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20 de agosto de 2026

Nuestra Señora, Arca de Dios


Traducido del sitio Catholic 365:

Al celebrar la Asunción de Nuestra Santísima Madre, el Arca de la Alianza aparece en las lecturas tanto de la Misa de Vigilia como de la Misa del día. De hecho, en la lectura del Apocalipsis vemos dos Arcas: el Arca que construyó Moisés, alrededor de la cual bailó David, y también el Arca de la Nueva Alianza, la Virgen Madre de Jesús.

Entonces, ¿cuál es la relación entre el hecho de que David llevara el Arca de la Alianza a Jerusalén en la primera lectura (Misa de Vigilia) y la Asunción de María al cielo? En primer lugar, recordemos que el Arca que David llevaba a Jerusalén contenía las tablas que Moisés bajó de la montaña con los mandamientos de Dios inscritos en ellas. Esa era la Palabra de Dios. Y luego vemos a María, quien llevó a Jesús, la Palabra de Dios encarnada, en su vientre. Por lo tanto, Ella es el Arca de la Nueva Alianza. Teniendo esto en cuenta, la conexión comienza a quedar clara. Mi Misal dominical de San José explica la conexión con mayor detalle: "Y su Asunción al cielo se considera prefigurada en el solemne traslado del Arca a Jerusalén, la ciudad de Dios, donde encontró su lugar definitivo entre el pueblo de Dios". Y el lugar de María entre el pueblo de Dios es el de Madre de la Iglesia.

La misa del día continúa con esta conexión, ya que en la lectura del Apocalipsis se mencionan ambas Arcas: tanto el Arca de la Alianza en el templo de Dios como la "Mujer vestida de sol". También vemos que la mujer lleva una corona de doce estrellas. La mayoría de los estudiosos de la Biblia reconocen que la mujer es María, la madre de Jesús (el Mesías). Su corona también la designa como reina. Y, dado que está a punto de dar a luz (a un hijo varón), también es madre.

Reconocemos a Jesús como rey de la Iglesia, entonces, ¿cómo puede María ser la Reina? Para entender esto mejor, debemos remontarnos a los libros históricos de la Biblia, especialmente a 1 Reyes 2:19-20, donde aprendemos sobre el cargo de la reina madre. La Biblia de Estudio Católica de Ignacio explica: "El cargo de reina lo ocupaba la madre del rey, tal como ocurría en muchas otras cortes reales del Cercano Oriente". Esto se debía a que los reyes de la antigüedad solían tener muchas esposas (como fue el caso de David y Salomón), pero solo una madre; por lo tanto, la madre del rey asumía el cargo de reina.

El salmo responsorial de la Misa de vigilia continúa con el tema del arca: "Señor, sube al lugar de tu descanso, tú y el arca de tu santidad". En retrospectiva, esto también podría verse como una referencia a la Santísima Madre, como el arca de la santidad de Dios (Su único Hijo), quien ahora está en el Cielo, el lugar de descanso.

El salmo responsorial de la misa diurna retoma el concepto de la realeza: "La reina está a tu diestra, ataviada de oro". Allí ocupa el lugar que le corresponde, ataviada como es debido. En la Última Cena, Jesús les dijo a sus apóstoles que iba a preparar un lugar para ellos (Juan 14:2). ¿Cuánto más apropiado es suponer que también prepararía un lugar para su madre?

Ambas segundas lecturas provienen del capítulo quince de la carta de San Pablo a los Corintios. En la misa de vigilia nos enteramos de la victoria de Cristo sobre la muerte. "La muerte ha sido devorada por la victoria… por medio de nuestro Señor Jesucristo". La lectura de la misa diurna es un preludio de esto, donde Pablo señala: "El último enemigo en ser destruido es la muerte". En este pasaje, Pablo también habla del reinado de Cristo, así como de su resurrección y de cómo esto prefigura nuestra resurrección por medio de Él.

En la lectura del Evangelio de la misa de vigilia, una mujer clama a Jesús, proclamando: "Bienaventurado el vientre que te llevó". Esto se relaciona con la lectura de la misa del día, donde "Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó en voz alta y dijo: 'Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre'". Tras la exclamación inspirada de Isabel, escuchamos el hermoso canto de alabanza de María, que llamamos el "Magnificat".

La Biblia de Estudio Católica de Ignacio amplía este encuentro de la siguiente manera: "Por un lado, narra un encuentro gozoso entre dos madres embarazadas; por otro, evoca historias memorables del Antiguo Testamento sobre el Arca de la Alianza". Al aludir a estas antiguas tradiciones, Lucas amplía considerablemente la visión del lector atento. Pues nos lleva a ver a María como el Arca de la Nueva Alianza de Dios e insinúa que el sagrado Arca de la Antigua Alianza simplemente prefiguraba un Arca más maravillosa por venir: la Madre del Mesías divino.

Y así vemos en esta celebración el trasfondo de la Sagrada Tradición que la Iglesia mantiene sobre María como Reina del Cielo, Reina de la Iglesia y Nuestra Santísima Madre (puesto que ella es la Madre de Jesús y nosotros somos el Cuerpo de Cristo). Resulta inexplicable que muchos cristianos se nieguen a reconocer la importancia de María y por qué los católicos la veneran (no la adoran) como Reina y Madre. Sin embargo, incluso algunos protestantes destacados (C. S. Lewis, por ejemplo) la veneraban, y tantos santos se le dedicaron. Además, según el National Catholic Register, el papa León XIV también muestra una gran devoción por Nuestra Santísima Madre. El papa San Juan Pablo II atribuyó a la Santísima Madre el haberle salvado la vida cuando recibió un disparo, al desviar la bala para evitar daños mortales. En vista de su elevado estatus, deberíamos sentirnos libres de pedirle que rece por nosotros, así como que interceda por nosotros ante su Santo Hijo, pues ¿qué Hijo amoroso podría negarle los deseos a su madre?


18 de agosto de 2026

¿Por qué Nuestra Señora está amamantando a San Bernardo de Claraval


Hoy se conmemora a San Bernardo de Claraval:

Traducido del sitio Aleteia:

Hay mucho simbolismo detrás de la popular imagen medieval de la Virgen María amamantando a un santo.

En el arte medieval, era común representar a la Santísima Virgen María con los senos al descubierto, extrayéndose leche manualmente de ellos. En ocasiones, aparecía un santo recibiendo la leche, como San Bernardo de Claraval.

Esta imagen de San Bernardo amamantándose de los pechos de la Virgen María se debe a una leyenda popular relacionada con su vida.

San Bernardo fue un devoto monje cisterciense del siglo XII que sentía un profundo amor por la Virgen María. Su nombre se asocia a menudo con el "Memorare", una de las oraciones marianas más populares de todos los tiempos, aunque él no fue quien compuso esta oración.

Según diversas historias medievales sobre su vida, San Bernardo tuvo una visión de la Virgen María. El autor Richard Storrs relata la historia en su libro sobre San Bernardo.

"[L]a Santísima Virgen se le había aparecido, acompañada de santos, en medio de su grave enfermedad, y con un toque suave había aliviado su angustia, curado su dolencia y detenido el intenso flujo de saliva que brotaba de sus labios, para que esos labios pudieran pronunciar libremente las palabras más sabias y autoritarias que se habían escuchado hasta entonces en Europa.

Una versión más extrema que la leyenda adoptó posteriormente ha sido inmortalizada por Murillo en un célebre cuadro de la Galería Real de Madrid, donde se representa a la Virgen María apareciéndose a Bernardo mientras está sentado entre sus libros, y haciendo que la leche de su pecho caiga sobre sus labios, no solo para sanarlos, sino para dotarlos de elocuencia celestial, mientras los querubines la rodean en un resplandor de gloria celestial. 

A este episodio se le suele llamar "La lactancia de San Bernardo", y por lo general se representa como un chorro de leche que entra en la boca de Bernardo, aunque a veces las historias relatan que la Virgen María le dio tres gotas de su leche.

La historia y su posterior representación no resultaban extrañas para los cristianos medievales, ya que la lactancia materna era un hecho común de la vida y se asociaba tradicionalmente con el hecho de que una persona fuera alimentada tanto física como espiritualmente. Que la Virgen María mostrara sus pechos para alimentar a los fieles cristianos no era escandaloso en absoluto y tenía por objeto simbolizar una realidad espiritual más profunda.

En el Antiguo Testamento, la lactancia materna se relacionaba a menudo, en un sentido espiritual, con la recepción de la sabiduría o de las bendiciones de Dios:

    Alégrense con Jerusalén y regocíjense por ella,
    todos los que la aman;
    alégrense con ella en alegría,
    todos los que lloran por ella;
    para que puedan mamar y saciarse
    de sus pechos consoladores;
    para que puedan beber a sorbos con deleite
    de la abundancia de su gloria. 

(Isaías 66:10-11) 

San Pablo, en el Nuevo Testamento, vincula de manera similar la lactancia materna con la transmisión de la fe cristiana: " Pero yo, hermanos, no pude dirigirme a ustedes como a hombres espirituales, sino como a hombres carnales, como niños en Cristo. Los alimenté con leche, no con alimento sólido; pues no estaban preparados para ello; y aún ahora no lo están, pues siguen siendo carnales". (1 Corintios 3:1-3). 

El papa Francisco alentó a las mujeres a amamantar a sus hijos, vinculándolo con el hecho de darles a los niños un regalo de sí mismas: " Los bebés tienen su propio dialecto. Si uno empieza a llorar, los demás lo siguen, como en una orquesta. Si empiezan a dar el "concierto", es porque no se sienten cómodos. O tienen demasiado calor, o no se sienten cómodos, o tienen hambre. Si tienen hambre, amamántalos sin miedo, aliméntalos, porque ese es el lenguaje del amor".  

La imagen de San Bernardo amamantándose de los pechos de la Virgen María es una obra de arte que tiene mucha historia y belleza, con un simbolismo espiritual detrás que nos recuerda la dignidad del cuerpo humano.

20 - agosto - 2019

14 de agosto de 2026

Dormición de Nuestra Señora


 Del sitio de la Santa Sede:

Sobre la conclusión de la vida terrena de María, el Concilio cita las palabras de la bula de definición del dogma de la Asunción y afirma: "La Virgen inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo" (Lumen gentium, 59). Con esta fórmula, la constitución dogmática Lumen gentium, siguiendo a mi venerado predecesor Pío XII, no se pronuncia sobre la cuestión de la muerte de María. Sin embargo, Pío XII no pretendió negar el hecho de la muerte; solamente no juzgó oportuno afirmar solemnemente, como verdad que todos los creyentes debían admitir, la muerte de la Madre de Dios.

En realidad, algunos teólogos han sostenido que la Virgen fue liberada de la muerte y pasó directamente de la vida terrena a la gloria celeste. Sin embargo, esta opinión era desconocida hasta el siglo XVII, mientras que, en realidad, existe una tradición común que ve en la muerte de María su introducción en la gloria celeste.

¿Es posible que María de Nazaret haya experimentado en su carne el drama de la muerte? Reflexionando en el destino de María y en su relación con su Hijo divino, parece legítimo responder afirmativamente: dado que Cristo murió, sería difícil sostener lo contrario por lo que se refiere a su Madre. En este sentido razonaron los Padres de la Iglesia, que no tuvieron dudas al respecto. Basta citar a Santiago de Sarug († 521), según el cual "el coro de los doce Apóstoles", cuando a María le llegó "el tiempo de caminar por la senda de todas las generaciones", es decir, la senda de la muerte, se reunió para enterrar "el cuerpo virginal de la Bienaventurada» (Discurso sobre el entierro de la santa Madre de Dios, 87-99 en C. Vona, Lateranum 19 [1953], 188). San Modesto de Jerusalén († 634), después de hablar largamente de la "santísima dormición de la gloriosísima Madre de Dios", concluye su "encomio", exaltando la intervención prodigiosa de Cristo, que "la resucitó de la tumba" para tomarla consigo en la gloria (Enc. in dormitionem Deiparae semperque Virginis Mariae, nn. 7 y 14: PG 86 bis, 3.293; 3.311). San Juan Damasceno († 704), por su parte, se pregunta: "¿Cómo es posible que aquella que en el parto superó todos los límites de la naturaleza, se pliegue ahora a sus leyes y su cuerpo inmaculado se someta a la muerte?". Y responde: "Ciertamente, era necesario que se despojara de la parte mortal para revestirse de inmortalidad, puesto que el Señor de la naturaleza tampoco evitó la experiencia de la muerte. En efecto, él muere según la carne y con su muerte destruye la muerte, transforma la corrupción en incorruptibilidad y la muerte en fuente de resurrección" (Panegírico sobre la dormición de la Madre de Dios, 10: SC 80, 107).

Es verdad que en la Revelación la muerte se presenta como castigo del pecado. Sin embargo, el hecho de que la Iglesia proclame a María liberada del pecado original por singular privilegio divino no lleva a concluir que recibió también la inmortalidad corporal. La Madre no es superior al Hijo, que aceptó la muerte, dándole nuevo significado y transformándola en instrumento de salvación.

María, implicada en la obra redentora y asociada a la ofrenda salvadora de Cristo, pudo compartir el sufrimiento y la muerte con vistas a la redención de la humanidad. También para ella vale lo que Severo de Antioquía afirma a propósito de Cristo: "Si no se ha producido antes la muerte, ¿cómo podría tener lugar la resurrección?" (Antijuliánica, Beirut 1931, 194 s.). Para participar en la resurrección de Cristo, María debía compartir, ante todo, la muerte.

El Nuevo Testamento no da ninguna información sobre las circunstancias de la muerte de María. Este silencio induce a suponer que se produjo normalmente, sin ningún hecho digno de mención. Si no hubiera sido así, ¿cómo habría podido pasar desapercibida esa noticia a sus contemporáneos, sin que llegara, de alguna manera, hasta nosotros?

Por lo que respecta a las causas de la muerte de María, no parecen fundadas las opiniones que quieren excluir las causas naturales. Más importante es investigar la actitud espiritual de la Virgen en el momento de dejar este mundo. A este propósito, san Francisco de Sales considera que la muerte de María se produjo como efecto de un ímpetu de amor. Habla de una muerte "en el amor, a causa del amor y por amor", y por eso llega a afirmar que la Madre de Dios murió de amor por su hijo Jesús (Traité de l’Amour de Dieu, Lib. 7, cc. XIII-XIV).

Cualquiera que haya sido el hecho orgánico y biológico que, desde el punto de vista físico, le haya producido la muerte, puede decirse que el tránsito de esta vida a la otra fue para María una maduración de la gracia en la gloria, de modo que nunca mejor que en ese caso la muerte pudo concebirse como una "dormición".

Algunos Padres de la Iglesia describen a Jesús mismo que va a recibir a su Madre en el momento de la muerte, para introducirla en la gloria celeste. Así, presentan la muerte de María como un acontecimiento de amor que la llevó a reunirse con su Hijo divino, para compartir con Él la vida inmortal. Al final de su existencia terrena habrá experimentado, como san Pablo y más que él, el deseo de liberarse del cuerpo para estar con Cristo para siempre (cf. Flp 1, 23).

La experiencia de la muerte enriqueció a la Virgen: habiendo pasado por el destino común a todos los hombres, es capaz de ejercer con más eficacia su maternidad espiritual con respecto a quienes llegan a la hora suprema de la vida. 

AUDIENCIA GENERAL
25 - junio - 1997

 

7 de marzo de 2026

Meditando el Rosario: Quinto Misterio Luminoso: La institución de la Eucaristía

 
Extraído del sitio Asalta el Cielo con tu Rosario:

Del sitio Misioneras de la Divina Revelación:

La narración más antigua de la institución de la Eucaristía es la que San Pablo hace en la primera carta a los Corintios. Esta narración es parte de un contexto de reprensión por los abusos en contra de la caridad que los corintios hacían respecto a los más pobres e indigentes.

En sus banquetes fraternos que seguían después de la Eucaristía y que tenían la finalidad de recordar las circunstancias históricas en las cuales la Eucaristía había sido instituida o de satisfacer las necesidades de las personas en la comunidad, se asistía a divisiones y a comportamientos faltantes de caridad hacia los más pobres que no tenían nada de comer, mientras que los ricos hacían sus banquetes. 

San Pablo reprende a los Corintios, haciéndoles entender que ese no era el modo justo para disponerse a la Cena del Señor y para recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo, alimento de vida eterna y escuela de caridad. San Pablo narra lo que sucedió durante la Cena del Señor, recordándoles así a los corintios la razón de sus reuniones: “Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido” (v.23). 

El binomio “recibir-transmitir”, tomado del vocabulario de la tradición rabínica, expresa la fidelidad a un dato recibido: Pablo, ha trasmitido, lo que él primero ha recibido, es decir, “El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: 'Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía'. De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: 'Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía'. Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva (vv. 23-26). La formula de la consagración del pan: "Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes" (v. 24) expresa bien el aspecto de sacrificio y de redención del rito eucarístico y la presencia real de Cristo.

Con respecto a la consagración del cáliz, San Pablo usa una formula diferente a la que usa San Mateo (26,26 ss) y San Marcos (14,22 ss) diciendo: "Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza", poniendo de esta forma el acento en la nueva alianza con la cual Cristo, con su sangre, sustituye la antigua alianza, también esa estipulada con sangre, entre Dios e Israel. Ya sea después de la primera formula, que después de la segunda, a diferencia del Evangelio de San Lucas (22,19 s), San Pablo agrega: "«Hagan esto en memoria mía" (vv. 24.25). de este modo San Pablo subraya que el rito Eucarístico es el memorial de la Ultima Cena que se diferencía del rito sacrifical del cordero del Antiguo Testamento, en el cual se recuerda la liberación de los Hebreos de Egipto. En el Antiguo Testamento el Cordero Pascual era solo el recuerdo simbolico y evocador, mientras que la celebración Eucarística realiza y reproduce el sacrificio de Cristo. Es una memoria no solo evocativa, sino creadora del hecho al cual se refiere.

Juan Pablo II afirma en la enciclica “Ecclesia de Eucharistia” que en la celebración eucarística el sacrificio redentor de Cristo “se hace presente, perpetuándose sacramentalmente en cada comunidad que lo ofrece por manos del ministro consagrado… En efecto, "el sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son, pues, un único sacrificio"… el único y definitivo sacrificio redentor de Cristo se actualiza siempre en el tiempo” (n. 12). Si se tratara solo de una presencia simbolica, San Pablo no podria decir que “Por eso, el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente tendrá que dar cuenta del Cuerpo y de la Sangre del Señor” (1Cor 11,27). 

Ahora, para que el rito eucarístico sea verdadero memorial, es necesario que quien lo cumple se haya invertido en Cristo mismo de un poder especial de consagración. Las palabras pronunciadas por Jesús en la Última Cena: “Hagan esto en memoria mia”, eran dirigidas solo a los apóstoles que en aquel preciso momento fueron ordenados sacerdotes por el mismo Cristo. Es por lo tanto, el sacerdote ministerial quien "cumple el sacrificio Eucarístico en persona de Cristo y lo ofrece a Dios a nombre de todo el pueblo" (Ecclesia de Eucharistia, n. 28). En persona de Cristo significa que el sacerdote, en el momento de la consagración se identifica sacramentalmente “con el Sumo y Eterno Sacerdote, que es el autor y el principal sujeto de su propio sacrificio, en el cual en verdad no puede ser sustituido por ninguno” (Ecclesia de Eucharistia, n. 29). “El ministerio de los sacerdotes, en virtud del sacramento del Orden, en la economía de salvación querida por Cristo, manifiesta que la Eucaristía celebrada por ellos es un don que supera radicalmente la potestad de la asamblea y es insustituible en cualquier caso para unir válidamente la consagración eucarística al sacrificio de la Cruz y a la Última Cena”. El Misterio eucarístico, por lo tanto, “no puede ser celebrado en ninguna comunidad si no es por un sacerdote ordenado” (Ecclesia de Eucharistia, n. 29). Demos gracias al Señor por el “don incomparable” de la Eucaristía y pidámosle que mande santos sacerdotes a la Iglesia para que se perpetúe en los siglos el sacrificio de la Eucaristía.

23 de enero de 2026

Los esponsales de Nuestra Señora y San José

 

Del sitio Gaudium Press:

Diversas voces se están haciendo escuchar para volver a instaurar en el calendario litúrgico la fiesta del esponsalicio de la Virgen Santísima con el Patriarca San José, que hasta 1961 se celebraba hoy 23 de enero.

Una de esas voces, no de poca importancia, es la de Luisella Scrosati, quien en La Nuova Bussola Quotidiana ha escrito con este fin la nota titulada Lo Sposalizio di Maria e Giuseppe, una festa da reintrodurre (Los esponsales de María y José, una fiesta a reintroducir). Entre otras razones para esta proposición, plantea que enviaría “un mensaje de extrema actualidad en tiempos de crisis del matrimonio”, pero también “de la vida consagrada”.

Retoma la filósofa italiana la argumentación expuesta en su momento por el otrora canciller de la Universidad de París, Jean Charlier de Gerson (1369-1420), a quien se le llamó Doctor Christianissimus, teólogo apasionado por la figura de San José, y quien “empleó numerosas energías para profundizar teológicamente la figura del padre putativo de Jesús y difundir su devoción. Él sostiene, por ejemplo, la santificación [de San José] en el vientre materno, de alguna manera análoga a aquella del Bautista”.

Pero su gran sueño era que “fuese reconocida y celebrada una fiesta litúrgica en honor de los esponsales del castísimo esposo con la Santísima Virgen”, y en este sentido escribió una epístola dirigida a todas las iglesias, una exhortación pública, un estudio titulado “Consideraciones sobre San José”, y hasta un poema de alrededor de 3.000 hexámetros latinos “y más de trescientas notas en dos volúmenes, que repasan los misterios de la vida de Cristo en relación con San José e introducen en la devoción católica la idea de una ‘trinidad’ terrenal, la de la Sagrada Familia”.

Es claro que Gerson recoge la doctrina Paulina (Efesios 5, 25-32) sobre el matrimonio como signo del matrimonio místico de Cristo con su Iglesia: “Maridos, amen a su esposa, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella”, dice el Apóstol. “Pero es de particular relevancia que la expresión del Apóstol, [Gerson] se atribuya al matrimonio de María y José, casi como para resaltar en este último una ejemplaridad arquetípica de todo matrimonio”, comenta Luisella Scrosati.

En las consideraciones del antiguo Canciller de la Universidad de París, el matrimonio de María y José “se eleva sobre todos los demás en cuanto a su capacidad de significar la unión entre Dios y la Iglesia, no sólo por la santidad moral de sus miembros, sino también por su característica de matrimonio contraído entre un hombre y una mujer a quien Gerson afirmaba que se le había concedido el privilegio singular de la santificación en el seno materno, es decir, de nacer sin pecado original”. Recordemos que aún no se había definido el dogma de la Inmaculada Concepción, pero ya Gerson sostiene la altísima conveniencia de que San José haya nacido sin pecado original, pues él fue “predestinado a ser no solo el Precursor del Hijo de Dios, como San Juan Bautista, del cual conocemos con certeza su santificación en el seno materno, pero también el Padre Putativo, por ser esposo castísimo de la siempre Virgen María”, expresa Scrosati.

Entretanto, la filósofa italiana quiere ir “un paso más adelante” que el propio Gerson, y recuerda que Juan Pablo II en Redemptoris Custos (n. 7) dice que “he aquí que en el umbral del Nuevo Testamento, como ya al comienzo del Antiguo, hay una pareja. Pero, mientras la de Adán y Eva había sido fuente del mal que ha inundado al mundo, la de José y María constituye el vértice, por medio del cual la santidad se esparce por toda la tierra. El Salvador ha iniciado la obra de la salvación con esta unión virginal y santa, en la que se manifiesta su omnipotente voluntad de purificar y santificar la familia, santuario de amor y cuna de la vida”. Es decir, si Cristo era el nuevo Adán, y la Virgen la nueva Eva, también al inicio del Nuevo Testamento hubo una nueva pareja, con carácter típicamente esponsal, la de María y José. Luisella Scrosati, desarrollará estas ideas:

“El texto es notable, dice la filósofa italiana, porque retoma la gran idea teológica de la ‘recapitulación’ de san Ireneo de Lyon, pero esta vez intercalando el matrimonio de María y José. Recordemos que la recapitulación considera la redención de los hombres como una renovación del orden antiguo, desfigurado por el pecado. Y por tanto el primer Adán es recapitulado/renovado en el nuevo, Jesucristo, como la primera Eva lo es en la segunda, María Santísima, constituyendo así una nueva pareja (Jesús-María) que renueva y reemplaza a la antigua (Adán-Eva). La inclusión del matrimonio esponsal María-José llena, podríamos decir, un vacío en el paralelo [ndr. el paralelo de la recapitulación], porque la relación entre Jesús y María fue místicamente esponsal, pero en sus relaciones humanas fue la de madre e hijo. Era, pues, oportuno que una pareja verdaderamente nupcial a nivel humano inaugurara los nuevos tiempos, recapitulando y superando a la pareja antigua, que marcó el comienzo de los tiempos antiguos. El matrimonio de María y José inaugura una ‘nueva creación’: Dios conduce una vez más al hombre la nueva Eva (cf. Genesis 2, 22), pero esta vez en una relación no sólo libre de toda concupiscencia, sino elevada a la virginidad perpetua que sella y garantiza la intervención directa de Dios tanto en la concepción como en la persona que nacerá”.

Es claro que “el matrimonio de María y José significa así la unión de Cristo y la Iglesia más que cualquier otro matrimonio de la Nueva Alianza”, pero no solo “se convierte en el arquetipo tanto del matrimonio cuanto de la virginidad y el celibato consagrados. La falta de consumación no quita en absoluto la completa donación mutua de los esposos, que llegan a ser verdaderamente dueños del cuerpo del cónyuge, sino la salvaguarda de su integridad en el servicio de Dios; su unión mantiene así la nota de la custodia de la virginidad, característica de la relación entre Cristo y la Iglesia, sin sacrificar la verdadera fecundidad, que Dios concede de manera misteriosa, superior a la concebida en la creación. Por tanto, es en este matrimonio donde Dios puso los orígenes de la vida cristiana, expresada tanto en la forma de vida matrimonial como en la de virginidad para el Reino de los Cielos. En verdad, ‘¡grande es este misterio!’”. Por tanto, la relación de María y José, al mismo tiempo que casta, es fecunda, como debe ser la del célibe consagrado con la comunidad a la que sirve.

En estos tiempos, de “crisis radical tanto del matrimonio como de la vida consagrada, podría ser una gran gracia reintroducir esta fiesta en el calendario litúrgico”, gracia para la Iglesia Universal, concluye Scrosati.

 

23 de diciembre de 2025

Icono de Nuestra Señora la Madre de Dios de Valaamskaya

 


Del sitio El icono, imagen sagrada:

El ícono, escrito en 1878 por el pintor de iconos de Valaam, Alipio, por razones desconocidas durante unos veinte años, yacía en el almacén del monasterio de la iglesia de San Nicolás. Encontrado el icono en 1897. Al mismo tiempo, la peregrina Natalya Andreeva fue sanada de la enfermedad crónica de una pierna.

Hasta 1940, el ícono permaneció en Valaam. Con la llegada a la isla de régimen soviético, los monjes que se habían trasladado a Finlandia y fundaron el monasterio "Nuevo Valaam", la llevaron con él, y la imagen milagrosa es hasta ahora el principal santuario de la catedral del Monasterio de la Transfiguración de Valaam-Novo. En el viejo Valaam hay una copia del icono, que anteriormente se encontraba en San Petersburgo.

En 2000, Su Santidad el Patriarca Alejo II de Moscú y de toda Rusia bendijo la construcción del primer templo en honor al Icono Valaam de la Madre de Dios, y en el lugar donde fue encontrado. El templo en honor del Icono de Valaam de la Santísima Virgen fue consagrado el 19 de febrero de 2005.

En 1997, Su Santidad estableció la celebración local del icono de la Virgen de Valaam — el primer domingo después del 11 de julio (el día de la memoria de los Santos Sergio y Germán de Valaam taumaturgos) y después del 12 de julio (el día de la memoria de los Santos Pedro y Pablo). Desde el 2004, a pedido de la hermandad del monasterio de Valaam, el día de la celebración por mandato de Su Santidad Patriarca Alexy fue pospuesto hasta el 14 de julio. En la Iglesia Ortodoxa Finlandesa, la fiesta en honor al ícono de Valaam dela Santísima Theotokos se celebra el 7 de agosto

17 de noviembre de 2025

Las apariciones de Nuestra Señora a Santa Catalina de Siena

 


Del sitio Un Minuto con María:

 Catalina de Siena (1347-1380), santa italiana, terciaria dominica, doctora de la Iglesia, fue canonizada en 1461.

Antes del comienzo de la Cuaresma, mientras rezaba en su celda, Cristo le dijo: "Has desechado y huido, por mi causa, de todas las vanidades del mundo. Despreciando todos los deleites de la carne, has puesto en mí solo el placer de tu corazón. Por eso, en este momento [...] yo también he querido celebrar solemnemente contigo la fiesta del compromiso de tu alma. Como te prometí, quiero casarme contigo en la fe."

Inmediatamente, "apareció la Virgen, su gloriosa Madre, Juan Evangelista, el glorioso apóstol Pablo, santo Domingo y con ellos el profeta David. La Virgen, Madre de Dios, tomó con su santísima mano la de nuestra virgen, extendió los dedos hacia su Hijo y le pidió que se dignara casarse con Catalina en la fe. El Hijo único de Dios, con un amable gesto de asentimiento, le presentó un anillo de oro. Con su mano derecha, colocó este anillo en el dedo anular de la mano derecha de nuestra virgen...", según su biógrafo Raimundo de Capua (†1399), Vida de Santa Catalina de Siena, alrededor de 1395, citado por Barnay, 135.

Este autor relata otra visión: "Me dirigía hacia el cajón de la harina cuando vi a mi dulcísima Señora María aparecer ante mí, acompañada de santos y ángeles. Me ordenó hacer lo que había planeado y se dignó amablemente amasar conmigo estos panecillos, cuyo número se multiplicó por la virtud de sus diminutas manos. Nuestra Señora me presentó los panes que estaba haciendo"

Ibid., citado por Barnay
137



17 de agosto de 2025

Juan Pablo II y la Asunción de Nuestra Señora

 


Del sitio Píldoras de Fe:

La Asunción de la Virgen María (o la Asunción de la Virgen) es una doctrina de la Iglesia Católica que enseña que después de la muerte de la madre de Jesús, ella fue resucitada, glorificada y llevada corporalmente al cielo (es decir, física y espiritualmente), para vivir con Dios Padre, con su hijo (Jesucristo), con el Espíritu Santo, los Ángeles y todos los santos del Cielo por toda la eternidad.

La palabra asunción se toma de una palabra latina que significa "tomar". La Asunción de María es enseñada tanto por la Iglesia Católica, así como por la Iglesia Ortodoxa Oriental en menor grado.

Todos los seres humanos tenemos que esperar hasta el fin de los tiempos para nuestra resurrección corporal, pero el cuerpo de María fue capaz de ir directamente al cielo porque su alma no había sido contaminada por el pecado original (Inmaculada).

A continuación una hermosa reflexión de San Juan Pablo II sobre la Asunción de la Virgen María al Cielo que no debes perderte: "Apareció un gran signo en el cielo: una Mujer vestida del sol" (Apocalipsis 12, 1).

Hemos venido en peregrinación a este signo. Es la solemnidad de la Asunción al cielo: he aquí que el signo alcanza su plenitud. Una mujer vestida del sol de la inescrutable Divinidad, el sol de la impenetrable Trinidad.

"Llena de gracia": ella está llena del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que se dan a ella como único Dios, el Dios de la creación y de la revelación, el Dios de la alianza y de la redención, el Dios del principio y del fin. El Alfa y Omega. El Dios-Verdad, el Dios-Amor, el Dios-Gracia, el Dios-Santidad.

Una mujer vestida del sol. Realizamos hoy la peregrinación a este signo. Es el signo de la Asunción al cielo, que se realiza sobre la tierra, y al mismo tiempo se eleva partiendo de la tierra.

Nadie se ha sumergido como María en el corazón del misterio de la redención. Nadie como Ella puede acercar este misterio a nosotros. Ella se encuentra en el centro mismo del misterio.

Nos encontramos, en el día de la solemnidad de la Asunción de María al cielo, cuando la Iglesia proclama la gloria de su nacimiento definitivo para el cielo. Queremos participar en esta gloria, sobre todo mediante la liturgia. Se puede decir que la liturgia nos presenta la Asunción de María al cielo bajo tres aspectos.

1. La Visitación en la casa de Zacarías.

Santa Isabel dice: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre... Dichosa la que creyó que se cumplirían las cosas que le dijeron de parte del Señor" (Lucas 1,42.45)

María creyó en las palabras que le fueron dichas de parte del Señor, y acogió al Verbo que en ella se hizo carne, y que es el fruto de sus entrañas.

La redención se ha basado en la fe de María, ha estado vinculada a su fíat en el momento de la Anunciación; ha comenzado a realizarse por el hecho de que "el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros". (Cfr. Juan 1, 14).

Durante la Visitación, María, en el umbral de la casa hospitalaria de Zacarías y de Isabel, pronuncia una frase que se refiere al comienzo del misterio de la redención. Dice: "Hizo en mí grandes cosas el que es poderoso, y santo su nombre". (Lucas 1,49).

Esta frase, tomada del contexto de la Visitación, se inserta a través de la liturgia de hoy, en el contexto de la Asunción. Todo el Magníficat, pronunciado durante la Visitación, se convierte, a través de la liturgia de hoy, en el himno de la Asunción de María al cielo.

La Virgen de Nazaret pronunció estas palabras cuando, por obra suya, el Hijo de Dios iba a nacer sobre la tierra. Con qué fuerza las pronunciaría de nuevo cuando, por obra de su Hijo, ella misma iba a nacer para el cielo.

2. Segundo aspecto de la Asunción.

Se nos presenta en las palabras del Apóstol san Pablo tomadas de su primera carta a los Corintios. La Asunción de la Madre de Cristo al cielo forma parte de la victoria sobre la muerte, de esa victoria cuyo comienzo se encuentra en la resurrección de Cristo: "Cristo ha resucitado, primicia de todos los que han muerto". (1 Co 15, 20).

La muerte es la herencia del hombre después del pecado original: "Por Adán murieron todos". (1 Co 15, 22). La redención realizada por Cristo ha destruido esta herencia: "Por Cristo todos volverán a la vida; pero cada uno en su puesto: primero Cristo como primicia; después, cuando él vuelva, todos los de Cristo". (1 Co 15, 22-23).

¿Y quién pertenece más a Cristo que su Madre? ¿Quién ha sido más que ella rescatado por él? ¿Quién ha cooperado como ella a la propia redención, de forma más íntima, mediante su fíat en la Anunciación y su fíat al pie de la cruz?

Así pues, la victoria sobre la muerte experimentada por la Madre del Redentor, es decir, su Asunción al cielo, encuentra su fuente en el corazón mismo de la redención realizada con la cruz en el Calvario, en la potencia misma de la redención revelada en la resurrección (...).

3. Tercer aspecto de la Asunción

Aparece en las palabras del Salmo responsorial (...): toda radiante de gloria entra la hija del Rey; su vestido está tejido de oro; entra para ocupar su puesto al lado del trono del Rey: "¡Tu trono subsiste por siempre jamás! ¡Cetro de rectitud es tu cetro real!". (Salmo 45/44,7)

María, la Madre del Redentor, es la primera en participar de este reino de gloria y de unión con Dios en la eternidad. Su nacimiento para el cielo es el comienzo definitivo de la gloria que los hijos y las hijas de esta tierra alcanzarán en Dios mismo en virtud de la redención de Cristo (...)

María es la primera de los redimidos. Y en ella también ha comenzado ya la transformación de la historia del cosmos en el reino de Dios. Esto es lo que expresa el misterio de la Asunción al cielo: el nacimiento para el cielo con su alma y su cuerpo (...)

¡Hermosa Señora! ¡Mujer vestida del sol! Ayúdanos a penetrar en tu misterio:

El misterio de la Virgen Madre, el misterio de la Reina Esclava, el misterio de tu omnipotencia suplicante. Ayúdanos a descubrir cada vez más plenamente en tu misterio a Cristo, Redentor del mundo, Redentor del hombre.

Tú que estás vestida del sol, el sol de la inescrutable Divinidad, el sol de la impenetrable Trinidad. "Llena de gracia" hasta el vértice de la Asunción al cielo. Y al mismo tiempo, para nosotros que vivimos en esta tierra, para nosotros, pobres hijos de Eva, en el destierro, estás vestida del sol de Cristo (...), del sol de la Redención del hombre y del mundo, realizada mediante la cruz y la resurrección de tu Hijo.

Haz que este sol resplandezca sin cesar para nosotros en la tierra. Haz que no se oscurezca nunca en el alma de los hombres. Haz que ilumine los caminos terrenos de la Iglesia, de la que tú eres la primera figura. Y que la Iglesia, fijando su mirada en ti, Madre del Redentor, aprenda continuamente ella misma a ser madre (...).

15 de agosto de 2025

¿Qué es la Asunción de Nuestra Señora?

 


Del sitio Fundación Cari Filii:

-¿Qué se celebra en la Asunción?

La Asunción, también llamada Assumptio Beatae Mariae Virginis (Asunción de la Bienaventurada Virgen María), es una solemnidad de la Iglesia Católica que celebra la elevación en cuerpo y alma de la Virgen María desde la vida terrena hasta el cielo. La Virgen no tuvo que padecer la corrupción de su cuerpo al llegar la hora de su partida y, a diferencia de su hijo Jesucristo, que ascendió al cielo, ella fue asunta. La Asunción está considerada un dogma para todos los católicos desde el año 1950.

-¿En qué fechas tiene lugar?

La fiesta de la Asunción en la Iglesia Católica tiene lugar cada año el día 15 de agosto. Es una fiesta fija en el calendario, por lo que siempre se celebra en esta fecha, sin importar el día de la semana en la que caiga.

-¿Cuál es su trasfondo histórico?

Las primeras referencias oficiales a la Asunción de la Virgen datan del siglo IV, cuando se celebraba la fiesta de El Recuerdo de María. Fue en el siglo VII cuando esta fiesta pasó a llamarse la Dormición o Asunción.

La doctrina de la Asunción de María se cree que comenzó a ser desarrollada en el siglo XII, cuando aparece el tratado "Ad Interrogata", atribuido a san Agustín, en el cual se aceptaba la asunción corporal de María. Tiempo después, Santo Tomás de Aquino y otros grandes teólogos declararían estar de acuerdo con este texto.

Sin embargo, el gran empujón para que esta fiesta se convirtiera poco a poco en lo que es hoy en día se lo dio el Papa San Pío V, en el siglo XVI. Fue en ese tiempo cuando reformó el Breviario, donde eliminó frases en las que se dudaba de la Asunción de María y las sustituyó por otras que defendían su elevación corporal. Fue otro Papa, Benedicto XIV, el que fomentaría en el pueblo cristiano la piedad a la fiesta de la Asunción.

-¿Cuándo y cómo se aprueba el dogma de la Asunción?

Ya desde el año 1849 habían llegado hasta Roma las primeras peticiones de obispos solicitando que se reconociera la Asunción como parte de la doctrina católica. Sin embargo, tuvo que pasar casi un siglo para que el Papa Pío XII consultara sobre esta cuestión al episcopado, por medio de la carta Deiparae Virginis Mariae (1946). El resultado fue casi unánime, los obispos apoyaban que se declarara dogma la Asunción de la Virgen María.

El 1 de noviembre de 1950 se publicó la constitución apostólica Munificentissimus Deus en la que el Papa, basado en la tradición de la Iglesia católica, tomando en cuenta los testimonios de la liturgia, la creencia de los fieles guiados por sus pastores, los testimonios de los Padres y Doctores de la Iglesia y con el consenso de los obispos del mundo, declaraba como dogma de fe la Asunción de la Virgen María.

Texto de la Constitución apostólica Munificentissimus Deus:

«Por eso, después de que una y otra vez hemos elevado a Dios nuestras preces suplicantes e invocado la luz del Espíritu de Verdad, para gloria de Dios omnipotente que otorgó su particular benevolencia a la Virgen María, para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para aumento de la gloria de la misma augusta Madre, y gozo y regocijo de toda la Iglesia, por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y nuestra, proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado: Que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial".

-¿Qué dice la Biblia y otras fuentes cristianas sobre la Asunción?

Aunque la Biblia no habla explícitamente de la Asunción de la Virgen, ni de su muerte física, hay elementos claros que la defienden. Un ejemplo es el salmo 131, 8: "Levántate, Señor, a tu reposo, tú y el arca de tu santificación". Como defiende San Alberto Magno, estas palabras fueron dichas figuradamente de María, quien es el arca de la santificación.

Otro pasaje que confirma la Asunción de la Virgen es el Apocalipsis de San Juan: "Entonces fue abierto el Templo de Dios, el que está en el cielo, y fue vista en su Templo el Arca de Su Alianza; y hubo relámpagos y voces y truenos y terremoto y pedrisco grande". Y, en una segunda cita: "Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas".

Los teólogos también consideran muy vinculado con la Asunción este pasaje del Cantar de los Cantares: "¿Quién es ésta que se muestra como el alba, hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como ejércitos en orden?". En la Biblia aparecen más asunciones, además de la de la Virgen, como las de Elías o Enoc.

El Catecismo de la Iglesia afirma en su número 966 lo siguiente sobre la Asunción de la Virgen: «Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte».

-¿Qué importancia tiene para los cristianos la Asunción?

Durante el rezo del Ángelus del día de la Asunción del año 2018 el Papa Francisco dijo lo siguiente: "El cuerpo de la Madre ha sido preservado de la corrupción, como el del Hijo. Este día la Iglesia invita a contemplar este misterio que nos muestra que Dios quiere salvar al hombre por completo, alma y cuerpo. La asunción de María, criatura humana, nos da la confirmación de nuestro destino glorioso. La resurrección de la carne es un elemento propio de la revelación cristiana, una piedra angular de nuestra fe. La realidad estupenda de la Asunción de María manifiesta y confirma la unidad de la persona humana y nos recuerda que estamos llamados a servir y glorificar a Dios con todo nuestro ser, alma y cuerpo. Servir a Dios solo con el cuerpo sería una acción de esclavos; servirlo solo con el alma estaría en contraste con nuestra naturaleza humana. Nuestro destino, en el día de la resurrección, será similar al de nuestra Madre celeste".

-¿Qué tradiciones se asocian a esta fiesta?

La fiesta de la Asunción es un motivo de celebración religioso y popular en todo el orbe católico. Son innumerables las ciudades y pueblos donde procesionan con María y le ofrecen todo tipo de homenajes. En este día la Virgen María se viste bajo distintos títulos y advocaciones en todo el mundo. En España destaca la fiesta de la Virgen de los Reyes de Sevilla, de la Virgen del Sagrario en Toledo, de la Virgen de Prado en Ciudad Real, de la Virgen de la Paloma en Madrid y de la Virgen de Begoña en Bilbao. La Asunción es también la fiesta principal de Elche, con su célebre Misterio.

Dándole nombre a la capital de Paraguay, la Asunción es una fiesta muy importante para toda América. En la región de Yucatán, en México, sus habitantes salen a las calles para celebrar a La Pobre de Dios. En Guatemala, pasean una aparatosa plataforma con la Virgen por los alrededores de la catedral. Mientras que en Ohio (EE.UU) se organizan todo tipo de entretenimientos, comidas y música por las calles.

Ya en Europa, en Malta sus habitantes terminan el día de la fiesta de la Virgen de Mosta con un espectáculo de fuegos artificiales. En Francia, la celebración de la Asunción cuenta diferentes procesiones.

29 de julio de 2025

Nuestra Señora de Luggau


Traducido del sitio SOS Familia & Juventude:

 El 29 de junio comienza la peregrinación a Nuestra Señora de Luggau en Lesachtal, Austria. ¡Una vela que no se apagó, un discapacitado que recuperó la razón y un conde accidentado marcan el inicio de las grandes gracias ocurridas en este santuario!

Según una antigua tradición, el Santuario de Nuestra Señora de Luggau fue construido en un campo muy fértil que era cultivado por una mujer llamada Helena, una señora muy piadosa, pero también muy pobre.

Un día, cansada del trabajo, Helena se sentó y se quedó dormida. En su sueño, vio que allí surgiría una iglesia en cuya construcción ella misma tendría que participar. Al principio, trató de ignorar el sueño, ya que no podía entender cómo, siendo tan pobre, podría construir una iglesia. Sin embargo, como la idea la atormentaba día y noche, se dijo a sí misma: "Si hay algo de verdad en todo esto, encenderé una vela en el campo y tendrá que arder continuamente durante tres días y tres noches. Si es así, tendré que creer que la visión vino del cielo".

A pesar del fuerte viento, la vela ardió durante los tres días sin apagarse. Así, Helena se convenció, compró una imagen de Nuestra Señora de los Dolores y la llevó de casa en casa, contando la historia de lo que le había sucedido y pidiendo ayuda para la construcción de la iglesia.

Sin embargo, la pobre mujer solo recibió burlas y fue acusada de loca y estafadora. Terminó encerrada en la cárcel durante un tiempo, hasta que fue liberada por los jueces, que la consideraron inocente. Después de tanto sufrimiento y humillación, los aldeanos cambiaron de actitud y proporcionaron la madera necesaria para la construcción de la capilla.

Durante la construcción, un carpintero que trabajaba en el techo vio a un discapacitado mental entrar en la pequeña capilla y, atraído por la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, la cogió para llevársela. El carpintero advirtió inmediatamente al pobre discapacitado que devolviera la imagen, y este obedeció rápidamente. Tan pronto como la imagen volvió a su altar, el discapacitado recuperó inmediatamente el uso de la razón.

Este gran milagro contribuyó a difundir aún más la fama del pequeño santuario. Por ello, Helena acudió al conde João de Manndorf, en Pittersberg, para pedirle que la capilla de madera fuera sustituida por un edificio de ladrillo. El conde aceptó y se desplazó personalmente a Luggau para coordinar las obras.

Tras un mal comienzo, el conde se peleó con los campesinos y acabó abandonando el proyecto. Sin embargo, cuando regresaba a Pittersberg, su caballo se desbocó y lo tiró al suelo. En la caída, el conde quedó atrapado en el estribo y fue arrastrado por un largo tramo de la carretera, hasta que el caballo se detuvo de repente. A pesar de todo, Manndorf vio que estaba completamente ileso y lo reconoció como una señal del cielo. Así, el conde regresó de inmediato a Luggau y trabajó duro para terminar la iglesia.

Las gracias recibidas a lo largo de los siglos han sido tantas que Luggau recibe actualmente a numerosos peregrinos de toda Italia y Austria. Las peregrinaciones comienzan siempre el 29 de junio, día de San Pedro y San Pablo, y se prolongan hasta mediados de septiembre.

8 de junio de 2025

El vínculo eternamente indestructible entre Nuestra Señora y el Espíritu Santo

 

Del sitio Gaudium Press:

“María es uno de los medios que utiliza el Espíritu Santo para conducirnos a Jesús”, dijo el Papa Francisco, explicando que la devoción mariana es uno de esos caminos a través de los cuales el Espíritu Santo realiza su obra de santificación en la Iglesia, además de la Palabra de Dios, los Sacramentos, la oración. “Nuestra Señora es la madre que nos lleva de la mano hacia Jesús. María nunca se señala a sí misma: Nuestra Señora señala a Jesús. Ésta es la piedad mariana: a Jesús por las manos de Nuestra Señora”.

Entre María y el Espíritu Santo existe un vínculo único y eternamente indestructible que es la persona de Cristo mismo, “encarnado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen María”. El Papa mencionó al evangelista san Lucas, quien evoca la correspondencia entre la venida del Espíritu Santo sobre María en la Anunciación y su venida sobre los discípulos en Pentecostés, utilizando expresiones idénticas en ambos casos.

Con María debemos “aprender a ser dóciles a las inspiraciones del Espíritu, especialmente cuando Él nos sugiere levantarnos rápidamente para ayudar a quienes nos necesitan, como hizo María poco después de que el Ángel la abandonara (cf. Lc 1,39)”. La Madre de Dios es instrumento del Espíritu Santo en su acción santificadora.

María, como primera discípula y figura de la Iglesia, es “una carta escrita con el Espíritu del Dios vivo”. “Todos pueden conocerla y leerla” (2 Corintios 3,2), incluso aquellos que no saben leer libros de teología, aquellos “pequeños” a quienes Jesús les dice que los misterios del Reino, ocultos a los ojos de los sabios, se revelan (cf. Mateo 11, 25)”. Y el apóstol San Pablo definió a la comunidad cristiana como una “carta de Cristo, escrita por nuestro ministerio, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo, no como la Ley, en tablas de piedra, sino en tablas de carne, es decir, en sus corazones”, dijo Francisco.

La Madre de la Iglesia “se ofrece a Dios como una página en blanco en la que Él puede escribir lo que quiera”. El “sí” de María –escribió un famoso exégeta– representa “la cúspide de todo comportamiento religioso ante Dios, ya que expresa, del modo más elevado, la disponibilidad pasiva combinada con la disponibilidad activa, el vacío más profundo que va acompañado de la mayor plenitud. Con su ejemplo y su intercesión, María, que dijo ‘sí’ a Dios, “nos anima a decirle también nuestro ‘sí’ cada vez que nos encontramos ante una obediencia que cumplir o una prueba que superar”, subrayó el Papa.

 Audiencia General
13 noviembre 2024

18 de abril de 2025

¿Cuál es la relación entre San Dimas y Nuestra Señora?

Del sitio Misioneros Digitales Católicos:

Dos personajes históricos que han brillado y lo siguen haciendo sin buscar protagonismo, me han inspirado estas líneas. Son universalmente conocidos y los creyentes, además, los veneramos como santos. Me refiero a una mujer, María de Nazaret, y a un varón, Dimas, también conocido como “el buen ladrón”, único santo directamente canonizado por Dios, cuando Jesús le dijo: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso" (Juan 23, 43).

¿Qué relación hay entre María y Dimas, para unirlos estrechamente y decir que brillan sin buscar protagonismo? Porque sus figuras, por diversos motivos, resultan atractivas y resuenan en todo el mundo pues ¿quién tan ignorante que no haya oído hablar de la Madre de Dios y del “buen ladrón”? Sin embargo, ninguno de los dos ha pretendido su propia gloria, ni ha querido ser referente exclusivo de nadie. Es la paradoja de los santos: personas que han brillado por sus virtudes, merced a la gracia recibida, y Dios los ha hecho senderos de luz para todo el mundo.

Además, entre la Madre de Dios y Dimas hay un curioso motivo de estrecha relación -accidental, desde luego-, pero que no se da entre otros santos; y también por esto los he hecho concurrir en estas líneas. Es un motivo apenas conocido ni siquiera por los mismos creyentes, porque ¿quién de ellos sabe qué día del año conmemora la Iglesia a san Dimas? Pues nada menos que el mismo día en que celebramos una gran fiesta de María: el 25 de marzo, cuando la Virgen de Nazaret, por la Anunciación del arcángel san Gabriel, se sabe escogida para ser la Madre del Hijo eterno de Dios. Ignoro porqué, en su momento, el correspondiente Dicasterio romano dispuso que la conmemoración de san Dimas fuera, precisamente, el mismo día en que celebramos la Encarnación del Verbo. Lo cierto es que la festividad del “buen ladrón” siempre pasa inadvertida en la liturgia, oculta y silenciada por la solemnidad de la fiesta de la Virgen.

Este año (*), sin embargo, también quedará silenciado el 25 de marzo como fiesta de María, porque coincide con el Lunes de la Semana Santa, que tiene precedencia. Podría parecer que María y Dimas, juntos ese día 25, como ya lo estuvieron en el Calvario, hubieran querido dejar el entero protagonismo a Jesús, que muere por nosotros en la Cruz. Con todo, la fiesta de María por la Encarnación del Verbo, “recuperará” su solemnidad el lunes de la segunda semana de Pascua, aunque Dimas seguirá pasando inadvertido.

La curiosa simultaneidad de los dos, brillando ya en el Cielo, pero “silenciados” casualmente este año por el Lunes Santo, se me antoja una llamada a una existencia sencilla y humilde, sin ir por la vida “buscando medallas”. Hoy, sin embargo, asistimos muchas veces a una experiencia contraria: vemos por tantos sitios a gentes afanadas por acaparar los focos de la actualidad; personas atentas a “salir en la foto” y a ser posible en el centro, o lo más cercano a la estrella de turno, sea ésta político, futbolista, “influencer” de moda; o a moderadores de entrevistas que parecen el invitado principal… Son actitudes que, junto a instantes de celebridad, dejan a la persona esclava de la soberbia del “yo”, y sumida en el vacío de su aislamiento, porque sucede que quien se busca a sí mismo, al desaparecer los focos, encuentra la soledad.

El papa Francisco, hace menos de un mes, se ha referido a esa actitud de vanagloria: “Ésta va de la mano con el demonio de la envidia, y estos dos vicios juntos son característicos de una persona que aspira a ser el centro del mundo, (…), el objeto de toda alabanza y amor. La vanagloria es una autoestima inflada y sin fundamentos. Quien se vanagloria posee un "yo" dominante: carece de empatía y no se da cuenta de que hay otras personas en el mundo además de él. Sus relaciones son siempre instrumentales, marcadas por la prepotencia hacia el otro. Su persona, sus logros, sus éxitos deben ser mostrados a todo el mundo: es un perpetuo mendigo de atención.” (Francisco, Audiencia gral. 28-II- 2024).

Los santos han ido por otro camino. San Josemaría decía haber tomado como lema de su vida la actitud de Juan Bautista, que fue la de “ocultarse y desaparecer”, echarse a un lado tan pronto llega el Señor. En efecto, el Bautista “brilló” con su predicación hasta el punto de hacer pensar que pudiera ser el Mesías esperado; pero supo “desaparecer” dejando paso al Señor y, refiriéndose a Jesús, contestó a quienes le preguntaban: "Es necesario que Él crezca y que yo disminuya" (Jn 3, 30). En un punto de “Surco” san Josemaría alude a ello, con estas palabras: “Mientras sigas persuadido de que los demás han de vivir siempre pendientes de ti, mientras no te decidas a servir —a ocultarte y desaparecer—, el trato con tus hermanos, con tus colegas, con tus amigos, será fuente continua de disgustos, de malhumor…: de soberbia.” (Surco, n. 712)

“Brillar sin buscar protagonismo” fue toda la vida de María, y aunque solo al final y puntualmente, también Dimas lo consiguió con su oración humilde y llena de fe: "Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino" (Lucas 23, 42). Aunque pueda sonar paradójica la combinación de “brillar” y a la vez “pasar ocultos”, la presunta paradoja se desvanece si meditamos la petición de Jesús a todos sus discípulos: "Vosotros sois la luz de la tierra (…) Brille vuestra luz delante de los hombres, de modo que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mateo 5, 14.16). Nos pide que busquemos atraer por el brillo de las virtudes, por las buenas obras, pero con la mirada puesta únicamente en el amor de Dios y en la gloria de Dios-Padre, como él mismo lo hizo.

"Cristo es el modelo supremo que, yendo por delante, brilló por sus virtudes y milagros, pero a la vez se anonadó a sí mismo tomando la forma de siervo (…), haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz". (Filipenses 2, 7-8). Su recompensa, como añade san Pablo, fue que "Dios le otorgó el nombre que está sobre todo nombre; para que (…) toda lengua confiese: ‘Jesucristo es el Señor!’, para gloria de Dios Padre" (Fil 2, 9.11). Jesús, haciéndose Camino, desea que lo sigamos, e identificados con él brillemos también para la gloria del Padre sin buscarnos a nosotros mismos.

 

17 de abril de 2025

El martirio de Nuestra Señora

Del sitio Un Minuto con María:

El martirio de la Virgen se nos transmite tanto en la profecía de Simeón como en el relato de la Pasión del Señor. “Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción ―¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!—“ (Lucas 2, 34-35). 

Santísima Madre, es muy cierto que una espada ha atravesado tu alma. Además, solo atravesándola pudo penetrar en la carne de tu Hijo. Después de que tu Jesús entregara el espíritu, la cruel lanza que le abrió el costado evidentemente no pudo alcanzar su alma; pero la tuya, sí la traspasó. En efecto, su alma ya no estaba allí, pero la tuya no podía arrancarse de la suya.

No se sorprendan, hermanos, si se dice que María es mártir en su alma. Cualquiera que se asombra olvida —a pesar de haberlo oído— que Pablo cuenta la falta de afecto entre los mayores crímenes de los paganos. Estaba lejos de ser así para el corazón de María. Que esté también lejos de serlo para sus pequeños servidores.

 Sermón del Domingo de Asunción 
14-15