Dedicado a María Santísima y a sus distintas advocaciones en el mundo, para que todos conozcan la historia de cada una de las Fiestas de Nuestra Reina del Cielo
Para preparar esta "noche de paz" con todas las iglesias cristianas de Tierra Santa, los responsables de la Hermandad Notre-Dame de France se reunieron con el alcalde de Nazaret, que tenía la idea de crear un "museo" de la Virgen María en su ciudad para el año 2000, en colaboración con la UNESCO. Las delegaciones de ochenta países de todo el mundo, que habían acudido a Belén con motivo de las dos mil Navidades, llevaban toda una serie de regalos marianos para entregárselos "como los Reyes Magos", pero todo se vio perturbado por el proyecto de mezquita integrista que un grupo de musulmanes de las afueras de Nazaret había intentado imponer a cien metros de la Basílica de la Anunciación.
Dadas las circunstancias, el alcalde abandonó la idea y sugirió a sus contactos que se retomara. Pero era necesario replantearse el concepto de "museo", que no era apropiado para la Madre de Dios, y sobre todo encontrar un lugar para albergar el futuro centro mariano porque, tras visitar las pocas posibilidades que el alcalde tenía en mente, nada era adecuado. El proyecto parecía completamente bloqueado, pero eso sin contar con la intervención de San José, tras una oración en la famosa "tumba de los Justos", redescubierta a finales del siglo XIX en el nivel más bajo de un extraordinario yacimiento arqueológico desenterrado en el convento de las Hermanas de Nazaret, también a cien metros de la basílica de la Anunciación.
El 12 de junio por la tarde, después de haber visitado todos los lugares posibles de la ciudad de Nazaret, densamente urbanizada, parecía perdida toda esperanza de encontrar un lugar adecuado para instalar un centro mariano y estuvimos a punto de abandonar el proyecto.
De regreso al hotel Galilée, nos encontramos por casualidad con un grupo de peregrinos franceses que iban a visitar la famosa "Tumba de los Justos", que entonces no conocíamos y, sin saber qué hacer, decidimos unirnos a ellos.
El descubrimiento de este yacimiento excepcional se produjo por casualidad, a finales del siglo XIX, cuando una hermana que realizaba unas obras en un sótano cayó unos metros más abajo en una primera cavidad que podría datarse en la época de las Cruzadas. A continuación se encontró un segundo nivel más abajo, que databa del periodo bizantino. Aún más abajo, se descubrió otro nivel que databa de la época de Cristo y, bajo este nivel, una extraordinaria tumba vacía, digna de un rey o de un santo, excavada en la roca, cuya existencia siempre había sido afirmada por la antigua tradición oral local.
Ante este impresionante lugar, atribuido a San José, me vino espontáneamente a la mente una pequeña oración: "San José, tú que has cobijado a Jesús y a María durante toda tu vida en la tierra, ¿podrías encontrar un lugar adecuado para tu esposa?"
Al día siguiente, 13 de junio de 2000, fiesta de San Antonio de Padua, después de la misa de las 6.30 en la basílica, una hermana se quedó más tiempo rezando. Al comenzar la conversación, nos preguntó por qué estábamos allí, y le contamos nuestro problema. Ella respondió, sorprendida: "¿Buscáis una plaza? Venid a visitar nuestro colegio, St Joseph's, que está justo al lado. Acabamos de decidir mudarnos y desde hace una semana recibimos gente que nos propone proyectos para montar un negocio o un hotel".
Casualmente, la escuela está situada justo al lado de la basílica, en un lugar ideal, y la hermana se llama Sor Antony. Ese día era su fiesta y pertenecía a la congregación de las Hermanas de San José de la Aparición, cuya fundadora, Émilie de Vialar, francesa, estaba emparentada con Jacques de La Bastide, que sería el primer presidente de la Asociación Marie de Nazareth, creada unos meses más tarde.
Fue así como San José encontró providencialmente el emplazamiento del Centro Internacional María de Nazaret, que fue la primera realización de la Asociación Marie de Nazareth.
Cristo nos dio a la Virgen María como guía. Su nombre significa “Estrella del Mar” (maitines del 12 de septiembre, festividad del Santo Nombre de María). San Agustín nos contará un poco más, en un sermón de la festividad de la Epifanía, sobre el hecho de que María es efectivamente una estrella revelada y dada a nosotros:
"Esta estrella virginal se encontró encerrada en el estrecho espacio de un establo, con el Sol de justicia al que había dado a luz; además, y para darlo a conocer, aparece en Oriente una estrella de nuevo esplendor con el increíble brillo de su luz, advierte a los gentiles sobre la aparición de la estrella que sale de Jacob y, caminando delante de los Magos para indicarles el camino, los lleva a Belén. Así es como el cielo da a conocer el Cielo, como una estrella indica una Estrella, como la luz da testimonio de la luz, como una estrella descubre a una estrella».
Una expresión apreciada y retomada por la Iglesia para alabar y glorificar a María en su liturgia. Hacia el siglo XX se compondría un magnífico himno inspirado en una oración del siglo VI: el “Ave Maris Stella” (Salve, Estrella del Mar). San Luis María Grignon de Montfort dirá también que “para ir a Jesús pasamos por María”. Ella es de hecho nuestra estrella.
Así que tomemos nuestro bastón de peregrinos para imitar a los Reyes Magos lo mejor que podamos. Vayamos en busca de Dios. El camino es largo, la fe, la confianza y el abandono total en Dios son difíciles, especialmente en la sociedad actual. Miremos, oremos a María, a lo largo de este camino Ella es nuestra estrella, la que deshace los nudos, incluso los más resistentes.
Estrella, luz suave que nos llega desde lo más profundo del cielo. La Virgen María guía nuestro caminar hacia Dios. Vivimos tiempos convulsos, donde el mar parece embravecido. Nuestra confianza, nuestra fe corre el riesgo de flaquear y hacer zozobrar la barca de nuestra alma.
Pero Ella está ahí, María, nuestra Estrella, el faro en la noche de nuestra vida. No es solo la madre que protege, que evita todos los peligros y alivia del esfuerzo a quienes le rezan. Es una Madre que precede a sus hijos y los anima con el ejemplo de sus virtudes, de su fe, de su humildad, de su caridad, para hablar solo de las virtudes teologales tan bien practicadas por los Magos. Ella está con nosotros en esta subida que muchas veces parece ardua y que constituye nuestra vida cristiana.
Los Reyes Magos supieron esperar, renunciar, abandonarse, partir. Advertidos como nosotros, siguieron adelante. Dejaron a un lado su vida social y dieron prioridad a su alma y santificación, quizás incluso sin saberlo. ¡De la noche a la mañana vieron la señal que Dios les envió! ¿Sabremos, a su vez, nosotros escuchar la llamada de Dios, la necesidad de nuestra alma de encontrarlo en nosotros, de asir la gracia que nos ha sido dada?
La misma María con su radiante belleza brillará en cada una de sus apariciones. A menudo utilizará su luz para ser encontrada y reconocida. Llegará incluso a hacer caer una estrella para marcar un lugar donde desea que se le rece, como en Montebourg, donde es invocada bajo el nombre de Nuestra Señora de la Estrella y se convertirá en la Virgen de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. En la calle del Bac de París, la Virgen María dirá que está triste porque algunos de los rayos que nos envía no son luminosos (estos representan las gracias que no le pedimos).
Ella es quien ilumina nuestra vida con esperanza; Ella es nuestra estrella hacia Dios y camino hacia nuestra bienaventurada eternidad. San Juan Bautista de la Salle observará: "No basta navegar con seguridad, hay que llegar a puerto. Esta Estrella del Mar, la Santísima Virgen, os conducirá hasta allí sin dificultad porque Ella lo conoce muy bien".
El tráfico de esclavos negros fue tan habitual que durante los siglos
XVI y XV comenzaron a proliferar distintas hermandades que solo
admitían gente de color entre sus filas. Pero con el paso de los siglos
tan solo algunas permanecen en la actualidad aunque si bien es cierto
que con diversas modificaciones, como la inclusión en la nómina de
hermanos independientemente de su raza.
Con la Reconquista menguó
el mercado de esclavos árabes pero tras el descubrimiento de América el
tráfico con las colonias de ultramar originó un crecimiento que se
tradujo en una mayor diversidad. Llegaban mulatos, mestizos, que se
mezclaban con negros africanos. En un principio con Sevilla como puerta a
España y después Cádiz. Es por ello que las hermandades que acogían
negros fueron más numerosas en el sur de la península que en otra región
del país.
Hoy en día la más conocida es la sevillana hermandad de los Negritos, que efectúa su estación de penitencia en la tarde del
Jueves Santo. Y aunque la titular mariana posee la advocación "de los
Ángeles", en sus orígenes tomó otra muy distinta. "Nuestra Señora de los
Reyes" fue intitulada hasta que en torno al siglo XVI cambia su nombre.
Al contrario que la patrona de Sevilla y su archidiócesis, hacía
referencia a los Reyes Magos. Con María como protectora de todas las
razas -y en los tres sabios de oriente se recogían las hasta entonces
conocidas- la Iglesia encontraba el camino para que los negros tuvieran
su espacio.
En el Alto Guadalquivir destacaron Úbeda y Baeza, que
llegaron a contar con hasta tres corporaciones fundadas por negro. No
muy lejos de allí, en Jaén, fue fundada en 1600 la hermandad de Nuestra
Señora de los Reyes y San Benedicto de Palermo, aunque con el tiempo fue
conocida como la cofradía de la Virgen de los Reyes. La advocación
mariana recordaba a los tres reyes que se postraron ante Jesús tras
conocer su nacimiento. Por su parte, Benedicto -más conocido como Benito de Palermo, el Moro o el Negro- fue un monje siciliano nacido en 1524,
beatificado por Benedicto XIV en 1743 y canonizado por Pío VII en 1807,
considerado patrón de los negros.
La hermandad, fundada por Juan
Cobo, quien permaneció al frente como hermano mayor y en 1611 marcha a
Granada, estuvo compuesta por gente de color y celebró su primera
función en 1600 en la iglesia de San Juan. Tan solo dos años después su
crecimiento fue tal que se trasladó a la iglesia de San Ildefonso. Con
nuevas imágenes e insignias, comenzaba un floreciente periodo dentro de
la corta historia de la corporación contando con el obispo Sancho Dávila y Toledo como protector de la misma.
El día 6 de enero se
celebraba la fiesta en su honor. La Virgen de los Reyes portaba una gran
corona dorada y tenía la curiosidad de que tenía brazos articulados
-algo inusual en la época-. Sostenía al Niño en brazos y se encontraba
rodeada por los tres Reyes Magos, portando cada uno de ellos sus
atributos. La celebración debió gozar de gran solemnidad pues asistían
los cantores de San Andrés, que por aquella época eran lo más requeridos
en las grandes celebraciones de la capital del Santo Reino. Antes de la
procesión, danzaban ante las imágenes.
Después, comenzaba la
procesión con las imágenes. Los danzantes abrían el cortejo presidido
por un estandarte de tafetán. El prioste portaba un cetro dorado
mientras que los dos alcaldes que lo acompañaban llevaban dos de color
negro. La música cerraba el desfile de una jornada que comenzaba con
cohetes y el repique de campanas anunciando el gran día y que concluía
cuando las imágenes regresaban a su sede canónica. La procesión volvía a
reproducirse el día del Corpus.
Pronto llegaría la decadencia a
la hermandad. Para su renacer fue vital la presencia de Cristóbal de
Porras, franciscano que pretendió una nueva etapa de esplendor. Pero se
topo con el fundador de la corporación, Juan Cobo, quien no había dejado
su cargo a pesar de su traslado a Granada. Finalmente, en un cabildo
celebrado el 20 de junio de 1627 Cristóbal de Porras que al frente como
gobernador, admitiéndose seis hermanos nuevos. Se abría un nuevo periodo
que se traduce en la recuperación de la fiesta y la adquisición de
telas para las imágenes. Con el paso del tiempo las referencias se van
difuminando y entra en un período de inactividad del que tristemente no
se recuperaría nunca.
Las
hermandades de negros dieron el salto al nuevo continente. La devoción a
San Benito de Palermo y a la Virgen de los Reyes Magos se extendió
rápidamente América. Lima, México, Santo Domingo son tan solo algunos
ejemplos. Las reglas fueron imitadas y María apareció como Madre de
todos los hombres. E incluso a pesar de la distancia y los cambios, las
modificaciones no impidieron la estrecha vinculación de algunas
devociones mundialmente conocidas con la advocación de Nuestra Señora de
los Reyes Magos. Es el caso de la Virgen de Guadalupe, que se muestra
con los tres Juanes -indio, mestizo y blanco- o la Caridad del Cobre,
ante tres pescadores -negro, mulato y blanco-. La aparición de estos a
sus plantas recuerda inevitablemente a una advocación que a pesar del
arraigo con el que contó terminó quedando en el olvido.
La devoción a la Virgen de la Luz es antiquísima en la ciudad de Cuenca. Del origen y vicisitudes de esta advocación existe una tradición que se mezcla entre la leyenda y la historia.
Cuenta la historia que a lo largo del siglo XII, los cristianos llegan en sus correrías hasta las mismas murallas de Cuenca, sin posibilidades, en principio de apoderarse de ella, ya que era inexpugnable y la idea no muy clara de su conquista hace retroceder ésta hasta finales de dicho siglo. Pero cuando el rey de Castilla, Alfonso VIII decide ir a su conquista nos encontramos ya en el año 1177. Para ello cuenta con el inestimable apoyo del Alfonso II de Aragón, la recién fundada Orden Militar de Santiago y la Orden de los Templarios.
Se cuenta que la aparición de la Virgen de la Luz al rey de Castilla Alfonso VIII, tuvo lugar en sueños; parece que la Virgen había pedido al rey que iniciase la reconquista de la ciudad, pues Ella estaría de su parte prestándole una importante ayuda para que rompiese aquel cerco de rocas. De tal manera que Alfonso VIII tomó la decisión de rodear Cuenca distribuyendo sus fuerzas estratégicamente. Para ello le pone sitio el día 6 de enero de 1177, festividad de los reyes magos. El rey Alfonso VIII pone cerco a la ciudad colocando a su ejército de tal manera que nadie pueda entrar ni salir de ella sin ser controlado por él.
El campamento principal lo mandó instalar en el llamado Campo de San Francisco, donde hoy se encuentra emplazada la Parroquia de San Esteban y la Diputación Provincial. Ordena situar a sus fuerzas de tal manera que no puedan recibir ayuda del exterior ni ninguna clase de víveres, el hambre podría ser su gran aliado ante tan difícil empresa.
Se montan guardias a corta distancia a fin de que no puedan ser sorprendidos, permitiendo sólo la salida de los rebaños de los cristianos que vivían en el interior de la ciudad. De varios rebaños que salieron sólo permitieron regresase uno de ellos, ya que no querían sirviesen las ovejas de los mismo de avituallamiento del enemigo que dominaba y ocupaba la ciudad. Como permitían los cristianos que algunos rebaños de ovejas pastasen en el espacio del actual Recreo Peral y la Puerta de San Juan (entonces Puerta de Aljaraz), fue motivo por el cual un día cuando un grupo de soldados cristianos vigilaban aquella parte del río divisaron como unos asnos y ovejas remontaban el terreno y desaparecían poco después. Con toda rapidez fueron en su busca, pero cuando llegaron al lugar por donde habían desaparecido observaron que había un fuerte portón de madera herméticamente cerrado, por lo que decidieron regresar al campamento y contar al rey lo que habían visto.
Enterado el rey decide que un grupo de hombres expertos estudiase el lugar durante algunos días controlando todo lo que por allí ocurra a cada momento. Sin perdida de tiempo manda a sus mejores hombres con la misión de coger a un pastor cristiano que pase diariamente por aquella puerta y les explique qué deben hacer para pasar por aquel portón y tomar la ciudad. El rey presentía que hallarían la formula, pues tenía plena confianza de lo que la Virgen le prometió en sus sueños. Cuando varios pastores regresaban a la ciudad con las ovejas fueron sorprendidos sin que los vigilantes de las almenas se diesen cuenta del hecho y en la refriega matan a dos de ellos. Cuando se acercaron al tercero (Martín Alhaja) se puso de rodillas gritando que era cristiano y que había recibido un mensaje de la Virgen para ayudarles a entrar en la ciudad. Les indicó que les ayudaría a pasar mezclados entre las ovejas y pasarían la vigilancia del encargado de su custodia por tratarse de un hombre ciego. Con la mayor rapidez fue informado el rey mandando suficientes hombres para que esa misma noche la soldadesca se apoderase de la ciudad.
Se hizo tal como había dicho el pastor, puesto que él se encargó de distraer al ciego, mientras hablaban iba tocando este las ovejas y no se percató de la hábil entrada que hicieron un buen numero de soldados cristianos, ya que se cubrieron con pieles de ovejas que mataron. Una vez dentro se lanzaron sobre los centinelas a los que mataron sin apenas darse cuenta de lo ocurrido. A una señal irrumpieron los soldados que esperaban junto al río y poco a poco pasó parte del ejército, iniciándose combates a lo largo de toda la noche. Cuando al día siguiente el sol inundaba con sus rayos la ciudad ya no era árabe sino cristiana. Era ese el día 21 de septiembre, festividad de San Mateo, cuando el rey Alfonso VIII recibía las llaves de aquella ciudad llamada Cuenca y que había sido calificada de inexpugnable.
Como había prometido aquel joven rey dio inmediatamente la orden de comenzar la ermita, puesto que se habían hecho ya las zanjas y elegido la piedra que se utilizaría. En poco tiempo se levantó siendo bautizada con el nombre de Santuario de la Virgen de la Luz, debido a que un pastor cristiano había visto una luz cuando pasaba de noche por el puente y al acercarse vio a la Virgen con un candil en la mano. También se ha conocido este Santuario con el nombre de la Virgen del Puente.
Y cuenta otra historia que aquella primera noche que el rey durmió en Cuenca tuvo, en sus sueños, una revelación en la que se le indicaba que en una hoquedad que había un poco más abajo del puente musulmán, los primitivos cristianos habían escondido una imagen de la Virgen. Sólo sería preciso efectuar unas excavaciones no muy profundas y rápidamente hallarían la imagen de aquella Virgen. Dio orden para que un grupo de soldados buscasen en el lugar soñado encontrando una preciosa talla de la que sería después denominada Virgen de la Luz, ordenando construir una ermita para recordar el suceso muy cerca de donde fue encontrada.
Es una historia larga y rica en detalles, en nombres, en fechas y en documentos. Los favores recibidos en la ciudad por su mediación, especialmente en el siglo XVIII, fueron muchos, como así consta en documentos de diversas épocas.
Se cuenta que allá por el año 1345 unos frailes llamado "Antoneros" fundaron una especie de convento-hospital en el cual se curaban aquella serie de enfermedades terriblemente peligrosas de la Edad Media, destacando entre todas ellas, el "Fuego Sacro", que algo más tarde recibiría el nombre de "mal francés". Esta congregación hospitalaria de frailes hizo mucho bien a los enfermos, tenían a San Antón como patrono, y precisamente a esta circunstancia se debe esta duplicidad de nombre referido a esta parroquia denominada Virgen de la Luz y San Antonio Abad (San Antón). Las apariciones de la Virgen fueron varias a lo largo de los nueve meses de asedio, motivo por el cual el rey vigiló muy de cerca el levantamiento de aquella ermita cuya construcción primitiva en el siglo XIII ha ido desapareciendo en el transcurso del tiempo debido a las reformas efectuadas, pues la Parroquia es de estilo barroco, quedando aún su portada plateresca.
El santuario actual, construido en 1760, queda a muy corta distancia de donde debió de estar la primitiva ermita. Por su situación junto al puente sobre el río Júcar se le ha conocido también como ermita del Puente, y por ser la sede patronal muchos la conocen hoy como ermita de la Virgen de la Luz.
La venerada imagen fue coronada canónicamente el día 1 de junio de 1950, por el nuncio de S. S. Mons. Cocognani, siendo obispo de la diócesis D. Inocencio Rodríguez Diez. Fue un acontecimiento religioso-festivo de carácter provincial sin precedentes, en el que estuvieron presentes 83 imágenes patronales llegadas de otros tantos pueblos de la provincia.
La Virgen de la Luz, es alcaldesa honoraria de la ciudad de Cuenca. Según escribe Francisco Gómez de Travecedo, la imagen de la Virgen está elaborada con piedra negra y lleva un Niño entre sus brazos y un candil o luminaria en la mano derecha. En esto, por cierto, coincide con una tradición medieval muy extendida en otros lares.
El poema dramático que ofrecemos a
continuación proviene de la Iglesia del Norte de Mesopotamia, no lejos
de la región de donde los Magos emprendieron su camino hacia Belén. Es
una bella pieza de poesía popular, que puede fecharse no después del
siglo V, y está escrito en arameo, la misma lengua de Jesús.
Es un
diálogo entre María y los Magos en estrofas alternas, y está lleno de
humanidad y de sensibilidad teológica. En él se expresa cómo un pueblo
de tradición pagana vive la llegada del cristianismo y se alegra de que
unos paisanos suyos -el término "magos" era la denominación de los
sacerdotes de Persia- hayan estado entre los primeros en reconocer al
Hijo de Dios. Este poema es el antecedente más antiguo que conocemos del
Auto de los Reyes Magos, la primera obra dramática de la literatura
española. Traducido para Alfa y Omega, es la primera vez que se publica en español
ESTRIBILLO
¡Gloria a Ti, Señor, porque con tu venida los pecadores se han convertido de su maldad, y han entrado a refugiarse en el Jardín del Edén, que es la Iglesia Santa!
INTRODUCCIÓN
Al nacimiento del Hijo apareció la luz, y la oscuridad huyó del mundo; el orbe entero brilló, y se puso a alabar al Resplandor del Padre, que le había iluminado. Salió del seno de la Virgen, y cuando apareció se disiparon las sombras; por él fueron sofocadas la oscuridad y el error, y resplandecieron los confines de la tierra con cantos de gloria.
Entre las naciones se hizo un gran clamor, porque había brillado la luz en la tiniebla; los pueblos saltaron de gozo, glorificando a Aquél por cuyo nacimiento todos habían sido alumbrados.
Su luz resplandeció en Oriente, y Persia fue iluminada por la estrella. Apenas bajó, le dio la buena nueva y la invitó a venir a su Epifanía, que llena de alborozo al universo.
La luminaria se apresuró a manifestarse a las tinieblas. Las llamaba a que vinieran con ella y gozaran en la luz grande que había descendido a la tierra.
La estrella bajó como mensajera para anunciar su pregón a los hijos de Persia: que se preparasen, pues ya había aparecido el Rey que habían de adorar.
Asiria, la gloriosa, al percibir la estrella, llamó a los Magos y habló con ellos: "Tomad ofrendas, e id a rendir honores al Gran Rey, que se ha manifestado en Judá".
Los príncipes de Persia, exultantes de gozo, cargaron desde su país con las ofrendas, y las trajeron al hijo de la Virgen: el oro, la mirra, y el incienso.
Entraron, y se hallaron con un niño que vivía en la casa de una pobre mujer; doblaron sus rodillas, le adoraron, llenos de alegría y depositaron sus tesoros ante él.
DIÁLOGO
Dice María: "¿Para quién son estas cosas, y cuál es el motivo, la ocasión que os ha hecho venir de vuestra tierra hasta este niño, con vuestros tesoros?".
Dicen los Magos: "Tu hijo es Rey; Él es quien distribuye las coronas, y el Señor de todo; grande es su dominio sobre el mundo, y todo obedece a su imperio".
María: "¿Cuándo se ha visto esto, que una pobre mujer dé a luz a un rey?
Yo soy una indigente desvalida, ¿cómo va a salir un rey de mí?".
Magos: "Sólo en ti se ha dado este suceso, que el Gran Rey nazca de ti; por Él será ensalzada tu pobreza, pues a tu hijo le están sometidas las coronas".
María: "Yo no tengo los tesoros de los reyes, y no he sabido nunca lo que era la riqueza; la casa es pobre y la habitación desguarnecida, ¡no proclaméis que mi hijo es Rey!".
Magos: "Tu hijo es un tesoro grande, y una riqueza capaz de enriquecer a todos; los tesoros de los reyes se empobrecen, pero éste no disminuye, ni hay medida para él".
María: "Averiguad, no vaya acaso a ser otro ese rey vuestro que ha nacido; que éste es hijo de una mujer pobre, incapaz ni siquiera de ver a un rey".
Magos: "¿Es posible acaso que yerre el camino la luz que es enviada?
No es la tiniebla la que nos llamó y nos ha traído. Hemos seguido la luz, y tu hijo es Rey".
María: "Ya veis que el niño está callado, y que la casa de su madre es menesterosa y pobre; nada hay en ella propio de un rey. ¿Como va un rey a aparecer en ella?".
Magos: "Vemos que se está quieto, y es manso el niño, y humilde, como dices; pero hemos visto también que hace brillar en lo alto a las estrellas, para que le anuncien".
María: "Tenéis que averiguar, señores, quién es el rey, y así podréis adorarlo. Tal vez el camino se ha cambiado, y es otro el rey ése que ha nacido".
Magos: "Tienes que aceptar, muchacha, que sabemos que tu hijo es Rey por la estrella, que no yerra en su curso; su camino era claro, y ella nos ha traído".
María: "El niño es pequeño, y no tiene ni trono ni diadema real; ¿qué veis vosotros en él, para presentarle vuestros tesoros como a un rey?".
Magos: "Es pequeño porque así lo quiso, y porque el niño ha de ser manso y humilde hasta que se revele; pero vendrá un tiempo en que todas las coronas se inclinarán ante él para adorarle".
María: "Mi hijo no tiene ejércitos, ni legiones, ni filas de soldados; está tranquilo con la pobreza de su madre, ¿por qué habéis de proclamarlo rey?".
Magos: "Los ejércitos de tu hijo están en lo alto, y cabalgan llameantes en los cielos; por uno de ellos, que vino y nos llamó, está toda revuelta nuestra tierra".
María: "El niño es apenas un recién nacido; ¿cómo podría ser el rey del mundo?
¿Cómo podrá un chiquillo gobernar a los héroes y a los hombres famosos?".
Magos: "Tu niño es un anciano, muchacha; anciano de días y anterior a todo.
Adán es mucho más joven que él, y por él son gobernadas todas las criaturas".
María: "Es muy necesario que expliquéis y aclaréis todo el suceso:
¿Quién os ha revelado el misterio de mi hijo?
Si ya tenéis vosotros un rey en vuestra tierra".
Magos: "También es necesario que nos creas, que si la verdad no nos hubiera traído, no hubiéramos venido hasta aquí, por caminos perdidos, desde el fin del mundo, a causa de tu hijo".
María: "Contadme ahora, como amigos, cómo sucedió todo el misterio entre vosotros, allá en vuestro país.
¿Quién os llamó para que viniérais a mí?".
Magos: "Se nos apareció una gran estrella, mucho más brillante que todas las demás.
Nuestra tierra se encendió con su luz, y ella nos anunció que el Rey se había manifestado".
María: "No quiero que habléis de estas cosas en nuestra tierra, no sea que lleguen a oídos de los reyes del país, y por envidia pongan en peligro al niño".
Magos: "No temas, muchacha; tu hijo acabará con todas las coronas y las pondrá bajo su talón. No le harán daño por mucho que le envidien".
María: "Me espanta Herodes, ese perro rabioso, no sea que se agite contra mí, y desenvaine su espada, y sea cortado el dulce racimo antes de que madure".
Magos: "No tengas miedo de Herodes, que su trono está en manos de tu hijo; a nada que intente, vacilará y será abatido, y su corona caerá, y será el fin del miserable".
María: "Jerusalén es un torrente de sangre, en el que los buenos son aniquilados; si cae en la cuenta del niño, atentará contra él; hablemos en secreto, no seáis causa de alboroto".
Magos: "Los torrentes todos y las fauces terribles serán apaciguados por tu hijo, y se mellará la espada de Jerusalén. Amenos que él lo quiera, no será muerto".
María: "Los escribas y los sacerdotes de Jerusalén son expertos en sangre, y si esto les llega, provocarán una persecución mortal contra mí y contra mi hijo. ¡Magos, callad!".
Magos: "No pueden los escribas y los sacerdotes hacer daño a tu hijo con su envidia; que por él se acabará su sacerdocio, y serán abolidas sus festividades".
María: "El ángel me reveló, cuando concebí al niño: "Tu hijo es rey, y alta es su corona, y no se acabará". Él me lo declaró, igual que hizo con vosotros".
Magos: "Este ángel, pues, del que tú hablas, es el que nos llamó a nosotros en la estrella; se nos apareció para que te anunciemos que tu hijo es más grande y glorioso que las estrellas todas".
María: "El ángel que se me apareció, me explicó, cuando me dio la buena nueva: "Su reino no tendrá fin"; y yo he guardado el secreto, para que no se publique".
Magos: "También la estrella nos explicó a nosotros que es tu hijo quien distribuye las coronas. Sólo que su aspecto se había transformado; y aunque era el ángel, no nos lo dio a conocer".
María: "Cuando el ángel me dio la buena nueva, le llamó su Señor, aunque aún no había sido concebido.
Me lo anunció como Hijo del Altísimo, pero dónde está su Padre, no lo sé".
Magos: "También a nosotros nos proclamó la estrella que el que había nacido era el Señor de los cielos. ¡Tu hijo gobierna las luminarias, y no salen si no es porque él lo ordena!".
María: "Os voy a revelar a vosotros otro secreto, para que creáis: virginalmente he dado a luz al hijo que es Hijo de Dios. ¡Id, anunciadlo!".
Magos: "Ya nos había enseñado antes la estrella que es tu niño más alto que el mundo, y que tu hijo está por encima de todo. Él es Hijo de Dios, tal como dices".
María: "La altura y lo profundo dan testimonio de él, los ángeles todos, y también las estrellas, que es el Hijo de Dios, y también el Señor. ¡Llevad a vuestro país la buena nueva!".
Magos: "El cielo entero, con una sola estrella, ha llenado de agitación a Persia, que ya cree que tu hijo es el Gran Rey, al que se han de someter todos los pueblos".
María: "¡Llevad un saludo de paz a vuestras tierras, que la paz se multiplique en vuestro territorio! ¡Apóstoles de la verdad! ¡Que encontréis una respuesta de fe a lo largo de todo el camino de vuestro viaje!».
Magos: "¡Que la paz de tu hijo nos conduzca en paz a nuestra tierra, como hemos venido! Y cuando su poder tome posesión del mundo, ¡que visite y santifique nuestra tierra!".
María: "¡Que Persia se alegre con vuestro anuncio, y Asiria salte de gozo con vuestra llegada! Y cuando resplandezca el reino de mi hijo, ¡que ponga su estandarte en vuestra tierra!".
CONCLUSIÓN
¡Que exulte la Iglesia, cuando canta la gloria del nacimiento del Altísimo!
Los cielos y la tierra se iluminaron en su Epifanía.
¡Bendito Aquél, con cuyo nacimiento todo es alegría!
En las Indias Orientales se encuentra la iglesia y el santuario de Nuestra Señora de Cranganor, que, según se afirma, fue construido por uno de los tres Reyes que visitaron al Divino Niño y a su Bendita Madre. La India fue uno de los países que tuvo el privilegio de recibir la luz de la fe en los albores del cristianismo.
La historia cuenta que Santo Tomás Apóstol llegó a la India en Cranganor en el año 52 d.C.. Allí, los cristianos siguen siendo conocidos como fieles de Santo Tomás. Kerala, como también se conoce el lugar, está aislado por las cordilleras del resto de la India, y se ha mantenido firme en la Fe, a pesar de la penumbra del resto del continente. La profunda espiritualidad de los católicos evidencia su gran amor por la Madre de Dios, Nuestra Señora de Cranganor. Nala-bat, como también se llama el país, puede traducirse como el país de María, el homónimo de María. Se cree que cuando Santo Tomás llegó a Cranganor, trajo consigo un cuadro de Nuestra Señora, pintado por San Lucas; éste se perdió después del martirio de Santo Tomás, pero más tarde se descubrió en una cueva en Little Mount, Madrás, cerca del lugar de su muerte.
En 1498, cuando los portugueses llegaron a Cranganor, se sorprendieron al encontrar tantas iglesias dedicadas a María. San Francisco Javier encontró a los habitantes de Cranganor muy fuertes en la fe y devotos de María, Nuestra Señora de Cranganor; no escatimó esfuerzos para encender su devoción a la Madre de Dios.
Cabe preguntarse por qué la devoción a María arraigó y floreció con tanta fuerza en Kerala, casi como si respondiera a una profunda necesidad religiosa y psicológica. Quizá la razón de esta devoción espontánea se encuentre en la posición de la madre en la familia hindú. Porque, aunque el amor, la obediencia, la devoción y la dependencia de la madre son naturales en todos los pueblos y naciones, en Cranganor la posición exaltada de la madre adquiere proporciones singulares, si no únicas. La madre lo es todo en la familia; depender de ella es una tendencia muy arraigada en todos los niños de Kerala. Mucho más que el padre, la madre es el sostén de la familia. Posee, compra y vende propiedades y gobierna la casa sin consultar con el padre; él puede ausentarse con frecuencia, pero ella siempre permanece en casa. Sus hermanos no tienen derecho a la propiedad, sólo a un subsidio de subsistencia y alojamiento. Este sistema matriarcal ha sido cuidadosamente protegido por la mayoría de los hindúes. Está en el corazón mismo del modo de vida tradicional de Kerala; una costumbre consagrada que ha contribuido a dar a la devoción mariana una fácil acogida y un rápido crecimiento.
San Ignacio de Loyola llevaba siempre el rosario bien visible sobre la sotana. Para su gran satisfacción, la iglesia de Nuestra Señora "Madre de Dios" le fue asignada a su llegada a Cochin, sustituyendo a Cranganor como puerto de tráfico con el mundo occidental. Cuando San Francisco llegó, encontró una Cofradía de la Santísima Virgen María ya establecida y la fomentó celosamente durante su vida.
Quienes saben leer los signos de los astros, han reconocido en los brazos de la Virgen al Creador de los hombres; y en los rasgos de quien tomó condición de esclava, adoraron a su Maestro.
Ellos, con gran entusiasmo, la honran con sus regalos cantando a la Toda Bendita:
Salve, oh Madre del sol sin ocaso;
salve, aurora del místico día.
Salve, tú apagas hogueras de errores;
salve, Dios Trino al creyente revelas.
Salve, del trono derribas al tirano enemigo;
salve, nos muestras a Cristo Señor y amigo.
Salve; nos has liberado de bárbaros ritos;
salve, nos has redimido de acciones malignas.
Salve, destruyes el culto del fuego pagano;
salve, extingues las llamas del vicio.
Salve, camino a la santa templanza;
salve, alegría de todas las generaciones
¡Salve, virgen y esposa!
Los Magos regresaron a Babilonia como testigos, portadores de Dios. Allá anunciaron la Buena Nueva y cumplieron la Escritura al proclamarte ante todos como el Mesías. Herodes se quedó solo, preso de su estupidez, incapaz de sumarse a alabanza: ¡aleluya, aleluya, aleluya!
La imagen de la Virgen recorre junto a los Reyes Magos las calles de
uno de los barrios más antiguos de la capital de Guatemala perteneciente a la
Parroquia Divina Providencia, en una tradición que se mantiene vigente y
que a la vez aumenta la fe popular con el correr de los años.
Tras los terremotos de 1773 y el traslado de la ciudad a la Nueva
Guatemala de la Asunción, los terciarios edificaron una capilla más
grande dedicada a la Virgen, a un costado del templo de San Francisco.
“Para entonces se le conocía como Virgen del Cordanillo”, refiere
Jhonathan Saravia, presidente de la Hermandad de Jesús Nazareno del
Desamparo de la parroquia de la Divina Providencia y encargado del
festejo desde hace cuatro años.
El historiador Celso Lara Figueroa registra en su libro Leyendas y casos
de la tradición oral de la Ciudad de Guatemala que cuando elpresidente Justo Rufino Barrios expulsó a los terciarios, entre 1876 y 1884, la
imagen de la Concepción tuvo que ser retirada de su capilla. Se sabe que
fue trasladada a la parroquia Nuestra Señora de los Remedios —El
Calvario—, y esta, a su vez, la envió al Guarda Viejo.
Para
entonces los lugareños ya celebraban las fiestas en honor de su patrona,
el 6 de enero, con una imagen más pequeña que había sido traída de
Antigua Guatemala, documenta Lara Figueroa a través del relato de Ramiro
Araujo, uno de los altareros y guardianes de la tradición en la
parroquia del Guarda Viejo.
En un documento del 17 de enero de 1894 consta que los terciarios
mandaron a pedir la imagen, pero los del Guarda contestaron que no
pensaban devolverla, “pues la gente la ha hecho parte de su devoción y
su patrona”, refiere Saravia.