿qué iba a tener que hacer un niño en el Templo? En el peor de los casos, si se hubiera perdido por la ciudad y, llevado de sus cortos pasos, hubiera vuelto al Templo, su llorosa voz habría llamado a su mamá, atrayendo la atención de los adultos y de los sacerdotes, y se habrían puesto los medios para buscar a los padres fijando avisos en las puertas. Pero no había ningún aviso. 

Nadie sabía nada de este Niño en la ciudad. ¿Guapo? ¿Rubio? ¿Fuerte? ¡Hay muchos con esas características! Demasiado poco para poder decir: "¡Lo he visto! ¡Estaba allí o allá!". 

Y vemos a María, pasados tres días, símbolo de otros tres días de futura angustia, entrando exhausta en el Templo, recorriendo patios y vestíbulos. Nada. Corre, corre la pobre Mamá hacia donde oye una voz de niño. Hasta los balidos de los corderos le parecen el llanto de su Hijo buscándola. Mas Jesús no está llorando; está enseñando. Y he aquí que desde detrás de una barrera de personas llega a oídos de María la amada voz diciendo: "Estas piedras trepidarán...". Entonces trata de abrirse paso por entre la muchedumbre, y lo consigue después de una gran fatiga: ahí está su Hijo, con los brazos abiertos, erguido entre los doctores. 

María es la Virgen prudente. Pero esta vez la congoja sobrepuja su conocimiento. Es una presa que derriba todo lo que pilla a su paso. Corre hacia su Hijo, lo abraza, levantándolo y bajándolo del escabel, y exclama: "¡Oh! ¿Por qué nos has hecho esto! Hace tres días que te estamos buscando. Tu Madre está a punto de morir de dolor, Hijo. Tu padre está derrengado de cansancio. ¿Por qué, Jesús?". 

No se preguntan los "porqués" a Aquel que sabe, los "porqués" de su forma de actuar. A los que han sido llamados no se les pregunta "por qué" dejan todo para seguir la voz de Dios. Yo era Sabiduría y sabía; Yo había "sido llamado" a una misión y la estaba cumpliendo. Por encima del padre y de la madre de la tierra, está Dios, Padre divino; sus intereses son superiores a los nuestros; su amor es superior a cualquier otro. Y esto es lo que le digo a mi Madre.  

Termino de enseñar a los doctores enseñando a María, Reina de los doctores. Y Ella no se olvidó jamás de ello. 

Volvió a surgir el Sol en su corazón al tenerme de la mano, de esa mano humilde y obediente; pero mis palabras también quedaron en su corazón. Muchos soles y muchas nubes habrían de surcar todavía el cielo durante los veintiún años que debía Yo permanecer aún en la tierra. 

Mucha alegría y mucho llanto, durante veintiún años, se darán el relevo en su corazón. Mas nunca volverá a preguntar: "¿Por qué nos has hecho esto, Hijo mío?". 

 ¡Aprended, hombres arrogantes! 

9 de noviembre de 2025

Nuestra Señora responde a las preguntas angustiosas

 


Del sitio Un Minuto con María:

 Entre muchos de nuestros contemporáneos existe una fuerte tentación de considerar obsoleto el culto legítimo a María. Según algunos, la piedad mariana transmite una fe simplista, más bien emotiva, marcada por la superstición o por una sensibilidad dolorista e infantil, una fe desprovista de razón, que se refugia en el sentimentalismo religioso.

La devoción a la Madre de Dios no es una piedad anticuada. El Rosario, en particular, como escribe el papa Juan Pablo II, “en su sencillez y en su profundidad, (…) sigue siendo, ya en el comienzo del tercer milenio, una oración de gran significado, destinada a dar frutos de santidad”.

Al frecuentar a la Virgen María, descubrimos una visión del hombre y de la historia de la salvación que ofrece una valiosa respuesta a las angustiosas preguntas de nuestra cultura postmoderna.

Le Mystère du Rosaire
 “El misterio del Rosario”
Editions de l’Emmanuel
París, 2008
pág. 5

5 de octubre de 2025

Ante la perspectiva de Guerra Mundial, no olvidar a Nuestra Señora de Fátima y rezar

 

Del sitio Gaudium Press:

La posibilidad de guerra mundial, sinónimo de catástrofe nuclear, es real.

Para quien sigue el acontecer mundial hace varias décadas, nunca se había visto esa realidad tan cercana —si hemos de creer a nuestros mayores— desde la crisis de los misiles en Cuba, en octubre de 1962.

Putin lanzando misiles balísticos hipersónicos; el gobierno Biden ratificando que sus misiles de largo alcance pueden ser usados por Zelensky a discreción; el jefe de las Fuerzas Armadas británicas diciendo que sus soldados están listos para ser empleados en cualquier parte del globo; Suecia y Finlandia previniendo de forma práctica a sus nacionales de prepararse para una “posible guerra”; EE.UU. y países europeos cerrando sus embajadas en Kiev, aunque sea de forma temporal; Corea del Norte —la de ahora con tropas en el frente ucraniano— hablando de guerra por los ejercicios militares conjuntos al norte de Corea del Sur; etc., etc. Creo que no es necesario decir más.

Alguien podrá creer que simplemente los canes están gruñendo y se están mostrando los dientes, en lo que algo de razón puede haber. No obstante, el propio Putin parece encontrarse en una sin salida, también interna, si se atacan ciudades al interior de Rusia: si no responde fuertemente, incluso peligra su sostenibilidad, pues él solo sobreagua haciendo gala de sus condiciones de autócrata conquistador. No es sino recordar el episodio de los mercenarios jefes de Wagner para darse cuenta. Y en el antiguo imperio de los zares esas cosas no se saldan con una pacífica salida del poder, sino con sangre. Los canes están gruñendo, pero su adrenalina sí se ha activado.

Sin embargo, yerra de fondo quien considera todos estos panoramas desde una mera óptica natural, haciendo abstracción de que quien gobierna la Historia no es solo el hombre sino sobre todo Dios. Por eso, la pregunta fundamental es: ¿qué es lo que Dios quiere, y que es lo que Dios está dispuesto a permitir?

Entre tanto, si nos ponemos en esta perspectiva, no podemos dejar de recordar lo que dijo la Virgen en Fátima, cuando anunció el fin de la Primera Guerra Mundial: “La guerra va a acabar. Pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor”. Efectivamente, como lo profetizó la Virgen, comenzó otra mucho peor, que casi establece por doquier el poder del nazismo y del comunismo y que dejó decenas de millones de muertos. No obstante, la Virgen estableció la premisa que conduce a la conclusión: la guerra es consecuencia del alejamiento de los hombres de Dios. Si los hombres se alejan de Dios, viene la guerra. Y por tanto, quien ve la situación del mundo, no puede dejar de temer el estallido de la temida Tercera Guerra Mundial, que evidentemente sería mucho más mundial y muchos más terrible que las dos anteriores. Como dijo tal vez Einstein: La Cuarta Guerra sería de palos y piedras, tal sería la destrucción de la Tercera.

Lo que parece ahora observarse, y así lo han percibido algunos analistas, es que pareciera que las zonas que no están tan cercanas a esos puntos neurálgicos de conflicto, no quieren pensar en todas estas terribles posibilidades. Eso puede ser un simple mecanismo de defensa psicológico: son tantos los problemas que agobian la cabeza del hombre de nuestros días, que para qué cargarse con más. Sin embargo, esto puede ser simplemente la técnica del avestruz que mete la cabeza en un hueco, técnica que traerá un cierto alivio al espíritu pero que no aleja ni los depredadores ni los peligros.

Sin embargo, hay algo que todos podemos hacer, que debemos hacer, y que quien ve las cosas con perspectiva sobrenatural, debe tener conciencia que es lo más importante: unirse a Dios, buscar a Dios, rezar a Dios, mejor si es por intermedio de su Madre. Para que el mundo, acercándose a Dios, deje de ofender a Dios.

Nuestra esperanza y confianza debe estar sobre todo en Dios.

Si mañana se alcanza el super acuerdo, que conlleve a la paz total, la pregunta debe seguir siendo la misma, la planteada por la Virgen de Fátima: ¿hemos dejado de ofender a Dios? Porque si no, no hay acuerdo que valga, y se podría aplicar la frase de la Escritura: “cuando dijeren paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina” (1 Tes 5, 2-4)). Pero si sí, Dios se encargará de auxiliarnos, en medio de las más terribles perspectivas o situaciones, pues Él no deja ninguna oración sin ser de alguna manera atendida, y sobre todo Él no deja a los suyos sin auxilio.

Más que promover un acuerdo —cosa que evidentemente también hay que hacer con todos los recursos legítimos disponibles— lo que debemos hacer es rezar.

A la Madre de Dios. A Dios. Para alcanzar la paz. Pero sobre todo, para dejar de ofender a Dios.

Saúl Castiblanco
23 - noviembre - 2024

 

21 de septiembre de 2025

Consagrarse a Nuestra Señora es un paso al cielo

 

Del sitio Clarion Herald:

 Cada uno de nosotros está llamado a la santidad. Cada uno de nosotros tiene una vocación única o varias vocaciones. Un propósito particular según el designio de Dios.

Hace varios años me consagré a Jesús a través del Inmaculado Corazón de María. Al hacerlo, me consagré a la santidad, a discernir la voluntad de Dios sobre mí y a permitir que nuestra Santísima Madre se sirva de mí como Ella desee. Renuevo esta consagración cada año para recordar mis promesas bautismales y renovar mis esfuerzos para lograr mi objetivo.

Preciso que este tipo de consagración no es la vida consagrada de un hermano, un monje, una hermana o una monja, sino una consagración solemne a la santidad y al deseo de llevar a los demás a la santidad. Y al alinearme con la voluntad de Dios, recibo más plenamente sus gracias y protección.

En la fiesta de la Natividad de María, mi familia celebra conmigo la renovación de mi consagración anual a Jesús a través de María. Me siento no solo rodeada por el amor maternal y la protección de María, sino también llevada por las oraciones y la buena voluntad de mis seres queridos.

Cuando bautizamos a nuestros hijos, damos el primer paso para acercarlos a Cristo y al don de la vida eterna. Marcamos la pertenencia de nuestros hijos a Cristo. Como padres y padrinos responsables, continuamos este camino con ellos, educándolos en la fe a través de nuestras palabras y acciones.

¿Sabías que tú también puedes consagrar a tus hijos a Jesús? Me tomó algunos años después de mi propia consagración darme cuenta de que podía compartir este maravilloso regalo con mi hijo. Hoy considero que este es un paso esencial y necesario que todos los padres pueden dar.

No podemos proteger a nuestros hijos de todo el mal que existe en el mundo... por nosotros mismos. Necesitan absolutamente una armadura para las batallas espirituales que les esperan. Insistimos en que usen cinturones de seguridad y cascos de bicicleta. ¡También deberían estar consagrados a Jesús!

La Iglesia Católica afirma que los padres tienen autoridad sobre sus hijos, incluso sobre los hijos adultos. Puedes consagrar a tus hijos en cualquier momento. No es necesario organizar un evento complejo ni siquiera que tus hijos estén presentes.

Charla Misse
 4 septiembre 2024

15 de septiembre de 2025

Nuestra Señora de los Dolores no rehuyó a los sufrimientos por amor de Dios y de los hombres

 

Hoy es la festividad de Nuestra Señora de los Dolores 

Del sitio Gaudium Press:

Virgen de los Dolores, Ella también fue la Reina del Dolor. Después de conmemorar la Cruz de dolor, en la que el Redentor ofreció su vida por nosotros, hoy la Iglesia nos llama a contemplar a la Virgen fiel y firme, que no abandonó a su Hijo en el dolor, y que así se tornó corredentora del género humano.

Nadie más unido a Dios que la Virgen Santísima. Así lo fue Ella desde el primer instante de su ser. Pero si Dios Hombre quiso asociarla a su gloria, también deseó unirla a su dolor. Y desde el momento en que Ella aceptó ser Madre del Mesías, previó la gloria del Redentor, pero también su infinito dolor, y aceptó cargar una parte de ese dolor. Maravilla, porque en este valle de lágrimas la grandeza está en proporción con el sufrimiento, y por eso Ella es gigantesca.

El profeta Simeón le profetizó ya pronto que una espada de dolor atravesaría su corazón. La piedad católica habla de los siete dolores de la Virgen. Pero de hecho sus dolores fueron muchos.

Como decía el prof. Plinio Corrêa de Oliveira, Dios mucho amó a la Virgen y por eso le dio una inmensidad de cruces, que ella cargó eximiamente, haciéndose así corredentora del género humano.

Este ejemplo de la Virgen nos debe inspirar el ánimo: cuando llegue un sufrimiento a nuestras vidas, debemos verlo como una muestra del amor de Dios. Y es el sufrimiento cargado con resignación cristiana, con confianza en Dios, el que da estabilidad, da “una nota de racionalidad, una elevación que solo tiene aquel que sufrió”, decía el Dr. Plinio.

“Debemos comprender eso, y cuando comienzan a aparecer los contratiempos, las dificultades en nuestro apostolado, los malentendidos con los amigos, malentendidos con nuestros jefes, salud que va mal, negocios que caminan mal, problemas dentro de casa, nosotros no deberíamos tomar eso como un monstruo de 7 cabezas, como el espíritu hollywoodiano gustaría que se tomase, es decir, como algo que no debería ocurrir. No señor”, afirmaba el Dr. Plinio.

Lo normal es sufrir, y es normal que el ser humano pase por pruebas de todo orden en su vida. Es claro que se puede y a veces se debe pedir a Dios que pasen, pero si no pasan, hay que aceptar la voluntad de Dios y seguir pidiendo, que ese camino va creando la figura de alto valor moral, el gran hombre que estamos llamados a ser, y nos va uniendo a Dios.

Hay un sufrimiento específico de quien quiere seguir los caminos de Dios, pues estos tendrán el odio particular de un fuerte enemigo, el demonio. El hombre o la mujer que quiere ser fiel a Dios se torna incómodo al demonio y a sus secuaces, y ellos procurarán ponerle todo tipo de pruebas. Esto hay que aceptarlo, con valentía, pidiendo fortaleza a Dios. Pidiendo y agradeciendo el sufrimiento de tornarse incómodo al mal.

Todas esas consideraciones, suscitadas el día de la Virgen de los Dolores, también nos deben mover a entregarnos a Ella, que ve desde el Cielo con amor a todos aquellos, sus hijos, que quieren unirse a Ella también en ese aspecto sublime de su ser que es su aceptación digna del sufrimiento.

Repetía mucho el Dr. Plinio que la verdadera gloria solo nace del dolor. Ella, la Reina del Dolor y de la Gloria, nos ayudará en el dolor y nos llevará a la gloria.


31 de agosto de 2025

Nunca estamos solos Dios y María nos protegen

 

Del sitio Aleteia:

Meditando sobre la Anunciación a la Virgen María, el papa Francisco señaló que las palabras del ángel "alegraos" y "no tengas miedo" son también un mensaje para nosotros.

Durante la audiencia general del 22 de enero de 2025, el Papa Francisco advirtió a quienes, por miedo, van "a la bruja" para que les "lea la mano", instándoles en cambio a caminar "sin miedo" con Jesús. También presentó a la Virgen María como modelo de confianza, recordando el momento en que aceptó "la misión más grande" jamás confiada a un ser humano.

El Pontífice retomó su ciclo de meditaciones para el Jubileo 2025 dedicado a "Jesucristo, nuestra esperanza". Esta vez comentó las palabras de la Anunciación, pronunciadas por el ángel Gabriel para advertir a María de su futura maternidad.

Las primeras palabras del ángel, "Alegraos", son una "invitación a la alegría" y ya habían sido pronunciadas por los profetas del Antiguo Testamento para anunciar la venida del Mesías, dijo el Papa Francisco. Señaló que a continuación el ángel describe a la Virgen como "llena de gracia", signo de que Dios "ya había habitado" en el corazón de María, convirtiéndola en su "obra maestra".

Entonces el ángel Gabriel tranquilizó a la joven diciéndole: "No tengas miedo". Dios "nos lo dice también a nosotros", comentó el Pontífice al dejar su texto. Se dirigió en particular a quienes "van a la bruja" por miedo al futuro para que "es lea la mano". "Por favor", protestó, condenando implícitamente esta práctica, antes de repetir tres veces: "No tengáis miedo". "Nunca estamos solos", prosigue, subrayando la protección de la Virgen María y la presencia constante de Dios como “compañero de viaje”.

En una audiencia general celebrada el pasado mes de septiembre, el Pontífice declaró que el diablo se esconde detrás de la superstición. "Nuestro mundo tecnológico y secularizado está lleno de magos, ocultistas, espiritistas, astrólogos, vendedores de hechizos y amuletos y, por desgracia, de verdaderas sectas satánicas", lamentó.

"El cristiano no cree en supersticiones, como la magia, las cartas, los horóscopos u otras cosas de este tipo", advirtió el 266º Papa durante un Ángelus en julio de 2023. Lamentó que a muchos cristianos se les lean las palmas de las manos.

Continuando con su magisterio, el Papa subrayó hasta qué punto la Virgen se sentiría sobrecogida por el anuncio de esta "maternidad única" y buscaría comprenderla "en lo más profundo de su ser". "Y es allí, en su corazón abierto y sensible, donde escucha la invitación a confiar plenamente en Dios", declaró.

Iluminada "por la confianza" en Dios, la Virgen "emprende así la misión más grande jamás confiada a una mujer, a una criatura humana", concluyó el Papa Francisco, poniendo a María como modelo de escucha y acogida de la Palabra de Dios.

10 de agosto de 2025

Entre la vida en la tierra y la vida en el cielo está Nuestra Señora

 

Del sitio Un Minuto con María:

Por su Asunción, María llega a la verdadera vida: aquella donde cuerpo y alma se unen para entrar en la plenitud de la gloria. Entran en el espacio infinito del amor de Dios, en ese Reino eterno que es nuestro hogar.

En esta morada, María no permanece alejada, ni distante de los hombres, porque hay perfecta continuidad entre la vida en la tierra y la vida en el cielo: "Todo lo que habéis hecho en la tierra, lo haréis en el cielo".

En nuestra vocación, que es la voluntad de Dios para nosotros, solo continuaremos y perpetuaremos en el cielo lo que hicimos en la tierra. Seremos aún más plenamente lo que fuimos en la tierra.

Extracto de Adorer avec Marie 
Ediciones Le Sarment
pág. 85

28 de junio de 2025

El Inmaculado Corazón de Nuestra Señora

 


Del sitio Catholic 365:

Imagínate caminando junto a nuestra amada Madre María. Viendo a esta jovencita convertirse en madre, a tan tierna edad... Imagínatela hablando, riendo y rezando contigo. Todo el tiempo, sabiendo en Su Corazón, que un día, el bebé que Ella lleva tendría que morir una muerte cruel para la salvación del mundo. 

Sin deprimirse ni preocuparse visiblemente. Guardando cada emoción dentro de su dulce y Santo Corazón. 

Mírala mientras cuida de José y del recién nacido. Con ternura, Ella ayuda a enseñar a Jesús cómo es y cómo se siente el verdadero amor de una madre. Mirándolo a ÉL mientras juega, y todo el tiempo sabiendo que estos son momentos atesorados hasta que Ella misma, tendrá que presenciar Sus crueles sufrimientos. La amo... Desearía ser más como Ella. En su confianza. En su entrega. En su inocencia.

Su corazón es tan grande como el universo. Ella también es nuestra Madre. Nos ama tanto como ama a Jesús, su Hijo. Su Corazón está tan lleno de gracia, que al pedirle que sea Madre nuestra, Ella acude a nuestro rescate, voluntaria y amorosamente.

Puro y Santo es el Corazón de María. Confiado y entregado, dulce y feroz. Destinada desde el principio de los tiempos a ser la nueva Eva. La nueva Madre...     

Confiemos en la maternidad de María, Santa Madre de Dios. Seamos como niños pequeños que son sostenidos en sus santos brazos y apretados contra su mejilla. Que el dulce Corazón de María nos conceda la gracia de ser conducidos directamente a Su Santo Hijo, Jesús.

Dulce Corazón de María, ¡Sé nuestra salvación!


14 de junio de 2025

Sobre el Inmaculado Corazón de Nuestra Señora

 


Del sitio Misioneros Digitales Católicos:

  1. Costumbre: Siempre hay costumbres en la familia y también en lo religioso-familiar. Cuida ese legado, lo que te pusieron en el corazón tus padres, tíos y abuelos. Esa medallita de la familia, esa imagen del santo de la familia o la tradición que dejó esa abuela que tanto marcó o ese abuelo que tanto instruyó. En mi caso, tenemos una imagen de san Antonio, antiquísimo, que mis bisabuelos trajeron de Sicilia y hasta el día de hoy le seguimos rezando; como también tenemos la tradición de celebrar el santo de cada uno de la familia… Son cositas que ayudan a la fe y a la tradición familiar, ¿vos estás cuidando esa tradición de tu familia?

  2. Encontrar: Nunca creas que a Jesús lo tenés y ya, listo. Porque es un constante estar y sí podés tomar distancia de Él porque es una relación y, si te descuidas, puede que luego no lo encuentres. Aprende a buscarlo siempre y a estarte cerca de esa relación alimentando esa relación con Jesús.

  3. Su corazón: En el Corazón Inmaculado de María logramos ver esa actitud de respeto y amor ante su hijo. Porque en el amor verdadero uno a quien ama lo respeta y quien respeta comprende. Hasta incluso en ese amor que vemos en María, sabe que su actuar es muchas veces ser una espectadora de la vida de su hijo. Es comprender que en la implicancia del amor la ayuda y la muestra de amor se da en el ESTAR. Algo bueno está por venir.

18 de mayo de 2025

Ama a Jesús como amó a Nuestra Señora. Ama a Nuestra Señora como la amó Jesús

 

Del sitio María de Nazareth:

Mi dulce Madre, te doy mi inteligencia para que estudie tu grandeza; mi memoria para que no olvide tus beneficios; mis pensamientos para que todos sean tuyos; mi corazón para que te ame siempre. (…)

Sola en mi pequeña habitación, sola con Dios, mientras deposito mi alma en el Señor. Dulce a mi alma es la poesía de la soledad, el gran silencio en el amor supremo, en el dolor, en el sacrificio y en los besos divinos de Jesús, primicias de los encuentros eternos.

¿De dónde viene esta sed cada vez más ardiente de luz y de verdad, esta necesidad de acercarse cada vez más a la belleza de Dios? Ninguna calma, ningún descanso, ninguna alegría que no sea solo Dios puede ya más vivir en mí. Todo es nada para mí, todo es vano para mí sin Dios. Todo me cansa. Solo tú, oh Dios, puedes satisfacer mi alma.

6 de enero de 193
Enciclopedia Mariana


17 de abril de 2025

El martirio de Nuestra Señora

Del sitio Un Minuto con María:

El martirio de la Virgen se nos transmite tanto en la profecía de Simeón como en el relato de la Pasión del Señor. “Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción ―¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!—“ (Lucas 2, 34-35). 

Santísima Madre, es muy cierto que una espada ha atravesado tu alma. Además, solo atravesándola pudo penetrar en la carne de tu Hijo. Después de que tu Jesús entregara el espíritu, la cruel lanza que le abrió el costado evidentemente no pudo alcanzar su alma; pero la tuya, sí la traspasó. En efecto, su alma ya no estaba allí, pero la tuya no podía arrancarse de la suya.

No se sorprendan, hermanos, si se dice que María es mártir en su alma. Cualquiera que se asombra olvida —a pesar de haberlo oído— que Pablo cuenta la falta de afecto entre los mayores crímenes de los paganos. Estaba lejos de ser así para el corazón de María. Que esté también lejos de serlo para sus pequeños servidores.

 Sermón del Domingo de Asunción 
14-15

13 de abril de 2025

Caminemos con Nuestra Señora de los Dolores

Del sitio Gaudium Press:

En esta semana previa a la Pascua, se pone aún más de relieve el profundo dolor y sufrimiento que nuestro Señor Jesucristo soportó por amor a cada uno de nosotros. Esta es la Semana de los Dolores, un viaje espiritual que recorre los últimos días de la vida terrenal de Jesús, desde su entrada triunfal en Jerusalén hasta su crucifixión y muerte.

Es importante recordar que Jesús no fue sólo un hombre de grandes enseñanzas y milagros, sino también un hombre de dolores, que experimentó el sufrimiento humano de la manera más profunda. Como nos recuerda el profeta Isaías: "Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto" (Isaías 53:3).

Esta semana, acompañamos a Jesús en su camino hacia el Calvario. Recordamos su agonía en el huerto de Getsemaní, cuando sudó gotas de sangre y clamó al Padre diciendo: "Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lucas 22,42). Jesús se enfrentó al miedo y a la angustia, pero permaneció sumiso a la voluntad del Padre.

A lo largo de estos días oscuros, vemos a Jesús traicionado por uno de sus propios discípulos, negado por otro y juzgado injustamente por las autoridades religiosas y civiles de la época. Soportó insultos, humillaciones y torturas por amor a nosotros.

Luego llegamos al pináculo del dolor, la crucifixión. En la cruz, Jesús pronunció palabras de perdón: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34). Mostró su infinita misericordia incluso en medio del sufrimiento extremo. Y cuando entregó su espíritu en las manos del Padre, proclamó: "Consumado es" (Juan 19,30), cumpliendo así la misión redentora que se le había confiado.

En esta Semana de Dolores, se nos invita a unir nuestros dolores y sufrimientos a los de Jesús. Él conoce nuestra angustia, nuestra debilidad y nuestro dolor. Como nos recuerda el Salmo 34,18: "El Señor está cerca de los quebrantados de corazón y salva a los oprimidos de espíritu".

Que en esta semana santa -llamada Semana de la Pasión- renovemos nuestra fe en Cristo, reconociendo que es a través de su pasión y muerte como alcanzamos la redención y la salvación. Que sigamos el ejemplo de Jesús, afrontando nuestras propias cruces con valentía, confianza y amor, sabiendo que Él está siempre a nuestro lado, compartiendo nuestro dolor y conduciéndonos a la vida eterna.

Que Dios nos bendiga a todos en la próxima Semana Santa, concediéndonos la gracia de comprender y experimentar más profundamente el misterio de su infinita misericordia y amor.

Por Mons. Anuar Battisti,


Traducción realizada con la versión gratuita del traductor DeepL.comTraducción realizada con la versión gratuita del traductor DeepL.com

9 de marzo de 2025

Para vivir el Espíritu ¡Vivir en María!

 

Del sitio Un Minuto con María:

¡Para vivir en el Espíritu, vivir en María! La perspectiva puede resultar sorprendente, pero no es nueva. Grandes testigos del Espíritu como Marta Robin, Maximiliano Kolbe, el P. Marie-Eugène y, desde luego, Luis María Grignion de Montfort han contribuido a comprender mejor el lugar de la Virgen María en la salvación de la humanidad.

El “secreto” de María es que Ella misma es el secreto de Dios. Dios nos da a María para que engendre al Verbo en Ella y para que engendre al Verbo en nosotros, para que engendre la vida en el Espíritu.

La alegría de Dios fue “entregar” a su Hijo en manos de la Virgen María para que Ella fuera su Madre. A cambio, si quiero llegar a ser hijo en el Hijo, estoy invitado por Cristo a entregarme a María “la Madre” (Juan 19, 26). (…) Cuanto más en mi oración rezo a María, la contemplo, la amo, más se adora a Dios, aunque durante la oración mi corazón permanezca completamente ocupado en María.

El avemaría, oración mariana por excelencia, es una oración cristológica: “Y bendito el fruto de tu vientre, Jesús”. ¿Cómo podríamos separar a la Madre del Hijo? Cuanto más me entrego a María, más Ella me entrega a Dios. Cuanto más me entrego a María, más dejo que el Espíritu Santo habite en mí.

Renaître d’en haut, Une vie renouvelée par l’Esprit Saint 
(“Renacer de lo alto: una vida renovada por el Espíritu Santo”)
Ediciones del Emmanuel
 2008
 cap. 15, págs. 311-313

12 de enero de 2025

¿Puede Nuestra Señora ayudarte a amar más a Jesús en la Eucaristía?


Del sitio Relevant Radio:

Patrick Conley charla con el padre Tim Wyciskalla. Comienza la conversación con un dato histórico sobre la Edad Media, en la que los gremios (precursores de los sindicatos modernos) veneraban a un santo patrón relacionado con su oficio. Sorprendentemente, no era San José el santo al que acudían los carpinteros, a pesar de su conocida experiencia en la carpintería, sino Santa Ana, la madre de María. ¿Por qué? Porque Santa Ana representaba el pináculo de la artesanía en la creación del mejor "tabernáculo": María misma.

Esto enlaza con la idea de que María es el tabernáculo original. Ella llevó a Jesús en su interior durante nueve meses y lo presentó al mundo. El P. Tim señala que cada celebración eucarística se hace eco de la presencia de María, junto a Jesús desde su encarnación hasta la cruz. Su papel es fundamental, no como una distracción, sino como un profundo realce de nuestra devoción eucarística.

Mientras la Iglesia anticipa un renacimiento eucarístico, el Padre sostiene que la devoción mariana está intrínsecamente ligada a nuestra fe eucarística, reforzando e intensificando nuestra atención a la presencia de Cristo. La historia del gremio de carpinteros, contada por el P. Tim, nos recuerda hasta qué punto María influye en nuestras prácticas sacramentales, guiando y enriqueciendo nuestro camino hacia Cristo.

Así que recordemos invitar a María a nuestros corazones y oraciones, especialmente durante los momentos de adoración eucarística, permitiéndole alimentar nuestra devoción a su Hijo, asegurando que nuestros encuentros espirituales no sólo se profundicen, sino que se transformen verdaderamente.