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16 de agosto de 2023

La Capilla Sixtina fue consagrada a Nuestra Señora de la Asunción

Del sitio Catholic News Agency:

El 15 de agosto de 1483, el Papa Sixto IV consagró la Capilla Sixtina a Nuestra Señora de la Asunción. Hoy, cuando celebramos la fiesta de la Asunción de María, echemos un vistazo más de cerca a esta histórica capilla.

Es una de las atracciones turísticas más populares de la Ciudad del Vaticano, conocida por sus magníficos techos pintados al fresco, pero también cumple una importante función como lugar donde se reúnen los cardenales para elegir al nuevo Papa. He aquí cinco cosas que hay que saber:

1. ¿De dónde procede el nombre de la capilla?

La capilla debe su nombre al hombre que la consagró: El Papa Sixto IV, que fue Romano Pontífice de 1471 a 1484. Él encargó la restauración de la Cappella Magna, la capilla que estaba donde hoy se alza la Capilla Sixtina. 

2. ¿Quién pintó los frescos?

El artista más famoso relacionado con la Capilla Sixtina es Miguel Ángel de Lodovico Buonarroti Simoni. Sin embargo, hasta varios años después de que un equipo de artistas comenzara a trabajar en la capilla, el Papa Julio II no encargó obras a Miguel Ángel. 

Entre 1481 y 1482, cuatro artistas, Pietro Perugino, Sandro Botticelli, Domenico Ghirlandaio y Cosimo Rosselli, trabajaron en los frescos de la capilla. Estos artistas contaron con la ayuda de sus talleres para pintar las paredes con falsos cortinajes, las Historias de Moisés y Cristo, así como retratos de los papas. 

Miguel Ángel pintó el techo de la capilla y los lunetos de la parte superior de las paredes. Quizá el fresco más famoso de la capilla sea su "Creación de Adán", que retrata a Dios en forma de hombre, rodeado de ángeles y envuelto en un manto, que tiende la mano hacia Adán, mientras éste se la devuelve a Dios. 

3. Miguel Ángel contaba una historia

La "Creación de Adán", aunque es un punto central del techo, forma parte de nueve frescos que representan diferentes historias del libro del Génesis. Las historias están separadas en grupos de tres.

4. El Papa Juan Pablo II, la Capilla Sixtina y la Teología del Cuerpo

Al entrar en la Capilla Sixtina, uno puede sorprenderse al ver las numerosas figuras desnudas en los frescos. Durante la misa celebrada en la Capilla Sixtina el 8 de abril de 1994, el Papa Juan Pablo II calificó la capilla de "santuario de la teología del cuerpo humano".

El difunto Papa y ahora santo dijo en su homilía: "Parece que Miguel Ángel, a su manera, se dejó guiar por las sugestivas palabras del Libro del Génesis que, a propósito de la creación del ser humano, varón y mujer, revela: 'El hombre y su mujer estaban desnudos, pero no sentían vergüenza'". 

"La Capilla Sixtina es precisamente -si se puede decir así- el santuario de la teología del cuerpo humano", añadió. "Al testimoniar la belleza del hombre creado por Dios como varón y mujer, expresa también, en cierto modo, la esperanza de un mundo transfigurado, el mundo inaugurado por Cristo resucitado, e incluso antes por Cristo en el monte Tabor."

5. Es posible hacer una visita virtual a la Capilla Sixtina. 

Es posible visitar la Capilla Sixtina sin salir de casa. La web de los Museos Vaticanos permite pasear virtualmente por la capilla y acercarse a los detalles de cada fresco. 

La experiencia no es exactamente la misma que la de estar físicamente presente, pero los visitantes pueden tomarse su tiempo para examinar los frescos sin las aglomeraciones habituales.


28 de febrero de 2023

El anillo de bodas de Nuestra Señora

Del sitio Reliquiosamente:

Se encuentra en Perugia (Umbría, Italia) desde 1473 y está tallado en piedra de cuarzo calcedonio, pero ya desde el siglo X se encontraba en Chiusi (Toscana, Italia), procedente de Jerusalén. Según la tradición, la Virgen lo habría entregado al apóstol Juan antes de morir. Mucho tiempo después, no sabemos cómo, llegó a manos de un comerciante de Jerusalén que lo vendió a un orfebre de Chiusi.

La leyenda de cómo llegó el anillo a Chiusi está contenida en un códice del siglo XI, conservado en la Biblioteca Angélica de Roma, descubierto por el padre Juan Crisóstomo Trombelli quien la transcribió en el año 1765 en su obra ‘Mariae sanctissimae vita ac gesta cultusque illi adhibitus’.

Hugo Tuscia, duque de Toscana se había casado con Judit, una sobrina del emperador Otón III. Un orfebre de Chiusi llamado Ranieri en 985 tuvo la noticia de que un judío romano de vuelta de Oriente había traído consigo diversas joyas y piedras preciosas. La duquesa lo envió a Roma con el encargo de comprar buenas joyas para ella. Y así lo hizo. El judío, para agradecerle la buena venta, regaló al orfebre un anillo de ónix de factura modesta. Raniero inicialmente se creía que se trataba de una burla, pero el judío le dijo que aquél anillo era tan precioso que no habría podido comprarlo ni con todo el dinero del mundo, porque era el anillo con el cual José desposó a María de Nazareth. Su familia lo había pasado de generación en generación y aunque no profesaran el cristianismo, lo habían conservado siempre con mucho respeto. Le dijo que lo guardase en un lugar digno y que le fueran devotos. El orfebre no dio demasiado crédito a las palabras del judío y cuando volvió a Chiusi lo puso en una caja junto con otras cosas y lo olvidó.

Después de unos años murió su único hijo. Pero durante la ceremonia fúnebre se produjo un prodigio: el muchacho abrió los ojos y se puso sentado sobre el ataúd. Contó que llegó a las puertas de paraíso donde vio a la Virgen quien le dijo de volver junto a su padre para convencerle que tenía que creer lo que se le había dicho a propósito del anillo. Y cogió una cajita que había sido colocada en la cabecera del ataúd, la abrió y sacó el anillo. Luego dijo que volvería al cielo pero que el anillo tenía que ser conservado en la iglesia de Santa Mustiola. Y así el anillo fue inmediatamente expuesto a la veneración de los feligreses en dicha iglesia.

Lo cierto es que el anillo estaba custodiado en la iglesia de Santa Mustiola desde el 989, aunque la fecha podría no ser exacta.  Sucesivamente en 1251 fue llevado, por razones de seguridad, porque la iglesia estaba fuera de la muralla, a la catedral de San Secondiano. Otro cambio tuvo lugar en 1420, cuando fue llevado a la iglesia de San Francisco. En el siglo XV el anillo aun se encontraba en Chiusi, a cargo de los frailes franciscanos, pero en 1473 fue robado por uno de los frailes, Winter de Maguncia, de origen alemán, que tal vez quería llevarlo a su país. El fraile alemán estaba muy resentido con los habitantes de Chiusi porque, por lo que parece, le habían acusado injustamente de robar algunos cálices, y por este motivo le habían encerrado en la cárcel durante cuarenta días y fue incluso torturado. Robar la famosa reliquia habría sido su venganza.

Durante su huida de Chiusi, una espesa niebla lo obligó a quedarse en Perugia; pero arrepentido de lo que hizo decidió dejar la reliquia en ese lugar. Se la dio a un amigo, Lucas delle Mine que, a su vez, la entregó a un decenviro de la ciudad, en el Palacio de los Priores.

En cuanto el obispo de Siena descubrió el robo fue inmediatamente a Perugia para protestar pero el magistrado no devolvió el anillo porque consideraba que la llegada a Perugia del mismo había sido un don de la Providencia, por lo que así tenía que ser. Todos los siguientes intentos para recuperar la reliquia fueron inútiles. Se dio inmediata noticia al papa Sixto IV acerca de la llegada del anillo a Perugia y el papa no sólo dio su bendición sino que también autorizó su ostensión oficial.

En cuanto a Fray Winter, fue arrestado, y a pesar de su arrepentimiento, en 1474 fue procesado y condenado a la cárcel.

Durante algunos años el anillo fue conservado en la Capilla de los Decenviros de los Priores y sucesivamente, en cuanto fue terminada la catedral, en 1488, fue confiado a los canónigos de la Compañía de San José y conservado en la misma catedral, dedicada a San Lorenzo, en la Capilla de San José dedicada al Santo Anillo, donde aún hoy se guarda y se venera. El anillo dejó Perugia sólo en una ocasión, cuando el papa Sixto IV consiguió llevarlo a Roma y fue luego devuelto por Inocencio VIII.

El anillo, de color verde claro translúcido, es de calcedonio aunque anteriormente se creyó que era de ónix. Está custodiado en un precioso relicario, obra de los orfebres de Perugia Bino di Pietro y Federico y Cesarino del Roscetto, y está protegido por dos cajas fuertes, una de madera y otra de hierro, colocadas en una cámara a ocho metros por encima del altar, y protegidas por un frontal de madera. Para abrirlas son necesarias 14 llaves, siete de las cuales se conservan por el Ayuntamiento, cuatro por los canónigos de la Catedral, una por el arzobispo, una por el Noble Colegio del Cambio y una por el Colegio de la Mercancía. El anillo cuelga de una cadenita de oro, en el interior de su relicario, a su vez pegada a una corona de plata dorada con incrustaciones de piedras preciosas.

La reliquia se expone los días 29 y 30 de julio, en ocasión de la fiesta del Santo Anillo, es decir en la memoria litúrgica de la boda de la beata Virgen María y aniversario de la llegada a Perugia de la reliquia, y también el 12 de septiembre, fiesta del Santísimo Nombre de María. La ceremonia es conocida con el nombre de ‘La bajada del Santo Anillo’: después de la apertura de las cajas fuertes el relicario es bajado al nivel del altar de la capilla a través de un procedimiento mecánico con forma de nube plateada, seguido de la solemne ostensión. Últimamente también es retransmitida en directo sobre pantallas gigantes colocadas dentro y fuera de la catedral.

La tradición que atribuye el anillo a la Virgen María no tiene un fundamento real aun cuando el examen gemológico realizado en 2004 determinó que se trata de una pieza oriental del siglo I d.C. y su función podría haber sido la de un anillo-sello.

La fuerte determinación de Perugia de adueñarse de una reliquia tan importante (porque esto tiene todos los elementos para parecerse a un robo por encargo) podía ser la de aprovechar su situación geográfica ya que se hallaba en una zona de paso de los peregrinos que iban de Roma a Asís y viceversa. El anillo habría hecho de Perugia no sólo una ciudad de paso sino también de visitas devocionales con el consiguiente beneficio económico. A partir de 1487 se fundó la Cofradía del Anillo que institucionalizaba la veneración de la reliquia. Esto, junto con la fundación de la Compañía de San José por parte de Fray Bernardino de Feltre contribuyó a la institución del culto de la Sagrada Familia.

Como en los casos del ‘Sacro Cingolo’ de Prato o la Sangre de Cristo de Mantua –con sus doce llaves-,  o las cenizas de San Juan Bautista, nos hallamos frente a una reliquia considerada como un elemento de unión entre el poder laico y religioso, que va más allá de su valor devocional y religioso para convertirse en un símbolo con el que toda la ciudad se identifica. Lo demuestra el hecho que la fiesta del Santo Anillo está incluida en el calendario de los recorridos históricos-artísticos organizados por el Ayuntamiento, que a su vez se enorgullece de haber custodiado inicialmente la reliquia en la capilla de los Decenviri del Palacio Municipal de los Priores.

Nota de José Luis Salvia: La fiesta de los esponsales de María y José se celebra el 23 de enero.

6 de mayo de 2018

Nuestra Señora de los Milagros en Roma

Del sitio Gloria TV:
 
El abad Orsini escribió: "Se cuenta que en el año 1483, un hombre que había perdido su dinero por el juego, después de blasfemar en este cuadro, le dio cuatro puñaladas con una daga, y sangraba copiosamente . El milagro se divulgó por toda la ciudad. Esta imagen se conserva en la Iglesia de Nuestra Señora de la Paz, donde está por verse en el altar mayor, enmarcada en mármol " .
 
La actual iglesia de Nuestra Señora de la Paz o de Santa María Della Pace, en Roma, Italia, sigue en pie. Fue construida por el Papa Sixto IV después que la ciudad de Roma había sido sitiada por el duque de Calabria. El Papa había hecho una promesa que iba a construir una nueva iglesia en Roma en honor a la Virgen para que la paz de alguna manera pudiera ser restablecida entre su Estado Pontificio y las ciudades de Florencia, Milán y Nápoles. La construcción en realidad comenzó en 1482 como un acto de acción de gracias a la Santísima Virgen, pero el trabajo no se completó hasta la época del Papa Inocencio VIII .