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30 de agosto de 2026

La Verdad ha nacido de Nuestra Señora

 


Traducido del sitio Un Minuto con María:

San Agustín explica con admirable brevedad: "¿Qué es la verdad? El Hijo de Dios. ¿Qué es la tierra? La carne. Pregunta de dónde ha nacido Cristo y verás que la verdad ha brotado de la tierra... la verdad ha nacido de la Virgen María" (En. in Ps. 84:13).

Y en un sermón de Navidad dice que "en esta fiesta anual celebramos el día en que se cumplió la profecía: 'La verdad brotará de la tierra, y la justicia mirará desde el cielo'. La Verdad, que está en el seno del Padre, ha brotado de la tierra, para estar también en el seno de una madre. La Verdad que gobierna el mundo entero ha brotado de la tierra, para ser sostenida en los brazos de una mujer...

La Verdad que el cielo no puede contener ha brotado de la tierra, para ser depositada en un pesebre. ¿En beneficio de quién un Dios tan elevado se hizo tan humilde? Ciertamente no por su propio beneficio, sino por nuestro gran beneficio, si creemos' (Sermones, 185, 1).

Mensaje Urbi et Orbi
"Veritas de terra orta est!"
 "La verdad ha brotado de la tierra" 
 (Salmos 85, 12)
25 - diciembre - 2012


9 de agosto de 2026

Nuestra Señora de África ruega por nosotros y por los musulmanes

 


Del sitio Un Minuto con María:

 En las alturas de Argel, en la Basílica de Nuestra Señora de África, sobre el altar mayor, leemos: "¡Nuestra Señora de África, ruega por nosotros y por los musulmanes!".

Esta intercesión mariana nunca ha sido borrada.

Tanto musulmanes como cristianos siguen acudiendo a este alto lugar para rezar a María y ofrecerle flores.

Leemos también una frase de San Agustín (argelino, † 430), escrita en francés, árabe y cabila: “El amor fraterno viene de Dios y es Dios mismo”.

¿Quién puede reflexionar sobre semejante palabra y aún así creer que tiene derecho a matar en nombre de Alá?


 


25 de enero de 2026

San Francisco de Sales y Nuestra Señora de la Buena Liberación

 

Del sitio Aleteia:

La Virgen María intervino para que san Francisco de Sales se liberara de una terrible obsesión que le hacía dudar y le quitaba la paz espiritual

¿Sabías que en su temprana juventud, el doctor del amor divino estuvo muy cerca de ser abrumado hasta el punto de la desesperación por el sentimiento de su indignidad? Una de las imágenes parisinas más famosas de la Virgen lo libró de esta tentación. 

San Francisco de Sales nació en Thorens el 21 de agosto de 1567 en esa Saboya a caballo entre los Alpes de habla francesa cuyos soberanos también reinaban en el Piamonte italiano. Pertenecía a una familia de la nobleza. 

Siendo muy joven, mientras su padre elaboraba para él ambiciosos planes de futuro, soñaba con entregarse a Dios. 

A los 11 años, Francisco fue tonsurado. Esa ceremonia, aunque estaba ligada al clero, no le obligaba a abrazar el sacerdocio. Solo le otorgaba el título de abad y la posibilidad, muy ventajosa, de recibir beneficios eclesiásticos. No era esta la idea de Francisco que, a partir de entonces, se sintió Iglesia y pensaba solo en el servicio a Dios. 

Poco después, sus padres lo enviaron a continuar sus estudios a París, al colegio de Clermont, el actual Lycée Louis-le-Grand. Allí los jesuitas formaban a la élite católica francesa. 

Rápidamente se dieron cuenta de que el estudiante era brillante y de una virtud superior a su edad que hacía que sus compañeros lo apodaran "el Ángel". 

Sin embargo, fue precisamente esa virtud y esa inteligencia las que fueron, al amanecer de su 18º cumpleaños, violentamente puestas a prueba en una crisis espiritual de rara violencia.

La Iglesia emergió, no sin dificultades, especialmente en Francia, de las terribles perturbaciones nacidas de la Reforma y de las guerras de religión. 

La recuperación deseada por el Concilio de Trento, clausurado en 1563, se hizo paulatinamente a través de la catolicidad. Pero, a pesar de todo ello, un punto de teología planeaba sobre la mente de la gente. Era una cuestión nacida de una mala interpretación de san Agustín que ya había nutrido el pensamiento protestante, como alimentó el jansenismo: el tema de la gracia y la predestinación. 

¿Están algunos, a pesar de sus esfuerzos y de una vida edificante, destinados igualmente a ser condenados mientras otros que habrán "pecado fuertemente", en palabras de Lutero, se salvarán porque Dios habría destinado antes a algunas de sus criaturas al infierno? Esto parece absurdo e indignante. Pero apoyado en la inmensa autoridad agustiniana, estaba en el centro de los debates sobre la salvación. Y provocaba respuestas contradictorias y disputas infinitas, hasta el punto de que Roma acabó por prohibir discutir.

Una duda abominable lo atormenta: ¿y si fuera verdad que algunos, hagan lo que hagan, están condenados a la perdición eterna?

Francisco de Sales, estudiante brillante, seguía esos debates, conocía las tesis y las antítesis de los mismos. Las defendían personas de tanto valor, que en ese año 1586 ya no sabía dónde estaba, ni lo que debía pensar, ni qué creer...

Una duda abominable- de la que ya no somos capaces, porque la gravedad del asunto se nos escapa hoy- lo atormentaba: ¿Y si fuera verdad que algunos, hagan lo que hagan, están condenados a la perdición eterna? ¿Y si, por alguna desgracia irremediable, él fuera uno de ellos? ¿Qué hay que hacer ? ¿Por qué pelear? ¿Por qué creer?

Francisco ya no dormía, no comía, tan obsesionado y desesperado estaba por esa posibilidad. Primero, como buen intelectual, buscó respuestas en los libros, pero solo lo confundieron más. Y su desesperación no hizo más que crecer. 

Las peores ideas empezaron a obsesionarlo cuando, casi por casualidad, empujó la puerta de una iglesia (luego demolida durante el Terror) cerca de su casa. Era la iglesia de Saint-Étienne-des-Grès. La tradición afirma que fue fundada por san Dionisio, primer obispo de París. Lo que la hacía famosa era que en ella se veneraba a una antigua Virgen negra: Nuestra Señora de la Buena Liberación. Ella es conocida por asegurar a las mujeres embarazadas un parto feliz, su supervivencia y la de su hijo.

La verdad es que la imagen es casi inquietante por lo poco agraciada que es. Pero los parisinos no se fijan en este detalle y se agolpan a sus pies, confiando en su milagrosa intercesión. 

El joven señor de Sales ciertamente no se veía afectado por estos poderes taumatúrgicos, pero eso no le impedía ir a menudo a orar frente a Nuestra Señora de la Buena Liberación. Fue frente a ella donde, unos meses antes, hizo un voto perpetuo de castidad y virginidad.

Eso fue antes de esa horrible crisis que lo dejaron jadeando. 

¿Por qué se arrastró como un moribundo, en sentido espiritual, hasta su altar? Porque en el fondo de su ser, una voz le susurraba que María era la única, lejos de todos los discursos secantes de los intelectuales, capaz de iluminarlo y arrancarlo de sus tormentos íntimos. Desplomado ante ella, llorando, el joven murmuró una oración admirable, un grito de un alma abrumada de amor a Cristo que trataba, en un último esfuerzo, de arrancarse la duda:

"Oh Señor, si no debo llegar a verte, no permitas, al menos, que jamás te maldiga ni te blasfeme! ¡Y si no puedo amarte en la otra vida, porque nadie te alaba en el infierno, que al menos aproveche para amarte todos los momentos de mi corta existencia aquí abajo!"

En ese momento, el manto de angustia que oprimía su alma desapareció de repente. Nuestra Señora de la Buena Liberación había liberado a Francisco de Sales. Desde entonces, pudo, hasta su último suspiro, dedicarse a su servicio y al de su Hijo. 

23 - enero - 2025

11 de enero de 2026

Nuestra Señora, faro en la noche de nuestra vida

 


Del sitio María de Nazaret:

 Cristo nos dio a la Virgen María como guía. Su nombre significa “Estrella del Mar” (maitines del 12 de septiembre, festividad del Santo Nombre de María). San Agustín nos contará un poco más, en un sermón de la festividad de la Epifanía, sobre el hecho de que María es efectivamente una estrella revelada y dada a nosotros:

"Esta estrella virginal se encontró encerrada en el estrecho espacio de un establo, con el Sol de justicia al que había dado a luz; además, y para darlo a conocer, aparece en Oriente una estrella de nuevo esplendor con el increíble brillo de su luz, advierte a los gentiles sobre la aparición de la estrella que sale de Jacob y, caminando delante de los Magos para indicarles el camino, los lleva a Belén. Así es como el cielo da a conocer el Cielo, como una estrella indica una Estrella, como la luz da testimonio de la luz, como una estrella descubre a una estrella».

Una expresión apreciada y retomada por la Iglesia para alabar y glorificar a María en su liturgia. Hacia el siglo XX se compondría un magnífico himno inspirado en una oración del siglo VI: el “Ave Maris Stella” (Salve, Estrella del Mar). San Luis María Grignon de Montfort dirá también que “para ir a Jesús pasamos por María”. Ella es de hecho nuestra estrella.

Así que tomemos nuestro bastón de peregrinos para imitar a los Reyes Magos lo mejor que podamos. Vayamos en busca de Dios. El camino es largo, la fe, la confianza y el abandono total en Dios son difíciles, especialmente en la sociedad actual. Miremos, oremos a María, a lo largo de este camino Ella es nuestra estrella, la que deshace los nudos, incluso los más resistentes.

 Estrella, luz suave que nos llega desde lo más profundo del cielo. La Virgen María guía nuestro caminar hacia Dios. Vivimos tiempos convulsos, donde el mar parece embravecido. Nuestra confianza, nuestra fe corre el riesgo de flaquear y hacer zozobrar la barca de nuestra alma.

Pero Ella está ahí, María, nuestra Estrella, el faro en la noche de nuestra vida. No es solo la madre que protege, que evita todos los peligros y alivia del esfuerzo a quienes le rezan. Es una Madre que precede a sus hijos y los anima con el ejemplo de sus virtudes, de su fe, de su humildad, de su caridad, para hablar solo de las virtudes teologales tan bien practicadas por los Magos. Ella está con nosotros en esta subida que muchas veces parece ardua y que constituye nuestra vida cristiana.

Los Reyes Magos supieron esperar, renunciar, abandonarse, partir. Advertidos como nosotros, siguieron adelante. Dejaron a un lado su vida social y dieron prioridad a su alma y santificación, quizás incluso sin saberlo. ¡De la noche a la mañana vieron la señal que Dios les envió! ¿Sabremos, a su vez, nosotros escuchar la llamada de Dios, la necesidad de nuestra alma de encontrarlo en nosotros, de asir la gracia que nos ha sido dada?

La misma María con su radiante belleza brillará en cada una de sus apariciones. A menudo utilizará su luz para ser encontrada y reconocida. Llegará incluso a hacer caer una estrella para marcar un lugar donde desea que se le rece, como en Montebourg, donde es invocada bajo el nombre de Nuestra Señora de la Estrella y se convertirá en la Virgen de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. En la calle del Bac de París, la Virgen María dirá que está triste porque algunos de los rayos que nos envía no son luminosos (estos representan las gracias que no le pedimos).

Ella es quien ilumina nuestra vida con esperanza; Ella es nuestra estrella hacia Dios y camino hacia nuestra bienaventurada eternidad. San Juan Bautista de la Salle observará: "No basta navegar con seguridad, hay que llegar a puerto. Esta Estrella del Mar, la Santísima Virgen, os conducirá hasta allí sin dificultad porque Ella lo conoce muy bien".

29 de agosto de 2025

Nuestra Señora, Santa Madre de África

 

Del sitio Ana Stpaul:

El norte de África, tierra de santos como Mónica y Agustín, entre otros, comenzó a cristianizarse en el siglo III bajo el emperador Constantino, como parte del Imperio Romano.  Permaneció cristiana hasta las invasiones árabes en siglos posteriores. Los franceses se reestablecieron a principios del siglo XIX.

El primer obispo, Dupuch, se encontró con la imposibilidad de construir una iglesia debido a la hostilidad de la población local hacia los franceses. Regresó a Francia en busca de ayuda. La Cofradía de Nuestra Señora de Lyon ofreció al obispo una estatua de bronce de la Inmaculada Concepción con el entendimiento de que sería la protectora tanto de los mahometanos como de los nativos.   

Fue traída de Francia en 1840 y se confió a los monjes cistercienses de Staueli. Más tarde, el cardenal Lavigiers, fundador de las Hermanas Blancas, la consagró en la nueva basílica de Argel, donde en 1876 la imagen fue coronada. Esta estatua de bronce, de color muy oscuro, se conoce como Nuestra Señora de África.

Los peregrinos comenzaron a acudir a venerar la imagen, donde los cojos, los ciegos y los lisiados eran milagrosamente curados, y también acudían los marineros para implorar protección en sus largos y peligrosos viajes. En este y otros santuarios del norte de África, la veneración que los mahometanos profesan a María es muy notable. Esta fiesta conmemora la coronación de la estatua de Argel.

15 de agosto de 2025

¿Qué es la Asunción de Nuestra Señora?

 


Del sitio Fundación Cari Filii:

-¿Qué se celebra en la Asunción?

La Asunción, también llamada Assumptio Beatae Mariae Virginis (Asunción de la Bienaventurada Virgen María), es una solemnidad de la Iglesia Católica que celebra la elevación en cuerpo y alma de la Virgen María desde la vida terrena hasta el cielo. La Virgen no tuvo que padecer la corrupción de su cuerpo al llegar la hora de su partida y, a diferencia de su hijo Jesucristo, que ascendió al cielo, ella fue asunta. La Asunción está considerada un dogma para todos los católicos desde el año 1950.

-¿En qué fechas tiene lugar?

La fiesta de la Asunción en la Iglesia Católica tiene lugar cada año el día 15 de agosto. Es una fiesta fija en el calendario, por lo que siempre se celebra en esta fecha, sin importar el día de la semana en la que caiga.

-¿Cuál es su trasfondo histórico?

Las primeras referencias oficiales a la Asunción de la Virgen datan del siglo IV, cuando se celebraba la fiesta de El Recuerdo de María. Fue en el siglo VII cuando esta fiesta pasó a llamarse la Dormición o Asunción.

La doctrina de la Asunción de María se cree que comenzó a ser desarrollada en el siglo XII, cuando aparece el tratado "Ad Interrogata", atribuido a san Agustín, en el cual se aceptaba la asunción corporal de María. Tiempo después, Santo Tomás de Aquino y otros grandes teólogos declararían estar de acuerdo con este texto.

Sin embargo, el gran empujón para que esta fiesta se convirtiera poco a poco en lo que es hoy en día se lo dio el Papa San Pío V, en el siglo XVI. Fue en ese tiempo cuando reformó el Breviario, donde eliminó frases en las que se dudaba de la Asunción de María y las sustituyó por otras que defendían su elevación corporal. Fue otro Papa, Benedicto XIV, el que fomentaría en el pueblo cristiano la piedad a la fiesta de la Asunción.

-¿Cuándo y cómo se aprueba el dogma de la Asunción?

Ya desde el año 1849 habían llegado hasta Roma las primeras peticiones de obispos solicitando que se reconociera la Asunción como parte de la doctrina católica. Sin embargo, tuvo que pasar casi un siglo para que el Papa Pío XII consultara sobre esta cuestión al episcopado, por medio de la carta Deiparae Virginis Mariae (1946). El resultado fue casi unánime, los obispos apoyaban que se declarara dogma la Asunción de la Virgen María.

El 1 de noviembre de 1950 se publicó la constitución apostólica Munificentissimus Deus en la que el Papa, basado en la tradición de la Iglesia católica, tomando en cuenta los testimonios de la liturgia, la creencia de los fieles guiados por sus pastores, los testimonios de los Padres y Doctores de la Iglesia y con el consenso de los obispos del mundo, declaraba como dogma de fe la Asunción de la Virgen María.

Texto de la Constitución apostólica Munificentissimus Deus:

«Por eso, después de que una y otra vez hemos elevado a Dios nuestras preces suplicantes e invocado la luz del Espíritu de Verdad, para gloria de Dios omnipotente que otorgó su particular benevolencia a la Virgen María, para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para aumento de la gloria de la misma augusta Madre, y gozo y regocijo de toda la Iglesia, por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y nuestra, proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado: Que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial".

-¿Qué dice la Biblia y otras fuentes cristianas sobre la Asunción?

Aunque la Biblia no habla explícitamente de la Asunción de la Virgen, ni de su muerte física, hay elementos claros que la defienden. Un ejemplo es el salmo 131, 8: "Levántate, Señor, a tu reposo, tú y el arca de tu santificación". Como defiende San Alberto Magno, estas palabras fueron dichas figuradamente de María, quien es el arca de la santificación.

Otro pasaje que confirma la Asunción de la Virgen es el Apocalipsis de San Juan: "Entonces fue abierto el Templo de Dios, el que está en el cielo, y fue vista en su Templo el Arca de Su Alianza; y hubo relámpagos y voces y truenos y terremoto y pedrisco grande". Y, en una segunda cita: "Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas".

Los teólogos también consideran muy vinculado con la Asunción este pasaje del Cantar de los Cantares: "¿Quién es ésta que se muestra como el alba, hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como ejércitos en orden?". En la Biblia aparecen más asunciones, además de la de la Virgen, como las de Elías o Enoc.

El Catecismo de la Iglesia afirma en su número 966 lo siguiente sobre la Asunción de la Virgen: «Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte».

-¿Qué importancia tiene para los cristianos la Asunción?

Durante el rezo del Ángelus del día de la Asunción del año 2018 el Papa Francisco dijo lo siguiente: "El cuerpo de la Madre ha sido preservado de la corrupción, como el del Hijo. Este día la Iglesia invita a contemplar este misterio que nos muestra que Dios quiere salvar al hombre por completo, alma y cuerpo. La asunción de María, criatura humana, nos da la confirmación de nuestro destino glorioso. La resurrección de la carne es un elemento propio de la revelación cristiana, una piedra angular de nuestra fe. La realidad estupenda de la Asunción de María manifiesta y confirma la unidad de la persona humana y nos recuerda que estamos llamados a servir y glorificar a Dios con todo nuestro ser, alma y cuerpo. Servir a Dios solo con el cuerpo sería una acción de esclavos; servirlo solo con el alma estaría en contraste con nuestra naturaleza humana. Nuestro destino, en el día de la resurrección, será similar al de nuestra Madre celeste".

-¿Qué tradiciones se asocian a esta fiesta?

La fiesta de la Asunción es un motivo de celebración religioso y popular en todo el orbe católico. Son innumerables las ciudades y pueblos donde procesionan con María y le ofrecen todo tipo de homenajes. En este día la Virgen María se viste bajo distintos títulos y advocaciones en todo el mundo. En España destaca la fiesta de la Virgen de los Reyes de Sevilla, de la Virgen del Sagrario en Toledo, de la Virgen de Prado en Ciudad Real, de la Virgen de la Paloma en Madrid y de la Virgen de Begoña en Bilbao. La Asunción es también la fiesta principal de Elche, con su célebre Misterio.

Dándole nombre a la capital de Paraguay, la Asunción es una fiesta muy importante para toda América. En la región de Yucatán, en México, sus habitantes salen a las calles para celebrar a La Pobre de Dios. En Guatemala, pasean una aparatosa plataforma con la Virgen por los alrededores de la catedral. Mientras que en Ohio (EE.UU) se organizan todo tipo de entretenimientos, comidas y música por las calles.

Ya en Europa, en Malta sus habitantes terminan el día de la fiesta de la Virgen de Mosta con un espectáculo de fuegos artificiales. En Francia, la celebración de la Asunción cuenta diferentes procesiones.

6 de agosto de 2025

Nuestra Señora del Socorro de San Severo

 


Traducido del sitio Interfaith Mary Page:

 En 1564, la orden de los monjes agustinos trajo esta Virgen Negra a San Severo desde Sicilia. Nadie sabe qué edad tenía en ese momento. Los monjes promovieron el culto a la Virgen Negra, porque habían visto lo beneficioso que era en otras partes de Italia, así como en España. Tenían una devoción especial por ella desde que se decía que la famosa Virgen Negra de Chipiona, España, había sido esculpida por el propio San Agustín por orden de un ángel.

Cuando el monasterio agustino fue disuelto en 1652, el cuidado del santuario pasó a manos de una fraternidad que desde entonces ha mantenido viva la devoción a la Virgen del Socorro.

Ocupando el lugar de las antiguas Grandes Madres de la Tierra, se la considera la protectora de los campos y las cosechas y sostiene un ramo de trigo, aceitunas y rosas (la flor de María) en su mano derecha. Se la invocaba y se la llevaba en procesión por la ciudad cada vez que las cosechas se veían amenazadas por la sequía, las tormentas o las plagas, o cuando se avecinaban otros peligros. Por ejemplo, se le atribuyó el mérito de mantener la paz cuando la Revolución Francesa amenazó con extenderse a Italia.

Mi interpretación de la llamativa diferencia entre la madre negra y el niño blanco se encuentra en la página de Foggia. El niño Jesús original fue sustituido por el actual durante la remodelación barroca de 1760. En realidad, no sabemos de qué color era el Jesús original. No me extrañaría que también fuera blanco, ya que la antigua Virgen Negra agustina de Chipiona, en la que parece inspirarse esta, también sostiene un niño Jesús blanco.

Esta Madre Oscura fue coronada solemnemente en 1937. Como muchas de las coronas de María, esta también está rematada con una paloma, símbolo del Espíritu Santo, su esposo.

Cada tercer domingo y el lunes siguiente de mayo se celebra una gran fiesta de dos días, la Festa del Soccorso, en honor a esta Virgen Negra y a los otros dos santos patronos de la ciudad. Hay procesiones y misas festivas. La Virgen está elaboradamente decorada y entronizada en la catedral. Luego hay juegos y salvas de disparos increíblemente ruidosas, fuegos artificiales y petardos. El ruido es una amplificación de las antiguas formas de exorcizar el mal y celebrar la vida. Ni la Iglesia ni las autoridades civiles están contentas con ello, pero el pueblo ha luchado constantemente por mantener esta tradición.

9 de junio de 2025

Nuestra Señora, Madre de Dios

Adaptado del sitio Fundación Cari Filii:

Hoy la Iglesia universal celebra la Bienaventurada Virgen María Madre de la Iglesia. Una festividad instituida por el Papa Francisco el 11 de febrero de 2018, a través de un decreto firmado por el entonces prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el Cardenal Robert Sarah, y el Arzobispo Arthur Roche.

Aunque la festividad hunde sus raíces materialmente en los primeros siglos de la Iglesia y teóricamente fue enunciada por Pablo VI durante el Concilio Vaticano II, su escaso recorrido de siete años como festividad litúrgica oficial hace que se sea poco conocida por el común de los fieles.

En el documento que decretaba su celebración, Sarah menciona que la comprensión de María como Madre de la Iglesia ya se daba en el "sentir eclesial" de tiempos de San Agustín y León Magno.

"El primero dice que María es madre de los miembros de Cristo, porque ha cooperado con su caridad a la regeneración de los fieles en la Iglesia; el otro, al decir que el nacimiento de la Cabeza es también el nacimiento del Cuerpo, indica que María es, al mismo tiempo, madre de Cristo, Hijo de Dios, y madre de los miembros de su cuerpo místico, es decir, la Iglesia", detalla el decreto.

La celebración se explica desde que María, junto a la cruz, "aceptó el testamento de amor de su Hijo y acogió a todos los hombres como hijos para regenerar a la vida divina", al mismo tiempo que Cristo eligió en Juan "a todos los discípulos como herederos de su amor hacia la Madre, confiándosela para que la recibieran con afecto filial".

Ya desde entonces aparecieron a lo largo de los siglos expresiones similares al título de esta fiesta, como Madre de los discípulos, de los fieles, de los creyentes, de todos los que renacen en Cristo y también "Madre de la Iglesia", como mencionaban Benedicto XIV o León XIII.

Una de las veneraciones textuales de la bienaventurada Virgen María Madre de la Iglesia fue realizada por Pablo VI el 21 de noviembre de 1964, como conclusión de la tercera sesión del Concilio Vaticano II, cuando se refirió a María como "Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa", y estableció que "de ahora en adelante la Madre de Dios sea honrada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título".

Los pasos hacia la declaración formal de esta festividad se aceleraron cuando la Sede Apostólica propuso una misa votiva en honor de la bienaventurada María, Madre de la Iglesia, en el Año Santo de la Redención (1975), que fue incluida posteriormente en el Misal Romano.

Pocos años después concedió también la facultad de añadir la invocación de este título en las Letanías Lauretanas (1980), publicó otros formularios en el compendio de las misas de la bienaventurada Virgen María (1986) y concedió añadir esta celebración en el calendario particular de algunas naciones, diócesis y familias religiosas que lo pedían.

El último paso al respecto lo dio Francisco al considerar que la promoción de esta devoción podía "incrementar el sentido materno de la Iglesia en los Pastores, en los religiosos y en los fieles, así como la genuina piedad mariana". De este modo, estableció que la memoria de la bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, fuese inscrita en el Calendario Romano el lunes después de Pentecostés y celebrada cada año.

Una celebración que pretende ayudar a recordar que "el crecimiento de la vida cristiana debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos".

Para ello, se estableció que dicha celebración apareciese en todos los Calendarios y Libros litúrgicos para la celebración de la Misa y de la Liturgia de las Horas.

Días después de la publicación del decreto, la misma Congregación emitió una notificación donde mencionaba algunas directrices para la celebración de dicha memoria. Entre ellas, se hablaba de:

1º Las Misas del lunes y el martes de Pentecostés o las Misas votivas del Espíritu Santo

La primera, concierne la rúbrica que se lee en el Misal Romano después de los formularios de la Misa de Pentecostés, referida a las misas del lunes y martes después de Pentecostés, en que numerosos fieles asisten a misa y señala que “puede utilizarse la misa del domingo de Pentecostés o decirse la misa votiva del Espíritu Santo” (Misal Romano). La notificación de la Congregación para el Culto Divino señala que “sigue siendo válida, porque no deroga la precedencia de los días litúrgicos que, por su celebración , son regulados únicamente por la Tabla de los días litúrgicos” (cf. Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario, n. 59).

“Del mismo modo, la precedencia está ordenada por la normativa para las Misas votivas” las que “de suyo, están prohibidas los días en que coincide una memoria obligatoria, o una feria de Adviento hasta el día 16 de diciembre, o una feria del tiempo de Navidad desde el 2 de enero, o del tiempo pascual después de la octava de Pascua”. A este respecto la Congregación afirma que “si la utilidad pastoral lo pide, en la celebración con el pueblo puede utilizarse una misa votiva que responda a esa utilidad, a juicio del rector de la iglesia o del mismo sacerdote celebrante” (Misal Romano; cf. Ordenación general del Misal Romano, n. 376).

2º Con igual importancia, preferir la memoria de la Beata Virgen María

Sin embargo, agregaba la nota,  "en igualdad de condiciones, se prefiere la memoria obligatoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, cuyos textos van anexos al Decreto, con las lecturas indicadas, consideradas propias, porque iluminan el misterio de la Maternidad espiritual”.

La notificación de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos señala en este sentido que “en una futura edición del Ordo Lectionum Missae n. 572 bis, la rúbrica indicará expresamente que las lecturas son propias y, por tanto, aunque se trate de una memoria, deben tomarse en lugar de las lecturas del día” (cf. Leccionario, Prenotandos, n. 83).

3º Prevalencia de la memoria de la Beata Virgen María

Finalmente, en el caso de que esta memoria coincida con otra memoria, la indicación de la Congregación es que “se siguen los principios de las normas generales para el Año litúrgico y el Calendario” (cf. Tabla de los días litúrgicos, n. 60). Y recordando “la vinculación de la memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia con Pentecostés, al igual que la memoria del Inmaculado Corazón de la Bienaventurada Virgen María con la celebración del Sagrado Corazón de Jesús”, la Congregación para el Culto Divino indica que “en caso de coincidencia con otra memoria de un Santo o de un Beato, según la tradición litúrgica de la preeminencia entre personas, prevalece la memoria de la Bienaventurada Virgen María”.

26 de mayo de 2025

Nuestra Señora de Cartago

 

Del sitio Archeologie et Art Chrétien de la Mediterranee Antique:

Puesto que estamos en el mes de María quiero presentar en estas breves líneas la Virgen que se venera en estas tierras del Africa del norte desde hace siglos y cuya fiesta es el día 24 de mayo. Se trata de Nuestra Señora de Cartago. Ciertamente al lector no le resultará para nada conocida esta devoción si no es por el solo nombre de Cartago asociado al antiguo dicho romano : "Carthago delenda est". Efectivamente, esta imagen se encontró en la gran cuidad de Cartago, hoy Túnez. Patria de grandes escritores cristianos como Tertuliano, Lactancio y de grandes santos y mártires de la talla de San Cipriano, San Agustín, San Fulgencio de Ruspe, Santas Felicidad y Perpetua, etc.

En realidad este nombre de Nuestra Señora de Cartago no es el nombre original de la imagen. Veamos pues un poco su historia.

En la Catedral de Túnez se venera una gran estatua de la Virgen con el niño Jesús. Pero en realidad se trata de la reproducción de un bajo relieve mas pequeño y muy antiguo cuyo nombre se desconoce. Este bajo relieve fue encontrado en 1881 por el Padre Luis Delattre de los misioneros del África (padres blancos de Túnez), en las ruinas de una de las grandes basílicas cristianas de los primeros siglos (IV siglo), sede del obispo de Cartago. El bajo relieve fue encontrado muy mutilado pero se podía ver sin embargo los personajes que conformaban las distintas escenas.    

El tema principal del bajo relieve es la Virgen Marií con el niño y la adoración de los reyes magos. El cuadro completo muestra un Ángel que señala al niño, la Virgen que sirve de trono sagrado a su hijo y detras de ella dos profetas, sin dudas Isaías y Miqueas. La misma Virgen está sentada en un trono sostenido por siete (7) pequeñas columnas.

Este bajo relieve fue estudiado por los mejores arqueólogos de la época, entre los cuales Juan Bautista de Rossi, gran estudioso de las catacumbas romanas. De Rossi junto con otros, dataron el bajo relieve en los comienzos del reinado de Constantino, es decir inicios del siglo IV de la era cristiana. El mismo de Rossi dira : "Esta magnifica obra de arte, no viniendo de un sarcófago, sino de un bajo relieve de la basílica, posee un valor exepcional y es en su género el mejor ejemplar de la escultura cristiana". Se trata por lo tanto de una de las "esculturas" de la Virgen María con el niño más antigua en el mundo cristiano, precedida solo por las primeras representaciones de la Virgen en pinturas de las catacumbas del siglo III.

Por esta imagen y otros detalles, que pedirían otra crónica aparte, se puede ver el lugar y la importancia que tenia la Virgen Maria para los cristianos de los primeros siglos en África del norte. De hecho el bajo relieve ocupaba un lugar privilegiado en la basílica cristiana, ya que se encontraba en la entrada de los presbíteros a dicha iglesia.    

Vista la importancia del descubrimiento, el Padre Delattre hizo hacer una pequeña copia de la Virgen con el  niño en mármol, le dio el título de Nuestra Señora de Cartago y luego pidió a Salvador Figlia, escultor italiano, hiciera dicha imagen en tamaño natural en mármol de Carrara para que fuera colocada en la Catedral de Cartago para la veneración de los fieles. Allí estuvo hasta 1964 cuando la Catedral de Cartago fue desconsagrada y la imagen trasladada a la actual Catedral de Túnez donde hoy se venera detrás del altar mayor. Lamentablemente del bajo relieve solo nos quedan fotos.

En el pasado, en Túnez, muchas obras religiosas llevaron el nombre de Nuestra Señora de Cartago, pero poco a poco fueron desapareciendo. En la actualidad solo el coro de jóvenes estudiantes de la Catedral fundado en el 2013 está bajo su protección.

Que Maria en su advocación de Nuestra Señora de Cartago, proteja, como lo hizo en otros tiempos, al pueblo tunecino y a sus cristianos.

22 de octubre de 2024

Nuestra Señora del Buen Consejo y su milagroso cuadro


Del sitio Caballeros de la Virgen:

El fresco de Nuestra Señora del Buen Consejo nos da una buena idea de la relación entre ella y su Divino Hijo. La posición misma de su rostro fue cuidadosamente calculada para que nada quedara oculto al rostro del Niño. Y que el Niño estuviera en primer plano y Ella en segundo plano. La Iglesia celebra a Nuestra Señora del Buen Consejo el 26 de abril.

El 25 de abril de 1467, la pequeña ciudad de Genazzano celebró la fiesta de San Marcos. La Divina Providencia le había reservado algo especial para ese día. Hacia las cuatro de la tarde, la gente reunida en la plaza de Santa María vio un espectáculo celestial.

- ¿Qué es esta nube plateada que atraviesa el cielo a toda velocidad y emite espléndidos rayos? ¿De dónde viene y adónde va?

- ¿Y esas voces angelicales? ¡Qué música tan maravillosa! ¡Nunca las habíamos oído!

Tales fueron las preguntas y exclamaciones de los habitantes de Genazzano cuando vieron en el cielo una nube luminosa que descendía lentamente y se posaba junto al muro inacabado de una antigua iglesia que estaba siendo reconstruida. Esta iglesia, dedicada durante siglos a Nuestra Señora del Buen Consejo, estaba bajo el cuidado de los religiosos de San Agustín.

"De repente", cuenta un historiador, "las campanas de la alta torre que la población tenía ante sus ojos comenzaron a sonar, aunque todos veían y sabían que no eran tocadas por manos humanas".

"A continuación, las demás campanas de las iglesias de la ciudad comenzaron a hacer eco de ellas al unísono, repicando con toda su fuerza. Fascinada y embargada por sentimientos santos, la multitud no tardó en llenar la capilla en remodelación y se reunió en torno al lugar donde se había posado la nube".

"Poco a poco, los rayos de luz dejaron de brillar, la nube comenzó lentamente a aclararse y un hermoso objeto apareció ante sus atónitos ojos. Era una imagen de Nuestra Señora, que sostenía en sus brazos al Divino Niño Jesús. Parecía sonreírles y decirles: «No tengáis miedo. Yo soy vuestra Madre, y vosotros sois y seguiréis siendo mis hijos predilectos".

¿De dónde procedía el fresco milagroso? "¡Del Paraíso!", decían algunos sin vacilar a la vista de semejante milagro. Sin embargo, como veremos más adelante, el enigma fue pronto aclarado por dos soldados albaneses que llegaron a Roma buscando el cuadro de su amada patrona.
Nuestra Señora de los Buenos Oficios.

Este fresco se veneraba en Albania desde el siglo XIII, bajo la advocación de Nuestra Señora de los Buenos Oficios. Se desconoce su autoría, pero a día de hoy muchos no dudan en afirmar que es obra de los ángeles.

En 1467, a la muerte del príncipe albanés Scanderbeg, no quedaba nadie para detener a las hordas enemigas que asolaban la Albania católica.

Se dice que, al conocer la noticia de su muerte, el sultán Mohamed II exclamó: "Por fin Europa y Asia son mías. La desgracia ha caído sobre la cristiandad. Ha perdido su escudo y su espada".

Poco a poco, Albania sucumbió y todos los que deseaban permanecer fieles a la Fe se vieron obligados a elegir entre abandonar el país o morir ante la horda invasora.

En esta angustiosa situación, cuando dos soldados albaneses rezaban ante Nuestra Señora de Scútari, el fresco se desprendió de la pared y viajó milagrosamente hacia el mar Adriático. Llenos de asombro, los dos lo siguieron, primero por tierra firme, ¡y luego caminando sobre el agua!

Así, sin perder de vista la venerada imagen, llegaron a la península itálica. Pero ¿cuál fue su desconcierto cuando, cerca de Roma, ya no vieron a su amada Madre?

¿Dónde se había metido? Mientras ellos buscaban a la Señora de Scútari en la Ciudad Eterna, el fresco milagroso se dirigía a Genazzano...

Esta localidad, a 47 kilómetros de Roma, fue elegida por la Divina Providencia para servir de escenario a la preciosa imagen de la Madre del Buen Consejo.

Varios años antes de la llegada del santo fresco, María Santísima, en sueños, había revelado a una viuda de Génova, la terciaria agustina Petruccia de Nocera, su decisión de abandonar Escútari y establecerse en aquel rincón del Lacio.

Por esta razón, la hija espiritual de San Agustín emprendió la tarea de reconstruir la ruinosa y abandonada iglesia de Nuestra Señora del Buen Consejo, con el fin de dejarla lista para recibirla.

Petruccia comenzó invirtiendo toda su herencia en la reconstrucción de la iglesia; después, como carecía de medios, vendió sus pertenencias, reservándose lo mínimo para vivir.

Sin embargo, a pesar de su generosidad, apenas consiguió levantar algunas paredes... Risas, burlas y desenfreno ante la "loca visionaria" que había gastado sus posesiones inútilmente. Pero ella seguía confiando en la promesa de la Señora que vendría, y dijo: "No os preocupéis, hijitos míos; antes de que yo muera -tenía entonces una edad muy avanzada-, la Santísima Virgen y San Agustín llevarán a cabo la obra de reparación de esta iglesia."

 Qué alegría tuvo Petruccia cuando presenció la milagrosa llegada del fresco de María a Genazzano, que permanecía en una de las paredes de la iglesia. El fresco no estaba fijado a la pared, sino que permanecía en el aire, despegado del suelo, sin más apoyo.

En muy poco tiempo, los fieles se volcaron para ayudar a completar la reconstrucción del templo, con el fin de dignificar la morada de la Madonna del Paradiso, la Señora de Genazzano o Madre del Buen Consejo, como se la llegó a llamar por instalarse en una iglesia con tal advocación.

Contemplando la figura de María con el Niño Jesús, vemos que Él, "en un gesto de intenso afecto, desbordante de amor, rodea con su mano derecha el cuello noble y delicado de su Madre, mientras con la izquierda agarra enérgicamente la parte superior de su vestido, como si dijera: “¡Eres toda mía!”.

Y la Madre, "en un altísimo acto de adoración a su Hijo, tratando como de adivinar lo que sucede en su interior, considera al mismo tiempo a los fieles que se arrodillan a sus pies y, como Mediadora de todas las gracias, acoge su oración y la presenta a Dios Nuestro Señor".

Desde su milagrosa llegada a Italia, la Virgen de Genazzano no ha cesado de obrar milagros, tanto espirituales como físicos, en favor de quienes devotamente se confían a su protección.
Son innumerables los casos de lisiados, paralíticos y ciegos que, al entrar en la capilla de Nuestra Señora del Buen Consejo, quedaron completamente curados de sus dolencias.

En los 110 días que siguieron a la llegada de la Virgen, ¡se registraron nada menos que 161 milagros! Además de curaciones impresionantes, hay relatos de exorcismos, apariciones de la Virgen a quienes, incluso lejos de Genazzano, rezaban confiadamente a la Madre del Buen Consejo.

Además de liberar de los grilletes espirituales, la Señora del Buen Consejo no dejó de atender a los condenados a muerte que le pedían perdón y ayuda.

Giovanni di Andrea di Sarzano, un criminal encarcelado en Siena, había recibido la pena de muerte por veredicto. Un sacerdote intentó convencerle de que recibiera los últimos Sacramentos, pero fue en vano, ya que el condenado no creía que fuera a morir... 

Habiendo agotado todos sus medios para inducirle a la penitencia, el sacerdote sólo pudo decir: "Si la Virgen milagrosa aparecida recientemente en Genazzano no te salva de la muerte, mañana estarás sin duda en la eternidad".Y abandonó la prisión indignado. Poco después, Giovanni se arrojó de bruces, comenzó a llorar sin cesar y exclamó: "Oh Virgen Santísima, si me concedes esta gran gracia, me postraré inmediatamente a tus pies para agradecerte tan estupendo milagro".

Dicho esto, vio romperse los grilletes de sus pies y, lleno de asombro y deseos de huir, miró hacia una pequeña ventana de la prisión. Estaba muy alta, pero Giovanni se acercó, intentó la hazaña y subió fácilmente, como si hubiera una escalera invisible.Una vez arriba, se sobresaltó al ver un precipicio muy profundo debajo.Era imposible arrojarse por allí sin hacerse pedazos...

Animándose y lleno de gran fe por haber visto los grilletes milagrosamente destrozados y por haber subido a aquella ventana sin saber cómo, se persignó, se encomendó fervorosamente de nuevo a María Santísima de Genazzano y se arrojó sin demora, diciendo repetidas veces mientras se arrojaba y caía: 'Oh Santa María de Genazzano, ayúdame'.

¡Qué prodigio digno de la Emperatriz del Cielo! Como si una nubecilla celestial lo hubiera arrastrado hacia abajo, llegó al suelo intacto, ileso, sin ningún daño".

Las autoridades municipales, al darse cuenta de lo ocurrido y conocer la intervención sobrenatural, lo liberaron. Arrepentido, exultante y agradecido, Giovanni se dirigió a Genazzano para encontrarse con su maternal liberador.

El fresco de la Madre del Buen ConsejoEl fresco sagrado de Nuestra Señora es particularmente llamativo en un aspecto: la Señora de Genazzano no sólo aconseja haciendo sentir sus mensajes a las almas interiormente, sino también, muy a menudo, exteriormente.

Es bien sabido que el fresco de Nuestra Señora del Buen Consejo se comporta de diferentes maneras con cada creyente, según lo que quiera decir. A veces cambia de color o muestra diferentes rasgos fisonómicos durante una "conversación" con su devoto. Sonríe si quiere hacer sentir su alegría, pero se muestra seria cuando quiere manifestar su descontento ante una situación. Hay quien afirma haberla visto respirar. Por eso las fotos tomadas en distintas ocasiones muestran la imagen con distintos aspectos e imponderables.

La admiración por la Señora del Buen Consejo crece aún más en nuestras almas cuando nos enteramos de que, desde hace casi 550 años, el fresco que se encuentra detrás del retablo de plata está inexplicablemente suspendido en el aire junto a la pared de la capilla, como indican numerosas pruebas.

Pero la Madre del Buen Consejo hace maravillas similares a las del fresco original en las copias diseminadas por el mundo, mostrando incluso cambios fisonómicos parecidos. Tal es su deseo de ayudar a las almas afligidas que María, incluso en las ruinas de su iglesia de Escútari, realizó estupendos prodigios.

 Aunque la devoción al fresco milagroso está más extendida en Italia, la advocación se ha extendido por todo el mundo. Hay devotos de la Madre del Buen Consejo en toda Europa y en varias naciones del continente americano, incluido Brasil.

La Santa Madre de Dios, llamada la Consejera Universal por los Padres de la Iglesia, está ciertamente disponible para ayudar a todos en la gran batalla de la vida, porque "Ella es caritativa, Ella es dadivosa, Ella ayuda, Ella protege, Ella acaricia, Ella perdona, Ella restaura, Ella bendice, Ella calma las tempestades, Ella resuelve lo insoluble, Ella ayuda en todos los peligros, Ella defiende de todos los enemigos. [...]" ¿Qué te pide Ella para darte tantos bienes? Sólo una cosa: acuérdate de ella en todas las dificultades. No podría pedir menos...

Adaptación de la Revista Heraldos del Evangelio nº 172
abril 2016.
Por el P. Felipe García López Ria, EP.

20 de mayo de 2024

La Celebración de Nuestra Señora como Madre de la Iglesia

Documento de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos:

La gozosa veneración otorgada a la Madre de Dios por la Iglesia en los tiempos actuales, a la luz de la reflexión sobre el misterio de Cristo y su naturaleza propia, no podía olvidar la figura de aquella Mujer (cf. Gálatas 4, 4), la Virgen María, que es Madre de Cristo y, a la vez, Madre de la Iglesia. Esto estaba ya de alguna manera presente en el sentir eclesial a partir de las palabras premonitorias de san Agustín y de san León Magno. El primero dice que María es madre de los miembros de Cristo, porque ha cooperado con su caridad a la regeneración de los fieles en la Iglesia; el otro, al decir que el nacimiento de la Cabeza es también el nacimiento del Cuerpo, indica que María es, al mismo tiempo, madre de Cristo, Hijo de Dios, y madre de los miembros de su cuerpo místico, es decir, la Iglesia. Estas consideraciones derivan de la maternidad divina de María y de su íntima unión a la obra del Redentor, culminada en la hora de la cruz.

En efecto, la Madre, que estaba junto a la cruz (cf. Juan 19, 25), aceptó el testamento de amor de su Hijo y acogió a todos los hombres, personificados en el discípulo amado, como hijos para regenerar a la vida divina, convirtiéndose en amorosa nodriza de la Iglesia que Cristo ha engendrado en la cruz, entregando el Espíritu. A su vez, en el discípulo amado, Cristo elige a todos los discípulos como herederos de su amor hacia la Madre, confiándosela para que la recibieran con afecto filial.

María, solícita guía de la Iglesia naciente, inició la propia misión materna ya en el cenáculo, orando con los Apóstoles en espera de la venida del Espíritu Santo (cf. Hechos 1, 14). Con este sentimiento, la piedad cristiana ha honrado a María, en el curso de los siglos, con los títulos, de alguna manera equivalentes, de Madre de los discípulos, de los fieles, de los creyentes, de todos los que renacen en Cristo y también "Madre de la Iglesia", como aparece en textos de algunos autores espirituales e incluso en el magisterio de Benedicto XIV y León XIII.

De todo esto resulta claro en qué se fundamentó el beato Pablo VI, el 21 de noviembre de 1964, como conclusión de la tercera sesión del Concilio Vaticano II, para declarar va la bienaventurada Virgen María "Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa", y estableció que "de ahora en adelante la Madre de Dios sea honrada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título". Por lo tanto, la Sede Apostólica, especialmente después de haber propuesto una misa votiva en honor de la bienaventurada María, Madre de la Iglesia, con ocasión del Año Santo de la Redención (1975), incluida posteriormente en el Misal Romano, concedió también la facultad de añadir la invocación de este título en las Letanías Lauretanas (1980) y publicó otros formularios en el compendio de las misas de la bienaventurada Virgen María (1986); y concedió añadir esta celebración en el calendario particular de algunas naciones, diócesis y familias religiosas que lo pedían.

El Sumo Pontífice Francisco, considerando atentamente que la promoción de esta devoción puede incrementar el sentido materno de la Iglesia en los Pastores, en los religiosos y en los fieles, así como la genuina piedad mariana, ha establecido que la memoria de la bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, sea inscrita en el Calendario Romano el lunes después de Pentecostés y sea celebrada cada año. Esta celebración nos ayudará a recordar que el crecimiento de la vida cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos.

Por tanto, tal memoria deberá aparecer en todos los Calendarios y Libros litúrgicos para la celebración de la Misa y de la Liturgia de las Horas: los respectivos textos litúrgicos se adjuntan a este decreto y sus traducciones, aprobadas por las Conferencias Episcopales, serán publicadas después de ser confirmadas por este Dicasterio.

Donde la celebración de la bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, ya se celebra en un día diverso con un grado litúrgico más elevado, según el derecho particular aprobado, puede seguir celebrándose en el futuro del mismo modo.

Sin que obste nada en contrario.

En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a 11 de febrero de 2018, memoria de la bienaventurada Virgen María de Lourdes.

Robert Card. Sarah
Prefecto

+ Arthur Roche
Arzobispo Secretario

 

17 de marzo de 2024

La intercesión de Nuestra Señora a la hora de nuestra Muerte

Del sitio Gaudium Press:

Puede surgir en muchas mentes una pregunta: "¿Por qué esta insistencia en pedir la protección de María en el momento de la muerte?".

En la oración que tan a menudo dirigimos a la Virgen, hay dos partes bien diferenciadas, que conviene analizar: una se refiere al presente, la otra al futuro. La primera cambia constantemente en cuanto al objeto de la petición; la segunda no, ruega siempre la misma gracia.

Ruega por nosotros ahora es la petición de la hora presente, cuyo objeto será diferente según nuestras necesidades. Unas veces será la petición de una gracia protectora, otras de consuelo, otras de alivio y curación de alguna enfermedad.

Pero la oración por nosotros en la hora de nuestra muerte se refiere al futuro, y es siempre la misma petición que hicimos ayer, que hacemos hoy, repetida 200 veces en el Rosario, y que volveremos a hacer mañana, si Dios nos concede un nuevo día y si rezamos en él la Salutación Angélica.

Entonces, ¿por qué la Santa Iglesia, a través del Ave María, oración cotidiana y familiar a todos los cristianos, incluso a los más indiferentes, ha formulado esta petición: Ruega por nosotros en la hora de nuestra muerte? Sólo puede ser por razones muy dignas de su sabiduría; es porque en la hora de la muerte la intercesión de la Santísima Virgen María es supremamente necesaria y sumamente eficaz.

Para comprender plenamente cuán necesaria es la asistencia de la Virgen en nuestros últimos momentos, debemos recordar que la hora de la muerte es la más decisiva y difícil de todas. En ella se fijará nuestro destino para toda la eternidad. Cuando un árbol cae, a la derecha o a la izquierda, donde cae se queda, dice el Eclesiastés (11,3). Si cae del lado derecho, si morimos en la gracia de Dios, seremos felices para siempre; pero si cae del lado equivocado, si morimos en la enemistad de Dios, nuestro lugar será con los réprobos. La hora de la muerte es la hora de la batalla suprema. Si triunfamos sobre el diablo, todas nuestras derrotas pasadas quedarán compensadas, seremos victoriosos para siempre, ocuparemos nuestro lugar entre los triunfadores eternos y el Rey del Cielo nos ceñirá la corona de la gloria eterna.

Fijémonos en el buen ladrón. Su vida estuvo manchada por muchos crímenes. Había sido un criminal infame que se había teñido las manos con la sangre de sus hermanos y hermanas; unos instantes antes de morir, se arrepintió, fue perdonado, sus crímenes fueron borrados y -como un ladrón piadoso del Cielo, como se le llama- por un instante de penitencia sincera, fue a compartir las alegrías del Paraíso con los patriarcas y profetas que habían pasado toda su vida practicando buenas acciones.

Si, por el contrario, nuestro enemigo, el demonio, triunfa sobre nosotros en el último momento, nuestras victorias, por numerosas o resonantes que hayan sido, no nos servirán de nada. Nuestras buenas acciones, aunque hubiéramos vivido como justos durante muchos años, se perderían para siempre y se volatilizarían como una nube dispersada por el viento. Seríamos como marineros que, tras triunfar de varias tempestades en alta mar, se encuentran naufragando en su propio puerto.

Recordemos la historia de los 40 mártires de Sebaste. Eran 40 soldados que, juntos en las tropas del ejército romano, libraron innumerables batallas en esta tierra, además de ganar batallas en el cielo, por practicar las virtudes cristianas bajo el estandarte de Jesucristo. Para defender su religión, comparecieron ante el tribunal de sus perseguidores, confesando valientemente su fe, sin dejarse intimidar por amenazas ni seducir por promesas. Todos fueron arrojados al calabozo y condenados a morir en un lago helado. Los ángeles volaban ya sobre ellos, portando las coronas destinadas a estos gloriosos atletas, cuando uno de ellos, vencido por el frío, salió del lago y se metió en un baño de agua tibia preparado con vistas a que uno de ellos se rindiera. Poco después murió (debido al brusco cambio de temperatura), perdiendo por un instante de debilidad los frutos de una larga vida gastada en el ejercicio de las virtudes, los méritos resplandecientes de su confesión de fe y la gloria de un martirio casi consumado, dejando a sus compañeros sumidos en el incomparable dolor de su defección.

La hora de la muerte es una hora decisiva, pero también difícil. ¡Cuán atroces son las angustias de los moribundos que no han perdido completamente la fe, cuando los remordimientos de conciencia, el temor del juicio inminente y la incertidumbre de la salvación eterna se combinan para llenarlos de turbación y espanto! Los demonios redoblan su furia para apoderarse de esta presa que se les escapa. Se arremolinan en torno al lecho del enfermo para realizar un esfuerzo supremo.

¡Si el moribundo pudiera reaccionar en la plenitud de sus fuerzas! ¡Pero no puede! Nunca ha sido atacado tan violentamente y nunca ha sido tan débil para defenderse. La deficiencia del cuerpo provoca una reacción desastrosa en el alma. La imaginación se desorganiza por completo. Es como si se tratara de un campo abierto que los animales salvajes -sería mejor decir los fantasmas más lúgubres y aterradores- cruzan libremente en todas direcciones. El espíritu está lleno de tinieblas, la voluntad sin energía y llena de languidez.

¡Cuán necesaria es la ayuda de Dios en estos momentos! ¡Cuán indispensable es la gracia divina para perseverar! Sin embargo, la gracia, especialmente la gracia de la perseverancia final, es un don de Dios que no merecemos, pero que podemos obtener infaliblemente por medio de nuestras oraciones.

Ahora bien, como por privilegio especialísimo de Dios, que quiere honrar así a su Madre, la Santísima Virgen es la Medianera obligada por cuyas manos deben pasar todos los favores del cielo, es a Ella a quien debemos pedir esta gracia de gracias. Comprendamos, pues, por qué la Santa Iglesia nos lleva tan a menudo a pedir la asistencia de María en la hora de nuestra muerte. Comprendamos también por qué nos exhorta a repetir cada día: Santa María, ruega por nosotros en la hora de nuestra muerte.

La intercesión de María Santísima es tan necesaria como eficaz en esta suprema y solemne circunstancia. ¡Cuán felices son las almas asistidas por María en esta hora! No pueden perecer. Aunque estén cautivas de la tiranía del demonio, esta buena Madre romperá sus grilletes y les obtendrá los frutos benéficos de una conversión sincera, exhortándolas a hacer verdadera penitencia. Ella estará junto a su lecho de dolor, como una madre junto al lecho de su hijo moribundo, disipando su angustia, calmando su dolor, endulzando sus penas, proporcionándoles santa paciencia y asumiendo su defensa contra los furiosos y múltiples ataques del espíritu de las tinieblas.

Cuando llega la hora final de un devoto de Nuestra Señora, dice San Buenaventura, esta buena Madre le envía los espíritus angélicos que están a sus órdenes, junto con San Miguel, su jefe. Y ella, que es el azote del infierno -como dice san Juan Damasceno-, ella cuya misión es odiar a la serpiente infernal, le hace sentir todo su poder victorioso, sobre todo cuando uno de sus devotos está a punto de dejar este mundo. Ella es tan terrible para el demonio como un ejército en formación de batalla. Se vuelve contra él como esa torre de la que habla el Cantar de los Cantares, donde se alzan mil escudos con las armas de los más valientes.

¡No, un siervo de María no puede perecer! - declara san Bernardo. - No, aquel por quien María se ha dignado rezar ya no puede dudar de su salvación y de su marcha a la gloria del cielo. - dice san Agustín.

No, aquel por quien María rezó una vez no perecerá. ¡No, aquel que ha rezado piadosamente el Ave María todos los días no será abandonado en la última hora! - exclama san Anselmo. Esta oración posee todas las cualidades capaces de hacerla infaliblemente victoriosa.

En primer lugar, es santa en su motivación. ¿Qué es lo que pedimos? La perseverancia final "en la hora de nuestra muerte". Luego, es humilde. Por ella, confesamos nuestra miseria a María Santísima, poniéndonos un título que nos va tan bien: "pobres pecadores".

También es confiada, porque nos dirigimos a la intercesora más poderosa que puede haber, a Aquella que es llamada la "Omnipotencia suplicante", en vista de su santidad sobresaliente y de su incomparable dignidad de Madre de Dios: "Santa María, Madre de Dios".

Esta oración es perseverante. ¿Qué oración puede ser más perseverante? Aunque, por hipótesis, sólo rezáramos un Avemaría al día, ¿cuántas veces a lo largo de nuestra vida le habríamos pedido que intercediera por nosotros a la hora de la muerte? ¿Y cómo sería si rezáramos al menos una docena de Rosarios? ¿Más aún si tomáramos la costumbre de rezar un Rosario entero cada día? ¿Es posible que María Santísima, tan celosa de nuestra salvación, no nos escuche? No, ¡eso es imposible! A esto se oponen las promesas y juramentos de Jesucristo Nuestro Señor sobre la oración, así como la bondad y ternura de su Santísima Madre.

Resolvámonos, pues, a rezar cada día de nuestra vida, con nueva fe, nueva confianza y nuevo cuidado, esta breve pero tan hermosa y eficaz oración del Avemaría. Así obtendremos cada día las gracias particulares que necesitamos y, sobre todo, la gracia que necesitamos al final de nuestra vida, la mayor de todas, la más importante de todas las gracias, la gracia de la perseverancia final.

Se cuenta que en el momento de la muerte de San Andrés Avelino, gran servidor de María, su lecho estaba rodeado por más de diez mil demonios; durante su agonía, tuvo que librar una batalla contra el infierno tan terrible que aturdió a todos los religiosos presentes. Vieron cómo su rostro se descomponía y se ponía lívido. Temblaba en todos sus miembros, rechinaba los dientes y las lágrimas corrían por sus mejillas, dando testimonio de la violencia del asalto al que fue sometido. El espectáculo arrancó lágrimas a todos los presentes. Todos redoblaron sus oraciones y temblaron por sí mismos al ver morir así a un santo. Sólo había una cosa que consolaba a los religiosos: el moribundo volvía a menudo el rostro hacia una imagen de la Virgen María, indicando así que pedía su ayuda y recordándoles que había dicho varias veces en vida que María Santísima sería su refugio a la hora de la muerte.

Al final, fue voluntad de Dios poner fin a esta batalla, concediendo al santo la más gloriosa victoria. Cesaron las agitaciones, el rostro del moribundo volvió a su serenidad original; le vieron permanecer tranquilo, mantener la mirada en la imagen, inclinarse en señal de reconocimiento y luego exhalar dulcemente en los brazos de la Santísima Virgen, a la que tanto había invocado en vida y que había venido a hacerle sentir su omnipotente protección en aquel momento supremo.

Imitemos la devoción de San Andrés Avelino y, como él, en nuestra última hora seremos asistidos y ayudados por la misericordiosísima Reina del Cielo.

“L’Ami du Clergé” nº 39, 
23 - septiembre - 1880

10 de marzo de 2024

¿Conoces el Significado de la Oración de Nuestra Señora?

 Del sitio Aleteia:

El Papa Francisco nos explica el verdadero sentido de las palabras (que a menudo ignoramos) de esta importantísima oración

Todos rezamos el Ave María. Pero ¿cuántos conocen su verdadero significado? ¿Qué se quiere expresar con esta oración?

En el libro Maria. Mamma di tutti (ediciones San Pablo, publicado en Italia) es directamente el Papa Francisco quien nos enseña el sentido de las palabras de esta importantísima oración.

Llena de gracia: El ángel Gabriel llama a Maria "llena de gracia" (Lc 1,28): en ella, observa el Papa, "no hay espacio para el pecado, porque Dios la preeligió desde siempre como madre de Jesús y la preservó de la culpa original".

"Y el Verbo se hizo carne en su seno. También a nosotros se nos pide escuchar a Dios que nos habla y acoger su voluntad. El Señor nos habla siempre".

El Señor está contigo:Lo que sucedió en la Virgen de manera única, sostiene Francisco, "sucede a nivel espiritual también en nosotros cuando acogemos la Palabra de Dios con corazón bueno y sincero y la ponemos en práctica. Sucede como si Dios tomase carne en nosotros, Él viene a habitar en nosotros, porque toma morada en los que lo aman y observan su Palabra. No es fácil entender esto, pero, sí, es fácil sentirlo en el corazón".

"¿Pensamos que la encarnación de Jesús es algo del pasado, que no nos afecta personalmente? Creer en Jesús significa ofrecerle nuestra carne, con la humildad y el valor de María".

Bendita eres entre las mujeres: ¿Cómo vivió María esta fe? "La vivió – responde el Papa – en la sencillez de las miles ocupaciones y preocupaciones diarias de cualquier mamá, como proveer el alimento, el vestido, el cuidado de la casa… Precisamente esta existencia normal de la Virgen fue el terreno donde se llevó a cabo una relación singular y un diálogo profundo entre ella y Dios, entre ella y su Hijo".

Y bendito el fruto de tu seno, Jesús: María es receptiva pero no pasiva, precisa Francisco.

"Como, a nivel físico, recibe el poder del Espíritu Santo pero después da la carne y la sangre al Hijo de Dios que se forma en Ella, así, en el plano espiritual, acoge la gracia y corresponde a ella con la fe. Por esto san Agustín afirma que la Virgen «concibió antes en el corazón que en el seno». Concibió antes la fe y después al Señor".

Santa María, Madre de Dios: La Madre del Redentor, continua el Papa, "nos precede y continuamente nos confirma en la fe, en la vocación y en la misión. Con su ejemplo de humildad y de disponibilidad a la voluntad de Dios, nos ayuda a traducir nuestra fe en un anuncio del Evangelio gozoso y sin fronteras".

Ruega por nosotros pecadores: Para explicar el sentido de este pasaje de la oración, Francisco evoca una anécdota:

Recuerdo una vez, en el santuario de Luján, estaba en el confesionario, ante el cual había una larga fila. Había también un muchacho todo moderno, con pendientes, tatuajes, todas estas cosas… Y vino para decirme lo que le pasaba. Era un problema grave, difícil. Y me dijo: conté esto a mi mamá y mi mamá me dijo: ve a la Virgen y te dirá lo que tienes que hacer. Esta era una mujer que tenía el don del consejo. No sabía cómo salir del problema del hijo, pero le indicó el camino justo: ve a la Virgen y Ella te dirá. Este es el don del consejo. Esa mujer humilde, sencilla, dio al hijo el mejor consejo. De hecho el muchacho me dijo: miré a la Virgen y sentí que tenía que hacer esto, esto y esto… Yo no tuve que hablar, lo habían dicho ya todo su mamá y el propio joven. Este es el don del consejo. Ustedes mamás que tienen este don, pídanlo para sus hijos. El don de dar consejo a los hijos es un don de Dios.
Ahora y en la hora de nuestra muerte: Confiemonos a María, añade Papa Francisco, "para que Ella, como Madre como madre de nuestro hermano primogénito, Jesús, nos enseñe a tener su mismo espíritu materno hacia nuestros hermanos, con la capacidad sincera de acoger, perdonar, dar fuerza e infundir confianza y esperanza. Esto es lo que hace una mamá".

El camino de María hacia el Cielo comenzó "con ese SÍ pronunciado en Nazaret, en respuesta al Mensajero celeste que le anunciaba la voluntad De Dios para ella. Y en realidad es justo así: cada SÍ a Dios es un paso hacia el Cielo, hacia la vida eterna".