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19 de julio de 2026

¿Por qué se presentó la Virgen María como Nuestra Señora del Carmen en una de las apariciones de Fátima?

 


Del sitio Gaudium Press:

En su última aparición en Fátima, durante el llamado milagro del Sol, la Santísima Virgen mostró a la multitud allí reunida una secuencia de imágenes que representaban los Misterios del Rosario. En cada nueva escena que se desarrollaba en el cielo, Ella se mostraba bajo alguno de los títulos con los que los fieles suelen invocarla. Y así fue como, en la visión de los Misterios Gloriosos, se presentó como Nuestra Señora del Carmen, cuya fiesta celebra la Iglesia el 16 de julio.

Como todo lo que realiza la Santísima Virgen tiene su razón de ser, sin duda habrá un nexo entre esta manifestación de Nuestra Señora del Carmen, los Misterios Gloriosos y el mensaje de Fátima que Ella, en aquella ocasión, revelaba. Me parece, por tanto, de gran interés que procuremos profundizar en esta relación, considerando también la especial belleza que encierra.

El término "Carmo" corresponde al Monte Carmelo, en Oriente. Allí, según una tradición muy respetable —y hay todos los motivos para admitirla como verdadera—, el profeta Elías reunió a un grupo de discípulos y con ellos constituyó la Orden del Carmelo, en alabanza a la Virgen Madre que debía venir, y en su espera.

Así, la primera corriente de devoción a Nuestra Señora, siglos antes de que Ella naciera, fue formada por los hijos del profeta Elías que la esperaban. Y San Elías representa el extremo de esa devoción, porque, como es doctrina común en la Iglesia, él deberá luchar al final del mundo contra el Anticristo, el último enemigo de Nuestro Señor y de su Santísima Madre. Elías constituye, por lo tanto, una especie de puente entre el inicio y el fin de la devoción a Nuestra Señora en la historia de la humanidad.

Cabe suponer que, en sus primeros tiempos, esta devoción se desarrolló y perseveró en medio de todo tipo de dificultades y objeciones. Pues surgió en una época en la que el pueblo elegido se cerraba cada vez más a su propia misión, a su propio espíritu, y, por eso, habría de sentir repulsión por esa corriente carmelita que anunciaba a la Virgen Madre, así como más tarde los herejes de todos los tiempos odiaron la devoción a Nuestra Señora.

Probablemente, los ermitaños del Monte Carmelo, representantes de los primeros frutos del amor a la Santa Madre de Dios, fueron perseguidos, mal vistos, calumniados y silenciados. A pesar de ello, y en la humildad de su situación, preveían el advenimiento de Nuestra Señora.

Y tenían razón, pues Ella vino. Y no solo vino, sino que recibió la mayor glorificación que se le podía rendir a una mera criatura: se convirtió en la Esposa del Divino Espíritu Santo, encarnándose en Ella el Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.

Al término de su sublime existencia terrenal, María tuvo una muerte extremadamente suave: una separación efectiva y completa del alma y el cuerpo, pero de una manera tan delicada que la Iglesia, en su lenguaje incomparable, da al fallecimiento de Nuestra Señora el nombre de "dormición". Poco después, por designio y obra de Nuestro Señor Jesucristo, la Santísima Virgen resucitó y fue llevada a los Cielos en cuerpo y alma. Así recibió Nuestra Señora otra glorificación: una resurrección a la manera de la de Jesús, y una Asunción también comparable a la Ascensión de Él. Por cierto, en el lenguaje de antaño, Nuestra Señora de la Asunción es igualmente llamada Nuestra Señora de la Gloria, para significar el incomparable resplandor con el que se revistió su entrada en el Paraíso Celestial.

Este desenlace de la vida terrenal de Nuestra Señora puede considerarse como el final de la historia del Carmelo del Antiguo Testamento (aunque, estrictamente hablando, ya se encontrara en el Nuevo Testamento). Aquellos carmelitas tuvieron la alegría y el insigne honor de venerar a la Santísima Virgen en carne y hueso, y no a través de imágenes. Nada impide suponer que Nuestra Señora subió al Monte Carmelo y allí se colocó al frente de sus hijos y devotos, en momentos de inefable convivencia. Las hipótesis piadosas, enteramente razonables, que a este respecto se pueden formular, son innumerables.

Con la Asunción de Nuestra Señora y su glorificación en el Cielo, esa etapa de la existencia de la Orden Carmelita concluyó de manera magnífica, esplendorosa. Queda establecida una relación entre el Carmelo y la gloria: la devoción perseguida, fiel, profética, lucha hasta el momento en que es confirmada por Dios, y pasa a resplandecer en lo más alto del Cielo, en la persona de la Virgen Madre. 

Después, la historia del Carmelo vuelve a comenzar. La orden, existente solo en Oriente Próximo, se desarrolló en cierta medida, pero da la impresión de que los cristianos de esa región, en los primeros siglos, no le dieron gran importancia, privándose de los beneficios que les podría haber aportado. Esta actitud hacia el Carmelo fue una de las muchas infidelidades de la cristiandad oriental, que terminó castigada por las invasiones sarracenas, las cuales, entre otras calamidades, provocaron la huida de los carmelitas hacia Occidente.

Europa, toda católica y llena de fe, emprendía las Cruzadas para la liberación de los Lugares Santos. Por ese continente comenzaron a vagar los frailes del Carmelo, como miembros de una orden casi desconocida, poco admirada y al borde de la desaparición. La familia religiosa de Elías parecía un tronco seco y viejo, destinado a desintegrarse en polvo.

Era el momento que Nuestra Señora había esperado para hacer florecer, en lo alto de la rama seca, una flor: San Simón Stock. Este inglés de reconocida virtud había sido elegido para el cargo de General de la orden. Sin embargo, no ejercía una autoridad efectiva sobre sus súbditos, pues el Carmelo aún no poseía una estructura jurídica cohesionada y uniforme, capaz de conservar un espíritu, promoverlo y transmitirlo a la posteridad. [Situación que se prolongaba después de que el papa Inocencio IV aprobara la regla de los Hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo, en 1245.]

La virtud compensaba, sin embargo, la falta de autoridad. Rezando a Nuestra Señora con gran fervor, San Simón le imploró que no permitiera la desaparición de la Orden del Carmelo. En medio de esa situación angustiosa, la Santísima Virgen se le apareció a su buen siervo [en 1251] y le entregó el escapulario, para que lo usara sobre la ropa.

En aquella época, los siervos usaban una túnica como atuendo civil. Sobre ella se ponían una túnica menor, que indicaba, por el color y por características peculiares, la identidad de su señor. El escapulario del Carmelo era similar a esa pequeña túnica. Nuestra Señora, por lo tanto, entregaba a San Simón Stock una librea propia de sus siervos, para que la usaran todos los carmelitas, y prometía: "Aquellos que mueran revestidos de él, no sufrirán el fuego del infierno". Quien use piadosamente el escapulario del Carmelo, recibirá la gracia de la perseverancia final.

A partir de esta misericordiosa intervención de la Madre de Dios, la Orden Carmelita resurgió y conoció otros períodos de gloria, acentuando en toda la Iglesia Católica la devoción a la Santísima Virgen. En la sucesión de esplendores iniciada entonces, nacieron tres soles, por no citar más que a ellos, que brillarán por siempre en el firmamento de la Iglesia: Santa Teresa la Grande, San Juan de la Cruz y Santa Teresita del Niño Jesús.

Recordemos, pues, la grandiosidad de la historia del Carmelo: una alternancia de glorias y desgracias que condujeron a un debilitamiento que hacía presagiar su desaparición. Pero se produce una intervención de Nuestra Señora, que salva y da incomparablemente más de lo que se tenía antes. La prosperidad en Occidente será mucho mayor que la verificada en Asia.

Junto con su bondad insondable, Nuestra Señora, al intervenir, mostraba también la confianza que se debe tener en Ella, así como su papel central en las obras que ama de manera especial. Aunque estas lleguen al punto en que todo parezca perdido, deben esperar el momento que Ella se reserva para actuar. Como decía cierto pensador católico, las grandes intervenciones de la Providencia van precedidas de situaciones dramáticas, a fin de dejar clara la inutilidad de cualquier socorro humano. Una vez comprobado el fracaso de los hombres, y en la misma hora de la desolación y del caos, Dios interviene, y Nuestra Señora se hace presente.

Lección de confianza aún más necesaria en vista de lo que ocurrió después: mientras la orden fundada por San Elías conocía nuevos esplendores y nuevas glorias, la cristiandad que la había acogido se veía presa de un inexorable proceso de ruina, que se aceleraba a lo largo de los siglos. Hasta que, en 1917, en una colina de Fátima, Nuestra Señora censuró la decadencia, recriminó al mundo por el torrente de pecados en el que estaba inmerso y anunció los castigos que caerían sobre la humanidad, en caso de que esta no se arrepintiera y enmendara sus faltas. Luego, expresándose con las famosas palabras que guardamos en nuestras almas, hizo la promesa de su reinado: "¡Al fin, mi Inmaculado Corazón triunfará!"

Y aquí volvemos a la consideración de ese vínculo al que nos referíamos al inicio de este artículo: en el punto culminante de las apariciones en las que Nuestra Señora proclama la realización de su realeza, bajo la forma del triunfo de su Corazón Inmaculado, Ella aparece revestida del atuendo de su devoción más antigua: la del Carmelo. Y, de este modo, realiza una síntesis entre lo históricamente más remoto, lo más reciente —el culto al Inmaculado Corazón de María— y el futuro glorioso, que es la victoria y el reinado de ese mismo Corazón.

Revista Arautos del Evangelio
julio de 2018
n.º 199 

31 de enero de 2026

Meditando el Rosario: Quinto Misterio Gozoso: Jesús perdido y hallado en el Templo

 

Del sitio María Luz Divina:

Veo a Jesús. Es ya un adolescente. Lleva una túnica blanca que le llega hasta los pies; me parece que es de lino. Encima, se coloca, formando elegantes pliegues, una prenda rectangular de un color rojo pálido. Lleva la cabeza descubierta. Los cabellos, de una coloración más intensa que cuando lo vi de niño, le llegan hasta la mitad de las orejas. Es un muchacho de complexión fuerte, muy alto para su edad (muy tierna aún, como refleja el rostro). 

Me mira y me sonríe tendiendo las manos hacia mí. Su sonrisa de todas formas se asemeja ya a la que le veo de adulto: dulce y más bien seria. Está solo. Por ahora no veo nada más. Está apoyado en un murete de una callecita toda en subidas y bajadas, pedregosa y con una zanja que está aproximadamente en su centro y que en tiempo de lluvia se transforma en regato; ahora, como el día está sereno, está seca. 

Me da la impresión de estarme acercando yo también al murete y de estar mirando alrededor y hacia abajo, como está haciendo Jesús. Veo un grupo de casas; es un grupo desordenado: unas son altas, otras, bajas; van en todos los sentidos. Parece - haciendo una comparación muy pobre pero muy válida - un puñado de cantos blancos esparcidos sobre un terreno oscuro. Las calles, las callejas, son como venas en medio de esa blancura. Ora aquí, ora allá, hay árboles que descuellan por detrás de las tapias; muchos de ellos están en flor, muchos otros están ya cubiertos de hojas nuevas: debe ser primavera. 

A la izquierda respecto a mí que estoy mirando, se alza una voluminosa construcción, compuesta de tres niveles de terrazas cubiertas de construcciones, y torres y patios y pórticos; en el centro se eleva una riquísima edificación, más alta, majestuosa, con cúpulas redondeadas, esplendorosas bajo el sol, como si estuvieran recubiertas de metal, cobre u oro. El conjunto está rodeado por una muralla almenada (almenas de esta forma: M, como si fuera una fortaleza). Una torre de mayor altura que las otras, horcada en su base sobre una vía más bien estrecha y en subida, cual severo centinela, domina netamente el vasto conjunto. 

Jesús observa fijamente ese lugar. Luego se vuelve otra vez, apoya de nuevo la espalda sobre el murete, como antes, y dirige su mirada hacia una pequeña colina que está frente al conjunto del Templo. El collado sufre el asalto de las casas sólo hasta su base, luego aparece virgen. Veo que una calle termina en ese lugar, con un arco tras el cual sólo hay un camino pavimentado con piedras cuadrangulares, irregulares y mal unidas; no son demasiado grandes, no son como las piedras de las calzadas consulares romanas; parecen más bien las típicas piedras de las antiguas aceras de Viareggio (no sé si existen todavía), pero colocadas sin conexión: un camino de mala muerte. 

 El rostro de Jesús toma un aspecto tan serio, que yo fijo mi atención buscando en este collado la causa de esta melancolía. Pero no encuentro nada de especial; es una elevación del terreno, desnuda, nada más. Eso sí, cuando me vuelvo, he perdido a Jesús; ya no está ahí. Y me quedo adormilada con esta visión.  

Cuando me despierto, con el recuerdo en mi corazón de lo que he visto, recobradas un poco las fuerzas y en paz, porque todos están durmiendo, me encuentro en un lugar que nunca antes había visto. En él hay patios y fuentes, pórticos y casas (más bien pabellones, porque tienen más las características de pabellones que de casas). Hay una gran muchedumbre de gente vestida al viejo uso hebreo, y mucho griterío. Me miro a mi alrededor y, al hacerlo, me doy cuenta de que estoy dentro de esa construcción que Jesús estaba mirando; efectivamente, veo la muralla almenada que circunda el conjunto, y la torre centinela, y la imponente obra de fábrica que se yergue en el centro, pegando a la cual hay pórticos, muy bellos y amplios, y, bajo éstos, multitud de personas ocupadas, quiénes en una cosa, quienes en otra. 

Comprendo que se trata del recinto del Templo de Jerusalén. Veo fariseos, con sus largas vestiduras ondeantes, sacerdotes vestidos de lino y con una placa de precioso material en la parte superior del pecho y de la frente, y con otros reflejos brillantes esparcidos aquí o allá por los distintos indumentos, muy amplios y blancos, ceñidos a la cintura con un cinturón también de material precioso. Luego veo a otros, menos engalanados, pero que de todas formas deben pertenecer también a la casta sacerdotal, y que están rodeados de discípulos más jóvenes que ellos; comprendo que se trata de los doctores de la Ley. Entre todos estos personajes me encuentro como perdida, porque no sé qué pinto yo ahí. 

Me acerco al grupo de los doctores, donde ha comenzado una disputa teológica. Mucha gente hace lo mismo. 

Entre los "doctores" hay un grupo capitaneado por uno llamado Gamaliel y por otro, viejo y casi ciego, que apoya a Gamaliel en la disputa; oigo que le llaman Hil.lel (pongo la hache porque oigo una aspiración al principio del nombre), y creo que es o maestro o pariente de Gamaliel: lo deduzco de la confidencia y al mismo tiempo respeto con que éste lo trata. 

El grupo de Gamaliel es de mentalidad más abierta, mientras que el otro grupo, que es el más numeroso está dirigido por uno llamado Siammai, y adolece de esa intransigencia llena de resentimiento, y retrógrada, tan claramente descrita por el Evangelio. 

Gamaliel, rodeado de un nutrido grupo de discípulos, hábil de la venida del Mesías, y, apoyándose en la profecía de Daniel, sostiene que el Mesías debe haber nacido ya, puesto que ya han pasado unos diez años desde que se cumplieron las setenta semanas profetizadas contando desde que fue publicado el decreto de reconstrucción del Templo. 

Siammai le plantea batalla afirmando que, si bien es cierto que el Templo fue reconstruido, no es menos cierto que la esclavitud de Israel ha aumentado, y que la paz que debía haber traído Aquél que los Profetas llamaban "Príncipe de la paz" está bien lejos de ser una realidad en el mundo, y especialmente en Jerusalén, oprimida bajo el peso de un enemigo que osa extender su dominio hasta incluso dentro del recinto del Templo, controlado por la Torre Antonia, que está llena de legionarios romanos dispuestos a aplacar con la espada cualquier tumulto de independencia patria. 

La disputa, llena de cavilosidades, está destinada a durar. Cada uno de los maestros hace su alarde de erudición, no tanto para vencer a su rival, cuanto para atraerse la admiración de los que escuchan; este propósito es evidente. 

Del interior del nutrido grupo de fíeles se oye una tierna voz de niño: "Gamaliel tiene razón". 

Movimiento en la gente y en el grupo de doctores: buscan al que acaba de interrumpir; de todas formas, no hace falta buscarlo, Él no se esconde; antes bien, se abre paso entre la gente y se acerca al grupo de los "rabíes". Reconozco en Él a mi Jesús adolescente. Se le ve seguro y franco, y sus ojos centellean llenos de inteligencia. 

"-¿Quién eres?-" le preguntan.

"-Un hijo de Israel que ha venido a cumplir con lo que la Ley ordena". 

Gusta esta respuesta intrépida y segura, y obtiene sonrisas de aprobación y de benevolencia. Despierta interés el pequeño israelita. 

"-¿Cómo te llamas?" 

"-Jesús de Nazaret". 

Y aquí acaba la benevolencia del grupo de Siammai. Sin embargo, Gamaliel, más benigno, prosigue el diálogo junto con Hil.lel. Es más, es Gamaliel el que, con deferencia, le dice al anciano: "-Pregúntale alguna cosa al niño".

"-¿En qué basas tu seguridad?" -pregunta Hil.lel.

(Encabezo las respuestas con los nombres para abreviar y para que sea más claro) 

Jesús: "-En la profecía, que no puede errar respecto a la época, y en los signos que la acompañaron cuando llegó el tiempo de su cumplimiento. Cierto es que César nos domina". 

-Pero el mundo gozaba de gran paz y estaba muy tranquila Palestina cuando se cumplieron las setenta semanas. Tanto es así que le fue posible a César ordenar el censo en sus dominios; no habría podido hacerlo si hubiera habido guerra en el Imperio o revueltas en Palestina. De la misma forma que se cumplió ese tiempo, ahora se está cumpliendo ese otro de las sesenta y dos más una desde la terminación del Templo, para que el Mesías sea ungido y se cumpla lo que conlleva la profecía para el pueblo que no lo quiso. 

-¿Podéis dudarlo? No recordáis que la estrella fue vista por los Sabios de Oriente y que fue a detenerse justo en el cielo de Belén de Judá, y que las profecías y las visiones, desde Jacob en adelante, indican ese lugar como el destinado a recibir el nacimiento del Mesías, hijo del hijo del hijo de Jacob, a través de David, que era de Belén? ¿No os acordáis de Balaam? "Una estrella nacerá de Jacob". Los Sabios de Oriente, cuya pureza y fe abría sus propios ojos y sus propios oídos, vieron la Estrella y comprendieron su Nombre; "Mesías", y vinieron a adorar a la Luz que había descendido al mundo. 

Siammai, con mirada maligna: "-¿Dices que el Mesías nació cuando la Estrella, en Belén Efratá?" 

 Jesús: "-Yo lo digo".

Siammai: "-Entonces ya no existe. ¿No sabes, niño, que Herodes mandó matar a todos los nacidos de mujer de un día a dos años de edad de Belén y de los alrededores? Tú, Tú que sabes tan bien la Escritura, debes saber también que "un grito se ha oído en lo alto... Es Raquel que está llorando por sus hijos". Los valles y las alturas de Belén, que recogieron el llanto de la agonizante Raquel, se llenaron de llanto revivido por las madres ante sus hijos asesinados. Entre ellas estaba, sin duda, también la Madre del Mesías".  

Jesús: "-Te equivocas, anciano. El llanto de Raquel hízose himno, pues donde ella había dado a luz al "hijo de su dolor", la nueva Raquel dio al mundo al Benjamín del Padre celestial, Hijo de su derecha, Aquel que ha sido destinado para congregar al pueblo de Dios bajo su cetro y liberarlo de la más terrible de las esclavitudes". 

Siammai: "-¿Y cómo, si lo mataron?"

Jesús: "-¿No has leído de Elías que fue raptado por el carro de fuego? ¿Y no va a haber podido salvar el Señor Dios a su Emmanuel para que fuera Mesías de su pueblo? Él, que separó el mar ante Moisés para que Israel pasase sin mojarse hacia su tierra, ¿no va a haber podido mandar a sus ángeles a librar a su Hijo, a su Cristo, de la crueldad del hombre? En verdad os digo; el Cristo vive y está entre vosotros, y cuando llegue su hora se manifestará en su potencia." La voz de Jesús, al decir estas palabras que he subrayado, resuena en un modo que llena el espacio. Sus ojos centellean aún más, y, con un gesto de dominio y de promesa, tiende el brazo y la mano derecha, y luego los baja, como para jurar. Es todavía un niño, pero ya tiene la solemnidad de un hombre. 

Hil.lel: "-Niño, ¿quién te ha enseñado estas palabras? "

Jesús: "-El Espíritu de Dios. Yo no tengo maestro humano. Ésta es la Palabra del Señor que os habla a través de mis labios." 

 Hil.lel: "-Ven aquí entre nosotros, que quiero verte de cerca, ¡oh niño!, para que mi esperanza se reavive en contacto con tu fe y mi alma se ilumine con el sol de la tuya". 

Y lo sientan a Jesús en un asiento alto y sin respaldo, entre Gamaliel e Hil.lel, y le entregan unos rollos para que los lea y los explique. Es un examen en toda regla. La muchedumbre se agolpa atenta. 

La voz infantil de Jesús lee: -"Consuélate, pueblo mío. Hablad al corazón de Jerusalén, consoladla porque su esclavitud ha terminado... Voz de uno que grita en el desierto: preparad los caminos del Señor... Entonces se manifestará la gloria del Señor..." 

Siammai: "-Como puedes ver, nazareno, aquí se habla de una esclavitud ya terminada. Y nosotros somos ahora más esclavos que nunca. Aquí se habla de un precursor. ¿Dónde está? Tú desvarías". 

Jesús: "-Yo te digo que tú y los que son como tú, más que los demás, necesitáis escuchar la llamada del Precursor. Si no, no verás la gloria del Señor, ni comprenderás la palabra de Dios, porque las bajezas, las soberbias, las dobleces, te obstaculizarán ver y oír".

Siammai: "-¿Así le hablas a un maestro?" 

Jesús: "-Así hablo y así hablaré hasta la muerte. Porque por encima de mi propio beneficio está el interés del Señor y el amor a la Verdad, de la cual soy Hijo. Y además te digo, rabí, que la esclavitud de que habla el Profeta, que es de la que Yo hablo, no es la que crees, como tampoco la regalidad será la que tú piensas. Antes bien, por mérito del Mesías, el hombre será liberado de la esclavitud del Mal que lo separa de Dios, y la señal del Cristo, liberados los espíritus de todo yugo, hechos súbditos del Reino eterno, signará a éstos. Todas las naciones inclinarán su cabeza, ¡oh, estirpe de David!, ante el Vástago de ti nacido, árbol ahora que extiende sus ramas sobre toda la Tierra y se alza hacia el Cielo. 

Y en el Cielo y en la Tierra toda boca glorificará su Nombre y doblará su rodilla ante el Ungido de Dios, ante el Príncipe de la Paz, el Caudillo, ante Aquel que, tomando de sí mismo, embriagará a toda alma cansada y saciará toda alma hambrienta; el Santo que estipulará una alianza entre la Tierra y el Cielo no como la que fue estipulada con los Padres de Israel cuando los sacó de Egipto (siguiendo considerándolos de todas formas siervos), sino imprimiendo la paternidad celeste en el espíritu de los hombres con la Gracia de nuevo infundida por los méritos del Redentor por el cual todos los hombres buenos conocerán al Señor y el Santuario de Dios no volverá a ser derruido y hollado".

Siammai: "-¡Pero, niño, no blasfemes! Acuérdate de Daniel, que dice que, cuando hayan matado al Cristo, el Templo y la Ciudad serán destruidos por un pueblo y por un caudillo venidero. ¡Y tú sostienes que el Santuario de Dios no volverá a ser derribado! ¡Respeta a los Profetas!" 

Jesús: "-En verdad te digo que hay Uno que está por encima de los Profetas, y tú no lo conoces, ni lo conocerás, porque te falta el deseo de ello. Y has de saber que todo cuanto he dicho es verdad. No conocerá ya la muerte el Santuario verdadero. Al igual que su Santificador, resucitará para vida eterna y, al final de los días del mundo, vivirá en el Cielo". 

Hil.lel: "-Préstame atención, niño. Ageo dice: '... Vendrá el Deseado de las gentes... Grande será entonces la gloria de esta casa, y de esta última más que de la primera'. ¿Crees que se refiere al Santuario de que Tú hablas?" 

Jesús: "-Sí, maestro. Esto es lo que quiere decir. Tu rectitud te conduce hacia la Luz, y Yo te digo que, una vez consumado el Sacrificio del Cristo, recibirás paz porque eres un israelita sin malicia". 

Gamaliel: "-Dime, Jesús: ¿Cómo puede esperarse la paz de que hablan los Profetas, si tenemos en cuenta que este pueblo ha de sufrir la devastación de la guerra? Habla y dame luz también a mí". 

Jesús: "-¿No recuerdas, maestro, que quienes estuvieron presentes la noche del nacimiento del Cristo dijeron que las formaciones angélicas cantaron: 'Paz a los hombres de buena voluntad'? Ahora bien, este pueblo no tiene buena voluntad, y no gozará de paz; no reconocerá a su Rey, al Justo, al Salvador, porque lo espera como rey con poder humano, mientras que es Rey del espíritu; y no lo amará, puesto que el Cristo predicará lo que no le gusta a este pueblo. Los enemigos, los que llevan carros y caballos, no serán subyugados por el Cristo; sí los del alma, los que doblegan, para infernal dominio, el corazón del hombre, creado por el Señor. Y no es ésta la victoria que de El espera Israel. Tu Rey vendrá, Jerusalén, sobre 'la asna y el pollino', o sea, los justos de Israel y los gentiles; mas Yo os digo que el pollino le será más fiel a Él y, precediendo a la asna, le crecerá en el camino de la Verdad y de la Vida. Israel, por su voluntad, perderá la paz, y sufrirá en sí, durante siglos, aquello mismo que hará sufrir a su Rey al convertirlo en el Rey de dolor de que habla Isaías".  

Siammai: "-Tu boca tiene al mismo tiempo sabor de leche y de blasfemia, nazareno. Responde: ¿Dónde está el Precursor? ¿Cuándo lo tuvimos?" 

Jesús: "-Él ya es una realidad. ¿No dice Malaquías: 'Yo envío a mi ángel para que prepare delante de mí el camino; enseguida vendrá a su Templo el Dominador que buscáis y el Ángel del Testamento, anhelado por vosotros'? Luego entonces el Precursor precede inmediatamente al Cristo. Él es ya una realidad, como también lo es el Cristo. Si transcurrieran años entre quien prepara los caminos al Señor y el Cristo, todos los caminos volverían a llenarse de obstáculos y a hacerse retortijados. Esto lo sabe Dios y ha previsto que el Precursor preceda en una hora sólo al Maestro. Cuando veáis al Precursor, podréis decir: '"Comienza la misión del Cristo'. Y a ti te digo que el Cristo abrirá muchos ojos y muchos oídos cuando venga a estos caminos; mas no vendrá a los tuyos, ni a los de los que son como tú. Vosotros le daréis muerte por la Vida que os trae. Pero cuando - más alto que este Templo, más alto que el Tabernáculo que está dentro del Santo de los Santos, más alto que la Gloria que está sostenida por los Querubines - el Redentor ocupe su trono y su altar, de sus numerosísimas heridas fluirán: maldición para los deicidas; vida para los gentiles. Porque Él, ¡oh, maestro insipiente!, no es, lo repito, Rey de un reino humano, sino de un Reino espiritual, y sus súbditos serán únicamente aquellos que por su amor sepan renovarse en el espíritu y, como Jonás, nacer una segunda vez, en tierras nuevas, 'las de Dios', a través de la generación espiritual que tendrá lugar por Cristo, el cual dará a la Humanidad la Vida verdadera." 

Siammai y sus seguidores: "-¡Este nazareno es Satanás!" 

Hil.lel y los suyos: "-No. Este niño es un Profeta de Dios. Quédate conmigo, Niño; así mi ancianidad transfundirá lo que sabe en tu saber, y Tú serás Maestro del pueblo de Dios. 

Jesús: "-En verdad te digo que si muchos fueran como tú, Israel sanaría; mas la hora mía no ha llegado. A mí me hablan las voces del Cielo, y debo recogerlas en la soledad hasta que llegue mi hora. Entonces hablaré, con los labios y con la sangre, a Jerusalén; y correré la misma suerte que corrieron los Profetas, a quienes Jerusalén misma lapidó y les quitó la vida. Pero sobre mi ser está el del Señor Dios, al cual Yo me someto como siervo fiel para hacer de mí escabel de su gloria, en espera de que Él haga del mundo escabel para los píes del Cristo. Esperadme en mi hora. Estas piedras oirán de nuevo mi voz y trepidarán cuando diga mis palabras últimas. 

Bienaventurados los que hayan oído a Dios en esa voz y crean en Él a través de ella: el Cristo les dará ese Reino que vuestro egoísmo sueña humano y que, sin embargo, es celeste, y por el cual Yo digo: 'Aquí tienes a tu siervo, Señor, que ha venido a hacer tu voluntad. Consúmala, porque ardo en deseos de cumplirla'". 

Y con la imagen de Jesús con su rostro inflamado de ardor espiritual elevado al cielo, con los brazos abiertos, erguido entre los atónitos doctores. 

 Dice Jesús: "-Volvemos muy atrás en el tiempo, muy atrás. Volvemos al Templo, donde Yo, con doce años, estoy disputando; es más, volvemos a las vías que van a Jerusalén, y de Jerusalén al Templo." 

Observa la angustia de María al ver - una vez congregados de nuevo juntos hombres y mujeres - que Yo no estoy con José. 

No levanta la voz regañando duramente a su esposo. Todas las mujeres lo habrían hecho; lo hacéis, por motivos mucho menores olvidándoos de que el hombre es siempre cabeza del hogar. No obstante, el dolor que emana del rostro de María traspasa a José más de lo que pudiera hacerlo cualquier tipo de reprensión. No se da tampoco María a escenas dramáticas. Por motivos mucho menores, vosotras lo hacéis deseando ser notadas y compadecidas. No obstante, su dolor contenido es tan manifiesto (se pone a temblar, palidece su rostro, sus ojos se dilatan) que conmueve más que cualquier escena de llanto y gritos. 

Ya no siente ni fatiga ni hambre. ¡Y el camino había sido largo, y sin reparar fuerzas desde hacía horas! Deja todo; deja al camastro que se estaba preparando, deja la comida que iban a distribuir. Deja todo y regresa. Está avanzada la tarde, anochece; no importa; todos sus pasos la llevan de nuevo hacia Jerusalén; hace detenerse a las caravanas, a los peregrinos; pregunta. José la sigue, la ayuda. Un día de camino en dirección contraria, luego la angustiosa búsqueda por la Ciudad. 

¿Dónde, dónde puede estar su Jesús? Y Dios permite que Ella, durante muchas horas, no sepa dónde buscarme. Buscar a un niño en el Templo no era cosa juiciosa: ¿qué iba a tener que hacer un niño en el Templo? En el peor de los casos, si se hubiera perdido por la ciudad y, llevado de sus cortos pasos, hubiera vuelto al Templo, su llorosa voz habría llamado a su mamá, atrayendo la atención de los adultos y de los sacerdotes, y se habrían puesto los medios para buscar a los padres fijando avisos en las puertas. Pero no había ningún aviso. 

Nadie sabía nada de este Niño en la ciudad. ¿Guapo? ¿Rubio? ¿Fuerte? ¡Hay muchos con esas características! Demasiado poco para poder decir: "¡Lo he visto! ¡Estaba allí o allá!". 

Y vemos a María, pasados tres días, símbolo de otros tres días de futura angustia, entrando exhausta en el Templo, recorriendo patios y vestíbulos. Nada. Corre, corre la pobre Mamá hacia donde oye una voz de niño. Hasta los balidos de los corderos le parecen el llanto de su Hijo buscándola. Mas Jesús no está llorando; está enseñando. Y he aquí que desde detrás de una barrera de personas llega a oídos de María la amada voz diciendo: "Estas piedras trepidarán...". Entonces trata de abrirse paso por entre la muchedumbre, y lo consigue después de una gran fatiga: ahí está su Hijo, con los brazos abiertos, erguido entre los doctores. 

María es la Virgen prudente. Pero esta vez la congoja sobrepuja su conocimiento. Es una presa que derriba todo lo que pilla a su paso. Corre hacia su Hijo, lo abraza, levantándolo y bajándolo del escabel, y exclama: "¡Oh! ¿Por qué nos has hecho esto! Hace tres días que te estamos buscando. Tu Madre está a punto de morir de dolor, Hijo. Tu padre está derrengado de cansancio. ¿Por qué, Jesús?". 

No se preguntan los "porqués" a Aquel que sabe, los "porqués" de su forma de actuar. A los que han sido llamados no se les pregunta "por qué" dejan todo para seguir la voz de Dios. Yo era Sabiduría y sabía; Yo había "sido llamado" a una misión y la estaba cumpliendo. Por encima del padre y de la madre de la tierra, está Dios, Padre divino; sus intereses son superiores a los nuestros; su amor es superior a cualquier otro. Y esto es lo que le digo a mi Madre.  

Termino de enseñar a los doctores enseñando a María, Reina de los doctores. Y Ella no se olvidó jamás de ello. 

Volvió a surgir el Sol en su corazón al tenerme de la mano, de esa mano humilde y obediente; pero mis palabras también quedaron en su corazón. Muchos soles y muchas nubes habrían de surcar todavía el cielo durante los veintiún años que debía Yo permanecer aún en la tierra. 

Mucha alegría y mucho llanto, durante veintiún años, se darán el relevo en su corazón. Mas nunca volverá a preguntar: "¿Por qué nos has hecho esto, Hijo mío?". 

 ¡Aprended, hombres arrogantes! 

23 de noviembre de 2025

Nuestra Señora de Guadalupe en la renovada Notre Dame de París


Del sitio Aleteia:

La catedral de Notre Dame de París está totalmente restaurada y abierta para los fieles de todo el mundo. Entre sus 29 capillas, se encuentra una especialmente cercana a México: la capilla de la Virgen de Guadalupe. Conócela.

Con el replique de las campanas, la procesión de más de 100 estandartes y la bendición del altar, entre muchos otro ritos, la catedral de Notre Dame de París quedó inaugurada y lista para recibir a fieles y turistas que, después de cinco años de trabajos de restauración, podrán volver a ingresar para rezar y maravillarse con su belleza.

Además del coro y la nave, los visitantes podrán conocer las 29 capillas que pretenden evangelizar en todos los niveles. Algunas de estas capillas fueron rebautizadas, como la que ahora está dedicada a santo Tomás de Aquino (antes a santa Ana), o la capilla de san Vicente de Paúl (antes de san José).

Sin embargo, la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe permanece presente en este recinto histórico.

En 1938, el episcopado mexicano pidió permiso al Papa Pio XII para coronar a la Guadalupana en la catedral de París; sin embargo, el inicio de la segunda guerra mundial retrasó su llegada hasta el 26 de abril de 1949, cuando la Virgen de Guadalupe por fin fue coronada en la capilla construida en su honor.

La réplica enviada era exacta, con las mismas dimensiones que el ayate de Juan Diego. Durante el incendio de 2019, sorprendentemente, no presentó ningún daño.

La capilla se encuentra en la nave sur, a un costado de la capilla de la Virgen de Czestochowa. Y será aquí en donde la comunidad de hispanos celebre cada 12 de diciembre, como lo hacían antes del devastador incendio.

Es tradición que los fieles se reúnan para la celebración de la Misa y para las tradicionales mañanitas con mariachi.

La edición francesa de Aleteia reportó que la catedral propone una ruta de peregrinación que comienza por la nave izquierda. De esta forma, el visitante puede ver que “Dios promete, desde el principio, la reconciliación y la recuperación de la humanidad después del pecado original”.

La nave norte fue rebautizada como “Callejón de la Promesa” y cada capilla recibió una figura del Antiguo Testamento. El recorrido inicia por la capilla de Noé, que recuerda el primer anuncio de salvación de toda la creación; y termina con la capilla dedicada a Elías, que anuncia finalmente la inminencia de la venida del Mesías y la reconciliación definitiva.

La nave sur también fue renombrada; ahora tiene el nombre de “Avenida Pentecostés” y cuenta con siete capillas asociadas a los dones del Espíritu Santo. Además, siendo la catedral de la diócesis de París, estas capillas llevan ahora el nombre de un gran número de santos parisinos.

 11 - diciembre - 2024

15 de agosto de 2025

¿Qué es la Asunción de Nuestra Señora?

 


Del sitio Fundación Cari Filii:

-¿Qué se celebra en la Asunción?

La Asunción, también llamada Assumptio Beatae Mariae Virginis (Asunción de la Bienaventurada Virgen María), es una solemnidad de la Iglesia Católica que celebra la elevación en cuerpo y alma de la Virgen María desde la vida terrena hasta el cielo. La Virgen no tuvo que padecer la corrupción de su cuerpo al llegar la hora de su partida y, a diferencia de su hijo Jesucristo, que ascendió al cielo, ella fue asunta. La Asunción está considerada un dogma para todos los católicos desde el año 1950.

-¿En qué fechas tiene lugar?

La fiesta de la Asunción en la Iglesia Católica tiene lugar cada año el día 15 de agosto. Es una fiesta fija en el calendario, por lo que siempre se celebra en esta fecha, sin importar el día de la semana en la que caiga.

-¿Cuál es su trasfondo histórico?

Las primeras referencias oficiales a la Asunción de la Virgen datan del siglo IV, cuando se celebraba la fiesta de El Recuerdo de María. Fue en el siglo VII cuando esta fiesta pasó a llamarse la Dormición o Asunción.

La doctrina de la Asunción de María se cree que comenzó a ser desarrollada en el siglo XII, cuando aparece el tratado "Ad Interrogata", atribuido a san Agustín, en el cual se aceptaba la asunción corporal de María. Tiempo después, Santo Tomás de Aquino y otros grandes teólogos declararían estar de acuerdo con este texto.

Sin embargo, el gran empujón para que esta fiesta se convirtiera poco a poco en lo que es hoy en día se lo dio el Papa San Pío V, en el siglo XVI. Fue en ese tiempo cuando reformó el Breviario, donde eliminó frases en las que se dudaba de la Asunción de María y las sustituyó por otras que defendían su elevación corporal. Fue otro Papa, Benedicto XIV, el que fomentaría en el pueblo cristiano la piedad a la fiesta de la Asunción.

-¿Cuándo y cómo se aprueba el dogma de la Asunción?

Ya desde el año 1849 habían llegado hasta Roma las primeras peticiones de obispos solicitando que se reconociera la Asunción como parte de la doctrina católica. Sin embargo, tuvo que pasar casi un siglo para que el Papa Pío XII consultara sobre esta cuestión al episcopado, por medio de la carta Deiparae Virginis Mariae (1946). El resultado fue casi unánime, los obispos apoyaban que se declarara dogma la Asunción de la Virgen María.

El 1 de noviembre de 1950 se publicó la constitución apostólica Munificentissimus Deus en la que el Papa, basado en la tradición de la Iglesia católica, tomando en cuenta los testimonios de la liturgia, la creencia de los fieles guiados por sus pastores, los testimonios de los Padres y Doctores de la Iglesia y con el consenso de los obispos del mundo, declaraba como dogma de fe la Asunción de la Virgen María.

Texto de la Constitución apostólica Munificentissimus Deus:

«Por eso, después de que una y otra vez hemos elevado a Dios nuestras preces suplicantes e invocado la luz del Espíritu de Verdad, para gloria de Dios omnipotente que otorgó su particular benevolencia a la Virgen María, para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para aumento de la gloria de la misma augusta Madre, y gozo y regocijo de toda la Iglesia, por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y nuestra, proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado: Que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial".

-¿Qué dice la Biblia y otras fuentes cristianas sobre la Asunción?

Aunque la Biblia no habla explícitamente de la Asunción de la Virgen, ni de su muerte física, hay elementos claros que la defienden. Un ejemplo es el salmo 131, 8: "Levántate, Señor, a tu reposo, tú y el arca de tu santificación". Como defiende San Alberto Magno, estas palabras fueron dichas figuradamente de María, quien es el arca de la santificación.

Otro pasaje que confirma la Asunción de la Virgen es el Apocalipsis de San Juan: "Entonces fue abierto el Templo de Dios, el que está en el cielo, y fue vista en su Templo el Arca de Su Alianza; y hubo relámpagos y voces y truenos y terremoto y pedrisco grande". Y, en una segunda cita: "Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas".

Los teólogos también consideran muy vinculado con la Asunción este pasaje del Cantar de los Cantares: "¿Quién es ésta que se muestra como el alba, hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como ejércitos en orden?". En la Biblia aparecen más asunciones, además de la de la Virgen, como las de Elías o Enoc.

El Catecismo de la Iglesia afirma en su número 966 lo siguiente sobre la Asunción de la Virgen: «Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte».

-¿Qué importancia tiene para los cristianos la Asunción?

Durante el rezo del Ángelus del día de la Asunción del año 2018 el Papa Francisco dijo lo siguiente: "El cuerpo de la Madre ha sido preservado de la corrupción, como el del Hijo. Este día la Iglesia invita a contemplar este misterio que nos muestra que Dios quiere salvar al hombre por completo, alma y cuerpo. La asunción de María, criatura humana, nos da la confirmación de nuestro destino glorioso. La resurrección de la carne es un elemento propio de la revelación cristiana, una piedra angular de nuestra fe. La realidad estupenda de la Asunción de María manifiesta y confirma la unidad de la persona humana y nos recuerda que estamos llamados a servir y glorificar a Dios con todo nuestro ser, alma y cuerpo. Servir a Dios solo con el cuerpo sería una acción de esclavos; servirlo solo con el alma estaría en contraste con nuestra naturaleza humana. Nuestro destino, en el día de la resurrección, será similar al de nuestra Madre celeste".

-¿Qué tradiciones se asocian a esta fiesta?

La fiesta de la Asunción es un motivo de celebración religioso y popular en todo el orbe católico. Son innumerables las ciudades y pueblos donde procesionan con María y le ofrecen todo tipo de homenajes. En este día la Virgen María se viste bajo distintos títulos y advocaciones en todo el mundo. En España destaca la fiesta de la Virgen de los Reyes de Sevilla, de la Virgen del Sagrario en Toledo, de la Virgen de Prado en Ciudad Real, de la Virgen de la Paloma en Madrid y de la Virgen de Begoña en Bilbao. La Asunción es también la fiesta principal de Elche, con su célebre Misterio.

Dándole nombre a la capital de Paraguay, la Asunción es una fiesta muy importante para toda América. En la región de Yucatán, en México, sus habitantes salen a las calles para celebrar a La Pobre de Dios. En Guatemala, pasean una aparatosa plataforma con la Virgen por los alrededores de la catedral. Mientras que en Ohio (EE.UU) se organizan todo tipo de entretenimientos, comidas y música por las calles.

Ya en Europa, en Malta sus habitantes terminan el día de la fiesta de la Virgen de Mosta con un espectáculo de fuegos artificiales. En Francia, la celebración de la Asunción cuenta diferentes procesiones.

16 de febrero de 2025

¿El Escapulario de Nuestra Señora del Carmen protege contra el mal?

Del sitio Píldoras de Fe:

Puede ser fácil pasar de una devoción legítima a una superstición. El Escapulario de la Virgen del Carmen te protege del mal, pero hay que tener cuidado

Un día, leyendo sobre el Santo Cura de Ars, leí un testimonio de este Santo sobre la Virgen María que me impresionó mucho. En ella narraba que, una joven se confesó con el Cura de Ars, (San Juan Vianney). Antes de siquiera comenzar su confesión, San Juan María Vianney le interrumpió y le dijo: "¿Recuerdas hace algunos días en el salón de baile a un joven guapo que bailaba con todas las chicas menos contigo? ¿Y se sentía como avergonzado cuando te veía? ¿Y recuerdas que viste algunas chispas saliendo de sus pies cuando se fue? Tienes que saber que ese era el demonio en forma humana, y la única razón por la que no bailó contigo es porque llevabas el escapulario. Agradece a la Virgen por eso".

Uno de los signos en la tradición de la Iglesia, desde hace muchos siglos, es el Escapulario Marrón de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Es un signo aprobado por la Iglesia y aceptado por la Orden del Carmelo como un signo externo de amor a María, de la confianza que sus hijos tienen en Ella y del compromiso de vivir como Ella.

La palabra escapulario indica una forma de ropa que los monjes usaban cuando trabajaban. Con el paso del tiempo, las personas comenzaron a darle un significado simbólico: "la cruz que debe ser llevada cada día como discípulos y seguidores de Cristo".

En algunas órdenes religiosas, como las Carmelitas, el Escapulario se convirtió en un signo de su forma de vida. El Escapulario llegó a simbolizar la especial dedicación de los carmelitas a María, la Madre de Dios, y a expresar la confianza en su protección maternal, así como el deseo de ser como ella en su compromiso con Cristo y con los demás. Así, el Escapulario marrón se convirtió en un signo de María. Pero tengamos cuidado  de no pasar de una hermosa devoción como esta a un signo de superstición. Así nos lo cuenta el Padre Sergio Román en su experiencia:

"El otro día fui a la Basílica de Guadalupe y se me ocurrió pasar entre los puestos que invaden la calle frente a la Basílica. En varios puestos vi en venta escapularios en gran cantidad. Escapularios de la Virgen, de Juan Diego, de san Judas y de san Charbel, que son los más populares; escapularios rojos, verdes, azules, blancos, amarillo y de todos los colores habidos y por haber.

Me llamó la atención un collar hecho con escapularios de varios colores bellamente trenzados formando un cordón multicolor para lucirse en el cuello. No cabe duda: los escapularios están de moda, una moda impuesta por el ingenio y la creatividad de los comerciantes en artículos religiosos para incrementar sus ventas.

Los recuerdos religiosos en los santuarios de todo el mundo son parte importante en el peregrinar. Son recuerdo de una visita al santuario que se lleva a casa para recordarla siempre. Es como llevar al hogar un pedacito de cielo.

Yo veo a muchos fieles de mi comunidad lucir al cuello no uno, sino muchos escapularios que cuelgan allí hasta que se caen de viejos y de sucios. ¿Por qué usas tantos escapularios?: '¡Porque me dan protección, son poderosos!'

¡Qué fácil es pasar de una devoción legítima a la superstición, sustituto de la fe en las personas que no están ilustradas en su religión! Y yo, sacerdote, me sentí culpable por no haber explicado suficientemente a mis fieles el uso de los escapularios, antigua tradición de la Iglesia convertida ahora en práctica de magia y brujería.

Si mis fieles supieran lo que significa un escapulario no usarían tantos y, si aceptaran usar uno solo, lo llevarían con más devoción y respeto".

Literalmente, un Escapulario es una prenda que se lleva sobre los hombros colgando por delante y por detrás. Se usa a través de la historia en diferentes tipos de vestiduras y de uniformes, pero es, sobre todo, un hábito religioso.

Es la ropa que usan los monjes y las monjas. Consiste en una tira de tela que se lleva sobre el hábito y en la que se borda el escudo de la comunidad a la que se pertenece. El que lleva un escapulario es porque quiere pertenecer a esa orden o comunidad religiosa.

Cuando surgieron las órdenes religiosas, a finales de la Edad Antigua y principios de la Edad Media, se fundaron la "primera orden" para varones, la "segunda orden" para mujeres y la "tercera orden" para laicos de ambos sexos que anhelaba pertenecer a la orden religiosa, pero que querían hacerlo desde su estado de vida propio.

Las terceras órdenes agruparon a muchos fieles laicos que se comprometían en un tipo especial de vida, en la pobreza, en la castidad dentro del matrimonio y en la obediencia a Dios y a sus ministros.

Mediante la oración, la mortificación y las obras buenas, aunadas a ciertas prácticas características de la orden, buscaban su santificación en medio del mundo. Se organizaban bajo la dependencia de la orden religiosa e incluso hacían una especie de votos que renovaban año con año.

Estas terceras órdenes, bendecidas y propiciadas por la Iglesia, hicieron y hacen mucho bien entre los fieles laicos, de los cuales muchos han llegado a los altares, como santa Rosa de Lima, que era terciaria dominica.

Estos fieles no podían usar el hábito completo de la orden, pero se les concedía usar un "mini hábito", es decir, el escapulario reducido a su mínima expresión.

Hay escapularios de los dominicos, mercedarios, franciscanos, agustinos, carmelitas y demás órdenes y comunidades religiosas. El más conocido y usado, sin duda, es el escapulario de la Virgen del Carmen.

En las costas de Palestina, hacia el mar Mediterráneo, hay una montaña escarpada que domina sobre el mar. Es el Monte Carmelo. En el Antiguo Testamento vivió allí el profeta Elías y desde allí hacía oración para que lloviera sobre aquella tierra que padecía sequía desde hacía varios años.

Dios le hizo caso y un día vio en el horizonte una nubecita, del tamaño de una mano, que se acercaba hacia la tierra firme. Aquella nubecita trajo la lluvia esperada. Elías, desde entonces, meditó en el Mesías que era esperado como una lluvia salvadora para su pueblo, y en la Madre del Mesías, que sería como aquella nube que trajo la lluvia. Muchos siglos después nació Jesús de María, la Virgen.

Sobre ese monte hubo, después de Elías, una comunidad de profetas que adoraban a Dios y pedían la venida del Mesías. Esa comunidad reconoció en Cristo al esperado y desde entonces en ese monte se veneró a la Madre del Mesías, a María, a la que llamaron cariñosamente "Estrella del mar", Stella Maris.

Un 16 de julio, en el S. XI, la Virgen María se apareció al superior de la Orden Carmelitana, San Simón Stock, y le dio las reglas de su Orden. Según la tradición le entregó al santo un escapulario de color café con el escudo de la Orden y prometió a los que lo llevaran el salir del purgatorio al siguiente sábado de su muerte. A esto se le llama el "privilegio sabatino".

La Virgen pudo prometer esto, porque llevar el escapulario de la Virgen del Carmen es un compromiso de vivir en oración, en mortificación y en obras buenas, medios clásicos que la Iglesia ofrece a sus fieles para hacer penitencia por sus pecados.

El escapulario de la Virgen del Carmen debe ser impuesto por un sacerdote a los que acepten santificarse en el amor e imitación de María y en la recepción frecuente de la Eucaristía. No es tan fácil usar un escapulario. ¿O sí?

Forma corta para dar el Escapulario.

"Recibe este escapulario, signo de tu especial relación con María la Madre de Jesús, a quien te comprometes a imitar. Que te recuerde tu dignidad como cristiano, sirviendo a los demás e imitando a María. Llévalo como un signo de su protección y de pertenecer a la familia del Carmelo, haciendo voluntariamente la voluntad de Dios y dedicándote a construir un mundo fiel a su plan de comunidad, justicia y paz".

Oración a Nuestra Señora del Monte Carmelo.

Con el Escapulario en la mano y, preferiblemente de rodillas, rezar la siguiente oración invocando a María su protección contra el mal.

Oh hermosa Flor del Monte Carmelo, 
vid fecunda, esplendor del Cielo, 
Bendita Madre del Hijo de Dios, 
Virgen Inmaculada, 
ayúdame en esta mi necesidad. 
Oh Estrella del Mar, 
ayúdame y muéstrame aquí que eres mi Madre. 
Oh Santa María, Madre de Dios, 
Reina del Cielo y de la Tierra, 
te suplico humildemente desde el fondo de mi corazón, 
que me ayudes en esta mi necesidad.
 No hay nadie que pueda soportar tu poder. 
Muéstrame aquí que eres mi Madre.
 
"Oh María, concebida sin pecado,
ruega por nosotros que recurrimos a ti". 
(Repite tres veces)
 
"Dulce madre, pongo esta causa en tus manos". 
(Repite tres veces)

Rezar el Padrenuestro, el Avemaría y el Credo.

Confiarse en las manos de María a través del Escapulario de la Virgen del Carmen, puede brindarte una poderosa protección contra el mal haces todo con mucha fe y devoción desde el corazón.

Qriswell Quero, 
Venezolano,
 esposo y padre de familia,
  Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. 
Quien a Dios tiene nada lo detiene.

 


15 de julio de 2024

El origen y el sentido del escapulario de Nuestra Señora del Carmen

 Del sitio Fundación Cari Filii:

Los seres humanos nos comunicamos por símbolos. Así como tenemos banderas, escudos y también uniformes que nos identifican. Las comunidades religiosas llevan su hábito como signo de su consagración a Dios.

Los laicos no pueden llevar hábito, pero los que desean asociarse a los religiosos en su búsqueda de la santidad pueden usar el escapulario.

La Virgen dio a los Carmelitas el escapulario como un hábito miniatura que todos los devotos pueden llevar para significar su consagración a Ella.

Consiste en un cordón que se lleva al cuello con dos piezas pequeñas de tela color café, una sobre el pecho y la otra sobre la espalda. Se usa bajo la ropa. Junto con el rosario y la medalla milagrosa, el escapulario es uno de los mas importantes sacramentales marianos.

Dice San Alfonso Ligorio, doctor de la Iglesia: "Así como los hombres se enorgullecen de que otros usen su uniforme, así Nuestra Señora Madre María está satisfecha cuando sus servidores usan su escapulario como prueba de que se han dedicado a su servicio, y son miembros de la familia de la Madre de Dios." 

Un sacramental es un objeto religioso que la Iglesia haya aprobado como signo que nos ayuda a vivir santamente y a aumentar nuestra devoción. Los sacramentales deben mover nuestros corazones a renunciar a todo pecado, incluso al venial.

El escapulario, al ser un sacramental, no nos comunica gracias como hacen los sacramentos. Las gracias nos vienen por nuestra respuesta de amor a Dios y de verdadera contrición del pecado, lo cual el sacramental debe motivar.

La palabra escapulario viene del Latín "scapulae" que significa "hombros". Originalmente era un vestido superpuesto que cae de los hombros y lo llevaban los monjes durante su trabajo. Con el tiempo se le dio el sentido de ser la cruz de cada día que, como discípulos de Cristo llevamos sobre nuestros hombros.

Para los Carmelitas particularmente, pasó a expresar la dedicación especial a la Virgen Santísima y el deseo de imitar su vida de entrega a Cristo y a los demás. 

En el año 1246 nombraron a San Simón Stock general de la Orden Carmelita. Este comprendió que, sin una intervención de la Virgen, a la orden le quedaba poco tiempo. Simón recurrió a María poniendo la orden bajo su amparo, ya que ellos le pertenecían. En su oración la llamó "La flor del Carmelo" y la "Estrella del Mar" y le suplicó la protección para toda la comunidad.

En respuesta a esta ferviente oración, el 16 de julio de 1251 se le aparece la Virgen a San Simón Stock y le da el escapulario para la orden con la siguiente promesa:"Este debe ser un signo y privilegio para ti y para todos los Carmelitas: quien muera usando el escapulario no sufrirá el fuego eterno"

Aunque el escapulario fue dado a los Carmelitas, muchos laicos con el tiempo fueron sintiendo el llamado de vivir una vida mas comprometida con la espiritualidad carmelita y así se comenzó la cofradía del escapulario, donde se agregaban muchos laicos por medio de la devoción a la Virgen y al uso del escapulario. La Iglesia ha extendido el privilegio del escapulario a los laicos. 

Muchos Papas, santos como San Alfonso Ligorio, San Juan Bosco, San Claudio de la Colombiere, y San Pedro Poveda, tenían una especial devoción a la Virgen del Carmen y llevaban el escapulario.

Santos y teólogos católicos han explicado que, según esta promesa, quien tenga la devoción al escapulario y lo use, recibirá de María Santísima a la hora de la muerte, la gracia de la perseverancia en el estado de gracia (sin pecado mortal) o la gracia de la contrición (arrepentimiento).

Por parte del devoto, el escapulario es una señal de su compromiso a vivir la vida cristiana siguiendo el ejemplo perfecto de la Virgen Santísima. 

El escapulario tiene 3 significados:

  • El amor y la protección maternal de María: El signo es una tela o manto pequeño. Vemos como María cuando nace Jesús lo envuelve en un manto. La Madre siempre trata de cobijar a sus hijos. Envolver en su manto es una señal muy maternal de protección y cuidado. Señal de que nos envuelve en su amor maternal. Nos hace suyos. Nos cubre de la ignominia de nuestra desnudes espiritual.

Vemos en la Biblia:

– Dios cubrió con un manto a Adán y Eva después de que pecaron. (manto – signo de perdón)

– Jonás le dio su manto a David: símbolo de amistad -Elías dio su manto a Eliseo y lo llenó de su espíritu en su partida.

– S. Pablo: revístanse de Cristo: vestirnos con el manto de sus virtudes.

  • Pertenencia a María: Llevamos una marca que nos distingue como sus hijos escogidos. El escapulario se convierte en el símbolo de nuestra consagración a María.
  • Consagración: “pertenecer a María” es reconocer su misión maternal sobre nosotros y entregarnos a ella para dejarnos guiar, enseñar, moldear por Ella y en su corazón. Así podremos ser usados por Ella para la extensión del Reino de su Hijo.

En 1950 Papa Pío XII escribió acerca del escapulario: "que el escapulario sea tu signo de consagración al Inmaculado Corazón de María, lo cual estamos particularmente necesitando en estos tiempos tan peligrosos". Quien usa el escapulario debe ser consciente de su consagración a Dios y a la Virgen y ser consecuente en sus pensamientos, palabras y obras. Dice Jesús: "Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera". (Mt 11:29). El escapulario simboliza ese yugo que Jesús nos invita a cargar, pero que María nos ayuda a llevar. El escapulario es un signo de nuestra identidad como cristianos, vinculados íntimamente a la Virgen María con el propósito de vivir plenamente nuestro bautismo. Representa nuestra decisión de seguir a Jesús por María en el espíritu de los religiosos pero adaptado a la propia vocación, lo que exige que seamos pobres, castos y obedientes por amor. 

Al usar el escapulario constantemente estamos haciendo silenciosa petición de asistencia a la Madre, y Ella nos enseña e intercede para conseguirnos las gracias para vivir como ella, abiertos de corazón al Señor, escuchando su Palabra, orando, descubriendo a Dios en la vida diaria y cercanos a las necesidades de nuestros hermanos, y nos está recordando que nuestra meta es el cielo y que todo lo de este mundo pasa.

En la tentación, tomamos el escapulario en nuestras manos e invocamos la asistencia de la Madre. Kilian Lynch, antiguo general de la Orden dice: "No lleguemos a la conclusión de que el escapulario está dotado de alguna clase de poder sobrenatural que nos salvará a pesar a pesar de lo que hagamos o de cuanto pequemos…Una voluntad pecadora y perversa puede derrotar la omnipotencia suplicante de la Madre de la Misericordia."

El suave yugo de Cristo: "Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana". (Mt 11:29-30)

– El escapulario simboliza ese yugo que Jesús nos invita a cargar pero que María nos ayuda a llevar.

Quién lleva el escapulario debe identificarse como católico sin temor a los rechazos y dificultades que ese yugo le traiga. 

El escapulario es un signo de nuestra identidad como católicos, vinculados de íntimamente a la Virgen María con el propósito de vivir plenamente según nuestro bautismo. Representa nuestra decisión de seguir a Jesús por María en el espíritu de los religiosos pero adaptado a la propia vocación. Esto requiere que seamos pobres (un estilo de vida sencillo sin apegos materiales), castos y obedientes por amor a Dios.

En momentos de tentación, tomamos el escapulario en nuestras manos e invocamos la asistencia de la Madre, resueltos a ser fieles al Señor.

Ella nos dirige hacia el Sagrado Corazón de su Hijo Divino y el demonio es forzado a retroceder vencido.

San Claude de la Colombiere advierte: "Tu preguntas: ¿y si yo quisiera morir con mis pecados?, yo te respondo, entonces morirás en pecado, pero no morirás con tu escapulario."

El primer escapulario debe ser bendecido por un sacerdote e impuesto por él mientras dice: "Recibe este escapulario bendito y pide a la Virgen Santísima que por sus méritos, lo lleves sin ninguna mancha de pecado y que te proteja de todo mal y te lleve a la vida eterna"

El escapulario es signo de la Maternidad Espiritual de María y debemos recordar que ella es madre de todos. Muchos milagros de conversión se han realizado en favor de buenos no-católicos que se han decidido a practicar la devoción al escapulario.

Se sabe de un anciano fue llevado al Hospital de San Simón Stock en la ciudad de Nueva York, inconsciente y moribundo. La enfermera al ver al paciente con el Escapulario Carmelita llamó a un sacerdote. Mientras rezada las oraciones por el moribundo, éste recobró el conocimiento y dijo:

-"Padre, yo no soy católico".

-"¿Entonces, ¿por qué está usando el Escapulario Carmelita?", preguntó el sacerdote.

-"He prometido a mis amigos usarlo", explicó el paciente. "Además rezo un Ave María diariamente."

-"Usted se está muriendo" replicó el sacerdote. "¿Quiere hacerse católico?"

-´Toda mi vida lo he deseado", contestó el moribundo. Fue bautizado, recibió la Unción de los Enfermos antes de fallecer en paz.

Oración a la Virgen del Carmen
Súplica para tiempos difíciles

Tengo mil dificultades:
ayúdame.
 
De los enemigos del alma:
sálvame.
 
En mis desaciertos:
ilumíname.
 
En mis dudas y penas:
confórtame.
 
En mis enfermedades:
fortaléceme.
 
Cuando me desprecien:
anímame.
 
En las tentaciones:
defiéndeme.
 
En horas difíciles:
consuélame.
 
Con tu corazón maternal:
ámame.
 
Con tu inmenso poder:
protégeme.
 
Y en tus brazos al expirar:
recíbeme.
 
Virgen del Carmen, ruega por nosotros.
 
Amén.

12 de mayo de 2024

¿Puede Nuestra Señora con todas las peticiones?

Adaptado del sitio National Catholic Register:

La Virgen María es la gran mediadora entre Dios y los hombres, es la mejor intercesora que puede tener cualquier persona. Los católicos sabemos que las oraciones son siempre a través de María a Dios, no a través de Dios a María. Así dice Santiago 5:16: "La oración ferviente del justo tiene un gran poder".

En este sentido, es interesante descubrir que hasta el propio Dios, en su infinito poder, puede parecer que se convierta en un "mediador". Fue el propio Dios el que le dijo a Abimelec que Abraham oraría por él, para que pudiera vivir (Génesis 20:6-7). Dios también le dijo a los "amigos" de Job que "mi siervo Job oraría por ellos, aunque no hablaron bien de mí, yo les perdonaré en consideración a él" (Job 42:8). ¿Fue Dios el "mediador" de Job?

San Pablo, incluso nosotros mismos funcionamos como "mini-mediadores" de la gracia y de la salvación de Dios, tal como lo hace María:

"Pues ¿qué sabes tú, mujer, si salvarás a tu marido? Y ¿qué sabes tú, marido, si salvarás a tu mujer?» (1 Corintios 7:16).

"Me he hecho todo para todos con el fin de salvar, por todos los medios, a algunos" (1 Corintios 9:22).

"Obrando así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen" (1 Timoteo 4:16).

"Si incluso algunos no creen en la Palabra, sean ganados no por las palabras sino por la conducta de sus mujeres" (1 Pedro 3:1).

La Biblia también enseña que somos sus "colaboradores" y que sus obras son las nuestras y viceversa:

"Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban" (Marcos 16:20).

"Ya que somos colaboradores de Dios y vosotros, campo de Dios, edificación de Dios" (1 Corintios 3:9).

"He trabajado más duro que cualquiera de ellos, aunque no soy yo, sino la gracia de Dios que está conmigo" (1 Corintios 15:10).

"Dedíquense a la obra del Señor en todo momento, conscientes de que con él no será estéril su trabajo" (1 Corintios 15:58).

"Hemos sido creados en Cristo Jesús con miras a las buenas obras que Dios dispuso de antemano para que nos ocupáramos en ellas" (Efesios 2:10).

"Trabajad con temor y temblor por vuestra salvación, pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece" (Filipenses 2:12-13).

Siendo así, no resulta raro o extraordinario creer que Dios eligió a María para interceder y distribuir gracias. ¡Dios puede hacer lo que quiera! Una vez usó hasta un burro para hablar en Balaam, apareció en una zarza ardiente, en una nube… y eligió venir a la tierra como un bebé.

María es una ayudante, la más importante, como lo fue Moisés, Juan el Bautista, Elías, Pablo, Pedro o Juan. De ninguna manera esto interfiere con las prerrogativas únicas del poder de Dios, simplemente está usando a una de sus criaturas, la más bella, para sus propósitos divinos.

Dios hace posible que María escuche millones de oraciones de intercesión y luego las presente a Dios en nuestro nombre. ¡No es ningún problema para Dios! Para Él es simplemente una parte de todo lo que puede hacer continuamente en cada nanosegundo. Pablo dice: "En Él vivimos, nos movemos y existimos" (Hechos 17:28).

Y, en esta presentación que hace de nuestras oraciones, estaría acompañada de un ángel. Así lo dice el Apocalipsis: "Y la nube de perfumes, con las oraciones de los santos, se elevó de las manos del ángel hasta la presencia de Dios» (Apocalipsis 8:4). La Biblia dice que Jesús es "el que sostiene todo con su palabra poderosa" (Hebreos 1:3) y que "todo tiene en él su consistencia" (Colosenses 1:17).

Entonces, ¿podemos creer que Dios no puede habilitar a una persona, María, para escuchar las intercesiones? Es curioso tal reparo, viniendo de un calvinista, que pone un énfasis extremo (y loable) en la soberanía y causalidad de Dios.

La Biblia enseña que no hay ningún problema, es más, los seguidores de Cristo están "unidos con Él" (Romanos 6:5), son "un espíritu con Él» (1 Corintios 6:17), "transformados en imagen suya" (2 Corintios 3). :18), "llenos de la plenitud de Dios" (Efesios 3:19) y "de la plenitud de Cristo" (Efesios 4:13); de hecho, "participan de la naturaleza divina" (2 Pedro 1:4).

18 de diciembre de 2023

Nuestra Señora del Monte Anjara

 Del sitio Religión en Libertad:

En Anjara, Jordania, una imagen de la Virgen en un pequeño santuario mariano dentro de un convento derramó lágrimas de sangre en 2010, ante la mirada asustada de una religiosa que estaba limpiando cerca. 

El Patriarca latino de Jerusalén examinó el caso, lo dio por verídico y se colocó una placa junto a la imagen registrando el hecho, aunque falta un reconocimiento de más nivel con un análisis de su significación espiritual. 

No es muy común en pleno siglo XXI que una autoridad eclesial católica dé un "visto bueno" ágil a un fenómeno de lacrimación. El hecho de que sucediera en un convento y en la presencia de una religiosa, y que no fuese acompañado de mensajes ni de más acontecimientos misteriosos puede haber facilitado el reconocimiento por parte de la Iglesia. Los restos de las lágrimas de sangre aún se observan en la imagen de la Virgen. 

Aunque la religiosa testigo de los hechos es egipcia, el convento pertenece al Instituto del Verbo Encarnado y a su rama religiosa, las Hermanas de Matará, una congregación joven de origen argentino , por lo que ha contado con cierta difusión en lengua española, pero en general el suceso es poco conocido fuera de Jordania. 

Anjara es una pequeña ciudad de Jordania. Está ubicada al noroeste de Jordania, en los Montes Galaad, y es nombrada en el Antiguo Testamento como Mispah de Galaad (Jueces 11, 29-40). A 7 km de allí nació el profeta Elías (las autoridades turísticas jordanas insisten siempre, en pugna con las israelíes, que Elías predicaba en el lado jordano del Río Jordán y que San Juan Bautista, que emulaba su ministerio, también lo debía hacer). 

Anjara es de mayoría musulmana, pero cuenta con una parroquia católica y otra ortodoxa. La parroquia católica, dedicada a Nuestra Señora de la Visitación, tiene unos 600 fieles.

Hay tradición en el lugar -defendida por cristianos y musulmanes locales- de que Cristo y la Virgen durmieron allí en una gruta volviendo de Jerusalén, de camino a la Decápolis para predicar el Evangelio.

Aunque hay clérigos y comunidad católica allí desde mediados del siglo XIX, el pequeño santuario dedicado a la Virgen del Monte nació en la tercera década del siglo XX, una época de gran dinamismo de la comunidad local, cuando se fundó, por ejemplo, un hogar para niños huérfanos y abandonados que aún hoy atiende a unos 200 niños, hoy con el apoyo de las religiosas del Verbo Encarnado.

En esa época el párroco, Yousef Salmeh Nammat, puso la actual imagen de la Virgen María (italiana, tiene entre 150 y 200 años) en un pequeño santuario imitando una gruta, como la que dice la tradición que alojó a la Virgen.

Muy pronto sucedieron algunos signos portentosos. Por ejemplo, una mujer musulmana soñó con la Virgen. "Hija mía", dijo la Madre de Jesús en el sueño, "¿qué deseas de mí? Visítame". La musulmana acudió al lugar, con su marido, y le pidieron un hijo varón porque ya tenían 5 chicas. Nueve meses después dio a luz a un chico, y así se lo contó al obispo católico cuando lo vio en el hospital. 

El caso es que en Jordania no hay más santuarios marianos que este, que actualmente congrega unas 4.000 personas en las fiestas grandes de la Virgen, y oficialmente ni siquiera tiene la categoría de santuario. A esta Virgen la llaman Nuestra Señora del Monte, o bien, la Virgen de Anjara. Con la llegada de más fieles, la antigua gruta se amplió, con una ermita, y luego con el actual templo.

En 2003 llegaron a Anjara los religiosos de la familia del Verbo Encarnado, y en 2005 el padre Hugo Alaniz como párroco. 

El día 6 de mayo de 2010 tuvo lugar el suceso de las lágrimas. Lo cuentan así los religiosos del Verbo Encarnado en su web en español: “Una de nuestras hermanas, mientras limpiaba el Santuario, al empezar a limpiar alrededor de la puerta cerrada de la gruta donde está la imagen de Nuestra Señora del Monte -cuyas llaves de la puerta están en nuestra casa-, vio a través del vidrio como que la imagen parpadeaba. Pensó en ese momento que podría haber sido por el reflejo del agua que hubiese quedado en el vidrio. Pero al acercarse a la imagen vio que su aspecto era no ya de madera sino que había tomado un aspecto natural. En ese momento la Virgen parpadeó de nuevo e inmediatamente empezaron a caer dos lágrimas de sangre de sus ojos. La hermana no pudo contener sus nervios, se asusto y gritó. Dos de las niñas que trabajaban con ella vieron también el hecho, mientras la hermana ya en la puerta del Santuario con señas trataba de explicar a otras personas lo sucedido. La imagen tomó un aspecto natural, como de una persona viva. La hermana que la vio dice: “los ojos se me fueron a la imagen”, expresión literal traducida del árabe que significa que se sintió atraída a mirar la imagen. Luego de haber caído dichas lágrimas cesó el llanto quedando las mismas sobre las mejillas de la imagen. Allí se secaron". 

Esta religiosa pertenece al Instituto Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará (la rama femenina del Instituto del Verbo Encarnado), es de nacionalidad egipcia, su familia es ortodoxa, y ella se llama Mariam Um al-Kanisa, que significa María Madre de la Iglesia. 

La primera reacción la religiosa fue pensar que no estaba viendo bien y dice que se asustó mucho. Cuando contó lo sucedido lo hizo de modo sencillo y natural. Desde que sucedió lo de las lágrimas la gente la busca permanentemente, se puede decir que la persigue: quieren que cuente lo que vio, qué interpretación le da, qué le estaba rezando a la Virgen cuando sucedió. Ella intenta escapar de la gente. Cuando no lo consigue suele explicar: “¡Yo no estaba rezando, solo estaba limpiando!”

Las autoridades eclesiales que investigaron el caso fueron el entonces Patriarca latino de Jerusalén, Fouad Twal (que pastorea Israel, Palestina, Chipre y Jordania) y el obispo auxiliar para Jordania, Selim Sayegh.

Hicieron cerrar el santuario hasta que llegasen las hermanas del Rosario que son enfermeras y dirigen un importante hospital en Irbid, al norte de Anjara, para hacer el análisis de las lágrimas que habían bajado de los ojos de la Virgen. Ese análisis confirmó que se trataba de sangre humana. Los testigos fueron interrogados y considerados veraces. La posibilidad de fraude se desestimó.

Queda por promulgar un análisis espiritual de los hechos, pero por el momento las autoridades han permitido una placa describiendo el hecho en el lugar. El párroco piensa que es un gesto de la Virgen que llora especialmente por la Iglesia que sufre.

Cuando se conoció el evento sorprendente, aumentaron las confesiones, la asistencia a misa, la llegada de peregrinos y la devoción popular en la ciudad y en buena parte de Jordania. Incluso muchos musulmanes se acercan al santuario.

Cada año, el tercer viernes de junio, la parroquia commemora el hecho con un rosario, una misa festiva y una procesión con himnos marianos. Se juntan hasta 4.000 personas, incluyendo cristianos de distintos ritos e iglesias, y también algunos musulmanes.